ntroducción
Cuando hablamos de tumores cerebrales en relación con la cefalea, es importante aclarar
que no siempre se presentan juntos. Un tumor en el cerebro puede existir sin causar dolor de
cabeza, y cuando la cefalea está presente, no siempre se debe a un aumento de la presión
dentro del cráneo. Veamos cómo se manifiestan estos casos y qué otros síntomas pueden
aparecer.
1. Cefalea y tumores cerebrales
No todas las personas con un tumor cerebral tienen cefalea, y cuando aparece, no siempre
es por hipertensión endocraneana. En algunos casos, el dolor se debe a la tracción o
distorsión de estructuras cerebrales cercanas. Esto significa que la cefalea no es un síntoma
definitivo para diagnosticar un tumor cerebral.
2. Variabilidad de síntomas
Los tumores cerebrales pueden presentarse de formas muy distintas. Algunos pacientes casi
no tienen síntomas, mientras que otros pueden experimentar signos neurológicos como
convulsiones o parálisis. Sin embargo, en ciertos casos, aunque haya síntomas neurológicos
evidentes, no hay pruebas suficientes para confirmar la presencia de un tumor.
3. Hipertensión endocraneana
Cuando un tumor crece, puede aumentar la presión dentro del cráneo, lo que se conoce
como hipertensión endocraneana. Aunque esto puede ser una señal de alerta, no siempre es
posible determinar la ubicación exacta del tumor solo con este dato. Sus síntomas pueden
incluir dolor de cabeza intenso, vómitos y visión borrosa.
4. Síntomas focales y diagnóstico
En algunos pacientes, los síntomas permiten identificar con mayor precisión dónde está el
tumor. Estos signos, llamados síntomas focales, incluyen alteraciones en el habla, la visión o
el movimiento de ciertas partes del cuerpo. Son fundamentales para orientar al médico en el
diagnóstico y tratamiento.
El absceso cerebral es una acum
ulación de pus dentro del cerebro debido a una infección. En la mayoría de los casos, se
origina por la diseminación de una infección a través de la sangre, especialmente desde
focos sépticos pulmonares. Sin embargo, también puede ser consecuencia de infecciones
cercanas, como sinusitis, otitis o heridas penetrantes en la cabeza, e incluso una
complicación de meningitis.
Los síntomas principales incluyen signos de hipertensión endocraneana, como cefalea,
vómitos y visión borrosa, además de fiebre y otros signos de infección. También pueden
presentarse síntomas neurológicos específicos, dependiendo de la localización del absceso.
Podemos distinguir dos tipos de abscesos cerebrales:
Los agudos, en los que la fiebre es constante y suele presentarse un síndrome meníngeo.
Los crónicos, que pueden desarrollarse después de un absceso agudo, especialmente si el
paciente ha recibido antibióticos. En estos casos, la fiebre y los signos de infección pueden
desaparecer, pero la cefalea reaparece semanas después. Esto puede llevar a una confusión
con un tumor cerebral, ya que los síntomas pueden ser muy similares.
Por eso, es fundamental hacer un buen diagnóstico para diferenciar un absceso cerebral de
un tumor y así brindar el tratamiento adecuado