La cenicienta
Personajes:
- Cenicienta - Madrastra - Hermanastras (2) - Príncipe - Hada madrina
Historia:
Érase una vez, en un reino lejano, una joven llamada Cenicienta que vivía con su madrastra y
sus dos hermanastras en una gran mansión. La madrastra, llamada Lady Tremaine, era una
mujer cruel y ambiciosa que había casado con el padre de Cenicienta después de la muerte de
su madre. Las hermanastras, Drizella y Anastasia, eran igualmente crueles y se burlaban
constantemente de Cenicienta.
Cenicienta era una joven hermosa y bondadosa, con cabello castaño y ojos azules, pero su
madrastra y hermanastras la trataban como una sirvienta, obligándola a hacer todas las tareas
domésticas.
- "¡Cenicienta, trae mi té!", gritó Lady Tremaine desde el salón.
- "Sí, madrastra", respondió Cenicienta, mientras limpiaba el suelo de la cocina.
- "Y no te olvides de limpiar los zapatos de mis hijas", agregó Lady Tremaine.
- "Sí, madrastra", respondió Cenicienta, con tristeza.
Un día, llegó un mensajero real a la mansión con una carta para Lady Tremaine.
- "¿Qué es esto?", preguntó Lady Tremaine, mientras abría la carta.
- "Es una invitación del príncipe para un baile en el palacio", respondió el mensajero.
- "¡Un baile en el palacio! Esto es una oportunidad perfecta para mis hijas", exclamó Lady
Tremaine.
- "¿Y qué hay de mí?", preguntó Cenicienta.
- "Tú no puedes ir al baile, eres una sirvienta", respondió Lady Tremaine.
- "Pero, madrastra, me gustaría ir", dijo Cenicienta.
- "No, no puedes ir. Tienes que quedarte aquí y hacer las tareas domésticas", respondió Lady
Tremaine.
Las hermanastras se rieron de Cenicienta.
- "¡Ja! Tú nunca podrás ir a un baile del príncipe", dijo Drizella.
- "Sí, tú eres solo una sirvienta", agregó Anastasia.
La hada madrina de Cenicienta apareció de repente.
- "No te preocupes, Cenicienta. Te ayudaré a ir al baile del príncipe", dijo.
La hada madrina tocó con su varita mágica una calabaza que estaba en el jardín.
- "¡Mira, Cenicienta! Ahora tienes un carruaje para ir al baile", dijo.
La calabaza se transformó en un hermoso carruaje dorado, con ruedas y todo.
- "¡Es increíble!", exclamó Cenicienta.
La hada madrina también tocó con su varita mágica a los ratones que estaban en el jardín.
- "¡Mira! Ahora tienes caballos para tirar del carruaje", dijo.
Los ratones se transformaron en hermosos caballos blancos, con arneses y todo.
- "¡Son preciosos!", dijo Cenicienta.
La hada madrina también tocó con su varita mágica a una rata que estaba en el jardín.
- "¡Mira! Ahora tienes un cochero para conducir el carruaje", dijo.
La rata se transformó en un hermoso cochero, con uniforme y todo.
- "¡Es perfecto!", dijo Cenicienta.
La hada madrina también le dio a Cenicienta un hermoso vestido de baile, con zapatos de
cristal y todo.
- "¡Eres una verdadera princesa!", dijo.
Cenicienta se miró en un espejo y se quedó asombrada de su transformación.
- "¡Soy hermosa!", exclamó.
La hada madrina sonrió y dijo:
- "Recuerda, Cenicienta, que la magia solo durará hasta la medianoche. Debes regresar a casa
antes de que suene el reloj, o todo volverá a ser como antes".
- "Entendido, hada madrina", respondió Cenicienta. "Gracias por todo".
- "De nada, Cenicienta. Solo recuerda, la magia tiene un límite. No te olvides de regresar a
tiempo", advirtió el hada.
Cenicienta asintió y subió al carruaje, lista para ir al baile. La hada madrina la despidió con un
gesto de su varita mágica.
- "¡Que tengas una noche mágica, Cenicienta!", dijo.
El carruaje partió hacia el palacio, llevando a Cenicienta a su destino. Pero Cenicienta no podía
olvidar la advertencia del hada: debía regresar a casa antes de la medianoche...
Cenicienta llegó al palacio y se dirigió al salón de baile. El príncipe la vio desde lejos y se quedó
asombrado de su belleza.
- "¿Quién es esa chica?", preguntó el príncipe a su amigo, el duque.
- "No lo sé, pero es la más hermosa del baile", respondió el duque.
El príncipe se acercó a Cenicienta y le pidió bailar. Cenicienta aceptó y bailaron juntos toda la
noche.
- "Eres la chica más hermosa del baile", dijo el príncipe.
- "Gracias, príncipe. Me siento muy feliz", respondió Cenicienta.
Pero cuando sonó el reloj de la medianoche, Cenicienta recordó la advertencia del hada y se
despidió apresuradamente del príncipe.
- "Lo siento, príncipe. Debo irme", dijo Cenicienta.
- "¿Quién eres? ¿Por qué te vas?", preguntó el príncipe.
- "No puedo decirte quién soy. Debo irme", respondió Cenicienta, mientras corría hacia la
puerta.
El príncipe la siguió, pero Cenicienta ya había desaparecido. Solo dejó atrás uno de sus zapatos
de cristal...
El príncipe fue de casa en casa, probando el zapato en el pie de cada chica, pero ninguno
calzaba perfectamente. Hasta que llegó a la casa de Cenicienta.
- "¿Hay alguna chica en esta casa que quiera probar este zapato?", preguntó el príncipe.
Lady Tremaine, la madrastra de Cenicienta, se ofreció a probar el zapato, pero no le servía.
Luego, las hermanastras de Cenicienta también lo intentaron, pero tampoco les servía.
- "¿Hay alguna otra chica en esta casa?", preguntó el príncipe.
Mientras tanto, Cenicienta estaba encerrada en su habitación, escuchando todo lo que pasaba
abajo. La hada madrina apareció en su habitación y la ayudó a salir.
- "Ve, Cenicienta. Este es tu momento", dijo la hada madrina.
Cenicienta bajó las escaleras y se presentó ante el príncipe.
- "¿Puedo probar el zapato?", preguntó Cenicienta.
Pero las hermanastras, Drizella y Anastasia, intentaron empujarla para que no pudiera llegar al
príncipe.
- "¡No puedes probar el zapato!", gritó Drizella.
- "¡Este es nuestro momento!", agregó Anastasia.
Pero Cenicienta logró esquivarlas y se acercó al príncipe.
- "Por favor, déjame probar el zapato", dijo Cenicienta.
El príncipe se sorprendió al ver la determinación de Cenicienta y le permitió probar el zapato.
Y, por supuesto, le servía perfectamente.
- "¡Es perfecto!", exclamó el príncipe. "¡Eres la chica que he estado buscando!"
Después de que el príncipe declara que Cenicienta es la chica que ha estado buscando, se
casan en una gran ceremonia en el palacio. La madrastra y las hermanastras intentan
disculparse por su mal comportamiento, pero Cenicienta las perdona y les desea felicidad.
Cenicienta y el príncipe viven felices para siempre, rodeados de amor, riqueza y felicidad. La
hada madrina aparece una última vez para bendecir a la pareja y asegurarse de que vivan
felices para siempre.
Y así, el cuento de Cenicienta termina con un final feliz, demostrando que la bondad, la
humildad y la perseverancia pueden llevar a la felicidad y el éxito.