El profesional parece más preocupado por aportar habitáculos cerrados sin ninguna relación
con la ciudad. Gómez de Llarena afirma que “nuestros más agobiantes problemas urbanos
tuvieron justamente su origen en el abandono de estas normativas comunes en el
continente alrededor de 1930, sustituyéndolas por otras ideas urbanísticas importadas sin
la debida reflexión y por el poco apego hacia la propia historia urbana. Las ciudades
latinoamericanas crecieron en el siglo XX, y en las áreas que lo hicieron,
desafortunadamente fueron desfigurando el modelo urbano que les era propio a su
identidad mas legítima.” (Gómez de Llarena. En Brewer-Carías. 2006:40) En tal sentido, el
proceso de inter-aprendizaje del diseño urbano-arquitectónico, resulta tremendamente
complejo tanto en su aspecto operativo y metodológico, como en su aspecto conceptual,
pues la ciudad es un sistema multidimensional contenedor de infinidad de elementos y
problemas.
Siendo así, es posible entender la importancia que cobra dentro de nuestras casas de studio
el propiciar espacios para la discusión permanente del quehacer urbano y arquitectónico,
donde se intercambien posturas, corrientes, criterios y cualesquiera herramientas e
inquietudes que enriquezcan el trabajo que tiene lugar en nuestras aulas de clase. El proceso
de diseño que describiremos, esta pensado para favorecer ese espacio de discusión
permanente, cuya área de interés específica es precisamente aquella referida al estudio del
hecho arquitectónico, no como un elemento disociado de su entorno, sino como un
componente más de un conjunto mayor.
Desde el punto de vista conceptual, tiene su asidero en las teorías neoempiricistas, en las
que las secuencias espaciales, el respeto por la diversidad, y un férreo sentido de la
identidad cultural, se erigen como condiciones sine qua non de la respuesta proyectual
urbana.
los problemas se abordan a partir de un minucioso análisis de los aspectos histórico,
estructural, morfológico, perceptual y normativo del conjunto urbano a intervenir, pues es
interés fundamental de este enfoque, que el diseño se adapte al entorno natural y cultural
heredado.
Este proceso de diseño persigue que los estudiantes puedan lograr los siguientes objetivos:
- Comprender diversos factores que determinan la forma urbana.
- Manejar variables urbanas tanto para el análisis, como para aportar elementos y criterios
en el diseño de nuevos conjuntos urbanos y la revitalización de áreas existentes.
- Diseñar conjuntos urbanos coherentes con el ambiente social, natural y construido.
- Tomar conciencia sobre la contribución del arquitecto en la definición de la forma urbana
y de su calidad ambiental.
2. Fundamentación teórico conceptual del proceso de diseño propuesto La idea
fundamental sobre la cual se sustenta el proceso de diseño propuesto, que desarrollamos
en adelante-, es entender a la arquitectura como conformadora del lugar en el que se
desarrolla la actividad del hombre. Este lugar no es más que la ciudad, definida, física y
espacialmente, por los objetos arquitectónicos y sus interrelaciones. Esta idea general,
sustentada sobre un largo proceso de observación del hecho urbano, se hace manifiesta en
la afirmación de los profesionales españoles Carlos Martínez y Juan Luis De las Rivas en su
libro Arquitectura Urbana, “no se entiende la arquitectura como disciplina, sin la presencia
de la ciudad.
surgen dos cuestionamientos acerca de conceptos básicos a los cuales daremos respuesta,
a saber: ¿Cómo definimos el espacio urbano? y ¿Cómo actuamos sobre él?. ¿Cómo
definimos el espacio urbano? Para diseñar la ciudad es importante que el estudiante
aprehenda conceptos relacionados con su configuración físico espacial; en tal sentido en
Provincia Nº 25, enero-junio 2011 97 Proceso de diseño urbano-arquitectónico, pp. 93-116
la tesis La Percepción de la Forma del Espacio Urbano a través de la Movilidad (2007), Gómez
(coautora de este artículo) plantea que cualquier intervención propuesta sobre la ciudad
debe iniciarse por la comprensión del espacio urbano a través de tres grandes aspectos, a
saber:
las condiciones funcionales, las características formales y las propiedades semánticas.
Entendemos por condiciones, a las circunstancias o situaciones necesarias para que un
hecho tenga lugar. Sin embargo, una de las premisas fundamentales de las condiciones es
su variabilidad en el tiempo. Es por ello que, cuando hablamos del espacio urbano nos
referimos a las condiciones funcionales, puesto que, dada la inevitable y siempre continua
variación de los modelos de organización de los seres humanos, la función resulta una
circunstancia en constante modificación. Las condiciones funcionales del espacio urbano
pueden ser de índole físico-espacial y socio-cultural entre las cuales destacan:
condicionantes naturales, valores históricos y patrimoniales, determinantes jurídicas y
normativas, organización social, movilidad, usos del suelo, densidad poblacional,
equipamiento, redes de infraestructura y mobiliario urbano. Por característica entendemos
al carácter y naturaleza propia de cualquier hecho. Cuando hablamos de la naturaleza de las
cosas, advertimos su permanencia en el tiempo. Es en función de lo expuesto que, cuando
hablamos del espacio urbano nos referimos a las características formales, cuyos elementos
primarios han adquirido carácter de permanencia en el tiempo. Son características formales
del espacio urbano elementos estructuradores como la trama, la calle, la plaza, espacios
abiertos y el cruce, así como la variedad de formas y tipos de elementos arquitectónicos
(arquitectura urbana). Por propiedad entendemos, a la perfecta correspondencia entre un
hecho y su representación, o lo que es lo mismo, entre lo que se expresa y lo que se
entiende. No pueden advertirse las propiedades según su permanencia en el tiempo, más
si pueden advertirse según su efectividad para comunicar el mensaje.
Es por ello que cuando hablamos del espacio urbano nos referimos a las propiedades
semánticas, pues son aquellas capaces de propiciar un adecuado diálogo entre el hombre y
el espacio 98 Provincia Nº 25, enero-junio 2011 Briceño, Morella y Gómez, Luz que habita.
Las propiedades semánticas son en definitiva, la interrelación significativa que el observador
opera mentalmente entre las condiciones funcionales y las características formales, en otras
palabras, la imagen urbana. Son propiedades semánticas, la legibilidad, la imaginabilidad, la
identidad, la congruencia y la cohesión, aspectos propuestos por Kevin Lynch en su libro la
Buena forma de la ciudad (1978).
Los conceptos básicos sobre los cuales hemos insistido permanentemente durante el
proceso de inter - aprendizaje que tiene lugar el de diseño son entonces: la forma urbana,
la arquitectura urbana y la imagen urbana entendidos como un todo indivisible. En tal
sentido, Briceño define estos aspectos en el documento La Percepción Visual de los Objetos
del Espacio Urbano (2002): 3.
La forma urbana Para que el estudiante pueda comprender la ciudad como un todo,
partimos de la organización de sus partes a través del concepto de morfología, para
posteriormente definir las cualidades perceptuales que contribuyen a la conformación de la
imagen urbana. Así, la morfología urbana definida en términos de organización,
configuración y disposición de las características formales de la ciudad tales como la trama,
la manzana, la calle, el cruce y los espacios abiertos, introduce el tema urbano desde el
análisis al diseño.
La trama urbana, es la base que produce la forma de la ciudad, allí la conformación de la
manzana (sus espacios públicos y privados) y la continuidad de la calle, revelan la
configuración del espacio público como una totalidad. La aplicación del concepto se realiza
a partir de planos de figura – fondo – manzana que permiten entender la forma de la
manzana, figura – fondo – espacios abiertos que permiten observar la relación de ubicación,
disposición y proporción del lleno y el vacío urbano y figura – fondo –grano, definidos con
base en la siguiente clasificación:
grano grueso, son aquellas edificaciones que poseen grandes dimensiones y que destacan
por sobre las demás;
grano fino, son aquellas edificaciones de menores dimensiones y que poseen retiros
laterales, frontales y de fondo, es decir, edificaciones aisladas; grano borroso, corresponde
a edificaciones que no poseen retiros laterales y no es posible determinar donde comienzan
o terminan, es decir, en parcelamiento continuo;
grano mezcla, se observa en aquellos lugares que poseen dos o mas tipos de grano. La
definición de la trama a través de los conceptos mencionados, permite conceptualizar la
ciudad como lineal, radial, en damero, entre otras, así como comprender las razones que
han condicionado ese crecimiento, tanto de las partes como del conjunto urbano en un
determinado espacio geográfico.
Otro componente de la forma urbana es la Manzana, ella pertenece al tejido urbano y es la
unidad básica de la trama como elemento indispensable en la estructuración de la ciudad.
Está condicionada por el trazado y el borde o plano vertical, en ella ocurre la parcelación y
subdivisión del suelo tanto público como privado. Se estudian la tipología de manzanas
urbanas, a través de planos de análisis que muestran dimensiones, forma, edificaciones,
patios y parcelas. La calle, entendida básicamente como una formación lineal
tridimensional, constituye la transición entre el espacio privado y el público, es el elemento
a partir del cual se organiza y distribuye la trama urbana. Es estudiada a partir de su forma,
uso y proporción respecto de edificaciones.
La calle posee una dimensión formal en tanto es posible entender su configuración a partir
del muro urbano; funcional porque presenta actividades para el peatón o para el vehículo,
y técnica debido a que es el canal que contiene las venas y arterias de la ciudad, es receptora
de los flujos de la ciudad.
El Cruce, se refiere a la disposición y organización de los elementos ubicados en sus
esquinas. Puede interrumpir la continuidad de la calle marcando una pausa y generando
una referencia en la ciudad que con- tribuya a establecer secuencias visuales; o pueden
mimetizarse con la linealidad de la misma.
Al igual que la calle, el cruce tiene dimensiones formales, funcionales y técnicas, las cuales
son analizadas para luego ser entendidas y empleadas en el diseño. Los espacios abiertos
representan los puntos vitales de cualquier poblado por la capacidad que tienen de reunir
y propiciar encuentros entre sus habitantes, determinan puntos básicos a través de los
cuales nos orientamos.
La plaza es un lugar conformado por edificaciones, que posee carácter de espacio interior,
sus entradas o el desemboque de sus calles señalan la importancia de las esquinas y su
relación con la estructura de la ciudad. Las secuencias de espacios abiertos, contribuyen a
generar referencias, a aumentar la legibilidad y orientación. Las secuencias pueden darse a
través de plazas, plazuelas, parques. Su importancia radica en la interrelación de estos
espacios a través de las calles y cruces con una visión de conjunto.
Las secuencias de espacios abiertos, contribuyen a generar referencias, a aumentar la
legibilidad y orientación. Las secuencias pueden darse a través de plazas, plazuelas, parques.
Su importancia radica en la interrelación de estos espacios a través de las calles y cruces con
una visión de conjunto.