En un medio acuoso, la oxidación del medio se verifica mediante un electrodo especial,
llamado electrodo ORP, que mide en milivoltios la conductancia del medio. La corrosión
metálica química es por ataque directo del medio agresivo al metal, oxidándolo, y el
intercambio de electrones se produce sin necesidad de la formación del par galvánico.
Esquema de oxidación del hierro,
ejemplo de corrosión del tipo polarizada.
La corrosión de los metales es un fenómeno natural que ocurre debido a la inestabilidad
termodinámica de la mayoría de los metales. En efecto, salvo raras excepciones (el oro,
el hierro de origen meteorítico), los metales están presentes en la Tierra en forma
de óxidos, en los minerales (como la bauxita si es aluminio o la hematita si es hierro).
Desde la prehistoria, toda la metalurgia ha consistido en reducir los óxidos en bajos
hornos, luego en altos hornos, para fabricar el metal. La corrosión, de hecho, es el regreso
del metal a su estado natural, el óxido.
A menudo se habla del acero inoxidable:
Este tipo de acero contiene elementos de aleación (cromo) en 11 % como mínimo,
lo cual le permite ser inoxidable al estar expuesto al oxígeno, además de ser un
estabilizador de la ferrita.
El cromo hace que se contraiga la región de la austenita, y en su lugar la región de
la ferrita disminuye su tamaño.
Existen múltiples variedades de aceros llamados "inoxidables", que llevan nombres como
"304", "304L", "316N", etc., correspondientes a distintas composiciones y tratamientos.
Cada acero corresponde a ciertos tipos de ambiente: acero inoxidable ferrítico,
martensítico, austeníticos, endurecidos por precipitación (PH) y dúplex.