Hongos
Los hongos pueden existir en una forma unicelular (levadura) capaz de replicarse de manera
asexual, o en una forma filamentosa (moho), capaz de replicarse de forma tanto asexual como
sexual. La mayor parte de los hongos existen en forma de levadura o bien en forma de moho.
Sin embargo, algunos de ellos pueden adoptar ambas morfologías; se trata de los llamados
hongos dimórficos, como Histoplasma, Blastomyces y Coccidioides. Es de suma importancia
estudiar los hongos, ya que desempeñan un papel cada vez más importante en las
enfermedades infecciosas, en especial en los pacientes inmunodeprimidos.
HONGOS DE IMPORTANCIA MÉDICA
1 Generalidades de micología
Las células de los animales, las plantas y los hongos son eucariotas (del griego, «núcleo
verdadero»). Los hongos representan un grupo ubicuo y diverso de microorganismos que se
dedica principalmente a la degradación de materia orgánica. Los hongos llevan una vida
heterotrófica como saprofitos (microorganismos que subsisten en materia muerta o en
descomposición), simbiontes (microorganismos que viven conjuntamente y obtienen ventajas
de su asociación), comensales (microorganismos que se desarrollan en estrecha relación, en la
que uno de los participantes obtiene beneficios mientras que el otro ni se beneficia ni resulta
perjudicado) o parásitos (microorganismos que se establecen sobre o en el interior de un
anfitrión del que obtienen beneficios sin corresponder con ninguna ventaja; en el caso de los
patógenos, la relación es perjudicial para el anfitrión).
1.1 Concepto de micosis
La palabra griega mykes significa hongos, pero el lenguaje corriente abarca todos los miembros
no fotosintéticos del subreino talofita: planta que no forman embriones (como en semillas),
carecen de raíces, tallo, hojas o flores fisiológicamente diferenciales o funcionales, pueden
consistir de una sola célula o de agregaciones características de muchas células indiferenciadas
o escasamente diferenciadas.
El grupo de los hongos se divide comúnmente en dos grupos del reino talofita:
Los hongos verdaderos o eumicetos (eumicofitos), todos los cuales poseen estructura
eucarótida.
Los hongos de división, esquizomicetos (esquizomicófitos) o bacterias, los cuales son
procariótidos en su totalidad.
1.2 Clasificación, anatomía y morfología macro y microscópica, reproducción, componentes
fisiológico y nutricional
Los hongos se clasifican en un reino propio, el reino Hongos (Myceteae). Son microorganismos
eucariotas que se distinguen de otros eucariotas por la presencia de una rígida pared celular
formada por quitina y glucano, y una membrana celular en la que el ergosterol sustituye al
colesterol como principal componente esteroideo.
La taxonomía clásica de los hongos se ha basado, en gran medida, en la morfología y la forma
de producción de esporas; sin embargo, hoy en día se tienen cada vez más en cuenta sus
características ultra-estructurales, bioquímicas y moleculares, las cuales obligan a modificar la
designación taxonómica inicial. Los hongos pueden ser organismos unicelulares o
pluricelulares. La clasificación más sencilla, cimentada en aspectos morfológicos, agrupa a los
hongos en levaduras y formas miceliales. Desde el punto de vista morfológico, una levadura
se define como una célula que se reproduce mediante gemación o fisión, de modo que la
célula progenitura o «madre» se desprende de una porción de sí misma para producir una
célula descendiente o «hija».
Diagrama 1. Partes de una célula de un hongo.
Las células hijas pueden alargarse para formar seudohifas semejantes a salchichas. Por lo
general, las levaduras son unicelulares y producen colonias redondeadas, pálidas o mucoides
en las placas de agar. Por su parte, las formas miceliales son microorganismos pluricelulares
formados por unas estructuras tubulares semejantes a hebras conocidas como hifas cuyos
extremos se alargan mediante un proceso denominado extensión apical.
Las hifas pueden ser cenocíticas (huecas y multinucleadas) o septadas (divididas por tabiques).
El conjunto de hifas conforma una estructura semejante a un tapete llamada micelio. A
menudo, las colonias formadas por las formas miceliales se describen como filamentosas,
vellosas o lanosas.
Cuando crecen en agar o sobre la superficie de otros medios sólidos, las formas miceliales
producen unas hifas, denominadas hifas vegetativas, que crecen por encima o por debajo de
la superficie del medio de cultivo, así como hifas que se proyectan por encima de la superficie
y se conocen como hifas aéreas. Las hifas aéreas pueden producir unas estructuras
especializadas, las conidias (elementos de reproducción asexual).
Las conidias se transmiten fácilmente por el aire y se encargan de la diseminación del hongo.
La morfología, el tamaño y ciertas características del desarrollo de las conidias permiten
asignar un hongo a un género y una especie concreta. Muchos hongos de importancia médica
se denominan dimórficos por su capacidad de existir tanto en forma de micelio como de
levadura. Casi todos los hongos son aerobios, aunque algunos son anaerobios (fermentadores)
facultativos y otros son anaerobios estrictos. En cuanto a su metabolismo, los hongos son
heterótrofos y versátiles desde el punto de vista bioquímico; producen metabolitos primarios
(como ácido cítrico, etanol, glicerol) y secundarios (p. ej., antibióticos [penicilina],
amanitotoxina, aflatoxinas). En comparación con las bacterias, los hongos son seres de
crecimiento lento cuyos tiempos de duplicación celular alcanzan horas en lugar de minutos.
Los hongos se reproducen mediante la formación de esporas, las cuales pueden ser sexuales
(lo que implica un proceso de meiosis precedido por la fusión del protoplasma y los núcleos de
dos cepas compatibles) o asexuales (lo que únicamente implica procesos de mitosis).
Los hongos pertenecientes a las clases cigomicetos, ascomicetos, archiascomicetos y
basidiomicetos producen tanto esporas sexuales como asexuales. La forma del hongo que
produce las primeras se denomina telemorfo, mientras que la forma que genera estas últimas
se conoce como anamorfo. El hecho que el telemorfo y el anamorfo de un mismo hongo
posean nombres diferentes (p. ej., Ajellomyces capsulatum [telemorfo] e Histoplasma
capsulatum [anamorfo]) genera confusión entre los profesionales ajenos al ámbito de la
micología.
Tabla 1. Hongos de importancia médica (reino hongos).
2 Micosis
El grupo más amplio de hongos que provoca infecciones en el ser humano, los
Deuteromicetos, no produce esporas sexuales conocidas. Sin embargo, en la práctica clínica se
acostumbra a referirse al microorganismo por su designación asexual independientemente de
la capacidad de producción de esporas sexuales, la fase anamórfica (asexual) se aísla a partir
de las muestras clínicas y la fase telemórfica (sexual) aparece tan sólo en las condiciones
extremadamente especializadas de cultivos in vitro.
Imagen 1. Existen también un grupo de hongos que provocan infecciones en el ser humano.
Las esporas asexuales se componen de dos tipos generales: esporangiosporas y conidias. Las
esporangiosporas son unas esporas asexuales producidas y contenidas en una estructura
llamada esporangio que caracterizan a algunos géneros pertenecientes a la clase cigomicetos,
como Rhizopus y Mucor spp. Las conidias son esporas asexuales que se encuentran en
estructuras especializadas, como sucede en los géneros Aspergillus y Peniállium, y en los
dermatofitos.
Junto a la clasificación taxonómica formal de los hongos, las micosis pueden clasificarse en
función del tejido infectado y las características específicas de cada grupo de microorganismos.
Este sistema de clasificación permite distinguir micosis superficiales, cutáneas y subcutáneas,
micosis endémicas y micosis oportunistas:
Tabla 2. Características biológicas, morfológicas y reproductivas de los hongos patógenos.
Las esporas asexuales se componen de dos tipos generales: esporangiosporas y conidias. Las
esporangiosporas son unas esporas asexuales producidas y contenidas en una estructura
llamada esporangio que caracterizan a algunos géneros pertenecientes a la clase cigomicetos,
como Rhizopus y Mucor spp. Las conidias son esporas asexuales que se encuentran en
estructuras especializadas, como sucede en los géneros Aspergillus y Peniállium, y en los
dermatofitos. Junto a la clasificación taxonómica formal de los hongos, las micosis pueden
clasificarse en función del tejido infectado y las características específicas de cada grupo de
microorganismos. Este sistema de clasificación permite distinguir micosis superficiales,
cutáneas y subcutáneas, micosis endémicas y micosis oportunistas:
Tabla 3. Clasificación de las micosis humanas y agentes etiológicos.
2.1 Micosis Superficiales: Dermatofitosis, Ptiriasis versicolor y Tiña negra
Las micosis superficiales son infecciones de la capa queratinizada de la piel y el cabello. No
son destructivas y tan sólo revisten importancia desde el punto de vista estético.
La infección clínica conocida como pitiriasis versicolor se caracteriza por la decoloración o
despigmentación y descamación de la piel. La tina negra produce lesiones maculares de color
marrón a negro localizadas fundamentalmente en las palmas de las manos.
Las entidades clínicas llamadas piedra blanca y piedra negra afectan al cabello y se
caracterizan por la aparición de nódulos formados por hifas a lo largo del tallo del cabello.
Entre los hongos asociados a estas infecciones superficiales se encuentran Malassezia fúrfur,
Phaeoannelomyces (Exophiala) werneckii, Piedraia hortae y Trichosporon spp.
Imagen 2. Micosis Superficiales: Dermofitosis, Ptiriasis Versicolor y Tiña Negra.
2.2 Micosis Subcutáneas: Sorotricosis, Cromoblastomicosis y Micetoma
Las micosis subcutáneas afectan a las capas más profundas de la piel, como la córnea, el
músculo y el tejido conjuntivo, y comprenden un amplio espectro de hongos diversos desde el
punto de vista taxonómico. El hongo logra acceder a los tejidos profundos, generalmente por
un traumatismo, y se mantiene localizado; se asocia a la formación de abscesos, úlceras de
evolución tórpida y fístulas abiertas. El sistema inmunitario del anfitrión reconoce el hongo y
provoca una destrucción hística variable y, a menudo, hiperplasia epiteliomatosa.
Las infecciones pueden deberse a formas miceliales hialinas, como los géneros Acremonium
spp. y Fusarium spp., así como a hongos dermatiáceos o pigmentados, como los géneros
Alternaria Cladosporium y Exophiala (feohifomicosis, cromoblastomicosis). Las micosis
subcutáneas tienden a ser localizadas y rara vez se diseminan a nivel sistémico.
Imagen 3. Micosis Subcutáneas: Sorotrucosis, Cromoblastomicosis y Micetoma.
2.3 Micosis Sistémicas: Histoplasmosis, Coccidioidomicosis y paracoccidioidomicosis
Las micosis endémicas son infecciones producidas por los hongos patógenos dimórficos
clásicos Histoplasma capsulatum, Blastomyces dermatitidis, Coccidioides immitis y
Paracoccidioides brasiliensis. Estos hongos presentan dimorfismo térmico (esto es, se
desarrollan como levaduras a una temperatura de 37 °C o bien como formas miceliales a 25 °C)
y generalmente se restringen a ciertas regiones geográficas en la que ocupan un nicho
ecológico o ambiental determinado.
Con frecuencia, las micosis endémicas se conocen como micosis sistémicas, ya que los
microorganismos son patógenos verdaderos que pueden causar infección en sujetos sanos.
Recientemente se ha añadido el hongo dimórfico Penicillium marneffei al listado de patógenos
causantes de micosis endémicas. Todos estos microorganismos producen una infección
primaria en el pulmón con ulterior diseminación a otros órganos y tejidos.
Imagen 4: Micosis Sistémicas: Histoplasmosis, Coccidioidomicosis y paracoccidioidomicosis.
2.4 Micosis por Oportunistas: Candidiasis, Criptococosis Mucormicosis, Aspergilosis,
Neumocistosis
Las micosis oportunistas son infecciones producidas por hongos que normalmente se
desarrollan como comensales en el ser humano o de forma libre en el medio ambiente.
Exceptuando a Cryptococcus neoformans. Estos microorganismos poseen una virulencia baja o
limitada y provocan infecciones en sujetos debilitados, inmunodeprimidos o portadores de
prótesis implantadas o catéteres vasculares.
Casi todos los hongos pueden actuar como patógenos oportunistas. Los patógenos
oportunistas más frecuentes son algunas levaduras pertenecientes al género Cándida,
Cryptococcus neoformans, varias especies del hongo lamentoso Aspergillus y Pneumocystis
jiroveci. Cryptococcus neoformans suele considerarse un patógeno «sistémico» debido a su
virulencia inherente.
Aunque este microorganismo puede provocar infecciones en sujetos con un sistema
inmunitario normal, aparece más a menudo como patógeno oportunista en la población
inmunodeprimida.
Imagen 5. Micosis por Oportunistas: Candidiasis, Criptococosis Mucormicosis, Aspergilosis.
2.5 Pseudomicosis Profundas: Actinomicosis y Nocardiosis Enfermedad humana
Actinomicosis (cervicofacial, torácica, abdominal, pélvica, sistema nervioso central), producida
por bacilos anaerobios facultativos estrictos. Nos son acidorresistentes, grampositivos, no
esporulados del género Actinomyces. Crecen lentamente en cultivos y suelen producir
infecciones crónicas que se desarrollan con lentitud.
Estos microorganismos son bacterias verdaderas debido a que carecen de mitocondrias y
membrana nuclear, se reproducen por fisión y se inhiben con penicilina, pero no con los
antibióticos antifúngicos.
Imagen 6. Imágenes de Actinomicosis.
La actinomicosis se caracteriza por el desarrollo de lesiones granulomatosas crónicas que se
tornan supurativas y dan lugar abscesos conectados entre sí mediante fístulas, en los abscesos
y en los tractos fistulosos.
Colonias macroscópicas de microorganismos que remedan granos de arena. Estas colonias,
llamadas gránulos de azufre por su aspecto amarillo o naranja, son masas de microorganismos
filamentosos unidos entre sí por fosfato cálcico. Las zonas de supuración se rodean de un
tejido fibroso de granulación, lo que confiere una consistencia dura o leñosa a la superficie que
recubre los tejidos afectados.
El tratamiento de la actinomicosis implica la combinación del desbridamiento quirúrgico de
los tejidos afectados y la administración prolongada de antibióticos. Las especies
pertenecientes al género Actinomyces son sensibles a penicilina (que se considera el
antibiótico de elección), así como a eritromicina y clindamicina.
La Nocardiosis cutánea tiene cuatro presentaciones:
Micetoma.
Enfermedad linfocutánea.
Infección cutánea superficial con formación de abscesos o celulitis.
Afectación cutánea secundaria tras la diseminación de una localización pulmonar.
Nocardia brasiliensis suele originar infecciones cutáneas primarias en pacientes
inmunocompetentes.
Enfermedad broncopulmonar: enfermedad pulmonar indolente con necrosis y
formación de abscesos; es frecuente la diseminación al sistema nervioso central o la
piel.
Micetoma: enfermedad destructiva progresiva crónica que afecta generalmente a las
extremidades y se caracteriza por granulomas supurativos, fibrosis y necrosis
progresivas y formación de fístulas.
Enfermedad linfocutánea: infección primaria o diseminación secundaria a una
localización cutánea; se caracteriza por la formación de un granuloma crónico y
nódulos subcutáneos eritematosos y, finalmente, úlceras.
Celulitis y abscesos subcutáneos: formación de úlceras granulomatosas con eritema
circundante y afectación mínima o ninguna de los ganglios linfáticos de drenaje.
Absceso cerebral: infección crónica acompañada de fiebre, cefaleas y deficiencias
locales relacionadas con la localización del absceso(s) de lento crecimiento.
Imagen 7. Las enfermedad nocardia brasiliensis suele originar también enfermedad en los
pulmones.
Las infecciones por Nocardia se tratan por medio de la combinación de antibióticos con una
intervención quirúrgica adecuada. Las sulfamidas son los antibióticos de elección en el
tratamiento de la Nocardiosis.
2.6 Otros padecimientos causados por hongos: alergia por hongos, micotoxicosis, Micetismo
Existen más de 100 hongos productores de toxinas y hasta ahora se han identificado más 300
compuestos como micotoxinas. La mayoría de las intoxicaciones por micotoxinas es
consecuencia de la ingestión de alimentos contaminados. La presencia de micotoxinas en los
alimentos suele deberse a la contaminación previa a la cosecha por hongos toxigénicos que
subsisten como patógenos vegetales.
Por otra parte, algunos insectos o la humedad pueden dañar el grano almacenado y crear una
vía de acceso de hongos toxigénicos presentes en el entorno del lugar de almacenamiento.
Imagen 8. Padecimientos causados por hongos: alergia por hongos, micotoxicosis, Micetismo.
Las micotoxicosis pueden manifestarse como un proceso agudo o crónico que comprende
desde la muerte rápida hasta la formación de un tumor. Las micotoxicosis son análogas a los
trastornos causados por otros «compuestos tóxicos», como los pesticidas o los residuos de
metales pesados.
Los síntomas iniciales y la gravedad de una micotoxicosis dependen del tipo de micotoxina, la
cantidad y duración de la exposición, la vía de exposición, y la edad, el sexo y el estado de la
persona expuesta. Asimismo, algunos otros factores, como la desnutrición, el consumo abusivo
de alcohol, la coexistencia de una enfermedad infecciosa y la exposición a otras toxinas
pueden actuar de manera sinérgica para exacerbar el efecto y la gravedad de la intoxicación
por una micotoxina.
Algunas micotoxinas son dermonecróticas y el contacto cutáneo mucoso con sustratos
infectados por el hongo filamentoso puede producir la enfermedad. La inhalación de toxinas
presentes en esporas constituye una señalada forma de exposición. Aparte del tratamiento
complementario, no se dispone de apenas ningún tratamiento para la exposición a
micotoxinas. Las micotoxicosis no se transmiten de una persona a otra.
Tabla 4. Localizaciones corporales, recogida de muestras y técnicas diagnósticas en algunas
micosis.
3 Diagnóstico de laboratorio en micología médica
El diagnóstico y el tratamiento satisfactorio de las infecciones micóticas en el paciente
inmunodeprimido depende, en gran medida, de la aplicación de un abordaje multidisciplinar
con participación de los médicos, los micólogos clínicos y los anatomopatólogos. La sospecha
clínica, los antecedentes detallados y la exploración física exhaustiva con investigación de
posibles lesiones cutáneas y mucosas, inspección de todos los dispositivos implantados
(catéteres, etc.), y exploración oftalmológica minuciosa, los estudios diagnósticos de la imagen,
y, finalmente, la obtención de muestras adecuadas para el diagnóstico de laboratorio son unos
elementos fundamentales para optimizar el diagnóstico y el tratamiento de las micosis.
Imagen 9. El tratamiento depende de la enfermedad y las posibilidades de la recuperación.
Aunque algunos hongos pueden asociarse a supuestos «clásicos», como la Onicomicosis y las
lesiones cutáneas de las extremidades inferiores debidas a alguna especie del género Fusarium
en un paciente aquejado de neutropenia o la infección sinusal por una cepa perteneciente al
género Rhizopus en un sujeto diabético con Cetoacidosis, los signos y síntomas clínicos no son
específicos de las micosis y, a menudo, carecen de utilidad en la distinción de las infecciones
bacterianas y fúngicas en un paciente con riesgo de padecer cualquiera de ellas. El diagnóstico
de las micosis en el laboratorio depende de tres enfoques básicos:
Microbiológico.
Inmunológico.
Anatomopatológico.