Contenidos Centrales:
Transversalización de género y su
relación con educación
Continuemos, el caso de Luz y Paul son un testimonio de los desafíos actuales del sistema
educativo en todos sus niveles y modalidades. El desafío al que se nos convoca, por lo tanto,
es promover un ejercicio de la docencia que, desde una formación en perspectiva de género,
diseñe e implemente experiencias educativas con igualdad de trato y oportunidades para el
aprendizaje.
Ahora bien, cabe indicar que este desafío se enmarca en un contexto de cambio más amplio,
que hoy moviliza a nuestras sociedades a transversalizar la perspectiva de género en todos
los ámbitos de acción de las personas. Pero ¿qué se entiende por transversalización de la
perspectiva de género?
¿Qué implicancias tiene la transversalización de la perspectiva de género?
Antes de adentrarnos en sus implicancias, comencemos respondiéndonos ¿qué es la
transversalización de género?
Comencemos por retomar la definición de género, es decir, el conjunto de características
sociales y culturales en base a la diferencia sexual. Las que se asocian a la manera en que se
cree que las personas debiesen actuar y manifestarse según su sexo biológico y los roles
asignados socialmente o impuestos. El concepto “perspectiva” viene a otorgarle un marco de
análisis a esta realidad, para identificar de qué manera estas manifestaciones o aspiraciones
respecto del comportamiento de las personas reproducen relaciones sociales marcadas por la
inequidad.
Lo señalado anteriormente, nos invita a observar cómo estas expectativas sesgadas
impactan diferenciadamente las trayectorias de vida de las personas, y a reflexionar sobre los
desafíos que hoy están en curso. Es así como a nivel país, en particular la estructura
administrativa de los organismos del Estado ha atravesado las últimas dos décadas un
proceso de modernización, integrando la perspectiva de género en sus procesos, apuntando a
disminuir las brechas desde un conjunto de acciones para la igualdad de derechos y
oportunidades. En esta dirección, por ejemplo, para el período 2018-2022, la estrategia
nacional de transversalización del enfoque de género implicó incorporar en todos los
ministerios un equipo encargado de coordinar el trabajo en materias de igualdad de género,
de acuerdo con las directrices del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Lo anterior se
ha traducido en un conjunto de políticas, planes y programas para avanzar en la integración
laboral de la mujer y en su autonomía económica, así como también en mejorar las
condiciones para garantizar la corresponsabilidad y conciliación entre la vida familiar, laboral
y personal sin distinción de género. Así también, estos esfuerzos apuntan a garantizar los
marcos regulatorios para trabajar en la erradicación de la violencia y todo tipo de
discriminación arbitraria basada en el género.
Ahora bien, enfocándonos en la integración de la perspectiva de género en el sistema
educativo, la constatación de las brechas de género presentes en todos los niveles
educacionales ha implicado que, desde el año 2018, a través de la Comisión por una
Educación con Equidad de Género, liderada por la Subsecretaria de Educación Parvularia y la
colaboración de otras autoridades sectoriales, expertos/as y el Ministerio de Educación han
diseñado un plan de acciones y medidas con el fin de evidenciar estas brechas y proponer
acciones para avanzar de manera progresiva en una educación de calidad sin sesgos de
género.
A modo de referencia cruzada, este contexto nacional se complementa con los desafíos que
nuestras sociedades actuales tienen en esta materia. Para ello, se han generado acuerdos
internacionales en los que nuestro país se ha hecho parte, comprometiendo la garantía de
darles cumplimiento. Algunos de ellos son la Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por su sigla en inglés) ratificada en 1989
por Chile; la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, que nuestro país adscribe y
ratifica el año 1990; y los Principios de Yogyakarta de 2006 que constituyen una herramienta
analítica puesta al servicio de los estados para la aplicación del derecho en materias de
orientación sexual e identidad de género.
Retomando y resumiendo, las líneas de acción planteadas por la Comisión por una Educación
con Equidad de Género son:
Promoción, acceso, participación y trayectorias para una mayor equidad de género en
el sistema educacional chileno.
Prácticas e interacciones de calidad para la equidad en el sistema educativo.
Formación docente para la equidad de género en la práctica pedagógica.
Promoción de un ambiente libre de discriminación, acoso y violencia.
Estrategias e instrumentos institucionales para la mejora de calidad y equidad en el
sistema educacional chileno.
Levantar estudios en el área de la Educación Técnico Profesional y Educación Superior,
así como respecto de trayectorias educativas y capacidad predictiva del actual sistema
de admisión a la educación terciaria, considerando las variables de género.
Considerando este contexto desafiante, durante el año 2019 se trazó un trabajo conjunto
entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, que se
tradujo en un Consejo Técnico Asesor de Género y Educación encargado de elaborar
diversas medidas. Entre ellas, podemos mencionar la promoción de una educación de
calidad sin sesgos de género para la equidad educativa, de modo que promueva y
garantice la libertad de decisión vocacional y promoción de oportunidades para niñas y
mujeres adolescentes, en un entorno libre de violencia y todo tipo de discriminación
arbitraria basada en el género.
De modo complementario, la transversalización de la perspectiva de género se ha
traducido en propuestas de formación docente inicial y continua, orientadas a promover
que la interacción de aula, el diseño de situaciones didácticas, así como también el tipo y
uso de material se oriente a una educación no sexista. En el caso particular de la
educación técnica profesional, se busca abordar las brechas que evidencian las carreras
marcadamente masculinizadas y sus consecuencias en las trayectorias formativas y
laborales de las mujeres.
En este contexto, Santo Tomás se suma a estos esfuerzos a través de los proyectos
financiados por el Fondo de Desarrollo Institucional (FDI) orientados a propiciar la
transversalización de la dimensión de género en todas las áreas de su quehacer educativo.
Evidencia de ellos es la iniciativa de incorporar y fortalecer la docencia inclusiva y
perspectiva de género que se materializa a través de la realización del Workshop
Formador de Formadores, orientado a colaboradores y colaboradoras.
De acuerdo con lo que hemos abordado hasta aquí, cabe preguntarse ¿qué nos aporta la
perspectiva de género a nuestra labor?
En términos generales, es de utilidad para reconocer las características del entorno formativo
y cómo las prácticas pedagógicas contribuyen a la desigualdad de oportunidades. Es decir,
orientar el análisis respecto de las debilidades, brechas y desafíos, de modo que permita
identificar y proponer acciones para erradicar aquellas manifestaciones de exclusión y
discriminación que se dan en los entornos educativos, transformándolos, desde una
perspectiva justa y equitativa.
A modo de conclusión y luego de haber revisado la relación entre
transversalización de la perspectiva de género y la educación:
¿Qué ámbitos de acción puedes identificar en tu entorno de trabajo, que
permitirían incorporar esta perspectiva en las labores que desempeñas?