NIETZSCHE
NIETZSCHE
TEMA 10
LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA:
EL VITALISMO DE FRIEDRICH NIETZSCHE
Y LA CRÍTICA DE LA CULTURA Y LA FILOSOÍA
OCCIDENTALES
La vida y el pensamiento de Friedrich Nietzsche (1844-1900) ocupan buena parte del siglo
XIX. Se trata de una centuria en la que se han fraguado todos los cambios y características que
definen nuestro tiempo presente. La contradicción fundamental que nos plantea el mundo
contemporáneo (siglos XIX y XX) es la que existe entre, por un lado, un despliegue vertiginoso de
los conocimientos, el saber tanto teórico como práctico, las ciencias puras y aplicadas, la técnica
aplicada a toda la esfera de la vida humana y, por otro lado, el desarrollo social de una creciente
población europea, cuyo protagonismo social y político nada ni nadie puede evitar. El problema
histórico de la época se concreta en hacer viables las demandas y aspiraciones de amplias capas de la
sociedad burguesa, recientemente incorporadas a los procesos productivos de la industria
capitalista, y con un protagonismo político y social cada vez mayor, tras los procesos
revolucionarios de la Europa napoleónica. Así, el siglo XIX, es el de las revoluciones obreras, el del
surgimiento de los movimientos internacionalistas de los trabajadores, el del socialismo y el
anarquismo y el de la contrarrevolución conservadora, que pretende restar protagonismo a las masas.
La cultura del ochocientos retoma esta confrontación entre los valores aristocráticos del Antiguo
Régimen, dotados de un aire de melancólica decadencia y de pesimismo racional, y los valores
democráticos en alza, con su dosis de igualitarismo y homogeneización social. La lucha entre los
viejos valores de la antigua aristocracia y los nuevos de las masas desheredadas va a generar una
polarización del pensamiento. Muchos pensadores, entre otros el propio Nietzsche, representan una
relectura de la historia y la cultura occidental en términos de regresión hacia ideales de la
Antigüedad. Por otro lado, el nihilismo de nuestro autor es una visión del esencial carácter trágico,
agónico y sin salida, no sólo de la existencia individual, sino también de la colectiva, plasmada en
historia de la humanidad.
Si hubiera que buscar un portavoz del fin de siglo, sin duda sería Nietzsche el que mejor
podría asumir este papel. Desde el mundo de la cultura existe una aparente ruptura con todo el orden
establecido. La música, la pintura y la poesía provocan a una burguesía decadente y aburrida. Sin
embargo, estos artistas no dejan de demostrar un claro talante aristocrático y elitista. Es el modelo
del bohemio, alguien que renuncia a vivir conforme a los valores de la sociedad dominante, que se
considera más allá del bien y del mal y que busca experiencias nuevas, ya sea en el alcohol, las
drogas, las relaciones homosexuales, etc. Y siempre con el afán de provocar, de que su propia vida
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
sea una obra de arte, como bien afirma uno de sus representantes más genuinos: Oscar Wilde. Este
ambiente cultural queda plasmado en los dibujos y cuadros de Degas o de Toulouse Lautrec, que
dejan vislumbrar un cierto fondo de amargura provocado por la falta de ideales y de esperanza en un
futuro mejor. En esta época comienza el impresionismo pictórico que, apoyándose en los importantes
descubrimientos de la física en el campo de la luz, rompe con la tradición anterior. La música de
Wagner había alcanzado la apoteosis con su concepción del drama musical como unión de todas las
artes. Nuestro autor mantuvo una profunda admiración y amistad hacia este músico para más tarde
distanciarse de él, al considerar que su música había dejado de ser la flauta de la vida, de Dionisos,
para convertirse en un fenómeno más de la decadencia europea.
La primera gran fuente de la filosofía nietzscheana la constituye la relectura del pensamiento
griego, y en especial de los autores trágicos. Esta lectura está guiada por la contraposición entre el
ideal apolíneo, que representa la racionalidad normativa, y el ideal dionisíaco, que supone la
perturbación de esa realidad por un impulso para alterar sus fundamentos, basado en el deseo de
retorno a lo que nuestro autor llama entonces “lo uno primordial”, lo originario y de lo que procede
todo ordenamiento racional.
Por otro lado, el pensamiento de Nietzsche se sitúa en pleno debate cultural del siglo XIX,
entre la lectura ilustrada y progresista del pensamiento de Kant y la lectura que insiste en tomar al ser
humano como voluntad, cuya acción quedaría limitada por el entendimiento y la racionalidad.
Schopenhauer, uno de los herederos de la tradición kantiana, en su gran obra El mundo como
voluntad y representación contrapone dos ámbitos del ser: el ser en sí (como voluntad) y el ser tal
como el ser humano se lo representa (como representación).. Pero el ser en sí, para este autor, ya no
es pura incógnita, sino lo que él llama la voluntad, el deseo humano de afirmarse y de poder sobre la
naturaleza y el resto de los humanos. La voluntad trata de expresar la idea de que el ser es una
fuerza ciega, caótica, constructora y destructora a la vez, que se mueve en alguna dirección, como si
quisiera consumar algo determinado, pero que puede cambiar y de hecho cambia constantemente,
que se autoconsume en su incesante movimiento de autoafirmación y de crecimiento. El ser humano
puede captar la esencia del ser, de esta voluntad en sí mismo, pues tiene un peculiar conocimiento de
las fuerzas que actúan en su interior produciendo alteraciones o impulsos al margen de su conciencia
y sus deseos racionales.
En tercer lugar, recibe una importancia influencia del pensamiento evolucionista de Darwin,
en especial de sus nociones de lucha por la vida, y de selección natural de las especies. En definitiva,
trata de redescubrir el componente biológico del ser humano y su parentesco con el resto de las
especies vivas. Este pensamiento lleva a Nietzsche a ofrecer una visión completamente diferente de
la historia de la humanidad, proporcionando la idea de una posible alternativa biológica a un ser
humano “degenerado” por la tradición cultural europea.
En cuanto a las corrientes filosóficas preponderantes en su época, cabe destacar las siguientes:
♦ POSITIVISMO: Según Comte el progreso obedece a la Ley de los Tres Estados: El Teológico,
donde el mundo es interpretado como producto de fuerzas sobrenaturales; El Filosófico, el
mundo es interpretado por ideas y fuerzas abstractas; El positivo, el mundo se interpreta por las
leyes que lo rigen. El Positivismo no se pregunta el porqué de las cosas, sino solamente el cómo
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♦ SOCIALISMO UTÓPICO: Owen, Saint Simon, Proudhon y Fourier parten del análisis de la
realidad económica de la sociedad a la que considera injusta y desigual. Ante esta situación
exponen su pensamiento, que hace una crítica del sistema capitalista, y denuncia sus abusos y
defectos; proponiendo al mismo tiempo una nueva organización de la sociedad más justa para
todos. Son intelectuales que se mantienen en un plano teórico e idealista.
♦ VITALISMO: A finales del siglo XIX, un conjunto de pensadores va a establecer una filosofía
cuyo eje va a ser la exaltación de lo vital y de lo afectivo, frente a un excesivo idealismo o el
positivismo de Comte. Se trata de “Filosofías de la Vida” que defienden el irracionalismo y la
afirmación de la vida como realidad radical del ser humano. Para estas “filosofías” la Razón
y su poder discursivo son inadecuadas para captar la realidad, la verdadera realidad. Junto a la
Razón también existe para poder ver la realidad: la inspiración poética, la intuición, el instinto, la
visión profética… Entre los representantes de esta corriente nos vamos a encontrar el
pensamiento de Nietzsche.
No creemos exagerar si decimos que Nietzsche ha sido uno de los filósofos más originales de
la historia. Es más, su larga sombra ha determinado un cambio radical en la fisionomía de la filosofía
posterior, induciendo enormes cambios estilísticos, argumentativos y formales. Por eso, antes de
comenzar a analizar su pensamiento, conviene considerar algunas de sus peculiaridades:
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Los críticos de Nietzsche coinciden en señalar tres etapas más o menos diferenciadas en su
pensamiento, que coincide con otros tantos momentos de su biografía. Una etapa esteticista
(“metafísica de artista”); una etapa ilustrado-positivista; y una tercera etapa que podría dividirse en
dos momentos: a) la filosofía de Zaratustra y b) la destrucción de la tradición occidental.
1
Dionisos constituye una primera concepción de lo que luego llamará Voluntad de Poder.
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LO APOLÍNEO LO DIONISÍACO
El orden, la belleza como proporción y medida El flujo continuo de la vida como exceso
Lo estático Lo dinámico/extático
El día La noche
La luz La oscuridad
La palabra La musicalidad
La melodía La armonía
La racionalidad Lo irracional (la voluntad)
Lo aparente (el fenómeno) Lo verdadero (la cosa-en-sí)
La imagen El fondo pulsional
El individuo (la personalidad) La unidad impersonal del Todo
El límite Lo ilimitado, el caos, la transgresión de los límites
El perfecto –pero cruel y tenso– equilibrio entre ambos principios y su síntesis en la tragedia
ática, se rompe hacia mitad del siglo V a.C. con la aparición de una nueva forma de racionalidad
inaugurada por Sócrates. Con esta visión que se enfrenta a lo trágico, el espíritu y la cultura griegos
entran en decadencia. A partir de aquí, las imágenes bellas (el mundo de los dioses olímpicos, las
imágenes de la tragedia) que surgían en el juego de los principios o impulsos antagónicos y
justificaban su existencia, se irán convirtiendo en un mundo metafísico de esencias verdaderas que
engendran odio y desprecio a la vida. En adelante, lo racional-abstracto primará sobre lo vital-
instintivo.
A esta época pertenecen Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (opúsculo inédito) y
las cuatro Consideraciones intempestivas (1873-1876), cuatro ensayos temáticos sobre D.F. Strauss,
la historiografía, Schopenhauer y Wagner.
Las obras capitales de este periodo son Humano, demasiado humano I y II (1878 y 1789),
Aurora (1881) y los cuatro primeros libros de La gaya ciencia (1882). En esta época, el pensamiento
de Nietzsche sufre una profunda inversión. Ahora, nuestro autor, reivindica el papel crítico de la
ciencia en detrimento de la metafísica, la religión, incluso el arte, los cuales aparecen como ilusiones
que es preciso destruir.
Nietzsche no valora tanto, en realidad, los valores epistémicos de la Ciencia y las nociones de
progreso ligadas a su imaginario como el hecho de que constituya, en su rigor y frialdad, una
disciplina para el espíritu.
En este momento Nietzsche ya se ha distanciado de sus ídolos de juventud, de las fórmulas
metafísicas de Schopenhauer y del endiosamiento artístico de Wagner. El filósofo, con un espíritu
similar al científico (“espíritu libre”), se erige ahora en el único redentor de la cultura. Por medio de
una filosofía histórico-crítica que trabaja con el método de la química, se hace posible una
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
reconstrucción del mundo de la representación en sentido amplio que incluye a la moral, la religión y
la metafísica como formas de sometimiento de la vida a valores pretendidamente trascendentales,
pero que tienen su raíz en la vida misma.
En efecto, Nietzsche, lleno de sospechas, lanza una crítica desenfrenada contra los grandes
sentimientos de la humanidad, desenmascarándolos como ficciones que cumplen unas funciones
vitales concretas. Tiene la convicción de que lo que hasta ahora hemos llamado “sobrehumano” no es
más que una ilusión “demasiado humana”.
Nietzsche presenta al hombre como un “animal de ideales” (Dios, la ley moral, la verdad, la
sustancia, la cosa en sí…), ante los cuales esclaviza su existencia. Ahora bien, con el
autoconocimiento puede el hombre hacer desaparecer los mundos fantasmagóricos que ha
proyectado sobre sí.
Es una filosofía del desengaño, una filosofía que quiere la recuperación del hombre del
inexistente mundo del ideal, el recobramiento de todas las creencias en entidades trascendentes del
hombre y la devolución de éstas a la vida misma. Frente a todo valor o entidad con pretensiones de
absoluto, de eternidad, de inmaterialidad, Nietzsche pregunta: “¿Qué clase de vida, qué tipo de
humanidad está afirmándose a través de ellos? ¿Se trata de un tipo de vida ascendente o decadente?”.
Esto implica, entre otras cosas, la aniquilación de toda alienación 2 en el hombre y la
restitución de su suprema libertad; en definitiva, un nuevo amanecer para las posibilidades de la
humanidad. La tarea de Nietzsche se plantea como una “inversión del idealismo”.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
los hombres como fragmentos y materiales para esa obra que será el hombre de una salud –una
constitución fisiológica y. por ende, moral– inédita.
Nietzsche ha roto aquí, pues, con el positivismo de su segunda etapa, con la tradición
socrático-ilustrada, en la que no halla ahora más que un nihilismo –los mismos valores cristianos–
encubierto. Efectivamente, en el mito del progreso desenmascara la transposición de Dios 4 –esto es,
un estado en el que se disuelven todas las tensiones y luchas propias de lo vivo en un reposo eterno:
el Nirvana de los budistas o la negación de la voluntad de vivir de la que hablaba Schopenhauer: la
nada, el no-ser–: trasladar, pues, al Dios de los Cielos hasta un punto futuro (o final) de la historia
universal –el “paraíso” socialista, por ejemplo– que habrá de ser alcanzado gracias al saber y al
dominio técnico de la naturaleza y la sociedad.
El optimismo racionalista-progresista confía la realización de su proyecto a la ciencia y la
técnica. Sin embargo, la felicidad, el mayor bienestar posible para todos, se revela como una idea, un
ídolo, producto de la moral de esclavos (moral nihilista) y asentada sobre una falsa fisiología. A ello
opondrá Nietzsche la transvaloración o transmutación de todos los valores, es decir, una “filosofía de
la sospecha” (en expresión de Paul Ricoeur 5) que reduce el valor de un juicio –es decir, una
interpretación– moral, científica o filosófica al valor de la estructura fisiológica –el “tipo” humano–
de quien la enuncia o a la que favorece. 6 Es decir, una moral basada en una ontología de la voluntad
de poder –ontología que es siempre, a su vez, una interpretación producto de esta última 7;
Tras publicar El Gay Saber –libro que inaugura esta tercera etapa–, Nietzsche escribe –para
indiferencia del público e incomprensión por parte de los escasos críticos–, los tres libros
(“discursos”) (1883-1884) que componen Así Habló Zaratustra (un libro para todos y para nadie),
así como un cuarto discurso, primero de una segunda trilogía, jamás completada, llamada Mediodía y
Eternidad (1885).
En esta obra anuncia, en un lenguaje místico, poético y sumamente profético, con constantes
parodias de la traducción luterana de la Biblia, los temas que expondrá de manera ensayística en la
obra posterior, a partir de Más allá del Bien y del Mal (1886), etapa que se caracteriza por un
4
En El Anticristo, Nietzsche, siguiendo a su “maestro” Schopenhauer, señala que, contra la tergiversación de los
evangelistas, cuando Jesús habla de Dios, haría referencia a un estado, y no a un ente. Eugen Fink, siguiendo esta
interpretación, afirmará que el superhombre no es un individuo, sino un estado (un devenir-sobrehumano, que diríamos
en la jerga de Deleuze).
5
Paul Ricoeur habla de “maestros de la sospecha” a propósito de Marx, Nietzsche y Freud. En Marx, los intereses
“generales” y la neutralidad formal del Estado ocultan intereses de clase bien definidos pero relativamente inconfesables
a cara descubierta; en Nietzsche, como vemos, los valores morales y las buenas acciones ocultan impulsos agresivos y
deseo de dominación; en Freud, la socialidad, los sueños, los lapsus, la conducta y el discurso manifiesto, en definitiva,
ocultan pulsiones sexuales y agresivas que quedan reprimidas por efecto de la censura del yo.
6
«Un juicio vale lo que vale fisiológicamente quien lo enuncia», dirá en Más allá del Bien y del Mal.
7
Obsérvese el doble sentido del genitivo: una concepción de (sobre, acerca de) la voluntad de poder (genitivo objetivo)
es, a su vez, una interpretación de (proveniente de) la voluntad de poder (genitivo subjetivo). –Se trata de un círculo que
impide hablar de “objetividad”. El “médico” (el filósofo, el intérprete) ha de ser evaluado a su vez para valorar su
diagnóstico.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
profundo cambio estilístico: del estilo árido y austero de la segunda etapa a un estilo caracterizado
por el aforismo breve pero pleno de sentido y una forma muy personal, marcada por las constantes
fulguraciones y diatribas contra unos y otros, que conforman algunos de los momentos cumbres de la
prosa alemana.
Cuatro son los temas fundamentales que anuncia Zaratustra:
2) Nihilismo pasivo: Nietzsche piensa aquí en el budismo, es decir, de una moral religiosa
(atea, de hecho) que ya no reacciona políticamente, sino que se enfrenta al sinsentido de la
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Nietzsche tomó el término de los periódicos que hablaban de los nihilistas rusos (una especie de anarquistas de actitud
cínica, antiautoritaria, progresista y cientifista) retratados genialmente por Dostoyevski en su obra Los Demonios, la cual
Nietzsche leyó con suma atención, anotando profusamente su ejemplar. De Dostoyevski llegará a afirmar que “es el
único psicólogo que me ha enseñado algo”. El primer personaje nihilista en literatura fue Bazárov, de la novela Padres e
Hijos, del también ruso Iván Turguénev. Sin embargo, Dostoyevski es capaz de retratar una amplia diversidad de
caracteres nihilistas en la obra mencionada, en lugar de uno solo.
9
Para una explicación más detallada de este punto, v. el Apéndice “Resumen de la Genealogía de la moral y el
Anticristo”.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
existencia, a la nada de sentido y valor, mediante una vida pacífica y ascética reduciendo
todo lo posible su acción. Para Nietzsche, Europa no está aún madura para un movimiento
así, aunque él vaticina que advendrá próximamente. Jesús era para él un nihilista de este tipo,
y así también Epicuro.
En cualquier caso, estas dos formas negativas de nihilismo responden a una realidad de
decadencia vital, de cansancio, odio y hastío contra la vida. Lo irónico es que, según
Nietzsche, la cultura occidental ha estado determinada en su destino por la preeminencia de
este tipo de moral nihilista.
El problema al que se enfrenta Nietzsche con respecto a la cultura europea es que han
desaparecido –o están en trance de hacerlo– todos los grandes ideales. Sólo restará la ramplona
felicidad y comodidad de los «últimos hombres» (Así habló Zaratustra) en un mundo de banalidad
generalizada y pequeñas virtudes inofensivas. Sin embargo, algún día tendrá que “atragantárseles”
esta autocomplaciente existencia.
Frente a esta “gran náusea” ante la imagen del hombre vulgar hay un movimiento, empero,
que se vuelve contra esta forma decadente de existencia, pero para superarla dándole un nuevo
sentido.
Se trata del 3) nihilismo activo. Éste consiste en demoler o darle el golpe de gracia a todos
los valores y creencias del “decadentismo” como ficciones e imposturas, a fin de instalar de nuevo
valores aristocráticos, un nuevo principio para la cultura capaz de formar hombres más fuertes,
capaces de afirmar la vida. Por ello, este nihilismo es afirmativo, pues nace de una sobreabundancia
de fuerzas creativas que desean dar forma a una nueva cultura. 10
Así, pues, el «último hombre» constituye ya un ocaso: es ya un anuncio del superador de
Dios, del hombre y de la Nada:
10
El joven Nietzsche no habla de nihilismo, sino de pesimismo, influenciado por el maestro Schopenhauer. Sin embargo,
ya en los primeros escritos se pregunta si cabe la posibilidad de un «pesimismo de la fuerza», es decir, si hay acaso una
forma de pesimismo que nace de la contemplación de una cultura decadente al ver defraudadas en él sus íntimas
aspiraciones a una cultura más fuerte, más aristocrática.
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Nietzsche suele citar como ejemplos a Pericles, a Julio César, a César Borgia, a los grandes nombres del
Renacimiento (de hecho, imaginó el rostro de Zaratustra a imagen de uno de los autorretrratos de Leonardo Da Vinci), a
Napoleón y a Goethe (“el último alemán por el que yo siento respeto”).
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
las tablas de valores vigentes, a las que viene a destruir. El objetivo de Nietzsche-Zaratustra es que
el superhombre sea el objeto, la causa, del compromiso de cada generación con las venideras.
Nietzsche habla de los filósofos-artistas en relación con el Superhombre y la nueva
aristocracia: caracteriza al Übermensch por su dedicación a emplear a los hombres como material
para una nueva humanidad. A esta labor creativa la denomina la Gran Política. Parte de esta
ambición aristocrática consiste en dar a los trabajadores una disciplina militar, es decir, que el
trabajo se convierta en una especie de deber en el sentido militar, rompiendo en esto con la disciplina
fabril y la política salarial de la “pequeña política” del capitalismo.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
diferencia, devenir. Más adelante, profundizaremos en otros aspectos del concepto nietzscheano de
razón;
3) Falta de finalidad: las distintas manifestaciones que toman las fuerzas de la vida, sus
distintas modificaciones, los resultados de su actuación, no tienen ningún objetivo o fin, no buscan
nada, son así pero nada hay en su interior que les marque un destino. Dado que lo que nosotros
percibimos, y que todo con lo que tratamos (objetos físicos, mundo espiritual, social y cultural) es
expresión de esta realidad sin sentido prefijado 12, Nietzsche declara con ello el carácter gratuito, no
necesitado de justificación de la existencia.
No hay, pues, un final de la Historia, ni cabe hablar de progreso (material, político-social o de
la razón), ni la evolución biológica tiene un sentido o dirección. Nietzsche, de hecho, se sitúa como
antiprogresista a todos los niveles, puesto que en el progreso, lo que en el fondo se sueña es un
estado final en el que se cancelaría el carácter trágico, absurdo de la existencia;
12
En esto, Nietzsche ejerce una gran influencia sobre el pensamiento existencialista (Sartre, Camus, Unamuno…) y las
distintas formas de teatro del absurdo (Ionesco, Beckett, Arrabal…).
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
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El fondo del pensamiento nietzscheano se puede considerar como una especie de sofística rediviva. Aquí tenemos una
especie de homo mensura al estilo de Protágoras… sólo que aquí «el hombre» está disuelto, desenmascarado como una
oligarquía de instintos y pulsiones, como veremos más adelante.
14
El “Adivino” es el personaje que encarna a Schopenhauer en Así Habló Zaratustra.
15
Veremos más adelante que con Sócrates-Eurípides comienza, a juicio de Nietzsche, el racionalismo optimista-
progresista, que él identifica con la concepción dialéctica (o metafísica) de la realidad.
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Recordemos que para los budistas, en el deseo (tŗşņā: la “sed”) radica la fuente de todas las desgracias del hombre, de
todo sufrimiento. En él se sostiene la peor de todas las ilusiones: la creencia en el yo substancial. El Nirvana consiste en
el cese de todo sufrimiento, y es alcanzado, pues, por el apagamiento del deseo en el hombre –la extinción de la voluntad
de vivir, tal como lo “traducía” a su filosofía Schopenhauer–; dicha cesación ha de ser obtenida, a su vez, por la práctica
del desapego a la existencia.
Es digno de señalarse que los budistas son muy consecuentes en la concepción de su práctica ascética: para
alcanzar el Nirvana es preciso olvidarse de querer alcanzarlo, pues ello constituiría ya un deseo, por lo que, en realidad,
no se estaría aspirando al Nirvana, sino a otra cosa. Finalmente, son conscientes de la posible desviación de la práctica
del desapego: el último paso consiste, precisamente, en desapegarse del desapego mismo.
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Ahora bien, esto no da lugar a ninguna extinción del sujeto –lo único que realmente podría dar cumplimiento a ello
sería el suicidio. Nietzsche desenmascara la función que tiene este discurso nihilista para la conservación de un tipo de
vida: la vida decadente, sufriente –pues carece de meta y se enfrenta a un mundo absurdo de sufrimientos sin sentido:
convencer a los demás de dicho sinsentido es el modo en que se impone y se asegura sus condiciones de vida.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
a) En cuanto surge de una afirmación de la vida, de una vida ascendente, como reflejo
de la “gran pasión” que estructura y cohesiona al individuo –más que una creencia, se trata de un
querer, de una voluntad de retorno: “¿Era esto la vida? Bien, ¡pues que comience de nuevo!”
En un momento exuberante, pletórico de fuerzas, en medio de la plenitud –el “mediodía”–, el
individuo afirma la existencia en su eternidad circular: no quiere otra vida más allá de esta, sino vivir
esta misma vida infinitas veces. Con ello, justifica, redime la historia del universo; cierra el ciclo del
devenir e impulsa a la rueda a girar una vez más… para siempre. Ese instante, pues, se erige en el fin
de la historia, la cual recomienza nuevamente. 19
El eterno retorno es, pues, la mayor afirmación del mundo terrenal –de la vida– posible,
pues significa querer, justificar todas las generaciones pasadas con todo el sufrimiento que ello
conlleva… por toda la Eternidad. Como la Voluntad de Poder no tiene finalidad alguna, esta
afirmación del Círculo significa para Nietzsche «devolver su inocencia al devenir».
b) El Eterno Retorno es el espejo que Nietzsche-Zaratustra tiende al hombre que
encarna la voluntad nihilista, la vida descendente, para hacerlo desesperar 20: no hay un final posible
de la historia –no esperéis nada del progreso: el hombre, gracias a vosotros, degenerará
indefinidamente… –mas la historia volverá a dar comienzo una y otra vez, sin fin ni acabamiento
posible, pues es la historia de la voluntad de poder, que es voluntad de retorno. 21
La imagen del Eterno Retorno sitúa al individuo entre dos espejos que se reflejan
recíprocamente (lo cual refleja al objeto situado en medio infinitas veces). –Es la imagen de la
18
Esta idea del tiempo cíclico es la propia de las sociedades (mal)llamadas primitivas que, justamente por ello, son
denominadas también “sociedades sin historia”. También aparece en pensadores como Heráclito y Empédocles.
19
El filósofo de inspiración nietzscheana Georges Bataille (Sobre Nietzsche: Voluntad de suerte) llama a esto “instante
soberano”: aceptar el Eterno Retorno significa que cada instante es ya el fin de la Historia.
20
Este estado de desesperación nihilista quizá pueda ser ilustrado con algunos temas punk. Por ejemplo, Cerebros
Destruidos del grupo Eskorbuto:
Perdida la esperanza
Perdida la ilusión
Los problemas continúan
Sin hallarse solución […]
El pasado ha pasado
Y por él nada hay que hacer
El presente es un fracaso
Y el futuro no se ve
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
eterna repetición. Obliga, pues, a asumir una responsabilidad radical ante la propia existencia, pues
la vida que se está viviendo ahora mismo es la misma que se habrá de vivir –y que se habrá vivido
ya– infinitas veces. Esta certeza, creía Nietzsche, debería empujar a los débiles a la desesperación, al
suicidio.
En este punto, cosa que los intérpretes no suelen advertir, la ética de Nietzsche se puede
formular de modo formalístico: «vive de tal modo que puedas querer que tu vida se repita
infinitas veces» 22.
Pero aún hay más: como bien sostuvo Pierre Klossowski 23, la doctrina del Eterno Retorno
constituye la parodia de toda doctrina. Si hemos observado bien, Dios constituye el lugar de la
verdad, la garantía última de toda certeza (así, del propio yo en Descartes, nada menos) y de todo
valor moral (ya en Platón y no digamos en el cristianismo).
El mismo discurso (la palabra, la razón, el logos, v. infra, la crítica nietzscheana del
lenguaje) es ya teológico: en cuanto hablamos, postulamos ya ese lugar de la verdad, la esperanza de
que haya una verdad definitiva, un testigo absoluto. La verdad, entonces, como hemos visto en la
historia de la Filosofía hasta Nietzsche, se sostiene de dos modos posibles:
Pues bien, para Nietzsche ambas formas constituyen formas de teología, es decir, de creencia
en la Verdad, en lo inmutable. De este modo, encuentra en el Eterno Retorno la manera de negar
toda posibilidad de fe en Dios, es decir, en un más allá (a) o en una superación (b) de esta vida. El
Eterno Retorno constituye, a su entender y de forma cruelmente paradójica, el ateísmo más radical
imaginable, la prueba de fuego para la Voluntad de Poder.
22
En relación al imperativo categórico de la ética formal de Kant, y teniendo como idea de fondo que la identidad es
algo construido a partir de la repetición, dice Nietzsche en el parágrafo 188 de Más allá del bien y del mal: «Examínese
toda moral en este aspecto: la «naturaleza» que hay en ella es lo que enseña a odiar el laisser aller, la libertad excesiva, y
lo que implanta la necesidad de horizontes limitados, de tareas próximas, - lo que enseña el estrechamiento de la
perspectiva y por lo tanto, en cierto sentido, la estupidez como condición de vida y de crecimiento. «Tú debes obedecer, a
quien sea, y durante largo tiempo: de lo contrario perecerás y perderás tu última estima de ti mismo» - éste me parece ser
el imperativo moral de la naturaleza, el cual, desde luego, ni es «categórico», como exigía de él el viejo Kant (de ahí el
«de lo contrario»), ni se dirige al individuo (¡qué le importa a ella el individuo!), sino a pueblos, razas, épocas,
estamentos y, ante todo, al entero animal «hombre», a el hombre».
23
En Nietzsche y el círculo vicioso, donde realiza una gran labor exegética acerca del Eterno Retorno en relación con la
concepción nietzscheana del lenguaje y el desmoronamiento del pensador atestiguado en las «cartas de la locura», donde
afirmaba: “soy Dionisos... soy todos los nombres de la Historia”.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
Para Nietzsche, todo es puro devenir, como hemos visto. Con la Eterna Repetición, el devenir
adquiere los caracteres del Ser 24. La ateologia de Nietzsche queda expresada así en sus propias
palabras: «he creado un Dios en términos de círculo vicioso, circulus vitiosus deus»: la existencia se
asemeja a una forma ilógica –y tal forma viciosa es Dios mismo como Eterno Retorno. 25
Resulta, pues, un Dios paradójico, paródico al que, sin embargo y sorprendentemente,
Nietzsche no deja de rendirse, de ahí su enunciación del amor fati: amor al propio destino, es decir,
al retorno de mi vida infinitamente repetida.
De hecho, si se quiere, la legitimidad del poder político del Superhombre –puesto que no puede fundarse ya
en la verdad o el saber (como en Platón) o en la salvaguarda de la igualdad y la libertad (como en Kant, Marx o Rawls),
podría decirse que se funda en el hecho de haber superado el “instante más profundo”, es decir, la vivencia abismal
del Eterno Retorno.
Por último, su relación con su concepción del lenguaje, como bien apunta Klossowski, está atestiguada por el
destino de su opúsculo de juventud, de apenas una página y media de extensión, Sobre verdad y mentira en sentido
extramoral. Nietzsche guardó este iluminador y lúcido texto entre sus papeles privados y jamás lo publicó, ni lo
mencionó en sus escritos y ni siquiera parece que hablara jamás de él a sus amigos.
26
Los historiadores de la Filosofía suelen hablar de un «giro lingüístico» a partir del siglo XX, siendo Nietzsche uno de
los principales referentes a este efecto. El siglo XVIII, con Kant, fue la época del giro epistemológico, es decir, de crítica
de las posibilidades del conocimiento. Con el giro lingüístico, la clave de todos los problemas de la metafísica –y del
hombre en general, si se quiere– se hacen gravitar sobre el problema del lenguaje. Esto alcanza incluso al psicoanálisis,
que con Lacan pasa a enunciarse como «el inconsciente estructurado como un lenguaje».
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
Pero no hay tales cosas como causas, substancias, entes fijos… sino sólo el devenir. Es la
estructura gramatical del lenguaje –lo que se ha identificado con la razón, y con la estructura de lo
real mismo– la que introduce cortes en el movimiento incesante de la realidad, el devenir,
cosificándola, sustantivándola, hipostasiándola.
Los nombres no son más que abreviaturas, simbolizaciones, metáforas que son tomadas por
reflejos fieles de esa realidad. –“Somos mucho más artistas de lo que creemos”, dice Nietzsche.
Decir la verdad no es más que participar en la mentira, en la ilusión, socialmente aceptada como
verdad. Así, pues, toda verdad de la razón no es más que una ilusión: es ella la que nos engaña, y no
los sentidos. Sin embargo, no hay ninguna verdad si no es enunciada a través del lenguaje, de la
razón. Pero esta verdad, entonces, es posible sólo sobre un fondo irreductible de falsificación, de
manipulación de las apariencias por parte de la «razón».
Nietzsche, desde el propio juego del lenguaje, trata de mostrar los efectos de verdad –ilusión–
que provoca. Un discurso destinado a volver el lenguaje sobre sí mismo para, en un instante
fulgurante, hacernos imaginar de alguna manera la realidad más acá del lenguaje. Así, por ejemplo,
cuando decimos “el relámpago brilla”, hemos duplicado el “relámpago”: el relámpago antes de tener
lugar y, otra vez, cuando realmente aparece. “En realidad”, tampoco habría relámpago, sino sólo un
lapso de tiempo en el devenir aislado y unificado por el lenguaje en la palabra “relámpago”, gracias a
que hemos visto varios fenómenos similares.
Con el lenguaje, pues, aislamos, recortamos, “causas” y “efectos” en el continuum del
devenir. Pero, en todo caso, sólo habría efectos, como dice Nietzsche, o más bien, sucesión continua
o coordinación de efectos (algunos, efectivamente, imperceptibles para los umbrales de sensibilidad
de los distintos sentidos).
b) El “yo pienso” no piensa; sobre el sujeto libre: En base a esta forma del lenguaje que
hemos explicado, buscamos una causa del pensamiento consciente (recordemos a Descartes). Nos
negamos a creer que algo tan sublime como el pensamiento –con el que identificamos nuestro más
íntimo o auténtico ser– pueda provenir de algo tan bajo y denigrante como el cuerpo. Así, pues,
inventamos, proyectamos, una entidad, una substancia fija, que lo causaría –substancia, pues, tan
inmaterial como el supuesto “pensamiento”: la res cogitans (sucesora del alma cristiana).
Estamos, pues, de vuelta a los empiristas (Locke, Hume, etc.), a quienes ya conocemos. El
efecto de identidad lo imprimen los conceptos; su correlato objetivo (lo que llamaríamos su “causa”
objetiva) es la repetición de fenómenos similares.
El hombre es esencialmente su cuerpo, sus sentidos –voluntad de poder– y la razón no es más que un
apéndice. El cuerpo es una estructura oligárquica de impulsos e instintos, donde los más poderosos
subordinan a los más débiles y se identifican con la actividad del conjunto. Son ellos los que se
expresan diciendo “yo pienso”. El pensamiento no es más que un resultado de la lucha de esas
27
V., infra, “la degeneración religioso-moral judeocristiana”.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
pulsiones. Así, la mayor parte del movimiento del psiquismo es inconsciente: sólo una parte
adquiere una forma discursiva, es decir, se expresa en lenguaje o pensamiento.
¿Dónde se halla, pues, la identidad “real” del sujeto humano? Dejando ya de lado la
explicación que consiste en la capacidad para decir “yo”, concepto en el que unificaríamos, como
dependiente de él, todo el movimiento del psiquismo, hemos de contestar en dos tiempos:
Digamos, para resumir, que el pensamiento no viene cuando y como yo quiero, sino que más
bien, al ser resultado de un movimiento inconsciente, involuntario, nos perdemos en él, somos
arrastrados por él. Por otro lado, no somos libres de que las representaciones que advienen a nuestra
mente nos afecten como nos afectan. El pensamiento es el juego, la lucha, de nuestros impulsos y
pasiones, de sensaciones provenientes del exterior que en ellos inciden, etc., el cual, en alguna
medida, toma una forma discursiva –lo que no significa que sea un reflejo ni mucho menos fiel de
todo ese oscuro conjunto de movimientos–. Pero, repetimos, estamos a merced de ese juego: más que
decidirnos, “somos decididos”; más que decir o pensar, somos dichos o pensados.
Lo fundamental es que no hay un sujeto –con el cual nos identificaríamos, sería nuestro
verdadero yo, nuestra libertad– indiferente, ajeno, como una substancia o esencia prístinas tras todo
este movimiento, y capaz de decantarlo a capricho. –¿De dónde habría de provenir tal capricho? Nos
guste o no, somos nuestros impulsos dominantes 28: la unidad de carácter que impone una gran
pasión, nuestra virtud por excelencia; en el peor de los casos, carecemos de ese rasgo unitario, y
somos zarandeados por cada golpe del azar.
28
La frase tan española “lo que me da la gana” refleja inconscientemente este hecho: nos lo da la gana, no determinamos
“nosotros” la gana, la voluntad.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
De este modo –que es como subtitulaba a Más allá del Bien y del Mal: “ensayo de una
transmutación/transvaloración de todos los valores”–, es como el pensador alemán va a entender su
tarea filosófica en los cuatro últimos años de vida lúcida. (Recordemos que sufrirá una última gran
crisis a final del año 1888 a partir de la cual no volverá a poder hablar hasta el fin de sus días, el 25
de agosto de 1990).
Como decíamos, la metafísica, la moral y la ciencia occidentales, es decir, la cultura europea,
habrían estado corrompidas y determinadas desde su raíz por el nihilismo, por los valores de la moral
de esclavos –determinada por el resentimiento–, que han movilizado su ciencia y teología c0ntra los
valores de la vida (los valores de la moral de señores). El nihilismo ha de llegar hasta su extremo y
declarar la verdad sobre sí mismo, pues aún seguirá creyendo en la verdad. Esta tarea será la que
Nietzsche –“el primer nihilista completo de Europa”– pretenderá haber cumplido; mas el más allá del
nihilismo no puede ser alcanzado por esa misma moral de esclavos, por la decadencia, sino por una
nueva moral de señores –es decir, creadora de nuevos valores, de una nueva meta– emergente. Esta
tarea pasa por poner en cuestión el valor mismo de la verdad para la vida. El anunciador de esa nueva
filosofía es Zaratustra. 29
Esta tarea de transvaloración/transmutación –el paso del león al niño de la que nos habla el
discurso De las tres transformaciones del espíritu– se ejerce a partir de tres líneas de ataque básicas,
correspondientes a tres objetivos fundamentales, los cuales constituyen la base de la cultura
europea cuya crítica radical 30 Nietzsche se ha propuesto realizar.
29
El reformador religioso persa Zoroastro fue el primero en establecer un orden moral del mundo basado en una
oposición fundamental e irreductible del bien y del mal que culminaría con el triunfo definitivo del bien: le corresponderá
asimismo desmentir su propia creación.
30
Como veremos en Ortega y Gasset, ser radical no significa adoptar una posición extremista, sino ir a la raíz de las
cosas. En Ortega, el extremismo es una posición propia del hombre superficial y, precisamente, desarraigado. Ser radical
en este sentido propio es lo que, a entender de Nietzsche, le permite consumar el nihilismo y no recaer en un
posicionamiento extremista banal; es así como el filósofo se eleva sobre su época y llega a ser intempestivo. Nietzsche se
definirá a sí mismo como un hombre nacido “de forma póstuma”.
31
Vemos que, para Nietzsche, la dialéctica tal como la entienden Hegel o Marx no ha cambiado nada en lo esencial…
Lo cierto es que Nietzsche era muy mal conocedor (por decir lo menos) de estos dos pensadores. Sin embargo, sí puede
entenderse acertada su postura en lo que se refiere al hegelianismo “progresista” a nivel cultural.
32
En su célebre obra Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Diógenes Laercio, a quien Nietzsche
alude, recoge que Sócrates ayudaba a Eurípides a escribir sus tragedias. Sócrates es el hombre anti-trágico por
antonomasia. Constituye la primera antítesis (Homero-Sócrates) en la cual Nietzsche reflejará su particular postura
filosófica. La última de estas antítesis será aquella de Dionisos-Cristo, como los dos sentidos de un mismo sacrificio:
afirmador de la vida el primero; calumniador el segundo.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
¿Qué ha sucedido aquí? –Pues que el espíritu trágico en el que se había sumergido el espíritu
griego –con posibilidad de una regeneración, de una reinvención de su ser más íntimo– se ha resuelto
en un optimismo racionalista. Esto significa que se ha intentado escapar al fondo caótico, cruel,
dionisíaco, trágico de la existencia a través del saber. De esta forma, el discurso dialéctico y el
progresismo incipiente constituyen una primera negación de la Voluntad de Poder.
¿Quién ha hablado aquí? –El amo decadente, el “esclavo”, esto es, el punto de vista del
burgués, quien, por su decadencia fisiológica (como era el caso de Sócrates 33), por su disgregación
instintual, ya no confía en la tradición, en su meta, en su futuro. Ahora se propone buscar una razón
para todo, y cree hallar la Verdad en el ser estático, esto es, en la negación del devenir, de la vida, de
la realidad rebajada a “apariencia”. –El hombre griego ha puesto aquí las bases del transmundo
idealista.
Este tipo de hombre ya no puede creer en la particularidad en devenir que encumbró a Grecia
y es por eso que busca ahora unos valores y unas verdades universales y estáticas, eternas o
intemporales, incondicionalmente válidas –pues ha tomado como modelo la dialéctica y, en Platón,
la geometría–, esto es, más allá de todo devenir, de los sentidos, esto es, una realidad transmundana,
una contranaturaleza.
Este movimiento podría formalizarse, aproximadamente, según la ecuación:
Mas este optimismo no es en el fondo más que pesimismo no consciente de sí, un nihilismo
(voluntad de no ser, de nada) que confía en el cumplimiento de esa aniquilación de la voluntad de
poder –ese es el estado de “bienestar” que entiende por “felicidad”– a través del progreso científico
33
Podemos leer esto en las escasas siete páginas que constituyen “El problema de Sócrates”, en la obra a la que pertenece
el texto que comentaremos al final: El Ocaso de los Ídolos. Fue un tema crucial en su primera obra El Nacimiento de la
Tragedia, así como en su conferencia de la misma época Sócrates y la tragedia.
34
Nietzsche comparte con Platón una visión aristocratizante de la humanidad. Por ello, la decadencia griega comienza,
para él, con la paulatina decadencia de la casta guerrera primigenia y el ascenso de los comerciantes (burguesía
incipiente), a los que llama directamente “esclavos” (en realidad, por influencia del hegelianismo). En cuanto a la historia
de la religión y la moral judeocristianas, veremos que la decadencia se debe, a su juicio, a la desaparición de la casta
guerrera y el dominio omnímodo de la casta sacerdotal. Por supuesto, identifica la decadencia de la Europa de su época
con el dominio de la burguesía, atacando también el Estado burgués liberal-democrático como un arma al servicio de
una moral de “esclavos”.
35
Para no llevarnos a equívoco, hemos de entender esta virtud como una virtud moral, en el sentido de basada en esa
concepción estática del ser. Virtud en el sentido de virtuosidad cristiana, aproximadamente.
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y técnico. Mas esa felicidad que imaginan es, como ya hemos visto –y puesto que ese devenir del que
tratan de huir es voluntad de poder–, inalcanzable.
Y ello es debido a que las entidades estáticas que postula y proyecta la gramática son,
precisamente, la negación del devenir, esto es, una abstracción vacía: una nada, el no-ser. Dichas
entidades substanciales nos sirven, ciertamente, para manejarnos, para ordenar la realidad (y la
verdad no es más que un mundo humanizado, apropiado, pues es actividad de la voluntad de poder),
pero no responden –debido a su carácter estático– a la verdadera realidad: no son categorías del
devenir, sino que lo falsean.
De esta manera, cuando tratamos de establecer un orden del mundo en base a estas
categorías, abandonadas a sí mismas en el plano del pensamiento, estamos alejándonos de la vida,
negándola. Pero estos conceptos están determinados irremediablemente por el mundo de los
sentidos, aunque sea de los elementos más sublimes de éste.
Mas, ¿quién puede tener motivos para establecer el Bien en un transmundo, en la negación de
la vida, de la particularidad, de la “apariencia” –de la realidad, en suma? –Pues, a no dudarlo, el
hombre enfermo, degenerado, que sufre a causa de su condición vital. Es él quien está marcado por
el resentimiento ante la vida real y por ello se ve obligado a reducir el mundo real a no ser más que
“aparente”. Esto no es más que un movimiento de venganza contra la vida.
Esta astucia, esta “listeza” propia del esclavo que es la dialéctica se aliará con el otro foco de
corrupción situado en la base de nuestra tradición: el Dios y la moral cristianos.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
– es un pesimismo vital (nihilismo reactivo) que transporta la felicidad (la resolución de todas
las tensiones propias de la vida) a un más allá, rebajando este mundo a castigo o “valle de
lágrimas” transitorio;
– encarna, puesto que responde a una vida sufriente, la hostilidad por todo lo instintivo.
Continúa, pues, en la tarea de transvaloración de los valores aristocráticos, los cuales se apoyan
siempre en el cuerpo y lo instintivo, convirtiendo lo bueno de los señores en lo “malo”
[Schlecht], y lo “malvado” [böse] de aquéllos en lo bueno de los esclavos (moral reactiva:
inversión de los valores de los dominadores);
– y ello, puesto que se trata de una moral del resentimiento, animada por la voluntad de
venganza. Impone de una interpretación moral del mundo (una cosmología basada en
interpretaciones moral) que tiene como dispositivo de poder la mala conciencia, el sentimiento
de culpa en manos de la casta sacerdotal; 36
– dibuja una escatología transmundana (la vida tras el Juicio Final: la suprema venganza de
los esclavos) por la que el creyente cree en un más allá ilusorio: la antítesis de la vida, al que el
cristiano venera como “Dios”. La nada, pues, es erigida en el máximo valor: es el Dios-nada de
Jesús (nihilismo pasivo) convertido en arma teológico-filosófica del nihilismo reactivo de la
cristiandad.
36
Nietzsche usa aquí su “instinto filológico” para desenmascarar la moral. El sentido aristocrático de «malo» (Schlecht)
no tenía un sentido propiamente moral: se trata sólo de una deuda en sentido material. Serían los sacerdotes ascéticos
quienes le dan una dimensión moral al convertirlo en una culpa que hace al infractor malvado (Böse), es decir, una culpa
moral frente a Dios. La desgracia terrena pasa a explicarse según una economía de culpas, castigos y penitencias que
asegura el poder de la casta sacerdotal vuelta contra su propio pueblo a partir de la desaparición de la casta guerrera
judía.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
1. –Su objetividad: con la expresión «conocimiento objetivo» nos referimos al que es capaz
de describir el mundo independientemente de las peculiaridades o rasgos de la persona o
grupo que lo alcanza. Un conocimiento es objetivo cuando no está influido por los intereses o
por los rasgos del sujeto, cuando describe las cosas sin añadirles nada que no les pertenezca
realmente.
Filósofos como Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Descartes y gran parte de lo
mejor de la tradición filosófica creyeron que la filosofía podía alcanzar este conocimiento
perfecto, aséptico, imparcial, y con la aparición de la ciencia moderna muchos consideraron
que se hacía real el afán por la verdad única y absoluta típico de todo el mundo occidental.
Sin embargo, la posición de Nietzsche es radicalmente contraria a estas afirmaciones y
conecta con otra línea filosófica históricamente más desacreditada: el relativismo, el
escepticismo y el subjetivismo/perspectivismo.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
2. – La existencia de leyes naturales: en el mundo no existen leyes, las leyes que el científico
cree descubrir son invenciones humanas; no existen regularidades en el mundo, no hay leyes
de la Naturaleza. Si entendemos por leyes de la naturaleza supuestos comportamientos
regulares de las cosas, Nietzsche rechazará la existencia de dichos supuestos
comportamientos regulares y necesarios: ¿por qué las cosas iban a comportarse
regularmente?, ¿en virtud de qué necesidad?
Siguiendo un planteamiento ya conocido en la historia de la filosofía, el planteamiento
de Hume, Nietzsche considera que las relaciones entre las cosas no son necesarias (para
emplear un término clásico, son contingentes), son así pero perfectamente podrían ser de otro
modo. Las cosas se comportarían siguiendo leyes o necesariamente si hubiese un ser que les
obligase a ello (Dios), pero Dios no existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son
invenciones de los científicos.
Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente
existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden para
hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno hostil. «Las
cosas no se comportan regularmente conforme a una regla; no hay cosas (se trata de una
ficción); tampoco se comportan bajo necesidad. En este mundo no se obedece; pues el ser
algo tal cual es, de tal fuerza, de tal debilidad, no es el resultado de obediencia, regla ni
necesidad» (La voluntad de poder).
De hecho, ataca la noción misma de «ley» natural por considerarla una mala
transposición de un término jurídico. Si las leyes naturales fueran tales (es decir, necesaria),
no cabe pensar en una transgresión de las mismas.
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Éstas habrán de ser, pues, las características básicas del Superhombre, del filósofo-artista.
En el arte se halla, pues, la esperanza para una nueva aristocracia, para los nuevos valores. La
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
condición creativa del hombre ha de ser asumida hasta el final, usando las armas de la ilusión al
servicio de la vida.
Los nuevos amos habrán de superar, en primera instancia, la compasión por lo malogrado y
por lo que aún tiene que endurecerse y formarse. 37 No otra que este empleo de los hombres como
materiales para una obra, la gran política, es la parte práctica de la “filosofía del martillo”. 38
37
Finalmente, también la compasión por el hombre superior: la última tentación de Zaratustra.
38
La gran política pasa por una “naturalización de la moral”, en la que se ponen en juego tres disciplinas reorientadas: la
sociología, como una doctrina de los modelos de señorío; la teoría del conocimiento, como doctrina de la perspectiva de
los afectos; la metafísica y la teología: el Eterno Retorno como medio de disciplina y selección). –Ello conforma un saber
más allá de la creencia en la Verdad (en su sentido metafísico): la gaya ciencia.
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Tema 10 – Friedrich Nietzsche
el poder del sujeto humano sobre la realidad. Nietzsche aparentemente rechaza la razón
para sustituirla por la voluntad de poder. Pero, si se considera que la razón era ya, en el
fondo, poder, Nietzsche no hace más que extraer las últimas consecuencias de la metafísica. 40
Otra interpretación significativa es la de Eugéne Fink, uno de los primeros autores que se
esforzó en sistematizar el pensamiento de Nietzsche –tarea que a menudo parece condenada
al fracaso de antemano–, el cual sostenía que Nietzsche era a la vez sofista (sentido
peyorativo), y filósofo, por cuanto no se limita a confundir, sino que el mismo tiene una
propuesta.
39
“Onto-“, porque piensa el Ser a partir de lo presente, del Ente y lo reduce a ello; “-teo-“ porque fundamenta los entes
en uno considerado supremo (pero él mismo un ente); “-lógica” porque se basa en el pensar lógico y en el concepto de
verdad como correspondencia entre lo pensado “en la inteligencia” y la cosa como lo que está “fuera”.
Heidegger vaticina un pensar no metafísico, tomando inspiración en la poesía de Hölderlin o Stephan George.
De hecho, llega al extremo de sentenciar que ni siquiera hemos llegado a empezar a pensar todavía. Curiosamente, si
bien bebe en gran medida de la crítica destructiva de Nietzsche a la filosofía, considerará a éste como “el último
metafísico”, correspondiéndole el mérito de haber llevado a su límite crítico esa misma tradición a la que odiaba.
40
Para una ulterior profundización sobre la interpretación del filósofo de Selva Negra: https://s3-eu-west-
1.amazonaws.com/alaindebenoist/pdf/heidegger_critico_de_nietzsche.pdf.
41
Acéphale era precisamente el nombre de la revista del College. En su portada llevaba un impactante dibujo realizado
por André Masson que representa precisamente esta experiencia.
42
Para más información sobre Bataille y su Colegio: https://www.homines.com/palabras/acephale/index.htm.
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interpretación de la lenguaje es la
La realidad es fija e mundo: existencia La realidad es fija e
realidad misma que la
inmutable (ser) de valores morales inmutable
(monoteísmo de la estructura de la
universales
verdad) realidad
Múltiples Inexistencia de
NIETZSCHE
dualismo: hay dos engañan. Escisión divide en sujeto y lo Debes basado en conocida y
mundos y el verdadero entre apariencias y que se predica del Dios expresada en leyes
es el otro realidad sujeto científicas
Solo hay
Es una abstracción
NIETZSCHE
Las verdades se
No hay esencias manera reducir todas las
inventan (voluntad A favor de la vida
objetivas permanente y diferencias
de poder)
autoidéntica cualitativas a
cantidades
Existen esencias
TRADICIÓN
Criterio de verdad: es
NIETZSCHE
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