Barroco
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………...2-8
1.1. ¿Barroco español? Marco cronológico, geográfico, religioso y
etnocultural……………………………………………………………………....2-8
2. ARQUITECTURA Y URBANISMO BARROCOS……………………………………...9-55
2.1. Introducción……………………………………………………………………......9
2.2. La iglesia………………………………………………………………………..9-38
2.3. El palacio……………………………………………………………………...38-50
2.4. La plaza mayor………………………………………………………………..50-55
3. LAS ARTES VISUALES EN LA CORTE………………………………………………56-75
3.1. El retrato cortesano…………………………………………………………...56-72
3.2. Los grandes ciclos decorativos palatinos……………………………………73-75
4. PINTORES Y ESCULTORES DE LA “VIDA MONÁSTICA” ………………………76-130
4.1. Introducción…………………………………………………………………..76-88
4.2. Etapa inicial………………………………………………………………….88-105
4.3. Periodo de esplendor……………………………………………………...105-127
4.4. Etapa de florecimiento rococó……………………………………………128-130
5. GLOSARIO
6. ANEXOS
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TEMA 1. INTRODUCCIÓN
1. ¿BARROCO ESPAÑOL? MARCO CRONOLÓGICO,
GEOGRÁFICO, RELIGIOSO Y ETNOCULTURAL.
1.1. INTRODUCCIÓN
“[Del fr. Baroque, y este resultante de fundir en un vocablo Barroco, figura de silogismo de los
escolásticos, y el port. Barroco ‘perla irregular’.]
[Link] de un estilo arquitectónico o de las artes plásticas: Que se desarrolló en Europa e
Iberoamérica durante los S. XVII y XVIII, opuesto al clasicismo y caracterizado por la
complejidad y el dinamismo de las formas, la riqueza de la ornamentación y el efectismo.// […]
4. Perteneciente o relativo a alguno de los estilos barrocos. […]// 6. Excesivamente recargado
de adornos.// […]”
Fuente: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión
23.5 en línea].
Tendemos a utilizar la definición de “barroco” como algo recargado. El término “barroco”
proviene del portugués “barrueco”, un término que aparece por primera vez en un tratado
de finales del S. XVI, Coloquios dos Simples e Drogas da India. (Goa, 1563), donde se registra
“huns barrocos mal afeiçoados, e com aguas mortas [...]”, por lo que ya se está registrando el
término barroco como algo relacionado con lo irregular o mal ejecutado. A finales del S.
XVI podemos suponer que ese término es de uso relativamente habitual en la península
ibérica pues, también en el primer diccionario de la lengua española, Tesoro de la lengua
castellana, o española (Sebastián de Covarrubias Orozco, Madrid, 1611), se dice que
“barrueco designa a la perla irregular y berrueco denomina al peñón granítico, […]: y de allí entre
las pérolas ay unas mal proporcionadas y por la similitud le llaman berruecos”, por lo que
también se asocia el término con algo irregular e incluso amorfo.
De ese origen etimológico que se liga con la propia historia tradicional acaba saltando al S.
XVIII y se desarrolla como un concepto estético, con la primera acepción del diccionario
de la RAE, como un concepto arquitectónico y de las artes plásticas.
E. H. Gombrich nos advierte que “Clásico, románico, gótico, Renacimiento, manierismo,
barroco, rococó, neoclásico y romántico no representan más que una serie de disfraces tras los
que se esconden dos categorías: lo clásico y lo no clásico (lo barroco)” [Fuente: E. Gombrich,
Norma y forma. Estudios sobre el arte del Renacimiento (Madrid, 1984, p. 187)]. Esto lo dice
amparándose en una gran tradición historiográfica.
Heinrich Wölfflin (1864-1945) empieza a formular las leyes que definen un estilo y esto lo
va a hacer en contraposición al estilo anterior. Su obra Conceptos fundamentales de la Historia
del arte (1915) [Kunstgeschichtliche Grundbegriffe. Das problema des stilentwickelung in der neueren
kunst] es uno de los manuales de historia del arte más importante del S. XX y, junto a la
Historia del Arte de Gombrich, uno de los libros sobre Historia del Arte más leídos. Dedica
parte de su carrera a definir dos términos que él considera antagónicos: Renacimiento y
Barroco. A lo largo de la obra, Heinrich Wölfflinn analiza el paso del Renacimiento al
Barroco a través de cinco pares de conceptos contrapuestos: 1. De lo lineal a lo pictórico;
2. De lo superficial a lo profundo; 3. De la forma cerrada a la abierta; 4. De lo múltiple a lo
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unitario; 5. De la claridad absoluta a la relativa a los objetos. Una de las diferencias
fundamentales entre ambas, el Renacimiento y Barroco, es la manera de ver (de lo lineal a
lo pictórico): la pintura occidental (lineal durante el S. XVI) evoluciona hacia lo pictórico
durante el S. XVII. Un estilo pictórico “ve en masas”. “Ver en líneas” significa que el sentido
y belleza de las cosas se busca en el contorno, mientras que la visión en masas se sustrae
de los bordes para centrarse en la primera impresión que recibimos de los objetos como
“manchas”. Se va a enfrentar al término Barroco como una categoría de análisis más que
como un periodo histórico, que es un constructo historiográfico.
Wölfflin, comparando la Venus de Urbino (Tiziano, 1538) y la Venus del espejo (Velázquez,
1650), va a definir las categorías estéticas: “El barroco (…) no busca la belleza organizada; las
articulaciones están sentidas más sordamente y la intuición pide el espectáculo del movimiento.
No es necesaria la vibración patética italiana del cuerpo (…); el mismo Velázquez (…) tiene ese
movimiento. ¡Cuán diferente es el sentimiento fundamental en su Venus, comparando esta con
la de Tiziano! Un cuerpo de construcción mucho más fina, pero que no se sirve de las formas
separadas y yuxtapuestas para conseguir el efecto, antes bien, ha recogido el conjunto −el cual
subordina a un motivo director− y ha renunciado a que los miembros, como partes autónomas,
posean todas equivalentes acentos. La situación puede expresarse de otra manera: el acento se
ha concentrado en algunos sitios, la forma ha sido llevada a puntos aislados (…). Pero queda
invariable la premisa de que el sistema del cuerpo ha sido sentido de antemano de otra manera,
esto es, menos ‘sistemáticamente’. Para la belleza del estilo clásico es de rigor la uniforme y clara
visualidad de todas las pares; el barroco puede renunciar a esto, como lo demuestra el ejemplo
de Velázquez (…) la figura barroca está íntimamente unida en su existencia a los demás motivos
del cuadro… Mientras la Bella tizianesca posee un ritmo en sí misma, el fenómeno no se
completa en la figura de Velázquez sino contando con las demás cosas que hay en el cuadro. Y
mientras más necesaria sea esa integración, tanto más perfecta es la unidad de la obra barroca.”
Las composiciones barrocas están supeditadas a un momento que condiciona todo el
cuadro, la visibilidad absoluta de todos los elementos no es importante, la importancia
reside en llamar la atención sobre un elemento concreto, supeditar el todo a las partes.
Eugeni D’Ors (1881-1954) se dedica a desentrañar el concepto de barroco a lo largo del
tiempo, lo considera como un elemento de periodización presente en todos y cada uno de
los grandes momentos de la humanidad, por lo tanto, incluso tendríamos en la prehistoria
o en el propio barroco momentos barrocos (el Rococó). D’Ors dice en Lo Barroco (1936) que
“aquellas tríadas famosas; aquellas líneas de un teórico arabesco, por donde, al periodo arcaico
de una etapa artística, sucedía el periodo clásico y a éste el barroco, no por recordar demasiado
cierta proliferación de trinitarios esquemas, hasta en los más empíricos saberes […], han dejado,
de todas maneras, de ponernos sobre la pista la restrictiva observación de que, después de todo,
cualquier arcaísmo es también barroco en sus comienzos −por lo de que la Prehistoria es
barroca−, y, en cambio, resulta, en su madurez, más clásico, si cabe decirlo, que el clasicismo
[…]”.
Independientemente de la visión peyorativa del término, está claro que, a partir del
desarrollo de la historia del arte formal a partir de los años 20 del S. XX, el concepto de
Barroco deja de tener esa visión para pasar a convertirse en una etiqueta estética más que
solo tiene sentido en contrapartida a lo clásico. La culpa de esto lo tiene el ser definido o
formulado de la forma en la que se hace durante la Ilustración, con el arte Neoclásico, que
se define en contraposición a lo anterior, lo barroco.
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En el Barroco español un punto fundamental son Eugenio Llaguno y Ceán Bermúdez con su
obra Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su Restauración (Madrid, 1829),
una recopilación de vidas de artistas entre las que destaca la de Alonso Cano (1601-1677),
en el que se puede apreciar el ataque de Ceán al arte de Borromini: “un arco erigido para la
entrada de la reina [probablemente, Mariana de Austria] representaba el primer ensayo de la
barbarie que por entonces empezó a introducirse en nuestra arquitectura: De aquí nació la
delirante secta borrominesca, que difundida inmediatamente en España logró a un mayor
séquito que en el país donde tuvo su origen, principalmente entre pintores y tallistas, que eran
los que diseñaban casi todas las obras de alguna consideración.” No es muy distinto a lo que
se hace en Italia en estas mismas épocas. Por ejemplo, Francesco Milizia en Arte de ver en
las Bellas Artes del Diseño, según los principios de Sluzer y Mengs (Madrid, 1781) dice de
Borromini que “fue uno de los primeros hombres de su siglo por la altura de su genio, pero uno
de los últimos por el uso que hizo de él”. Este mismo autor va a decir sobre el Barroco que es
el siglo de la corrupción: “Il secolo della correzione non era più, era il secolo della corruzione
[…]. Borromini in architettura, Bernini in scultura, Pietro da Cortona in pittura, il cavalier Marino
in poesía, sono peste del gusto, peste che a appestato un gran numero d’artisti […]. Barocco è il
superlativo del bizzarro, l’eccesso del ridicolo” (Fuente: Franceso Milizia: Dizionario delle belle arti
del disegno, 1797).
Probablemente tengamos que utilizar la fecha de fundación de la Academia de Bellas Artes
de San Fernando (1752), durante el reinado de Fernando VI (aunque hasta los años 60 del
S. XVIII no acaba de imponer su criterio) como punto final de aquello que llamamos el
Barroco Hispánico.
Émile Mâle, con su obra El arte religioso de la contrarreforma (L’Art religieux après le Concile de
Trente, étude sur l’iconographie de la fin du XVIe, du XVIIe et du XVIIIe siècles, 1932) y Werner
Weisbach con su obra El Barroco: arte de la Contrarreforma (Der Barock als Kunst der
Gegenreformation, 1921) van a hablar de la relación que va a mantener el arte de estos siglos
con la religión. El arte va a estar al servicio de aquello que llamamos contrarreforma.
Entendemos como contrarreforma los resultados de las reuniones del Concilio de Trento y
que llevaron a cabo una serie de cambios en el seno de la iglesia y terminaron por provocar
el cisma dentro de la cristiandad occidental. Sin embargo, es mejor hablar de reforma
católica y reforma protestante, porque contrarreforma parece aludir a una reacción en
contra de.
El barroco acaba ligado a la idea de contrarreforma porque va a convertirse en un arte
directamente relacionada con esta, pero no se puede decir que el inicio del Barroco se dé
con el inicio del Concilio de Trento. Se va a dar una relación mutua entre el sentimiento
religioso contrarreformista (de la reforma o renacimiento católico) y el arte barroco, pero
no existe una relación causa-efecto.
Hay múltiples factores que explican el desarrollo de este tipo de imaginería que vamos a
ver en las primeras décadas del S. XVII, pero no puede entenderse como una consecuencia
directa del Concilio de Trento, pues cronológicamente no se sostiene. Aunque eso no quita
a que, ciertamente, el tipo de iglesia que se promociona tras el Concilio, esa iglesia más
centrada en la evangelización, encaja más con este tipo de imágenes, imágenes que no están
pensadas para convencer, sino para conmover, apelar a la fe, mover al espíritu… no explicar
los dogmas de fe.
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Empieza a aparecer en la península ibérica toda una tratadística que, de alguna manera,
insiste en la finalidad religiosa del arte, ese fin de cumplir la función evangelizadora que ya
venía desde el inicio del cristianismo. Existe un ambiente favorable para poner el arte al
servicio de la religión.
Francisco Pacheco (1564-1644) fue un pintor y teórico andaluz y, si bien su pintura no
alcanzó grandes cotas de calidad, en su estudio-taller se formaron, entre otros, Velázquez
(de quien fue suegro) y Alonso Cano. Es más relevante por su obra Arte de la pintura, si
antigüedad y grandezas: descriuense los hombres eminentes que ha auido en ella… y enseña el
modo de pintar todas las pinturas sagradas (Sevilla, 1649), donde dice “[…] ayudan las
imágenes, como cosa de culto exterior, a protestar la reverencia que tenemos en nuestro afecto
interior, dedicándola a Dios como oblación y especie de sacrificio […] No se puede cabalmente
declarar el fruto que de las imágenes se recibe: amaestrando el entendimiento, moviendo la
voluntad, refrescando la memoria de las cosas divinas; produciendo juntamente en nuestros
ánimos los mayores y más eficaces efectos, representándose a nuestros ojos y, a la par,
imprimiendo en nuestro corazón actos heroicos y magnánimos, ora de paciencia, ora de justicia,
ora de castidad, mansedumbre, misericordia y desprecio del mundo […]”. En este párrafo
podemos encontrar descrita la temática del barroco hispánico, el autor está dejando claro
lo que ya es un hecho, el arte a mediados del S. XVII ya responde a estas directrices.
Uno de los elementos que llama la atención en el Arte Barroco es el verismo en la
representación, el naturalismo exacerbado, los trampantojos, en los que todos los efectos
del arte se ponen al servicio de crear en la visión del espectador que realmente está viendo
lo que quiere mostrar, generar en el espectador la ilusión de un contacto directo con un
personaje santo, místico, divino. En los trampantojos (trompe-l’oil), progresivamente se van
afianzando los materiales extraños a la escultura. Se empieza por colocar ojos de cristal,
dientes y uñas naturales (a base de cuerno de toro), telas encoladas…
Con la creación del museo del Prado comienza el proceso historiográfico de lo que
llamamos la escuela española del Barroco, dentro de este fenómeno de exaltación
nacionalista postguerra de independencia, cuando se aumenta el esfuerzo por la aparición
de una escuela pictórica relacionada con la ordenación del Museo del Prado.
Julián Gallego, en su Visión y símbolos en la pintura española del Siglo de Oro (1968), s el
responsable de los estudios iconográficos hispanos de los años 70. Es un historiador español
formado en Francia que va a plantear toda una serie de relaciones de dependencias entre
el arte y el resto de las manifestaciones culturales de la época a la hora de señalar cuáles
son los temas más frecuentemente representados sin cuestiones de tipo estilístico aunque,
evidentemente, estos elementos plásticos están cargados de representación. No solamente
tenemos temáticas con más éxito, sino que tenemos lenguajes o recursos plásticos cargados
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de simbolismo y a las que se pueden aplicar lecturas simbólicas. Este autor dice “el objeto
de este estudio es distinguir, dentro de los temas figurativos de la pintura española del siglo de
oro, los elementos tomados de otros campos de la actividad cultural y los elementos originales,
plásticos diríamos hoy, pero no por eso menos cargados de significación para una sociedad
habituada a la lectura de los símbolos”.
Otro de los textos fundamentales para el estudio del Barroco español es La Cultura del
Barroco (1975), de José Antonio Maravall, un historiador literario que, desde un
profundísimo conocimiento de la literatura del Siglo de Oro española y comparándola con
otras disciplinas artísticas consigue definir la cultura barroca hispana. Dice que “el Barroco
no es sino el conjunto de medios culturales de muy variada índole, reunidos y articulados para
operar adecuadamente con los hombres […] a fin de acertar prácticamente a conducirlos y a
mantenerlos integrados en el sistema social, una cultura dirigida, masiva, urbana y
conservadora”. La cultura del Barroco es un mecanismo de cohesión en un territorio
geográficamente disperso pero que le da cohesión a la monarquía hispánica gracias a los
mecanismos culturales. Es una cultura urbana que se irradia hacia otros focos y es, además,
una cultura conservadora pues, si no fuese conservadora, no serviría al principio de
mantener el orden social. La cuestión que genera más dudas es el término urbano, pues la
sociedad es una sociedad rural aún, aunque el arte cortesano, producido por y para la corte
con el Retiro como centro fundamental, es el que va a servir para explicar el Barroco Ibérico.
Pero aun así, al margen de la fiesta que tenía lugar tanto en pequeñas villas como en grandes
centros urbanos, no podemos explicar el Barroco hispano sin recurrir a los centros religiosos
de primera orden que son eminentemente rurales, los monasterios-. De hecho, esto es algo
de lo que habla Tapié, de la diferencia entre el barroco urbano y el barroco rural, de los
grandes centros religiosos o monasterios y que no debemos minusvalorarlo ni olvidar que
atrae obras de artistas muy destacados, por lo que no se pueden considerar centros
regionales o de segunda fila.
Vamos a estudiar un periodo dilatado en el tiempo y con pocos vectores básicos, pero una
parte del problema es que tenemos dos periodos historiográficos bien definidos, no va a
tener nada que ver el desarrollo de la monarquía hispánica después del reinado de Felipe
III y tras la llegada de los Borbones, con una clara influencia en el arte que se va a
desarrollar. A nivel cronológico interesa interiorizar las cronologías de los reinados más
relevantes que se pueden etiquetar dentro de la etiqueta del Barroco.
Algo que sí es bastante general es que el Barroco coincide con un periodo de crisis. Uno de
los retos es que el S. XVII, que está plagado de crisis, coincide con uno de los periodos de
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más riqueza de la producción cultural, lo que choca con que, para dedicar recursos a grandes
producciones artísticas necesitamos una base económica sólida. El S. XVII fue devastador
para la sociedad española (especialmente en Castilla) debido al contexto político,
económico y militar. Va a ocurrir una crisis económica y social, con un enorme descenso
demográfico, impactos ambos sufridos principalmente en las zonas mediterránea y
atlántica. Baja la producción agrícola y artesanal, debido a la expulsión de los moriscos
1609-1610), que tuvo lamentables efectos. La inflación se encontraba a la alza, hubo una
caída de los ingresos americanos, sucesivas bancarrotas (bajo Felipe IV: 1627, 1647, 1652 y
1662), causada por los gastos en guerras…
Pero el colapso de la hegemonía se liquida con la firma de la Paz de los Pirineos (1659),
momento en el que se produce el contacto entre dos mundos diferentes, uno en claramente
emergencia (Francia) y otro en estado de decadencia (la monarquía hispánica) y dos
maneras de entender la moda cortesana.
Los territorios bajo dominio de la monarquía hispánica a lo largo de la Edad Moderna son
muy cambiantes, es un territorio discontinuo, geográficamente muy extenso. Esto
condiciona la manera de organizar la historiografía. Por ejemplo, la arquitectura de la
segunda mitad del S. XVII es pobre en cuanto a materiales, por lo que va a haber tratadistas
que den ideas sobre cómo abaratar los costes. Pero en los virreinatos de Nueva España o
Perú este periodo es de enorme riqueza desde el punto de vista arquitectónico se dan
propuestas muy parecidas pero con materiales y recursos enormemente ricos. En la Segunda
Parte del Arte y Uso de la Arquitectura (1664) se dice que “en España, particularmente en la
Corte, se va introduciendo el cubrir las capillas con cimborrio de madera, y es obra muy segura
y muy fuerte, y que imita en lo exterior a las de cantería, ésta se ha usado della en edificios, o
que tienen pocos gruesos de paredes, o que lo caro de la piedra es causa de que se hagan con
materia más ligera y menos costosa. En Madrid, mi patria, Corte del rey de España hizo la
primera un famoso arquitecto de la Compañía de Jesús, por nombre el Padre Francisco Bautista,
en el Colegio Imperial de su Religión […]. Yo hice la segunda en mi convento de agustinos
descalzos, en esta villa de Madrid, en la capilla del desamparo de Cristo, la tercera hice en
Talavera, en la ermita de Nuestra Señora de Prado, con el resto de su capilla mayor […].”
Lo curioso es que cuando hablamos del Arte Barroco Español, casi todos los manuales
suelen dejar fuera todo lo que no compete a la península ibérica, por lo que sería mejor
hablar de un Barroco en España, que se parece más a lo que es el Barroco en el actual
territorio español que el barroco de la monarquía hispánica. Por lo tanto, hablamos del
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Barroco español como un constructo historiográfico y no como una realidad histórica literal,
es una imagen de escuela al servicio de unos ideales. Lo hispánico es cambiante.
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TEMA 2. ARQUITECTURA Y URBANISMO BARROCOS
1. INTRODUCCIÓN
No se puede entender el arte o la arquitectura de las primeras décadas del S. XVII si no
recordamos el impacto de toda la tratadística de producción italiana que llega a la península
décadas atrás pero empieza a ser traducida en la península a finales del S. XVI-inicios del S.
XVII como, por ejemplo, la traducción de la Regla de los cinco órdenes de Arquitectura
(Vignola, 1593). Algunos tratados del S. XVI son reeditados en el S. XVII, como sucede con
la obra de Juan de Arfe, De Varia Commensuracion para la Sculptura y Architectura (Madrid,
1675) cuya reedición hace que sea conocido en media América y se convierta en uno de los
principales recetarios conocidos por todos los trabajadores que se relacionan con la
arquitectura. Este autor, por ejemplo, está difundiendo algunos de los soportes que se
pondrán de moda en la retablística del S. XVIII: “(…) porque la plata no admite la orden
dórica, por desnuda de ornato, se toma por primera la jónica (…). El cuerpo segundo se hace de
orden Corintia (…). El cuerpo tercero se hace de orden compuesta y estos cuerpos se hacen
cuadrados o exágonos o redondos, y si en esto se hiciere mudanza, será haciendo el primero
exágono, el segundo redondo, el tercero exágono y el cuarto redondo, como lo seguí yo en la
custodia de Ávila”
Va a ser relevante Fray Lorenzo de San Nicolás, que convertirá el tratado de Arte y Uso de
la Arquitectura (1639) y Segunda Parte del Arte y Uso de la Arquitectura (1664) en uno de los
más leídos y difundidos en los territorios de la arquitectura hispánica. Buena parte del éxito
de estas obras se encuentran en saber ofrecer soluciones muy fáciles de reproducir y que
van a servir para todos los territorios, no dejan de difundir modelos de éxito probado. Otro
ejemplo va a ser el uso de lo salomónico, no es extraño que en la segunda mitad del S. XVII
coincida la proliferación de columnas salomónicas con la aparición de tratados
arquitectónicos como el de Arquitectura Civil Recta y Oblicua. Considerada y dibuxada en el
Templo de Ierusalen… Promovida a suma perfección en el templo y palacio de S. Lorenço cerca
del Escurial (Vigevano, 1678), de J. Caramuel Lobkowitz. Otro ejemplo es el de Arquitectura
de la distribución, simetría y proporción de las cinco columnas (1598) de W. Dietterlin.
El éxito de la mayoría de los tratados no está condicionado por lo teórico, el Barroco español
no es un estilo de normas, sino de modelos, la tratadística es popular cuando ofrece una
especie de antología con modelos que sean aplicables.
2. LA IGLESIA
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El éxito del estilo de Juan de Herrera estaría condicionado
tanto por el peso de San Lorenzo del Escorial (1563-1584)
como por la difusión del modelo que se experimenta a
través de las fuentes grabadas. Esto va a explicar las
propuestas estéticas de Juan Gómez de Mora más allá de
lo que denominamos el manierismo hispánico y serán estas propuestas la que nos permita
entrar en el barroco clasicista.
Un ejemplo de esto es la iglesia del Monasterio de San José de Ávila (1608-1610, Ávila),
que suele presentarse como uno de los ejemplos de arquitectura religiosa que marca una
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época. Estamos ante un ejemplo paradigmático de la
arquitectura conventual vinculada a ordenes reformistas de
los carmelitas. Es una de las últimas construcciones de
Francisco de Mora, protagonista de la introducción de las
formas barrocas en Castilla. Nos interesa para entender el
punto de arranque del modelo. En la planta se puede ver
que no va a ver un modelo inicial, sino que es el resultado
del cúmulo de diferentes etapas de construcción. En su origen nos encontraríamos con una
planta de una sola nave, con un espacio diáfano y que privilegia la
visión del altar de cualquier punto. El aula congregacional, el
espacio en el que se reúnen los fieles, es lo suficientemente amplia
para congregar al clero, por lo que la planta de salón será el modelo
paradigmático de la planta de la iglesia conventual. A esta planta
inicial se le han ido añadiendo capillas laterales que no son para
acoger al fiel, sino que son altares para más oficios litúrgicos o para
entregar las capillas como espacios privativos. Estas capillas
laterales son intercomunicadas, porque hay que facilitar la
circulación. Aquí tenemos el germen de lo que será la iglesia
reformista postridentina de más éxito en la península ibérica. Es un tipo de solución espacial
que dominará a partir de Francisco de Mora, una iglesia de una gran nave principal amplia,
una capilla mayor destacada y capillas laterales intercomunicadas e inscritas en un
rectángulo. Por lo tanto, en la experiencia constructiva de Francisco de Mora en Ávila se
marca como el avance de las iglesias de reforma católica. La fachada también se va a
convertir en un modelo a seguir.
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de mayor éxito en la arquitectura española tomada de los
modelos escurialenses. Este modelo se le atribuye a Fray
Alberto de la Madre de Dios, pero tiene deudas o débitos
clarísimos con Francisco de Mora. Estas plantas son
legibles al exterior, salvo la cúpula. Es una solución austera
de gran economía de recursos plásticos y compositivos,
pero de enorme éxito desde el punto de vista práctico.
Conseguimos con recursos espaciales y compositivos un espacio que responde a los
principios emanados tras el Concilio de Trento, un espacio cómodo para el fiel. La fachada
resulta mucho más austera.
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intersticios que no son capillas, sino pequeñas sacristías o
lugares de apoyo al culto. En alzado volvemos a tener,
claramente destacada, una cúpula montada sobre tambor
y, en la nave central, una bóveda de cañón con lunetos que
recuerdan al vano termal. Todo lo marcado en planta se
confirma en alzado. El peso de las obras va a recaer sobre
el hermano Francisco Bautista, perteneciente a la orden de
los jesuitas, y será el responsable de la resolución de la
construcción interior y la fachada del edificio. Buena parte del éxito de este modelo que nos
plantea el colegio de Madrid viene derivada de la difusión vía tratado de una planta que se
parece al modelo de iglesia de una nave y nártex
occidental, semejante a las trazas para la iglesia parroquial
de San Ginés (1641), que aparece en la Segunda Parte de
Arte y Uso de Arquitectura. En ella tenemos los elementos
básicos de ese organismo y será el modelo que se exportará
a América Latina y funcionará por el resto de la península
hasta mediados del S. XVIII.
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sobre tambor y al exterior un chapitel. Lo interesante es, en todo caso, la mutación de la
forma, como el Barroco empieza a tender a llevar a cabo soluciones diferenciadas al exterior
y al interior. Al exterior lo que podemos presuponer es que
tanto la sección de la cubierta como el tambor es un
octógono, pero en el interior nos encontramos con un anillo
perfectamente circular, aunque el tambor si tiene ocho
ventanas, pero no es un ochavo. Juega con dos soluciones
diferentes en interior y exterior.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
la comunidad necesitaba ese espacio para acceder al coro. Responde
a una solución práctica, aunque el arquitecto se va a valer de esa
necesidad impuesta y la aprovecha para jugar con el espectador,
hace de la necesidad una virtud. Cuenta con una bóveda de cañón
que ocupa la mayor parte de la nave congregacional y una cúpula de
cascarón montada sobre un anillo sobre pechinas y, al exterior, me
encuentro un chapitel de sección cuadrangular y la luz se derramaría
al interior a través de la linterna.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
clásico, es enormemente anticlásico. No hay entablamento, ni pilastras, es una estructura
arquitrabada pero formada por aplacados, elementos propios del lenguaje de Alonso Cano,
quien los llevará a sus máximas expresiones y lo convierte en un elemento mural que
sustituye al capitel. El capitel subraya la transición entre soporte y entablamento, pero
Alonso Cano elimina el capitel y decide que en ese punto se va a resolver la transición entre
el elemento vertical y horizontal mediante toda una serie de placas superpuestas que se van
a aligerar con cartuchos o tarjetones que decoran esos puntos en los que en un edificio de
lenguaje clasicista estarían los puntos de mayor tensión. La sensación que consigue en el
edificio es mucho más ligera, al disponer de manera tan graciosa y elegante la decoración
genera la sensación de una arquitectura aérea o ligera que refuerza con el uso de la luz. Es
un ejemplo del barroco decorativista propio del último tercio del S. XVII e inicios del S.
XVIII.
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colegiata es un buen ejemplo del conflicto en la
primera mitad del S. XVIII entre los arquitectos fieles
a las soluciones arquitectónicas que venían siendo
habituales y las nuevas soluciones que aportan los
arquitectos franceses e italianos que llegan a la corte
con nuevas propuestas. Teodoro Ardemans es un
arquitecto heredado de la tradición de la corte de
Carlos II, que es un ejemplo de arquitectura de éxito
probado. El tipo de planta que va a aplicar es una planta
cruciforme de brazos cortos y poco desarrollados. La idea
inicial del arquitecto era construir una iglesia similar a la
Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias de Aranjuez
(1681-1690. Cristóbal Rodríguez de Jarama), donde
existen iglesias palatinas de este tipo, con planta cruciforme
de brazos achatados destacados en el exterior. En el
interior debió concebir un diseño muy rítmico, con lunetos, soluciones de probada eficacia.
Se ve muy bien la solución de la cúpula encamonada y como se resuelve el problema de la
iluminación. Pero la solución que da Teodoro Ardemans no
se ajusta a los nuevos gustos de la corte, con el cambio
dinástico y la llegada al poder de Felipe V, un joven que
había sido educado en el ambiente versallesco y conoce los
grandes palacios de la corte del rey Sol. Más tarde, Andrea
Procaccini, el arquitecto de referencia del reinado de
Felipe V, acabará por construir una fachada (1724-1734)
que dignifica al exterior el interior, con soluciones curvas
que nada tiene que ver con el interior.
La Iglesia de Santa Bárbara interesa porque llama la atención sobre la solución espacial.
Incluye el uso de los muros curvos, ya no solo jugando con avances y retrocesos, hay una
verdadera curvatura en el muro. Es una planta de cruz latina con las paredes curvadas en el
interior, para generar un tipo de espacio mucho más rítmico que juega con la forma cóncava
y convexa, uno de los rasgos característicos del barroco internacional. Es radicalmente
moderno pero ateniéndose a la tradición.
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trabajo mira hacia lo que conoce e intenta adaptarlo a la gran arquitectura del siglo de oro
y el clasicismo de la arquitectura francesa.
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iglesias, más allá del Escorial, se encuentra derivado del hecho de que va a circular mediante
las fuentes grabadas.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
es de Requena, un pueblo que entra en contacto entre Valencia y Castilla, por lo que será
un elemento de transición entre la arquitectura que ya conocemos y la arquitectura
valenciana.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
una serie de ejes. Es un espacio destinado a exaltar un
santo y que se terminará por convertir en un lugar de
peregrinación para los jesuitas. Posee capillas
interconectadas que permiten la circulación y estará
inspirado en la Iglesia del Santo Sepulcro o en los martiria
paleocristiano. La cúpula y las cubiertas alternantes son
completamente barrocas. La forma de desarrollar la
fachada nos avisa del eje dominante del interior, una
fachada muy destacada, con un tripórtico que nos engaña, pues no existe en el interior un
nártex ni tres naves. Triunfan los polígonos regulares que nacen de la rotación de cruces
griegas.
Leonardo de Figueroa construye la Iglesia de San Luis de
los Franceses, un antiguo noviciado de la compañía de
Jesús (1699-1730, Sevilla) y que será uno de los ejemplos
de obra de madurez del arquitecto. Posee dos ejes muy
claros y un espacio central circular que nos da la posibilidad
de circular entre los ejes. En alzado podríamos ver una
planta circular dominada por una cúpula y una corona por
la que podemos circular. La
dominancia la marca la cúpula trasdosada y montada sobre
un tambor con aperturas y que, junto con la linterna,
proporciona la iluminación interior. En realidad, está
reciclando formas como fueron los modelos centralizados
para San Pedro del Vaticano, por ejemplo. En el interior, el
elemento novedoso son las columnas, son columnas híbridas
con un tercio inferior
acanalado y los dos tercios
superiores espiraliformes.
Son soportes mucho más complejos que se escapan de los
que encontrábamos con anterioridad.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
José de Villarreal, es uno de los ejemplos más paradigmáticos
del Madrid Barroco de los Austrias. En este caso, al espacio
original de la iglesia de San Andrés decide añadirse otro gran
organismo, un añadido que, de alguna manera, restaba energía al
espacio inicial dominante, tanto es así que acaba por desbaratar
completamente la concepción original del espacio y acaba
trayendo toda la atención al espacio secundario, acaba por
condicionar la construcción de un segundo templo parroquial,
paralelo al original, cargándose el espacio original y llegando a
cambiar la orientación del templo para hacer coincidir la capilla
mayor con el eje que marca la capilla de San Isidro. Todo
esto se debe a que, en 1622, se produce la canonización de
San Isidro, apenas cuatro años después de la beatificación
del santo, por lo que va a existir una campaña promovida
por el ayuntamiento de Madrid y apoyada por la corte para
dignificar los espacios del Santo y, entre estos espacios, la
capilla de San Andrés, donde se encontraban las reliquias
del Santo. Todo esto promovía un culto universal al santo
patrón de la villa, por lo que se acaba por construir un
espacio eclesial vinculado al santo en la iglesia en la que tradicionalmente se había llevado
a cabo el culto al santo. Este proceso arranca cuando Juan Gómez de Mora entrega las
trazas y el proceso se dilatará hasta 1642, cuando Pedro de la torre entrega unas nuevas
trazas para para un espacio que se sumaba a los espacios diferentes.
Las obras se van a dilatar mucho en el tiempo, tanto es así que Pedro
de la Torre acaba por dejar la dirección de las obras, que recae sobre
José de Villarreal, quien le da el aspecto final al conjunto aunque,
suponemos, con ideas de Pedro de la Torre. Es un espacio destinado
para un culto de gran fervor popular, destinado a la exaltación de las
reliquias de un santo, por lo que debe ser un espacio que facilite la
circulación y, por supuesto, la contemplación y el culto a las reliquias,
lo que se consigue generando un espacio centralizado interior, con
sección cuadrangular, presidido por una cúpula y que gira en torno a
un baldaquino. Evoca a Bernini, a San Pedro del Vaticano. El espacio cuadrangular presidido
por cúpula es precedido por una antecapilla. Hay una secuencia de espacios que preparan
el acceso o incorporación al santa sanctórum, el lugar más sagrado
dentro de todo el espacio y, de alguna manera, esa secuencia de
espacios nos lleva hacia ese lugar que, lógicamente, por ser el más
importante, debe estar decorado. El interior estaba lujosamente
decorado a base de roleos, hojas de acanto, decoración vegetal y
toda una serie de molduras y cartuchos en bronce sobre dorado
superpuestos a aplacados de mármol. Recuerda a la decoración del
Panteón Real de San Lorenzo del Escorial.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
baldaquino que estaba pensado para exhibir las reliquias del santo y
ofrecerlas al público. Es importante tener en cuenta que es un espacio
relativamente pequeño, centralizado y presidido por un baldaquino,
porque desde el principio encontrábamos la idea de construir una
arquitectura de retablo exento, por lo que en la idea inicial ya se
encontraba el deseo de construir un baldaquino. La tarea de
construcción del baldaquino se le entrega a Sebastián de Herrera
Barnuevo (1659), seguidor de Alonso Cano, con un estilo
decorativista, pero este retablo-relicario no se va a construir, dado a la
importancia que este tenía, era enormemente complejo y nos
encontrábamos en la crisis de la segunda mitad de la centuria, por lo que era impensable
construirlo. Se utilizarían columnas salomónicas, relacionables con San Pedro del Vaticano,
sería un templete de cuatro caras que serviría de espacio de
exposición de la sagrada forma. Al ser tan inalcanzable se le pide a
Juan de Lobera (1660) que diseñe otro más pequeño, que sí se
construye pero que hemos perdido por causa de la Guerra Civil,
pero que era interesante porque genera un espacio que obliga al
espectador a circular en torno al retablo, lo que va muy bien para la
exposición de la reliquia y va a condicionar la forma de culto. Es un
espacio barroco, dirigido, que pretende condicionar la respuesta
afectiva, pero siempre con una visión jerarquizada.
Camarín
Es una tipología relacionada con el desarrollo del retablo de las capillas mayores, pensadas
o diseñadas para atraer la atención del fiel y subrayar el valor de santa sanctorum. El
camarín en el barroco hispánico consiste en “un organismo centralizado, generalmente de
pequeñas dimensiones, que se agrega al templo en su capilla mayor o en otras laterales,
sustituyendo al nicho central del retablo. Consta de una sala suspendida tras éste, en alto, para
garantizar su visión desde toda la iglesia y se accede a ella mediante escaleras que se desarrollan
al exterior del presbiterio o capilla, fuera del plan del templo, mediante una circulación tortuosa
y generalmente oculta en dependencias secundarias” (“La arquitectura en la Alta Andalucía”,
Historia del arte en Andalucía, Camacho Martínez, R. y Galera Andreu, P, 1989). Vamos a estudiar
espacios centralizados, de pequeñas dimensiones, anexos a la capilla mayor, normalmente
en el eje de la capilla mayor, abiertos tras el altar, incluso tras el retablo, pero en relación a
la cota de terreno de la capilla más alta, se encuentran sobreelevados y, además, va a tener
una relación visual con el templo fácil, pero para acceder al espacio necesitamos generar
movimientos oblicuos o por espacios no visibles al culto, muy reservados.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
de los Desamparados, especialmente vestirla, desvestirla y
adornar el retablo. Sólo pueden acceder los miembros
destacados de la congregación, el mayordomo, las
personas que tienen a su cargo los trabajos relacionados
con el cambio del retablo. Es accesible a los fieles
únicamente por la visión, que entienden que detrás hay un
espacio. Explotan al máximo posible las posibilidades
decorativas, estamos entrando en el barroco decorativista, ha entrado ya aquí todo lo
teatral, todos los efectos que tienen como objetivo captar al espectador. Aunque es el más
antiguo, también es el más desvirtuado, porque ni el retablo ni la decoración son de
mediados del S. XVII, sufre un cambio importante en el S. XVIII.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Se van a generar otros espacios
adyacentes tipo camarín, como en la
catedral de Lugo (1769), donde
encontramos un espacio turriforme
dedicado a una capilla. Espacialmente
tenemos un plan centralizado, con una
cruz griega y, en el interior,
encontramos una cúpula trasdosada.
Desde el exterior observamos un
espacio cilíndrico casi militar, pero en
el interior es un espacio cruciforme de brazos cortos cubiertos por cascarones sobre los que
se colocan pechinas sobre las que se eleva una cúpula que queda oculta al exterior bajo una
secuencia de volúmenes. No se puede describir como
camarín, aunque sí va a estar adyacente a la capilla mayor.
Forma parte de las capillas de la girola, siendo la más
importante porque está dedicada a la patrona de la ciudad.
Esta presidida por un retablo tipo baldaquino cuyo diseño
debemos a Fernando de Casas (1726).
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
para otros edificios religiosos, como la malograda catedral de Valladolid. De todas formas,
esta fachada nos resulta complicado definirla como Barroca, aunque sí que se están
ensayando soluciones que serán propias del Barroco, aunque aún no hemos llegado a
soluciones mucho más estilizadas y estables, como las de la fachada del Real Monasterio de
la Encarnación.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
planos, aquí tenemos ya un sistema de órdenes, son
columnas adosadas. El canon del segundo cuerpo de
columnas es más corto, la superposición de órdenes es un
elemento clásico pero al cambiar el canon estamos
rompiéndolo, es anticlásico. Además, lo lógico sería tener
como soportes del primer cuerpo órdenes macizos,
mientras que están aquí utilizando un orden compuesto. La fachada ya no está coronada
por un frontón, tenemos dos torres y una peineta o espadaña que busca marcar esa calle
central. En los tres vanos del pórtico podemos ver como claramente los dos vanos laterales
son de menor tamaño, todo se apuesta por el privilegio de la calle principal, que será la que
nos lleve al altar mayor. Las torres son del S. XVIII y ya pertenecen completamente al
Barroco Decorativista. En cada uno de los detalles nos podemos encontrar elementos
claramente anticlásicos: frontones partidos, baquetones, las formas mixtilíneas de la peineta,
la filigrana… En la fachada no hay una línea de imposta clara, ha desaparecido el
entablamento de la calle principal. Tenemos tres calles y tres cuerpos, pero la superposición
de órdenes monumentales une los dos primeros cuerpos. Podemos decir que, parcialmente,
encontramos un arquitrabe. En el friso que separa el segundo y tercer cuerpo tengo los
triglifos y metopas pero, en los espacios destinados para las metopas encontramos florones
y en los triglifos nos encontramos con una especie de mensulillas de modillón, que en estos
estados iniciales aún van a tener un importante recuerdo a los triglifos, aún van a estar
acanaladas con tres bandas pero, en este caso, además tienen una función arquitectónica,
pues se convierten en un modillón para sostener la cornisa, que ha crecido en vuelo. El
crecimiento de las piezas va a generar inestabilidad, desequilibrio. Pero, aunque avanza y
retranquea, la línea de cornisa se mantiene clara.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
ha tenido que colocar voladizos que son casi piezas autónomas, ya no recuerda a los
modillones de un órgano clásico. Es obra de Francisco Bautista, quien llevó a cabo el remate
de la fachada hacia 1634 y la finalización de las torres del Colegio Imperial (1672-1675).
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
arquitectura del S. XVI, ya se puede observar este mismo motivo
en la torre. Es más, la mayoría de los especialistas creen que los
tres arcos ya estaban previstos y Alonso Cano debía adaptar su
diseño rabiosamente moderno y barroco a algunas estructuras
preexistentes: la torre y la organización del lienzo mural con tres
grandes arcos en relieve. Estas fachadas se extienden por toda la
península. Alonso Cano lo que hace es barroquizar una estructura
ya dada, repitiendo un modelo hasta la saciedad. La firma propia
de Alonso Cano la encontramos en los aplacados, las enormes
placas que hacen vibrar la línea de imposta. No hay entablamento,
es la misma solución que la que el mismo autor da al interior de la
Iglesia de la Magdalena. A estas placas se les superponen tarjetones o clípeos. Hay una
multiplicación de planos que nos ofrece el muro en perspectiva, casi como si la arquitectura
saliese al encuentro del espectador en distintos niveles, incluso a escala. Los machones
tienen adosadas pilastras, que están cajeadas. Asienta uno de los motivos que va a ser clave
en la arquitectura posterior.
La fachada de la iglesia
de la Magdalena, con trazas de Alonso Cano (1677-1694,
Granada), nos muestra, en parte, lo que nos vamos a
encontrar en el interior del edificio. Es una fachada dividida
en tres cuerpos, con el cuerpo principal dividido en tres
calles, con un claro predominio de la calle principal, siendo
el arco de la puerta central de mayor tamaño. El motivo de
los arcos, que encontramos en la fachada también lo vemos
en las naves laterales interiores. Es una fachada poco eclesial, casi parece más la entrada a
un palacio que la entrada a una iglesia, debido, en parte, a esa apertura de vanos. Esta iglesia
entraría dentro de la definición de las fachadas telón, que explican la desconexión entre el
modelo del exterior y el interior, no hay correspondencia entre el tipo de organización
exterior y el que después nos vamos a encontrar en el
interior, no sólo en términos morfológicos, también en
términos tipológicos, en este caso es una fachada mucho
más palatina. Se usan los tarjetones, tarjas o cartuchos,
elementos que se superponen a los plaquetones y que tienen
ciertas formas que nos recuerda a la decoración vegetal. Lo
que marca el ritmo de la fachada son las pilastras, que
solamente tienen una pequeña línea de basamento, un gran
fuste desornamentado y sin capitel, sustituido por los
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
plaquetones. Algunos autores se refieren a este tipo de decoración como de canteros,
porque parece que esos plaquetones están esperando el trabajo de los pedreros que los
convierta en capiteles. Alonso Cano utiliza este elemento con mucha maestría, pero no es
el inventor ni el mayor difusor de estos motivos.
Ya en la segunda edición de Fray Lorenzo de San Nicolás de Segunda Parte del Arte y Uso de
la Arquitectura (Madrid, 1664) encontramos aplacados, tarjetones, guirnaldas… Es quizá
gracias a estas portadas por lo que se difundan tanto estos motivos en la arquitectura y la
retablística de la segunda mitad del S. XVII, sobre todo a partir del último tercio. Que la
profusión de estos motivos aparezca, sobre todo, a partir del último tercio del S. XVII no
quiere decir que no los encontremos ya antes. Un cartucho sería una especie de rollo de
cuero, de pergamino y, los cartuchos que vamos a encontrar tanto en arquitectura como en
retablística, sería la representación de lo que ocurre cuando sueltas ese rollo que ha estado
enroscado durante mucho tiempo. Combinan las formas enrolladas del cartucho, formas
cartilaginosas, de recorte de cuero, carnosas, en las que luego genero hendiduras para dar
esa sensación de parecido con las lenguas de becerro. Este tipo de motivos se van a conocer
como cartuchos auriculares, que derivan de las formas correosas y cartilaginosas y que
están a medio camino entre lo orgánico y lo fitomórfico, y que van a servir como marco
para retratos o escudos que derivan de este estilo auricular.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En el colegio de San Telmo, la antigua universidad de
mareantes (1722-1730, Sevilla), encontramos otra
fachada obra de Leonardo de Figueroa, quien va a ser
uno de los exponentes máximos de la denominada como
fachada retablo. Lo que preside el edificio es la enorme
fachada, claramente destacada, cumpliendo esta función
puramente barroca de remarcar el eje principal del edificio. En la organización general del
edificio predominan las formas límpidas, geométricas, puras, que contrasta con la parte
central de la fachada, en cuanto a la decorativo y a la paleta de colores. Frente a la
composición austera, regular, geométrica, horizontal…, tengo una clara verticalidad, formas
cóncavas y convexas, decoración a escala de platero, muy afiligranada y menuda. En la
fachada encontramos dos cuerpos y el remate, que sería casi una peineta, pero desarrollada
con su pórtico y sus vanos. En el cuerpo del edificio tengo pilastras adosadas, mientras que
en el centro de la fachada tengo grupos de tres columnas. W. Dietterlin y mucha tratadística
del S. XVI desarrolla este tipo de soportes que también encontraremos en Juan de Arce
(cuyo tratado se reimprime en el S. XVII). La arquitectura hispánica ya está acostumbrada
a este tipo de soportes, pero a medida que avanzamos en el S. XVII se van multiplicando
sus opciones. No hay nada nuevo, pero sí hay un mayor interés por ampliar todas las formas
disponibles, y Leonardo de Figueroa las va a aplicar todas juntas.
Aunque a primera vista no lo parece, mantiene la superposición de
órdenes clásica, de menos ornamentado a más ornamentado: un
capitel que parece dórico o ático (el ábaco sin molduras), en el
segundo nivel un capitel jónico y en el último un capitel compuesto.
Esta idea de menos a más ornamentado se revierte en el fuste de las
columnas. Además, va a romper la línea de entablamento, generando
un movimientos ascensional sin casi elementos de cesura. Estamos
en la pugna continua contra el proceso de materialización del muro,
hay que vaciarlo, y eso lo hace aplicando decoración o, directamente,
retranqueándolo.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
de todos los ensayos desarrollados en el arte efímero y en
los proyectos de retablística, como con la introducción de
los grandes pabellones de telas, como puede ser el
proyecto para el baldaquino de la capilla de San Isidro en
San Andrés (1659) que va a realizar Sebastián de Herrera.
También son puramente del S. XVII la introducción de
motivos elípticos, con los que Pedro de Ribera va a jugar en
torno a las enjutas de los arcos. No rompe directamente las
formas del entablamento, pero las hago curvas, de tal
manera que casi dejan de tener función tectónica, lo que
pretende ser una línea de entablamento acaba por ser un perfil que recorre todo el edificio.
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La fachada queda organizada en tres calles y tres cuerpos, con una peineta como remate
del coronamiento. Interesa la solución plástica, con una gran profusión decorativa, pero son
trabajo menudo. La plástica barroca la encontramos, sobre todo, en la monumentalización
de la parte alta. Invierte la tectónica del edificio que dice que la parte alta debe ser más
ligera mientras que la parte baja del edificio debería ser más sólida, cuando en este caso
ocurre todo lo contrario. La cantidad de elementos superpuestos que vuelan van creciendo
a medida que gana altura, van ganando volumen y vuelo a medida que el edificio crece. La
inestabilidad también la puede subrayar la superposición de tímpanos curvos partidos. Se
rompe el entablamento en varios puntos y abre vanos donde uno no se lo esperaría. Nada
rompe visualmente el movimiento de la vista desde la línea de imposta tan potente hasta el
elemento de coronamiento. En el escudo de la parte superior nos encontramos las cinco
yagas de San Francisco, el emblema de los franciscanos. Al eliminar los elementos
horizontales da aún más la sensación de que la tectónica va a colapsar. Un elemento circular
no podría coronar un frontón, no se sostendría, por lo que el coronamiento genera sensación
inmediata de inestabilidad.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
ataurique, los entrelazos, los motivos geométricos… Todos
estos arquitectos tienen, por supuesto, acceso a edificios
como la Alhambra. Son yeserías que responden a una
tradición de origen hispanomusulmán, se pueden vincular
estos trabajos riquísimos a edificios como la Alhambra. Sin
embargo, cuando nos acercamos esa ilusión de arte
islámico se rompe, en el detalle vemos elementos que nos recuerdan al arte auricular, a Fray
Matías de Irala, con su obra Método sucinto i conpendioso de cinco simetrías apropiadas a las
cinco ordenes de arquitectura… (Madrid, 1731-1739), que se encontrará en el horizonte
documental de los motivos del S. XVIII. Es un falso tratado con soluciones plásticas y
compositivas de este tipo, con pináculos, roleos, tornapuntas, volutas... motivos que se
pueden reconocer en una larga tradición decorativa que va desde Italia a España y que no
es de creación original de Fray Matías de Irala, pero que sí nos va a ofrecer él un recetario
inspirado en lo que está de moda y que son repertorios decorativos que circulan
ampliamente de forma grabada por media Europa. El material, el yeso, permite tal profusión
de motivos que a veces perdemos conciencia del motivo que se está multiplicando. Estos
artesanos aprovechan la tradición de la talla en yeso, pero los motivos son los propios del
Barroco Internacional, multiplicados a la enésima potencia.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
importante es que desde la Edad Media ya no aparecían arcos trilobulados, el Barroco busca
este tipo de arquitecturas que habían caído en desuso. El relieve está datado en septiembre
de 1715. Martín de Suinaga tiene una tarea difícil, adaptar la fachada a un marco y unas
condiciones que ya venían impuestas, como hizo Alonso Cano con la fachada de la catedral
de Granada. Suinaga hace lo propio, pero decide resolver
miméticamente el lienzo que va desde la portada al torreón
que mira al río. De Pedro de Valladolid conservamos un
diseño interesante que nos pone en aviso sobre qué
soluciones se habían previsto para resolver la fachada,
como que había previsto para romper la horizontalidad del
edificio una peineta que acoge un escudo de armas regio y
un personaje, Felipe V. No nos olvidemos de que San
Marcos está directamente vinculado con las casas reales
porque el encomendador de la obra es Felipe V. Este
modelo no se aplica al final, aunque Felipe V sigue saliendo,
aunque desplazado. La peineta actual es igual a la que coronaba el peñón de la catedral
hasta las reformas del S. XIX.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
convertirse en un lugar común de la arquitectura palatina de los borbones y lo vamos a ver
repetido hasta la saciedad, son referencias cultas que miran hacia el periodo clasicista de la
arquitectura hispánica con esa carga simbólica.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
progresivamente oscureciendo, resultado de los cuerpos que se van anexando a la catedral
y que van cerrando los vanos de la iglesia románica. Lo que concibe es, básicamente, un
cierre, que en la documentación de la época se llama espejo (por la cantidad de vanos que
se van a abrir) o peineta.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
los aletones que vimos en la fachada de la iglesia de Montserrat de Madrid. Un mismo
motivo se repite varias veces, en una fachada de la primera mitad del S. XVII será suficiente
para solucionar un motivo de fachada, pero aquí se ha convertido en un motivo subordinado
que queda empequeñecido en la composición monumental.
3. EL PALACIO
El duque de Lerma, valido de Felipe III, va a trasladar la corte a Valladolid en 1601, donde
se va a mantener hasta 1606, lo que va a tener implicaciones muy interesantes en cuanto a
la difusión de un modelo palatino concreto: el de Lerma.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
El primer ejemplo de arquitectura palatina donde podemos
introducir las prácticas barrocas es el palacio ducal de
Medinaceli (1623-1625, Soria). Juan Gómez de Mora
construye para los Medinaceli, una de las familias más
famosas del reinado de Felipe III, este edificio que, desde
el punto de vista compositivo, utiliza formas ya conocidas.
De Barroco encontramos la ruptura de la cornisa, la
curvatura que rompe la linealidad tan marcada. Se destaca todo el eje central, nos dispone
las labras heráldicas en el arranque de esa supuesta espadaña. Del modelo simétrico
pasamos a una composición claramente jerarquizada en la que predomina el eje principal.
Se introducen los frontones curvos en el remate de los
vanos del segundo cuerpo. Introduce en la portada las
pilastras cajeadas, ya no se usa un orden columnario, son
columnas cajeadas sobre las que vuelan modillones o
mensulones que recogen el vuelo de la cornisa. Juan
Gómez de Mora entrega las trazas en 1623, pero la
construcción no se va a iniciar hasta 1625.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
desarrolladas, con grandes chapiteles que tienen una forma mucho más esbelta, con perfiles
más curvados. Se pasa del dominio de los cuerpos troncopiramidales y las formas
dominadas por la línea recta a elementos mucho más esbeltos. Esta será la línea a seguir.
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En 1623, los festejos celebrados por la llegada de Carlos I de Inglaterra a Madrid para
negociar un pacto matrimonial con la monarquía de los Austrias, nos deja toda una serie de
testimonios visuales del estado de la villa y corte con motivos de estos eventos, de fiestas,
cabalgatas, toda una serie de rituales colectivos relacionados con la fiesta y muy vinculados
con los festejos cortesanos. Uno de estos testimonios es el dibujo que forma parte de toda
una serie de Anales que nos representa el frente de la fachada del Alcázar, que nos ofrece
una imagen disturbadora con respecto al modelo establecido como paradigma de las
fachadas palatinas derivadas de Francisco de Mora y Juan Gómez de Mora. En el frente de
esta escena horizontal nos encontramos dos cuerpos que lo enmarcan, lo que ha hecho
suponer a algunos estudiosos que Juan Gómez de Mora había previsto un modelo diferente.
El cuerpo central estaría flanqueado por dos torreones con dos grandes chapiteles. Quizá
concibió un modelo que nunca llegó a realizarse por
completo. Si utilizamos estos dibujos nos imaginaríamos
algo parecido a lo que se representa en la reproducción 3D
del palacio, con dos cuerpos claramente materializados que
no llegaron a coronarse. Si repasamos la iconografía que
conservamos del Alcázar Real de Madrid a lo largo del S.
XVII, ya hacia finales de la centuria tenemos las vistas de
Meunier, donde vemos que pervive uno de estos cuerpos, mientras el otro ha sido eliminado
para regularizar la fachada. A lo largo del S. XVII vemos como la fachada va regularizándose
y materializándose en un modelo más parecido a lo que habíamos visto en momentos
anteriores. En el último estado tenemos testimonios documentales visuales de inicios del S.
XVIII en los que nos encontramos como en la fachada han desaparecido los dos restos que
flanqueaban la portada, consiguiendo ese gran frontal horizontal coronado por dos
torreones con chapiteles, la torre dorada y la torre de la reina. Además, se cierra finalmente
la portada de acceso con un anacrónico frontón con pinjantes.
La historia del edificio acaba con el incendio de la Nochebuena de 1734. En el cuadro que
Andrea Procaccini pinta para la real Colegiata de San Ildefonso, uno de los angelitos lleva
una fachada del Alcázar. Mucho se perdió en el incendio, pero da la oportunidad de crear
un nuevo palacio más a la imagen de la nueva dinastía. También nos quedan testimonios
visuales de ese palacio real desaparecido en el interior. El espacio más conocido es el que
ocupan las Meninas en el cuadro de Velázquez; o, en el reinado de Carlos II, con el retrato
de Carreño de Miranda, el Salón de los Espejos, lugar de referencia para las pinturas de
Felipe II, espacio que funcionará como salón del trono.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
modernista, viene de las arquitecturas neobarrocas y
neorrococós asociadas a pabellones de recreo, casinos y
palacios del tipo nobiliario ya en el S. XIX. Hipólito Rovira,
que ante todo es un grabador y un pintor, había concebido
una fachada enfoscada y decorada con frescos, pero los
frescos estaban tan estropeados que se acomete una
reforma que afecta a los enfoscados, que serán sustituidos por estuco y mármol. La portada
es diseño de Rovira bajo ejecución de Ignacio Vergara y está realizada en alabastro, un
material más sencillo de labrar que el mármol, por lo que permite esta filigrana; además, en
Valencia, cabeza de la corona de Aragón, la tradición alabastrina es muy potente. Las dos
figuras humanas de los laterales funcionan como soporte, estamos en
la línea de los atalantes o telamones. Representan dos alegorías de los
ríos de la ciudad, el Túria y el Júcar, representados como en la tradición
clásica: hombres con cántaras, entendidos como símbolo el título
nobiliario Dos Aguas. Los elementos que marcan esta estructura, la
línea de basamento o coronamiento, están curvados. De manera muy
consciente está incorporando formas cóncavas y convexas, con el
juego de ritmos, de claroscuros… Es una propuesta interesante,
rarísima y difícil de comparar si no nos vamos a la arquitectura áulica.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Los modelos de partida son las villas suburbanas italianas, ejemplos de modelos de la
monarquía portuguesa y los cazaderos y palacios de retiro de la monarquía hispánica. Lo
interesante del proyecto, que recae sobre Alonso Carbonel, que había trabajado bajo la
tutela de Giovani Battista Crescenzi (decorador, trabajó en el Panteón Real del Escorial) es
que se acomete en un periodo muy corto de tiempo, con esa intención de emular la
construcción de El Escorial, una arquitectura construida de forma muy rápida y con
economía de medios. No se busca una representación áulica, es un espacio de recreo donde
convivían los usos propios de la monarquía con espacios festivos. En 1640 se finaliza la obra,
coincidiendo con el periodo de reinado feliz de Felipe IV.
Del gran proyecto conservamos el casón del buen retiro y
parte del salón de los reinos, aunque contaba con los
aposentos reales, el patio del rey y de la reina, los cuartos
reales, dos grandes plazas abiertas que dan idea de la
pervivencia del cortile, el salón de los reinos, el casón del
buen retiro y el coliseo, jardines y una de las primeras
plazas presididas por una estatua ecuestre.
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de los escudos de los 24 reinos de la Monarquía española pintados en la bóveda. Se concibió
originalmente como salón del trono, aunque se utilizó también como escenario para fiestas
y recepciones, el cual fue decorado entre 1634 y 1635. En términos arquitectónicos es muy
clásico, cuadrilongo, con un tipo de organización espacial diáfana organizado en dos niveles,
que al exterior se percibían por la doble línea de ventanas pero que al interior eran
imperceptibles. La cubierta es una bóveda baída montada sobre lunetos. Se conoce como
salón de los reinos por la decoración, donde se representan los escudos de los reinos bajo
cetro de la monarquía hispánica. Junto a esta decoración aparece otra de grutescos dorados
sobre fondo blanco sobre los que se integran los escudos, que pasan a ser un elemento
decorativo más. Lo que ha fascinado siempre más a la
historiografía no es tanto la arquitectura como el proyecto
decorativo, que tenemos que atribuir a la alianza de
Carbonel con Giovanni y que se desarrolla entre 1634-
1635, incorporando algunas de las obras de pintores más
representativos de la escuela pictórica barroca sevillana y
madrileña. Hay un aspecto interesante relativo al uso y a la
configuración del espacio, la balaustrada que circunda todo el perímetro, conectando la
segunda línea de ventanas y sobre la que inciden todas las recreaciones. El salón de los
reinos es un espacio enfilade, uso que viene de la arquitectura italiana, que son estancias
intercomunicadas en una perspectiva continua de tal manera que, estando en una sala, ves
en perspectiva la sala siguiente, en esa secuencia de series se establece una jerarquía, hay
toda una serie de niveles de acceso a la intimidad del monarca. Es un espacio para ver y ser
visto, es más un espacio teatral y, por tanto, la barandilla facilita la visión del público de la
representación del poder, se muestra el espectáculo de la corte a los cortesanos, con esa
idea de la teatralización y escenificación de la vida cortesana que pretende convertir la vida
del monarca en un espectáculo. Felipe IV se inspira en la gran ciudad diplomática de la
Roma Papal. Es un espacio sencillo, diáfano, el único elemento que marcaría algo
interesante sería la gran barandilla y la decoración de la cubierta, sería lo reseñable si
prescindimos de los cuadros que pueblan el conjunto.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
las necesidades de la nueva dinastía, mediante el proyecto
de Robert de Cotte y que nos proporciona una idea de
construcción del espacio que nos remite a ese modelo
teatral. Nos encontramos de nuevo con la tradición de las
falsas bóvedas, ligeras, fabricadas con armazón de madera,
más fáciles de levantar y crear grandes espacios diáfanos.
Afortunadamente ha tenido una buena conservación.
Los espacios escénicos del teatro cortesano ofrecen una gama rica de posibilidades, frente
a las limitaciones del corral de comedias. Las representaciones en el Coliseo del Buen Retiro
ofrece mayor comodidad para el espectador, mejores condiciones acústicas y visuales y
mayores posibilidades escénicas, de acuerdo con su condición de coliseo. El jardín puede
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
ser el lugar ideal para que en una fiesta de teatro en el crepúsculo, hacia la noche, por
ejemplo, El vellocino de oro, de Lope de Vega, en el Jardín de los Negros, en Aranjuez;
incluso con la posibilidad de utilización escénica del río Tajo. El estanque del Palacio del
Buen Retiro, esplendorosas fiestas teatrales, en las que se utilizaron barcos para la música y
para la familia real, la isla central para la representación…
La monarquía siempre ha disfrutado de palacios desperdigados por sus estados, pero eso
tiene sentido en las cortes itinerantes. A medida que Madrid se convierte en el centro de la
monarquía, el disfrute de estos palacios reales entra en crisis. A partir del S. XVIII, y sobre
todo en los reales sitios cercanos a Madrid, empieza a regularse una especie de calendario
cortesano de la corte que se iba desplazando a diferentes sitios.
Tras la abdicación y durante el segundo reinado de Felipe V, con el traslado del monarca a
la Granja, se cede el gobierno ordinario sobre Isabel de Farnesio, que se convierte en la
dirigente de la gestión de la vida en la corte y los grandes proyectos arquitectónicos que la
monarquía tiene entre manos, junto con el agravamiento del estado de salud del monarca,
aquejado de melancolía, emerge la figura de Isabel de Farnesio, quien llegará a ser la
verdadera responsable de la reforma y dirección del proyecto para adaptarlo a la
arquitectura del S. XVIII. A partir de 1724 entra en escena Andrea Procaccini, quien va a
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
convertirse en el arquitecto durante el segundo reinado de Felipe V, junto a Subissati serán
los responsables de promover una reforma del palacio que convertiría el viejo núcleo del
palacio de principios del S. XVIII en un edificio en H, con dos grandes crujías y dos patios
abiertos a los jardines. La tradición del jardín anterior prefiere los jardines y patios cerrados,
frente a estos nuevos modelos dominantes durante el S. XVIII.
En todo este proyecto podemos ver todo el desarrollo de arquitectura y paisajismo de jardín
a la francesa, pero busca reproducir Marly, no Versalles, un palacio donde él pasa parte de
su infancia, es el modelo palatino que tiene en mente y donde la relación entre arquitectura
y paisaje es mucho más fuerte que en Versalles.
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El intento de patio de la herradura de italianización queda
muy ensombrecido tras el proyecto de fachada que
desarrolla Filippo Juvarra. Este arquitecto es siciliano, que
se forma en Mesina, pero su figura internacional cobra peso
tras las intervenciones que hace en Turín para los Saboya.
Es un personaje fundamental en el desarrollo de la
arquitectura áulica peninsular y es el responsable de poner las obras regias en sintonía con
la arquitectura áulica europea. Mientras trabaja en el Palacio Real de Madrid se encarga de
este frente para abrir la arquitectura de la Granja a una de las vistas paradigmáticas del
conjunto, esta cascada que desemboca en la fachada norte. Lo que hace aquí es aclimatar o
simplificar un modelo ensayado previamente en el Palazzo Madamma (Turín), que es un
trabajo de juventud, pero con elementos que marcarán el desarrollo de la arquitectura
residencial de media Europa. Tiene de parecido con el edificio que toma de modelo el uso
de los órdenes gigantes. Son columnas exentas, y una retropilastra, pero no tiene
basamento, lo que es rarísimo. Queda un espacio achaparrado, demasiado bajo,
condicionado por la propia arquitectura. La desmaterialización del muro la va a realizar
mediante el uso de ventanales, que en este caso no son de tan gran tamaño. El gran acierto
tal vez sea el desarrollo del cuerpo de coronamiento. Estamos volviendo a los lenguajes
clasicistas con la introducción de un arco del triunfo, por lo que al coronamiento se le puede
denominar ático. El cuerpo palatino se inspira en modelos propios de la arquitectura
imperial. Tenemos un frente palatino que mira a referentes clásicos. Estamos ante un
arquitecto de profunda formación capaz de adaptarse muy bien a los lenguajes de la corte.
Tiene una vastísima formación arquitectónica y puede echar mano de opciones
compositivas que no estaban al alcance de arquitectos menos formados. Añade los
enmarques de clípeos, que ya estaban en la arquitectura civil del S. XVI de la que Juvarra
echa mano también. También habría que añadir el interesante desarrollo de las balaustradas
que se van a convertir en el elemento de la referencia de la arquitectura del S. XVIII. Acaba
por ofrecer un modelo referencial que se traslada a toda la arquitectura áulica y residencial
de todo el S. XVIII.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Lo que se construye, aunque con dimensiones más
modestas a lo que planteó Juvarra, es mucho más grande
que el solar en el que se pretendía construir, fue necesario
aterrazar una gran parte para construir un gran patio de
recibimiento, que es lo que hoy en día vemos realizado por
Giovanni Battista, reformado luego en el reinado de
Carlos III por Francesco Sabatini. El proyecto original
arranca durante el reinado de Felipe V, el empujón final lo da Felipe VI pero ninguno lo van
a poder ocupar, hasta la llegada de Carlos III. Algunas de las decisiones que se toman en la
construcción del palacio no son de agrado de Carlos III y va a traer consigo algunos
arquitectos de su confianza. A nosotros lo que nos interesa es lo que ocurre en este proyecto
en esa transición entre reinado de Felipe V y el reinado de Felipe VI.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
central, que es una transposición casi literal. En general,
casi toda la arquitectura de palacio funciona por pabellones
enlazados por galerías, tres pabellones, dos angulares o
esquineros y uno central para la puerta de acceso y las
galerías que lo enlazan. Lo que se cambia realmente del
plan inicial son las esculturas. Se había previsto un
extraordinariamente rico programa escultórico que pretendía desplegar toda la genealogía
de los reyes de España, desde Pelayo hasta el rey reinante por vía castellana. Estaba prevista
que en lugar de las columnas fueran cuatro grandes esculturas de los emperadores romanos
imperiales de origen hispano. Es interesante porque está enlazando a los reyes con el
imperio y a los reyes con el inicio de la expansión de la cristiandad y la función civilizatoria
y la propaganda de la fe están en el proyecto imperial desde los tiempos de Carlos V y los
reyes católicos. Lamentablemente, cuando Carlos III accede al trono decide eliminar esos
elementos del programa decorativo y diseña otros, los altera. Elimina las estatuas de los
reyes y los cuatro colosos que precedían la entrada y los sustituye por las columnitas que le
resta dignidad al frontal. Las esculturas se conservan en el patio. Es para apropiarse del
palacio, por ser hijo de la segunda mujer de Felipe V.
4. LA PLAZA MAYOR
Aunque nos hemos referido a palacios que presiden plazas porticadas, la plaza mayor va a
ser algo propio de la arquitectura del mundo barroco. Existen plazas porticadas ya en la
tradición urbanística del S. XVI, como la de Valladolid, y otras plazas porticadas más o
menos completas a lo largo de la geografía peninsular. Sin embargo, el concepto de plaza
mayor debe cumplir ciertas características, como la regularidad. Fundamentalmente, una
plaza mayor debe ser regular, porticada y homogénea en alzado y los lienzos que cierran la
plaza se interrumpen en la entrada de las calles, algo que diferencia el urbanismo barroco
español de otros urbanismos como el francés.
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Juan Gómez de Mora ya va a enfrentarse en vida a una
reconstrucción, resultado de un incendio. Se va a encargar
de este proyecto hasta que cae en desgracia en 1636. De
estos primeros años conservamos algún testimonio gráfico
interesante, como la planta del archivo de Madrid, la planta
más completa. Hacia finales del S. XVII ya tenemos
bastante regularizada la plaza. El primer cambio será con la
reforma de la casa de la panadería, a finales del S. XVII y la
última reforma que altera sustancialmente el proyecto es la
llevada a cabo en 1790 por Juan de Villanueva, que busca crear una plaza que reúna
características de la tradición española y francesa, curiosamente la arquitectura de las plazas
mayores posteriores al S. XVIII imitará este modelo.
Sabemos que la plaza de Juan Gómez de Mora era una plaza regular, porticada, con
bocacalles abiertas. El frente de la casa de la panadería rompe un poco la regularización y
nos recuerda a una gran fachada palatina horizontal, con torreones coronados con
chapiteles. Tenemos ingredientes que van a convertirse en estado, como el elemento central
que, normalmente, tiene un frente palatino de este tipo. La ruptura de los lienzos murales
en las bocacalles imprime un carácter diferente al de la plaza mayor francesa, pues de algún
modo el entramado urbano se hace más presente en la plaza y genera perspectivas mucho
más interesantes. El modelo que acabará por imponerse será la tradición de la plaza real
francesa y este tipo de arquitectura sólo la vamos a encontrar en el S. XVII.
El mejor testimonio del plan original es de 1636, tras el incendio de 1631. La idea es generar
un espacio teatral en el que la plaza es el frente de escena.
La finalidad de este proyecto cartográfico de la plaza es
calcular la capacidad de la plaza de acoger público para los
eventos. Está claro que hablamos de un espacio de gran
impacto en la vida pública, es un espacio ideal para la
representación del poder y un lugar en el que se realizaban
espectáculos como toros, juegos de varas, autos de fe…
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En Madrid, la solemnidad del Corpus Christi se celebraba con una procesión que fue
cobrando fuerza, desde que finales del S. XV, por la asistencia de los propios reyes. La
procesión poseía dos protagonistas: la tarasca y la custodia. El “mal” es representado con
la tarasca, la custodia representando el “bien” solía ir detrás de la procesión. Aquel
personaje ya aparecía en las descripciones del S. XV, pero es a partir del S. XVII cuando la
tarasca empieza a diseñarse a “la moda”. Se trata de un espectáculo para el adoctrinamiento
y la exaltación eucarística, testimonio de la colaboración entre el poder político y religioso
en una época de fe controlada, pese a la presencia de elementos propios de la cultura
popular.
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El proyecto del Consistorio Viejo o “Gota de leche”
(Pedro de Hoyo, Mirador del Concejo, promovido por
Juan Feloaga de Ponce de León como corregidor de la
ciudad, 1674-1677, León). La idea de concejo nuevo y
viejo ya nos da idea de dos conceptos constructivos
diferentes. Pedro del Hoyo es el responsable del proyecto
y de la construcción. Se le encarga el proyecto a partir de
Juan de Feloaga. Las obras se llevan a cabo entre los años 1674 y 1677, aunque hay algunos
elementos que vemos que no se corresponden con el proyecto original. Posee
características ya vistas, como las torres con chapiteles. Se trata de una fachada-telón, su
función consiste en regularizar el cierre de la plaza tras la cabeza de la iglesia de San Martín,
una balconada corrida y una fachada palatina mucho más regular. Además, se destaca el eje
central de la fachada. Encontramos baquetones en las ventanas claramente barrocos, es un
espacio de representación con la multiplicación de los vanos y los vuelos de los balcones
que son de representación para facilitar la vista a la población a la hora de observar las
representaciones civiles y religiosas. Es un espacio para el disfrute de la ciudadanía. Nos
podemos remitir a los modelos madrileños y se puede comparar con el palacio de los
Guzmanes y el Palacio del Conde Luna. Las casas consistoriales sí tuvieron, hasta principios
del S. XX, chapiteles, pero acabarán siendo demolidos por problemas estructurales cuando
se restaura el edificio, recreando los supuestos chapiteles originales, de los cuales no se
conserva memoria gráfica. De la espadaña, los dos leones si formaban parte del proyecto
original.
Un aspecto interesante está relacionado con la tradición que pervive en León, es un lugar
clave para la Semana Santa, pues la plaza sirve tanto para eventos de tipo profano como
para actos religiosos. Destaca el acto del Corpus Christi. Este tipo de elementos para la
demostración a lo largo de la ciudad no es algo privativo religioso, sino que se traslada a
otras fiestas, como se puede observar en la serie de Domingo Martínez, Carro del Parnaso
de 1748 o el Carro de la Común Alegría, todas ellas conservadas en el Museo de Bellas Artes
de Sevilla, como la celebración de las Virtudes. La plaza es un lugar representativo donde
van a tener lugar distintos eventos con fuerte carga propagandística e incluso los más
solemnes de esos festejos no impide la entrada de elementos que nos permiten incluir una
nota burlesca y cómica en esa escena propagandística.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
construcción del proyecto como un palacio que aglutina en su frente un doble uso. La
mayoría de estos palacios suelen tener asociada una capilla, y esto es habitual tanto en las
casas solariegas como en los palacios de la ciudad. Es una plaza anexa al palacio, que sirve
tanto para los usos del titular del palacio como para espacio de reunión de esa nueva
parroquia o feligresía. El proyecto se pone en manos de José Benito de Churriguera, que no
era un arquitecto, la familia Churriguera eran entalladores y decoradores de origen catalán
que hacen fortuna en la corte de distintas instituciones de Castilla. Una faceta menos
conocida es la planificación de este conjunto industrial de nueva planta que se desarrolla en
un corte periodo de tiempo, señal de que recursos económicos no faltaban. La familia,
aunque es de origen burgués, acaban por ser ennoblecidos.
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El lugar que preside la plaza es la casa del consistorio
(Tomás Francisco de Cafranga, 1852, diseño de Alberto
de Churriguera, ultimada con Andrés García de
Quiñones, lienzo del Pabellón Consistorial y Casa
Consistorial, 1750-1756, Salamanca), que se realiza
durante la última fase de construcción. Respecto al modelo
original, que conocemos gracias a una maqueta, ha
encontrado ciertas modificaciones, sobre todo en el cuerpo
de coronamiento y la composición del cuerpo bajo. En la
segunda mitad del S. XIX se añade la espadaña al proyecto
original, aunque sí estaba prevista, aunque no se construye
en el S. XVIII por cuestiones técnicas, pues Churriguera no
pensaba que el edificio pudiese sostener los cuerpos
torreados. La fachada de la clerecía está reproduciendo
también este esquema. Aparecen estípites y ordenes de
columnas gigantes, monumentales, que no lo habíamos
visto en la tradición palatina hispánica hasta este momento.
Esto es impensable en la arquitectura anterior al primer cuarto del S. XVIII fuera del
contexto áulico. También encontramos un repertorio más rico de tímpanos, frontones,
elementos de coronamiento para las ventanas, empiezan a introducir frontones partidos,
puntas avolutadas… Está informado de la innovación de la arquitectura palatina que se
produce bajo los primeros borbones. La introducción de hornacinas que albergan bustos
nos pondría también en la línea de la arquitectura palatina
ya no del modelo italiano, sino más del modelo francés, son
recetas que se incorporan al diseño de la plaza urbana
tomada de la arquitectura palatina que se está produciendo
para los reales sitios o para el palacio real.
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TEMA 3. LAS ARTES VISUALES EN LA CORTE
1. EL RETRATO CORTESANO
Por lo tanto, no vamos a tener el típico retrato regio de personajes cubiertos con corona,
capa de arnillo y sentados en grandes tronos. Con la llegada de los Borbones, tampoco se
van a producir imágenes de ese tipo, aunque se incorpora la corona, pero que aparece a un
lado. No tenemos imágenes con el monarca entronizado y con la corona hasta las mejores
imágenes del reinado de Isabel II.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
imprime ese carácter de respecto por los elementos que subrayan el poder militar. La única
insignia de la realeza es el toisón.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
El retrato de Don Juan de Austria, atribuído a Juan Pantoja de la
Cruz (1578, Museo Nacional del Prado) tendría la misma lectura
simbólica. Se representa como general de los ejércitos con toda una
serie de elementos que sbrayan el triunfo militar: el tours, propio de
la infantería africana, el león subyugado a sus pies… toda una serie
de elementos iconográficos que nos permiten una lectura en clave de
imagen alegórica de la victoria.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
de que la composición radiográfica nos revele tantos cambios en
la composición nos da imagen de que es un retrato
tremendamente idealizado. Se mantienen los mismos elementos
que remiten al modelo de Felipe II. El código negro no se utiliza
ya de forma tan rigurosa durante el reinado de Felipe IV, por lo
que es un tanto anacrónico. Hay una clara visión simbólica de
buscar ese modelo del gobierno de Felipe II. La idea de que el
monarca ejerce personalmente el gobierno estaba subrayada en
el billete de despacio, un papel que elude la tarea simbólica del
gobierno.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
El retrato de Felipe IV en Fraga (1644, Colección Frick,
Nueva York) es el último gran retrato oficial que le permite a
Velázquez. Después de esto habrá pequeños retratos,
estudios, mucho más informales, pero este será el último gran
retrato oficial. Representa el momento de inicio de la campaña
militar en Fraga (1644), momento donde arranca la guerra en
Cataluña para reconducir la situación de la guerra dels
segadors. Es un retrato oficial realizado en la década de crisis
que fueron los años 1640. Hablar de captación psicológica
cuando hablamos de retrato oficial es una temeridad
historiográfica, pues transmitir sentimientos no era la finalidad
de este tipo de retratos, son retratos oficiales para transmitir
la idea de majestad. Otra cosa es que digamos que este personaje está retratado de tal
manera que el espectador puede acercarse a él. Al margen de eso, es un retrato precioso de
una calidad increíble, que realiza tras el segundo viaje a Italia. Los bordados en plata son
pura mancha y, desde el punto de vista iconográfico no hay grandes cambios, con esos es
suficiente para subrayar la idea de majestad, y el resto espacio neutro.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
magrebíes o subsaharianos, pero de segunda o tercera generación, nacido como esclavo
pero seguramente no nacido en África. Independientemente de sus circunstancias vitales,
es un personaje de plena confianza de Velázquez y a quien seguramente tenía estima. Es un
formato de cuadro pequeño, que permite una captación más cercana. Este personaje va
vestido a la española, con una capa larga y un cuello valona. Está en la línea de la pintura
del Siglo de Oro español, con una paleta reducida. Lo más interesante es que en el rostro
hay una parte de oscuridad y un enorme predominio de las veladuras. Concentra el foco de
luz en el rostro, en los ojos, casi como un antifaz de luz, está llevando toda nuestra atención
hacia ese triángulo y reserva toda la potencia expresiva en la mirada. Esto es un rara avis,
vamos a tener que esperar hasta finales del S. XVIII para encontrar un retrato de un
personaje con tal dignidad de etnia africana.
“Gran semejanza tiene el Relox con el buen gobierno de la República. El Relox se compone de
ruedas grandes, y pequeñas; el gobierno, con Ministros grandes y pequeños que ayudan a
gobernar al príncipe; el Relox si anda bien concertado, ha de andar a la par nuestra”, Juan de
Borja, Empresas Morales (Praga, 1581).
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
“El Ayo es el que govierna este Relox, por el qual, estando concertado, otros muchos se
componen”, Juan de Torres (S. I, Philosophia moral de príncipes para su buena criança y
gobierno y para personas de todos estados, Burgos, 1602).
En el retrato de María Ana de Austria, reina de Portugal, de Jean Ranc (1729, óleo sobre
lienzo, Museo Nacional del Prado, 109x91 cm), el retrato de Isabel Farnesio, reina de
España, de Louis Michel van Loo (1739, óleo sobre lienzo, Museo Nacional del Prado,
Madrid, 150x110 cm) o el Retrato de Bárbara de Braganza, del mismo autor (1750-1758,
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nº Inv. 0098), se retrata a las mujeres
de una forma diferente y se mantienen estables una serie de elementos, como que no
exhiben en su testa la corona, pero están cerca. Esta corona está apoyada en una mesa que
alude al gobierno. También suele aparecer la columna, que representa el linaje y la sucesión.
Son reinas consortes, no son reinas propietarias, por lo que se las representa cerca del poder
pero no ejerciéndolo.
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1.4. EL RETRATO ECUESTRE ESCULTÓRICO: PIETRO TACCA Y
GIOVANNI BATTISTA FOGGINI
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En escultura, nos encontramos la Escultura ecuestre de Felipe
III, de Giambologna (1616, bronce, anteriormente Casa de
Campo, ahora plaza mayor), que ya había representado al
monarca conforme al modelo de retrato ecuestre al paso. Esta
escultura toma el modelo de la estatua de Marco Aurelio a
Caballo (166 d.C., Plaza
del Campidoglio, Roma).
Se creía que esta escultura
representaba al emperador
Constantino, primer
emperador romano que
abraza el cristianismo, la
esfera religiosa y la regia se dan la mano, es el paladín
de la fe. Justamente Luis XIV querrá ser retratado de
esa manera, inspirándose en los modelos de
Giambologna y en clara referencia a la escultura de
Marco Aurelio.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En el testero del Salón de los Reinos estaban pensados
dos retratos ecuestres, el del rey propietario y el de la
reina consorte. El retrato de Isabel de Francia o de
Borbón a caballo, también de Velázquez (1628-1636,
óleo sobre lienzo, 301x314 cm, Museo del Prado,
Madrid), es probablemente el primero de la serie, pues
posteriormente el cuadro será modificado para adaptarse
al marco definitivo. La mujer está retratada a horcajadas,
pues saber montar era parte de la dignidad regia
femenina hispana, la corte española ve con buenos ojos
ese tipo de prácticas relacionadas con la cacería. El
ejercicio cinegético forma parte también de la actividad
de las mujeres, es una particularidad de los usos de la monarquía hispana. Sin embargo, en
este retrato, el caballo va al paso, no en corveta. El ejercicio de la representación del caballo
en corveta es una representación de género, de la misma manera que la mesa y la silla. El
monarca es soberano, ella es la consorte, la diferenciación del modo de representación debe
subrayar esta idea.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En el retrato que realiza Velázquez de el Príncipe Baltasar
Carlos (1636, Museo Nacional del Prado, Madrid) es el
que tiene un caballo que realiza la cabriola más interesante,
pues iba colocado justo sobre la puerta de ingreso. Si el
buen gobierno se representa como un monarca
controlando a un caballo, es aún más interesante que un
niño sea capaz de ejecutar ese mismo ejercicio, una
alegoría del buen gobierno al que está predestinado. El
desproporcionado tamaño del pony está justificado por el
punto de vista que debía tener, por lo que se debía corregir
la perspectiva. No tendremos representación
anatómicamente real de los caballos hasta el S. XIX.
Carlos II y Mariana de Neoburgo van a hacer lo propio y se van a realizar un retrato ecuestre.
Luca Giordano pintara a Carlos II a caballo (1693, óleo sobre lienzo, 81x61 cm, Museo
Nacional del Prado, Madrid) y a Mariana de Neoburgo a caballo (1693, óleo sobre
lienzo, 81x61 cm, Museo Nacional del Prado, Madrid). Se retratan a la manera anterior,
ella más estática, él más activo. Además, se incorporan elementos alegóricos y simbólicos
que no tenían cabida en Velázquez, pero Giordano está pintando en torno a la tradición
italiana. En el de la reina, todas esas alegorías representan la fertilidad.
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cómo y en qué circunstancias se pintó el cuadro. Fue pintado en 1656, en los últimos años
del reinado de Felipe IV y cinco años antes de la muerte de Velázquez, por lo que podríamos
considerarlo también un testamento.
Se pinta en una de las instancias del viejo Palacio Real de los Austrias, en una de las
dependencias del apartamento del príncipe, en concreto en el cuarto del que era el
malogrado heredero al trono, Baltasar Carlos. Esto es interesante en relación a la figura que
encontramos llevándose toda la atención, la Infanta Margarita, que concentraba las
expectativas de aspiración a la corona. Conocemos enormemente bien cómo era la
configuración de este espacio y cómo estaba colocado. Las pinturas que aparecen en el
fondo han sido identificadas, son copias de Martínez del Mazo de las poesías de Rubens,
que estaban previstas para la torre de la parada, un espacio para el cual Velázquez había
pintado algunos de los ejemplos de pintura mitológica de su producción.
También sabemos perfectamente donde se encontraba este cuadro, gracias a los inventarios
del palacio. Formaba parte de la decoración del despacho de Felipe IV, un espacio
cortesano producido por el pintor del rey, para el rey, pintado en contexto cortesano y
dedicado a un contexto muy privativo.
También conocemos los personajes retratados en este friso de retratos, empezando por la
Infanta Margarita y sus meninas. Es un retrato de la familia real, constituido por los
miembros con lazos de sangre, los criados… era más amplia que la familia actual.
También hay que subrayar la idea de que es el más grande de los cuadros pintados por
Velázquez, el proyecto más ambicioso de su producción. En su propia época, fue
considerado uno de los puntales de la pintura de la escuela española. Antonio Palomino, en
El museo pictórico y escala óptica (Madrid, 1797) pone en boca de Luca Giordano la frase:
“Señor, ésta es la Teología de la Pintura: queriendo dar a entender, que así como la Teología es
la superior de las ciencias; así aquel cuadro era lo superior de la Pintura”; hablando sobre Las
Meninas. Si la Teología es la princesa de las artes, Las Meninas son la princesa de la pintura
europea. Esta idea es muy interesante en términos de contenido, pues todo el cuadro gira
en torno a la pintura y a la reivindicación del papel social de la pintura y de un género en
concreto, el retrato.
En los inventarios de palacio del S. XVIII predomina nombrado como La familia de Felipe
IV, que nos pone en relación con el nuevo horizonte de expectativas de la pintura cortesana
del S. XVIII, el retrato de familia, en el que se representa a sus monarcas y la numerosa
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prole. De hecho, los retratos de familia de la dinastía
Borbón suelen subrayar esa idea de mucha herencia,
como podemos observar en La Familia de Felipe V
de Jean Ranc (1723, óleo sobre lienzo, Museo del
Prado, Madrid), donde la composición queda
presidida por Luis I, quien era el heredero al trono.
Pero no es el mismo concepto que el retrato de
familia que genera Velázquez en Las Meninas. Si
seguimos avanzando en el tiempo, durante la fase final del reinado de Felipe V, vemos un
nuevo retrato de familia, La familia de Felipe V de
Louis Michel van Loo (1743, óleo sobre lienzo,
Museo del Prado, Madrid), que sigue esta idea de
un gran retrato grupal, con una prole numerosa,
donde el centro de la composición coloca a Isabel de
Farnesio. Es un retrato muy interesante, Louis Michel
van Loo va a estar ligado a la estética cortesana
francesa. La secuencia de este tipo de producciones
va a terminar con La familia de Carlos IV de
Francisco de Goya y Lucientes (1800, óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid),
donde encontramos la cita erudita de Velázquez, con el pintor que con el lienzo nos oculta
lo que pinta y la figura femenina central, que nos lleva
a esa tradición de como en el S. XVIII las mujeres
reinas consorte van a tener más funciones; y la
esperanza se centra en los infantes, en esos jóvenes
llamados a tener un papel fundamental en la cuestión
sucesoria. Teniendo en cuenta esta cadena de
sucesiones, la Familia de Felipe IV es un retrato de
familia real muy sui generis, este título dice más del
S. XVIII que del S. XVII.
El título de Las Meninas es interesante en el sentido de que nos pone en relación con las
prácticas de las meninas, relacionadas con Portugal y España y que eran parte de la vida
cortesana. También va a ser relevante en relación con la representación de la infancia, que
había empezado a tener éxito a partir de la segunda mitad del S. XVII, muy relacionados
con el ansia de conocer la efigie de los que estaban destinados a ser herederos al trono.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Es un cuadro muy complejo desde el punto de vista conceptual, muy pensado, muy
estudiado. Pero hay que subrayar la idea de que nada es lo que parece. El título de Las
Meninas o el título de La familia de Felipe IV no aborda la cuestión que realmente pretende
Velázquez pintando este cuadro. Más interesante es la ya mencionada frase de Luca
Giordano, en el sentido de que es una reivindicación del papel de la pintura, y en especial
el retrato como género mayor. Dentro de la jerarquía de los géneros con la tratadística del
S. XVI-XVII el retrato está por debajo en cuanto a narrativa, lo que juega en contra de
personajes de papel preponderante en la vida cortesana, como Velázquez. El cuadro gira en
torno a la reivindicación del papel de la pintura en contexto cortesano y la reivindicación
del retrato como género mayor.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
sue allegorie in prosa, Stampato in Venetia per lacomo
da Leco a instantia de Nicolò e Vicentio di Pollo, 1552),
donde encontramos a un grupo de mujeres que hila
mientras se cuentan entre sí la fábula de Aracne. Es
una metanarración, en el fondo es una representación
teatral que, a su vez, se representa ante una
reproducción en un tapiz de una fábula mitológica, el
rapto de Europa. La fábula de Aracne narra una competición artística contra los dioses, en
términos pictóricos. El tapiz representa el rapto de Europa copiado por Rubens de Tiziano;
Tiziano copia a Rubens de la misma manera que Velázquez va a copiar a los grandes,
intentando competir contra los grandes dioses. La lectura de fondo en torno a las hilanderas
es doble. El primero defiende una lectura en clave
política, en el sentido de aviso a los hombres de no
luchar contra los dioses, contra sus monarcas. Por
otro lado, encontramos una lectura en clave
metartística, en relación a los intereses del pintor
cortesano que se parangona a las grandes figuras del
panorama europeo, Tiziano y Rubens. Esta obra no
estaba concebido para la colección real, lo que es
interesante porque justifica la temática mitológica y
refuerza la lectura metartística.
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En las Meninas, Velázquez también va a jugar con los espejos,
que recibe la luz de la última ventana. Foucault considera que
lo que nosotros vemos en el espejo es justamente la pareja
regia que ocuparía nuestro espacio. Ocupamos el lugar de esa
pareja real que sería, puede ser, lo que estaba retratando
Velázquez en su lienzo. Es un aspecto fundamental porque
Felipe IV ya había decidido que no quería ser retratado, no va
a permitir que Velázquez vuelva a hacerle un retrato, pero la
función del pintor del rey es esa, proveer de imágenes
oficiales. Velázquez está aludiendo a la función de retratista
regio pero sin necesidad de recurrir a un retrato oficial, sino
aludiendo a su papel. Todo alude al retrato regio pero sin estar
éste presente. Es relevante también la familiaridad con la que Velázquez se relaciona con la
familia real, otro elemento fundamental en el ambiente cortesano.
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Más pintores eruditos de corte van a recurrir a citas eruditas
que se relacionan con Velázquez, como en el retrato de
Mariana de Austria con tocas de viuda (1666, óleo sobre
lienzo, 197x146 cm, National Gallery, Londres), de Juan
Bautista Martínez del Mazo, donde se coloca en primer
término el retrato de la reina regente y, en el fondo, la
verdadera justificación del estatus de Mariana de Austria, el
joven Carlos II en su minoría de edad. Sabemos que es quien
ejecuta el poder porque lleva el billete de despacho que está
inteligentemente relacionada con la imagen de fondo. En
primer término nos encontramos el asiento, metáfora del
gobierno, y un perro de faldas dormido plácidamente que
refleja la fidelitas.
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2. LOS GRANDES CICLOS DECORATIVOS PALATINOS
Lo que se representa en el Salón de los reinos es, básicamente, pintura de batalla. Aquí la
idea de no presenciar en el contexto de retrato la batalla está justificada por el hecho de que
ya hay batallas más que suficientes. De esta serie hay que subrayar la idea de que el S. XVI-
XVII no gusta de representar pintura de batallas. La representación de series de batallas si
gustan en Italia, como la sala de batallas del Vaticano, coronada con la Batalla de Lepanto,
de Giorgio Vasari y taller (1572-1573, pintura al
fresco, Sala Regia, Palacio Apostólico, Ciudad del
Vaticano), pero en contexto hispánico las series de
batallas las encontramos en el Escorial, aunque
realizada por pintores italianos de la escuela
genovesa, como la Batalla de la Higueruela, de
Niccola Granello, Fabrizio Castello, Lazzaro
Tavarone y Orazio Cambiaso (finales S. XVI, Sala
de Batallas, Real Monasterio de El Escorial).
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Austria. Es una humillación simbólica que no es necesario especificar, estamos ante una
representación mucho más interesante por cómo se resuelve simbólicamente.
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Juan Bautista Maíno, en su Recuperación de
Bahía del Brasil (1634-1635, Museo Nacional del
Prado, Madrid) es una escena diferente, pero con el
mismo tono teatral. Lo que se representa aquí es el
final de la batalla, la recuperación de la bahía del
Brasil, los defensores consiguen evitar que la plaza
caiga en manos holandesas. El 1 de mayo de 1625
don Fadrique de Toledo recuperó para la Monarquía
Hispánica la plaza de Bahía de Todos los Santos en
Brasil, ocupada un año antes por los holandeses. El cuadro, dividido en dos partes,
representa el momento posterior a la batalla. A la derecha, el
general español muestra un tapiz a los vencidos, sobre el pabellón
la inscripción “SED D(E)STERA TVA” (sino tu diestra), en
referencia al Salmo 43, 2-3: “tú con tu mano echaste fuera las
naciones…”, en el cuadro el rey Felipe IV está siendo coronado con
el laurel de la victoria por el conde-duque de Olivares. Los
holandeses no se representan humillados de manera impía o
indecorosa, se están postrando ante el general de la pasa, quien
consigue recuperar la plaza y restituirla a su legítimo poseedor,
pero donde carga la atención Maíno, ante el cuadro de Felipe IV,
es una metanarración. La
escena intenta subrayar las
virtudes de los héroes, el principal héroe es el rey, no
el general, ante quien se inclinan los sitiados de la
bahía, ante el monarca, no ante el héroe, figura que
señala de donde procede en realidad sus éxitos: el
éxito no está en que él haya vencido, es que a mi me
ha encargado esta tarea un hombre prodigioso.
Cuando los cuadros se vieron sometidos a
restauración se hicieron estudios pictóricos y se
descubrió una cosa curiosa, el desajuste en la
perspectiva, la victoria que corona al monarca es
ligeramente inferior, pero Olivares es de la misma estatura, corrección propuesta por el ego
del conde duque, Maíno lo había concebido con el personaje en primer término mayor que
el resto, es una corrección de perspectiva jerárquica. Corrección seguramente en lectura
simbólica que a muchos no pasaba desapercibida.
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TEMA 4. PINTORES Y ESCULTORES DE LA “VIDA
MONÁSTICA”
1. INTRODUCCIÓN
La producción artística de la mayoría de los focos escultóricos y pictóricos de la península
están fuertemente relacionados con la vida conventual, la mayoría destinada a los grandes
mecenas, que son los cabildos catedralicios, las órdenes monásticas, los conventos, las
cofradías religiosas…
Hay mucha historiografía, todavía es fácil ver en los manuales universitarios que lo propio
del Barroco hispano es un naturalismo violento, exacerbado, cruel en la representación de
la experiencia sensible cotidiana, pero eso es resultado de una serie de prejuicios derivados
de la historiografía construida en el S. XIX. El naturalismo exacerbado es una opción plástica
del barroco, pero que comparten más de una escuela, no es propio exclusivamente de la
pintura hispana. Pero el tono realista usado por el artista intentaba sobre todo hacer
comprensible lo “trascendente” que la Iglesia postridentina imponía como única realidad
digna de representación. La realidad visible circundante era sólo un vehículo de
aproximación al relato sagrado y a la pintura de historia en general. Eso si es algo
característico de la pintura hispana, pero no podemos decir que eso constituya el marco de
esa pintura, algunos van por esa línea y otros la dejan al margen. El juego es optar por un
lenguaje realista para representar un personaje divino, eso es algo que rompe la retórica
habitual de la pintura religiosa, que desde Trento nos decía que había que mostrarlos como
seres excepcionales. Algunos autores, entre los que destaca Ribera, marca la línea de hacer
personajes tangibles y que conmuevan, o incluso convertir escenas religiosos en contextos
domésticos, trasladar lo religioso a contextos próximos, cercanos, ambientes urbanos, a la
vía callejera, contextos domésticos. Por ejemplo, se consigue trasladando a un segundo
plano la escena que debería ser principal. La exposición The Sacred Made Real, comisariada
por Xavier Bray y Alonso Rodríguez G. de Ceballos en la National Gallery de Londres, y
celebrada entre octubre de 2009 y enero de 2010, ahonda en esa idea, algo característico
del barroco hispano es ese esfuerzo de hacer real lo religioso, acercarlo a la esfera cotidiana,
suspendiendo la característica de corte italianizante de casi idealización.
Tal vez uno de los géneros donde mejor se ve ese proceso de verismo o realismo a ultranza
sea en la imaginería. Lo característico de la escultura es “lo lleno”, puede sugerirse el
concepto “volumen”. Pero es evidente que el propósito de la imaginería barroca es
imponernos la obsesión por lo hueco. Los ejes nos dan la dirección de los movimientos, más
o menos desviados de la vertical. Los ejes son una abstracción. Los perfiles constituyen las
siluetas de la figura, según el ángulo desde el que se la examine. Y el modelado traduce la
interpretación de la luz, puede interpretarse como la vida de las superficies. Es a partir del
barroco (S. XVII) cuando se comienzan a construir embones más equilibrados y estables,
intentando desde el principio ensamblar en hueco para evitar el agrietado/ahuecado
posterior. Se sabe que para realizarlo se unían diferentes piezas, pegadas con cola,
respetando la dirección de la veta. La imaginería raramente es un bloque único. Casi
siempre es una combinación de masas secundarias y principales, un conglomerado,
resultado del ensamblaje de materiales unidos artificialmente (procedimiento aditivo), no
sólo se talla y/o modela. La policromía puede remarcar algunos trabajos que el escultor ya
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ha previsto a la hora de tratar las superficies. Las obras de la imaginería hispana niegan el
desnudo, toda la carga expresiva se concentra en manos y rostros, niega el desnudo pero
estas obras no se pueden entender sin un profundo estudio anatómico. Sobre la policromía,
es imposible confundir la policromía barroca con los elementos anteriores, no tiene nada
que ver la policromía del S. XVI con la del S. XVII. Pasamos de policromías donde domina
el color brillante a policromías donde domina el mate, pues se trabaja con óleo, que permite
resultados más veristas en cuanto a la epidermis. El bruñido y el tipo de barniz también
influyen.
“Quiso Dios, por su misericordia, desterrar del mundo estos platos vidriados [así se refería a la
encarnación bruñida] y que con mejor luz y acuerdo se introdujeron las encarnaciones mates,
como pintura más natural, y que se deja retocar varias veces, y hacer en ella los primores que
vemos hoy, […]; pero el resucitarlas en España, y dar con ellas nueva luz y vida a la buena
escultura oso decir con verdad que yo he sido de los que comenzaron, si no de los primeros
desde el año 1600 a esta parte, poco más a lo menos en Sevilla, porque el primer Crucifijo de
bronce de cuatro clavos de los de Micael Angel […] lo pinté yo de mate en 17 de enero de dicho
año […]”, Francisco Pacheco, Arte de la Pintura (Madrid, 1990).
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1.1. GÉNEROS ARTÍSTICOS: EL RETABLO
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exposición como una especie de aparador o mostrador pensado para ofrecer la custodia a
la adoración de la sagrada forma en algunos oficios litúrgicos. Al edículo u hornacina
destinada al santo titular de la iglesia se le reserva un lugar privilegiado y, junto al templete
y al sagrario, van a condicionar todo el desarrollo de la arquitectura. Básicamente, la
arquitectura va a ir desarrollándose haciendo ganar en monumentalidad al tabernáculo, el
templete y a la hornacina de la imagen titular, junto con el coronamiento o ático.
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siempre tres figuras, las virtudes teologales: esperanza, fe y caridad. La caridad estaría más
bien representada por el sagrario y el cristo en la cruz.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En el segundo tercio del S. XVII nos encontramos dos figuras emergentes que van a marcar
claramente el desarrollo de la arquitectura de retablos: Alonso Cano y Pedro de la Torre.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Pedro de la Torre desarrolla su producción en el tercio central del S. XVII y es el
responsable de generar un esquema compositivo para el retablo que se convierte en un
modelo de eficacia probada y que terminará por ser el modelo dominante. No podemos
otorgarle a él todo el mérito, pues a sus aportaciones debemos sumar los elementos y
esquemas compositivos de Alonso Cano y de otros retableros madrileños del S. XVII, como
Herrera Barrionuevo.
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En el retablo mayor de la iglesia del Colegio Real (1673-1675,
La Clerecía, Salamanca), realizado por Juan Fernández según
traza de Francisco Bautista, vemos como el tabernáculo sigue
ganando peso y que los soportes son de orden gigante, no
necesariamente salomónicos, pero que progresivamente se va a ir
imponiendo. Volvemos a encontrar el ático circular dominado por
machones. Vuelve todo a estar decorado por hijas de vid, puttis,
hojas canescas… Juan Fernández es un entallador de segunda fila,
por lo que probablemente en la ejecución haya perdido algo de
calidad, pero es muy interesante desde el punto de vista
compositivo. Tenemos un cuerpo principal muy desarrollado, con
un orden monumental que ata dos niveles, calles achicadas que
permiten en los intercolumnios abrir una doble fila de hornacinas. Todo el peso se encuentra
en la secuencia de tabernáculo, santo principal y el ático. Insistimos en la idea de que hemos
pasado de esos retablos coordinados en los que tenemos esa estructura con jerarquías a una
composición en la que todo se concentra alrededor del peso del tabernáculo. En la calle
principal se superponen el tabernáculo ecarístico, el relieve de la Venida del Espíritu Santo,
advocación de la iglesia, y en el ático, la aparición de la Virgen a San Ignacio de Loyola.
Vamos a encontrar más retablos que trabajan en torno a la cuestión de edículos eucarísticos,
o baldaquinos, como el realizado por Francisco Dantas, Bernardo Cabrera y otros para
el baldaquino y tabernáculo de la capilla mayor de la Catedral de Santiago de
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Compostela, bajo dirección de Domingo de Andrade
(1658-1677). Aborda la cuestión de generar un retablo que
sirve a una doble función: marcar el valor litúrgico del espacio
de la cabecera donde está enterrado el apóstol Santiago y
generar un espacio apropiado para la liturgia sin que
entorpezca la entrada de los peregrinos. Se concibe un retablo
de dos partes, por un lado el tabernáculo propiamente dicho
para el santo titular y luego genera un baldaquino que,
montado sobre angelotes, despliega una especie de
estructura piramidal. Muchas sedes episcopales están
mirando al programa decorativo llevado a cabo por Bernini
para la nueva fábrica del Vaticano. Santiago de Compostela,
como ese lgar de peregrinación más occidental también tiene esa obsesión, con ese
tabernáculo montado por ángeles porteadores y, por supuesto, el asunto de las columnas
salomónicas, que en este caso envuelven la girola, no están en el retablo propiamente dicho,
y serán el punto de sostención de los mensulones convertidos en angelones. Evoca
imágenes como la del arca de la alianza, lugares comunes dentro de la literatura artística
moderna fundamentales a la hora de crear espacios
de tipo cultual. Las columnas salomónicas las
podemos entender como aportación original de
Domingo Andrade. Este autor aligera la escultura,
genera una escultura piramidal muy aérea. La
columna salomónica es el elemento más
identificativo de la segunda mitad del S. XVII, forma
parte de la mayoría de los retablos.
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marco dorado que emboca la fisura entre la ficción actoral y el espacio público. Todo el
retablo se convierte en un gran marco para esa escena a la que el fiel asiste cada vez que
entra en la iglesia. Para generar esta sensación adelanta las columnas y crea varios planos,
hay un juego de planos que amplían el espacio en el que se desarrolla la arquitectura del
retablo.
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El retablo de la capilla del Sagrario o de los Ayala,
de José Benito de Churriguera y Juan de Ferraras
(1686, Catedral de Segovia) posee de nuevo
columnas salomónicas, división en banco, cuerpo
principal y ático. Incluye machones superiores y
aletones laterales, con
una gran tarja que
corona la parte alta del
ático y el desarrollo del
cierre de la cornisa
curva genera la estructura de medio punto que remite encajar
perfectamente en un marco que ya es de época. Por lo tanto, el
proyecto de Salamanca de 1692 tenemos que verlo como
consecuencia o mejora del desarrollo de la capilla del sagrario
de la catedral de Segovia. El tabernáculo del retablo es obra
de Antonio Tomé (1718).
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ya si son escípites. La sección, además, en este caso es curva,
es un templete de sección cilíndrica en el que se adosan
estípites en ángulo, generando esta estructura que se proyecta,
al margen de los tirantes, una estructura fusiforme tan ligera,
con un pie tan estrecho que tiene que lanzar tirantes para que
este asegurado a las paredes. Este tipo de información llega a
Galicia desde Ávila mediante las estampas.
No toda la historia del retablo está filiada con la producción del esquema de tradición
clásico. En Madrid, a medida que la corte va imponiendo sus criterios se produce un proceso
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de vuelta al orden que progresivamente van recuperando los
órdenes monumentales de tipo clásico y estrictiras compositivas
muy barrocas, pero no tanto en la línea italiana. El retablo de la
Iglesia de las Calatravas (1721-1724, Covento de la Orden de
Calatrava, Madrid), de Churriguera era de tal complejidad que no
puede entregarse a cualquier maestro de obras o cualquier
entallador sin formación. Era un retablo con un cuerpo principal
que ha eliminado las calles laterales, a excpeción de dos pares de
columnas de orden compuesto monumental, con toques de
decoración vegetal, un entablamento partido, con el cuerpo de
gloria que ha tomado toda la calle principal, avanzando hacia el
ático. El desplazamiento del cuerpo de gloria ha hecho que el
elemento de coronamiento se haya desplazado hacia el ático. Es una planta cóncava, se ve
claramente una exedra cuya embocadura son dos columnas pareadas monumentales con
un gran arco para coronarlo. El ático se ha convertido casi en una peineta. Este retablo se
situa en un momento de transición en el que definitivamente caminamos hacia un barroco
italianizante, buscando una reivindicación como gran arquitecto retablero mirando al
barroco italiano.
Carta de José Benito de Churriguera (1665-1725), 23 de mayo de 1721. “[…] No queda otro
consuelo a los estudiosos que la lamentación de unos con otros viendo el atrevimiento de la
ignorancia emprender a hacer lo que no saben ni aun mirar […] y lo que resulta después de
gastado el caudal en que ajustaron la obra es que han hecho poca, y mala, dando que reír (como
yo lo he visto) a los extranjeros de ver los templos llenos de astillas doradas sin más razón que
tirarlas a espuertas por las paredes, porque ninguno puede hacer más de lo que sabe aunque la
traza sea del caballero Bernini […]”.
2. ETAPA INICIAL
Luis Tristán de Escamilla (Toledo, 1585-1624) se trata de uno de los más sobresalientes
representantes de la pintura toledana de comienzos del S. XVII. Aparece como aprendiz del
Greco en 1603. Según Jusepe Martínez, en sus Discursos practicables del nobilísimo arte de la
pintura (1672), dice que Tristán viaja a Italia, donde coincide con el pintor Ribera, donde
completa su aprendizaje. La fecha exacta de su partida se ignora, pero se sitúa entre 1606 y
1612. Es de lo mejor de la escuela pictórica toledana, Toledo acaba por convertirse en el
lugar de representación de los territorios, es la capital primada de las Españas, por lo que
acaba por acoger importantes empresas artísticas y va a acoger a un gran número de
artistas. Es muy relevante por la pintura, por la estela del Greco y por el impacto pictórico
que tendrá en Castilla la Nueva y Toledo como centro. Este impacto del Greco se puede
apreciar clarísimamente en Luis Tristán, que es el mejor exponente del S. XVII, fuera de
Madrid, y ayuda a explicar esta transición entre el S. XVI y XVII. La influencia del Greco es,
a veces, exagerada y en otras obras no tan evidente.
Su estilo, gracias a lo heterogéneo de su formación, parece muy variado. Cuenta con una
fuerte impronta del Greco, sobre todo en el alargamiento y la inestabilidad de sus figuras.
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Tiene contacto directo de la corriente caravaggista en Roma, precisamente en unos años
en los que ésta se encuentra en pleno auge. La más clara influencia italianizante la
encontramos a través de las obras de Juan Bautista Maíno.
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El retablo de la iglesia de San Benito (1615-1616, Yepes, Toledo)
está compuesto por seis grandes lienzos dedicados a la vida de
Cristo. En el primer cuerpo aparece La Adoración de los Pastores y
la Adoración de los reyes, en el segundo la Flagelación y El Camino
al Calvario. Por último, en el tercero se encuentra La resurrección y
la Ascensión.
Pedro de Orrente, en el
Martirio de Santiago el
Menor (1639, Museo de
Bellas Artes de Valencia) tiene una composición en aspa,
pero se ha cerrado el cuadro, centrándose concretamente en
el momento del martirio. Es interesante el uso de las texturas,
los fuertes contrastes lumínicos, generando importantes
sombras. Se puede comparar con el Martirio de San Mateo
de Caravaggio (1600-1601, San Luigi dei Francesi, Cappella
Contarelli, Roma).
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a Isaac. Se utilizan recursos prácticos para llamar la
atención sobre Isaac que es una prefiguración del
sacrificio de Cristo. Toma esta idea de la escuela
napolitana, se representa a Isaac con el cuerpo
blanco inmaculado, tapado tan solo con el paño de
pureza de color blanco, es una clara prefiguración de
Cristo. La muerte se encuentra en el paño rojo que
tapa los ojos a Isaac, que simboliza la sangre. Se
busca un equilibrio al relacionar el pañuelo rojo con
el telón rojo que cierra la composición y que es una característica veneciana. El barroco
hispano va ensuciando la paleta, con tonos ocres, tierra y verde de mezcla.
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demasiadas escenas manieristas que sólo están justificadas para demostrar la pericia técnica
del pintor en cuanto al dibujo, con figuras en fuerte escorzo, por ejemplo. Esto es
manierismo y ese tipo de recetas debemos entenderlas más como un ejercicio de
virtuosismo, se cree que es un cuadro de presentación ante el gremio, para reclamar la
posición de maestro, de ahí que aparezca perfectamente firmado, es casi un ejercicio
académico.
Francisco Ribalta, en el San Francisco confortado por un ángel músico (1620, Museo
Nacional del Prado, Madrid) presenta una mutación de las iconografías de los santos,
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
sobre todo los que les interesa a la escuela hispana son los
santos místicos. En el S. XVI, lo transcendete y lo terreno
están claramente separados, esa es la convención
tradicional, ya sea con elementos de arquitectura u otros
elementos compositivos que señalan claramente la
diferenciación, arriba o abajo. Ribalta, como la mayoría de
los pintores hispanos se nutre de aportes de muy distinto
tipo, desde el punto de vista plástico está mirando a Napoles
y a Ribera, nutriendose de series grabadas de la vida de
San Francisco, como los de
Paolo Piazza (1604), el tema
tenía modelos compositivos
iconográficos más o menos fijados. Es el mismo tema pero en
clave distinta. En esta obra, lo que separa lo terreno y lo divino
es la nube y colocar la figura del ángel arriva. Todos entendemos
que cuando hay un personaje montado sobre una nube hablamos
de algo que pertenece al plano de lo místico. La gracia de la
pintura barroca es convertir algo místico en algo terreno. En
Ribalta no hay nubes, no hay rompimiento de gloria, aunque sí
hay una irradiación divina. Se que el ángel está volando por las
alas y el manto que vibra, pero es un personaje tangible. No hay
una separación en el código de la representación, es el mismo código pictórico. El ángel
músico se convierte casi en un foco de luz. El personaje que se encuentra en el quicio de la
puerta se interga en la base de preparación, intuyo que está ahí y por el contexto interpreto
que debe ser un fraile. Nos pone a San Francisco en primer término y, por supuesto, en la
composición dominan las diagonales. El cordero y la cruz que reconformtan a San Francisco
es el propio Cristo en ese momento de debilidad y de ahí también el fiel recibe un mensaje
importante, que Cristo te acompaña en los momentos difíciles.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
El Cristo abrazando a san Bernardo (1626-1627, Museo
Nacional del Prado, Madrid) es una obra realizada en su
periodo de plenitud, durante sus años de madurez, que suelen
ser los periodos en los que es más reconocible la mano del autor.
En esta obra ha concentrado el foco, nos ha acercado el
momento de máxima comunión, nos está ofreciendo el
momento de comunión mística, en este caso con San Bernardo.
De la composición anterior mantiene los ángeles, en el fondo,
necesarios para subrayar que lo que vemos no es una escena
narrativa, sino una escena mística, solo preparada para los ojos
del Santo. Está haciendo visible algo a lo que no tenemos acceso
los mortales, recurre a un lenguaje naturalista que hace tangible
la experiencia mística, pero no puede dejarnos de remarcar que están los ángeles, aunque
en la capa de preparación, por lo que pasan desapercibidos. Contrastan clarísimamente con
ese primer término que todo es luz. Evidentemente, aquí la comunión mística se subraya
con el cromatismo y las texturas. El rostro de Cristo
son medias tintas, no es luz directa, es pura veladura.
Está perfectamente representada la orografía del
rostro, incluso aparecen las marcas de moratones
que hacen más creíble la corporeidad del santo, es un
santo real, tangible, no idealizado, es un retrato a lo
divino. Utiliza todos los recursos plásticos que
pondría al servicio de un retratista real, pero lo hace
para representar un personaje que no conoce y del
que no tiene experiencia sensible. Es uno de los
mejores retratos a lo divino de estos años.
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576-Valladolid, 1636) es, para cualquier castellano-
leonés, un autor muy conocido, y las iglesias compiten por ver quién tiene el Gregorio
Fernández no correctamente documentado. Es un escultor gallego, formado en un ambiente
familiar de retableros, aunque se traslada muy pronto a Valladolid, donde adquiere el
renombre que hace de él uno de los escultores irrenunciables. Valladolid se convierte en
estos primeros años del S. XVII en uno de los grandes focos de atracción artística, derivado
del traslado de la corte a esta ciudad, por lo que van a coincidir artistas de primer orden.
Debemos preguntarnos cómo un autor de formación manierista, muy convencional en
términos de formación, puede llegar a ser uno de los escultores más talentosos de su
generación y la cabeza de la escuela castellana. Esto viene producido porque en Valladolid
tenemos una tradición, ya desde el S. XVI, muy importante desde el punto de vista local que
nos permite conectar con Juan de Juni y la bocanada de aire fresco que suponen los Leoni,
junto con una larga tradición de escultura local, con escultores de la talla de Gaspar Becerra
y la llegada de autores del ámbito internacional relacionados con la corte.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En La Piedad (1627, retablo de la capilla de
Nuestra Señora de la Soledad, Iglesia de San
Martín, Valladolid) se representa un conjunto
formado por cinco escultural, las figuras de María
Magdalena y San Juan Evangelista aún permanecen
en la Iglesia de las Angustias, de Gregorio Fernández,
se representa la Quinta Angustia, el momento en el
que María se percata que su hijo va a morir. A partir
de ahora lo que nos interesa son los tipos, como una
idea abstracta, narrativa, literaria, se concreta en algo plástico y visual. Juan de Juni esta
misma escena la representa de una forma mucho más patética, pero en el caso de Gregorio
Fernández vemos que la expresión es mucho más contenida. María debe expresar de
manera contenida el dolor. Cuando observamos esta obra nos percatamos de que no es una
escultura equilibrada, pues no compone un triángulo equilátero. Además, las manos de la
Virgen proyectan los brazos, generando un esquema de composición en aspa que se suma
al triángulo irregular, provocando la dispersión de las fuerzas y que, de alguna manera,
hacen que la escultura invada el espacio. También la propia mirada de la Virgen, que
desplaza la cabeza fuera del eje principal, la escultura no nos apela a nosotros, dirige su vista
hacia un espacio diferente. Hay una zona fuera de la escultura que dialoga con la imagen.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
somete a encuentros, dialogan entre ellas. La imagen va en busca del encuentro con el fiel,
forman parte del paisaje urbano.
Gregorio Fernández utiliza muy pocas composiciones y trabaja siempre a través de tipos
muy marcados, fácilmente reproducibles, por la disciplina propia del taller, es la cabeza de
un taller sometido a una demanda enorme de imaginería y sus oficiales deben tener muy
claro cómo dar salida adecuada a las demandas del mercado. Para el paño de pureza
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reproduce una arpillera, un tejido rígido, con mucho
cuerpo, áspero… Es un tipo de tela que tiene mucho
cuerpo y es fácil acartonarla. Genera pliegues de
forma geométrica, muy típico de Gregorio
Fernández, lo que genera efectos de claroscuro que
contrasta con el cuerpo donde resbala la luz. Lo más
barroco, anticlásico y antinaturalista son, justamente,
los pliegues, que no son veristas.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
privilegio de la Inmaculada Concepción, según el cual la Virgen María fue preservada del
pecado original, tuvo su punto culminante en la España del S. XVII.
La codificación iconográfica de esa compleja idea teológica tiene, cuando menos, dos
momentos importantes. Uno está tomado del Cantar de los Cantares (4, 7), cuyos versos se
aplican a la liturgia de la Inmaculada Concepción: “Tota pulchra es, amica mea, eta macula
non est in te” (eres toda hermosa, amada mía, en ti no hay ningún defecto). Otro, de la visión
de San Juan en Patmos, en el Apocalipsis (12: 1-6): “Apareció en el cielo una señal grande,
una mujer envuelta en el sol (Mulier amicta sole), con la luna debajo de sus pies, y sobre la
cabeza una corona de doce estrellas…”. La mujer del Apocalipsis se identifica con la Virgen
María. El dragón de las siete cabezas intenta arrastrarla, “pero la tierra vino en ayuda de la
mujer, y abrió la tierra, y se tragó el río que el dragón había arrojado de su boca”.
La idea era representar una mujer triunfalista que permite representar a María como la
Ascensión o como una imagen de la iglesia. El tipo iconográfico es el de una mujer revestida
de sol con una luna bajo sus pies. Es un tipo iconográfico útil para representar imágenes
triunfalistas de María, representa a María triunfadora sobre el pecado. Los triángulos que la
encapsulan es una de las mejores recetas de Gregorio Fernández
para representar cualquier imagen femenina que encaje en esta
estructura. Es una composición equilibrada, casi simétrica. El
color blanco y azul adereza esa idea de pureza.
Sevilla es el foco que genera un mayor número de artistas y que acabarán dando el salto a
la corte. Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568-Sevilla, 1649) es el
contrapunto de Gregorio Fernández. Posiblemente recibe su formación en Granada,
posteriormente se convierte en uno de los mejores representantes de la escuela sevillana a
partir de 1620, trabajando en colaboración con su discípulo predilecto, Juan de Mesa. Al
igual que el resto de los escultores de la escuela sevillana, se diferencia de las obras
castellanas por la mesura, un realismo más barroco y menos dramático. Murió en Sevilla,
en 1649, víctima de una epidemia de peste. Si Gregorio Fernández creaba tipos
iconográficos, Martínez Montañés hace lo mismo, pero la circulación de sus modelos será
más eficaz y duradera. Una de las características de sus modelos es que saltan directamente
a la pintura. Tenemos que pensar en una cada vez mayor relación entre la pintura y la
escultura, especialmente cuando hablamos de la práctica barroca. Al fijar los tipos
iconográficos de mayor éxito, es más complicado para la crítica reconocer qué es obra
autógrafa del maestro, porque su taller empieza a tomar tal envergadura que su estilo se
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mimetiza con los de sus discípulos. A partir de 1649, durante la segunda mitad del S. XVII
se produce la liquidación del foco artístico sevillano, lo que no quiere decir que no volvamos
a tener artistas importantes, aunque ya no es lo que era.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
experiencia mística tangible, en escultura no es tan fácil, el espectador tiene que intuirla a
través del cuerpo místico, de la gestualidad. En la escultura, la experiencia mística está en
elipsis, se omite, el espectador tiene conciencia de que ocurre la experiencia mística a través
del lenguaje, de la gestualidad, toda la potencia plástica y expresiva recae sobre el cuerpo.
La mirada es lo que nos va a hacer entender que este personaje está en éxtasis místico, la
mirada perdida en el cielo es la mejor manera de traducir la idea
del contacto místico con algo que nos lleva a lo celeste, como
ocurre en el San Jerónimo Penitente (1609-1913, Iglesia de
San Isidoro del Campo en Santiponce, Sevilla). En pintura, la
composición arriba y abajo es una separación clara entre lo
terreno y lo celeste, lo celeste siempre ocurre en la parte de arriba
de la composición. Es una manera fácil de traducir una
experiencia mística, pero no es la única. Otro de los elementos
que subrayan la experiencia mística es la tensión del cuerpo. El
Barroco opta por el momento en acto, no en potencia, hay que
desplegar la violencia en acto. La fuerza está desatada y el brazo
va a golpear el pecho. El santo ha asumido perfectamente que va
a recibir el golpe y se está centrando en el crucifijo, la mortificación del cuerpo está
justificada por esa comunión divina.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
cabeza de esta reina. Tiene su revelación, abandona lo terreno, la vida cómoda y entra en
la compañía de Jesús. Concentra la potencia de la experiencia mística en el gesto de la
mano, la mirada y la corona. No es una mirada perdida, está esperando la inspiración divina,
es su diálogo interior. Es un trabajo de gran pericia. La alianza entre Montañés y Pacheco
es especialmente fructífera. Pacheco va a alcanzar las mayores cotas de perfección técnica
en la policromía, mucho más que en la pintura de caballete o de gran formato. Si la finalidad
última de la imaginería religiosa hispana es hacer tangible un trabajo de madera, en ese
sentido el policromador juega un papel fundamental, especialmente significativo en la
escuela sevillana. El policromador no es un elemento subsidiario del proceso creativo, suele
entregarse la policromía a pintores de reconocido prestigio y el policromador no está en
inferioridad en cuanto a su consideración profesional respecto al pintor de caballete. La
mayoría de los pintores de la escuela sevillana trabajan como policromadores. El problema
es que muchas veces no conocemos el nombre del policromador, en otros casos hay
alianzas conocidas como Luisa Roldán y su marido, y otros casos como Alonso Cano, que
talla y policroma sus propias piezas. Normalmente el escultor contrata la pieza escultórica
terminada y subcontrata al policromador.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
donde critica las piezas de policromía brillante. Se posiciona en la vanguardia diciendo que
él es uno de los principales artistas de su tiempo.
“Quiso Dios, por su misericordia, desterrar del mundo estos platos vidriados y que con mejor luz
y acuerdo se introdujeron las encarnaciones mates, como pintura más natural, y que se deja
retocar varias veces, y hacer en ella los primores que vemos hoy […]; pero el resucitarlas en
España, y dar con ellas nueva luz y vida a la buena escultura oso decir con verdad que yo he
sido de los que comenzaron, si no el primero desde el año 1600 a esta parte, poco más a lo
menos en Sevilla, porque el primer Crucifijo de bronce de cuatro clavos de los de MICAEL Angel
[…] lo pinté yo de mate en 17 de enero del dicho año […]”.
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Clemencia es una de las grandes obras de sus años mozos. La producción más madura, las
grandes obras de Martínez Montañés son a partir de los años 1620. Es una pieza muy
interesante en esa tesitura en la que se mueve Pacheco derivado del impacto de Roma y
Miguel Ángel pero, ante el mismo motivo, Martínez Montañéz y Pacheco responden de
manera diferente. Pacheco va a corregirlo, lo convierte en algo estático, regular, simétrico…
es como una vuelta al orden, pretende corregir los desmanes del manierismo. Por su parte,
Martínez Montañés, aunque lo corrige, como en el Crucificado de los Desamparados
(1617, Iglesia del Santo Ángel, Sevilla), pero no
desde el punto de vista de la composición, lo hace más
naturalista desde el punto de vista anatómico. La
disposición resulta más creíble desde el punto de vista
de la pintura anatómica. Mantiene más o menos recta
las estremidades, bascula la cadera y la repliega, lo que
permite una posición más natural, para fijar los pies
con los clavos al leño. Marca únicamente las costillas
flotantes. Aunque Francisco Pacheco corrige la
postura, el tipo anatómico es fuertemente deudor del
modelo italiano, el torso es anormalmento alargado. El
tipo de Martínez Montañés no es tan alargado, baja el
lienzo de pureza para dejarnos ver el ángulo inguinal, el bajo vientre, nos deja ver mucho
más de lo que deberíamos. Esto está en la línea del ecce homo de Gregorio Fernández en
Valladolid. Incluso han desaparecido las heridas, de la tipología tradicional del cristo. Es el
momento en el que acaba de ser clavado y se hiza la cruz, aún es un Cristo vivo, todavía se
puede establecer con él un diálogo. Todavía no tiene los rasgos propios del clavario en la
cruz. Realiza un juego muy interesante con los pliegues de la tela. Aquí el trabajo del plegado
no tiene nada que ver con lo que nos propone Gregorio Fernández. Genera grandes luces y
sombras, inicia un juego de claroscuros a escala mucho mayor, en contraste con como
resbala la luz donde no hay elemento que juegue con el dramatismo en cuanto al claroscuro,
nada interrumpe el paso, son anatomías amables, de un cuerpo bello pero no curtido, no
hay orografía, es una piel en la que la luz resbala sin ningún tipo de obstáculo. Martínez
Montañés vuelve a lo que mejor funciona, sigue evolucionando en esa línea que va en la
corriente lógica de la representación del cénit de la crucifixión, el momento de la muerte de
Cristo, más en la línea de lo que estamos acostumbrados. En un caso es un plegado fino,
mucho más menudo, no tan afiligranado como el anterior y tiene una cadena de quiebros
triangulares. Se mantiene fiel al canon anatómico, muy bello y cuidadoso, la línea del paño
de pureza es muy baja, permite ver los paquetes musculares de la cadera, con el ángulo
inguinal muy marcado.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
demasiado anclado a la tradición florentina, muy
cartesiano, completamente desactualizado y, de
hecho, Pacheco es una figura que tiene su momento
de reconocimiento en los primeros años, pero que
liego acaba absolutamente eclipsado. Esto se puede
ver en El Juicio Final (1610-1614, dibujo a pluma
aguada, 554x387, Museo Nacional del Prado) y el
Olimpo o Apoteósis de Hércules (1603-1604,
Fundación Casa Ducal de Medinaceli, Casa
Pilatos, Sevilla), en su tratado afirma que realizó “la
obra del camarín del Duque de Alcalá, a temple, que
contiene ocho fábulas con grutescos y otros adornos”.
La comenzó en 1603 tras haberla y tardó un año en
concluirla. Este lienzo forma parte de un programa
iconográfico más extenso dedicado a la exaltación de
la figura de Hércules. Se ubica dentro del tema de las
fábulas o poesias. Representa a Hércules tras su muerte, que es el único mortal con el
privilegio de ser aceptado en el Olimpo tras su muerte terrenal. Aparece representado con
los doce dioses del Olimpo. Pacheco decepciona en las fases de color, es duro, es torpe a
veces en la ejecución de las medias tintas, a veces muy lastrado por esa tradición pictórica
del S. XVI en la que él se había formado. En el dibujo
resulta mucho más interesante. Aquí encima se ve
obligado a desarrollar un tema del que tenía pocos
modelos. Si la pintura mitológica ya es escasa, lejos
de la corte aún más. Lo que podría ser una verdadera
excusa para demostrar su virtuosismo se acaba por
convertir en una trampa mortal porque de ahí no sale
bien parado, no termina por transmitir claramente la
sensación de planos en profundidad desde el punto
más cercano al más alejado. Acaba por ser una suma de despropósitos, aunque desde el
punto de vista iconográfico es interesante. De todas maneras, está a años luz de lo que hará
Girodano a finales de esta centuria.
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tendidos, de color de oro; en fin, cuanto fuere posible al humano
pincel (…). Vestida del sol, un sol ovado de ocre y blanco, que
cerque toda la imagen, unido dulcemente con el cielo; coronada
de estrellas; doce estrellas compartidas en un círculo claro entre
resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente”. Es más
interesante para estudiarlo el cuadro de Velázquez de la
Inmaculada Concepción (1618, oleo sobre lienzo, National
Gallery de Londres), que representa perfectamente el tipo
femenino entre lo infantil y la adolescencia, vestida de sol
ovalado y, por supuesto, la corona de estrellas. Es un tipo
femenino muy concreto. Otro aspecto a tener en cuenta es el
de los símbolos marianos, como se puede ver en la
Inmaculada Concepción de Francisco Zurbarán (1630, óleo sobre lienzo, Museo del
Prado, Madrid), alrededor de la Virgen se agrupan símbolos como el sol, la luna, la Porta
coeli, un cedro, un rosal, un pozo, un árbol, un jardín, una estrella, un lirio, un olivo, una
fortaleza, un espejo, una fuente, una ciudad…, tomadas frecuentemente del Cantar de los
Cantares, se sitúan alrededor de la Virgen a modo de orla o
rosario, aunque no es la única de las opciones. En el cuadro de
Pacheco es intersante como esos símbolos marianos se integran
en el paisaje de fondo, convirtiendo el paisaje de fondo en un
paisaje moralizado. El paisaje moralizado funciona en algunos
retratos como caracterización psicológica del personaje, lo pone
de moda Tiziano, en una composición alegórica en la que la
caracterización de los personajes femeninos se completa con
elementos que se sitúan en el paisaje y con una carga de valor.
En este sentido funciona el paisaje del cuadro de Pacheco, que
no es una recreación del puerto de Sevilla, pero puede recordar
a ello.
3. PERIODO DE ESPLENDOR
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La referencia a Pacheco y al círculo artístico del autor es conveniente por como participa
de los tipos iconográficos y comparte muchos de los puntos de arranque del estilo de los
artistas formados bajo la órbita de Pacheco. Además, el también va a desarrollar actividad
en Sevilla, va a aspirar a conseguir el reconocimiento de la Corte, pero no lo consigue.
Cuando se traslada a Madrid en sus últimos años está en horas bajas y no solo no acaba por
conseguir el consiguiente reconocimiento que esperaba, sino que, además, acaba muriendo
prácticamente en la pobreza absoluta.
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los monjes ofrece. Lo que no caracteriza a los hábitos conventuales es la riqueza de
cromatismos.
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Zurbarán es un pintor de texturas, por lo que va a
resolver muy bien las telas, las naturalezas muertas y
las figuras estáticas. Este magnífico trabajo de las
texturas se puede ver en el cuadro que se denomina
Agnus Dei (1635-1640, óleo sobre lienzo, 38x62
cm, Museo del Prado, Madrid), que representaría la
prefiguración de la muerte de Cristo en forma de
cordero pascual o cordero místico. Pero esto no es un cordero, es un carnero, por lo que
denominarlo agnus dei es un tanto desacertado. Un ejemplo de Agnus Dei sería el Cordeiro
Pascoal (1660-1670, óleo sobre tela, 88x116 cm,
Museu Regional de Évora) de Josefa de Óbidos
(Óbidos, Leiria, 1630-1684), mientras que el de
Zurbarán encajaría mejor en la línea de un bodegón.
Josefa de Óbidos es una pintora portuguesa nacida
en Sevilla, prontamente formada con su padre Josef
Ayala, discípulo de Herrera el viejo.
“Huma molher, que valêo mais que muitos homens, a famosa Josepha de Ayala, chamada
vulgarmente Josepha de Obidos [...]. [Que] Costumava meter flores em tudo, já por inclinaçäo
derradeira, já por conhecer auäo ben sobressahiam n’elles o seu pincel.”, Antonio Ribeiro Dos
Santos, Carta sobre os quadros de Josepha de Obidos (finales S. XVIII).
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Zurbarán va a realizar una serie de obras con una
iconografía extraña, la santa casa de Nazaret, con
imágenes como el Cristo niño contemplando la
corona de espinas (1644-1645, óleo sobre lienzo,
201x256 cm, The Cleveland Museum of Art,
Ohio), donde representa escenas de la infancia de
Cristo y que suelen interpretarse como
prefiguraciones de la Pasión. Esta es la que se cree el
origen de la serie de Cristo niño contemplando la
corona de espinas. De manera general encontramos un interior doméstico dominado por
figuras escultóricas y algunos elementos que pueblan el espacio y que casi funcionan como
bodegones independientes, que subrayan el carácter tangible del interior, en el que se hace
palpable lo místico, entre lo doméstico y lo trascendente. Lo que señala el aspecto místico
de la escena es el rompimiento de gloria, el haz de luz que subraya el hecho de que estamos
ante una escena que, aunque parezca una escena de género, no lo es, y nos permite leer en
clave metafísica todo lo que aparece en el cuadro. Esta escena tenemos que leerla en
relación con algunos textos, como el Vita Christi de Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (1295-
1377): “Y trabajaba la gloriosa Reina celestial a las veces hilando, otras veces cosiendo, otras
haciendo algunas laboricas de sus manos, y, sobre todo, era muy solícita en el servicio de su hijo,
porque (como dice San Anselmo) no hay lengua humana que pueda contar no hay lengua
humana ni elocuencia alguna que pueda decir con cuanta diligencia y atavío criaba aquel infante,
y con cuanta solicitud lo mantuvo cuando era mancebillo, y cómo lo trajo sobre sus trabajos
hasta que ya iba cobrando la fuerza de la edad crecida […]. Y según que esa misma gloriosa
Señora reveló a una devota persona, muchas veces como abrigase a este infante sobre sus
pechos y juntase su cabeza a la de su hijo, tantas lágrimas de amor derramaba, que regaba con
ellas toda la cabeza y toda la cara del Niño, y le decía: ¡Oh salud y gozo de mi corazón! ¿Quién
de los que esto oyeren o en su corazón trataren, se abstendrán de lágrimas abundosas? […]”.
Son prefiguraciones de la pasión de las que sólo su madre se daba cuenta. María está
pendiente de sus labores, pero se abstrae de la labor mecánica al ver como su hijo se clava
una espina tejiendo una corona. Estas representaciones no son nuevas, lo que es nuevo es
que Zurbarán aproveche ese contexto para generar toda una serie de motivos que jueguen
con la tradición de bodegón o pintura de género convertida en temática religiosa.
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escenas místicas, estáticas, piadosas, el libro es un elemento frecuente que subraya la
relación entre lo tangible y lo trascendente. El contexto de estos motivos está claramente
relacionados, independientemente de que funcionen en uno u otro contexto. Las flores están
directamente relacionadas con la caducidad de la vida, la resurrección, el sacrificio de
Cristo…
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ayudar a la meditación, al diálogo interior, el espectador puede ver estas visiones y no tiene
que hacer el ejercicio de la imaginación. Esta función la
subraya por el entorno, incluso los objetos que acompañan al
niño. Aquí hemos cambiado la vegetación, aquí son rosas, que
es muy interesante, porque tienen espinas y además son rojas,
por lo que subraya la idea de la sangre. Hay tipos de estos
hasta la saciedad, como El niño de la Espina de Gregorio
Vásquez de Arce y Ceballos (óleo sobre lienzo, 111x84 cm,
segunda mitad del S. XVIII, Museo Colonial-Museo Santa
Clara, Bogotá, Colombia), aunque cambia el mobiliario de la
escena. Este autor interpreta eficientemente este tipo a partir
del modelo recibido a partir de la pintura zurbaranesca.
En Zurbarán, la mayor y mejor cantidad de obras es obra religiosa, pero va a tontear con
otras obras. Zurbarán es lo que es, con una etapa prodigiosa siendo la gran estrella de la
pintura sevillana del momento, en ausencia de Velázquez y Alonso Cano, pero le dura hasta
los años 1640. Intenta hacer un salto a la corte auspiciado con ese círculo de amistades que
son Velázquez y Alonso Cano y lo hace en un contexto específico, el Salón de los Reinos.
Va a realizar obras para la parte superior de las ventanas, donde van a ir una serie de fábulas
de Hércules. El problema es que no es su medio de representación, es un pintor
extraordinario cuando son imágenes estáticas, cuando le obligas a añadir dinamismo, todo
mal. El tenebrismo, que en escenas reducidas le resuelve el problema, cuando hay que pasar
a grandes composiciones no hay manera, como se puede ver en Hércules lucha con la
hidra de Lerna (1634, Museo Nacional del Prado,
Madrid) o el Hércules y el cancerbero (1634,
Museo Nacional del Prado, Madrid). El problema
de fondo es que, si no puedes ejercitarte en el
dominio del estudio anatómico, no puedes ser hábil
en el gran
género. Eso lo
pasa a la
mayoría de
pintores del S.
XVII español. Hasta la escuela de Murillo no tenemos
constancia de que esté
permitido copiar del
natural humano
masculino, por lo que es
lógico que las
consecuencias sean esta. Está trabajando a partir de estampas,
como la Iusta expulsion de los moriscos de España, de Damian
Fonseca (1612, Roma), muy en la línea de la generación anterior.
Estas pinturas están pensadas para ser vistas desde abajo, ser
colocadas sobre las ventanas, a cierta altura, condicionada por la
proyección de sombra de la barandilla y teniendo justo debajo un
punto de luz directo, el mejor lugar para ver estas obras, medio
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deslumbrado, mirando hacia arriba y con un voladillo que genera sombra. De ahí ese
tenebrismo, trabaja el foco de luz muy fuerte, diegética, narrativa, para que la composición
no quede tan ensombrecida. La pintura mitológica en contexto del barroco histórico no es
pintura mitológica, no es un conocimiento anticuario, es un exempla, son elementos que
debemos leer en clave o moralizante o propagandística, un modelo de virtud del héroe
capaz que vence a los obstáculos que se le plantean en el transcurso vital hasta alcanzar el
cielo, son el ejemplo de virtud cristiano. Los trabajos de Hércules se parece a las dificultades
que el cristiano tiene que soportar durante su tránsito en el mudno terrenal, Hércules en sus
últimos días trabajando de manera horrorosa sufriendo tremendas penalidades y el
siguiente paso tras la muerte dolorosa será la apoteosis, pasa al Olimpo, un ejemplo
moralizado del tránsito de las dificultades o penalidades que el ser humano tiene que
soportar. Si es un modelo de virtud para los cristianos, en contexto regio, nos representa a
las Austrias como herederos del propio Hércules, por lo que Felipe IV afronta los trabajos
de la misma manera que Hercules e, igual que él, sale victorioso. Hércules luchando contra
la hidra puede funcionar en contextos como el triunfo sobre la herejía, que era representada
como un personaje femenino que escupe sierpes, la serpiente asociada a la herejía, que suele
representarse a veces con forma de dragón y otros animales de ese tipo. Haciendo un
parangón, las representaciones de Hércules luchando contra la hidra se puede representar
como esa lucha del monarca contra sus enemigos, políticos o religiosos, la lucha típica entre
el bien y el mal, el héroe virtuoso que vence siempre al mal.
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de la capa de preparación del lienzo. Todos los pintores andaluces y madrileños trabajan a
partir de una capa de tierra parda, más rojiza o más marrón dependiendo de cómo interese
trabajar. Aquí le ha dado una coloración más agrisada. Está en la misma línea de fondos de
Velázquez, con personajes de gran corporeidad con fondos neutros que no están esbozados.
Este fondo es así porque no es un lugar real, la pintura hace tangible la idea asceta.
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El Cristo de Lekaroz, de Alonso Cano (1650, Iglesia de los
capuchinos de San Antonio de Pamplona, Navarra) es uno de
sus primeros cristos y está justificado por la corte. Se relaciona
con Martínez Montañés en su idea de composición del Cristo, con
el estudio anatómico y al bajar el paño de pureza. Vamos de un
modelado plástico a un modelado mucho más pictórico. No
genera tantos claroscuros, la luz desdibuja los contornos y genera
una anatomía mucho más amable. Sigue siendo un cuerpo
atlético, musculado, pero con una anatomía más blanda, mucho
más dulce, resultado de ese tratamiento anatómico pictórico.
Esto no tiene nada que ver con el tratamiento anatómico de un
Zurabrán, es una visión general o sintética de la anatomía. El
fondo es tendente a colores neutros, pero no es un fondo negro.
En el Cristo de los Cuatro Clavos (1650-1660, óleo sobre
lienzo, Cartuja de las Cuevas de Sevilla, Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando, Madrid) vemos como trata el
fondo en tres bandas de color, generando una línea del ocaso
donde se ve una línea dorada. En cuanto a los colores utiliza el
blanco, el negro, el pardo y algo de amarillo. En general tengo
algo más vaporoso que táctil, no le interesan tanto las texturas
como el retrato a lo divino, aquí trabaja con cualidades
estrictamente pictóricas. Lo que tengo es una gran cantidad de
medias tintas, grises y trabajo con el blanco. Estamos caminando
hacia lo lumínico.
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forma mucho menos contrastada. Esto trabaja con surcos menos violentos, incisiones
menos duras, donde el paño vibra de forma más etérea, más volátil, genera movimiento que
no es el de la tela. El plegado ya no cae recto, la tela es algo caprichosa que mueve el escultor
en la necesidad de generar movimiento.
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1618-1682) sufrió, durante buena parte del S. XIX y
la primera mitad del S. XX Murillo sufrió un exceso de difusión en forma impresa, incluso
en impresos de mala calidad, tanto servía para una estampita como para decorar una caja
de membrillo. Esto neutralizó la imagen religiosa de Murillo, convirtiéndolo en un pintor
popular, chabacano, de consumo fácil y lo degradó en cuanto a la consideración académica.
Pasó a ser un pintor dulce, sin mucho contenido intelectual, accesible, podríamos decir que
había caído víctima de su propia trampa. Si por algo se caracteriza la pintura de Murillo es
por ser una pintura empática, a través de un increíble dominio técnico y eso es lo que la
reproducción mecánica había degradado, al reproducir de manera mecánica esas imágenes
perdemos la cercanía con ese lenguaje técnicamente extraordinario. Murillo no era un
genio, pero era un pintor de extraordinario talento, no fue genial como un Rubens o un
Velázquez, pues en su formación hay lagunas importantes. Se forma dentro del ámbito
gremial sevillano, no tiene la oportunidad de viajar a Roma o entrar en contacto con los
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pintores italianos que realizaban las grandes producciones del barroco, tampoco tuvo
acceso a la colección real.
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Inmaculada y reducirla a la máxima. Lo extraordinario de Murillo a la hora de trabajar la
imagen religiosa es que elimina los elementos accesorios, simplifica el mensaje original y lo
reduce a la mínima expresión. Reconocemos que es una Inmaculada por la edad y por la
luna bajo sus pies, que acaba por ser el motivo que mejor define la Inmaculada, un dogma
complejo de representar. Lo que estamos representando no es un santo de cuerpo y huesos,
es un momento antes de los tiempos, la Inmaculada predestinada desde el origen de los
tiempos, de ahí ese aire de gloria eterna, de celaje tan denso. No podríamos definirlo como
un espacio neutro porque ocurren muchas cosas, pero es un non site en el sentido de que no
sabemos donde estamos. Estas son obras de la etapa más madura de Murillo.
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hablamos de la madre con su hijo, nos encontramos al niño aislado y convertido en foco, es
la infancia como tema autónomo.
Al margen de Juan del Castillo hay otros pintores que van a ser fundamentales y con los
que va a tener contacto. No se puede entender a Murillo sin contacto con José de Ribera, el
Spagnioletto. Por supuesto, es muy importante la pintura tenebrista de raíz napolitana,
Rubens, Tiziano y toda la pintura veneciana que justifican las altas cotas de desarrollo de la
pintura sevillana de la segunda mitad del S. XVII gracias a Murillo.
Empezará realizando un Ecce Homo (1670, óleo sobre lienzo, Museo de Bellas Artes de
Murcia) de cuerpo entero que irá reduciendo y terminará por llevarlo exclusivamente al
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rostro. Llama la atención el tipo iconográfico, que es justo antes
o justo después de la presentación frente a Pilatos. Suele ser una
imagen de pie o sentada, agotada, lo que ofrece también un
mayor trabajo con las anatomías. A Murillo, como se ve en este
otro Ecce Homo (¿y obrador? 1672-1678, óleo sobre madera,
85’7x78’7 cm, El Paso Museum of Art, Texas), le gusta
representar escorzos, no
hablamos de grandes
escorzos, hablamos de un
escorzo que permite hacer
creíble la composición en el
espacio o el desarrollo de la
figura en el espacio, que es lo que nos cautiva. Murillo
opta por dulcificar el tipo, elimina muchos elementos,
los rasgos de violencia externa que ha sufrido el cuerpo
y nos lo presenta en actitudes más introvertidas,
dolorosas. Uno siente empatía hacia él, se siente como
una persona desvalida. Es una actitud un poco
derrotista, la retórica del gesto y de los afectos en la pintura barroca lo es todo. Murillo
comunica con muy pocos recursos iconográficos, con el cuerpo, trabajando con todas las
posibilidades que le ofrece desde la comunicación no verbal. Esa es la empatía y la
inteligencia emocional al referirse a Murillo. La sangre la restrinje a pequeños rastros del
goteo de la sangre casi ya seca, que trabaja con laca no muy cargada y que casi se confunden
con los mechones del cabello. Tampoco desfigura el rostro. No se recrea en el sufrimiento
del cuerpo, busca una imagen empática pero apelando al espectador no desde el sufrimiento
violento, sino algo más interior. A partir de esas composiciones podemos seguir trabajando
hasta la saciedad, como por ejemplo este otro Ecce Homo
(1660-1670, óleo sobre lienzo, 63x53 cm, Colección
privada). Las imágenes tienen fondo neutro, elimina lo
accesorio para llamar la atención sobre los elementos
fundametales. El rojo llama la atención y tiene una función
simbólica, sustituye a la sangre, la pasión. Restrinjo al máximo
los aspectos violentos, descarnados, que ante todo es una
imagen pasional. El estudio de la anatomía es portentoso, es un
pintor hábil y eso sólo se puede conseguir gracias al dominio
del dibujo y el trabajo del
natural. Son unas imágenes de
enorme belleza que traduce en
un increible dominio plástico que está tomando como punto
de partida de modelos anteriores, no está inventando nada.
Una de las razones por las que la crítica defiende para
reconocer los viajes a Madrid es el contacto con las
colecciones reales y, por lo tanto, con el Ecce Homo de
Tiziano (1547, óleo sobre pizarra, 69x56 cm, Museo del
Prado, Madrid), una pintura religiosa muy potente y que
será el tipo iconográfico que veremos en Murillo. Murillo
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utiliza un tema que funicona y lo explota con sus propios recursos prácticos. La mirada
caída, las cuencas oculares hundidas, la sombra de las ojeras, el arco de sombra que
envuelve el cuerpo y le da pesantez y dramatísmo… Es un rostro sufriente, el dramatismo
no es necesario expresarlo a través de huellas, puede expresarse a través de ese rostro que
parece agotado y que parece contener el llanto. Murillo es más dulce, la manera de dejar la
epidermis perfectamente barbilampiña, nos deja ver el pómulo, sus rostros masculinos son
muy angulosos, tienen un tono también andrógino y lo fundamental de todo esto, el dominio
de este tipo de estudio no viene del dibujo. La atmósfera algodonosa es el trabajo de la
veladura fuerte que desdibuja completamente el rostro, es muy difícil definir contornos o
zonas de luz y sombras. En algunos momentos no define completamente el rostro y genera
dificultades para ver los detalles.
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religiosa. El dibujo está dominado por el modelado y construye a partir de la luz, hay poco
claroscuro. El realismo está justificado en la pintura profana y, probablemente, menos
habitual en la pintura religiosa. Todos los elementos nos dan idea de que estamos ante un
personaje cotidiano del ambiente de la sociedad sevillana que tiene que trabajar para
ganarse el pan.
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como podemos ver en la Anciana despiojando a su nieto
(1670-1675, 147x113 cm, Munich, Alte Pinakothek). Es
una reinterpretación de escenas costumbristas, domésticas.
El marco es el mismo que en la Casa de Nazaré, pero con una
intención diferente. En el fondo tenemos una escena interior
donde predominan elementos vistos en la casa de Nazaré. Ha
cambiado la paleta, los colores. Está claro donde tenemos el
gran foco de luz, pero ya no encontramos ese cañón de luz
que genera un gran contraste lumínico. Aparecen muchos
más elementos en la sombra, que de forma aislada podemos
entenderlos como bodegones.
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publicitado muchas veces como Las Gallegas, título que nos pone en contexto de la
emigración masiva de la zona del noroeste a partir de la segunda mitad del S. XVIII y parte
del S. XIX en el que amplios sectores de la población rural emigran a ciudades portuarias,
ocupando los escalafones más bajos de la sociedad. El título nos pone en aviso de esa lectura
ya propia del S. XIX y que nos da esa referencia hacia que estas mujeres fueran una
prostituta y una alcahueta que ofrece los servicios de una mujer más joven. En contexto
literario, este tipo de personajes estarían extraídos de la picaresca. Este tipo de
representación se puede relacionar con la lectura de obras como la Comedia de Caslisto y
Melibea, de Fernando de Rojas (1499, Burgos). A la inquisición no le resultó difícil aceptar
este tipo de representación, pues queda oculta dentro de imágenes costumbristas, no hay
nada a priori que le resulte digno de ser censurado.
El gran pintor que domina la segunda mitad del S. XVII Murillo y, a partir del retorno de
murillo tras el viaje a Madrid en 1658, los únicos que compiten con él son Herrera el Mozo
y Juan Valdés. Juan Valdés (Sevilla, 1618-1682) es
el alter ego de Murillo, con un carácter agrio y de
difícil trato que se convertirá en uno de los pintores
más importantes del S. XVII pero el peso de su
producción al servicio de la hermandad de la caridad
es tal que parece que sólo ha pintado al servicio de
esta institución, y en concreto las escenas necrófilas,
como Finis gloriae mundo (Jeroglíficos de las
postrimerías) (1671-1672, óleo sobre lienzo,
Iglesia del Hospital de la Caridad, Sevilla). Las
postrimerías que pinta para la calidad, las pinta bajo
pautas fuertemente marcadas por Miguel Maraña.
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Miguel de Maraña (1672-1679) es un personaje que marca
la trayectoria profesional de Juan Valdés, es un rico que, en
un determinado momento, ve la luz y se apiada,
renunciando a sus bienes terrenos y se convierte en uno de
los benefactores del Hospital de la Caridad. En el retrato
que Valdés hace de Don Miguel de Maraña (1687, óleo
sobre lienzo, Sevilla, Hospital de la Caridad, Salón de
Cabildos) se aprecia como la figura sale del marco con el
cráneo que sujeta la mano. Esto define al personaje, junto
con el hábito que lo identifica como caballero de Calatrava
y el libor del Discurso de la Verdad, texto que intenta
advertir sobre la
renuncia de los bienes terrenos para poder gozar de
la gloria eterna. El fondo es neutro. Es un retrato de
un místico, un personaje que estaba destinado a ser
elevado a los altares. Buena parte de la producción
de Juan Valdés está condicionada por la
representación de este personaje y de las
postrimerías del Hospital de la Caridad, los
Jeroglíficos de
la
postrimerías
(1671-1672,
óleo sobre
lienzo, Sevilla, Iglesia del Hospital de la Caridad),
un encargo personal al servicio de un encargo
iconográfico contratado por Maraña. El contexto es
religioso, es una advertencia para la renuncia de los
bienes carnales y un llamamiento a practicar las
buenas obras para la salvación.
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Los jeroglíficos dan ese doble aviso sobre la muerte, que es inevitable y llega cuando menos
lo esperas y, como es inevitable, debes prepararte renunciando a los placeres carnales.
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De nuevo, en La derrota de los sarracenos (1652-
1653, Convento de santa Clara de Carmona, Sala
capitular alta, casa consistorial de Sevilla)
observamos el magnifico dominio del estudio
anatómico del pintor, es un estudio concienzudo.
Representa a los enemigos contemporáneos de la
monarquía hispánica. Al gran sultán lo va a retratar
con un busto que simula casi una caricatura.
Andreu Sala (Linya, 1627-Cardona, 1708) es el mejor imaginero de la escuela catalana del
Barroco. Cataluña, durante la segunda mitad del S. XVII es un periodo de esplendor entre
dos periodos de guerra traumáticos: el levantamiento en Cataluña por la monarquía
hispánica y la Guerra de Sucesión que conducirá a la destrucción de Cataluña en 1702. Es
un escultor atípico porque tiene contactos con los pintores andaluces, pero su formación
está muy vinculada a los talleres escultóricos de la generación anterior. Es nieto de un
escultor bastante reconocido y forma parte de esa plástica barroca que se abre hacia
influencias italianizantes. Es el fijador de un determinado que busca conceptualizar una
devoción compleja.
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peinado casi a modo de diadema, puede ser que llevara una tiara papal. También ha llamado
la atención que llevara cuatro clavos. La interpretación de la imaginería barroca exige un
dominio de la tradición pues, cuando menos nos lo esperábamos, aflora o aparece un tipo
iconográfico que dábamos por desaparecido desde el periodo gótico.
San Alejo
(obra de
Andreu Sala, 1685, Santa María del Mar,
Barcelona) es un santo peregrino, una devoción que
en la meseta norte se podría relacionar con San
Roque. Encontramos un santo estático, místico,
durmiente, yacente…
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4. ETAPA DE FLORECIMIENTO ROCOCÓ
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la gran cantidad de luz. La base está dedicada al culto de la
Virgen María. La planta es cóncava, sigue ahondando en ese
italianismo de las planimetrías que curvan la estructura. Los
soportes son columnas de orden gigante de sustrato clásico.
Son columnas panzudas, más gruesas en la parte de abajo, en
el tercio medio y en la case, con un éntasis tan potente sólo
sería aceptable en el orden toscano, pero aquí no encuentro
capiteles toscanos, el éntasis es anormal para un orden que
podríamos definir como compuesto, que recuerda a las
columnas del S. XVI diseñadas por Arce, con el tercio inferior
decorado y el resto estriado. La columna está recubierta con
una especie de entelado, un efecto de decoración aplicada
sobre el estriado y, de esos entelados, afloran las cabezas de querubines. La decoración
viene dada de la portada de un libro propagandístico que diseña Tomé y que sale de Toledo
promocionada por el cabildo. Lo interesante es la orla decorativa de lo que será la semilla
del rococó hispano que tiene elementos que hemos visto en el
retablo, como las cenefas de querubines, tiene algo que recuerda
al estilo auricular, pero esto es rocalla, que se inspira en la roca o
conchas. El rococó se caracteriza por una decoración abstracta
no geométrica con motivos que constrye a través de la rocalla,
que puede recordar a conchas y formaciones de tipo geológico.
La formación geológica en la naturaleza son caprichosas, no
siguen esquemas geométricos, pero la vase del rococó es la
simetría. La base es abstracta pero de base orgánica. En las
columnas que enmarcan a la Virgen el capitel ha desaparecido,
porque han sido sustituidas por cabezas de querubín que llevan
una tarja de rocalla. En el rococó vamos a disponer la decoración
en aquellos puntos de máxima tensión tectónica, donde se encuentran los elementos
sustentantes y sustentados. Esto es la base de inspiración del modernismo o de la
arquitectura organicista de mediados del S. XX. Este es el mejor de los ejemplos de retablo
rococó que conservamos, pero el magno retablo estaba previsto
para la catedral de León.
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decorativos y parte del grupo escultórico del cuerpo de gloria se ajustan bastante bien a la
idea original.
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GLOSARIO
Lengua de becerro. Motivos carnosos que a veces forman parte de las coronas de
los capiteles.
Estípite. Soporte de forma troncopiramidal invertida que tiene, igualmente, un
capitel.
Cimacios. Piezas de perfil cúbico o tendente a la forma cúbica que van sobre el
capitel para recibir el peso del edificio.
Catafalco. Monumento destinado a las obras fúnebres, temporal, destinado a
personas regias o vinculadas a las élites.
Hoja canesca. Cartucho, hojarasca serrada que sirve para explicar el estilo
auricular, es uno de los motivos más significativos de la retablística y, aunque tenga
carta de naturaleza o autoría asignada a Alonso Cano, lo vamos a ver
frecuentemente utilizada en toda la retablística.
Estilo auricular. Estilo artístico relacionado con la decoración de edificios que surge
en Europa a partir de los S. XVI-XVII y que se basa en la utilización de formas
geométricas derivadas de los cartílagos humanos (como los pabellones auditivos).
Va a adquirir mucha fuerza en la península ibérica durante la segunda mitad de la
centuria.
Neto. Fragmento de entablamento que sobresale, o vuela a plomo, solo sobre el
soporte. El neto tiene todos los elementos que constituyen un entablamento: su
fragmento de arquitrabe, su fragmento de friso y su fragmento de cornisa.
Toisón. Orden de caballería fundada en 1429 en borgoña que se identifica con la
casa de Austria y tiene como insignia el vellocino de oro de Jasón, insignia que
recuerda el papel de gran maestre de la orden que tienen los monarcas de los
Austrias.
Baldaquino o baldaquín. Elemento de mobiliario litúrgico para destacar el altar
mayor bajo el cual se dispone la cripta funeraria para las reliquias del santo. El
baldaquín de tradición suele ser una estructura arquitrabada o con arqueación
montada sobre cuatro pilares y con una cubierta piramidal.
Túmulo o catafalco. Nombres que se utilizan en el arte hispánico para referirnos a
los monumentos fúnebres que tienen por finalidad centrar el duelo de las exequias
fúnebres que se celebran tras la muerte de un integrante de la familia real. Es un
tabernáculo, retablo, a gran escala en torno al cual se puede girar pero que, pese a
que es similar a un baldaquino, no son arquitecturas pensadas para ensalzar el lugar
de la capilla mayor.
Lustro Real. Periodo de cinco años, entre 1718 y 1724, en el que Felipe V traslada
la corte a Sevilla, durante su primer reinado antes de abdicar en su hijo. Este periodo
coincide con un periodo de la recuperación artística sevillana muy importante, que
había sufrido la Gran Peste y los brotes pestíferos, que ya en el reinado de Carlos II
empieza a discutirse que Sevilla siga siendo puerto de Indias y, tras la Guerra de
Sucesión, el puerto de Indias se traslada a Cádiz, perdiendo importancia la capital
de Andaluza, más allá del Lustro Real. Durante este periodo la ciudad se va a
convertir en foco de atracción de artistas.
Aspectos sartoriales. Término que se acostumbra a utilizar mucho para referirse a
la etiqueta, a la moda.
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Encarnaciones. Técnica de policromía que genera una ilusión de epidermis
humana.
Perithonium. Paño o lienzo de pureza.
Figura repoussoir. Elemento ubicado en el primer plano de una composición
pictórica para dirigir o empujar el ojo del espectador hacia el interior.
Técnica quatri reportati. Desde Miguel Ángel hay una manera de componer las
bóvedas cuando se trata de pintura de cubiertas que es simular cuadros que parecen
haber sido dispuestos en las bóvedas ocurren esos cuadros que encierran las
escenas y que suelen estar sostenidos por personajes generando toda una serie de
juegos entre ficción y realidad en el que el propio cuadro se incorpora a la pintura
de techos como un motivo más. Esa técnica deriva de la Capilla Sixtina y se conoce
como cuadros trasladados. Existe la posibilidad de generar esa pintura de techos a
partir de literalmente cuadros pegados o dispuestos en el techo, opción que ponen
de moda los venecianos. Esto implica que uno puede pintar a caballete y disponer
las telas en el lugar que le corresponde dentro de la armadura del techo, jugando
con un falso trampantojo, como una falsa pintura de bóveda.
Fábulas o poesías. Término que se utiliza para referirse a la pintura mitológica del
ámbito hispano.
Orden de la Mersé o mercedarios. Orden religiosa que viste de blanco y que se
pueden reconocer por el escudo que llevan. Son los encargados de la revisión de los
cautivos y quienes van a rescatar a los cristianos del norte de África.
Bodegón. Tema netamente barroco que aparece en las décadas de transición del S.
XVI al XVII. Tenemos ejemplos distintos de ensayos de bodegón en pintores
italianos y norteños, de la escuela francesa. El bodegón cobra fuerza y adquiere
personalidad en el segundo tercio del S. XVII. Están relacionados con los productos
que están destinados al consumo humano y pueden ser de distintos tipos.
Fusiforme. Con forma de uso.
Imaginería. Especialidad de la cultura barroca dedicada a la representación de
temas religiosos, por lo común realista y con finalidad devocional, litúrgica,
procesional o catequética, tal vez la más genuina y original aportación de la cultura
ibérica al Barroco europeo. La imaginería es una especialidad de la cultura barroca
dedicada a la representación de temas religiosos, por lo común realista y con
finalidad devocional, litúrgica, procesional o catequética, tal vez la más genuina y
original aportación de la cultura ibérica al Barroco europeo.
Retablo. Término polisémico que en castellano se usa para referirse a un tipo de
teatrillo de títeres.
Metanarración. Algo que se relaciona o reflexiona sobre la propia narración o una
narración dentro de una narración.
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ANEXOS
1. Fachada Capilla de la Pasión (1577-1672, Valladolid, Felipe Berrojo)
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3. Fachada de la Iglesia de San Juan Bautista (1628-1675, Toledo,
Francisco Bautista)
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6. Iglesia del hospital de la Caridad (1645-1670, Sevilla, Pedro Sánchez
Falconete)
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9. Fachada de la Iglesia de San Miguel (1672-1701, Diego Moreno
Meléndez, Jerez de la Frontera)
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11. Iglesia de Belén (1680-1792, Barcelona, Josep Juli Major)
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14. Pazo de Oca (S. XVII-XVIII, La Estrada, Pontevedra, arquitecto
desconocido, de los duques de Medinaceli)
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18. Portada de la iglesia la Asunción (posterior a 1720, Calaceite, Teuel,
maestro desconocido)
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20. San Juan de Letrán (1729, Valladolid, Matías Machuca)
Sevilla)
23. Fábrica de tabacos de Sevilla (1726-1757, Ignacio de Sala, Diego Bordick
y Sebastián van der Beer, Sevilla)
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24. “Sacristía de los caballeros” (1746-1753, Francisco Moradillo, Madrid)
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26. Diego Valentín Díaz, “presentación en el templo”, Museo Nacional de
Escultura, en Valladolid. (1601-1650)
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28. Arcángel de San Rafael, Valladolid. Gregorio Fernández (1606 – 1607)
29. Profesión del Beato Orozco (1624, Academia de San Fernando), Bartolomé
González
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30. Blas de Cervera, “Degollación de San Antolín”, Catedral de Palencia, en
Palencia. (1637)
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32. Jusepe Ribera, “Inmaculada”, Agustinas Recoletas, en Salamanca. (1646)
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34. Árbol de la Vida (1653, Catedral de Segovia), Ignacio de Ries
35. San Juan Bautista, Catedral de Astorga. Mateo del Prado (1655 – 1660)
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36. Fray Juan Rizi, “Retrato de Fray Alonso de San Vítores, Museo de Burgos,
en Burgos. (1656-1659)
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38. Cristo muerto (1663, Museo del Prado), Juan Antonio de Frías y Escalante
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41. Ecce Homo, Museo de artes decorativas de Madrid. Pedro de Mena (1673)
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43. Flores (1687, Facultad de Ciencias Químicas, Madrid), Gabriel de la Corte
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45. Antonio Palomino, “Alegoría del aire”. Museo del Prado, Madrid. (1700)
46. Manuel Peti, “El cardenal Mendoza”, Biblioteca del Colegio Mayor de la
Santa Cruz, Valladolid (1705)
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47. San Bruno, Cartuja de Granada. José de Mora (1712)
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49. Anunciación (1718, propiedad particular, Madrid), M. Jacinto Meléndez
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51. Historia de Elías (1745, Iglesia de San Jesús, Madrid), Pedro Rodríguez
de Miranda
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53. Trampantojo, el vino o Alegoría del gusto (1700-1759, Louvre),
Bernardo Lorente Germán
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