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La Boca

La boca, dividida en dos sectores por los arcos dentales, está limitada por el paladar, la lengua y los dientes, y juega un papel crucial en la ingestión, digestión y articulación del lenguaje. La lengua, un músculo carnoso recubierto de mucosa, contiene papilas gustativas que permiten percibir cuatro sabores básicos: amargo, dulce, ácido y salado. La percepción del sabor también se ve afectada por el sentido del olfato, lo que explica por qué los alimentos pueden parecer insípidos durante un resfriado.
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La Boca

La boca, dividida en dos sectores por los arcos dentales, está limitada por el paladar, la lengua y los dientes, y juega un papel crucial en la ingestión, digestión y articulación del lenguaje. La lengua, un músculo carnoso recubierto de mucosa, contiene papilas gustativas que permiten percibir cuatro sabores básicos: amargo, dulce, ácido y salado. La percepción del sabor también se ve afectada por el sentido del olfato, lo que explica por qué los alimentos pueden parecer insípidos durante un resfriado.
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LA BOCA

Ubicada en el tramo inicial del sistema, adopta un formato oval en su diámetro


anteroposterior (corte sagital medio). Se halla dividida en dos sectores por los arcos
dentales.
Sus límites topográficos son: en la parte superior el paladar; en la parte inferior la
lengua y base bucal; y a los lados por los dientes, encías y mejillas. El paladar separa
la boca de la cavidad nasal para evitar que las materias alimenticias pasen a la
cavidad nasal. La lengua, dientes y glándulas salivales funcionan en la ingestión y
digestión; en el hombre, la lengua y dientes sirven también para articular el lenguaje.
El órgano sobre el que se apoya el sentido del gusto es la lengua.
La lengua es un músculo grueso y carnoso recubierto por una mucosa que presenta
diversas granulaciones y finos surcos perceptibles a simple vista. En la parte axial de
su cara superior se observa un surco longitudinal que va desde la punta hasta más allá
de su mitad, seguido de dos series de granulaciones bastante grandes, que convergen
en el eje de la lengua y forman una V al revés a la que se llama uve lingual. Por su
cara inferior, la parte anterior de la lengua tiene un repliegue mucoso, que la une a la

mucosa bucal: es el frenillo de la lengua.

La mucosa que recubre la lengua es asiento de numerosos pequeños órganos más o


menos mamelonares, llamados papilas gustativas, que nos permiten apreciar el sabor
de los alimentos que ingerimos. Son de diferente forma o aspecto: filiformes, de
textura filamentosa y que ocupan toda la porción de la cara dorsal situada delante de
la uve lingual; fungiformes, en forma de hongo, rojizas, muy visibles y en número de
unas 150 a 200, calciformes, que constan de un botón central rodeado de un surco
dando forma a la uve lingual.

Para que una sustancia tenga sabor debe ser total o parcialmente soluble en la
saliva.
Sólo podemos percibir cuatro sabores: el amargo, el dulce, el ácido y el salado. El
amargo se aprecia en la base de la lengua; el dulce en la punta; el ácido en la punta y
los bordes; y el salado en toda la superficie.

Ciertas áreas de la lengua son insensibles. Los sabores complejos de los alimentos,
como el sabor a pescado, a ajo, a vino, etc; son el resultado de la unión de
sensaciones gustativas con las olfativas; por eso cuando estamos resfriados la comida
nos parece insípida.

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