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Español

El documento explora la relación intrínseca entre el idioma y la cultura, destacando cómo el español, en sus diversas variantes, refleja la identidad y las tradiciones de los hablantes. Se enfatiza la importancia de reconocer y valorar el idioma como un medio de comunicación que no solo sirve para interactuar, sino también para entender la historia y la diversidad cultural. Además, se argumenta que la lengua es un reflejo de la sociedad y un recurso esencial para estructurar las relaciones sociales.

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El documento explora la relación intrínseca entre el idioma y la cultura, destacando cómo el español, en sus diversas variantes, refleja la identidad y las tradiciones de los hablantes. Se enfatiza la importancia de reconocer y valorar el idioma como un medio de comunicación que no solo sirve para interactuar, sino también para entender la historia y la diversidad cultural. Además, se argumenta que la lengua es un reflejo de la sociedad y un recurso esencial para estructurar las relaciones sociales.

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Todos los idiomas están íntimamente arraigados con una cultura y, por lo tanto, representan en
gran medida lo que somos como grupos sociales.

Al perdernos entre sujeto, verbo y predicado —que quedan plasmados a lo largo de planas y
planas durante los primeros años de nuestra vida escolar—, es fácil restarle interés al español, es
decir, difícilmente reflexionaremos sobre qué hablamos y cómo lo hablamos; o que creamos que
todo México habla del mismo modo. Así, perdemos de vista los matices de pronunciación,
modismos o indigenismos presentes en la cotidianeidad.

Tampoco reparamos mucho en la forma en la que la lengua puede funcionar incluso como medio
de discriminación. Por ejemplo, ¿alguna vez te has preguntado por qué una forma recurrente de
atacar a las personas es burlarse de ellas por la manera en que pronuncian o escriben una
palabra? ¿Te has fijado cómo solemos empeñarnos en decirle a alguien que «así no se dice»? ¿Has
notado que las peleas en redes sociales a veces terminan por demeritar la voz de alguien, si no
escribe algo gramaticalmente correcto?

Todo esto nos demuestra el eminente carácter social que tienen las lenguas y el porqué es
importante reconocer que el idioma no es un ente aislado que habita en un mundo alejado de
nosotros. Creamos, aprendemos, reflexionamos, amamos y hasta odiamos mediante una lengua.

Las variantes del español (México, Latinoamérica, España, Filipinas, etc.) merecen ser respetadas
y valoradas. Es muy importante mostrar respeto hacia nuestras palabras e intentar identificar
cómo es que cada una nos demuestra las tradiciones y costumbres que se han tejido tras ellas.
Aunado a ello y pese a cualquier pronóstico o prejuicio, el español sigue siendo un idioma con un
gran número de hablantes a nivel mundial y continúa en los primeros lugares de aprendizaje de
lenguas extranjeras. Los procesos de conquista, dominación o hegemonía no han logrado
disminuir su presencia global.

Reconocernos como hablantes es reconocernos en nuestra humanidad, individualidad y


comunidad con el mundo. Conocer una lengua no debería ser una labor meramente académica o
especializada, pues todos y todas podemos utilizarla. Somos parte de ella, la integramos, la
mejoramos y la alteramos. Por eso, deberíamos interesarnos en aprenderla y no solo aprenderla,
ya que, como bien dice el profesor Mario Montalbetti, «Una lengua no examinada no merece
hablarse».

Para el grupo de segundo semestre de la licenciatura en Diseño de la Comunicación Gráfica de la


UNLA, conocer sobre estos temas brinda un panorama que no solo se centra en la cuestión
ortográfica ni en las —a veces absurdas— reglas de la Real Academia Española (RAE) o cualquier
otra institución, sino también en las raíces y cambios de los pueblos, como se puede apreciar en
las siguientes reflexiones:
«Al decir idioma, lo primero que pensamos es en que nos sirve para comunicarnos, para
expresarnos adecuadamente; pero realmente considero que también nos permite comprender
más, es decir, adentrarnos en la historia, en sus orígenes; y observar que con el paso del tiempo
se dan cambios».

«Las lenguas muestran las maneras y experiencias de ver el mundo de los hablantes, por eso, al
lenguaje se le considera universal, ya que cada comunidad, grupo, pueblo o sociedad construye
su propia forma de ser y comunicarse».
«Es de suma importancia conocer nuestro idioma de una manera amplia, ya que nos facilita la
forma en que nos comunicamos, además de otorgarnos ese poder de encontrar las palabras
justas, cuando solemos tener algún bloqueo del habla. También se presta para evitar
incoherencias o fallas en la comunicación».

«La lengua y la cultura están íntimamente ligadas, dado que la lengua refleja las experiencias y
formas de ver el mundo que tienen sus hablantes; la lengua provee identidad y pertenencia a un
lugar, por eso, los idiomas son puertas a mundos diferentes».

«El lenguaje está presente en todas las esferas de la sociedad, sin distinción de género, estrato
social y/o formación académica. Todos lo utilizamos. Por eso es que, a partir de él, es posible
hacer análisis culturales del hablante, de cómo se relaciona con el otro, interpreta y dialoga con
otras culturas».

«El español es el idioma más hablado entre las lenguas romance. La lengua es un elemento vivo e
increíble, que es de quién la habla. Ninguna institución puede regir lo que es correcto o
incorrecto para ella».

«Es importante conocer nuestro idioma, ya que podemos comunicar algo de mejor manera, si
sabemos de la evolución de nuestra cultura, la cual nos ha ayudado a transmitir conocimientos,
comunicarnos por generaciones y establecer un vínculo entre personas. Asimismo, permite
entender y descubrir nuevas formas de pensar y ver la realidad».

«Es importante tener conciencia de nuestro idioma por razones culturales: si nosotros mismos
no lo conocemos, ¿cómo seremos capaces de extender nuestra cultura? La lengua es la base de la
misma».

«Las lenguas son la puerta a realidades diferentes, porque se interrelacionan con el contexto
social, cultural, económico e histórico del hablante. Incluso en una misma ciudad existen
variantes de una misma lengua, gracias a las relaciones y experiencias propias y pasadas: la forma
de hablar de alguien es un gran indicador de su entorno».

Es evidente que la lengua juega un papel muy importante en nuestras vidas debido a que cumple diversas
funciones que llevan consigo la interpretación de la experiencia (función ideacional), la interacción con
otros seres humanos (función interpersonal) y el uso de los diferentes recursos que la lengua necesita para
unir una parte del texto con otra y a la vez con el contexto que le rodea (función textual).
No podemos separar lengua y sociedad pues no hay duda de que la lengua es uno de los modos
principales para guiar nuestra vida social (Kress, 2010; Llamas y Watt, 2010; Teubert, 2010; van Dijk, 2009),
es un recurso que sirve para estructurar las relaciones sociales, y en cierta medida la lengua es un reflejo de
la sociedad (Blackledge, 2009; Blommaert, 2010; O’ Halloran y Smith, 2011) ya que la investigación y el
análisis social siempre han de tener en cuenta la lengua, es decir, “la lengua es como es por su función en la
estructura social” (Halliday, 1973a, p. 65)1 pues siempre hay una relación entre el uso que se hace de la
lengua y las situaciones sociales en que se emplea. En palabras de Fowler (1985, p. 62) “la lengua es una
práctica social que crea realidad”.2
Cuando la lengua se utiliza en diferentes contextos de comunicación, ésta va unida a la cultura de
diferentes maneras. De este modo se entiende la lengua como producto social o reflejo de la sociedad; la
lengua tiene un sistema semántico que le permite transmitir valores culturales (Halliday, 1978, p. 109), es
decir, hay una relación estrecha entre la lengua, la cultura y el comportamiento. Si grupos de hablantes
tienen posiciones determinadas en la sociedad su uso de la lengua debe reflejar su situación social. En
palabras de Halliday (1978, p. 27): “La lengua […] es un potencial: es lo que el hablante puede hacer.”3
Para los funcionalistas, la lengua es en primer lugar un instrumento para la comunicación entre los
seres humanos; esta afirmación es fundamental a la hora de explicar por qué las lenguas son de una manera
determinada. Las teorías funcionales conceden mucha importancia a la relación entre los patrones
lingüísticos y los contextos de uso (Coffin, Donohue y North, 2009; Martín y Rose, 2007; Renkema, 2009). En
consecuencia, la esencia del funcionalismo es por lo tanto el estudio de los fines comunicativos para los que
se usa la lengua. De ahí que, como funcionalistas, en cualquier descripción lingüística consideramos
prioritaria la función social de la lengua, es decir, la lengua entendida como uno de los medios que los seres
humanos utilizan para funcionar dentro de la sociedad.

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