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1 Los Mandamientos (Autoguardado)

El documento describe el origen y la importancia de los Diez Mandamientos dados a Moisés por Dios en el Monte Sinaí, los cuales establecen las normas de conducta que deben seguir los hombres para alcanzar el Cielo. Se enfatiza que cumplir todos los mandamientos es esencial para ser buenos cristianos y vivir en armonía, y que la desobediencia puede llevar a la perdición. Además, se menciona que Jesús reafirmó la importancia de estos mandamientos y su cumplimiento como prueba de amor hacia Dios.

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1 Los Mandamientos (Autoguardado)

El documento describe el origen y la importancia de los Diez Mandamientos dados a Moisés por Dios en el Monte Sinaí, los cuales establecen las normas de conducta que deben seguir los hombres para alcanzar el Cielo. Se enfatiza que cumplir todos los mandamientos es esencial para ser buenos cristianos y vivir en armonía, y que la desobediencia puede llevar a la perdición. Además, se menciona que Jesús reafirmó la importancia de estos mandamientos y su cumplimiento como prueba de amor hacia Dios.

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TEMA 1: LO QUE HAY QUE HACER PARA IR AL CIELO: LOS

MANDAMIENTOS
Origen de los mandamientos. Ya muchos años antes que Jesús naciera, Dios había mandado al mundo a un
hombre muy sabio y muy santo, llamado Moisés, para que diera una Ley de parte de Él. En esa ley estaba
escrito cuáles eran las cosas buenas que los hombres debían hacer y las cosas malas que no debían hacer, las
cosas que están prohibidas. Y esas cosas buenas, si las hacemos, nos llevan al Cielo; y en cambio, si las
desobedecemos, nos ganamos el infierno.
Dios entrega la Ley a Moisés

El primer día del tercer mes, después de su salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. Habían partido de
Refidim, y cuando llegaron al desierto del Sinaí, establecieron allí su campamento. Israel acampó frente a la montaña.
Ofrecimiento de la Alianza
Moisés subió a encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: Anuncia este mensaje a los israelitas:
«Ustedes han visto cómo traté a Egipto, y cómo los conduje sobre alas de águila y los traje hasta mí. Ahora, si escuchan mi voz y
observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para
mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada». Estas son las palabras que transmitirás a los israelitas». Moisés
fue a convocar a los ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como el Señor se lo había ordenado. El pueblo respondió
unánimemente: «Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor». Y Moisés comunicó al Señor la respuesta
del pueblo.
Los preparativos de la teofanía
El Señor dijo a Moisés: «Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar
cuando yo te hable. Así tendrá en ti una confianza a toda prueba». Y Moisés comunicó al Señor las palabras del pueblo. Luego
añadió: «Ve dónde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana. Que laven su ropa y estén preparados para pasado
mañana. Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la vista de todo el pueblo. Fija también un límite
alrededor del pueblo, haciendo esta advertencia: «Cuídense de subir a la montaña y hasta de tocar sus bordes, porque todo el que
toque la montaña será castigado con la muerte. Moisés bajó de la montaña y ordenó al pueblo que se sometiera a las purificaciones
rituales. Todos lavaron su ropa.
La teofanía

Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta.
Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor.

Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. La montaña
del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y
toda la montaña temblaba violentamente. El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le
respondía con el fragor del trueno.

Los diez mandamientos

Entonces Dios pronunció estas palabras:

Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás
ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas.

No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los
padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones,
si me aman y cumplen mis mandamientos.
No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.

Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso
en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales,
ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos,
pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni
ninguna otra cosa que le pertenezca.

La Ley de Dios es el conjunto de cosas que Dios ha mandado y prohibido. Esas cosas están en Los
mandamiento de la Ley de Dios.
Jesús y los mandamientos. Cuando vino Jesús al mundo, ya los hombres conocían los Mandamientos de la
Ley de Dios. Pero Jesucristo se los recordó; dijo que no iba a quitar ninguno, y lo que hizo fue explicarlos
mejor. Y enseñó cómo teníamos que cumplirlos para obedecer a Dios.
Los discípulos, los Apóstoles, querían mucho a Jesús y le demostraban mucho cariño. Pero Jesús les dijo
bien claro cuál es la mejor prueba de amor: “Si ustedes me quieren, cumplan mis mandamientos... El que
sabe mis mandamientos y los cumple, ese me ama... Y el que me ama será amado de mi Padre y
también lo amaré Yo”. Por eso no podemos ser buenos cristianos si no sabemos perfectamente (y
cumplimos) los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.
Nuestra vida es como un viaje, un camino que queremos terminar en el Cielo. Los mandamientos son como
las señales en un camino: nos dicen cómo hacer para llegar al lugar que queremos, sanos y salvos, sin
perdernos y sin accidentes. El que no cumple los mandamientos es como el que toma por un camino
equivocado: se pierde, y cuando no sabe volver al camino verdadero, queda perdido y se muere.
Todos los mandamientos nos van indicando cómo hacer para caminar seguros por el camino de la vida.
¿Cómo sería el mundo si todos los hombres y las mujeres cumplieran la Ley de Dios? Todos viviríamos
honestamente, amando a Dios y amándonos unos a otros, sin robarnos, sin matarnos, sin mentirnos,
ayudando a los más necesitados. ¡Ojalá los hombres cumplan los mandamientos de Dios! ¡Seríamos todos
felices!
Estos mandamientos estaban escritos en las dos tablas de la Ley que trajo Moisés del Monte Sinaí, donde
Dios se los había escrito. En la primera tabla estaban los 3 primeros, que se refieren a Dios. En la otra los
otros 7, que se refieren al prójimo:
Primera Tabla:
Amor a Dios
Segunda Tabla:
Amor al prójimo
1º Amar a Dios sobre todas las cosas.
2º No tomar el nombre de Dios en vano.
3º Santificar las fiestas.
4º Honrar padre y madre.
5º No matar.
6º No cometer actos impuros.
7º No robar.
8º No levantar falsos testimonio ni mentir.
9º No desear la mujer de tu prójimo.
10º No codiciar los bienes ajenos.
Para amar a Dios, ser santos y alcanzar el Cielo es necesario cumplir TODOS los mandamientos. No alcanza
con cumplir uno o dos o 9. Hay que cumplir los 10. ¿Por qué? Porque cuando vamos por un camino uno se
pierde aunque se haya equivocado de camino UNA SOLA VEZ. Para llegar al final correcto, es necesario no
equivocarse nunca. O, cuando uno se ha salido del camino, volver a él. ¿Cómo volvemos al camino cuando
nos hemos salido del Camino de los Diez Mandamientos? Cuando nos confesamos y pedimos perdón a Dios
por habernos ido del camino haciendo algo que Él no quiere.
Ejercicios
1. Indica si es verdadero (V) o falso (F):
a.
Moisés le dio a Dios los 10 mandamientos en el monte Sinaí:
___
b.
Basta con cumplir a uno de los 10 mandamientos para amar a Dios:
___
c.
La Ley se le resume en Amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a uno mismo:
2. Dibuja un camino, al final un cartel: “Cielo”; y a lo largo del camino pequeños senderos que se desvían y terminan
en pozos y pon como nombre de cada sendero equivocado lo que prohíben los mandamientos (matar, robar, mentir,
desobedecer, etc.).

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