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Derrida Desplegar A Ponge

El documento presenta una entrevista entre Jacques Derrida y Gérard Farasse, donde se exploran las ideas y conceptos del poeta Francis Ponge. A través de una conversación improvisada, Derrida reflexiona sobre la relación entre el lenguaje, la escritura y la obra de Ponge, destacando la complejidad y la riqueza de su pensamiento. La obra busca rendir homenaje a Ponge y a la deuda intelectual que los entrevistadores sienten hacia su legado.
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Derrida Desplegar A Ponge

El documento presenta una entrevista entre Jacques Derrida y Gérard Farasse, donde se exploran las ideas y conceptos del poeta Francis Ponge. A través de una conversación improvisada, Derrida reflexiona sobre la relación entre el lenguaje, la escritura y la obra de Ponge, destacando la complejidad y la riqueza de su pensamiento. La obra busca rendir homenaje a Ponge y a la deuda intelectual que los entrevistadores sienten hacia su legado.
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Desplegar a Ponge

Colección
ARTEFACTA

Jacques Derrida

Desplegar a Ponge
Entrevista con Gérard Farasse

Traducción
Alejandro Madrid y Zeto Bórquez
INDEX

Al lector................................................................................ 9
1. La clavija y la llave.......................................................... 15
2. El implicativo................................................................. 25
3. La duplicidad................................................................. 31
4. El objeto, el texto........................................................... 35
5. El idioma....................................................................... 41
6. La metáfora.................................................................... 47
7. La aserción, la aproximación........................................... 53

8. Sí.................................................................................... 61
9. La palabra dada.............................................................. 67
10. La ley de la cosa............................................................ 73

©Ediciones Qual Quelle, 2018 11. Lo dramático sonríe...................................................... 79
Santiago de Chile 12. Metafísica de lo propio y puesta en abismo................... 81

13. La mimesis................................................................... 85
ISBN: 978-956-09150-1-6
14. El título........................................................................ 89
Título original: 15. El tiempo..................................................................... 95
Déplier Ponge. Entretien de Jacques Derrida avec Gérard Farasse
Presses Universitaires du Septrentrion, 2005 16. La economía del Jabón............................................... 103
17. La figura del higo....................................................... 109
Imagen de cubierta:
18. El temblor de la identidad.......................................... 115
Detalle Hommage à Francis Ponge
Collectif Grand Cheval Sauvage, avril 2009 19. La instancia ética........................................................ 119
Réplicas............................................................................. 125

www.qualquelle.com
Al lector







“Del 2 al 12 de agosto de 1975, se celebraba en Cerisy-la-
Salle un coloquio titulado Ponge inventor y clásico. Es en
el curso de este que Jacques Derrida debía pronunciar su
conferencia: Signéponge, publicada posteriormente, primero
en los Estados Unidos (Columbia University Press, 1984),
luego en Francia en las Éditions du Seuil (1988)1 . No había
podido en esa ocasión plantearle preguntas.
Pero esas preguntas las mantuve en reserva y comenzaron
a proliferar: son las que se encontrarán aquí, en Desplegar
a Ponge. Se podrá apreciar que me tuve que poner al día.
Fueron planteadas en el curso de dos entrevistas que tuvieron

1 N. de T. Sobre el título Signéponge, lo hemos dejado en francés en


este libro cada vez que aparece. El título es altamente polisémico y
de entrada pone en relación la firma (signature) y el firmar (signer)
con el propio nombre de Ponge. El título podría leerse perfectamente
como Firmaponge o Firmadoponge. Pero también está dentro el verbo
éponger (pasar la esponja, enjugar), así como el sustantivo éponge
(esponja). Son cuestiones que no le son ajenas a Ponge mismo, que en
efecto se preocupó de la esponja o del jabón. Derrida se hace eco de
todo aquello, y entonces se podrían leer allí otras resonancias, como
Firmaesponja o incluso Firmadoenjugado. Para no recargar de notas
el texto, en ocasiones dejamos algunas palabras entre paréntesis que
evocan estas complicaciones (por ejemplo éponge, éponger) u otras que
también se gravan desde el idioma (como propreté, proprieté). Por
otra parte, cuando la nota corresponda a acotaciones de la traducción,
antecedemos estenografiando, como en este caso.
10 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 11

lugar, la primera, el 12 de noviembre de 1991, en la École debía rendirles homenaje? Escuchemos, una vez más, esas
Pratique des Hautes Études en Sciences Sociales; la segunda, dos obras dialogar.
el 21 de diciembre del mismo año, en el Hotel Lutetia (que
está en frente). Gérard Farasse
Es un ejercicio peligroso el que sugerí a Jacques Derrida:
¿no había escrito todo, en efecto, en Signéponge? ¿No iría a
repetirse? El lector tendrá que dirimir. Además la palabra
improvisada, caso que permita aciertos, es también la
ocasión de muchos errores: es una gracia y una maldición.
La regla del juego fue la siguiente: Jacques Derrida se
privó de tomar conocimiento de mis preguntas antes de
nuestras entrevistas. En cuanto a mí, por prudencia, las
había redactado cuidadosamente. En consecuencia Jacques
Derrida tomó todos los riesgos. Se entregó a ellos, con la
generosidad que se le conoce. Que él encuentre aquí, con
todas sus letras, la expresión de mi reconocimiento”.
Este era el aviso que había yo redactado para presentar
nuestras conversaciones a los lectores del número de la Revue
des Sciences Humaines titulado Ponge à l’étude (nº228, 4to
trimestre de 1992). Pongo hoy este último tal cual, a fin de
respetar la verdad de un momento, con excepción del título
inicial, Réplicas, que desde entonces ha sido utilizado por
otros.
Ahora que Derrida se ha unido a Ponge, los imagino
prosiguiendo su conversación interrumpida, departiendo
sobre las nociones de firma, de idioma, de limpieza (propreté)
y de propiedad (proprieté), de cosa y de objeto, discutiendo
de literatura y de filosofía, como lo hicieran en el pasado.
Siempre lamenté que esta entrevista –que quienes la habían
leído solían hacerme notar su importancia, mientras que
los que solo habían oído hablar de ella me reprochaban no
encontrarla fácilmente– no pudiera ser visible publicada en
un pequeño volumen. Está hecho. Me he sentido obligado a
ello. Yo que estaré siempre en efecto obligado por ellos, ¿no
Sin duda sé cómo es… (¿por haberlo
algún día devanado por mí mismo? ¿o
fue antes con los lineamientos de alguna
ciencia aprendida?) que la araña secreta
su hilo, babea el hilo de su tela… y no
tiene las patas tan distantes, tan distintas
–el paso tan delicado– sino con el fin de
poder recorrer esa tela –recorrer en todas
direcciones su obra de baba sin romperla
ni mezclarse con ella–, mientras que
todos los demás bicharracos desprevenidos
caen allí prisioneros y más tenazmente
por cada uno de sus gestos o piruetas
afanosas de fuga…

Francis Ponge, La araña


1. La clavija y la llave


Gérard Farasse. – Estimado Jacques Derrida, me gustaría


ser fiel a uno de sus movimientos más familiares, el cual
consiste en llegar al problema avanzando hacia atrás (a esto
se llama a veces reflexión): ¿qué pasa con una entrevista?,
¿con una entrevista sobre Ponge? Si no se trata para nosotros
de cuidar, de mantener y de conservar, de mantener en
definitiva en buen estado esos “edificios de eterna estructura”
que Francis Ponge construyó, es sin duda en razón de algo
que podríamos llamar una deuda que nos hemos reunido
hoy en torno a su nombre. Littré nos entregaría quizá
una buena definición de la entrevista (entretien): “sujetar
las diversas partes de un todo: ese pedazo de madera sostiene
(entretien) todo el armazón”, escribe en el artículo entretenir 2.
Ponge sería así ese pedazo de madera, una clavija en
cierto sentido, que volvería posible y delimitaría nuestra

2N. de T. Durante toda esta primera pregunta de G. Farasse y en un


buen tramo de la conversación, se agrava muchísimo la equivocidad
de los términos entretien (entrevista, pero también, cuidado o
mantenimiento) y entretenir (que además de entrevistar remite
precisamente a dar mantenimiento a algo, sostener e incluso a mantener
dos cosas juntas, entre otras acepciones similares).
16 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 17

entrevista. En esta entrevista estaremos empalmados. Haría lo hayamos verdaderamente encontrado. De manera que
falta agregar inmediatamente que una clavija es también un hablar sobre él nos compromete.
“pequeño eje que sirve para regular la tensión de las cuerdas
de un instrumento musical”. La entrevista ya comenzó y no Jacques Derrida. – No sé si, bajo una forma improvisada
estoy seguro, en el fondo, en esta pregunta que se extravía, si (era ese nuestro contrato, ¿no es cierto?), sería yo capaz de
evoco a Francis Ponge o a Jacques Derrida. Ese movimiento responder a una pregunta ya tan bella y tan elaborada; e
familiar que mencionaba, es también el de Ponge, recordando incluso si se tratase de responder. Me alegra haber sido ya,
las condiciones de la enunciación, en Pour un Malherbe, por por la forma, la lengua y el encaminamiento de su pregunta,
ejemplo: introducido en la manera de Ponge. Gracias a usted estamos
ya en él, pero lo que nos haría falta es mantener (maintenir)
Por poco que nuestro lector, receloso de los errores o entablar (entretenir) una manera de ser en él o con él sin
del espíritu, solo tenga el gusto por lo concreto imitarlo.
y lo presente, por qué no comenzaríamos este Intentaré entonces resonar con lo que usted acaba de decir.
libro por el examen de su primera proposición, Usted describió el movimiento hacia atrás, yo me permitiré
aquella cuyas palabras hacen aquí parte y que se huir a mi manera de él. Es un poco el andar del camarón:
despliega actualmente bajo nuestros ojos 3. avanza de lado, oblicuamente y, en efecto, es una astucia de
guerra para evitar la pregunta: para importunarla o inquietarla
En cuanto a los saltos sobre las diversas acepciones de la también, obligarla a desplazarse quizá. Proceder yendo hacia
palabra clavija (cheville), a riesgo de alguna luxación, es un atrás, es en todo caso la prudencia. Ante la amenaza de la
ejercicio al cual usted también está acostumbrado. Si noto entrevista, porque la entrevista es amenazante, comienzo en
estas proximidades es para parafrasear todavía la expresión general por alejarme desacelerando. ¿Por qué no me gusta la
estar empalmado (être en cheville), que el Petit Larousse entrevista y, más precisamente, la entrevista respecto a Ponge?
traduce por estar en connivencia y para subrayar la dificultad Hay una primera razón que me honra compartir con
que hay de considerar a Ponge como un objeto (por Ponge: la entrevista nos hace correr dos riesgos, el primero es
ejemplo, de saber): Ponge no nos hace nunca simplemente hablar-respecto-de con discursos inflados, con afirmaciones
frente como un objeto lanzado ante nuestros ojos, acerca del “teóricas” o “críticas” ahí donde, al contrario, habría que
cual podríamos construir un discurso: está a la vez afuera explicarse en la lengua y con la lengua. Explicarse en la lengua
y adentro, en el interior y en el exterior, suponiendo que con la lengua, eso se hace mejor, en general, cuando se escribe
y no se improvisa un discurso. No para evitar la palabra,
sino para reencontrar por lo escrito una relación con ella
3Francis Ponge, Pour un Malherbe, Œuvres complètes, tome II, Édition que sea, ¿cómo decirlo?, más justa, más fiel, paradojalmente,
publiée sous la direction de Bernard Beugnot avec la collaboration
más sumisa. Con la entrevista discurrimos sin el discurso. Es
de Gérard Farasse, Jean-Marie Gleize, Jacinthe Martel, Robert
Melançon, Philippe Met et Bernard Veck, Paris: Gallimard, 2002, p. una de las razones por las cuales desconfío de ella, sobre todo
197. En adelante: O. C., t. II, seguido del número de página.
18 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 19

cuando se trata de alguien que, como Ponge, se explica en el Invitándome a instalarme, como usted ha comenzado a
cuerpo a cuerpo con la lengua. hacerlo, en el texto de Ponge, en su lengua y su manera,
La segunda razón, nuevamente una buena razón que usted me ha propuesto confirmar, retomo su palabra,
podemos aprender de Ponge, es que la palabra, la entrevista la deuda en torno a su nombre: estamos en la deuda en
en tanto que discurso hablado, no es limpia: ¿Recuerda cuanto a su nombre. Lo que nos reúne hoy es una suerte
usted lo que Ponge escribe (para una conferencia, hablando de contrato de amistad entre nosotros, para hablar de
de eso)? : Ponge: él nos precede; lo que queda de él, es su texto y su
nombre. Es en dirección de su nombre, en su nombre, o a
Y a menudo, después de una conversación, de su nombre que nosotros vamos a hablar: lo que quiere decir
las palabras, tengo la impresión de suciedad, que comparecemos ante él, endeudados como estamos por
de insuficiencia, de cosas turbias; incluso una él mismo o ante él. Cuando hemos hablado de lo limpio de
conversación un tanto exhaustiva, yendo un
la escritura, de la relación escrita a la lengua, evidentemente
poco al fondo, con gente inteligente. Decimos
debería haber hablado del Jabón. He ahí uno de los objetos-
tanta estupidez, decimos las cosas en un tempo
que no es justo, salimos de la cuestión. Eso no es
sujetos de apropiación para poner al lado de La Lessiveuse6,
limpio4. de todo aquello en lo cual uno lava su ropa en familia – o
en la familia de la lengua. Trabajo por esencia interminable.

Nada está nunca demasiado limpio.
Y evoca enseguida la ropa sucia, en un granero, al fondo de
Usted ha pasado, no me atrevo a decir a la manera de
un baúl. Escribir es su manera de limpiar, de emprenderlas
Ponge, porque a la manera dejaría pensar justamente en el
contra esta suciedad. Escribir sería volver limpiamente
pastiche o en la imitación, pero digamos sin embargo en
(proprement) a lo que está limpio (propre) en la lengua, no
la deuda respecto a Ponge, usted ha pasado a la entrevista,
huir de la lengua sino tener con la lengua una relación de
a lo que entrevistar (entretenir) quiere decir, dicho de otro
limpieza (propreté), si no de apropiación (appropriation). Si
modo en lugar de dejar a esta palabra de entrevista su uso
evito la entrevista o me comporto con ella con la misma
desteñido, de alguna manera, (una entrevista periodística,
circunspección que el camarón, es porque nada ahí es
realmente limpio (propre) ni apropiado (approprié)5.
hace resonar los dos usos posibles en francés: limpio/limpiamente;
4 Francis Ponge, “La Pratique de la littérature”, Méthodes, II, Le Grand propio/propiamente.
Recueil, Œuvres complètes, tome I, Édition publiée sous la direction 6 N. de T. Este título remite a un objeto fabricado en Francia a
de Bernard Beugnot avec la collaboration de Michel Collot, Gérard mediados del siglo XIX y utilizado hasta comienzos del XX. Se
Farasse, Jean-Marie Gleize, Jacinthe Martel, Robert Melançon et trata de un recipiente de metal que servía para hervir la ropa sucia
Bernard Veck, Paris: Gallimard, 1999, pp. 671-672. En adelante: (reemplazando las técnicas de lavado sobre cubas o tinas de madera).
O. C., t. I, seguido del número de página. Fue reemplazado por las primeras máquinas para lavar con manivela
5 N. de T. En cada alusión a los términos propre y proprement, Derrida y definitivamente por las lavadoras con motor eléctrico.
20 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 21

una conversación, una platica, una interview), usted definió habiendo dejado una marca, no vuelve a nosotros. Hay ahí
la entrevista como lo que sujetaba las partes de un todo, entonces una separación en el interior de lo más propio que
“como un pedazo de madera que sostiene todo el armazón”: es para mí la experiencia de la firma, de la escritura de Ponge,
es Littré, que Ponge practicaba mucho. Sin demasiada fe y que él ha enseñado, de una cierta manera, a su manera, que
o credulidad, comparto con él la religión del Littré, una queda inimitable. Es preciso aceptar que lo inimitable da
religión laica y lúdica, pero ese gusto no me ha venido de lugar a alguna lección, y que quizá ese sea el lugar mismo de
Ponge: somos unos cuantos los que la practican. Luego toda enseñanza digna de ese nombre.
usted ha llegado a la clavija, que es un muy bello vocablo.
Había comenzado por decir que yo iba a resonar con usted, Gérard Farasse. – Si usted lo permite, dos consideraciones:
anunciando que la consonancia y la música estarían en el Ponge, fuera de la Tentativa oral 7, cuando es llevado a hablar
programa de la entrevista pero me gustaría sobre todo retener el público, en el curso de sus conferencias improvisadas, deja
lo que, a propósito de la clavija, usted dice de la enunciación toda su suerte al momento presente y me parece también
y del presente. que en sus trabajos, una de las preocupaciones cada vez
En el fondo, si no rechazo absolutamente la entrevista a mayores es la enunciación, el acto de habla, desde “Firma,
pesar de las razones que señalé, es que, a pesar de la suciedad acontecimiento, contexto”8.
del discurso que nos contamina, esta forma de intercambio
tiene el mérito de no borrar el aquí-ahora de lo que sucede Jacques Derrida. – Excluyendo toda comparación,
con la lengua. Ni el discurso. Como usted sabe, Ponge es es verdad que comparto con Ponge la preocupación de
alguien que prefería escribir a hablar pero que, en la escritura, re-marcar en el texto o en el discurso el momento de su
databa constantemente, incluso sus borradores: los databa, acontecimiento. Hay ahí una alianza inextricable de la
es decir que quería marcar cada presente de la escritura humildad y de la hybris. Es una manera hiperbólica de decir
desde la singularidad del lugar, del momento en que esto a la vez: esto, vea usted, sigue siendo muy poca cosa, casi
tenía lugar. Es por eso que he preferido no prepararme para nada, no puedo hacer nada más; pero también estoy muy
esta entrevista. Me he dicho: sucederá lo que sucederá en un por encima, mucho más allá, en verdad en otra parte, hago
presente que, en el fondo, no se repetirá, incluso si pulimos mucho más, en verdad otra cosa y no tiene precio, que lo que
con posterioridad lo que hemos dicho: habrá habido una dejo me publiquen. Esquema clásico, economía probada y
falta del presente que quedará tan irreemplazable como astucia por lo demás inevitable.
una fotografía, un momento de firma que ya no podremos Gérard Farasse. – Cuando usted habla de Joyce, por
reapropiarnos. He ahí la paradoja: la singularidad idiomática ejemplo, en sus conferencias…
del momento que parece ser lo que hay de más propio
en la inscripción, en la firma o en la enunciación, esta
irreemplazabilidad del idioma es también lo que no podemos
reapropiarnos, lo que, habiéndonos abandonado una vez,
7 Francis Ponge, ibíd., pp. 649-669.
8 Jacques Derrida, Marges – de la philosophie, Paris: Minuit, 1972.
22 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 23

Jacques Derrida. – Desearía nunca borrar ese instante Ponge solo en la medida en que una suerte de compromiso
de la enunciación, sí, de la experiencia. Es la razón por la secreto, de contrato prácticamente clandestino venga a
cual, a partir del momento en que una cierta connivencia comprometernos en una suerte de complot o de conspiración;
está asegurada con usted, con Ponge o por Ponge, finalmente pero es al mismo tiempo la cosa más pública del mundo
acepto entregarme a algo que se llama una entrevista. porque el compromiso tiene su lugar en la lengua, gracias a
Entregarse no a un ejercicio o a una performance, incluso a la lengua, que es por otra parte el elemento de la publicidad.
la exhibición pretenciosa de una confesión, sino exponerse Sin embargo, desde el momento en que esta lengua no puede
un poco, por un tiempo limitado, sin defensa, sin demasiada ser expuesta, no más que Ponge, como objeto de saber, es
protección. Naturalmente, la palabra clavija es muy pulcra preciso practicarla en el cuerpo a cuerpo para hablar de ella:
para atraer la atención de un Ponge. Además de todas las no se puede hablar de la lengua sino en la connivencia y en
significaciones o connotaciones que usted retoma y que pone la clave de la lengua; no se puede hablar del francés en inglés;
en red de una manera tan persuasiva, se trata también de la es preciso estar en la lengua. El contrato o la deuda respecto
palabra llave (clé), de una clavícula; la palabra clavija viene a Ponge repite la deuda asumida por Ponge por respecto a
del latín clavicula, pequeña llave: es un dispositivo técnico la deuda francesa. Estamos en complicidad con algo hasta
(apropiado para abrir o cerrar, entregar o negar todos los ahora enigmático, que se llama la lengua, la lengua francesa,
secretos); y en el taller de sus objetos, de sus “cosas”, Ponge y respecto a la cual Ponge mismo estableció una suerte de
cuenta con bastantes artefacta o instrumentos artificiales: la connivencia, de enclavijado (mise en cheville). Más que
lessiveuse, etc. El mismo jabón… establecida, él lo ha recordado, remarcada, dada a remarcar.
He aquí el compromiso del cual usted ha hablado tan bien;
Gérard Farasse. – La radio…
me contento de hacer eco a sus observaciones; podemos
Jacques Derrida. – El postigo, etc. La clavija, como la pues decir ahora que la entrevista está comprometida en este
llave, es un dispositivo técnico apropiado para abrir y para sentido y en todos los sentidos: está comprometida frente a
cerrar, para jugar un rol organizador en una pieza musical… Ponge que está comprometido frente a la lengua francesa;
está comprometido en el sentido en que ha comenzado;
Gérard Farasse. – Para poner en funcionamiento….
está comprometido como se mete (engage) una llave en una
Jacques Derrida. – Para poner en funcionamiento, cerradura. La cosa está comprometida (engagée). No es sin la
para permitir el desciframiento de lo que está cifrado, para prenda (gage), sin el compro-miso (en-gage) que nos obliga
establecer entonces una suerte de complicidad secreta, hacia ella. Estamos ante ella, he aquí la causa de todo. Cada
una clave (clé): el texto tiene una clave, una clavícula, algo vez totalmente otra. Y cualquier otro está comprometido
sobre lo cual se articula y según lo cual, para entregarse, se ante lo que sigue siendo totalmente otro, como la causa
descifra; se trata así de estar aquí en complicidad (en cheville) misma. Cualquier otro es totalmente otro [Tout autre est tout
o en connivencia. A causa de la deuda de la hablábamos el autre]: esta posibilidad de la lengua francesa es, en esta frase,
comienzo, es preciso presuponer que se podrá hablar sobre formidable.
2. El implicativo










Gérard Farasse. – En el Coloquio de Cerisy usted termina su
discurso con estas palabras:

Se habrá concluido –lo he hecho con el fin de
que lo noten – que he hablado mucho rato para
no decir nada.
Ni de Francis Ponge mismo, salvo de su nombre
(del cual, y habida cuenta del cual, he tomado
partido, mi partido por supuesto para hacer
cantar su renombre), ni de su obra misma9 .

No haría sino prolongar la cuestión precedente. Hablar

para no decir nada, es todavía hablar: “nada”, no es poca


cosa, es algo. Usted no propone un discurso explicativo
sobre Ponge. ¿Cómo, en consecuencia, nombrar lo que
usted hace? ¿Cómo definir la relación que entabla su texto
con el de Ponge? Usted escribe:
No me atrevo a imaginar en qué estado lo habrá
agarrado o dejado este coloquio pero creo que,

9Jacques Derrida, Signéponge, Paris: Seuil, coll. « Fiction y Cia. »,
1986, p. 115
26 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 27

en efecto, él no puede ser explicado, habiendo de la deuda, de la responsabilidad, de la imputabilidad; y es


preparado todo para ello en textos que se explican una explicación de Ponge con respecto a la explicación de
demasiado bien ellos mismos, de manera tal que Ponge con la lengua francesa. Es decir con tantas otras cosas,
se encuentra todo ahí, más ese resto que impide como con la cosa misma, a saber, el otro.
a un discurso llegar hasta la saturación10 .
Gérard Farasse. – Lo que quería decir es que sin duda
¿Quizá su discurso no es explicativo sino (arriesgo esta usted explica a Ponge, por ejemplo cuando usted despliega
palabra) implicativo, en el sentido
de este adentro que todos los textos a propósito de lo propio pero para escoger,
intentaba
definir hace un rato? si se puede escoger hablar de Ponge, hace falta que haya una
suerte de compromiso personal.
Jacques Derrida. – ¿La oposición es necesaria, incluso la
incompatibilidad entre el explicativo y el implicativo? Aunque Jacques Derrida. – Por supuesto. De la misma manera
no haya dicho nada de Ponge y de su texto a excepción de en que se compromete, él mismo, para explicar la lengua
su nombre y de todo lo que pasa por su nombre, ¿no he francesa, para explicarse con la lengua francesa, Ponge
“explicado” nada? Yo querría todavía no haber renunciado debe, por fidelidad a ella, marcarla con su impronta. Esto
a explicar; no explicar en el sentido en que una ciencia constituye una paradoja: debe afectar a la lengua francesa,
puede pretender rendir cuenta de un objeto en el sentido de por respeto de guardián. El guardián de la lengua debe afectar
desplegar, de rendir cuenta; no rendir cuenta en el sentido la lengua heredada, implicarse en ella, cambiar cosas, dejar
positivo o positivista de una explicación científica sino rendir marcas y así transformar la memoria misma que pretende
cuenta en el sentido en que se trata de analizar el recuento guardar intacta. Lo debe y se lo debe. Honrar la deuda,
(compte rendu). Todo conduce, me parece, en la explicación esto no consiste en no tocar la lengua sino al contrario en
de Ponge con la lengua francesa o con la literatura francesa, tocarla, en lo más íntimo de su cuerpo propio, en tomar
a rendir cuentas (se trata una vez más del compromiso, de parte en ella, en modificarla, en responder a su propio deseo.
la deuda de la cual hablábamos antes). Somos responsables La retórica es una erótica, ella lo recuerda sin demora: la
ante la memoria de la lengua, del nombre dado, del nombre lengua quiere ser tocada, se ofrece para ser afectada. Y lo
recibido, de la historia de la literatura en la cual nos que sucede entre Ponge y el cuerpo de la lengua con la
inscribimos, somos responsables y debemos rendir cuentas. cual él se explica, esto mismo nos impone la obligación
Pese a que uno mismo, en el fondo, no cuenta para nada en el de escribir de alguna manera como él, diferentemente, por
origen. La literatura de Ponge consiste, de una cierta manera, supuesto, completamente diferente, pero diferentemente y
en rendir cuenta de la herencia. Por consiguiente, lo que singularmente como lo hace él mismo. Nos insta, por nuestra
puedo intentar explicar, es una cierta lógica de ese recuento, parte, a afectar la lengua, a dejarnos tomar y comprender
en los pliegues que deshacemos. Explicamos, es decir que
desplegamos la lengua, pero desplegarla no equivale a
cubrir todos sus flancos: desplegarla es involucrarse de otra
10 Ibíd., p. 30.
28 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 29

manera en los pliegues de la lengua e inventar así otros otra una suerte de entalladura. Esta incisión es la firma del
pliegues, pliegues en los pliegues. Esta es una reproducción encuentro, si tiene lugar, entre dos firmas.
diferente y que debería, para llevarse a cabo con éxito, ser tan
inventiva como sea posible: es una repetición inventiva del
escenario por el cual Ponge, explicando la lengua francesa,
explicándose con la lengua francesa, se implica con la lengua
en los entresijos de esa relación que usted llama implicativa
con la lengua: creo que si no lo hiciéramos ni siquiera
leeríamos a Ponge. Para leer a Ponge es preciso escribir de
otro modo, escribir como él-de otro modo, manteniendo sus
palabras, arrastrándolas a otra parte; es aquella escena, este
duelo, que debe reproducirse, pero de otro modo.

Gérard Farasse. – Había propuesto, para dar un nombre
a este tipo de comentario, el término paráfrasis, después de
haberlo despercudido de sus connotaciones estereotipadas
restituyéndole su sentido etimológico: “frases puestas al
lado”, en los márgenes, y fuera de Ponge, deformándolo,

reformándolo
de otra manera.

Jacques Derrida. – Sí, desde el momento en que la

paráfrasis está firmada de otro modo: escribir de tal manera

que esta otra frase siendo puesta al lado de la primera frase, de

la original, remite ahí de manera absolutamente irreductible,

no existe sin la primera y sin embargo constituye otra frase,
otra firma, otro nombre. Como totalmente otra, va a estar
al lado, paralela (paralela queriendo decir justamente una
al lado de la otra), pero estas paralelas se cruzan. Heidegger
escribe que la pelea, por así decirlo, entre un poeta (Dichter)
y un pensador (Denker), se parece a las paralelas: ellos están
uno al lado del otro; lo que uno lleva a cabo es muy diferente
de lo que hace el otro y no puede nunca reducirse a él. Sin
embargo, son paralelas que deben cruzarse, por imposible
que semejante geometría pueda parecer, y dejar una en la
3. La duplicidad











Gérard Farasse. – ¿No cree usted sin embargo que los textos
de Ponge exigen una explicación no en el sentido que usted
acaba de definir: “una explicación de la explicación”, sino en
el sentido “ordinario” del término? Cuando digo “exigen”,
pretendo indicar que los textos de Ponge parecen elaborados
como trampas, fabricados para suscitar interpretaciones y
al mismo tiempo desbaratarlas. Tomemos la apertura del
Partido tomado por las cosas. ¿Qué lector ingenuo, con la
lectura de Lluvia11, no consideraría el texto como un enigma:
qué ha querido decir realmente? No ha siquiera descrito la
lluvia para describir la lluvia, no, esto debe tener un sentido
oculto. Me parece que los textos de Ponge desbaratan y avivan
este deseo de sentido poniéndolo en suspenso. ¿Pero quizá
esa impresión de sentido reservado se debe simplemente a
la elección de los temas y a la manera de tratarlos, que pone
demasiado en cuestión nuestros hábitos de lectura? 14 de

julio12 , por ejemplo, para citar otro texto, es una emboscada


11Francis Ponge, Le Parti pris des choses, O.C., t. I, pp. 15-16.
12Francis Ponge, Pièces, III, Le Grand Recueil, O.C., t. I, pp. 718-
719.
32 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 33

para el lector. Éste está inmerso inmediatamente en el a causa de este pliegue o de esta división, la posibilidad de
referente, la Revolución francesa; pero lo que debe leer es el lecturas es infinita. Con al duplicidad, el abanico infinito de
título, ya que el texto no es sino la descripción de su título. lecturas se despliega: podemos pasar de la lluvia misma a la
palabra lluvia; a partir de la palabra lluvia horizontalmente,
Jacques Derrida. – Hay ahí una duplicidad. Si es preciso si usted quiere, o verticalmente, e incluso oblicuamente,
que haya explicación o implicación, es porque el texto es como a veces la lluvia, el texto se descubre, la deriva es sin
esencialmente doble y dual (duplice) en su estructura; de fin. De ahí el efecto de sentido y el recurso a la interpretación
un lado hace referencia y la referencia es imborrable. Esta que está, por una parte, auténticamente abierto al infinito y,
dimensión del texto nos recuerda que la cosa del texto, la por otra parte, de puro simulacro. Porque al mismo tiempo
lluvia por ejemplo, no se dejará nunca agotar por lo escrito: el texto no dice sino la lluvia misma. El texto, también,
el referente es inagotable, es el otro, es ya el signo de la sigue siendo simple como la lluvia.
alteridad absoluta en tanto que la referencia no se agota en
él; dual no obstante, del otro lado, en la medida en que este Gérard Farasse. – No son textos que deriven hacia el
movimiento del texto abriéndose hacia el afuera, hacia la cosa símbolo…
otra, hacia un referente imborrable, en el mismo momento, Jacques Derrida. – Ni símbolo ni metáfora, ni hermenéutica,
se muestra él mismo; como una llave que abre hacia el otro aunque apelan a todo eso. Apelan irresistiblemente al
lado pero que, al mismo tiempo, se muestra como llave: se le desciframiento retórico o interpretativo al mismo tiempo que
muestra a usted la clave / llave. Y se le designa no solamente resisten a él: lo que abre la hermenéutica por definición no
la clave misma sino la palabra clave que es inseparable de se encamina hacia allá, quedando inaccesible y heterogéneo
ella… Y la clave misma queda por descifrar. Ella es la clave a lo mismo que hace posible. Es la razón de lo que se podría
del texto pero “clave” en el texto en tanto que abre al afuera llamar la tentación hermenéutica (o la tentación filosófica,
y hacia el otro. por otra parte), la tentación de interpretar o incluso de sobre-
interpretar. Pero esta interpretación está siempre doblemente
Gérard Farasse. – Es una falsa llave…
en falta, no solamente porque no se medirá nunca con la
Jacques Derrida. – Es una falsa llave, desde ese punto de riqueza sin fondo del sentido sino también porque la cuestión
vista. El texto describe inmediatamente, al mismo tiempo no es la del sentido sino la de la pura marca insignificante,
que la cosa, la descripción que efectúa de ella, es decir la Lo Insignificante13, como escribe Ponge para abrir Piezas, que
palabra, el movimiento por el cual se utiliza la palabra, es también la de la cosa misma, que no tiene sentido y nos
la herencia de la lengua. De golpe su dirección se divide convoca en la medida en que no tiene sentido. Es el juego
y, naturalmente, del lado de la palabra y de sus sentidos, de Ponge, el juego o el objueto (objeu)14, el juego de marcas,
hay inmediatamente una proliferación de figuras y de
connotaciones que competen tanto a la riqueza semántica
de la palabra como a su forma, a su formalidad. Por lo tanto,
13 Francis Ponge, ibíd., p. 695.
14 N. de T. Arriesgamos aquí la traducción del término pongiano
34 Jacques Derrida

pero no tiene de él la iniciativa calculadora y lúdica (aun 4. El objeto, el texto


cuando haya allí mucho de cálculo y que juegue mucho
en ese sentido): es en primer lugar una fidelidad, casi una
obediencia al juego de la lengua, a la naturaleza del texto
que produce esa llamada de sentido, esa llamada frustrante
en cierto modo… Porque lo que llamo nunca responde. Lo
que llamo, he ahí la extraña disimetría de lo que nos hace
hablar, no habla. Suscitando respuestas y responsabilidades
al infinito, lo que llama se calla. Esto continuará siendo
siempre difícil de entender…

Gérard Farasse. – Para el lector, a veces, que aspira al
sentido… Gérard Farasse. – Usted recuerda los dos movimientos de
Jacques Derrida. – Esa frustración es al mismo tiempo un la crítica pongiana: “Estos dos movimientos son opuestos, pero
don, se “recibe” con ella mucho más que en la compensación. simétricos: fue, hacia el afuera, el retorno a las cosas mismas,
Es este el aguzamiento (aiguisement) extremo del deseo – y luego, hacia del adentro, el retorno al lenguaje, a la cuestión del
su disfraz (déguisement). lenguaje” 15. Y agrega usted que Ponge se ha prestado a esos
dos tipos de interpretación. La dificultad es quizá mantener
las dos juntas: cualquier texto de Ponge está a la vez vuelto
hacia su afuera (el objeto) y hacia sí mismo (el texto).
Ese texto, Lluvia, al que aludíamos, no es solamente una
descripción “objetivista” del “meteoro puro” sino también
una descripción de la actividad textual. Ponge define un
marco, observa un tejido en curso de constituirse (“fino
telón (o red) discontinuo”, “malla”, “trenzado”, “cordones”).
Y esta proliferación a la vez precisa y aleatoria, que usted
llamaría quizá diseminación, él la controla o la domina
imponiéndole la forma de dos metáforas: la de la relojería
“objeu” por “objueto”, contracción de las palabras objeto (objet) y y la del concierto. Ponge describe así un funcionamiento y
juego (jeu). Respecto a este término, Ponge habla de una “ambigüedad vuelve indecidible la elección entre la solución objetiva o la
altamente desdeñosa, irónica y tónica a la vez”. Cuestión de jectus y solución textual: ¿habla del funcionamiento de la lluvia o
de iacere, que remarca el juego. Derrida, por su parte, se hace aquí
eco también del término enjeu (la apuesta, precisamente lo que está en
juego). 15 Jacques Derrida, Signéponge, op. cit., p. 24.
36 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 37

del funcionamiento de Lluvia? ¿Cómo situaría usted, en este Jacques Derrida. – Programadas también por la trampa
dispositivo, el textito de Ponge que tiene por título Fábula16, del texto que, como usted decía antes, apela de un lado a una
que usted comenta en detalle en su libro Psyché, Inventions lectura de axiomática fenomenológica: el retorno a las cosas
de l’autre?17. Aquí las dos primeras líneas: “Por la palabra por mismas. De hecho, es el movimiento de Ponge: el retorno
comienza, pues, este texto/ Cuya primera línea dice la verdad”. a la cosa misma es el imperativo de su obra pero por las
¿A qué novedad somos introducidos por ese repliegue del razones que decíamos hace un minuto, ese retorno a la cosa
texto sobre sí mismo, esta reflexión especular? Es un texto misma es simultáneamente una consideración del lenguaje.
que me parece un tanto diferente de otros en la medida en Ya no tenemos que escoger entre las palabras y las cosas.
que no remite a un objeto, a un referente, que se situaría Los dos tipos de interpretaciones o de críticas eran también
fuera de él. inevitables en su historia. Constituían efectivamente una
Jacques Derrida. – Pero hay una narración, una fábula. historia: esos dos momentos debían sucederse. Pero son a la
Es una muy vieja novedad. Podríamos intentar volver ahí vez necesarios e insuficientes. Todo esto está programado, sí,
pero me gustaría en primer lugar responder a las primeras por la estructura del texto de Ponge. En realidad, la historia
palabras de su pregunta. Esos movimientos opuestos han de su crítica está ya inscrita en filigrana, en la menor de sus
dado lugar, sucesivamente, a dos “escuelas”, si se puede decir, frases: está ahí en germen y exige únicamente cumplirse.
a dos tradiciones, a dos iniciaciones. Ponge se ha prestado a Quizá podemos, a partir de este motivo –la historia de la
ello, no simplemente por complacencia… interpretación que el texto predice–, pasar a Fábula. De paso,
yo diría que hay sin duda en Ponge, un movimiento para
Gérard Farasse. – Guardando sus distancias… controlar, dominar, como usted dice, en cualquier caso para
Jacques Derrida: O porque habría creído que, en el apropiarse (él lo declara y lo confirma), pero hay siempre
fondo, tenía cierto interés alentar lecturas que lo tomaban un momento en el texto donde el máximo de control, de
en serio y daban a su texto el estatuto de una filosofía o de dominio, de cálculo, de apropiación, renuncia a sí mismo
una poética. Lo esencial está en otra parte: esas dos “escuelas” y se invierte como por una necesidad interna, porque es
o doctrinas, para seguir llamándolas así, no son aberraciones el efecto de una ley lo que hay ahí y la paradoja de una
accidentales: no podían no constituirse, eran de alguna autonomía: el texto parte. Parte de él, como lo dice él, eso
manera requeridas por la estructura del texto de Ponge… parte de él, lo que quiere decir que la escritura procede de él
(autonomía) y al mismo tiempo se separa de él en esa partida
Gérard Farasse. – Programadas… misma, y parte por otra parte. Él ya no puede reapropiarse
lo mismo que parte de él, y la deja partir, a esa escritura que
procede de el y que él firma; y eso es, en aquél momento, la
16Francis Ponge, Prôemes, O.C., t. I, p. 176. pérdida de control, como una pérdida de consciencia… Pero
17Jacques Derrida, Psyché, Inventions de l’autre, Paris: Galilée, 1987, aquél momento es siempre el primer momento. Yo, un yo,
pp. 17-34.
38 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 39

no lo precede jamás. Es también el último momento, y es Jacques Derrida. – Lo que he intentado mostrar, pero
preciso arreglarse con él… no puedo ni deseo volverlo a hacer aquí, es la necesidad
de la paradoja: para salir de la especularidad es preciso,
Gérard Farasse. – Lo vemos, por ejemplo, en el texto ciertamente, quebrar el espejo; pero el momento de la
sobre Fautrier, donde escribe que “No se trata sino de quebradura del espejo está inscrito en el texto, que atraviesa
borbotear y de explotar según un lenguaje”18. La palabra el espejo solo reflejándose en él, en el movimiento en que se
explotar indica bastante la pérdida. Después de la bomba, dirige al otro, al lector que apostrofa: es incluso el momento
que es el momento del control donde se trata de encerrar narrativo de Fábula, son los dos últimos versos, que cuentan
el máximo de materia y de energía en una forma, viene la la quebradura del espejo…
explosión…
Gérard Farasse. – Es una moral…
Jacques Derrida. – Apostaría a que en cada uno de
sus textos tiene lugar ese momento de abandono donde la Jacques Derrida. – Que toma el lugar de lo que
palabra sería devuelta, si se puede decir, a la cosa, se la deja habitualmente es la moral en una fábula. Pero mientras que
partir: momento de abandono que es también un momento en las fábulas de La Fontaine, por ejemplo, por el cual Ponge
de éxtasis, en el sentido en que, al final del Sol colocado tiene la mayor admiración, el relato precede a la fábula,
en abismo, hay esta suerte de raptus erótico. El texto está aquí el relato sigue a la fábula, son las dos últimas líneas
entregado, a la vez al sentido donde ha terminado y donde entre paréntesis: “(DESPUÉS de siete años de desgracias/ Ella
Ponge puede entregarlo, dejarlo entregarse al otro y en el quiebra su espejo)”. La narración viene al final. La fábula
fondo, ya no es su problema. Entonces: dominio del cálculo intenta escapar a la desgracia de la especularidad infinita
(juego ajustado, siempre muy estricto: llave, cerradura y pero esta quebradura del espejo tiene todavía lugar en el
estructura) y al mismo tiempo los bordes de un dominio lenguaje, es decir, como su nombre lo indica en latín, en la
perdido, lo incalculable en juego, el abandono de la llave. fábula: palabra, relato o afabulación. La fábula se ve en el
Usted mencionaba hace un rato la relojería y el concierto, espejo en curso de quebrar su espejo y por consiguiente no
vamos directo a lo que decíamos sobre la llave, la música y la lo rompe. El espejo está constituido por la palabra por, por
llave musical. Entonces, ¿Fábula? el redoblamiento en eco de la palabra por, una de las cuales
aparece citada y la otra utilizada, y que están separadas por
Gérard Farasse. – ¿Cómo salir de la especularidad? la palabra. La palabra es también el espejo, un espejo de dos
¿Acaso se sale de la especularidad? caras ya que por está de los dos lados: “Por la palabra por
comienza, pues, este texto”. No es cuestión de quebrar el
espejo puesto que la quebradura del espejo está tomada en
las palabras, a saber en la narración final que es una historia
contada, pero también la historia de una palabra que no se
18 Francis Ponge, “Paroles à propos des nus de Fautrier”, L’Atelier
dirige al otro, en el ataque performativo del íncipit, sino
contemporain, O. C., t. II, p. 606.
40 Jacques Derrida

reflejándose en él de entrada en la citación de sí. El mismo 5. El idioma


(el mismo verbo, la misma palabra que está al comienzo) es
otro. Se altera inmediatamente y se deporta hacia un origen,
un pasado o un futuro inaccesibles, los suyos, que le siguen
siendo inapropiable y completamente otros. Fábula es un
texto vertiginoso, un texto extremadamente secreto. Pero su
abismo es también muy poca cosa, casi nada, el efecto azogue
que se deja olvidar en la superficie de todas las palabras. En
la superficie de la vida, como de la experiencia que llamamos
la escritura. Después de haberlo analizado tan a menudo,
“explicado”, “desplegado”, “replegado” en la fascinación (a lo
largo de extensos cursos o de conferencias en el extranjero),
he un día hablado de este texto a Ponge, en su cama de Gérard Farasse. – “… cada uno de sus textos, señala usted, es
hospital, algunos años antes de su muerte. Me ha quedado un acontecimiento: singular, único, idiomático, si es que alguna
la impresión de que Fábula era a su parecer un texto menor vez un acontecimiento llega a puerto” 19. Y un poco más
(lo que es también, en efecto, a pesar de su potencia de adelante, usted retoma ese término de idioma para explicar
formalización: expone, resume y pone en abismo toda la la sospecha (¿nietszcheana?) lanzada por Ponge sobre el
historia, la gran historia de las celosías que liga Eco a Narciso filósofo:
en las Metamorfosis de Ovidio, es decir tantas otras cosas
también). Lo había poco menos que olvidado, no teniendo … ningún filósofo habrá firmado su texto,
nada muy interesante que decir de él. Lo que una vez más, resueltamente, singularmente, hablado en su
en una línea, dice la verdad (a saber el olvido) del escribir, y nombre con todos los riesgos que eso implica.
de aquellos que escriben. Cada filósofo deniega el idioma de su nombre,
de su lengua, de su circunstancia, habla por
conceptos y generalidades necesariamente
impropias20.


Si entiendo bien, el filósofo haría como si la lengua no
existiese (no resistiera, no se ofreciera): no sería más que un
medio transparente (un médium) que permite acceder a las


19 Jacques Derrida, Signéponge, op. cit., p. 23.
20 Ibíd., pp. 31-32.
42 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 43

cosas mismas o al pensamiento. La lengua no serviría sino esta unicidad se pliega inmediatamente en la repetición, es
para traducir el pensamiento, sin resto, para retomar una originariamente iterable, luego divisible, y se vuelve legible
de sus expresiones. ¿No cree usted que la interpretación se en la medida en que pierde algo de esta idiomaticidad…
esfuerza en reducir la singularidad de Ponge? No habría allí
Gérard Farasse. – De otro modo sería ilegible…
entonces escritura filosófica. Sin embargo, Ponge ejerce una
suerte de fascinación en los filósofos. ¿Cómo explica usted Jacques Derrida. – Un puro idioma sería ilegible. Hay
que estos últimos, partiendo por Sartre, se hayan arriesgado, digamos, efecto de idioma, singularidad irreductible, pero
lápiz en mano, a escribir sobre él? para que esta singularidad se de a leer como tal, es preciso
que ya ella se borre, que lo imborrable se borre, que se pierda,
Jacques Derrida. – Usted dice prudente y modestamente que pierda algo de su unicidad: no llega más que a borrarse.
“si entiendo bien”. Usted ha entendido muy bien, como Es esta aporía la que cuenta; y el filósofo está tomado en ella,
siempre, y yo debería callarme todo el tiempo después de él también, en tanto que no firma. Ponge, cuando firma,
usted. Me gustaría sin embargo, si me permite, comentar no firma. Cuando firma, hace de su firma un momento del
algunas palabras de una de mis frases, que usted ha tenido texto, por ejemplo en El Prado21…
a bien de citar y que creo notar que, fuera de su contexto,
puede parecer un poco elíptica, a saber: “si es que alguna Gérard
Farasse. – Es su texto el que firma…
vez un acontecimiento llega a puerto”. Es una manera un Jacques Derrida. – Su texto lo firma. Él quiere firmar
poco francesa de escribir: “arribar”, “llegar a puerto”, es directamente la piedra o que sus textos se conviertan en piedras
decir “llegar”, pero también “estibar”, “alcanzar su orilla” que prescindan de su propia firma. Firmar absolutamente, es
y “llegar a sí”. Dejo rondando la hipótesis de que un firmar de tal manera que la firma ya no sea necesaria, que se
acontecimiento, singular, único, idiomático, no llega quizá naturalice y haga parte del monumento. En ese caso ya no
nunca, dicho de otro modo, no se identifica nunca con él necesita ser la firma. Cuando señalo: el filósofo no firma,
mismo, no llega nunca a sí mismo. ¿No es con esa condición quiero decir el filósofo en tanto que tal. Ningún filósofo en
que hay acontecimiento? ¿Que llega, no llegando a llegar tanto que tal habrá firmado su texto, lo que supone, por
a sí?La expresión “llegar a puerto” [plantarse en su borde] supuesto, que los denominados filósofos habrán intentado
hace pensar en el movimiento de un navío que no llegaría a firmar como todo el mundo, es decir, de marcar con su
alcanzar su orilla, su propia orilla, lo que deja entender que nombre su discurso, su sistema, sus filosofemas, escribiendo
lo único, la singular o lo idiomático está siempre dividido, en una lengua singular, pero que han pretendido, en tanto
no se identifica nunca consigo mismo. Cuando llega (o lo que filósofos, escribir cosas tan universales que ya no
que llega con él, o lo que le llega), implica esta división por la dependen de ellos y que por consiguiente la singularidad
cual se expropia a sí mismo. Es el movimiento que llamo ex-
apropiación y que me importa aquí: cada vez, eso tiene lugar
solo una vez (cada texto de Ponge es un texto único), pero
21 Francis Ponge, “Le Pré”, Nouveau recueil, O.C., t. II, p. 340.
44 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 45

del idioma puede ser neutralizada, suspendida, puesta entre Gérard Farasse. – No creo, pero Maldiney trabajó sobre
paréntesis, borrada; y ellos pretenden todavía firmar esa él, y Ponge mismo, en sus textos, se plantea la pregunta: ¿por
abnegación de la firma, esa retirada del trazo, ese desellado qué los filósofos se han interesado tanto en mí, cuando lo
del sello. Esto es la filosofía: una cierta manera de no firmar que yo querría es ser estudiado más bien como un literato?
que difiere (de) la del poeta, por ejemplo, quien también,
finalmente, firma sin firmar. Ponge a hecho el elogio de una Jacques Derrida. – Podríamos arriesgarnos a distinguir
firma que consistiría en no firmar, de textos que podrían entre dos grandes tipos de explicación, una por la identidad,
prescindir de la firma, y que estarían ahí, como piedras o para avanzar rápido, y la otra por la diferencia. Por la
monumentos naturalizados; la filosofía es una manera, una identidad en la medida en que hay, en Ponge, por las razones
cierta manera de tratar con ese acontecimiento de firma que señaladas antes, lo filosófico. Hablando de la cosa misma,
no llega sino a firmar sin firmar. él habla del texto, de la percepción, de la relación con la
cosa misma, de la lengua, de la ética del discurso, de la
Gérard Farasse. – En ese caso, usted no es filósofo, política: hay pues una gran riqueza filosófica en el contenido
porque su escritura me parece idiomática. de la obra de Ponge incluso si la obra no se reduce a eso.
Uno quiere ocuparse de un poeta que es tan filósofo. Y
Jacques Derrida. – No hay idioma puro: la naturaleza luego está también la diferencia: Sartre, por ejemplo, está
de los textos depende de las circunstancias y de las lecturas; completamente fascinado sin saberlo o sin decirlo por…
los dos existen, lo filosófico y lo no-filosófico. Los textos
de Ponge son por momentos filosóficos. Aunque se hayan Gérard Farasse. – Por los escritores del objeto: Flaubert…
distinguido allí las estructuras intencionales de quien quiere
escribir como filósofo y de quien quiere escribir como poeta, Jacques Derrida. – Por los escritores del objeto que
no hay texto que sea puramente filosófico ni texto que sea se explican con la cosa y con la lengua como él no lo hizo
puramente poético a causa de esa estructura de ex-apropiación nunca, aun cuando el Roquentin de La nausea, ante la raíz,
de la que hablábamos: hay por todas partes firma sin firma. A se mete hasta el fondo con la cosa misma, que resiste a su
consecuencia de estos cruces, no es sorprendente que Ponge discurso: es el momento de la nausea. Y este es un momento
haya fascinado a algunos de los llamados filósofos pero no que se podría llamar, un poco rápidamente, pongiano, que
ha fascinado a demasiados filósofos. Cuando usted habla de se podría, muy rápidamente…
Sartre, es un filósofo de una especie un tanto especial…
Gérard Farasse. – Es una experiencia bastante distinta
Gérard Farasse. – Bastante particular; pero, por ejemplo, porque tengo la impresión que en Sartre hay un vértigo,
él era muy amigo con Groethuysen… mientras que en Ponge hay un rechazo del vértigo…

Jacques Derrida. – Sí, pero Groethuysen no escribió Jacques Derrida. – Es cierto.


sobre Ponge, hasta donde sé.
46 Jacques Derrida

Gérard Farasse. – Es preciso descartar completamente 6. La metáfora


esta clase de experiencia porque es el abismo. Es preciso
sobre todo no perderse, ¿no?

Jacques Derrida. – Sí y no, tenemos el mismo asombro,
la misma turbación ante el hecho de que la cosa misma está
ahí, fuera de mí, inasimilable, apelando a la descripción
porque es indescriptible: el ser en exceso. Su existencia está
más presente que su sentido mismo, está ante mí el ser de una
cosa que agotará mi discurso y que no puedo reapropiarme.
Gérard Farasse. – Pero es una amenaza para Sartre
mientras que para Ponge eso no es sentido como una
amenaza. Gérard Farasse. – Ya que hemos llegado a la cuestión del
idioma, quizá podríamos interrogarnos sobre la metáfora.
Jacques Derrida. – Sin duda. Y quizá la serenidad A la inversa de muchos poetas (estoy pensando en los
de Ponge (aunque no hay que fiarse tanto de ella) es una surrealistas, por ejemplo), Ponge no es de hacer brotar
manera, un estilo, el estilo en el tratamiento de la angustia. bellas metáforas: desconfía de las imágenes. Ellas se dirigen
Sartre estaba quizá fascinado por lo que desbordaba su propia a la asimilación cuando él va a la diferencia (“la cualidad
escritura, por lo que él no hacía, de una cierta manera; y lo diferencial”). Sin embargo, no se puede excluirlas y por otra
mismo cabe decir de Genet. Sartre es un filósofo transido parte es necesario recordar en su concepto la metáfora que
por la tentación literaria. Empieza a lidiar un poco aquí con ella misma entraña. Lo remito a La Opinión cambiada en
alguien que, en tanto que poeta, decía la misma cosa y más cuanto a las flores, que usted cita en “Parergon”22:
que lo que él quería decir en su momento fenomenológico.
Pero Ponge, a su vez, estaba fascinado por la filosofía. La La flor es una de las pasiones típicas del espíritu
rechaza, la ridiculiza a menudo, pero estaba muy contento humano.
de haber inspirado discursos filosóficos. No dejaba pasar Una de las ruedas de su carrusel. Una de sus
ocasión para recordar su formación filosófica. metáforas de rutina.
Una de las involuciones, de las obsesiones
características
de ese espíritu.


22Jacques Derrida, La Vérité en peinture, Paris: Flammarion, 1978,
pp. 117-118.
48 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 49

Para liberarnos, liberemos a la flor. rectilínea de los tranvías determinada por los
Cambiemos de opinión en cuanto a ella. rieles24.
Fuera de este involucro:
El concepto que devino, El otro procedimiento consiste en multiplicarlas con el
Por alguna revolución devolutiva, fin de neutralizar su efecto. Ponge atraviesa la metáfora
Llevémosla, a salvo de toda definición, a en el primer caso y se abre camino entre las metáforas en
lo que ella es. el segundo. Haría falta citar aquí el muy bello pasaje de
– ¿Pero entonces qué? Respuesta a una encuesta radiofónica sobre la dicción poética,
– Obviamente: un conceptáculo23 . donde describe la manera en la cual siente su trabajo en el
momento mismo en que lo lleva a cabo:
Ponge utiliza, me parece, al menos dos procedimientos para
habérselas con la metáfora; el primero, constante, consiste en Muy a menudo me sucede, escribiendo, tener
impedir la fusión del comparante y de lo comparado; estos la impresión de que cada una de las expresiones
siempre están, en él, como en disputa; hay fricciones, roces: que profiero no es más que una tentativa, una
no se adhieren. Después de haber formulado la metáfora, aproximación, un esbozo; e incluso que trabajo
Ponge la anula inmediatamente; después de haber planteado entre o a través del diccionario un poco a la
manera de un topo, desestimando a derecha
la analogía, subraya las diferencias. A la figuración sucede
y a izquierda las palabras, las expresiones,
una desfiguración. Un solo ejemplo, en La Avispa:
abriéndome mi camino a través de ellas, a pesar
de ellas. Así, mis expresiones me aparecen más
Analogía de la avispa y del tranvía eléctrico.
bien como materiales rechazados, como los
Algo mudo en el reposo y cantor en la acción.
escombros y en el límite la obra misma a veces
Algo también de tren corto, con primeras y
como el túnel, la galería, o finalmente la cámara
segundas, o más bien motor y con engranajes. Y
que he abierto en la roca, antes que como una
trolley chisporroteante. Chisporroteante como
construcción, como un edificio, o como una
una fritura, una química (efervescente).
estatua25.
Y si toca, pica. Algo diferente de un choque
mecánico: un contacto eléctrico, una vibración He aquí una maravillosa percepción endoscópica. “Lanzar
venenosa. las metáforas contra las metáforas”26, ese era, desde La voz y el
Pero su cuerpo es más blando –es decir, en
suma, más finamente articulado–, su vuelo más
caprichoso, imprevisto, peligroso, que la marcha
24 Francis Ponge, La Rage de l’expression, O. C., t. I, p. 340.
25 Francis Ponge, Le Grand Recueil, II, Méthodes, O. C., t. I, p. 645.
23 26 Jacques Derrida, La Voix et le Phénomène. Introduction au problème
Francis Ponge, Nouveau Nouveau récueil, II, O. C., t. II, p. 1204.
du signe dans la phénoménologie de Husserl, Paris: PUF, 1967.
50 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 51

fenómeno, su planteamiento para girar o darle la vuelta a ese posibilidad no-figurativa del lenguaje como si existiese en
tropo. Entre su manera de tratar la metáfora y la de Ponge, la lengua, en el uso de la lengua…
¿cuáles son las semejanzas y cuáles las diferencias?
Gérard Farasse. – Usted decía, o más bien escribía, en
Jacques Derrida. – Está en primer lugar el genio singular La voz y el fenómeno, si no recuerdo mal, que es imposible
de Ponge, pero también una ley que lleva a la estructura de escribir sin metáforas: estamos obligados a pasar por las
la metáfora y al concepto de esta estructura. Una metáfora metáforas.
ha siempre sido lo que, habiendo servido, por analogía y
semejanza para acercarse a una identidad o a una esencia, es Jacques Derrida. – Sí, y al mismo tiempo, he intentado,
enseguida rechazada, desbordada o superada, vuelta inútil en “La mitología blanca”27, hacer notar en qué la metáfora
por el agotamiento mismo de su uso. Desde este punto de y el concepto de metáfora, a pesar de su oposición aparente
vista, el gesto consistente en servirse de una metáfora para al concepto, y al concepto de concepto, a pesar de todas
enseguida tirarla, expulsarla o en multiplicar las metáforas las oposiciones en las cuales la metáfora se encuentra
para lanzarlas unas contra otras con el fin de obtener o de comprometida, implicaría una filosofía, yo diría incluso la
acercarse, al término de esta consumación de metáforas, a filosofía. Desde el momento en que la lengua está totalmente
la intuición de la cosa misma, sin metáfora, es la tradición transida de metaforicidad, la metáfora es sin borde, sin
misma de la metáfora. En el maravilloso texto que usted oposición: si el concepto guarda en su estructura y en lo que
acaba de citar, incluso cuando él describe su práctica de la le mantiene en la lengua algo de metafórico, el concepto de
metáfora, y para dirigirse más allá de ella, Ponge lo hace metáfora pierde todo límite y ya no es entonces pertinente
a través de ellas; hace lo que dice que hace: “a la manera para describir esto de lo cual estamos hablando. Dicho
de un topo”, “como el túnel, la galería”, “antes que como de otro modo, todo esto, no son más que metáforas que
una construcción”. “Como-más bien que-como”: ese es el utilizamos, que oponemos, que rechazamos, que superamos,
movimiento de escarbamiento de ese texto. Ponge se sirve etc., pero desde el momento en que ya no hay nada que
de una metáfora contra otra para decir lo que hace con las oponer a la metáfora, esta dejar de ser pertinente y, en el
metáforas. Hay una enorme consumición de metáforas sin fondo, es a partir de esta no-pertinencia que podemos decir
metafórica: su poesía, tiene usted razón en subrayarlo, no que lo que sucede con, por ejemplo, la escritura de Ponge,
es una poesía metafórica o simbólica, sino una poesía que en su uso y su abuso de las metáforas, es algo no metafórico;
echa las metáforas al fuego, de cierto modo. Protege una del él abusa de la metáfora para conducir a la metáfora ahí
fuego, como se dice, mientras está en curso de chamuscar, de donde ya no se tiene necesidad de ella, ahí donde la lengua
quemar o de consumir la otra, de tirarla. no es más metafórica – ni el concepto. En el magnífico
Para tratar seriamente este problema, habría que meterse texto de La Avispa, esas analogías aceptadas o rechazadas,
en la cuestión del concepto de metáfora, sea que lo oponga y en todo caso corregidas, todo ese trabajo de la metáfora,
a otras figuras como metonimia, sea que lo oponga a una
27 Jacques Derrida, Marges – de la philosophie, op. cit., pp. 247-324.
52 Jacques Derrida

en la metáfora, permite a Ponge producir, de repente, un 7. La aserción, la aproximación


sentimiento de evidencia, mientras que, verdaderamente,
nada es común a la avispa y al tranvía eléctrico, salvo algo que
nos vuelve hacia la avispa: vemos mejor a la avispa después
de haber convocado al tranvía eléctrico y después de haberlo
enseguida desechado; algo de la avispa y de la palabra avispa
se ha anunciado y presentado, que ya no tiene necesidad
del tranvía eléctrico – que ha sin embargo, desde entonces,
funcionado: cortamos la corriente, se vuelve inutilizable
(hors d’usage). Ponge muestra y efectúa el devenir-inutilizable
(devenir-hors-d’usage) de las metáforas, demuestra por qué su
lenguaje pone a las metáforas fuera de servicio. Para hacer
esto, es preciso desgastarlas al máximo. Gérard Farasse. – Otra pregunta, siempre sobre el idioma.
Hay en Ponge frases autoritarias, perentorias, fuertemente
Gérard Farasse. – Es un criterio más próximo al de asertivas: Ponge tiende al proverbio. Y al mismo tiempo
un pensador que al de un poeta; para los surrealistas, por frases inciertas, modalizadas, en las cuales la aserción parece
ejemplo, la imagen parece ser un fin: ellos buscan una bella suspendida. Esforzándose en describir los Valles de la Chiffa,
imagen, la encuentran y se detienen allí… el viernes 19 de diciembre de 1947, Ponge escribe:
Jacques Derrida. – Tiene usted razón: Ponge no se
Una suerte de leche, de café con leche. Pero no,
interesa por las imágenes, no quiere proponerle una imagen esto no evoca del todo el café, más bien el té con
que usted conservaría como tal y que contemplaría, leche (con mucha leche y poco té muy fuerte).
exclamando: “¡Ah!, ¡pero qué verdadera es esta imagen!”.
No, a mí parecer, es preciso decir: esta imagen no vale nada; Sí, es dorado como el té.
“el tranvía eléctrico”, eso no vale nada, “la fritura”, eso no Un riachuelo de té con leche.
vale nada. Pero incluso si esas imágenes carecen de valor, Fluye como de una comisura.
habrán usado mucho (beaucoup servi) la cosa misma. Las La montaña pierde un riachuelo de té con
imágenes no se dejan embalsamar: no se guardan. Un poema leche.
no es un museo de imágenes. En una taza (un platillo) de bastante
rugosa tierra gris.

Y la brecha en la montaña es como la de un
bizcocho (o pastel, más bien pastel) bastante
quebradizo. Una masa bastante levantada,

bastante grasa, entre bien cocida y muy
54 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 55

bien cocida –y rompe de la manera menos borradores (es decir el equivalente de la frase “hipotética”)
geométrica–, se desmorona más bien, se viene ¿no son ellos acaso el infierno del cual el texto “definitivo” (es
abajo. En algunos lugares, la masa está más seca, decir el equivalente de la frase hipertética) sería el paraíso?
como galleta.
Jacques Derrida. – Ponge es sin duda uno de los que, en
LA CHIFFA. – Una leche de arcilla, una infusión este tiempo, han hecho más por cuestionar la institución
de arena. –o la convención– que distingue entre la versión definitiva
(Yo la he buscado durante mucho tiempo, a esta
(publicada o publicable) y la “fábrica”, el proceso, la escritura
Chiffa. Me parece que prácticamente la tengo,
genética. Él aceptó exhibir públicamente el trabajo como tal:
ahora.)28
los borradores, las tachaduras, los esbozos, las circunstancias,
la correspondencia en torno a un texto en curso de
Uno no puede sino maravillarse del exceso de escrúpulo
escribirse, etc.: La Mesa acaba de ser publicada como antaño
al que conduce este derrotero. Después que Ponge ha
La Fábrica del Prado e incluso Como un Higo de palabras y
trabajado tantas palabras, no se queda más que con algunas:
por qué 30. Por sí mismo este gesto da para reflexionar sobre
“Una leche de arcilla, una infusión de arena”. Todavía no es
lo que es la institución literaria. Durante mucho tiempo
completamente seguro: el paréntesis pone por una parte
ella ha vivido de la distinción entre la dignidad del texto
en cuestión esta certeza: “me parece”, “prácticamente”. Mi
terminado, publicable, por el autor o sus representantes, y
pregunta sería la siguiente: ¿cómo concebir las relaciones
lo que reprimía: borradores, tachaduras, aproximaciones. La
entre los dos tipos de frases, una hipertética como dicen
contribución de Ponge es, pues, por una parte, un aporte a
los lingüistas (y Ponge en La Opinión cambiada en cuanto
la historia de la legitimidad literaria, el aporte histórico del
a las flores29), la otra hipotética? Podría parecerlo leyendo el
historiador tanto como el de aquél que hace la historia. De
Partido tomado por las cosas: Ponge borra ahí sus huellas. A
otro lado, vuelve a llamar así nuestra atención que lo que
partir de ahí todo ocurrirá como si se le hiciera imposible
quiere tomar o mantener en su descripción es tanto la cosa
borrar: para borrar, agrega como hacemos cuando se habla.
misma como la experiencia durable o el afecto, el afecto en
El texto es tachado pero se trata de una suerte de tachadura
proceso, de alguna manera, de su aprehensión de la cosa;
blanca: no hay borramiento definitivo. Hay la huella de
cuando escribe: “la tengo”, habla de la Chiffa misma (que,
un borramiento. Ponge deja aparecer toda esta labor de
entre paréntesis, es un lugar que conozco)…
aproximaciones, de manera que hay que considerarlo como
haciendo parte del texto. Hablé de la frase, pero esta pregunta Gérard Farasse. – Y es por eso que he escogido mostrarle
plantea otra, más vasta: ¿cuáles son los límites del texto? Los
ese pasaje…

28 Francis Ponge, “Prochades en prose”, Méthodes, II, Le Grand
Recueil, O. C., t. I, p. 546.
29 Francis Ponge, Nouveau Nouveau recueil, II, O. C., t. II, p. 1217. 30 N. de T. Todos estos textos dejan expuestos los borradores, etc.
56 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 57

Jacques Derrida. – Existe pues ese lugar, tal como él lo tachadura, aproximación, desgaste (usure) de las metáforas.
ha visto, tal como lo ha vivido, tal como lo ha aprehendido; Y esto no descalifica la diferencia entre la llamada versión
y existe también ese nombre, que no es cualquiera. Cuando final, finalmente detenida, y que accede a un estatus social
dice que la tiene, no es cuestión de tener, de mantener o original, y de otra parte el movimiento de aproximación
de retener la cosa misma, por supuesto, sino de obtener que tiende hacia ella (un borrador, un esbozo, notas
la experiencia singular de la aparición a él de la Chiffa, la restantes de escrituras inacabadas, su estatus y su función
Chiffa-para-él, lo que no quiere decir simplemente subjetiva, deben permanecer intactos, como “la idea” o el “deseo” de la
en el sentido en que sería plausible solo para él, en que sería versión definitiva, firmada de otro modo, incluso cuando se
simplemente una representación para él; no obstante, es la la abandona todavía imperfecta). Tenemos necesidad de que
experiencia que él ha hecho de la cosa misma pero que ha el sistema permanezca intacto, no podemos prescindir del
hecho él mismo, es la impresión: hay en Mallarmé y en otros, telos y de la legitimación de la obra acabada, pero este sistema
en los pintores en particular, un discurso sobre el hecho que está sometido a otro juego y se encuentra interrogado, leído
lo que se pinta es sin duda la cosa misma, pero en primer como tal, des-naturalizado por la publicación de la “fábrica”.
lugar la impresión que la cosa misma hace en nosotros, En el texto que usted citaba, para volver un poco atrás a
la fenomenalidad del fenómeno de la cosa misma para la la cuestión de la metáfora y de la analogía, estas últimas
experiencia. Esta impresión no está nunca simplemente (“una suerte de leche”, “sí, es dorado como el té”, “fluye
instalada en un presente monumental, es un proceso que se como de una comisura”, “como un bizcocho”) se presentan
mantiene él mismo en al aproximación. Solo una escritura como tales, como la sintaxis, el lenguaje, el “como” de la
en proceso puede intentar medirse con (o rendir cuenta de) comparación y desde el momento, justamente, en que el
esta aproximación. Publicar los borradores, por lo tanto, no “como” es subrayado por su repetición, hay una franqueza,
es una complacencia narcisista (“vean cómo los esbozos eran una no-disimulación: no son sino metáforas, por las cuales
ya ricos o interesantes”) o la confesión de un fracaso (“no me acerco por todos los costados a algo que, quizá, acabaré
llegué a terminar esta cosa y entrego todos los materiales de por sorprender, por agarrar o sostener… quizá no… Me
mi trabajo”), es la sensibilidad fiel a lo que no ha podido ser hace falta testimoniar de ello.
sino un movimiento de la experiencia como en la escritura,
en la experiencia como escritura. Desde el momento en que Gérard Farasse. – Y el texto, también en este caso,
se presta, que en verdad se debe alguna atención a ese proceso describe su propio movimiento: “se desmorona más bien, se
(y esta palabra vale del lado del proceso pero también del viene abajo”…
lado del derecho, de la deuda, de la responsabilidad: del
testimonio), es en vistas de su deber con respecto a la cosa Jacques Derrida. – Sí, cuando escribe “la tengo”, esta
y a la experiencia de la cosa que Ponge publica todo: las afirmación quiere decir: tengo mi texto, lo tengo, lo
tachaduras, y las tachaduras en el sentido de los borradores comprendo, me mantengo en él, él me mantiene, lo sostiene,
pero también lo que está estructurado, en el texto final, como lo sostiene solo y uno mantiene al otro. Ten, es también
58 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 59

a ti, te ofrezco esto que tengo. Tender para dar, dar para Jacques Derrida. – Haría falta, a este respecto, volver a
mantener, tener para tender, tener para dar: al otro la cosa. trazar una historia de la legitimación de la cual hablábamos,
de esta. Porque, en un momento dado, en un momento
Gérard Farasse. – Uno tiene la sensación de una paradoja muy determinado, Ponge tuvo la audacia de presentar sus
entre una escritura que hace ley, que se presenta como tachaduras, de entregarlas, lo cual quizá no se atrevió a hacer
proverbial, definitiva, y una escritura muy incierta que es la antes, y esta audacia se la pagó él, porque su nombre y su
que usted acaba de comentar; cuando concluye con ese “la firma tenían entonces el crédito necesario. Hay ahí una
tengo”, resume en una fórmula,
que es una fórmula para ser historia de la legitimación y pasa también por el otro, es una
inscrita sobre la piedra… auto-hetero-legitimación.
Jacques Derrida. – Al mismo tiempo, no borra, si se
puede decir, sus tachaduras, han sido dejadas ahí, dadas,
abandonadas; y en el momento mismo en que parecen
rechazadas, incluso anuladas, se guardan, él se cuidaría
de no guardarlas. El texto que tiene, mantiene, retiene,
es la totalidad o más bien la aproximación infinita de la
totalización que se afirma: la tachadura es re-afirmada,
con autoridad. Ponge es un autor autoritario, un escritor
de paso firme, firme y resuelto. En el fondo, no renuncia
a nada: cuando tacha, encuentra la tachadura interesante y
tiene razón. Pero es preciso que tenga razón, porque de otro
modo se equivocaría, ¿no es así? Equivocado de mostrarse

tan resuelto en hacer o en mostrar ¡lo que no lo ameritaría!

Otros, sí, se habrían equivocado al dejarnos sus tachaduras e

hicieron mejor en dudarlo. Hay tachadura y tachadura. En el

proceso, la tachadura – lo que tacha tanto como la tachadura

de la tachadura– sigue sirviendo. Su signo se monumentaliza

en el firma: es por eso que él deja sus borradores sobre la

mesa, deja La Mesa sobre la mesa.

Gérard Farasse. – Desde este punto de vista, hay una gran
evolución entre los textos del Partido tomado por las cosas,
donde la mayor parte están concluidos, y los que seguirán,
que exhiben todo ese trabajo que estaba oculto.

8. Sí











Gérard Farasse. – Ya que estamos en la afirmación (el texto
de Ponge no se limita a afirmar sino que afirma la afirmación),
me gustaría que usted me dijese dos palabras sobre Ulises
gramófono31, en el cual usted comenta el sí de Joyce. ¿Podría
comentar el sí de Joyce? Lidiando con Malherbe, Ponge
ocupa esta fórmula: “Él hace vibrar a la razón” 32, y propone
el nombre de rezón (réson).

Es el tono afirmativo del Verbo, completamente
necesario para que “refiera”. Es el SÍ del Sol
o el SÍ de Racine, le SÍ de Mallarmé; es el
tono resuelto, aquél de lo que he llamado la
“resolución humana”, el de la resolución estoica:
“a toda costa la salud, el regocijo y la alegría”.
Es finalmente la única justificación de la Palabra
(prosa o poesía), una vez franqueadas todas las
razones para callarse. Es la decisión de hablar33.


31 Jacques Derrida, Ulysse gramophone, Paris: Galilée, 1987.
32 Francis Ponge, Pour un Malherbe, O. C., t. II, p. 186.
33 Ibíd., pp. 186-187.
62 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 63

Y más adelante: “Poesía del ciertamente. La articulación la indiferencia”36. Una cierta ascesis (artística, moral)
del Sí./ El desarrollo articulado del Sí”34. Me haría falta citar conduciría pues a Ponge del rechazo a la aceptación, luego a
aquí todo El Sol puesto en abismo: la neutralización de estas dos actitudes.

No queda, pues, más que una solución. Jacques Derrida. – Una vez más, ha dicho usted muy
Recomenzar voluntariamente el himno. Tomar al bien todo lo que había que decir sobre este tema; solo estoy
sol decididamente de buen grado. También está aquí para escucharlo o dar a otros la oportunidad de hacerlo
ahí el poder del lenguaje. Felicitarnos por eso, también. No agregaré, pues, más que una pregunta o una
celebrar. Felicitarlo por eso. Honrarlo, cantarlo, nota de incerteza: no estoy seguro que el rechazo sea seguido
tratando únicamente de renovar los temas (y por la aceptación, luego por alguna neutralización.
variaciones) de este elogio. Matizarlo, en pleno ¿Hay verdaderamente allí la historia de una sucesión? Estaría
embeleso. más bien tentado de decir que, por implicación necesaria e
Ciertamente sabemos a qué atenernos, pero a inmediata, uno esta alojado en el otro. En lo que respecta
toda costa la salud, el regocijo y la alegría. al sí, he intentado mostrar, en Signéponge, que no hay firma
Es preciso metalógicamente “rehacerlo”, poseerlo.
sin sí. Firmar no consiste en escribir el nombre. Cuando se
En pleno embeleso.
escribe el nombre, sobre un formulario por ejemplo, no se
“Remonta pues, ya que al fin tu remontas. Tú me
recreas. ¡Ah! ¡He hablado mal de ti! Etc., etc.”
trata de una firma. Usted firma al final de un texto para decir
Cambiar el mal en bien. Los trabajos forzados en sí: sí, ese es mi nombre. El acto de firma consiste en asentir,
Paraíso. en confirmar…
Luego terminar en la ambigüedad altamente Gérard Farasse. – En autentificar…
desdeñosa, irónica y tónica a la vez: el
funcionamiento verbal, sin ningún coeficiente Jacques Derrida. – En autentificar. Todo lo que es
laudatorio ni peyorativo: el objueto35. dicho en Signéponge de la firma, concierne al sí en Ponge.
Por otra parte, usted habla del sí del Sol, y Ponge mismo
Leyendo atentamente este pasaje, parece sin embargo que lo hace, del sí de Racine, del sí de Mallarmé. Este sí está
ese sí triunfante (triunfante de todo lo negativo) necesita muy fuertemente firmado, contrafirmado, reiterado por
ser superado hacia lo que Ponge llama en otro lugar la Ponge y, en ese sentido, podría parecerse, como un sí a un
indiferencia: “No obstante, en algunos, solamente entre los otro, al de Joyce o a otros. Creo sin embargo que tiene una
más grandes artistas, un paso más se ha dado. / Es alcanzada cualidad diferencial: es a la vez falo- y galo-céntrico, lo cual
no es el caso tan simplemente en Joyce por ejemplo. Usted

34 Ibíd., p. 257. 36 Francis Ponge, “De la nature morte et de Chardin”, L’Atelier


35 Francis Ponge, Le Grand Recueil, III, Pièces, O. C., t. I, p. 783. contemporain, O. C., t. II, p. 667.
64 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 65

recordará todos los valores de virilidad que Ponge asocia Si el sí triunfante parece dejar su lugar a otro modo de
deliberadamente a la afirmación, a la franqueza. Cuando aceptación o de neutralización, creo que en el triunfo mismo,
habla de Malherbe, es siempre la hipérbole de la posición es decir, en la afirmación de firma (digo sí, acepto, digo sí
masculina que, en la medida en que es hiperbólica, del lado a la naturaleza), hay ya la renuncia: la renuncia está en el
del sol, si usted quiere, se invierte del lado de la mujer: el corazón del triunfo. Firmar es afirmar de manera firme, y
sol, es también, la “puta pelirroja”. Hay, pues, una hipérbole triunfante, algo de lo cual ya se ha hecho su duelo: el triunfo
falocéntrica en Ponge, del lado de franceidad (francité), de es un momento del duelo en la descripción que de él da
su franqueza (franchise) y de todos los valores que asocia Freud: el momento maniaco es el momento del triunfo; y se
con eso. Se invierte inevitablemente yendo al extremo de triunfa en el momento en que se pierde y en que no se quiere
la afirmación viril; y luego está la hipérbole galocéntrica, y renunciar. Pero diciendo que “no se quiere renunciar”, se
ahí, lo digo de manera equívoca, a la vez para inquietarme hace la experiencia de la pérdida…
un poco y para marcar que, desde el momento en que él
reafirma la lengua francesa, no escapará –¿y quién podría Gérard Farasse. – Uno se desliga…
hacerlo?– a una suerte de galocentrismo consustancial a
todo lo que escribe. Falogalocentrismo. Jacques Derrida. – Uno se desliga. Hemos comenzado
Es preciso subrayar que la palabra sí (oui) no es la palabra con este tema diciendo que uno se apropia y que uno se
yes. Recuerdo su origen latino en Ulises gramófono. La deja expropiar al mismo tiempo. Pero no son dos momentos
lengua de oíl y la lengua de oc, es la lengua del sí, es el medio sucesivos: es la misma estructura. Es el “eso parte de mí”; esto
de decir oui. Y la forma redonda de la O que Ponge designa procede de mí separándose de mí, desde la partida (départ)
como una moneda, se liga a la lengua francesa y no puede que inscribe el reparto (partage), la partición, el “apartarse”
leerse sino en ésta. No se puede pues traducir el contenido de sí en lo más próximo de sí, en lo que me relaciona a lo que
del yes en el contenido del oui. Es por eso que usted tiene soy o lo que tengo de más propio.

razón al decir que habría que ajustar en Ponge un discurso
sobre el oui que no sea él mismo un discurso sobre el yes o
sobre el ja alemán. El ja no es ni el oui ni el yes. En Nietzsche,
por ejemplo, ja es el rebuzno del asno que dice ja, ja, es
el ja del asno cristiano que asume la responsabilidad, por
oposición al ja danzante y ligero. Esto solo puede decirse
en alemán, el ja no se parece al grito del asno sino en esa
lengua. Creo, pues, en la necesidad de tomar en cuenta el sí
de Ponge, el sentido pero también la palabra oui, el vocablo
francés, y no solamente el vocablo, sino las formas gráficas
de su inscripción, la O, la U, la I, la moneda redonda, el sol,
O, el vaso, U, el árbol vertical, I, del OUI, etc.
9. La palabra dada











Gérard Farasse. – Parecería que la reflexión de Ponge remite
sobre todo a la palabra: si lingüística sería una lingüística
de la palabra. Por otra parte, la crítica, fiel en esto a sus
declaraciones, ha concedido mucha más atención, hasta
ahora, a su semántica que a su sintaxis, altamente compleja
no obstante.

Y en lo que se refiere al lenguaje francés,
ciertamente creemos conocerlo un poco, aunque
quizá debamos reconocer habernos ocupado en
nuestro estudio mucho más del vocabulario, del
diccionario, que de la sintaxis, de la gramática,
en resumen, de la materia propiamente hablando
más bien que de las formas o figuras. En cuanto
a estas, las hemos practicado por instinto, sin
aplicarnos demasiado a su estudio37.

Ponge experimenta, por otra parte, una suerte de
desconfianza por respecto a la sintaxis: “El mayor peligro
puede, aquí, venir de la sintaxis, trampa del buen sentido,

37 Francis Ponge, Pour un Malherbe, O. C., t. II, p. 173.
68 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 69

triunfo de la escuela. Para vincular las palabras, es una salsa, la cosa. Esta no es natural, es constituida y convocada
cuyo exceso abisma el gusto”38. Semejante reparto entre la por la lógica de la ley o de la deuda que intento analizar
forma y la materia, la sintaxis y la semántica, ¿es legítimo? en Signéponge. En esta perspectiva, la palabra no es una
¿Corresponde realmente a la práctica de Ponge? En lo que unidad indescomponible ni una unidad irreductible, o
respecta al trabajo del léxico, la anamnesis etimológica, ¿le trascendente a la sintaxis: es una concreción que sella un
parece a usted en él una búsqueda del origen como sentido contrato (engagement). En suma, él hace pasar de la palabra
verdadero o simplemente la puesta en juego de todas las a la palabra dada: en razón del contrato que es el lenguaje, la
posibilidades de los vocablos? Usted parece manifestar firma, la relación al otro, es necesario que la palabra aguante
reservas sobre la noción de “espesor semántico”, sobre ese y que la cosa aguante, ¿no es así?, que sea uno o una: por
“materialismo semántico cuya simplificación, escribe usted, él consiguiente, es preciso pensar la unidad de la palabra, y
ha aceptado muy rápidamente”39. hay una, no como un objeto natural, intocable y dado a la
ciencia lingüística sino como un efecto de la ley, el efecto
Jacques Derrida. – En su forma teórica, algunos enunciados de una suerte de contrato, de deuda o de compromiso. Este
de Ponge parecen en efecto confiarse a esta lingüística de movimiento hacia la unidad de la palabra debe ponerse
la palabra. Su escritura supone, hasta un cierto punto, que en relación con el performativo de la palabra dada, con el
semejante lingüística sea justa o verdadera. Ella guarda, lo compromiso frente a la cosa.
que no deja de hacer en todo caso, una gran pertinencia. Esto no impide a Ponge, una vez más, tratar también a la
Esta ciencia es necesidad. Esto no impide, me parece, que palabra como si fuese una cosa natural, como lo hacen los
la autoridad última de la palabra, su unidad misma, sea de lingüistas cuando ven ahí la última instancia de la lingüística.
algún modo discutida por Ponge: prácticamente. Su trabajo Ese naturalismo, este efecto de naturalismo, es necesario en
descompone también el vocablo o el término, lo reinscribe Ponge. Es a la vez acreditado y discutido: no podemos
en una sintaxis que lo pone en todos sus estados. La frase denegarlo incluso si por otro lado el trabajo cumplido viene
es lo esencial. En realidad, Ponge necesita de la unidad de a socavarlo. La frase que usted cita como el “peligro” de la
la palabra pero no en cuanto unidad esencial, sustancial, sintaxis, apunta sobre todo a una cierta sintaxis, que viene
intangible, metafísicamente dada, sino en cuanto unidad que a ahogarse en su salsa, de alguna manera, esta unidad de la
realiza la ley, que haga la ley en el lenguaje, correlativamente palabra y esta unidad de la cosa pero, como usted mismo
a la unidad de la cosa. lo ha dicho acertadamente, más allá de un cierto estado,
La pregunta que usted plantea a propósito de la unidad está el trabajo sintáctico. Ponge es también un “sintáctico”
de la palabra debe plantearse a propósito de la unidad de (syntaxier).
Gérard Farasse. – ¿Es un sintáctico?
38 Francis Ponge, “Fragments métatechniques”, Nouveau recueil, O. C.,
t. II, p. 306.
39 Jacques Derrida, Signéponge, op. cit., p. 34.
70 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 71

Jacques Derrida. – Un sintáctico y un orador. Él Jacques Derrida. – Lo que él hace desmiente quizá
protestaría contra esta definición, pero es alguien que tiene entonces, desde un cierto punto de vista, lo que él dice. Hay,
el genio de la frase y de su ritmo. Cuando hablamos de naturalmente, efectos de reserva, de espesor, de riqueza,
ritmo y de sintaxis, evidentemente, la unidad de la palabra de bomba, si usted quiere. Pero pasar de esos efectos a
se encuentra inscrita: en gestación. una suerte de enunciado metafísico sobre la reserva real de
sentido oculta en una palabra, eso sería una mistificación.
Gérard Farasse. – Tenía yo la impresión que, en Es preciso reconocerlo: es uno de los ejemplos donde los
Signéponge, usted tomaba la palabra sintaxis en el sentido de enunciados teóricos de Ponge me parecen poco ajustados a
articulación de las diferentes acepciones de un vocablo, en el lo que él hace. Lo que no quiere de ningún modo decir que
interior de sí mismo, en su volumen. no tenga interés en hacer como si esta reserva de sentido fuera
Jacques Derrida. – Es lo que usted sugiere cuando un tesoro oculto en la palabra o como si la etimología fuera
recuerda esa noción de espesor semántico. Pero se trata verdaderamente la regla de la evolución histórica. Tratar
ahí todavía de otra cosa. Ponge juega a menudo a aquél las palabras de ese modo, alguna veces, permite escribir,
que escudriña el espesor del sentido, ciertamente, o que provee recursos a la escritura pero recursos más cercanos a la
remonta hacia una etimología. Pero lo que ocurre entonces invención que al descubrimiento o a la revelación. El juego
no concierne, sea lo que sea que él piense y que diga de etimológico es también inventivo. Conserva a la lengua en
ello, a una densidad sustancial o semántica. En aquél caso, expansión.
llamo sintaxis al hecho que, en el interior de una palabra,
Gérard Farasse. – Un ejemplo de este juego. Ponge
por ejemplo, diferentes sentidos están ordenados, relevados
yuxtapone a veces las palabras rueda (roue) y rutina (routine).
(relayés) y funcionan, según los contextos y las frases, de
Esta proximidad nos lleva a pensar que rutina viene de rueda,
manera más o menos dominante. Pero no hay ahí una
cuando no hay nada de eso: rutina viene de ruta, de la vía
reserva natural de sentido en una palabra ni incluso en la
abierta. Ella es, en suma, la versión degradada del método.
etimología de una palabra. Densidad, espesor, sustancialidad,
profundidad, materialidad misma, son figuras en las cuales
Jacques Derrida. – El lector re-motiva, toma a cargo
“toman”, se toman, dejan tomar o aprender –estabilizar
una nueva historia de la palabra, una motivación, una puesta
por consiguiente– las redes ligeras de multiplicidades
en movimiento de la palabra: empezando de nuevo. Es la
diseminales.
mimología o el cratilismo de Ponge – a la que apunta. Que
lo crea o no, poco importa: le basta con poder fijar el blanco.
Gérard Farasse. – Sí, pero la palabra reserva es una
Que las relaciones o las asociaciones puedan motivarse, sin
palabra de Ponge. Ponge evoca a menudo la reserva, en el
otra garantía que el efecto buscado, y no obstante que pueda
sentido a la vez moral y en el sentido de reserva semántica.
la palabra volver a dar sentido, eso prueba que éste no estaba
Utiliza el término bomba, por ejemplo.
inscrito en las cosas mismas. Sin embargo, esta mimología
72 Jacques Derrida

puede dar lugar a nuevos efectos de escritura, que hacen 10. La ley de la cosa
sentido y demuestran su necesidad en una historia de la
lengua que todavía no había tenido lugar. Lo que se da a
la lengua y por ella, en esos acontecimientos, lo que viene
según la lengua, es ese porvenir.

Gérard Farasse. – Hay, me parece, en Ponge, a la vez
una lingüística de la enunciación, una pragmática, la
interpelación (prise à partie), una reflexión sobre la palabra
en tanto que está dirigida…
Jacques Derrida. – Sí, si no hubiese tenido que improvisar
sobre estas cosas tan difíciles, es en esa dirección, en el fondo, Gérard Farasse. – La elección de describir objetos
que habría respondido a propósito de la unidad de la palabra insignificantes (para decirlo rápido) obedece sin duda
o de la unidad de la cosa. La necesidad que él tiene de la a múltiples razones. Podemos pensar, por ejemplo, que
unidad de la palabra que no existe, como decirlo, antes del obligar a la lengua a rendir cuenta de lo singular, la obligará
compromiso de palabra, es la unidad de la palabra dada, es a corregirse: la elección de tales objetos sería de algún
decir la posibilidad de que exista, entre nosotros, algo estable, modo una suerte de terapia aplicada a la lengua. Pero
fiable. La palabra dada funda la idealidad, a saber, en primer todas esas razones que podríamos enumerar no bastan para
lugar la iterabilidad de la palabra, la identidad relativa del explicar lo que queda, mi fe, tremendamente enigmática.
término, su identidad a sí en la relación al concepto. Lógica Usted propone un análisis muy seductor evocando lo que
del testimonio. denomina “la ley de la cosa”; y explicita usted esta ley de la
manera siguiente:
Gérard Farasse. – La lingüística de la palabra sería
segunda en relación a la lingüística de la enunciación. Se No la ley que regula el orden de las cosas, aquella
que conocen las ciencias y las filosofías, sino la
derivaría de ella.
ley dictada. Hablo de una ley dictada como

Jacques Derrida. – Sí, la lingüística en general, la en primera persona, por la cosa, con un rigor

lingüística de la palabra en particular, legítima hasta un inflexible, como un mandato despiadado. Este
mandato es también una petición insaciable,
cierto punto, analiza el efecto de una pragmática: hay
insta a aquél que escribe, y que no escribe sino
palabras –y frases– porque hay promesas, compromisos, y
bajo esta orden, en situación de heteronomía
en primer término compromisos de hablar. radical respecto a la cosa40.

40 Ibíd., p. 16.
74 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 75

No creo que usted querría que comente este breve pasaje también sabe que esta renuncia que usted llama la afasia,
en términos psicológicos, incluso analíticos, pero me parece es el elemento mismo en el cual Ponge escribe. Está todo el
arrojar una luz muy penetrante sobre el drama de la expresión: tiempo en un sobresalto contra la afasia. Escribe acechado
Ponge parece atrapado en un conflicto insoportable (y que a cada instante por la afasia, por una afasia que él dice, de
ha, con todo, soportado) entre la debilidad de los medios de todos los modos: cada frase está sacada de la renuncia o del
expresión y las exigencias insaciables de la cosa. Uno imagina desaliento, denuncia y describe la afasia que la incita y la
fácilmente que este conflicto hubiese podido conducir a la amenaza.
afasia sin la cólera de Ponge, sin su energía.
Gérard Farasse. – En El Prado…
Me gustaría invertir el orden habitual, jerárquico, que
asigna su lugar al comentador y al autor. ¿No podríamos en Jacques Derrida. – Usted tiene ciertamente en mente
efecto explicar su indicación haciendo referencia al Sol puesto los mil suspiros de desaliento, los momentos de abatimiento
en abismo? La figura paterna del sol tiránico representaría ahí marcados por Ponge en su texto. Sí, en El Prado, hay un
esa exigencia imposible de cumplir que usted describe. En tiempo de la depresión, una depresión que escande,
cuanto a la demanda insaciable, ¿no es la de esa “monstruosa dramatiza y ritma. E incluso, pero ya hemos hablado de eso,
amiga”, de esta “puta pelirroja” que es también el sol? él dice que si escribe, es también porque no puede hablar,
Jacques Derrida. – Cuando hay ley de la cosa, la porque hablar le asquea. La afasia es, pues, verdaderamente
distinción entre cosa y no cosa se vuelve caduca. Entiendo la fuente de la palabra pongiana y así la humildad lo más
por ello la distinción entre cosa y persona, por ejemplo, cosa cerca posible de la tierra de alguien que renuncia a responder
y consciencia, cosa y espíritu. Cuando hablo de ley de la cosa, a semejante exigencia.

la palabra cosa está ahí sin mediación y por lo tanto sustraída
Gérard Farasse. – Pero, ¿no habrían dos afasias? La
al concepto corriente de cosa que se opone a la palabra, a la
repugnancia por un lenguaje sucio de lugares comunes y la
persona, etc. Es por eso que, para comenzar por el final de
que tiene por origen una ley demasiado exigente: no es quizá
su pregunta, no hay nada de sorprendente en pasar del sol
la misma cosa.
como cosa exigente y tiránica, figura paterna, a una figura
materna de virgen y de prostituta. La cosa es aquí la x a Jacques Derrida. – Sí y no, porque si él está asqueado
través de la cual todas las sustituciones de figuras vienen a por una palabra laxa, es también por sentir que esa palabra
repetirse o permutarse y, cada vez –es el rasgo invariante no está a la medida de lo que es solicitado y dictado por
de todas esas permutaciones– hay ley, es decir, petición la ley. Pero cuando, contra esa palabra laxa, se pone él a
infinita porque hay alteridad, exigencia infinita y entonces escribir, entra en la misma experiencia (épreuve) de la afasia,
insaciable. Usted tiene razón en decir que esta petición la que corta el aliento y lo priva de hablar. Esta petición,
insaciable es tan tiránica e imperiosa que se puede imaginar usted tiene razón en no traducirla en términos psicológicos
a Ponge renunciando y respondiendo a ella. Pero usted o psicoanalíticos porque no es insaciable sino en la medida
76 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 77

en que no proviene de una persona o de una psyché. No Gérard Farasse. – Pero, al mismo tiempo, una exigencia
proviene de nadie. La cosa no es nadie. Esta petición, si parecida…
apela a la afasia, si provoca la afasia y el desbordamiento de
la afasia, es que es ella misma afásica. Nadie dice nada, nadie Jacques Derrida. – Hay firmas e idiomas que no se
se dirige a nosotros para pedirnos hablar. Si la cosa hablara, parecen en nada y que, sin embargo, tomados en este mismo
su petición sería finita, determinada, y por consiguiente, drama de la afasia, se explican de manera análoga con la
se podría esperar y responder a ella. Pero se trata de una lengua o intentan responder igualmente a la cosa. Este
petición muda. Ponge se pone siempre ante el mutismo de drama de la afasia existe en Kafka pero se expresa en otro
la cosa, ante cosas que están la mayoría de las veces mudas, idioma, muy singular, bajo otro nombre.
animales, plantas y flores. E incluso cuando no son cosas Gérard Farasse. – Hay también, en Ponge, una suerte
mudas, por naturaleza, se pone ante un cierto silencio de de afasia por exceso: es la congestión. En El Clavel 41, por
la cosa misma, esta cosa misma siendo la cosa otra en tanto ejemplo, Ponge parece luchar contra la redundancia de las
que ella se sustrae, que no dice nada: su silencio nos ordena. expresiones: acumula, amontona, apila y rechaza.
Cuando un silencio ordena, ordena a la vez hablar y callarse.
Es el double bind de la afasia incallable. Jacques Derrida. – El exceso estrangula, desborda, el
demasiado coge de la garganta como el sollozo…
Gérard Farasse. – Lo que usted dice me hace pensar
en El castillo de Kafka. En El castillo, nunca el agrimensor Gérard Farasse. – Durante su primera visita en el taller
podrá responder a lo que se le pide (¿hay ahí algo parecido?) de Braque o bien en la localidad de La Mounine.
porque la petición es inasignable.
Jacques Derrida. – El sollozo es el borde de la afasia.
Jacques Derrida. – Podríamos multiplicar las analogías El borde de las lágrimas, el soplo cortado, la vena hinchada
con otras obras y otras situaciones. Y sin embargo: mientras de palabras guardadas o inminentes. Lo inexpresado se
que esta gran escena de la ley de la cosa se impone a todos y precipita o nos oprime muy cerca de la glotis. En la afasia,
por todas partes, principalmente a aquellos que escriben con el demasiado y el demasiado poco pasan el uno en el otro.
el fin de escribir, a aquellos que no escriben para decir esto
o aquello sino para explicarse con la lengua, con semejante
requerimiento de la cosa, ¿por qué, siendo esta petición
tan universal, la explicación con ella y por consiguiente la
respuesta que se sigue de ella es cada vez tan singular, tan
diferente para Kafka y para Ponge? No se pueden imaginar
dos existencias y dos escrituras más diferentes.

41 Francis Ponge, La Rage de l’expression, O. C., t. I, pp. 356-365


11. Lo dramático sonríe











Gérard Farasse.– En Signéponge usted destaca una
paradoja, “ese sentimiento, al leerlo, de compromiso
vital y de desenvoltura” 42 . Nosotros acabamos de evocar
el compromiso vital. Pero el humor de Ponge es también
una constante. ¿Es posible dirimir entre esos dos aspectos?
¿Se puede decir con certeza que tal pasaje corresponde al
humor o tal otro al drama? ¿No hay ahí una inestabilidad
fundamental que impediría que uno pueda detenerse en
uno u otro de esos términos?

Jacques Derrida. – En Ponge, lo dramático
sonríe permanentemente. Incluso la seriedad con la
que asume el compromiso respecto al otro – así como a la
literatura, a la lengua, a su nombre propio y a la cosa que
dicta – , esa seriedad lo obliga a encogerse de hombros, con
desenvoltura, a tomar sin gravedad, diría incluso a mandar a
cambiar todo aquello que, para él, no está a la altura de ese
compromiso, es decir, casi todo: los grandes escritores que lo
rodean, los surrealistas, cierta pompa del romanticismo, el


42 Jacques Derrida, Signéponge, op. cit., p. 44.
80 Jacques Derrida

medio cultural, los profesores, los críticos, cierta política. Y 12. Metafísica de lo propio y puesta en abismo
la poesía. Ese giro, esa desenvoltura insolente le es necesaria
para conferir a la seriedad, que es lo suyo, todo su rigor.
De ahí la risa, la ironía, el humor, la burla, la protesta, que
llegan a acompañar y connotar los movimientos más graves
de sus compromisos. Lo uno no va sin lo otro.
Y el que se burle un tanto de sí mismo forma parte del
mismo juego. Ante eso que por comodidad hemos llamado
la ley de la cosa, debe, para medirse con ella, ser modesto,
mofarse de sí mismo. En el momento en que declara a sus
lectores: “esa es la ley, la gran prescripción que es preciso
asumir en su medida inconmensurable, y solo yo – esa Gérard Farasse. – Usted desarrolla toda una reflexión sobre
es la hybris de Ponge – soy capaz hoy en día de medirme lo propio en su libro. Lo cito:
con ella” se muestra inmensamente más grande que sus
contemporáneos a la vez que infinitamente pequeño: ante Pues él (Ponge) ama lo propio: aquello que le es
esa ley es humilde. Hay allí esa paradoja, a la postre bastante propio, lo que es propio del otro, es decir, de la cosa
típica, pues Ponge no es el único ejemplo de esa hybris de la siempre singular, aquello que es propio porque
modestia o de la modestia de la hybris: no soy nada frente a no es sucio, manchado, repulsivo, asqueroso.
esta cosa inmensa, pero soy responsable ante ella; me burlo Y reclama lo propio, en todos sus estados, con
de mí mismo, pero soy ejemplar. El humor de Ponge tiene tal obsesiva obstinación que uno llega incluso
frecuentemente el sentido de una humildad, el humor es a sospechar, en este encarnizamiento agonístico,
la lucha cuerpo a cuerpo con lo imposible,
una humildad: yo no soy más que un artesano, me cuesta
con algo que, en lo propio, no se produce sino
escribir, es indispensable que trabaje mucho, que vuelva
al pasar a su otro, al ponerse en abismo, al
empezar, es algo interminable ¡qué labor! Evidentemente, invertirse, al contaminarse, al dividirse43.
esas lecciones de modestia son siempre lecciones que dirige
también a los otros. Luego, algo más lejos, usted escribe aún: “Hay que poner
atención a la puesta en abismo para no confundir todo ese
Gérard Farasse: – Es una modestia muy orgullosa. movimiento con una metafísica de lo propio o de lo próximo – o
Jacques Derrida. – Eso es. Y él sabe que así es. también de la presencia, si se articula los valores de lo propio
(prope, propius), de lo próximo y del presente” 44.


43 Ibíd., pp. 29-30.
44 Ibíd., p. 81.
82 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 83

La puesta en abismo, tan característica de los textos satisface plenamente. Cuando se dice “metafísica de lo
de Ponge, sería, pues, una manera de despegar el texto de propio”, se deja entender que podría haber otra metafísica,
esa metafísica de lo propio y de la presencia. ¿Podría usted o bien que, más allá de la metafísica de lo propio, se podría
precisar las relaciones que mantienen esas dos nociones: escapar a ese deseo fascinado, como si uno pudiera renunciar
metafísica de lo propio y puesta en abismo? Parecería que a lo propio. Eso no es posible por la simple razón de que no
muchos lectores olvidan que Ponge, después de haber hay deseo sin deseo de lo propio. En consecuencia, no hay
aludido a la tiranía del sol, evoca también esas “miríadas de nada más que la metafísica de lo propio. Esta expresión, en
estrellas”, esas “miríadas de otros soles” 45. cierta manera, se descompone a sí misma.
Lo mismo ocurre con la “puesta en abismo”. Si con esta
Jacques Derrida. – La puesta en abismo, de la que Ponge expresión se cree poder entender, desde Gide, que se trata
es verdaderamente uno de los maestros, por la escritura y la simplemente de un movimiento de la representación que
composición, es una apropiación exasperada de lo propio, consiste en incluir en ésta una parte de sí misma, entonces
una manera de enriquecer al infinito la plusvalía de la se satura el abismo asegurándose contra él y no hay puesta
propiedad y, al mismo tiempo, la renuncia a lo propio, la en abismo: el abismo no se abisma. En la puesta en abismo,
abnegación, la aceptación de la pérdida o de la expropiación. no hay un dominio que plantee, que asiente algo: el abismo
Esos dos movimientos no se contradicen: es lo que yo he arrebata la puesta en todos los sentidos del término, la
llamado la ex – apropiación, que forma un solo y mismo puesta es arrastrada al abismo. Lo que hace Ponge no es
movimiento: más es propio, menos es propio. Ciertamente entonces simplemente una obra calculable en la cual el todo
Ponge no es el único que ha soportado la prueba de esta se representa, identificable en una parte de sí misma: es un
experiencia del nombre en la que lo propio se concentra y abismo, pero un abismo de la misma puesta, del gesto de la
se pierde a la vez, pero, una vez más, la ha elevado a un puesta, por tanto del reto, de la puesta en juego (enjeu), o de
rigor y una singularidad excepcionales. Es una experiencia la prenda (gage).
compartida desde un fondo común. El Sol es el ejemplo
ejemplar y al mismo tiempo solamente uno de los ejemplos Gérard Farasse. – Es evidente, hay textos que son puestas
de esta necesidad. Que sea eso lo que se pone en juego, gracias en abismo en el sentido que usted define, como El Sol, ¿pero
a Ponge, que juega con ello, en esa unicidad y multiplicidad no habrá otros donde ésta tiene como función clausurar el
de soles, es algo que parece evidente. Usted lo ha notado texto,
cerrarlo sobre sí mismo replegándolo?
correctamente, como siempre.
Por esa razón, la expresión “metafísica de lo propio” se Jacques Derrida. – En El Sol, Ponge escribe “colocado”
pone en abismo. Por supuesto, yo la utilicé, pero no me en abismo. Habría que jugar sobre la palabra colocado
y comentar la elección de esa palabra. “Colocado” no es
exactamente la misma cosa que “puesto” (mis): es la ubicación
45Francis Ponge, “Le Soleil placé en abîme”, Pièces, III, Le Grand especular, especulativa o bien el lugar sobre el cuadro, en el
Recueil, O.C., t. I, p. 782.
espacio. No es simplemente la puesta en abismo. Colocar, he
84 Jacques Derrida

ahí un gesto de pintor o de arquitecto, de espectador quizás 13. La mimesis


pero también el de la inversión de un especulador.











Gérard Farasse. – Quizás se podría formular de otra manea
la cuestión precedente con la ayuda del concepto de mimesis.
Yo no me arriesgaría a analizarlo en todos sus trabajos. Pero la
práctica de la puesta en abismo llega a desajustar, me parece,
la oposición “simple” entre el modelo y la copia, porque la
puesta en abismo toma la copia como modelo al punto que

no solamente se podría decir que Ponge describe el objeto,

sino que el objeto describe el texto. Las golondrinas ¿no

describen el texto de Ponge que lleva ese título? Habría que

releer, desde ese punto de vista, el Argumento del Lagarto:

Este pequeño texto casi sin arreglos muestra
posiblemente cómo el espíritu forma una
alegoría y luego voluntariamente la reabsorbe.
Varios trazos característicos del objeto surgen
primero, luego se desarrollan y se trenzan
siguiendo el movimiento espontáneo del
espíritu para conducir al tema, el cual a penas
enunciado da lugar a una corta reflexión a parte,
donde se entrega inmediatamente, como una
simple evidencia, el tema abstracto en el curso
86 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 87

(hacia el final) de la formulación del cual se cosa devenida texto, ese texto devenido cosa. No se puede
opera la desaparición automática del objeto46. evacuar de golpe la mimesis: hay que repensar el mimesthai
antes de la imitación, antes de aquello que llamo también
Ponge nos hace asistir a una asunción progresiva del la mimetología, pero creo que uno se equivocaría si quisiera
texto: el texto se refiere en primer lugar al lagarto (en tanto eliminar toda mimesis del trabajo y de la experiencia de Ponge.
que objeto ideal y real), luego se repliega sobre sí mismo: es Vean lo que éste dice de mimosa y de la palabra misma:
el momento de la alegoría; y ese momento se acaba, escribe hay mímica. E incluso lo mimológico, en el sentido en que
Ponge, por “la desaparición automática del objeto”. Lo que lo entiende Genette, debería ser re-acreditado. No se lo
está presente, entonces, no es más el objeto, sino el texto. puede evacuar lisa y llanamente, ni de Ponge ni en ninguna
Tendríamos entonces todo lo contrario de una mimesis parte. No, yo preferiría una reelaboración de la cuestión de
tradicional: no se trata para Ponge de presentar el objeto, la mimesis en Ponge, evitando a la vez ceder a un concepto
sino de transformar el texto en objeto. mimético de la mimesis como realismo, y a la ingenuidad que
consiste en pretender que se ha roto completamente con el
Jacques Derrida. – Sí, transformar el texto en objeto – realismo, como si ese desdoblamiento o esa duplicidad de la
o más bien en cosa, una cosa que yo distinguiría quizás del identificación que pertenece a la experiencia del mimesthai
objeto, porque ésta no es simplemente un objeto, en el sentido fuese una ilusión mistificadora que se pudiera o debiese dejar
de tema ubicado ahí, ante los ojos. El texto deviene la cosa tras de sí.
misma como otra, porque, según la ley de la que hablábamos
hace un rato, el texto devenido cosa o la cosa devenida texto,
se trata de hacer firmar eso mismo. El texto deviene la firma
de la cosa que entra en ese contrato disimétrico. También en el
lugar de aquello que uno creía era la cosa – el lagarto mismo,
por ejemplo – que en el lugar de Ponge, aparece el texto, que
es aún otra cosa, que no no es ni de Ponge ni del lagarto, y
por el cual (a través del cual) Ponge se separa de sí mismo: es
la firma del Lagarto, la firma de la cosa devenida escritura o de
la escritura devenida cosa.
Así que eso de hecho, no se trata de lo que llamamos
habitualmente mimesis, aún menos la imitación, pero hay
bien una mimeisthai, es decir un movimiento de doble
identificación, con máscaras y simulacros, que produce esta


46 Ibíd., “Le Lézard”, p. 745.
14. El título











Gérard Farasse. – Algunas veces, según los textos, usted ha
convertido el estudio de los márgenes, en objeto central. Se
ha interesado en lo que usted llama sus bordes, subrayando
que éstos eran al mismo tiempo exteriores e interiores al
texto. Usted propone la imagen de la invaginación para dar
una idea de ese dispositivo particular. Tratándose de la firma,
El Postigo, seguido de su escolio o El Prado, son ejemplos muy
convincentes. Me parece que los títulos de los textos de
Francis Ponge merecerían todo un estudio.
Se podría, por ejemplo, recordar que éstos son concebidos
por Ponge como una especie de contrato con el lector. El
autor se compromete, a través del título, a entregar un
texto que corresponda a él. Observe en El Vaso de agua: “Mi
título promete un vaso de agua. Algunos de ustedes vinieron
confiados en el título. Algunos solamente, pues muchos ya no
tienen confianza en la literatura” 47. Volvemos a encontrar esa
noción de contrato, de crédito o de fe en El Jabon: “Ustedes
me dirán que yo abuso aquí del crédito que se me acuerda por



47 Francis Ponge, Le Grand Recueil, II, Méthodes, O.C., t. I, p. 595.
90 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 91

mis escritos precedentes. Que esas deambulaciones preliminares centro eminente, el comienzo, el encabezado,
no tienen interés alguno, y que no habría tenido que comenzar la cabeza, el arconte50.
así un poema si mi nombre era desconocido” 48.
Se podría subrayar asimismo lo chato del título (tratado También el sol es un lustro, una suspensión. En La Mesa
en à-plat): El Lagarto, La Chimenea de fábrica, El Albaricoque; encontramos además esto, para incrementar la imbricación
en cierto modo, el título se retira, se sitúa en segundo plano, del problema o multiplicar sus facetas:
intenta reducirse, reducir su posible polisemia. ¿Será por no
Dudo desde hace uno o dos días en tirar una
comprometerse o para definir rigurosamente (con rigor) los
raya bajo mi título (ese trazo destinado menos a
términos del contrato? Sin embargo ¿se puede evitar esta obtener “la itálica” de los “compositores” que a
polisemia sabiendo que – usted lo recuerda en el primer separar el título del texto
volumen de Dar el tiempo49, aludiendo a La moneda falsa (he aquí, entre paréntesis, un hábito muy
de Baudelaire – todo título es bífido, designando el objeto y discutible ((no solamente esta separación del
el texto a la vez. Usar títulos que solo designan el texto o el título y del texto, esta supremacía conferida
libro: Piezas, Doce pequeños textos, ¿no será una manera de al título, sino la idea misma no solamente
escapar del problema? del título como encabezado ((mientras que los
Bastante raros son los títulos que orientan la lectura como diseños, recuadros, esculturas son (un poco
Oda inacabada al barro. El Sol puesto en abismo comporta una como un argumento (muy resumido) o, como
reflexión sobre el título: “El Sol es, en cierto manera, título se dice ahora, una referencia) títulos al pie o en
de la naturaleza.” Y la aparición y desaparición de ese título contratapa)) sino la noción misma de título))51.
es “un momento sangriento.” Se podría citar (aquí) todo el
pasaje en mayúsculas de Sol levantándose sobre la literatura. Usted dice en alguna parte, cito de memoria, que el título
En La diseminación usted evoca, a propósito de Mallarmé, es el
nombre propio del texto, puesto que designa un texto
referencia constante de Ponge, ese problema del título: único, una individualidad. Volvemos así, de alguna manera,
a la cuestión de la firma. ¿El título cumple la función de
...Mallarmé prescribe suspender el título el asignar una identidad y evitar cualquier desborde del texto?
que, como la cabeza, el capital, lo oracular, La actitud de Ponge en ese punto parece ambivalente: por
lleva la frente en alto, habla demasiado alto, una parte, habría que reducir el texto a su título: pero por
a la vez porque levanta la voz, ensordeciendo
el texto consecuente, y porque ocupa lo alto
de la página, lo alto convirtiéndose así en el
50 Jacques Derrida, La dissémination, Paris: Seuil, coll. « Tel Quel »,
1972, p. 204.
48 Francis Ponge, Le Savon, O. C., t. II, p. 387. 51 Francis Ponge, “La Table”, Nouveau Nouveau recueil, III, O.C., t. II,

49 Jacques Derrida, Donner le temps, Paris: Galilée, 1991. p. 923.


92 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 93

otra parte el texto parece ser una lucha contra el título. El Jacques Derrida. – Que el texto se haya convertido en
título es también un cuadro: hay en Ponge la preocupación una cosa natural. Esa borradura del título tiene lugar cuando
de escribir un texto bien encuadrado, encuadrarlo y hacer éste desaparece, pero también cuando se reduce a un no-
saltar los encuadres, por ejemplo, al negarse a excluir de sus título como Piezas o Primer tomo: contribuye también a la
textos lo que la tradición excluye: el trabajo, los paréntesis, monumentalidad, a la naturalización del texto. Si bien el
los fragmentos heterogéneos. título se sitúa siempre en el borde para definir e identificar la
obra, cuando no hay título, el cuadro sin título se convierte
Jacques Derrida. – Yo escogería un punto de su amplia en una cosa. Hay pues, en esta lucha contra el título, una
pregunta. Cuando Ponge se libera del problema utilizando manera de hacer advenir la cosa, el devenir-cosa.
títulos que son, de alguna manera, falsos títulos, títulos Sin embargo, inversamente, no hay más que el título:
genéricos: Piezas, Doce pequeños escritos, como también con la desaparición del título el texto se convierte en su
Primer tomo, es porque, como usted dice, no quiere título. propio título, ya sea en el sentido corriente del término o
Lucha contra él: pero es también para volverlo irrisorio, en el sentido en que, como título monetario, se garantiza a
haciendo toda una historia, esos títulos con los que la sí mismo en la referencia a sí mismo. Todo el texto es solo,
convención ha, por una parte, organizado la historia de la en efecto el desarrollo del título, y de alguna manera su
literatura. Sin embargo, al mismo tiempo que los vuelve comentario, pero un comentario que lo pone en expansión.
irrisorios, les otorga cierto status y dignidad: los pone en El Prado nombra a la vez el título del texto y el objeto del
abismo, les confiere nueva juventud, nuevo lustro. Y se texto: el poema va a ser simplemente una larga glosa de su
apropia, de esa manera, de una enorme tradición. Llamar título. Por largo que sea, el texto es un subtítulo del título
a un libro Primer tomo, o Recopilación, simplemente o una nota al pie de página, como si el título fuese una
Recopilación, gran o nueva, elevar el subtítulo a la categoría llamada de nota y esa nota viniese entonces solo a comentar
del título, he ahí una especulación extraordinaria, irónica, el título. Eso nos reenvía a su pregunta sobre la lingüística de
imborrable. Es una manera de naturalizar la convención. la palabra: el título es siempre un nombre.
Siempre encontramos ese motivo de la naturalización en
Ponge, por ejemplo, cuando sueña con textos sin firma que Gérard Farasse. – Suspende la sintaxis...
fuesen como piedras... Jacques Derrida. – Suspende la sintaxis e incluso
Gérard Farasse. Como ese “AQUÍ NACIÓ MALHERBE pretende llegar a esa unidad o esa identidad, sin frase, por
EN 1555”52, que él leía, en Caen, caminando al liceo, y que un puro efecto de nominación ante al cual el largo discurso
lo fascinaba... de aquello que llamamos el texto no es más que una glosa
parlanchina, dando vueltas y vueltas alrededor del título,
volviendo a él, explicándolo, mostrándolo, refiriéndose a
él: el título deviene también el verdadero referente, puede
52 Francis Ponge, Pour un Malherbe, O.C., t. II, p. 36.
siempre convertirse en él, devenirlo. Esa lectura sigue siendo
94 Jacques Derrida

siempre posible. De ahí el carácter dramático de esta doble 15. El tiempo


petición: destruir el título y al mismo tiempo destruir
todo, salvo el título y todo intitulado. No hay más que lo
intitulado. Sin ceder a una solución que podría parecer fácil,
habría que conjugar todos los sentidos de la palabra título
que, etimológicamente, quiere decir reunión, pero designa
también la moneda y la dignidad social. Es una literatura
del título. El texto de Ponge es el poema del título sin título,
del don del título.


Gérard Farasse. – Los textos de Ponge se acompañan de
una reflexión sobre el tiempo. El sabe lo que significa la larga
duración:
En lo que concierne a nuestra pertenencia a la
Lengua y a la Literatura francesa, naturalmente
nosotros le pertenecemos en cima, en pleno
cielo (en el alto cielo), frente al porvenir, a lo
desconocido, a la noche. Como su más alta hoja
(o flor; en realidad, más bien hoja que flor, lo
vemos bien – y podríamos explicar porqué); en
fin, de alguna manera, yo vuelvo a ello, como
su cima (del griego cuma, brote extremo), o su
proa”53.

No se puede ser un inventor sin tomar en cuenta a la
tradición: por otra parte, escribe “Lo que siempre he tratado
de hacer a partir de ahí, es, a través de mi escritura, acercar
el francés del latín” 54. Pero esa tradición no es un regalo:


53Ibíd., p. 171.
54Entretiens de Francis Ponge avec Philippe Sollers, Paris: Gallimard/
Seuil, 1970, p. 45.
96 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 97

se constituye a partir del presente; es a través de Ponge órbita. El texto escapa al tiempo: entra en la armonía de un
que leemos ahora a Malherbe. Para San Agustín hay tres funcionamiento perpetuo, en el “tiempo serial” diría Ponge.
presentes: el presente del pasado, el presente del futuro y Y por eso la repetición o el marcar el paso es necesario. En
el presente del presente. Por otra parte esta larga duración El Apéndice V de Jabón, Ponge evoca el gesto de frotarse las
no es sentida por Ponge como un alejamiento temporal: manos: ese frotamiento de manos está relacionado al tema
“Me represento a los poetas más bien en un lugar que a través de la identidad corporal, del cierre; el frotamiento de la
del tiempo. / No considero que Malherbe, Boileau o Mallarmé repetición produce también la identidad textual. A través de
me preceden con su lección. Más bien les reconozco un lugar la repetición, el texto accede a su identidad:
al interior de mí” 55. Son, ciertamente, los miembros de la
familia, los cercanos, los familiares, el entorno. No obstante, En cuanto al frotamiento mismo, no sería un
el tiempo y la historia pueden jugar malas pasadas. Uno de redoblamiento, una multiplicación del simple
los aspectos del trabajo de las palabras –poner en reserva, en contacto: tal como una caricia, por ejemplo, debe
una palabra, todos sus sentidos– es una manera de prevenir la repetirse, hacerse insistente para producir todo su
usura de sus sentidos, su degradación: el texto permanecerá efecto y llegar finalmente a alguna modificación
nerviosa, quiero decir a algún espasmo u
legible a pesar del tiempo porque el tiempo de su erosión ha
orgasmo56.
sido previsto.
No olvidemos el tiempo de elaboración de la obra, El momento de la identidad es también el momento
que es una especie de tiempo orgánico cuyo modelo es el de una pérdida. Todos esos comienzos multiplicados, esas
crecimiento de los vegetales (la hierba de Prado, la Madera tentativas frenadas y sin cesar recomenzadas son rescatadas,
de pinos), a veces incluso del mineral (si no el diamante, la en cierta manera, por el galope final, pero en ese galope final
antracita). Es un tiempo muchas veces muy largo (salvo las cambiamos de régimen: hay un salto cualitativo. Recordemos
eugénies) hecho de rupturas y de recuperaciones y que tiene que Pour un Malherbe termina con la instalación de lo que
ritmos muy diversos: lentitud repetitiva de los comienzos, podría ser su comienzo.
momentos de abatimiento, aceleración final percibida a la Ese tiempo, tan particular, de la constitución de los
vez como el verdadero comienzo y la conclusión: todo pasa textos llega a modificar el de su lectura. ¿Cómo leer un texto
como si se necesitara primero, al abordarlo, multiplicar los de Ponge? Los textos que son superlativamente puramente
escrúpulos, con el fin de permitir la audacia, al punto que descriptivos organizan una narración: entre la primera frase
un texto de Ponge parece a veces no ser otra cosa que una de Lluvia: “La lluvia, en el patio, donde yo la veo caer...” y la
acumulación de comienzos. De hecho, en ellos hay un salto, última: “ha llovido”, un acontecimiento, aquel de la lluvia,
un paso a otro nivel: es el momento en que el texto se pone tiene lugar: el texto se orienta hacia un fin; comienza,
a funcionar: se ha lanzado el trompo, el texto se ha puesto en

55 Francis Ponge, “Le Parnasse”, Proêmes, O. C., t. I, p. 187. 56 Francis Ponge, Le Savon, O. C., t. II, p. 415.
98 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 99

progresa
y termina. Pero desde que Ponge introduce la tiene el arte de reasumir. Sus textos, lo hemos dicho, tienen


repetición, esta simplicidad lineal desaparece: la repetición
una historia: los libros también. Algunos desaparecen,

hace entrar el pasado del texto en su presente, complica la
tragados por otros. A decir verdad, Ponge no escribe más

linealidad de superposiciones: el texto se hojea, se apoya,
que un libro, y todos sus títulos no habrán sido más que

se establece sobre fundaciones cuya solidez solo puede
provisorios, detención momentánea, estación: el único

asegurarse a través de la repetición. Toda afirmación tiene
título que convendría, es el de Biblia.

necesidad de una confirmación:
Perdóneme una pregunta tan larga. ¿Pero para hablar del

tiempo no habría que declarar que estamos en él?
En todo caso, la mirada del lector debe, ella, a su

vez, de manera estrictamente necesaria, repasar
Jacques Derrida. – Su amplia pregunta, lo diré una vez
frecuentemente sobre esas palabras, a causa del
más, merecería una respuesta que no fuese improvisada. Yo
lado abscóndito del texto: demasiado conciso,
partiría de esa temporalidad casi autónoma del texto, una
empecinado. Esas palabras, esas partes de texto,
vez que su mecánica ha comenzado a funcionar, según su
inflan interiormente, retoman fuerza, pero
propio reloj. Habría efectivamente que renunciar a poner
parecen nudosos, contorneados. Se confirman.
en orden las temporalidades. Usted cita a San Agustín, que,
Son confirmados.
en su inmensa meditación sobre el tiempo, ordena aún
Devienen más espesos, nudosos, cargados por
la experiencia del tiempo a la presencia: presente-pasado,
otra parte de sentido (y de posibilidad de flores y
presente-presente, presente-futuro. Y sobre el trasfondo de la
de frutos). Parecen madera seca, y sin embargo,
Providencia o de la teología agustiniana, esas temporalidades
por el contrario, es de ellos que nacen, que
directamente asoman los ramilletes de flores, cobran sentido y se comprenden, si se puede decirlo así.

Pero a partir del momento en que cada cosa da lugar al
luego de frutos57.

acontecimiento de una firma singular, a un compromiso,

una deuda, una absolución únicos, y cuando cada texto es un
La lectura ya no es, en cierto modo, horizontal según

dispositivo con temporalidad propia con su narración y sus
la línea de fuga de una sucesión siempre nueva, de una

repeticiones internas, es decir que llama y exige, todas esas
precipitación distraída: es vertical.

temporalidades no se ordenan ya unas a otras, se dispersan en
Aparte de esos tres tiempos (el de la tradición, el de

una suerte de espacio: se espacian y se multiplican. La ley de
la escritura, el de la lectura), convendría agregar el de las

la singularidad del acontecimiento llama a la multiplicación
publicaciones: éstas solo aparecen después de un largo

de las historias. Impide una simple o gran instalación en
trabajo subterráneo y muestran muchas veces las marcas de

la historia de las temporalidades. Cuando Ponge dice que
solicitaciones exteriores, de los sucesivos encargos que Ponge

Malherbe y Horacio no lo preceden, cuando recuerda que

no vienen antes que él, eso significa también que ese pasado

no existe más que en la medida en que él les promete. Los
57 Francis Ponge, “Confirmation des ‘Poiriers’”, Nioque de l’avant-

printemps, O.C. t. II, p. 979.

textos de Ponge inauguran una historia y una temporalidad
100 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 101

que, al mismo tiempo que debe todo a sus predecesores,


Querría solamente confirmar lo que usted acaba de decir


simultáneamente los sobrepasa y en cierta manera, no
hace un momento. La puesta en espacio del texto, su puesta

les debe nada. Por otra parte, ella les adelanta todo y les
en órbita; el hecho que el texto de Ponge, una vez terminado,

permite a su vez finalmente comenzar, al fin recomenzar. e
incluso por un etc., se encuentra comprometido en su

Renacimiento y defensa de la lengua francesa...
propia carrera y no necesita nada más que de sí mismo, y

de la lectura, naturalmente; el hecho de que todos sus textos
Gérard Farasse. – Ese pequeño texto hace pensar en

Borges, al Borges de las reflexiones sobre el tiempo y la son armados como cohetes o dispositivos técnicos que...

historia
literaria. Gérard Farasse. – Engendran un movimiento perpetuo...


Jaques Derrida. – Sí, el texto de Ponge está en la
Jacques Derrida. – Situados en el espacio, prosiguen

Biblioteca. Viene después de Boileau, Malherbe y Mallarmé.
su trayectoria, en principio hasta el infinito; ese hecho

Pero, al mismo tiempo, él es la Biblioteca: es incluso más
demanda otra teoría de la relatividad vigilada, restringida

grande que la Biblioteca. En pocas palabras, es aquello por lo
o generalizada, que pueda justamente aproximar esa

que hay una Biblioteca. Es más grande que eso que no existe
temporalidad, y relacionar los tiempos unos con otros. Se

sino por él, por su capacidad de nombrarlos a su vez, de
necesita nada menos que eso, cierta teoría de la relatividad,

re-nombrarlos, de heredar, es decir también de prometerles,
para repensar el tiempo del que esos textos son capaces o el

prometerles un porvenir. De ahí el extremo tradicionalismo,

tiempo

capaz de esos textos.
el deseo de memoria, de herencia y simultáneamente, la

extrema libertad respecto a esa tradición: él es el inventor, el
Gérard Farasse. – El modelo de Ponge, para éstos, es un

iniciador, como si afirmara: todo comienza conmigo, toda
modelo mecánico: es la imagen de una máquina...

esa gente me ha precedido y yo vine gracias a ellos, pero todo
Jacques Derrida. – Sí, son máquinas...

comienza conmigo. Para poder decirlo, es necesario perturbar

un poco la figura usual de la temporalidad, de la sucesión, de
Gérard Farasse. – Y el mundo, también él, como el

la linealidad, del encadenamiento de los presentes. Tal, por
texto, es una máquina que funciona más o menos bien, y

que el artista toma para reparar...
lo menos como es comprendida en general, la temporalidad

agustiniana no parece capaz de ese tiempo, incluso si el
Jacques Derrida. – En El Sol, son ruedas, engranajes,

texto de Agustín plantea, en su metafísica o su teología de la
relojes,
rodamientos.
temporalidad, problemas que Ponge reencuentra – y que él

enjuga (éponge) a su vez. Hay una inmensa esponja (éponge),

inmensa y siempre finita, en las Confesiones de Agustín (VII, solum mare et haberet intra se spongiam quamlibet magnam, sed finitam

v, 7), que cité anteriormente58. tamen, plena esset utique spongia illa ex omni sua parte ex inmenso mari:

sic creaturam tuam finitam”. Ver Circonfession, en Jacques Derrida,

por Geoffrey Bennington et Jacques Derrida, Paris: Seuil, coll. « Les

58 “… tanquam si mare esset ubique et undique per inmensa infinitum
Contemporains », 1991, p. 100.
16. La economía del Jabón











Gérard Farasse. – De manera insistente, el texto de Jabón
se inscribe en una red de términos económicos. Una de las
hipótesis de Ponge, sobre las razones para escribir sobre el
jabón (habría otras, como lo limpio evocado más arriba) y

su penuria:

Estábamos pues, por entonces, en plena guerra,
es decir con grandes restricciones de todo tipo
y nos hacía falta, especialmente, el jabón, el
verdadero jabón. No teníamos nada más que
un pésimo ersätze – que no producía ninguna
espuma.
¿Quizás esa fue una de las razones inconscientes
de lo que debo precisamente llamar mi
inspiración con el jabón, en abril de 1942...?59
Viene luego ese capital adormecido que es el archivo
del Jabón: “Cuando me propusieron escribir para ustedes
algún texto, me vino inmediatamente una idea, una idea muy
interesada: la de aprovechar esta ocasión para llevar a término


59 Francis Ponge, Le Savon, O. C., t. II, p. 361.
104 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 105

una obra, emprendida hace largo tiempo, pero que no había


supuesto, al mismo tiempo, jubilar, gozar,–

jamás logrado realizar, a pesar de numerosos intentos” 60. usarse, diría yo, y perderse en su función, en su

Se trata también de rivalizar con el comercio: “Para un servicio, y responder finalmente a su utilidad62.

jabón, las principales virtudes son el entusiasmo y la volubilidad.

Por lo menos la facilidad de elocución. Algo increíblemente El jabón “se entrega por entero” 63, “¡Qué extremo entusiasmo
en el don de sí!” 64, “Él, púdico, escapando, huyendo, secreto,
simple, y que sin embargo no ha sido dicho nunca. Ni siquiera
heroico, dispensándose a un ritmo inquietante...eso es lo que
por los especialistas de la publicidad comercial. ¡Vamos!
se llama llevar una existencia disoluta...”65. Es en el comercio
¿Cuánto me ofrecen Piver o Cadum? – ¡Ni un peso! ¡Ellos no lo
y el intercambio (entre el hombre y el objeto) que el jabón
han pensado nunca! Les vamos a mostrar, sin embargo, lo que
llega a su perfección, se expande. Es preciso que se pierda
sabemos hacer...”61.
y se use para realizarse. La pérdida es una ganancia en esa
Pero ante todo el texto es regulado a partir de la oposición
economía paradójica, la falta es un exceso. El silencio no
entre la reserva y la dilapidación, el gasto y del atesoramiento. es, por otro lado, sentido como un vacío sino como una

Releamos, por ejemplo, este pasaje: reserva de palabras. Un provecho, un placer suplementario

(un goce) nace del comercio de palabras.
Digamos que la suerte particular de duración
Pero ¿estamos aún en el intercambio? ¿No estaremos en
(un poco maleable) y silencio (como una
el don, del que usted dice, en Dar el tiempo, me parece, que
reserva de palabras), la suerte de taciturnidad
que éste nos propone, nos parece el signo de
es un concepto que no es pensable?
un dramático conflicto interior. Dicho de otro Jacques Derrida. – Sí, el jabón, es Ponge. Cuando dice:
modo, su apariencia manifiesta un compromiso “nosotros les vamos a mostrar lo que sabemos66hacer”, ciertte
penosamente obtenido – y parecería a cada
es una manera muy irónica de mostrar y de esconder lo
instante recuperarlo y a cada instante perderlo intransmisible, el secreto de su firma y de su inimitable
una vez más – entre la tentación de durar, de
oficio. Es un oficio al mismo tiempo pródigo y calculador.
conservarse, léase de eternizarse, en un silencio y
Descuenta beneficios, y en primer lugar, lo que se le pagará
una sequedad cada vez más perfecta (el guijarro
representa, si se quiere, el tipo acabado de esta
perfección)– y el sentimiento, por otra parte, de
que ese no es su deber ni al pensarlo bien, ni al
62 Ibíd, p. 395.
juzgar honestamente su naturaleza, su verdadera
63 Ibíd., p. 381.
destinación, que sería más bien el usarse, y ,por 64 Ibíd., p. 367.

65 Ibíd., p. 400.
66 N. de T. Intraducible: en francés:“nous allons leur montrer ce que

60 Ibíd., p. 360. nous savons faire”: ‘savons’, es la 3a persona plural de saber ‘sabemos’,

61 Ibíd., p. 365. o bien es el plural de ‘savon’, ‘jabones’
106 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 107

por ese texto, pero también todas los ingresos que puede a Ponge (ahí está la muerte [il y a là mort]). No a Ponge
esperar: especula así sobre el beneficio, pero pone también mismo, que es, que siempre habrá sido aquél al cual eso no
en abismo esa especulación: explicando el provecho, el rinde, aquél que ante todo puede decir: eso no me rinde.
cálculo, la astucia, la plusvalía esperada. Especula y describe Finalmente, él sabía que eso no rendía a Ponge, y se lavaba
la especulación. Pero, al mismo tiempo que hace esta las manos, en cierta manera, ¿no es cierto? Sí, el ejemplo del
especulación sobre la especulación en una obra literaria, da, Jabón dice todo eso, admirablemente.
abandona. Una vez que ha agotado la especulación sobre No hay que olvidar que se trata también de un texto de
la especulación, la deja ahí, como el jabón, en el borde: guerra o de post-guerra...
deja secar la obra. Después de haberse lavado las manos,
como Poncio Pilatos con la verdad. Ponce y Poncio Pilatos, Gérard Farasse. – De guerra...
lo dice en algún lado, son los ancestros de los Ponge. Ese Jacques Derrida. – De guerra y de post-guerra ya que
movimiento de generosidad no es simplemente una obra fue reproducido enseguida por la radio de Stuttgart. Sobre
natural, un arte de dar: es la estructura misma de la escritura el tema del jabón y la memoria de la Alemania nazi, sobre
y la firma, que debe abandonar, dejar, dejar ir: el don aquello de lo que se hizo el jabón, habría mucho, demasiado,
atraviesa la especulación, excede la rendición de cuentas y que decir...
todo aquello que uno pueda en general descontar. Todo y
nada (res), todo otro. Gérard Farasse. – Por otra parte, Ponge menciona
palabras en alemán.
Gérard Farasse. – A propósito del pedúnculo de frutas, y
en particular del higo, Ponge utiliza la palabra quittance que Jacques Derrida. – Ersätze, sí. Me siento tentado, pero
conjuga bien esos dos aspectos. no lo haré aquí, sin texto, de relacionar El Jabón de Ponge
con ciertos textos de Celan, a pesar de la extrema diferencia,
Jacques Derrida. – Uno cancela una deuda, paga en los que es cuestión del jabón así como de la cubeta de la
sus cuentas, saca de allí el mayor beneficio posible: es la lessiveuse, pero tras los cuales no se está lejos de Auschwitz,
economía y la economía pongiana es muy poderosa. Pero, con la transformación de la grasa humana en jabón: ese otro
por otra parte, hay un desbordamiento de la economía, que aspecto de la economía, otra especulación, otra experiencia
por otra parte activa el círculo económico. En circulación de lo que no reporta o no vuelve ...
tanto como en desvinculación. Ese desbordamiento deja

una huella (trace), la obra de Ponge, nada menos, la que le

sobrevive como a toda economía. Que nosotros podamos
hablar de ella hoy, repetirla, admirarla, nutrirnos de ella,
gozarla, luego que Ponge mismo está muerto, significa ese
don de la firma que renuncia al intercambio: eso no rinde
17. La figura del higo








17. La figura del higo
Gérard Farasse. – Ponge se introduce por efracción en el
célebre verso de Boileau escribiendo: “¡Que aquello que
no se concibe bien se enuncie claramente! (optativo)” y
antepone a ese anhelo la siguiente reflexión: “Nada que sea
interesante expresar se concibe bien (lo más particular)”67.
En definitiva, para transformar el concepto o el pensamiento,
hay que incluir lo que no es pensable: lo particular. Ponge,
en otro texto, juega con la palabra abstracción: la abstracción
traiciona, el concepto violenta las cosas. Esta concepción
no es inducida por esa lingüística de la palabra de la que
hablábamos hace un rato: la palabra árbol no remite a
ningún árbol real. Para que lo haga, es preciso que éste se
incluya en una frase o en un texto: este árbol. Lo particular
escapa a la palabra, no al texto. Ponge por otra parte, no
apunta a lo singular (quizá, entonces, habría que renunciar
a hablar, ¿tentación presocrática?), apunta a esencias: el

guijarro, la antracita, el clavel. Y claro, apunta a ellos a través

de experiencias diversas:

Pero es preciso que yo cierre los ojos sobre todo
eso, sobre esas anécdotas, o más bien que guarde

67 Francis Ponge, “My creative method”, Méthodes, II, Le Grand
Recueil, O. C., t. I, p. 530.
110 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 111

esos recuerdos, los reubique en mi memoria, en la esencia del aparecer de la cosa, que es un aparecer singular.
el armario de mi memoria, (en) los cajones de Dicho de otro modo, en ese caso, no hay diferencia entre el
la cómoda de mi memoria, en el estado en que estado y la esencia, si por estado no se entiende simplemente
se encontraban auténticamente antes que yo los una cualidad efímera de la cosa o de mi percepción: es la
arroje para observarlos uno por uno, los voltee esencia de una individualidad, de una cosa singular para mí,
en mi mano: es decir en desorden, apilados en un cierto estado, una esencia singular pero ejemplar.
unos sobre otros, unos contra otros, arrimados, Naturalmente, la descripción de este estado no se detiene
sobrepuestos, para no formar más que el higo
en la simple percepción. Esta compromete también la
(la figue)68.
experiencia del lenguaje: es mí estado hablando de la cosa o el
estado de la cosa en tanto que ésta comprende su nombre, ahí
Lo que se prefigura, a través de esos recuerdos, lo que debe
la dificultad es pensar una esencia que sea a la vez la de la cosa
emerger, es una esencia: no tal higo, sino el higo, la figura del
aparte de su nombre, fuera de su nombre, sin su nombre, y sin
higo. Sin embargo, el concepto es trabajado por la singularidad
embargo la posibilidad para la cosa de ser nombrada.
como el texto, por muy lógico que parezca. Ponge encierra
No sé si el concepto tradicionalmente filosófico de la esencia
muchas veces sus frases con una vuelta de tuerca como si,
bastaría para nombrarla, para calificarla, porque esencia quiere
cueste lo que cueste, tuviera que mantener unidas frases o
decir ciertamente aquí la cosa tal cual ella es ella misma, más
párrafos que, de otro modo, se desparramarían: y es que hay
allá de la impresión que ésta nos hace, de sus cambios, de
una presión de lo singular, de lo aleatorio, de lo discontinuo, de
sus modificaciones, de sus cualidades segundas, pero ese más
la materialidad. De ahí, quizás, esa tensión, tan característica.
allá no está simplemente en la cosa sin mí: es una esencia
¿Cómo pensar lo impensable sin que haya combate?
fenomenal, la esencia en tanto que ésta me aparece. Un paso

Jacques Derrida. – Sí, el apunta precisamente a esencias. por la fenomenología, por la reducción transcendental según el
No es la existencia singular, por ejemplo, tal jabón que, aquí, método fenomenológico sería indispensable para comprender
estaría destinado a desaparecer, ni tampoco al concepto aquello que quería decir Ponge en cuanto a las esencias.
general, por ejemplo, el del clavel: se trata de la esencia, Usted dice no tal higo sino el higo, la figura del higo. Cierto,
pero habría que ponerse de acuerdo sobre la palabra esencia, pero esta figura del higo no es un concepto general del higo.
refinando, destilando, para definir una esencia que no sea No se trata tampoco de determinar los predicados comunes a
simplemente una esencia general: pues es finalmente la esencia todos los higos. Es siempre a través este higo de aquí que esta
de un esto: esta lavadora; es una esencia fenomenológica. No es figura esencial del higo llega a la experiencia y se describe.
simplemente la propiedad supuestamente intrínseca o natural De ahí la dificultad que hay para pensar juntas la esencia y la
de la cosa, sino la esencia de la cosa tal como ésta me aparece, singularidad, pero esta noción tiene un lugar en la tradición:
cuando Aristóteles habla de esencia, habla frecuentemente
de esencia singular, de individualidad, de aquello que solo es
68 Francis Ponge, Comment une figue de paroles et pourquoi, O. C., t. propio de una cosa existente. No querría enfrascarme en un
II, p. 766.
112 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 113

discurso filosófico, pero es que antes de distinguir aquello que Víctima de una caída, Funes adquiere una memoria infalible.
hay de común a todos los higos, antes de construir el concepto No puede ya pensar porque su memoria retiene todo, no
de higo (un fruto, a veces verde, a veces pardo o negro, que puede ya abstraer porque ya no olvida nada: el higo visto a
brota sobre los árboles, en cierto clima), y para construir esta las cuatro es tan diferente del higo visto a las cuatro con un
generalidad hace falta una intuición de la esencia del higo que minuto que ya es otra cosa.
me permita reconocer, cada vez, que de lo que hablo es de un
higo y no de otro fruto. Dicho de otro modo, es la esencia la Jacques Derrida. – No hay más que singularidades.
que guía la construcción del concepto. Esta esencia se da a
una intuición y no en una construcción. Pero cuando usted Gérard Farasse. – No hay en Ponge, la impresión de
una imposibilidad de escribir ante la variedad caótica del
dice figura, evidentemente, se trata a la vez de la estructura
mundo.
esencial del higo y de todo aquello que en el higo nombra la
figura. Hay que tomarla a la letra, casi letra a letra, y de otra
Jacques Derrida. – No, pues la palabra, el acto de nombrar,
manera. El higo figura también otra cosa que el higo (La figue parte enseguida, parte y habla de la intuición.
figure aussi autre chose que la figue).

Gérard Farasse. – La poesía, por ejemplo.

Jacques Derrida. – Por ejemplo la poesía, cada vez,
pero también muchas otras cosas. En esta figura del higo,
casi por una letra, en ese redoblamiento de sentido de la
palabra figura (figure), el paso por la esencia es en sí mismo
una transferencia de sentido. Hay siempre esa mezcla, en
Ponge, de intuicionismo y retórica. Él fija su mirada sobre
una esencia singular que no figura nada más que ella misma
y que, por lo mismo, deviene figura de otra cosa. En ese
momento, tropo y tropismo se introducen en la esencia
singular. El juego de la esencia y del tropo confiere su
temblor a cada escrito de Ponge.

Gérard Farasse. – Pienso, una vez más, en un texto de
Borges, en Ficciones, que se llama Funes o la Memoria69.


69 Jorge Luis Borges, Fictions, Paris: Gallimard, 1957.
18. El temblor de la identidad












Gérard Farasse. – Barthes definía sin ambages al artista
como un falsificador. Usted insiste frecuentemente sobre
la franqueza (franchise) de Francis Ponge, su espíritu
independiente (afranchisement) y su franceidad (francité):
Francis. ¿Será posible separar, tratándose de Ponge, al
hombre del escritor? Sus cualidades morales son también las
de sus textos. Usted ha tenido la suerte de conocer a Jorge
Luis Borges y conoce el sabroso y breve texto Borges y yo,
en El Autor y otros textos: éste nos descubre la lucha interna
entre lo que él es en tanto hombre y la figura del escritor:

Hace años, traté de librarme de él y pasé desde las
mitologías suburbanas a los juegos con el tiempo
y el infinito, pero esos juegos le pertenecen hoy a
Borges y habrá que inventar otra cosa...
... Yo no sé cuál de los dos escribe en esta página70.



70Jorge Luis Borges, “Borges et moi”, L’Auteur et autres textes, traduit
par Roger Caillois, Paris: Gallimard, 1964, p.68.
116 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 117

No hay ningún desdoblamiento de ese tipo en Francis el yo (la primera persona del singular)” 71 y en un paréntesis
Ponge, quien da siempre la impresión de ser de un solo de Sol: “ese nosotros, se lo ha comprendido, pronunciado sin
bloque. énfasis, figura simplemente la colección de fases y posiciones
sucesivas del yo”72.
Jacques Derrida. – Ciertamente, Ponge no juega al
desdoblamiento como lo hace Borges o como lo hacen otros,
quizás porque él lo vería en eso una especie de...

Gérard Farasse. – ¿De histeria?

Jacques Derrida. – De coquetería o de juego de la
conciencia, de lirismo, una especie de lirismo. No obstante,
que no juegue como Borges no significa que sea de una sola
pieza. El desdoblamiento no asume (en él) la misma forma:
lo pone en práctica en los textos y en su composición. Por
cierto, Ponge no llega a decirnos: listo, soy doble y no sé
quién escribe. Pertenece a la determinación franca o francesa
de Ponge el afirmar libremente: veamos, efectivamente soy
yo quien ha escrito este texto, lo firmo y lo asumo, pero
esa garantía no significa en ningún caso que no haya un

temblor de la identidad o un desdoblamiento. Además, esta

determinación lo atesta, en la misma fuerza de su resolución,

llegando así a zanjar para excluir el desdoblamiento. Si digo

que soy doble, puedo suscitar inmediatamente la sospecha de

una astucia para escapar a mi responsabilidad: no estoy ahí

donde ustedes creen que estoy. Ponge, al contrario, afirma

su singularidad: soy Francis Ponge, nací en Montpellier,

hablo francés. Yo no traduciría, sin embargo, eso por “hacer

bloque consigo”.

Gérard Farasse. – Dos elementos que me vienen a la
memoria podrían modificar mi pregunta y confortar su
respuesta. En Pour un Malherbe, Ponge escribe que se le “ha
71Francis Ponge, Pour un Malherbe, O. C., t. II, p. 179.
hecho totalmente imposible, desde hace un tiempo, de emplear 72 Francis Ponge, Le Soleil placé en abîme”, Pièces, III, Le Grand
Recueil, O. C., t. I, p. 776.
19. La instancia ética











Gérard Farasse. – En Signéponge, usted evoca en dos
ocasiones por lo menos el problema de la ética: “Al invocar
una enseñanza de Ponge, como habría podido hablar hace un
momento de una ética de Ponge, yo se que voy a escandalizar”73.
Luego, un poco más lejos:

Su lección (su ética, su política, es decir su
filosofía) me interesa menos (en realidad no
siempre lo escucho sin murmurar) que aquello
a partir de lo cual ésta se constituye y que
él muestra mejor que nadie, demostrando a
través de eso mismo, lo que se pone en duda
demasiado fácilmente, que la instancia ética
trabaja la literatura en el cuerpo74.

¿Podría usted precisar esta fórmula? Y murmurar.

Jacques Derrida. – Habría mucho que decir; me
contentaré con una precaución. En primer lugar, no escribo

73 Jacques Derrida, Signéponge, op. cit., p. 21.
74 Ibíd., p. 46.
120 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 121

la ética sino la instancia ética. Afirmar que esta última trabaja radical, extrema, con la posibilidad de la ley y de aquello que
la literatura en el cuerpo, eso, antes que nada, no quiere decir la liga al lenguaje. Es así que hay que entender la expresión
que la literatura sea moral, que deba ser moralizadora o hacer trabajar en el cuerpo. A cada instante, la puesta en práctica
parte de la moral. Hablar de instancia ética significa que la de la lengua implica una radicalización de la responsabilidad
búsqueda de la ética, la preocupación ética, la explicación que puede correr el riesgo de la más alta irresponsabilidad.
con la ley se encuentra en el origen de la literatura: no se Muchas veces, por otra parte, en los regímenes
entra en la literatura sin explicación con el compromiso, la totalitarios, aquellos que han tratado de controlar la libertad
promesa, la fe jurada. Una literatura an-ética o inmoral, el del escritor y de reclutarla, son aquellos que han intentado
desafío de una literatura transgresiva comparece desde ya, se confrontarla con sus responsabilidades: es responsable ante
presenta aún ante algo que ocupa la posición de la moral. el Estado, es responsable ante el proletariado, es responsable
Eso es lo que llamamos, hace un momento, la ley. Quizás ante la historia o la religión (católica, islámica, judía, etc.).
sea necesario, aquí, distinguir la ética de la moral: hay que La afirmación literaria consiste en no aceptar rendir cuentas
firmar, hay que responder incluso para rechazar la ley. delante de esos tribunales, y por tanto, en cierta manera,
Hay una historia de la literatura, del concepto de literatura irresponsabilizarse, lo que es una experiencia ética siempre
en el sentido moderno, que uno distinguiría probablemente muy grave. Pero irresponsabilizarse en nombre de esta ley
de la Poesía o de las Bellas Letras. En tanto tal, la literatura de la cosa de la que estábamos hablando hace un momento,
es casi contemporánea de una cierta autorización a decirlo compromete una responsabilidad radical y heterónoma,
todo y no ceder a ninguna censura, lo que no sucede sin por decirlo así. Esta irresponsabilidad puede parecer la más
cierta idea de la democracia o de la Ilustración. Esta soberana o desenvuelta irresponsabilidad: ese es el riesgo.
posibilidad, ese deber de decirlo todo, aunque sea en forma Y es ese riesgo que toma el irresponsable al que apunto
de ficción – Blanchot dice en alguna parte que la literatura cuando digo que la instancia ética trabaja la literatura en su
es el derecho a decirlo todo – no hay ninguna ley exterior cuerpo, quiero decir , en el cuerpo del escritor, en el cuerpo de
y limitada que le imponga un límite pues, precisamente, la lengua, en el cuerpo de la obra. Si he escogido esas palabras,
ese decirlo todo consiste en plantear cierta ley por encima es justamente para subrayar bien que no quería decir que
de todas las leyes y en exponer el límite mismo al cual se la literatura fuese o debiera ser en sí misma un acto moral.
está expuesto. No se trata de estar fuera de la ley: es una
manera de sentirse responsable de no ser responsable ante Gérard Farasse. – Pero para Ponge, en particular en el
tal o cual ley en particular. Responder por lo que escribo, en Malherbe, uno tiene la impresión de que de la literatura
literatura, significa que no debo rendir cuentas a nadie, ni la depende de una moral, de una política. La literatura es
policía, ni al Estado, ni a la universidad, ni a la familia, ni a fundadora, está al mando, de la moral y de la política. Eso es
la religión. Para asumir esta responsabilidad que me exime Confucio...
por adelantado de toda responsabilidad (por lo menos por lo
que hago ahí, escribiendo tal cosa), hace falta una explicación

122 Jacques Derrida Desplegar a Ponge 123

Jacques Derrida. – Es ahí donde yo estaría menos seguro Jacques Derrida. – No. Lo que él dice de eso, lo que el
de ser “pongiano”, pero poco importa. Nadie tendría que ser hace con la palabra franqueza, sus arrebatos, todo eso me
pongiano, aparte del mismo Ponge... interesa mucho, pero no creo que Ponge haya sido un escritor
más franco, o más honesto que la mayoría. En la experiencia
Gérard Farasse. – Es ahí donde usted comienza a de ese deseo, deseo de franqueza, de propiedad, de limpieza,
murmurar. de honestidad, hay algo, en efecto que me apasiona y que
querría compartir. Pero entre esta experiencia dramática y su
Jacques Derrida. – Yo suscribo a la idea de que en esa
resultado que sería (algo así) como un estado de honestidad, la
región se anuncia la posibilidad de una ética. A partir de ese
esencia del ser honesto, hay una distancia infinita. Incluso si
anuncio, de esta búsqueda de la ética, lo que hace cada uno
yo pudiera decir que intento dramáticamente de ser franco
con eso y lo que Ponge, en particular, puede hacer, es asunto
o responsable, no diría nunca sin sonreír que lo soy.
suyo.

Es por eso que digo que trabaja en el cuerpo y no que

produce una moral o una ética. No sacaré ciertamente, de lo
que comparto con Ponge, las mismas conclusiones que él
ha podido extraer, en su vida privada y pública, en su moral
o en su política, que en el fondo, no me interesan tanto.
En todo caso, yo no suscribiría a ellas sin examinarlas dos
veces...

Gérard Farasse. – Pero hay una moral del escritor.
Jacques Derrida. – Hay una explicación de la escritura
por el drama ético que mencionaba anteriormente, sí. En
cuanto a la “moral del escritor”, si ésta consiste en reglas que
el escritor debería aplicar, entonces yo desconfiaría mucho.
No creo que exista una “moral del escritor”.

Gérard Farasse. – Pero la honestidad, la franqueza...

Jacques Derrida. – No.

Gérard Farasse. – Determinadas por el nombre propio...


Réplicas











Aquí terminan pues nuestras réplicas, querido Jacques
Derrida, que han sido solo intercambiadas para desaparecer
y hacer aparecer a Ponge. Me esforcé en ofrecerle una
réplica. Le devuelvo ahora también esa palabra, réplica,
que le pertenece más a usted que a mí, desde que usted a
desplegado todos sus valores. Yo me contentaré, pues con
indicar algunos de los pliegues de la réplica, de iluminar, en
ese prisma, algunas facetas.
En latín replicar puede significar leer, desplegar el
manuscrito de un autor. Y además, también, cerrarlo – lo que
hacemos ahora. Significa también devolver una llamada:
hemos recordado a Ponge, lo hemos llamado, pero si lo hemos
llamado es porque él nos había llamado anteriormente –
réplica: “palabra o acción que parece llamada por otra”, escribe
Pierre Larousse. Una vez más hemos desplegado sus textos,
una vez más.

Una vez más también porque yo le he pedido proporcionar

una réplica a su Signéponge pero nadie a mostrado mejor

que usted que la repetición, por su estructura misma,

comportaba siempre una novedad. Así es la réplica, ese

término de música, que dice Littré es “la repetición que

126 Jacques Derrida

hace un instrumento de una frase de canto ya ejecutada por


otro instrumento o por la voz”. Explotando el filón de los
vocabularios técnicos, sacamos a la luz esta maravilla: una
réplica, en geología, es “una sacudida secundaria que sigue
a la sacudida principal de un seísmo”. ¿Quién podría decirlo
mejor? He ahí que somos reenviados al Guijarro.
Sobre la escena del texto de Ponge, en el teatro de la
entrevista, hemos intercambiado réplicas y he aquí que la
cortina, desplegando ahora todos sus pliegues, cae, – ha
caído.
Próximos títulos en Ediciones Qual Quelle

LA RESISTENCIA DE LA LECTURA
Zeto Bórquez

INTRODUCCIONES DEL USO: DERRIDA
Y LA EPOKHÉ HEIDEGGERIANA
René Baeza

LOS GARABATOS DEL ESCRIBA
Jacques Derrida

LA CHANSON FROIDE
Clelia Trautvetter

INVESTIGACIONES SOBRE EL ORIGEN
DEL LENGUAJE Y DE LA CONSCIENCIA
Tran Duc Thao

SIMONDON Y LA ESTÉTICA
Ludovic Duhem

EL DECLIVE DE LA ESCRITURA
François Laruelle

Agosto de 2018
Colección Artefacta

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