0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas6 páginas

Filosofía de Descartes: Duda y Método

Cargado por

sofiajxk
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas6 páginas

Filosofía de Descartes: Duda y Método

Cargado por

sofiajxk
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Principios de la Filosofía: Descartes - Adolfo Carpio.

Renato Descartes es considerado como el primer filósofo moderno. Su


pensamiento como “radical” es tendiente hacia las verdaderas y profundas raíces
de algo, hacia los fundamentos últimos. Descartes no puede soportar lo dudoso,
verosímil.
El conocimiento para él o ha de ser absolutamente seguro o ha de ser abandonado
como insuficiente.
El pensamiento de Descartes se puede caracterizar como filosofía de la
desconfianza, dada la posición que asume frente a la filosofía que parece no haber
conducido a nada, y tomará precauciones evitar la repetición de tales fracasos,
porque hasta ahora la filosofía no ha hecho más que fracasar. En este sentido,
Descartes se sitúa como “nuevo hombre”. Y como nuevo hombre que se dispone a
filosofar, tiene que comenzar a filosofar, es decir, iniciar radicalmente el filosofar
como si antes de él nadie hubiera filosofado.

La duda metódica.

El racionalismo cartesiano se manifiesta ante todo por la preocupación por evitar


el error, y es este error el que lo lleva a Descartés a la construcción de la duda
como método.
Para Descartes se trata de hacer de la duda un método, esto significa que él no se
va a conformar con un conocimiento más o menos probable ni con los que
parezcan ciertos, para evitar los errores o las incertidumbres. El radicalismo
quiere alcanzar un saber absolutamente cierto, cuya verdad sea tan firme que este
más allá de toda posible duda. Descartes solo dará por valido lo que sea
absolutamente cierto, por lo cual, Descartes emprende el camino de la duda. El
camino de la duda es dudar de todo, para ver si forzando la duda hasta sus límites
queda algo que resista a ella.
La duda es
 Metódica: porque se la emplea como instrumento o camino para llegar a la
verdad
 Universal: porque debe aplicarse a todo sin excepción, nada debe quedar
excluida de ella
 Hiperbólica: porque será llevada hasta su último extremo, hasta su última
exageración
Crítica al saber sensible: Primera Meditación Metafísica (De las cosas
que pueden ponerse en duda).

Descartés apunta a 2 argumentos para probar que debe ser puesto en duda. El
primero en las ilusiones de los sentidos y el segundo en los sueños.

1) Las ilusiones de los sentidos: Debemos dudar del conocimiento sensible


porque los sentidos a veces yerran, y es propio no confiar jamás demasiado
en aquellos que nos engañaron alguna vez. En muchos casos nuestros
sentidos nos engañan. Por lo tanto, “las cosas sensibles” resultan dudosas,
no podemos saber si los sentidos no nos engañan también en todos los
casos, por lo menos, no es seguro que no nos engañen, y, en consecuencia,
se deberá desechar el saber que los sentidos proporcionan. Por ej: hay
muchas cosas de las que no puede razonablemente dudarse aunque las
conozcamos por medio de los sentidos: “que estoy aquí sentado junto al
fuego, vestido con una bata, teniendo este papel entre las manos, etc” o si
quisiera dudar de algo tan patente como eso, correría el riesgo de que se me
confundiera con un loco
2) Los sueños: Sucede que algunas veces, en sueños nos imaginamos situaciones
reales, cuando en realidad estamos durmiendo, en efecto no tenemos ningún indicio
cierto, ningún signo seguro o criterio que determine cuando estamos despiertos y
cuando dormidos, no hay ninguna posibilidad de distinguir con absoluta seguridad
el sueño de la vigilia.

De estos dos argumentos resulta que todo conocimiento sensible es dudoso.

Crítica al saber racional: Segunda Meditación Metafísica (De la


naturaleza del espíritu humano; y que es más fácil conocer que el
cuerpo).

1) La matemática es la más racional de las ciencias pero al parecer, existe la


posibilidad de equivocarse aún en una operación sencilla como una suma.
Por lo tanto cabe la posibilidad de que todos los argumentos racionales sean
falaces.
2) La segunda crítica es la de la existencia de un Dios engañador: Descartés
tiene la idea de un Dios omnipotente que puede engañarme cuando afirmo
algún saber racional, sin embargo, no es válido porque Dios es bueno y
podría engañarme, pero no forma parte de su naturaleza querer
engañarme.
3) Hipótesis del genio maligno. Puede imaginarse que exista un genio o
especie de Dios muy poderoso a la vez que muy perverso, que nos haya
hecho de forma tal que siempre nos equivoquemos; que haya constituido de
tal manera el espíritu humano que siempre, por más seguros que estemos
de dar en la verdad, caigamos en el error, o que esté detrás de cada uno de
nuestros actos o pensamientos para torcerlos deliberadamente y sumirnos
en el error, haciéndonos creer que 1 + 1 = 2 siendo ello falso. Descartés no
dice que efectivamente exista pero tampoco tenemos ninguna razón para
suponer que no lo haya. Es una posibilidad.
Sucede entonces que el saber racional se vuelve dudoso y Descartés tendrá la tarea
de tratar de fundamentar a la razón, al saber racional.
Para Descartes llegados a este punto, donde se podría suponer que el espíritu esta
tan cargado de dudas que en realidad parece que ya no se puede hacer ni pensar
nada más, es el mismo estado de ánimo que el del preso cuando sufre la liberación
de la caverna platónica. Es decir, quedamos en una posición, donde Descartes, lo
compara con el que ha caído en las aguas profundas, quedando alejados de la
superficie (simboliza el saber vulgar), y del fondo (simboliza el fundamento
absoluto) y es allí donde debe sumergirse el filósofo.

Las reglas del método.

El método son reglas ciertas que permiten conducir mi razón a un conocimiento


cierto. Descartes enuncia 4 reglas o preceptos metodológicos:

1. Evidencia: es el criterio de la verdad. Solo es verdadero lo que es evidente,


de lo que no se puede dudar. La evidencia posee 2 requisitos: la claridad
(es manifiesto, distinto a oscuro) la distinción (que se diferencie de los
demás, distinto a confuso). La evidencia tiene 2 propensiones del espíritu:
la precipitación (afirmar o negar algo antes de llegar a la evidencia) y la
prevención (afirmar o negar en base a juicios previos atado a los propios
dogmas).
2. Análisis: procedimiento en el cual se divide cada una de las dificultades en
cuantas partes sea posible
3. Síntesis: procedimiento por el cual todo conocimiento debe partir siempre,
de lo más sencillo hacia lo más complejo, siguiendo un orden, relacionando los
elementos separados.
4. Enumeración: examinar con cuidado cuestión estudiada para ver si no hay
un tema o aspecto que se haya pasado por alto, para ver si no hubo errores.

Dios -> garantía de todos los demás conocimientos.

Cogito Ergo Sum: Pienso luego existo.

En el preciso momento que la duda llega al extremo se convierte en su opuesto, en


conocimiento absolutamente cierto, debido a que aunque suponga que el genio
maligno existe y ejerce su poder sobre mí, yo tengo que existir o ser, porque de
otro modo no podría ni siquiera ser engañado, no cabe ninguna duda de que yo
soy, puesto que me engaña y por mucho que me engaña, y por mucho que me
engañe nunca conseguirá que yo no sea nada, mientras yo esté pensando.
Esta afirmación se conoce como cogito ergo sum, el cogito constituye el primer
principio de la filosofía porque constituye el primer conocimiento seguro. El cogito
es un conocimiento intuitivo, porque se lo conoce de forma directa no a través de
la deducción.

El criterio de verdad.
El cogito contiene el criterio de verdad. Una afirmación es verdadera cuando lo que ella
afirma coincide con el objeto al que se refiere por ejemplo: si digo “la puesta está abierta” y
efectivamente la puerta a la que me refiero está abierta, lo afirmado será verdadero. El
criterio de verdad es el carácter mediante el cual se reconoce que una afirmación es
verdadera o que nos permite distinguir lo verdadero de lo falso. Serán aceptadas aquellas
ideas que sean claras y distintas, es decir, evidentes.

La cosa pensante. Las ideas innatas.


Podemos dudar de todo, menos de que, en tanto pienso soy. Pero ¿Que soy yo?
Según Descartes yo soy una substancia o cosa pensante, cuya propiedad
fundamental es pensar.
La substancia es independiente del cuerpo y más fácil de conocer que este porque
no se si tengo cuerpo o no, pero de la existencia de mi alma o yo es absolutamente
indubitable, de mi cuerpo no tengo conocimiento directo, sino solo a través de mis
vivencias que son pensamientos, es decir, modos de la substancia pensante.
Entre los pensamientos hay algunos importantes que Descartes llama ideas y
afirma que estas son como imágenes de las cosas y se dividen en:
> Adventicias: parecen venir del exterior a través de los sentidos por ejemplo
rojo, amargo, etc.
> Facticias: son las que nosotros mismos elaboramos mediante la imaginación
ejemplo minotauro.
> Innatas: las que el alma trae consigo constituyendo su patrimonio original
con total independencia de la experiencia.

Discurso del Método. – Descartes.


Primera parte
No es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la
facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que
llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por
lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean
más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos
por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas.
Nunca he presumido de poseer un ingenio más perfecto que los ingenios comunes.
Fue una gran ventura para mí el haberme metido desde joven por ciertos caminos,
que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas, con las que he formado
un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente
mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la
mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar.
Procuro siempre inclinarme del lado de la desconfianza mejor que del de la
presunción, y aunque, al mirar con ánimo filosófico las distintas acciones y
empresas de los hombres, no hallo casi ninguna que no me parezca vana e inútil,
sin embargo no deja de producir en mí una extremada satisfacción el progreso que
pienso haber realizado ya en la investigación de la verdad, y concibo tales
esperanzas para el porvenir, que si entre las ocupaciones que embargan a los
hombres, puramente hombres, hay alguna que sea sólidamente buena e
importante, me atrevo a creer que es la que yo he elegido por mía.
Sé cuán expuestos estamos a equivocar nos, cuando de nosotros mismos se trata, y
cuán sospechosos deben sernos también los juicios de los amigos, que se
pronuncian en nuestro favor. Mi propósito no es el de enseñar aquí el método que
cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como
yo he procurado conducir la mía.
Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por
medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es
útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como
hube terminado el curso de los estudios cambié por completo de opinión, Pues me
embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que no había conseguido más
provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia. Y no contento aún con
las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuántos libros pudieron caer en mis manos,
referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras.
Gustaba sobre todo de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus
razones; pero aun no advertía cuál era su verdadero uso y, pensando que sólo para
las artes mecánicas servían, extrañaba que, siendo sus cimientos tan firmes y
sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más levantado. Y en cambio los
escritos de los antiguos paganos, referentes a las costumbres, los comparaba con
palacios muy soberbios y magníficos, pero construidos sobre arena y barro:
levantan muy en alto las virtudes y las presentan como las cosas más estimables
que hay en el mundo; pero no nos enseñan bastante a conocerlas y, muchas veces,
dan ese hermoso nombre a lo que no es sino insensibilidad, orgullo, desesperación
o parricidio.
En cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba
yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido; y ni el
honor ni el provecho, que prometen, eran bastantes para invitarme a aprenderlas.
tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis
preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra
ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé
el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos, en cultivar la sociedad
de gentes de condiciones y humores diversos, en recoger varias experiencias, en
ponerme a mí mismo a prueba en los casos que la fortuna me deparaba y en hacer
siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar
algún provecho de ellas.
Siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo
falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.
Segunda Parte:
Considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras
compuestas de varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros, como en
aquellas en que uno solo ha trabajado. Así vemos que los edificios, que un solo
arquitecto ha comenzado y rematado, suelen ser más hermosos y mejor ordenados
que aquellos otros, que varios han tratado de componer y arreglar, utilizando
antiguos muros, construidos para otros fines. Esas viejas ciudades, que no fueron
al principio sino aldeas, y que, con el transcurso del tiempo han llegado a ser
grandes urbes, están, por lo común, muy mal trazadas y acompasadas, si las
comparamos con esas otras plazas regulares que un ingeniero diseña, según su
fantasía, en una llanura.
Habiendo sido inventadas por uno solo, todas tendían al mismo fin. Y así pensé yo
que las ciencias de los libros habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con
las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como
los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer,
naturalmente, acerca de las cosas que se presentan. Y también pensaba yo que,
como hemos sido todos nosotros niños antes de ser hombres y hemos tenido que
dejarnos regir durante mucho tiempo por nuestros apetitos y nuestros
preceptores, que muchas veces eran contrarios unos a otros, y ni unos ni otros nos
aconsejaban acaso siempre lo mejor, es casi imposible que sean nuestros juicios
tan puros y tan sólidos como lo fueran si, desde el momento de nacer, tuviéramos
el uso pleno de nuestra razón y no hubiéramos sido nunca dirigidos más que por
ésta.
Verdad es que no vemos que se derriben todas las casas de una ciudad con el único
propósito de reconstruirlas en otra manera y de hacer más hermosas las calles;
pero vemos que muchos particulares mandan echar abajo sus viviendas para
redificarlas y, muchas veces, son forzados a ello, cuando los edificios están en
peligro de caerse, por no ser ya muy firmes los cimientos. Ante cuyo ejemplo,
llegué a persuadirme de que no sería en verdad sensato que un particular se
propusiera reformar un Estado cambiándolo todo, desde los cimientos, y
derribándolo para enderezarlo; ni aun siquiera reformar el cuerpo de las ciencias o
el orden establecido en las escuelas para su enseñanza; pero que, por lo que toca a
las opiniones, a que hasta entonces había dado mi crédito, no podía yo hacer nada
mejor que emprender de una vez la labor de suprimirlas, para sustituirlas luego
por otras mejores o por las mismas, cuando las hubiere ajustado al nivel de la
razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi
vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me
apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber
examinado nunca si eran o no verdaderos.
Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios
pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo.
No quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que
pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la
razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba
a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas
las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

También podría gustarte