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Nazismo W

El nazismo, ideología de extrema derecha del régimen de Adolf Hitler en Alemania (1933-1945), se caracterizó por su totalitarismo, antisemitismo y nacionalismo extremo, y fue impulsado por el descontento social y económico tras la Primera Guerra Mundial. Esta ideología, que se desarrolló en la década de 1920, se fundamentó en un rechazo al comunismo y la democracia liberal, y promovió la idea de la supremacía aria y la expansión territorial. Hitler, como figura central, utilizó el contexto histórico y cultural de la época para consolidar su poder y llevar a cabo políticas de agresión y genocidio.

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El nazismo, ideología de extrema derecha del régimen de Adolf Hitler en Alemania (1933-1945), se caracterizó por su totalitarismo, antisemitismo y nacionalismo extremo, y fue impulsado por el descontento social y económico tras la Primera Guerra Mundial. Esta ideología, que se desarrolló en la década de 1920, se fundamentó en un rechazo al comunismo y la democracia liberal, y promovió la idea de la supremacía aria y la expansión territorial. Hitler, como figura central, utilizó el contexto histórico y cultural de la época para consolidar su poder y llevar a cabo políticas de agresión y genocidio.

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Nazismo

El nacionalsocialismo (en alemán: Nationalsozialismus), comúnmente acortado a nazismo, fue la ideología de


extrema derecha del régimen que gobernó Alemania desde 1933 hasta 1945 con la llegada al poder del
Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Adolf Hitler (NSDAP). Hitler instituyó una dictadura, el
autoproclamado Tercer Reich. El Reich anexionó Austria a partir del Anschluss, así como la zona de los
Sudetes, Memel y Dánzig. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis ocuparon tierras en Polonia, Francia,
Checoslovaquia, Hungría, los Países Bajos, Dinamarca y Noruega. A la Alemania de este periodo se le conoce
como la «Alemania nazi».

El nazismo es una forma de fascismo que demostró un rechazo ideológico hacia el comunismo, el marxismo,
la democracia liberal y el sistema parlamentario. También, incorporó un ferviente antisemitismo, el racismo
científico y la eugenesia en su credo. Su nacionalismo extremo provino del pangermanismo y del movimiento
Völkisch prominente en el nacionalismo alemán de la época, y fue fuertemente influenciado por los grupos
paramilitares anticomunistas Freikorps que surgieron después de la derrota de Alemania en la Primera Guerra
Mundial, de la cual surgió «el culto a la violencia» que estaba «en el corazón del movimiento».

Es una ideología gestada en la década de 1920, pero que no alcanzará importancia hasta los años 30,
momento en que las duras condiciones de paz impuestas en el Tratado de Versalles (1919) se juntan con la
grave crisis mundial del Jueves Negro en 1929 (véase Gran Depresión). En Alemania la situación es más
acuciante aún, ya que a los devastadores efectos económicos se sumaba la obligación de pagar el tributo de
la derrota en la Primera Guerra Mundial, y el descontento popular ante la injusta situación que hacía que las
calles se llenaran de manifestaciones extremistas de toda índole, tanto de izquierda como de derecha.

Esta situación culmina con el fuerte descrédito de las democracias liberales, ya que las dictaduras que
surgieron demostraron ser capaces de controlar y resolver las crisis más efectivamente que las democracias.
[nota 1] Tanto la Italia de Benito Mussolini —quien fue elogiado por «hacer que los trenes llegaran a tiempo»,
es decir, por poner fin a las huelgas y caos económico que había dominado a ese país— como el Imperio del
Japón, países en los que se impusieron «gobiernos fuertes», no solo resolvieron la crisis a mediados de los 30
sino que fueron percibidas como restaurando el orden social aún con anterioridad a esa solución a problemas
económicos.[nota 2]

A esa crisis político-económica hay que agregar una crisis ideológica, aún anterior, que se extiende desde
1890 a 1930 y que ha sido caracterizada como una «revolución contra el positivismo».[6] Tanto los valores
como las aproximaciones a la sociedad y la política que formaban la base de la civilización occidental fueron
percibidas como superadas reliquias del racionalismo proveniente de la Ilustración. Específicamente, tanto el
fascismo como los desarrollos intelectuales que lo antecedieron buscaron transcender lo que se percibía como
la decadencia del Occidente[7] (véase, por ejemplo, La decadencia de Occidente).

Consecuentemente, el Zeitgeist de esa época puede ser descrito como una amalgama o mezcla de ideas
caracterizado por un rechazo al racionalismo, proceso que es generalmente percibido como iniciándose con
Friedrich Nietzsche, junto a tentativas de incorporar «explicaciones científicas» a preconcepciones o incluso
prejuicios explicativos del mundo, por ejemplo, un racismo latente, que dieron origen a propuestas tales como
las de la eugenesia, y en lo político, bajo la influencia de pensadores tales como Georges Sorel, Vilfredo
Pareto,[8][nota 3] Martin Heidegger (supuestamente),[nota 4] Gaetano Mosca, y, especialmente, Robert
Michels; a percepciones político elitistas basadas en un culto del héroe y la fuerza que culminan en una
versión del darwinismo social.[9] Percepciones que adquieren connotaciones más extremas en su divulgación
y vulgarización.[6]

Como influencia importante en el desarrollo de ese Zeitgeist se puede mencionar la obra de Arthur de
Gobineau, que propuso que en cada nación hay una diferencia racial entre los comunes y las clases
dirigentes. Estos últimos serían todos miembros de la raza aria, quienes son no solo la raza dominante sino
también la creativa.[10] Posteriormente, Houston Stewart Chamberlain identifica «los arios» con los teutones;
en adición a tratar de demostrar que todos los grandes personajes de la historia —incluidos Jesucristo, Julio
César o Voltaire, entre otros— fueron realmente arios, agrega:

Los teutones son el alma de nuestra civilización. La importancia de cualquier nación, en la medida que es un
poder actual, está en relación directa a la genuina sangre teutona presente en su población

H. S. Chamberlain (1899). Foundations of the Nineteenth Century.

Múltiples autores también resaltan el papel que tuvo la teoría evolucionista, y el darwinismo social
incorporados a la ideología nazi, como factores que propiciaron la posterior generación de racismo, la
creación del nacionalismo, la propagación de la política neoimperialista y parte diversos pilares ideológicos
del nazismo basados en la aplicación política de la idea de la «supremacía del más fuerte».

También de importancia fueron percepciones que se pueden ver ejemplificadas en la obra de, por ejemplo,
Benjamin Kidd, quien propuso:

Nuestra civilización ha sido dada a luz como resultado de un proceso de fuerza sin paralelos en la historia de
la raza. Por épocas incontables el combativo macho europeo se ha desbordado a través de Europa en
sucesivas olas de avance y conquista, venciendo, exterminando, aplastando, dominando, tomando posesión.
Los más aptos, que han sobrevivido esas sucesivas olas de conquista, son los más aptos por el derecho de la
fuerza y en virtud de un proceso de selección militar, probablemente el más largo en la historia, el más duro,
probablemente el más elevante al que la raza ha sido sometida.

Benjamin Kidd (1919). The Science of Power, pp. 4-5.

Para Kidd, el combativo hombre europeo es un pagano que rinde homenaje pero no entiende ni acepta en su
corazón la validez de «una religión que es la total negación de la fuerza». Ese hombre europeo ha introducido
el «espíritu de la guerra» en «todas las instituciones que ha creado» y «la creencia que la fuerza es el
principio último del mundo». Ese «hombre de la civilización occidental ha llegado a ser por la fuerza de las
circunstancias el supremo animal de combate de la creación. La Historia y la Selección Natural lo han hecho lo
que es»,[18] «por la fuerza ha conquistado el mundo y por la fuerza lo controla».[18] Otras visiones de
influencia en esa percepción son las de Oswald Spengler, para quien Mussolini era el parangón del nuevo
César, que se levantará del Occidente en ruinas para reinar en la «era de la civilización avanzada», por
analogía a los césares de la Antigüedad.

En Alemania, específicamente esa rebelión contra el racionalismo dio origen, entre otras cosas, a una
variedad de asociaciones que promovían un retorno a visiones romantizadas del pasado alemán (véase
Völkisch), en lo cual Richard Wagner tuvo alguna influencia y una sociedad ocultista y semisecreta, la
Sociedad Thule —basada en la ariosofía y primeros en usar la esvástica en el contexto de la época— que
patrocinó el Partido Obrero Alemán (DAP), más tarde transformado por Hitler en el Partido Nacionalsocialista
Obrero Alemán.

A lo anterior se ha sugerido que hay que agregar factores específicamente alemanes. A pesar de que Maurice
Duverger considera tales consideraciones poco convincentes a fin de explicar el desarrollo del nazismo,[20]
se ha afirmado que no se puede explicar el nazismo sin considerar su origen[21] y que entre los factores que
explican ese origen se debe mencionar una tradición cultural (volkgeist)[22] —que se remonta a personajes
tales Lorenz von Stein y Bismarck (véase Estado social)— en la cual el Estado adquiría poderes dictatoriales,
demandando orden, disciplina y control social estricto a fin de garantizar crecimiento y el bienestar
económico de la población.

Esa tradición se transforma, bajo la influencia de personajes tales como Ernst Forsthoff, jurista conservador de
gran influencia, quien, a partir del periodo de la República de Weimar, postula que los individuos están
subordinados ya sea al «Estado absoluto» o al Volk, bajo la dirección de un caudillo o führer.[24]

El nazismo transforma, sin mucha dificultad, ese culto a la fuerza del más fuerte que es el ario en un
antisemitismo puro y simple, utilizando la preexistente leyenda de una conspiración judía para hacerse con el
control mundial y Los protocolos de los sabios de Sion) para explicar la derrota alemana en la Primera Guerra
Mundial: el ejército de ese país fue traicionado y «apuñalado en la espalda»[25] por los bolcheviques y judíos.
Esa «traición» se extiende al gobierno socialdemócrata de la República de Weimar que permite ahora que
esos mismos judíos se beneficien de la inflación, y otros problemas que afectan a los alemanes.[26]
Aduciendo además que muchos de los principales líderes comunistas son también judíos, asimilan ambos
conceptos en una gran «conspiración judeo-marxista».

El nazismo se concreta como una ideología totalitaria de índole fascista en la medida en que se caracteriza
por dar una importancia central y absoluta al Estado —a partir del cual se debe organizar toda actividad
nacional[28] (véase Gleichschaltung)— representado o encarnado y bajo la dirección de un caudillo supremo,
en este caso Hitler, y por proponer un racismo, nacionalismo e imperialismo visceral que debe llevar a
conquistar los pueblos que se consideren inferiores (véase Lebensraum). A partir de 1926, Hitler centralizó
incrementalmente la capacidad de decisiones en el partido. Los dirigentes locales y regionales y otros cargos
no eran electos, sino nombrados, de acuerdo al Führerprinzip (‘principio de autoridad’) directamente por
Hitler, y a él respondían, demandando, a su vez, obediencia absoluta de sus subordinados. El poder y la
autoridad emanaban de arriba y no de abajo.

Término
La vigésimo segunda edición del Diccionario de la lengua española define nazismo como el «movimiento
político y social del Tercer Reich alemán, de carácter pangermanista, fascista y antisemita».[32]

Etimológicamente, el acortamiento nazi proviene de dos sílabas del término Nationalsozialismus, como
ideología implementada por el partido (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei).[33] Los miembros del
partido se identificaban a sí mismos generalmente como nacionalsocialistas y solo raramente como nazis.
Dicho término fue popularizado por el periodista Konrad Heiden, quien lo usaba de manera burlesca en sus
escritos.

El origen y uso de nazi es similar al de sozi, palabra del lenguaje diario para designar a los miembros del
Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands),[35] y otros términos que en
alemán coloquial se suelen acortar terminando con una /i/ final. A partir de 1933, cuando Hitler asumió poder
en el gobierno alemán, el uso del término iba disminuyendo en Alemania, aunque en Austria, al menos hasta
el Anschluss, sus oponentes lo continuaron usando con una connotación despectiva.[35] A partir de eso, el
término ha adquirido una connotación crecientemente peyorativa.

Algunos autores usan el vocablo «nacionalsocialista» en el contexto político y el acortamiento «nazi» en el


contexto ideológico, y sobre todo racista.[37] Otras fuentes, sin embargo, consideran ambos términos como
sinónimos sin ninguna diferencia más allá que el uso habitual y más común del término acortado.

Nacionalsocialismo y Hitler

Se ha sugerido que Adolf Hitler «es uno de esos pocos individuos de los cuales se puede decir con absoluta
certeza que: sin él, el curso de la historia habría sido diferente»,[39] o, que sin él, las cosas habrían sido muy
diferentes.[40]

Hay poca duda que Hitler poseía un carisma y capacidad de oratoria, pero también una ambición excepcional.
Alguien que -con una falta de escrúpulos absoluta- estaba dispuesto a sacrificar lo que fuera o considerara
necesario en aras de sus objetivos. Pero tampoco hay duda que tanto los objetivos como los medios eran
avalados por el Zeitgeist, y que Hitler encapsuló -voluntaria o accidentalmente- lo peor de ese espíritu de su
época.[41] Si bien es posiblemente correcto que sin Hitler el nazismo no habría sido lo que fue, no es menos
cierto que sin ese zeitgeist Hitler no habría sido lo que fue.

Hitler conoció ese zeitgeist cuando vivió en Viena, entre 1908 y 1913, tratando de ganarse la vida como
pintor. La Viena que Hitler conoció no solo era la ciudad culta y cosmopolita de la visión general sino también
la que ha sido descrita como un cloaca de antisemitismo, racismo y políticas corruptas, con un parlamento -
que Hitler visitó numerosas veces- paralizado por disensiones raciales y sectoriales intransigentes. Es ahí -se
ha aducido- que Hitler adquirió su desprecio por la democracia, ahí donde vio por primera vez el saludo Heil
—entre los seguidores del pangermanista y antisemita radical Georg von Schönerer— y ahí a donde aprendió
acerca de la propuesta de la eugenesia.[42]

Después de la Gran Guerra Hitler permaneció en el ejército donde fue asignado a una unidad especial, el
Departamento de Educación y Propaganda, del Ejército de Baviera, bajo el comando del capitán Karl Mayr.
Una función importante de ese departamento era dar a los soldados una razón aceptable —desde el punto de
vista del ejército— de su derrota en la guerra. Esa razón se encontró fácilmente, dado el "espíritu de la época"
y el del ejército, en "la traición de los judíos y comunistas".

En julio de 1919, Hitler fue asignado a un "Comando de Inteligencia" y ordenado espiar un pequeño grupo —
autodenominado Partido Obrero Alemán (DAP por sus siglas en alemán)— bajo sospecha de ser marxista o,
por lo menos, socialista.[43]- Hitler se impresionó con la visión nacionalista y de solidaridad entre todos los
miembros de la sociedad —pero anticomunista y antisemita— de Anton Drexler, fundador del grupo, quien a
su vez, fue impresionado por la oratoria de Hitler: cuando uno de los miembros sugirió separar Baviera de
Alemania y unificarla con Austria, Hitler pronunció un discurso oponiéndose y llamando en su lugar a
«engrandecer a Alemania». Consecuentemente Drexler le ofreció al espía que se hiciera miembro de la
organización, lo que Hitler hizo el 12 de diciembre de 1919,[44] convirtiéndose en el 55.º individuo a ingresar.
[45] Al mismo tiempo se integró al Comité Ejecutivo del Partido, como séptimo integrante.[46] Años después
Hitler proclamó haber sido el séptimo en unirse al partido, afirmación que se ha demostrado ser falsa.[47]

En el 20 de febrero de 1920, el Partido Obrero Alemán cambió su nombre por el de Partido Nacionalsocialista
Obrero Alemán (llamado NSDAP o Partido Nazi). A Hitler no le gustó el término "socialista", pero accedió por
parte del comité ejecutivo como estrategia para atraer a la clase trabajadora y alejarla de los partidos de
izquierda.[48] También se apropiaron de símbolos izquierdistas como el color rojo en sus banderas.
Copia (falsificada) del Carnet de Afiliación al Partido Obrero de Hitler. El número real de su membresía era el
550 (55, el 500 era agregado para dar la impresión de un grupo más grande) pero con posterioridad el
número de Hitler fue reducido para dar la impresión que Hitler fue uno de los fundadores del "partido".[50]

Hitler llegó a ser el protegido de Dietrich Eckart, otro de los fundadores y miembro de la Sociedad Thule,
quien —junto con el resto de esa sociedad— creían en la llegada inminente de un "Mesías alemán".[51] Eckart
-con ambiciones de poeta- había escrito acerca del "El Sin nombre", "El que todos sienten pero ninguno ha
visto" y en Hitler creyó encontrarlo,[52] lo que se vio reforzado por su éxito como orador, pero el resto de los
directores "del partido" lo encontraban prepotente y egoísta. Hitler reaccionó -julio de 1921- ofreciendo dimitir
o ser nombrado jefe del partido (reemplazando a Drexler) con poderes ilimitados. El asunto fue finalmente
puesto a una reunión general. La propuesta de Hitler fue aprobada por 543 votos a favor y uno en contra. En
la reunión siguiente (29 de julio de 1921) del recientemente renombrado Partido Nacionalsocialista Obrero
Alemán, Hitler fue introducido -por primera vez- como führer.

Esa posición fue conveniente para Hitler y su personalidad o estilo, librándolo de la obligación de tener que
seguir cualquier programa o compromiso que no fuera conveniente en el momento, incluyendo las propuestas
por él mismo. Pero de nuevo, no vemos la acción de un genio político, sino el resultado de, por un lado, el de
la ilusión de personajes tales como Eckart y, por el otro, de la propuesta de sectores conservadores y
nacionalista -tales como la de Forsthoff - que fueron utilizadas para producir una situación tal que le permiten
proclamar: "Yo soy el partido".[53]

Así, los principales ideólogos del partido cuando este llega al poder - Walter Darré, Dietrich Eckart, Hans
Frank, Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Robert Ley, Julius Streicher, Alfred Rosenberg, etc- muestran, entre los
elementos que los caracterizan, una fe ciega en un jefe, Hitler, quien es concebido como encarnando todas
las calidades y Voluntad de poder o vida de "la nación" y -como tal, el único que puede determinar qué es y
qué no es correcto, aceptable o incluso ético. En las palabras de un jerarca nazi: "Si el pueblo tiene confianza,
y si la verdadera dirección popular esta presente, el Führer será capaz de hacer lo que desee con la nación...
la gente le obedecerá ciegamente y ciegamente lo seguirán. El Führer siempre tiene la razón. Cada uno y
hasta el último ciudadano debe decirlo (...) Sí, Uds. que nos llamaban sin dios, hemos encontrado nuestra fe
en Adolf Hitler y a través de él hemos encontrado a Dios una vez más. Esa es la grandeza de nuestro día. Y
esa es nuestra buena fortuna"[54]

Poseen también un enemigo mortal, responsable de todos los problemas que han afectado a los arios a través
de la historia: las razas inferiores o Untermensch - (tales como los eslavos, los gitanos, y, especialmente, los
judíos, responsables de la Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional). Enemigos no solo mortales
pero ineludibles, no solo porque así lo determina las leyes biológicas mismas, sino porque así lo determina el
único que puede determinar esas cosas: Hitler, el Führer que nunca se equivoca, en su libro. Los arios, como
raza superior es de donde viene el hombre creador, viril y guerrero. De esa raza proceden todos los triunfos
de la especie humana. Sin embargo, también creen, como Spengler, que las civilizaciones creadas por los
arios decaían y morían una vez sus elementos representativos se mezclaban racialmente con miembros de
esas otras razas: "El resultado de todo cruce racial es, brevemente, siempre el siguiente: (a) descenso de la
raza más alta. (b) regresión física e intelectual y consecuentemente el comienzo de una lenta pero inevitable
enfermedad. Causar tal desarrollo es, entonces, nada pero un pecado contra el creador eterno. Y como
pecado será tratado".-[55]

Una de las primeras medidas de Hitler como führer de los nazis fue organizar un grupo selecto, las Grupos de
Asalto o SA -bajo control de uno de sus incondicionales, el exoficial de ejército Ernst Röhm - y ordenarles
"confrontar" socialistas en las calles. Esto llevó a un incremento en la popularidad del partido nazi entre
sectores más extremos en los bares y cantinas en los que los nazis organizaban sus reuniones y de ahí, entre
los "nacionalistas extremos" de la población general.[56] Entre las figuras que se unieron a los nazis se puede
destacar a Heinrich Himmler; Hermann Göring y Joseph Goebbels. Las SA crecieron rápidamente, atrayendo
miles de reclutas[57] al punto que -en 1922- se hizo posible y necesario crear una división para "novatos" de
14 a 18 años - la Jugendbund o Hermandad de los jóvenes- que en algún momento se transformó en las
Juventudes Hitlerianas.

Tras encabezar un fallido intento de golpe de Estado en 1923, contra la República de Weimar, Hitler es
condenado a prisión y recluido en un castillo. Una condena de 5 años, de la que finalmente solo cumplió once
meses, le permitió escribir el libro semiautobiográfico Mein Kampf '(Mi lucha)' que pronto se convierte en el
elemento que le faltaba al colectivo, un libro casi sagrado. En él declara firmemente su antisemitismo y su
anticomunismo y deja claro que los arios son una raza superior a todas las demás.

En febrero de 1926 Hitler -en un discurso frente alrededor de sesenta de sus seguidores más selectos,
incluyendo los gauleiteres- repudió las posiciones "socialistas" anteriores del partido, enfatizando que "el
verdadero enemigo son los judíos", y que tanto el socialismo como la URSS -como creaciones judías- debían
ser destruidas y que la propiedad privada debía ser respetada por los nazis.[58] Esto horrorizó a algunos de
sus seguidores más cercanos y llevó al comienzo de una ruptura con la facción de Gregor Strasser, pero
posibilitaba un acuerdo con sectores derechistas en el gobierno. Uno de los resultados inmediatos de ese
vuelco a la derecha fue que en 1927 Wilhelm Keppler -un empresario- se unió al partido nazi. Y a través de él
algunos otros -tales como Hjalmar Schacht (más tarde, ministro de economía de los nazis), Fritz Thyssen y el
banquero Kurt von Schroeder- aceptaron financiar al partido.[59][60] Esto se vio facilitado por la llegada de la
crisis de 1929, lo que aumentó el caudal electoral nazi, llegando este a obtener el 37 % del voto popular (abril
de 1932), con un aumento en la membresía de 27 000 en 1925 a más de 800 000 en 1931.

Ascenso al poder del nacionalsocialismo

El gobierno de la República de Weimar fue un gobierno en crisis constante,[61] con frecuentes divisiones de
alianzas faccionales formadas alrededor de personalidades. Desgraciadamente ni la mayoría de los políticos -
con la excepción de los social demócratas- ni los industrialistas, ni el ejército, ni el pequeño sector de clases
medias ni la aristocracia ni muchos sectores populares tenían interés en la democracia.[62] En las palabras
de una declaración del Partido Conservador Alemán: "Odiamos con todo nuestro corazón la presente forma
del Estado Alemán porque nos niega la esperanza de rescatar nuestra esclavizada patria, de purificar del
pueblo alemán la mentira de la guerra y de ganar el necesario espacio vital en el Este".[63]

Una de las principales personalidades de la época -Franz von Papen- perdió posición frente a la facción de Kurt
von Schleicher, quien, nuevamente fue incapaz de obtener apoyo mayoritario. Von Papen concibió
reemplazarlo con "una cara nueva", la de Hitler, que sería -en la opinión de Papen- fácil de manipular: el
partido nazi comenzaba a mostrar desgaste electoral, perdiendo -julio de 1932- 34 escaños, reduciendo a 196
"diputados" sobre un total de 608. Adicionalmente, el partido se estaba quedando sin fondos. Aparentemente
el plan de von Papen era promover una dictadura mediante un golpe de Estado que -en su opinión[64]- sería
inevitable siguiendo el caos que el gobierno de Hitler produciría (dado que no solo una vez más el gobierno
sería incapaz de funcionar sino que el uso de confrontación y violencia por "el incapaz" Hitler produciría una
demanda popular por la restauración del orden).[65][66] Como se ha observado "Estupideces de ese tamaño
son raras en cualquier país o época".[67] Von Papen arregló una reunión con Hitler a través de los buenos
oficios del banquero von Schroeder, lo que se concretó -el 4 de enero de 1933 en la casa de este último,
llegando a un acuerdo.[68] Hitler fue nombrado Canciller de Alemania el 30 de enero de 1933. (la fecha es
conocida como Machtergreifung). Sin embargo, la coalición que "apoyaba" al nuevo canciller era minoritaria,
contando con solo 247 escaños.

Monumento conmemorativo en Berlín. Cada una de las pizarras representa a los 96 miembros del Reichstag
asesinados por los nazis, tras el acceso de éstos al poder

Con posterioridad a su nombramiento Hitler pidió al anciano presidente Paul von Hindenburg que disolviera el
Reichstag, lo que fue aceptado y se fijaron elecciones para el 5 de marzo de 1933. El 27 de febrero ocurrió el
Incendio del Reichstag -posiblemente bajo órdenes de Hitler.[69] Al día siguiente Hitler declaró el estado de
emergencia[70] y demandó que Hindenburg firmara el Decreto del Incendio del Reichstag, aboliendo la
mayoría de las disposiciones de derechos fundamentales de la constitución de 1919 de la República de
Weimar.

Siguiendo lo anterior las elecciones de marzo dieron a los nazis y sus aliados el 44% del voto. Todavía no una
mayoría. La respuesta de Hitler fue demandar que el Reichtag le concediera poderes plenos, en la forma de la
Ley habilitante de 1933 -situación permitida por la Constitución de Weimar para darle al Canciller el poder de
pasar leyes a decretos, sin la intervención del Reichstag en casos excepcionales- Los cálculos de von Papen
parecía estar concretándose. Sin embargo, si bien Hitler estaba a favor de una dictadura, no estaba dispuesto
a implementarla a favor de algún otro. El 23 de marzo de 1933 el parlamento se reunió a discutir la cuestión.
En una atmósfera de creciente intimidación los parlamentarios tuvieron que ingresar cruzando un anillo de SA
que gritaban: "Los poderes totales... o fuego y muerte". Solo los social demócratas se opusieron (los
comunistas habían sido arrestados o asesinados en su totalidad). Otto Wels -presidente de los
socialdemócratas- proclamó: "Nosotros los socialdemócratas nos comprometemos en esta hora histórica a los
principios de humanidad y justicia, de libertad y socialismo. Ninguna acta habilitante lo habilita a Ud a
destruir ideas que son eternas e indestructibles". Mirando directamente a Hitler, agregó: "Uds. pueden
quitarnos la libertad y la vida, pero no pueden privarnos de nuestro honor. Estamos indefensos, pero no
desgraciados".[71]- Hitler se enfureció y respondió gritando:

"Ustedes ya no son necesarios... la estrella de Alemania se alzará y la suya se hundirá. La hora de su muerte
ha sonado".[72]
Esa fue la última sesión de un Reichtag con oposición. Poco después, el partido social demócrata fue
prohibido y el resto (aparte de los nazis) se disolvieron. Von Papen tuvo que contentarse con el puesto de
vicecanciller, desde el cual había esperado poder manipular a Hitler, pero con resultados de tan poca
importancia que fue encontrado inocente en los Juicios de Núremberg.[73]

De canciller alemán a führer del «Reich de los mil años»

Sesión del Reichstag nazi presidida por Hermann Göring y con los diputados haciendo el saludo fascista al
führer Adolf Hitler (julio de 1940).

El proceso empezó a culminar en la noche de los cuchillos largos (entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934)
cuando los últimos elementos que osaban dudar de la infalibilidad de Hitler -aun implícitamente- fueron
eliminados políticamente o asesinados, incluyendo Kurt von Schleicher -a quien Hitler había reemplazado
como canciller- y asociados de von Papen -quien fue arrestado. También fueron asesinados antiguos
camaradas de Hitler, como Gregor Strasser; Gustav Ritter von Kahr y Ernst Röhm (este último bajo sospecha
de deslealtad y, en todo caso, ya no conveniente para un Hitler en el poder).

Horas tras la muerte del presidente Hindenburg (2 de agosto de 1934), Hitler publicó una ley (fechada el 1.º
de agosto) que establece: `La posición de Presidente del Reich será combinada con la del Canciller. La
autoridad del presidente será por lo tanto transferida al presente canciller y führer: Adolf Hitler. Él
seleccionará su diputado. Esta ley es efectiva a partir de la muerte del Presidente von Hindenburg".[74]
Comenzaba así el Tercer Reich, que la propaganda afirmaba duraría mil años.

A continuación se anunció que tendría lugar un plebiscito, para dar la oportunidad al pueblo alemán de
expresar su aprobación. Este tomó lugar el 19 de agosto del mismo año, y Hitler obtuvo un 90 % de
aprobación -38 millones de votos-. Al día siguiente se introdujeron a través del Reich juramentos obligatorios
de lealtad personal no al estado o Alemania sino a Hitler, especialmente en las escuelas, fábricas, servicio
público y ejército. Así, la voluntad del Führer se transformaba en la ley. La aplicación de este principio, que a
partir de 1938 incluía a Austria, resultó en formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier
oposición a los designios del Führer era, por definición, antinacional.

El programa original del partido nazi[75] –que existía desde su creación como Partido Obrero Alemán– fue
mantenido en principio, pero en realidad la percepción era que "Hitler es el partido", lo que creó una situación
más bien confusa en la práctica[76] (ver especialmente Economía política de los nazis, más abajo). Ese
programa incluía: Abolición del Tratado de Versalles. Unificación en un territorio y bajo un gobierno común a
todos los alemanes con tierras y territorios (colonias) suficientes como para mantener a los ciudadanos (La
Gran Alemania). Solo los miembros de "la raza" pueden ser ciudadanos. Expulsar de los territorios alemanes a
todos lo no alemanes que hayan llegado desde 1914 y mantención del resto solo con permiso del gobierno y
como huéspedes. Obligación del Estado de proveer la oportunidad de buena vida para todos los ciudadanos.
Obligación de los ciudadanos de trabajar física y espiritualmente. Abolición de ingresos que no sean del
trabajo. Establecimiento y defensa de un "cristianismo positivo",[77] gobierno en beneficio del interés
nacional sobre el particular, imponer el orden, etc.

El régimen que se implantó ejerció un fuerte control sobre cada aspecto de la sociedad, mostrando especial
interés en la educación de la juventud alemana. Desde la infancia, se enseña a los niños a ser duros y a sufrir
la lucha por ser el más fuerte, seleccionando poco a poco a unos escogidos que irán conformando una nueva
élite de guerreros sagrados (la SS) a modo de una nueva Esparta naciente y victoriosa. La ciencia tampoco
escapa a la influencia de partido que la utiliza para justificar sus ideas o para buscar nuevas armas para la
guerra que se venía preparando.

En relación con la Europa "no-occidental" o región en la cual "la raza" podría expandirse, existen documentos
que sugieren la intención era establecer formas de gobierno subservientes al alemán y basadas sobre un
sistema de castas, de acuerdo a las cuales la función de la población (trabajador (esclavo/campesino/obrero) -
supervisor y amo (sacerdote-guerrero) se establecería de acuerdo a su “raza”, bajo la dirección de las
Schutzstaffel, o SS. (ver Generalplan Ost): los eslavos, polacos, rusos, etc, serían exterminados en su mayoría,
y quienes sobrevivieran serían trasladados "al este" donde, tratados como esclavos (negándoseles toda
educación, tratamientos médicos, etc) finalmente se extinguirían. Dado que no había suficientes "arios",
miembros de razas "intermedias" ( letones, estonios, checos, ucranianos, etc) continuarían existiendo como
campesinos y mano de obra con algunas garantías, bajo control de amos y supervisores alemanes,
especialmente miembros de las SS, que recibirían tierras y esclavos en relación con sus "méritos".

En el caso de gitanos y judíos esos planes de largo plazo con "razas inferiores" fueron puestos en ejecución
incluso durante la guerra misma, en el llamado programa de Solución Final.
Persecución y represión

Formulario de declaración de renuncia a ser Testigos de Jehová- bajo pena de re-internamiento en "Campo de
concentración"

Hitler aplicó de inmediato la represión contra un amplio espectro de ciudadanos: judíos (definidos como
enemigos de la nación), comunistas, testigos de Jehová, homosexuales y todo aquello que se opusiera a la
estrecha definición nazi de la "nación".

La represión la llevaron adelante prioritariamente la SS, fuerzas paramilitares creadas en 1925 y fortalecidas
por el régimen, y la Gestapo, policía secreta nazi que respondía a las SS, y que contaba con una densa red de
espías y delatores.

El terror se ejercía de forma directa: por medio de la censura, las agresiones físicas, los arrestos y las
detenciones en campos de trabajo.

Programa nacionalsocialista

Bandera del NSDAP oficializada en 1933

El Programa Nacionalsocialista (también conocido como el Programa de los 25 puntos o el Plan de los 25
puntos) fue el programa del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). Originalmente, el nombre del
partido era Partido Obrero Alemán (DAP), pero en el mismo día en que se anunció el programa del partido, fue
renombrado como NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei). Adolf Hitler anunció el programa
del partido el 24 de febrero de 1920, ante un estimado de 2 000 espectadores en el Festival de Múnich del
Hofbräuhaus. El Programa Nacionalsocialista surgió durante un congreso del DAP en Viena, siendo
posteriormente trasladado a Múnich por el ingeniero civil y teórico Rudolf Jung, quién luego de haber apoyado
explícitamente a Hitler, fue expulsado de Checoslovaquia debido a su agitación política.[78]

Economía política

Esta es un área compleja. Los nazis no tenían un programa económico propiamente tal, lo que creó una
confusión en la práctica (ver Gottfried Feder), especialmente cuando llegaron al poder. Hitler resume la
posición así: "La característica básica de nuestra teoría económica es que no tenemos ninguna teoría en
absoluto".[79] Los nazis consideraban que lo realmente importante es la "pujanza" o voluntad de las
naciones: si esas tienen espíritu, decisión y dirección adecuada, tendrán éxito, cualquiera sean las
circunstancias,[80] lo que posibilita o demanda que "el líder" tenga la capacidad de tomar las medidas
adecuadas en cada situación. Para Hitler en particular, propuestas basadas en la solidaridad son un complot
para destruir esa pujanza entre las razas superiores, por lo cual rechazaba específicamente la concepción
socialista.[81] A partir de eso, la propuesta nazi acerca de la economía política era una mezcla imprecisa de
darwinismo social con el dirigismo,[82] en la cual el estado permite tanto la propiedad privada como la
competencia -lo que es positivo "porque promueve los más capaces a posiciones superiores"[83]- pero
reserva al Estado el derecho a establecer el interés nacional.

Cesare Santoro, un fascista que visitó Alemania en la época, lo pone así: "En la declaración programática, ya
citada al principio de nuestra obra, Adolf Hitler anunció que el nuevo gobierno se proponía “velar por los
intereses económicos del pueblo alemán no por el camino tortuoso de una gran economía burocrática
organizada por el Estado sino por el impulso más fuerte dado a la iniciativa particular sobre la base del
reconocimiento de la propiedad privada”. El reconocimiento del principio de que, en contraste con lo que
ocurre en la Rusia soviética, el Estado tiene por misión dirigir la economía pero no administrarla por sí mismo
(función que corresponde exclusivamente a la economía misma) no puede ser más explícitamente expresado.
También así ha sido establecido solemnemente el principio de la propiedad privada con lo que se estimula al
patrono a ensanchar más su empresa para alcanzar los mayores resultados posibles.

En respuesta a la Otto Strasser de "estrangular la revolución social en aras de la legalidad y de su nueva


colaboración con los partidos burgueses de derecha", Hitler dijo: "Soy socialista, y un tipo de socialista muy
diferente [...] Lo que entiendes por socialismo no es más que marxismo".[85] Según Hitler en Mi lucha: "La
doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del privilegio
eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto. Niega así [...] el mérito individual e
impugna la importancia del nacionalismo y la raza [...]".[86] Explicó que el Estado nacionalsocialista no
conoce clases, solo reconoce ciudadanos[87] y sostuvo además que "el sindicalismo en sí, no es sinónimo de
antagonismo social", cosa que el marxismo usó como arma del "judío internacional" para su lucha de clases,
[88] por eso el nacionalsocialismo debe imponerse.[89] Hitler también criticó el sistema democrático
occidental al ser "la precursora del marxismo, el cual sería inconcebible sin ella".[90]
El nacionalsocialismo estuvo influenciado por Moeller van den Bruck, del quien se usó el término El Tercer
Reich de su obra homónima. El nazismo tomó la visión del "socialismo" desde el punto de vista de Moeller van
den Bruck: “cuando hablamos ahora del socialismo alemán, por supuesto que no nos referimos al socialismo
de los socialdemócratas... tampoco nos referimos al socialismo marxista lógico que se niega a abandonar la
lucha de clases y las Internacionales. Nos referimos más bien a una concepción corporativa del Estado y de la
economía que tal vez deba tener una base revolucionaria, pero que luego buscará la estabilidad
conservadora".

Estos dos principios determinan las normas directivas para la reorganización nacionalsocialista de la
economía industrial; aquellas exigen una administración autónoma cuya misión consiste en asesorar y tutelar
a las asociaciones industriales o a los socios que forman parte de ella. Esta administración tiene el deber de
transmitir al gobierno los deseos de los patronos que toman parte en la obra de reconstrucción económica".

Aun así, después de que los nazis tomaran el poder las empresas estatales fueron privatizadas en masa.
Varios bancos, astilleros, líneas ferroviarias, navieras, organizaciones de asistencia social y más fueron
privatizados, sin embargo dicho concepto de privatización incluía una estricta fiscalización por parte del
estado mediante uno o varios miembros del partido nazi adheridos de manera directa dentro de la directiva
de cada empresa privada, lo que en resumen se reflejaba en el constante intervencionismo del estado sobre
la empresa privada.[92] El gobierno nazi adoptó la postura de que las empresas deberían estar en manos
privadas siempre que sea posible.[93] La propiedad estatal debía ser evitada a menos que fuera
absolutamente necesario para el rearme o el esfuerzo de guerra, e incluso en esos casos "el Reich a menudo
insistía en la inclusión en el contrato de una cláusula de opción según la cual la empresa privada que operara
una planta tenía derecho a comprarla”.[93]

Las empresas privatizadas por los nazis incluían los cuatro principales bancos comerciales de Alemania, que
habían sido propiedad pública durante los años anteriores: Commerz– und Privatbank, Deutsche Bank und
Disconto-Gesellschaft, Golddiskontbank y Dresdner Bank.[92][93] También se privatizaron los Deutsche
Reichsbahn (Ferrocarriles alemanes), en ese momento la empresa pública más grande del mundo, Vereinigte
Stahlwerke AG (United Steelworks), la segunda sociedad anónima más grande de Alemania (la más grande
fue IG Farben, que apoyó financieramente el ascenso de Hitler al poder) y Vereinigte Oberschlesische
Hüttenwerke AG, una compañía que controlaba toda la producción de metales en la industria del carbón y el
acero de la Alta Silesia. El gobierno también vendió varias empresas de construcción naval y mejoró los
servicios público-privados a expensas de las empresas de servicios públicos de propiedad municipal.[92] Así
la economía alemana durante el nazismo funcionó como una forma de capitalismo monopolistas.[94] Además,
los nazis privatizaron algunos servicios públicos que habían sido prestados anteriormente por el gobierno,
especialmente los servicios sociales y laborales, y estos fueron tomados principalmente por organizaciones
afiliadas al Partido Nazi en las que se podía confiar para aplicar políticas raciales nazis.

Entre las políticas que caracterizaron la economía de la era nazi, pueden mencionarse, además de la
privatización, el desarrollo de la organización obligatoria de los industriales (carteles obligatorios), el lugar
dominante que ocupan los monopolios, la ayuda considerable aportada por el Estado a la economía (bajo la
forma de pedidos masivos, garantía de créditos a las empresas), la importancia adquirida por la organización
profesional, el desarrollo de la legislación de precios y la organización ofensiva de las relaciones con el
mercado mundial (dumping, clearing).[95]

Hitler parecía entender el papel del estado como dirigiendo pero también apoyando la industria nacional a
través de proporcionar estabilidad económica y diversos programas específicos, tales como proporcionando
"mano de obra barata", como es ilustrado en la famosa película La lista de Schindler.

Sin embargo, lo anterior no produce una propuesta específica acerca de cómo resolver los problemas
económicos de Alemania cuando Hitler llegó al poder. Esto fue resuelto a través del nombramiento de algunos
"profesionales" en posiciones de responsabilidad. Esto dio a Hitler la oportunidad de poder elegir entre
diferentes y competitivas propuestas, seleccionando la que considerara más adecuada.

Desfile de Fuerzas del Servicio del Trabajo - durante uno de los Congresos de Núremberg-Septiembre de 1937-
en estadio construido para el propósito

A partir de 1933 se implementó el llamado "Programa de Reinhardt",[96] que era un ambicioso proyecto de
fomento económico a través del desarrollo de la infraestructura -con la construcción directa por el estado de
proyectos de obras públicas - tales como autopistas (ver Autopistas de Alemania), redes de ferrocarriles,
canales -tanto de riego como transporte (por ejemplo, reinicio de la construcción del Canal Rin-Meno-Danubio,
estadios, etc (ver Arquitectura de la Alemania nazi)- combinados con incentivos (tales como reducción o
eliminación de impuestos a la inversión) y la expansión del gasto militar, etc. En 1936, el gasto estatal en
asuntos militares excedía a los gastos en asuntos civiles y llegaba al 10% del producto nacional bruto, más
que cualquier otra nación europea en la época.[97] A nivel de los trabajadores, el "programa" significó la
eliminación de los sindicatos independientes (reemplazados por un organismo sindical/patronal único, bajo
control nazi- ver Frente Alemán del Trabajo), aproximación que se mantuvo durante todo el gobierno nazi.

En 1934 Hjalmar Schacht fue nombrado ministro de economía, con la intención (y bajo instrucciones secretas)
de lograr el rearmamento[98] y desarrollar una política que lograra la autarquía o independencia económica
de Alemania. Para lograr eso fines Schacht necesitaba tanto re industrializar Alemania como poder comprar
materias primas en el extranjero, evitando al mismo tiempo una vuelta a la inflación, lo cual a su vez requería
estabilizar la moneda alemana (hacerla aceptable a nivel internacional) y reducción del déficit presupuestario
del Estado. Schacht propone en un Nuevo "Plan de cuatro años"[99] basados en el uso de "Billetes Mefo", una
especie de circulante pseudo monetario al estilo de "letras de cambio o títulos de crédito, teóricamente de
una empresa independiente (MEFO) pero que permitían al estado otorgar créditos a industrias sin romper las
reglas monetarias aceptada, dado que esas "letras de cambio" estaban relacionados no con un lapso de
tiempo sino con un resultado económico (por ejemplo, el valor de un ferrocarril, usina, etc, a ser construida).
[100] - y en lograr que países extranjeros -especialmente en América Latina y sureste de Europa- vendieran
sus productos a Alemania pagados ya sea por medio de un intercambio directo con productos
manufacturados en Alemania o en "depósitos bancarios en Alemania", que solo podían ser gastados en ese
país, específicamente, que no podían ser retirados en monedas extranjeras. En lo referente al proyecto
autárquico, Schacht implementó el desarrollo de productos substitutos o ersatz.[101]

Schacht también creó un sistema financiero que permitió al estado alemán utilizar el "dinero de extranjeros"
depositado en bancos alemanes. Ese sistema constituyó las bases del utilizado para la administración,
primero, de los fondos de judíos y, posteriormente, de los caudales en países conquistados.[102]

Göring visitando cuartel de la Reichswerke

En 1935 todo lo anterior se combinó en la llamada "economía de guerra", lo que -a nivel práctico- significó la
introducción de medidas "militarizadas" de reducción del desempleo -el llamado Reichsarbeitsdienst (o RAD:
Servicio de Trabajo del Reich, introducido en julio de 1934). Esto a su vez justificó la expansión del gasto
militar bajo la excusa que eran medidas de reducción de desempleo.

A partir de 1935-36, se desarrolló un debate entre los encargados de la política económica general. Schacht -
junto con Carl Friedrich Goerdeler, encargado de control de precios- encabezaron una facción "pro mercado
libre" que urgía a Hitler a reducir el gasto militar, abandonar el proteccionismo implícito en el proyecto de
autarquía y reducir la intervención estatal en la economía. Esa facción fue opuesta por la encabezada por
Hermann Göring, quien proponía mantener esas posiciones.[97] Finalmente la posición de Göring se impuso
(lo que llevó a la renuncia de Schacht). Göring tomó su cargo y en adición a la mantención en general de las
políticas descritas, introdujo (julio de 1937) un organismo (el Reichswerke) dedicado a la promoción y
construcción de fábricas y usinas, que finalmente llegó a ser uno de los complejos industriales más grandes
del mundo, empleando medio millón de trabajadores y con un capital de 2400 millones de marcos.[103]

Varios economistas -empezando con Michal Kalecki- han descrito esas políticas económicas como un
keynesianismo militar. Si bien es correcto que Alemania Nazi fue uno de los primeros países que -con
posterioridad al abandono del patrón oro- utilizó el déficit fiscal a fin de promover crecimiento económico,
conviene recordar no solo que Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero solo en
1936 (después de la implementación de muchas de las políticas delineadas más arriba) sino también las
palabras de Hitler mismo respecto a carecer de una política económica. Así, parece más correcto sugerir que
las políticas económicas nazis eran eclécticas, mostrando no solo influencia "keynesiana" sino también las de
otras escuelas, por ejemplo, las propuestas económicas de los fascistas italianos, que, a su vez, se basaban
teóricamente en las propuestas de Pareto.[104] Contrastese, por ejemplo, la descripción de las políticas nazis
ofrecida por Santoro con la siguiente de las políticas de Mussolini -proveniente de Franz Borkenau: "En los
primeros años de su gobierno Mussolini ejecutó literalmente las prescripciones políticas de Pareto,
destruyendo el liberalismo pero al mismo tiempo reemplazando en general el manejo estatal de las empresas
privadas, disminuyendo los impuestos sobre la propiedad, favoreciendo el desarrollo industrial, imponiendo
un educación (basada en la aceptación ciega de dogmas...".

Lo anterior se ha explicado de la siguiente manera: "La razón principal por esto fue la percepción
generalizada entre los nazis que la economía no era muy importante, y que, en todo caso, estaba
subordinada a los intereses del Partido o de la política del Partido. En relación con los individuos y sus
visiones, mientras que el régimen no fuera abiertamente criticado, había un margen considerable para la
discusión de economía política y teoría económica, no habiendo una línea de partido en asuntos económicos.
Segundo, en el campo de la política (económica) práctica había un profundo nivel de pragmatismo: si las
“fuerzas del mercado” podían lograr objetivos políticos, tanto mejor".

Con posterioridad a la segunda guerra, las políticas de la "economía de guerra" influyeron tentativas de
desarrollo de países del tercer mundo. Schacht -encontrado inocente en los juicios de Núremberg- creó un
banco -Deutsche Außenhandelsbank Schacht & Co.- y se especializó en dar aviso económico a dirigentes de
esos países, especialmente aquellos en los cuales el ejército llegó a ser el instrumento de "progreso" (por
ejemplo: Egipto, Turquía, Pakistán, etc.).

Propaganda

Intento de demostración de la separación de las razas humanas (ver Poligenismo y Craneometría).

El régimen nazi liderado por Adolf Hitler fue uno de los primeros movimientos políticos en aplicar lo que hoy
se podría considerar la práctica moderna de la propaganda como una forma de ingeniería social. Joseph
Goebbels, quien desempeñó un papel central como jefe del "Ministerio del Reich para la educación del pueblo
y la propaganda," creado en 1933, enfatizó la importancia de la propaganda en el régimen nazi. Según sus
palabras, Alemania se convirtió en un modelo de propaganda para el mundo, destacando la efectividad de su
capacidad para influenciar a las masas. La creación de este ministerio subrayó el compromiso del
nacionalsocialismo con la propaganda como una herramienta esencial para el control y la manipulación de la
opinión pública. Esta estrategia se basó en las experiencias del movimiento nazi durante su período de
oposición y persecución bajo un sistema hostil, lo que les permitió consolidar su enfoque en la propaganda
como una herramienta de poder. Su éxito en este ámbito no pasó desapercibido, y otros intentaron imitarlo,
aunque Goebbels sostenía que eran imitadores que no podían igualar la maestría nazi en la propaganda.

En la práctica, el partido utilizó el término «socialismo» para intentar atraer a la clase obrera y así alejarla del
comunismo (KPD) y la socialdemocracia (SPD), al tiempo que utilizó el término «nacionalismo» para atraer a
los sectores nacionalistas y conservadores.

Bastaba ya el color rojo de nuestras proclamas para atraerlos al local de nuestras asambleas. La burguesía
corriente se mostraba extremadamente indignada al pensar que también nosotros nos hubiésemos
apoderado del rojo de los bolchevistas, y creía ver en esto algo de doble sentido. Habíamos elegido el color
rojo para nuestras proclamas, después de minuciosa y honda reflexión, buscando con ello provocar a los de
izquierda, hacer que montasen en cólera y así inducirles a que concurrieran a nuestras asambleas, aunque
sólo fuese con la intención de molestarnos; más de este modo nos daban la ocasión de hacerles escuchar
nuestra palabra.

Hitler, Adolf. Mi lucha (Mein Kampf). Franz Karlz.

En un principio el discurso del partido se centró en la lucha contra las grandes empresas, con una marcada
retórica anti-burguesa y anticapitalista; sin embargo, posteriormente fueron suavizando estos postulados y
obtuvieron el apoyo y financiación de grandes empresas industriales y ricas personalidades. Desde la década
de 1930, el partido orientó sus postulados al antisemitismo y al antimarxismo.

La teoría nazi sostenía que entre el Führer y su pueblo existía una armonía mística, una absoluta comunión -
en la medida que el Führer encarna y dirige todas las aspiraciones y voluntad del pueblo- Pero en la realidad,
ese pueblo -como individuos- puede fallar en entender esa “voluntad general”, así, esa comprensión y
adhesión de esos individuos debían ser logradas: "No es solo un asunto de hacer lo correcto, la gente debe
entender que lo correcto es lo correcto. La propaganda incluye todo aquello que ayuda a la gente a darse
cuenta de esto"..la “Propaganda es un medio para un fin. Su propósito es llevar a la gente a una comprensión
que les permitirá, voluntaria y sin resistencia interna, dedicarse ellos mismos a las tareas y objetivos de una
dirección superior”. y "La gente debe compartir las preocupaciones y logros de su gobierno. Esas
preocupaciones y logros, en consecuencia, deben ser constantemente presentados y forzados sobre la gente
de tal manera que el pueblo considere que esas preocupaciones y logros son sus preocupaciones y logros.
Solo un gobierno autoritario, fuertemente ligado al pueblo, puede hacer eso en el largo plazo. La propaganda
política, el arte de basar las cosas del estado sobre las amplias masas de tal manera que la nación entera se
sienta parte de él, no puede por lo tanto, permanecer solo un medio de ganar el poder. Debe ser un medio de
construir y mantener poder".

Desde ese punto de vista, la ‘propaganda política’ “está dirigida a las masas, habla el lenguaje del pueblo
porque desea ser entendida por el pueblo. Su tarea es el arte más creativo de poner hechos y eventos a
veces complejos en una forma simple, que pueda ser entendida por el hombre en la calle.” y “La propaganda
es por lo tanto, una función necesaria del estado moderno. Sin ella es simplemente imposible, en este siglo
de las masas, aspirar a grandes objetivos. (La propaganda) Se sitúa al comienzo de la actividad política
práctica en cada aspecto de la vida pública. Es un requisito importante y necesario”.

Contrario a lo que algunos creen, la técnica básica de la propaganda no era, para Goebbels, la mentira,[111]
lo cual no quiere decir que no la empleara. - "Solo la credibilidad debe determinar si lo que la propaganda
propone debe ser cierto o falso"[112] y "Si la propaganda va a ser exitosa, debe saber lo que busca. Debe
mantener clara y constantemente presente su objetivo y buscar los medios y métodos apropiados para
alcanzar ese objetivo. La propaganda, como tal, no es ni buena ni mala. Su valor moral es determinado por el
objetivo que busca". Lo anterior establece una situación más bien confusa, lo que ha llevado a algunos a
sugerir que se pueden derivar cuatro principios de la "propaganda goebbeliana": 1. No hay verdad.- 2. Toda
información (real) es irrelevante.- 3. La historia y los mensajes de los medios son solo una narrativa.- 4. La
verdad es lo que se escoge creer.[113] Alternativamente, se proponen los siguientes principios: Principio de
renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el
adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. -Principio de la verosimilitud: Construir
argumentos a partir de fuentes diversas. -Principio de la silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no
se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. -Principio de la transfusión: Por
regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología
nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. -Principio de la unanimidad: Llegar a convencer a
mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

Goebbels establece una diferencia entre la propaganda blanca — atribuible y dedicada a promover — y la
negra, dedicada a desprestigiar y no atribuible. La mayoría de las citas de Goebbels generalmente usadas —
por ejemplo: “mentir, mentir, que algo queda” — se refieren a ese tipo de propaganda. Una vez que un rumor
—correcto o no — es generalmente aceptado, se puede usar como “verdad” en la propaganda blanca. Un
ejemplo de su tiempo es la existencia de un putativo “problema judío”. Una vez que se hizo general la
percepción que los ciudadanos alemanes de religión judía no eran alemanes, la propaganda blanca puede
presentar la "solución al problema".

Permitan que de algunos ejemplos recientes. Solo necesito bosquejar los detalles. Están muy frescos en
nuestra memoria para requerir elaboración.... El Marxismo no podría haber sido eliminado por una decisión
gubernamental. Su eliminación fue el resultado de un proceso que comenzó con el pueblo. Pero eso solo fue
posible porque nuestra propaganda le había mostrado a la gente que el Marxismo era un peligro tanto para el
Estado como para la Sociedad. La positiva disciplina nacional de la prensa alemana nunca habría sido posible
sin la eliminación completa de la influencia de la prensa judía-liberal. Eso solo sucedió debido a nuestra
propaganda de años... el hecho que fue eliminada... no es un accidente, sino más bien dependió en las
fundaciones psicológicas que fueron establecidas por nuestra propaganda... Pudimos eliminar el peligro judío
en nuestra cultura porque la gente lo reconoció a consecuencia de nuestra propaganda.... el prerrequisito fue
y es la propaganda, que aquí también crea y mantiene la conexión con el pueblo.

Un ejemplo contemporáneo es el uso por ciertos sectores de la mentira que Barack Obama no es nacido en
EE. UU.[115] y es musulmán.[116] En la medida que el innuendo se divulga,[117] personajes tales como Rand
Paul, Glenn Beck, Sarah Palin, etc, sugieren hay falta de patriotismo de su parte y la necesidad de defender
los valores cristianos de los “padres fundadores”.[118][119][120] Encontramos un ejemplo concreto de
Goebbels en su respuesta a la reacción internacional a la introducción de legislación antisemita -por ejemplo,
las Leyes de Núremberg- Goebbels no busca ocultar o minimizar tal reacción al pueblo alemán, pero la
presenta como “campaña de propaganda internacional por los judíos”. Y esa reacción “a la solución” del
“problema judío” por “medios legales” no afecta el “derecho y determinación del pueblo alemán” a solucionar
sus problemas con “su acostumbrada responsabilidad y seriedad” — “que preferirían “las democracias”... que
se dejara la solución en las manos del pueblo?” pregunta Goebbels — Y concluye: Esa campaña del judaísmo
internacional solo tendrá un resultado: hacer las cosas aún más difíciles para sus “parientes raciales” en
Alemania.-.[121]

De acuerdo a Goebbels, la planificación de cualquier y todo acto debe considerar sus implicaciones
propagandísticas. Y todo debe contribuir a los objetivos políticos que la propaganda determina, no en una
repetición mecánica, pero para construir una visión general.[122] Consecuentemente, la propaganda se
desarrolló en varias direcciones a través de la totalidad de la sociedad y vida pública alemana. Se utilizó no
solo a los medios de comunicación masivos — libros, periódicos y afiches que engrandecían a Hitler como
salvador y guía de la raza aria cubrieron las ciudades, prohibiéndose cualquier expresión de duda, llegando
incluso a la quemas de libros considerados "perniciosos", no tanto como acto de censura sino de "expurgación
pública". Adicionalmente se organizaron grandes actos públicos, manifestaciones y desfiles, que glorificaban
un pasado alemán mítico, místico y heroico, junto a la grandeza de Hitler y la disciplina impecable de su
ejército; se difundieron políticas de bienestar (vacaciones, pensiones, etc.), todo sugiriendo una nación de
guerreros liberados por un héroe seleccionado e inspirado por el destino, envueltos en una lucha a muerte no
solo por su supervivencia, pero por todo lo que es justo, bello y de valor, contra las miserables razas inferiores
que, motivados por la envidia y la malevolencia, solo saben destruir.

El cine sufrió no solo la censura, sino además la manipulación. Todas las películas debían contener algún
mensaje pronazi. El propio estado se ocupó de producir películas documentales de propaganda, utilizando
todos los adelantos de la técnica y arte. La radio se convirtió en un medio muy importante para el régimen,
ya que permitía que la voz del Führer entrara en los hogares alemanes, del mismo modo que la propaganda
nazi.

La propaganda no buscaba solo fortalecer la fidelidad al régimen o el odio hacia los judíos, sino también -en
una actitud derivada de la Kulturkampf bismarckiana- difundir formas culturales consideradas propias o
saludables para la nación, identificadas con la raza aria. De esta manera, se instaba a los jóvenes sanos a
casarse, informándoles previamente de los antecedentes raciales de su pareja, y a procrear familias
numerosas. Las mujeres eran alentadas a permanecer en el hogar y a dedicarse a la crianza de los niños.

Los jóvenes fueron un blanco importante para la propaganda nazi. Se crearon instituciones destinadas a la
socialización de niños y jóvenes, como las Juventudes Hitlerianas. En ellas los jóvenes recibían una cuidadosa
educación física y adoctrinamiento político. La Liga de Muchachas Alemanas formaba a las niñas para sus
futuras tareas en el hogar, mientras los niños aprendían destrezas militares. No obstante lo anterior, un gran
número de mujeres también formó parte de las Hitlerjugend.

Uso de la economía como propaganda política

Para Hitler, su régimen había restablecido la "primacía de la política", a la cual debía someterse la economía
del Tercer Reich. Sin embargo, la legitimidad del régimen dependía de su habilidad en proveer un nivel de
vida aceptable a la población en general.

Así las demandas (por menores costos) de los industriales se enfrentaron con la necesidad de la legitimación
del régimen, dotando de cierto bienestar a los trabajadores. Estos objetivos contrapuestos llevan a la
adopción de medidas de incremento de productividad, provisión de productos populares (de bajo costo) y
algunas medidas de bienestar públicas. Ejemplos de estas políticas se encuentran en las competencias
nacionales de destreza en el oficio, el lanzamiento de Volkswagen -el auto del pueblo- y el establecimiento de
"centros de vacaciones populares" ('Ver Prora).

Esas medidas de “bienestar” han sido denominadas por algunos como un “estado del bienestar nazi”,
financiado a través del “botín de guerra”. El régimen nazi consideraba la propiedad del fisco y los ciudadanos
de los países conquistados como propiedad del estado alemán, lo que permitió mantener - para los
“miembros de la raza superior”- bajos niveles de impuestos y altos niveles de consumo incluso durante la
guerra misma. Por ejemplo, a pesar de que al comienzo de la guerra Hitler estableció un impuesto de guerra -
50 % de todos los salarios- solo el 4 % de los alemanes lo pagó. Para mantener esa situación, el régimen
recurrió a la expoliación y al robo organizado desde el estado a nivel industrial, primero de los comunistas,
gitanos y judíos alemanes, posteriormente de los países ocupados. El 70 % de los ingresos del estado alemán
durante la guerra vino de la expoliación, confiscaciones y robos en los países ocupados, algunas de cuyas
empresas llegaron a tener que pagar un impuesto del 112 % de sus ganancias para un “fondo de lucha contra
el bolchevismo”.[123]

Política de higiene racial

Eugenesia

Cartel de 1937 de la revista mensual Neues Volk de la Oficina de Políticas Raciales del NSDAP que pretende
justificar el exterminio de las personas discapacitadas. En él se dice: "Esta persona que padece una
enfermedad hereditaria le cuesta a la comunidad nacional 60.000 Reichsmarks de por vida. Camarada, ese es
tu dinero también".

Los nazis instauran también el control reproductivo de la sociedad alemana. Es imperiosa la necesidad de
crear nuevos arios y de sacar de la circulación aquellos que presenten defectos en nombre de la higiene
racial, promoviendo la eugenesia y recurriendo a la eutanasia si hacía falta. Así mismo, se buscó la
fecundación de todas las alemanas de buena sangre por parte de la élite aria para que poco a poco la raza
perdida recupere su esplendor. El resultado de esto fue el establecimiento de los campos Lebensborn en los
cuales mujeres de origen ario eran inseminadas con padres seleccionados para la creación de niños
racialmente puros.
El nazismo está imbuido de una paranoia racial que le lleva a tejer todo un entramado científico-místico. Por
una parte, pretende demostrar mediante la moderna ciencia de la biología, la selección natural de Darwin y
las leyes de la herencia de Gregorio Mendel, de modo pseudocientífico la realidad de la raza pura y, por otro
lado, presenta la creencia mística de que esta debe recuperar unos poderes que se le suponen perdidos por
los cruces con razas supuestamente degeneradas, como serían los judíos o, en menor medida, los eslavos. En
los judíos se centra el mal de males y hacia mediados de la Segunda Guerra Mundial empezarán a ser
exterminados en los campos de concentración.

El 1 de septiembre de 1939 Hitler firmó un decreto autorizando el exterminio de los discapacitados físicos y
mentales, acto que era ejecutado por médicos y enfermeras alemanes. Se calcula[¿quién?] que alrededor de
unos 70 000 pacientes alemanes y austríacos fueron asesinados bajo este decreto.[124]

Más de 5000 niños alemanes menores de 10 años y más de 10 000 adolescentes fueron ejecutados o dejados
morir por inanición. Los médicos aconsejaban a los padres deshacerse de cualquier niño menor de tres años
que tuviera alguna dificultad o no pareciera ario.[125]

Durante el nazismo se asesinaron enfermos mentales, psicóticos, esquizofrénicos, débiles mentales,


discapacitados, disminuidos físicos, débiles de espíritu, inválidos y todo tipo de enfermos incurables. Todo
aquel que no fuera perfecto para los parámetros del nazismo y que era considerado una amenaza para la
pureza genética del pueblo alemán.[126]

Alrededor de 5000 veteranos de guerra alemanes, que estaban hospitalizados por estrés postraumático,
fueron asesinados en razón de la limpieza y la eugenesia sobre todo aquel que fuera considerado débil. Esto
contradecía[cita requerida] las ideas de Hitler que criticaba a la República por no proteger a los veteranos.
[127]

Hitler sostuvo que la naturaleza se concentra en la selección de la especie. Así, la vida humana "no puede
tratarse de mejorar artificialmente lo malo subsistente [...] sino por el contrario debe procurarse asegurar
bases más sanas para un ciclo de desarrollo venidero".[128] Comparó la "concepción racial del Estado
nacionalsocialista" con los principios eugenésicos que los Estados Unidos de América usaron durante a
comienzos del siglo XX, como prohibir la entrada de inmigrantes afectados por enfermedades contagiosas y
"excluir de la naturalización, sin reparo alguno, a los elementos de determinadas razas".[129]

Antisemitismo

Para Hitler, los comunistas eran enemigos de la nación alemana. Pero había un enemigo mayor aún que se
fusionaba con ese y con los otros posibles: los judíos. Partiendo de una concepción racista, desde principios
de los años veinte Hitler fue reconstruyendo un estereotipo racial del judío, a partir de las teorías de Walter
Darré, Alfred Rosenberg, Spengler (siglo XX), Houston Stewart Chamberlain y el conde de Gobineau (siglo
XIX).

Los judíos encarnaban, para Hitler, todos los males que aquejaban a la nación alemana (no judía): eran los
proletariados agitadores, los financistas avaros y los grandes industriales que exprimían al pueblo alemán;
eran la prensa que difamaba a la nación, y también los débiles y corruptos parlamentarios cómplices de los
humillantes tratados de paz y de la debilidad de la nación. Eran, en síntesis, el enemigo racial, que desde el
interior corrompía y contaminaba a la nación, debilitándola.

El judío era el enemigo absoluto que tanto necesitaba el sistema totalitario para la movilización política y
social, así como para distraer la opinión pública de los propios problemas.

En 1935, las leyes de Núremberg privaron a los judíos de la ciudadanía alemana y de todo derecho. Se les
prohibió el contacto con los arios y se les obligó a portar una identificación. Las leyes afectaban a todos
aquellos a quienes el Estado definía racialmente como judíos. Continuaron la violencia y el acoso de las SS y
de la policía a los judíos, produciéndose masivas emigraciones.

Luego siguió una segunda fase de expropiación, caracterizada por la "arianización" de bienes, los despidos y
los impuestos especiales.

En 1938 se les prohibió a los abogados y médicos judíos el libre ejercicio de sus profesiones y se obligó a que
los que tenían nombres de pila no judíos que antepusieran los de "Sara" o "Israel" a los propios, para la
identificación en los campos de trabajo y en los mismos guetos. El resultado, distinguirlos.

Página 3 de "Telegrama urgente (secreto)" ( 1:20 a. m., 10 de noviembre de 1938),. firmado por Reinhard
Heydrich, acerca de "medidas contra los judíos esta noche" e instruyendo que los “ judíos arrestados” sean
trasladados a "campos de concentración"
En noviembre, esgrimiendo como excusa el asesinato de un diplomático alemán en París a manos de un joven
judío, fueron atacados por miembros de las SS, en lo que se llamó la "noche de los cristales rotos". El
resultado fue de tal magnitud que el mismo Estado hubo de restaurar el orden que él mismo había
perturbado.

Los judíos fueron considerados globalmente responsables del ataque y obligados a reparar los daños, a
indemnizar al Estado alemán por los destrozos y a entregar el dinero recibido a compañías de seguros. Se los
excluyó de la vida económica, se les prohibió el acceso a las universidades, el uso de transportes públicos y el
frecuentar lugares públicos como teatros o jardines. Adicionalmente ese momento marcó el comienzo de un
programa organizado de internamiento de los judíos en campos de concentración: en un telegrama de
instrucciones firmada por Reinhard Heydrich — marcado “Urgente y secreto” — en preparación a la
Kristalnacht se establece (punto 5): "Tan pronto como el curso de los eventos durante esta noche permita el
uso de los oficiales de policía asignados para este propósito, serán arrestados tantos judíos como sea posible
acomodar en los lugares de detención de cada distrito. —especialmente judíos ricos. Por el momento solo
serán arrestados judíos varones en buen estado de salud, de edad no muy avanzada. Inmediatamente que el
arresto tenga lugar, se contactara el campo de concentración adecuado para ubicar a los judíos tan
rápidamente como sea posible en esos campos....".[130] — esos campos en realidad eran “campos de trabajo
forzado” en los cuales se explotaba a los internados hasta la muerte.[131]

Finalmente, los judíos fueron concentrados en guetos (barrios especiales donde vivían hacinados) o en
campos. A esto seguiría la esclavización y el exterminio durante la guerra. Los campos de concentración,
inicialmente destinados a la prisión preventiva de "enemigos del estado" (por ejemplo: comunistas y social
demócratas), se convirtieron en lugares de trabajo forzoso, para experimentos médicos y para la eliminación
física de judíos, gitanos, homosexuales y discapacitados.

Escena en Buchenwald, el 16 de abril de 1945 - día de su liberación

Sobre este último punto, hay quienes sostienen la inexistencia del holocausto judío, ya sea en su totalidad o
en las proporciones que son comúnmente aceptadas, lo que ha dado lugar a algunos juicios.[132] Los
principales expositores de esta visión son Robert Faurisson, Paul Rassinier y David Irving, Los casos más
conocido son A) el del Commonwealth de Canadá contra Ernst Zündel, ciudadano alemán que vivió en Canadá
entre 1958 y el 2000 y quien publicó varios panfletos cuestionando el holocausto, por lo que fue procesado
por "publicar literatura capaz de incitar odio contra un grupo identificable".[133] En dicho proceso, Alfred
Leuchter, quien falsamente proclamó ser ingeniero, el "máximo experto mundial en" y "constructor" de
cámaras de gas para las prisiones de los Estados Unidos[134] evacuó el Informe Leuchter, en el que concluyó
que "no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares" y B) el de Irving contra Lipstadt y
otros, en el cual Irving fue encontrado "un activo negador del Holocausto... un antisemita y un racista".

Holocausto

El Holocausto fue el genocidio llevado a cabo por el régimen nacionalsocialista del Tercer Reich sobre los
judíos y otros pueblos entre los años 1933 y 1945. Este genocidio fue la culminación de un largo proceso que
se desarrolló paralelamente a la implantación del régimen nazi y que tenía como objetivo la creación de una
comunidad nacional –Volksgemeinschaft– racialmente pura. Lo que Hitler se proponía –y así lo había
anunciado el 30 de enero de 1939- era el exterminio de la raza judía de Europa.

Finalmente, en la conferencia de Wannsee, 20 de enero de 1942, se aprobó la "Solución final a la cuestión de


los judíos" - Endlösung der Judenfrage o endgültige Lösung der Judefrage, acortado simplemente a "la
Solución Final - Endlösung. Esta solución consistía en la eliminación física, por medio de los trabajos forzados,
el hambre y las cámaras de gas, de los judíos (y otros "indeseables") internados en campos de exterminio
(Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Belzec, Majdanek, Mauthausen, Sobibor y Treblinka). La estimación histórica
del número de víctimas judías es alrededor de seis millones, aunque los historiadores contemporáneos creen
que el número exacto se encuentra entre los 5 y 7 millones.[136]

Otros grupos que el régimen nazi definió cómo "indeseables" eran los homosexuales, los testigos de Jehová,
los minusválidos y disidentes y los opositores políticos de varias nacionalidades y religiones (polacos,
ucranianos, bielorrusos, lituanos, letones, estonios,[137] rusos, otros eslavos, gitanos y católicos).

Persecución de homosexuales

Ángel de Frankfurt

La persecución de los homosexuales en la Alemania nazi se fundamentó principalmente sobre la premisa de


que la homosexualidad era incompatible con la ideología nacionalsocialista porque los homosexuales no se
reproducían y por tanto no perpetuaban la raza aria. La homosexualidad constituía una de las pruebas de
degeneración racial que, además, se transmitía por vicio de unos individuos a otros; por ello las autoridades
debían poner todos los medios a su alcance para evitar su extensión.

El ángel de Frankfurt fue el primer monumento de Alemania en memoria de los homosexuales perseguidos
por el nazismo, y posteriormente, bajo el artículo 175 del código penal alemán. Como su nombre indica el
monumento es la estatua de un ángel sujetando una banda. La obra fue el primer monumento
conmemorativo de las víctimas homosexuales del holocausto en Alemania. Los siguientes en ser erigidos en
Alemania fueron el Triángulo rosa de Colonia (1995) y Monumento a los homosexuales perseguidos por el
nazismo en Berlín (2008).

En la base de la estatua hay una inscripción en alemán que dice: "Los hombres y mujeres homosexuales
fueron perseguidos y asesinados durante el régimen nacionalsocialista. La matanza fue ocultada y negada,
despreciando y condenando a los supervivientes. Por ello los recordamos y a los hombres que aman a otros
hombres y las mujeres que aman a otras mujeres que frecuentemente todavía siguen siendo perseguidos.
Frankfurt del Meno. Diciembre 1994." La inscripción alude a que los homosexuales no solo fueron perseguidos
durante el régimen nazi, sino que el artículo 175 siguió vigente y no se reformó la prohibición respecto a las
prácticas homosexuales entre adultos hasta 1973, sirviendo para condenar incluso a los supervivientes de los
campos de concentración. Hasta que fue derogado completamente en 1994. Lo que causó que los
homosexuales no pudieran hacer durante años ninguna reclamación y fueran el último grupo de víctimas en
ser oficialmente reconocido.

Política exterior

El objetivo final de la política exterior nazi era la conquista del Lebensraum o espacio vital alemán. Su
imperialismo era a la vez económico y racial. Hitler sostenía que el pueblo elegido (la raza superior) debía
disponer de suficiente espacio, definido como una relación entre los recursos (tierras, alimentos) y la
población. Su objetivo inmediato eran las tierras de Europa Oriental, pobladas por razas consideradas
inferiores.

La política interior totalitaria del Tercer Reich estaba al servicio de su política exterior expansionista. El
totalitarismo creaba las bases materiales y psíquicas para la conquista exterior y, al mismo tiempo, los
grandes éxitos y la conciencia de la "misión" de la raza distraerían a la población de la represión interna.

Hitler expresó desde un principio su voluntad de rearme a Alemania. Realizado primero en secreto, se hizo
público después de 1935 y fue tolerado por las naciones europeas que estaban más preocupadas por el
avance del comunismo que el nazismo. La política inglesa y francesa fue la del "apaciguamiento", que
consistía en conceder a Hitler aquello que reclamaba y firmar nuevos pactos, apostando con esto a mantener
a los nazis bajo control.

Ejércitos mayores y mejores entrenados, producción de barcos de guerra, aviones, carros de combate y
municiones, e investigación de nuevos tipos de armamento, absorbieron crecientes recursos estatales. Por
otro lado, el rearme permitió llegar al pleno empleo y dejar atrás la crisis de 1929. Esto reactivó la economía
alemana y trajo un nuevo prestigio al Reich.

En 1936, las fuerzas militares alemanas reocuparon sorpresivamente Renania. Desde ese momento y hasta
1939, la táctica consistió en ataques justificados por el derecho alemán a su espacio vital, seguido por nuevas
promesas de paz.

Al episodio de Renania le siguió la intervención en la guerra civil española y la anexión de Austria en 1938. La
semidictadura austríaca intentó en vano impedir la campaña de anexión de los nacionalistas austríacos y dejó
finalmente el poder a los alemanes en 1938. Un plebiscito a favor de la "Gran Alemania" confirmó luego la
Unión.

El siguiente objetivo fue Checoslovaquia, donde un conflicto con la minoría alemana de los Sudetes le sirvió
de excusa para la anexión de la región en 1938. Inglaterra y Francia accedieron a estas pretensiones
alemanas por medio de los Acuerdos de Múnich y Chescolovaquia debió ceder. Pero Hitler invadió el resto de
Checoslovaquia en 1939. Esto puso de manifiesto su verdadera intención y el fracaso de la política de
"apaciguamiento" de Inglaterra y Francia. Cuando, tras firmar un pacto de no agresión con la Unión Soviética
(URSS), Hitler se lanzó en septiembre de 1939 a invadir Polonia, Francia e Inglaterra le declararon la guerra.
Así comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

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