Cuaderno 21
Cuaderno 21
PRESENTACION
1995
“Hacia una evangelización inculturada de los pueblos andinos”
Copacabana, Bolivia
Nómina
de los obispos participantes, acompañados de sacerdotes y laicos asesores:
Mons. Edmundo Abastoflor; Arquidiócesis de Potosí, Bol.
Mons. Jesús Juárez; Diócesis de El Alto-La Paz, Bol.
Mons. Braulio Sáez; Diócesis de Oruro, Bol.
Mons. Toribio Ticona; Prelatura de Corocoro, Bol.
Mons. Enrique Troncoso; Diócesis de Iquique, Chile
Mons. Cristian Contreras; Diócesis de Calama, Chile
Mons. Jesús mateo Calderón; Diócesis de Puno, Perú
Mons. Hugo Garaycoa; Diócesis de Tacna-Mquegua, Perú
Mons. Raimundo Revoredo; Prelatura de Juli, Perú
Mons. Juan Godayol; Prelatura de Ayaviri, Perú
Mons. Albano Quinn; Prelatura de Sicuani, Perú
Mons. Edmundo Velásquez; Diócesis Huaráz, Perú
RP. Walter Pérez; CEB, Bol.
RP. Domingo Llanque; IDEA, Chucuito, Perú
RP. Hilario Huanca;Ayaviri, Perú
RP. José Sayer; Cuzco; Univ. de Friburgo, Suiza
RP. Gerhard Müller; Univ. de Munich, Alemania
Sr. Vicente Quispe; CEPLAY, La Paz, Bol.
Sr. Markus Büker; Univ. de Friburgo, Suiza
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1996
“Reflexión Pastoral sobre la cosmovisión andina”
Tacna, Perú
Nómina
de los obispos participantes, acompañados de sacerdotes y laicos asesores:
Mons. Edmundo Abastoflor; Arquidiócesis de La Paz, Bol.
Mons. Jesús Juárez; Diócesis de El Alto-La Paz, Bol.
Renato Hasche; Diócesis de Arica, Chile
Mons. Enrique Troncoso; Diócesis de Iquique, Chile
Mons. Cristian Contreras; Diócesis de Calama, Chile
Mons. Raimundo Revoredo; Prelatura de Juli, Perú
Mons. Hugo Garaycoa; Diócesis de Tacna-Mquegua, Perú
Mons. Jesús mateo Calderón; Diócesis de Puno, Perú
Mons. Albano Quinn; Prelatura de Sicuani, Perú
Mons. Juan Godayol; Prelatura de Ayaviri, Perú
Mons. Bernardo Kuhnel; Prelatura de Caravelí, Perú
RP Jaime Villalta
RP Xavier Albó; CIPCA; La Paz, Bol.
RP Juan van Kessel, IECTA; Tarapacá, Chile
RP Raymundo Finch, IPA; Sicuani, Perú
RP Domingo Llanque, IDEA; Chucuito, Perú
RP Miguel Piovesán; Yollachea, Perú
RP Samuel Rivera; Perú
RP Luis Zambrano; párroco; Perú
Sr. Vicente Quispe, CEPLAY; La Paz, Bol.
1997
“La muerte, fuente de la vida”
Iquique, Chile
Nómina
de los obispos participantes, acompañados de sacerdotes y laicos asesores:
Mons. Enrique Troncoso; Diócesis de Iquique, Chile
Mons. Patricio Infante; Arquidiócesis de Antofagasta, Chile
Mons. Edmundo Abastoflor; Arquidiócesis de La Paz, Bol.
Mons. Jesús Juárez; Diócesis de El Alto-La Paz, Bol.
Mons. Braulio Sáez; Diócesis de Oruro, Bol.
Mons. Toribio Ticona; Prelatura de Corocoro, Bol.
Mons. Raimundo Revoredo; Prelatura de Juli, Perú
Mons. Cristian Contreras; Diócesis de Calama, Chile
Mons. Juan Vargas; Adm. Apost. “Sede Vacante” Diócesis Coroico, Bol.
Mons. Gonzalo Del Castillo, Ob. Auxil.; Arquidiócesis de La Paz, Bol.
Mons. Hugo Garaycoa; Diócesis de Tacna-Mquegua, Perú
RP Argimiro Aláez, IECTA; Iquique, Chile
RP Juan van Kessel, IECTA; Tarapacá, Chile
RP Domingo Llanque, IDEA; Chucuito, Perú
RP Amador Soto, Misiones Andinas; Arica, Chile
RP Xavier Albó, SJ.; La Paz, Bol.
RP Armando Vergara, EPA; Iquique, Chile
Sr. Victor Bascopé, CEB; La Paz, Bol.
Sr. Javier Vilca, COPRAY; Iquique, Chile
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INDICE
I
“Hacia una evangelización inculturada de los pueblos andinos”
(1995)
1. Actitudes
2. Tareas
II
“Reflexión pastoral sobre la cosmovisión andina” (1996)
Prólogo
1. Introducción
Algunos puntos claves de la cosmovisión andina
Instancias religiosas privilegiadas
Situaciones ambiguas
2. Algunas aplicaciones concretas
Pachamama y Achachilas
Santos y Mamitas
Santuarios y centros de peregrinación
La coca
La bebida
Ofrendas y sangre
La pareja humana
3. Reflexión teológica
Observaciones previas: ecumenismo; compatibilidad
Espacios teológicos de particular relevancia andina
4. Algunas reflexiones específicas
Pachamama y Achachilas
Santos y Mamitas
Santuarios y peregrinaciones
La coca
La bebida
Ofrendas y sangre
La pareja humana
5. Conclusiones y acuerdos
Celebraciones y ritos
Ministros y laicos
7
Experiencias concretas
III
“La muerte, fuente de la vida" (1997)
I. La vivencia cultural
Introducción
La muerte como parte de la vida
La larga despedida del finado
Fiesta de las almas (1-2 noviembre)
El destino de las almas
Anexo 1: La muerte de los niños
Anexo 2: La muerte violenta antes de hora
I.
Hacia una evangelización inculturada
de los pueblos andinos
1995
1. ACTITUDES
1. Mantener una actitud de amor profundo a la Iglesia, particular y
universal, en la línea de la opción preferencial por los pobres.
2. Testimoniar la alianza de Dios con los pueblos andinos “conocidos por
Dios desde toda la eternidad y por El siempre abrazados con la paternidad”
(Juan Pablo II, Discurso inaugural SD.3); reconocer las semillas del Verbo y la
presencia del Espíritu en las culturas andinas. (Cfr.Ef.1 y RM).
3. Apertura al diálogo manteniendo y respetando la identidad de las
culturas andinas. (Cfr GS 92).
4. Tener en cuenta la realidad pluricultural de nuestros pueblos andinos
y sus recíprocas influencias culturales. (Cfr. SD.230 b).
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Copacabana, Bolivia, 23 de marzo, 1995
2. TAREAS
1. Seguir creando espacio de encuentro para el intercambio de expriencias
pastorales, litúrgicas y teológicas a/ y entre todos los niveles de la región
andina: obispos, sacerdotes, laicos, formadores, etc.
2. Profundizar una formación inculturada de todos los agentes pastorales,
fomentado la creatividad catequética, litúrgica y teológica, fomentando una
metodología participativa y comunitaria como sujetos del quehacer teológico.
3. Promover el protagonismo del laicado andino para optimizar la tarea
de la evangelización inculturada en la vida de la Iglesia local y universal.
4. Promover el desarrollo de las vocaciones religiosas, sacerdotales y
laicales, identificadas con su cultura.
5. Acompañar críticamente la iniciativas y experiencias hacia el desarro-
llo de una Iglesia inculturada y autóctona.
6. Acompañar al pueblo andino, en su caminar hacia el Reino de Dios
proclamado por Jesucristo, buscando su desarrollo integral desde sus propias
organizaciones y proyectos, haciendo patente la unión de la evangelización y
promoción humana. (Cfr.Puebla y SD. 157).
7. Rescatar y profundizar el desarrollo de una espiritualidad andina
desde la viva y rica experiencia de Dios de nuestro pueblo y de su amor a la
Virgen María, madre del Salvador.
II
Reflexión pastoral sobre la cosmovisión andina
1996
PROLOGO
Cumpliendo el acuerdo final del Primer Encuentro realizado en
Copacabana, Bolivia, en marzo de 1995, nos hemos reunido un grupo de
Obispos vecinos interesados en ampliar nuestro conocimiento y valoración de
la cultura andina (aymara y quechua a fin de mejorar cada día más nuestro
servicio ministerial.
En octubre pasado, la comisión encargada (los obispos de El Alto,
Iquique y Tacna) trazó un primer esquema de preparación y buscó la
cooperación de un grupo de peritos que elaboraron un documento de trabajo
que sirviera de base para las reflexiones y acuerdos de este nuestro Encuentro.
Por eso, en enero, recién pasado, se constituyó el equipo de cinco peritos que
redactó el documento denominado: "Pre-consilium Azapinum" (por el lugar
de esa reunión, Valle de Azapa, junto a Arica)
A continuación presentamos el documento fruto de nuestras reflexio-
nes.
1. INTRODUCCION
dinámica vital del universo. Hay que respetar y alimentar la vida del universo
y de sus partes: humana, de la naturaleza, de las almas y de los seres
superiores. Muchos ritos son para la conservación y multiplación de la vida.
Incluso la muerte y el sacrificio son principio de la nueva vida. Toda muerte
implica resurrección.
c) Interdependencia, reciprocidad y complementariedad en y entre los
tres órdenes: los seres humanos, la naturaleza, la divinidad. Luz-tinieblas; día-
noche, sol-luna; hombre-mujer; alaxpacha-manqhapacha (mundo de arriba-
mundo de abajo); puna-valle; alasaya-masaya (parcialidad de arriba y de
abajo); etc.
d) Equilibrio y armonía: si ha habido delito debe haber reparación, ritos
de perdón, ayni, etc. La parábola del hijo pródigo en clave andina tendría que
incluir un elemento de reparación del daño causado.
Como consecuencia, el rito central es la ofrenda (waxt'a; ch'alla, despa-
cho, pago, mesa, cariños...), concebida como un alimento que se ofrece y que
muchas veces implica también sacrificio (wilancha, manda, ayuno...).
1.3.1 Miedo
Ante el poder de lo misterioso puede haber un sentimiento encontrado
de confianza y de miedo. Los seres sobrenaturales del contorno se ven
ciertamente como protectores. Pero también como exigentes, cuando se trata
de la reciprocidad a mantener, cuando uno se descuida, aún involuntariamente
le llegan advertencias que podrían desembocar en castigos si no se pone
remedio al descuido. La actitud de temor ha quedado reforzada por los siglos
de predicación de un dios castigador de la "idolatría", cuyo efecto no fue la
"purificación de la religión natural", sino la imposición de mayor miedo. Se ha
satanizado a la religión ancestral, a sus dioses y a sus ministros, sin llegar a
percibir allí las "semillas del Verbo". Por ejemplo, el nombre Supay, es
originalmente el espíritu del difunto, el que fue satanizado como demonio, y
al yatiri ("el que sabe") se le llama fácilmente "brujo".
1.3.2. Lo urbano
Lo fuerte de la religiosidad andina lo encontramos en el campo y en los
santuarios rurales; pero también y con creces la encontramos en la ciudad. Se
mantiene los elementos y simbolismos fundamentales pero con modificacio-
nes impuestas por el nuevo medio. Por ejemplo, la referencia al mundo natural
es menos directa (Se challa la Pachamama, no para que produzca, sino para
que dé dinero; la reciprocidad se limita más fácilmente al ámbito familiar y en
cambio a niveles superiores surgen estratificaciones (el prestigio de los pocos
que llegan a ser prestes).
Por otra parte, el ambiente urbano puede crear también incertidumbres
y temores a los inmigrantes rurales, muchos de los cuales acaban perdiendo
sus raíces e identidad, sobre todo después de varias generaciones. Algunos de
ellos, si no encuentran en la ciudad un ambiente "comunal" favorable, pueden
perderse en el anonimato, la delincuencia, en cultos esotéricos, la droga, etc.
rito dirigido a los achachilas; pero no al revés: no se pide licencia de éstos para
"ir a misa". Pachamama y achachilas son los mediadores más cercanos, sobre
todo en el microcosmos de la comunidad. Los cerros del contorno son
"abuelos" y la tierra es "madre"
-Achachilas, Pachamama y otros muchos seres (Wak'as, uywiris, ispalla,
Kunturmamani, awichas, juturis, anchanchus...) que aquí no podemos describir,
expresan la sacralidad de la naturaleza. Para el andino siempre ha estado muy
vivo algo que el mundo occidental y sus religiones habían perdido. Recién
occidente está empezando a recuperarlo con el ecologismo y las iglesias
cristianas con la renovada atención para la "enteridad de la naturaleza".
2.4. LA COCA
Es uno de los símbolos culturales más expandidos en todo el ámbito
social y religioso andino. Es un símbolo privilegiado para evocar lo sacral. La
raíz de su importancia está sin duda en las cualidades de la hoja de coca
(curativas, anestésicas, alimenticias). Es la base de todo intercambio, recipro-
cidad y convivencia en y entre los tres órdenes andinos: humano, natural y
divino. El akulliku no es solo mascar coca: es convivir y meditar, mientras se
saborea. Por eso la coca es también un elemento fundamental de todo rito
andino. Sirve también para comunicarse con lo mistérico y para conocer la
verdad escondida.
La coca es personificada: es "Madre Coca", a la que se le habla y trata con
sumo respeto. La secularización y mercantilización de la coca para su abuso
en el narcotráfico es un elemento totalmente ajeno a la cultura andina. Es un
gran sacrilegio y la cultura y religión andina es su primera víctima. Existe
incluso una leyenda que dice: "...Si alguna vez alguien quita esta sagrada hoja
a mi gente, la hoja se volverá contra él y lo envenenará".
2.5. LA BEBIDA
Es otro de los símbolos culturales, indispensables para las celebraciones
y fiestas. Se ofrecen como ch'alla y se intercambia para la convivencia. Crea un
ambiente de euforia que se considera el adecuado para estas situaciones. Por
lo mismo se bebe comunalmente, no en forma solitaria. El que da la fiesta, sin
dejar de participar en los brindis, debe mantenerse sobrio para poder atender
mejor a sus obligaciones rituales y sociales. Pero es señal de generosidad el que
los demás se embriaguen, con tal que no haya excesos ni peleas.
Donde hay mayores posibilidades de negociar con el alcohol es más fácil
que empiece a abusarse de la bebida, incluso en solitario. Los comerciantes la
utilizan para lograr transacciones más favorables y los expendedores buscan
ampliar su negocio por todos los medios. En los centros mineros y la periferia
urbana, y en general donde haya acceso regular a dinero, empiezan a
proliferar las cantinas que atraen sobre todo a los hombres. Algunos prestes,
sobre todo los "residentes" de la ciudad, quieren mostrar su prestigio y
superioridad con el mayor uso y mejores marcas de bebidas.
16
3. REFLEXION TEOLOGICA
3.1.1. Ecumenismo
El mundo andino no es tábula rasa; no es un recipiente vacío que espera
llenarse de nuestra cultura y religión: es un mundo completo que está muy
vivo; es un vaso lleno. Frente a eso la misionología actual promueve el respeto
al otro; y su actitud ya no es la "extirpación de las idolatrías".
El enfoque más idóneo es el ecuménico, es decir, la búsqueda conjunta
de Dios desde varios caminos confluyentes, sin imposiciones.
Podemos considerar tres niveles de ecumenismo:
1. entre cristianos de varias denominaciones;
2. con otras grandes religiones, frente a las que el cristianismo se siente
en minoría y por tanto poco aceptado;
3. con cristianos de otra tradición cultural, ante los que la Iglesia se siente
con poder.
Ser ecuménico, también en esta última situación, muestra lo genuino de
este enfoque. Muestra que no se trata solo de una táctica oportunista, sino de
una actitud genuina de diálogo, respeto y búsqueda.
Los antopólogos y sociólogos de la religión distinguen entre la "gran
tradición" y "las pequeñas tradiciones" locales, fenómeno que ocurre con la
expansión de formaciones sociales mayores. Es una permanente tensión entre
las tendencias uniformizantes desde el centro y las identidades culturales de
la periferia, que produce un cierto equilibrio dialéctico y dinámico.
La iglesia oficial representa la "gran tradición" y las expresiones locales
de la religiosidad popular representan "la pequeña tradición", sobre todo
cuando proceden de culturas muy distintas de la europea. Supuesto este
fenómeno, "Católico" significa:
1. unidad en la gran variedad de culturas locales;
2. una lengua con gran variedad de dialectos en que cada cristiano debe
expresar su fe en su dialecto local (Casaldáliga). La fe cristiana solo será
universal - “católica” - si se expresa en muchas "religiones locales".
3.1.2. Compatibilidad
Los principios generales mencionados en la introducción, parecen todos
compatibles con -a menudo expresan- la Palabra de Dios. Son el telón de fondo
18
3.2.2. Mediaciones
En la historia de la Iglesia siempre han habido medíaciones subsidiarias,
complementarias, subordinadas al mediador universal Jesucristo: de la Vir-
gen María, "mediadora universal de toda gracia": (Bodas de Caná); de los
santos, con frecuencia mitificados (incluso en sus reliquias); imágenes y
procesiones; el rol indispensable de los ministros eclesiásticos; indulgencias.
¿Por qué no aceptar también las mediaciones (secundarias) provenientes de
otras culturas?
El Espíritu sopla también en los Andes, donde el Verbo ya ha echado
raíces. Es oportuno recapitular estas mediaciones andinas en Cristo, media-
dor universal.
19
4.4. LA COCA
Es culturalmente fundamental para expresar convivencia, tanto o más
que el pan y el vino lo es en las culturas mediterráneas. Supuesto el contexto
cultural de la coca, ¿tiene sentido que en el mundo andino las celebraciones
oficiales la Iglesia dentro del templo sean las únicas celebraciones y conviven-
cias sin coca? Si no se impone la coca en el culto católico dentro de la
comunidad andina, al menos no hay que impedirlo.
4.5. LA BEBIDA
Vale una evaluación similar. La bebida es un elemento ritual tan funda-
mental como el vino en la misa. En el contexto cultural andino, no tiene sentido
insistir en que las celebraciones sociales de la comunidad andina se hagan sin
alcohol. Sin embargo, por el mayor riesgo de caer en excesos son todas sus
consecuencias, conviene recomendar que se tomen medidas eficaces contra
tales excesos. Por lo mismo aquí no tiene sentido su uso dentro del templo.
Tendría mucho sentido en el mundo andino, tal vez más que en otras partes,
la Santa Comunión bajo dos especies.
5. CONCLUSIONES Y ACUERDOS
En Copacabana y en la reunión preparatoria de Azapa se sugerieron ya
una serie de líneas pastorales que reproducimos en el Anexo a este documen-
to. (Anexo 1 y 2)
En el encuentro de Tacna, 1996, se han profundizado sólo algunas de
estas líneas, que tienen que ver con las reflexiones anteriores, sobre todo en los
temas de las celebraciones y de los ministerios en la comunidad. Son las
siguientes:
con, qué está al margen de, y qué es contra la Fe y la Buena Nueva (actitudes,
justicia y vida). Ahí es menor el margen de maniobra.
5.1.2. Fomentar las celebraciones andinas como tales, con sus yatiris, etc.
De hacerlo, esto significa reparar la injusticia de obligarles a ser
semiclandestinos. Al mismo tiempo se facilita así un diálogo (inter-religioso)
entre iguales.
5.1.3. Asumir elementos andinos en nuestras celebraciones:
-No debe ser un simple "ropaje".
-Evitar la trampa neocolonizadora de "apropiarse" lo andino, sin respe-
tar su propia instancia (ver 2).
-Es mejor empezar por celebraciones que amplíen la gama actual a otros
momentos y situaciones significativas a las poblaciones andinas.
-Incorporar en ello la Palabra de Dios más apropiada.
-Debe ser el resultado de diálogo con los interesados.
6.3 ACUERDO
Finalmente y mirando el futuro, acordamos: que continúe la misma
comisión coordinadora de Obispos: Mons. Jesús Juárez, El Alto (Bolivia),
Mons. Enrique Troncoso, Iquique (Chile) y Mons. Hugo Garaycoa, Tacna
(Perú).
III
“La muerte, fuente de la vida”
1997
I. LA VIVENCIA CULTURAL
No todo lo aquí mencionado ocurre por igual en todas partes y los
márgenes de sicretismo pueden variar bastante de una región a otra. Pero el
panorama de un conjunto como el que sigue transmite mejor la percepción
global. En él resumimos los datos más significativos de diversos documentos
(ver la bibliografía final) y privilegiamos, al mismo tiempo, diversos ejemplos,
relatos y cmentarios de quienes prepararon y asistieron al encuentro de
Iquique en Marzo de 1997. El relato y los gestos son muchas veces más
relevantes que la simple conceptualización para comprender la espiritualidad
de un pueblo. La mayoría de los relatos provienen del mundo aymara pero
hemos incluido también algunos ejemplos de comunidades quechuas, sobre
todo de cochabamba, que en este punto comparten el mismo universo cultural
aymara.
Nos centraremos en el caso más representativo -la muerte de un adulto-
dejando para los anexos otras situaciones: la muerte de los niños y la muerte
violenta, antes de tiempo.
mezcla de dolor (expresado sobre todo por las mujeres) y actividades lúdicas
(realizadas sobre todo de los que preparan la fosa).
(b) El entierro trasmite mensajes semejantes:
- Los que llevan el ataúd no deben ser allegados ni parientes cercanos.
Varios signos marcan de nuevo la diferencia de status entre el finado y
los acompañantes y previenen que la situación del primero influye en los
otros:
- Al salir del cementerio hay una celebración festiva, con bebida, que
reafirma la vida.
- Se retorna por otro camino y en la casa se tiene una comida solidaria.
Se entregan al difunto una serie de apoyos para su largo viaje a la otra
vida:
- Un buen ropaje, incluso nuevo. En algunos casos quizas es la primera
vez que tiene ropa nueva.
- Alimentos y bebida; una ofrenda de coca; a veces, bastón.
- Sus instrumentos de trabajo, según sea hombre o mujer.
- Monedas, huevos para saldar deudas.
- A veces, la cruz, con dos interpretaciones: signo de vida, probablemen-
te precolonial; relación con Jesús.
- Los dolientes echan pétalos con los que antes se frotaron la cabeza y
pechos para que el difunto se lleve sus penas.
Tanto en el velorio como en el entierro, el recuerdo del difunto es central,
a veces ameno. Se habla, a veces en una clave ritual específica de lloro, falseto
y entonación. Se le hacen recomendaciones. Algunos le despiden con un
último abrazo. Todo ello subraya que sigue vivo, pero ya desde otro estado.
En algunas partes se evita el contacto de los niños con el muerto; en otros
lugares, en cambio, se los pasa por el ataúd. Ambas costumbres pretenden
protegerlos de la urija (emanaciones peligrosas de los muertos).
Antiguamente se enterraba en lugares distantes, linderos o cumbres,
quizás para alejar el poder de los muertos; ahora el panteón suele estar más
bien en una parte céntrica de la comunidad. En torno al LagoTiticaca no es raro
enterrar en las chacras, junto a la casa, subrayando así su relación con la
Iquique, Chile, 14 de marzo, 1997 30
producción. Hay que enterrar con la cabeza hacia la salida del sol. No hay que
incinerar ni amontonar en nichos. ¿Reiteran ese mensaje los cementerios
urbanos clandestinos?
d) Cuando se cumplen ocho días llega el momento central para marcar
la separación del espíritu del difunto. El ser humano tiene varios espíritus o
“sombras” (ch’iwi). Los tres más mencionados son: animu, kuraji, alma o ajayu
equivalentes a tres espíritus vitales: chico, mediano y grande, desde el más
externo hasta el más íntimo. Los primeros pueden irse incluso en vida (por un
susto) pero pueden recuperarse ritualmente con ayuda del yatiri aysiri4. El más
profundo -el ajayu- sólo acaba de irse del todo a los ocho días de la muerte5. Por
eso entonces se realizan muchos ritos en la casa y se celebra la misa en el
templo.
Desde la víspera, en casa del difunto se prepara una especie de segundo
velorio ante una especie de imagen del finado, revestida con sus ropas.
Llegado el día se purifica todo el ambiente con sahumerios y agua bendita. Se
barre todo el cuarto del velorio, para que no queden “sepulturas”, huellas del
espíritu del finado. Se purifica y protege también a los asistentes con una
limpieza (pichara ‘barrido’), o separándoles de la muerte con una t’aqara ‘se
paración’ o ch’iqara (‘atajar hilos de lana por la izquierda’).
Ese mismo día todos los allegados, incluidos algunos más lejanos que no
pudieron estar en el entierro, van a la misa en el templo para pedir a Dios que
el difunto “se salve” y no ande vagando cerca de la comunidad “molestando”
a los suyos y exigiéndoles ser bien atendido y despedido. Junto al altar no falta
el túmulo y con frecuencia, al pie, las ropas del difunto.
Lo tradicional era que, concluida la misa, siguieran abundantes respon-
sos encargados por los asistentes. Es la oportunidad para mantener una
relación con otros difuntos, familiares o no. Se pide incluso para difuntos
antiguos y célebres (en Bolivia, el presidente René Barrientos, por ejemplo).
Para asegurar el equilibrio cósmico global, es común pedir también para las
mundu almas y para las almas “olvidadas”. Es un momento de alta solidari-
dad entre vivos y muertos: hoy por ellos, pronto otros lo harán también por
mí. Actualmente en muchas partes esta costumbre se ha perdido o debilitado,
por resistencia del cura, que desea evitar una imagen lucrativa o tiene prisa
por ir a otra parte.
Iquique, Chile, 14 de marzo, 1997 31
durante el resto del año, y hacen pan, que preparan con gran creatividad en
forma de niños (t’ant’a wawas), de ancianos (t’ant’a achachis). Son tantas
representaciones de las almas. A veces se les llama también cuerpo. Hay
también muchos panecillos en forma de palomitas (urpus) y otros animales,
que representan la “cosecha” de las almas en su visita anual. Algunos
preparan también escaleras de pan para cuando el alma vuelva al cielo, etc.
Todo este lenguaje de lo concreto y de la miniatura recuerda las alasitas, pero
aquí se trata de representaciones de las almas y de los dones para ellas y sus
acompañantes.
En Ayopaya (Cochabamba) el primer año que es el más elaborado,
dentro de la mesa-altar se coloca un animal entero (oveja, gallo) bien asado y
condimentado, para el alma y sus acompañantes. En cambio, debajo de la
mesa se dejan cebollas, zanahorias, patas de ovejas, etc. , todo ello de manera
desordenada y sin preparar, para que se sirvan los espíritus malos y no
molesten al alma.
Hacia el mediodía del 1º de noviembre llega el alma (o almas). Todos
están atentos para interpretar cualquier signo que indique su llegada: la
presencia de una mosca, una brisa, el nivel del líquido, la comida algo agria
que indica que el alma ya se ha servido...
Después viene el momento más sacramental, que es la comida ritual
(qurpa, en quechua) y un akulliku de coca, todo en comunión con las almas Se
ofrecen dos platos, uno para el alma o almas de la familia y otro para los
acompañantes. Durante toda la tarde van llegando numerosas visitas a rezar
por el alma y después compartir con los familiares, recibiendo de ellos un
cariño de comida, compartida también con las almas.
El segundo momento, en la noche o al día siguiente, es en el cementerio,
donde se da cita toda la comunidad. Cada uno de los almani de la comunidad
junto con los ahijados de los finados recoge todo lo que ha quedado de la
celebración en la casa y con ello adornan en el cementerio la tumba de su alma
nueva trasladando ahí su mesa-altar o apxata. Todo el panteón parece un
vergel y todos rezan para todos recibiendo sus platitos de comida, panes y
otros cariños. Sobresalen los niños, que van en grupos cantando coros
antiguos y recogiendo panes y frutos. Ellos expresan, mejor que nadie, la
continuidad de la vida.
Iquique, Chile, 14 de marzo, 1997 34
Todo el panorama de ese día de campo junto a las tumbas de los seres
queridos deja una imagen alegre y simpática: los muertos generan los bienes
y frutos para la vida y esa convivencia con ellos produce solidaridad comunal.
Dentro de ese esquema común hay muchas variantes locales. En Ayopaya
(Cochabamba), por ejemplo, mientras la comitiva de cada familia almani va
al cementerio, uno se disfraza de cura y otro se viste de alma con un centro
blanco de cholita y encima un manto negro. Ni uno ni otro deben ser familiares
del finado. Ambos van bailando y correteando en torno a cada grupo que se
dirige hacia el cementerio, asustando a la gente en un ambiente de rejorgorio
y en medio de varias o libaciones. El “alma” va escapándose una y otra vez
hacia los lugares que solía recorrer el finado, hasta que desaparece cuando
toda la comitiva llega al cementerio. El “cura” va detrás de ella para que no le
pase nada y va interpretando diversos signos que indican la presencia de
almas: huellas, mosquitas, el viento, la presencia de alguien inesperado...
“Todos son almas en ese día”.
En muchos lugares, al fin de la fiesta se bautiza alegremente a los t´ant´a
wawas, nombrándoles padrinos y haciendo intercambio de regalos. En las
comunidades quechuas de Charazani al día siguiente celebran la “muerte” de
esos t’ant’a wawas: los bendicen, como en la misa, diciendo “es el cuerpo de
Cristo”, los parten y en seguida distribuyen ese pan bendito entre todos.
En muchas partes la fiesta de las almas concluye despidiéndolas (alma
kacharpaya) con música especial . Sin embargo a otro nivel más profundo su
presencia dura más . Todo el mes, hasta San Andrés (30 noviembre), es el mes
de los muertos7. En Cochabamba todo ese mes, que llaman el Carnaval
temprano (miskha Carnaval), arman columpios (wallunk’a) en que harán
columpiar a las chicas, con cantos, chicha y alegría. Inicialmente el columpio
se preparaba sobre todo al tercer año, al despedir al alma, para que se fuera
volando. Actualmente se trata más bien de una fiesta juvenil cuya relación con
las almas se ha quedado más diluida, pero persiste la imagen global de que,
con la visita de los muertos, se va renovada la vida en medio de la alegría
colectiva y compartida.
En toda época desde Todosantos hasta Carnaval y Pascua, según la
creencia andina tradicional, los muertos están entre nosotros y, con ellos, las
lluvias . Por eso en muchas partes en Jueves Santo también se va al cementerio,
Iquique, Chile, 14 de marzo, 1997 35
de poder sobrenatural y hay que contar con su apoyo, porque generan vida,
son dueños de minerales (el tiyu) y fuente de riqueza. El rigor andino, también
la Madre Tierra, el espíritu de los muertos y los antepasados, los , pertenecen
a ese mundo8.
Hay también diversas versiones sobre el largo viaje y destino final de las
almas ya purificadas, con el apoyo de los sobrevivientes. La versión más
tadicional dice que van hacia el poniente9, siguiendo el curso del sol. Por eso
mismo se entierra al difunto con la cabeza mirando en esa dirección. Otros lo
entierran mirando más bien hacia el oriente, para que se encuentre en seguida
con Cristo resucitado, el nuevo Sol. La versión más “cristianizada” habla
finalmente del cielo, ubicado arriba, creencia que se expresa también en
algunos símbolos ya mencionados, como las escaleras de pan, que se incluyen
en las mesas de Todos-Santos. Pero este último destino es más escuchado en
el caso de los niños “angelitos”, que no llegaron a pecar ( ver anexo 1).
Para uno u otro destino se menciona con frecuencia el paso por un río10
- que algunos llaman “Jordán” - o de un lago, en el que el alma recibe ayuda
de un perro negro11. Este animal doméstico tal vez fue maltratado en este
mundo, pero en el trance de la muerte resulta ser un apoyo fundamental. Por
eso hay que tratarlo bien en esta vida. La comunión se extiende así hasta ellos.
Por otra parte, el paso del río o lago reitera la relación entre muertos, agua y
vida.
Es desde ahí cualquiera que sea la concepción prevalente, que las almas
retornan en noviembre y Jueves Santo, porque “Dios les da permiso” y tienen
“día libre”.
En el caso de Semana Santa esa mayor libertad de viaje puede asociarse
también con la muerte de Cristo. Por eso es también el día del qhispichi, la
liberación de ciertas normas sociales, que en ese día permiten ir a las chacras
ajenas a recoger productos (es la época de maduración). En Cochabamba, en
esas fechas, se va a los ríos a lavar toda la ropa, porque entonces su agua es
bendita y limpian las culpas que se han apegado a la ropa, con la grasa y el
sudor (como en el lavatorio del finado).
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1. LA VIVENCIA:
La muerte de los niños es algo doloroso pero demasiado corriente. Su
velorio y entierro tiene un toque agridulce. Son “angelitos” y, como tales, se
los vela y entierra con sus alitas, proporcionadas por sus padrinos. Se los suele
despedir con una música especial y cariñosa (fandango) y bailecitos.
Su despedida no implica un acontecimiento comunitario. Es un aconte-
cimiento de sólo la familia y los más allegados.
Al despedirlos, se les hace recomendaciones especiales para que inter-
cedan ante Dios.
Cada año los angelitos nos visitan el 31 de octubre, un día antes que sus
mayores, porque tienen alas. No es necesario prepararles tanto, porque
mantienen menos relaciones con los vivientes. Les reciben principalmente los
niños, encargados también de prepararlo todo.
2. LA COSMOVISIÓN SUBYACENTE.
Un punto central es que los niños deben morir bautizados, con “nom-
bre” y plenamente incorporados al mundo cultural y social de los “cristianos”.
Por el contrario, los niños que mueren sin haber sido bautizados son
muru12, pertenecen al mundo del achachila y éste los puede reclamar como
suyos enviando granizo, vertarrones u otras calamidades a la comunidad.
Incluso podrían entrar de nuevo en el cuerpo de su madre y causarle
trastornos. Si llegan tales calamidades, las autoridades comunales irán casa
por casa buscando a la madre que enterró de ocultas a alguna wawa sin
bautizar.
Por eso mismo, algunas madres angustiadas pueden correr a la iglesia
para pedir que bauticen a su hijo ya muerto13. La necesidad del bautismo se
extiende a los niños ya muertos e incluso a los que ya han nacido muertos.
Para los niños fallecidos, es más general decir que se van al cielo. Según
algunos, allí se encargan de regar, enviándonos la lluvia14. Otros dicen que se
vuelven “duendes”.
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- El tinku (Norte de Potosí) o ch´iyaraqi (Sur del Perú) es una lucha ritual,
llevado a cabo con motivo de determinadas fiestas anuales y entre grupos
claramente establecidos desde tiempo inmemorial. En principio expresa
ritualmente la relación de unidad en tensión entre mitades sociales que a la vez
se oponen y se complementan (dos ayllus, dos parcialidades, etc.). Para los
varones jóvenes, la participación en el tinku es también una prueba de
virilidad que los hace más apetecibles y aptos para el matrimonio.
El derramamiento de sangre en esas luchas rituales, incluso con la
muerte de alguno de los contrincantes, tiene a la vez el sentido de ofrenda
sacrificial a la Madre Tierra. Aunque provoca el afán de futura venganza en
el bando perdedor, es visto al mismo tiempo como una fuente de bendiciones,
sobre todo en forma de cosechas abundantes.
La sangre, como la grasa, son principios vitales y por eso están en el
centro de tantos ritos de ofrenda. Además puede fortalecer o debilitar a los
vivos, pasando de uno a otro a través de ritos. Por lo mismo, al tiempo que son
un elemento fundamental de tantas ofrendas y rituales, son también objeto de
temores por su posible manipulación16.
3. LOS RIWUTU.
Son las almas de los que han tenido muerte trágica, por accidente,
asesinato, etc. Es más probable que permanezcan en el contorno de este
mundo rindiendo “tributo”. Necesitan ayuda especial y la dan, a su vez, por
Iquique, Chile, 14 de marzo, 1997 40
4. LOS MÁRTIRES.
Como en cualquier parte, el que muere por la defensa de su gente y
territorio es altamente venerado, aún después de muchos años. Varios de ellos
son héroes en la historia alternativa de los oprimidos y son objeto de
homenajes cívicos en determinadas fechas históricas. La reconstrucción
subterránea del cuerpo desconyuntado del último Inka o el lema “volveré y
seré millones”, atribuido a Tupaq Katari, subraya también su persistente
acción sobre el presente y el futuro.
La distancia histórica de su muerte no ha eliminado su relación simbólica
con todo el universo ritual que hemos resumido en estas páginas. Al reavivar
la memoria de Tupaq Katari, en los años sesenta, o la de los caciques
apoderados de Jesús de Machaqa, en los años noventa, lo primero que
espontáneamente se hizo - como lo más obvio - fué ofrecerles una solemne
misa de difuntos.
interpretar esta concepción dentro del pensamento paulino (Cf. Rom. 8/18-23;
Fil. 2/4-12), que ha llevado a posteriores elaboraciones como la del “Cristo
cósmico”.
4. La muerte violenta en general, es censurada. Incluso los abortos, son
visto como causa de desgracias cósmicas (granizo, helada, etc.). Sin embargo,
en ciertas situaciones límites la muerte violenta de algun ser individual, al no
ser su fin definitivo, es vista incluso como un medio para criar la corriente
universal de la vida, por su calidad de sacrificio, o por el derramamiento de
su sangre.
5. Existe cierta similitud entre la muerte violenta y redentora de Cristo
y la reflexión que hemos hecho sobre la muerte en el mundo andino. Esta
concepción andina está madura para considerar el sacrificio de Cristo,
Cordero de Dios, como “el” sacrificio universal. En este sentido, la wilancha
andina tradicional podría ser un anticipo y camino histórico para comprender
el punto central (kerygma) de la buena nueva: la muerte y resurrección de
Cristo.
La wilancha de un cordero blanco en Domingo de Gloria en algunas
partes de Chile, es la vía de comunión con El. El cordero degollado puede ser
una expresión andina de la buena nueva, tan genuina como la imagen del
crucifijo. Lo que era un valor religioso ancestral adquiere así un nuevo
significado sin borrar el antiguo.
TAREAS INMEDIATAS:
Como tareas inmediatas formulamos dos puntos:
1. Publicar lo trabajado en los tres encuentros, buscando el apoyo de un
equipo más amplio para una reflexión teológica y pastoral.
2. Elaborar una propuesta para la pastoral de los ministros laiccales:
2.1 Ministerios laicales de enfermos; esta tarea fue encargada a los
obispos de Chile.
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Notas
1. Algunos estudiosos ven aquí un eco de otra creencia muy escuchada desde la época colonial: Hubo una primera
era del Padre antes de que hubiera sol. Siguió la era actual, que es la del Hijo. Después vendrá el Pacha kuty o vuelco
del mundo, que será la era del Espíritu Santo.
2. Algunos de los primeros ritos para un difunto tienen también un sentido de augurio, para anunciar las próximos
muertes.
3. El uso de la rótula de animales, usado como dado.
4. El maestro que sabe jalar los espíritus que andan vagando fuera del cuerpo para recuperarlos.
5. A veces a los nueve. En Cochabamba se dice, cuando reviente el ojo.
6. A principios de noviembre concluye la estación más seco o de mayor hambre, de agosto a octubre, y empieza
un tiempo de restauración, equilibrio y armonia con toda la naturaleza, con miras a la produción.
7. Al fin del mes en algunos lugares se desantierra a alguna calavera para llevarla a misa. Esta práctica recuerda
lo que se hacía antes de la Colonia, mucho más solemnemente: ver el texto y dibujo de Guaman Poma, reproducido
en Fe y Pueblo, Nº 19, 1988.
8. Recuérdese que el término supay(a) - hoy “diablo” - históricamente era un nombre del espíritu de los muertos.
9. Los lugares de destino varían según la zona. Por ejemplo, entre Potosí y Uyuni hay un cerro, llamado Mundu
Almas, al que se supone van a parar todos los difuntos. Pero en el Norte de Potosí hablan también de un lugar,
cuya ubicación pocos conocen, llamado Tacna. En el Norte de Chile, los muertos van hacia el mar, etc.
10. Los perros negros sonJaqi anu, “perro de la gente”.En vida el perro es la antítesis de la vida humana, pero
después ese ser tan despreciado juega un rol clave en la otra vida.
11. Este nombre tiene una doble intrerpretación. Era usada en la tradición castellana como “moro”, es decir,
pagano, no cristiano. Pero ha quedado reinterpretado en quechua y aymara como muru, es decir, alguien a quien
falta algo esencial.
12. Lo central entonces para el pastor será solidarizarse con la angustia de la madre, teniendo en cuenta sus
inmplicaciones incluso sociales.
13. Esta versión es, con todo, menos andina que la que relaciona la lluvia con el mundo de adentro, de los muertos
y los cerros.
14. Ver un reportaje especial sobre ese tema en Presencia, 24 de Julio de 1994.
15. Con relación a la grasa, como principio vital, nótese el nombre del dios Wiraqucha “lago de grasa/espuma”
(en quechua). ligado a la extracción de la grasa está también la ancestral creencia en el kharisiri, kharikhari, likichiri
o pistaku. Es significativo que en años recientes este ser tan temido ha empezado ha empezado a asociarse también
con la extracción de la sangre. Este últiumo tema tiene relación también con el rechazo de muchos quechuas y
aymaras a las transfusiones y muestras de sangre por parte de los médicos.
16. En términos generales, la recepción de Cristo tiene tres dimensiones: La histórica, la cósmica y la mítica. En
rigor teológico no se contraponen; más bien, se complementan. Cada perspectiva amplía y arraiga culturalmente
las otras perspectivas.
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Ya ocurrió en el primer cristianismo, que no tuvo problemas en añadir a la figura histórica de Cristo, elementos
míticos, como el evangelio de la infancia, el primer capítulo de San Juan, la teología de San Juan o de San Pablo.
Todas estas son elaboraciones e interpretaciones teologizantes/mitologizantes de la historia de Jesucristo.
Tampoco tuvo problemas en incorporar cosmovisiones previas (ej. Navidad y Corpus Cristi, que se han hecho
coincidir con solsticios). ¿Por qué no aceptar - aquí y ahora - el mismo proceso como parte de la relectura desde
la propia tradición cultural y religiosa? (documento de Tacna, 3.2.1).
17. La ofrenda andina es el elemento esencial para guardar o restablecer responsablemente el equilibrio y la
armonía en el cosmos dentro de las relaciones universales de complementariedad y reciprocidad. La teología
católica está llena de referencias a ofrendas y al sacrificio de la sangre de Cristo. Sin embargo, para muchos estos
son símbolos vacíos que necesitan largas explicaciones. No ocurre lo mismo para los cristianos andinos. Su práctica
puede ayudar a rescatar, valorizar y prestigiar la ofrenda en el culto católico andino.
Sangre. Si los sacrificios del A.T. son leidos en la Iglesia y si son necesarios para comprender en su plenitud el
sacrificio de Cristo, Si no se puede abolir el A.T., sin destruir el N.T.entonces es necesario valorizar también la
wilancha, el sacrificio andino de sangre, para que en el mundo andino se comprenda a plenitu el sacrificio de
Cristo.
Es necesario también rescatar la idea que la sangre es la vida y fuente de nueva vida (la “pascua andina”); que la
vida del hombre y de la naturaleza es una sola y compartida. (Doc. de Tacna, 4.6)
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BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
Albó, Xavier. 1992. “Superando la crisis” y “La experiencia suprema de la muerte”, en Manuel
M. Marzal et al Rostros indios de Dios, La Paz: CIPCA, Hisbol, UCB, pp. 104-114. (Intento de breve
síntesis.
Bastien, Joseph W. 1996. “La fiesta con los muertos”, en La montaña del cóndor. 1988 Metáfora
y ritual en un ayllu andino. La Paz: Hisbol, pp. 207-224. (Ver resumen en: Fe y pueblo (La Paz) 1988:
18-25). (Su experiencia en Kaata, comunidad quechua-Kallawaya al norte de La Paz.)
Berg, Hans van den. 1987. “Día de difuntos, fiesta a la vida”. Cuarto intermedio (La Paz) 5: 3-
17. (Otra versión más amplia se encuent5ra en: 1989: “La celebración de los difuntos entre los
campesinos aymaras del Altiplano.” Anthropos (Alemania) 84: 155-175). Ver también “ El día de los
difuntos”, “La qhachwa” y “ El Tinku” en La tierra no da así nomás, La Paz: Hisbol, UCB/ISET, pp. 91-
104). (Intentos de síntesis, con cierta reflexión histórico-teológica y énfasis entre muertos y producción
agrícola.)
Carter, Williams y Mauricio Mamani. 1982. “Dejando la vida”. En Irpa Chico. Individuo y
comunidad en la cultura aymara. La Paz: Juventud, pp. 329-369; los ritos se describen en 331-347.
(Datos de una comunidad a 20 kilómetros de La Paz. Incluyen cuadros sinópticos interpretativos.)
Harris, Olivia. 1983. “Los muertos y los diablos entre los Laymi de Bolivia.” Chungará (Arica)
11: 133-152 (Sobre el Norte de Potosí)
Kessel, Juan van. 1978 “Muerte y ritual mortuorio entre los aymarás”. “Norte Grande
(Santiago) 6: 77-91. (Sobre el Norte de Chile.)
Fe y Pueblo (La Paz). 1988. “La fiesta de difuntos en los Andes.” Nº 19 monográfico. (Antología
de textos sobre el tema. Entre ellos el cronista indio Guaman Poma (pp. 14-16) y relatos contemporá-
neos sobre una comunidad rural al norte de La Paz (18-25, cf Bastien 1996) , vecinos de Sacaca en el
norte de Potosí ( 30-33) y barrios populares de La Paz ( 26-29, 34-43).
Ochoa, Victor (3 números del Boletín Ocasional del Instituto de Estudios Aymaras, de Chucuito,
Puno); - # 12 (octubre 1974). “Todos los Santos en la cultura aymara”. (4 p.); - # 27 (noviembre 1975).
“ Entierro y rito a los difuntos” (14 p, más comentario de Raimundo Cadorette, pp, 15-20); - # 39
(noviembre 1976) “Ritos para difuntos” (18 p)
García, Chema. 1983. Con las comunidades andinas del Ausangate. Lima: Centro de Proyec-
ción Cristiana. (Pags. 74-76: sobre la muerte que redime)
Platt, Tristan. 1996. “Gasificando en Macha a los Guerreros del Alba: ¿Un caso de etnocidio
estatal?”. Presencia Literaria (La Paz) 19 de marzo de 1996. Reproducido también en Platt, Los
guerreros de Cristo, La Paz: AZUR y Plural, pp. 127-142. (Testimonio e interpretación de un tinku que
fue gasificado por la policía en el Norte de Potosí.)
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