Economia Enasayo Grupal
Economia Enasayo Grupal
TEMA:
ANALIZAR DE FORMA CRÍTICA EL CONTENIDO DEL LIBRO DE CARLOS
ZÚÑIGA
CURSO: C4
SEMESTRE: QUINTO
ASIGNATURA:
ECONOMÍA POLÍTICA ENFOCADA AL DERECHO
DOCENTE:
FECHA DE ENTREGA:
04-05-2025
PERIODO:
Abril-Jun 2025
MILAGRO-ECUADOR
INTRODUCCIÓN
La política económica conlleva espacios innovadores para generar una respuesta válida
está formulada por diseños creativo y nuevos para dar solución a los pueblos que no han
culminado, sin embargo, tomando razón acerca de los mecanismos que apoyan al progreso del
auto gobernabilidad y sostenimiento, las cuales evidenciarán la preparación para afrontar a este
milenio por la busca de un mundo que sea equitativo y justo, dando a cada quién lo que le
corresponde, con una correcta distribución de riqueza pero protegiendo al medio ambiente, con
el fin de proporcionar paz, bienestar, armonía, igualdad, equidad e inclusión.
Este análisis será integrado de manera política y económicamente, por la razón de que
varios clásicos establecieron el liberalismo provocando una disertación y en el siglo XIX los
herederos de los clásicos se transformaron en la hipótesis de la economía dominante
expandiéndose como pura separándola de lo político, siendo desde ese entonces marginada en
lo académico y tiene como objetivo buscar la optimización de factores productivos por causa
de las necesidades básicas hacia el desarrollo.
Los recursos del dominio que posee un individuo o país por la autoridad política como
la influencia de un grupo de personas que ejerce presión sobre otras, es conocido como el medio
que utilizan los Estados para la búsqueda de su meta en la competencia económica, política,
social y militar con los demás. Esta idea indaga la comprensión de una relación psicológica
entre los que ejercen y los que sufren de su control, dado que, son dos clases muy diferentes.
(pág. 63)
El concepto de la economía consiste en explicar sobre las leyes que miden la producción
y distribución de los activos materiales en varios grados de desarrollo de los habitantes de una
de una nación, esta posición ha sido reiterada a que la humanidad no puede vivir sin producir
bienes materiales, porque de eso se basa y está hecho la economía y es lo que más les interesa,
lo cual de da en un determinado modo de producción, de tal manera que implica la existencia
de la relación entre el ser humano y su producción.
Como consecuencia tenemos que a las leyes las regulan la economía política y a su
mismo tiempo estas regulan la producción social y la transformación de la producción en cada
etapa del desarrollo humano. (pág. 79)
Los factores que aportan a la producción, tales como tierra, trabajo, recursos
económicos, emprendimiento y progresos tecnológicos, se analizan de forma detallada,
evaluando su repercusión social y económica. Es relevante abordar temas como la ley laboral,
el objetivo social de la propiedad, las diversas clases de empresas y la relevancia de la
innovación tecnológica en el incremento de la productividad. (pág. 109)
El documento expone las etapas del ciclo económico: generación, comercio, difusión y
aplicación. Igualmente, se clasifican los bienes materiales en: de consumo, de capital,
nacionales y estatales. Se analiza el papel del gobierno en la reasignación de la riqueza y en la
cubrir necesidades básicas. Se enfatizan los retos de pobreza, hambre y exclusión social,
vinculándolos con el derecho a un desarrollo equitativo. (pág. 130)
Se propone una reevaluación de la economía política como una disciplina que necesita
ser parte activa en los procesos de decisión política. Se analizan fenómenos como el populismo,
el acuerdo de Washington, la globalización, el papel de las organizaciones internacionales y la
incorporación de Ecuador en la economía mundial. Se pone en duda el modelo neoliberal y se
sugieren visiones alternativas de desarrollo centradas en el individuo.
El autor afirma que las normas jurídicas no surgen en el vacío, sino como respuesta a
necesidades económicas colectivas, el sistema legal se adapta y se transforma según los
cambios en la estructura económica de una sociedad, por ejemplo, el desarrollo del capitalismo
trajo consigo la necesidad de normar la propiedad privada, el contrato de trabajo y los sistemas
de mercado, de esta forma, el derecho se convierte en un instrumento de organización y
regulación del sistema productivo, así, los marcos legales no solo muestran los intereses
económicos dominantes, sino que también pueden ser herramientas para redistribuir la riqueza
y garantizar derechos económicos fundamentales.
Por ello, la economía política, como disciplina integradora, permite entender cómo los
sistemas económicos condicionan la formulación de políticas públicas, leyes tributarias,
normas laborales, derechos de propiedad, entre otros, la ley no es un fin en sí mismo, sino un
medio para resolver conflictos sociales que tienen una raíz económica, por eso, Zúñiga insiste
en que el derecho no puede ser comprendido a cabalidad sin una sólida base en economía
política, y esta, a su vez, se ve reforzada por el conocimiento del derecho, ambos campos se
retroalimentan y encuentran su verdadera utilidad cuando se estudian de forma adecuada.
El libro también destaca que la estructura normativa de un país refleja las decisiones de
los actores económicos y políticos que detentan el poder, es decir, el derecho se configura como
un mecanismo que legaliza o cuestiona las relaciones de producción, distribución y consumo,
por eso, el papel del jurista no debe limitarse a la aplicación ciega de la norma, sino que debe
interpretar críticamente su origen, función e impacto social, esto transforma la labor jurídica
en una actividad comprometida con la justicia social y el bienestar colectivo.
Así que, el manual propone una comprensión del derecho como un fenómeno
profundamente vinculado a la realidad económica, este punto de vista es indispensable en la
formación jurídica contemporánea, ya que permite al estudiante identificar cómo las leyes
responden a intereses económicos concretos y cómo pueden ser utilizadas para transformar
positivamente la sociedad, la economía política, entonces, no solo enriquece el análisis jurídico,
sino que le otorga un sentido ético y social, preparando al futuro abogado para ser un agente
crítico y transformador dentro del sistema.
La economía política, es definida como una ciencia social en constante evolución, que
estudia las múltiples y cambiantes actividades humanas dentro de una estructura social
compleja, Zúñiga afirma que no se ocupa del individuo aislado, sino del ser humano como
parte de un colectivo que actúa dentro de una organización política y jurídica, esto refuerza la
idea de que las decisiones económicas deben comprenderse en el ambiente de relaciones
sociales, culturales y políticas, por ello, desde esta perspectiva, la economía política trasciende
lo técnico para convertirse en una herramienta de interpretación y transformación de la
realidad.
Uno de los ejes ideológicos fundamentales del manual es la crítica al modelo neoliberal
y al llamado pensamiento único, especialmente en lo referente al Consenso de Washington.
Carlos Zúñiga cuestiona las políticas económicas impuestas en América Latina durante los años
80 y 90, que promovieron el libre mercado, la privatización de empresas públicas, la
liberalización del comercio y la reducción del rol del Estado, estas reformas, según el autor, no
solucionaron los problemas de desigualdad ni lograron el desarrollo prometido, sino que
debilitaron los sistemas democráticos y profundizaron la exclusión social.
Por consiguiente, el manual invita a desmontar las narrativas dominantes que presentan
al neoliberalismo como única vía posible para el desarrollo, la crítica al pensamiento único
busca abrir espacios de reflexión pluralista, en los que se valoren otras formas de organización
económica basadas en la solidaridad, la equidad y el respeto al medio ambiente, desde esta
visión, la economía política no solo es una ciencia social, sino también tiene resistencia frente
a modelos excluyentes, y una guía para la construcción de un derecho comprometido con la
justicia social.
En esta línea, el manual enfatiza que la legislación no surge como un producto neutral
o abstracto, sino como respuesta a intereses materiales específicos, quienes controlan los
medios de producción tienen, por lo general, una influencia directa sobre la formulación de las
leyes, esto explica por qué muchas normativas terminan reforzando desigualdades
preexistentes, amparando estructuras que benefician a sectores privilegiados, el derecho, por
tanto, se convierte en un reflejo de la correlación de fuerzas en una sociedad determinada.
Zúñiga también pone en evidencia cómo los cambios económicos transforman el marco
normativo, en casos como, la globalización, la dolarización en Ecuador, la apertura comercial
y las reformas estructurales han obligado a modificar legislaciones fiscales, laborales y
comerciales, estos ajustes legales no son meras actualizaciones técnicas, sino que responden a
nuevas relaciones de poder económico y a exigencias del capital transnacional, por ello, el
autor sostiene que los abogados deben analizar críticamente los cambios normativos desde su
raíz económica.
Esto refuerza la idea de que el derecho debe ser comprendido en su ambiente histórico
y económico, no basta con saber interpretar artículos o doctrinas jurídicas ya que se requiere
una lectura estructural que permita entender por qué existen determinadas normas, a quién
benefician y qué efectos sociales producen, esta capacidad de análisis es esencial para que el
futuro jurista pueda actuar con conciencia social y sentido de justicia, no solo como operador
técnico del sistema legal.
Por ende, según lo analizado de la obra que la formación jurídica no puede prescindir
del estudio de la estructura económica que condiciona el derecho, al entender esta influencia
permite al estudiante identificar las raíces profundas de muchos conflictos legales y sociales,
que se presentan en el día a día, asimismo, lo prepara para intervenir en el sistema jurídico no
como simple repetidor de leyes, sino como actor transformador que, con conciencia crítica,
pueda contribuir a un derecho más justo y equitativo, en armonía con las verdaderas
necesidades del pueblo.
Por otro lado, la gobernabilidad es entendida por el autor como la capacidad del Estado
para tomar decisiones eficaces, legítimas y sostenidas en el tiempo, que permitan mantener el
orden democrático y avanzar en el desarrollo, la inestabilidad política, la corrupción, la falta
de planificación y la débil institucionalidad son obstáculos que afectan directamente tanto a la
aplicación del derecho como a la economía, por tanto, formar juristas con conciencia de estos
desafíos es indispensable para construir Estados factibles y democráticos capaces de garantizar
el bienestar común.
La obra titulada Manual de Economía Política en la Carrera de Derecho del Dr. Carlos
Zúñiga Romero desarrolla una propuesta metodológica integral y contextualizada que entrelaza
lo económico con lo jurídico, lo social y lo político.
El autor comienza desde el principio de su libro, que la economía política no puede
entenderse está aislada porque está en sí mismo relacionado con las leyes, la política, la cultura
y la sociedad. Así es como se trata de los problemas económicos, y las leyes que ya están en
estas áreas son los problemas más vistos que le dan un enfoque interdisciplinario para su
estudio, su perspectiva de análisis considera la economía como una ciencia social dinámica
determinada por el comportamiento colectivo.
Ya que el autor reconoce que las reglas y regulaciones legales no son un factor externo
a la economía, sino que la moldean activamente. Las leyes definen los derechos de propiedad,
los contratos, la competencia, el funcionamiento de los mercados y la intervención estatal.
Al entrelazar estos campos desde el principio, el autor probablemente busca mostrar
cómo las estructuras legales son un cimiento sobre el cual se construyen y operan los sistemas
económicos. Esto permite un análisis más realista de cómo las políticas económicas se
implementan y cómo los actores económicos interactúan dentro de un marco legal específico.
(Zúñiga-Romero, 2008)
Contextualización latinoamericana
Aplicar análisis en realidad local y regional, especialmente en Ecuador y América
Latina, el análisis político económico tiene en cuenta fenómenos, como la dolarización, la
pobreza estructural, la corrupción y la inestabilidad institucional.
La decisión de no restringirse con las teorías universales y, por otro lado, aplica un
análisis en un contexto local y regional, lo que demuestra el deber de comprender los problemas
específicos que enfrenta América Latina.
Dos columnas metodológicas básicas son que ofrecen un análisis de desarrollo hecho a
sí mismo que no destruye los recursos ambientales o de escape.
Este pilar metodológico introduce una perspectiva ecológica para el análisis económico.
Esto significa que cualquier modelo o política económica debe evaluarse sobre la base de su
compatibilidad con la preservación del medio ambiente y la disponibilidad de recursos
naturales a largo plazo.
Invita a desafiar los modelos económicos comunes que a hacen priorizan un breve
crecimiento, independientemente de los precios ambientales, la sostenibilidad como criterio
para la evaluación, es probable que Zúñiga analice cómo las diferentes políticas económicas
afectan el medio ambiente (contaminación, deforestación, pérdida de biodiversidad, cambio
climático) y cómo controlan el uso de recursos no positivos.
También puede explorar modelos económicos alternativos que promueven la economía
circular, la eficiencia energética y el uso de energía renovable.
Esto significa que la política que crea un crecimiento económico, pero es ecológico o
que el deterioro de la desigualdad desde este punto de vista se consideraría malo. Esto significa
que el análisis del celo no será neutral o puramente descriptivo.
Esto será informado por la visión de lo que es un desarrollo económico deseable y justo
es probable que el autor use estos criterios para analizar críticamente la política económica en
países de América Latina, señalando sus fortalezas y debilidades a la sostenibilidad y la justicia
social.
También podría proponer alternativas políticas que estén más en línea con estos principios.
Zúñiga concibe el aula como un espacio donde los principios de la democracia pueden
ser experimentados y practicados. Esto implica fomentar el respeto por las diferentes opiniones,
la participación en la toma de decisiones (dentro del ámbito académico), la resolución de
conflictos a través del diálogo y la construcción de consensos.
Al convertir el aula en una "micro sociedad", se busca que los estudiantes desarrollen
habilidades cívicas fundamentales, como la capacidad de escuchar activamente, de expresar
sus ideas de manera clara y respetuosa, de negociar y de trabajar en colaboración. Estas
habilidades son esenciales para la participación ciudadana efectiva en una sociedad
democrática.
En esta sección abordaremos cómo el autor nos recuerda algo que en el campo del
derecho a veces podemos olvidar: muchas veces tratamos a la economía como simples gráficos
y teorías abstractas, y es que a veces la relacionamos lejos de nuestra realidad, sin embargo, no
se trata de aquello, más bien la economía se trata de personas concretas luchando por sobrevivir
en un mundo de recursos limitados. El autor en su manual define a esta disciplina como el
estudio de la actividad humana ante necesidades crecientes es decir está poniendo sobre la mesa
lo que realmente debe importar: ¿Cómo se están preparando las comunidades para poder
organizar sus medios de vida? ¿Qué sacrificios realizan y qué conflictos surgen cuando el pan
no alcanza para todos? Es por aquello que este manual tiene un punto de vista humanista el
cual resulta clave para el campo del derecho, porque detrás de cada ley sobre regulación laboral
o propiedad intelectual, hay familias, padres, madres que negocian horarios, nuestros
agricultores defienden sus tierras y niños cuyo futuro depende de cómo lo repartimos en la
sociedad, los recursos que tenemos.
El texto es claro al plantear un fundamento relevante: los seres humanos queremos
infinito es decir queremos seguridad educación tecnología pero nuestro planeta tiene límites
claros existe una atención entre deseos y realidad el autor sintetiza en la frase necesidades
ilimitadas versus recursos escasos con esto explica del porque las normas jurídicas no pueden
ser solamente vistas como simples normas técnicas. Enfatiza la importancia de que la
legislación debe ser redistributiva, desde el impuesto a la renta hasta los subsidios agrícolas,
esto implica elegir necesidades y priorizar y a quiénes dejar por un instante atrás. Zúñiga es
claro al advertir que sin entender esta ecuación básica el derecho terminaría creando leyes
atractivas agradables para la vista y oído humano sin embargo estaría muy lejos de la práctica.
En este manual hay un pasaje revelador donde el autor defiende al método de la
extracción menciona que utilizara aquello como una herramienta para ver más allá de lo
evidente no sería solo un juego académico ya que nos daría de resultado que cada vez que se
analice una ley agraria por ejemplo no bastaría solamente con él sus artículos sino que hay que
preguntarse qué relaciones de poder se esconden tras estos textos así se evitaría crear leyes
maquilladas a beneficio de unos cuantos. ¿Quién controla realmente la tierra? ¿Cómo afecta su
uso a las futuras generaciones? La Constitución de Montecristi creada en el año
2008 lo entendió, al declarar que la tierra cumple una "función social", pero ¿qué
significa esto cuando el 2% de los terratenientes controlan el 45% del suelo cultivable? La
abstracción jurídica choca aquí con una realidad la cual exige respuestas concretas.
El manual, de Zúñiga, es realmente interesante ya que no es solo un escrito: es la forma
en que las personas construyen dignidad. Esta idea debería ser el centro del Derecho Laboral,
pero demasiadas veces lo reducimos a debates sobre salarios mínimos o horas extras. Muchas
veces cuando una madre soltera emprende una huelga a razón de que su fábrica contamina el
agua que bebe en sus hijos no se está ejerciendo simplemente el derecho de presión laboral está
defendiendo su vida y la de su comunidad luchando por un derecho que cree corresponder para
una vida digna. El autor va mucho más allá y nos traza un reto a ver estos conflictos no como
fallas o grietas del sistema sino como síntomas que necesitan que las normas deben escuchar
más a quienes las viven y menos a quienes las redactan, solamente así lograremos alcanzar el
objetivo.
Criterio reflexivo 1: El derecho como regulador de los procesos económicos
Uno de los ejes centrales del texto de Zúñiga es que el Derecho no es un simple
instrumento auxiliar de la economía, sino un componente esencial de su funcionamiento. En la
introducción de su obra, afirma que “la economía y la política están interrelacionadas y no
son disgregables. Debido a ello la ciencia económica tiene la tarea de investigar estas áreas
en conjunto” (pág. 12). Esta cita mencionada da de reflejo una comprensión integral y una
perspectiva crítica de la economía política mencionada como una ciencia Social que requiere
del derecho para su correcto funcionamiento normativo.
El artículo 284 de la Constitución ecuatoriana no se limita a enunciar principios
abstractos: materializa el vínculo indisoluble entre Derecho y economía política. Al establecer
como objetivos estatales la distribución equitativa de recursos, el pleno empleo y la soberanía
económica, este precepto constitucional opera como sustento jurídico de la tesis de Zúñiga. Las
normas —en este caso, la propia Carta Magna— trascienden su carácter declarativo para
convertirse en instrumentos operativos de transformación social. Así la disposición que ha sido
dada es analizada y no solamente refleja una idea de Justicia que ha sido distributiva, sino que
exige al legislador y a los funcionarios jurídicos comprender estos mandatos en políticas
públicas que puedan ser verificables incluyendo en sí mecanismos de retribución efectiva y
Marcos regulatorios los cuales deben priorizar el interés colectivo sobre la acumulación
privada.
Desde este punto de vista como estudiantes debemos comprender que las normas como
las leyes orgánicas de economía popular y solidaria no regulan la forma de asociación
económica, sino que también aquellas son el reflejo de una política pública la cual ha sido
orientada en el cumplimiento de los derechos indispensables. Es por aquello que el derecho
económico no es neutral, este tiene un objetivo social y su eficacia depende de una adecuada
comprensión de los procesos económicos que este regula.
Zúñiga sostiene una visión crítica de la economía liberal al señalar que la intervención
estatal no es un obstáculo, sino una necesidad para lograr el equilibrio social. Al respecto indica
que “el prudente administrador empeña esfuerzos en mantener equilibrios en sus cuentas, en
un entorno de economías frágiles. Aunque el propósito permanente será obtener réditos o
superávit, pero, realista como él, simplemente celebra con lograr lo primero” (pág. 15). Esta
cita no solamente plantea una valoración de la administración pública, sino que también deja
la luz una conciencia de las limitaciones fiscales y económicas que enfrentan los países en
desarrollo tal como es Ecuador.
Como resultado de esto la reflexión crítica que propone Zúñiga no es solamente teórica,
sino que tiene sus implicaciones directas en la práctica del derecho podemos mencionar que el
abogado debe saber interpretar estas normas desde una óptica de Justicia social sin limitarse a
la defensa de los intereses privados.
Uno de los apartados más relevantes del manual es la reflexión sobre la propiedad y su
función social. Zúñiga afirma que “hoy, la Iglesia inserta entre la lista de pecados a la
contaminación del ambiente”, en un claro llamado a repensar los límites de la propiedad desde
una ética social y ambiental (pág. 22).Tras esta cita el autor nos realiza una invitación a
considerar la propiedad no como un derecho absoluto sino como una institución jurídica la cual
debe responder al bien común y el equilibrio de nuestro ambiente.
Este enfoque coincide con el artículo 321 de la Constitución ecuatoriana, que reconoce
la propiedad en diversas formas y con distintas funciones. El mismo artículo establece que toda
forma de propiedad debe cumplir una función social y ambiental, lo que habilita al Estado a
regular, redistribuir o incluso expropiar ciertos bienes en función del interés colectivo.
Un caso práctico que ilustra esta reflexión es el de las tierras improductivas. El artículo
282 de la Constitución permite la reversión de tierras que no cumplen su función social y
productiva, lo cual ha sido desarrollado normativamente en el Código Orgánico de
Organización Territorial y en la Ley de Tierras Rurales. Así, el discurso de Zúñiga tiene eco en
las políticas públicas que buscan redistribuir el acceso a los factores de producción y combatir
la concentración de la riqueza, especialmente en el ámbito agrario.
Zúñiga aborda con sentido crítico los efectos de la globalización, señalando que “la
globalización hace saludo a la integración” pero también advierte que “los países mal
desarrollados [...] no tienen más opciones que adaptarse al nuevo esquema” (pág. 16). Esta
afirmación plantea un dilema que en el contexto ecuatoriano es palpable: ¿cómo mantener la
soberanía económica en un sistema mundial regido por reglas impuestas por organismos
internacionales y tratados de libre comercio?
En Ecuador, al haber adoptado el dólar como moneda oficial desde el año 2000, ha
limitado considerablemente su margen de maniobra en política monetaria. Esta condición es
jurídicamente reconocida, pero también supone una pérdida de herramientas esenciales para
enfrentar crisis financieras o establecer políticas contra cíclicas. Zúñiga nos recuerda que la
economía debe responder a un proyecto nacional, y no subordinarse completamente a lógicas
externas: “América Latina debe despertar del letargo, mediante una participación efectiva de
enfrentamiento al conformismo, dependencia, vulnerabilidad [...] en procura de un mundo más
justo y equitativo” (pág. 16).
A nivel jurídico, este llamado se refleja en el artículo 285 de la Constitución, que obliga
al Estado a orientar la política fiscal hacia la redistribución del ingreso y la soberanía
económica. La Ley de Fomento Productivo también ha buscado, con críticas y matices, atraer
inversión externa sin comprometer la estabilidad fiscal ni los derechos laborales. No obstante,
como estudiante de Derecho, es imprescindible reflexionar sobre el equilibrio entre apertura
económica y preservación de los principios constitucionales de justicia y equidad.
Como futuros juristas, tenemos la responsabilidad de interpretar las normas no solo con
técnica, sino con sensibilidad social. Debemos ser capaces de identificar cuándo una política
económica viola los derechos consagrados en la Constitución, cuándo una propiedad deja de
cumplir su función social, o cuándo una reforma fiscal afecta desproporcionadamente a los
sectores más vulnerables.
Finalmente, este ensayo evidencia que los criterios reflexivos extraídos del manual de
Zúñiga encuentran correlato directo en la normativa ecuatoriana vigente, en la jurisprudencia
constitucional y en los desafíos concretos de la política pública. Solo una formación jurídica
con conciencia económica —como la que propone el autor— permitirá construir un país más
justo, democrático y sostenible.
Además, cuando se examina las relaciones entre estas disciplinas, se hace evidente que
la economía, como forma de acción social, no puede operar fuera de un conjunto de normas.
Ya sea por elección o acción, individual o colectivamente, a niveles micro o macro, todas las
actividades económicas se construyen dentro de los aspectos legales de validez, legitimidad y
exigibilidad. Todas las actividades legales, como la creación de entidades jurídicas
corporativas, la creación de sistemas fiscales y la regulación del crédito, el consumo, el trabajo
y las finanzas reposan sobre un marco legal. Así, el derecho no solo acompaña a la economía
como un marco externo o una arquitectura institucional, sino que literalmente es uno de sus
componentes: su lenguaje operativo y vehículo normativo de reconocimiento legal. Esta
relación de dependencia es crucial, no es incidental, y demanda una comprensión única de los
marcos, objetivos y fuerzas que dan forma a las dos disciplinas.
No se puede pasar por alto que esta interacción se produce dentro de un marco de
globalización legal y económica, donde las decisiones estatales son cada vez más subordinadas
a tratados internacionales, instituciones multilaterales y capital transnacional. En este caso, es
responsabilidad del Derecho asumir el papel de salvaguardar la voluntad popular y los derechos
esenciales frente a su sujeción a fines puramente mercantiles. Como campo crítico, la economía
política necesita reponer su misión original: servir como un espacio para un análisis
sistemático, interdisciplinario y transformador. En este contexto, es imperativo explicar por
qué existe tal disparidad en la asignación del poder para controlar y poseer recursos económicos
y presentar soluciones que combinen el realismo técnico y la justicia social. Es urgente en este
contexto reevaluar el Derecho dorso para el dominio económico como un andamiaje de
estructuras.
Para resaltar la interrelación de la ley con la economía y con el orden social, es
importante entender la posición fundamental que motiva los estudios socio-legales. Desde la
asignación de recursos hasta la regulación de empresas, definiendo el salario mínimo y la
formulación de políticas en torno a la subsidización y la redistribución cada aspecto de la
economía está vinculado a una dimensión legal que la delinea, la constriñe o la amplifica. En
consecuencia, se necesita un enfoque que se distancie de las ciencias sociales tradicionales y
busque establecer marcos económicos normativos basados en valores democráticos, derechos
fundamentales y los desafíos globales del siglo XXI. Cumplir con estas condiciones permite
hablar de sociedades legislativamente responsivas y de un verdadero desarrollo humano donde
la legalidad se convierte en un marco de apoyo en lugar de un impedimento.
A nivel jurídico-económico, resulta imprescindible destacar que la interrelación entre
Derecho y Economía ya no es una esfera puramente teórica y prospectiva, ahora constituye un
hecho innegable en la organización institucional de los Estados modernos. Según Zúñiga
Romero (2008): “Reiteradas son las posiciones que aciertan en decir que el Derecho y la
Economía mantienen una cercanía cada vez más estrecha y, es que no pueden actuar
independientemente las figuras económicas fruto de las exigencias de hechos sociales, mismas
que desenvuelven su actividad en el marco de la normativa legal, para su funcionalidad en
sociedades cada vez complejas” (p. 42).
Una reciente investigación concluye que la estructura legal inspira falta de confianza.
Como se observa de la comparación entre el sistema ecuatoriano y el sistema económico,
siempre queda pendiente buscar una solución que dé flexibilidad a los mercados, en otras
palabras, el sistema mantenga la rigidez, pero la economía se busca flexibilidad. Esta tensión
no es exclusiva de Ecuador, pero aquí toma una forma ejemplar: falta de actualización y una
legislación que no aborda la informalidad del empleo; contratos que regulan el trabajo no
equilibran la protección y viabilidad del patrono; y leyes comerciales que olvidan alentar la
formalización de las microempresas. La yo enfrento es que, para construir una ecuatoriana, el
suprasistema legal informal debe ser considerado. La mezcla de derecho y economía presenta
amenazas para mejorar el sistema, pero también profundiza su brecha de credibilidad,
deteriorando la confianza pública y alimentando una cultura evasiva.
También, los cambios sociales en la vida de las personas como el desarrollo de la
economía digital, la globalización del capital o la crisis ecológica han dado origen a nuevas
formas de economía, como el teletrabajo, las criptomonedas o el emprendimiento social, que
desafían el orden jurídico habitual. Dentro de este nuevo paradigma el Derecho no puede
permanecer como un apéndice al sistema sociocultural, sino que debe ser reconstruido desde
una base que sostenga el hecho empíricamente comprobado y la necesidad práctica. Así, se
puede apreciar el surgimiento de una conceptualización estructural del Derecho Económico no
como una rama subdesarrollada del orden jurídico, sino como instrumento de política pública
que se encarga de la gestión racional de los recursos, la correcta distribución del bien público,
y la acumulación de institucionalizados derivados de la desigualdad económica. Dicha
reinterpretación resulta no solo desde los planos deseables, sino urgentes y centrales para la
concreción del pacto democrático.
Todas las comparaciones anteriores con la situación socioeconómica actual muestran
que la mera declaración de la supremacía del derecho no es suficiente; debe haber alguna
interacción de la ley con la economía, su comprensión y previsión. Para lograr un orden social
que sea eficiente, justo, inclusivo y sostenible en la legislación, debe haber una integración
deliberada y sistemática de estas dos disciplinas. El orden, si se presenta la necesidad, debe
responder a las demandas del mercado, y en el caso de este último, hay una necesidad de operar
dentro de los confines éticos y legales de la comunidad política, que le da a la economía su
legitimidad.
Al reflexionar sobre la afirmación de Zúñiga Romero (2008) acerca de que “La
economía política toma espacio como instrumento innovador para dar respuesta válida,
formulada en diseños nuevos y creativos en la solución de interrogantes que nuestros pueblos
no han podido culminar” (p. 12). Analizado desde la inter y transdisciplina, resalta la economía
política en el Derecho, así como en el contexto jurídico-económico de América Latina,
particularmente en condiciones de quiebres estructurales enfermabilidad, inclusión social y
estancamiento productivo. Previo brinda una cita que permite profundizar sobre la
interpretación de la economía política y la situación en la cual el análisis la transforma, pone
su capacidad transformadora en su centro.
Economía política–nacida del capitalismo y reactiva frente a la globalización– se sitúa
más allá de sus fronteras teóricas previas. El formalismo del derecho o por la tecnocracia
económica. De manera de. O más crítica en cuanto a aborda los interrogantes no resueltos.
Fundamentalmente, la propuesta del autor es de una economía política de orden práctico sin
diagnóstico. Desgraciadamente, la economía política en cuestión incide de modo directo en la
estructura institucional a través de la que controlan o habilitan el desarrollo.
Al comparar los diferentes aspectos del derecho y la economía de Ecuador, es evidente
que los más importantes desafíos estructurales del país–pobreza multidimensional, trabajo
formal crónicamente descuidado, precariedad fiscal y dependencia tecnológica no pueden ser
abordados de manera efectiva a través de soluciones parciales o reformas superficiales. Más
bien, estos desafíos requieren una forma holística en la que la economía política se integre con
el derecho, el orden, la eficiencia, la necesidad, un principio legal y la urgencia social. Ese tipo
de decepción debe evaluar cómo se ha elaborado la política, que más a menudo que no está silo
y se impulsa por fragmentos de ideología desprovistos de un auténtico anclaje territorial. Aquí,
la cita parece profética porque esas ‘preguntas sin respuesta’ provienen en gran medida de una
planificación comprensiva que se disocia de las realidades históricas, legales y culturales de
las personas a las que supuestamente busca servir.
Dentro de esta perspectiva, la economía política se convierte en un valioso referente
para el estudio del proceso de articulación entre el derecho y las valoraciones económicas
acerca de una determinada sociedad. Consideremos como ejemplo las siguientes preguntas.
¿Cómo ubicamos nuestro sistema de derecho laboral en relación al mercado laboral real? ¿Qué
tipo de vínculo puede existir entre la ley sobre impuestos y la circulación de ingresos? ¿A qué
se debe que haya una divergencia entre el planeamiento de la inversión pública y los principios
de la justicia social consagrados en la carta constitucional? Todas estas cuestiones, que han
permanecido durante incontables generaciones, adolecen de respuestas y razonamientos que
surgen de un marco de comprensión integrador, donde la complejidad emerge como el
fundamento legitimador de cualquier razonamiento normativo y económico. Así fue como
Romero Zúñiga respondió al requerimiento de no solo analizar una economía, sino de actuar
de forma ética y política donde la injusticia social no abordada equivale a la práctica de una
sociopatía.
La economía y la política se utilicen conjuntamente como una herramienta consolidada
invita a reconsiderar las dos sinergias del Derecho y la Economía. Es momento de salir de la
esfera confortante del discurso tecnocrático hacia uno que modifique la realidad económica y
normativamente aspire a reconstruirla críticamente. En el cual, la moralidad del derecho y lo
social de la política son dimensiones que resta el conjunto justificar, a partir de un enfoque que
afirma sobrepasa el crecimiento cuantitativo a uno considerado un desarrollo humano íntegro,
sostenible, justo e inclusivo. Por consiguiente, lo legal y lo económico no son ámbitos
divorciados, sino partes que en su integración sincronizada logran disociarse en abordaje que
proponga e implemente soluciones transformadoras.
La base de toda teoría jurídico-económica contiene dentro de sí una perspectiva
antropológica constante que ningún estudio serio podría pasar por alto: la necesidad. Según
Zúñiga Romero (2008): “No olvidemos que, en el origen de las actividades económicas del
hombre, sujeto económico, está la idea de necesidad. De ella fluye, late, emana la idea de
economía” (p. 77). Esta afirmación, a pesar de su asombrosa explicación, tiene un núcleo de
verdad: la economía surge de la fragilidad ontológica de la persona, de la incapacidad para
orientarse en relación con su entorno y de la incapacidad para satisfacer sus requisitos de
manera preclasificada, distribuida y jerárquicamente priorizada sin procesos clasificatorios,
distributivos y de atribución entre los recursos disponibles para ellos. En este sentido, el
Derecho tampoco se sitúa en un plano diferente, pues su génesis también reside en la urgencia
de gestionar el movimiento de apropiación, utilización y redistribución de recursos escasos.
En este caso, tanto la economía como el derecho convergen en la necesidad de
responder a la vulnerabilidad existencial que razonablemente exige una sinergia que se
sustancia en la noción de cooperación que entrelaza a ambos. La falta de enfoque hacia la
creciente necesidad humana hace que cualquier sistema regularte resulte irrelevante. La
economía no puede ser regulada legalmente simplemente porque alguien quiera; esto es, dentro
de la economía, toda la regulación legal debe ser técnica en su naturaleza; requiere una aguda
consideración de las necesidades colectivas que, por falta de incorporar un enfoque estructural,
no quedan solucionadas.
Esto implica un desplazamiento de normas abstractas o vacuas y estériles a leyes
sensibles, contextuales y de facto. A este respecto, las leyes controlan un desequilibrio, pero
también posibilitan y facilitan la articulación de respuestas a demandas sociales y marcos en
torno a la distribución equitativa y racional de la tierra, el trabajo, los servicios de salud y la
educación. Ignorar todo esto Rodríguez reduce al derecho económico toda su moralidad
transformándolo en un instrumento de dominio del capitalismo salvaje.
Esta visión, en oposición, permite repensar el vínculo entre la institucionalidad y la
economía en términos más humanos. En lugar de comprender al ser humano como un elemento
más del engranaje productivo, se le reconoce como una persona con derechos y necesidades
particulares. Este cambio resulta de gran alcance: obliga a pensar la política pública ya no solo
en términos de costo y beneficio, sino en su efectividad para atender necesidades reales y
sustantivas. La noción de agregar la noción de necesidad como un elemento estructural en un
análisis económico jurídico requiere un cambio respecto al sistema. No se trata meramente de
la optimización de procesos o de la maximización de beneficios; más bien se trata de erigir una
sociedad donde la norma y la economía se entrelacen en la dignidad del ser humano. Esta visión
no exime el significado del concepto de eficiencia, sino que lo hace subordinado a principios
de justicia, equidad social y sostenibilidad. Por lo tanto, en una situación donde el derecho es
un vehículo adecuado para la satisfacción de necesidades y la economía sirve como una
herramienta, puede haber una oportunidad para un orden socio-jurídico verdaderamente
legítimo y humano.
En el escenario geopolítico mundial contemporáneo, caracterizado por una creciente
interdependencia de mercados e instituciones, la práctica y la teoría de la economía política
internacional requieren sobre todo un abordaje interdisciplinario. Citando a Zúñiga Romero
(2008): “Lo interdisciplinario es una de las características de la economía política
internacional, encuentra los elementos propicios de su accionar en la propia economía
internacional y consecuentemente de las relaciones internacionales, ambas inciden en gran
proporción en la historia económica, en la institucionalidad de la teoría del desarrollo, de los
negocios y propuestas internacionales y en el derecho internacional, público y privado”
(Zúñiga-Romero, 2008, pp. 198-199).
Esta frase, que parece ser una simple afirmación, refleja, en realidad, uno de los rasgos
más complejos del análisis legal y económico contemporáneo, la falta de posibilidad de
continuar en una visión del derecho y la economía como disciplinas separadas. En un mundo
donde transacciones, flujos de capital, tratados comerciales y migraciones cruzan fronteras
estatales, esto resulta particularmente complicado. La economía política internacional no puede
seguir concebida como un saber técnico escindido de la normatividad internacional, sino
caracterizada como un conjunto de interrelaciones sistemáticas en que se articulen los
principios de gobernanza global, las estructuras de regulación supranacionales y los tratados
multilaterales jurídicos. Permítanme ofrecerles un análisis de orden jurídico y económico del
contexto actual, que dio cuenta de cómo las decisiones económicas de la OMC, FMI o BID
impactan en la legislación interna de los Estados, así como la interceptación del Derecho
internacional.
Por solo citar algunas, el comercio internacional se convierte en una controversia debido
a las cláusulas que eliminan el acceso a tribunales locales y facultan cortes de arbitraje
internacional; los derechos de propiedad intelectual restringen el acceso a medicamentos de
vida; las inversiones extranjeras condicionan el aplique de la legislación laboral,
medioambiental o la fiscal. Así, el Derecho Internacional no solo regula la convivencia entre
naciones, sino que se transforma en un escenario de tensión donde se contraponen o se integran
intereses económicos globales y principios de derecho fundamental. Esto evidencia la
necesidad de abordar el tema desde una perspectiva múltiple en el que, por un lado, los juristas
y por el otro los economistas puedan colaborar al desarrollo de regulaciones transfronterizas
justas, sociales, legítimas y perdurables.
El impacto de la economía política en el derecho internacional privado es notable
porque muestra cómo las dinámicas del mercado han permeado las relaciones
jurisprudenciales. Normas de negocios internacionales como estipulaciones contractuales
sobre comercio, competencia, derechos globales del consumidor, licencias de software y
contratos digitales son hoy híbridos que fusionan leyes clásicas con nuevas demandas
económicas. La dogmática legal clásica se ve en cierta medida superada por este fenómeno,
obligando a reconsiderar nociones como soberanía, jurisdicción o la autonomía de la voluntad
a la luz de nuevos contextos definidos por la turbulencia financiera, la movilidad corporativa y
la fragmentación de las normas. En esa intersección, la economía política internacional surge
como una herramienta analítica crítica para entender las relaciones de poder asimétricas que
configuran el sistema legal internacional de hoy y para formular propuestas regulatorias
diseñadas para proteger el interés público frente a la lógica desenfrenada del capital global.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA