Hechizos Arabes
Hechizos Arabes
Árabes
Agradecimientos:
A mi familia y amigos.
Dedicatoria:
A la memoria de Marcos, David, Vittorio
y José.
Capitulo I
Los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú definen tres puntos cardinales de la provincia de
Misiones donde los atractivos históricos y la exuberancia de la naturaleza comulgan
inigualablemente con la comodidad de sus alojamientos. La historia de la región se
entrelaza con el legado indígena y la influencia innegable de su entorno selvático. El aporte
de la Compañía de Jesús y posteriormente de los inmigrantes terminó por definir su
idiosincrasia. Mil tonalidades de verde le disputan protagonismo al rojo de la tierra y a las
claras aguas de los arroyos. Más de dos mil especies de plantas, cuatrocientas de aves y
centenares de mariposas multicolores completan el paisaje. Lugar privilegiado, vasto
imperio de tierra roja y refugio elegido por miles de inmigrantes que supieron afrontar el
desafío que representaba su dominio. La visión es exagerada, toneladas de agua que caen
desde lo alto, y la selva, exuberante e impenetrable. Es el Parque Nacional Iguazú,
declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una vasta área natural protegida,
pura selva de guatambú, palmera pindó, petiribí, palo rosa, extensos cañaverales de
tacuarembó y tacuruzú, en la que revolotean mariposas y sobrevuelan los atractivos
tucanes. Las cataratas del Iguazú muestran de manera colosal la magnitud de la naturaleza.
Están formadas por una sucesión de 275 saltos del río Iguazú que dan lugar a un
maravilloso arco de agua a lo largo de casi tres kilómetros. En su descenso y antes de
volcarse al río Paraná, desde una altura de 70 metros, el Iguazú arrastra un caudal de
1700/1800 metros cuadrados por segundo. La garganta del Diablo es el sitio más
impresionante. Se trata de un profundo embudo donde convergen catorce saltos. El agua
cae con tanta fuerza que las nubes de vapor crean una atmósfera singular con arco iris en
continuo e incontables vencejos que vuelan atravesando las cortinas de agua a velocidades
fulminantes. Estas astutas aves nidifican entre los saltos y la pared rocosa para
resguardarse de los depredadores. También el turismo es atraído por las ruinas jesuíticas y
las minas de Wanda.
- Mi bella Wanda – así le decía Alberto a Sofía.
Wanda es una localidad pequeña pero muy conocida por sus piedras preciosas y
semipreciosas: jaspe, ágata, ópalos, amatistas que se encuentran al ras de la superficie. Los
primeros colonizadores eran polacos y bautizaron a la población con el nombre de una
princesa que murió por su pueblo. Por eso la llamaba Wanda, porque se comportaba como
una princesa, tenía nombre de princesa, como Sofía de Borbón, reina de España, y su
sonrisa era angelical. Así decía siempre su mejor amigo Alberto, cuando hablaba de Sofía
Rigot.
Sofía miraba por la ventana de su habitación, mientras hablaba por teléfono.
Después de largos años trabajando en el hotel más importante, había logrado recuperarse
de sus noviazgos y realmente su corazón permanecía inmóvil y no le atraía ningún hombre.
Los años habían pasado sin más, Sofía tenía 34 años y sonaban a muchos. Eran muchos
para una mujer sola y soltera pero no amargada. Colgó y suspiró aliviada. Ya estaba.
Alberto la acompañaría a visitar a sus padres el fin de semana. Trabajaba en el hotel
Iguazú, había estudiado hotelería y comercio exterior. Era una mujer de unos 1,70 m. de
altura, cabellos lacios, largo y de un negro azabache intenso. Su tez blanca, resaltaban sus
ojos verdes muy brillantes. Con sus curvas bien formadas y su andar elegante. Mientras
miraba las cataratas empezó a recordar su pasado. Hacía ya muchos años que su amigo la
había recomendado en el hotel donde él era gerente. Sofía necesitaba reconstruir su vida y
ese trabajo era estupendo.
Sofía Rigot nació en la ciudad de Bella Vista de la provincia de Buenos Aires, hija
única. Estaba estudiando comercio exterior y allí conoció al chico ideal, al hombre de sus
sueños, con solo 18 años.
- Benjamín es mi vida – se decía Sofía.
Después de seis años de un lindo noviazgo, deciden casarse. Todo estaba casi listo,
todos felices. Pero a solo un mes del gran día lo descubre con su vecina. Sofía quedó
paralizada. Benjamín no quiso explicar nada, simplemente se fue y nunca más volvió.
Jamás un porque, un lo siento. Jamás hubo una explicación, solo silencio. Sofía lloró dos
meses seguidos. Los padres de ella, Eusebio y Pety, deciden mudarse junto con su hija
cerca de su hermano. Eusebio trabajaba en un Banco, había empezado cómo cadete muy
joven y poco a poco gracias a su empeño llegó a ser gerente. Pidió el traslado a su pueblo
natal. Él y su esposa se habían conocido muy jóvenes. Sus familias no estaban de acuerdo
con ese amor porque Pety pertenecía a una familia muy adinerada, en donde a Eusebio lo
trataban con indiferencia. Pero el amor había ganado todos los obstáculos y después de
muchos años de casados, cuando las esperanzas estaban perdidas llegó Sofía a llenar sus
vidas de alegría. Realmente también ellos habían sufrido con ella y todos deciden mudarse.
Anita y Roberto eran propietarios de un hermoso campo en las afueras de
Amstrong. La hija de ambos: Leticia, era prima y amiga de Sofía.
-No voy a sufrir por su culpa- se decía Sofía después de cerrar la puerta de la casa
ya completamente vacía.
El camión de la mudanza ya había partido. Sofía conduciría un rato porque a su
papá, todavía le temblaban las manos por los nervios. Los tres se miraron con los ojos
llenos de lágrimas pero sin decir una palabra. Nadie miró para atrás, nadie vio por última
vez esa hermosa casa a dos aguas, con un cartel que decía: se vende.
Capítulo II
Los siete sultanatos de la costa que conforman el país concedieron al Reino Unido,
en un tratado del siglo XIX, la defensa del territorio y el manejo de las relaciones
exteriores. El dos de diciembre de 1971, seis de ellos (Abu Dhabi, Ajman, Dubai, Fujairah,
Sharjah y Umm al Qaywayn), alcanzaron la independencia, uniéndose para formar los
Emiratos Árabes Unidos. El séptimo emirato, Ras Al-Klaimah, se unió a ellos en 1972. Los
emiratos forman una federación de siete estados, sultanatos que son regidos cada uno por
un emir, con poderes específicos. El gobierno central lo forma el consejo supremo,
formado por los siete emires. Los emiratos están situados en la península Arábiga,
bordeando el golfo de Omán y el golfo Pérsico, entre Arabia Saudita y Omán. El país
prácticamente desértico en su totalidad. Es una llana, árida costera planicie que se funde en
el interior de un vasto desierto yermo de dunas móviles de arena. Su estratégica
localización rodeado por el sur, el estrecho de Ormuz lo convierte en un vital paso del
tránsito del comercio de crudo mundial y gas natural (su riqueza). La nación árabe es el
tercer mayor productor de petróleo en el Golfo Pérsico después de Arabia Saudita e Irán.
Desde 1973, los Emiratos Árabes Unidos han sufrido una profunda transformación,
pasando de ser una región empobrecida de pequeños principados a un estado moderno con
altos estándares de vida; por eso el turismo se ha desarrollado con éxito, basado en
infraestructura hotelera costera, desértica y deportiva; el clima cálido que prevalece
durante casi todo el año y sus maravillas de la ingeniería como “Burj al – Arab y Palm
Islams”.
Shelín Vin Al Sherqui hombre buen mozo y encantador si los hay. No había mujer
que no resistiera a esa tentación de hombre dulce y provocador. Sus casi dos metros (1,99
m.), sus ojos negros, su físico voluptuoso, dejaba a más de una sin aliento a su paso.
Sentado en el cómodo sillón de su escritorio miraba por la ventana. No escuchó que la
puerta se habría detrás de él, eran sus amigo Indelín y Alfader hermanos inseparables, que
desde muy pequeños eran compañeros en todo con Shelín. Ellos eran socios. Los dueños
de uno de los hoteles más importantes.
-Te digo que yo tengo razón – exclamó Indelín
-¡No! Esta vez gané yo- respondió Alfader
-¿Se puede saber ahora por qué discuten? –preguntó Shelín volviéndose hacia ellos.
-Anoche apostamos 300 dólares a que la frasecita del bar caía a tus pies –dijo
Indelín.
-Pues lo siento por ustedes pero esos 300 dólares son míos porque no pasó nada –
aseguró Shelín.
-¿Qué pasó? Ya no te divierten las mujeres –preguntó Alfader asombrado.
-No es eso, pero quiero una mujer no solo para la compañía de la cama sino
también del corazón y del alma. Que sea delicada y dulce.
-Por Dios y Alá juntos, estás agonizando y nosotros no nos dimos cuenta antes.
-¡Qué me parta un rayo! Te estás volviendo viejo o loco –gritó Indelín.
-No seas exagerado, es solo que a partir de hoy quiero sentar cabeza –afirmó Shelín
–Ya tengo 36 años y es hora de pensar en formar una familia ¿No les parece?
-Lo que a mí me parece es que el calor te hace mal, muy mal –bromeó Indelín –y
tu hermano dile algo.
-Si, tienes razón Shelín.
-¡No!, eso no. Dile que está equivocado, que todavía somos jóvenes. –Indelín
golpea a su hermano en el brazo.
-Deja de comportarte como un adolescente. Es tiempo de hablar de casamiento –
dijo Shelín- ¿O no?
-Que la boca se te mueva de lugar y quedes rengo. Yo no voy a casarme nunca. Eso
de tener mujeres hostigándote es terrible –contesto Indelín.
-Todo llega hermano, todo llega –dijo Alfader.
Los tres amigos reían a carcajadas. Ya habían dejado la niñez y la adolescencia. Se
convirtieron en hombres. No creían en el amor, pero pronto lo descubrirían.
Capitulo III
-Cuando una mujer tiene mucho que decir y no dice nada es peligroso. Su silencio
ensordece –comentó Alberto.
-¿Qué quieres que diga? –comentó Sofía
-Cualquier cosa, pero di algo.
-¿Qué?
-Saca tu bronca a gritos si es necesario.
-No puedo.
-Ya verás que el amor estará contigo otra vez.
-Estoy cerrando mi corazón para no amar.
-Porque los demás te fallaron no quiere decir que tu estabas equivocada en amar.
Fueron los otros los que no te amaron.
-Para no sufrir es mejor no intentar.
-Si no se ama, no se quiere a la vida, y tú tienes mucho para dar.
-Realmente eres un gran amigo, gracias por tu compañía y tu cariño –dijo Sofía
tomándolo de la mano.
-De nada, es un placer.
Sofía y Alberto soltaron una risa muy contagiosa.
-Y ¿Decidiste si recibís el trabajo? –siguió preguntando él.
-Si lo acepto ¿Estás contento?
-Claro, estoy feliz.
Alberto y Sofía eran muy amigos, casi hermanos. Leticia se había acostumbrado a
esa amistad, pero ella miraba con otros ojos a ese hombre, algo tímido, sencillo, de un
metro setenta de estatura, un poco gordito, decía Leticia, pero a ella le encantaba la
pequeña pancita que asomaba en él. Leticia se reunió con ellos y con lágrimas en su rostro
les dijo:
-Voy a extrañarlos.
-Me parece que vas a extrañarlo más a él que a mí –sonrió Sofía.
-Por favor primita –dijo Leticia sonrojada. No me abochornes.
-Me encantaría, mejor dicho, nos encantaría que nos vayas a visitar –tartamudeo
Alberto.
-Bueno tengo que ir a buscar algo, enseguida vuelvo.
Sofía sonriente miró a su amigo y lo empujó al lado de Lety. Permanecieron en
silencio y luego Alberto respiró hondo y le dijo sin pausas:
-Dime algo Leticia ¿Me amas?
-Yo no sé que decir…
-¿Contesta?
-Sí.
Leticia ruborizada bajó la vista y ocultó su rostro con las manos.
-Te amo Lety, siempre te amé. Desde el primer momento en que te vi.
-Yo también te amo y creí que esto nunca pasaría.
-¿Somos novios?
-Por supuesto. Tengo ganas de llorar y besarte ¿No sé que hacer primero?
-¿Puedo darte una idea?
Rieron, se abrazaron y se besaron apasionadamente.
Capitulo VI
Encuentro del destino que lo cambiaría todo –se repetía Shelín constantemente
¿Qué significará? Si mi tía quería volverme loco, lo está logrando. No puedo dejar de
pensar en esas palabras. Cambiará todo. ¿Qué cambiará? ¿Tal vez el amor, o la salud, o el
dinero? ¿Qué es lo que el destino me tiene preparado para el futuro? Mi cabeza va a
estallar si no dejo de pensar en esas palabras, pero no puedo borrarlas de mi mente ¿Por
qué? Nunca dudé de nada, siempre fui seguro en todo lo que dije y hago. Pero ¿por qué
ahora la duda está en mi corazón? :”ENCUENTRO DEL DESTINO QUE LO
CAMBIARÁ TODO”. Si algo va a suceder con éstas palabras que pase pronto, de lo
contrario no podré tener paz. Si se trata de amor, no creo ser feo y antipático. Sé hablar
ocho idiomas: Bereber, árabe, Inglés, Francés, Italiano, Alemán, Portugués y Castellano.
Me relaciono muy bien, demasiado, con las mujeres y creo que en ese rubro no tengo
inconvenientes. Si se trata de salud, el último control médico dio todo bien. No tengo nada,
soy fuerte, una salud de hierro. ¡No, eso no puede ser! Si se trata de dinero, todo marcha de
maravillas. La economía del país está diez puntos, yo solo tenía dos años cuando se
unificaron los Emiratos y todavía es un país joven, pero cada día que pasa se fortalece más.
Tal vez la guerra, no eso es imposible, todo marcha sobre ruedas y el turismo crece bien y
cada día es mejor. Pero: Encuentro del destino que lo cambiará todo ¿Qué harán estas
palabras en mi vida?
Capitulo VII
Encuentro del destino que lo cambiará todo. -¿Qué son esas palabras? –preguntó
Sofía.
-No lo sé, pero eso dice tu horóscopo –contestó Lety.
-Solo eso, nada más.
-Sí, -y le repitió: Encuentro del destino que lo cambará todo.
-No tiene sentido ¿Qué encuentro?
-Tal vez sea el viaje que vamos a hacer, tal vez allí encuentres al amor de tu vida.
-Por favor Leticia, ya te dije que es capítulo cerrado.
-Ya lo sé, pero si yo que soy el patito feo, puedo amar y ser amada. ¿Por qué tu no?
-¿Por qué Alberto es distinto, ya no existen hombres como él. Vos te quedaste con
el último –sonrió Sofía burlona.
-Por favor amiga, no me hagas sonrojar. Es verdad. Es único y solo es mío.
-Todito para mí –gritaba Leticia contenta.
-Me alegra que se amen mucho.
-Gracias.
-De nada.
Sofía y Leticia reían tomando un café en un bar. Cuando llegaron sus amigas,
Milagros y Lourdes, se saludaron y volvieron a pedir otro café.
-¿Están emocionadas? –preguntó Mili.
-Casi, en una semana estaremos viajando rumbo a los Emiratos Árabes –contestó
Lourdes.
-Yo estoy un poco nerviosa –contestó Sofía.
-Yo no, estoy re-feliz porque Alberto nos acompañará y eso me hace sentir más
segura –comentó Lety.
-Se va a parecer un sheik –dijo Sofía.
Las cuatro amigas reían sin parar, comentando todo lo de su viaje.
Sofía solo pensaba en esas palabras: Encuentro del destino que lo cambiará todo.
¿Qué harán esas palabras en mi vida?
Capitulo VIII
Cuando pasaban junto al ascensor, Shelín, Indelín y Alfader, tropezaron por unos
momentos con un grupo de turistas y sus maletas. Shelín y Sofía quedaron de frente. Sus
miradas se cruzaron. Shelín quedó impresionado, era una mujer como todas, pero había
algo que enseguida llamó su atención. Sus ojos fueron hechizados por esa mujer que
parecía tener un atractivo encantador. Cuando el ascensor se cerró, Shelín quedó unos
minutos parado junto a él, luego siguió caminando hacia su escritorio. Indelín y Alfader lo
siguieron y cuando cerraron la puerta detrás de ellos las risas fueron más fuertes.
-¿Cuál es el chiste? –preguntó Shelín serio.
-Me parece que la apuesta sería mía –comentó Indelín.
-Si hermanito y la haremos en grande –exclamó Alfader.
-Ya les dije que no voy a apostar más y ésta vez es enserio.
-Eso quiere decir que algo llamó tu atención.
- Sí, realmente una de esas mujeres que vimos recién me atrae, pero no jugaré otra
vez.
-Pues entonces la apuesta será entre nosotros. Quiero ver hasta donde eres capas de
llegar –dijo Indelín.
-Sí y que sea buena ¿Qué tal 10.000 dólares, a que la conquista? –comento Alfader.
-De acuerdo Shelín está de testigo, me parece que no es presa fácil, y será divertido
verte llorar por tu dinero.
-Por favor, dejen de ser chiquilines y maduren. No quiero ser cómplice de sus
locuras. Será mejor ponernos a trabajar y arreglar éstos papeles antes de la cena –dijo
Shelín bromeando.
-Ahora mismo averiguo quienes son y la apuesta sigue, tú te la pierdes –comentó
Alfader al cerrar la puerta sin escuchar las súplicas de su amigo.
Indelín tampoco quiso escuchar y Shelín riendo no pudo frenar a sus amigos.
Realmente los hermanos Abú Adal eran incorregibles.
Capitulo X
El gran comedor era elegante y ostentoso. En el medio del salón colgaba una
enorme araña de cristales y oro macizo forjado. Los pisos de mármol blanco, relucientes.
Con columnas y telas al tono, todo como un palacio de las mil y una noches. Las mesas
eran redondas y grandes, con sillas revestidas de color marfil. La vajilla y la cristalería
relucían en todos sus lugares. Al norte y al oeste sus grandes ventanales daban al desierto
el primero y a la ciudad el segundo. En la pared este estaba cubierta por un enorme cuadro
pintado por uno de los dueños. Era la gran barca dorada de Cleopatra junto a Marco
Antonio sobre el río Nilo. La gran pintura era de plata, oro y acrílicos muy brillantes.
Leticia entró del brazo de Alberto. Sofía, Milagros y Lourdes venían muy relucientes
detrás de ellos. Sofía llevaba un vestido celeste con pequeños bordados de rositas blancas.
Leticia lucía un vestido verde con estrellitas que relucían más su larga cabellera rubia.
Milagros, la pelirroja del grupo, llevaba un vestido rojo intenso y Lourdes un vestido rosa
fuerte. Las cuatro estaban hermosas y llamaban la atención de todos a su paso. El comedor
estaba lleno, todos los huéspedes del hotel estaban allí. Decidieron sentarse junto al gran
ventanal con la vista a la ciudad. Detrás de ellas entraron esos tres hombres que tropezaron
con ellas en el ascensor. Eran todos unos galanes, pero especialmente el más alto, con esos
ojos que invitaban a muchos placeres, si podían ser solo para Sofía. Ella nunca había visto
un hombre tan guapo. Era tan atractivo que Sofía le hubiere gustado averiguar hasta donde
podía llegar con aquel encanto. No podía comprender porque ese hombre le alteraba todos
los sentidos. Los tres eran rompecorazones y todas suspiraban por ellos. Alfader era el más
serio y juicioso. Indelín era un gran pícaro y tenía la paciencia de un santo. Shelín el más
seductor y simpático. Así se presentaron, con esos importantes nombres, vestidos con
chilabas (túnicas) y los clásicos kujiyah. Realmente arrancaban todos los suspiros de las
mujeres allí presentes. Hasta Leticia suspiró, pero duró muy poco, porque Alberto la
pellizcó y la hizo mirar hacia él. Todos eran tan atractivos que a ellas les costaba mantener
la compostura. Se sentaron en la mesa junto a ese grupo y no dejaban de mirarlas. Shelín
observaba a Sofía de arriba abajo. Sus ojos negros clavados en ella. Cada vez que la miraba
Sofía bajaba la vista, avergonzada.
-La cena está lista, siéntense y coman –dijo Alberto enojado, cansado del alboroto
de sus amigas.
-Por favor, amigo, vinimos a conocer y eso es lo que haremos –exclamó Sofía
eufórica.
-Si a conocer el lugar, y esos tres no son lugares, son personas.
-Cuando te dijimos que queríamos conocer todo. ¡Era todo! - contestó Sofía.
Ni ella se conocía sus contestaciones. Alberto no pudo decir más nada. La comida
era exquisita. Había sopas especiadas con carne y huevos. Tortas de pan hechas de harina
se sorgo o mijo. Cordero, cabrito y aves de corral asadas. Pastas de todos tipos.
-Son argentinos y ese es el novio de la rubia –dijo Alfader tratando de que Shelín le
prestara atención.
-¿Qué? ¿Quiénes?
-Las chicas que están en esa mesa ¿Quién creías?
-¿Qué más averiguaste?
-Bueno, la más alta y de pelo negro, se llama Sofía y las otras…
Shelín lo interrumpió y de dijo:
-No me interesa saber como se llaman las otras, solo el de ella.
-Entonces ¿Vas a hacer la apuesta?
-No. Ya dije que no juego más. Pero desde que la vi tengo esa cosita dulce en los
labios, y eso es buena señal. Sus ojos tienen el color de la primavera. Como si tuviera un
efecto sedante cuando la miro.
-Amigo, si no te conociera, diría que te estás enamorando.
-¿Tú crees? Cuando te enamoras te olvidas del mundo por esa persona que llama tu
atención.
-Bueno, te deseo suerte y me parece que subiré la apuesta con Indelín a 100.000.
Después de la cena todos se dirigieron al casino, menos Sofía que decidió quedarse
a tomar un rico café en uno se los sillones que daban contra el cuadro. El café implica en el
mundo árabe un ritual y es exquisito. Sofía lo estaba saboreando y sus ojos contemplaban
la escena de Cleopatra en los brazos de Marco Antonio. No se dio cuenta de que alguien
estaba parado junto a ella. Pero él estaba allí, de pie junto al sillón, con sus dos metros de
hermosura. Él la miró y la puso nerviosa. Se le aceleró el corazón y no podía mover la
lengua.
-Ahlam Wa-sahlan (bienvenida) –dijo Shelín muy sonriente –Salaam alaykum (la
paz esté contigo)
Sofía no podía articular una palabra.
-Kayf –haalak (¿Cómo estás’)
-Los siento no hablo árabe –sonrió Sofía toda sonrojada.
- Te estoy dando la bienvenida a mi hotel.
-Muchas gracias.
-Soy Shelín Vin Al Sherquin ¿Tú?
-Soy Sofía Rigot y soy Argentina. Lo felicito es dueño de un hotel muy hermoso.
-Muchas gracias. ¿Te gusta?
-Si y ese cuadro es magnífico ¿Por qué eligieron esa escena?
-Mi madre es egipcia y de pequeño me contaba esa gran historia de amor. Cuando
Marco Antonio y Cleopatra remontaban el Nilo y lo llenaban de tanto amor que el propio
río se avergonzaba porque se desbordaba en su cauce. Eso es lo que quise reflejar en él.
-¿Tú lo pintaste? Eres un gran artista y nunca pensé que alguien quisiera reflejar un
sentimiento tan profundo.
-El amor es como la luna. Ella manda todos sus hechizos y embrujos para que los
enamorados estén apasionados. No hay tiempo ni espacio cuando existe el amor. Él es el
único que perdura a través de los siglos y así será por siempre.
Shelin señaló el sillón y le dijo:
-¿Puedo?
-Si, por supuesto- contestó ella.
Shelín se sentó junto a Sofía. De ahora en mas no importaba cuantas mujeres
habían suspirado por él, ella lo había conquistado y él lo sabía. De ahora en más él solo
tendría ojos para esa mujer y solo para ella serían ese cuerpo, esos ojos y ese corazón que
palpitaba fuertemente en ese ancho pecho. Hablaron por muchas horas y al despedirse
prometieron volverse a ver al día siguiente.
Capitulo XI
A la mañana bien temprano, Sofía las despertó a todas y las apuró para que
desayunaran enseguida. Shelín y sus socios no tardaron en aparecer, dispuestos a ser los
guías del grupo. Shelín con su 4x4 último modelo, los llevó a conocer el puerto de Khaxr-
Fakkan, la cordillera de Jalal Ajlar; el riego artificial de al Fujayrah donde se cultivan
hortalizas, fresas y dátiles. También conocieron el monumento dedicado a la cooperación
de los países árabes, ABU ZABI, la capital de la unión.
-Los Emiratos es un hermoso lugar, tiene un encanto especial –dijo Sofía mientras
disfrutaba del paseo y de la compañía de Shelín.
-Gracias. Conozco casi todo el mundo y verdaderamente éste es el mejor –contestó
Shelín –Un lugar para quedarse.
-No conoces Argentina por eso lo decís.
-Es verdad, algún día tendré que conocerla.
-Las cataratas son uno de los paraísos que tiene mi país y además es muy
romántico, bueno eso según la leyenda.
-Si, quiero escuchar esa historia.
-Cuentan que el río Iguazú estaba habitado por una gran serpiente llamada Boi. Los
guaraníes debían una vez al año, sacrificar a una doncella y arrojarla al río, para que éste
no se desbordara. Un joven cacique llamado Tarobá, se enamoró de la joven que iba a ser
sacrificada ese año y decidió raptarla. En una canoa él y Naipe intentaron escapar por el
río. Pero Boi se enfureció, encorvó su lomo y de un gran golpe formó las cataratas,
atrapando a los enamorados. A él lo transformo en los árboles que se ven cerca del agua, a
las cascadas en la bella indiecita es la caída de las mismas. Luego se sumergió en la
garganta del diablo y desde allí los vigila para que no se unan… pero el arco iris lo supera
y une a los amantes.
-Realmente es una hermosa historia y tendré que ir a verlas personalmente.
-Te encantará. Pero cuéntame algo de aquí.
-Bueno. Anteriormente esto se llamaba Costa de los Piratas, luego Omán del
Tratado o Tregua. En 1960 Zayeb Bim (emir de Abu Dhabi) decidió realizar la federación
para defenderse de Irán, Irak y Arabia Saudita. Ese año descubren petróleo en su subsuelo
y gracias a eso se han llevado a cabo grandes obras públicas. Tales como hoteles, caminos,
plantas desalinadoras que convierten el agua salobre del mar en agua potable, etc. Tiene
una extensión de 83.600 km2 y 2.404.460 habitantes. Nuestro sistema político es la
federación de monarquías absolutas. En 1971 se declara independiente de Gran Bretaña.
Aunque la mayoría de su territorio está cubierto por el desierto de 54,4 ° C; lo habitantes
están en sus costas.
-En realidad tienes razón es un lugar para quedarse, aunque se extrañe el propio.
-Y es más hermoso si tú estás aquí.
Shelín tomó la mano de Sofía, la besó y ella muy tímidamente le sonrió y le
devolvió el beso en la mejilla. La primera semana pasó demasiado rápido. No paraban un
segundo. Se conocieron todos esos lugares y cada cual disfrutaban de la compañía del otro.
Capitulo XII
Sofía al verlo caminó hacia él, realmente era un hombre asombroso y encantador.
Hace tiempo que no le preocupan las cosas que pudo haber sido. Porque cada mujer es lo
que desea ser y no lo que le impone la vida. Era el encuentro del destino que le cambiaría
la vida. Había tardado en comprenderlo, pero ella quería ser los ojos y el alma de Shelín.
Caminó hacia él segura de si misma y estuvo seguro de que iba al encuentro de su gran
amor. La tomó de la mano, la besó en la mejilla y la presentó a todos sus amigos y
principalmente a sus padres.
Shelín era elegante y alto como su padre, Lazurd, pero tenía los ojos y la sonrisa de
su mamá, Kelia. Bebieron champaña. Realmente todos estaban encantados con la pareja
que formaban.
-Maktud (está escrito) –dijo Kelia muy sonriente a su esposo.
-Realmente crees que encontró el amor.
-Si ella no lo es, nadie lo será.
Shelín llevó a Sofía hasta la pista y le susurró:
-¿Me debes un baile?
-Te dije que no se bailar.
-Siente los latidos de mi corazón, ellos te darán el ritmo.
Bailaron sin parar bajo la mirada de todos.
-Nuestro amor es como el sol y la tierra.
-¿Por qué? –preguntó Sofía curiosa.
-Desde donde está el sol aprendió a amar y él ama a la tierra. Pero si se aproxima
un poco, todo lo que hay en ella morirá y dejará de existir. Por eso la tierra deja ver a la
luna tan grande y brillante, para recordarle que el brillo que ella tiene es gracias al sol.
-Eres un hombre muy romántico.
Shelín y Sofía eran felices y nadie podía romper ese encanto.
Ella no recordaba cuando quedó dormida en sus brazos, lo que sí, los latidos la
durmieron bajo ese susurro. Cuando despertó apareció en su habitación sola y todavía
vestida. Recordaba el calor y el perfume de Shelín.
Capitulo XIII
Cuando bajó a desayunar encontró a Shelín abrazado a una mujer joven. Quedó
helada al verlos muy sonrientes. Shelín fue a su encuentro pero ella ya corría hacia su
habitación. La alcanzó en el pasillo.
-¿Por qué corres así, que sucede? –preguntó Shelín sorprendido.
-Estabas con otra mujer, me mentiste –dijo Sofía llorando.
-Es mi tía, Tipsia. Me estaba felicitando por ti. ¿Estás celosa?
-Lo siento, no te creo.
-¿Qué puedo hacer para que sonrías?
-Nada.
-¿Podría contarte un chiste?
-No
-¿Podría besarte?
-No
-Entonces deja de estar enojada.
-Y tú deja de coquetear
-Mis ojos son solo tuyos y ella es mi tía.
-Shelín la arrinconó contra la pared y con los brazos a cada lado de ella la besaba
en todo el rostro.
-Yo suspiro de amor por ti y tú suspiras por otra –decía Sofía esquivando sus besos
entre risas.
-Te amo pequeña Sofía.
-El amor no correspondido es tiempo perdido.
-Eso no ocurrirá con nosotros. Yo sé que toda resistencia es inútil cuando Dios se
ha vuelto sordo al ruego de los amantes.
-No me engañes por favor…
-Tratando de vivir, se te va la vida y tú eres mi vida. No te engañaría nunca.
-¿Donde encontraste tu bola de cristal?
-El mismo día que te conocí.
-Espero que tu felicidad no se rinda.
-Si tú estás a mi lado, nunca se acabará. Se miraron. Al unir sus labios y presionar
sus cuerpos se sintieron atraídos, seducidos. No podían evitarlo, se deseaban, se miraban
ardientemente.
-Cuando te digo adiós, lloro –dijo Shelín mientras le acariciaba la cabeza con
extrema dulzura.
Su voz era dulce y sus palabras estaban llenas de amor. La deseaba, era más fuerte
que él, despertaba sus fantasías. Estuvieron todo el día juntos. Al llegar la noche se
despidieron apasionadamente. Shelín se acostó pensando en ella y sus pensamientos eran
casi sanguinarios.
Sofía entró en su cuarto soñando despierta. Sentía una pasión arrebatadora y nada
del mundo la detendría. No pudo dormirse hasta la madrugada.
El establo era una enorme cabaña, decorada como si fuera un palacio. En él había
unos veinte caballos. Algunos bayos y los más hermosos eran los de negro azabache, casi
azul firmamento, de un brillo esplendoroso; como esas noches claras de luna llena. No
sabían cómo pero el lugar y todo su entorno los excitaba cada vez más. Eran como el
fuego. Ese es el primer descubrimiento del hombre. Con él se transforma las cosas, tanto
lugares como comidas. Shelín y Sofía irradiaban un fuego tan abrasador que parecía que
iban a incendiar todo el lugar. Solo ellos se daban cuenta de ese encanto, pero deseaban
dejar el paseo para otro momento y estar juntos, unidos por siempre. Como el agua y el
aceite, a pesar de no estar unidos completamente por las condiciones de cada uno; estaban
juntos en el amor y los dos curaban todas sus heridas pasadas. No importaba la educación
de cada uno, ni la religión, ni los kilómetros. Todo el pasado había desaparecido, el
presente se presentaba maravilloso y el futuro se tornaba feliz.
Al despedirse del príncipe y subirse al auto, Shelín solo condujo y no pronunció
palabra alguna. El ambiente estaba tensionado y ninguno de los dos trataba de arreglar la
mala situación. Cuando llegaron al hotel, Sofía lo vio partir sin poder explicarse nada. De
lo que sí estaba segura de que lo seguiría.
Quedó unos momentos meditando y tomó coraje…
Shelín quería respetarla, pero como lo haría si no se controlaban…
Sofía decide seguirlo y conduce tras él por el desierto. El calor y la falta de agua la
hacen desfallecer. No se dio cuenta todo el tiempo que pasó, pero de pronto creyó ver un
espejismo. Sin embargo era un espectacular oasis. Parecía sacado de un cuento, un
hermoso paraíso en medio de las dunas del desierto de RUB AL –JALI. Brillantes
palmeras y una vegetación abundante, con un manantial que refrescaba la vista y el alma.
La suave brisa del viento soplando en las palmeras y arbustos hacían recordar a Sofía sus
cataratas. El agua era tan cristalina y dulce, con un pequeño salto que aparecía de unas
rocas salidas de la nada. Sus ojos estaban maravillados por tanta belleza, Sofía no podía
imaginar un lugar tan esplendoroso y sería completamente hermoso si pudiera verlo a él.
Lo descubre nadando y trata de ocultarse detrás de unas rocas, al fin estaba cerca de él y
algo no la dejaba disfrutarlo, no podía permitirse volver a enamorarse, pero ese hombre la
atraía demasiado.
-Por Dios llévame de regreso a Argentina, mi corazón ya está enamorado y preso
aquí, pero mi cuerpo puede regresar… -se repetía Sofía en voz baja.
-¿Siempre hablas sola? –preguntó Shelín muy curioso y sonriente.
Estaba parado junto a ella. Su cuerpo mojado y su traje de baño diminuto hacían
temblar a Sofía, que no quería parpadear por miedo a desmayarse.
-Prometí que no me comportaría como hace un rato y lo estoy cumpliendo –
balbuceó Sofía muy sonrojada.
-Esto es propiedad privada ¿qué haces aquí, como llegaste?
-Te seguí. Lo siento, no debí venir. Será mejor marcharme.
Shelín la tomó en sus brazos y le murmuró:
-No juegues a las escondidas. ¿Qué quieres de mí?
-Me atraes y deseo estar contigo.
Shelín acercándose cada vez más a Sofía, casi comprimiéndola, con un leve suspiro
le dice:
-¿Qué tengo que hacer con tu vida?
-No dejes que mi corazón quede atrapado aquí, desilusióname por favor. Dime que
no te atraigo. No quiero volver a enamorarme, por Dios, te lo ruego.
-Dios escucha las súplicas de los que piden perdonar el odio, pero él es sordo para
los que huyen del amor.
-Yo no quiero huir del amor.
-Entonces ¿De quién?
-De ti.
-Yo soy tu amor y no puedes huir.
-Por favor te lo pido, lucho noche y día contra la tentación y no puedo resistirme.
Eres como un imán, aléjate de mí o no podré controlarme.
-¿Qué quieres controlar? Déjate llevar. Déjame llevarte hacia la pasión.
-No me guíes hacia el amor, puedo encontrar el camino yo sola.
Shelín tomó el rostro de Sofía entre sus manos.
-Solo sigue tus impulsos. En el amor nadie gana, nadie pierde, Yo no sé lo que hace
en el corazón de una mujer, pero sé el descontrol que provoca en un hombre. Por unos
momentos los sonidos desaparecieron. El silencio era intenso que casi podían tocarlo. Sofía
sollozando no dejaba de mirarlo a los ojos y en susurros le expresó:
-Necesito que me enseñes a amar, mi corazón está completamente entregado a ti.
-Antes de que lo dijeras ya lo había pensado.
Se abrazaron, se besaron y el amor llegó a ellos como una tormenta de arena.
Shelín despertó en Sofía y Sofía en Shelín, el sentimiento más bello y más hermoso
de todos: el AMOR. Y eso llenaba sus almas…
Capitulo XIV
…Desde las primeras horas de la mañana siguiente Sofía no podía dormir. Shelín
estaba a su lado abrazándola, profundamente dormido. Como Leticia estaba con Alberto,
Sofía la mayoría de las noches estaba sola en su habitación. Deseaba estar cada minuto y
segundo con él. Nunca se había comportado así. Ese hombre la transformaba en ese algo
que a ella parecía gustarle. La pasión y el deseo eran irresistibles. Ellos ya no eran
adolescentes, pero lo parecían. Lo deseaba completamente para calmar su boca. Invocaba
al delirio para calmar su éxtasis. Hace años supo que el amor era traicionero, pero ese día
escuchó los suspiros de Shelín, acarició su pecho, conoció su destreza y su ternura, y nunca
se sintió tan satisfecha.
-Soy el que más te ama desde el día en que Dios te dio vida, por toda la vida que
diste a mis días y porque realmente representas algo en mí –decía Shelín a Sofía mientras
la besaba apasionadamente.
-Después de tantas noches de amor en tus brazos, después de compartir tantas
horas, no quiero dejarte.
-Entonces quédate, no te vallas.
-Debo volver, aunque quisiera estar aquí, tengo que trabajar.
-Tengo una sorpresa y después de que la veas si decides marcharte, no voy a
impedírtelo.
-¿Cuál es? ¿De qué se trata?
-Solo quédate conmigo.
-Hoy debo marcharme.
-Yo puedo arreglarlo.
-Bueno, te contesto después de la sorpresa. Si me gusta…
-¡Te encantará! Te lo aseguro.
Rieron felices. Sus voces se acallaron por los besos lujuriosos que se profesaban.
Las noches llenas de amor en donde la luna al ocultarse y el sol al amanecer los descubrían
envueltos en esa arrebatadora pasión que solo ellos podían tener. Esas noches estrelladas y
los primeros rayos del sol eran mudos testigos del amor correspondido entre el hombre y la
mujer, entre los verdaderos amantes, sin ocultar nada a nadie, sin prohibiciones. Dos almas
solitarias unidas por el destino. El destino que decidió cambiarles la vida en todo. Unirlos
para que el uno piense solamente en el otro. Para que cada uno deba depender del otro,
pura y exclusivamente de esa vida que estaba a su lado, consagrándose y amándose a cada
segundo, minuto y hora.
Después del desayuno, Shelín condujo a Sofía hasta su camioneta, le vendó los ojos y
le dijo que la llevaría a un lugar que ella conocía y que recordaría muchos de felicidad. Al
llegar le sacó la venda y para su sorpresa estaban en el oasis. Sin poder pronunciar palabra,
Tipsia y unas mujeres, la llevaron hacia una tienda pequeña. Allí estaban también Leticia,
Milagros y Lourdes.
-¿Qué sucede aquí? -preguntó Sofía sorprendida.
-Estamos aquí para tu casamiento –contestó Leticia muy emocionada.
-¿Mi que?
-Tu casamiento, tu felicidad. El día más esperado de tu vida. Todo listo –contestó
Leticia entre lágrimas.
El vestido era de un blanco reluciente, con muchos volados, gasas y tules. Su pelo
negro estaba cubierto con pequeñas rosas rococó rojas. Cuando estuvo arreglada se abrazó
con sus amigas y al borde de las lágrimas, sus amigas la felicitaban. Tipsia las separó y
junto con ellas la condujeron hacia donde se realizaría la ceremonia. Le explicó que el
casamiento lo haría un sacerdote amigo de la familia, que la tradición era en un idioma
antiguo de su pueblo, el berebere, y que Shelín le explicaría todo mientras sucediera.
Shelín estaba junto a sus padres, muy elegante, también de blanco.
Sofía caminaba hacia él con lágrimas en los ojos.
El oasis parecía más encantador que las otras veces que estuvieron allí. Sobre un
camino de flores y antorcha y bajo el cielo anaranjado del atardecer, ése momento era
único para ambos. También estaban Alberto, el príncipe Jefri, Indelín, Alfader y algunos
amigos íntimos de la familia Vin Al Sherqui.
Sofía al llegar junto a Shelín, se tomaron de las manos, se miraron a los ojos y
comenzó la ceremonia. Así rezó el sacerdote:
-Que ninguna familia comience de pronto, y que no se acabe por falta de amor. Que
la pareja sea uno en cuerpo y mente, y que nada en éste mundo los separe.
Shelín tomó la mano de Sofía y colocó un hermoso anillo con perlas incrustadas en
oro, en su dedo anular. Hay una creencia muy antigua que dice: colocando un anillo en el
dedo anular, hay una vena que va directo al corazón y éste al sentimiento del amor.
Siempre que se vea al anillo, se verá al ser amado.
El sacerdote continuó:
-Que la familia empiece sabiendo cómo y porque. Que nadie los haga vivir sin
ningún horizonte y no teman al futuro.
Sofía tomó la mano de Shelín y colocó en su dedo un anillo de oro con las iniciales
de ambos.
El sacerdote tomando las manos de los dos entre las suyas terminó su oración:
-Que marido y mujer tengan que amar sin medida, y nadie se vaya a dormir sin
buscar el perdón. Que siempre tengan fuerzas para continuar. Y que en el cielo la estrella
con más brillo, sea la esperanza, la paz y el amor.
Al terminar besó sus manos y todos los presentes aplaudían sin parar. Allí comenzó
una gran fiesta. Con bailes, música e infinidades de comidas. Luego de unas horas, los dos
fueron conducidos a una gran tienda. Estaba llena de alfombras y almohadones; en medio
una gran cama llena de pétalos y sedas de maravillosos colores pasteles. Todo olía a
jazmín, rosas y vainilla. Por primera vez quedaron quietos.
Shelín al mirar el rostro que tenía frente a él, y leer la expresión de felicidad en los
ojos de ella, la hallaba hermosa y los labios solo daban gracias a Dios por haberla
conocido. Los ojos son el espejo del alma y sus almas reflejaban todo el amor que podían
sentir. Pero… ¿Se amarían lo suficiente? ¿Cuánto es suficiente? El amor estaba en los
pequeños detalles. Shelín daba gracias a Dios por como era, por como pensaba y como
sentía Sofía.
-Me gusta la persona que soy cuando estoy con vos –solo pudo decir Shelín.
La levantó en sus brazos y la condujo a la cama. Eran ya marido y mujer, se
miraban, no dejaban de hacerlo y eso parecía detener el tiempo. Eran la pareja perfecta. El
hombre para la mujer y la mujer para el hombre. La besó, la besó y siguió haciéndolo.
Aprendió a amarla. Cuando se ama es fácil aprender… a manifestar los sentimientos.
Sofía tenía una exquisita expresión de ternura femenina y de orgullo conyugal al
olvidar todo su pasado y sentir solo humildad y gratitud hacia aquel hombre porque había
hallado en él el amor. El amor es un espacio entre dos pensamientos. Ellos no pensaban,
solo se miraban, solo se besaban. Sofía se consideraba una simple persona y Shelín era
todo su mundo. Porque solo se podían amar. Amar significa depender y asumir la bondad
hacia otra persona. Sofía dependía totalmente del amor de Shelín y asumía todo lo que
sentía por él. Minuto a minuto disfrutaba de estar a su lado. Segundo a segundo recordaba
las horas junto a él y todo su cuerpo tembló al revivir el calor del de Shelín cuando
estuvieron juntos por primera vez. Su sangre era un fuego, ese fuego dentro de un volcán a
punto de estallar. El susurro del viento era la única nota que interrumpía el silencio, hasta
que la voz dulce de Shelín se escuchó:
-Soy el hombre más dichoso del mundo. Te amo Sofía.
-Y yo a ti, amor mío.
Los besos cambiaron. Eran más tímidos, más sensibles. Los dos estaban perdidos
en esa cama grande y blanda. Pero se estaban conociendo más profundamente que nunca.
Estaban gozando los dos por igual… y eso fue su perdición. Afuera el baile y la música
seguían. Adentro el silencio era placentero, armonioso. La entrega al amor fue absoluta.
Eran ardientes, emotivos, profundos. Era una noche increíble, sorprendente, jamás
imaginada. Así el amor inundó el desierto. Así se entregaron. Así gozaron…
Capitulo XVI
Sus amigos ya se habían marchado hacia Argentina y Sofía estaba sola en un lugar
que conocía casi nada. Pero no estaba asustada, ni nerviosa, porque Shelín estaría a su lado
por siempre. Después de unas semanas irían los dos juntos a conocer la familia de Sofía y
recorrer Argentina. La magia de Shelín, del lugar y las cosas, que solo Sofía percibía como
suyas, estaban presentes en ella a cada momento. En ellos brotaban el amor y la felicidad
como alegres y ligeras burbujas, como una invitación al país de la gracia, para que todos
sean dichosos y encantados por el amor, como la feliz pareja. Aquellos días fueron
seguidos por muchos días iguales o más felices. Se sentían dueños del mundo. Suyas son
todas las estrellas, y suyos los brillantes ocultos en la tierra. Todo era solo de ellos, porque
el corazón de ambos latía al unísono. Jamás se sintieron más libres que ahora que se tenían.
Y así, pasaron varias semanas, pasearon, bailaron e hicieron honor a esa hermosa luna de
miel, construyendo planes de y para el futuro… La igualdad de gustos creó una intimidad
muy familiar entre ellos, y les reveló un amor sobrenatural. Al fin, al fin sus almas estaban
en paz. Pero está visto que la felicidad es un estado que no dura por siempre. A pesar de la
prohibición que Shelín hizo a sus amigos y socios sobre hablar del pasado y de sus tontas
apuestas juveniles, sucedió lo inevitable. Estando los tres encerrados en el escritorio
Indelín comentó el tema:
-¡Cómo se transforma un ser en pocos días! ¿Con o sin apuesta?
-¡De cuántos latidos es capaz el corazón! –contestó Alfader.
-Es verdad. ¡Qué valor tiene ahora la vida! Cuánto importan los minutos.
Desgraciadamente, me duele el tiempo que perdí. Pero basta de culpas. En éste momento
todo es hermoso, y todo gracias a Sofía –dijo Shelín orgulloso.
-Realmente te cambió la vida –dijo Indelín.
-Confío en ella, como nunca confié en ninguna mujer, y lo más importante, por
primera vez confío en mí mismo y la amo de verdad.
-Poco a poco creo que la vida te está transformando y creo que empiezo a sentir una
pequeña envidia por tu felicidad –exclamó Alfader sonriendo.
-¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
-No me malinterpretes. Con rabia y pena, me quedo mirando cómo son dichosos y
deseo ser igual a ustedes.
Shelín mira asombrado a sus amigos por la sinceridad de ambos y orgulloso les
dijo:
-Sé que no les va a gustar lo que voy a pedirles…
-Bueno, entonces no lo pidas –bromeaba Indelín y Alfader.
-No es un chiste, escuchen muy bien lo que voy a decirles.
-¿Qué?
-Sientan sus corazones que les oprimen el pecho y sientan la libertad de sus
sentimientos. Exploten de felicidad. Ocurra lo que ocurra en la vida, nunca dejen de pensar
en el amor. Atrápenlo y la felicidad llegará a ustedes y descubrirán al ser que más quieren.
-Pero ¿Cómo lograremos eso?
-Recurran a las mil maravillas que hay a nuestro alrededor, a través de los idiomas
poblados de gestos, sonrisas y sabores. Si quieren reconocer a la persona entre las
personas, se busca el sonido de una voz entre tantas voces y así se aprende a querer.
-Parece que eso es muy difícil amigo.
-No lo crean, se sorprenderán de lo que se puede llegar a hacer por amor.
-Eso quiere decir que no corren más las apuestas entre nosotros por las chicas –dijo
Indelín entre risas.
-Ya les dije que no nombren las apuestas, no quiero que Sofía sepa sobre esas
tonterías pasadas.
-No te enfades, no lo mencionaremos jamás. Pero ¿Quién ganó los 100.000?
-No lo sé.
-Shelín –dijeron a dúo sus socios –Como siempre.
Reían los tres sin parar.
Al despertar Sofía ya había partido, ya no estaba junto a él. Solo encontró una nota
en su almohada que decía:
Te amé y te amo. Todo fue un gran engaño y por eso debo
marcharme. No me llames, no me busques. Mientras duró fue hermoso, pero acabó.
Siempre te dije que no soportaría sufrir otra vez. Esto realmente me duele, por ti y por mí.
Y no te permitas desear siquiera que encuentre a un hombre mejor que tú. No lo hay en
todo el planeta. Adiós.
SOFIA
Shelín lloró y lloró como nunca lo había hecho. Había descubierto el amor y lo
perdió. El amor recién nacido y ya muerto por un malentendido. No podía permitirse
perderla de esa manera. Si era necesario aunque sea caminando la iría a buscar y le
explicaría lo sucedido. La amaba con todo el corazón y con toda su alma y jamás
renunciaría a ella, aunque Sofía ya no lo ame, él estaría junto a ella para siempre.
Capitulo XVII
Salió del cuarto enloquecido y sin pensarlo dos veces, tomó un auto y se dirigió a
toda prisa hacia el aeropuerto. Su corazón latía tan rápido como la velocidad que iba su
auto y sus pensamientos también iban a mil por segundo.
-No se puede escapar de mí, porque sé que aún me ama. Sé que me extrañara. Justo
cuando más me hace falta, no se pude ir. Yo sé que la suerte me acompaña, debo
encontrarla. La tempestad dura lo que el sol tarda en alejarla, ella no puede marcharse, no
debe marcharse. Si algo de mí queda en ella, me perdonará, no me puede dejar.
Cada minuto que pasaba eran miles de segundos sin ella. Al llegar al aeropuerto su
dolor se hizo más agudo, el avión ya había partido y quedó, de pié mirando el horizonte,
valorando todo lo que había perdido.
Sofía al subir al avión tomó un relajante y durmió todo el viaje. Los pensamientos y
el dolor causado no dejaron de atormentar su mente.
-Si Shelín supiera como me duele lo que hizo, entendería que sin su amor nada soy,
que estoy arrepentida por haberme marchado, pero necesito pensar si creerle o no.
El aroma reciente del cuerpo de Shelín la estremecía por completo. El recuerdo de
sus besos, sus caricias hacían de Sofía un manojo de nervios. La vida ya no le mostraba
todo lo intenso que había en ella. Había creído en todo y lo perdió. Había confiado en todo
y no duró. Pero ¿superaría todo?...
Los días que sucedieron a aquel terrible día, fueron muy dolorosos para ambas
familias, especialmente para Shelín y Sofía. No se levantaban de su cama, estaban con
fiebre y sufrían grandes noches de insomnio. Estaban tan unidos por su dolor y tan
separados por la distancia, por los kilómetros. Sólo se escuchaban los lamentos de ambos y
sus agonías eran dolorosas para todos. Tipsia pensaba en ellos constantemente. Sofía sufría
en donde abundaba el agua. Shelín sufría en donde el desierto reinaba. Y ahí se le ocurrió
una brillante y magnífica idea, algún día el desierto y el agua se unirán para ser tierra fértil,
y si Dios la ayudaba ella rezaría porque eso ocurra y además le pediría una ayudita extra:
unir a Shelín y a Sofía.
-Sé que se aman. Sé que hay esperanza y no existen imposibles y yo aunque sea lo
último que haga los juntaré para siempre, cueste lo que cueste.
Se encontró para hablar con su hermano y su cuñada y les contó su plan muy bien
elaborado. Lazurd no estuvo muy de acuerdo pero Kelia con sus encantos y Tipsia con sus
insistencias lograron convencerlo. Después de una semana de preparativos muy
minuciosos, todo estaba listo, una vez empezado no se podía volver atrás. Antes de que
alguien dudara, Tipsia aceleró su plan. Lazurd y Kelia fueron a despedir de su hijo.
Entraron los dos al escritorio.
-Permiso hijo, ¿Cómo estás hoy?
-Estoy un poco mejor –preguntó Kelia acongojada.
-¿Por qué no sales de aquí?
-No quiero. Cada rincón me recuerda a ella.
-¿Por favor la vida sigue?
-Solo me gusta estar aquí
-No te castigues. Aunque lo peor ya pasó. Te hablo con toda sinceridad, llámala y
trata de explicarle y si es necesario implórale.
-¿Y si no me escucha?
-¿Acaso no recuerdas los buenos momentos de pasión vividos?
-¡Claro! Como podría olvidarlos!
-Entonces… Seguramente ella también los recordará y te estará extrañando,
esperándote.
-Estuve con muchas mujeres más hermosas que ella, pero Sofía es la que yo había
elegido para construir una familia.
Ambos lo abrazaron y se despidieron cariñosamente.
-Si lo deseas, nos quedamos contigo –dijo Kelia angustiada.
-No, no es necesario. Aprovechen su viaje a Venecia. En ésta época del año es
hermosa. Yo estaré bien. Cuídense y cuiden a Tipsia.
Al quedar solo otra vez, Shelín retomó los pensamientos sobre Sofía y unas
pequeñas lágrimas corrieron por su mejilla.
Capitulo XVIII
Capitulo XIX
Tipsia, Kelia y Lazurd llegaron al hotel Iguazú al atardecer y fueron recibidos por
Leticia.
-Bienvenidos ¿Cómo estuvo el viaje?
-Gracias Leticia, estuvo un poco cansado pero tranquilo.
-Les mostraré sus habitaciones y después de la cena, si lo desean nos reuniremos
para hablar sobre Shelín y Sofía.
-Me alegra muchos que todos estemos dispuestos a unirlos otra vez.
Con café de por medio las familias Rigot y Vin Al Sherqui y los amigos de Sofía,
escucharon muy atentos al plan de Tipsia. Todos estaban en silencio escuchando los
detalles muy minuciosamente. Cada uno escuchó la parte del plan que le correspondía y
pusieron manos a la obra. Después de largas horas de charlas todos se retiraron a
descansar. Kelia y Pety con más café hablaron de sus hijos, sus esposos, familia y país.
Cada uno dio su opinión por el tema en cuestión que los reunía y se prometieron poner
todas sus ganas y fuerzas en volver al amor a Shelín y Sofía. Kelia explicó sobre el gran
malentendido y Pety comprendió que Shelín era completamente inocente.
-Ellos están hechos el uno para el otro –comentó Kelia.
-Si, aunque no sean iguales –respondió Pety.
-Sé que son distintos. Son las dos caras de la misma moneda. Pero se
complementan.
-Sé que se aman.
-Pero también sabemos que se han causado mucho daño.
-Mucho.
-Si, pero una mujer que ama olvida pronto.
-A Sofía solo hay que tenerle paciencia y ternura.
-Pues entonces recemos para que vuelvan a estar juntos.
La charla se extendió hasta el amanecer. Las dos mujeres tenían una exquisita
finalidad y se comprendían pacientemente. Tenían fe en sus hijos y la esperanza las hacían
revivir sus juventudes.
Según Sócrates, para conocer al verdadero amor se tiene en cuenta tres partes:
1ª el amor a la belleza corporal, 2ª el amor a la belleza del alma, a la
conducta de cada ser y 3ª el amor a los conocimientos, que cada uno posee. El corazón
descubre cualquiera de esos amores y se aferra a él con todas sus fuerzas, lo demás viene
solo. Todos alguna vez en la vida sentimos el amor que brota de nuestro ser y ellas no
permanecerían indiferentes a eso…
Ambas amaban y eran amadas, por eso comprendían muy bien a Sofía y Shelín.
Capitulo XX
Cuando Shelín despertó Tipsia, Kelia y Lazurd estaban junto a él en una habitación
de un hotel. Se sobresaltó cuando vio a sus padres bien y a su tía con una enorme sonrisa.
-¿Qué sucede? ¿Dónde estoy? ¿Ustedes están bien?
-Cálmate solo fue una pequeña mentira para que vengas y tus amiguitos se pasaron
con las gotas de dormir, eso es todo –dijo Tipsia muy burlona
-Me engañaste y te burlas –comentó Shelín enojado.
Acaso no ves que me preocupaste por la salud de mis padres y todo por nada.
-No, por nada no, es por tu bien –contestó Tipsia ofuscada.
-¿Qué ocurrencias, qué bien?
-Tu madre te explicará
-Después de que mate a mis amigos y a ti.
-No te enojes. Yo y tu padre tenemos que hacer algo. Deja que Kelia te explique.
Sin más palabras Tipsia y Lazurd salieron del cuarto, dejando a Kelia y Shelín
solos. Kelia acariciaba el pelo de su hijo y muy tiernamente le dijo:
-Escucha atentamente. Sé que tu tía tuvo una idea un poco descabellada, pero lo
importante está por ocurrir ahora si lo deseas.
-¿Qué pasa mamá? ¿Qué idea?
-Estamos en Argentina, en el hotel donde trabaja Sofía. Las dos familias estamos
aquí porque los queremos y queremos que estén juntos otra vez. Observa por la ventana lo
maravilloso de éste lugar.
Shelín se asomó y descubrió el encanto de las cataratas. Su sonido y el aroma de la
selva le recordaron a Sofía. Ella le hablaba de la sensación que ese lugar le provocaba y se
estremeció al recordar su perfume.
-¿Cómo pueden hacer esto? ¿Por qué me engañaron así? –enojado Shelín preguntó
sin mirar a su madre. Solo con los ojos clavados en las cataratas.
-No sirven mucho las excusas. Lo importante es que hables con Sofía y todo se
arregle. Ella no sabe que estamos aquí y menos tú. Pero ésta noche se encontrarán y
deberán enfrentarse para bien o para mal.
-¿A ella también la engañaron?
-Sus padres lo aceptaron así, es por ustedes todo éste embrollo. Descansa y pensa
muy bien las palabras que vas a decirle a ella y pedirle perdón.
-Después de esto los mataré a todos.
Abrazando a su madre le susurró:
-Gracias.
-Por ti lo que sea.
-Nuevamente gracias.
Al salir en busca de Sofía, Shelín se topo con Alberto y no pudo evitar la discusión.
-Vete, no te acerques a ella – dijo Alberto seriamente.
-La necesito desesperadamente –contestó Shelín calmado.
-Sufrió mucho y no necesita más engaños.
-No la engañé.
-Pues parece todo lo contrario.
-Tiene que saber que mis noches sin ella no son nada…
Alberto vaciló por un instante.
Shelín siguió diciendo:
-Mis días sin ella están sin sentido. Le diré que mientras brillen las estrellas y los
ríos corran hacia el mar, la amaré. No puedo vivir sin ella, la soledad que siento sin ella me
desgarra el corazón. Si no la vuelvo a ver voy a enloquecer.
-Ella no quiere verte.
-Voy a verla a cualquier precio.
-¿De verdad? Y que harás al respecto.
-Ella me necesita y haré cualquier cosa por ella.
-Ella no te necesita, así que vete por donde viniste.
-Eso lo decidirá Sofía y no tú.
-No es así, yo te prohíbo verla.
Alberto no era muy fuerte pero el primer golpe sorprendió a Shelín. Su boca
sangraba y al mirarlo muy desafiante le devuelve el puñetazo directamente al estómago.
-Realmente tendrás que matarme para que no esté a su lado.
Alberto lo miraba y no decía una palabra.
-Aunque no lo creas, la amo, la necesito y quiero estar con ella.
-Te haré una pregunta y dime la verdad. ¿Qué hay entre tú y Sofía?
-Solo somos amigos, casi hermanos. La vi sufrir mucho y la defenderé contra todo
y todos.
-Los dos la amamos, de distinta forma, pero los dos queremos la felicidad de Sofía.
¿Verdad?
-Si.
Alberto y Shelín quedaron unos momentos en silencio, luego lo deja pasar.
La noche fue larga para Sofía y los primeros rayos de sol la encontró dando vueltas
en la cama sin poder dormir un minuto. No quería cerrar los ojos por miedo que Shelín
aparezca en sus sueños. Pero el sueño había desaparecido y sus pensamientos seguían junto
a él. No podía olvidar los besos, las caricias, las palabras que Shelín le había dicho. Pety,
Kelia y Tipsia golpearon a su puerta.
-¿Estás despierta? ¿Podemos pasar? –preguntó su mamá suavemente.
-Adelante. ¿Qué sucede, ustedes aquí?
-Queremos hablar contigo –dijo Kelia.
-Si se trata de Shelín, perdónenme pero no quiero hablar. Quisiera que no opinen
sobre mi proceder. Si vinieron a defenderlo es tarde.
-No se trata de eso, queremos explicarte que Shelín jamás hizo esa apuesta. Él
realmente te ama y jamás, jamás quiso lastimarte –dijo Tipsia.
-¿Por qué debo creerles?
-Porque es verdad. Todo fue un malentendido. Vos escuchaste el final de una
conversación estúpida. Yo armé todo esto, no lo culpes a Shelín. Todos estamos aquí para
que nos creas y puedas perdonarlo –expresó Tipsia casi sin respiro.
-Si lo que dicen es verdad, Shelín debe pensar que soy una tonta inmadura. Él era
sincero y yo me comporté como una estúpida.
-No hija, no digas eso, él te ama. Por eso está aquí –dijo Pety.
-Si te quiere de verdad, con sinceridad –comento Kelia.
-¿Qué haré ahora? ¿Cómo le explicaré esto?
-Yo tengo la solución a todo –dijo Tipsia –La idea es que te hagas rogar, un poco
más, pero no demasiado. El debe comprender que con los sentimientos de las mujeres no
se juegan.
-¿Qué hago? ¿Qué me sugieres? –preguntó Sofía curiosa y alegre.
-Él tratará de hacer lo imposible por estar contigo. Hazlo sufrir un poquito más y
cuando lo creas conveniente, lo perdonarás y para lo demás usá tu imaginación.
-Tipsia. Por favor. –decía Kelia sonrojada al igual que Pety y Sofía.
-Bueno le estoy dando una gran ayuda.
Las cuatro mujeres reían entusiasmadas, todo se estaba solucionando. La paz volvía
al corazón de Sofía, en su corazón brotaba. La felicidad llegaba a la vida de todos y eso era
lo más importante. Se fueron a desayunar juntas. La mañana pasó rápidamente. Shelín al
despertar tarde va en busca de Sofía. Ella no quiere hablar con él y huye a su cuarto, tal
como le dijo Tipsia. Shelín les había encargado a sus amigos una sorpresa para ella. Sofía
al entrar en su habitación, la encuentra llena de flores: orquídeas, rosas, jazmines,
margaritas, claveles y todas las que existen sobre el planeta, en todas las gamas de los
colores. No se podía caminar de tantos ramos. También había una carta que decía:
Si pierdo el mundo es porque pierdo el alma. Si pierdo el alma es porque tú
no me ama. Si tú no me amas prefiero perder todo cuanto tengo. Si tu no me amas me
muero. Cuando te vi la primera vez, sabía que te quería, desde tiempos desconocidos. Yo
sé que cuando llegaste fue porque mi mente te llamó. Te recuerdo en mis sueños muchos
antes de verte. El desierto nos unió y nos cambió la vida. Te amo.
Shelín.
-Por Dios. Te amo, pero cómo decírtelo –susurró Sofía con lágrimas corriendo por
sus mejillas.
-Solo dilo –dijo Shelín apoyado en la puerta que había quedado abierta.
Mirándose a los ojos se acercaron mutuamente. Se besaron despacio, como
cautelosos. Después apretaron ese beso convirtiéndose en apasionado. Afuera la lluvia
anunciaba un día muy aburrido. Pero para ellos no.
-Es el día perfecto para el amor. Quiero que nuestros cuerpos unidos vean el
amanecer.
Sofía cerró la puerta esperando momentos imborrables en su vida. Llegó el
amanecer…
Capitulo XXII
Capitulo XXIII
FIN