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Racionalidad gubernamental liberal y neoliberal: algunas

propuestas de análisis para pensar en la potencialidad de los conceptos


foucaultianos

Trabajo final para la acreditación del seminario Lecturas III (Instituciones)


Coordinado por la Dra. Mariana Nobile y realizado en el marco del módulo
correspondiente a Michel Foucault dictado por el Dr. Leonardo Eiff
Alumno: Ignacio Andrés Rossi
2022

Gubernamentalidad liberal y neoliberal: breve acercamiento a las nociones


foucaultianas
Los cursos dictados por Michel Foucault (1926-1984) en el College de Francia
en los años setenta1 constituyen un insumo importante para pensar las nociones de
gubernamentalidad,2 biopolítica y racionalidad liberal y neoliberal, entre otras. El
filósofo francés tiene una importante contemporaneidad, ya que, a diferencia de otros
pensadores de gran impacto en el siglo XX, sus conceptos han sido y son muy
retomados en estudios contemporáneos. En los albores de los años setenta, sus
principales teorías se inscribieron en una discusión abierta con el marxismo y, más
puntualmente, con las teorías de aquella índole que analizaban la capacidad de
resistencia y potencia del estado capitalista en referentes sociológicos como Louis
Althusser, Nicos Pulatnzas, Pierre Bourdieu, entre otros. Con la convicción de que el
modelo díptico Hegel-Marx se encontraba agotado a la hora de explicar los conflictos
sociales, cuestionó a las diferewntes teorías del Estado por su funcionalismo inscrito.
Así, Foucault puso el acento en el desplazamiento del Estado al gobierno a la hora d
explicar el poder, sobre todo pensando en los modos de gubernamentalizar la sociedad. 3
Puntualmente, teniendo en cuenta estas primeras menciones, buscaremos poner el foco a
continuación en reseñar la toería del francés respecto del liberalismo y el
neoliberalismo. Como sostienen Páez Gómez y Gómez Lende (2020), con la
introducción de los conceptos de biopolítica y gubernamentalidad desde la perspectiva
de Foucault, ambos se volvieron indisociables del liberalismo y el neoliberalismo
entendidos como racionalidades de gobierno. De modo que, el objetivo principal del
trabajo, si bien se repasan las ideas de Foucault sobre lo dicho, es proponer la revisión
1
Estos, fueron editados como libros en (Foucault, 1997. 20044 y 2004b). Aunque referencio los
originales, el material utilizado es el de los volúmenes editados por Fondo de Cultura Económica en
español, (Foucault, 2006; Foucault, 2007).
2
Foucault entiende el gobierno como un poder fundado en la transferencia, alineación o representación de
la voluntad de los individuos; un aparato de Estado introducido en el siglo XVIII y una teoría general de
gobierno de los hombres como reverso de la estructura jurídica que, posteriormente al siglo XVIII, pasa a
convertirse en una organización disciplinaria. La noción de gubernamentalidad, por su parte, es utilizada
para denominar al régimen de poder que tiene por blanco principal a la población.
3
A partir de aquí Foucault se preocupó por estudiar el arte de gobernar entendido como el estudio de la
racionalización de la práctica gubernamental en el ejercicio de la soberanía política. Pero, sobre todo, lo
hico procurando -como se comentó más arriba- evitando recurrir a conceptos preconcebidos como
habitualmente hacían las ciencias sociales -he aquí la crítica al funcionalismo, por ejemplo-, sino
partiendo de fenómenos concretos para luego concluir en los universales.
de un conjunto de trabajos, en su mayor medida actuales, 4 que permiten realizar un
repaso sobre los usos de las ideas de Foucault, principalmente en cuestiones de orden
socioeconómico actual.
En el primero de los cursos mencionados, Foucault (1976) abordó la biopolítica
como el problema del poder sobre la vida (S. XVII), distinguiéndola del poder soberano
-o de espada- antiguamente ejercido en siglos anteriores 5 donde el poder de Estado
surgía menos del ejercicio sobre la población y más sobre el territorio y los sujetos (lo
que, por otro lado, Foucault llamó modelo jurídico de soberanía). 6 Definió allí que los
dispositivos biopolíticos se encuentran orientados a regular la vida la vida de la
población, que en definitiva permite hablar de una “estatización de lo biológico”
(Foucault, 2007: 232). Posteriormente, y como parte de una de las mutaciones más
importantes de la sociedad humana, puso el foco en los dispositivos de seguridad y
abordó el marco de racionalidad que caracterizaba, de acuerdo con sus observaciones, a
esa biopolítica. Este era, centralmente, el liberalismo (Foucault, 2004a).
Así, fue en 1978 cuando Foucault buscara en Seguridad, Territorio y Población,
y centralmente a través de la historia de la gubernamentalidad, comprender las
relaciones entre los regímenes de verdad -que ocupan un lugar superior en cada
sociedad- y las prácticas de gobierno político y económico que gestionan la vida de las
poblaciones.7 Es decir, buscó analizar en qué consistía la nueva tecnología de poder
surgida en el siglo entre los siglos XVII y XVIII, cuyo objeto era la población en sí
misma y cómo se pasó de la soberanía sobre el territorio -de espada- a la regulación de
las personas -estatización de lo biológico- acompañado del surgimiento de una nueva
racionalidad -liberal-. Es decir, se trataría de una biopolítica que, mediante el discurso
de verdad, objetiva al hombre, sea como un ser biológico o productivo (conectando así
biología y economía). A partir de sus cursos sobre la biopolítica, el filósofo
problematizó las formas de gubernamentalidad mediante un análisis metodológico que
asumía que los supuestos universales no existen (Foucault, 2004). Como se dijo, la
noción de gobierno como gobierno económico debe ser entendida como el arte de
ejercer el poder en la forma económica manejando a las poblaciones. Esto es lo que, en
definitiva, permite definir al liberalismo económico como arte de gobernar: seguridad,
territorio y población puede ser sustituido por seguridad, territorio y gobierno.

4
La selección de trabajos puede resultar un poco arbitraria, pero el criterio se centró en buscar aquellos
que proponen de alguna manera vincular la teoría foucaultiana con problemáticas reales de la economía, y
allí donde se vuelve muy exhaustivo o repetitivo se incluyeron pies de páginas para referenciar otros
trabajos relevantes.
5
Momento en el que el principio de la limitación externa de la razón de Estado, el cual era el derecho,
comienza a ser sustituido por el principio de limitación interna con la forma de la economía: el respeto
por las formas de mercado se convierte en una máxima de gobierno.
6
Biopoder puede ser entendido como el ejercicio del gobierno sobre las personas diferenciando dos
tecnologías concretas. Aquellas dirigidas hacia la docilización del cuerpo de los sujetos, propia de los
siglos XVI y XVII y, por otra parte, la dirigida al cuerpo de la población en su conjunto más
concretamente de la modernidad y denominada como biopolítica.
7
Es a partir de la cuarta clase de 1978 que el filósofo pasara de estudiar las tecnologías de seguridad en el
siglo XVIII a una historia de la gubernamnetalidad durante los primeros siglos de la era cristiana
buscando el origen del poder sobre la vida: el biopoder del gobierno, pasando de la analítica del poder a la
ética del sujeto.
La historia de la gubernamentalidad abordada por Foucault implicaba encarar
una historia del Estado moderno, pero, como se mencionó inmediatamente arriba, no
como objeto en sí mismo -cargado de un supuesto universal-, sino en tanto ampliación
del análisis de los procesos biológicos de las masas donde intervienen una multiplicidad
de instituciones. Así, la biopolítica puede ser concebida, en esta fase de análisis, como
una biorelación del Estado, en donde la economía política comienza a tener un rol
principal con el liberalismo como nueva racionalidad gubernamental. Esta, comienza a
exigir la autolimitación de la razón gubernamental fundándose en el conocimiento del
curso natural de las cosas.
A partir de aquí es cuando, según Foucault, se marca una nueva racionalidad en
el arte de gobernar siguiendo la naturalidad de los fenómenos. A esto, justamente, es a
lo que Foucault llamó liberalismo que, surgido de la economía política a partir del siglo
XVIII, buscó limitar la práctica gubernamental. Los sujetos de derecho sobre quienes se
ejerce la soberanía política aparecen, desde esta racionalidad moderna, como una
población que un gobierno debe manejar. Así puede comenzar a verse en la teoría de
Foucault, cómo la noción de biopolítica esconde una nueva razón gubernamental: el
liberalismo como marco de gobierno de esa misma biopolítica. Para llegar a estas
conclusiones, Foucault analizó la economía social de mercado en Alemania mediante
una relación entre el arte de gobernar y la verdad (con el mercado como ámbito de
verdicición, por supuesto). Las dos limitaciones señaladas por el filósofo en cuanto al
poder político fueron, en primer lugar, el axiomático revolucionario que parte de los
derechos del hombre para fundar el poder soberano y la radicalidad utilitarista para
definir el límite de competencia del gobierno y la esfera de independencia de los
individuos. A partir de aquí la importancia económica del gobierno muestra la
importancia del Oikos a nivel global como método esencial de gobierno: la política ya
no se preocupa como anteriormente lo hacía por la obediencia al soberano, sino por la
gubernamentalidad oikoeconómica. Este es el desplazamiento de la noción de estado a
la noción de gobierno que comentábamos en un principio y el liberalismo, y
posteriormente el neoliberalismo, se inscriben así en modos de gubernamentalizar la
sociedad.
Entonces, es en la economía política que surge, según Foucault, el instrumento
intelectual que pudo permitir la autolimitación de una razón gubernamental como
autorregulación de hecho intrínseca a las operaciones del gobierno suplantando al
antiguo derecho. De aquí surge el método de gobierno en condiciones de asegurar la
prosperidad de la nación. Foucault aseguró esta cuestión, pero no sin antes aclarar que la
economía política, a diferencia del pensamiento jurídico de los siglos XVI y XVII, no se
desarrolló por fuera la razón de estado ni contra este para limitarlo (por eso se
constituye como un factor de naturaleza interna, a diferencia del pensamiento jurídico
anterior). Por otra parte, también esta se formó en el marco de sus objetivos de la razón
de Estado y su arte de gobernar, porque propone su enriquecimiento en términos
poblacionales y productivos. En este sentido, la economía política no se propone como
una objeción externa a la razón de estado y su autonomía política, sino que se encuentra
intrínseca a su lógica externa. Al contrario de los buscado por los juristas del siglo XVI
y XVII, deduce la necesidad de un despotismo total entendiendo, como lo hicieron los
fisiócratas, que el poder político no debe tener limitación externa alguna para efectuar el
gobierno económico.
Así, se establece la continuidad de una razón de estado que daba anteriormente
al monarca un poder absoluto, aunque en un sentido y operatividad diferente atravesada
por la lógica del liberalismo. En este sentido, Foucault también aclaró que la economía
política reflexiona sobre las mismas prácticas gubernamentales, pero no en términos de
derecho como en las sociedades mencionadas, sino más bien de sus efectos concretos en
la sociedad, particularmente en la población y la economía, como parte de la nueva
racionalidad. Por eso, la economía política pone de manifiesto la existencia de
fenómenos, procesos y regularidades que se producen en función de mecanismos
inteligibles que pueden ser comparados por determinadas formas de gubernamentalidad.
En este sentido, la economía política no descubre derechos naturales anteriores al
ejercicio de la gubernamentalidad sino que, por el contrario, considera cierta naturalidad
propia de la práctica misma de gobierno. Esta noción de naturaleza no es un área sobre
la cual el ejercicio del poder no debe tener un influjo, se entiende en la racionalidad
liberal, porque la naturaleza justamente corre por debajo del ejercicio mismo de poder
de la gubernamentalidad (es lo que llamó Foucault “hipodermis indispensable”).
Por último, aunque no menos importante, el filósofo explicó cómo y porqué la
economía política era capaz de preservarse como forma de la nueva gubernamentalidad
auto limitativa: justamente, respetando esa naturaleza sin perturbaciones. 8Así, se asume
que el gobierno no sabe cómo gobernar lo suficiente, de modo que se sustituye en el arte
de gobernar la noción de equilibrio equitativo de la justicia que ordenaba la sabiduría
del príncipe. He aquí el mencionado nuevo régimen de verdad -en tanto, ahora, como
verdades del mercado-, pensado no como racionalidad científica, bien aclara Foucault,
sino como articulación de cierto tipo de prácticas en un discurso que forma un lazo y
que legisla sobre prácticas en términos de verdad o falsedad, propio de la economía
política, claro. El nuevo régimen de verdad, no solo coordina las prácticas económicas,
sino otras que hacen a la sociedad en un sentido más amplio.
Así, el liberalismo como marco general de la biopolítica significa entender a este
como racionalidad de gobierno dentro de una economía política articulada
tecnológicamente por distintos dispositivos de seguridad (Foucault, 2004: 24). El
liberalismo se consolida en estrecha articulación con la emergencia de la economía
política y su discurso para formar parte de un arte de gobierno específico. Lo descripto
hasta aquí no es otra cosa que la racionalidad de gobierno liberal. Luego, avanzados los
años setenta, más específicamente en los cursos de 1978 y 1979, Foucault se dedicó al
tema del neoliberalismo como parte de las inflexiones contemporáneas de la
racionalidad política del liberalismo. Fundamentalmente, lo hizo prestando atención a
los teóricos alemanes y norteamericanos que denominó como vertiente ordilebral.9
8
Este pasa a ser el principal criterio de acción gubernamental, ligado necesariamente a la cuestión del
régimen de verdad que comienza a estar vigente con esta lógica, a diferencia de la búsqueda de
legitimidad e ilegitimidad -o justicia e injusticia- en la lógica del derecho anterior. A partir de entonces, el
arte de gobernar se procura por saber cuáles serán las consecuencias naturales de lo que se propone de
acuerdo a la verdad de la economía política.
9
En alusión a la publicación Ordo al estudiar a un conjunto de economistas en el periodo de entre guerras
y posguerra de la Escuela de Friburgo como Ludwin von Mises, Friedrich von Hayek, Walter Eucken,
Wilhem Ropke, entre otros (Méndez, 2017).
El ordoliberalismo tuvo sus orígenes orgánicos ante la problematización del
nazismo, entendido sobre todo como la convergencia de diferentes formas de dirigismo
y planificación económica. Si bien Dalmau (2019) destacó que el neoliberalismo alemán
no es idéntico al norteamericano, el punto foucaultiano es que ambos apuntan como
enemigo común al keynesianismo y el dirigismo estatal. No obstante, el neoliberalismo
suponme una inflexión respecto del liberalismo y es en el terreno de la naturalidad del
mercado afirmando que este debe ser construido socialmente. Se desprende de esto que,
a cambio de gobernar limitando las acciones del gobierno para respetar los mecanismos
de mercado, debe gobernarse para producir esos mecanismos de manera concreta a
partir de técnicas gubernamentales. En esta transformación neoliberal, el gobierno pasa
a tener un papel activo para fomentar las condiciones de posibilidad del mercado en los
ámbitos más recónditos de la sociedad. La competencia pasa a ser lo real y su
posibilidad de existencia radica en la gubernamentalidad neoliberal, ahora sí más
evidentemente, de naturaleza neoliberal (Foucault, 2004: 163). Se rompe el laissez faire,
antigua consigna fisiócrata del liberalismo que profesaba el “dejar hacer” como
mecanismo para que fluya el mercado natural con leyes internas de auto regulación. A
partir de ahora, la gubernamentalidad neoliberal fundada en el ordoliberalismo comenzó
a plantear que el mercado debe construirse, ya que no necesariamente es una realidad
natural.10
Lecturas actuales a partir de las nociones de liberalismo y neoliberalismo de
Michel Foucault aplicadas a diferentes cuestiones de las ciencias sociales
Han sido varios los autores del campo de las ciencias sociales que en los últimos
años han vuelto sobre las teorías de Foucault, sobre todo en torno a la
gubernamentalidad neoliberal y neoliberalismo como Dardot Laval, Wendy Brown,
Lazzarato, Byung-Gul Han, Paltrinieri, entre otros. Como destacó Raffin (2007: 330),
los conceptos foucaultianos presentan una importante grilla de herramientas para pensar
problemáticas propias del neoliberalismo que el filósofo, por razones naturales, no
llegara a conocer en su total magnitud. Entre estos, podrían mencionarse las formas de
medir el capital humano, las relocalizaciones industriales, las nuevas formas de trabajo
propiciadas por la revolución de las comunicaciones, la noción de globalizaciones y los
diferentes neoliberalismos regionales, entre muchas otras, pero también problemáticas
que se desprenden de esos grandes procesos.
El primer abordaje que quisiera retomar, siguiendo un criterio más o menos
cronológico de los análisis actuales, es el de Agüero (2010), donde el autor plantea la
posibilidad de vincular una nueva forma de gubernamentalidad a partir de un problema
contemporáneo. Más particularmente, se sugiere la posibilidad de una
gubernamentalidad de tipo financiera como nueva tecnología de poder a partir de
diferenciar al liberalismo y el neoliberalismo trazado por Foucault. 11 El argumento

10
Estas ideas serian agudizadas con la teoría del capital humano propia de la Escuela de Chicago con
Hayek, Milton Friedman y Gary Becker. Estos, entendían que el capital humano como objeto se
constituye a partir de capacidades físicas e intelectuales vinculadas a la potenciación de la productividad
11
Por ejemplo, también se podría referenciar el trabajo de Osorio Bohórquez (2017), quien plantea la
potencialidad del concepto de poder foucaultiano, entendido de forma más compleja, cambiante y
dinámica, para diferentes abordajes de la economía, especialmente para superar las visiones clásicas que
lo entienden meramente a partir de la acumulación de capital.
central reside en la relevancia de fenómenos que Foucault tras su muerte en 1984 no
llegó a captar con total lucidez. Como lo describe Agüero (2010), la predominancia de
las prácticas financieras en varios ámbitos de la vida social y marcos institucionales
surgidas de la expansión del neoliberalismo norteamericano y la teoría del capital
humano constituyen un fructífero campo de análisis para interpelar desde las categorías
foucaultianas. Es sobre todo a partir de los setenta 12 que se capta este fenómeno donde
surgiría un tipo de gubernamentalidad o tipo de poder que el autor denomina como
financiera. Lo que se plantea es que el nuevo contexto de expansión global de las
finanzas y nuevas relaciones económico comerciales a partir de ellas constituye una
nueva tecnología de poder que ya no, necesariamente, es la biopolítica en tanto se
encuentra el papel de las computadoras y las bases de datos electrónicas programadas
para administrar flujos de información desde algún lugar del espacio cibernético
globalizado (p. 15). Así se produciría, mediante la aparición del dinero electrónico, una
plusvalía financiera que desencaja el valor de determinados productos de las
condiciones materiales de producción posibilitando la especulación financiera (se da el
ejemplo del petróleo o la soja en mercados internacionales). No obstante, la discusión
que abre Agüero (2010) no desarrolla de forma entrelazada la idea de
gubernamnetalidad financiera con la teoría foucaultiana, sino que más bien parece
inscribir esta como un régimen financiero de determinadas relaciones económicas.
De una manera más general, Heffes (2013) se embarcó en diferenciar dos
posturas contrarias de analizar el capitalismo tardío. Una, la de Foucault, sería la que
surge del estudio del neoliberalismo como forma de gubernamentalidad liberal con un
componente de “subjetividad construida a partir del modelo de la empresa o de la
competencia” (Heffes, 2013: 67). Por otro lado, también desde la biopolítica, la autora
contrapone los estudios de Giorgio Agamben quien se centró en el problema de la
representación, el espectáculo y el fetichismo. Como sostiene la autora, las diferencias
entre ambas formas de entender el capitalismo resultan ser diferentes formas de pensar
la realización del gobierno, una como representación y la otra como problematización,
una como sociedad mercantil y la otra como sociedad de la empresa.
Como parte de una crítica más frontal, De la Huerta (2009) discutió que
Foucault se mantuvo en el paradigma de la justicia y dentro de un cuadro funcionalista
en El nacimiento de la biopolítica. Esta discusión que abre el autor parte de que, como
entendió Foucault, al no haber una lógica de mercado independiente del Estado en el
neoliberalismo “hay que hablar de un orden económico-jurídico” (p.145). Es decir, De
la Huerta (2009) entiende que el cambio del paradigma jurídico que sucede con la
gubernamentalidad liberal exige una nueva regulación de los cuerpos basada en
exigencias funcionales de la sociedad (como la denomina, una microbio-política). Eso
lo hace postular que el paradigma jurídico sigue vigente en la modernidad dado que
surgen nuevas necesidades de regulaciones, controles y leyes en ese plano. Por eso, cree
12
El autor se remonta al desarrollo de la banca financiera global, las corporaciones multinacionales y la
informática y telecomunicaciones como plataforma de la nueva globalización de los años 1980. Claro que
juegan un papel importante en este proceso las crisis petroleras de 1970 y las políticas financieras
impulsadas por EE. UU para instalar el patrón dólar, la libre flotación de las tasas de interés y de tipos de
cambio, la libre circulación de capitales y flujos financieros como nuevas políticas hegemónicas de la
globalización.
De la Huerta que la economía no posee un estatuto diferente al del sistema jurídico, en
todo caso se trata de un orden económico-jurídico. Para esto, el autor da el ejemplo de
las dictaduras de los setenta donde:
“se comprende que las dictaduras hayan apoyado este principio como argumento técnico contra
la deliberación y la política, pues refuerza su propia recusación y proscripción de la política [entendiendo
que, si no hay esfera económica diferenciada, tampoco hay política diferenciada]. La idea según la cual
‘la libertad económica es condición indispensable para la libertad política’ [Hayek], choca contra esta
evidencia histórica: las dictaduras usaron la ideología del mercado libre para su legitimación. La fe
tecnocrática en el libre mercado, en lugar de terminar con el subdesarrollo, como prometía, contribuyó a
terminar con la democracia y a legitimar las dictaduras” (p. 156).
Una lectura en este sentido es la que propone Sacchi (2017) quien, al entender
que el desarrollo de Foucault sobre el neoliberalismo permitió abarcar más ampliamente
las miradas sobre el capitalismo centrándose en sus diferentes procesos de
reestructuración económico social. Sin embargo, como discutiera el autor, la
comprensión de la gubernamentalidad como arte de gobernar y conducción de
conductas queda reducida a una dimensión parcial dificultando comprender la violencia
intrínseca del neoliberalismo. Justamente, en cierta analogía con Agüero (2010), lo que
motiva a Sacchi (2017) es la posibilidad de repensar a Foucault y el neoliberalismo
luego del impacto de la crisis financiera mundial del 2008. Justamente, porque para
comprender al neoliberalismo es central la dimensión de subjetividad, ya que no se trata
meramente de una ideología económica, sino una mutación histórica en el ejercicio del
poder que busca construir un homo economicus según la forma de la empresa, he aquí la
dimensión de formación subjetiva como objetivo de tecnología de gobierno neoliberal.
Así, las políticas de ajuste, de endeudamiento público, desigual y exclusión, entre otras,
producidas en los contextos nacionales y regionales, serían la expresión de la violencia
emanada del poder de mando y de captura sobre los cuerpos. Lo cual tampoco significa
que le neoliberalismo es, necesariamente, una forma de violencia, pero como entiende
Sacchi (2017), esta se encuentra en su origen y en definitiva definen su durabilidad y las
formas de subjetividad. En este sentido, Sacchi (2017) afirma que “es necesario
interrogarnos por medio de qué coacciones hemos llegado a concebirnos a nosotros
mismos como un capital y como una empresa, cual es el subsuelo de la libertad
económico-existencial de la subjetividad neoliberal, que mecanismos la producen, la
organizan y la gestionan” (p. 63).
Por ejemplo, y para un caso más específico, Hernández Martínez (2017) utiliza
la teoría foucaultiana para plantear una crítica a la idea de “empresario de sí mismo”.
Puntualmente, retoma cómo, en un orden neoliberal, entendido como proyecto de
gobierno y de clase, se plantea potenciar el sujeto competitivo. En definitiva, el
empresario de sí mismo, se constituye como sujeto auto gobernable. Así, afirma que “el
hombre-empresario de si mismo es un dispositivo identitario e individualizante, que
busca organiza el comportamiento y la economía subjetiva de una cierta manera y que,
para llevarlo a cabo, mantiene hacia adentro y hacia afuera una relación instrumental y
cosificante, en términos de inversiones y cálculo económico” (p. 172). De una manera,
en algún punto, análoga, Sferco (2019) propone pensar la figura del homo economicus y
sus mandatos subjetivos a partir de la racionalidad gubernamental neoliberal.
En un sentido bastante valioso para las ciencias sociales, es el ya mencionado
Dalmau (2018), quien plantea que la teoría foucaultiana presenta una caja de
herramientas “que posibilitan la relación de una crítica epistemológica que no se basta a
si misma, sino que se encuentra jalonada por objetivos ontológico-políticos ligados al
diagnóstico de la actualidad” (p. 26). Específicamente, el autor refiere a la potencialidad
de los cursos dictados por Foucault durante la segunda mitad de los setenta, que
constituyen herramientas potentes para formular criticas ontológico-políticas en torno al
saber económico, y más puntualmente, dan la posibilidad de formular una crítica al
saber económico neoliberal en su discurso (capital humano, gestión, competencia,
eficiencia, eficacia, experto, etc.) para evitar quedar atrapados en el tipo de racionalidad
que se pretende cuestionar, dice Dalmau.13 También resulta muy valioso, de acuerdo a
como se vienen describiendo estas investigaciones, el trabajo de Eiff (2019), quien
retoma algunos autores impensados (Sebastián Echemendy y Verónica Gado- para
preguntarse por las posibilidades de acción y existencia del neoliberalismo en América
Latina. Puntualmente, a partir de las reflexiones de ambos autores, Eiff (2019) recupera
una reflexión importante sobre los actores de abajo para pensar la racionalidad
neoliberal, en definitiva, “alcanzar una intelección que sospeche de causalidades
amparadas en las elites (nacionales o transnacionales) o en diseños de políticas públicas
[emanados de estas], resaltando otros anudamientos” (p. 222). En definitiva, lo puntual
sería evitar relegar un abajo que hace posible la implementación de políticas de
orientación neoliberal, para entenderlo como “una constelación histórica hilvanada por
los repertorios de acción históricamente disponibles en una coyuntura especifica”
(228).14
Conclusión
La teoría de Foucault tiene una vigencia importante en las ciencias sociales,
como también en otras áreas, la idea de racionalidad gubernamental, biopolítica y otras
son algunas de las que necesariamente conducen a pensar en la problemática del
neoliberalismo entendido de forma multifacética históricamente. Trate de retomar solo
algunos autores que han trabajado alguna discusión puntual de orden económico o que,
en definitiva, vienen investigando la potencialidad de las ideas foucaultianas para
analizar diferentes problemáticas del neoliberalismo que pueden remitir a la economía o
la política más generalmente. Lo principal que se puede repasar en esta conclusión es
que la dinámica de la gubernamentalidad, no por ser neoliberal, permanece inmutable,
además de poder ser cuestionada y sospechada de mantener componentes de
gubernamentalidades anteriores (jurídica) o diferentes (financiera). Pero también que el
componente de la subjetividad de los actores es un factor fundamental para entender la
13
En el libro Deuda, competencia y punición. Hacia una crítica del neoliberalismo como racionalidad de
gobierno compilado por varios autores, se encuentran también los aportes de Dalmau y de Sacchi
mencionado. Quisiera mencionar puntualmente el de todos los autores que participan en la compilación
quienes, desde diferentes ópticas, plantean la teoría foucaultiana para pensar diversos problemas como el
endeudamiento de campesinos, el positivísimo judicial, y la segmentación poblacional, entre otros
problemas, como parte del neoliberalismo.
14
Analiza en este mismo trabajo el autor el caso de la clase trabajadora y el proceso por el cual, de
acuerdo con los argumentos desplegados, es posible entender los procesos de ajuste que incluyeron
despidos masivos y recortes en los sectores. Creo que puede establecerse algún paralelismo con la línea
histórica del estudio propio de la historia económica en los años del menemismo que realiza el trabajo
reciente de Gerchunoff y Gonzalo de León (2022), enfocados en el proceso central del caso argentino y la
implementación de las reformas estructurales según las motivaciones de los diferentes actores
involucrados.
dinámica del arte de gobierno desde abajo, despojándose de análisis simplistas
centrados en lo más alto de la pirámide social y en la idea de imposición de diferentes
políticas coherentes con la lógica neoliberal.

Referencias bibliográficas
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