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EJE 3
LA LUCHA IDEOLÓGICA: PROGRESISTAS VS
CONSERVADORES
RIVADAVIA – ROSAS
BERNARDINO RIVADAVIA (1780-1845)
Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, nació en Buenos Aires el
29 de mayo de 1780. Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos en 1798 donde
cursó Gramática, Filosofía y Teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias,
abandonando los estudios en 1803.
Durante las invasiones inglesas. Se incorporó a las milicias con el grado de
Capitán en el cuerpo de "gallegos" donde tuvo una destacada actuación. El 14 de
agosto de 1809, a los 29 años se casó con una joven muy distinguida de la sociedad
porteña: Juana del Pino y Balbastro, hija del octavo virrey del Río de la Plata, Joaquín
del Pino. El matrimonio Rivadavia se muda a la calle Defensa 453 donde nacerán sus
cuatro hijos: Benito, Constancia, que morirá a los cuatro años, Bernardino y Martín.
Rivadavia participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo y votó contra la
continuidad del virrey. Pero no tuvo un rol protagónico en los sucesos de mayo. En el
enfrentamiento entre saavedristas y morenistas, tomó partido por estos últimos.
Cuando tras meses de enfrentamientos el 22 de setiembre de 1811 fue creado el
primer Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de
Sarratea; Rivadavia fue nombrado Secretario de Gobierno y Guerra. En el Triunvirato la
personalidad política de Rivadavia se impuso desde el primer momento y se tornó
protagónica. No pocos compararon al triunvirato con los tres mosqueteros que eran
tres pero eran cuatro y el cuarto era el más influyente de todos.
Sancionó e hizo jurar el 19 de diciembre de 1811, el Estatuto, por el cual el
Triunvirato se transformaba en la autoridad máxima, disolviendo la Junta Grande. Esto
provocó un gran descontento en el interior y le dio un carácter autoritario al Triunvirato.
La llegada de San Martín y Alvear a Buenos Aires, en 1812, y la creación de la Logia
Lautaro, se convirtieron en un escollo para el poder de Rivadavia, al que se sumaría la
palabra y la acción de Bernardo de Monteagudo desde de la Sociedad Patriótica. Todos
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estos elementos, sumados a las sucesivas derrotas militares sufridas por los ejércitos
patriotas, precipitaron los acontecimientos y provocaron la "revolución" del 8 de
octubre de 1812, el primer golpe de estado de la historia argentina. Ese día, las tropas
de San Martín y otros cuerpos militares, se hicieron eco del descontento popular y
derrocaron al primer Triunvirato, reemplazándolo por otro, afín a las ideas de la Logia y
la Sociedad Patriótica, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio
Alvarez Jonte.
Tras esta derrota, Rivadavia desapareció por dos años de la escena política,
hasta que el Director Supremo, Gervasio Posadas, le encargó en 1814 junto a Manuel
Belgrano una misión diplomática en Europa, con el objeto de obtener apoyos para la
revolución. El fracaso de la misión fue rotundo. Belgrano regresó en 1816, pero
Rivadavia permaneció en Londres hasta 1820. En Europa tomó contacto con círculos
intelectuales, políticos y económicos de España e Inglaterra que le proporcionaron gran
parte de su formación y le aportaron importantes contactos que le serían muy útiles en
los años venideros.
Tras el tumultuoso año 20 y la caída de las autoridades nacionales, Martín
Rodríguez fue nombrado, en abril de 1821, gobernador titular de Buenos Aires con
"facultades extraordinarias sin límite de duración", "protector de todos los derechos y
conservador de todas las garantías", designó a Bernardino Rivadavia como Ministro de
Gobierno, un cargo muy importante equivalente al de un Primer Ministro actual.
Rivadavia había regresado de Inglaterra muy entusiasmado por las doctrinas
económicas y políticas vigentes en la capital de la Revolución Industrial.
Pero la situación de la Provincia de Buenos Aires difería enormemente de la
europea. Aquí no había industrias, ni una burguesía con ganas de aplicar las nuevas
técnicas del progreso y mucho menos de arriesgar sus seguras ganancias ganaderas
en "aventuras industriales". En definitiva las ideas de Rivadavia que eran las del
liberalismo progresista de principios de siglo, no tenían por estas tierras base de
sustentación en una clase dirigente muy conservadora y desconfiada de las
novedades. De todas maneras el ministro Rivadavia llevó adelante una serie de
reformas que intentaron modificar la estructura del estado bonaerense y hasta la
relación de éste con el poder eclesiástico.
En noviembre de 1821 se dictó una ley de olvido para promover la pacificación
que permitió el retorno de desterrados como Alvear, Sarratea, Soler, Dorrego y Pagola.
También lanzó una reforma eclesiástica que le traería graves problemas. . Suprimió los
fueros eclesiásticos, que permitían a las órdenes monásticas tener sus propias cortes
de justicia; confiscó las propiedades de las órdenes religiosas y creó instituciones que
competían en áreas de poder e influencia que había sido patrimonio de la Iglesia: fundó
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la Universidad de Buenos Aires, la Sociedad de beneficencia y el Colegio de Ciencias
Morales.
Rivadavia suprimió los Cabildos, último resabio de la organización política
colonial, y estableció una novedosa ley electoral que incluía el sufragio universal, con
las limitaciones propias de la época. La nueva ley establecía que tenían derecho al voto
todos los hombres libres nativos del país o avecindados en él mayores de 20 años, pero
sólo podían ser elegidos para los cargos públicos los ciudadanos mayores de 25 "que
poseyeran alguna propiedad inmueble o industrial".
Por iniciativa de Rivadavia, el gobierno contrató en 1824, un empréstito con la
firma inglesa Baring Brothers por un millón de Libras. El nacimiento de la Casa Baring
coincide con el de la gran política financiera del Imperio Británico. El empréstito se
contrataba con el objetivo de crear pueblos en la frontera con el indio, fundar un
Banco, construir una red de agua y un puerto. Los gestores fueron: Braulio Costa, Félix
Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson y en
su conjunto se llevaron 120.000 Libras del monto total del crédito en carácter de
comisión. Descontadas las comisiones de los seis gestores, dos de los cuales eran
ingleses, los gastos de emisión y varias cuotas adelantadas, llegaron a Buenos Aires
sólo 570.000 Libras, la mayoría en letras de cambio sobre casas comerciales británicas
en Buenos Aires propiedad de los gestores del empréstito. Pero la deuda se asumía por
el total: 1 millón de Libras. El dinero del empréstito, por diversas circunstancias, no se
destinó a la construcción de obras públicas como había sido previsto. Se dilapidó en
gastos improductivos. Para 1904, cuando se terminó de pagar el crédito, la Argentina
había abonado a la Casa Baring Brothers la suma de 23.734.766 pesos fuertes.
Todas las tierras públicas de la provincia quedaron hipotecadas como garantía
del empréstito. Rivadavia decidió entonces aplicar el sistema de "enfiteusis" por el cual
los productores rurales podrían ocupar y hacer producir las tierras públicas, no como
propietarios sino como arrendatarios. El monto del canon que debían pagar al Estado lo
fijaban los mismos arrendatarios de manera que terminó siendo insignificante. Los
grandes propietarios aprovecharon el sistema de enfiteusis para acaparar enormes
extensiones de tierra con el desembolso mínimo que les permitía la ley.
Poco después de concedido el empréstito, el 31 de marzo de 1824, llegó a
Buenos Aires un nuevo Cónsul de Su majestad, Mr. Woodbine Parish. El funcionario traía
la misión de firmar un tratado de Libre Comercio y Amistad cuyo texto era idéntico al
impuesto por William Huskisson -jefe del "Board of trade" londinense- a todas las ex
colonias de Hispanoamérica, que ambicionaban ser reconocidas.
Al mismo tiempo, este tratado impuesto por Inglaterra como requisito previo
para el reconocimiento de nuestra independencia, y firmado el 2 de febrero de 1825,
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sellará el destino del país como nación dependiente de una nueva metrópoli que le
asignó un papel inamovible en la división del trabajo que imponía al mundo: el de
simple productor de materias primas y comprador de manufacturas.
En medio de una prosperidad que iba en aumento, con sus instituciones
reformadas, Buenos Aires, conducida por Rivadavia, no abandonaba sus viejos planes
con relación a la organización del país.
Ya a partir de 1823 la Provincia había comenzado a tender los hilos para reunir
un nuevo Congreso cuyo cometido era, fundamentalmente, el de dar una Constitución
al país que permitiera su organización. Se buscaba además apoyo para solucionar el
problema de la Banda Oriental incorporada al Brasil con el nombre de Provincia
Cisplatina. Lentamente, la iniciativa fue prendiendo, y en diciembre de 1824
representantes de todas las provincias de la época -incluidos los de la Banda Oriental,
Misiones y Tarija- comenzaron a sesionar en Buenos Aires, cuyo gobierno era ejercido
por Las Heras.
El Congreso tomó diversas medidas, entre ellas la Ley Fundamental, la Ley de
Presidencia y la Ley de Capital del Estado. La Ley Fundamental promulgada en 1825,
daba a las provincias la posibilidad de regirse interinamente por sus propias
instituciones hasta la promulgación de la Constitución, que será ofrecida a su
consideración y no será promulgada ni establecida hasta que haya sido aceptada. Este
promisorio comienzo sufrirá sus primeras grietas el 6 de febrero de 1826 con la
creación del cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los
defensores del proyecto pretendieron utilizar la situación de guerra con el Brasil, para
transformar en permanente el cargo provisorio que había sido delegado en el gobierno
de Buenos Aires. El candidato elegido fue Bernardino Rivadavia, lo que molestó aún
más a las provincias puesto que representaba a la tendencia unitaria.
La Ley de Capital del Estado, proyecto presentado por el nuevo presidente y
aprobado de inmediato, le hizo perder a Rivadavia también el apoyo de los porteños.
La ciudad de Buenos Aires quedaba bajo la autoridad nacional, hasta que ésta
organizara una provincia. La provincia había desaparecido, contraviniéndose así lo
expresado por la Ley fundamental de 1825.
Se terminó por aprobar en diciembre de 1826 una Constitución que, si no fuera
por su declarado republicanismo, coincide en cuanto a su tendencia centralizadora con
la de 1819 y, como aquella, provoca la airada repulsa de los caudillos y los pueblos.
Así fracasó este nuevo intento de organizar al país. Rivadavia renunció en junio de
1827. Pocos días después el poder nacional quedaba disuelto cobrando nuevos
impulsos la guerra civil y las autonomías provinciales.
Rivadavia se retiró definitivamente de la vida pública. En 1829 parte hacia
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Francia, dejando a su familia en Buenos Aires. En Paría vuelve a su oficio de traductor.
Pasan por sus manos "La Democracia en América" de Tocqueville; "Los viajes" y "El arte
de criar gusanos de seda" de Dándolo. En 1834 decide regresar a Buenos Aires. Pero el
gobierno de Viamonte le impide desembarcar. Su mujer y su hijo Martín, que lo
esperaban en el puerto, suben al barco y se suman al exilio de Rivadavia. Los hijos
mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y
están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.
Los Rivadavia se instalan primero en Colonia y luego pasan a Brasil. Allí, tras un
accidente doméstico, murió Juanita del Pino en diciembre de 1841. Martín volvió a
Buenos Aires a unirse a sus hermanos y Rivadavia decidió a fines de 1842 partir hacia
Cádiz, donde se instaló junto a dos sobrinas, en una modesta casa del barrio de la
Constitución. Tenía sesenta y cinco años cuando hizo modificar su testamento al
advertir que sus sobrinas le estaban robando la poca plata labrada que le quedaba. El 2
de septiembre de 1845, pocos días después de este episodio, murió pidiendo que su
cuerpo "no volviera jamás a Buenos Aires". Sin embargo sus restos fueron repatriados
en 1857 y desde 1932 descansan en el mausoleo levantado en su honor en Plaza
Miserere.
La Educación en la época de Rivadavia
Rivadavia generaba un culto hacia la ciencia oponiéndose a la educación
teocrática que se heredaba de la Colonia. Cuando integró el primer Triunvirato funda
las escuelas de Primeras Letras.
Debido a la falta de educadores y a la delicada situación económica, introduce
en el Río de la Plata el sistema Lancasteriano, nombrando al especialista Diego
Thomson, Director General de Escuelas. Entre sus principales logros se destacan:
decretó la obligatoriedad escolar, fundó la sociedad de beneficencia para dirigir las
escuelas para niñas, promovió el desarrollo de la educación media abriendo el colegio
de Ciencias Morales (base del colegio de la Unión del Sud), desarrolló la enseñanza de
la ciencia a través de la creación del Departamento de estudios preparatorios de la
Universidad.
En 1821, crea la Universidad de Buenos Aires, optando por el modelo
napoleónico para estructurar el sistema educativo. El modelo napoleónico (o piramidal)
lo había observado en su paso por Francia, donde el Rector de la Universidad se
encuentra a la cabeza de todo el sistema, lo que permitía centralizar la educación en el
poder porteño. La Universidad recién tomó impulso después de la Batalla de Caseros
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(1852), bajo el rectorado de Juan M. Gutiérrez quién impulsó la redacción del
Reglamento universitario y el sistema de concursos para acceder a las cátedras.
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Fundación: 12 de Agosto de 1821
Primer Rector Antonio Sáenz
Bajo su órbita quedan los centros de enseñanza:
Primeras Letras
Estudios Preparatorios
Ciencias Exactas
Ciencias Sagradas
Medicina
Jurisprudencia
Luego se transformarían en Facultades
Unitarios vs Federales
UNITARIOS FEDERALES
Unitarios es el nombre con que se conoció En Argentina el original Partido Federal fue un grupo
al partido de tendencia liberal, aliado a Gran que luchaba para establecer el sistema federal en la
Bretaña, que sostenía la necesidad de un gobierno República. El federalismo proviene desde tiempos de
centralizado en las Provincias Unidas del Río de la la revolución de Mayo, y tiene a su líder máximo en
Plata, llamadas Provincias Unidas en Sud América en la figura de José Gervasio Artigas, fundador de la
la Declaración de la Independencia, después Liga de los Pueblos Libres, posteriormente Liga
llamada República Argentina, en el siglo XIX. Federal. Hasta la segunda mitad del Siglo XIX
continuó en lucha con el Partido Unitario para decidir
sobre la organización política del país.
El unitarismo derivaba del centralismo de tiempos El federalismo era concebido como una forma de
de la independencia y del modelo de estado organización basada en la asociación voluntaria de
centralizado que ofrecía la Francia napoleónica, y las partes (las provincias) que delegaban algunas de
consideraba que la Nación preexistía a las sus atribuciones para constituir el poder central,
provincias, y que éstas eran simples divisiones pero conservaban su autonomía.
internas con escasa autonomía.
. Si bien el grupo federal estaba integrado por
. Los unitarios fueron un grupo integrado en su diversos sectores, la mayoría lo constituían caudillos
mayoría por la elite porteña: miembros de la clase y gente de las provincias que se oponían al dominio
alta, intelectuales, militares, etc. Estos defendían absolutista porteño y algunos a que Buenos Aires
principalmente los intereses de Buenos Aires y el fuese capital del país. Los federales defendían las
centralismo porteño. Buscaban que Buenos Aires autonomías provinciales: cada provincia debía tener
fuera la cabeza y capital del país y que fuera ésta la su propio gobierno, constitución, leyes y economía;
que tomara las decisiones sin consultar a las sin embargo, reconocían la existencia de un
provincias. gobierno nacional con poder limitado y encargado
solo de algunas cuestiones (por Ej. las relaciones
exteriores del país)
. En el aspecto económico defendían el liberalismo,
el libre comercio, querían que Buenos Aires fuera
puerto y aduana único, permitir la libre navegación . En el aspecto económico existía una clara división
de los ríos a buques europeos y modernizar el entre el litoral argentino y el interior. El litoral
sistema financiero mediante la creación de un banco buscaba el libre comercio y la libre navegación de
emisor de papel moneda y la contratación de los ríos interiores, oponiéndose al dominio de los
empréstitos para la ejecución de obras. mismos por el gobierno de Buenos Aires, mientras
que el interior proponía el proteccionismo
económico.
. Los federales rechazaban los ideales del
establecimiento de un sistema centralizado que
coartara la independencia de las provincias. Tenían
un pensamiento tradicionalista y defendían las
costumbres propias “gauchescas” y nacionales.
Afirmaban que el sistema federal se adaptaba a las
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características nacionales, dada la extensión del
territorio y sus regionalismos económicos y políticos.
Diferencias entre Unitarios y Federales
Las diferencias ideológicas entre unitarios y federales se fueron formando a partir de la
crisis de 1820, con la caída del Directorio y el fracaso de la constitución de un estado
centralizado.
Los federales estaban representados principalmente por el porteño Manuel Dorrego,
máximo exponente del llamado federalismo doctrinario, por el gobernador de Santa Fe,
Estanislao López, y por el caudillo oriental Gervasio Artigas que ejercía su influencia
sobre las provincias del Litoral. Los unitarios eran los llamados inicialmente
"directoriales" por formar parte del Directorio. Su principal ideólogo fue Bernardino
Rivadavia. En este grupo también participaba un sector conservador como los
Anchorena y Felipe Arana, que luego se volcará al federalismo rosista.
El fusilamiento de Manuel Dorrego en diciembre de1828, fue el acontecimiento que
dividió profundamente las aguas y radicalizó las posturas, convirtiéndose en una lucha
a muerte. Tras fusilar a Dorrego, Lavalle marcha hacia Santa Fe para encontrarse con
Paz, pero es derrotado en Puente de Márquez por las fuerzas aliadas de López y Juan
Manuel de Rosas. Los Federales estaban representados por Rosas, Estanislao López y
Facundo Quiroga y los unitarios por los generales Juan Lavalle y José María Paz.
Los unitarios se distinguieron por su mentalidad europeizante que bebía en las
ideas de los españoles afrancesados y liberales como Floridablanca y en el
racionalismo iluminista de Voltaire. Masones e incrédulos, anticlericales, rechazaban la
España católica de los Habsburgo como símbolo del atraso y del oscurantismo. Fueron
extranjerizantes porque no valoraron lo nativo. Para estas élites ilustradas, "hombres
de galera y de levita" la civilización y el progreso venían de Europa, y era equivalente a
la vida en las ciudades. La barbarie en cambio era lo autóctono, lo telúrico, la vida
pastoril, según la famosa antítesis de Sarmiento en el Facundo. Estuvieron a favor del
régimen de unidad o centralista, a imitación de la Revolución francesa, porque
consideraban a las provincias semibárbaras incapaces de gobernarse a sí mismas,
pasando a ser meros distritos administrativos subordinados al poder central. Partidarios
del despotismo ilustrado, porque despreciaban a las masas y al gaucho, y por ende
adoptaron una actitud aristocratizante
Ligados a los intereses del puerto de Buenos Aires, fueron partidarios del libre cambio,
vinculado al comercio con Inglaterra, que arruinó las manufacturas del interior.
Localizaron la nacionalidad en la zona de dominio del puerto, por ello la pérdida de la
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Banda Oriental y del Alto Perú se justificaba porque convenía a sus intereses,
oponiéndose al ideal sanmartiniano de unión sudamericana.
Los federales, en cambio, tuvieron un sentimiento americanista, que recogía la
tradición hispánica de respeto a los fueros locales, y por eso defendían las autonomías
provinciales. Sus representantes fueron los caudillos, conductores de las masas criollas,
quienes se caracterizaron por su espíritu democrático y por poseer una visión realista y
no teórica del país. Son los "hombres de poncho y chiripá". Opusieron al librecambio el
establecimiento de un régimen proteccionista que defendiera la manufactura nacional
y nos liberara de la dependencia comercial con Inglaterra. El primer hecho de carácter
institucional que dio origen a la Confederación Argentina fue el Pacto Federal del 4 de
enero de 1831 realizado entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, al
que posteriormente adhirió Corrientes. Fue una alianza ofensiva-defensiva para
contrarrestar a la Liga Unitaria creada por el General unitario Paz desde Córdoba.
Vencido éste y deshecha la Liga, el resto de las provincias firmó el pacto. Su
importancia estuvo en que constituyó el pilar sobre el que se basó la Constitución de
1853. Los unitarios el dictado de una constitución para organizar el país. Su planteo era
teórico, las clases ilustradas eran las únicas habilitadas para manejar el país, no tenían
en cuenta la realidad del país y por eso fracasaron en todos sus intentos: la
constitución de 1819, centralista y pro-monárquica, y la constitución de 1826
rechazada por los caudillos del interior. Para ellos el dictado de la constitución era el
punto de partida de la organización nacional.
JUAN MANUEL DE ROSAS (1793 - 1877)
Juan Manuel de Rosas, el restaurador de las Leyes, el estanciero más poderoso
de Buenos Aires, y a la vez uno de los gobernadores con más consenso en toda la
historia de la provincia, nació en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793. Cursó sus
primeros estudios en el colegio privado que dirigía Francisco Javier Argerich. Pero su
vocación no iba para el lado de las letras sino para las tareas rurales. Durante las
invasiones inglesas participó activamente de la defensa en el regimiento de Migueletes
de Caballería. Tras la reconquista volvió al campo. Se mantuvo completamente al
margen de los sucesos de la revolución de mayo, de la que dirá años más tarde: "En los
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tiempos anteriores a la revolución la subordinación estaba bien puesta, sobraban
recursos y había unión."
En marzo de 1813 se casó con Encarnación Ezcurra, quien sería su compañera
en la vida y en la política. Tras el casamiento Rosas devuelve a sus padres los campos
que les administraba y decide formar su propia empresa. En noviembre de 1815 se
asoció con Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego en una compañía destinada a la
explotación ganadera, saladero de pescado y exportación de productos varios en la
estancia de "Los Cerrillos". La dirección de sus estancias le dio a Rosas un gran
conocimiento sobre la vida y las costumbres de sus peones. "Me propuse adquirir esa
influencia a toda costa; para ello fue preciso hacerme gaucho como ellos, protegerlos,
hacerme su apoderado, cuidar de sus intereses, en fin no ahorrar trabajo ni medios
para adquirir más su confianza."
Tras la caída del Directorio, en 1820 Rosas comienza a participar activamente de
la política bonaerense. Apoyó e impuso la candidatura de Martín Rodríguez a la
gobernación de Buenos Aires. Participó activamente en el Pacto de Benegas entre
Santa Fe y Buenos Aires y se hace cargo de entregarle al caudillo santafecino,
Estanislao López, 30.000 cabezas de ganado.
El derrocamiento de Dorrego y su posterior fusilamiento a manos de Lavalle,
vuelve a colocar a Rosas en el primer plano de la política. El 8 de Diciembre de 1829 la
sala de representantes proclamó a Juan Manuel de Rosas gobernador de Buenos Aires
otorgándole las facultades extraordinarias y el título de Restaurador de las Leyes.
Rosas llevó a cabo una administración provincial ordenada. Recortó los gastos y
aumentó los impuestos, superando lentamente el déficit fiscal heredado. Reanudó las
relaciones con la Santa Sede, suspendidas desde 1810.
Fue el sector terrateniente el que sustentó el liderazgo rosista. La estructura
social durante el período rosista, estuvo basada en la tierra. La gran estancia era la que
confería status y poder. Acompañaban a Rosas en el poder los grupos dominantes
porteños que no estaban dispuestos a compartir las rentas de la aduana con el resto de
las provincias. El restaurador les garantizaba el orden y la disciplina social necesarios
para desarrollar sus actividades económicas. Rosas gozaba de un gran predicamento
entre sectores populares de Buenos Aires, y, de esta forma, aparecía ante los
terratenientes de la provincia como el único capaz de contener y encauzar las
demandas de las clases bajas.
En agosto de 1830 varias provincias del interior conforman la Liga Unitaria bajo
el liderazgo del General Paz. En enero de 1831 Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos
firmaron el Pacto Federal, una alianza político militar para terminar con los unitarios de
Paz. Finalmente Paz será derrotado y capturado por López. Rosas, López y Quiroga
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dominaban la confederación. Pero el restaurador demostró ser el más poderoso y
continuó aislando a Buenos Aires de las otras provincias.
En 1832 Rosas fue reelecto como gobernador de Buenos Aires. Exigió que se le
renovaran las facultades extraordinarias. La sala de representantes se opuso y Rosas
renunció. Fue electo el general Juan Ramón Balcarce, candidato de Rosas que, entre
1833 y 1834, emprendió una campaña al desierto financiada por la provincia y los
estancieros bonaerenses preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades.
Rosas combinó durante la campaña la conciliación con la represión. Pactó con los
Pampas y se enfrentó con los ranqueles y la Confederación liderada por Juan Manuel
Calfucurá. Según un informe que Rosas presentó al gobierno de Buenos Aires a poco de
comenzar la campaña, el saldo fue de 3200 indios muertos, 1200 prisioneros y se
rescataron 1000 cautivos blancos. El éxito obtenido por el restaurador en la campaña
aumentó aún más su prestigio político entre los propietarios bonaerenses, que
incrementaron su patrimonio al incorporar nuevas tierras y se sintieron más seguros
con la amenaza indígena bajo control.
Rosas se alejó de la provincia pero no de los manejos políticos. Su mujer,
Encarnación Ezcurra era su fiel representante y con el apoyo de la mazorca, conspiró
contra los gobiernos de Balcarce, Viamonte y Maza que se sucedieron durante la
ausencia del restaurador. La agitación política conducida por Encarnación contribuyó de
manera decisiva a crear un clima de gran inestabilidad favorable a los intereses de
Rosas. Un hecho agravará aún más la situación. El caudillo riojano Juan Facundo
Quiroga, residía por entonces en Buenos Aires bajo el amparo de Juan Manuel de Rosas.
Quiroga había manifestado al Restaurador sus inquietudes sobre la necesidad de
convocar a un congreso y organizar constitucionalmente al país. Rosas se opuso
argumentando que no estaban dadas las condiciones mínimas para dar semejante
paso y consideraba que era imprescindible que, previamente, cada provincia se
organice. A Rosas no se le escapaba que la organización nacional implicaría la pérdida
para Buenos Aires del disfrute exclusivo de las rentas aduaneras, entre otros
privilegios.
Ante un conflicto desatado entre las provincias de Salta y Tucumán, el
gobernador de Buenos Aires, Manuel Vicente Maza (quien respondía políticamente a
Rosas), encomienda a Quiroga una gestión mediadora. Tras un éxito parcial, Quiroga
emprendió el regreso y fue asesinado el 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco,
provincia de Córdoba. La muerte de Quiroga determinó la renuncia de Maza y provocó
entre los legisladores porteños que prevaleciera la idea de la necesidad de un gobierno
fuerte, de mano dura. Por una amplia mayoría de votos, expresados en la legislatura y
a través de un plebiscito que dio un resultado de 9.713 votos a favor y 7 en contra, fue
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electo nuevamente Juan Manuel de Rosas, en marzo de 1835, esta vez con la suma del
poder público.
La hegemonía rosista se consolidó mediante la unificación ideológica del pueblo
de Buenos Aires a través del uso obligatorio de la divisa punzó, del riguroso control de
la prensa; y de una dura represión a la oposición ideológica y política realizada por la
Sociedad Popular Restauradora, conocida como la "mazorca", la fuerza de choque de
Rosas, encargada de la intimidación y la eliminación de los opositores. Durante el largo
período rosista, la mazorca se cobró miles de víctimas.
En 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas, que protegía a las materias primas
y productos locales, prohibiendo en algunos casos y gravando con altos aranceles en
otros el ingreso de la mercadería importada que pudiera perjudicar a la producción
nacional. La Ley favoreció a las provincias pero sobre todo a Buenos Aires que aumentó
notablemente sus ingresos aduaneros. Todo producto argentino destinado al exterior
debe pagar su tributo a Buenos Aires y todo producto extranjero destinado a cualquier
parte del país deber pagar también a Buenos Aires. Mediante este procedimiento
Buenos Aires puede estimular cierta actividad económica del interior y boicotear otra,
determinando qué mercadería extranjera y de qué países de procedencia podrá
consumir el interior. Quedaban en manos de Buenos Aires las llaves para favorecer o
empobrecer a determinados grupos sociales de las provincias.
En esta segunda gobernación Rosas: favoreció la venta o el otorgamiento de las
tierras públicas que pasaron a manos de los grandes ganaderos. Otorgó opción de
compra de tierras a los arrendatarios de contratos de enfiteusis facilitando así el
acceso a la propiedad privada tanto al norte como al sur del río Salado.
Rosas mantuvo durante gran parte de su mandato excelentes relaciones con los
comerciantes británicos y su gobierno. Francia no había obtenido de Rosas un tratado
comercial como el que Inglaterra había conseguido de Rivadavia. Los ciudadanos
franceses no estaban exentos de hacer el servicio militar como los británicos. Rosas,
además había encarcelado a varios franceses acusados de espionaje. Se produce un
conflicto diplomático y las naves francesas que estaban estacionadas en el Río de la
Plata, bloquearon el puerto de Buenos Aires a fines de marzo de 1838.
El bloqueo se mantuvo por dos años generando una obligada política
proteccionista, más allá de la Ley de Aduana y produjo ciertas grietas en el bloque de
poder. Los ganaderos del Sur de la provincia se rebelaron contra Rosas ante la caída de
los precios de la carne y las dificultades provocadas por el cerco francés al puerto. En
octubre de 1840, finalmente por tratado Mackau - Arana, Francia pone fin al bloqueo. El
gobierno de Buenos Aires se comprometió a indemnizar a los ciudadanos franceses, les
otorgó los mismos derechos que a los ingleses y decretó una amnistía.
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Concluido el conflicto con Francia, Rosas limitó la navegación de los ríos Paraná
y Uruguay. Bloqueó el puerto de Montevideo y ayudó a Oribe a invadir el Uruguay y a
sitiar la capital en 1843. Estas actitudes de Rosas afectaron los intereses de los
comerciantes y financistas extranjeros. En 1845, el puerto de Buenos Aires fue
bloqueado nuevamente, esta vez por una flota anglo-francesa. A pesar de la heroica
resistencia de Lucio N. Mansilla y sus fuerzas, en la Vuelta de Obligado, una flota
extranjera rompió las cadenas colocadas de costa a costa y se adentró en el Río
Paraná.
El bloqueo no sólo afectaba los intereses de los extranjeros, también
perjudicaba a los estancieros del Litoral que no podían navegar libremente por el río
Paraná y debían comerciar sus productos por el puerto de Buenos Aires, entre los
afectados estaba Justo José de Urquiza, que gobernaba la provincia de Entre Ríos desde
1841. Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847 mientras que los franceses lo
hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante los bloqueos le valió la
felicitación del General San Martín y un apartado especial en su testamento: "El sable
que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le
será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que,
como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la
República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de
humillarla." Recién en 1850 quedaron normalizadas las relaciones con Inglaterra y
Francia.
Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los
estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos disponían de
importantes reservas para sobrellevar los malos tiempos y de ventajas de todo tipo,
entre ellas impositivas. Por otra parte, durante este período se restringe el sacrificio de
animales de manera que al finalizar los bloqueos, las estancias se encuentran con su
ganado multiplicado y listo para ser exportado.
Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a
la conducción de las relaciones exteriores de la confederación, en la seguridad de que
no le sería aceptada. En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto, conocido
como el pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y
reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores.
El conflicto era en esencia económico: Entre Ríos venía reclamando la libre
navegación de los ríos, -necesaria para el florecimiento de su economía- lo que
permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por
Buenos Aires. Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió enfrentar al
gobierno bonaerense. El emperador de Brasil, Pedro II proveería infantería, caballería,
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artillería y todo lo necesario, incluso la escuadra. En las provincias la actitud de Urquiza
despertó diversas reacciones. Córdoba declaró que era una infame traición a la patria y
dijo que "Urquiza se había prostituido a servir de avanzada al gobierno brasileño".
Otras se pronunciaron en sentido similar e intentaron formar una coalición militar para
defender a Rosas, pero ya era demasiado tarde. Urquiza alistó a sus hombres en el
''ejército grande" y avanzó sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de
Caseros, el 3 de Febrero de 1852.
Vencido, el Gobernador de Buenos Aires se embarcó en el buque de guerra
"Conflict" hacia Inglaterra. Allí se instaló en la chacra de Burguess, cerca de
Southampton acompañado por peones y criados ingleses. El gobierno porteño,
instalado el 11 de septiembre de 1852, confiscó todos sus bienes y dependía para vivir
de los recursos que le enviaban sus amigos desde Buenos Aires. Volvió a dedicarse a
las tareas rurales hasta su muerte ocurrida el 14 de marzo de 1877, a los ochenta y
cuatro años.
Unos años antes había escrito una especie de testamento político:"Durante el
tiempo en que presidí el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones
Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del poder por la ley, goberné
según mi conciencia. Soy pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos
buenos como los malos, de mis errores y de mis actos. Las circunstancias durante los
años de mi administración fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante
ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos".
Rosas y la Educación
La educación en la época de Rosas estaba representada por sectores
prohispánicos que sostenían que la misma debía tener una concepción colonial siendo
propiedad de la Iglesia católica, ubicando al Padre Segurola como Inspector de
Escuelas. Esta ideología combatía las concepciones pedagógicas modernas, el laicismo
liberal, el protestantismo y los intereses ingleses, bajo el lema “Religión o muerte”.
Este grupo buscaba la homogeneización de los programas escolares bajo una doctrina
basada en el conservadurismo popular con contenidos americanistas, antieuropeo y
antiunitario. Los docentes debían adherirse al gobierno llevando la divisa rojo-punzó y
participando de los rituales federales. También controló las actividades de docentes
extranjeros (principalmente los franceses).
El gobierno rosista desestructuró el sistema de educación pública que había
creado Rivadavia (sistema piramidal), determinando que los fondos de la educación
debían destinarse al financiamiento de los gastos militares (guerra con Bolivia, el
bloqueo anglo francés, etc.) estableciendo aranceles en las escuelas estatales y
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recortando los gastos de la Universidad. Los salarios de los docentes debían estar a
cargo de los padres o deudos, generando una educación, prácticamente, en manos
privadas.
Rosas persiguió a todos los que se oponían a sus ideales, particularmente a los
integrantes que conformaban la Generación del 37. En este período hubo censura de
prensa y quema de libros, particularmente los que hacían alusión a la revolución
francesa y expulsó a los intelectuales liberales dando origen al término “afrancesados”
(los asociaba con los integrantes de la escuadra francesa que quería invadir el Río de la
Plata).
Juan Facundo Quiroga
(La Rioja, 1788 - Barranca Yaco, 1835) Militar y político argentino. Reveló desde niño una audacia
y temeridad notables. En 1806 sus padres lo enviaron a Chile con un cargamento de granos y el
joven Facundo se jugó el producto de la venta y lo perdió. Trabajó como peón en una estancia en
Plumerillo y los acontecimientos de Mayo de 1810 lo sorprendieron en Buenos Aires.
Allí fue enrolado en el regimiento de Arribeños. Tenía condiciones para el mando pero no para
Juan Facundo
someterse Quiroga
a la rígida disciplina militar, por lo que desertó. Hacia 1816-1818 se desempeñó como
capitán de milicias adiestrando reclutas, capturando desertores, organizando milicianos para los
ejércitos de la patria y participando en algunas acciones contra los españoles.
Juan Facundo Quiroga, que se ganó el apodo de Tigre de los Llanos, volvió a mostrar su audacia
deponiendo al gobernador Francisco Ortiz de Ocampo, a quien reemplazó por Nicolás Dávila;
pero cuando, en 1823, éste se negó a renunciar según lo dispuesto por la Sala de
Representantes, Quiroga se adueñó del mando. Aun cuando permaneció en el cargo sólo dos
meses, a partir de entonces dominó la escena política de su provincia e incluso de las aledañas.
Ordenó no enviar tropas a la guerra con Brasil y desconoció leyes dictadas por el gobierno de
Buenos Aires. Derrotó a Lamadrid en dos ocasiones: primero en Tala (1826) y más tarde en
Rincón (1827). El general unitario Paz lo venció en Oncativo, pero, auxiliado por Rosas, rearmó su
ejército y terminó por imponerse en el norte y en la región andina. Se alejó de la política y residió
en Buenos Aires desde 1833 hasta finales del año siguiente, cuando aceptó mediar en un
conflicto entre las provincias de Tucumán y Salta.
En 1835, al enterarse de la muerte del gobernador tucumano Latorre, inició un viaje sin retorno:
al pasar por Barranca Yaco, Córdoba, fue muerto por una partida encabezada por Santos Pérez.
La imagen que Sarmiento transmitió lo caracteriza como la estampa de la barbarie en oposición
a la civilización. No obstante, suele olvidarse que el Tigre de los Llanos fue uno de los pocos que
acudieron a despedir a Rivadavia cuando éste marchó al exilio, además de ofrecerle dinero y sus
servicios. En algunas ocasiones Quiroga se lamentó de sus errores y de haber desconocido la
Constitución de 1826 por sugerencias interesadas de Buenos Aires.
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
Ramallo, J.M., Etapas de la educación argentina
Puiggrós, A. (2006) “Qué pasó en la educación argentina”, Bs. As., Galerna.
Solari, M., (1988) “Historia de la Educación Argentina”, Bs. As., Paidós, caps. 3 y 4.
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