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NIETZSCHE

El documento analiza el vitalismo de Friedrich Nietzsche en el contexto histórico y cultural del siglo XIX, destacando su crítica a la cultura y filosofía occidentales. Se exploran sus influencias, como el pensamiento griego y el evolucionismo darwinista, así como su rechazo a la metafísica y su búsqueda de un nuevo ideal cultural basado en la tragedia. Además, se describen las etapas de su filosofía, desde su enfoque estético hasta su crítica de la tradición occidental.

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El documento analiza el vitalismo de Friedrich Nietzsche en el contexto histórico y cultural del siglo XIX, destacando su crítica a la cultura y filosofía occidentales. Se exploran sus influencias, como el pensamiento griego y el evolucionismo darwinista, así como su rechazo a la metafísica y su búsqueda de un nuevo ideal cultural basado en la tragedia. Además, se describen las etapas de su filosofía, desde su enfoque estético hasta su crítica de la tradición occidental.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

TEMA 10

LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA:
EL VITALISMO DE FRIEDRICH NIETZSCHE
Y LA CRÍTICA DE LA CULTURA Y LA FILOSOÍA
OCCIDENTALES

1. – CONTEXTO HISTÓRICO, FILOSÓFICO Y CULTURAL

La vida y el pensamiento de Friedrich Nietzsche (1844-1900) ocupan buena parte del siglo
XIX. Se trata de una centuria en la que se han fraguado todos los cambios y características que
definen nuestro tiempo presente. La contradicción fundamental que nos plantea el mundo
contemporáneo (siglos XIX y XX) es la que existe entre, por un lado, un despliegue vertiginoso de
los conocimientos, el saber tanto teórico como práctico, las ciencias puras y aplicadas, la técnica
aplicada a toda la esfera de la vida humana y, por otro lado, el desarrollo social de una creciente
población europea, cuyo protagonismo social y político nada ni nadie puede evitar. El problema
histórico de la época se concreta en hacer viables las demandas y aspiraciones de amplias capas de la
sociedad burguesa, recientemente incorporadas a los procesos productivos de la industria
capitalista, y con un protagonismo político y social cada vez mayor, tras los procesos
revolucionarios de la Europa napoleónica. Así, el siglo XIX, es el de las revoluciones obreras, el del
surgimiento de los movimientos internacionalistas de los trabajadores, el del socialismo y el
anarquismo y el de la contrarrevolución conservadora, que pretende restar protagonismo a las masas.
La cultura del ochocientos retoma esta confrontación entre los valores aristocráticos del Antiguo
Régimen, dotados de un aire de melancólica decadencia y de pesimismo racional, y los valores
democráticos en alza, con su dosis de igualitarismo y homogeneización social. La lucha entre los
viejos valores de la antigua aristocracia y los nuevos de las masas desheredadas va a generar una
polarización del pensamiento. Muchos pensadores, entre otros el propio Nietzsche, representan una
relectura de la historia y la cultura occidental en términos de regresión hacia ideales de la
Antigüedad. Por otro lado, el nihilismo de nuestro autor es una visión del esencial carácter trágico,
agónico y sin salida, no sólo de la existencia individual, sino también de la colectiva, plasmada en
historia de la humanidad.
Si hubiera que buscar un portavoz del fin de siglo, sin duda sería Nietzsche el que mejor
podría asumir este papel. Desde el mundo de la cultura existe una aparente ruptura con todo el orden
establecido. La música, la pintura y la poesía provocan a una burguesía decadente y aburrida. Sin
embargo, estos artistas no dejan de demostrar un claro talante aristocrático y elitista. Es el modelo
del bohemio, alguien que renuncia a vivir conforme a los valores de la sociedad dominante, que se
considera más allá del bien y del mal y que busca experiencias nuevas, ya sea en el alcohol, las
drogas, las relaciones homosexuales, etc. Y siempre con el afán de provocar, de que su propia vida

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

sea una obra de arte, como bien afirma uno de sus representantes más genuinos: Oscar Wilde. Este
ambiente cultural queda plasmado en los dibujos y cuadros de Degas o de Toulouse Lautrec, que
dejan vislumbrar un cierto fondo de amargura provocado por la falta de ideales y de esperanza en un
futuro mejor. En esta época comienza el impresionismo pictórico que, apoyándose en los importantes
descubrimientos de la física en el campo de la luz, rompe con la tradición anterior. La música de
Wagner había alcanzado la apoteosis con su concepción del drama musical como unión de todas las
artes. Nuestro autor mantuvo una profunda admiración y amistad hacia este músico para más tarde
distanciarse de él, al considerar que su música había dejado de ser la flauta de la vida, de Dionisos,
para convertirse en un fenómeno más de la decadencia europea.
La primera gran fuente de la filosofía nietzscheana la constituye la relectura del pensamiento
griego, y en especial de los autores trágicos. Esta lectura está guiada por la contraposición entre el
ideal apolíneo, que representa la racionalidad normativa, y el ideal dionisíaco, que supone la
perturbación de esa realidad por un impulso para alterar sus fundamentos, basado en el deseo de
retorno a lo que nuestro autor llama entonces “lo uno primordial”, lo originario y de lo que procede
todo ordenamiento racional.

Por otro lado, el pensamiento de Nietzsche se sitúa en pleno debate cultural del siglo XIX,
entre la lectura ilustrada y progresista del pensamiento de Kant y la lectura que insiste en tomar al ser
humano como voluntad, cuya acción quedaría limitada por el entendimiento y la racionalidad.
Schopenhauer, uno de los herederos de la tradición kantiana, en su gran obra El mundo como
voluntad y representación contrapone dos ámbitos del ser: el ser en sí (como voluntad) y el ser tal
como el ser humano se lo representa (como representación).. Pero el ser en sí, para este autor, ya no
es pura incógnita, sino lo que él llama la voluntad, el deseo humano de afirmarse y de poder sobre la
naturaleza y el resto de los humanos. La voluntad trata de expresar la idea de que el ser es una
fuerza ciega, caótica, constructora y destructora a la vez, que se mueve en alguna dirección, como si
quisiera consumar algo determinado, pero que puede cambiar y de hecho cambia constantemente,
que se autoconsume en su incesante movimiento de autoafirmación y de crecimiento. El ser humano
puede captar la esencia del ser, de esta voluntad en sí mismo, pues tiene un peculiar conocimiento de
las fuerzas que actúan en su interior produciendo alteraciones o impulsos al margen de su conciencia
y sus deseos racionales.
En tercer lugar, recibe una importancia influencia del pensamiento evolucionista de Darwin,
en especial de sus nociones de lucha por la vida, y de selección natural de las especies. En definitiva,
trata de redescubrir el componente biológico del ser humano y su parentesco con el resto de las
especies vivas. Este pensamiento lleva a Nietzsche a ofrecer una visión completamente diferente de
la historia de la humanidad, proporcionando la idea de una posible alternativa biológica a un ser
humano “degenerado” por la tradición cultural europea.

En cuanto a las corrientes filosóficas preponderantes en su época, cabe destacar las siguientes:

♦ POSITIVISMO: Según Comte el progreso obedece a la Ley de los Tres Estados: El Teológico,
donde el mundo es interpretado como producto de fuerzas sobrenaturales; El Filosófico, el
mundo es interpretado por ideas y fuerzas abstractas; El positivo, el mundo se interpreta por las
leyes que lo rigen. El Positivismo no se pregunta el porqué de las cosas, sino solamente el cómo

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

de los hechos, lo efectivo, lo positivo, lo verificable. La ciencia es capaz de conducirnos hacia la


verdad y por tanto el hombre puede llegar a su felicidad aplicando los conocimientos científicos.

♦ EVOLUCIONISMO: Darwin descubre, como principio de la evolución la selección natural


mediante la lucha por la existencia y la supervivencia de los más fuertes. Considera que la vida
no está sometida a ninguna finalidad teológica.

♦ SOCIALISMO UTÓPICO: Owen, Saint Simon, Proudhon y Fourier parten del análisis de la
realidad económica de la sociedad a la que considera injusta y desigual. Ante esta situación
exponen su pensamiento, que hace una crítica del sistema capitalista, y denuncia sus abusos y
defectos; proponiendo al mismo tiempo una nueva organización de la sociedad más justa para
todos. Son intelectuales que se mantienen en un plano teórico e idealista.

♦ SOCIALISMO CIENTÍFICO: El paso del socialismo utópico al socialismo científico se produce


a partir de la consideración de la existencia de dos clases sociales antagónicas: el proletariado y
la burguesía. El socialismo se convierte en una ciencia gracias a la concepción materialista de
la historia y la plusvalía como forma de producción capitalista. Existe un conjunto de ideas y
conceptos básicos en el socialismo científico: el método dialéctica, la concepción materialista de
la historia, la lucha de clases, la plusvalía y el proletariado como clase revolucionaria.

♦ VITALISMO: A finales del siglo XIX, un conjunto de pensadores va a establecer una filosofía
cuyo eje va a ser la exaltación de lo vital y de lo afectivo, frente a un excesivo idealismo o el
positivismo de Comte. Se trata de “Filosofías de la Vida” que defienden el irracionalismo y la
afirmación de la vida como realidad radical del ser humano. Para estas “filosofías” la Razón
y su poder discursivo son inadecuadas para captar la realidad, la verdadera realidad. Junto a la
Razón también existe para poder ver la realidad: la inspiración poética, la intuición, el instinto, la
visión profética… Entre los representantes de esta corriente nos vamos a encontrar el
pensamiento de Nietzsche.

2. – ESTILO Y ETAPAS DE LA FILOSOFÍA DE NIETZSCHE

No creemos exagerar si decimos que Nietzsche ha sido uno de los filósofos más originales de
la historia. Es más, su larga sombra ha determinado un cambio radical en la fisionomía de la filosofía
posterior, induciendo enormes cambios estilísticos, argumentativos y formales. Por eso, antes de
comenzar a analizar su pensamiento, conviene considerar algunas de sus peculiaridades:

• Planteó una confrontación explícita con el resto de la filosofía (“metafísica”), de la que


renegó en bloque.
• Rechazó la filosofía junto con el resto de la cultura occidental. Consideró decadentes
todos los valores culturales platónico-judeocristianos.
• Su filosofía y su vida toda dan un giro radical a partir de la “experiencia abisal” del Eterno
Retorno, que supuso para él una auténtica iluminación. Ocurrió en el mes de agosto de 1881,

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

cuando se encontraba en Sils-Maria, en la Alta Engandina suiza, en los bosques de


Silvaplana, junto al lago Surlei, “a seis mil pies por encima del hombre y del tiempo”.
• No solía justificar sus propuestas filosóficas. Probablemente, es el pensador que menos
demostraciones racionales empleó para apoyar sus propias ideas.
• Su discurso fue solemne, airado y ácido. Afirmó siempre con rotundidad, de forma
dogmática. No se puede negar un talante megalómano que se agudizará desde la revelación
del Eterno Retorno hasta la quiebra definitiva de su psique a finales de 1888 y principios de
1889, momento en el que escribe las llamadas “cartas de la locura”.
• Expuso sus descubrimientos de forma intermitente e interrumpida. Exponía una base
argumental que impactaba, pero luego no siempre explicaba su teoría.
• En sus escritos, repletos de símbolos, metáforas,… son frecuentes las contradicciones.
Esto complicó la formulación de afirmaciones categóricas sobre algunos aspectos de su
doctrina. De hecho, es un autor que se aviene muy mal a ser tratado como otra figura más en
la historia convencional de la Filosofía, toda vez que determina buena parte de la historia
posterior a él. Es por ello que los filósofos más hortodoxos no dudarán en calificarlo como
“pensador”, en lugar de filósofo propiamente dicho.

Los críticos de Nietzsche coinciden en señalar tres etapas más o menos diferenciadas en su
pensamiento, que coincide con otros tantos momentos de su biografía. Una etapa esteticista
(“metafísica de artista”); una etapa ilustrado-positivista; y una tercera etapa que podría dividirse en
dos momentos: a) la filosofía de Zaratustra y b) la destrucción de la tradición occidental.

2.1 – LA METAFÍSICA DE ARTISTA

La primera etapa filosófica de Nietzsche se elabora en el periodo de su enseñanza en Basilea


y refleja, tanto su formación de filólogo como sus veneraciones juveniles, sobre todo las que tuviera
por Schopenhauer (autor de El mundo como voluntad y representación) y Wagner. Desde el punto
de vista filosófico, este periodo se caracteriza por su búsqueda de un nuevo ideal de cultura basado
en la tragedia griega e inspirado en ambos maestros.
Nietzsche ve en el arte (sobre todo en el arte trágico), no sólo una auténtica actividad
metafísica que penetra en el corazón mismo de la realidad, sino también el medio más adecuado para
soportar el dolor y la dureza de la existencia.
La obra clave de este periodo es El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la
música (1872). Esta obra representa, al mismo tiempo, una interpretación de lo griego, una
revolución filosófica y estética, una crítica a la cultura contemporánea y un programa de renovación
de la misma. En efecto, supone una nueva y revolucionaria concepción de la cultura griega que
rompe con la imagen que se tenía hasta entonces: una imagen sesgada que acentúa, sobre todo, los
rasgos apolíneos. Hasta ahora, la imagen de la cultura griega ha sido la de una cultura de la razón, de
la medida, de la armonía, el orden, la belleza, lo formal… es decir, las cualidades representadas por
Apolo. Pero ésta es sólo una imagen parcial, piensa Nietzsche: la cultura griega representa un
equilibrio entre dos principios antagónicos: el apolíneo y el dionisíaco. Este último, Dionisos 1,

1
Dionisos constituye una primera concepción de lo que luego llamará Voluntad de Poder.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

caracterizado por la irracionalidad, la incitación a sumergirse en el caos de la existencia, la locura, el


desenfreno… ha sido olvidado por la tradición. Apolíneo y dionisíaco representan una dualidad que
caracteriza lo más profundo del alma griega.

LO APOLÍNEO LO DIONISÍACO
El orden, la belleza como proporción y medida El flujo continuo de la vida como exceso
Lo estático Lo dinámico/extático
El día La noche
La luz La oscuridad
La palabra La musicalidad
La melodía La armonía
La racionalidad Lo irracional (la voluntad)
Lo aparente (el fenómeno) Lo verdadero (la cosa-en-sí)
La imagen El fondo pulsional
El individuo (la personalidad) La unidad impersonal del Todo
El límite Lo ilimitado, el caos, la transgresión de los límites

El perfecto –pero cruel y tenso– equilibrio entre ambos principios y su síntesis en la tragedia
ática, se rompe hacia mitad del siglo V a.C. con la aparición de una nueva forma de racionalidad
inaugurada por Sócrates. Con esta visión que se enfrenta a lo trágico, el espíritu y la cultura griegos
entran en decadencia. A partir de aquí, las imágenes bellas (el mundo de los dioses olímpicos, las
imágenes de la tragedia) que surgían en el juego de los principios o impulsos antagónicos y
justificaban su existencia, se irán convirtiendo en un mundo metafísico de esencias verdaderas que
engendran odio y desprecio a la vida. En adelante, lo racional-abstracto primará sobre lo vital-
instintivo.
A esta época pertenecen Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (opúsculo inédito) y
las cuatro Consideraciones intempestivas (1873-1876), cuatro ensayos temáticos sobre D.F. Strauss,
la historiografía, Schopenhauer y Wagner.

2.2 – LA ILUSTRACIÓN EN NIETZSCHE: ETAPA POSITIVISTA

Las obras capitales de este periodo son Humano, demasiado humano I y II (1878 y 1789),
Aurora (1881) y los cuatro primeros libros de La gaya ciencia (1882). En esta época, el pensamiento
de Nietzsche sufre una profunda inversión. Ahora, nuestro autor, reivindica el papel crítico de la
ciencia en detrimento de la metafísica, la religión, incluso el arte, los cuales aparecen como ilusiones
que es preciso destruir.
Nietzsche no valora tanto, en realidad, los valores epistémicos de la Ciencia y las nociones de
progreso ligadas a su imaginario como el hecho de que constituya, en su rigor y frialdad, una
disciplina para el espíritu.
En este momento Nietzsche ya se ha distanciado de sus ídolos de juventud, de las fórmulas
metafísicas de Schopenhauer y del endiosamiento artístico de Wagner. El filósofo, con un espíritu
similar al científico (“espíritu libre”), se erige ahora en el único redentor de la cultura. Por medio de
una filosofía histórico-crítica que trabaja con el método de la química, se hace posible una

-5-
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

reconstrucción del mundo de la representación en sentido amplio que incluye a la moral, la religión y
la metafísica como formas de sometimiento de la vida a valores pretendidamente trascendentales,
pero que tienen su raíz en la vida misma.
En efecto, Nietzsche, lleno de sospechas, lanza una crítica desenfrenada contra los grandes
sentimientos de la humanidad, desenmascarándolos como ficciones que cumplen unas funciones
vitales concretas. Tiene la convicción de que lo que hasta ahora hemos llamado “sobrehumano” no es
más que una ilusión “demasiado humana”.
Nietzsche presenta al hombre como un “animal de ideales” (Dios, la ley moral, la verdad, la
sustancia, la cosa en sí…), ante los cuales esclaviza su existencia. Ahora bien, con el
autoconocimiento puede el hombre hacer desaparecer los mundos fantasmagóricos que ha
proyectado sobre sí.
Es una filosofía del desengaño, una filosofía que quiere la recuperación del hombre del
inexistente mundo del ideal, el recobramiento de todas las creencias en entidades trascendentes del
hombre y la devolución de éstas a la vida misma. Frente a todo valor o entidad con pretensiones de
absoluto, de eternidad, de inmaterialidad, Nietzsche pregunta: “¿Qué clase de vida, qué tipo de
humanidad está afirmándose a través de ellos? ¿Se trata de un tipo de vida ascendente o decadente?”.
Esto implica, entre otras cosas, la aniquilación de toda alienación 2 en el hombre y la
restitución de su suprema libertad; en definitiva, un nuevo amanecer para las posibilidades de la
humanidad. La tarea de Nietzsche se plantea como una “inversión del idealismo”.

2.3 – FILOSOFÍA DE MEDIODÍA: EL CUMPLIMIENTO DE LA DESTRUCCIÓN


DE LA TRADICIÓN OCCIDENTAL ANUNCIADA POR ZARATUSTRA

En esta tercera etapa de su producción filosófica, Nietzsche entiende su tarea como la


consumación de la crítica radical de la cultura occidental, en su triple faceta filosófico-científica,
religioso-teológica y moral. En realidad, él sabe que ello no responde sino a la propia lógica de dicha
tradición: la moral judeo-cristiana ha ordenado “no mentirás ni darás falso testimonio”, y he aquí
que, precisamente, Dios –el Dios-Bien del “monótono-teísmo”– que, desde Platón se presentaba
como fuente y garante de toda verdad, se revela aquí como la mayor de todas las mentiras –luego no
es posible hablar ya de “Verdad” con mayúsculas: escepticismo radical y desesperación frente al
saber.
Todo enunciado con pretensión de verdad será a partir de ahora, puesto que es función de un
organismo vivo en constante cambio, es decir, producto de la voluntad de poder, reducido a
interpretación 3, dependiente de una perspectiva vital concreta y determinada.
Nietzsche afirma que, precisamente porque él es un decadente –cosa que, dice, se había
ocultado a sí mismo todo el tiempo– dispuesto a llevar el nihilismo hasta su punto culminante, puede
entrever el más allá de éste. –De esta manera, esta última parte de su pensamiento consuma esta
destrucción de la metafísica occidental a la vez que anuncia ya la filosofía del futuro, es decir, que
contiene ya la pars construens (parte constructiva o positiva) de su filosofía. El filósofo del futuro
que anuncia Nietzsche-Zaratustra ha de ser médico, artista y tirano: ha de dar forma, ha de usar a
2
Pero la destrucción de la alienación no se concibe aquí como retorno a una esencia eterna (al modo platónico) ni a la
disolución de las contradicciones sociales, sino a una recuperación de todas las potencialidades creativas del hombre.
3
«No hay hechos, sólo interpretaciones».

-6-
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

los hombres como fragmentos y materiales para esa obra que será el hombre de una salud –una
constitución fisiológica y. por ende, moral– inédita.
Nietzsche ha roto aquí, pues, con el positivismo de su segunda etapa, con la tradición
socrático-ilustrada, en la que no halla ahora más que un nihilismo –los mismos valores cristianos–
encubierto. Efectivamente, en el mito del progreso desenmascara la transposición de Dios 4 –esto es,
un estado en el que se disuelven todas las tensiones y luchas propias de lo vivo en un reposo eterno:
el Nirvana de los budistas o la negación de la voluntad de vivir de la que hablaba Schopenhauer: la
nada, el no-ser–: trasladar, pues, al Dios de los Cielos hasta un punto futuro (o final) de la historia
universal –el “paraíso” socialista, por ejemplo– que habrá de ser alcanzado gracias al saber y al
dominio técnico de la naturaleza y la sociedad.
El optimismo racionalista-progresista confía la realización de su proyecto a la ciencia y la
técnica. Sin embargo, la felicidad, el mayor bienestar posible para todos, se revela como una idea, un
ídolo, producto de la moral de esclavos (moral nihilista) y asentada sobre una falsa fisiología. A ello
opondrá Nietzsche la transvaloración o transmutación de todos los valores, es decir, una “filosofía de
la sospecha” (en expresión de Paul Ricoeur 5) que reduce el valor de un juicio –es decir, una
interpretación– moral, científica o filosófica al valor de la estructura fisiológica –el “tipo” humano–
de quien la enuncia o a la que favorece. 6 Es decir, una moral basada en una ontología de la voluntad
de poder –ontología que es siempre, a su vez, una interpretación producto de esta última 7;

3. – EL “QUINTO EVANGELIO” DE ZARATUSTRA: EL KERYGMA NIETZSCHEANO

«Lo que cuento es la historia


de los dos próximos siglos…»

Tras publicar El Gay Saber –libro que inaugura esta tercera etapa–, Nietzsche escribe –para
indiferencia del público e incomprensión por parte de los escasos críticos–, los tres libros
(“discursos”) (1883-1884) que componen Así Habló Zaratustra (un libro para todos y para nadie),
así como un cuarto discurso, primero de una segunda trilogía, jamás completada, llamada Mediodía y
Eternidad (1885).
En esta obra anuncia, en un lenguaje místico, poético y sumamente profético, con constantes
parodias de la traducción luterana de la Biblia, los temas que expondrá de manera ensayística en la
obra posterior, a partir de Más allá del Bien y del Mal (1886), etapa que se caracteriza por un

4
En El Anticristo, Nietzsche, siguiendo a su “maestro” Schopenhauer, señala que, contra la tergiversación de los
evangelistas, cuando Jesús habla de Dios, haría referencia a un estado, y no a un ente. Eugen Fink, siguiendo esta
interpretación, afirmará que el superhombre no es un individuo, sino un estado (un devenir-sobrehumano, que diríamos
en la jerga de Deleuze).
5
Paul Ricoeur habla de “maestros de la sospecha” a propósito de Marx, Nietzsche y Freud. En Marx, los intereses
“generales” y la neutralidad formal del Estado ocultan intereses de clase bien definidos pero relativamente inconfesables
a cara descubierta; en Nietzsche, como vemos, los valores morales y las buenas acciones ocultan impulsos agresivos y
deseo de dominación; en Freud, la socialidad, los sueños, los lapsus, la conducta y el discurso manifiesto, en definitiva,
ocultan pulsiones sexuales y agresivas que quedan reprimidas por efecto de la censura del yo.
6
«Un juicio vale lo que vale fisiológicamente quien lo enuncia», dirá en Más allá del Bien y del Mal.
7
Obsérvese el doble sentido del genitivo: una concepción de (sobre, acerca de) la voluntad de poder (genitivo objetivo)
es, a su vez, una interpretación de (proveniente de) la voluntad de poder (genitivo subjetivo). –Se trata de un círculo que
impide hablar de “objetividad”. El “médico” (el filósofo, el intérprete) ha de ser evaluado a su vez para valorar su
diagnóstico.

-7-
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

profundo cambio estilístico: del estilo árido y austero de la segunda etapa a un estilo caracterizado
por el aforismo breve pero pleno de sentido y una forma muy personal, marcada por las constantes
fulguraciones y diatribas contra unos y otros, que conforman algunos de los momentos cumbres de la
prosa alemana.
Cuatro son los temas fundamentales que anuncia Zaratustra:

a) La Muerte de Dios y el Nihilismo 8: es un hecho múltiple en su interpretación –pues


tiene ahora tantos sentidos como tipos de creyentes tenía– que Nietzsche viene simplemente a
constatar. La novedad de su interpretación es no sólo vaticinar cómo la Verdad y la objetividad de la
Ciencia se derrumban, sino cómo también habrán de desfallecer los nuevos ídolos –el Estado, el
socialismo, el progreso…– que han venido a ocupar su sitio, “todavía caliente”.
Para Nietzsche, Dios tiene varios sentidos estrechamente unidos:

1) lo trascendente o “transmundano” en general, es decir, todo aquello que se sitúa


como un ente supremo o una perspectiva absoluta sobre la verdad;
2) la reducción a cero de la tensión vital. Para Nietzsche, como veremos a propósito
del Eterno Retorno, el Nirvana como negación o apagamiento del deseo expresa la verdad
del Dios cristiano. La paz del “Reino de Dios” es, en cuanto al estado anímico que expresa,
idéntico con el Nirvana.
Como vemos, ambos sentidos de “Dios” vienen a dar en la Nada (de ahí que
Nietzsche hable de nihilismo).
Es más, para Nietzsche, ideales tales como el progreso o la sociedad comunista o
anarquista expresan el mismo deseo de un estado que niega la dureza de la vida como
Voluntad de Poder (v. infra).

Podemos hablar de tres clases de nihilismo 9:

1) Nihilismo reactivo: es el movimiento de reacción moral frente a los valores aristocráticos


proponiendo su negación. Sin embargo, como la aristocracia (en el sentido etimológico del
término) propone valores fundados en la vida, los valores decadentes, de los esclavos, no
serán sino una negación de la vida: una tendencia de la vida a formas cada vez más débiles y
pacíficas. De ahí que el Dios cristiano represente una adoración/aspiración (inconsciente) a
la Nada. También el socialismo y el progresismo participan de este carácter, aunque parezcan
ceñirse a lo terrenal.

2) Nihilismo pasivo: Nietzsche piensa aquí en el budismo, es decir, de una moral religiosa
(atea, de hecho) que ya no reacciona políticamente, sino que se enfrenta al sinsentido de la

8
Nietzsche tomó el término de los periódicos que hablaban de los nihilistas rusos (una especie de anarquistas de actitud
cínica, antiautoritaria, progresista y cientifista) retratados genialmente por Dostoyevski en su obra Los Demonios, la cual
Nietzsche leyó con suma atención, anotando profusamente su ejemplar. De Dostoyevski llegará a afirmar que “es el
único psicólogo que me ha enseñado algo”. El primer personaje nihilista en literatura fue Bazárov, de la novela Padres e
Hijos, del también ruso Iván Turguénev. Sin embargo, Dostoyevski es capaz de retratar una amplia diversidad de
caracteres nihilistas en la obra mencionada, en lugar de uno solo.
9
Para una explicación más detallada de este punto, v. el Apéndice “Resumen de la Genealogía de la moral y el
Anticristo”.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

existencia, a la nada de sentido y valor, mediante una vida pacífica y ascética reduciendo
todo lo posible su acción. Para Nietzsche, Europa no está aún madura para un movimiento
así, aunque él vaticina que advendrá próximamente. Jesús era para él un nihilista de este tipo,
y así también Epicuro.

En cualquier caso, estas dos formas negativas de nihilismo responden a una realidad de
decadencia vital, de cansancio, odio y hastío contra la vida. Lo irónico es que, según
Nietzsche, la cultura occidental ha estado determinada en su destino por la preeminencia de
este tipo de moral nihilista.

El problema al que se enfrenta Nietzsche con respecto a la cultura europea es que han
desaparecido –o están en trance de hacerlo– todos los grandes ideales. Sólo restará la ramplona
felicidad y comodidad de los «últimos hombres» (Así habló Zaratustra) en un mundo de banalidad
generalizada y pequeñas virtudes inofensivas. Sin embargo, algún día tendrá que “atragantárseles”
esta autocomplaciente existencia.
Frente a esta “gran náusea” ante la imagen del hombre vulgar hay un movimiento, empero,
que se vuelve contra esta forma decadente de existencia, pero para superarla dándole un nuevo
sentido.

Se trata del 3) nihilismo activo. Éste consiste en demoler o darle el golpe de gracia a todos
los valores y creencias del “decadentismo” como ficciones e imposturas, a fin de instalar de nuevo
valores aristocráticos, un nuevo principio para la cultura capaz de formar hombres más fuertes,
capaces de afirmar la vida. Por ello, este nihilismo es afirmativo, pues nace de una sobreabundancia
de fuerzas creativas que desean dar forma a una nueva cultura. 10
Así, pues, el «último hombre» constituye ya un ocaso: es ya un anuncio del superador de
Dios, del hombre y de la Nada:

b) El Superhombre: Zaratustra anuncia al superhombre (Übermensch), el que ha de ser


querido como “el sentido de la tierra”. Se trata de establecer un ideal, un fruto de la cultura por el que
luchar y en virtud del cual habrá de ordenarse y cobrar sentido la sociedad: el hombre superior que
propone un nuevo ideal, mejor constituido, de humanidad.–En este caso, el Superhombre es aquel
destinado a destruir la moral cristiana y la tradición metafísica occidental y los sustituye por una
moral afirmadora de la vida terrenal, es decir, por una moral que tiene como máximo valor un tipo de
hombre que eleva la vida a un grado superior.
Hasta ahora, ha habido extraños casos, momentos, de sobrehumanidad sobre la tierra. 11
Extraños, porque no han sido queridos como finalidad, sino, al contrario, lo que la cultura y la moral
socrático-cristiana ha querido evitar a toda costa, pues el gran hombre siempre se sitúa más allá de

10
El joven Nietzsche no habla de nihilismo, sino de pesimismo, influenciado por el maestro Schopenhauer. Sin embargo,
ya en los primeros escritos se pregunta si cabe la posibilidad de un «pesimismo de la fuerza», es decir, si hay acaso una
forma de pesimismo que nace de la contemplación de una cultura decadente al ver defraudadas en él sus íntimas
aspiraciones a una cultura más fuerte, más aristocrática.
11
Nietzsche suele citar como ejemplos a Pericles, a Julio César, a César Borgia, a los grandes nombres del
Renacimiento (de hecho, imaginó el rostro de Zaratustra a imagen de uno de los autorretrratos de Leonardo Da Vinci), a
Napoleón y a Goethe (“el último alemán por el que yo siento respeto”).

-9-
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

las tablas de valores vigentes, a las que viene a destruir. El objetivo de Nietzsche-Zaratustra es que
el superhombre sea el objeto, la causa, del compromiso de cada generación con las venideras.
Nietzsche habla de los filósofos-artistas en relación con el Superhombre y la nueva
aristocracia: caracteriza al Übermensch por su dedicación a emplear a los hombres como material
para una nueva humanidad. A esta labor creativa la denomina la Gran Política. Parte de esta
ambición aristocrática consiste en dar a los trabajadores una disciplina militar, es decir, que el
trabajo se convierta en una especie de deber en el sentido militar, rompiendo en esto con la disciplina
fabril y la política salarial de la “pequeña política” del capitalismo.

c) La Voluntad de Poder: el hombre superior constituye una formación privilegiada de la


Voluntad de Poder, un punto inaudito de acumulación de fuerzas que necesariamente se desborda, en
base a una constitución fisiológica (por ende, también, “espiritual”) especialmente agraciada. Como
hemos dicho, a tal consecución ha de ordenarse la cultura.
¿Qué es la voluntad de poder? Es el principio ontológico de la filosofía de Nietzsche.
Tendría su antecedente más directo en el concepto de voluntad de vivir de Schopenhauer.
Pero, precisamente, Nietzsche replica: algo que ya está vivo no puede querer vivir, ha de
querer (algo) más. Lo fundamental, lo característico de lo vivo –de la voluntad de poder– es ese más:
una formación de la voluntad de poder tiende a adueñarse de todas las demás y a imprimirles un
nuevo sentido (la voluntad de poder es esencialmente sentido, interpretación); sentido, más sin fin
posible: la voluntad es insaciable, pues es voluntad de sí misma, de voluntad, de retorno acrecentado,
de un plus.
Es clara la resonancia darwiniana de este concepto. Sin embargo, la lucha por el poder –la
voluntad de poder es no menos esencialmente dinamismo, multiplicidad, diferencia; no es algo
incondicionado: su identidad sólo se afirma al enfrentarse a otra formación diferente a ella– excede
con mucho la lucha darwiniana. En primer lugar, no se trata de supervivencia: no hay instinto de
conservación –ésta siempre es un efecto derivado del instinto o impulso fundamental, que es el de
poder; en segundo lugar, Nietzsche desestima la tesis de que sean los más fuertes los que
sobrevivan. Para nuestro filósofo, el núcleo de su preocupación por la humanidad, es decir, el
problema de la política y la cultura se identifica con el problema de la aristocracia: o de cómo los
débiles se conjuran para arruinar el ascenso de los fuertes. Por supuesto, Nietzsche abomina de toda
tendencia democrática como “decadencia”.
Dada la repugnancia que parece despertar en él todo lo metafísico, todo discurso relativo al
ser, puede resultar extraño sugerir que con la voluntad de poder Nietzsche nos presenta su noción
de ser, su “metafísica”, pero así es. Las características que para él tiene el fondo de lo real son
antitéticas de todo lo que la tradición filosófica ha querido encontrar en el arché, en Dios, en el Ser,
etc. Veámoslas:

1) Irracionalidad: la razón es sólo una dimensión de la realidad, pero no la más verdadera ni


la más profunda; y ello tanto en el sentido de que en el hombre la razón no tiene –ni debe tener– la
última palabra, puesto que siempre está al servicio de otras instancias más básicas como los instintos
o la mera eficacia en el control de la realidad (es decir, su mera utilidad, que no su verdad), como
en el sentido de que el mundo mismo no es racional: nosotros lo creemos racional, intentamos
someter a un orden y a una legalidad lo que en sí mismo no es otra cosa que caos, multiplicidad,

- 10 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

diferencia, devenir. Más adelante, profundizaremos en otros aspectos del concepto nietzscheano de
razón;

2) Inconsciencia: la fuerza primordial que determina el curso de todas las cosas no es


consciente, aunque esporádica y fugazmente se manifiesta de este modo precisamente en
nosotros, los seres humanos; pero incluso en este caso la conciencia no tiene carácter sustantivo, ni
crea un nivel de realidad nuevo o independiente. Nietzsche considera la conciencia como algo
superfluo, que perfectamente podría no darse y que de ningún modo constituye un acceso a la
esencia de la realidad ni nada remotamente semejante.
La conciencia –como la razón– es pues, es una forma de la Voluntad de Poder, pero no por
ello es mejor que cualquier otra, aunque el hombre, en su delirio narcisista, se crea en la cúspide de
la Creación y semejante a Dios por su posesión.
Es más, como veremos en su crítica al lenguaje –estrechamente ligado a la razón– la
conciencia introduce siempre una deformación, una interpretación dada por la estructura gramatical
del lenguaje… que la metafísica tradicional ha identificado ingenuamente con las estructuras de lo
real mismo.

3) Falta de finalidad: las distintas manifestaciones que toman las fuerzas de la vida, sus
distintas modificaciones, los resultados de su actuación, no tienen ningún objetivo o fin, no buscan
nada, son así pero nada hay en su interior que les marque un destino. Dado que lo que nosotros
percibimos, y que todo con lo que tratamos (objetos físicos, mundo espiritual, social y cultural) es
expresión de esta realidad sin sentido prefijado 12, Nietzsche declara con ello el carácter gratuito, no
necesitado de justificación de la existencia.
No hay, pues, un final de la Historia, ni cabe hablar de progreso (material, político-social o de
la razón), ni la evolución biológica tiene un sentido o dirección. Nietzsche, de hecho, se sitúa como
antiprogresista a todos los niveles, puesto que en el progreso, lo que en el fondo se sueña es un
estado final en el que se cancelaría el carácter trágico, absurdo de la existencia;

4) Impersonalidad: es una consecuencia de las dos características anteriores (inconsciencia y


ausencia de conducta final o intencional); esta fuerza no puede identificarse con un ser personal –y
mucho menos puede pensarse que con ella Nietzsche intenta introducir sutilmente la noción de Dios–
; incluso los textos sugieren que en realidad tenemos propiamente un cúmulo de fuerzas, no una
básica que supuestamente esté a la base de todas las visibles; un cúmulo de fuerzas que buscan la
existencia y el ser-más, compitiendo en dicho afán entre sí, enfrentándose y aniquilándose;

5) Carácter interpretativo o perspectivista: toda formación de la Voluntad de Poder, todo


organismo se enfrenta a la realidad apropiándosela a su manera, según su propia constitución. Es
decir, que interpreta desde su propia perspectiva. Se apodera de cuanto puede reduciéndolo a sí
mismo. La vida no tiene finalidad en sí misma, más allá del puro autoincremento; sin embargo –o
precisamente por ello–, tampoco puede escapar a esta limitación perspectivista, pues ello pertenece a
su propia estructura.

12
En esto, Nietzsche ejerce una gran influencia sobre el pensamiento existencialista (Sartre, Camus, Unamuno…) y las
distintas formas de teatro del absurdo (Ionesco, Beckett, Arrabal…).

- 11 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

«No hay hechos, sólo interpretaciones», llegará a afirma Nietzsche. Y si su tesis de la


Voluntad de Poder es considerada como sólo una interpretación más… “tanto mejor”, responde
explícitamente en Más allá del Bien y del Mal. 13
Se comprenderá ahora por qué «Dios» –como el lugar de una verdad absoluta, como
negación de la limitación de la perspectiva– es la negación de la Voluntad de Poder, es decir, es pura
y simplemente nada, pues nada hay al margen o por encima de la vida como Voluntad de Poder.

d) El Eterno Retorno (voluntad de eternidad y voluntad de nada): la (a)teología


nietzscheana: El estado de la cultura europea hace pensar a Nietzsche en la próxima llegada de un
“budismo europeo”, anunciada por el “adivino” Schopenhauer 14. –Se trata de la consumación de la
voluntad que subyace y anima los dos pilares de la cultura europea: el Dios-nada cristiano y la
dialéctica socrática. 15 –Esta última se configura como una posición teórica que identifica ser y
negación del devenir, luego: ser = no-devenir [= no-ser = no-voluntad de poder = nada]: una
voluntad nihilista.
En la India (siglo VI a.C.), el Buda Gautama enuncia con claridad ésta, la última voluntad
del hombre en el ocaso de una cultura: morir plácidamente, consumir su existencia de la forma lo
más imperceptible posible. –Aspiración al Nirvana reinterpretada por Schopenhauer como
“negación de la voluntad de vivir”, considerándola como la única aspiración lícita dado el carácter
absurdo de la vida.
Nietzsche, por su parte, tratará de desenmascarar este tipo de pensamiento ético: esta
voluntad de nada es ya voluntad de algo. Digamos, resumidamente, que el individuo, cuando
enuncia esa voluntad de desaparecer, de apagar su deseo, no sabe lo que dice 16. –Replanteemos con
Nietzsche la pregunta sofista: ¿quién habla aquí? Puesto que el individuo es una multiplicidad (de
instintos, de pulsiones) (v. infra, “El yo pienso no piensa”), quien aquí se pronuncia es una
estructura, una configuración, de la voluntad de poder en trance de disgregación, que ya no puede
querer una dirección, una meta única; dicha ausencia se enmascara, se engalana, como aspiración al
Nirvana –y en Europa, como progresismo, como socialismo, como igualitarismo… hijos seculares
del antiguo Dios cristiano (y de la igualdad de los hombres ante Él). 17

13
El fondo del pensamiento nietzscheano se puede considerar como una especie de sofística rediviva. Aquí tenemos una
especie de homo mensura al estilo de Protágoras… sólo que aquí «el hombre» está disuelto, desenmascarado como una
oligarquía de instintos y pulsiones, como veremos más adelante.
14
El “Adivino” es el personaje que encarna a Schopenhauer en Así Habló Zaratustra.
15
Veremos más adelante que con Sócrates-Eurípides comienza, a juicio de Nietzsche, el racionalismo optimista-
progresista, que él identifica con la concepción dialéctica (o metafísica) de la realidad.
16
Recordemos que para los budistas, en el deseo (tŗşņā: la “sed”) radica la fuente de todas las desgracias del hombre, de
todo sufrimiento. En él se sostiene la peor de todas las ilusiones: la creencia en el yo substancial. El Nirvana consiste en
el cese de todo sufrimiento, y es alcanzado, pues, por el apagamiento del deseo en el hombre –la extinción de la voluntad
de vivir, tal como lo “traducía” a su filosofía Schopenhauer–; dicha cesación ha de ser obtenida, a su vez, por la práctica
del desapego a la existencia.
Es digno de señalarse que los budistas son muy consecuentes en la concepción de su práctica ascética: para
alcanzar el Nirvana es preciso olvidarse de querer alcanzarlo, pues ello constituiría ya un deseo, por lo que, en realidad,
no se estaría aspirando al Nirvana, sino a otra cosa. Finalmente, son conscientes de la posible desviación de la práctica
del desapego: el último paso consiste, precisamente, en desapegarse del desapego mismo.
17
Ahora bien, esto no da lugar a ninguna extinción del sujeto –lo único que realmente podría dar cumplimiento a ello
sería el suicidio. Nietzsche desenmascara la función que tiene este discurso nihilista para la conservación de un tipo de
vida: la vida decadente, sufriente –pues carece de meta y se enfrenta a un mundo absurdo de sufrimientos sin sentido:
convencer a los demás de dicho sinsentido es el modo en que se impone y se asegura sus condiciones de vida.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

Frente a ello, Nietzsche opone el “pensamiento abisal” de la eternidad, el Eterno Retorno de


lo mismo. 18 –Nietzsche la pone frente al hombre histórico que es el hombre moderno, obligándolo a
replantearse su filosofía de la historia. Nietzsche parte de la trágica constatación de que el “fue”, el
pasado, es la «roca que la voluntad no puede mover», es decir, no puedo conseguir nunca nada con
respecto al pasado. Esta idea del Eterno Retorno tiene, en consecuencia, una doble faz –según sean,
precisamente, unos u otros los valores –el tipo de vida– que han de enfrentarse a ella –:

a) En cuanto surge de una afirmación de la vida, de una vida ascendente, como reflejo
de la “gran pasión” que estructura y cohesiona al individuo –más que una creencia, se trata de un
querer, de una voluntad de retorno: “¿Era esto la vida? Bien, ¡pues que comience de nuevo!”
En un momento exuberante, pletórico de fuerzas, en medio de la plenitud –el “mediodía”–, el
individuo afirma la existencia en su eternidad circular: no quiere otra vida más allá de esta, sino vivir
esta misma vida infinitas veces. Con ello, justifica, redime la historia del universo; cierra el ciclo del
devenir e impulsa a la rueda a girar una vez más… para siempre. Ese instante, pues, se erige en el fin
de la historia, la cual recomienza nuevamente. 19
El eterno retorno es, pues, la mayor afirmación del mundo terrenal –de la vida– posible,
pues significa querer, justificar todas las generaciones pasadas con todo el sufrimiento que ello
conlleva… por toda la Eternidad. Como la Voluntad de Poder no tiene finalidad alguna, esta
afirmación del Círculo significa para Nietzsche «devolver su inocencia al devenir».
b) El Eterno Retorno es el espejo que Nietzsche-Zaratustra tiende al hombre que
encarna la voluntad nihilista, la vida descendente, para hacerlo desesperar 20: no hay un final posible
de la historia –no esperéis nada del progreso: el hombre, gracias a vosotros, degenerará
indefinidamente… –mas la historia volverá a dar comienzo una y otra vez, sin fin ni acabamiento
posible, pues es la historia de la voluntad de poder, que es voluntad de retorno. 21
La imagen del Eterno Retorno sitúa al individuo entre dos espejos que se reflejan
recíprocamente (lo cual refleja al objeto situado en medio infinitas veces). –Es la imagen de la

18
Esta idea del tiempo cíclico es la propia de las sociedades (mal)llamadas primitivas que, justamente por ello, son
denominadas también “sociedades sin historia”. También aparece en pensadores como Heráclito y Empédocles.
19
El filósofo de inspiración nietzscheana Georges Bataille (Sobre Nietzsche: Voluntad de suerte) llama a esto “instante
soberano”: aceptar el Eterno Retorno significa que cada instante es ya el fin de la Historia.
20
Este estado de desesperación nihilista quizá pueda ser ilustrado con algunos temas punk. Por ejemplo, Cerebros
Destruidos del grupo Eskorbuto:

Perdida la esperanza
Perdida la ilusión
Los problemas continúan
Sin hallarse solución […]

El pasado ha pasado
Y por él nada hay que hacer
El presente es un fracaso
Y el futuro no se ve

La mentira es la que manda


La que causa sensación
La verdad es aburrida
Puta frustración
21
Puede interpretarse esto como un ataque de Nietzsche a las esperanzas de un final de la (pre)Historia en el “paraíso” de
la sociedad socialista.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

eterna repetición. Obliga, pues, a asumir una responsabilidad radical ante la propia existencia, pues
la vida que se está viviendo ahora mismo es la misma que se habrá de vivir –y que se habrá vivido
ya– infinitas veces. Esta certeza, creía Nietzsche, debería empujar a los débiles a la desesperación, al
suicidio.
En este punto, cosa que los intérpretes no suelen advertir, la ética de Nietzsche se puede
formular de modo formalístico: «vive de tal modo que puedas querer que tu vida se repita
infinitas veces» 22.

Pero aún hay más: como bien sostuvo Pierre Klossowski 23, la doctrina del Eterno Retorno
constituye la parodia de toda doctrina. Si hemos observado bien, Dios constituye el lugar de la
verdad, la garantía última de toda certeza (así, del propio yo en Descartes, nada menos) y de todo
valor moral (ya en Platón y no digamos en el cristianismo).
El mismo discurso (la palabra, la razón, el logos, v. infra, la crítica nietzscheana del
lenguaje) es ya teológico: en cuanto hablamos, postulamos ya ese lugar de la verdad, la esperanza de
que haya una verdad definitiva, un testigo absoluto. La verdad, entonces, como hemos visto en la
historia de la Filosofía hasta Nietzsche, se sostiene de dos modos posibles:

a) o bien en una trascendencia, un punto arquimédico exterior a la «Creación»: en Platón –


las Ideas–, en Tomás y el pensamiento cristiano –Dios como trascendente a la Creación y garante de
toda verdad quien determina lo que es el Bien de una vez por todas–, en Descartes –Dios como
substancia perfecta y ser necesario que garantiza mi identidad misma y la unión de mi cuerpo con mi
alma («mi naturaleza»), etc.,
b) o bien en un punto final de la Historia (esto es, en una escatología), el cual constituiría la
realización de la Razón (en Hegel, Marx y, en definitiva, en todo el pensamiento progresista) y la
llegada a la Verdad como autotransparencia de la razón (o del hombre) para sí misma y, a una con
ello, la realización del Bien garantizada por el progreso (reconciliación de la sociedad consigo misma
y del hombre con ella).

Pues bien, para Nietzsche ambas formas constituyen formas de teología, es decir, de creencia
en la Verdad, en lo inmutable. De este modo, encuentra en el Eterno Retorno la manera de negar
toda posibilidad de fe en Dios, es decir, en un más allá (a) o en una superación (b) de esta vida. El
Eterno Retorno constituye, a su entender y de forma cruelmente paradójica, el ateísmo más radical
imaginable, la prueba de fuego para la Voluntad de Poder.

22
En relación al imperativo categórico de la ética formal de Kant, y teniendo como idea de fondo que la identidad es
algo construido a partir de la repetición, dice Nietzsche en el parágrafo 188 de Más allá del bien y del mal: «Examínese
toda moral en este aspecto: la «naturaleza» que hay en ella es lo que enseña a odiar el laisser aller, la libertad excesiva, y
lo que implanta la necesidad de horizontes limitados, de tareas próximas, - lo que enseña el estrechamiento de la
perspectiva y por lo tanto, en cierto sentido, la estupidez como condición de vida y de crecimiento. «Tú debes obedecer, a
quien sea, y durante largo tiempo: de lo contrario perecerás y perderás tu última estima de ti mismo» - éste me parece ser
el imperativo moral de la naturaleza, el cual, desde luego, ni es «categórico», como exigía de él el viejo Kant (de ahí el
«de lo contrario»), ni se dirige al individuo (¡qué le importa a ella el individuo!), sino a pueblos, razas, épocas,
estamentos y, ante todo, al entero animal «hombre», a el hombre».
23
En Nietzsche y el círculo vicioso, donde realiza una gran labor exegética acerca del Eterno Retorno en relación con la
concepción nietzscheana del lenguaje y el desmoronamiento del pensador atestiguado en las «cartas de la locura», donde
afirmaba: “soy Dionisos... soy todos los nombres de la Historia”.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

Para Nietzsche, todo es puro devenir, como hemos visto. Con la Eterna Repetición, el devenir
adquiere los caracteres del Ser 24. La ateologia de Nietzsche queda expresada así en sus propias
palabras: «he creado un Dios en términos de círculo vicioso, circulus vitiosus deus»: la existencia se
asemeja a una forma ilógica –y tal forma viciosa es Dios mismo como Eterno Retorno. 25
Resulta, pues, un Dios paradójico, paródico al que, sin embargo y sorprendentemente,
Nietzsche no deja de rendirse, de ahí su enunciación del amor fati: amor al propio destino, es decir,
al retorno de mi vida infinitamente repetida.

4. – EL “YO PIENSO” NO PIENSA: LA CRÍTICA DE NIETZSCHE A LA NOCIÓN DE


SUJETO Y DE SUBSTANCIA; CRÍTICA A LA RAZÓN Y AL LENGUAJE

a) El lenguaje en Nietzsche: Contrariamente a lo que la tradición había postulado siempre,


Nietzsche va a sostener que la Razón no es la base o el fundamento del hombre, sino, tan sólo, de la
ilusión del sujeto (y del sujeto libre). La originalidad de Nietzsche consistirá aquí en entender la
crítica a la razón –al conocimiento humano y a la metafísica en particular– como una (auto)crítica
del lenguaje. 26 Recordemos que razón en griego, logos, es tanto razón como discurso (lenguaje,
capacidad de hablar). Nietzsche reducirá, pues, la razón a la estructura del lenguaje (y, en un segundo
tiempo, como se adivinará ya, a la voluntad de poder que configura al organismo particular).
El pensamiento consciente, lo que llamamos razón, se halla estructurado y determinado por
la gramática del lenguaje en el que hablamos y vivimos. Gramática que es la que impone un sujeto
(una “cosa” o “causa”) y un verbo o predicado (una “acción”, un “efecto”). Pero eso no son, como
vamos a ver, más que ilusiones, ficciones –útiles, sin embargo, para la conservación del organismo
que es el hombre, pues con ello estructura y ordena su mundo, permitiéndole manipularlo, apropiarse
de él. –Poner nombres es una forma de apropiarse de la realidad, es un derecho de los poderosos.
Como veremos al final, la lucha en torno a los valores se ejerce también en el plano de la apropiación
24
Digamos que el devenir hereacliteano, de repetirse, adquiriría forma circular y se asemejaría, desde su propia
naturaleza, al ser parmenídeo.
25
El Eterno Retorno es el pensamiento clave de Nietzsche. Esta “forma suprema de la afirmación" le llegó en agosto de
1881. "Aquel día fui caminando a través del bosque hasta el lago de Silvaplana y me detuve junto a un poderoso bloque
piramidal cerca de Surlei. Entonces me vino este pensamiento." Nietzsche levantó acta de aquel momento escribiendo en
una hoja: "A 6.000 pies de altura sobre el nivel del mar, y mucho más alto aún, sobre todas las cosas humanas”.
Que es más crucial para él que el Superhombre se ve atestiguado en el propio Zaratustra. El Superhombre es ya
anunciado por Zaratustra en el “Discurso preliminar”, es decir, nada más arrancar el libro. Sin embargo, el Eterno
Retorno se le “resiste” hasta el final, produciéndole el momento “de mayor náusea” (ante el sinsentido eterno de la
existencia).

De hecho, si se quiere, la legitimidad del poder político del Superhombre –puesto que no puede fundarse ya
en la verdad o el saber (como en Platón) o en la salvaguarda de la igualdad y la libertad (como en Kant, Marx o Rawls),
podría decirse que se funda en el hecho de haber superado el “instante más profundo”, es decir, la vivencia abismal
del Eterno Retorno.
Por último, su relación con su concepción del lenguaje, como bien apunta Klossowski, está atestiguada por el
destino de su opúsculo de juventud, de apenas una página y media de extensión, Sobre verdad y mentira en sentido
extramoral. Nietzsche guardó este iluminador y lúcido texto entre sus papeles privados y jamás lo publicó, ni lo
mencionó en sus escritos y ni siquiera parece que hablara jamás de él a sus amigos.
26
Los historiadores de la Filosofía suelen hablar de un «giro lingüístico» a partir del siglo XX, siendo Nietzsche uno de
los principales referentes a este efecto. El siglo XVIII, con Kant, fue la época del giro epistemológico, es decir, de crítica
de las posibilidades del conocimiento. Con el giro lingüístico, la clave de todos los problemas de la metafísica –y del
hombre en general, si se quiere– se hacen gravitar sobre el problema del lenguaje. Esto alcanza incluso al psicoanálisis,
que con Lacan pasa a enunciarse como «el inconsciente estructurado como un lenguaje».

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

y la reinterpretación de las palabras (los términos “bueno” y “malo”/”malvado”, o Dios y el discurso


religioso de la economía de la redención). 27 Estamos aquí de vuelta a una concepción sofística del
lenguaje y la verdad.

Pero no hay tales cosas como causas, substancias, entes fijos… sino sólo el devenir. Es la
estructura gramatical del lenguaje –lo que se ha identificado con la razón, y con la estructura de lo
real mismo– la que introduce cortes en el movimiento incesante de la realidad, el devenir,
cosificándola, sustantivándola, hipostasiándola.
Los nombres no son más que abreviaturas, simbolizaciones, metáforas que son tomadas por
reflejos fieles de esa realidad. –“Somos mucho más artistas de lo que creemos”, dice Nietzsche.
Decir la verdad no es más que participar en la mentira, en la ilusión, socialmente aceptada como
verdad. Así, pues, toda verdad de la razón no es más que una ilusión: es ella la que nos engaña, y no
los sentidos. Sin embargo, no hay ninguna verdad si no es enunciada a través del lenguaje, de la
razón. Pero esta verdad, entonces, es posible sólo sobre un fondo irreductible de falsificación, de
manipulación de las apariencias por parte de la «razón».
Nietzsche, desde el propio juego del lenguaje, trata de mostrar los efectos de verdad –ilusión–
que provoca. Un discurso destinado a volver el lenguaje sobre sí mismo para, en un instante
fulgurante, hacernos imaginar de alguna manera la realidad más acá del lenguaje. Así, por ejemplo,
cuando decimos “el relámpago brilla”, hemos duplicado el “relámpago”: el relámpago antes de tener
lugar y, otra vez, cuando realmente aparece. “En realidad”, tampoco habría relámpago, sino sólo un
lapso de tiempo en el devenir aislado y unificado por el lenguaje en la palabra “relámpago”, gracias a
que hemos visto varios fenómenos similares.
Con el lenguaje, pues, aislamos, recortamos, “causas” y “efectos” en el continuum del
devenir. Pero, en todo caso, sólo habría efectos, como dice Nietzsche, o más bien, sucesión continua
o coordinación de efectos (algunos, efectivamente, imperceptibles para los umbrales de sensibilidad
de los distintos sentidos).

b) El “yo pienso” no piensa; sobre el sujeto libre: En base a esta forma del lenguaje que
hemos explicado, buscamos una causa del pensamiento consciente (recordemos a Descartes). Nos
negamos a creer que algo tan sublime como el pensamiento –con el que identificamos nuestro más
íntimo o auténtico ser– pueda provenir de algo tan bajo y denigrante como el cuerpo. Así, pues,
inventamos, proyectamos, una entidad, una substancia fija, que lo causaría –substancia, pues, tan
inmaterial como el supuesto “pensamiento”: la res cogitans (sucesora del alma cristiana).
Estamos, pues, de vuelta a los empiristas (Locke, Hume, etc.), a quienes ya conocemos. El
efecto de identidad lo imprimen los conceptos; su correlato objetivo (lo que llamaríamos su “causa”
objetiva) es la repetición de fenómenos similares.

El hombre es esencialmente su cuerpo, sus sentidos –voluntad de poder– y la razón no es más que un
apéndice. El cuerpo es una estructura oligárquica de impulsos e instintos, donde los más poderosos
subordinan a los más débiles y se identifican con la actividad del conjunto. Son ellos los que se
expresan diciendo “yo pienso”. El pensamiento no es más que un resultado de la lucha de esas

27
V., infra, “la degeneración religioso-moral judeocristiana”.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

pulsiones. Así, la mayor parte del movimiento del psiquismo es inconsciente: sólo una parte
adquiere una forma discursiva, es decir, se expresa en lenguaje o pensamiento.
¿Dónde se halla, pues, la identidad “real” del sujeto humano? Dejando ya de lado la
explicación que consiste en la capacidad para decir “yo”, concepto en el que unificaríamos, como
dependiente de él, todo el movimiento del psiquismo, hemos de contestar en dos tiempos:

a) Primero, en cuanto organismo biológico, el cuerpo tiene una estructura unitaria. Es


una formación de la voluntad de poder, la cual crece apropiándose del medio –“material” y
“espiritual”–. En el hombre encontramos el carácter, configurado, esencialmente, por las pasiones y
los instintos más poderosos, los predominantes, los cuales imponen su dirección al resto. –
Precisamente esa especialización, a la vez que nos hace ser –devenir– lo que somos –devenimos–,
conlleva el empobrecimiento de muchas otras facetas. Nietzsche escoge el término idiosincrasia,
precisamente, por la resonancia que tiene de idiotez;

b) En segundo lugar, el producto de la prehistoria de la cultura –la “moralidad de las


costumbres”– fue el hombre en cuanto animal capaz de hacer promesas. La memoria, con la
capacidad que conlleva de poder comprometernos en el cumplimiento de alguna empresa, es el
producto de una práctica cruel sobre el cuerpo: la amenaza del castigo al deudor (y el dolor
consiguiente al incumplimiento de la promesa); los tatuajes y marcajes sobre la piel –la primera
escritura que practicó el animal-hombre– que le recuerdan, a él y a los demás, quién es.
El hombre tiene, pues, la capacidad de fijarse objetivos mediante la palabra, que le hace
presente lo ausente. Esto, junto con la creencia en la substancia y el sujeto (aquélla derivaría de éste,
según Nietzsche), dio lugar a la creencia en la idea del sujeto libre; consiguientemente, a la del
pensamiento libre, o a la de la voluntad libre, identificada con el pensamiento, como causa (libre de
actuar o no).

Digamos, para resumir, que el pensamiento no viene cuando y como yo quiero, sino que más
bien, al ser resultado de un movimiento inconsciente, involuntario, nos perdemos en él, somos
arrastrados por él. Por otro lado, no somos libres de que las representaciones que advienen a nuestra
mente nos afecten como nos afectan. El pensamiento es el juego, la lucha, de nuestros impulsos y
pasiones, de sensaciones provenientes del exterior que en ellos inciden, etc., el cual, en alguna
medida, toma una forma discursiva –lo que no significa que sea un reflejo ni mucho menos fiel de
todo ese oscuro conjunto de movimientos–. Pero, repetimos, estamos a merced de ese juego: más que
decidirnos, “somos decididos”; más que decir o pensar, somos dichos o pensados.
Lo fundamental es que no hay un sujeto –con el cual nos identificaríamos, sería nuestro
verdadero yo, nuestra libertad– indiferente, ajeno, como una substancia o esencia prístinas tras todo
este movimiento, y capaz de decantarlo a capricho. –¿De dónde habría de provenir tal capricho? Nos
guste o no, somos nuestros impulsos dominantes 28: la unidad de carácter que impone una gran
pasión, nuestra virtud por excelencia; en el peor de los casos, carecemos de ese rasgo unitario, y
somos zarandeados por cada golpe del azar.

28
La frase tan española “lo que me da la gana” refleja inconscientemente este hecho: nos lo da la gana, no determinamos
“nosotros” la gana, la voluntad.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

5. – LA TRANSMUTACIÓN (O TRANSVALORACIÓN) DE TODOS LOS VALORES

De este modo –que es como subtitulaba a Más allá del Bien y del Mal: “ensayo de una
transmutación/transvaloración de todos los valores”–, es como el pensador alemán va a entender su
tarea filosófica en los cuatro últimos años de vida lúcida. (Recordemos que sufrirá una última gran
crisis a final del año 1888 a partir de la cual no volverá a poder hablar hasta el fin de sus días, el 25
de agosto de 1990).
Como decíamos, la metafísica, la moral y la ciencia occidentales, es decir, la cultura europea,
habrían estado corrompidas y determinadas desde su raíz por el nihilismo, por los valores de la moral
de esclavos –determinada por el resentimiento–, que han movilizado su ciencia y teología c0ntra los
valores de la vida (los valores de la moral de señores). El nihilismo ha de llegar hasta su extremo y
declarar la verdad sobre sí mismo, pues aún seguirá creyendo en la verdad. Esta tarea será la que
Nietzsche –“el primer nihilista completo de Europa”– pretenderá haber cumplido; mas el más allá del
nihilismo no puede ser alcanzado por esa misma moral de esclavos, por la decadencia, sino por una
nueva moral de señores –es decir, creadora de nuevos valores, de una nueva meta– emergente. Esta
tarea pasa por poner en cuestión el valor mismo de la verdad para la vida. El anunciador de esa nueva
filosofía es Zaratustra. 29
Esta tarea de transvaloración/transmutación –el paso del león al niño de la que nos habla el
discurso De las tres transformaciones del espíritu– se ejerce a partir de tres líneas de ataque básicas,
correspondientes a tres objetivos fundamentales, los cuales constituyen la base de la cultura
europea cuya crítica radical 30 Nietzsche se ha propuesto realizar.

a) La degeneración de la filosofía griega. –Contra el espíritu trágico griego toman


posición, por un lado, Sócrates, quien, armado con el arte de la dialéctica 31, enfrentará este
razonamiento lógico-formal, basado en determinaciones (ideas) fijas y articulado en una concepción
estática del ser (negadora, pues, del devenir), contra la confianza en la tradición y en los instintos y
virtudes propiamente griegos; por otro lado, hallamos al trágico Eurípides, seguidor del primero,
quien reinventa, traicionando su espíritu, la tragedia griega 32. Ahora los personajes se vuelven unos
dialécticos parlanchines como el propio Sócrates, y la desgracia del héroe parece tener lugar por
ignorancia –una ignorancia remediable gracias al conocimiento dialéctico.

29
El reformador religioso persa Zoroastro fue el primero en establecer un orden moral del mundo basado en una
oposición fundamental e irreductible del bien y del mal que culminaría con el triunfo definitivo del bien: le corresponderá
asimismo desmentir su propia creación.
30
Como veremos en Ortega y Gasset, ser radical no significa adoptar una posición extremista, sino ir a la raíz de las
cosas. En Ortega, el extremismo es una posición propia del hombre superficial y, precisamente, desarraigado. Ser radical
en este sentido propio es lo que, a entender de Nietzsche, le permite consumar el nihilismo y no recaer en un
posicionamiento extremista banal; es así como el filósofo se eleva sobre su época y llega a ser intempestivo. Nietzsche se
definirá a sí mismo como un hombre nacido “de forma póstuma”.
31
Vemos que, para Nietzsche, la dialéctica tal como la entienden Hegel o Marx no ha cambiado nada en lo esencial…
Lo cierto es que Nietzsche era muy mal conocedor (por decir lo menos) de estos dos pensadores. Sin embargo, sí puede
entenderse acertada su postura en lo que se refiere al hegelianismo “progresista” a nivel cultural.
32
En su célebre obra Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Diógenes Laercio, a quien Nietzsche
alude, recoge que Sócrates ayudaba a Eurípides a escribir sus tragedias. Sócrates es el hombre anti-trágico por
antonomasia. Constituye la primera antítesis (Homero-Sócrates) en la cual Nietzsche reflejará su particular postura
filosófica. La última de estas antítesis será aquella de Dionisos-Cristo, como los dos sentidos de un mismo sacrificio:
afirmador de la vida el primero; calumniador el segundo.

- 18 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

¿Qué ha sucedido aquí? –Pues que el espíritu trágico en el que se había sumergido el espíritu
griego –con posibilidad de una regeneración, de una reinvención de su ser más íntimo– se ha resuelto
en un optimismo racionalista. Esto significa que se ha intentado escapar al fondo caótico, cruel,
dionisíaco, trágico de la existencia a través del saber. De esta forma, el discurso dialéctico y el
progresismo incipiente constituyen una primera negación de la Voluntad de Poder.
¿Quién ha hablado aquí? –El amo decadente, el “esclavo”, esto es, el punto de vista del
burgués, quien, por su decadencia fisiológica (como era el caso de Sócrates 33), por su disgregación
instintual, ya no confía en la tradición, en su meta, en su futuro. Ahora se propone buscar una razón
para todo, y cree hallar la Verdad en el ser estático, esto es, en la negación del devenir, de la vida, de
la realidad rebajada a “apariencia”. –El hombre griego ha puesto aquí las bases del transmundo
idealista.
Este tipo de hombre ya no puede creer en la particularidad en devenir que encumbró a Grecia
y es por eso que busca ahora unos valores y unas verdades universales y estáticas, eternas o
intemporales, incondicionalmente válidas –pues ha tomado como modelo la dialéctica y, en Platón,
la geometría–, esto es, más allá de todo devenir, de los sentidos, esto es, una realidad transmundana,
una contranaturaleza.
Este movimiento podría formalizarse, aproximadamente, según la ecuación:

valores/verdades en sí/universales = devenir = voluntad de poder = perspectiva = vida = nada

Sócrates-Eurípides, como ya apuntamos antes, inauguran a nivel teórico el mundo burgués 34


con la “ecuación antigriega”:

Razón = virtud 35 = represión de los instintos/negación de los sentidos = =felicidad

Para Nietzsche, la ecuación propia de este optimismo racionalista burgués sería,


aproximadamente, la siguiente:

Razón = universalidad (= igualitarismo = cosmopolitismo) =


= progreso = felicidad

Mas este optimismo no es en el fondo más que pesimismo no consciente de sí, un nihilismo
(voluntad de no ser, de nada) que confía en el cumplimiento de esa aniquilación de la voluntad de
poder –ese es el estado de “bienestar” que entiende por “felicidad”– a través del progreso científico

33
Podemos leer esto en las escasas siete páginas que constituyen “El problema de Sócrates”, en la obra a la que pertenece
el texto que comentaremos al final: El Ocaso de los Ídolos. Fue un tema crucial en su primera obra El Nacimiento de la
Tragedia, así como en su conferencia de la misma época Sócrates y la tragedia.
34
Nietzsche comparte con Platón una visión aristocratizante de la humanidad. Por ello, la decadencia griega comienza,
para él, con la paulatina decadencia de la casta guerrera primigenia y el ascenso de los comerciantes (burguesía
incipiente), a los que llama directamente “esclavos” (en realidad, por influencia del hegelianismo). En cuanto a la historia
de la religión y la moral judeocristianas, veremos que la decadencia se debe, a su juicio, a la desaparición de la casta
guerrera y el dominio omnímodo de la casta sacerdotal. Por supuesto, identifica la decadencia de la Europa de su época
con el dominio de la burguesía, atacando también el Estado burgués liberal-democrático como un arma al servicio de
una moral de “esclavos”.
35
Para no llevarnos a equívoco, hemos de entender esta virtud como una virtud moral, en el sentido de basada en esa
concepción estática del ser. Virtud en el sentido de virtuosidad cristiana, aproximadamente.

- 19 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

y técnico. Mas esa felicidad que imaginan es, como ya hemos visto –y puesto que ese devenir del que
tratan de huir es voluntad de poder–, inalcanzable.
Y ello es debido a que las entidades estáticas que postula y proyecta la gramática son,
precisamente, la negación del devenir, esto es, una abstracción vacía: una nada, el no-ser. Dichas
entidades substanciales nos sirven, ciertamente, para manejarnos, para ordenar la realidad (y la
verdad no es más que un mundo humanizado, apropiado, pues es actividad de la voluntad de poder),
pero no responden –debido a su carácter estático– a la verdadera realidad: no son categorías del
devenir, sino que lo falsean.
De esta manera, cuando tratamos de establecer un orden del mundo en base a estas
categorías, abandonadas a sí mismas en el plano del pensamiento, estamos alejándonos de la vida,
negándola. Pero estos conceptos están determinados irremediablemente por el mundo de los
sentidos, aunque sea de los elementos más sublimes de éste.
Mas, ¿quién puede tener motivos para establecer el Bien en un transmundo, en la negación de
la vida, de la particularidad, de la “apariencia” –de la realidad, en suma? –Pues, a no dudarlo, el
hombre enfermo, degenerado, que sufre a causa de su condición vital. Es él quien está marcado por
el resentimiento ante la vida real y por ello se ve obligado a reducir el mundo real a no ser más que
“aparente”. Esto no es más que un movimiento de venganza contra la vida.
Esta astucia, esta “listeza” propia del esclavo que es la dialéctica se aliará con el otro foco de
corrupción situado en la base de nuestra tradición: el Dios y la moral cristianos.

b) La degeneración religioso-moral judeocristiana. –Este tema es desarrollado,


principalmente, en las obras Genealogía de la Moral (1888) y El Anticristo (1889) (v. infra, Anexo).

El cristianismo emerge de dos tradiciones culturales nihilistas: la dialéctica o metafísica


socrático-platónica y el monoteísmo judío.
La casta sacerdotal judía habría tenido la astucia de hacer que su pueblo fingiese estar
consumido por la decadencia ante los pueblos que los dominaban. De esta manera, representaban las
formas de una moral nihilista, negadora de la vida, de la moral de los señores, tratando de prender a
sus dominadores en la trampa. Más tarde, sin embargo, dicha casta sacerdotal volvería sus armas
contra su pueblo. El pueblo judío pasa con el tiempo a ser un pueblo realmente decadente,
consumido por una moral de esclavos producto de su profundo resentimiento contra una realidad
hostil. Los sacerdotes aprovechan este resentimiento, ofreciéndole un sentido moral, basado en una
reinterpretación moral de la culpa (que antes no habría tenido más sentido que el de deuda material).
Es aquí donde nace la mala conciencia: la economía de salvación, junto con el pecado, el perdón y la
gracia, de la que se aprovecha el sacerdote ascético.
El cristianismo de San Pablo no será más que la rebelión de los esclavos, de los enfermos y
mal constituidos, de la decadencia, en suma, contra la casta sacerdotal y contra toda jerarquía social
en general: contra toda forma de vida sana. Se trata, en opinión de Nietzsche, de un “platonismo para
el pueblo” que ensalza el no-ser, el Dios-nada del que hablaba Jesús como ser supremo.

El cristianismo se caracterizaría por tres rasgos fundamentales:

- 20 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

– es un pesimismo vital (nihilismo reactivo) que transporta la felicidad (la resolución de todas
las tensiones propias de la vida) a un más allá, rebajando este mundo a castigo o “valle de
lágrimas” transitorio;

– encarna, puesto que responde a una vida sufriente, la hostilidad por todo lo instintivo.
Continúa, pues, en la tarea de transvaloración de los valores aristocráticos, los cuales se apoyan
siempre en el cuerpo y lo instintivo, convirtiendo lo bueno de los señores en lo “malo”
[Schlecht], y lo “malvado” [böse] de aquéllos en lo bueno de los esclavos (moral reactiva:
inversión de los valores de los dominadores);

– y ello, puesto que se trata de una moral del resentimiento, animada por la voluntad de
venganza. Impone de una interpretación moral del mundo (una cosmología basada en
interpretaciones moral) que tiene como dispositivo de poder la mala conciencia, el sentimiento
de culpa en manos de la casta sacerdotal; 36

– moviliza la compasión y la igualdad de todos los hombres contra el desarrollo de toda


posible moral de señores. (La compasión es una pasión que insta a rechazar la vida, a negarla);

– dibuja una escatología transmundana (la vida tras el Juicio Final: la suprema venganza de
los esclavos) por la que el creyente cree en un más allá ilusorio: la antítesis de la vida, al que el
cristiano venera como “Dios”. La nada, pues, es erigida en el máximo valor: es el Dios-nada de
Jesús (nihilismo pasivo) convertido en arma teológico-filosófica del nihilismo reactivo de la
cristiandad.

MORAL DE SEÑORES MORAL DE ESCLAVOS


Moral del "animal conductor", de la clase Moral del "animal de rebaño", de la clase plebeya;
aristocrática; surge de estados de ánimos surge de estados de ánimo deprimidos, del
elevados, de la exaltación de los instintos cansancio, del miedo y el resentimiento
“Bueno” surge aquí por inversión, por reacción: es
“Bueno” tiene un sentido originario: valiente, el dócil, el compasivo,
poderoso, noble, viril, orgulloso; el bueno el dócil, el paciente, el humilde
inspira temor (desprecia –sin resentimiento– al (valores para soportar el peso de la
mezquino, al servil, al mentiroso) existencia). El malo –el aristócrata– es odiado
desde el resentimiento
Es una moral pasiva, igualadora,
Es una moral activa, creadora de valores (es acepta los valores impuestos (es
dionisíaca: es capaz de celebrar la novedad). apolínea: desea fijar el mundo de una vez por
todas, descansar de la vida)

36
Nietzsche usa aquí su “instinto filológico” para desenmascarar la moral. El sentido aristocrático de «malo» (Schlecht)
no tenía un sentido propiamente moral: se trata sólo de una deuda en sentido material. Serían los sacerdotes ascéticos
quienes le dan una dimensión moral al convertirlo en una culpa que hace al infractor malvado (Böse), es decir, una culpa
moral frente a Dios. La desgracia terrena pasa a explicarse según una economía de culpas, castigos y penitencias que
asegura el poder de la casta sacerdotal vuelta contra su propio pueblo a partir de la desaparición de la casta guerrera
judía.

- 21 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

En cuanto es una moral hecha


Moral hecha por los poderosos: por los débiles: quita valor al poder,
exalta la fuerza como valor, todo a la fuerza, a la capacidad de
lo que nos mantiene vivos, los supervivencia: desprecia los
instintos vitales. instintos. Por ello, inventa transmundos,
inversiones de la realidad.
El noble es consciente de su El siervo anhela la libertad y
libertad y su poder: su estado sabe de su debilidad: su estado anímico más propio
anímico más propio es el orgullo. es la suspicacia resentida.

c) La degeneración positivo-científica moderna: nihilismo y muerte de Dios. –Como se


adivinará ya, la voluntad de aniquilación subyacente no es en realidad cumplible por la voluntad de
venganza; por otro lado, tampoco se llega, bajo el imperio de los sacerdotes, a una sociedad
igualitaria (“ningún pastor y un solo rebaño”). –Es preciso, pues, aniquilar a la casta sacerdotal, a
Dios mismo y a todo orden y jerarquía en general. –El socialismo, el anarquismo, etc., no son, pues,
más que la consecuencia última de la moral del resentimiento propia de los esclavos (nihilismo
reactivo).
Mas ha muerto Dios, pero no lo verdaderamente fundamental: sus valores, empezando por la
igualdad de sus hijos. Occidente habrá de verse ahora enfrentado a la verdad, a la voluntad última
que ha animado su historia más profunda, su “historia efectiva” [Wirkungeschichte], que es una
voluntad de nada. Es a lo que habrá de conducir la pérdida de la esperanza en las revoluciones, en
toda teleología. Nietzsche, como vimos a propósito del Eterno Retorno, quiere acelerar ese proceso.
Es lo que llamábamos antes nihilismo activo. Zaratustra es el profeta de ese desenlace.

Nietzsche, como también apuntamos ya, encuentra en el positivismo y en la filosofía de su


tiempo los mismos valores cristianos, nihilistas, sólo que secularizados, empezando por la creencia
en una verdad o una realidad universalmente válida. O, lo que es lo mismo: extravital,
incondicionada, “absoluta”.
Así, pues, Nietzsche critica las siguientes creencias básicas que se incluyen en la práctica y
en la visión (vulgar o culta) de la ciencia, o que parecen estar vinculadas con ella:

1. –Su objetividad: con la expresión «conocimiento objetivo» nos referimos al que es capaz
de describir el mundo independientemente de las peculiaridades o rasgos de la persona o
grupo que lo alcanza. Un conocimiento es objetivo cuando no está influido por los intereses o
por los rasgos del sujeto, cuando describe las cosas sin añadirles nada que no les pertenezca
realmente.
Filósofos como Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Descartes y gran parte de lo
mejor de la tradición filosófica creyeron que la filosofía podía alcanzar este conocimiento
perfecto, aséptico, imparcial, y con la aparición de la ciencia moderna muchos consideraron
que se hacía real el afán por la verdad única y absoluta típico de todo el mundo occidental.
Sin embargo, la posición de Nietzsche es radicalmente contraria a estas afirmaciones y
conecta con otra línea filosófica históricamente más desacreditada: el relativismo, el
escepticismo y el subjetivismo/perspectivismo.

- 22 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

Nietzsche defiende el perspectivismo, esto es, la tesis según la cual todo


conocimiento se alcanza desde un punto de vista, punto de vista del que es imposible
prescindir: las características del «sujeto» que conoce (psicológicas, sociales, físicas, la
peculiaridad personal, la misma biografía) hacen imposible superar la propia perspectiva; no
podemos desprendernos de nuestra subjetividad cuando intentamos conocer la realidad;
incluso la creencia en la objetividad es un punto de vista más, pero un punto de vista que
esconde la relatividad de su origen, su dependencia de concepciones establecidas y no
evaluadas o controladas.

2. – La existencia de leyes naturales: en el mundo no existen leyes, las leyes que el científico
cree descubrir son invenciones humanas; no existen regularidades en el mundo, no hay leyes
de la Naturaleza. Si entendemos por leyes de la naturaleza supuestos comportamientos
regulares de las cosas, Nietzsche rechazará la existencia de dichos supuestos
comportamientos regulares y necesarios: ¿por qué las cosas iban a comportarse
regularmente?, ¿en virtud de qué necesidad?
Siguiendo un planteamiento ya conocido en la historia de la filosofía, el planteamiento
de Hume, Nietzsche considera que las relaciones entre las cosas no son necesarias (para
emplear un término clásico, son contingentes), son así pero perfectamente podrían ser de otro
modo. Las cosas se comportarían siguiendo leyes o necesariamente si hubiese un ser que les
obligase a ello (Dios), pero Dios no existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son
invenciones de los científicos.
Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente
existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden para
hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno hostil. «Las
cosas no se comportan regularmente conforme a una regla; no hay cosas (se trata de una
ficción); tampoco se comportan bajo necesidad. En este mundo no se obedece; pues el ser
algo tal cual es, de tal fuerza, de tal debilidad, no es el resultado de obediencia, regla ni
necesidad» (La voluntad de poder).
De hecho, ataca la noción misma de «ley» natural por considerarla una mala
transposición de un término jurídico. Si las leyes naturales fueran tales (es decir, necesaria),
no cabe pensar en una transgresión de las mismas.

3. – La validez del ejercicio de la razón: en este punto la crítica a la ciencia se incluye en la


crítica más general de toda actitud (incluida la filosófica) que considera a la razón como el
instrumento legítimo para el conocimiento. La razón no se puede justificar a sí misma: ¿por
qué creer en ella?; la razón es una dimensión de la vida humana, aparece de forma tardía en el
mundo y muy probablemente, dice Nietzsche, desaparecerá del Universo; y nada habrá
cambiado con dicha desaparición.
Junto con la razón, en el hombre encontramos otras dimensiones básicas (la
imaginación, la capacidad de apreciación estética, los sentimientos, el instinto,...) y todas
ellas pueden mover nuestro juicio, todas ellas son capaces de motivar nuestras creencias. La
razón no es mejor que otros medios para alcanzar un conocimiento de la realidad (en todo
caso es peor puesto que el mundo no es racional). La ciencia se equivoca al destacar
exageradamente la importancia de la razón como instrumento para comprender la realidad.

- 23 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

4. – Legitimidad de las matemáticas: la ciencia actual considera que la matemática es un


instrumento adecuado para expresar con precisión el comportamiento de las cosas. Para
Nietzsche, sin embargo, esta forma de entender el mundo es aún más errónea que otras
formas de cientificidad. Las matemáticas puras no describen nada real, son invenciones
humanas; en el mundo no existen líneas rectas, ni triángulos, ni ninguna de las perfectas
figuras a las que se refiere la geometría.
En el mundo no existen números, ni siquiera propiamente unidades. Cuando decimos
que algo es una cosa (una mesa, un árbol, ...), lo que hacemos es simplificar la realidad que se
nos ofrece a los sentidos, someterla a un concepto, esconder su pluralidad y variación
constante. Las matemáticas prescinden de la dimensión cualitativa del mundo, de su
riqueza y pluralidad.
Podemos entender la valoración que Nietzsche hace de la matemática comparándola
con la platónica: para Platón el matemático descubre entidades reales y objetivas que están
más allá del mundo físico, en el Mundo Absoluto de las Ideas; Nietzsche considera, sin
embargo, que no existen tales entidades, ni realizándose en el mundo físico ni, mucho menos,
en un mundo independiente y eterno: para Platón, Pitágoras «descubre» el teorema que lleva
su nombre, para Nietzsche, lo inventa.

En cuanto al origen de la ciencia, Nietzsche señala dos motivos:

– su utilidad: la ciencia nos permite un mayor control de la realidad, la previsión y dominio


del mundo natural; pero, recuerda frecuentemente, la eficacia no es necesariamente un signo
de verdad;

– es consecuencia de un sentimiento decadente: la ciencia sirve también para ocultar un


aspecto de la naturaleza que sólo los espíritus fuertes consiguen aceptar: el caos originario del
mundo, la dimensión dionisíaca de la existencia. La ciencia nos instala cómodamente en un
mundo previsible, ordenado, racional.

Con la consumación del proceso de decadencia nihilista, con la toma de conciencia de la


imposibilidad de hablar de verdad y de bien en un sentido absoluto, Occidente habrá de afrontar la
superación de sus valores. Esta superación habrá de comprender los siguientes rasgos:

― la renuncia consciente a todo transmundo;


― la asunción de la voluntad de poder como principio último, esto es, la condición
trágica de la existencia (todo lo que existe, está condenado a desaparecer);
― el ejercicio de las potencias creativas del hombre, estableciendo una nueva tabla de
valores –una nueva moral de señores, una nueva soberanía– que dé un nuevo sentido a la vida,
afirmándola en su eternidad (afirmación del Eterno Retorno).

Éstas habrán de ser, pues, las características básicas del Superhombre, del filósofo-artista.
En el arte se halla, pues, la esperanza para una nueva aristocracia, para los nuevos valores. La

- 24 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

condición creativa del hombre ha de ser asumida hasta el final, usando las armas de la ilusión al
servicio de la vida.
Los nuevos amos habrán de superar, en primera instancia, la compasión por lo malogrado y
por lo que aún tiene que endurecerse y formarse. 37 No otra que este empleo de los hombres como
materiales para una obra, la gran política, es la parte práctica de la “filosofía del martillo”. 38

6. – LAS INTERPRETACIONES DE NIETZSCHE

La filosofía de Nietzsche ha sido interpretada por infinidad de pensadores posteriores,


muchos de ellos, de primer nivel. Destaquemos las siguientes:

 El Nietzsche de los nacionalsocialistas, representado por Alfred Bäumler, Alfred


Rosenberg (El Mito del Siglo XX) y otros. Trataron de acercar el pensamiento de Nietzsche a
las ideas racistas, antisemitas, pangermanistas y totalitarias del nacionalsocialismo. El
esfuerzo, en realidad, había sido ya inaugurado por la propia hermana del filósofo, la
deleznable Elisabeth Förster Nietzsche, creadora del Archivo Nietzsche (Weimar), empresa
que continuó esta misma institución. Elisabeth no sólo manipuló la obra póstuma de su
hermano (El Anticristo, el inexistente libro La Voluntad de Poder…), sino que, además,
expurgó de sus papeles personales referencias “inconvenientes” a autores como Dostoyevski
(su edición anotada de Los Demonios) o el nihilista alemán Max Stirner (aunque ya se cuidó
el propio Nietzsche de no hablar demasiado en vida acerca del autor del excesivo libro El
Único y su propiedad). En realidad, Nietzsche había despotricado a menudo del racismo;
especialmente, del antisemitismo, precisamente. Había vertido palabras venenosas contra
Alemania y contra el Estado como institución.

 La interpretación de Heidegger, a quien dedicó unos seminarios a partir de 1936, recogidos


en dos gruesos volúmenes, es muy original, pero obvia al Nietzsche moralista, al Nietzsche
más preocupado en la historia y los problemas morales; no hace menciones a obras esenciales
como Genealogía de la moral o El Anticristo, etc., hasta el punto de que desprecia la práctica
totalidad de la obra publicada de Nietzsche (excepto el Zaratustra), fundándose en la
convicción de que lo realmente valioso son los fragmentos inéditos. Cierto es que hay quien
estima más al Nietzsche de Heidegger que al propio Nietzsche, pues no en vano Heidegger es
el filósofo más importante del siglo XX, pero la verdad es que usa a Nietzsche para presentar
su propia filosofía. Por otro lado, no es menos cierto que Heidegger contribuyó a la
“desnazificación” de Nietzsche con estos seminarios… para redimirse él mismo de su pasada
adhesión al régimen del III Reich.
Según este pensador, Nietzsche no rompe con la tradición filosófica; al contrario,
representa la culminación de la filosofía occidental (como onto-teo-logía) 39, centrada en

37
Finalmente, también la compasión por el hombre superior: la última tentación de Zaratustra.
38
La gran política pasa por una “naturalización de la moral”, en la que se ponen en juego tres disciplinas reorientadas: la
sociología, como una doctrina de los modelos de señorío; la teoría del conocimiento, como doctrina de la perspectiva de
los afectos; la metafísica y la teología: el Eterno Retorno como medio de disciplina y selección). –Ello conforma un saber
más allá de la creencia en la Verdad (en su sentido metafísico): la gaya ciencia.

- 25 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

el poder del sujeto humano sobre la realidad. Nietzsche aparentemente rechaza la razón
para sustituirla por la voluntad de poder. Pero, si se considera que la razón era ya, en el
fondo, poder, Nietzsche no hace más que extraer las últimas consecuencias de la metafísica. 40

 La interpretación de Jaspers se opone a la de Heidegger. Para Jaspers, Nietzsche es el


antimetafísico por excelencia, porque sustituye el ser por el valorar. La crítica de
Nietzsche a la moral oculta una intención paradójicamente ética. Nietzsche sustituye el ser
(la esencia) por el valor. Con ello no pretende exponer cómo es la realidad, sino enseñar una
actitud ante ella.

 Otra interpretación significativa es la de Eugéne Fink, uno de los primeros autores que se
esforzó en sistematizar el pensamiento de Nietzsche –tarea que a menudo parece condenada
al fracaso de antemano–, el cual sostenía que Nietzsche era a la vez sofista (sentido
peyorativo), y filósofo, por cuanto no se limita a confundir, sino que el mismo tiene una
propuesta.

 El Nietzsche “francés”: se basa en la recepción e interpretación de filósofos heterodoxos (y


también novelistas) como Georges Bataille (Sobre Nietzsche: Voluntad de suerte) o Pierre
Klossowski (Nietzsche y el círculo vicioso), del Colegio de Sociología Sagrada (College de
Sociologie Sacrée). Se centran en el lado más poético e igualmente heterodoxo de Nietzsche,
celebrando su culto a lo dionisíaco, al éxtasis (la experiencia “acéfala” 41 de la pulsión: lo
sagrado), etc. y, lo que es más importante, contribuyendo desde una nueva perspectiva a la
“desnazificación” del autor (por ejemplo, Bataille en su artículo Nietzsche y los fascistas). 42
A su tentativa siguieron las de Gilles Deleuze (Nietzsche y la filosofía) o Michel Foucault
(Freud, Marx, Nietzsche), quienes intentan no sólo contribuir a apartar el pensamiento de
Nietzsche del campo de la derecha, sino que tratan de ganarlo para el campo de la teoría
emancipatoria de sesgo ácrata. En Deleuze, especialmente, vemos una productiva
transformación mutua de la “economía libidinal” freudo-marxista y la “voluntad de poder”
nietzscheana. De esta forma, el deseo freudo-lacaniano es leído desde la perspectiva de la
voluntad de poder, al tiempo que Nietzsche pasa a engrosar las filas del proyecto de
liberación del deseo del “esquizoanálisis”, proyecto llevado a cabo junto con el psicoanalista
Felix Guattari (El Anti-Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia).
Por cierto, cabe señalar que el filósofo político y ex-senador italiano Norberto Bobbio
ha denunciado en más de una ocasión la improcedencia e incluso el riesgo de esta tendencia

39
“Onto-“, porque piensa el Ser a partir de lo presente, del Ente y lo reduce a ello; “-teo-“ porque fundamenta los entes
en uno considerado supremo (pero él mismo un ente); “-lógica” porque se basa en el pensar lógico y en el concepto de
verdad como correspondencia entre lo pensado “en la inteligencia” y la cosa como lo que está “fuera”.
Heidegger vaticina un pensar no metafísico, tomando inspiración en la poesía de Hölderlin o Stephan George.
De hecho, llega al extremo de sentenciar que ni siquiera hemos llegado a empezar a pensar todavía. Curiosamente, si
bien bebe en gran medida de la crítica destructiva de Nietzsche a la filosofía, considerará a éste como “el último
metafísico”, correspondiéndole el mérito de haber llevado a su límite crítico esa misma tradición a la que odiaba.
40
Para una ulterior profundización sobre la interpretación del filósofo de Selva Negra: https://s3-eu-west-
1.amazonaws.com/alaindebenoist/pdf/heidegger_critico_de_nietzsche.pdf.
41
Acéphale era precisamente el nombre de la revista del College. En su portada llevaba un impactante dibujo realizado
por André Masson que representa precisamente esta experiencia.
42
Para más información sobre Bataille y su Colegio: https://www.homines.com/palabras/acephale/index.htm.

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Tema 10 – Friedrich Nietzsche

de la izquierda a confluir con el pensamiento profundamente aristocratizante del filósofo de


Röcken.

- 27 -
Tema 10 – Friedrich Nietzsche

METAFÍSICA CONOCIMIENTO LENGUAJE MORAL CIENCIA


Una sola La estructura del
Orden moral en el
TRADICIÓN

interpretación de la lenguaje es la
La realidad es fija e mundo: existencia La realidad es fija e
realidad misma que la
inmutable (ser) de valores morales inmutable
(monoteísmo de la estructura de la
universales
verdad) realidad
Múltiples Inexistencia de
NIETZSCHE

El lenguaje es una La realidad es


La realidad es dinámica perspectivas de la ninguna ley moral
herramienta para dinámica y
y cambiante (devenir) realidad (politeísmo universal: inocencia
sobrevivir cambiante
de la verdad) del devenir

Transmundo y Los sentidos La realidad se La realidad es


TRADICIÓN

dualismo: hay dos engañan. Escisión divide en sujeto y lo Debes basado en conocida y
mundos y el verdadero entre apariencias y que se predica del Dios expresada en leyes
es el otro realidad sujeto científicas

Solo hay
Es una abstracción
NIETZSCHE

Inmanentismo y conocimiento a partir


En la realidad solo Placer y Dios ha que puede ser útil
monismo: no hay otro de los sentidos.
hay acción muerto pero que no refleja
mundo que este Identificación entre
lo real
apariencias y realidad
Creencia en la
TRADICIÓN

Las verdades se existencia de las


La realidad es
Hay esencias objetivas descubren (voluntad realidades con En contra de la vida
matematizable
de verdad) rasgos
permanentes
Constituye un
No existe nada de profundo error
NIETZSCHE

Las verdades se
No hay esencias manera reducir todas las
inventan (voluntad A favor de la vida
objetivas permanente y diferencias
de poder)
autoidéntica cualitativas a
cantidades
Existen esencias
TRADICIÓN

La realidad es universales Moral plebeya, Tiene un papel


Idealismo accesible a la (expresadas en gregaria, de directriz en la vida
inteligencia conceptos esclavos del hombre
universales)
NIETZSCHE

La realidad es No existen esencias Incapaz de orientar


Moral aristocrática,
Materialismo inaccesible a la universales, solo al hombre en los
de señores
inteligencia individuos asuntos vitales

Dios como Criterio de verdad: La realidad se


TRADICIÓN

fundamento: lo más correspondencia aprehende con Al servicio del


Rechaza el cuerpo
abstracto se pone entre el pensamiento nuestros Estado y del Todo
como principio y las cosas conceptos

Criterio de verdad: es
NIETZSCHE

El hombre se A favor del


verdadero lo que me El cuerpo es la
Dios ha muerto autoexpresa con Individuo y de lo
da vida, lo que realidad primordial
metáforas particular
aumenta mi poder

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