—Algo mucho peor.
En otra sección internaban a los adeptos de una secta
religiosa. Ahí encontramos a cinco varones y a doce mujeres, entre dieciséis
y veintidos años de edad —el comandante se detuvo como si lo que
estuviera a punto de decir le fuera a provocar malestar estomacal—. A
todos, en los ritos ceremoniales, se les habían amputado uno o más dedos
de las manos… —Ximena y Xavier se miraron aterrados—. Las habitaciones
de los sectarios, más pequeñas que las de los niños, sin luz eléctrica y con
suelo de tierra, contaban, sin embargo, con bocinas.
La doctora sacó algunas conclusiones:
—Así que tanto los niños como los jóvenes eran sometidos a diferentes
procedimientos de “lavado de cerebro”…
—Sí. Y a todos se les sometían a ciertas actividades sexuales.
—Dios mío —dijo Xavier—. ¿Cómo descubrieron ese lugar?