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Monografía Penal XDD

La monografía aborda la inhibición y recusación en el contexto del Derecho Procesal Penal, analizando su importancia y los factores que influyen en su aplicación. Se busca fomentar una comprensión profunda entre los estudiantes sobre estos mecanismos y su relevancia para la imparcialidad en la justicia. Además, se destaca la necesidad de promover la transparencia y la rendición de cuentas en la administración pública para fortalecer la confianza ciudadana.

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Monografía Penal XDD

La monografía aborda la inhibición y recusación en el contexto del Derecho Procesal Penal, analizando su importancia y los factores que influyen en su aplicación. Se busca fomentar una comprensión profunda entre los estudiantes sobre estos mecanismos y su relevancia para la imparcialidad en la justicia. Además, se destaca la necesidad de promover la transparencia y la rendición de cuentas en la administración pública para fortalecer la confianza ciudadana.

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“Año de la recuperación y consolidación de la economía peruana”

UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO - FACULTAD DE HUMANIDADES

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS

“INHIBICIÓN Y RECUSACIÓN”

CURSO: Derecho Procesal Penal I

DOCENTE: Jean Pierre Oceda Cortez

NOMBRE Y APELLIDOS:

- Acosta Briceño, Jeison Roly

- Alva Noriega, Diego Alessandro

- Cieza Gamboa, Luis Alessandro

- Ñique Caballero, Ryan Edgar

- Ordoñez Benites, Javier Alejandro

- Reyes Alvarado, Maycol Jampol

- Zavaleta Dávalos, Enio Fabriccio

Trujillo - Perú

2025 - 20
PRESENTACIÓN

La presente monografía ha sido elaborada por los estudiantes del curso de Derecho Procesal

Penal I, del séptimo ciclo de la Escuela Profesional de Derecho y Ciencias Políticas. En esta

oportunidad, hemos decidido desarrollar una investigación que reviste gran importancia

informativa y académica, centrada en los temas de inhibición y recusación

Nuestra investigación explorará de manera exhaustiva estas medidas, incluyendo las

definiciones de sus conceptos principales, su tipificación, estructura jurídica, y ejemplos

prácticos para ilustrar cada modalidad. El propósito de esta monografía es ofrecer un análisis

integral y detallado sobre la recusación e inhibición. La investigación también busca develar

las motivaciones y causas subyacentes en estos mecanismos, identificando factores políticos,

económicos y administrativos que influyen en su comisión.

Este análisis permitirá una revisión del marco legal y judicial vigente, evaluando las

legislaciones y prácticas actuales para detectar posibles brechas en la protección y en los

mecanismos que favorecen en el resguardo de la imparcialidad

Este trabajo está dirigido a fomentar una comprensión más profunda entre los estudiantes del

curso, pertenecientes a la Universidad Privada Antenor Orrego, sobre la importancia de la

recusación e inhibición, así promoviendo una cultura de integridad y compromiso ético en el

ejercicio de mecanismos de defensa. Asimismo, buscamos generar conciencia sobre la

relevancia de estos temas y la necesidad de cooperación entre la sociedad y las entidades

gubernamentales para fortalecer el sistema de justicia y consolidar la confianza pública.

En última instancia, la importancia de este análisis radica en la defensa de los valores

democráticos y en la promoción de un entorno más ético y justo en la administración pública.

Es esencial que, como sociedad, mantengamos un firme compromiso con estos principios,

promoviendo la transparencia y la rendición de cuentas.


AGRADECIMIENTO

En primer lugar, agradecemos a Dios, fuente de fortaleza y sabiduría, por brindarnos salud,
bienestar y claridad para elaborar este trabajo monográfico. Su guía constante nos ha permitido
aprovechar al máximo los conocimientos y habilidades que hemos adquirido durante este
proceso, y nos ha dado la perseverancia necesaria para enfrentar los desafíos con entusiasmo y
dedicación.

En segundo lugar, extendemos nuestro más profundo agradecimiento a nuestras familias,


quienes siempre han creído en nosotros y nos han ofrecido un ejemplo de superación, humildad
y sacrificio. Gracias a su apoyo incondicional y a su compromiso con nuestro desarrollo
personal y profesional, han sembrado en nosotros el deseo de superarnos diariamente y de
alcanzar el éxito en cada aspecto de nuestras vidas. Su respaldo y comprensión en cada paso de
este trabajo monográfico han sido fundamentales para que podamos culminarlo con
satisfacción y orgullo.

Asimismo, expresamos nuestro agradecimiento a la Universidad Privada Antenor Orrego,


institución que ha sido clave en nuestra formación profesional y personal. Agradecemos la
oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, valores y habilidades que fomentan nuestra
autonomía y nos preparan para ser personas competentes, capaces y creativas. La educación
recibida ha sido una herramienta invaluable para construir nuestro futuro y aplicar de manera
integral los aprendizajes en el ámbito de nuestra carrera.

Finalmente, hacemos un especial reconocimiento al Dr. Jean Pierre Oceda Cortez, nuestro
docente del curso de Derecho Procesal Penal I, por su compromiso y vocación. Su orientación
y dedicación nos han brindado diversas oportunidades de aprendizaje, y su apoyo constante ha
sido un pilar esencial para poder desarrollar y culminar este trabajo. Nos sentimos
profundamente agradecidos por su paciencia, sus enseñanzas y por motivarnos a alcanzar la
excelencia en cada tarea que emprendemos.

A todos los que de una u otra forma contribuyeron a la realización de esta monografía, les
extendemos nuestro sincero agradecimiento. Sin su apoyo y aliento, este proyecto no habría
sido posible.
DEDICATORIA

"Este trabajo es dedicado a mi familia, maestros y amigos que contribuyen y han contribuido a
mi crecimiento como persona y estudiante."

Cieza Gamboa, Luis Alessandro

“A mi familia, quienes son mi motivación día a día y me apoyan en mis estudios para tener una
exitosa trayectoria a lo largo de mi carrera.”

Ordoñez Benites, Javier Alejandro

“Esta monografía está dedicada con todo el cariño y amor, principalmente, a mi familia como a
todas las personas que me apoyan para lograr mis objetivos en mi profesión.”

Acosta Briceño, Jeison Roly

“La presente monografía se la dedico a mi familia, la cual siempre me apoya en mi desarrollo


académico y me guía siempre en mi formación personal”

Zavaleta Dávalos, Enio Fabriccio

“Considero necesario resaltar a aquellas personas que aportaron de forma significativa con su
culminación, por eso dedico este trabajo a mis padres, que me brindaron su apoyo constante en
la germinación de ideas relacionadas al tema seleccionado por el docente”.

Ñique Caballero, Ryan Edgar

“Agradezco a Dios por darme la fuerza y constancia para culminar este trabajo. También
extiendo mi gratitud a mi familia por su apoyo incondicional, y a mi asesor(a) por su guía y
orientación durante el desarrollo de esta monografía”.

Reyes Alvarado Maycol Jampol

“Agradezco a Dios por darme la fuerza para culminar esta monografía, a mi familia por su
constante apoyo, y a todas las personas que, con sus consejos y conocimientos, contribuyeron
en la elaboración de este trabajo”.

Alva Noriega, Diego Alessandro


ÍNDICE
CAPÍTULO I: “EL PECULADO DOLOSO”..................................................................................9
Sujetos del Delito de Peculado.............................................................................................10
Bien Jurídico Tutelado...........................................................................................................11
Conducta Típica....................................................................................................................12
Objeto sobre el que recae la Conducta.................................................................................14
Administración, Percepción o Custodia.................................................................................17
El Beneficiario o Destinatario en el Delito de Peculado........................................................18
Perjuicio al Estado.................................................................................................................19
Consumación........................................................................................................................20
Modalidades del Peculado Doloso........................................................................................21
Elementos de Prueba y Criterios de Imputación...................................................................24
 Evidencia Documental y Administrativa.....................................................................24
 Auditorías y Controles Internos en la Detección del Delito........................................25
CAPÍTULO II: “EL PECULADO CULPOSO”.............................................................................28
Antecedentes Legales...........................................................................................................28
La Figura Penal.....................................................................................................................28
Bien Jurídico Protegido.........................................................................................................29
Componentes Típicos...........................................................................................................29
Sujeto Activo: Autoría............................................................................................................31
La Otra Persona: Concurso de Delitos.................................................................................32
Elemento Subjetivo...............................................................................................................33
Consumación y Tentativa......................................................................................................33
Penalidad..............................................................................................................................35
Circunstancia Agravante.......................................................................................................35
Atipicidad del Tipo Penal de Peculado..................................................................................35
CAPÍTULO III: “EL PECULADO DE USO”................................................................................36
Breve Reseña Histórica.........................................................................................................36
Su Tipificación en el Código Penal del 91’............................................................................37
Modificación por la Ley N° 29703 – 2011.............................................................................37
Modificación de 2013 y la Estructura Actual.........................................................................37
Sobre el Peculado de Uso.....................................................................................................38
Bien Jurídico Protegido.........................................................................................................40
Sujeto Activo.........................................................................................................................41
Sujeto Pasivo........................................................................................................................41
Tipicidad Subjetiva................................................................................................................42
Antijuridicidad........................................................................................................................42
Culpabilidad...........................................................................................................................43
Consumación y Tentativa......................................................................................................43
Penalidad..............................................................................................................................44
CAPÍTULO IV: “MALVERSACIÓN DE FONDOS”....................................................................45
Breve Reseña Histórica.........................................................................................................47
Bien Jurídico Protegido.........................................................................................................48
Sujeto Activo.........................................................................................................................49
Sujeto Pasivo........................................................................................................................50
Tipicidad Subjetiva................................................................................................................51
Antijuridicidad........................................................................................................................52
Culpabilidad...........................................................................................................................52
Consumación y Tentativa......................................................................................................53
Penalidad..............................................................................................................................54
Tipicidad Objetiva..................................................................................................................55
 Objeto Material del Delito...........................................................................................55
 Aplicación Definitiva Diferente....................................................................................56
 Afectación al Servicio o la Función Encomendada....................................................56
Agravante..............................................................................................................................57
INTRODUCCIÓN

En una sociedad democrática, los delitos contra la administración pública, como el peculado

doloso, el peculado culposo, el peculado de uso y la malversación de fondos, representan retos

cruciales que comprometen no solo los recursos estatales, sino también la confianza ciudadana

en sus instituciones. Estas acciones ilícitas, que afectan el patrimonio público y la correcta

administración estatal, tienen serias consecuencias legales y sociales, planteando dudas sobre la

eficacia del sistema penal en el combate a la corrupción.

Este trabajo se enfoca en un estudio detallado de estos delitos, examinando sus elementos,

formas de comisión y efectos desde una perspectiva penal. Aunque vinculados por su impacto

en los bienes públicos, cada uno presenta particularidades que ameritan un tratamiento

diferenciado. Dichas conductas no solo comprometen la gestión pública, sino que también

socavan principios esenciales como la transparencia, equidad y justicia, indispensables en una

democracia.

El peculado doloso abarca la apropiación, uso indebido o desvío intencionado de bienes

estatales por funcionarios públicos; el peculado culposo, en cambio, se origina en actos

negligentes que generan pérdidas al erario sin dolo. Por su parte, el peculado de uso se limita a

la utilización temporal de bienes públicos sin ánimo de apropiación, mientras que la

malversación de fondos consiste en desviar recursos para fines distintos de los autorizados.

Abordar estas conductas implica analizar sus definiciones legales, sanciones y mecanismos

procesales, además de evaluar las estrategias institucionales y las reformas necesarias para

mejorar la prevención y respuesta penal. La doctrina y la jurisprudencia constituyen

herramientas clave para una correcta aplicación de las normas, asegurando su eficacia frente a

las complejidades de estos delitos.


Además, es indispensable considerar el papel de los denunciantes, la transparencia en las

investigaciones y la adecuada reparación del daño causado, elementos que fortalecen la

confianza pública. La sanción efectiva de los responsables y la restitución del patrimonio son

vitales no solo para proteger los recursos públicos, sino también para consolidar la credibilidad

del sistema judicial.

El propósito de esta monografía es analizar exhaustivamente los aspectos sustantivos y

procesales de estos delitos, aportando una visión integral sobre sus dinámicas y los retos

actuales que enfrenta el sistema penal. Así, busca sentar bases sólidas para repensar políticas

que permitan mejorar la eficiencia y justicia en la lucha contra la corrupción.

Este análisis se presenta como una herramienta valiosa para comprender la función del Derecho

Penal en la protección de los recursos públicos, reafirmando su papel en el fortalecimiento del

Estado de derecho y la promoción de comunidades transparentes y justas.


CAPÍTULO I: “EL PECULADO DOLOSO”
El delito de peculado se encuentra tipificado en el artículo 387° del Código Penal, en su

modalidad dolosa y culposa. Según las estadísticas del Sistema Nacional Especializado de

Delitos de Corrupción de Funcionarios, entre el 2014 y 2017 el delito de peculado ocupó el

segundo lugar en número de procesos con el 30,9% (2 696 casos), y solo fue superado por el

delito de cohecho con 33,5% (2 918 casos). Similares datos se obtienen en los registros del

Ministerio Público, que entre los años 2016 y 2018 ubican al delito de peculado con el 36,3%

(6 652 casos). Por su parte, la Procuraduría Pública Especializada en Delitos de Corrupción,

registra un total de 12 764 casos de peculado hasta diciembre de 2017. Finalmente, y conforme

a los datos de la Defensoría del Pueblo a octubre de 2017, la población penal por la comisión

del delito de peculado alcanzaba a 164 personas.

De esta manera, el delito de peculado (en sus diversas modalidades) constituye un tipo

penal de particular incidencia en el Perú. Tomando en cuenta lo dicho anteriormente,

revisaremos lo señalado por la doctrina y jurisprudencia en torno este delito.

De acuerdo con el Ministerio Público, en el año 2020, se registró un total de 3335

procesos por delitos de corrupción de funcionario, es un delito contra la administración pública

que comete un funcionario o servidor público al apropiarse, en beneficio propio o de terceros,

de caudales o bienes que se le han confiado por razón de su cargo, o al darles un uso indebido

distinto al previsto por la ley. Este delito requiere que el autor actúe con dolo, es decir, con

conocimiento y voluntad de apropiarse o utilizar los bienes públicos en forma contraria a su

finalidad legítima. La norma protege el patrimonio del Estado y busca garantizar la

transparencia, la probidad y la confianza en la administración pública. La pena aplicable

depende de la gravedad del daño causado: puede incluir una condena de 4 a 8 años de prisión

en casos simples, o de 8 a 12 años si el perjuicio es de especial gravedad. Además, se imponen

sanciones accesorias como la inhabilitación para ejercer funciones públicas y la obligación de


reparar el daño causado al patrimonio estatal. El delito de peculado no solo abarca la

apropiación directa, sino también el uso irregular de los bienes públicos, como su disposición

en actividades ajenas al interés del Estado o en provecho de intereses particulares, incluso si no

hay un daño patrimonial directo pero sí un riesgo al manejo correcto de los recursos públicos.

Es un delito considerado de lesa administración pública, ya que afecta directamente la

confianza ciudadana en las instituciones del Estado y la correcta gestión de los recursos que

pertenecen a toda la sociedad.

Sujetos del Delito de Peculado


Los sujetos activos son aquellos que ostentan la condición de funcionarios o servidores

públicos, dado que el tipo penal requiere que el autor tenga una posición especial derivada de

su relación con la administración pública. Según el artículo 425 del Código Penal, se considera

funcionario o servidor público a toda persona que, de manera permanente o transitoria, ejerce

funciones públicas, ya sea mediante nombramiento, contrato, elección o cualquier modalidad

jurídica en una entidad del Estado o que administre recursos públicos. Asimismo, pueden ser

considerados sujetos activos los trabajadores de entidades privadas que, por delegación o

convenio, administren bienes o fondos del Estado. Es importante destacar que este delito

también puede ser cometido por particulares que, sin ser funcionarios, actúan como cómplices

o instigadores, colaborando con el funcionario público en la apropiación o uso indebido de los

bienes públicos.

El sujeto pasivo, este es el Estado en su conjunto, dado que el delito atenta contra el

patrimonio público y la correcta administración de los recursos destinados al bienestar general.

Sin embargo, en un sentido más amplio, se considera también sujeto pasivo a la sociedad en su

conjunto, ya que el daño al patrimonio estatal afecta directamente los intereses de la población,

especialmente en la capacidad del gobierno para atender las necesidades públicas. La posición

de garante que ostenta el funcionario público con respecto a los bienes que le han sido
confiados constituye un elemento central en este delito, ya que su deber es proteger y gestionar

dichos bienes con probidad y en beneficio del interés colectivo, lo que agrava la conducta

cuando se traiciona dicha confianza.

Bien Jurídico Tutelado


Teniendo en cuenta lo mencionado por el Acuerdo Plenario N°4-2005/CJ-116, el

peculado es un delito pluriofensivo lo que busca garantizar el principio de no lesividad de los

intereses patrimoniales de la administración Pública y evitar el abuso de poder del que se halla

facultado el funcionario o servidor público, resguardando así los deberes funcionales de lealtad

y probidad. Por ende el bien jurídico tutelado en el delito de peculado doloso, es el patrimonio

del Estado, entendido como el conjunto de bienes, fondos, recursos y caudales destinados al

cumplimiento de las funciones públicas y al bienestar colectivo. Este patrimonio representa no

solo los recursos materiales que administra el Estado, sino también los valores éticos y

principios de probidad, legalidad y transparencia que deben regir la gestión pública. La norma

protege la integridad de estos recursos, asegurando que sean utilizados exclusivamente para los

fines previstos por la ley y en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Por otro lado, el bien jurídico tutelado abarca la correcta administración pública, ya que

el manejo responsable y honesto de los recursos públicos es esencial para garantizar la

confianza ciudadana en las instituciones estatales y para prevenir actos de corrupción que

deslegitiman al aparato estatal. En este contexto, el peculado doloso no solo afecta al

patrimonio en términos financieros, sino que también genera un daño institucional y social al

desviar recursos que deberían ser utilizados para satisfacer necesidades públicas, como la

educación, la salud o la infraestructura. De esta manera, el legislador busca salvaguardar tanto

los bienes tangibles como los intangibles relacionados con la función pública, promoviendo un

desempeño eficiente y ético de los servidores y funcionarios públicos en su rol de

administradores de los recursos de toda la nación.


Conducta Típica
La conducta típica del delito de peculado doloso, abarca una acción ilícita ejecutada por

un funcionario o servidor público que, aprovechando la relación funcional que tiene con bienes,

caudales o efectos confiados para su administración, custodia o aplicación, se apropia de ellos

o les da un uso indebido. Este comportamiento supone una traición a los deberes de probidad y

transparencia inherentes al cargo público, configurándose a partir de dos modalidades

principales: la apropiación indebida, que implica que el agente actúe como si los bienes fueran

de su propiedad, privando al Estado o a la entidad administradora de su legítima titularidad; y

el uso indebido, que se da cuando el funcionario desvía los bienes o caudales hacia un destino

distinto al legalmente establecido o ajeno al interés público.

El elemento central de la conducta típica radica en el abuso del cargo público, pues es

precisamente la posición funcional del agente lo que le permite acceder y disponer de los

recursos públicos en contravención a su deber de resguardarlos y administrarlos con integridad.

Esta relación funcional con los bienes del Estado, que supone una posición de confianza, es lo

que distingue al peculado doloso de otros delitos como el hurto o la apropiación ilícita por

particulares. La acción debe ser dolosa, es decir, realizada con conocimiento y voluntad de

causar un perjuicio al patrimonio estatal o de obtener un beneficio indebido, ya sea para el

propio agente o para terceros. Este dolo puede incluir tanto la intención directa de apropiarse o

usar los bienes en contra de su finalidad como la aceptación consciente de que su acción

vulnera los intereses protegidos por la norma.

Para que el delito se configure, es indispensable que los bienes, caudales o efectos

involucrados sean de titularidad estatal o pertenezcan a una entidad que administre recursos

públicos. Estos bienes pueden ser de naturaleza dineraria, material o incluso derechos que

tengan valor económico y estén destinados al cumplimiento de funciones públicas. Asimismo,

deben haber sido confiados al funcionario o servidor en razón de su cargo, lo que establece un
deber de custodia que el agente transgrede mediante su conducta ilícita. El concepto de

“confianza” aquí es clave, pues implica que el agente tiene acceso legítimo a los bienes como

parte de sus responsabilidades, lo que distingue este delito de otros en los que el acceso a los

bienes es ilegítimo desde el inicio.

La conducta típica del peculado doloso puede manifestarse de diversas formas

concretas, como la apropiación de dinero público para uso personal, el empleo de vehículos

estatales para fines privados, el uso de materiales o equipos del Estado en actividades

particulares, o incluso el otorgamiento indebido de recursos públicos a terceros, como

contratistas, empresas o individuos, en contravención de las disposiciones legales. Estas

acciones, aunque diversas en su ejecución, tienen en común el elemento subjetivo del dolo y el

incumplimiento del deber funcional del agente. Además, no es necesario que el daño

patrimonial sea definitivo o incluso que se concrete, ya que el mero riesgo de afectación al

patrimonio estatal o la desviación del destino legítimo de los bienes es suficiente para

configurar el delito, dado el interés público en proteger los recursos estatales de cualquier uso

indebido.

Desde una perspectiva más amplia, la tipicidad del peculado doloso no solo abarca la

afectación económica directa al Estado, sino también el impacto institucional y social que

genera. Este delito socava la confianza de la ciudadanía en la administración pública, deteriora

la imagen de las instituciones y debilita el cumplimiento de las funciones estatales. Por ello, la

regulación de esta conducta no solo busca sancionar al agente que la comete, sino también

prevenir actos similares mediante la imposición de penas severas, como prisión efectiva e

inhabilitación para ejercer funciones públicas. Además, este tipo penal refleja la especial tutela

que el ordenamiento jurídico otorga al patrimonio público, reconociendo su carácter colectivo y

su rol fundamental en la provisión de bienes y servicios esenciales para la población.


Objeto sobre el que recae la Conducta
Los objetos sobre los que recaen las conductas sancionadas en el delito de peculado son

los caudales o efectos públicos. Un bien tendrá dicha naturaleza siempre que esté destinado a

cumplir finalidades públicas. Es importante mencionar al respecto que, conforme al acuerdo

plenario N°1-2010/CJ-116, estos bienes pueden ser patrimonio íntegramente del Estado;

patrimonio parcialmente del Estado (como son los bienes de sociedades de economía mixta

integrada por capital proveniente tanto del Estado como del sector privado); o patrimonio

privado que se encuentre en posesión directa del Estado, al ejercer la administración temporal

del mismo, ya sea por fines institucionales o de servicio. Esto no solo abarca una amplia gama

de bienes, caudales y fondos que pertenecen al Estado, sino que también refleja la esencia del

interés colectivo al proteger aquellos recursos que son esenciales para la consecución de los

fines del Estado, tales como la educación, salud, infraestructura y seguridad pública. Este

patrimonio público, confiado a los servidores y funcionarios públicos para su administración,

es la columna vertebral del funcionamiento estatal y la garantía del bienestar de la sociedad. El

peculado doloso, en este sentido, no se limita a la sustracción o uso indebido de bienes

tangibles como dinero, vehículos o inmuebles, sino que también incluye los bienes intangibles,

como créditos, contratos, concesiones, recursos financieros asignados a programas específicos

o incluso fondos destinados a proyectos públicos. Estos recursos son igualmente susceptibles

de ser objeto de apropiación o desvío cuando caen bajo la administración de una persona

encargada de gestionarlos en nombre del Estado.

El estado de confianza en el que se encuentra el funcionario o servidor público en

relación con estos bienes es otro aspecto fundamental. La figura del funcionario público,

definido por el Código Penal Peruano, se extiende más allá de aquellos con nombramiento

oficial o contrato estatal, e incluye a todas aquellas personas que, mediante acuerdos,

convenios o delegaciones, asumen responsabilidades de gestión pública, incluso en entidades


privadas que manejan fondos públicos. Es este contexto de confianza el que hace del peculado

doloso un delito particularmente grave, ya que no solo se daña el patrimonio material del

Estado, sino que se erosiona la legitimidad del sistema de administración pública.

Cabe resaltar que el objeto del delito no se limita a la simple apropiación física de

bienes. En muchas ocasiones, el peculado se configura cuando los recursos son utilizados de

manera inadecuada o destinados a fines no autorizados, como puede ser el uso de vehículos o

equipos estatales para fines privados, el desvío de fondos destinados a proyectos de salud o

educación para otras actividades personales o políticas, o la contratación de servicios o

adquisiciones que no responden a las necesidades de la entidad pública. En estos casos, el daño

no es siempre directo o evidente, pero la desviación de recursos o su gestión irregular afectan

de manera significativa la capacidad del Estado para cumplir con sus funciones esenciales y

satisfacer las necesidades colectivas. Este delito también puede incluir la malversación de

recursos no monetarios, como documentos o datos de valor estratégico, como registros de

propiedad o información pública, que, al ser manipulados o apropiados de manera ilícita,

afectan el bienestar general y la justicia social. El peculado también puede referirse al uso de

bienes o fondos públicos para obtener favores personales, políticos o comerciales, lo que

compromete aún más la integridad del servicio público, afectando la confianza de los

ciudadanos en las instituciones estatales y fomentando prácticas de corrupción sistémica.

Además, la protección de los bienes públicos no solo se refiere al bienestar inmediato

del Estado, sino también a la sostenibilidad a largo plazo de la administración pública. El mal

uso o apropiación indebida de recursos afecta la capacidad del gobierno para ejecutar políticas

públicas eficaces y para generar proyectos de infraestructura que beneficien a la población. Así,

se compromete la sostenibilidad económica del país y se propician desigualdades sociales, ya

que los recursos destinados a sectores vulnerables pueden ser desvirtuados, dejándolos sin el

apoyo necesario para su desarrollo y acceso a servicios básicos.


Apropiarse o utilizar, los mismos que deben contener ciertos elementos para su

configuración; estos son, en tal virtud, los elementos materiales del tipo penal:

 Existencia de una Relación Funcional entre el Sujeto Activo y los Caudales

y Efectos: Se entiende por relación funcional el poder de vigilancia y control

sobre la cosa como mero componente típico, esto es, competencia del cargo,

confianza en el funcionario en virtud del cargo, el poder de vigilar y cuidar los

caudales o efectos.

 La Percepción: No es más que la acción de captar o recepcionar caudales o

efectos de procedencia diversa pero siempre lícita. La administración, que

implica las funciones activas de manejo y conducción. La Custodia, que importa

la típica posesión que implica la protección, conservación y vigilancia debida

por el funcionario o servidor de los caudales y efectos públicos.

 Apropiación o Utilización: En el primer caso estriba en hacer suyo los caudales

o efectos que pertenecen al Estado, apartándose de la esfera de la función de la

Administración Pública y colocándose en situación de disponer de los mismos.

En el segundo caso: Utilizar, se refiere al aprovecharse de las bondades que

permite el bien (caudal o efecto), sin tener el propósito final de apoderarse para

sí o para un tercero.

 El Destinatario: Para sí, el sujeto activo puede actuar por cuenta propia,

apropiándose el mismo de los caudales o efectos, pero también puede cometer el

delito para favorecer a terceros. Para otro, se refiere al acto de traslado del bien,

de un dominio parcial y de tránsito al dominio final del tercero.

 Caudales y Efectos: Los primeros, son bienes en general de contenido

económico, incluido el dinero. Los efectos, son todos aquellos objetos, cosas o
bienes que representan un valor patrimonial público, incluyendo los títulos

valores negociables.

Administración, Percepción o Custodia


Siguiendo al Acuerdo Plenario 4-2005-CJ-116, se entiende por percepción a la acción

de captar o recepcionar caudales o efectos de diversa procedencia, pero siempre de manera

lícita, que pasan a integrar el patrimonio del Estado; la administración implica las funciones

activas de manejo y conducción de dichos bienes; y la custodia conlleva la protección,

conservación y vigilancia debida por parte del funcionario o servidor de los caudales o efectos

públicos.

La administración, percepción o custodia son los elementos centrales que definen la

relación funcional del funcionario o servidor público con los bienes, caudales o efectos en el

delito de peculado doloso. Estos conceptos delimitan la forma en que los recursos públicos son

confiados al agente, estableciendo un deber especial de resguardo y gestión conforme a los

fines establecidos por la normativa. La administración implica la gestión activa de los bienes o

recursos, lo que abarca decisiones relacionadas con su uso, disposición o destino, y supone que

el agente tiene un control directo y permanente sobre ellos. Este ámbito puede incluir funciones

como la aprobación de pagos, la ejecución de presupuestos o la supervisión de proyectos

públicos. La percepción, por su parte, se refiere a la facultad del funcionario de recibir o

recaudar caudales o bienes en nombre del Estado, como sucede en el caso de tesoreros,

recaudadores o cualquier servidor encargado de cobrar impuestos, tasas o contribuciones. Este

concepto destaca la responsabilidad de quienes manejan recursos que no les pertenecen, pero

que están bajo su control temporal hasta que sean destinados al fin público correspondiente.

Finalmente, la custodia implica la obligación de guardar, proteger y preservar los bienes

confiados, asegurando su integridad y disponibilidad para los fines públicos, lo que puede

aplicarse a funcionarios que almacenan documentos, fondos o materiales en depósitos o


inventarios. Estas tres modalidades de relación funcional establecen la confianza que el Estado

deposita en el funcionario, quien tiene el deber de garantizar que los bienes se utilicen

únicamente para los fines colectivos previstos. Cuando el agente, abusando de su cargo, se

apropia o desvía estos recursos, rompe esta relación de confianza y transgrede su deber de

probidad, configurando el peculado doloso. Tambié, la existencia de este vínculo funcional es

esencial para diferenciar este delito de otros como el hurto o la estafa, ya que la conducta ilícita

del funcionario surge precisamente de su posición legítima de acceso a los bienes públicos. El

daño no solo es patrimonial, sino también institucional, pues se afecta la capacidad del Estado

para cumplir con sus objetivos, y se vulnera la confianza ciudadana en la administración

pública. Por ello, la administración, percepción o custodia no solo delimitan el ámbito del

delito de peculado doloso, sino que también constituyen la base de la especial protección

jurídica que se otorga a los recursos públicos frente a cualquier abuso o desvío.

El Beneficiario o Destinatario en el Delito de Peculado


El beneficiario o destinatario de los bienes, caudales o efectos objeto del ilícito puede

ser tanto el propio funcionario o servidor público que comete el delito, como un tercero que

recibe los recursos públicos de manera indebida. El elemento clave es que el agente, abusando

de la confianza inherente a su cargo y de su posición funcional, desvía, se apropia o utiliza los

bienes estatales para favorecer intereses privados que no corresponden al interés público ni a

los fines establecidos por la ley. Cuando el beneficiario es el mismo funcionario, el delito se

configura a través de actos de apropiación directa, como el uso de dinero público para gastos

personales o la utilización de bienes estatales como vehículos, inmuebles o equipos en

actividades ajenas a su función pública. Por otro lado, si el destinatario es un tercero, este

puede ser una persona natural o jurídica que se beneficia de forma ilícita, por ejemplo,

mediante la adjudicación irregular de contratos, la transferencia de fondos públicos, o la

entrega de bienes en condiciones ventajosas o contrarias a la normativa.


En este caso, el funcionario actúa como un facilitador del desvío de recursos, violando

los principios de probidad y transparencia que deben regir su conducta. Lo relevante es que, en

ambos supuestos, el dolo del agente debe dirigirse a beneficiar al destinatario mediante la

disposición ilegítima de recursos que le han sido confiados en virtud de su cargo. Este

beneficio puede ser económico, político, personal o de otra índole, siempre que implique una

desviación de los fines públicos. Esto no es necesario que el beneficiario o destinatario utilice

efectivamente los bienes o que el daño patrimonial sea consumado, ya que basta con que exista

un riesgo efectivo de perjuicio al patrimonio estatal o al interés público. Este aspecto refuerza

la importancia de proteger los recursos públicos frente a cualquier desviación o uso indebido,

independientemente de quién sea el beneficiario final. En última instancia, la figura del

beneficiario o destinatario en el peculado doloso subraya cómo este delito no solo afecta

directamente al patrimonio del Estado, sino que también corrompe la función pública al

priorizar intereses privados sobre el bienestar colectivo, lo que impacta negativamente en la

confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas.

Perjuicio al Estado
El perjuicio al Estado en el delito de peculado doloso, constituye una de las

consecuencias más graves de esta conducta ilícita, pues afecta no solo el patrimonio estatal,

sino también la capacidad del Estado para cumplir con sus funciones esenciales y garantizar el

bienestar colectivo. Este perjuicio puede ser directo, como ocurre cuando se produce la

apropiación o sustracción de dinero, bienes o caudales públicos, lo que disminuye el

patrimonio del Estado de manera tangible e inmediata, o indirecto, cuando el daño se

manifiesta a través de la afectación de la integridad, disponibilidad o destino legítimo de los

recursos públicos. En este último caso, el perjuicio puede incluir la imposibilidad de ejecutar

obras públicas, la interrupción de servicios esenciales como salud o educación, o la pérdida de


confianza en las instituciones públicas, lo que genera un daño moral y social difícil de

cuantificar.

Además, el perjuicio no requiere ser consumado en términos estrictamente materiales;

basta con que exista un riesgo efectivo de daño al patrimonio estatal, pues la norma busca

prevenir cualquier acción que pueda comprometer los recursos públicos, independientemente

de si el daño es concreto o potencial. Este enfoque subraya la importancia de proteger los

bienes públicos como expresión de un interés colectivo, dado que cualquier desviación o mal

uso repercute negativamente en la población, especialmente en los sectores más vulnerables,

que dependen directamente de los programas y servicios financiados por el Estado. Asimismo,

el perjuicio al Estado en el peculado doloso no solo se mide en términos económicos, sino

también en la erosión de la confianza ciudadana en la administración pública, ya que este delito

representa una traición a los principios de probidad y transparencia que deben regir el ejercicio

de la función pública. En suma, el perjuicio causado por el peculado doloso trasciende el

ámbito patrimonial, impactando de manera estructural en la eficiencia del Estado, el

cumplimiento de sus fines constitucionales y la legitimidad de las instituciones encargadas de

gestionar los recursos públicos en beneficio de toda la sociedad. El valor de lo apropiado o

utilizado es previsto como una agravante cuando sobrepase las 10 unidades impositivas

tributarias. De la misma manera, si es que los caudales o efectos estaban destinados a fines

asistenciales (“campañas de ayuda o auxilio destinadas a cubrir urgencias o necesidades de la

población, ya sea mediante la asignación de recursos que hace el Estado o con las donaciones

de organismos nacionales e internacionales”) o a programas de apoyo social (“líneas o

campañas de orientación estatal de carácter ya más permanente y con asignaciones

presupuestarias para paliar los contrastes socio-económicos en las poblaciones necesitadas”).


Consumación
La consumación del delito de peculado doloso, regulado en el artículo 387 del Código

Penal Peruano, se produce en el momento en que el funcionario o servidor público se apropia,

utiliza o desvía indebidamente los bienes, caudales o efectos que le han sido confiados en

virtud de sus funciones, con la intención dolosa de obtener un beneficio propio o para terceros.

A diferencia de otros delitos contra el patrimonio, en el peculado no es necesario que el

perjuicio al Estado se materialice completamente para que el delito se considere consumado;

basta con que el agente disponga de los bienes de manera ilícita, ejerciendo un control o

aprovechamiento contrario a los fines públicos previstos. Por ejemplo, en casos de apropiación,

el delito se consuma cuando el funcionario actúa como propietario de los bienes públicos,

utilizándolos para sus intereses personales. En situaciones de uso indebido, el delito se

consuma al momento en que los bienes son destinados a un fin ajeno al interés público, como

el uso de vehículos oficiales para actividades particulares o la entrega de recursos públicos a

terceros sin justificación legal. En el caso del desvío de fondos, la consumación se produce

cuando los recursos son transferidos o utilizados de manera incompatible con su finalidad

pública.

Asimismo, la consumación no depende del monto o valor de los bienes afectados, ya

que cualquier acción que comprometa la integridad o destino de los recursos públicos es

suficiente para configurar el delito, incluso si el daño patrimonial es potencial o mínimo. Este

enfoque refuerza el carácter preventivo de la norma, orientado a proteger de manera estricta los

bienes estatales frente a cualquier abuso de la posición funcional del agente. Por otro lado, es

importante destacar que el delito de peculado doloso no admite la figura de tentativa en muchas

de sus modalidades, ya que el acceso del funcionario a los bienes públicos implica que, una vez

realizada la acción ilícita, el delito ya está consumado.


Modalidades del Peculado Doloso
El peculado doloso, tipificado en el artículo 387 del Código Penal Peruano, presenta

diversas modalidades que reflejan las diferentes formas en que un funcionario o servidor

público puede apropiarse, usar o desviar los bienes, caudales o efectos que le han sido

confiados en virtud de su cargo. Entre las principales modalidades se encuentra el peculado por

apropiación, que ocurre cuando el funcionario actúa como si los bienes públicos fueran de su

propiedad, privando al Estado de ellos de manera definitiva o parcial, y destinando a fines

personales o ajenos al interés público. Esta es la forma más directa del delito, ya que implica un

despojo claro y consciente del patrimonio estatal. Otra modalidad es el peculado por uso, que

se configura cuando el agente utiliza los bienes públicos para un fin distinto al establecido por

la normativa o para un propósito que no responde al interés general. Un ejemplo típico es el

uso de vehículos oficiales para actividades personales o familiares. Aunque en esta modalidad

no necesariamente hay una apropiación permanente de los bienes, sí se produce una desviación

de los fines públicos y un abuso de la confianza depositada en el funcionario. Por último, puede

identificarse el peculado por desvío de recursos, que ocurre cuando el agente transfiere o asigna

fondos públicos a actividades o personas que no corresponden a su destino legal, como otorgar

beneficios económicos indebidos a terceros o financiar proyectos ajenos al interés estatal. Estas

modalidades comparten elementos comunes, como el abuso de la posición funcional, la

relación de confianza con los bienes públicos, y el dolo del agente, que actúa con conocimiento

y voluntad de perjudicar al Estado o favorecer intereses particulares. No obstante, también se

diferencian por el tipo de conducta realizada y el impacto que generan en el patrimonio

público, siendo todas ellas expresiones de una misma violación al principio de probidad en la

administración pública. La diversidad de modalidades del peculado doloso resalta la

importancia de contar con mecanismos efectivos de control y prevención, ya que estos delitos
afectan no solo el patrimonio estatal, sino también la legitimidad y eficacia del sistema

institucional del país.

 Peculado por Apropiación

El peculado por apropiación ocurre cuando el funcionario o servidor público se

apodera de bienes, caudales o efectos del Estado o de entidades que administran

recursos públicos, actuando como si fueran de su propiedad. En esta modalidad, el

agente ejerce un control total sobre los bienes con la intención de excluir al Estado

de su titularidad o disponibilidad legítima. La apropiación puede ser definitiva o

temporal, siempre que implique la intención dolosa de sustraer los bienes del ámbito

estatal. Un ejemplo típico es la disposición de dinero público para fines personales o

la venta de bienes estatales en beneficio propio. Este tipo de peculado es

considerado la modalidad más grave, ya que afecta directamente el patrimonio

estatal y representa una violación flagrante de la confianza depositada en el

funcionario.

 Peculado por Uso

El peculado por uso se configura cuando el funcionario utiliza bienes públicos para

un fin distinto al previsto por la normativa o al interés público. A diferencia del

peculado por apropiación, en esta modalidad no se busca sustraer los bienes de

manera permanente, sino destinarlos temporalmente a un uso personal o indebido.

Ejemplos comunes incluyen el uso de vehículos oficiales para actividades privadas,

el empleo de instalaciones públicas con fines comerciales personales, o el uso de

equipos estatales para actividades no relacionadas con la función pública. Aunque el

daño patrimonial puede ser menor en comparación con la apropiación, esta

modalidad implica un abuso de la posición funcional y una desviación de los fines


públicos, lo que compromete igualmente la integridad del sistema administrativo y

la confianza ciudadana.

 Peculado Culposo como Variante Diferenciada

El peculado culposo, aunque no es propiamente una modalidad dolosa, se encuentra

regulado en el segundo párrafo del artículo 387 del Código Penal Peruano como una

variante que amplía la protección del patrimonio público. Este se configura cuando

el funcionario, por negligencia, imprudencia o inobservancia de sus deberes,

permite que los bienes públicos sean sustraídos, utilizados o apropiados por

terceros. A diferencia del peculado doloso, en esta modalidad no existe intención

deliberada de causar daño al patrimonio estatal, pero sí un incumplimiento grave de

los deberes de cuidado inherentes a la función pública.

Elementos de Prueba y Criterios de Imputación


Para demostrar el delito de peculado doloso y atribuir responsabilidad penal al

funcionario o servidor público, es necesario reunir elementos probatorios suficientes que

acrediten tanto la materialidad del hecho como el dolo del agente. Estos elementos deben

probar que el sujeto activo, aprovechándose de su relación funcional con los bienes públicos, se

apropió, utilizó o desvió dichos recursos de forma indebida, causando un perjuicio real o

potencial al patrimonio estatal.

 Evidencia Documental y Administrativa


Uno de los principales medios probatorios en los casos de peculado doloso son los

documentos oficiales y administrativos que acrediten el manejo y destino de los

bienes públicos. Estos pueden incluir:


 Registros Contables y Financieros: Como estados de cuentas, libros

contables y comprobantes de pagos, que evidencian movimientos irregulares

de fondos.

 Resoluciones, Contratos o Documentos de Asignación de Recursos: Esto

permite identificar desvíos o usos indebidos de bienes estatales.

 Reportes de Inventarios o Balances Patrimoniales: Son documentos

faltantes de bienes materiales o recursos económicos.

 Correspondencia Oficial o Correos Electrónicos: Revelan la intención

dolosa o el uso inadecuado de los bienes públicos. La evidencia documental

es clave para vincular al agente con las acciones ilícitas y demostrar su

responsabilidad directa en el manejo indebido de los recursos.

 Auditorías y Controles Internos en la Detección del Delito


Las auditorías y controles internos son herramientas clave para detectar el peculado

doloso antes de que el caso llegue al ámbito judicial. Estos mecanismos de control permiten

identificar posibles irregularidades y prevenir actos de corrupción en la administración pública.

Los principales instrumentos utilizados en este ámbito incluyen:

 Auditorías Financieras y de Gestión: Las auditorías externas e internas son

fundamentales para evaluar el cumplimiento de las normas contables,

fiscales y administrativas en la gestión de los recursos públicos. A través de

una revisión exhaustiva de los registros financieros y los procesos de

asignación de recursos, las auditorías pueden descubrir desviaciones o

manejos inadecuados de fondos, que pueden constituir peculado. Las

auditorías de gestión también permiten evaluar si los recursos están siendo

utilizados para los fines establecidos, y no desviados para beneficio personal.


 Sistemas de Monitoreo Interno: El uso de software especializado en la

gestión de recursos públicos y el análisis de riesgos permite a las

instituciones públicas identificar anomalías en tiempo real. Los sistemas

informáticos pueden generar alertas automáticas cuando se detectan

movimientos inusuales o gastos no autorizados, facilitando la identificación

temprana de actos de peculado. Además, los mecanismos de control interno

permiten que los responsables rindan cuentas de manera clara y que se lleve

un registro detallado de todas las transacciones.

 Informes de Control emitidos por Entidades Fiscalizadoras: En Perú, la

Contraloría General de la República y otras entidades fiscalizadoras tienen la

función de revisar y auditar la gestión de los recursos públicos en todos los

niveles del gobierno. Estas entidades emiten informes de control que pueden

identificar actos de peculado, irregularidades en el uso de fondos públicos y

violaciones de las normativas legales. Estos informes, junto con las

auditorías internas, son esenciales para sustentar las acusaciones de peculado

y para iniciar las investigaciones judiciales correspondientes.

La función preventiva de las auditorías y los controles internos es crucial para evitar

que los recursos públicos sean mal gestionados o desviados, protegiendo de esta manera el

patrimonio estatal y promoviendo la transparencia en la administración pública. Además, estos

informes proporcionan una base objetiva y documentada que facilita el trabajo de las

autoridades judiciales en la investigación del delito.

 Criterios Jurisprudenciales en la Configuración del Peculado

Los criterios jurisprudenciales desarrollados por los tribunales peruanos tienen una

gran importancia en la configuración del peculado doloso y en la aplicación de la


ley penal. A lo largo de los años, el Poder Judicial ha establecido principios que

guían la interpretación y aplicación de las normas sobre peculado. Entre los criterios

más relevantes, se destacan los siguientes:

 Relación Funcional del Agente con los Bienes Públicos: Es esencial

probar que el funcionario tenía bajo su responsabilidad, en virtud de su

cargo, los bienes del Estado que fueron objeto de apropiación, uso indebido

o desvío. La relación funcional significa que el agente debía velar por la

correcta administración de los recursos públicos, y su actuación contraria a

este deber es lo que da lugar al delito de peculado.

 Presencia del Elemento Subjetivo del Dolo: Para que se configure el

peculado doloso, debe probarse que el funcionario actuó con la intención de

apropiarse o desviar los bienes públicos para su beneficio o el de terceros.

La intención dolosa se distingue de situaciones culposas, en las que no hay

intención directa de causar perjuicio. El dolo implica que el funcionario

actuó con conocimiento y voluntad de cometer el delito.

 Configuración del Perjuicio al Patrimonio Estatal: La configuración del

peculado no exige que haya un daño material directo en el patrimonio del

Estado. Basta con demostrar que hubo un riesgo real o potencial de

afectación, es decir, que los bienes pudieron haberse perdido, desviado o

usado indebidamente, lo cual constituye un perjuicio al interés público. En

este sentido, el daño no tiene que ser consumado, sino que puede ser

potencial o eventual.

 Uso Indebido Temporal: Incluso cuando los bienes públicos no son

apropiados de manera definitiva, su uso indebido durante un periodo


temporal puede ser considerado peculado, siempre que se pruebe que el

funcionario actuó fuera de los límites de su función, desviando los bienes del

fin público para fines personales.

 Carga Probatoria para la Defensa: Cuando se detectan irregularidades

claras en el manejo de los bienes públicos, es responsabilidad del

funcionario justificar el uso que ha dado a los recursos. La carga de la

prueba en estos casos se invierte en favor de la defensa, ya que el

funcionario debe demostrar que sus actos fueron legítimos y no

constituyeron un abuso de su posición.

CAPÍTULO II: “EL PECULADO CULPOSO”

Antecedentes Legales
En el código penal de 1924, el artículo 346 (segundo párrafo) contempló el delito

culposo de peculado bajo el siguiente modelo: “la pena será de multa de tres a noventa días de

multa si el delincuente, por negligencia, hubiese dado ocasión que se efectúe por otra persona

la sustracción de caudales y efectos”.

El modelo extranjero utilizado como fuente fue el Código penal español de 1870

(artículo 406); guarda semejanza también con el esquema argentino, sobre todo en la precisión

sobre el tercero.

La Figura Penal
El tipo penal del peculado culposo integra un tipo básico y una modalidad agravada

anexada al texto por la ley Nº26198 del 13 de junio de [Link] figura hace alusión directa a

la sustracción producida por una tercera persona aprovechándose del estado de descuido

imputable al funcionario o servidor público. Es decir, se trata de una culpa que origina un

delito doloso de tercero. Por lo mismo, la apropiación, utilización o sustracción por culpa
imputable al acto propio del funcionario o servidor carece de relevancia penal y no constituye

delito en la normatividad penal peruano, sin perjuicio que ellos suponga relevancia

administrativa.

El modelo peruano en comparación con el argentino, en una formulación más genérica

y técnica y que deja al ámbito de la interpretación jurídico-dogmática tal trabajo, no hace

mención expresa a la negligencia o imprudencia, tampoco a la inobservancia de los

reglamentos o deberes de la función. El Código Penal Español al igual que otras legislaciones

penales no contemplan esta figura de peculado culposo.

El modelo colombiano de peculado culposo precisa el extravío, la pérdida o el daño

como consecuencia de la conducta y del sujeto vinculado que infringe su deber de diligencia y

cuidado en la preservación del bien.

Bien Jurídico Protegido


Es el mismo que para el peculado doloso. La criminalización de esta conducta pone de

relieve la fuerza de la concepción patrimonialista del peculado que asume nuestro Código

Penal.

Componentes Típicos
a) La Sustracción

El verbo rector es “sustraer” utilizado por nuestro tipo penal, al igual que en la

legislación argentina y española, significa el alejamiento de los caudales o efectos del ámbito

de la vigilancia de la administración pública, con aprehensión física de los mismos por parte

del tercero, que se aprovecha así del estado de culpa incurrido por el funcionario o servicio. La

disponibilidad es un elemento no necesariamente exigible para perfeccionar la sustracción, lo

que implica que no se requiere que el agente disponga del bien o que este sea irrecuperable.
Sustraer es, así, extraer, retirar o alejar el bien del lugar donde se encuentran, en este caso bajo

dominio de la administración pública.

Técnico-legislativamente se ha preferido usar el verbo “sustraer” que apropiar o

apoderarse, por ser más adecuado a la acción del tercero que no participa de las características

inherentes a la posesión del bien, esto es, a la vinculación funcional.

b) La Culpa del Funcionario o Servidor Público

Culpa es un término global usado para incluir en él todas las formas conocidas de

comisión de un hecho diferentes al dolo, la fuerza mayor y el caso fortuito. Habrá culpa en el

sujeto activo del delito, cuando este no toma las precauciones necesarias para evitar

sustracciones (la culpa del delito de peculado se refiere exclusivamente a sustracciones, no al

término impreciso de pérdidas), vale decir cuando viola deberes del debido cuidado sobre los

caudales o efectos, a los que está obligado por la vinculación funcional que mantiene con el

patrimonio público. Caben aquí las especificaciones de calidad especial, de posesión con el

caudal o efecto, y de vinculación funcional requeridos para el autor en el delito doloso de

peculado, vale decir, deberá tratarse de un funcionario o servidor público que tenga la

percepción, administración o custodia de dichos bienes (alternativa o conjuntamente), y que los

mismos le estén confiados por razón del cargo que ocupa. Obviamente, el sujeto activo

(agente), según la norma personal no deberá apropiarse o utilizar los caudales o bienes ni

permitir dolosamente, sin concierto, que otro ejecute dichas conductas, pues en el primer caso

estaremos frente a un tipo doloso de peculado mientras que en el segundo se tratará de

complicidad primaria en el delito de hurto del extraneus. Incluso puede analizarse la

posibilidad de que el funcionario o servidor vinculado sea un autor mediato del delito de hurto,

al utilizar a terceros, que obran sin dolo para que aprovechando de su preordenada culpa
sustraigan el caudal o efecto. Debatible es la hipótesis que el funcionario o servidor vinculado

sea autor mediato de peculado al utilizar a terceros extraneus.

El comportamiento de sujeto activo (funcionario o servidor) debe implicar una

violación o inobservancia de los deberes de cuidado exigible y posible. Si, pese a que este ha

observado estrictamente las pautas de los reglamentos donde por lo general se establecimiento

donde por lo general se establecen las normas del debido cuidado o las exigibles por la

naturaleza de la cosa y de las circunstancias, se produce la sustracción, obviamente que no

existirá imputación objetiva suficiente para hacerle acreedor de un delito culposo de peculado.

Las simples pérdidas, desórdenes o extravíos no son suficientes para generar la culpa a nivel de

relevancia penal; lo mismo cabe indicar de las infracciones a los reglamentos que sean

imputables al sujeto público y que no produzcan el resultado sustracción. El actuar culposo del

agente se convierte así en el factor generador de una situación de inseguridad para el causal o

efecto que será aprovechada por el tercero. Deberá tratarse por lo mismo de una culpa grave e

inexcusable.

Las modalidades y formas de culpa más usuales, en una lectura tradicional son la

negligencia o falta de cuidado, la imprudencia o temeridad (llamada también ligereza

inexcusable) y la impericia o niveles de relativa inexperiencia en el desempeño de la función o

cargo. En la actualidad, y más acorde con formulaciones de mayor rigurosidad, la dogmática

penal se refiere a la culpa consciente e inconsciente, según haya tenido el sujeto la capacidad y

posibilidad de prever la producción de un resultado lesivo al bien jurídico con la violencia

practicada al deber de cuidado con su comportamiento, en el entendido que confiaba que ello

no se produciría; de no haber existido la capacidad de previsión, nos hallaremos ante la culpa

inconsciente.
En la jurisprudencia nacional, la Corte Suprema ha considerado que constituyen delito

culposo, los siguientes sucesos: Tesorero que actuando con negligencia en sus funciones

obedece la orden del gerente general de una empresa del Estado, entregando una suma de

dinero de manera irregular (Ejecutoria Suprema del 15/7/99, Exp. Nº282-99). Cajero de

Hospital, que en inobservancia de los trámites pertinentes entregó a personas no autorizadas

varios cheques correspondientes al pago de pensiones, cuyos titulares no se habían apersonado

a reclamar o habían fallecido. (Ejecutoria Suprema del 23/10/97, Exp. Nº5526-96 Lima.

Sujeto Activo: Autoría


Según Rojas (2007, pág. 528) indica que el autor del delito de peculado culposo sólo

puede ser el funcionario o servidor público. El término “agente” hace referencia necesaria a los

sujetos activos del artículo 387 (primer párrafo), es decir, a los que poseen relación funcional

por el cargo. De tal forma que no pueden tratarse de cualquier funcionario o servidor. Éstos

cometerán faltas administrativas y de existir concierto con el tercero responderán por delito

común contra el patrimonio a título doloso.

Entre el sujeto activo (el funcionario o servidor público) y el tercero no existe una

relación subjetiva de continuidad de propósito; es más, no debe existir en el autor conocimiento

de los actos que va a cometer o está cometiendo el tercero. La vinculación causal directa se

establece entre la violacion del deber de cuidado por parte de funcionario o servidor y la

sustracción del dinero o bienes por el tercero. En caso que la sustracción se produzca con base

a fuentes distinta de la violación del deber de cuidado, vale decir que el tercero se valga de otro

mecanismo de anulación de defensas (por ejemplo, violando la seguridad de la ventana o el

techo. No obstante, existe culpa del sujeto público), no existirá posibilidad de imputación por

delito de peculado culposo.


El sujeto el sujeto activo del delito de peculado culposo viene ser una persona especial

ósea debe ser una persona que tenga una responsabilidad especial y este sea una persona

cualificada osea esta debe ser una persona que cumpla como servidor público y este sea un

funcionario trabajando en la administración público o algún ente que brinde servicios a la

misma ciudadanía. Lo que se plantea es el fraude administrativo el cual se verá plasmado en

este tipo penal.

La Otra Persona: Concurso de Delitos


El sujeto que sustrae los caudales o efectos, es decir, el tercero, no es sujeto activo de

delito culposo de peculado. Dicho personaje, que puede tratarse de un particular, de otro

funcionario o de otro servidor, ha sido colocado por la norma penal en una relación de

externalidad con los caudales o efectos, esto es, no mantiene con ellos vinculación jurídica, lo

que permite concluir que la imputación penal dirigido contra él se sale del marco de los delitos

de función para recaer en la comisión de hurto, apropiación ilícita, robo o estafa, según sea el

caso, generando así una concurrencia plurisubjetiva entre el sujeto especial y el sujeto común

que actúan sin concierto de voluntades. De este concurso de personas en el supuesto de hecho

ilícito, necesariamente se produce un concurso material de delitos: peculado culposo y delito

contra el patrimonio (hurto, apropiación ilícita, robo o estafa), que tienen sus niveles de

imputación de responsabilidad penal de forma distinta (delito especial y delito común). El

concierto que pueda producirse entre el tercero funcionario o servidor (vinculado

funcionalmente y que es el que sustrae la cosa) con el sujeto activo del delito a quien está

dirigido específicamente la obligación del deber de cuidado, definirá no ya una relevancia

penal culposa sino un delito de peculado doloso, con división funcional de roles en un contexto

de coautoría.
Elemento Subjetivo
El funcionario o servidor no debe de actuar dolosamente, es decir, no debe propiciar el

descuido, ni entrar en concierto con el tercero para generar situaciones de supuesta culpa. Pues

de ser esta la figura de hecho, se le imputa al funcionario o servidor la comisión de peculado

doloso, el mismo que prevé la posibilidad abierta de que la apropiación se produzca en

cualquier forma, es decir y en este caso, valiéndose de los actos materiales de terceros, por

autoría mediata o a nivel de omisión dolosa de actos debidos lo que va configurar igualmente

un concurso de personas y de delitos. Es factible encontrar el componente subjetivo de la culpa

en la conciencia del deber de impedir la sustracción y en tal concepto tomar las precauciones

debidas; para afirmar dicho componente deberá concluirse que el hecho era previsible y

evitable con un debido comportamiento de cuidado por parte del sujeto activo.

Consumación y Tentativa
El peculado culposo imputado al funcionario o servidor público tiene una naturaleza

omisiva, por cuanto no se le atribuye al sujeto público la comisión de actos ejecutivos sino la

omisión de los debidos actos de cuidado.

El delito, al ser de resultado material , se haya consumado al producirse la sustracción

de los caudales o efectos por acción de un tercero ( es decir , mediante el inicio del

enajenamiento del caudal o efecto de la espera de dominio oficial , no siendo necesaria la

disponibilidad del bien o efecto por dicho tercero ), bajo la circunstancia anotada de culpa del

funcionario o servidor que propicia o facilita culposamente dicho resultado de sustracción, Si

este último no tiene lugar , la falta de cuidado del sujeto público se torna irrelevante

penalmente. Esta singular situación, en la que el comportamiento doloso de un tercero

determina la consumación del peculado culposo del funcionario o servidor, anómala por cierto,

se origina en la irregular redacción técnico-legislativa del tipo penal. Queda claro entonces que

para la consumación del delito de peculado culposo no basta la sola inobservancia de


reglamento o violacion de deberes objetivos de cuidado, sino que es condiciones esencial al

tipo que se verifique o se dé el resultado sustracción. Como señala E. Orts citado en Roja

(2007) página 530 nos indica que entre el abandono, la negligencia y la sustracción debe

mediar una relación causal.

La figura del delito culposo por principio no admite tentativa jurídicamente relevante en

el ámbito penal. La estructura típica de un delito culposo normal no imputa al sujeto actos

ejecutivos desprovistos de contenido doloso, sino la violacion de deberes de cuidado que en

situaciones de comportamiento debido no debieron producir resultados lesivos al bien jurídico.

La tentativa en un delito culposo de peculado, de refacción irregular, como en este caso el

segundo párrafo del artículo 387, seria enfocable con relación a los actos de cuidado del

funcionario o servidor y no de los actos ejecutivos del tercero ; por lo mismo , de producirse

actos materiales de tentativa, ella resulta irrelevante jurídicamente para fines de represión penal

y , por lo mismo , para la configuración de delito; por ejemplo, que sea otro servidor que se

percata que el tercero está sustrayendo, alertando al funcionario lo que permite la frustración

del acto ilícito o tan solo una tentativa inacabada ( hipótesis de no consumación material de la

sustracción)

Penalidad
Hay penalidad alternativa. El juez tiene la potestad de sentenciar con pena privativa de

libertad o con prestación de servicio comunitario, pero no con las dos penas conjuntamente. La

penalidad del delito culposo agravado será de tres a cinco años, más la inhabilitación

establecida en el artículo 426. La penalidad del tercero (particular o sujeto público no

vinculado funcionalmente) se reconduce según el tipo penal común de hurto.


Circunstancia Agravante
Los caudales o efectos dejados en precesión del sujeto activo, para ser destinados a

fines asistenciales o a programas de apoyo social bajo las circunstancias de culpa de este, de ser

sustraídos por tercero, aumentan la sanción penal para el funcionario o servidor público. Esta

agravación de la pena en función al destino de los bienes o efectos, deben presuponer que dicho

sujeto activo debe conocer la naturaleza especial de dichos bienes y concordantemente con

ellos redoblar los mecanismos necesarios para su custodia y preservación física bajo la esfera

de vigilancia y posesión oficial. Entender de otra manera la naturaleza jurídica de

sobrepunición de la agravante implicaría aplicar criterios de responsabilidad objetiva, reñidos

con los principios que orientan el derecho penal peruano.

Sobre el significado y comprensión de los términos “caudales” y “efectos”, así como

sobre el significante contenido en las frases: fines asistenciales y programas de apoyo social,

remitimos a lo ya dicho en los acápites respectivos del peculado doloso.

Atipicidad del Tipo Penal de Peculado


Rojas (2007, página 532) nos indica que si existe atipicidad para este artículo penal y

cómo nosotros podemos ayudar a poder solucionar un conflicto estos son:

a) Por existencia de fuerza física irresistible

b) Cuando se trata de simples infracciones administrativas con ausencia de la

sustracción por tercero.

c) Cuando los bienes sustraídos por el sujeto activo no sean de propiedad pública,

ni se hallen sometidos a su disponibilidad jurídica.

Tenemos que saber la existencia de las causas de justificación y de exculpación. En este

tipo penal y la más idónea para este tipo penal sería si el estado de desprotección se debió a

orden obligatoria de autoridad competente.


CAPÍTULO III: “EL PECULADO DE USO”
Como ya explicamos anteriormente en las otras formas que comprende el delito de

peculado por sí mismo, podemos afirmar con total certeza que este consta de la conducta que

realiza el sujeto agente, quien en su calidad de funcionario o servidor público se apropia o

utiliza en beneficio propio o de terceros, bienes o caudales del Estado o de entidades en las

cuales tenga participación, administración o custodia por razón de su cargo. Esta conducta

implica un abuso de confianza y de la posición del funcionario, actuando en perjuicio del

patrimonio público.

Breve Reseña Histórica


Este delito, históricamente hablando, no tiene antecedentes en nuestra legislación

peruana ni en ninguna otra ley especial en el Perú, ya que la inclusión de esta figura en el

Código Penal de 1991 se debe en parte a una innovación legislativa influenciada por el Código

Penal de Portugal del año 1932 el cual contemplaba una forma de peculado que abarcaba el uso

indebido de bienes del Estado sin llegar a la apropiación dicha de forma esencial.

Como dijimos anteriormente, este delito fue introducido para nuestro Código Penal en

el Año 1991 y desde entonces ha sufrido de dos modificaciones las cuales vamos a explicar

más a profundidad para una mayor comprensión del tema en general:

Su Tipificación en el Código Penal del 91’


La tipificación del peculado de uso se encuentra establecida en el artículo 388 del

Código Penal peruano de 1991 y esta buscaba cubrir una laguna en la legislación penal. A

diferencia del peculado clásico que sanciona la apropiación de bienes públicos, el peculado de

uso castiga el uso indebido de bienes públicos sin que haya sustracción o apropiación

definitiva, respondiendo así a una necesidad de proteger la integridad del patrimonio estatal,
reconociendo que el uso de bienes para fines personales también afecta el orden público y la

eficiencia administrativa.

Modificación por la Ley N° 29703 – 2011


En el sinuoso año 2011, el texto original que fue la base de este delito en primera

instancia fue modificado por la Ley N° 29703, en un contexto de debate político y público

sobre la corrupción y el uso indebido de recursos del Estado. Sin embargo, esta ley generó

polémica, y en poco más de un mes, fue derogada parcialmente por la Ley N° 29758. El único

cambio duradero fue la inclusión de una pena privativa de libertad mínima de dos años, aunque

en lo demás se restauró el texto original.

Modificación de 2013 y la Estructura Actual


La última modificación que tuvo este artículo fue gracias a la Ley N° 30111,

promulgada un 26 de noviembre del 2013 la cual introdujo ajustes en el tipo penal. Desde

entonces, el artículo 388 establece que un funcionario o servidor público que utilice, o permita

que otro utilice, bienes de la administración pública para fines ajenos al servicio, incurre en una

pena de prisión de dos a cuatro años y una multa. Además y para una mayor acepción de este

delito, se amplió el ámbito de aplicación a contratistas y sus empleados cuando los bienes

utilizados pertenezcan al Estado o a cualquier entidad pública. Esta modificación no solo

consolidó la definición del peculado de uso sino que también aclaró su alcance, estableciendo

con mayor precisión a los sujetos activos que pueden incurrir en este delito y el mayor reproche

reflejado en la pena.

Sobre el Peculado de Uso


Antes de pasar a la explicación y al desmembramiento de cada uno de los conceptos

que tiene este interesante artículo, tenemos que empezar teniendo claro lo que el legislador ha

colocado específicamente en nuestro actual Código Penal, por lo que este está tipificado como:
Artículo 388.- Peculado de Uso

El funcionario o servidor público que, para fines ajenos al servicio, usa o permite

que otro use vehículos, máquinas o cualquier otro instrumento de trabajo pertenecientes a la

administración pública o que se hallan bajo su guarda, será reprimido con pena privativa de

libertad no menor de dos ni mayor de cuatro años; inhabilitación, según corresponda,

conforme a los incisos 1, 2 y 8 del artículo 36; y, con ciento ochenta a trescientos sesenta y

cinco días-multa.

 Esta disposición es aplicable al contratista de una obra pública o a sus

empleados cuando los efectos indicados pertenecen al Estado o a cualquier

dependencia pública.

 No están comprendidos en este artículo los vehículos motorizados destinados

al servicio personal por razón del cargo.

De buenas a primeras y habiendo visto lo que el legislador nos dice exactamente en la

norma, podemos apreciar que existen diversos conceptos que se han tenido en cuenta para la

tipificación de este mismo, por lo que consideramos prudente explicar cada uno de ellos a

continuación:

 Usar o Permitir Usar:

Este elemento del peculado de uso abarca dos modalidades: el uso directo y la

autorización para el uso indebido de bienes públicos. El funcionario que usa los bienes del

Estado (vehículos, máquinas, instrumentos de trabajo) para fines personales está cometiendo el

delito, ya que separa temporalmente el bien de su función pública y lo destina a su propio

beneficio o al de un tercero. En el caso de permitir el uso, el funcionario incurre en peculado

por omisión al no cumplir con su deber de custodia, facilitando que un tercero se beneficie del

bien público para un uso no autorizado. Esto incluye tolerancia o consentimiento hacia el uso
de estos bienes por parte de otras personas. Cabe señalar que este delito se diferencia de la

figura del artículo 387 del Código Penal en que aquí solo se aplicaría a ciertos bienes

materiales de uso y no a caudales o fondos.

 Bienes Muebles del Estado:

El tipo penal especifica que solo se consideran los bienes muebles (vehículos,

máquinas, herramientas) que el funcionario utiliza para sus funciones en la administración

pública. Estos bienes deben ser de naturaleza tangible y no fungible, por lo que no se incluyen

consumibles como papel, dinero o alimentos. Además, el delito se comete únicamente si el bien

pertenece al Estado o está bajo su custodia, lo cual incluye también los bienes de propiedad de

particulares si están prestados, alquilados o destinados a una obra pública en función de un

contrato.

 Fines Particulares o Privados:

Para que se configure el delito, el funcionario debe usar el bien del Estado en un

contexto privado, es decir, destinándolo a fines que no sean los propios de su cargo público. El

uso indebido puede incluir una variedad de actos, como utilizar vehículos para fines personales,

transportar a familiares, realizar actividades comerciales o cualquier otro uso ajeno a los fines

de la administración. Este elemento asegura que el delito solo se configure cuando el bien es

usado para fines distintos a los de servicio público, afectando así los recursos destinados a la

gestión estatal.

 Relación Funcional:

Este elemento exige que el bien esté bajo la posesión o responsabilidad del funcionario

en virtud de sus funciones dentro de la administración pública. Es decir, para que se configure

el delito, el funcionario debe tener una relación directa o indirecta con el bien, la cual surge de

las atribuciones de su cargo. Esta relación funcional es una condición indispensable, ya que
solo quienes tienen el deber de custodia pueden cometer peculado de uso. Sin esta relación

funcional, no se puede imputar el delito, aunque el uso del bien haya perjudicado el servicio

público.

 Magnitud del Perjuicio Patrimonial:

Aunque el artículo 388 del Código Penal no exige como tal que haya un daño específico

o cuantificable al patrimonio estatal, se asume que cualquier uso privado de un bien público de

por si implica algún tipo de perjuicio, ya sea por el desgaste del mismo bien o por el hecho de

que se desvíe de su función pública, afectando temporalmente el servicio estatal. A priori no se

requiere que dicho perjuicio sea grave; simplemente basta con que el bien haya sido usado

indebidamente para que se configure el delito. En casos de que el perjuicio sea menor, el juez

podría considerar la gravedad al momento de determinar la pena, pero no deja de ser un acto de

corrupción.

Bien Jurídico Protegido


En el contexto que nos remite al delito de peculado de uso, el bien jurídico protegido en

general para este delito podemos afirmar que es la correcta operación de la función pública.

Esto implica que la administración debe ser íntegra y que los recursos y bienes del Estado

deben gestionarse de manera responsable y ética. El bien jurídico específico o particular que se

protege es el deber de lealtad y probidad de los funcionarios en el manejo de los bienes

públicos que les han sido confiados debido a sus funciones. Esta protección se orienta a que el

patrimonio del Estado no sea vulnerado mediante un uso indebido de los bienes públicos. Si el

patrimonio estatal es afectado, pero el funcionario no ha infringido sus deberes de lealtad y

probidad en la administración o custodia de esos bienes, no se configurará el tipo penal del

delito de peculado de uso.


Sujeto Activo
Este apartado para este delito en particular tiene un leve carácter especial ya que exige

que el autor sea un funcionario o servidor público, con una relación funcional directa con los

bienes muebles no fungibles del Estado (osea que el sujeto tiene que ser determinada persona

con una característica o cualidad única en sí misma). Estos bienes pueden ser aquellos

destinados específicamente al servicio público o bajo la custodia de la administración pública.

Esta relación implica que en el marco de sus funciones, el funcionario tiene el deber

legal de custodiar o gestionar estos bienes. Vale aclarar también que no solamente basta con

que un funcionario tenga acceso ocasional a un bien del Estado ya que es necesario para que se

pueda configurar este delito y encaje en el molde penal que el sujeto en virtud de su cargo, la

ley o reglamentos le atribuyan formalmente la administración, vigilancia o custodia de dichos

bienes. Este delito también abarca a los particulares que, contratados para una función

específica, administran bienes del Estado como pueden ser por ejemplo los empleados de

empresas de servicios que realizan labores para el sector público.

Sujeto Pasivo
El sujeto pasivo de este delito es tan simple como decir que es el Estado, en cuanto

único titular del bien jurídico protegido, que es el correcto uso de los bienes públicos en

beneficio de la sociedad y la adecuada administración pública. El perjuicio al Estado en estos

casos no se da necesariamente en forma de daño económico, sino en el abuso del uso de sus

recursos, vulnerando la confianza depositada en los funcionarios. Por tanto, el delito tiene

como finalidad proteger la imagen, recursos y eficiencia de nuestra administración estatal.

Tipicidad Subjetiva
Como es de conocimiento para todo estudiante de derecho y que conoce los

fundamentos básicos sobre los que se cimenta el Derecho Penal, este delito exige un dolo
directo ya que es bien sabido que únicamente son delitos culposos las que la ley expresamente

los mencione así. Volviendo al tema de la tipicidad subjetiva, podemos decir que el funcionario

o servidor público actúe conscientemente sabiendo que está obligado a usar y cuidar

adecuadamente los bienes públicos y, aun así, los emplea para beneficio propio o de terceros.

No basta con que el funcionario simplemente actúe negligentemente; debe mediar una

intención clara de obtener un provecho personal, lo que configura el ánimo de lucro. La

intencionalidad de este uso privado es fundamental para configurar el delito, ya que en su

ausencia, la conducta no se encuadraría en el peculado de uso. Este ánimo de lucro puede estar

orientado tanto hacia el propio funcionario como hacia una persona con quien el funcionario

tenga una relación afectiva o familiar. Por lo tanto, la voluntad de obtener un beneficio es un

elemento indispensable en la estructura de este delito.

Antijuridicidad
La antijuridicidad para este delito se evalúa considerando tanto los elementos objetivos

(conducta y resultado) como los subjetivos (intención y ánimo de lucro) del delito. Sin

embargo, hay situaciones excepcionales en las que, aun cuando se configure el tipo penal, la

conducta puede no ser antijurídica si existen causas de justificación.

Un ejemplo de esto es el estado de necesidad justificante, como cuando un funcionario

utiliza un bien público para atender una emergencia personal o familiar, que no le deja otra

alternativa razonable. Para efectos de estos casos, la conducta materializa la tipicidad, ya que el

bien público se ha usado para fines ajenos al servicio, pero no se consideraría antijurídica dada

la urgencia y la falta de alternativas razonables, exonerando de responsabilidad al agente.

Culpabilidad
La culpabilidad para efectos de la determinación de este mismo delito se examina una

vez que se logra confirmar la tipicidad y antijuridicidad de la conducta. En esta etapa, se evalúa
si la conducta antijurídica puede atribuirse al agente considerando dos aspectos esenciales que

conocemos perfectamente:

 Imputabilidad: Esto implica que el agente debe ser mayor de 18 años y no

tener ninguna alteración mental que le impida comprender la ilicitud de su

conducta. Si el agente sufre de alguna anomalía psíquica significativa que afecta

su capacidad de comprender y actuar conforme a la ley, entonces podría ser

considerado inimputable, quedando exento de responsabilidad penal.

 Conocimiento de la Antijuridicidad: El agente debe estar consciente de que su

conducta es contraria a derecho (osea que debe tener conocimiento de la

prohibición e ilicitud de su actuar) sobre usar los bienes públicos para fines

personales o de terceros. No obstante, puede haber situaciones donde el agente

actúe bajo un "error de prohibición". Este error se presenta cuando, de buena fe,

el agente cree que su conducta es lícita, debido a una falta de información o

interpretación errónea de su situación.

Finalmente y como un pequeño paréntesis para determinar la culpabilidad plena,

también se valora si el agente hubiera tenido la posibilidad de poder actuar de una manera

distinta y así apegarse al derecho para de ese modo abstenerse de cometer el hecho punible. Si

se concluyera que hubiera podido hacerlo, entonces es imputable y por ende, culpable de su

conducta.

Consumación y Tentativa
Al hablar sobre el peculado de uso tenemos que decir que es un delito de resultado el

cual se consuma cuando el funcionario hace uso efectivo de los bienes del Estado para

beneficio de sí mismo o de terceros, generando automáticamente un perjuicio. La consumación


es inmediata: el delito se completa en el momento en que el agente comienza a utilizar el bien

público en forma indebida.

 Consumación: La consumación ocurre cuando se inicia el uso indebido de los

bienes públicos. Por ejemplo, un funcionario que utiliza un vehículo del Estado

para un viaje personal, desde el momento en que comienza a desplazarse en

dicho vehículo con esa finalidad, ha consumado el delito.

 Tentativa: La tentativa se presenta cuando el agente realiza actos preparatorios

que demuestran su intención de cometer el delito, pero no llega a completarlo.

En el peculado de uso, esto sucedería, por ejemplo, si un funcionario permite

que un tercero intente llevarse un bien estatal para uso privado, pero la acción es

interrumpida por una intervención antes de que el bien sea usado. En este caso,

el delito no se ha consumado, pero se configura la tentativa, ya que la intención

y parte de la conducta se han manifestado.

Penalidad
Como la misma norma penal indica, la penalidad para el delito de peculado de uso se

fija en base a la gravedad de la conducta y las disposiciones establecidas en el Código Penal.

En el caso de funcionarios que, tras el debido proceso, son encontrados culpables de peculado

de uso, la ley contempla:

 Pena Privativa de Libertad: De base, está situada de entre dos y cuatro años

pero la duración específica de la pena dependerá también de la existencia de

factores agravantes o atenuantes que el juez pueda considerar en cada caso

concreto.

 Días-Multa: Además de la pena de prisión, también se le impone una sanción

económica al sujeto activo de 180 a 365 días-multa.


CAPÍTULO IV: “MALVERSACIÓN DE FONDOS”
La malversación de fondos públicos es un delito que consiste en el uso indebido de

bienes o recursos del Estado por parte de un funcionario público, con el fin de destinarlos a un

propósito distinto al legalmente establecido. Este delito se encuentra tipificado en muchas

legislaciones bajo el marco de los delitos contra la administración pública, ya que busca

proteger los recursos del Estado y garantizar que sean empleados de manera eficiente y

conforme a su destino original. En Perú, específicamente, este delito está regulado en el

Artículo 389 del Código Penal, el cual sanciona a quienes administran fondos públicos y los

destinan a un uso diferente del asignado por la ley, norma o disposición.

La malversación de fondos públicos implica un acto intencional o doloso por parte del

funcionario, quien, consciente de la finalidad de los recursos que administra, decide emplearlos

en actividades o proyectos distintos a los previstos. No se trata únicamente de una apropiación

personal, sino del cambio de finalidad de dichos bienes o fondos, lo que puede causar un

perjuicio al Estado o a la sociedad al desviar recursos de áreas prioritarias como la educación,

la salud o los servicios públicos esenciales.

Este delito es especialmente grave en el ámbito público porque compromete la

confianza de los ciudadanos en la administración estatal. La función pública requiere un

manejo transparente y responsable de los recursos que pertenecen a la colectividad, y la

malversación atenta contra este principio. Aunque no siempre implique un enriquecimiento

ilícito por parte del funcionario, el hecho de usar los fondos para fines ajenos a los previstos

genera un quebranto económico y afecta el correcto funcionamiento de los servicios públicos.

Las sanciones por malversación de fondos varían según la legislación, pero suelen

incluir penas privativas de libertad, que en Perú oscilan entre los 2 y 8 años, dependiendo de la

magnitud del daño causado al Estado. También es común la inhabilitación para ejercer cargos

públicos, como una medida para evitar que el infractor vuelva a ocupar una posición en la que
pueda repetir este tipo de conductas. Además, existen agravantes como la cantidad de fondos

desviados, la reincidencia o el perjuicio social causado, que pueden aumentar las penas.

En términos generales, la malversación de fondos públicos es un delito que forma parte

del espectro de delitos contra la administración pública, junto con otro como el peculado

(apropiación indebida de fondos públicos). A diferencia de estos delitos, la malversación no

necesariamente implica que el funcionario se apropie del dinero para su uso personal, sino que

lo emplee para un propósito diferente al establecido legalmente.

La jurisprudencia y los tribunales en distintos países, incluido Perú, han tratado de

sentar precedentes sobre la aplicación de este delito, destacando la importancia de probar el

dolo o la intencionalidad en el actuar del funcionario. Es decir, es crucial demostrar que el

desvío de los recursos no fue un error administrativo, sino una acción deliberada que buscaba

utilizar los fondos para fines no autorizados. En última instancia, el delito de malversación de

fondos públicos refleja una falta grave en la responsabilidad y ética de quienes manejan los

bienes del Estado, y su sanción busca preservar el correcto uso de los recursos públicos en

beneficio de la sociedad en su conjunto.

En efecto, como ejemplo cabe citar la sentencia casatoria del 5 de febrero de 2019

(Casación N°. 503-2018-Madre de Dios). Allí se precisa que: El delito de malversación de

fondos es uno de infracción de deber -situaciones de responsabilidad por competencia-. En este

caso lo relevante es el deber institucional que ha de cumplir el imputado recurrente como

Gobernador Regional -la fuente del deber es la propia ley de la materia-. Si es delegante debe

delegar bien, supervisar razonablemente a su delegado... y, en su caso, corregir o incluso

sustituirlo si ello es necesario para la observancia de la función de seguridad encomendada.

Como se trata del manejo presupuestal de la institución mayor es el riesgo que debe controlar y

más difícil su control, entonces, es más intensa sus tareas de supervisión.


Breve Reseña Histórica
La malversación de fondos públicos ha tenido una evolución significativa en la

legislación peruana, reflejando los cambios en la comprensión y regulación de las conductas

que afectan la correcta administración de los recursos del Estado. Inicialmente, este delito

estaba regulado por el Artículo 348° del Código Penal original, el cual abarcaba de manera

amplia las acciones de funcionarios que desviaron fondos públicos de su propósito original. En

esa versión del Código Penal, la malversación se entendía de manera más general y no

especificaba claramente las condiciones para que la conducta fuera considerada delito, lo que

generaba interpretaciones extensas sobre el tipo de comportamientos que podrían ser

sancionados.

Este enfoque inicial cambió con la promulgación de la Ley N° 27151 en 1999, que

introdujo una precisión importante: para que la malversación de fondos públicos fuera

considerada un delito, el desvío de los fondos debía ser definitivo, es decir, no bastaba con un

uso temporal o provisional de los recursos para un fin distinto. Esta ley delimitó mejor el

ámbito de aplicación, haciendo énfasis en que la desviación permanente de los fondos,

alejándose de su destino original, era un requisito para configurar el delito de malversación.

Este cambio fue clave para distinguir entre irregularidades administrativas o errores en la

gestión de los recursos y conductas intencionales que implican un desvío definitivo de los

mismos.

Más tarde, con la promulgación de la Ley N° 30111 en 2013, se introdujeron cambios

adicionales en el Artículo 389° del Código Penal, que es el artículo vigente en la actualidad

para regular la malversación de fondos públicos. Esta modificación ajustó la redacción del

delito, enfocándose principalmente en el uso indebido de dinero y bienes públicos. El cambio

tuvo como objetivo hacer más precisa la descripción del tipo de conductas que serían

sancionadas, especificando que el delito no solo implicaba la administración o desvío de


fondos, sino también de otros bienes públicos, y enfatizando la necesidad de que estos sean

destinados exclusivamente al fin previsto legalmente.

La Ley N° 30111 también clarificó aspectos importantes sobre los límites de las

conductas sancionables, lo cual permitió un mejor encuadre legal de la malversación. Se buscó

evitar que situaciones de menor relevancia, como simples retrasos en la ejecución de los

recursos o errores no intencionados en la administración, fueran erróneamente sancionadas

bajo el concepto de malversación. Con esto, se trató de establecer un equilibrio entre sancionar

los actos graves de desvío de recursos públicos y no penalizar conductas que, aunque

incorrectas, no llegaban a la gravedad de un delito.

La evolución de la malversación de fondos en la legislación peruana refleja un proceso

de ajuste y perfeccionamiento legal, donde el objetivo ha sido hacer más clara la delimitación

entre una infracción administrativa y un delito penal. A través de estas reformas, se ha buscado

proteger los bienes del Estado y asegurar que los funcionarios públicos manejen los recursos de

manera responsable, garantizando que los fondos y bienes destinados a un fin específico no

sean utilizados para propósitos diferentes. Esto responde a la necesidad de transparencia y

eficiencia en la administración pública, pilares fundamentales en cualquier sistema que

pretenda evitar la corrupción y el uso indebido de los bienes públicos.

Bien Jurídico Protegido


El bien jurídico protegido en el delito de malversación de fondos tiene una doble

dimensión. En términos generales, se busca salvaguardar el correcto y eficiente funcionamiento

de la administración pública, cuyo objetivo principal es asegurar que los recursos del Estado

sean empleados de manera adecuada para el bienestar de los ciudadanos. Esta protección es

fundamental para garantizar que el aparato estatal funcione de manera ordenada y transparente,

favoreciendo así el interés público.


De manera específica, en el delito de malversación de fondos, el bien jurídico protegido

es la correcta y funcional aplicación de los fondos públicos. Esto implica que los recursos

asignados deben ser utilizados de acuerdo a su destino legal, siguiendo los principios de

racionalidad, disciplina y orden en el gasto público. Como señala la doctrina, este delito busca

preservar lo que se conoce como el principio de la calidad presupuestal, que garantiza que los

recursos públicos sean administrados con disciplina y dentro de los límites funcionales

establecidos para cada sector o proyecto.

La importancia de este principio radica en que la malversación de fondos no solo

perjudica económicamente al Estado, sino que también desorganiza la gestión pública,

afectando la eficiencia de los servicios públicos que dependen de una correcta ejecución del

presupuesto. Por lo tanto, este delito atenta contra la disciplina financiera del Estado,

debilitando su capacidad para cumplir con sus responsabilidades frente a la sociedad.

Sujeto Activo
Del análisis del artículo 389 del Código Penal se desprende que nos encontramos ante

un delito de naturaleza especial, similar al peculado, donde el sujeto activo debe ser

necesariamente un funcionario o servidor público. Además, es imprescindible que este tenga

una relación funcional directa con los fondos o bienes del Estado. Es decir, únicamente aquel

funcionario o servidor público que, debido a su cargo dentro de la administración pública, esté

encargado de la gestión de bienes estatales puede ser considerado sujeto activo de este delito.

La administración de dichos bienes debe realizarse conforme a las leyes y reglamentos

vigentes, según las responsabilidades del cargo. En este sentido, la Ejecutoria Suprema del 23

de enero de 2003 dictaminó que el sujeto activo en el delito de malversación de fondos es aquel

funcionario o servidor público que tiene bajo su control el manejo de fondos o bienes públicos.
No basta con que una persona ocupe un cargo público; es necesario que tenga una función

específica de administración sobre los recursos del Estado para ser considerado autor del delito.

En cuanto a terceros, un particular o un funcionario que no tenga un vínculo funcional

con los bienes públicos involucrados no será considerado autor de la malversación, sino que

podría ser responsable de otro delito o, en su defecto, partícipe en la malversación realizada por

un funcionario con dicha relación funcional. De esta manera, un particular que colabore o

asista al funcionario público en la comisión del delito de malversación será responsable del

mismo, pero en calidad de cómplice.

Sujeto Pasivo
En el delito de malversación de fondos públicos, el único sujeto pasivo es el Estado, ya

que es el titular del bien jurídico protegido: la correcta administración de los recursos públicos.

Esto se debe a que los bienes o fondos involucrados pertenecen al Estado, y su desvío o uso

indebido afecta directamente su capacidad para cumplir con sus funciones esenciales y

obligaciones hacia la sociedad. La protección del patrimonio estatal es fundamental, ya que

garantiza que los recursos públicos sean utilizados para satisfacer las necesidades colectivas,

como la provisión de servicios de salud, educación, infraestructura, entre otros.

El impacto del delito se refleja en el hecho de que, al destinar fondos públicos para

fines diferentes a los previstos, se vulnera la capacidad del Estado para cumplir con sus

compromisos y ejercer sus responsabilidades en beneficio de la ciudadanía. El daño no se

limita a un perjuicio económico inmediato, sino que afecta la confianza pública en las

instituciones, dado que se traiciona la expectativa de una administración honesta y eficaz por

parte de los funcionarios públicos.

La jurisprudencia peruana ha sido clara en consolidar esta interpretación. La Ejecutoria

Suprema del 15 de febrero de 2002 ratifica que en los delitos de peculado (artículo 387) y
malversación de fondos (artículo 389) del Código Penal, el agraviado es siempre el Estado.

Esta resolución subraya que el perjuicio causado por el desvío de fondos públicos impacta

directamente al Estado, dado que estos recursos son administrados en nombre de la sociedad.

Así, el Estado se ve impedido de distribuir y utilizar correctamente los fondos públicos

conforme a los objetivos que fueron legalmente establecidos.

Es importante recalcar que este delito no requiere que haya una afectación directa o

personal a una tercera persona o grupo, ya que el bien jurídico protegido es exclusivamente el

patrimonio estatal y la correcta gestión de los fondos públicos. Cualquier acto que implique una

desviación de recursos, ya sea por acción (utilizar los fondos para otro propósito) u omisión (no

emplearlos en el tiempo o forma debida), afecta únicamente al Estado. Este impacto puede ser

tanto financiero como institucional, afectando la capacidad operativa de los organismos

públicos y generando un quiebre en la confianza depositada en los funcionarios responsables.

En este sentido, la malversación de fondos no solo implica una infracción

administrativa, sino un atentado contra la confianza pública, en la medida en que los

funcionarios deben ser guardianes de los recursos del Estado y asegurar su uso exclusivo para

los fines asignados. El Código Penal peruano, en su artículo 389, establece que cualquier

desviación de estos recursos, ya sea intencionada o con conocimiento de su finalidad

inadecuada, configura el delito de malversación, reiterando que el agravio se centra

exclusivamente en la afectación al Estado y no en perjuicios individuales o privados.

Tipicidad Subjetiva
La tipicidad subjetiva del delito de malversación establece que este es exclusivamente

un delito doloso, no cabiendo su comisión por culpa. Para configurarlo, el funcionario o

servidor público debe tener conocimiento de su deber de administrar los bienes o dinero del

Estado según el destino establecido y, a pesar de ello, decide voluntariamente desviarlos a un


uso distinto de manera definitiva, afectando la función encomendada. Este dolo puede ser

directo o eventual. No se requiere un elemento subjetivo adicional, como actuar con ánimo de

lucro, para que el delito se configure.

Antijuridicidad
Evalúa si una conducta típica es contraria al orden jurídico, salvo que concurra alguna

causa de justificación prevista en el artículo 20° del Código Penal. Estas causas incluyen el

estado de necesidad justificante, donde se protege un bien jurídico de mayor valor, como en un

caso de 1997, donde un alcalde desvió ingresos municipales por falta de liquidez, sin dolo en

sus actos. También abarca el obrar por disposición de la ley, como en una sentencia de 1987,

donde un funcionario utilizó fondos municipales para pagar salarios conforme a normativas

legales, lo que llevó a su absolución. Estas situaciones demuestran que, en ciertos contextos,

una conducta típica puede justificarse y no ser antijurídica.

Culpabilidad
La culpabilidad evalúa si una conducta típica y antijurídica puede ser atribuida a su

autor, considerando su imputabilidad, es decir, si era mayor de 18 años y no padecía una

anomalía psíquica que lo hiciera inimputable al momento de actuar. Además, se verifica si

conocía la antijuridicidad de su conducta, pudiendo surgir un error de prohibición debido a la

falta de claridad en las disposiciones sobre gasto público. Finalmente, se analiza si el agente

tenía la posibilidad de actuar de manera diferente o si actuó bajo un estado de necesidad

exculpante que justifique su conducta.

Consumación y Tentativa
El delito de malversación de fondos públicos es un delito de comisión instantánea y de

resultado, lo que significa que se consuma en el momento en que el funcionario público, con

conocimiento y voluntad, destina de manera definitiva dinero o bienes públicos a un uso


diferente al establecido legalmente, causando de forma inmediata un perjuicio al servicio o

función pública encomendada. En este tipo de delitos, no se requiere que el desvío de los

fondos cause directamente un daño económico tangible en el momento de la acción, sino que

basta con que se haya producido la desviación de los recursos para que se configure el

perjuicio, ya que se afecta la capacidad del Estado para cumplir con sus fines. La legislación

peruana, a través del Artículo 389 del Código Penal, establece que este delito se comete cuando

los fondos públicos se destinan a fines ajenos a los que fueron asignados por la ley, afectando

directamente el patrimonio del Estado.

Según el jurista Rojas Vargas, no basta con que el funcionario dé la orden para que se

efectúe el desvío de recursos o que se realice el giro de cheques o la provisión de bienes. La

malversación solo se consuma cuando ocurre la ejecución material de la aplicación indebida de

los fondos, es decir, cuando los recursos públicos ya han sido utilizados de forma irregular para

fines distintos a los previstos legalmente. Esto significa que, si bien la acción preparatoria

puede consistir en la emisión de órdenes o en la disposición de los fondos, el delito no se

considera consumado hasta que los fondos o bienes se han desviado definitivamente, lo cual es

el elemento clave que marca la consumación del delito.

Además, como el delito de malversación es un delito de resultado, puede existir la

posibilidad de que quede en grado de tentativa si la conducta del funcionario no alcanza la

disposición definitiva de los recursos, es decir, si se interrumpe antes de que los fondos sean

desviados completamente. En estos casos, si la acción del funcionario se detiene antes de que

los fondos se utilicen para fines no previstos, solo se habrán realizado actos preparatorios, lo

que impide que el delito se consuma, pero aún así se estaría ante una tentativa de malversación.

La tentativa se reconoce cuando el sujeto ha comenzado a realizar los actos necesarios para

cometer el delito, pero no ha logrado consumarlo por causas ajenas a su voluntad.


La ley peruana tiene en cuenta esta dinámica de consumación y tentativa, sancionando

no solo la malversación consumada, sino también las conductas que, aunque no lleguen a la

ejecución final, demuestran la intención de desviar los recursos. En este sentido, el Código

Penal establece sanciones tanto para los casos consumados como para aquellos en los que el

delito quede en grado de tentativa, lo que refleja la gravedad con la que el sistema jurídico

peruano trata el desvío de fondos públicos. La pena impuesta puede incluir la prisión y multa, y

en casos más graves, se añaden penas de inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos.

Penalidad
El delito de malversación de fondos públicos en Perú está regulado por el Artículo 389

del Código Penal, el cual establece sanciones para los funcionarios públicos que desvíen bienes

o fondos del Estado a fines distintos de los establecidos legalmente. La pena para este delito

varía dependiendo de la gravedad del desvío. En los casos generales, la sanción es prisión de 1

a 4 años y una multa de 180 a 365 días-multa. Esta pena se aplica cuando los recursos

desviados no afectan de manera significativa los servicios o programas esenciales del Estado.

Sin embargo, si el desvío de fondos afecta recursos destinados a programas sociales o a

sectores vulnerables de la sociedad, como la salud, la educación o la alimentación, la pena se

agrava. En estos casos, la sanción es prisión de 3 a 8 años y una multa de 365 días-multa. Esta

agravante se justifica por el impacto directo que tiene el mal uso de recursos destinados a la

atención de necesidades básicas, lo que pone en riesgo el bienestar de los sectores más

necesitados.

Además de las penas de prisión y multa, el funcionario condenado puede ser

inhabilitado para ocupar cargos públicos durante el tiempo de la condena, lo que refuerza el

principio de responsabilidad y transparencia en el manejo de los fondos del Estado. La

legislación peruana busca asegurar que los recursos públicos sean utilizados de manera
eficiente y que los responsables de desviar estos fondos enfrenten sanciones severas,

especialmente cuando afectan áreas cruciales para el bienestar social.

Tipicidad Objetiva
La tipicidad objetiva en el delito de malversación de fondos en Perú, regulado en el

artículo 389 del Código Penal, exige que el agente sea un funcionario o servidor público con la

capacidad de administrar fondos o bienes públicos. Este delito se configura cuando dichos

bienes se destinan de manera definitiva a un uso distinto al previamente establecido, afectando

el servicio o la función encomendada, incluso si no hay perjuicio patrimonial directo.

 Objeto Material del Delito


El objeto material del delito de malversación de fondos públicos se refiere a los

recursos económicos y bienes que son administrados por funcionarios o servidores públicos,

pero que son utilizados para fines distintos a los que estaban presupuestados. Este concepto es

crucial para entender la tipicidad objetiva del delito, ya que implica que los bienes o dinero

deben tener un valor económico cuantificable y estar destinados a formar parte del patrimonio

de la administración pública.

Para que se configure el delito, es necesario que estos bienes o fondos tengan asignada

una partida presupuestal. Sin esta asignación, la conducta del funcionario no puede ser

considerada malversación, ya que no se puede demostrar que hubo un desvío de recursos

destinados a un fin específico. La jurisprudencia ha enfatizado que la existencia de una partida

presupuestal es un presupuesto esencial para la tipificación del delito, ya que sin ella, el acto de

disposición de los recursos no se ajusta a la definición de malversación.

Además, el objeto material debe ser de carácter público, osea que los bienes deben

pertenecer o estar destinados a pertenecer a la administración pública. Esto incluye tanto bienes

muebles como inmuebles que tengan un valor económico. La interpretación del término
"bienes" en este contexto es importante, ya que no debe extenderse a objetos sin valor

económico, ya que esto podría llevar a situaciones absurdas en las que se considere

malversación por el simple hecho de que un bien se utilice de forma diferente, sin existencia de

perjuicio real al patrimonio público.

 Aplicación Definitiva Diferente


Se refiere a la acción de un funcionario o servidor público que utiliza dinero o bienes

que tiene a su cargo de una manera que se desvía de su destino legal y original, de tal forma

que no puede ser reintegrado a su uso previsto. Es decir, la malversación se consuma en el

momento en que se produce el desvío de los bienes, y no solo cuando se decide no devolverlos.

La interpretación de que la aplicación diferente debe ser "definitiva" es crucial, ya que

si un funcionario reintegra los bienes desviados, esto podría considerarse una atenuante, pero

no elimina la tipicidad del delito. Esto es importante porque permitir que el reintegro posterior

de los bienes desviados se considere como una forma de eludir la responsabilidad penal podría

socavar el efecto disuasorio de la ley.

Además, la Corte Suprema ha establecido que la malversación se diferencia del

peculado, ya que en el peculado hay una apropiación del dinero o bienes, mientras que en la

malversación se trata de un desvío hacia un fin distinto no presupuestado.

 Afectación al Servicio o la Función Encomendada


Es fundamental entender que este delito no solo se centra en la acción de desviar

fondos, sino que también considera las consecuencias de dicha acción en el funcionamiento de

la administración pública. La legislación peruana, a través de la Ley 27151, establece que para

que se configure el delito, debe existir un cambio de destino de los recursos que sea definitivo

y que, además, este cambio genere un perjuicio real al servicio público.


La jurisprudencia ha subrayado que el resultado perjudicial es un elemento clave para la

tipificación del delito. Esto significa que no basta con demostrar que hubo un desvío de fondos;

es necesario evidenciar que este desvío ha afectado de manera concreta la calidad del servicio,

los plazos de ejecución o ha incrementado los costos. Por ejemplo, si un funcionario utiliza

fondos destinados a un programa social para fines distintos, y esto resulta en la reducción de la

calidad de los servicios ofrecidos a la población, se estaría configurando la malversación.

Las penas asociadas a este delito varían según la gravedad de la afectación. Por

ejemplo, si la malversación afecta a programas de apoyo social o asistenciales, las penas

pueden ser más severas, oscilando entre cinco y diez años de prisión.

Agravante
Si el dinero o bienes bajo administración están destinados a programas de apoyo social,

desarrollo o asistencia y son utilizados de manera definitiva para un fin diferente, afectando la

prestación del servicio o función asignada, se aplican las siguientes sanciones:

a) Pena privativa de Libertad: De no menos de 3 años ni más de 8 años.

b) Inhabilitación, de acuerdo con lo señalado en los incisos 1, 2 y 8 del artículo 36

del Código Penal:

 Remoción del cargo, función o comisión que desempeñaba el

condenado, incluso si fue elegido mediante voto popular.

 Prohibición de obtener cargos, empleos o comisiones públicas en el

futuro.

 Pérdida de grados militares, títulos honoríficos u otras distinciones que

hayan facilitado la comisión del delito.


c) Multa Económica: Equivalente a entre 365 y 730 días-multa, calculados en

función de los ingresos del responsable.

1. Fundamento Legal

La agravante se encuentra contemplada en el artículo 389-A del Código Penal Peruano,

que establece sanciones más severas cuando el desvío afecta programas sociales, en

reconocimiento del impacto crítico de estas acciones sobre poblaciones vulnerables.

2. Elementos del Agravante

a) Contexto Agravado del Delito

- El delito se comete sobre recursos asignados a programas de apoyo social,

desarrollo o asistencia.

- El desvío provoca un impacto negativo en el servicio público o en la función

para la cual estaban destinados los bienes o caudales.

b) Perjuicio Directo o Indirecto

El daño no solo es económico, sino que también afecta:

- La atención a poblaciones vulnerables (como programas alimentarios,

educativos o de salud).

- La confianza pública en la gestión estatal.

c) Sanciones Establecidas

- Pena privativa de libertad: Se incrementa a no menor de 3 ni mayor de 8

años.

- Inhabilitación especial: Conforme al artículo 36, incisos 1, 2 y 8, incluye:


- Privación del cargo, empleo o función pública, incluso si fue por elección

popular.

- Incapacidad para ejercer cargos públicos a futuro.

- Pérdida de títulos honoríficos o grados militares/policiales usados para

cometer el delito.

- Multa: Entre 365 y 730 días-multa, calculados según los ingresos diarios del

condenado.

3. Impacto del Agravante

- Mayor pena y responsabilidad: Se busca desalentar la comisión de este

delito, especialmente por el impacto social crítico.

- Enfoque en programas vulnerables: La norma protege recursos destinados a

poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad.

4. Otras Implicancias Legales

a) Reparación Civil

El condenado deberá indemnizar al Estado por los daños ocasionados. Este monto será

determinado por el juez y puede incluir:

- Costos de reponer los fondos malversados.

- Daños indirectos sufridos por las comunidades afectadas.

b) Responsabilidad Solidaria

Si más de una persona participó en el delito, la responsabilidad puede ser compartida,

permitiendo al Estado reclamar la totalidad del daño a cualquiera de los involucrados.


c) Implicancias Administrativas y Política:

Además de las sanciones penales, el implicado podría enfrentar:

- Denuncias ante la Contraloría General de la República.

- Juicio político, si ocupa un cargo de elección popular.

Referencias Bibliográficas:

● Salinas Siccha, R. (2016). Delitos contra la administración pública (4ª ed.). Lima,
Perú: Editorial Iustitia S.A.C.

● Abanto Vásquez, M. (2014). Los delitos contra la Administración Pública en el Código


Penal Peruano. Lima: Palestra.

● León Vidal, V., Benavente Chorres, H., & Calderón Valverde, L. (2015). El
funcionario público: Las sanciones penales en los delitos de corrupción. Gaceta
Jurídica. [Link]
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● Fidel Rojas, V. (2007). Delito contra la Administración Pública (cuarta). Editorial


Grijley. pp 523-532

● Corte Suprema de Justicia del Perú. (2019). Sentencia casatoria del 5 de febrero de
2019 (Casación N°. 503-2018-Madre de Dios).
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