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Abg. María SALA DE CASACIÓN CIVIL
Carias Sentencia N° RC-00141 Exp. Nº 2005-000705 de fecha 02/03/2006
Ponencia de la Magistrada ISBELIA PÉREZ DE CABALLERO.
En el juicio por resolución de contrato de arrendamiento y daños y
perjuicios que sigue la empresa INVERSIONES Y, C.A. representada judicialmente
por el abogado Alfredo Millán Guzmán, contra las sociedades mercantiles FIAMAR
C.A., TOYOTA MARGARITA C.A. (TOYOTAMAR) e INVERSIONES
SANABRIA C.A. (INVERSAN), representadas judicialmente por los abogados
Amalio Mago Velásquez, Ismenia Mago de Rosas y Luís Fernández Fermín; el
Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, del Tránsito y “Menores” de la
Circunscripción Judicial del estado Nueva Esparta, dictó sentencia en fecha 15 de
julio de 2005, mediante la cual declaró parcialmente con lugar la demanda y sin lugar
la apelación interpuesta por la parte demandada, modificando así la decisión dictada
por el Juzgado Segundo Accidental de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, del
Tránsito y Agrario de la misma Circunscripción Judicial.
Contra esa decisión del tribunal superior, anunció recurso de casación la
parte demandada, el cual fue admitido por el juez de alzada y formalizado por el
recurrente en tiempo oportuno. No hubo impugnación.
Concluida la sustanciación de los recursos, la Sala procede a dictar
sentencia bajo la ponencia de la Magistrada que con tal carácter lo suscribe, en los
términos siguientes:
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RECURSO POR DEFECTO DE ACTIVIDAD
ÚNICO
Por razones metodológicas, la Sala altera el orden de conocimiento de las
denuncias y pasa a resolver la segunda de forma, la cual fue sustentada en el ordinal
1° del artículo 313 del Código de Procedimiento Civil, con fundamento en la
infracción de los artículos 12, y 243 ordinal 5º eiusdem, con base en que el Juez de la
recurrida incurrió en la violación a la prohibición de reforma en perjuicio, mejor
conocida como principio de no reformatio in peius, por cuanto condenó a sus
representadas a pagar a la parte actora la cantidad de ciento veinte millones de
bolívares (Bs. 120.000.000,oo), que no había sido condenada en la sentencia dictada
por el tribunal a-quo, de la cual fue la única apelante.
En efecto, el formalizante alegó:
“...En esta denuncia vengo a plantear la violación por parte de la recurrida
de la prohibición de la reforma en perjuicio (reformatio in peius), vicio
éste que desde el 19 de julio de 2000 debe denunciarse como incongruencia
positiva en su modalidad ultrapetita. Esta doctrina se ratificó
recientemente (el 27 de abril de 2004), en los siguientes términos: ...
Sobre la base del precedente anterior, le imputo a la recurrida el vicio de
ultrapetita al haber violado la prohibición de reforma peyorativa
(reformatio in peius), por las siguientes razones:
La única condena pecuniaria que fue impuesta a mis mandantes por el juez
de la primera instancia, consta en el numeral cuarto del dispositivo del
fallo definitivo de esa instancia, donde se asentó lo siguiente:
“CUARTO: Se condena a TOYOTA MARGARITA C.A.,
FIAMAR C.A. e INVERSIONES SANABRIA C.A. a pagar en
forma solidaria, a INVERSIONES Y, C.A., como valor de los
cánones de arrendamiento correspondientes a los meses de
diciembre de 2002, los doce meses del año 2003 y los de los
meses enero, febrero y marzo del año 2004, así como los
intereses moratorios correspondiente (sic) a las pensiones dejadas
de pagar desde el mes de diciembre de 2002 y los meses de
enero, febrero, marzo y abril de 2003. El monto correspondiente
se establecerá mediante experticia del fallo, en la oportunidad en
que éste quede firme.” (Folios 68 y 69 de la primera pieza del
expediente).
La referida sentencia fue sólo apelada por mis representadas el día 15 de
junio de 2004, tal como puede verse del folio 88 de la segunda pieza del expediente.
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Naturalmente, la apelación de nuestras representadas sólo estuvo dirigida a
combatir los pronunciamientos que le fueron adversos, todo ello en
aplicación de la máxima procesal que establece que el agravio es la medida
del interés para ejercitar un recurso.
Inexplicablemente, la juez superior abultó la condena impuesta por la
primera instancia, al ordenar que mis mandantes pagaran la suma de ciento
veinte millones de bolívares (Bs. 120.000.000,00), por supuestos daños y
perjuicios ocasionados al inmueble, así:
“En consecuencia, se declara procedente la presente acción en
relación con el alegato esgrimido por la parte actora en su
demanda y, en derivación de ello, es que la parte demandada
debe pagar a la actora la cantidad de Bs. 120.000.000 que ésta ha
exigido como compensación por los daños y perjuicios
ocasionados al inmueble , en virtud de dejarlo abandonado
incumpliendo lo previsto en la mencionada norma (artículo
1.594) y lo dispuesto en el artículo 1.264 del texto sustantivo. Así
se decide.” (Final del folio 166 y principio del folio 167 de la
segunda pieza; subrayado nuestro).
Lo anterior demuestra a las claras que el juez superior desmejoró la
posición de la única apelante (la parte demandada), pues no habiendo
apelado la parte actora del fallo de primera instancia, mal podía el juez
superior desmejorar la posición del único apelante abultando la condena en
Bs. 120.000.000, porque lo no apelado ya había adquirido los atributos de
la cosa juzgada formal, y el sentenciador carecía de competencia para
enjuiciar esos aspectos...”.
Para decidir, la Sala observa:
Ha sido pacífica y constante la jurisprudencia de esta Sala, respecto de la
obligación que tienen los jueces de pronunciarse sobre todo cuanto haya sido alegado
y probado durante el proceso, y únicamente sobre aquello que ha sido alegado por las
partes. Por tanto, resulta viciada la sentencia que no resuelve en forma expresa,
positiva y precisa con arreglo a la pretensión deducida y a las excepciones o defensas
opuestas.
En tal sentido, en sentencia de fecha 7 de marzo de 2002, caso: Carpintería
Tar C.A., contra Raiza Leonor Espinoza Guadarrama, la Sala estableció:
“...El ordinal 5º del artículo 243 del Código de Procedimiento Civil
establece los presupuestos para que la sentencia llene el requisito de la
congruencia, entendiéndose por tal, como lo afirma Hernando Devis
Echandía, el principio normativo que delimita el contenido y alcance de tal
instancia, para el efecto de que exista identidad jurídica entre lo resuelto y
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las pretensiones (en sentido general) y excepciones de los litigantes,
oportunamente aducidas, a menos que la Ley otorgue facultades especiales
para separarse de ellas y que tal principio es una consecuencia lógica de la
relación de jurisdicción como derecho y deber del Estado. El derecho de
acción y de contradicción no sólo impone al Estado el deber de proveer
mediante un proceso en una instancia, sino que al complementarse con el
ejercicio de la pretensión y la oposición de excepciones, delimita el alcance
y contenido de este procedimiento. La relación de jurisdicción comprende
tanto la acción y la contradicción, como la pretensión y la excepción que en
ejercicio de estos derechos se formulan al Juez para determinar los fines
mediatos y concretos del proceso (Nociones Generales de Derecho Procesal
Civil...”
El primer presupuesto es el de que toda sentencia debe contener decisión
expresa, positiva y precisa; y el segundo presupuesto prevé que la decisión
debe ser con arreglo a la pretensión deducida y a las excepciones o
defensas opuestas”.
Según Guasp, la congruencia es la causa jurídica del fallo y Prietro Castro
agrega, como otra derivación de la congruencia, el principio de la
exhaustividad, esto es, la prohibición de omitir decisión sobre ninguno de
los pedimentos formulados por las partes.
La sentencia es congruente cuando se ajusta a las pretensiones de las partes,
tanto del actor como del demandado, independientemente de si es acertada
o errónea. No se puede apreciar, más ni menos, de las cuestiones
controvertidas, ni dejar de resolver algunas. Cuando se deja de examinar la
prueba, todos o algunos de sus hechos fundamentales, la sentencia está
viciada por omisión de análisis fáctico y cuando se considere innecesario el
análisis de algunos elementos probatorios, el juez debe dejar constancia
motivada de ello.
De allí que la incongruencia adopta dos modalidades y tres aspectos. Las
modalidades son: incongruencia positiva, cuando el juez extiende su
decisión más allá de los límites del problema judicial que le fue sometido, o
la incongruencia negativa, cuando el juez omite el debido pronunciamiento
sobre alguno de los términos del problema judicial, y los aspectos son: a)
cuando se otorga más de lo pedido (ultrapetita); b) cuando se otorga algo
distinto de lo pedido (extrapetita), y c) cuando se deja de resolver sobre
algo pedido u excepcionado (citrapetita)...”
Ahora bien, la ultrapetita es un vicio contenido en el dispositivo del fallo
que consiste en exceder los términos de la litis, decidiendo cuestiones extrañas a los
pedimentos del libelo y las defensas planteadas en la contestación; y, la reformatio in
peius está circunscrita en la figura jurídica de la ultrapetita, pues viola el principio de
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la congruencia de la sentencia, conectado a la limitación de decidir solamente sobre lo
que es objeto del recurso subjetivo procesal de apelación.
El Tribunal Supremo Español en sentencia de fecha 28 de julio de 1998, dejó sentado
que el vicio de la reformatio in peius viola el principio de congruencia de la sentencia,
tal y como puede observarse de la siguiente transcripción:
“...La prohibición de la reformatio in peius o regla impuesta al órgano
jurisdiccional de apelación que impide agravar o hacer más gravosa la
condena o restringir las declaraciones más favorables de la sentencia de
primera instancia en perjuicio del apelante, responde al principio tantum
appellatum quantum devolutum, conforme con el más general principio
dispositivo y según las consecuencias que resultan del artículo 408 de la
Ley de Enjuiciamiento Civil sobre las resoluciones consentidas. Su
inobservancia entraña, desde luego, conexiones con las reglas de
competencia funcional (el órgano de apelación carece de facultades en el
caso concreto para decidir de nuevo sobre lo ya resuelto), y con los efectos
de la cosa juzgada (ya se señaló a propósito del artículo 408), pero, desde
la perspectiva casacional, la extralimitación en que incurre la sentencia
de segunda instancia que no respeta la prohibición, es perfectamente
denunciable como una manifestación de la incongruencia , lo que
permite, de acuerdo con el artículo 1.715, caso de acogerse el motivo
(inciso 3º del artículo 1.692) reducir el alcance objetivo de la sentencia
impugnada a sus justos límites en el fallo que corresponda, por anulación
del impugnado...” (Subrayado y negritas de la Sala)
Por su parte, el tratadista español Juan Montero Aroca, también
considera que la prohibición de reformatio in peius constituye una modalidad de
incongruencia, y al respecto señala:
“Se ha venido considerando como una manifestación característica del
principio de la congruencia en la segunda instancia , la prohibición de la
denominada reformatio in peius, es decir, la prohibición de que el tribunal
ad quem, al resolver el recurso, modifique por sí la sentencia apelada en
perjuicio del apelante, empeorando o agravando la posición del mismo.
Si el ámbito de la apelación y de las facultades decisorias del tribunal ad
quem vienen determinados, conforme al principio dispositivo, por la regla
tantum appellatum quantum devolutum y la esencia de la legitimación para
recurrir radica en la existencia de gravamen, ello implica que aquellos
pronunciamientos de la sentencia de instancia que no hayan sido objeto de
impugnación y que resulten favorables al apelante, conservarán plena
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eficacia para él, pues lo que pretende con la interposición del recurso es
obtener una resolución que modifique la de instancia en lo que le resulte
desfavorable, nunca una reforma que empeore su situación. La
interposición del recurso genera, por tanto, para el recurrente una
expectativa de reforma de la resolución recurrida en aquello que le resulte
desfavorable, sin que en ningún caso le quepa esperar un resultado que le
perjudique. La sentencia de apelación que introdujera, sin petición de la
parte contraria, una reforma peyorativa incurriría, evidentemente, en
incongruencia .
Es por ello por lo que la prohibición de la reformatio in peius solamente
puede tener lugar si la otra parte no apeló o no impugnó la resolución
apelada, pues en tal caso, por efecto de los mismos principios antes
aludidos, el tribunal ad quem entra a conocer de todo lo que se le propone
como materia de decisión en la segunda instancia por las dos partes
litigantes y también recurrentes, de modo que en caso de estimar la
pretensión deducida por una de ellas que hubiera sido desestimada en la
primera instancia, provocará obviamente, una reforma peyorativa para la
contraria, pero ella será consecuencia, precisamente, del principio de la
congruencia.” (MONTERO AROCA, Juan y FLORS MATÍES, José, “Los
Recursos en el Proceso Civil”, Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia, 2001, pp.
346-347.) (Subrayado y negritas de la Sala)
En el mismo sentido, se ha pronunciado el maestro uruguayo Enrique
Véscovi, al señalar:
“Resultaría inconsecuente con lo sostenido antes de que el objeto de la
sentencia (de primera y también de segunda...) esta delimitado por las
pretensiones de las partes (principio de la congruencia), admitir ahora
que el tribunal de alzada puede ir más allá de lo pedido por el apelante .
Es, repetimos, la consecuencia del principio dispositivo del “ne procedat
iure ex officio” y “nemo iudex sine actore”. Dado que la segunda (o
tercera, o aún la casación como veremos) se abre sólo por iniciativa de la
parte que interpone el recurso y conforme a su pedido. Es en este sentido
que se dice que la expresión de agravios es la acción (pretensión) de la
segunda instancia” (VESCOVI, Enrique, “Los Recursos Judiciales y demás
Medios Impugnativos en Iberoamérica”, Ediciones Depalma, Buenos Aires,
1988, p.163.) (Subrayado y negritas de la Sala).
De igual manera, esta Sala de Casación Civil en sentencia de fecha 16 de
febrero de 2001 (caso: Petrica López Ortega y Blanca Prince c/ FOGADE) consideró
que la reformatio in peius debe ser denunciada a través de una denuncia por defecto
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de actividad, ya que “...Vista la figura del reformatio in peius, como un principio
jurídico que emerge en abstracto de la conducta del jurisdicente, a través de la cual
desmejora la condición del apelante, sin que haya mediado el ejercicio del precitado
recurso por la contraria, es de lógica concluir, que... la realidad de la conducta del
ad quem, al desmejorar al apelante, esta circunscrita a la figura jurídica de la
ultrapetita, pues viola el principio de la congruencia de la sentencia, conectado a la
limitación de decidir solamente sobre lo que es objeto del recurso subjetivo procesal
de apelación; en igual manera la reformatio in peius, está ligada a la garantía
constitucional del derecho a la defensa, por lo cual quien ejerce ese derecho no puede
ver deteriorada su situación procesal, por el sólo hecho de haberlo ejercido...”.
De los criterios doctrinales y jurisprudenciales citados, queda claro que la
denuncia en casación del vicio de reformatio in peius, ha sido considerada como una
infracción de forma, por incongruencia positiva, que se produce cuando declarada por
el a quo parcialmente con lugar la demanda.
Hechas estas consideraciones, la sala observa que en el caso que se examina, la
sentencia recurrida ordenó a la parte demandada “...pagar a la actora la cantidad de
Bs. 120.000.000 que ésta ha exigido como compensación por los daños y perjuicios
ocasionados al inmueble, en virtud de dejarlo abandonado incumpliendo lo previsto
en la mencionada norma (artículo 1.594) y lo dispuesto en el artículo 1.264 del texto
sustantivo”, siendo que a ello no fue condenada por el tribunal de primera instancia
en la sentencia apelada. En efecto, la decisión del a-quo declaró parcialmente con
lugar la demanda y condenó a la empresas demandadas a pagar solidariamente a la
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actora “como valor de los cánones de arrendamiento correspondientes a los meses
de diciembre de 2002, los doce meses del año 2003 y los de los meses enero, febrero
y marzo del año 2004, así como los intereses moratorios correspondientes a las
pensiones dejadas de pagar desde el mes de diciembre de 2002 y los meses de enero,
febrero, marzo y abril de 2003”.
Esta decisión sólo fue apelada por la parte demandada, y, a pesar de que
también podía hacerlo la parte actora, al no haber sido concedidos todos los aspectos
solicitados por ella en la demanda, ésta se conformó con lo decidido. De allí que, el
juez de alzada al condenar a las accionadas a pagar a la demandante la cantidad de Bs.
120.000.000,oo por concepto de daños y perjuicios, decidió sobre un aspecto del fallo
de primera instancia que no había sido objeto del recurso de apelación sometido a su
consideración, causando en consecuencia un perjuicio a la demandada, pues la parte
actora no ejerció el correspondiente recurso de apelación contra dicho fallo.
En efecto, tal como lo señala el formalizante en el fallo de fecha 26 de
marzo de 2004, dictado por el Juzgado Segundo Accidental de Primera Instancia en lo
Civil, Mercantil, del Tránsito y Agrario de la Circunscripción Judicial del estado
Nueva Esparta, decidió lo siguiente:
“...PRIMERO: Se declara parcialmente lugar (sic) la demanda intentada
por INVERSIONES Y C.A. contra TOYOTA MARGARITA, C.A.
FIAMAR, C.A. e INVERSIONES SANABRIA C.A.
SEGUNDO: Se declara resuelto el contrato de arrendamiento suscrito
originalmente entre TOYOTA MARGARITA, C.A. e INVERSIONES Y.
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C.A., y cedido posteriormente por la arrendataria original a FIAMAR,
C.A.
TERCERO: Se ordena a FIAMAR, C.A. a entregar a INVERSIONES Y
C.A. el inmueble arrendado en las condiciones en que lo recibió.
CUARTO: Se condena a TOYOTA MARGARITA C.A., FIAMAR C.A. e
INVERSIONES SANABRIA C.A. a pagar en forma solidaria, a
INVERSIONES Y, C.A., como valor de los cánones de arrendamiento
correspondientes a los meses de diciembre de 2002, los doce meses del año
2003 y los de los meses enero, febrero y marzo del año 2004, así como los
intereses moratorios correspondientes a las pensiones dejadas de pagar
desde el mes de diciembre de 2002 y los meses de enero, febrero, marzo y
abril de 2003. El monto correspondiente se establecerá mediante experticia
del fallo, en la oportunidad en que éste quede firme.
QUINTO: No hay condenatoria en costas dada la naturaleza del fallo....”.
La Sala observa igualmente, que en la sentencia recurrida se estableció lo
siguiente:
“...En consecuencia, se declara procedente la presente acción en relación
con el alegato esgrimido por la parte actora en su demanda y, en
derivación de ello, es que la parte demandada debe pagar a la actora la
cantidad de Bs. 120.000.000 que ésta ha exigido como compensación por
los daños y perjuicios ocasionados al inmueble, en virtud de dejarlo
abandonado incumpliendo lo previsto en la mencionada norma (artículo
1.594) y lo dispuesto en el artículo 1.264 del texto sustantivo. Así se
decide...”
Tal proceder del juez de la recurrida, de pronunciarse sobre algo no pedido
por la única apelante, empeorando el agravio causado por la sentencia de primera
instancia, infringe los artículos 12, 15 y 243 ordinal 5º del Código de Procedimiento
Civil, lo cual hace nula la sentencia impugnada por adolecer del vicio de
incongruencia positiva en la modalidad de ultrapetita Por tal motivo, esta Sala
considera procedente la denuncia analizada. Así se establece.
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Al encontrar la Sala procedente una denuncia de las descritas en el ordinal
1º del artículo 313 del Código de Procedimiento Civil, se abstiene de conocer las
restantes delaciones contenidas en el escrito de formalización, en acatamiento del
precepto normativo consagrado en el artículo 320 eiusdem.
DECISIÓN
En mérito de las precedentes consideraciones, este Tribunal Supremo de
Justicia de la República Bolivariana de Venezuela, en Sala de Casación Civil,
administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley, declara
CON LUGAR el recurso de casación formalizado por la representación judicial de la
parte demandada contra la sentencia de fecha 15 de julio de 2005, dictada por el
Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, del Tránsito y “Menores” de la
Circunscripción Judicial del estado Nueva Esparta. En consecuencia, casa la sentencia
recurrida y repone la causa al estado de que el Tribunal Superior que resulte
competente dicte nueva decisión, sin incurrir nuevamente en las infracciones
señaladas.
Dada la naturaleza del fallo, no hay condenatoria en costa.
Publíquese y regístrese. Remítase el expediente al Juzgado Superior antes
referido, todo de conformidad con lo establecido en el artículo 322 del Código de
Procedimiento Civil.
Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil
del Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los dos (2) días del mes marzo de dos
mil seis. Años: 195º de la Independencia y 147º de la Federación.
Presidente de la Sala, CARLOS OBERTO VÉLEZ
Vicepresidenta-Temporal y Ponente, ISBELIA PÉREZ DE CABALLERO
Magistrado, ANTONIO RAMÍREZ JIMÉNEZ
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Magistrado, YRIS PEÑA DE ANDUEZA
Magistrado, LUIS ANTONIO ORTIZ HERNÁNDEZ
Secretario, ENRIQUE DURÁN FERNÁNDEZ
Exp. AA20-C-2005-000705
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