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ACUITZIO “el lugar de las serpientes y culebras”

José Arturo Villaseñor Gómez


José Manuel Martínez Aguilar

Monografías
municipales
GOBIERNO DEL ESTADO DE MICHOACÁN
Fuente: inegi , 2021.
Acuitzio
José Arturo Villaseñor Gómez
José Manuel Martínez Aguilar

Monografías municipales (2024)


José Arturo Villaseñor Gómez, Álvaro Ochoa Serrano, Víctor Manuel
Pérez Talavera, Oziel Ulises Talavera Ibarra, José Fernando Ayala López
Coordinadores

1a Ed. / Morelia: Gobierno del estado de Michoacán de Ocampo-


CECyTE Michoacán
252 p. / 17 x 21.5 cm.

isbn:

1a Edición 2024

© José Arturo Villaseñor Gómez


© José Manuel Martínez Aguilar
© Gobierno del estado de Michoacán de Ocampo
© CECyTE Michoacán

Formación y diseño editorial


José Fernando Ayala López

Impreso en México / Printed in Mexico


acuitzio / monografías municipales

Índice

Presentación 7
Agradecimientos 11

Introducción 13
capítulo i. La Configuración urbana y uso de espacios públicos en
Acuitzio durante el virreinato. (Por: José Arturo Villaseñor Gómez) 17
1.-La memoria como parte de la identidad de la comunidad acuitzense
2.- El origen del asentamiento
3.- Ubicación del espacio geográfico y sus recursos
4.- Espacios de socialización, de encuentros y desencuentros
5.-Una añeja rivalidad entre Tiripetío y Acuitzio

capítulo ii. La construcción de una jurisdicción territorial-administrativa:


La comarca de Acuitzio, Michoacán, entre los siglos XVI-XIX.
(Por: Ramón Alonso Pérez Escutia) 49
1.-Las pugnas jurisdiccionales del periodo colonial
2.-El ayuntamiento gaditano de 1821-1825
3.-El largo y complejo camino para concretar una segunda expectativa

capítulo iii. Acuitzio durante la guerra de Intervención Francesa.


(Por: Edgardo Calvillo López) 85
1.-Antecedentes de la Guerra de Intervención Francesa
2.-La Legión Belga
3.-El conflicto en el estado/departamento de Michoacán
4.-Rumbo a la tierra caliente y primeros intentos de negociación del canje
5.- El Canje de prisioneros
6.- Conclusiones

capítulo iv. El impacto de la Guerra de Reforma y el periodo


porfiriano en Acuitzio. (Por: José Arturo Villaseñor Gómez) 109
1.-El preludio del conflicto
2.- Un periodo de crecimiento: El nacimiento del Curato y Municipio de Acuitzio
3.-El impacto de la llegada del porfirismo en el municipio
4.-Mejoras urbanas: un reflejo de la modernidad
5.- Fiestas y celebraciones porfirianas
6.- A manera de reflexión

capítulo v. El crecimiento y consolidación de una municipalidad:


Acuitzio del Porfiriato a la Revolución Mexicana, 1876-1920.
(Por: Ramón Alonso Pérez Escutia) 139
1.-Tres décadas de sostenido ir hacia adelante
2.-En la alborada del siglo XX y rumbo a la crisis político-social
3.-La Revolución y la fragmentación del municipio

5
4.- Los jinetes apocalípticos: hambre, bandolerismo, destrucción y muerte
5.- Reflexiones finales.

capítulo vi. Educación escolar y tierras ejidales del Municipio de


Acuitzio en el imaginario nacional de la post-revolución mexicana
(Por: José Arturo Villaseñor Gómez) 181
1.-Antecedentes y problemática agrario-social
2.- Los resabios de la época porfiriana
3.-El problema de la tenencia de la tierra: surgen los Ejidos en Acuitzio
3.-La educación escolar en la primera mitad del siglo XX en Acuitzio
4.- Algunas reflexiones

capítulo vii. Un breve recorrido por la historia urbano-arquitectónica


de Acuitzio del Canje. (Por: José Manuel Martínez A.) 205
1.-Formación y desarrollo en la época colonial
2.-De la Independencia a mediados del siglo XX
3.-Las últimas décadas
4.- A manera de reflexiones

capítulo viii. Migrantes somos y a otros lares vamos.


(Por: Álvaro Ochoa Serrano) 225
1.-Acuitzio un punto de partida
2.-La guerra independentista, pendencias y la alteración del orden
3.- El porfiado porfiriato y la revolufia
4.- El camino hacia la frontera norte

capítulo ix. El Acuitzio Contemporáneo


(Por: José Arturo Villaseñor Gómez y Noel Téllez Mondragón) 245
1.-Acuitzio bajo la lente e imaginario de Raymond Wiest visto
por Noel Téllez Mondragón
2.-Efemérides del municipio (Arturo Villaseñor Gómez)
3.- Personajes populares (Arturo Villaseñor Gómez)
4.-Servicios e infraestructura (Arturo Villaseñor Gómez)

efemérides 259
personajes del municipio 267

notas 294
fuentes de consulta por capítulo 326
acuitzio / monografías municipales

Presentación

La Asociación de Cronistas por Michoacán A. C., con el respaldo ins-


titucional del Gobierno del estado de Michoacán a través de la Secre-
taría de Cultura, y bajo la premisa de actualizar los estudios sobre la
historia de los municipios, trabajó en el desarrollo de escritos que en
su conjunto serían denominados: Monografías Municipales.
Este es un esfuerzo para actualizar la información histórica y
estadística de una selección de municipios del estado.
Después del loable esfuerzo que la administración del entonces
gobernador Carlos Torres Manzo hizo con la publicación de varias
Monografías Municipales entre 1977 y 1980, no se había emprendi-
do un esfuerzo por contar con nuevas publicaciones de las divisio-
nes municipales de Michoacán. En esos cuatro años se publicaron
una serie de libros elaborados por especialistas de la talla de Luis
González y González, Raúl Arreola Cortés y José Corona Núñez. A
poco más de cuatro décadas de la publicación de aquella colección,
se hizo indispensable repensar lo contado por estos maestros. A la
luz de los cambios acelerados que las tecnologías de la información
y la comunicación nos han impuesto en las últimas décadas, de las
transformaciones que han experimentado las ciencias sociales y las

7
villaseñor / martínez

humanidades, pero también, y principalmente, la evolución que han


tenido la estructura de nuestras sociedades.
Una serie de acontecimientos han pasado desde entonces, mu-
nicipios que no existían en aquel momento y otros que se han fu-
sionado. Las prácticas electorales y políticas se han modificado y
redefinido, así como la experiencia en la participación política y
social de los pobladores. El ejercicio de la política en Michoacán y
del poder gubernamental está inmerso en un contexto de pluralidad
y emergencia de opciones políticas que en la década de 1970 era
desconocido.
Estos cambios y transformaciones representan un reto y una
oportunidad para este nuevo esfuerzo editorial, dado el caso de
municipios gobernados por distintos partidos políticos que posible-
mente no sean citados en los trabajos, además de otros obstáculos
como la extensión territorial, la falta de recursos materiales y hu-
manos, pero fundamentalmente documentales. En nuestra entidad
federativa se han creado municipios nuevos a partir de dos pobla-
dos históricamente relacionados y unidos, la separación ocurrió de-
bido a la evolución social, demográfica y política de su población;
en estos casos un municipio conserva el nombre tradicional y otro
recibe una denominación nueva, tomando como referencia algún
personaje histórico, pero los antecedentes de ambas jurisdicciones
están unidos por sus antecedentes.
Una parte de los municipios michoacanos han contado con la
labor desinteresada y abnegada de cronistas locales, que durante dé-
cadas han empleado su tiempo, dinero y esfuerzo para recuperar los
testimonios del pasado, por lo cual se hizo necesaria realizar una se-
lección de municipios. A los cronistas se ha sumado la labor de pro-
fesionales de la historia que con su conocimiento y formación apo-
yaron la labor de los cronistas a través de evaluar la calidad de los
productos, validación de fuentes utilizadas y en la redacción de los
textos. De esta suma de esfuerzos se han trabajado 13 lugares en esta
primera etapa, que esperemos sea ampliada en una segunda y tercera

8
acuitzio / monografías municipales

etapa que permita extender la cobertura de la entidad federativa. La


presente selección también toma en cuenta la importancia histórica,
económica, social y política de los lugares seleccionados que han te-
nido en el pasado y en el presente.
La mayoría de las obras corrió a cargo de los cronistas que han
desarrollado su labor durante muchos años y que no necesariamente
son los designados oficialmente por los ayuntamientos correspon-
dientes. La Asociación de Cronistas por Michoacán A. C. durante va-
rios años ha conformado un grupo de trabajo con todos los interesa-
dos por la historia local y que en la actualidad abarcan la mayoría de
los municipios de nuestra entidad.
Con el objetivo de recuperar la información más importante de
los municipios en el pasado y el presente, se trabajó el género de la
monografía, una de las labores más representativas de los historia-
dores y que debe cubrir ciertos puntos básicos, primero que nada,
una cronología de sucesos importantes, iniciando desde la época
prehispánica y hasta la actualidad, con la salvedad de que algunos
municipios fueron conformados en los siglos xix y xx , por lo que sus
antecedentes corren a partir del México independiente.
En esta última situación, los historiadores profesionales colabo-
raron mano a mano con los cronistas, aportando el método de inves-
tigación de la ciencia histórica para buscar, analizar, sistematizar e
interpretar la información contenida en las fuentes históricas.
Es motivo de orgullo presentar estos trabajos que son la suma de
esfuerzos de cronistas locales, historiadores profesionales y del gobier-
no estatal con el objetivo de que los michoacanos conozcan aspectos
fundamentales del pasado y presente de los municipios de la entidad.

Asociación de Cronistas por Michoacán, A.C. / Secretaría de Cultura.


Gobierno del estado de Michoacán
2024

9
acuitzio / monografías municipales

Agradecimientos

Al concluir la elaboración del presente trabajo vale la pena hacer al-


gunas reflexiones sobre el valor del agradecimiento, ese sentimiento
humano que debe brotar espontáneamente para reconocer un apoyo
recibido por alguna atención o beneficio obtenido. Debemos agrade-
cer a quines se sumaron al proyecto por las actitudes transformadas
en acciones de motivación y empatía que surgió de familiares, ami-
gos y paisanos radicados en el pueblo así como los avecindados en
otras ciudades del país y en el extranjero, quienes aman sus raíces,
recuerdan la vida en su terruño y añoran esos días en que asistían a
la escuela, participaban en los desfiles, en las fiestas de San Nicolás
de Tolentino, que salían a las calles a conversar, a jugar y que al en-
terarse del proyecto manifestaron de mil maneras su entusiasmo por
el proyecto.
Nuestro reconocimiento y gratitud para los responsables de
archivos y bibliotecas, quienes resguardan los documentos que re-
presentan la memoria tangible de nuestra historia en documentos
originales, periódicos y libros. A los encargados del Archivo histó-
rico de la catedral de la Arquidiócesis de Morelia, al sacerdote de la
parroquia de San Nicolás de Tolentino de Acuitzio, Presbítero Javier
Guzmán García, a la juez del Registro Civil de Acuitzio, licenciada
Guadalupe Asminda Gómez Avalos por facilitar la consulta de docu-

11
villaseñor / martínez

mentos del archivo municipal de Acuitzio creado en abril de 1861. Al


Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, ( inegi), por
la información estadística, datos planos y cartografía proporcionada
particularmente al Arquitecto Raúl Hernández Mireles.
A los investigadores que aportaron un capítulo para la inte-
gración de la monografía de Acuitzio, tales son los doctores en histo-
ria Álvaro Ochoa Serrano, Ramón Alonso Pérez Escutia, José Manuel
Martínez Aguilar, al fotógrafo ecologista Noel Téllez Mondragón,
incansable acuitzense viajero del mundo y al maestro en historia Ed-
gardo Calvillo López, quien de inmediato hizo suyo el proyecto y de
manera entusiasta se integró junto con la contadora Verónica Arreola
al equipo coordinador que hizo posible la elaboración de esta obra.

José Arturo Villaseñor Gómez


Coordinador

Escudo de armas del municipio de Acuitzio


del Canje. Con el lema “Proclamamos
heroísmo y nobleza”

12
acuitzio / monografías municipales

Introducción

El conocimiento e historia de un sitio es la memoria y explicación


del presente del mismo, en ese sentido, este trabajo es producto
de la investigación ardua, continua y constante de un grupo de
investigadores, formados en su mayoría en la Universidad Michoacana
de San Nicolás de Hidalgo. Todos con el afán de contribuir al
conocimiento de la historia, de Acuitzio y los hechos que a través del
tiempo dan razón del presente de la actual población y configuración
del municipio.
El trabajo se fue hilvanando en diferentes momentos, fortale-
cido de algunas fuentes acumuladas, de los hallazgos documentales
encontrados en los distintos archivos locales, estatales y nacionales,
mediante la consulta estadística, en las bibliotecas, la hemeroteca,
en medio de charlas y entrevistas a personajes locales; recopilando
relatos, fotografías antiguas y otras que datan de la época de la pri-
mer estancia en Acuitzio en 1966 del antropólogo Raymond Wiest; si
bien con el rigor metodológico que exige las ciencias humanísticas,
se pensó en utilizar un lenguaje sencillo a manera de monografía, es
decir, con una secuencia cronológica y un hilo conductor accesible
para todo tipo de lector interesado en la génesis y evolución a través
del tiempo de un asentamiento humano; en este caso el lugar de las
serpientes y culebras: Acuitzio.

13
villaseñor / martínez

Inicia el primer capítulo José Arturo Villaseñor Gómez, con una


explicación y panorama general de la configuración y uso de espa-
cios en la región considerada parte de los asentamientos purépecha
en el siglo XVI; previa a la llegada de frailes agustinos y españoles a
Tiripetío y, el momento de la congregación que éstos hicieron de los
sitios como Huajumbo, el Tzintzun y Tziparapio en la actual zona
de monumentos de Acuitzio. Se explican también los innumerables
pleitos entre la república de indígenas contra los españoles por la
posesión y ocupación del sitio y el por qué de la configuración y uso
de espacios desde esa época con los cambios y continuidades que hoy
son parte de nuestra identidad local.
La configuración geográfica del territorio en Acuitzio de los si-
glos XVI al XIX y, su demarcación administrativa son objeto del es-
tudio y análisis de la experta pluma de Ramón Alonso Pérez Escutia
en el capítulo II. Así como las pugnas jurisdiccionales por el control
de la demarcación de la comarca, los conflictos sociales, económicos,
los levantamientos armados de la entidad y el paso de las distintas
facciones centralistas contra federalistas por la región en la primera
mitad del siglo XIX, junto con los intentos y concreción de Acuitzio
en un municipio independiente de Tiripetío son parte de este apar-
tado. Un momento especial e icónico para nuestra nación ocurrió en
Acuitzio durante la Guerra de Intervención Francesa y el Segundo
imperio, de este hecho histórico da cuenta Edgardo Calvillo López en
el capítulo III de este trabajo. Los hechos que antecedieron al conflic-
to armado, la llegada y paso de la legión belga en Huetamo, el con-
flicto entre liberales e imperialistas y el canje realizado en Acuitzio;
marcado como un acto humanitario sin precedentes, nos invita a la
búsqueda del dialogo y la diplomacia tan necesaria en la actualidad
para una vida más humana.
El impacto de las acciones y pensamiento humano se expresa
en su habitat construido, en sus leyes; en las controversias y toma
de decisiones sin duda marcan el destino de los pobladores de un
espacio humano. Este es el tema del capítulo IV, en el que José Artu-

14
acuitzio / monografías municipales

ro Villaseñor exhibe los efectos del pensamiento liberal, en conflicto


con el de sus oponentes del bloque conservador, en una lucha sin
cuartel, en donde, al triunfo del liberalismo surgieron las institu-
ciones civiles; encasillando así ante las leyes al clero católico en el
espacio religioso. Con el nacimiento de las leyes surgió el registro
civil, la educación laica, la creación de nuevos municipios, situación
que desembocó en la guerra de Intervención francesa. En el capítu-
lo V, Ramón Alonso Pérez Escutia nos informa sobre la evolución
y crecimiento territorial de Acuitzio en la segunda mitad del siglo
XIX, el auge y posterior crisis del porfirismo, los hechos de la revo-
lución de 1910, sus efectos a nivel de la comarca, la fragmentación
y reducción del municipio y el bandolerismo con sus consecuen-
cias de hambre, bandolerismo, destrucción y muerte. La educación
como eje vertebral de una cultura no podía pasar desapercibida en
este trabajo, tampoco la forma de explotación y apropiación de sue-
lo agrícola, forestal y ganadero en el periodo posterior al movimien-
to armado de 1910 en el territorio michoacano desde la realidad
local acuitzense; tal es la problemática mostrada por José Arturo
Villaseñor Gómez, en este apartado o capítulo VI; en donde, cobra
relevancia “desde lo local”, la política cardenista en cuanto a la con-
solidación de los ejidos y la educación socialista.
La arquitectura como concepto, más allá de la forma, es una
representación histórica del pasado y presente de una sociedad diná-
mica; desde su perspectiva y sólida formación el Doctor José Manuel
Martínez Aguilar nos lleva de una manera amena, ilustrativa y preci-
sa a realizar un breve recorrido por la historia urbano-arquitectónica
de Acuitzio del Canje en este capítulo VII; desde la época colonial,
hasta mediados del siglo XX.
El fenómeno migratorio también es narrado en el capítulo VIII
de esta obra por el Doctor Álvaro Ochoa Serrano, quien al concluir
su apartado afirmó haber saldado con este hecho, “una añeja deuda
moral con el Doctor Raymond Wiest, contraída desde las primera in-
cursiones de dicho antropólogo en Acuitzio”; de esta manera, Ochoa

15
villaseñor / martínez

Serrano con su particular estilo da cuenta de la importancia y el valor


de las migraciones de los acuitzenses a lo largo de la historia del po-
blado: el periodo virreinal, independiente, el porfiriato y el siglo XX;
revisando en distintos receptáculos documentales que incluyeron su
visita a la parroquia de San Nicolás de Tolentino de Acuitzio.
Cierra el bloque del libro con el capítulo IX que nos mues-
tra un breve panorama de Acuitzio en cuanto a las investigaciones
y estancia del antropólogo Raymond Wiest; en donde Noel Téllez
nos muestra un perfil de dicho personaje, también se abordan datos
estadísticos planos y mapas, datos de la población actual, algunos
personajes ilustres y populares del poblado, las efemérides más re-
presentativas acaecidas a lo largo de la historia de Acuitzio y algunos
datos y planos del inegi.

16
acuitzio / monografías municipales

capítulo i
La Configuración urbana y uso de espacios públicos en
Acuitzio durante el virreinato

Por: José Arturo Villaseñor Gómez.


Presidente de la “Asociación de Cronistas por Michoacán A. C.”

El ser humano a través del tiempo ha dejado vestigios de su cultura plas-


mados en elementos tangibles: edificios, calles, objetos, documentos escri-
tos; junto con esos testimonios, también están presentes de forma percep-
tible otros elementos inmateriales a manera de expresiones latentes en el
patrimonio intangible; a éste último rubro pertenecen algunas representa-
ciones sensoriales como las artes. Ambos elementos son importantes para
comprender cómo la gente habita los espacios construidos y resuelve las
necesidades de sus actividades labores diarias y celebraciones tradicio-
nales, en donde, se reflejan esas maneras de habitar los espacios, resolver
sus necesidades básicas, vivir sus fiestas, realizar sus rituales religiosos
y, reproducir a manera de representación, otros aspectos de su vida coti-
diana. El primer capítulo de esta obra es un acercamiento al origen de un
asentamiento a la llegada de los españoles a Michoacán, las políticas im-
plementadas para la congregación de los habitantes que ya existían en el
actual poblado de Acuitzio; la fundación de éste en el sitio que actualmen-
te ocupa, las formas de organizar esa nueva sociedad y la resistencia que
los antiguos habitantes de la región hicieron ante esa práctica de congre-

17
villaseñor / martínez

gar dicha población. Los momentos de la traza del poblado, los esfuerzos
de evangelizar a los naturales por parte de los agustinos y la consecuente
mezcla, no solo étnica de los grupos sociales, sino de tradiciones, costum-
bres, así como las maneras de festejar; mediante los rituales realizados en
las ceremonia religiosas, el significado y uso de los espacios abiertos. Las
procesiones, “mandas”, danzas los interminables pleitos que existieron
entre la comunidad o República de indígenas contra los agustinos y otros
grupos por la pertenencia y uso de las tierras.
El surgimiento de la capilla, la plaza, los portales y la llamada calle
real, los asentamientos indígenas en la periferia y, los interminables con-
flictos legales entre la República de indios contra los frailes, originado
por la posesión y uso de las tierras, conflicto que se prolongó durante ese
periodo y a lo largo del siglo XIX.

1.- La memoria como parte de la identidad


de la comunidad acuitzense

Todos los grupos humanos poseen una memoria histórica; a veces muy ní-
tida, llena de imágenes y signos. En lo que se refiere a las representaciones
sociales, tanto construidas y visibles, como intangibles, podemos definirlas
como un sistemas de interpretaciones presentes en nuestra relación con el
mundo; este enfoque orienta la conducta individual, es producto de la me-
moria llena de evocaciones que “desde el pasado personal se apropian de
la realidad exterior, son formas de conocimiento basadas en la percepción.”1
Estas imágenes fueron acciones pasadas que nos muestran cada etapa vivi-
da de un grupo o sociedad y, el imaginario de sus habitantes conservado en
objetos, danzas, ceremonias, símbolos, lenguaje, manifestaciones artísticas
y otras expresiones propias de una cultura específica.2
Representar es hacer visible una idea, objeto o un sentimiento. Ésta
se puede alcanzar en ocasiones al regresar a la casa paterna, también al
contemplar o participar en una danza que nos recuerda nuestros orígenes,
escuchar una composición musical, admirar una obra de arte, o mediante
la creación y análisis de un documento, quizá en una imagen gráfica o

18
acuitzio / monografías municipales

Panorámica de la traza urbana de Acuitzio (Foto: Noel Téllez, Archivo Histórico, Fotográfico
y Documental)

arquitectónica. Es un proceso de contención y materialización que busca


reproducirlo y perpetuarlo con el tiempo. Para la historia cultural las so-
ciedades se componen: “por diversos grupos que son capaces de crear y
recrear sentidos propios a partir de una realidad determinada y de deno-
tar de significados personales a los objetos y a los discursos, particular-
mente a aquellos de naturaleza histórica.”3
Las huellas expresadas de una comunidad, representan su cultura;
son parte de su patrimonio e identidad; por ello es importante conocer los
orígenes de su asentamiento, las formas de gobierno y control que en lo
civil y religioso utilizaron los grupos de poder que, desde su imaginario4
dirigieron el rumbo de esa sociedad, así como las formas de vida de los
grupos que interactuaron, en un tiempo determinado.5 El conocimiento
de esos orígenes y etapas, son importante para entender y apreciar en su
dimensión el patrimonio heredado a las actuales generaciones, resguar-

19
villaseñor / martínez

dar y darle así el peso específico que tiene para de ésta manera proyectar
soluciones en el presente, buscando así alcanzar niveles de vida más jus-
tos y humanos, con auténticos valores que le son parte de su identidad.6
Un pueblo a fin de tener cohesión necesita conocer sus derechos,
relaciones pasadas, su devenir histórico, su legitimidad; necesidad que
se satisface con diversas explicaciones: mitos, leyendas, hechos fabulosos
o doctrinas religiosas y, en otro nivel más profundo, con la literatura his-
tórica que no lleva ideas míticas o fantasiosas, ni la intervención divina
o relatos inventados.7 Hay una estrecha relación entre identidad étnica y
conciencia histórica; la continuidad histórica de un pueblo es el argumen-
to sustancial para legitimar un proyecto político y el derecho a un futuro
propio. Los pueblos necesitan conocer y tener su propia historia porque
sus reivindicaciones se basan en su legitimidad histórica como pueblos,
“reclaman el derecho de seguir siendo porque tienen una historia, conser-
van una memoria, buscan rescatarla, preservarla y difundirla asociada a
su identidad; dicha memoria se enriquece con el conocimiento del pasado
que reafirma su identidad social.”8

2.- El origen del asentamiento

Al hablar del surgimiento del asentamiento humano en Acuitzio, es ne-


cesario comprender cómo ocurrió su organización política, económica,
social y religiosa en relación con la vida cotidiana, sus maneras de ce-
lebrar; asimismo conocer sus actividades, raíces, evolución, identidad, e
imaginarios del mundo, tradiciones, usos del espacio habitado y traza ur-
bana; ésta última entendida como una concreción material, es decir, una
representación mental, que ordena las estructuras del pensamiento y el
mundo físico; dicha traza está en constante cambio y adecuación, con una
dinámica lenta, permeada por los ritmos de “larga duración”, producto
del sincretismo expresado en la reorganización del asentamiento con la
llegada de los españoles con una visión distinta.9
La traza urbana contiene además elementos físicos que permiten
ser visualizados de manera histórica; concentran en sí mismos los pro-

20
acuitzio / monografías municipales

cesos de un centro urbano en crecimiento. No obstante, el uso de las ca-


lles y otros espacios abiertos están “vivos”, sus raíces ancestrales expre-
san aspectos cosmológicos; llenos de información sobre la cultura que
la produjo. Es este el caso analizado en este apartado: el municipio de
Acuitzio en el periodo virreinal y sus representaciones culturales. Una
representación es la imagen de lo colectivo y la realidad cotidiana de los
grupos que han habitado la sociedad; con todas las prácticas que le han
dado su identidad social y muestran su manera de ser en el mundo. Es
el emblema grupal, construido por sus instituciones religiosas, civiles,
militares e instancias colectivas e individuales, la existencia de tal gru-
po, comunidad o clase social.10
Las calles y espacios públicos naturales o construidos se expresan
en relación en sus usos, significados y experiencias sensoriales, en donde
han ocurrido muchos hechos y expresiones: manifestaciones civiles, des-
files, marchas de protesta, mítines políticos, pega de bandos, cabalgatas,
acciones bélicas, edictos, celebraciones religiosas y otros hechos realiza-
dos lo largo de los años; rituales, procesiones, peregrinaciones, “topas de
cargueros”, danzas, “pagos de mandas” de rodillas por algún favor o mi-
lagro concedido por algún santo; entre otras expresiones que utilizan las
calles y áreas abiertas para socializar. Cobra relevancia la Calle Real de
Acuitzio, más tarde denominada calle Nacional, luego avenida Vicente
Riva Palacio, la plaza principal, los portales y otros lugares públicos utili-
zados para realizar actividades cotidianas, civiles y religiosas.11
A partir del surgimiento de la traza en el siglo XVI en Acuitzio,12 y
lo largo de su existencia, las calles se convierten en un espacio cultural, el
ingrediente primario de la existencia de la vida social de los pueblerinos,
el sitio de sus interacciones, en la parte del “proceso urbano que envuelve
lo social, político y técnico con sus fuerzas artísticas que generan la forma
de la ciudad”;13 que incluye la vivienda y el medio natural en interre-
lación con el espacio construido, las costumbres, los significados de los
sitios de comercio y vida cotidiana; allí destaca la importancia de las ins-
tituciones civiles y religiosas los grupos sociales del asentamiento, visto
éste como el centro aglutinador. 14

21
villaseñor / martínez

Fuente: inegi

22
acuitzio / monografías municipales

Fuente: inegi

23
villaseñor / martínez

Desde una perspectiva histórico social, el análisis de un poblado o


ciudad incluye el estudio de sus edificaciones, calles, población, movi-
mientos cotidianos, elementos naturales entrelazados, la alimentación de
los pobladores y maneras de celebrar así como la misma vida cotidiana;
expresiones que muestran en su conjunto “La imagen, producto de la sen-
sación inmediata y del recuerdo de experiencias anteriores y desempeña
una función social.”15 En ese contexto destaca el entorno natural geográfi-
co, con sus ríos, lagos, bosques, topografía; ya que es importante conocer
en general la región y su contexto histórico entendida la historia como “la
suma de todas las historias posibles: de una colección de oficios y puntos
de vista de ayer, hoy y mañana;” 16 donde se involucra de manera conjun-
ta al hombre con la sociedad.

3.- Ubicación del espacio geográfico y sus recursos

Acuitzio geográficamente se ubica a 32 kilómetros al sur de la antigua


Valladolid, hoy Morelia; en las coordenadas 19º 29´ 08´´ de latitud norte y
a los 111º 20´00´´ de longitud oeste, a una altura sobre el nivel del mar de
2100 metros; su relieve está constituido por “Las Provincias geográficas:
el Eje Neo-volcánico Transversal por una porción y por la otra la Provin-
cia de la Sierra Madre del Sur”.17 Es decir, el relieve está compuesto por
el sistema volcánico transversal de Norte a Sur, con los cerros de “El Me-
lón”, y “La Huizata” por el lado este, en tanto en el poniente u oeste por
el Cerro Viejo o cerro de Guadalupe y la montaña del cerro del Tzintzún
en su cordillera más alta, resguardado por una cordillera de menor altura.
El clima es templado, con tendencias al frío, con abundantes lluvias
en verano (mayo–septiembre), la temperatura, oscila entre 30º y 37º, aun-
que en la actualidad ha variado con un aumento considerable, producto
del cambio de uso de suelo con la introducción del cultivo del aguaca-
te sustituyendo al pino, encino, oyamel y otros árboles. La hidrografía,
aunque ha disminuido considerablemente, se compone de los múltiples
riachuelos y ojos de agua en las localidades rurales al poniente del pobla-
do, proviene de los escurrideros de los cerros en la zona del Tzintzun, el

24
acuitzio / monografías municipales

Cerro Viejo”, Tamanguio, Cutzaro y Paramo, en tanto que al oriente hay


nacimientos de agua en la comunidad de la Palma, asimismo en el pobla-
do existen dos “ojos de agua”. Los escurrideros que originan los ojos de
agua debido a la topografía tan pronunciada, vienen de las partes altas de
los cerros y desembocan en el “río grande” que se forma en la parte alta
de la cuenca con diversos nacimientos y llega hasta Cointzio.18
En cuanto a vegetación, aunque menos densa que en décadas ante-
riores, es todavía considerable: predominan los bosques y montes, ambos
mixtos que producen de manera natural pino, encino, madroño, “aile”,
oyamel, cedro, eucalipto introducido para ser plantado en los años treinta
del siglo XX, cabe destacar la presencia importante del árbol de colorín,
en peligro de extinción, valioso por su significado y uso: desde cercado
divisorio, hasta comestibles sus hojas rojas, en tanto de su madera ligera
y dúctil se elaboran las máscaras para las danzas de las fiestas de los car-
gueros. Los árboles frutales se integran por capulín, membrillo, tejocote,
manzano, peras, durazno, perón, aguacate, higo, limón, toronja, granada
roja, zapote blanco, chabacano.
El principal cultivo ha sido el maíz, la siembra de hortalizas y ver-
duras tales como la calabaza, frijol, habas, chile serrano, perón, lechuga,
acelga, zanahoria, rábano, cebolla, jitomate, cilantro, repollo entre otros. El
cultivo de trigo cebada, avena, garbanzo casi han desaparecido en la actua-
lidad. Los animales silvestres hasta hace unas décadas en la región todavía
existían en abundancia, principalmente en las montañas habitaban el vena-
do, conejos, coyotes, tigrillo, lince, armadillo, tlacuache, zorra, gato montés,
zorrillo, puma, lobo mexicano, tuzas, liebres, ardillas, tejones, comadrejas,
víboras alicante, coralillo, cascabel, culebras. Las aves que inundaban el
cielo de la región eran águilas, colibríes, codornices, gorriones, ruiseñores,
palomas, golondrinas, petirrojos, cuervos, lechuzas, búhos, zopilotes, car-
pinteros, jilgueros, calandrias, zentzontles, zopilotes y cuervos.
En los riachuelos y pequeñas lagunas con agua, en épocas de lluvia
había patos, peces mojarra, carpa y charal. Los animales de corral están
a punto de extinción en el área urbana, aunque aún subsisten en peque-
ña proporción en las localidades rurales del municipio, estos se integran

25
villaseñor / martínez

por cerdos, asnos, caballos, bueyes; muy pocas ovejas, cabras y conejos;
las aves de corral son gallinas, guajolotes y patos. Las montañas, cerros y
laderas poseen suelos de tipo andosol ócrico, conocido como “tierra pol-
villa” o “topure” entre 2300 y 3000 metros sobre el nivel del mar; en las
partes medias y bajas 2200 y 2000; los suelos cambian a luvisol y vertisol,
adecuadas para los cultivos.
Según la Relación de Tiripetío, en el siglo XVI en la región existía una
ciénaga de una legua y media al poniente de dicho pueblo, rumbo al po-
blado de Acuitzio, al que también tocaba ese cuerpo de agua y producía
“pescados chiquitos”, camarones, patos, ranas, patos; además proveía del
tule que servía a los artesanos locales para fabricar cestos, y más tarde, en
el periodo virreinal, para elaborar sombreros y petates entre otras activi-
dades que eran parte del sustento de los pobladores, quienes también
se dedicaron domésticamente al cuidado de animales traídos allende los
mares, tal es el caso de los cerdos, ovejas y ganado mayor.19
El espacio habitado por humanos sedentarios se remonta a los si-
glos XIII y XIV; la región fue ocupada por grupos de ascendencia náhuatl
en un principio y más tarde por purépechas. El asentamiento en el sitio de
la actual cabecera municipal se estableció casi a mediados del siglo XVI,
con la creación de una capilla de visita bajo el cuidado de los agustinos
recién instalados en Tiripetío, quienes iniciaron su labor evangelizadora
desde ese lugar. En efecto, los españoles iniciaron un programa de trans-
formación de la vida y cultura de los pueblos originarios, situación que
trastocaría el espacio habitado, su organización política y hasta el medio
ambiente con la construcción de pueblos para españoles, repúblicas de
indios y poblaciones mixtas; todos coexistiendo bajo el ideal cristiano,
puesto que la llamada evangelización buscó adoctrinar en el cristianismo
a todos los habitantes de la comarca.20
Con la llegada de Juan de Alvarado a Tiripetío como encomendero
de esa región surgieron además de ese pueblo otros similares; esto debi-
do a las concesiones de tierras y mercedes otorgadas a los soldados con-
quistadores por el monarca español. Cercanas a las poblaciones tuvieron
su concreción las haciendas, entendidas como un espacio de producción

26
acuitzio / monografías municipales

ganadera y agrícola, con un casco o “casa grande”, desde donde se admi-


nistraba y distribuían los productos que de ella surgieron. En la región,
por mencionar algunas existieron las Haciendas de Santa Rosalía, cercana
a Necotlán Santiago Undameo en la región de Chicácuaro, la hacienda de
Coapa, en los límites del poblado de Tiripetío, la de San Andrés Coapa,
cercana a Acuitzio. Todas controladas por españoles, ya fuese por los frai-
les agustinos, o bien, mercedes otorgadas a otros peninsulares y dotacio-
nes para las repúblicas de indios.21
Los asentamientos previos a la evangelización en la región, según
afirma Igor Cerda Farías, tuvieron un patrón de asentamiento ubicado en
las laderas, cerros y montes,22 presentando características de dispersión,
es decir, en estas poblaciones “no podríamos encontrar elementos que ca-
racterizan los patrones urbanos con bases paralelos y perpendiculares.
Esta distribución de poblamiento se ubica en las laderas de los pueblos
tarascos prehispánicos, precisamente al pie de los cerros inmediatos, sin
trazos lineales;23 cuya característica es un patrón de asentamiento disper-
so propia del posclásico.
Tras la creación de una capilla de visita en Acuitzio a mediados del
siglo XVI, inició el proceso de congregación de los “naturales”, llamados
así por los españoles, según documentos e informes de esa época; fue
esta política congregacional un proceso sin duda difícil, lento y lleno de
peripecias, implicó el hecho de reubicar a los indígenas en un nuevo sitio;
hubo una gran resistencia hacia este traslado porque los habitantes de las
laderas de lugares como el Tzintzun, Petatzecuaro, Tamanguio, Cutzaro,
Atiquicario, Tziparapio, Tiripano, el orundal, Huajumbo, la huizata y las
actuales localidades de La Tinaja, San Andrés Coapa, Checácuaro y Un-
dameo; ya que los “naturales” preferían seguir en su asentamiento. Sería
hasta principios del siglo XVII, entre los años de 1602 y 1604, que median-
te una cédula real se dio oficialmente la congregación y establecimiento
de una República de Indios en Acuitzio.24
El sitio del actual Acuitzio fue el área elegida para la creación de la
capilla de visita agustina, un punto central de convergencia de los lugares
prehispánicos, ubicado no en la zona de lagunas, tampoco en laderas y

27
villaseñor / martínez

montañas pronunciadas; sino en una planicie, una loma con pendientes


poco pronunciadas y como eje rector la calle real, cuyo punto arranque
fue la capilla de San Nicolás de Tolentino, trazada en dirección norte–sur;
con una lotificación definida entorno a la calle real y que fuera asignada
a algunas familias de españoles de esta forma:

Surgió la traza urbana en dirección Norte-Sur, hacia el Norte el camino de


Tiripetío y su radio de crecimiento hacia el Sur, siguiendo la dirección del
camino que va hacia la tierra caliente, en donde el elemento generador de
crecimiento fue la Capilla Agustina dedicada a San Nicolás de Tolentino,
que desde su creación funcionó como un centro evangelizador y organi-
zador de la estructura del poblado en torno al cual se congregó el asenta-
miento.25 En la parte de la periferia los naturales fueron congregados en
laderas sinuosas, en los barrios; bajo la encomienda de Juan de Alvarado,
quien colaboró en la llegada de los agustinos a sus dominios y, les apoyó
en la consecución de tierras. Los frailes a su vez, en labor evangelizadora
establecieron diversas “visitas” a un radio de distancia de tres leguas, que
más tarde se extendería hasta Tacámbaro.26

San Nicolás de Tolentino, Templo de San Agustín,


Morelia 2024.

28
acuitzio / monografías municipales

En el año de 1601 se emitió oficialmente la instrucción del Virrey


conde de Monterrey a los pueblos cabeceras de la Alcaldía mayor de Va-
lladolid de Michoacán, para que la población indígena dispersa en las
“pequeñas las aldeas” de Michoacán se verificase la concentración de la
población indígena dispersa; se recomendaba también el modo y manera
de formar el pueblo, “acomodando” a cada grupo o estancia congregada
en una misma calle, “llevando siempre la consideración de dejar al pueblo
formado de calles y plaza; procurando incluir agua para beneficio de las
huertas que deban tener dentro de sus casas.”27
A consecuencia de este modelo de traza urbana y congregación
para creación del pueblo la configuración del espacio indígena sufrió
importantes transformaciones, no obstante hubo continuidades en
la forma concebir, habitar la vivienda, preparar los alimentos y en las
maneras de celebrar sus eventos significativos. En tanto, en la vivien-
da de los españoles establecidos en la calle real se dio una lotificación
de acuerdo a la idea de traza ortogonal europea; así la coexistencia de
ambos grupos ocurrió en un poblado mixto, es decir, viviendo grupos
sociales distintos en el mismo poblado, aunque los indígenas fueron
ubicados, en la periferia y los españoles en la calle real. Para ese estable-
cimiento poblacional fue necesario realizar obras de urbanización y tra-
zado de calles del pueblo, con esquemas traídos de España, no obstante
subsistieron en el imaginario indígena entremezclado con lo español sus
formas de vida purépecha.
En el año de 1603 nuevamente se emitió la instrucción de congregar
a los “indios” de los poblados de la jurisdicción de Tiripetío; incluyen-
do “Iaujumbo, Ichaqueo, Oporo, Chicácuaro, Santa Catarina, Quiríngaro,
Cupátaro y Cuntenbaro se congregarán en Tiripetío, Huiramba y Acuit-
zio.”28 A partir de esa fecha, estos pueblos o “visitas” pasaron a ser parte
de la jurisdicción de Valladolid, volviéndose con este hecho más estrechos
(que no más cordiales) los nexos y lazos productivos entre estos poblados
con su cabecera. Los productos cultivados en la región fueron parte del
abastecimiento de Valladolid y Pátzcuaro, incluyendo la mano de obra de
la región, que cubriría los requerimientos de esas ciudades.

29
villaseñor / martínez

En este inicio del siglo XVII, hubo una tendencia por integrar a los
pueblos indígenas a las villas españolas; fueron las instituciones religio-
sas y civiles en conjunto las encargadas de realizar las congregaciones
de la población que, desde el imaginario europeo se decía la gente vivía
“dispersa”, por ello se les debía evangelizar e impartirles los sacramen-
tos, primordialmente el bautismo, confesión, eucaristía, matrimonio y
defunciones. Este periodo se caracterizó por la búsqueda de la concen-
tración multirracial en pueblos y ciudades, en donde indígenas y negros
ocuparon la periferia, mientras los españoles las manzanas centrales. El
esquema de hospital intentó, con cierto éxito, sustituir la organización, es-
tructura comunitaria prehispánica y formar parte del gobierno indígena;
incorporando familias convertidas al cristianismo, para que vivieran una
vez convertidas vivieran en sus espacios, pero de acuerdo a la moral “en
policía” y “buen gobierno.”29
En cuanto al concepto de espacio y maneras de celebrar, para los es-
pañoles, en su imaginario traían una concepción de fuertes antecedentes
medievales: les resultaba un espectáculo nuevo e inusitado la manera de
habitar de los naturales en sitios abiertos; esto porque los europeos pro-
venían de lugares en donde, el frío clima les condicionaba a construir ta-
les espacios urbanos, delimitados por muros, con accidentes geográficos
y restricciones administrativas; por ello no entendían por qué en Nueva
España las ciudades estaban tan “dispersas” que no era posible establecer
en ellas límites. Desde su experiencia urbana y sus vivencias “traían el
esquema de construcciones de trazas laberínticas, definidas por murallas
en donde el crecimiento de la ciudad era solamente en sentido vertical,
aprovechando al máximo los espacios; esto dio como resultado en Europa
asentamientos compactos de alta densidad con un mínimo de áreas abier-
tas”; al explicar los asentamientos indígenas afirmaban:

Es muy pública e notoria que los pueblos de dha provincia de Mechuacán


están muy derramados por dichas partes et estancias… e no estante que
esten ansi derramados les preguntas de donde son siempre responden que
son de la cabecera del pueblo et ansi mismo responden los que viven en los
barrios de dha ciudad de mechuacan et lo mismo dicen los del, pueblo de
Tiripetío et los de esta provincia que aunque estén repartidos et divididos
por muchas partes nunca se nombran si no es por Tiripetío.30

30
acuitzio / monografías municipales

Las Ordenanzas de Felipe II promulgadas el 13 de julio de 1573,


en el caso de Acuitzio fueron en cierta manera aplicadas a principios del
siglo XVII, puesto que no cumplen exactamente con las especificaciones
las indicadas para la plaza, aunque si fue ubicada ésta de acuerdo con
dichas Ordenanzas: en medio de la población y que ésta “fuese en un
cuadro prolongado que tenga de largo una vez, y media de ancho ya que
ese tamaño es el mejor para las fiestas de a caballo y cualquier otra.”31
La grandeza de la plaza debía ser también en proporción al número de
pobladores, considerando que “en los lugares donde hay indios pueden
crecer y no debe ser menor de 200 pies de ancho por 300 de largo, ni ma-
yor de 800 pies de largo y 532 de ancho, la propuesta ideal era de 600 pies
de largo y 400 de ancho”. En el caso concreto de Acuitzio, la plaza mide
210 pies de ancho por 310 pies de largo, por lo que se encuentra dentro del
rango y proporción de estas Ordenanzas.
Es importante señalar que también llegaron algunos frailes con ideas
renacentistas, que buscaban plasmar pensamientos renacentistas distintos
a la concepción de traza medieval, tal es el caso del Virrey Antonio de Men-
doza, quien traía en su biblioteca el Tratado de Alberti, De Reedificatoria, que
marcó las pautas sobre las características que debía tener la ciudad y mues-
tró preocupación por las formas irregulares y la topografía; en su imagina-
rio el virrey consideraba que “las calles que comunican al exterior deben ser
derechas y seguras”, la ciudad utópica por tanto debía ser casi cuadrada,
sugiriendo el diseño de una traza ortogonal hasta donde fuese posible, en
donde el orden debía ser la característica principal.32
Las ordenanzas señalaban la importancia de que de la plaza salie-
ran las cuatro calles principales: una en cada costado de la plaza y dos
en cada esquina, de manera tal que miren a los cuatro vientos principales,
estas calle no debían encontrarse con los portales, traza que en Acuitzio si
tiene cierto cumplimiento, el documento en cuestión señala calles anchas
para los lugares fríos y que “prosigan desde la plaza mayor para que,
aunque crezca la población no haya problemas”.33 Una importante etapa
de fundaciones en América se realizó durante el periodo que abarca del
año de 1535 hasta inicios del siguiente siglo, en ese lapso de fundaciones,

31
villaseñor / martínez

ocurrió con mayor intensidad el proceso de reorganización poblacional,


fenómeno que fue una constante a lo largo del siglo XVII.
Al parecer antes de la segunda mitad del siglo XVI, se inició con
poco éxito el primer intento de congregación en Acuitzio, tal afirmación
se deduce de los documentos de Archivos, como el de Notarías, de la ciu-
dad de Morelia, en donde se habla del otorgamiento de títulos de tierras
para los naturales, que les pertenecen, de acuerdo a su argumento desde
1540, tanto los del pueblo y los de sus antiguos sitios como “Guajumbo,
Tammangueo, Omecuaro y Cutzaro; que lindaban al norte con las tierras
del pueblo de Tiripetío, el río grande de por medio, por el sur con las tie-
rras y vertientes del pueblo de Tacámbaro, por el oriente las tierras de la
hazienda de Checácuaro de los agustinos, y por el poniente tierras mon-
tuosas.”34 Dichas tierras fueron otorgadas a los naturales para que en ellas
sembraran sus productos y construyeran allí sus sementeras. Más tarde
se construyeron en los mencionados sitios de Tamanguio, Huajumbo y
Cutzaro, capillas cristianas, cercanas a los antiguos asentamientos.
De esta manera la Real Cédula, describe fechas en las que oficial-
mente se congregaron los naturales que en ellos habían en el pueblo de
San Nicolás Acuitzio, “Cuya congregación pareze se confirmó, por man-
damiento del excelentísimo Señor Virrey Conde de Monterrey, en México
el zinco de agosto de mil seisientos y dos, arrendo de Pedro de Campos;
y en otro del exelentísimo señor marqués de Monttes y Claros, expedido
en México a treinta y un de marzo de mil seisientos cinco años.”35 Es de
notarse que la recién congregada población convertida después en “Re-
pública de Indios” de Acuitzio, con representantes legales; mediante esos
documentos utilizados en litigios y conflictos, buscó protegerse de los in-
terminables abusos que hasta bien entrado el siglo XVIII, entabló con los
agustinos de Tiripetío, con otros españoles establecidos en el poblado y
hasta con otros indígenas ajenos a la dotación. El documento en cuestión
señala el obligatorio cumplimiento de La Real Cédula para la posesión de
las tierras y de las:
seissientas varas que como pueblo les tocan por cada viento… como por
tener el repartimiento aprobado por el superior gobierno de esta corte sin

32
acuitzio / monografías municipales

perjuicio de tercero…y se les suplen y dispensan qualesquiera defectos y


visios de sus títulos para que por esa razón no se les ponga impedimento ni
embarazo alguno, ni sean obligados a su exsivision ni a medidas ni a entrar
en otra composición, guardando y observando sus linderos… aceptados
por el Real Consejo de Indias.36

La traza de la capilla que originó el actual poblado ocurrió con todo


el ritual ceremonial que los frailes realizaban en un acto de posesión y
apropiamiento de un espacio: en el sitio del altar mayor, precisamente en
donde estaría ubicado el sitio de consagración eucarística, con una yunta
de bueyes se hundió un arado de madera e inició la traza en dirección
norte-sur, enseguida, ya en el exterior, a la derecha de quien presidía el
ritual, estaba un fraile con un enorme cirio encendido, otro monje a la
izquierda portando un libro de bendiciones, uno más con un contenedor
de agua bendita, mientras otro religioso arrancó un puñado de zacate, al
centro quien conducía el acto de posesión del lugar bendijo el sitio y en
el nombre de Dios y de su majestad el rey de España, trazó el espacio del
camposanto afuera de la capilla, igualmente la plaza, los portales las casas
consistoriales y la lotificación de las primeras manzanas del poblado.
A mediados del siglo XVI falleció el encomendero Juan de Alvarado
y, Tiripetío junto con sus pueblos sujetos es tomado y gobernado por la
corona. Debido al tránsito entre Pátzcuaro y Valladolid la región sufrió
excesos por los vagabundos españoles, mestizos y mulatos que andaban
en pos de fortuna. La mezcolanza étnica y el mestizaje ya empezaba a
configurarse; mismo que aumento con la convivencia de los trabajadores
de las haciendas cercanas y los habitantes de los poblados que se fueron
mestizando; fenómeno sumado al paso obligado de los arrieros hacia la
tierra caliente, rumbo a Valladolid y de regreso, transportando mercan-
cías las recuas iban y venían trayendo, y llevando azúcar, frutas y regre-
sando con productos no elaborados en la tierra caliente, “mulatos subían
y bajaban.”37
En Acuitzio Para el año de 1684 se registra el nacimiento de Joseph,
mestizo hijo de padres no conocidos;38tres años después, en 1687, apare-
cen registrados los primeros afroides: Lorenza, “coyota”, hija de María
de los Reyes y de Joseph Tovar, ambos “coyotes”, vecinos del pueblo y

33
villaseñor / martínez

Ramón “coyote”, hijo de Bartolo Juan y de Melchora de Espino; ser veci-


nos indicaba su residencia en las localidades del poblado.39 Para mayo de
1690, se hallan también registradas las primeras familias de mulatos, ocu-
pados en las labores del campo en sitios como Huajumbo, la Hacienda de
San Andrés Coapa y en Lagunillas, allí trabajaban al servicio de familias
de españoles de apellidos Mora, Rentería, Villaseñor, que vivían en esos
poblados.40
Al inicia el siglo XVIII se encontraban residiendo en el poblado de
Acuitzio las primeras familias de mulatos; en 1709 coexisten ya regis-
trados en esa sociedad local 32 parejas de españoles, todos con título de
“Don”; una viuda, tres españoles solteros, dos muchachos y diez “don-
cellas”; 36 parejas de mulatos casados, un viudo y dos viudas, 8 solteros,
7 doncellas y 4 muchachos; es de notarse que la población “india” sigue
siendo mayoría con 280 indios casados, 14 viudos y 34 viudas, 28 solteros
y 76 doncellas,77 muchachos y 14 solteras.41 El comercio con la tierra ca-
liente y la residencia del teniente de Alcalde en Acuitzio Aceleró el declive
de Tiripetío, poblado que en 1716 contaba solamente con 154 “indios”,
17 españoles y 23 mulatos, nada comparable con los 628 habitantes del
pueblo sujeto, en las haciendas cercanas predominan las castas y mulatos,
estos últimos se encargaban del ganado mayor y los indios de sembrar
maíz y trigo.42
En la segunda mitad de ese siglo las poblaciones de la región es-
taban completamente mezcladas, en Acuitzio había 1361 indios junto a
las familias de españoles.43 La población calificada como no india había
crecido, aunque el “partido” se mantiene clasificado como indígena.
Dentro de los pobladores catalogados como indios, para este periodo es-
tán incluidos los descendientes de africanos. Es ilustrativo el caso de José
Morales, “lobo” originario del pueblo de Acuitzio, encarcelado “por estar
ocupando un cargo de gobernador de la República de indios, que no le
corresponde por ley.44
Este hecho ocurre cuando las haciendas y los ranchos españoles
buscaban “extenderse” en las tierras de la República de indios, estos últi-
mos se defendieron por medio de sus representantes, los cuales iban con

34
acuitzio / monografías municipales

frecuencia a la ciudad de México enfrascados en litigios judiciales e in-


terminables pleitos por no perder sus tierras. La calidad étnica “afroide”
de Joseph Morales no le interesa a la comunidad indígena de Acuitzio,
ésta lo ha aceptado como a uno de los suyos, ha crecido en el pueblo, está
emparentado con ellos y confían en él. A decir de los naturales, Morales
“es sumamente ladino, así en idioma tarasco como en castellano, lo consi-
deran el más capaz e instruido en sus títulos y defensas para el amparo de
sus tierras, en lo cual ha procedido con mucha hombría y bien.”45
En el año de 1775 dentro de la administración religiosa, el curato se
componía de ocho pueblos con cabecera en Tiripetío ya en decadencia,
en ese convento vivían seis frailes, siendo el vicario Fray Joseph Thomas
y un ministro co-adjunto, encargado de los pueblos. De ese curato “los
indios” eran de arancel; habitado por muy poca “gente de razón”. En
Santiago Undameo (Necotlán), a dos leguas de allí, vivía Fray Santiago
Aspe, quien atendía además de Atécuaro las Haciendas de Santa Rosalía
y su similar de Tirio; ambas con bastantes ranchos. Al poniente se ubicaba
la hacienda de Coapa, cercana a la hacienda de San Andrés, ambas de los
agustinos del convento de Tiripetío; enseguida el pueblo de Jesús “Gui-
ramba”, media legua más adelante estaba la hacienda de Quiríngaro; y
hacia el sur el pueblo de Acuitzio, en donde radicaba el reverendo agusti-
no ya jubilado fray Joachin Zepeda.46
Un hecho que marcaría el destino de las poblaciones fue el cambio
de residencia de Fray Joachín Zepeda de Tiripetío a Acuitzio, al grado
considerar a éste último poblado cabecera de curato, con el subsecuente
traslado de las actividades religiosa en cuanto a aplicación de sus ser-
vicios cotidianos; argumentando que en el primer poblado no existían
ya los emolumentos, ni la forma de obtener recursos para mantenerse,
porque “Tiripetío es un pueblo muerto, que solo revive en el carnaval y
sus habitantes son holgazanes, que no otorgan limosnas, ni recursos para
el sostenimiento de la parroquia. En cambio Acuitzio tiene un comercio
nada despreciable, los miércoles y domingos realizan un tianguis en la
plaza principal y a lo largo de las calles, sus vecinos son laboriosos y dejan
buenas limosnas”.47

35
villaseñor / martínez

Para esa etapa ya se consideraba a Acuitzio como cabecera de cu-


rato “de hecho”, es decir sin nombramiento oficial; con los mismos ocho
pueblos antes sujetos a Tiripetío, según registran los datos de los libros de
bautismos, matrimonios, defunciones, pindekuarios y padrones incluidos
los indios, españoles y mulatos; se observa que los recursos captados tam-
bién van destinados al Colegio Tridentino de Valladolid. Al finalizar el siglo
XVIII hay una mezcolanza de grupos étnicos tal entre indígenas, españoles
y afro-descendientes que pasaron la línea del color y, aunque se dan cuenta,
los subdelegados del gobierno disimulan, es notorio que en el poblado y
sus comunidades los habitantes “ya no son indios puros, sino mezclados
con las demás castas, pues si se van a esto, no dudo hallarán muy pocas
familias en cada pueblo que conserven la calidad de su origen.48

Torre de la parroquia, siglo xvii (Foto: Noel Téllez, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental)

36
acuitzio / monografías municipales

4.- Espacios de socialización, de encuentros y desencuentros

Dentro de los espacios de patrimonio cultural, los bienes tangibles e intan-


gibles cobran importancia, esto ocurre debido al significado que la propia
comunidad les otorga desde su imaginario y sensibilidad al habitarlo; tal
patrimonio no pertenece a unos cuantos, es de la comunidad; tiene que
ver con la vida cotidiana de sus habitantes, misma que les es significativa
porque representa e integra parte de sus raíces y experiencias allí vividas;
tradiciones y costumbres que les han sido transmitidas, las reproducen a
lo largo de su vida y a la vez heredan a sus descendientes, con sus trans-
formaciones y su dinámica naturales, con una historia propia, en un pro-
ceso incesante traducido en apropiación de bienes culturales, simbólicos,
emotivos y que se añaden a los pe-existentes o los sustituyen según las
circunstancias del caso. Que además se resisten a los modelos de someti-
miento y dominio aunque cobran tintes mestizos.49
En el caso de los habitantes de los grupos sociales en Acuitzio a
partir del siglo XVII, adecuado a las nuevas circunstancias y desde su
imaginario, reprodujeron sus maneras de entender el mundo; desde esta
perspectiva es importante mencionar las funciones de las calles, espacios
construidos y los barrios, estos sitios en cuanto a su aspecto ideológico,
social tenían un significado más amplio. Si bien es cierto que los agustinos
intentaron evangelizar adecuando el calendario litúrgico cristiano con las
celebraciones purépechas y, hacerlos coincidir ambas festividades e inte-
grarlas a la “nueva realidad cristiana”, no es menos cierto que detrás de la
aparente conversión, en las primeras décadas el mundo indígena siguió
realizando sus rituales y festividades, en una aparente conversión, pero
sin olvidar sus antiguas maneras de convivir y ofrendar con sus dioses y
desde luego en espacio abiertos.
Bajo la visión de los frailes se implementaron símbolos y representa-
ciones con un lenguaje oral y visual, a manera de enlace de comunicación
entre el concepto cristiano y la cosmovisión religiosa indígena. Para ello
los frailes utilizaron el teatro, la música, las pinturas, las artes y los oficios;
integradas a los ciclos fiestas incluidos otros recursos lúdicos como la mú-

37
villaseñor / martínez

sica. El Virrey don Antonio de Mendoza, interesado en la evangelización


de Michoacán, solicitó a los agustinos su presencia en la región incluyen-
do la tierra caliente, por lo que Juan de Alvarado, encomendero de Tiri-
petío, pidió al provincial de la orden de San Agustín la presencia de esa
orden, ofreciendo su apoyo para la llegada y consolidación de la orden.50
Los agustinos desde su llegada, ordenaron que todas “las visitas” o
pueblos sujetos, para la realización de las festividades religiosas acudie-
ran al centro rector de los “nuevos poblados”, en este caso Tiripetío, sitio
al que acudían a celebrar los rituales de Semana Santa, con representacio-
nes “posas” o cuadros plásticos de las posadas al aire libre, “realizando
teatro” con temas bíblicos que giraban en torno a la Historia de Salva-
ción de la humanidad, en donde Cristo era el centro de la redención. Se
utilizaba “El pindekuario” que en purépecha significa “el costumbre” o
tradición, era el manual de cantos indispensable para las fiestas del año li-
túrgico católico, escrito en purépecha, utilizado también en las misas “de
gallo” realizadas a la medianoche” al iniciar las Fiestas de año nuevo, y en
las celebraciones locales de cada pueblo, incluyendo al “Santo patrono”,
bajo cuya advocación se encomendó cada pueblo o comunidad.
La administración de los sacramentos y prédica del evangelio reali-
zada por los frailes se efectuaba ya en el siglo XVI en Michoacán en espa-
cios abiertos; los naturales de cada grupo congregado acudían al pueblo
cabecera todos los pueblos que le eran “sujetos”; así como a las celebra-
ciones de rituales funerarias del “Habeas Corpus”, que realizaban con
solemnidad, trayendo cruces, cirios e instrumentos musicales. En tanto,
para las fiestas cada pueblo o visita llevaba sus instrumentos musicales,
sus arcos de flores y celebraban una gran fiesta todos reunidos. Igual cele-
bración se hacía el día de la Santa Cruz; en esas festividades, como afirma
Claudia Morín “Todas las calles del poblado se enramaban, lo que no era
dificultoso por la cercanía de los montes. Todos los que se habían de bau-
tizar con sus ropas limpias, guirnaldas en la cabeza, cadenas y sogas de
lindas flores de Tierra caliente que está muy cerca.”51
Al principio en el recién congregado pueblo de Acuitzio tras la rea-
lización de la traza del mismo a partir de la capilla y calles, solamente un

38
acuitzio / monografías municipales

fraile asistía al poblado por lo menos cada quince días, también impartía
la doctrina a los niños, enseñándoles cantos y oraciones a las personas
mayores, a las que también preparaba para que luego ellas la impartieran
a la comunidad de ser posible diariamente. Tratando de impulsar el evan-
gelio, colocaron los frailes en cada esquina de las calles una cruz, para
que la vieran todos los congregados; en esas cruces al llamado del fraile
“salían los naturales a rezar, a cantar las oraciones devotas a San Nicolás
de Tolentino, a quien pusieron como patrono del poblado, al ángel de la
guarda, y otras, de modo que a aquella hora el pueblo parecía una capilla
de muchos coros.”52
Con el paso de los años continuó la labor agustina con mayor in-
tensidad, buscando impulsar la religión cristiana, todos los viernes los
frailes realizaban la procesión de la imagen de San Nicolás a lo largo de la
calle real y por los barrios, es decir, por “las cinco calles”, llevando músi-
ca y cantos, hasta llegar con la imagen a la capilla. Asimismo, durante la
cuaresma las casas de la población se ataviaban completamente de flores
y diversos adornos que se colocaban de acuerdo a cada barrio; encabeza-
ba la marcha una insignia con la imagen de “La Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo. Enseguida se impartía la confesión y la comunión en grandes
y alegres ceremonias con música y cantos, esta ceremonia se realizaba con
mayor esplendor los domingos de cuaresma.”53
En el siglo XVII los agustinos realizaban anualmente “visitas”
de inspección a las capillas y doctrinas a su cargo. En el año de 1664
en Acuitzio el visitador, fray Álvaro de Soria, confesor del obispo
Marcos Ramírez del Prado, fue recibido con gran solemnidad en la
puerta de la Iglesia a las diez de la mañana con gran solemnidad:
cruz alta, ciriales encendidos, ministro revestido con capa, oracio-
nes cantadas y rezadas de acuerdo al misal romano, acompañado del
reverendo fray Marcos de la Fuente, prior del convento de Tiripetío,
y del reverendo fray Francisco Villalobos, prior del convento de San
Francisco Etúcuaro; se les dio una bienvenida con incienso. Estando
toda la población presente, incluidos los naturales acompañados de
un intérprete, se recorrieron los altares de la capilla, el “baptisterio”,

39
villaseñor / martínez

la pila bautismal, los recipientes que guardan los “Santos Óleos”; en


el cuerpo de la iglesia, cantaron un responso.54
Al día siguiente se celebró la misa, enseguida se hizo comparecer
a hombres y mujeres naturales de la doctrina a quienes encontró “bien
instruidos”, verificó la labor de un “indio viejo” que enseñaba la doctrina
cristiana a los varones, en tanto “una india vieja” instruía a las mujeres;
ambos ayudantes promovían el matrimonio católico entre los naturales.
Se encontró el hospital “muy curioso y decente”, y la capilla “muy aseada
y curiosa”, con dorado nuevo. También se revisaron los libros de bautis-
mos, “entierros” y casamientos y el “libro donde se asientan las elecciones
de maiordomos y priostes del hospital de este dicho pueblo de Acuitzio y
las quentas”.55 El documento mencionado habla también de la importante
visita a la capilla de Acuitzio del Doctor Francisco Arnaldo Ysassi, Obis-
po de Puerto Rico. En tanto Fray Francisco Hernández era el encargado
de la capilla de Acuitzio. Por otra parte también declararon el prioste y
mayordomo de la República de indios poseer en comunidad 120 reses,
entre hembras y machos y 26 yeguas.56
Es el siglo XVII una etapa de conflictos y luchas por la difícil con-
solidación de las políticas de administración del modelo de gobierno
virreinal en coexistencia con una heterogénea y multicultural sociedad.
Situación que, a pesar de la consumación de la independencia tuvo con-
tinuidades hasta mediados del siglo XIX y solamente cambiaría en sus
leyes con la Guerra de Reforma.

5.- Una añeja rivalidad entre Tiripetío y Acuitzio

Un problema constante en el periodo virreinal fue el interminable pleito


por las tierras de la región entre encomenderos y frailes contra las Repú-
blicas de Indios; a mediados del siglo XVII, esta situación era de difícil
solución aún para las autoridades virreinales. A manera de ejemplo, Fray
Antonio de Salas, prior del convento de Tiripetío, desde 1668 promovió
un litigio contra el gobernador y los naturales de San Nicolás Acuitzio,
quienes tenían sembrados unos terrenos presuntamente agustinos; argu-

40
acuitzio / monografías municipales

mentaban los frailes que ellos eran los legítimos dueños de dichas tierras
desde río arriba y “todo lo que mira hacia el pueblo de Tiripetío, y la parte
que mira hacia Coapa como consta en los recaudos presentados”.57 El li-
tigio se llevó a la Real Audiencia de La Nueva España y, como en muchos
otros casos, no tuvo una pronta resolución legal.
La cercanía y condiciones similares entre los habitantes de Acuitzio
y Tiripetío propiciaron conflictos permanentes entre ambos; no faltaron
los pleitos por el control de la administración tanto civil como religiosa y
por la posesión de tierras en la región. Conforme a lo estipulado en la Real
Cédula en el momento que se reconoció legalmente la dotación de tierras
a los congregados, en la segunda década del siglo XVIII, se admitió el dic-
tamen de 1714 en apoyo a la República de indios de Acuitzio, supliendo
las faltas y posibles “vicios” de sus títulos para que se marcasen los linde-
ros sin impedimento alguno, ni cobro ya que “por la calidad de indios es-
tán eseptuados… por el Real Consejo de Indias, ni de pagar media anatta,
ni las an de poder vender, donar ni enajenar sin justificación, licencia del
superior gobierno y demás solemnidades justicias.”58
Las autoridades de la República de Indios de Acuitzio en el año de
1763 encabezados por su alcalde, regidores y demás “viejos” del pueblo
se quejaban ante sus autoridades superiores del gobernador de Tiripe-
tío, quien exigía a los de Acuitzio vigas, tablas y tejamanil para las Casas
Reales del pueblo cabecera, también los obligaba a servir de peones gra-
tuitamente; argumentaban en su queja que en su pueblo ya tenían Casas
Reales, Parroquia y Hospital; además de estar separados de su supuesta
cabecera desde hacía varios años; en el entendido que hacían sus fiestas
y celebraciones sin pedir nada a los de Tiripetío, puesto que fray Joachin
Zepeda ya vivía en Acuitzio y desde ahí daba sus servicios religiosos.59
Como era de suponer los de Tiripetío se oponían a deja de ser
cabecera y a perder la mano de obra y material gratuitos que otorgaba
el pueblo legalmente sujeto a ellos. En 1777 de nueva cuenta la Repúbli-
ca de Indios de Acuitzio encabezada por Juan Nicolás, Phelipe Santia-
go, Pedro Servantes, Caliz, Thomas Alipio y Juan García continuaron la
inerminable querella por la posesión de las tierras, pleito al que se unió

41
villaseñor / martínez

otro contra los Villagas de Uango (hoy Villa Morelos), y uno más contra
los Barrera de Huajumbo; para poder pagar los gastos generados en esos
asuntos los naturales tuvieron que arrendar las tierras del rancho de la
Angostura, que lindaban al oriente con Chicácuaro, la Hacienda de San-
ta Rosalía y Tirio, al poniente con las de Coapa, y al sur con las “tierras
altas” del pueblo de Acuitzio.60
Las celebraciones religiosas, en este periodo cobraron relevancia en
Acuitzio, esta situación se reflejó en los ingresos de limosnas que eran
mayores para el templo: había una mayor cantidad de fieles que reque-
rían los servicios espirituales; circunstancia que favoreció la llegada per-
manente del cura a este poblado en 1775, se trataba del Reverendo padre
superior jubilado Fray Joachin Zepeda; quien a su llegada plasmó en los
libros parroquiales los registros y padrones por cobros; mientras el vicario
se quedó a atender en Tiripetío, por lo que “assi ya se entiende por Cabe-
cera Aquitzio, ha crecido mucho y no tiripitio este se ha deteriorado y este
de Aquitzio, ha crecido mucho assi en Yndios como en gente de razón,
dentro y fuera por rancherías, tiripitio es de tazacio, y toda que no pagan
los indios (ilegible).”61
En el último cuarto del siglo XVIII en 1778, la rivalidad entre los
poblados de Acuitzio con Tiripetío se tornó aún más complicada. Con las
Reformas Borbónicas la orden agustina disminuye su influencia, poderío
económico y cada vez le fue más difícil el control de los pueblos que le
estaban sujetos; es tal la decadencia del “pueblo cabecera”, que el The-
niente de partido que debía residir en ella, también “se ha pasado” a vivir
a Acuitzio, abusando además en ese poblado de los naturales cobrándoles
“cancelaje” o impuestos indebidos, hasta en la misma, fiesta titular de San
Nicolás les cobraba cuando “forman su plaza de toros; siendo ellos los
que acarreaban las maderas se aprovechaba el Theniente de ellas, de tal
manera que hasta los extraños que acudían de fuera a instalar sus puestos
“movedizos” les repartían los sitios y les cobraba por ello, contraviniendo
las Leyes.”62
De esta situación también se quejaron los de la República de indios
de Acuitzio ante las autoridades superiores al teniente de partido, pedían

42
acuitzio / monografías municipales

que no se les prohibiera “hacer sus tianguis y mercados antiguos” en su


pueblo, asimismo que a los indios presos por embriaguez u otra causa no
les cobrasen costas ni derechos, ni “cancelajes” las justicias ni los carce-
leros”. El teniente a su vez reportó otras irregularidades de los de Acuit-
zio, por ejemplo les prohibió a los abastecedores de carnes matar ganado
clandestinamente por la noche y ocultar las pieles para no pagar lo que
indicaban las leyes.63
Al iniciar el siglo XIX, el pleito entre ambos poblados era tan in-
sostenible que resultaba difícil de mantener la relación en buenos térmi-
nos; en 1804 el Alcalde indígena de Acuitzio Francisco Benito, junto con
otras autoridades locales, a nombre del común de los naturales se quejaba
amargamente ante la Real Audiencia y el intendente de Valladolid, de las
acciones del subdelegado de Tiripetío, quien les exigía “costas de cance-
laje” y otras demandas además de abastecer de “tejamanil” para las casas
Reales de ese último pueblo. En respuesta a esta queja, el subdelegado
argumentó a la Real Audiencia que su actitud ante los de Acuitzio era
para frenar y corregir los vicios de éstos, en tanto era su deber obligarles a
dar “texamanil para techar los edificios y casas reales de Tiripetío, aunque
eran enemigos un pueblo del otro “a causa que tiene el de Acuitzio que
quiere ser cabezera y lleva a mal que lo sea Tiripetío.”64
En ese conflicto también argumentaba el subdelegado, que los
naturales de Acuitzio en las fiestas de San Nicolás de dicho pueblo,
era indispensable la presencia del juez “para contener los excesos y
desórdenes que en semejantes días se cometen, tanto por la variedad
de gentes que concurren, como por los mismos naturales, es preciso
mudarse a pie al pueblo y llevar todos los menesteres para la manu-
tención, cocinera, mozo y cabalgaduras… la mula de almofres, trastos
y víveres de su peculio.”65
La molestia era también porque el subdelegado afirmaba que los
“indios”, en esa “función”, mataban catorce reses y bebían muchas
ollas de “Charape” aguardiente, pan, tamales, tortillas y otros platillos
de manera tal que “no les merece el juez ni una gota de agua”…66, y con
cierta ironía afirmaba: “El pueblo de Acuitzio está tan pobre que rara

43
villaseñor / martínez

es la casa donde no se vende la bebida del charape, que no hay fiesta


o junta donde no se hagan comidas abundantes y sobra la vevida y yo
me he procurado encerrando borrachos, de ahí es que no lleven a bien
mi hida al pueblo.”67 El padre visitador propuso al gobernador indíge-
na, prioste, mayordomo y demás naturales “celebrar las fiestas que su
majestad por sus Reales Cédulas tiene encargada que se haga en estos
reinos”.68 Sobresalían las celebraciones de los Reyes, la Santa Cruz, la
Cuaresma, Semana Santa, el Corpus Christi, San Juan, La Ascención, La
Asunción, La de San Nicolás de Tolentino, “Todos Santos”, La Concep-
ción, La Virgen Nuestra Santísima Señora, La Pascua de Navidad y las
de Año Nuevo, todas cantadas y con sermón.
Es importante señalar la difícil coexistencia de los diferentes gru-
pos sociales habitando en el poblado y sus localidades cercanas, no son
pocos los expedientes que contienen querellas y demandas por abusos
de diferente índole; a manera de ejemplo podemos mencionar el caso de
Pedro Alexandre, español quien agredió a los indígenas Nicolás Calix y
a Ventura Bartolomé; asimismo se le acusaba del abusó que sexualmente
hizo a una mujer casada, por lo que los indígenas pedían que el susodicho
Pedro saliera del pueblo. Situación similar ocurrió con Juan Francisco Vi-
veros; o con el “Quate” (sic), también español, quien golpeaba e insultaba
a mestizos e indígenas sin motivo aparente.69 En contraparte está el caso
denunciado por Bicente Sánchez (sic), quien argumentaba que sembró tri-
go en Acuitzio y fue golpeado por Gerónimo Santiago de la República de
Indios, luego fue atado y azotado sin más motivo que la embriaguez del
alcalde y demás.70
Es notorio el crecimiento poblacional de Acuitzio en el último
cuarto del siglo de las luces; en efecto, de acuerdo con el padrón levan-
tado en 1775, había 2993 “adultos de confesión, entre españoles, mesti-
zos, mulatos, lobos, castas, e indios laboríos, con un mil setenta y cua-
tro de arancel y trezientos y zinco de tasación.”71 Cabe señalar que en
ese tiempo ya se considera a Acuitzio “curato de hecho”, desplazando
a Tiripetío en lo administrativo, es decir, de forma práctica; abarcando
una demarcación de “diez legua de oriente a poniente y otras tantas de

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acuitzio / monografías municipales

sur a norte, que se compone de feligresía de españoles y demás castas


(ilegible), y rancherías inmediatas a ellas, con setecientas trece personas
“de razón”, y de indios de pueblo y laboríos, doscientos y el (ilegible)
trescientos trece personas (ilegible).72
De igual manera, en el “Resumen de los Yndios contenidos en matrí-
cula de tributarios”, del Corregimiento de Valladolid, para su liquidación
en el año de 1794, se muestra el descenso de habitantes de Tiripetío, en
donde, según el resumen vivían: el gobernador de la república de indios,
sus alcaldes y 26 individuos de ambos sexos, “reservados”, 7 ausentes, 14
viudas y solteras, 92 niños y niñas, 42 “Yndios” en edad casados con “yn-
dias”, 21 viudos y solteros y 8 próximos a la edad de tributar, en tanto en
Acuitzio además del gobierno con sus alcaldes habitaban 53 yndividuos
(sic) reservados, 12 ausentes, 100 viudas y solteras, 322 niños y niñas, 174
“indios” de edad casados con “yndias”, 63 viudos y solteros y 17 próxi-
mos a la edad de tributar, lo que representaba el doble y en algunos ru-
bros el triple de población respecto a su cabecera.73 Además existían más
de 100 personas avecindadas en el pueblo, así como los mulatos libres,
también tributarios, sin contar las familias de españoles habitando a lo
largo de la Calle Real.
En el ocaso del siglo XVIII existía ya el comercio de cierta impor-
tancia ubicado a lo largo de la calle real; de acuerdo al padrón de tiendas
levantado por las autoridades que para regularizarlas, se registraron en
el pueblo de San Nicolás Acuitzio: la tienda de Don Joachín Servín, fun-
cionando desde 1793, que también era una pulpería (que eran tiendas que
vendían productos para el abasto, como vino, aguardiente, medicamen-
tos, droguería y mercería), sin licencia y por tanto sin pagar impuestos;
a nombre del mismo dueño mismo, otra pulpería de mayores ingresos
abierta en 1795, con licencia y pago de derechos; otra tienda pulpería de
Don Miguel Cervantes abierta en 1784, sin licencia ni derechos; una más
de la “Yndia” María Teresa Rico abierta en 1797, sin licencia; una similar
de Don Antonio Xirón, 1797, sin licencia; también existía la de Don Vicen-
te Medrano, abierta en 1799, sin licencia; la de Don Antonio Gutiérrez,
tampoco tenía licencia ni la de Don Agustín como tampoco la de la “Yn-

45
villaseñor / martínez

dia” María de la Luz Rico.74 Este incipiente auge comercial disminuyó


considerablemente con la guerra de Independencia, situación que preva-
leció hasta el triunfo de la república restaurada en 1867.

A manera de reflexión

En el asentamiento humano de la cabecera municipal del actual sitio que


ocupa Acuitzio del Canje, a mediados del siglo XVI, con la llegada de
los frailes agustinos a Tiripetío, dio inicio el proceso de evangelización y
congregación indígena de los pobladores que habitaban esos espacios en
forma abierta, “dispersa e irregular” desde la concepción europea; por lo
que buscaron concentrarlos cerca de los españoles, quienes fundaron y
trazaron el actual poblado, cuyo vértice se originó en la capilla de visita
de San Nicolás, con su panteón y casa Hospital seguido de la plaza, porta-
les y calle real, misma que lotificaron para establecer allí familias de espa-
ñoles y a su alrededor a los congregados en República de Indios, quienes
lucharon contra frailes y españoles a lo largo de ese periodo para que les
fueran reconocidas las tierras que “les otorgó” la corona al momento de
congregarlos.
En esta difícil coexistencia entre grupos sociales hubo una mez-
colanza cultural, étnica, económica, de intereses y maneras de entender
el mundo que desembocó en una realidad compleja en sus formas de
construir, habitar y vivir bajo una misma religión. Existieron modifica-
ciones, permanencias y adecuaciones donde de forma ineludible cada
grupo dejó impresa una huella indeleble de sus raíces culturales. De ese
fenómeno surgió el mestizaje cultural actual, con su ritmo propio, ma-
neras de celebrar sus fiestas, tradiciones, lenguaje, alimentación entre
otras expresiones.
Casi a finales del siglo XVIII, ya con un mayor auge y crecimiento
poblacional que Tiripetío, el pueblo de San Nicolás Acuitzio aparece en
la lista de pueblos con más de 100 familias; y es señalado con 136 fami-
lias divididas en indígenas, mestizos, negros, mulatos y españoles;75 con
autoridades distintas: para los españoles un auxiliar de alcalde mayor, y

46
acuitzio / monografías municipales

como autoridades indígenas, a dos alcaldes “padres de menores”. Fue ese


siglo el de la llegada de los borbones al poder en España; desde donde
se instituyeron numerosas reformas en sus dominios, una de ellas fue la
creación de intendencias, como la de Valladolid del Obispado de Michoa-
cán, divididas en 10 alcaldías.
En la alcaldía mayor de Valladolid quedó comprendido Tiripetío
como cabecera a la que seguía estando sujeto Acuitzio, cuyo templo fue
quemado el 18 de mayo de 1811 y, arrasado el centro del poblado el 7 de
septiembre de ese mismo año por el coronel español Joaquín del Castillo
Bustamante, quien además de quemar la capilla, incendiar trojes, vivien-
das de adobe, madera, y casas de la periferia atacó también el centro del
poblado e hizo arder algunas casonas de la calle real, bajo el argumento
de que los acuitzenses eran protectores de los insurgentes Manuel Muñiz,
Ignacio Rayón, José Antonio Torres y Manuel Villalongín.76 Los poblado-
res vivieron en la zozobra y el miedo las etapas de la lucha insurgente, su
consumación y las décadas siguientes; realizando sus ceremonias de for-
ma austera; laborando apenas para sobrevivir. En el periodo siguiente, el
triunfo liberal de 1867 trajo cambios profundos de tipo legal, en la imagen
urbana, y vida de sus habitantes el resto del siglo XIX tras la separación
del estado del clero.

47
acuitzio / monografías municipales

capítulo ii
La construcción de una jurisdicción territorial-administrativa:
La comarca de Acuitzio, Michoacán, entre los siglos xvi-xix

Por: Ramón Alonso Pérez Escutia


Facultad de Historia-umsnh

El texto tiene como hilo conductor el planteamiento y análisis en diferentes


momentos históricos de la concurrencia de factores, circunstancias y eventos
de alto impacto, para modelar con diversa intensidad la geografía territo-
rial-administrativa del espacio físico que en la actualidad corresponde a la
municipalidad de Acuitzio, entre el tiempo de la configuración del sistema
colonial novohispano, a partir de la política de congregación de pueblos y
hasta el tiempo posterior a la formal creación del municipio de ese nombre.
Se consideran como factores determinantes el posicionamiento geográfico, el
capital demográfico y la dinámica económica, social y política en este proceso
de larga temporalidad. En este tenor, se hace énfasis en la rivalidad que pro-
tagonizaron, con sus diferentes vaivenes, a lo largo de los siglos los habitan-
tes de los pueblos de Tiripetío y Acuitzio por la hegemonía comarcal.

1.- Las pugnas jurisdiccionales del periodo colonial

Los escasos ocho kilómetros que separan a los pueblos de Acuitzio y Tiri-
petío, ambos con raíces prehispánicas, son una razón más que suficiente

49
villaseñor / martínez

para que a lo largo de su historia el espacio geográfico en el que se ubican


haya sido escenario de una sistemática disputa por la hegemonía juris-
diccional y las prerrogativas y beneficios inherentes, con la consecuente
rivalidad individual y colectiva entre los vecinos de una y otra localidad.
A través de la documentación que se generó en el transcurso del tiempo
con motivo de los muchos litigios que sostuvieron sus autoridades en de-
fensa de sus posicionamientos y expectativas de autonomía territorial-ad-
ministrativa, los de Acuitzio argumentaron que ya desde los tiempos del
señorío tarasco esa población había sido de importancia demográfica y
económica, lo que se habría traducido en la asignación y disfrute de la
categoría de pueblo cabecera de su entorno geográfico por parte de los
sucesivos cazoncis.77
La comarca de Acuitzio y sus habitantes quedaron englobados des-
de el lapso 1524-1525, dentro de la jurisdicción de la encomienda con ca-
becera en el pueblo de Tiripetío, asignada inicialmente a Juan de Alvara-
do, tomada más tarde por Hernán Cortés y usufructuada desde 1528 de
nueva cuenta por Juan de Alvarado y sus herederos.78 En el ámbito ecle-
siástico Acuitzio figuró poco tiempo después como uno de los pueblos
del priorato o doctrina con cabecera en San Juan Tiripetío a cargo de los
padres agustinos, con la advocación de San Nicolás de Tolentino. Es pro-
bable que no obstante el colapso demográfico de la población indígena
durante los dos últimos tercios del siglo XVI, la comarca de Acuitzio haya
alcanzado el estatus de cabecera de República de indios hacia mediados
de esa centuria, como lo argumentaron en algunos de sus litigios sus auto-
ridades locales. En ese tenor, en 1602, la víspera de la magna congregación
de pueblos en torno de la ciudad de Valladolid de Michoacán, sede de la
alcaldía mayor homónima, se habría efectuado todavía en ese pueblo la
elección de oficiales de República.79
Alrededor de 1550-1551 se instituyó un corregimiento con cabecera
en el pueblo de Tiripetío, con autoridad sobre todos los pueblos comar-
canos. A partir de 1554 el magistrado encargado de esa jurisdicción tuvo
atribuciones para administrar además de todo el espacio geográfico cir-
cundante buena parte de la porción sureste de la Tierra Caliente, por lo

50
acuitzio / monografías municipales

que para efectos gubernamentales civiles el pueblo de Acuitzio y sus ran-


chos y rancherías dependientes quedaron incluidas dentro de esta demar-
cación. El corregimiento con cabecera en Tiripetío al igual que algunos
otros fue eliminado a principios del siglo XVII y sustituido por la figura
territorial-administrativa del tenientazgo de alcaldía mayor con atribu-
ciones similares a la institución precedente.80
La formal creación de la alcaldía mayor de Valladolid en el año de
1603 cambió de manera sustancial la añeja composición espacial del cen-
tro de la provincia de Michoacán. Entre las acciones concurrentes figuró
la congregación de los habitantes de Acuitzio y Jesús Huiramba, en el
pueblo con cabecera en Tiripetío, los que en conjunto tenían una pobla-
ción de 264 indios tributarios. Para el caso específico de Acuitzio se le
refiere con la aportación de 80 tributarios lo que representaba casi un
tercio del total.81 Lo anterior pone de manifiesto el momento más agudo
de la crisis demográfica que embargó al centro de la Nueva España en
los albores del siglo XVII.
La precariedad demográfica que prevaleció durante la mayor par-
te de la primera mitad de esa centuria inhibió la posibilidad de que el
vecindario y las autoridades de Acuitzio, gestionaran un mejor estatus
territorial-administrativo. Ilustrativo de esa situación fue el hecho de que,
alrededor de 1631 esa localidad figurara como integrante del priorato
agustino de Tiripetío y con escasos 20 vecinos tributarios. Las condiciones
de pobreza material las ponía de manifiesto el hecho de que, “los pueblos
de Tiripetío, el de Jesús (Huiramba) y el de Acuitzio, cada uno tiene su
hospital sin más propios ni rentas que la que los naturales recogen de
limosna y sus sementeras” En su caso concreto el de Acuitzio “hace una
buena milpa de trigo, tiene hogaño, casi doscientas fanegas de cosecha,
siémbrala en tierras arrendadas.”82
Esto último se constituyó en un claro indicio de la lenta pero soste-
nida recuperación económica. Tan fue así que para principios de la década
de los años sesenta del siglo XVII, los integrantes de la República de indios
de Acuitzio estuvieron posibilidad de litigar ante los tribunales con aque-
llas instituciones y actores sociales que consideraban afectaban sus dere-

51
villaseñor / martínez

chos y prerrogativas. Sin reparar en las descalificaciones y obstáculos in-


terpuestos por sus antagonistas y enemigos, las autoridades de República,
representantes y apoderados legales del pueblo de Acuitzio procedieron a
litigar ante los más altos tribunales novohispanos en defensa de sus de-
rechos y privilegios. La perseverancia en este sentido dio frutos positivos
pues con fecha 15 de noviembre de 1663, lograron de la Real Audiencia una
provisión para que las autoridades del tenientazgo de justicia de Tiripetío
no les gravaran con cosa alguna ni se les obligara a la prestación de servi-
cios personales, para ir a trabajar a lugares como reales de minas, obrajes
y trapiches a través del sistema de Repartimiento.83 Bajo ese escenario se
presume que los vecinos indígenas de Acuitzio eligieron sin obstáculos ni
contratiempos autoridades de República en los años de 1660 y 1664, las que
fueron confirmadas y legitimadas sin mayores objeciones por el virrey y la
tácita anuencia del tenientazgo de Tiripetío.84
La recuperación demográfica del tiempo posterior y quizás la
complicidad de algunas autoridades de la alcaldía mayor generaron las
condiciones para que los vecinos de Acuitzio eligieran de manera inde-
pendiente sus autoridades de República por lo menos hasta 1688. Para
entonces ya habían ganado fama de cavilosos, beligerantes y desinhibidos
para pugnar ante los diferentes tribunales coloniales por sus expectativas
de autonomía territorial administrativa. En torno de ello desarrollaron
como elementos centrales de argumentación su presunto superior capi-
tal demográfico y de actividad económica con respecto de la cabecera de
Tiripetío. En ese tenor, acusaron a los padres agustinos de discriminación
en el trato y cobro excesivo por los servicios espirituales por lo que en di-
ferentes momentos expresaron la pretensión de contar con curato propio
a cargo del clero secular.85
A pesar de estos imponderables intermitentes, en términos genera-
les, la real provisión de 1663 propició un largo periodo de paz entre los
habitantes de la comarca de Acuitzio y sus antagonistas, lo cual fue cre-
cientemente trastocado por las condiciones de reactivación demográfica y
económica que se configuraron en la Nueva España desde mediados del
siglo XVIII. De tal suerte que ya para 1760-1761, bajo condiciones que no

52
acuitzio / monografías municipales

quedan del todo claras, entraron en conflicto con el párroco de San Juan
Tiripetío, Juan Antonio de Soria, así como con la “gente de razón” que ve-
nía radicado temporal o definitivamente en el pueblo, demandando equi-
dad en el pago de salarios para el clérigo, así como en el pago de diezmos
y de obvenciones parroquiales. La intervención del teniente de alcalde
mayor de Tiripetío, Juan de Soria, fue motivo para que los indígenas de
Acuitzio, ya señalados con evidentes propósitos de denuesto de tener “el
vicio de la embriaguez y ser tumultuarios”, protagonizaran una confron-
tación discursiva con este funcionario al que acusaron de inequitativo a la
hora de impartir justicia además de requerirles bajo coacción la prestación
de servicios personales para esa cabecera de partido.86
Los vecinos de Acuitzio consideraron que esa exigencia violentaba
la real disposición de un siglo atrás, por lo que en la primavera de 1763 se
aprestaron para litigar una vez más. La cuestión fue asumida por los ofi-
ciales de República, Agustín de Agüero, alcalde; Santiago Joseph, regidor;
Joseph Santiago, alguacil mayor; Buenaventura Bartolomé, escribano,
así como los indígenas más “viejos” de la comunidad. Estos personajes
comparecieron a principios de la primavera de ese año en la ciudad de
Valladolid ante el alcalde mayor, Luis Vélez de la Cueva, para denunciar
al gobernador de República de Tiripetío de pretender obligarlos a aportar
vigas, tablas, tejamanil y otros materiales, para la reparación de las casas
consistoriales de ese pueblo, a lo que se consideraban no estar obligados
por vivir en igualdad de condiciones. Los de Acuitzio detallaron ante el
funcionario los procedimientos de los oficiales de República para coaccio-
narlos en lo individual y lo colectivo para trabajar en calidad de peones y
sin remuneración alguna en estas tareas.87
A eso agregaron las autoridades de República de Acuitzio que ellos
poseían desde tiempo inmemorial sus propias casas reales, hospital y pa-
rroquia, espacios en los que celebraban por cuenta y riesgo sus activi-
dades de gobierno interno, ceremonias, ritos religiosos y festividades de
todo tipo con total independencia de Tiripetío.88 Esta versión fue contra-
dicha por el gobernador de República de Tiripetío, Agustín Martín, quien
argumentó que era falsa la presunta autonomía de Acuitzio como cabe-

53
villaseñor / martínez

cera de República de indios, puesto que sus vecinos nunca eligieron un


gobernador propio y que únicamente nominaban alcalde y demás funcio-
narios. De igual forma expresó que, aunque Acuitzio tuviera autonomía
para actividades prácticas de gobierno interno y celebraciones religiosas
y sociales, ello no lo exoneraba de la presunta supeditación y obediencia
que debía a Tiripetío como cabecera de partido.89
Los miembros de la comunidad indígena de Acuitzio por conducto
del escribano de República, Buenaventura Bartolomé, contra-argumenta-
ron con sustento en la documentación histórica en su poder, enfatizando en
lo ya referido párrafos atrás sobre la elección de sus autoridades en los años
de 1602, 1660 y 1664, con la anuencia de las autoridades virreinales y de la
alcaldía mayor de Valladolid. Este personaje aprovechó para insistir en la
salida del pueblo de Acuitzio de los españoles y mestizos radicados en ese
lugar desde varios años atrás, a los que se acusaba de manera unánime de
incurrir en constantes abusos, usurpar y disfrutar ilegalmente de sus bienes
de comunidad y ser factor de tensión y confrontación social, entre otras co-
sas por mantener “amistades ilícitas con las mujeres del pueblo”.90
En virtud de que el litigio se perfilaba como largo, extenuante, cos-
toso y con la postura irreductible de las partes, se registró la enérgica in-
tervención del teniente de alcalde mayor de Tiripetío, quien sensibilizó y
conminó a las autoridades de República de ambos pueblos a dirimir de
manera informal sus discrepancias. Los de Tiripetío aceptaron desistirse
de lo que consideraban como obligatorio y tradicional de parte de los de
Acuitzio de prestar sin condicionamientos servicios personales en ese lu-
gar durante el año de 1763; y los de este último procederían a pagar los
costos del litigio de lo que no trascendió a cuánto ascendían.91 Es muy
probable que los eventos de alto impacto que se suscitaron en la provincia
de Michoacán en el tiempo subsecuente, como los motines populares de
1766-1767, en lugares como Valladolid, Pátzcuaro y Uruapan, devenidos
de la inconformidad social generalizada por la reformas implementadas
por la Corona y la expulsión de los padres jesuitas, hayan influido para
que el pleito entre los vecinos y autoridades de Acuitzio y Tiripetío pasara
entonces a un segundo plano de atención.92

54
acuitzio / monografías municipales

Las magnas reformas promovidas por la corte del rey Carlos III se
hicieron extensivas hasta la remota comarca de Acuitzio, en la provincia
de Michoacán, en los años finales del siglo XVIII. A través de la Real Orde-
nanza de Intendentes de la Nueva España de 1786 se dispuso la introducción
de nuevas figuras territorial-administrativas imitando el modelo francés,
como fueron las intendencias y las subdelegaciones. La intendencia que
tuvo como cabecera la ciudad de Valladolid de Michoacán se formalizó
en 1787 y fue su primer titular fue el ilustrado Juan Antonio Riaño.93 Este
funcionario procedió a la creación de las subdelegaciones al interior de
esa demarcación para lo cual se invocaron diversas razones y circunstan-
cias de carácter geográfico, económico, demográfico, político y fiscal. La
subdelegación instituida al sur de la ciudad de Valladolid, con fecha 15
de octubre de 1788, tuvo como cabecera al pueblo de Tiripetío siendo su
primer titular Gaspar Pardo.94
Esta unidad territorial-administrativa fue compuesta por el pueblo
cabecera de Tiripetío, así como los de Etúcuaro, Huiramba, Acuitzio, San-
tiago Undameo y Atécuaro, habitados de manera mayoritaria por pobla-
ción indígena.95 El modelo fiscal borbónico de perfil netamente expolia-
dor sobre el que se sustentó el funcionamiento de las subdelegaciones,
de manera inevitable recrudeció las tensiones entre sus autoridades y el
grueso de los habitantes. La reactivación demográfica y económica novo-
hispana de la segunda mitad del siglo XVIII se hizo sentir en estos lares,
pues la parroquia de San Juan Tiripetío figuró durante ese lapso como
una de las de mayor tasa de natalidad al prácticamente duplicarse su po-
blación entre los años de 1760-1792 y no obstante los efectos negativos de
la devastadora crisis de subsistencia del periodo 1785-1786.96
El creciente trajín comercial materializado en las decenas de recuas
y hatajos guiados por animosos arrieros que recorrieron de manera ince-
sante los caminos situados entre la región de la Tierra Caliente de Michoa-
cán y el centro-norte de la Nueva España, con puntos de concentración en
Tacámbaro, Pátzcuaro Valladolid, los pueblos y villas del Bajío así como
los reales de minas de Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí, explican
el porqué del crecimiento que registraron localidades intermedias como

55
villaseñor / martínez

Acuitzio, Santiago Undameo y el propio Tiripetío.97 Ello se completó con


la consolidación de la agricultura comercial en las feraces fincas de la lla-
nura de Coapa, las que además de abastecer holgadamente a la opulenta
Valladolid de Michoacán, exportaban sus excedentes hacia aquellos reales
mineros y la gran Ciudad de México.98
Pero esta inusitada actividad agropecuaria se produjo en gran medida
a costa de los bienes de comunidad de los pueblos adscritos a la subdelega-
ción de Tiripetío. Hacia 1800 los ocho pueblos que componían para enton-
ces esa demarcación, incluido San Nicolás Acuitzio, poseían en conjunto 27
ranchos. Los miembros de sus comunidades de indígenas protagonizaban
largos, complejos y costosos litigios con fincas de campo colindantes ante los
tribunales locales y virreinales, que fueron la causa principal de las tensiones
sociales que estuvieron presentes hasta el momento mismo del estallido y de-
sarrollo de la Guerra de Independencia.99 A esos males se sumó la sistemática
política de expoliación de la Corona al instrumentar préstamos y donativos
forzosos para financiar sus múltiples empresas bélicas en Europa. Ilustrativo
de ello fue el donativo que en el lapso 1798-1800, realizaron los vecinos de
los pueblos de la subdelegación de Tiripetío, a cargo de José Manuel Barocio
-entre ellos Acuitzio- por un monto de 3,094 pesos, lo que contribuyó a la
profundización de sus condiciones de precariedad económica.100
Bajo ese escenario en los años de 1795 y 1804 de nueva cuenta los
representantes y apoderados del pueblo de Acuitzio y su espacio comar-
cano, en el que ya tenían intereses comunes indígenas y mestizos, acudie-
ron ante las autoridades de la intendencia de Valladolid, a cargo de Felipe
Díaz de Ortega, para insistir una vez más en sus propósitos segregacionis-
tas con respecto de la cabecera de Tiripetío. Y de nueva cuenta trajeron a
colación su evidente mayor población y de actividad económica, así como
el presunto acoso que reiteradamente se les hacía para prestar servicios
personales en esta última localidad. Fue hasta 1807 cuando la segunda de
esas peticiones fue resuelta en sentido negativo, con el consecuente des-
encanto e irritación del vecindario acuitzense.101 Esto explicaría en gran
medida la postura con que se asumieron buena parte de sus integrantes
ante el estallido y desarrollo de la Guerra de Independencia.

56
acuitzio / monografías municipales

2.- El ayuntamiento gaditano de 1821-1825

Tras el estallido del movimiento insurgente y por las condiciones que su


desarrollo impuso se configuró y rigió en los hechos una geografía terri-
torial-administrativa de guerra. Es decir, las autoridades de los bandos
realista e independentista efectuaron actos de gobierno, incluidas des-
de luego las operaciones militares, sobre los espacios geográficos en los
que ostentaron un control efectivo. Cabe destacar que la duplicidad de
autoridades se instituyó desde los inicios de la conflagración y uno de
los ejemplos más evidentes fue la designación del labrador José Mariano
Anzorena como intendente de Valladolid de Michoacán por disposición
de don Miguel Hidalgo y Costilla, en octubre de 1810. Este proceder fue
secundado por otros liderazgos rebeldes como la Suprema Junta Nacional
Americana (SJNA), el gobierno de José María Morelos y la Junta Subalter-
na de la insurgencia.102
Para el caso del espacio geográfico que comprendía la subdelegación
de Tiripetío durante los primeros meses del desarrollo de la Guerra de In-
dependencia estuvo en control total de los insurgentes. En este caso por las
huestes rebeldes que organizaran y comandaran personajes como Manuel
Muñiz. Sin embargo, tras la derrota de las fuerzas de Hidalgo en la batalla
del Puente de Calderón, en enero de 1811, los realistas concretaron la recu-
peración de una parte significativa del centro de la Nueva España. Para el
caso de la intendencia de Valladolid la ciudad homónima fue controlada
desde diciembre del año anterior por parte de la columna al mando del
brigadier José de la Cruz. Este personaje y los mandos realistas que lo suce-
dieron en el gobierno militar y civil de esta demarcación pretendieron crear
un perímetro de resguardo para Valladolid más o menos permanente, el
que en su parte sur llegaría hasta el pueblo de Tiripetío y algunas de las fin-
cas de campo de sus alrededores como las ubicadas en la llanura de Coapa.
Más allá a partir de las inmediaciones del pueblo de Acuitzio y rumbo hacia
las abruptas ramificaciones del eje volcánico transversal que bajan hacia los
actuales municipios de Madero, Tacámbaro y Ario de Rosales, se manten-
dría en los siguientes tres años el control absoluto de la insurgencia.103

57
villaseñor / martínez

Las cuadrillas insurgentes lideradas por Manuel Muñiz no se re-


signaron a la pérdida de Valladolid y durante la primavera de 1811 efec-
tuaron varios intentos por recuperarla, teniendo como uno de sus puntos
de concentración el pueblo de Acuitzio y su espacio comarcano. En sep-
tiembre de ese año una columna realista al mando del brigadier Joaquín
Castillo Bustamante, quien llevaba como uno de sus oficiales subalternos
a Agustín de Iturbide, fue enviada en persecución de las cuadrillas de
Muñiz en la expectativa de concretar su destrucción y, por consecuencia,
el control efectivo de aquellos parajes. Las tropas virreinales se situaron
en las inmediaciones de Santiago Undameo sin atreverse a avanzar más
hacia el sur-poniente ante la posibilidad de ser embocadas. Las cuadrillas
insurgentes al mando de Muñiz y el padre Luciano Navarrete salieron a su
encuentro desde el pueblo de Acuitzio y el 9 de septiembre de 1811, traba-
ron combate en el paraje loma de San Juan. Los rebeldes fueron superados
por los elementos de guerra de los realistas por lo que debieron replegarse
hacia la cuenca del lago de Pátzcuaro, en cuya persecución fueron sus ene-
migos con diversos destacamentos los que asolaron la ciudad de Pátzcuaro
y los pueblos de los partidos de Erongarícuaro y Zacapu.104
En el tiempo posterior y hasta mediados de 1814 el pueblo de Acuit-
zio y su espacio comarcano fueron empleados a discreción y con amplia
colaboración del grueso de sus habitantes, por parte de las cuadrillas
insurgentes al mando de personajes como Manuel Muñiz, Luciano Na-
varrete, José Antonio Torres, José Sixto Verduzco y los hermanos López
Rayón, para organizar acciones militares de alto impacto entre ellos los
sucesivos y fallidos ataques para eventualmente tomar la ciudad de Va-
lladolid. Además, desde esos parajes se obstruyeron de manera eficiente
las comunicaciones de todo tipo entre esa capital, Pátzcuaro y las pobla-
ciones y fincas de campo de la porción sureste de la Tierra Caliente. No es
aventurado así presumir un constante tránsito y concentración de tropas,
pertrechos, armamento, alguna modesta maestranza, recuas de mulas, as-
nos y caballos, alimentos y otros elementos propios para la guerra en el
pueblo de Acuitzio. En ese contexto, la mañana del 22 de diciembre de
1813 arribaron al pueblo de Acuitzio, provenientes de Llano Grande, una

58
acuitzio / monografías municipales

parte de las cuadrillas insurgentes lideradas por José María Morelos que
tomarían parte en el asedio a su natal Valladolid. En el pueblo de Acuitzio
“dio una extraña orden a todo el ejército: de capitanes abajo se habrían de
pintar de negro la cara y manos, y las piernas, si las trajesen descubier-
tas”. Por la tarde el Generalísimo salió hacia el vecino pueblo de Santiago
Undameo en donde conferenció con Matamoros, Galeana y otros jefes so-
bre los últimos detalles para emprender la ofensiva.105
Tras la severa derrota experimentada por el ejército insurgente fren-
te a las bien parapetadas y coordinadas defensas realistas en las inme-
diaciones de Valladolid, a partir del 26 de diciembre y hasta los primeros
días de 1814 pasaron de manera furtiva por el pueblo de Acuitzio y sus
alrededores, las cuadrillas rebeldes con rumbo a la hacienda de Puruarán
en donde tendrían un segundo y contundente descalabro. En su persecu-
ción transitó por este espacio geográfico el último día de 1813 la columna
realista al mando del brigadier Ciriaco de Llano, lo que marcó el inicio del
declive del predominio insurgente en la comarca de Acuitzio.106
Las cosas comenzaron a cambiar rápidamente desde mediados de
1814, en el contexto del desarrollo de la magna estrategia de contención
implementado por el virrey Félix María Calleja hacia la insurgencia. Des-
de Valladolid se organizaron y desplegaron cada vez con más frecuencia
y eficiencia operativa columnas expedicionarias volantas algunas de las
cuales recorrieron habitualmente el itinerario entre esa capital, Tiripetío,
Acuitzio, Tacámbaro y/o Santiago Ario, al mando de oficiales como An-
drés Bogguiero, Agustín de Iturbide, Domingo Landazuri, Manuel de la
Sota y Riva, Domingo Clavarino, José Antonio Andrade y Felipe Roble-
do, en persecución de los restos del otrora poderoso ejército de Morelos,
concentrado entonces en la protección de la parte final de los trabajos del
Congreso de Chilpancingo que se concretarían en la promulgación del
Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana (Constitución
de Apatzingán).107
En ese contexto las columnas expedicionarias volantas del ejército
realista fueron empleadas cada vez más en la custodia de mercancías y
viajeros que se desplazaban entre Valladolid, Pátzcuaro, la Tierra Caliente

59
villaseñor / martínez

y el Bajío. Por ejemplo, en agosto de 1814 el coronel Domingo Landazuri


instruyó a sus oficiales subalternos para realizar patrullajes con ese ob-
jetivo, en Pátzcuaro, Acuitzio, Cuitzeo y Huandacareo, para recoger con
la debida seguridad “todo tipo de insumos y los trasladarán a la capital
de la intendencia. Así no tardaron en llegar cargas de azúcar, panocha,
algodón, jabón y ganado vacuno y mular; las incursiones de las divisiones
realistas por esos parajes desalojaron momentáneamente a las partidas
rebeldes de Sánchez, Muñiz, Jiménez, Noceda, Gil y Caballero.”108
Eventos de alto impacto como la aprehensión y muerte de More-
los, con la consecuente desarticulación de las principales fuerzas inde-
pendentistas, así como la instauración de la administración del virrey
Juan Ruiz de Apodaca, quien implementó de manera simultánea a la
estrategia militar de contención una atractiva política de amnistía, con-
tribuyeron en forma decisiva al declive de la insurgencia en la inten-
dencia de Valladolid. Fue en ese escenario que, en el verano de 1816, el
grueso de las cuadrillas rebeldes se había retirado ya de comarcas como
las de Acuitzio, Santiago Ario y Tacámbaro, concentrándose algunas de
ellas en las fortificaciones insurgentes como las de Cóporo y Jaujilla. Ello
propició que las columnas realistas se adentraran con mayor frecuencia
y profundidad en el centro de Michoacán.109
Para ese entonces la comandancia general realista de Michoacán se
encontraba a cargo del teniente coronel Antonio Linares. Ante la mani-
fiesta debilidad de la insurgencia, este personaje encontró las condiciones
necesarias para encabezar personalmente expediciones punitivas para
combatir los residuos de las cuadrillas rebeldes lideradas por los herma-
nos López Rayón, Manuel Muñiz, Epitacio Sánchez, José María Cos y
Nieves Huerta, entre otros. Sobre el particular informó al virrey Apodaca
sus apreciaciones de viva presencia. En ese tenor se refirió a la “desarti-
culación social y económica que vivían amplias zonas de la intendencia;
por ejemplo, dio cuenta de la destrucción total de los pueblos de Acuitzio y
Undameo a manos de los insurgentes y de las tropas realistas, respectivamente;
en Pátzcuaro y en los pueblos de la sierra tarasca constató la ausencias
de sus vecinos ante el temor de las amenazas insurgentes sobre el pago

60
acuitzio / monografías municipales

o contribución que regularmente les exigían a estas y a otras poblaciones


como Uruapan, Ario, Taretan y Urecho.”110
A pesar de este escenario adverso las guerrillas insurgentes se las
arreglaron para hostigar y presentar resistencia a las tropas realistas. Ilus-
trativo de este proceder es el contenido del parte rendido al virrey Apo-
daca por el coronel Matías Martín de Aguirre en noviembre de 1818, en
el sentido de haber hecho acto de presencia en el pueblo de Acuitzio y
abatido en combate a cuatro presuntos rebeldes y aprehendido a tres más,
entre los cuales figuraba el titulado sargento mayor Vicente Izquierdo.
Con su habitual diplomático proceder este oficial realista conminó a Iz-
quierdo a aportar información valiosa a cambio de su vida, por lo que
terminó denunciado la existencia de una red de espionaje insurgente que
se extendía hasta Valladolid, en la que figuraba como uno de sus prin-
cipales articuladores un tal José Hilario Mondragón. Este individuo fue
capturado más tarde en esa capital y fusilado por órdenes de Aguirre.111
En el tiempo posterior la actividad de las cuadrillas insurgentes se redujo
a su mínima expresión.
Como secuela de la sublevación en el puerto de Cádiz, en enero de
1820, de las tropas destinadas a reforzar el combate a la insurgencia en
América al mando del coronel Rafael de Riego, se sucedieron una serie de
eventos militares, políticos y sociales que culminaron con la restauración
de la Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en marzo
de 1812 y derogada en 1814 tras el regreso al trono del rey Fernando VII.
La carta magna fue jurada por segunda ocasión en todos los rincones del
imperio en el transcurso de los siguientes meses. Para el caso de la Nue-
va España ello coincidió con el material ocaso de la insurgencia y reacti-
vando la frustrada expectativa de una transformación político-social del
lapso 1812-1814. Sin duda alguna que lo más atractivo para los diferentes
actores sociales fue la eventual creación de ayuntamientos conforme a lo
establecidos en los artículos 309-323 de la también denominada Constitu-
ción de Cádiz.112
La expectativa de contar con órganos de gobierno en los que ade-
más de tener directa injerencia en su elección pudieran participar en su

61
villaseñor / martínez

composición y funcionamiento de manera activa, cundió a lo largo y lo


ancho de la Nueva España. La Constitución fijaba como requisito princi-
pal en su artículo 310, que, “se pondrá ayuntamiento en los pueblos que
no lo tengan y en que convenga lo haya, no pudiendo dejar de haberle en
los que por si o con su comarca lleguen a mil almas, y también se les seña-
lara término correspondiente”.113 La provincia de Michoacán no fue ajena
al ambiente de euforia y expectativa generalizada de su sociedad para
configurar ayuntamientos. Tan solo en el lapso junio de 1820 a febrero de
1821, se erigieron 33 cuerpos de esa naturaleza conforme a la legislación
gaditana. Los más cercanos de nueva creación a la comarca de Acuitzio
fueron los de Tacámbaro y Santiago Ario.114
Para el vecindario de la comarca de Acuitzio y de manera más espe-
cífica para sus oficiales de República e incluso algunas “gentes de razón”
que radicaban en este espacio geográfico, la institución del ayuntamiento
no les era ajena pues en lo cotidiano conocían de la composición, atribu-
ciones y el funcionamiento de los que había en Valladolid y Pátzcuaro. A
pesar del entorno de guerra entonces imperante supieron sobre los vaive-
nes y enseñanzas de la frustrada primera experiencia de 1812-1814, para
con sustento en la Constitución de Cádiz proceder a la democratización e
incremento de esos cuerpos colegiados. El intendente Manuel Merino in-
formó sobre el particular al virrey Calleja que en Valladolid y su entorno
no se habían instituido en aquel tiempo nuevos ayuntamientos, “por la
continua incomunicación que han tenido y tienen con la capital y domi-
nación en que han estado los pueblos por los rebeldes.”115
Sin embargo, desde la primavera de 1821 se configuraron las con-
diciones políticas, militares, económicas y sociales para que, finalmente,
se concretara la expectativa de los pueblos radicados en la antigua subde-
legación o partido de Tiripetío de contar con ayuntamiento propio. Cabe
presumir que la creación de esos cuerpos colegiados estuvo estrechamen-
te vinculada al apoyo dado por los vecindarios a los postulados del Plan
de Iguala, redactado, proclamado y promovido por el grupo de poder e
interés congregado en torno del coronel Agustín de Iturbide y cuyo pro-
pósito esencial era el de concretar la independencia de México. El princi-

62
acuitzio / monografías municipales

pal instrumento ejecutor lo constituyó el Ejército de las Tres Garantías en


que concurrieron tanto oficiales como soldados realistas e insurgentes, en
el lapso transcurrido entre febrero y septiembre de 1821.116
Los operadores políticos y las fuerzas armadas de la Trigarancia re-
corrieron buena parte del territorio de la provincia de Michoacán duran-
te la primavera de 1821, en sus labores de sonsacamiento y persuasión
tanto entre las tropas realistas como entre los diversos sectores sociales.
En ese contexto, tras una ardua negociación entre Iturbide y el coman-
dante militar Luis Quintanar, este último aceptó los postulados del Plan
de Iguala y procedió a la entrega pacífica de la plaza de Valladolid lo que
se hizo efectivo el 22 de mayo.117 Bajo ese escenario cabe presumir que, en
lo individual o colectivo, los representantes de los pueblos de Tiripetío,
Huiramba, Acuitzio, Etúcuaro y Santiago Undameo, hayan generado la
interlocución sino personalmente con Agustín de Iturbide, si con algunos
de los jefes militares subalternos de éste, como Miguel Barragán, Vicente
Filisola o Anastasio Bustamante, los que recorrieron los alrededores de
Valladolid en labores de persuasión y colecta de apoyo social. Tampoco
debe desestimarse la eventual intervención de personajes como Ramón
Huarte, quien asumiría funciones de jefe político superior de la provincia
de Michoacán una vez consumada la Independencia.118
Los representantes y/o apoderados de los pueblos del partido de
Tiripetío habrían proporcionado recursos económicos para el sustento
del Ejército Trigarante, al tiempo que formalizaron la adhesión y promo-
ción de las tesis del Plan de Iguala, a cambio del apoyo para erigir sus
respectivos ayuntamientos conforme a la legislación gaditana. De la ma-
nera que haya sido, lo cierto es que en la coyuntura de la consumación
de la Independencia y antes de concluir el año de 1821, esas localidades
se ostentaban cada una como cabeceras de ayuntamiento constitucional.
Esos cuerpos colegiados se instituyeron en un momento particularmente
difícil para dichos vecindarios, pues apenas entraban en una dinámica
de incipiente recuperación demográfica y económica. Todos cubrieron el
requisito de contar en su respectivo espacio comarcano con al menos mil
almas. Para ese entonces el pueblo que era cabecera de partido, Tiripetío,

63
villaseñor / martínez

tenía escasos 1,428 habitantes; en Huiramba radicaban 2,197 individuos;


Acuitzio tenía 2,185 habitantes; en Etúcuaro existían 1,043; y en Santiago
Undameo se contabilizaron 1,741 personas. Se advierte así que en cuanto
a capital demográfico Huiramba y Acuitzio, en ese orden, superaban hol-
gadamente a Tiripetío. Esta situación fue señalada en el Análisis Estadístico
en el sentido de que “Tiripetío es hoy una triste aldea que sufrió como
otros pueblos los terribles estragos de la pasada revolución”.119
Para el caso específico del pueblo de Acuitzio con base en lo que
reportaron los informantes del polígrafo Juan José Martínez de Lejarza,
para efectos de elaborar el Análisis Estadístico, figuraba como una locali-
dad dotada de vicaria fija bajo la advocación de San Nicolás Tolentino, de-
pendiente de la parroquia radicada en San Juan Tiripetío, del que se ubi-
cada a una distancia de dos leguas al sur y cinco al oeste de Etúcuaro. Era
de clima frío y sus habitantes eran mayoritariamente labradores aboca-
dos a cultivar trigo y maíz. De entre sus 2,085 moradores figuraban como
hombres solteros 585, otros 388 eran casados y había 21 viudos. Mientras
que de las mujeres 587 eran solteras, 388 casadas y 116 se encontraba en
situación de viudez. En torno de esto último existía una desproporción de
95 mujeres más como viudas respecto de los 21 hombres en esa condición,
quizás como secuela de la pérdida de capital humano masculino en la
pasada Guerra de Independencia.120
Con el advenimiento del México independiente la provincia de Mi-
choacán, que recuperó esa denominación en el marco de la vigencia de
la Constitución de Cádiz, sobre la toponimia borbónica de intendencia de
Valladolid, se configuró una nueva distribución territorial-administrativa
en la que también se diluyó la figura de subdelegación. La provincia se
dividió en cuatro departamentos que tomaron la nomenclatura de los di-
ferentes puntos cardinales, conteniendo en conjunto 21 partidos los que
a su vez aglutinaban más de un centenar de pueblos. En el departamento
del Sur se ubicó el partido de Tiripetío de que fueron pueblos dependien-
tes los de Tiripetío, Huiramba, Acuitzio, Etúcuaro y Santiago Undameo,
todos dotados de ayuntamientos constitucionales, como ya se indicó. Y se
redondeaba su composición con los pueblos de San Diego Curucupaseo

64
acuitzio / monografías municipales

y Copuyo de escasa relevancia demográfica entonces pues cada uno tenía


escasos 92 habitantes.121
Los ayuntamientos creados al interior del espacio geográfico del
partido de Tiripetío, en el complejo e incierto escenario de los inicios del
México independiente estuvieron condenados a no alcanzar siquiera un
lustro de existencia. En el contexto de la agitada creación de las institu-
ciones político-administrativas de la sucesivamente provincia y estado
de Michoacán, principalmente la Diputación Provincial a la que relevó el
Congreso local legitimado por la Constitución particular de Michoacán
de 1825, los ayuntamientos de Huiramba, Acuitzio, Etúcuaro y Santiago
Undameo fueron víctimas de las influencias y las maniobras del grupo
de poder e interés radicado o vinculado al pueblo de Tiripetío, que sacó
a relucir sus añejos privilegios territorial-administrativos y afanes hege-
monistas a pesar de la condición de “triste aldea” en que se encontraba.
El 1°de febrero de 1822 se integró e inició sus actividades, la Di-
putación Provincial de Michoacán, creada conforme a lo establecido en
la Constitución de Cádiz, que desarrolló funciones de consejería y de ad-
ministración en una ambigua relación con el jefe político superior y los
ayuntamientos. Con respecto de estos últimos ese cuerpo colegiado se
asumió con una postura de rigurosa vigilancia y fiscalización alrededor
de la administración de los propios, arbitrios y tierras de comunidad. Los
miembros de ese cuerpo colegiado compartían la percepción y el criterio
sobre la presunta ineficiencia de buena parte de los ayuntamientos y la
presunta necesidad de reducir al mínimo su número, pues para ese en-
tonces ascendían a 91. En torno de ello esbozaban como argumento de
peso el hecho de que muchas de esas corporaciones no tenían solvencia
ni viabilidad financiera para su manutención; además de que en sus co-
marcas no radicaban los suficientes individuos aptos para desempeñar
los diversos cargos.122
De la escasa información que existe alrededor de la composición y
financiamiento del ayuntamiento de Acuitzio, se desprende la intención
y gestiones de sus miembros para atender a cabalidad y en lo posible sus
responsabilidades. Por ejemplo, en la sesión del 18 de abril de 1822, los in-

65
villaseñor / martínez

tegrantes de la Diputación Provincial deliberaron y acordaron sobre de la


solicitud de esa corporación para disponer de los arbitrios generados por
el comercio local para pagar el salario del maestro de la escuela de prime-
ras letras. Sin embargo, se le respondió que únicamente se accedería a esa
petición cuando se hubiera establecido la tarifa para el cobro de arbitrios
por parte de todos los ayuntamientos de la provincia.123
Tres semanas después, durante la sesión de la Diputación Provin-
cial del 7 de mayo, sus integrantes se refirieron al informe remitido por
el ayuntamiento de Acuitzio en torno a la instrucción que se le giró para
que procediera a dar en arrendamiento los ranchos que eran propiedad
de la comunidad indígena de ese lugar. Al parecer por las condiciones de
recesión económica persistentes el cabildo no había logrado atraer labra-
dores para ese propósito por lo que se le conminó para que, “solicite con
todo empeño arrendatarios, aunque sea por menor cantidad de la que
anteriormente se pagaba; y que en el caso de no hallarlos, los dé por un
año de balde, bajo la condición de que han de cultivar las tierras”.124 Sin
embargo, esa pretensión no se concretó, entre otras causas, además de
la precariedad económica general, por la oposición de los miembros de
la comunidad indígena a que el ayuntamiento asumiera el manejo de su
patrimonio desplazando con ello a los antiguos oficiales de República.
La abierta injerencia del influyente coronel de milicias y diputado
provincial Francisco Camarillo Casanova, radicado al menos desde 1819
en las inmediaciones del pueblo de Tiripetío, como arrendatario del ran-
cho de Cuincho, e identificado con los intereses y expectativas hegemo-
nistas de su vecindario, se tradujo en la conspiración y maniobra para
dar al traste con la viabilidad del ayuntamiento de Acuitzio. En 1822 este
personaje además de capitán de las milicias de la ciudad de Valladolid
asumió el manejo de las milicias nacionales creadas en el pueblo de Tiri-
petío, posición desde la cual comenzó a hostigar a los habitantes y vecinos
de la comarca de Acuitzio violentando incluso la autonomía de su ayun-
tamiento. Ilustrativo de este proceder fue la vehemente participación de
Camarillo en la sesión del 6 de septiembre de 1822, para exponer que, “en
la función de San Nicolás que se celebra en el pueblo de Acuicho (sic), hay

66
acuitzio / monografías municipales

muchos desordenes que podrán evitarse yendo una partida de milicianos


nacionales de Tiripetío; pero como salen del pueblo de su residencia, es
indispensable darles por lo menos un real para que coman”.125
Es obvio que el diputado Camarillo se refería a la ancestral fiesta
patronal de San Nicolás Tolentino de Acuitzio, del 10 de septiembre, y
sin el menor recato pasaba por encima de la autoridad y atribuciones del
ayuntamiento de Acuitzio para que fuera éste el que implementara las ac-
ciones de seguridad necesarias. En torno de ello se advierte además de su
postura evidentemente visceral la relación clientelar que había prohijado
con los miembros de las milicias nacionales del pueblo de Tiripetío, entre
las que figuraban algunos elementos que habían sido sus subordinados
en sus tiempos como oficial del ejército realista. El pleno de la Diputación
Provincial resolvió conminar al ayuntamiento de Acuitzio para concretar
el pago requerido por el influyente diputado Camarillo.126
No es aventurado presumir que el factor político en que se cons-
tituyó el potentado Francisco Camarillo fue determinante en la suerte
que corrieron los ayuntamientos constitucionales de Acuitzio, Huiramba,
Santiago Undameo y Etúcuaro, durante la transición en Michoacán hacia
la Primera República Federal, en aras de reposicionar la añeja hegemonía
territorial-administrativa de Tiripetío. Este personaje con el apoyo de las
tropas a su mando, entre ellas el regimiento de caballería nacional de Ti-
ripetío, secundó en Michoacán los postulados del Plan de Casa Mata cuyo
triunfo propiciaría la caída del imperio de Agustín de Iturbide. Hacia me-
diados de 1823 el coronel Camarillo asumió la comandancia de la milicia
cívica de Valladolid, lo que le aseguró una posición privilegiada entre los
miembros de la clase política de la provincia.127
En la coyuntura de la instalación y desempeño del Primer Con-
greso Constituyente de Michoacán, en el lapso 1824-1825, el coronel
Camarillo cultivó la relación personal y política de algunos de sus
principales integrantes, entre estos José Trinidad Salgado. Gracias a
ello tuvo acceso a información privilegiada sobre todo alrededor de la
legislación en materia de ayuntamiento, en la expectativa de favorecer
en lo posible los ya citados afanes hegemonistas del cabildo de Tiripe-

67
villaseñor / martínez

tío y lo que compartía en lo personal. Para principios del mes de di-


ciembre de 1824 el tema era abordado por el Congreso Constituyente,
lo que fue aprovechado por el ayuntamiento de Tiripetío, atendiendo
consigna de Camarillo, para solicitar de manera formal que “se quiten
los de Acuitzio y Huiramba, así porque esos pueblos no son parro-
quias, como por la escasez que tienen de sujetos medianamente aptos
que puedan desempeñar los cargos consiguientes”.128
La Ley para el Establecimiento de Ayuntamientos y su Reglamen-
to fueron aprobados y promulgados por el Congreso Constituyente el
24 de enero de 1825. Fue una legislación a modo para muchos intereses
en juego. Por ejemplo, en el artículo dos de la ley se precisó un mínimo
de cuatro mil habitantes de un pueblo que por sí o con su comarca los
tuvieran para instituir un cabildo. En tanto que, en el artículo siete se
consignó que “en las cabeceras de partido sea cual fuere su población
deberá haber ayuntamiento”.129 En este último supuesto caía el pueblo
de Tiripetío que ostentaba categoría de cabecera de partido, pero, como
ya se ha referido, con un precario capital demográfico. Pero éste se po-
dría incrementar sumando a los habitantes de las comarcas de Acuitzio,
Huiramba y Santiago Undameo, cuyos ayuntamientos constitucionales
se pretendía desaparecer.

Quizá para diluir esas inconsistencias del ayuntamiento y cabecera de par-


tido de Tiripetío, fue que tres días después de emitida la ley y su reglamen-
to, en la sesión ordinaria del 27 de enero, los miembros de la comisión de
gobernación manifestaron que, sobre la instancia que hace el ayuntamiento
de Tiripetío solicitando se quiten los de Acuitzio y Huiramba, así porque
esos pueblos no son parroquias, como por la escasez que tienen de sujetos
medianamente aptos que puedan desempeñar los cargos consiguientes; y
como la consulta de la comisión se contraiga únicamente a que este expe-
diente se archive, en virtud de estar ya decretada la nueva Ley de Ayuntamien-
tos que ocurre a los inconvenientes que indica el de Tiripetío, se estimó por del
momento su resolución, y en consecuencia quedó aprobado.130

De esa manera y con la muy probable influencia y presión del


coronel Camarillo sobre varios de los integrantes del Congreso Cons-
tituyente, entre ellos José Trinidad Salgado miembro de la comisión de

68
acuitzio / monografías municipales

gobernación, se concretó la disolución de los ayuntamientos de Acuitzio


y Huiramba, cuyos habitantes quedaron adscritos una vez más al de
Tiripetío. En ese tenor, el 15 de marzo de 1825 ese cuerpo colegiado emi-
tió la Primera Ley de División Territorial del Estado de Michoacán, con
carácter de provisional, dentro de la cual figuró el partido de Tiripetío,
adscrito al departamento del norte y con una población de su pueblo
cabecera y comarca que en conjunto superaba ya los siete mil indivi-
duos.131Alrededor de esto cabe señalar que también en ese entonces fue
suprimido el ayuntamiento con cabecera en Santiago Undameo, aunque
en torno de ello aparentemente no existió una petición ex profeso por
parte del de Tiripetío.132

Presidencia y torre (Foto: Jesús Verduzco, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

69
villaseñor / martínez

3.- El largo y complejo camino para concretar una segunda expectativa

Mientras el coronel Francisco Camarillo Casanova se mantuvo vigente y


con fuerte influencia al interior de la clase política michoacana, el vecin-
dario de Acuitzio y sus representantes no tuvieron ninguna expectativa
real de recuperar el estatus de ayuntamiento para su espacio comarcano.
En el otoño de 1827 las belicosas milicias nacionales de Tiripetío, controla-
das por este personaje, registraron activa participación en la movilización
promovida por los federalistas radicales para imponer la legislación que
disponía la expulsión de los españoles del territorio estatal. A final de
cuentas ello se tradujo en la caída del gobernador constitucional Antonio
de Castro y el ascenso al cargo de José Trinidad Salgado, amigo de Ca-
marillo. Este mismo año Francisco Camarillo fue electo como diputado
propietario integrante de la segunda legislatura constitucional local; al
tiempo que en la Memoria de gobierno se consignaba la supeditación de
Acuitzio y su espacio comarcano como pueblo dependiente del ayunta-
miento de Tiripetío. Cuando en la primavera de 1833 retornó el goberna-
dor Salgado tras diluirse la sublevación dirigida por el capitán Ignacio
Escalada, designó a Francisco Camarillo como titular de la importante
prefectura del norte.133
En ese marco se explica en gran medida que tras la derrota de la su-
blevación del sur de 1830-1831, en la ley de división territorial del estado
de Michoacán del 10 de diciembre del segundo de esos años, se haya rati-
ficado la relación de supeditación y dependencia de Acuitzio a Tiripetío.
En dicha disposición se estableció que, del departamento del norte, con
cabecera en la ciudad de Morelia, formaría parte el partido de Tiripetío. A
esta demarcación pertenecería como única la municipalidad de ese nombre
con las tenencias de Huiramba, Acuitzio, Etucúaro, Curucupaseo, Santiago
Undameo y Atécuaro, con los ranchos y rancherías de sus respectivos espa-
cios comarcanos.134 La decisión debió incrementar el ambiente de malestar
generalizado persistente toda vez que era evidente la situación de precarie-
dad demográfica y económica que registraba Tiripetío, al que ahora se le
asignada el doble estatus de cabecera de partido y de municipalidad.

70
acuitzio / monografías municipales

Bajo este desalentador panorama durante las siguientes tres déca-


das el vecindario de la comarca de Acuitzio tendría que remar contra-
corriente para eventualmente recuperar el estatus de ayuntamiento. De
entrada, el contenido y sucesiva vigencia de las Bases y Leyes Constitu-
cionales de la República, promulgadas en 1836 y de las Bases Orgánicas de
la República Mexicana, puestas en vigor en 1843, restringieron de manera
drástica la existencia y funcionamiento de los ayuntamientos. En el pri-
mero de esos documentos se consignó que “habrá ayuntamientos en las
capitales de departamento, en los lugares en que los había el año de 1808,
en los puertos cuya población llegue a cuatro mil almas, y en los pueblos
que tengan ocho mil. En los que no haya esa población habrá jueces de
paz, encargados también de la policía…”135
Ambos documentos constitucionales dieron sustento a la Primera
República Central, en el lapso 1837-1846. Michoacán perdió la categoría
de entidad federativa para adquirir la de departamento con sus auto-
ridades designadas por el presidente de la República. En el plano local
además de los escasos ayuntamientos que persistieron, entre ellos los de
Morelia, Pátzcuaro y Zamora, la mayoría de las antiguas demarcaciones
fueron redenominadas como juzgados de paz, así como algunos de los
pueblos comarcanos dependientes como fue el caso de Acuitzio. Con fe-
cha 25 de marzo de 1837 las autoridades de Michoacán promulgaron una
Ley de División Provisional del Departamento, dentro de la cual figuró
el partido de Tiripetío, formando parte del distrito con sede en Morelia e
integrado con los pueblos sufragáneos de Huiramba, Acuitzio, Etúcuaro,
Curucupaseo, Santiago Undameo y Atécuaro.136 La ley de esa misma na-
turaleza del 1° de julio de 1839, con la única variante de que el distrito con
cabecera en Morelia recibió la denominación de del Norte, ratificó este
estado de cosas territorial-administrativo.137
Los agravios sufridos en esta materia configuraron por aquellos
años corrientes de opinión y una inclinación mayoritaria del vecindario
de la comarca de Acuitzio hacia las tesis de federalismo y el liberalismo.
Y de ello dieron muestras fehacientes sus habitantes cuando apoyaron de
manera sucesiva la sublevación del sur del periodo 1830-1831, liderada

71
villaseñor / martínez

por el general Juan José Codallos; así como el movimiento federalista de


1837-1841, en demanda de la restauración de la Constitución general de
1824. Durante este último evento ese espacio geográfico retomó en cier-
ta forma el rol que desempeñó durante la Guerra de Independencia. Es
decir, fue punto de concentración de tropas y elementos bélicos de los
bandos contendientes. Para el mes de marzo de 1838 fuerzas federales
enviadas por la administración del presidente Anastasio Bustamante rea-
lizaban ya operaciones militares en la comarca de Acuitzio, toda vez que
desde esta se preparaba en parte una magna ofensiva de los sublevados
federalistas con la expectativa de tomar Morelia.138
El grueso de las cuadrillas rebeldes en número aproximado de dos
mil elementos al mando de los generales Palafox y Gordiano Guzmán,
pernoctaron en el pueblo de Acuitzio la noche del 21-22 de mayo de 1838
y en las primeras horas del segundo de esos días se posicionaron en el
paraje Puerta del Atole, ubicado entre la llanura de Coapa y las inmedia-
ciones del pueblo de Tiripetío, en donde se desarrolló la batalla que marcó
el destino de la sublevación federalista en Michoacán. Sus antagonistas
fueron las tropas gubernamentales al mando del general Ángel Guzmán,
prolongándose la confrontación hasta la tarde del 26 de mayo. Los su-
blevados hicieron retroceder a sus enemigos hasta las orillas de Morelia,
pero no pudieron concretar la toma de la plaza por las severas pérdidas
de hombres y elementos de guerra experimentados con el consecuente
obligado repliegue, lo que fue considerado como un rotundo fracaso para
la causa federalista.139
Sobre los resultados del enfrentamiento escribió el teniente coronel
Manuel Barbosa muchos años después que,

las autoridades y vecinos de Tiripetío, siguiendo el pensamiento de don


Ángel (Guzmán), en el sentido de la piedad pública, levantaron el campo,
cavando luego en una parte de él, una gran fosa en el costado del llano que
da al oriente, a un lado del camino que conduce del pueblo de Acuitzio a
Morelia, en cuyo sitio fue la lucha, y en el seno de esa fosa fueron sepulta-
dos los muertos de los contendientes, que, según el juicio público, pasaron
de 400; recogiendo también los heridos que se encontraron en el campo sin
movimiento por su gravedad, a quienes se asistió con mucha solicitud, mu-

72
acuitzio / monografías municipales

riéndose unos y salvándose otros. En dicho sitio se conserva hasta hoy una
cruz de madera de grandes dimensiones que allí fue colocada en memoria
de las víctimas…140

En el tiempo posterior las cuadrillas federalistas no lograron resarcir-


se y lo más del tiempo debieron actuar bajo la táctica de la guerra de guerri-
llas. La comarca de Acuitzio fue en algunos momentos uno de sus puntos
más frecuentes de refugio y operación. Para atizar más la añeja rivalidad
con el vecindario de Tiripetío, en este último se ubicaron destacamentos
federales y cuerpos auxiliares de seguridad pública, al mando de persona-
jes como Guadalupe Reynoso, los que de tiempo en tiempo incursionaron
sobre la comarca de Acuitzio en persecución de los rebeldes. En el otoño de
1840 los cuerpos de seguridad pública de Tiripetío habían instalado ya una
base de operaciones en el pueblo de Acuitzio y desde ella actuaron por los
rumbos de Etúcuaro, Atécuaro y la ciénaga de Zacapu.141 La falta de pago
de salarios fue la causa de las deserciones y desmoralización del contingen-
te de seguridad pública radicado en Acuitzio, de lo que informaba en junio
de 1841 a la superioridad su comandante Guadalupe Reynoso.142
La sublevación federalista se diluyó en Michoacán en el otoño de
1841, sin un balance positivo para el vecindario acuitzense. Por lo que
debieron trascurrir todavía tres lustros antes de colmar sus principales
expectativas territorial-administrativas. En ese tiempo se sucedieron la
caída de la Primera Republica Central; la restauración del sistema federal
con el Acta de Reforma de 1847; la desastrosa guerra contra los Estados
Unidos de 1846-1848, así como la efímera Segunda República Federal de
1846-1852, diluida tras el triunfo de los postulados de la sublevación sus-
tentada en el Plan de Hospicio que dio paso a la última administración
santanista, en el lapso 1853-1855.143
Durante los poco más de tres lustros que transcurrieron entre la ba-
talla de la Puerta del Atole y hasta el momento en que se interpuso la so-
licitud formal de creación de la municipalidad ante el gobernador Miguel
Silva Macías, por conducto de la prefectura de Morelia, el vecindario de la
comarca de Acuitzio fue amplio beneficiario de la reactivación agropecua-
ria y mercantil que se suscitó en la Tierra Caliente. En ese entonces apro-

73
villaseñor / martínez

vechando la situación de caos político-administrativo se incrementaron


de manera sustancial las prácticas de contrabando, por rutas alternativas
a la principal y más habitual de Tacámbaro-Pátzcuaro-Morelia, pasando
algunas por el pueblo de Acuitzio y su espacio comarcano, dentro de este
el lugar donde se comenzó a fundar la congregación de Cruz de Caminos.
Recuas y hatajos guiados por esmerados y temerarios arrieros transpor-
taron a discreción desde las fincas de campo de aquellos lares, azucares,
aguardiente, tabaco, añil, algodón, arroz, frutas, ganado vacuno y otros
productos, de gran demanda en Morelia, la comarca del Bajío y los mine-
rales del centro-norte del país.144 Ello explicaría en parte el origen de los
capitales de respetable monto que acumularon en unos cuantos años los
mestizos miembros de las familias de la incipiente elite de Acuitzio y que
les permitieron construir las tiendas, almacenes, casas-habitación de re-
gulares dimensiones y los edificios y espacios públicos, que presumieron
en su argumentación para erigir la municipalidad como muestra irrefuta-
bles de su bonanza económica.145
Los excesos, abusos y aberraciones en las que incurrió el gobier-
no del presidente Antonio López de Santa Anna, configuraron en pocos
meses las condiciones y circunstancias para que la oposición liberal-re-
publicana marginada y una parte de ella en el exilio organizara una nue-
va sublevación armada con el propósito de derrocarla. Esto se formalizó
el 1°de marzo de 1854, cuando fue proclamado el Plan de Ayutla bajo el
liderazgo del general Juan Álvarez.146 El movimiento pronto cundió en
Michoacán en donde existía una fuerte efervescencia social antisantanis-
ta, el cual fue encabezado por el veterano general Gordiano Guzmán. La
temprana muerte de este personaje a manos de tropas gubernamentales
por el rumbo de Huetamo propició la irrupción de nuevos y vigorosos
liderazgos militares, como los de Epitacio Huerta Solorio y Manuel Gar-
cía Pueblita. El grueso del vecindario de Acuitzio no lo pensó dos veces y
con sus recursos y posibilidades apoyó entusiasta la sublevación la que se
prolongaría hasta el mes de agosto de 1855 y que tuvo como uno de sus
principales escenarios las comarcas montañosas del eje volcánico trasver-
sal de la entidad.147

74
acuitzio / monografías municipales

En medio del fragor de la lucha el vecindario que nos ocupa recibió


la trascendental noticia sobre la decisión generada en el cabildo diocesano
de Michoacán y sancionada por el beligerante obispo Clemente de Jesús
Munguía, en el sentido de erigir en parroquia la antigua vicaria fija de
San Nicolás Tolentino de Acuitzio, separándola de su homóloga de San
Juan Tiripetío a la que había estado adscrita durante poco más de tres
siglos.148 La ocasión no era muy propicia para una celebración entusiasta
y prolongada por la situación de guerra imperante, pero seguramente fue
interpretado como una premonición de mejores tiempos por venir para
los acuitzenses.
El curato de Acuitzio comenzó a funcionar como tal de manera for-
mal el 27 de octubre de 1854, cuando asumió funciones de párroco en-
cargado o interino el presbítero José María Saucedo, quien tuvo como te-
niente de cura a su homólogo José María Salto. Con base en los registros
parroquiales se advierte que la comprensión eclesiástica en un primer
momento englobó a los feligreses de los ranchos que habían sido pro-
piedad de la antigua comunidad indígena de Acuitzio. Estos ostentaban
tanto los resabios de la toponimia de origen prehispánico como Aróstaro,
Camácuaro, Cirimo (Chirimo), Cutzaro, Cumacurio, Huajumbo, Petatzí-
cuaro, Tamanguio, Terupecua, Tetequis, Tiripano, Tarerio, Tirindiris, Tzi-
rapatio y Ziróndaro, como la que se originó en el proceso de colonización
agrícola de criollos y mestizos desde la época colonial, entre ellos los de
Agostadero, Angostura, Arroyo Hondo, Cerro Blanco, El Ciprés, El Co-
cinero, El Charco, El Paso, La Camba, La Laja, La Palma, La Tinaja, Los
Aguacates, Los Llanitos, Llano Grande, Paso del Muerto, Páramo, Pare-
dón, Peña Tajada, Pontezuelas, Puente de San José Miraflores, Tamborero
y Zopilote, así como la hacienda de Milpillas y porciones de la de San
Andrés Coapa.149 Esta nómina de localidades se incrementaría de manera
sostenida conforme avanzó la ocupación del suelo y se fragmentó la pro-
piedad agraria, como expresiones del desarrollo económico local.
En agosto de 1855 las tropas liberales ocuparon Morelia y las princi-
pales plazas de la entidad y de inmediato comenzaron a legislar en el pla-
no local para cambiar radicalmente el estado de cosas imperante, incluido

75
villaseñor / martínez

en ello la organización territorial-administrativa. En ese tenor, el general


Epitacio Huerta promulgó el 22 de septiembre el Estatuto Orgánico del Es-
tado de Michoacán, que regiría de manera provisional en tanto se concre-
taba el proyecto de carta magna que fraguaba la elite liberal liderada por
Juan Álvarez, Ignacio Comonfort, Benito Juárez y Melchor Ocampo.150 En
ese contexto, para diluir en lo posible la inconformidad existente, el 13
de diciembre de ese año fue promulgada una nueva ley de división terri-
torial de la entidad, invariablemente provisional, en la que para efectos
de nuestro interés específico se consideró la pertenencia del pueblo de
Acuitzio y su espacio comarcano a la municipalidad con cabecera en el
pueblo de Tiripetío, el que a su vez formaba parte del partido con sede en
la ciudad de Morelia el que se comprendía dentro del departamento del
mismo nombre. Además de Acuitzio integraron esa municipalidad las lo-
calidades de Huiramba, Etúcuaro, Curucupaseo, Undameo y Atécuaro.151
Este decreto cayó como balde de agua fría entre los vecinos, líderes
y autoridades de la comarca de Acuitzio, los que habían tenido una am-
plia y decidida participación en el movimiento armado sustentado en el
Plan de Ayutla para eventualmente concretar con ello sus afanes autono-
mistas respecto de Tiripetío al cual continuarían supeditados en calidad
de tenencia. Desde las semanas posteriores a petición expresa del vecin-
dario los representantes de la comarca de Acuitzio se movilizaron para
generar la interlocución con prominentes figuras de la renovada clase po-
lítica local, como los generales Epitacio Huerta y Manuel García Pueblita,
recordando el apoyo dado por el vecindario a la causa liberal en la re-
ciente conflagración, pretendiendo cambiar el estado de cosas en materia
territorial-administrativa que afectaba sus expectativas. El 25 de enero de
1856 el médico Miguel Silva Macias sustituyó en la gubernatura interina
de Michoacán a su homólogo José María Manzo Cevallos, quien sería otro
diligente y receptivo interlocutor de los acuitzenses.152
Con la asesoría de uno de los abogados que conocían en Morelia,
los representantes de Acuitzio en algún momento entre los meses de fe-
brero-abril de 1856, redactaron y presentaron a través de la prefectura,
a cargo de Luis Iturbide, un extenso memorial dirigido al médico Silva

76
acuitzio / monografías municipales

Macías para solicitar de manera formal la creación de la municipalidad


con cabecera en esa localidad. En el caso extremo de no proceder requi-
rieron no permanecer más dentro de la de Tiripetío y ser reubicados en la
de Morelia o cualquier otra inmediata. En el documento sacaron a relu-
cir viejos y nuevos argumentos. Por enésima ocasión hicieron la analogía
entre la menor población de Tiripetío y la cada vez más abundante de
Acuitzio. Aludieron a que el movimiento económico en general había ve-
nido a menos en Tiripetío desde tiempo atrás y en contraste en el espacio
comarcano de Acuitzio se había incrementado con el establecimiento de
decenas de laboriosas y ejemplares familias. Al tiempo que presumieron
recién haberse erigido la parroquia de San Nicolás Tolentino.153 La men-
ción de agravios ancestrales como el pago de impuestos en Tiripetío y su
escasa retribución para obras públicas en Acuitzio tampoco faltaron. Una
justificación nueva a sus expectativas no manejada en otros momentos
fue la presunta mayor disponibilidad de agua para consumo humano,
actividades agropecuarias, industriales y comerciales en Acuitzio que en
Tiripetío. El cariño a su tierra llevó a los solicitantes a emitir con vehe-
mencia otros adjetivos que en conjunto pintaban a Acuitzio y su espacio
comarcano como una auténtica cornucopia. Además, no dejaron de referir
que no era su propósito perjudicar los intereses territorial-administrati-
vos del vecindario de Tiripetío, al que no se le guardaban rencores de
ningún tipo por “innobles pasiones”, sino simplemente buscaban hacer
su mundo aparte en esa materia.154
El memorial fue rubricado por 40 jefes de familia considerados
como representativos del vecindario de Acuitzio, entre mestizos e indíge-
nas. De entre los primeros figuraron Pablo Manjarrez, Trinidad Díaz Ba-
rriga y Blas Rojas. Mientras que, entre los segundos, que fueron mayoría,
figuraron Nicolás Cervantes, Antonio, Lorenzo y Jesús Arriola, Simón y
Lázaro Huerta, José María Huacuz, Nicolás Montoya, Vicente Acosta, Pe-
dro Izquierdo, Gabino Villaseñor, Nicolás León e Ignacio Alipio. En tono
comedido y subliminal exhortaron al médico Silva Macías que concretara
con una respuesta positiva a sus pretensiones su recurrente muletilla dis-
cursiva de “hacer el bien a los pueblos”.155

77
villaseñor / martínez

Al tiempo que recibió dicho memorial es probable que el gobernador


Silva Macías se haya abocado a recoger y conocer las razones de otras in-
conformidades y reclamos provenientes de diversos puntos de la geografía
michoacana, en torno al contenido de la ley de división territorial del 13 de
diciembre de 1855. Lo cierto es que, en un tiempo pertinente con el apoyo del
consejo de gobierno, se aprestó a “hacer el bien a los pueblos” peticionarios.
Por lo tanto, con fecha 26 de abril de 1856, asistido por el secretario de gobier-
no Pascual Ortiz de Ayala emitió el decreto con el numero administrativo 30,
a través del cual dispuso en el artículo tercero que “se traslada la cabecera de
la municipalidad de Tiripetío a Acuitzio”. Más drástica y, quizás impensada por
los beneficiarios no pudo ser la medida pues no solo se erigía en los hechos
la municipalidad de Acuitzio, sino que se asestaba un golpe demoledor a su
eterno rival, el pueblo de Tiripetío, al degradarlo a localidad dependiente.156
Debió haber en torno de ello poderosas razones de peso político que no cono-
cemos; y lo cierto también es que tampoco hubo ya un personero de la talla
de Francisco Camarillo para inhibir la decisión.157
En las semanas subsecuentes con la asesoría y mediación del prefec-
to de Morelia los vecinos de la flamante nueva municipalidad de Acuitzio
se dieron a la tarea de elegir a quiénes de entre ellos serían los integran-
tes del primer ayuntamiento local. Es probable que se haya buscado el
equilibrio entre los que aún se identificaba como indígenas y los pujantes
mestizos que se habían establecido en tiempos recientes. Desde luego los
individuos gestores llevaron mano y ocuparon algunas de las regidurías.
Fue entre los meses de mayo y junio de 1856 cuando tras cabildear con
la prefectura se definió la composición de ese cuerpo colegiado. Como
presidente del ayuntamiento fue nominado Gervacio Rodríguez segura-
mente un vecino acaudalado, con amplio ascendiente social y moral y
con las suficientes luces, sensibilidad y capacidad de discernimiento para
atender con decoro sus responsabilidades. Las regidurías propietarias, de
la primera a la sexta fueron asignadas a Pablo Manjarrez, Antonio Arriola,
Trinidad Díaz Barriga, Jesús Arriola, José María Ortiz y Alejandro Suárez.
El síndico procurador fue Blas Rojas. Y entre los suplentes estuvieron Si-
món Huerta, Rosalío Sánchez y Juan Pérez.158

78
acuitzio / monografías municipales

Haber concretado la sucesiva erección de la parroquia y la munici-


palidad en alrededor de dos años y en circunstancias sumamente com-
plejas elevó la autoestima colectiva de los acuitzenses a niveles inéditos.
Durante el siguiente lustro y a pesar de duros imponderables como lo
fue la Guerra de Reforma en el lapso 1858-1859, el vecindario trabajó con
perseverancia y entusiasmo para hacer honor a sus flamantes categorías
territorial-administrativas civil y eclesiástica. De tal suerte que, para me-
diados de 1860,

la parroquia es decente y aseada, está dedicada a San Nicolás Obispo. Este


pueblo ha crecido con rapidez en comercio, población y caserío; tiene regu-
lar plaza, dos mesones, una escuela para niños y ayuntamiento constitu-
cional. La población del curato es de 5,600 habitantes; hay dentro del casco
del pueblo otras dos capillas pobres y un cementerio capaz y aseado. La
administración espiritual la desempeña el cura con un solo vicario. El tem-
peramento es frío y el clima bastante sano; los vecinos se mantienen del
comercio y de la agricultura.159

En el tiempo posterior la municipalidad de Acuitzio se consoli-


daría como tal en el paisaje territorial-administrativo de Michoacán
de Ocampo. La ley del 20 de noviembre de 1861 la consignó como tal
e integrada al distrito de Morelia. En su demarcación figuraron en ca-
lidad de tenencias las de Tiripetío, Etúcuaro, Curucupaseo, Santiago
Undameo y Atécuaro, con sus respectivos espacios comarcanos. Se
hizo especial énfasis en la presencia de la “congregación denominada
Cruz de Caminos, la cual se formará de la ranchería del mismo nom-
bre”. 160 Principio y fin pues esta última localidad a la vuelta de poco
más de medio siglo se desprendería de la jurisdicción de Acuitzio,
para hacer las veces de cabecera de una nueva municipalidad con la
denominación de Madero.
La destacada participación que registraron el vecindario y las au-
toridades civiles y eclesiásticas de la municipalidad de Acuitzio durante
la Guerra de Intervención Francesa puso de manifiesto la cohesión y for-
taleza que habían logrado sus habitantes, tras materializar la expectativa
colectiva de contar con su propia demarcación territorial-administrativa.
De la entrega y patriotismo de los acuitzenses en ese azaroso conflicto

79
villaseñor / martínez

daban testimonio personal los abogados Justo Mendoza y Rafael Carrillo,


los que se sucedieron en la gubernatura de Michoacán a lo largo de la
República Restaurada. Por lo tanto, no hubo problemas para que, con el
consenso previo de las legislaturas locales en funciones, en las leyes de
división territorial de la entidad de 30 de abril de 1868 y 1° de mayo de
1874, se ratificara la existencia de la demarcación con cabecera en el pue-
blo de Acuitzio.
De entrada, en la primera de esas disposiciones a la municipalidad
de Acuitzio, además de su pueblo cabecera, se asignaron únicamente los
pueblos sufragáneos de Tiripetío y Huiramba, así como la emergente y
pujante congregación de Cruz de Caminos, la que por cierto pronto su-
peró en relevancia al pueblo de Etúcuaro.161 En términos generales ello
representó una mutilación con respecto a lo ostentado desde el momen-
to de la creación de la municipalidad, al segregarse sin mayores explica-
ciones las tenencias de Etúcuaro, Santiago Undameo y Atécuaro, con sus
respectivos espacios comarcanos. Las condiciones y circunstancia bajo las
que se iniciaba la República Restaurada en Michoacán no dejaban mucho
margen de maniobra, así que había que ser pacientes y persevantes en la
gestión de los intereses territorial-administrativos.
La lealtad y confianza en las autoridades constitucionales por parte
del vecindario de Acuitzio, tuvo oportunidad de probarse en los hechos en
el marco de la sublevación del Plan de la Noria, proclamado por el general
Porfirio Díaz en noviembre de 1871, para protestar por la reelección del
presidente Benito Juárez. Los grupos sublevados proliferaron por diversos
puntos de la geografía michoacana ante la debilidad manifiesta de la ad-
ministración del gobernador Rafael Carrillo para contenerlos. Fue el 6 de
diciembre de ese año, luego de que los acuitzenses recordaran la víspera el
sexto aniversario del célebre canje de prisioneros, que debieron enfrentar
la repentina irrupción en el pueblo de una columna de alrededor de 300
sublevados al mando de los hermanos Víctor y José González. Sin más ele-
mentos que el modesto destacamento de 20 soldados que envío el gobierno
del estado a las órdenes del teniente del Primer Batallón de Michoacán,
Sabino Ramos, los vecinos se aprestaron a colaborar con éstos en defensa

80
acuitzio / monografías municipales

de sus vidas, familias y patrimonios. El combate fue sumamente reñido y


aunque la muy superior fuerza rebelde logró tomar del fortín de los defen-
sores y perpetrar saqueos e incendios, a final de cuentas sus integrantes
emprendieron espontánea y veloz retirada, luego de que la muy afinada
puntería de los acuitzenses diera cuenta de la vida los hermanos González
cuyos cuerpos fueron abandonados por sus subordinados.162
La muy poco conocida batalla de Acuitzio del 6 de diciembre de
1871 ayudó en mucho a levantar la moral entre las tropas y los sectores
sociales de Michoacán, leales al gobierno juarista y se constituyó en un
elemento a favor de las expectativas de su vecindario. La ocasión se pre-
sentó dos años y medio después cuando el 1° de mayo de 1874, el gober-
nador Rafael Carrillo promulgó la ley de división territorial de esa fecha,
en la cual Acuitzio figuró como municipalidad integrante del distrito de
Morelia y teniendo dentro de su jurisdicción las tenencias de Tiripetío,
Etúcuaro, Curucupaseo, Cruz de Caminos, Santiago Undameo, Atécuaro
y Jesús Huiramba, restaurando así el estatus territorial-administrativo an-
terior a la ley de 1868.163
En los meses posteriores el movimiento religionero del que fueron
protagonistas núcleos de campesinos católicos que se manifestaron en
contra de la elevación a rango constitucional de las Leyes de Reforma,
cundió por buena parte de la geografía estatal. En los partes de guerra
elaborados por la oficialidad de las tropas gubernamentales que comba-
tieron la sublevación, así como las noticas en la prensa del periodo 1874-
1876, no se alude de manera directa a la municipalidad de Acuitzio, pero
si a las circunvecinas de Tacámbaro, Pátzcuaro, Quiroga y Morelia, en
donde proliferaron las cuadrillas que secundaban y obedecían a perso-
najes como Abraham Castañeda y Socorro Reyes y que fueron combati-
das por las referidas fuerzas federales al mando de prestigiados genera-
les como Mariano Escobedo.164 Sin embargo, los arrieros y comerciantes
acuitzenses debieron ver afectados sus intereses por esa situación que se
prolongó hasta el verano de 1876, cuando se diluyó en el levantamiento
militar sustentado en el Plan de Tuxtepec que llevaría al general Porfirio
Díaz a la presidencia de la República.

81
villaseñor / martínez

Reflexiones finales

La envidiable posición geográ-


fica que tuvo el pueblo de Tiri-
petío desde el periodo colonial,
sobre el camino que media entre
Valladolid-Morelia y Pátzcuaro,
sin duda alguna fue un factor
determinante para su preminen-
cia como cabecera de jurisdic-
ción territorial-administrativa
civil y eclesiástica. Los pueblos
comarcanos que tuvo adscritos,
entre ellos Acuitzio, en diferen-
tes momentos pretendieron con
sustento en el discurso de los
agravios recibidos concretar sus
propias instancias autónomas
de gobierno, como fueron de
manera sucesiva las Repúblicas
de indios, el ayuntamiento cons-
titucional y la municipalidad.
Sin embargo, la combinación de
diversos factores y circunstan-
Torre presidencial municipal (Foto: inegi, 2023)
cias adversos inhibieron por si-
glos esa posibilidad.
En la coyuntura de la consumación de la Independencia y con
base en la legislación gaditana, el vecindario de Acuitzio estuvo en
posibilidad de instituir la figura de Ayuntamiento constitucional. Al
trastocar con ello la secular hegemonía territorial-administrativa de
Tiripetío, el grupo de poder e interés liderado por Francisco Camari-
llo maniobró para diluir ese beneficio. Por lo tanto, habrían de pasar
más de 30 años hasta que un nuevo espectro de condiciones y cir-

82
acuitzio / monografías municipales

cunstancias propicias posibilitó a los acuitzenses a materializar de


manera sucesiva la categoría de sede parroquial y de municipalidad.
En torno de ello influyeron el sostenido desarrollo económico-social
del espacio comarcal y el eficiente cultivo de las relaciones con miem-
bros clave de la clase política liberal que emergió del movimiento
armado sustentado en el Plan de Ayutla.

83
acuitzio / monografías municipales

capítulo iii
Acuitzio durante la Guerra de la Intervención Francesa

Por: Edgardo Calvillo López

Tal es la historia del canje de Acuitzio,


de ese importante acontecimiento en la
campaña de Michoacán, que fue un
timbre de decoro para la Nación.
Eduardo Ruiz

En un momento crítico para la soberanía de la nación, el arte de la nego-


ciación se vio expresado cuando el general en jefe del Ejército Republica-
no del Centro (ERC),165 Don Vicente Riva Palacio y el jefe de las Fuerzas
Expedicionarias de Francia, el mariscal Aquiles Bazaine, acordaron un
Canje de Prisioneros durante la Guerra de la Intervención Francesa. Este
episodio de perdón y paz en medio de la violencia se verificó un 5 de
diciembre de 1865 en Acuitzio, Michoacán de Ocampo. Con este aconteci-
miento inédito en la historia de México, se evitó un mayor derramamien-
to de sangre gracias a la prudencia y tacto militar, que se vieron reflejados
en una excepcional diplomacia de Vicente Riva Palacio.166
Previamente a este episodio histórico, durante las décadas de los cin-
cuenta y sesenta del siglo XIX, en las que se vivía una fuerte lucha ideológica
y militar entre los liberales y conservadores, el pueblo de Acuitzio tuvo trans-
formaciones que fueron delineando su identidad en pleno periodo de guerra.

85
villaseñor / martínez

La comarca de Acuitzio protagonizó dos momentos importantes en


la configuración de su perfil religioso y civil. Primero, en 1854 el Obispo
de Michoacán Clemente de Jesús Munguía, ordenó que el templo se ele-
vará a curato independiente, ya que anteriormente fue vicaria fija de Tiri-
petío.167 La administración religiosa la ejercía un vicario dentro del curato,
el cual, colindaba con los de Etúcuaro, Tacámbaro, Huiramba y Tiripetío
y comprendía a 5,600 devotos con una extensión territorial que no excedía
las 23 leguas cuadradas.168
Y segundo, por decreto del 26 de abril de 1856, el gobernador Don
Miguel Silva Macías, lo elevó a municipio.169 El pueblo contaba con una
plaza, dos mesones, una escuela, dos capillas y un cementerio. Durante
el periodo de guerra, en el pueblo de Acuitzio y su espacio comarcano
radicaban 2,500 habitantes aproximadamente de los cuales un 60 % era
indígena y solo un 10% sabía leer.170
Los individuos que se dedicaban a las labores del campo aprove-
chaban los ojos de agua El Grande que se ubica al este y al de Querérimo
que se localiza al oeste. Además, de beneficiarse del río chico que se
ubicaba al noroeste.171
Acuitzio venía adquiriendo cierto protagonismo al pertenecer al
distrito de la capital michoacana y ser uno de 72 municipios del estado,172
es por ello, que la ley de hacienda del 18 de marzo de 1863, meses antes
de que incursionara la Guerra de la Intervención Francesa en Michoacán,
consideró a Acuitzio como receptora de rentas, perteneciendo a ellas las
secciones de Tiripetio, Huiramba, Etúcuaro, Curucupaseo, Santiago Un-
dameo, Atécuaro.173 Como se puede observar, el pueblo de Acuitzio em-
pezaba a cobrar relevancia en medio de ese torbellino violento de guerra,
al contar con espacios para fomentar actividades recreativas, educativas,
religiosas y económicas.
Desafortunadamente, este desarrollo se vio truncado por la ac-
tividad de guerra, en la que la mayoría de las poblaciones, se distin-
guieron por la escasez en la que sobresalían las tierras áridas, llenas
de hierba, con caminos abandonados llenos de violencia.174 Con estas
condiciones políticas, religiosas, económicas y sociales, se encontra-

86
acuitzio / monografías municipales

ba Acuitzio en el inicio de la Guerra de la Intervención Francesa en


Michoacán.
En este capítulo, se tiene la intención de profundizar en el tema del
Canje de Prisioneros, por ser un acontecimiento único en la historia de
México, en el que se liberaron a cientos de prisioneros del fusilamiento.
Su importancia generó opinión pública en los campamentos militares, pa-
lacio imperial mexicano y trascendió hasta el parlamento de Bélgica. Sin
embargo, es oportuno mencionar que durante la Guerra de la Interven-
ción Francesa, esporádicamente en Acuitzio hubo presencia militar tanto
del ejército republicano como imperial.
En febrero de 1865, el general francés Neigre tenía como misión mi-
litar proteger a Morelia, por tal razón, colocó una línea de defensa confor-
mada con soldados en Ario, Santa Clara, Quiroga y Acuitzio. Días des-
pués, el 21 de marzo, el general republicano Nicolás de Régules triunfaría
en Acuitzio. O bien, en enero de 1866, por este lugar pasaría el capitán
belga Eduardo Devaux, para sumarse a las filas de Vicente Riva Palacio
con el objetivo de formar la legión extranjera. Y por último, el general
imperialista Ramón Méndez planeó en Acuitzio un ataque a Nicolás de
Régules el 5 de septiembre de 1866.175
Por otra parte, es oportuno mencionar que en esta lucha armada se
concretaron algunos intercambios de cautivos previos al de Acuitzio. Por
citar algunos ejemplos, Vicente Riva Palacio acordó el 30 de julio de 1864,
un canje con el imperialista Carlos Oronoz. De tal forma, el comandante
Borda regresó con sus compañeros republicanos y el capitán Pedro Martí-
nez retornó a los campos imperialistas.
Otro hecho parecido, fue el intercambio entre el capitán ruso Becker,
hecho prisionero por Nicolás Romero y el teniente coronel republicano
Juan García que fue capturado en un ataque comandado por Manuel Gar-
cía Pueblita en Pátzcuaro. Un intento de canje de prisioneros, fue el que
pretendió el general republicano Carlos Salazar, desafortunadamente sus
prisioneros se escaparon.176
Finalmente, el último antecedente al canje del 5 de diciembre fue el
que negociaban José María Arteaga y Vander Smissen. Estas negociacio-

87
villaseñor / martínez

nes finalizaron con el fusilamiento de Arteaga. Como se puede observar,


durante el transcurso de la guerra, se lograron acuerdos que beneficiaron
a ambos ejércitos. Desafortunadamente, también se presentaron ejecucio-
nes posteriores a las batallas que aumentaba el clima de violencia y fo-
mentaban las venganzas.
Por órdenes del general republicano José María Arteaga, pasaron
al paredón de fusilamiento el 19 de junio de 1865, el coronel Francisco
Lemus, el subprefecto Isidro Paz y Florencio Gutiérrez. Meses después,
sería el turno para que el coronel imperialista Ramón Méndez, ordenará
la ejecución José María Arteaga, Carlos Salazar, Trinidad Villagómez, Juan
González y Jesús Díaz, el 21 de octubre de 1865 en Uruapan. Y finalmente,
lo que se puede considerar el mayor fusilamiento masivo en Michoacán,
se verificó el 29 de octubre de 1866 en Puruándiro, cuando Ramón Mén-
dez mando fusilar a 60 prisioneros.177
Ante estas escenas de terror de la guerra, pareciera imposible pen-
sar en un Canje de Prisioneros que liberará a cientos de cautivos, pero
para entender las negociaciones de intercambio de Acuitzio, es importan-
te saber lo que estaba permeando en el contexto internacional en torno al
trato de los prisioneros.
Durante la época de las guerras de Reforma y la Intervención Fran-
cesa, paralelamente, en el mundo se estaban librando otras operaciones
militares, como la Guerra entre Austria y Francia que tuvo en uno de sus
encuentros la batalla de Solferino en 1859. Asimismo, en los Estados Uni-
dos de Norteamérica, se estaba desarrollando la Guerra Civil. En medio
de estos episodios trágicos, surgieron los documentos de la Convención
de Ginebra y el Código Lieber, que pugnaban por respetarles los derechos
humanos a los prisioneros.
Primeramente, en 1859 Henry Dunant un empresario suizo, obser-
vó la batalla de Solferino, entre los ejércitos de Austria y Francia; en la
retirada muchos soldados agonizaron y a pesar de que Henry intentó re-
vivirlos, miles de ellos murieron.
Este acontecimiento, motivó al Consejo Federal Suizo en 1864, a re-
unir delegados plenipotenciarios de 16 países para firmar la Convención

88
acuitzio / monografías municipales

de Ginebra, la cual fue signada el 22 de agosto del mismo año. En su


contenido se destaca que se atenderá a los heridos de campo de batalla,
independientemente de su nacionalidad.178
Por su parte, el código Lieber es un documento que regula la vida
militar del ejército. Fue escrito por Francis Lieber y proclamado por el
presidente Abraham Lincoln el 24 de abril de 1863, durante la Guerra de
Secesión. En su contenido estipula que los prisioneros no pueden ser víc-
timas de una prisión cruel o fusilarlos por venganza. Al referirse al inter-
cambio de prisioneros, indica que el canje debe realizarse en condiciones
iguales de jerarquía militar, es decir general por general o coronel por
coronel, y así sucesivamente. Sin embargo, establece la libertad de que
ambos ejércitos acuerden el canje como mejor les convenga. Y finalmente,
señala que se debe realizar una lista de prisioneros previo al canje.179
Se infiere que los firmantes del Canje de Prisioneros, el mariscal de
las fuerzas expedicionarias de Francia, Áquiles Bazaine, Van der Smissen,
jefe de la legión belga en Michoacán, Visart de Bocarmé, oficial belga en-
cargado de presidir el canje, el general en jefe del Ejército Republicano del
Centro, Vicente Riva Palacio y Agustin Linarte, oficial republicano que
presidió el canje en Acuitzio, tenían conocimiento de estos documentos.
Primeramente, en cuanto a la convención de Ginebra dos de los paí-
ses firmantes son Bélgica y Francia. Y en cuanto el Código Lieber, es muy
posible que Vicente Riva Palacio tenía conocimiento de este documento
militar, por ser un personaje muy ilustrado e informado, al mantener una
constante correspondencia con autoridades republicanas, además de que
recibía continuamente los periódicos, para estar enterado de los aconteci-
mientos nacionales e internacionales.180
Como hipótesis inferimos que el intercambio de cautivos, se realizó
a pesar de la ley republicana del 26 de enero de 1862 y la ley imperialista
del 3 de octubre de 1865, que indicaban la ejecución de los prisioneros
de guerra. El acuerdo de salvaguardar la vida de cientos de prisioneros
pesó más que la norma. Asimismo, los documentos de la Convención de
Ginebra y el Código Lieber, influyeron en los firmantes de las negociacio-
nes del canje de prisioneros que se efectuó en Acuitzio, por ser un lugar

89
villaseñor / martínez

geográfico estratégico para el intercambio, al situarse, cerca del cuartel


general republicano en Tacámbaro y de las prisiones imperialistas de Mo-
relia y Pátzcuaro.

1.-Antecedentes de la Guerra de la Intervención Francesa

La guerra de Reforma en la que se disputaba a muerte un sistema de go-


bierno liberal o conservador, había trastocado el orden político, social y
económico de México de 1858 a 1860. Por una parte, los liberales buscaban
establecer un Estado republicano, federal, representativo y laico, mientras
que los conservadores luchaban por mantener las estructuras coloniales
que habían subsistido desde la Independencia de México.
Sus batallas habían dejado al país en condiciones deplorables de po-
breza. Ante esta situación de carencia, el 27 de mayo de 1861, el diputado
José María Castaños, envió una iniciativa al Congreso en la que se estipu-
laba la suspensión de los pagos de la deuda exterior e interior. Con este
dilema por las posibles represalias de los acreedores y después de acalo-
radas discusiones, se aprobó la suspensión de pagos internos. Desafortu-
nadamente, esta medida no solucionó esta situación insostenible y, el 17
de julio el Congreso suspendió los pagos de la deuda externa. El ministro
inglés Charles Wyke y el francés Alphonse Dubois de Saligny, protestaron
al ver que los intereses de sus países se verían afectados.181
Con la suspensión de pagos de la deuda externa, el emperador fran-
cés Napoleón Tercero vio la oportunidad para planear una intervención
militar en México, con la finalidad de expandir su influencia política y
económica. Napoleón Tercero aprovecharía el conflicto armado que tenían
los estadounidenses que se encontraban en su Guerra de Secesión, ya que
los norteamericanos, eran los únicos que podían protestar por la invasión
francesa a México.182 Además, el emperador francés ya había establecido
relaciones con los conservadores mexicanos José María Gutiérrez Estrada,
José María Hidalgo y Juan Nepomuceno Almonte, que realizaban un ex-
traordinario activismo político, con el que pretendían el establecimiento
de un imperio mexicano auspiciado por el emperador francés.183

90
acuitzio / monografías municipales

A finales de 1861 arribaron a México los españoles y, los franceses e


ingleses llegaron en enero de 1862.184 El presagio de la guerra era evidente
y como respuesta a esta intromisión armada, el gobierno de Benito Juárez
representado por el ministro de relaciones exteriores, Manuel Doblado,
tuvo un acercamiento diplomático en la Soledad el 19 de febrero de 1862,
con el español Juan Prim, quien representaba los intereses de las nacio-
nes afectadas. En la reunión, acordaron que los europeos no atentarían
en contra de la independencia y soberanía de México, mientras que el
gobierno mexicano pagaría sus deudas.185
Después de los Tratados de la Soledad, los ingleses y los españoles
regresarían a sus respectivos países, no así los franceses, que tenían como
objetivo una ocupación militar en México para instaurar un imperio que
sería gobernado por un europeo.
El Ejército francés avanzó sobre territorio mexicano al mando del
conde de Lorencez.186 Ante este panorama, el gobierno de Benito Juárez,
organizó la defensa militar bajo la dirección del general Ignacio Zaragoza,
que protegió heroicamente a Puebla con una victoria que vigorizó el espí-
ritu nacional el 5 de mayo de 1862.
Con esta derrota francesa, Napoleón Tercero reforzó a sus tropas
y al año siguiente vencerían en Puebla. Ante esta situación, el Ejército
Mexicano empleó la guerra de guerrillas en combinación con la guerra
regular. Para lograr ese objetivo militar, el Ejército Republicano combatió
a lo largo y ancho del país con la creación de los cuerpos del Ejército Re-
publicano del Norte, Occidente y Centro. El ERC, luchó en varios estados
pero principalmente en Michoacán.
Por su parte, el Ejército francés y los conservadores mexicanos
coincidieron de que las condiciones militares ya eran propicias para
establecer un gobierno imperial en México, razón por la cual en oc-
tubre de 1863 una comisión de conservadores mexicanos, encabezada
por José María Gutiérrez Estrada, José Hidalgo, Juan Nepomuceno Al-
monte y el padre Francisco Miranda, se presentó en el palacio de Mira-
mar en Trieste ante el archiduque austriaco Maximiliano de Habsbur-
go para seducirlo en establecer una monarquía,187 misma que aceptó

91
villaseñor / martínez

el 10 de abril de 1864 con los Tratados de Miramar que establecían las


condiciones militares y económicas.188

2.- La legión Belga

Con la intención de expandir su influencia política y tener una oportuni-


dad de crecimiento económico, el rey de Bélgica Leopoldo I, padre de la
emperatriz Carlota simpatizaba con el proyecto de instaurar un imperio
en México dirigido por su yerno Maximiliano de Habsburgo. Para lograr
este objetivo, reforzó al Ejército Francés con soldados belgas. Como la
constitución le prohibía al rey entrometerse en asuntos extranjeros con la
intromisión del ejército, hábilmente realizó un reclutamiento de volunta-
rios organizado por el ministro de guerra, Félix Chazal, quien sugirió que
esta legión quedaría bajo la dirección militar del capitán de granaderos, el
barón Alfred Louis Adolphe Graves Vander Smissen.189

Soldados de la Legión Belga canjeados (Foto: Edgardo Calvillo, Archivo de Noel Téllez)

92
acuitzio / monografías municipales

El primero de agosto de 1864, una comisión de admisión esta-


blecida en Audenarde (al norte de Bruselas), emitió la convocatoria
para el reclutamiento.190 El primer grupo salió el 14 de noviembre
de 1864 y el último arribo llegó el 8 de marzo de 1865. Se estima que
hicieron el viaje 1587 efectivos. El cuerpo belga estaba conformado
por 875 militares, en los que solamente 38 eran oficiales activos en
la armada belga, 24 suboficiales y los demás soldados. El resto, 712
hombres eran civiles dedicados a diferentes oficios, por ejemplo ha-
bía estudiantes, agricultores, músicos, obreros, sastres, pintores, co-
merciantes, zapateros, entre otros.191 En la legión había 194 hombres
que no eran originarios de Bélgica y sus nacionalidades eran de Ale-
mania, Francia, Luxemburgo, Holanda, Italia, Suiza, un neoyorkino,
un canadiense, un argelino y un portugués.192
Es por ello, que no se podía considerar un cuerpo de élite en la que
todos contaran con conocimiento de uso de armamento, disciplina militar
y espíritu de cuerpo, a pesar de que en sus filas si había militares como es
el caso del comandante de la legión belga, barón Vander Smissen, quien
antes de su salida a México tenía el rango de capitán y había participado
con el ejército de Francia en Argelia y, era hijo de un héroe de la indepen-
dencia de Bélgica.193
El 3 de marzo de 1865, encontrándose en la ciudad de México,
la legión belga fue notificada que entraría en campaña en Michoacán
bajo las órdenes de Vander Smissen, quien a su vez estaría subordi-
nado bajo el mando el coronel Charles De Potier. El 6 de marzo un
regimiento de poco más de 1,000 hombres se puso en marcha rumbo a
Morelia.194
Los belgas llegaron a la capital michoacana el primero de abril y,
fueron recibidos solemnemente al ondear su bandera y con repiques de
tambor. Su uniforme se conformaba con un pantalón corto y holgado al
estilo zuavo y pelliza de tela azul. Además, tenían polainas blancas que
subían hasta el extremo inferior del pantalón, y un sombrero de fieltro
negro, de figura cónica con un plumaje de gallo.195

93
villaseñor / martínez

3.- El conflicto en el estado/departamento de Michoacán

Con la guerra de la intervención francesa, en Michoacán se desarrolla-


ron 33 batallas de 1863 a 1867,196 distinguiéndose cruelmente como el
estado más violento del país. Además de las batallas hubo violaciones,
robos e incendios.197
En los primeros años de guerra, los imperialistas tenían práctica-
mente controlado a Michoacán, pero la rendición de Oaxaca a principios
de 1865 provocó que varios soldados republicanos, llegaran a este esta-
do a fortalecer los cuerpos militares que eran comandados por Arteaga,
Régules, Vicente Riva Palacio, García Pueblita y Ronda.198 Asimismo, las
tropas liberales se reforzaron con la llegada de ex prisioneros de guerra
de Puebla,199 y Acapulco.200
Con el arribo de los belgas, el gobernador militar de Michoacán,
Charles de Potier configuró un plan de guerra, en el que formaría tres
columnas para perseguir a los republicanos. La primera quedaría bajo su
mando, la segunda estaría a las órdenes de Vander Smissen y la tercera
sería comandada por Constantin-Jacques Tydgat.201
La columna de Tydgat estaba conformada por 250 hombres aproxi-
madamente, entre ellos iba el capitán barón Jules-Ernest Chazal, hijo del
ministro de guerra de Bélgica. Este pelotón tenía como objetivo militar la
ocupación de Tacámbaro. El día 3 de abril de 1865 salieron de Morelia y
se quedaron a descansar en Acuitzio. Uno de los oficiales del regimiento
de la emperatriz Carlota, Charles Antoine Louis Loomans recordó que en
ese pueblo: “Acampamos allí en el cementerio y para mantener nuestros
fuegos, asaltábamos las cruces de madera plantadas en las tumbas… solo
para encender nuestras hogueras y hacernos en estos lugares funerarios,
una taza de café muy alegre”.202
En Acuitzio duraron tres días, y es posible que no solamente se que-
daron a descansar en ese pueblo, sino que también hicieron preparativos
de guerra. En la tarde del 5 de abril partieron rumbo a Tacámbaro. A las
cinco de la mañana del 11 de abril y con el grito de “¡Viva México!” los
republicanos atacarían a los belgas, que tenían como rehenes a la esposa

94
acuitzio / monografías municipales

del general Nicolás de Régules y a sus hijos. Sin intimidarle esta compro-
metedora situación familiar y con la orden de “Primero la Patria”, Régules
ganaría esta batalla en Tacámbaro. Al verse derrotados los guardias de la
emperatriz Carlota, el capitán imperialista, Ignacio Miñón, aceptó la ren-
dición y por ende ser prisioneros. En esta batalla murió en combate el hijo
del ministro de guerra, Ernest Chazal. 203

4.- Rumbo a tierra caliente y primeros intentos de negociación del canje

En la tarde llegaron a Tacámbaro los generales Vicente Riva Palacio y


José María Arteaga. Entre los prisioneros se encontraba Tydgat, jefe de
las operaciones militares de los belgas. Al verlo muy herido, los oficiales
republicanos decidieron no trasladarlo a Huetamo para ser atendido en
Tacámbaro, bajo su palabra de honor que no se escaparía. Sin embargo,
en su primera oportunidad se dio a la fuga rumbo a Morelia donde días
después moriría.204
El teniente coronel, José Trinidad Villagómez, uno de los mártires
de Uruapan, se distinguía por ser un oficial noble, valiente y con capa-
cidad de organización militar. Por esas razones, Arteaga lo designó para
que trasladara a los prisioneros belgas de Tacámbaro a Huetamo.205
Después de un largo peregrinaje, el 16 de abril los recibió el pre-
fecto Leonardo Valdés en Huetamo, posteriormente los heridos fue-
ron curados por el doctor Leónides Gaona.206 Días después, fueron
enviados a Zirándaro para vigilarlos mejor al aprovechar el cauce del
rio Balsas.207 Se infiere que a esa nueva población llegaron el 29 de
abril, debido a una carta del teniente Emile-Henri-Jean-Marie Walton
que indicaba esa fecha.208
En su nueva vida cotidiana en la tierra caliente hay quienes se de-
dicaron a enseñar francés, dibujo y confección de cartuchos.209 Un trabajo
muy interesante en la difusión de opinión e información fue la publica-
ción del periódico La República, en la que Derive y Delange ayudaban en
calidad de tipógrafos. Y fueron tan variable los oficios que hasta un belga
realizó el oficio de niñero. Los prisioneros poco a poco se fueron adap-

95
villaseñor / martínez

tando a su nueva vida cotidiana, al enseñar sus oficios, hacer amistades e


incluso dejar descendencia.210
Entre los prisioneros se encontraba una mujer de nombre Madame
Catherine Opdemessing,211 apodada Trientje quien estuvo al lado de su
esposo Philippe y condecorada con medalla de bronce al reconocer su
mérito militar mexicano.212 Ella pertenecía a la cuarta compañía de grana-
deros, y a pesar de que en la batalla de Tacámbaro fue presa del terror, en
tierra caliente se comportó tranquila y hasta de buen humor. Finalmente,
fue liberada el 5 de diciembre de 1865 en Acuitzio. Su simpatía y valor
la hicieron una mujer muy popular y hasta apareció en algunas revistas
infantiles en Bélgica, donde la consideran una heroína por atender a los
heridos belgas en la batalla de Tacámbaro.213
A mediados de mayo, el prefecto de Huetamo Leonardo Valdés,
se enteró de una conspiración de los belgas para escaparse, razón por la
cual, los enviaron a Santiago que se ubica hasta el otro lado del río Balsas
para estar mejor custodiados.214
Mientras todo esto ocurría en tierra caliente, las autoridades impe-
riales empezaron a contemplar la idea de un canje de prisioneros para
liberar a sus compañeros de armas. El 30 de abril en una carta de Bazaine
a Smissen, el mariscal francés le solicita una lista de los soldados belgas
para condecorarlos con una medalla y también le indica que quiere hacer
un canje con prisioneros detenidos en Puebla.215
Cinco días después, el mariscal Bazaine en una carta fechada el 5 de
mayo y dirigida al coronel De Potier, vuelve a insistir en la posibilidad de
realizar un canje utilizando como moneda de cambio a los familiares de
los generales republicanos Manuel García Pueblita, Carlos Salazar y José
María Arteaga.216 Se trataba de la esposa de Pueblita, Octaviana Valdovi-
nos y su sobrina Desideria; la esposa de Salazar, Mariana Porrúa y su hija
Vicenta y la esposa de Arteaga, Francisca Buitrón y su hija Salud, a quie-
nes culparon por mantener correspondencia con los jefes republicanos.217
Ante este escenario, la suerte le volvió a sonreír al campamento re-
publicano, al ganar la batalla de Uruapan el 19 de junio y con ello capturar
a más prisioneros imperialistas que fueron trasladados a Huetamo por

96
acuitzio / monografías municipales

el comandante Cresenciano López. A tierra caliente los cautivos llegaron


hasta el 14 de julio.218
El primer intento formal de realizar un canje de prisioneros y en
el que se lograría correspondencia entre ambos ejércitos, se dio cuando
Vander Smissen, el jefe de la legión belga, conmovido por la situación de
sus compatriotas, le escribió al jefe del ERC, Arteaga, para proponerle un
canje, al aprovechar que en una batalla en el cerro hueco de Tacámbaro el
16 de julio, Smissen aprendió a varios republicanos.219
Lo correspondencia se llevó a cabo entre julio y agosto de 1865. En
sus cartas redactadas en Morelia, Smissen abordó tres temas. Primero, le
ofreció los servicios médicos de su doctor que se encontraba en la capital
michoacana. Segundo, le pidió una lista de los prisioneros imperialistas
y, tercero trató el tema del canje de prisioneros. En su respuesta, Arteaga
le respondió desde Chupio, Nocupétaro y Tacámbaro. El general republi-
cano le agradeció su ofrecimiento médico, pero por razones militares lo
rechazó. Asimismo, le hizo llegar la lista de los prisioneros imperialistas
y en cuanto al tema del canje de prisioneros, trascendió al grado de que
Smissen envió a su emisario Visart de Bocarmé a Tacámbaro, para platicar
personalmente con Arteaga sobre el canje el 21 de agosto.220
Es importante hacer notar que Bocarmé era escoltado por tropas
republicanas hasta Acuitzio para salvaguardar su seguridad,221 lo que si-
túa desde ese entonces a esta población como un lugar pacífico. Ante este
posible intercambio, las fugas de los belgas recluidos en Zirándaro del
sargento Gheude y el intendente Kok el 2 de septiembre de 1865,222 y la
del general republicano Porfirio Díaz el 21 de septiembre de 1865 en Pue-
bla,223 complicaron el canje, ya que estos prisioneros eran considerados
para el intercambio.
El escape de los belgas, fue celebrado en la ciudad de México al
punto de que estos fugitivos fueron recibidos el 14 y 15 de septiembre por
los gabinetes de los emperadores, por lo cual, se infiere que Kok les contó
la situación de los prisioneros en Huetamo.224
La guerra se había recrudecido en Michoacán y el 13 de octubre
de 1865 en Santa Ana Amatlán, el ERC perdió una batalla en la que

97
villaseñor / martínez

cayeron prisioneros muchos republicanos, entre los cuales se encon-


traban los altos mandos militares José María Arteaga, Carlos Salazar,
Trinidad Villagómez, Jesús Díaz y Juan González. Los cautivos fueron
trasladados a Uruapan y, el 21 de octubre de 1865 fueron fusilados por
órdenes del coronel imperialista Ramón Méndez, bajo el amparo de la
ley del 3 de octubre,225 que indicaba que serían pasados por las armas
todos los que pertenecieran a “bandas o reuniones armadas que no
estén legalmente autorizadas.”226
Con este fusilamiento, las autoridades republicanas podían hacer
uso de la ley del 25 de enero de 1862, para ejecutar a sus cautivos y vengar
a sus compañeros de armas. Esta ley dictaba que: “Las autoridades milita-
res juzgaran los delitos contra la independencia y soberanía de la nación,
incluyendo la invasión armada hecha por extranjeros y mexicanos bajo
castigo de pena de muerte.”227 Sin embargo, la represalia no apareció en
el campamento republicano.

Mujer soldadera junto a soldado, ambos belgas, canjeados en Acuitzio (Foto: Edgardo Calvillo,
Archivo de Noel Téllez)

98
acuitzio / monografías municipales

5.- El Canje de prisioneros

El 19 de octubre, Riva Palacio al estar enterado de la derrota de Santa Ana


Amatlán, pasó por Acuitzio para dirigirse a Tacámbaro. Al llegar a esa
población, en una reunión convocada por los coroneles Arias y Ronda la
tarde del 23 de octubre, los principales jefes proclamaron a Vicente Riva
Palacio como nuevo general en Jefe del ERC. Su investidura de goberna-
dor y comandante militar de Michoacán, fueron sus tarjetas de presen-
tación en esa elección que se hizo en caliente, porque la condición de la
guerra así lo requería. Esa tarde sus compañeros de armas le exigieron
ejecutar a los prisioneros belgas. Al sentirse invadido por el ambiente de
ajuste de cuentas, Riva Palacio concedió el deseo de venganza por un mo-
mento, pero después rectificó al explicarles que ponía en riesgo la vida de
sus compañeros que estaban en las prisiones de Morelia y Pátzcuaro, por
lo que suspendió la ejecución. Su primera orden como general en jefe, fue
para el prefecto de Huetamo, Leonardo Valdés, al que le mandaba refor-
zar la seguridad de los prisioneros belgas.228
Con este panorama militar de batallas y prisiones, los cautivos im-
perialistas, habían sido capturados durante 1865 en las batallas del 11
de abril en Tacámbaro, el 19 de junio en Uruapan y el asalto del 12 de
octubre en Morelia; todos estaban recluidos en las cárceles de Huetamo
y Zirándaro.229
Por su parte, los imperialistas tenían en su poder a prisioneros repu-
blicanos, que fueron aprehendidos en las batallas de Coeneo en febrero,
Tacámbaro el 16 de julio, y la emboscada de Santa Ana Amatlán el 13 oc-
tubre del mismo año.230
Desafortunadamente, no existe una coincidencia exacta en cuan-
to al número de prisioneros entre los historiadores Eduardo Ruiz, Emi-
le Walton, Jesús Rubio y Ch. Loomans. Con los datos proporcionados
se puede inferir que los prisioneros de guerra eran aproximadamente
400.231 Y que la mayoría de los prisioneros eran imperialistas, ya que
Walton y Loomans no hacen referencia a los cautivos de las batallas de
Morelia y Uruapan.

99
villaseñor / martínez

Los belgas que estaban inmersos en el pánico por su situación apre-


miante, enviaron una carta al emperador Maximiliano de Habsburgo para
protestar contra el fusilamiento de Uruapan.

Señor acabamos de saber con horror y consternación el acto cometido por


el señor Méndez que con violación al derecho de gentes ha hecho fusilar a
varios oficiales del ejército liberal. Los prisioneros en todos los países civili-
zados se respetan. El ejército liberal se ha mostrado mucho más celoso que
los condottiere de vuestras huestes, nosotros también somos prisioneros de
guerra y hemos sido respetados desde el general hasta el soldado, si no es-
tuviéramos en el poder del ejército republicano el acto del coronel Méndez
podría provocar una sangrienta represalia y nosotros belgas que hemos ve-
nido a México únicamente para servir de escolta a nuestra princesa, hubié-
ramos expiado con nuestra sangre el delito de un hombre, esperamos señor
que este acto de barbarie no quedará impune y que en lo sucesivo haréis
respetar la ley consagrada por el derecho de gentes. Nosotros protestamos
con el más intenso fervor en contra de este acto indigno y confiamos que
el nombre belga no se mezclará por mucho tiempo en esta guerra inicua.-
Breur, Guyot, Flachat, Van Hollenbek…232

Con la intención de generar opinión pública entre las autorida-


des belgas e imperiales mexicanas, esta protesta fue divulgada en el
periódico La República,233 y en Bélgica por el Monitor Belga.234 La situa-
ción de los prisioneros belgas trascendió hasta Bélgica, donde hubo
manifestaciones y se pronunciaron por realizar un canje de prisione-
ros. La cámara sesionó el 17 de noviembre de 1865 y los diputados
se manifestaron en contra de la ley del 3 de octubre, al pedir que los
cautivos fueron tratados dignamente.
La preocupación por una posible venganza provocó que los empe-
radores Maximiliano y Carlota exhortaran a un intercambio de cautivos,
por ello, ordenaron al mariscal Bazaine que el “Canje de Prisioneros se
debe hacer lo antes posible.”235 Por su parte, el ministro de guerra de Bél-
gica, Félix Chazal, le informaba en una carta a Bazaine que “todo el país
cuenta con vuestra solicitud para obtener el Canje de Prisioneros.”236
Con este panorama, el segundo intento por realizar una negociación
de liberación de prisioneros, fue cuando el imperialista Ramón Méndez,
le propuso a Vicente Riva Palacio un canje desigual, ya que varios repu-
blicanos no quedarían liberados con su propuesta.237

100
acuitzio / monografías municipales

Los cautivos de Pátzcuaro estuvieron a punto de ser pasados por


las armas, afortunadamente, la intervención de las señoras de ese lugar
lo impidió y, posteriormente, enviaron una carta al gobierno imperial por
conducto de Francisco Menocal el 26 de octubre, logrando la respuesta del
emperador para detener la ejecución.238
Vicente Villada239 le informó al general Riva Palacio que vio la carta
del emperador en la que indicaba que se realizará el canje o se fusilará a
todos los republicanos bajo el amparo de la ley del 3 de octubre.240
Bajo ese escenario los generales Riva Palacio y Méndez intercam-
biaron correspondencia durante el mes de noviembre. Con carta fechada
el día cinco llegó a San Antonio de las Huertas, el prisionero republicano
teniente coronel Luis G. Carrillo, a quien dejaron salir bajo su palabra de
honor que regresaría a la prisión de Pátzcuaro. Su misión era entregarle
a Riva Palacio una carta de Méndez en la que le ponía como plazo para
realizar el canje el 29 de noviembre.241
Riva Palacio, desconfió del instinto sanguinario de Méndez y de su
falta de respeto hacia su persona en la redacción de sus cartas, al llamarlo
el jefe de los disidentes. El general republicano quería un canje digno por eso
en su respuesta le solicitó la liberación de todos. “Si usted quiere el canje,
deme mis jefes, oficiales y soldados, yo le daré los suyos pero esto uno a
uno y sin hacer esas odiosas excepciones que usted propone.” 242
En los acuerdos para el Canje de Prisioneros, Riva Palacio, ya no qui-
so negociar con Ramón Méndez, pero tampoco lo haría con Maximiliano de
Habsburgo, pues no lo reconocía como emperador. De tal forma, se comu-
nicó con el jefe de las fuerzas intervencionista, Aquiles Bazaine.243
Para este propósito, liberó en Huetamo al capitán imperialista Igna-
cio Miñón, quien fungía como intérprete de los belgas y estuvo a punto
de ser fusilado porque se había fugado junto con los prisioneros Walton y
Geoffroy.244 El general Riva Palacio confió en Miñón para ser el emisario
en las negociaciones. Su objetivo era entregar las cartas de Riva Palacio,
que se encontraba en Tacámbaro, y Bazaine que estaba en ciudad de Mé-
xico. Por tal razón, desde el cuartel general republicano le asistieron con
caballos, dinero y personal para que tuviera éxito en su misión.245

101
villaseñor / martínez

Conforme el tiempo transcurría, la ausencia del mensajero aumen-


taba la amenaza de una ejecución masiva por órdenes de Méndez. Por fin,
Miñón puso en manos de Riva Palacio, la respuesta de Bazaine la noche
del 26 de noviembre en Tacámbaro. La misiva rezaba así:246

Corps expeditionaire du Mexique.- Gavinet du Marechal comandant en


chef.- Núm. 1403.- México, noviembre 16 de 1865. -Sr. General.- He reci-
bido la carta que me habéis dirigido por conducto de capitán Miñón. He
visto con placer los sentimientos de humanidad que os animan y os hacen
obrar en esta circunstancia. Yo mismo muy deseoso de ayudaros en esta
vía, estoy dispuesto para hacer todo lo que me sea posible para conseguir
un común acuerdo.
Tengo, pues la honra de informaros que de doy órdenes para que se
efectué el cange (sic) en el pueblo de Acuitzio, el 2 de diciembre, de las ocho
de la mañana a las diez.
Primero: el general Canto y todos sus oficiales hechos prisioneros por
el coronel El señor capitán Bocarmé del regimiento belga es quien he de-
signado para presidir el cange de los prisioneros. Lo acompañara el Sr.
Capitán Don Antonio Salgado, y será escoltado, para ir al pueblo de Acuit-
zio, por una compañía belga, fuerte de 50 a 60 hombres y algunos ginetes
(sic) mexicanos.
De Potier. Segundo: Todos los oficiales hechos prisioneros Tacámbaro
por el coronel Vander Smissen.
Tercero: Todos los oficiales hechos prisioneros en Santa Ana Amatlán,
por el general Méndez.
Cuarto: Todos los soldados prisioneros en Morelia. En fin según vues-
tros deseos los generales Tapia y Juan Ramírez hechos prisioneros en Oaxa-
ca y detenidos en Puebla. Todos los prisioneros que están en Morelia serán
remitidos el día 2. Respecto a los generales Tapia y Ramírez me compro-
meto bajo mi palabra de honor a ponerlos en libertad en Puebla con salvos
conductos, para que puedan ir a donde les pareciere, tan luego como este
informado que se ha hecho el cange.
Deseo, señor general, que tengáis la satisfacción de ver la buena volun-
tad que os demuestro en esta ocasión. No quiero concluir esta carta sin da-
ros las gracias por la buena voluntad y los miramientos que habéis tenido
para con los prisioneros.
Recibid señor general, la seguridad de mi más distinguida considera-
ción. -El mariscal de Francia “Bazaine”. -Sr general Riva Palacio.247

El entendimiento entre ambos generales se hizo evidente desde las


primeras cartas, y Vicente Riva Palacio que se encontraba en su cuartel
militar de Tacámbaro, le contestó en su correspondencia fechada el 27 de
noviembre de 1865 de la siguiente forma:

102
acuitzio / monografías municipales

“Ejército Republicano del Centro. -General en jefe.- Núm 52.- Con mucha
satisfacción he recibido por conducto del capitán Miñón, las proposicio-
nes relativas al cange (sic) de los prisioneros: y S.E. el Mariscal debe estar
completamente satisfecho de que, por mi parte, no se pondrá dificultad de
ninguna especie, y haré todo lo posible porque cuanto antes tenga su más
completo verificativo, y mandaré entregar al comisionado de V.E. el Sr.
Mariscal, todos los prisioneros, tanto belgas como mexicanos, que existen
en Zirándaro y en Huetamo. Por mi parte presidirá el cange (sic) en Acuit-
zio, el Sr. Teniente coronel Don Agustin Linarte, escoltado por 80 ginetes
(sic). Haré, sin embargo, notar al Sr. Mariscal, que su enviado el capitán
Miñón, me ha presentado anoche en esta ciudad sus comunicaciones; que
de aquí al lugar en que existen los prisioneros, hay una distancia de 46
leguas de muy mal camino, y de aquí al punto señalado para el cange, hay
una distancia de 12 leguas, que unidas a las anteriores, producen un total
de 58 leguas, que creo imposible que puedan recorrer los prisioneros bel-
gas en los pocos días que faltan para el cumplimiento del plazo que el Sr.
Mariscal ha señalado. Sin embargo, he puesto un extraordinario para que
inmediatamente se pongan en camino para esta ciudad los prisioneros, y
me tomo la libertad de suplicar al capitán Miñón entregue una carta al de
igual clase Visart de Bocarmé, para que no salgan a encontrarlos hasta el
día que yo les mande avisar.
Creo que S.E. el Sr. Mariscal, conocerá la inculpabilidad que hay por mi
parte, si el cange no tiene lugar el día determinado y como yo lo deseara.
Para evitar que las hostilidades en el camino de aquí a Morelia, puedan
impedir o retardar el éxito de esta negociación, ya doy mis órdenes para
que se suspendan en toda la línea de Tacámbaro a Acuitzio, y en el caso que
lleguen a quebrantarse, protesto al Sr. Mariscal que no será por parte de las
fuerzas republicanas.
Réstame solo antes de terminar esta nota, dar a S.E. el Sr. Mariscal, las
más expresivas gracias por su deferencia y caballerosidad en este negocio,
que prueba sus sentimientos humanitarios y nobles.
Protesto a S.E. el Sr. Mariscal, la seguridad de mi más distinguida con-
sideración.
Cuartel general en Tacámbaro de Codallos, a 27 de Noviembre de 1865,-
“Vicente Riva Palacio,”
– A.S.E. el Mariscal Bazaine, Comandante en jefe del cuerpo expedicio-
nario de México.248

El 28 de noviembre, el capitán Gauchin informó a sus compañe-


ros que serían liberados próximamente en Acuitzio. De tal forma, te-
nían que preparar su salida de esa misma tarde. Los prisioneros belgas
se despidieron de los pobladores de Zirandáro con agradecimiento y,
luego cruzaron el río balsas en embarcaciones para proceder su pere-
grinaje hacia la libertad.249

103
villaseñor / martínez

El Canje se programó para el 2 de diciembre en Acuitzio, pero pos-


teriormente la fecha se cambió para el 5, ya que era imposible llegar en esa
fecha debido a la distancia de Huetamo hasta Acuitzio.
En este acuerdo pactado, el coronel José María Alzati, un chinaco
oriundo del oriente michoacano, tuvo la responsabilidad de llevar a los
prisioneros belgas de las cárceles de Zirándaro a Tacámbaro. Al llegar al
cuartel militar republicano, los prisioneros saludaron con mucha emoción
y gratitud al general Vicente Riva Palacio el 3 de diciembre.250
Ante la proximidad del canje, se mandaron alistar los hombres de la
caballería que dirigía el coronel Ronda, quien fue apoyado por el capitán
Pedro Rivera y dos subalternos, para que vigilaran a los prisioneros hasta
Acuitzio. En esa escolta iba el comisionado para presidir el canje, Agustin
Linarte quien hablaba el francés.251

El perdón de los belgas, Francisco de Paula Mendoza (1881). Pintura en Palacio de Gobierno del Estado
de Michoacán (Foto: Noel Téllez)

104
acuitzio / monografías municipales

Para mantener las condiciones necesarias para el canje, ambos ban-


dos acordaron un armisticio de tres días garantizando una zona pacífi-
ca.252 Después de varios años de lucha armada, en el que los estruendos
de los cañones y las balas de los fusiles, dejaban los campos regados de
cadáveres sangrientos en la tierra michoacana, por fin, los habitantes de
esta región podían respirar un ambiente de paz y armonía. Las familias y
las amistades de los prisioneros, sintieron un momento de esperanza por
verlos salvados del fusilamiento, motivo incuestionable para celebrar la
próxima liberación en Acuitzio.
El día 4 de diciembre los prisioneros belgas partieron por la tarde
y el 5 llegaron a Acuitzio en la mañana. Los belgas prisioneros se queda-
ron por órdenes de Linarte en la orilla del lado sur, mientras tanto él fue
directamente a dar formalidad al canje. Bocarmé y Linarte se saludaron
amigablemente, pues se conocieron cuando Bocarmé negociaba con Ar-
teaga en Tacámbaro el canje. Los oficiales intercambiaron sus listas de pri-
sioneros.253 La redacción del acta del canje tuvo una duración aproximada
de 45 minutos.254

En el pueblo de Acuitzio, a cinco de Diciembre de mil ochocientos sesenta y


cinco, presentes los comisionados que suscriben, el uno por parte del cuar-
tel general del Ejército del Centro, y el otro por la del Sr. Mariscal de Francia,
Bazaine, comandante en jefe del Ejército expedicionario, se celebró el can-
ge pactado entre el referido C. general Vicente Riva Palacio, comandante
en Jefe del Ejército Republicano del Centro, y el dicho del señor Mariscal,
quedando conformes en todo y para que conste lo firmaron.-Le capitaine
charge de l’echange des prissionaires. “S. Visart de Bocarmé,” á la Legión
Belga.-El teniente coronel de Ingenieros, Jefe del Estado Mayor del C. Ge-
neral en jefe del Ejército Republicano del Centro, Vicente Riva Palacio, y
comisionado para el cange de prisioneros, “Agustin Linarte”.255

Mientras se firmaba el acta del canje de prisioneros, sin poder conte-


ner sus emociones ambos campamentos celebraban con música. Los bel-
gas empezaron a entonar su canto patriótico Garde a Vous, mientras que
los mexicanos cantaron su himno nacional.256
Al toque de ambas trompetas los dos contingentes de prisioneros
entraron al pueblo.257 El 5 de diciembre de 1865, Acuitzio se convirtió en

105
villaseñor / martínez

un escenario hospitalario para ambos bandos. Sus calles empedradas, sus


tejados de barro y sus casas con paredes de adobe les daban la bienve-
nida a los prisioneros que estaban a punto de ser liberados. Al entrar a
la población los prisioneros veían grandes caravanas de gente a caballo.
Eduardo Ruiz nos relata que:

Se distinguían los rancheros con sus trajes de charro y los anchos sombreros
galoneados; las rancheritas con el rebozo terciado en la cintura, el pie en
el estribo de la silla vaquera, la cabeza cubierta con sombrero jarano. Las
autoridades municipales de los pueblos vecinos enviaron sus músicas para
solemnizar esta fiesta nacional. Unos minutos después, las dos fuerzas lle-
garon a la plaza. Enseguida sonó la música de las bandas. El espacio se llenó
de cohetes que estallaban en el aire, las campanas repicaban alegremente, y
se oían las exclamaciones de la multitud. Los prisioneros, sin poderse con-
tener, se abrazaron entre sí, y luego se desprendieron del uno y del otro
bando, y fueron a estrechar entre sus brazos a sus antiguos camaradas.258

Por su parte, Loomans un prisionero belga testigo del canje de


Acuitzio, cuenta que: “Sentimos una irresistible oleada de entusiasmo y
entonamos unánimemente nuestro canto patrio. Momentos después, vi-
mos a nuestros compañeros correr hacia nosotros como locos… Fue un
abrazo general. Aun lloro cuando lo recuerdo.”259
El prisionero Emile Walton, recuerda en sus memorias que al sentir
la liberación, los gritos y lágrimas de los cautivos fueron parte de esta
escena conmovedora. Al pueblo de Acuitzio llegó un convoy de los impe-
rialistas conformados con ocho carros llenos de armas, municiones, ropa,
pan y barriles de cerveza para celebrar la libertad de los prisioneros.260
Desde temprano se había preparado comida para los soldados. Li-
narte y Bocarmé presidieron sus respectivos banquetes, y el último obse-
quió abundante cerveza.261 En su despedida, el teniente Emile Walton y el
comandante republicano Marmolejo prometieron que su amistad perdu-
raría incluso en el campo de batalla, en el que prometieron no combatir
cuerpo a cuerpo. Posteriormente, los imperialistas se dirigieron a Tiripe-
tío en donde algunos oficiales los esperaban con vino de Burdeos. 262
Al llegar a Morelia los exprisioneros imperialistas fueron recibidos
con música y con ropa para evitar enfermarse por el cambio de clima.263

106
acuitzio / monografías municipales

Mientras tanto, en Tacámbaro los excautivos mexicanos fueron recibidos


con cohetes, música y gritos de júbilo.264
Para perpetuar este recuerdo del canje, los belgas cumplieron su
promesa al enviarle a Vicente Riva Palacio una fotografía con Visart de
Bocarmé.265 El canje de prisioneros trascendió al no ser contemplados
únicamente a los prisioneros del ERC, sino también se negoció la libera-
ción de los prisioneros del Ejército Republicano del Oriente: los genera-
les Santiago Tapia y Juan Ramírez que fueron liberados en Puebla.266 En
cuanto al general Porfirio Díaz, que también había sido considerado en
el canje con las negociaciones de José María Arteaga y Vander Smissen,
le informó a Riva Palacio sobre su escapatoria y le dio las gracias por su
intención de liberarlo.267
Vicente Riva Palacio recuerda en una carta escrita a Jesús Rubio que
“de nuestros oficiales, solo dos no aprovecharon el canje, y se fueron a sus
casas. Muchos de los belgas se quedaron con nosotros, y con tal motivo,
hubo de formarse una legión que entró en campaña.”268
Al general Vicente Riva Palacio, se le rindió un homenaje con los
decretos del 15 de febrero y 21 de abril de 1868 del congreso de Michoa-
cán, que lo declararon ciudadano michoacano y benemérito del Estado.269
El decreto del 10 de octubre de 1888 elevó a Acuitzio al rango de
Villa, para recordar el canje de prisioneros durante la Guerra de la In-
tervención Francesa, el 5 de diciembre de 1865.270 Y 16 de diciembre de
1901, el gobernador de Michoacán Aristeo Mercado le agregó al nom-
bre de Acuitzio del Canje, con la finalidad de recordar el intercambio de
prisioneros y distinguirlo de poblaciones que tenían el nombre similar
al de Acuitzio.271

6.- Conclusiones

El análisis del contexto histórico y la consulta de fuentes de la Guerra de


la Intervención Francesa, nos hizo concluir que la negociación del canje
de prisioneros de Acuitzio hizo eco en el parlamento de Bélgica, el palacio
imperial y los campamentos militares. Paradójicamente, este episodio que

107
villaseñor / martínez

se distinguió por ser un acto de perdón y libertad a los prisioneros se llevó


a cabo en Michoacán, el estado más convulso durante la conflagración.
Estos contrastes son posibles, cuando en ambos ejércitos existe un interés
en salvaguardar la vida de los cientos de cautivos, a pesar de violar sus
leyes que indicaban el fusilamiento de los prisioneros de guerra. De tal
forma, pesó más el acuerdo que la ley.
El canje de prisioneros, se debe entender como un proceso de ne-
gociación complejo, por su interés de evitar un fusilamiento masivo en
ambos campamentos militares, en tiempos de guerra. Los acuerdos tu-
vieron tres momentos durante cinco meses. El primer intento inició con la
correspondencia entre Arteaga y Vander Smissen. Desafortunadamente,
este episodio termino con el fusilamiento de Arteaga. El segundo inten-
to de formalizar el canje se dio entre Riva Palacio y Ramón Méndez, sin
embargo, Riva Palacio rechazó la propuesta de Méndez por considerarla
inequitativa. Finalmente, en un tercer intento, Riva Palacio acordó con
Bazaine el Canje, que era solicitado por la pareja imperial mexicana y exi-
gido por las autoridades de Bélgica.
A Riva Palacio se le debe reconocer su criterio, diplomacia, tem-
planza y benevolencia en su negociación para liberar a los prisioneros.
Su forma de proceder en el acuerdo fue un triunfo diplomático para
Riva Palacio, ya que el ERC fue reconocido como autoridad militar con
derecho de guerra, contrariamente, a lo que estipulaba la ley del 3 de
octubre al referirse a los combatientes como bandas que no estaban le-
galmente autorizadas.
El contenido de la Convención de Ginebra y el Código Lieber in-
fluyeron para que los firmantes de la negociación aceptarán el intercam-
bio. Y finalmente, al pueblo de Acuitzio se le consideró ser el anfitrión
de este acto noble, gracias a su situación geográfica que lo ubicaba cerca
de las prisiones imperialistas de Morelia y Pátzcuaro, y al cuartel general
republicano establecido en Tacámbaro.
Por su dimensión histórica y simbolismo de paz, este hecho his-
tórico suscitado en Acuitzio cobra relevancia en estos tiempos violen-
tos que vive el mundo, nuestro país y estado.

108
acuitzio / monografías municipales

capítulo iv
El impacto de la Guerra de Reforma y el periodo porfiriano en Acuitzio

Por: José Arturo Villaseñor Gómez


Presidente de la “Asociación de Cronistas por Michoacán A. C.”

En el presente apartado veremos algunos aspectos económicos y políticos


que influyeron en la transformación urbana y geográfica de la sociedad
de Acuitzio en la segunda mitad del siglo XIX, precisamente durante la
Guerra de Reforma y hasta el periodo porfiriano, así como el impacto
ideológico de estos cambios en el imaginario de sus habitantes, expresa-
dos en su vida cotidiana y en la imagen urbana del sitio. Esta situación
ocurrió como un reflejo de las ideas implementadas desde el poder, y sus
efectos se vieron representados en los espacios habitados, con la introduc-
ción de algunas modas que más tarde se volvieron costumbres. Las polí-
ticas administrativas nacionales de modernización implementadas desde
el centro del país, fueron secundadas por las autoridades civiles estatales
y locales e influyeron en los municipios; las decisiones de sus gobernan-
tes en materia de economía, administración, marcaron la vida social de
los habitantes de los espacios rurales y urbanos. Como veremos aquí, el
estado laico triunfante buscó expresar su control y poder con medidas
de seguridad, fue importante la captación de recursos provenientes del
cobro de impuestos y servicios como la venta de fincas rústicas y urbanas
o la creación del registro civil.

109
villaseñor / martínez

El periodo de la segunda mitad del siglo XIX, que abarcó La Guerra


de Reforma, Intervención Francesa y el porfiriato, se considera el naci-
miento y consolidación del estado moderno nacional con sus institucio-
nes; sus efectos se reflejaron en la población urbana y rural, en la transfor-
mación de la propiedad, el estado laico, la educación bajo el control del
gobierno civil, el nacimiento del registro civil y la entrada a la moderni-
dad. Fue el momento de la definición de la lucha por el poder, entre mexi-
canos. El grupo liberal planteaba construir un estado republicano fuerte,
que brindase seguridad a sus habitantes, higiene, salud y, como punto
central, separado totalmente del clero en sus aspectos económico-socia-
les. Buscaban crear ciudadanos productivos en el campo, la industria, el
comercio y una economía sólida. Creían estos intelectuales liberales que
solamente así surgiría una patria vigorosa. El conflicto armado se dio por
esas diferencias, puesto que, desde la visión del grupo liberal la iglesia
debería estar fuera de la vida social el mexicano y dejar las cuestiones de
la conciencia, fe y religión en la vida privada, de acuerdo a la decisión de
cada individuo.272
Por su parte, los ideólogos de la iglesia católica, como Clemente de
Jesús Munguía, no concebían al mexicano sin la moral cristiana; argu-
mentaban que, sin Dios en todos los aspectos de la vida de los fieles, éstos
estaban condenados a vivir en el pecado y, por tanto, estaba en riesgo
su salvación eterna; afirmaban que los propios gobernantes sin la moral
cristiana corrían el riesgo de vivir una vida de corrupción, que sin duda
afectaría a los gobernados. Este grupo conservador, ante la amenaza de
sus oponentes liberales, defendieron su visión de país desde diferentes
ángulos: desde el discurso ideológico, mediante los sermones en el púlpi-
to, emitiendo sus opiniones en periódicos; en lo económico y político apo-
yando con recursos a sus representantes en el congreso con la emisión de
leyes y decretos, y sosteniendo a un ejército a lo largo de las luchas. Ante
estas visiones aparentemente irreconciliables, la guerra finalizaría hasta el
triunfo juarista y la posterior llegada de la época porfiriana que marcaría
el inicio de otra etapa en la vida nacional de sus municipios. Veamos aho-
ra cómo ocurrieron estos hechos.

110
acuitzio / monografías municipales

1.- El preludio del conflicto

Nuestro país vivió las tres décadas posteriores a la consumación de la


independencia una grave depresión: existía una economía estancada,
la minería en crisis, el comercio paralizado, el campo sin producir, las
instituciones educativas casi todas cerradas. Esta situación en las ciu-
dades más pequeñas y poblados era aún más grave; hubo una crisis
en los diferentes aspectos, puesto que México estaba en una época de
inestabilidad y guerras constantes. La pugna era por parte de las clases
que aspiraban a gobernar; giraba en torno al modelo de nación a se-
guir. En Michoacán sus ciudades y pueblos enfrentaron un sin número
de complicaciones debido a la inestabilidad política: los campos pro-
ducían de manera insuficiente por la cantidad por extensión de tierras
sin cultivar y las rudimentarias técnicas de siembra, había una gran
cantidad de terrenos baldíos, el comercio en crisis por la falta de circu-
lación de mercancías, los caminos eran de herradura y se encontraban
en pésimas condiciones, con asaltantes merodeando.
Estas críticas circunstancias se vivieron en Acuitzio; allí también el
comercio era tan irregular e inestable como el paso de la arriería por el
lugar; la venta de mercancías era escasa y de consumo local, los produc-
tos básicos se obtenían en las miserables tienduchas y “tendejones” mal
surtidos, con escasos artículos; la gente de los barrios y localidades rura-
les del pueblo, para subsistir, sembraba en el traspatio de sus casas, en
un pequeño terreno al interior de las viviendas llamado “ekuaro” maíz,
frijol, calabaza, chile, jitomate, frutos locales, plantas medicinales y otras
hortalizas; apenas lo indispensable para sobrevivir. Una década posterior
a la Independencia, precisamente en 1831, habitaban en el poblado de
Acuitzio 2000 personas, de ellas 585 eran varones solteros, 388 casados y
21 viudos, así como 587 solteras, 388 casadas y 116 viudas. Las calles lu-
cían sucias y polvorientas en “época de secas”, y lodosas e intransitables
durante “las aguas”, en el verano. Las enfermedades resultaban mortales
para los pobladores porque no había botica alguna ni médicos, los partos
eran atendidos por “comadronas”. Aunado a lo anterior, el cólera morbus

111
villaseñor / martínez

ocasionó en los años treinta una gran mortandad en los acuitzenses, de tal
manera que la población disminuyó en un alto número.273
En tanto, las fuerzas armadas de los centralistas conservadores, en
su lucha por imponer su modelo de gobierno contra los federalistas libe-
rales, cruzaban por el poblado, saqueaban las casas y tiendas, destruían
los escasos sembradíos; mataban a los animales domésticos para saciar
sus necesidades alimenticias y robaban los caballos, ante el temor e im-
potencia de sus dueños. Los moradores de ese espacio sobrevivieron de
manera precaria, llenos de miedo, produciendo apenas lo básico para so-
brevivir; no había escuelas de enseñanza elemental, los pocos habitantes
que sabían leer habían aprendido en casas de señoras que enseñaban los
elementos básicos para sumar y restar. En ese entonces, la mayoría de
los pobladores eran analfabetas, no había iluminación nocturna eficiente
ni policías suficientes; ante el paso de tropas como la de Juan José Coda-
llos, o al paso de Gordiano Guzmán en Acuitzio, los gendarmes locales
abandonaban su puesto, espantados ante las batallas que los “alzados”
libraban contra el gobierno.
El cambio de mentalidad en este periodo fue difícil, no sucedió de
inmediato en poblados pequeños sino hasta décadas posteriores, se dio
de manera lenta; comenzó a gestarse en espacios más propicios, en ciu-
dades como Morelia, con la llegada de nuevas ideas sobre cómo gobernar
y modernizar la tecnología. Es importante señalar que dicha transforma-
ción se gestó en algunos espacios de la ciudad, en las bibliotecas de algu-
nos abogados y, paradójicamente, en las aulas del Colegio Seminario de
Morelia a partir de 1831, con el rector Mariano Rivas. En ese centro edu-
cativo formador de sacerdotes y abogados, se educó con otra visión, al
dejar atrás el modelo tradicional y la considerada “vieja teoría escolástica
aristotélico-tomista”,274 para ser sustituida por nuevos métodos y planes
de estudio, con textos modernos implementados por el rector Mariano
Rivas, en donde la búsqueda del conocimiento se basó en métodos racio-
nal-mecanicistas, influidos por el planteamiento científico de Descartes.275
Estos novedosos programas de estudio implementados en el Co-
legio Seminario, fueron también instaurados en el Colegio de San Nico-

112
acuitzio / monografías municipales

lás a partir de 1847; a iniciativa del grupo encabezado por don Melchor
Ocampo. Desde el momento de su reapertura como escuela pública laica,
separada de la iglesia, es sabido que los docentes de ambos colegios eran
los mismos profesores. En sus planes de estudio también instituyeron la
modificación en el currículo materias como la química, biología, francés,
inglés y alemán, por mencionar algunas asignaturas, incluyendo además
autores “prohibidos” como Voltaire, quien hablaba de la separación de
la iglesia con el estado; lo que se reflejó en la formación de individuos
con otra mentalidad: bajo el racionalismo, que influyó en la manera de
concebir el mundo y la organización de las sociedades con nuevas formas
de gobierno, influenciados por la ilustración europea del siglo XVIII, que
aspiraba a un estado fuerte, de ciudadanos productivos y una iglesia so-
metida al gobierno laico.276
Como hemos visto a lo largo de este libro, desde la fundación del
poblado hubo transformaciones y continuidades en relación al uso de es-
pacios abiertos, traza urbana, calles y vida cotidiana en Acuitzio; estos
cambios fueron una constante a lo largo del virreinato. No obstante, en
el siglo XIX se vieron matizados por nuevas formas de pensamiento; fue
ese siglo un periodo de convulsiones a causa de las discrepancias ideoló-
gicas de los grupos que aspiraban al poder, debido a sus intentos por la
aplicación de modelos distintos de gobernar; situación que desembocaría
en constantes movimientos armados. Los importantes cambios adminis-
trativos, tuvieron su origen ideológico con la llegada del liberalismo que
impactó en lo económico, político y social. En esa etapa se gestó el naci-
miento del país como nación laica.
A nivel nacional, desde la visión liberal, era imprescindible buscar
la laicización de la sociedad y, para difundir estas ideas, en Michoacán,
personajes de ideas también liberales, se apoyaron en textos y mensa-
jes visuales que integraban en su proyecto modificaciones de ciudades
y pueblos como la transformación de la traza urbana, la apertura de
calles, institución de las escuelas públicas administradas por el estado
y, desde luego, la secularización de los espacios públicos, con la prohi-
bición de las ceremonias religiosas fuera de los templos, situación que

113
villaseñor / martínez

crearía malestar en los sacerdotes y su grey católica. Estas ideas se con-


solidaron definitivamente años después, con la promulgación de las Le-
yes de Reforma, aplicadas cabalmente hasta el triunfo republicano en
pleno periodo porfiriano; por ejemplo, con el cumplimiento de la Ley
Lerdo, que incorporó las fincas y terrenos de los indígenas y de las cor-
poraciones civiles y eclesiásticas que estaban baldíos, para adjudicarlas
a quienes las arrendasen; solamente se conservaron parcialmente, para
el culto religioso los templos. Era este un mensaje del cumplimiento de
la secularización de la sociedad.277

2.- Un periodo de crecimiento: El nacimiento del Curato y Municipio


de Acuitzio

Tanto liberales como conservadores, sabían de la importancia de tener


la opinión a su favor de los habitantes de los poblados, por lo que pro-
curaron construir y difundir mensajes de legitimidad. Para reafirmar
esa simpatía popular que consideraban necesaria utilizaron discursos
visuales, auditivos para descalificar a su oponente y motivar al pueblo a
tomar partido. Situación que realizaron cada grupo desde sus recursos
y posibilidades: los unos con discursos, periódicos y leyes, los otros,
también desde la prensa, con sermones desde el púlpito y aprovechan-
do la fe religiosa; ambos utilizando recursos económicos y la fuerza del
convencimiento ideológico.
A mediados del siglo XIX, en plena Revolución de Ayutla, se dio
en Acuitzio un hecho importante para la vida de sus habitantes: en 1854
ocurrió la erección del curato en el poblado por parte de las autoridades
religiosas, encabezadas en Michoacán por Clemente de Jesús Munguía.278
Con esta acción el clero buscaba influir en el imaginario de los fieles, ade-
más, retener el control social y espiritual de la demarcación religiosa, toda
vez que era notoria la decadencia de la parroquia de Tiripetío en pobla-
ción y producción de recursos. Al crearse la parroquia de San Nicolás de
Tolentino en Acuitzio; este poblado, en palabras del canónigo José Guada-
lupe Romero: “creció con rapidez en comercio, caserío con una parroquia

114
acuitzio / monografías municipales

decente y aseada; por lo que se dotó al pueblo además del párroco, con
dos capellanes, sujetando ahora a la nueva parroquia los poblados cerca-
nos ya mencionados que antes pertenecían a Tiripetío.”279
A su vez, el gobernador de Michoacán, Miguel Silva Macías, bus-
cando contrarrestar el poder e influencia de la Iglesia, en una acción de
igual trascendencia, desde su administración y, ante la necesidad de cap-
tar la mayor cantidad de recursos posibles en medio de la confrontación
armada, decretó el 26 de abril de 1856 la creación del municipio de Acuit-
zio, que en ese tiempo se configuraba por “un caserío que parte de norte a
sur por la calle real, con una plaza regular, dos mesones, una escuela para
niños y el recién creado Ayuntamiento Constitucional, además de dos ca-
pillas pobres dentro del casco, y un cementerio capaz y aseado en el atrio
del templo.”280 La vivienda de los indígenas seguía compuesta de chozas
de humilde aspecto, igual descripción es válida para los descendientes de
origen africano habitantes del “barrio alto”, al poniente rumbo al cerro
viejo, cuya distribución espacial se componía de casas esparcidas y sin
la regularidad ni la traza ortogonal de las tres calles principales paralelas
en dirección norte-sur; aunque en el medio rural había familias “blancas”
viviendo en las haciendas cercanas al casco del poblado.
De esta forma, a mediados del siglo XIX, a pesar de la inestabili-
dad y guerra entre los gobiernos centralistas-conservadores en contra de
federalistas-liberales, en Acuitzio se vivió un momento de cierta tran-
quilidad; sus pobladores junto con las actividades agrícolas y ganaderas
impulsaron el comercio de manera incipiente; mientras Tiripetío seguía
su línea en decadencia. Con la erección de Acuitzio a la categoría de
municipio281 se inició en este lugar una nueva etapa. A decir del presbí-
tero José Guadalupe Romero, el poblado crecía con rapidez en comercio,
población y caserío:
Tiene una regular plaza, dos mesones, una escuela para niños, ayuntamien-
to constitucional y una población de 5600 habitantes en todo su curato que
no excede de 804 kilómetros cuadrados; un templo grande en el pueblo jun-
to con dos capillas pobres, un cementerio en el atrio del templo parroquial
y vecinos laboriosos que se mantienen principalmente del comercio, la agri-
cultura y la arriería.282

115
villaseñor / martínez

Con la llegada del liberalismo surgieron nuevas ideas de gobernar,


en donde, un grupo de mexicanos conocidos como “liberales”, que aspi-
raban a gobernar, querían separar las cuestiones políticas y civiles de la
religión en la vida de los pobladores; esta idea era totalmente contraria al
grupo de los “conservadores”, que no querían separar lo religioso de la
vida civil de los habitantes del país, lo que ocasionó una pugna entre am-
bos bandos. La polémica llegó a su punto culminante en la segunda mitad
del siglo XIX, con la publicación de la Constitución de 1857 y enseguida
con las Leyes de Reforma y su intento de aplicación que desembocó en la
llamada Guerra de Reforma o Guerra de Tres años.283
Tal era el panorama en el municipio en el periodo de la promulga-
ción de las Leyes de Reforma que pretendían poner a la Iglesia Católica
sujeta al estado civil, por ejemplo, la Ley Lerdo decretó la venta y desa-
mortización de propiedades inmuebles y tierras, que en Acuitzio estaban
en manos del clero, de algunos particulares y de las comunidades indíge-
nas, y en teoría le arrebataba de golpe a la Iglesia católica todos sus privi-
legios económicos, sociales e ideológicos. De acuerdo con la Ley Ocampo
y en cumplimiento de la misma, como ya comentamos, se creó en Acuit-
zio el Registro Civil en 1861, siendo la primera persona inscrita en el libro
de nacimientos la niña María Teodora Rita Celestina presentada por su
padre originario de Santiago Undameo, a las once de la mañana la cual
fue registrada por el teniente de justicia de donde eran originarios, ante
la presencia del primer juez del municipio José María de Jesús Gordillo.284
En 1861 se creó una oficina recaudadora de impuestos. Al año siguien-
te, en 1862, y hasta 1867, ocurrió la Guerra de Intervención Francesa, y con
ella la imposición del imperio de Maximiliano; en esa etapa, hubo en Acuit-
zio un canje de prisioneros belgas e imperialistas por republicanos.
Es importante mencionar que en el periodo que va de 1854 a 1870,
existían en Acuitzio diversos grupos sociales, tanto los aglutinados en la
cabecera municipal con un incipiente intento de desarrollo, como los di-
seminados en las rancherías; eran gente del poblado compuesta por los
antiguos oficios: talabarteros (curtidores de pieles), “gabaneros” o tejedo-
res de gabanes, alfareros, panaderos, carpinteros, herreros, comerciantes,

116
acuitzio / monografías municipales

zapateros y sembradores de hortalizas para su venta local; en tanto los


del campo eran labriegos y pequeños ganaderos. Todos expectantes ante
las esporádicas y tardías noticias que, hasta con dos meses de rezago lle-
vaban algunos arrieros y se comentaban en las cantinas del poblado; se
hablaba de hechos entorno a la Guerra de Tres Años, a la invasión de las
tres potencias mundiales ancladas en el puerto de Veracruz, en espera de
desembarcar e invadir el país. Se supo también de la victoria obtenida
contra los franceses el 5 de mayo de 1862; de la llegada a la presidencia
de la República de Benito Juárez y del desembarque de muchos franceses
que venían a preparar la llegada del emperador Maximiliano, quien arri-
baría a la ciudad de México en 1864 con el respaldo del rey de Francia, el
Papa Pío IX, el ejército francés y por los conservadores mexicanos.285
En Acuitzio se vivió el canje de belgas y mexicanos imperialistas
intercambiados por republicanos juaristas; los habitantes del poblado
supieron tanto del retiro del ejército francés a Europa y del triunfo de
los liberales, como del fusilamiento de Maximiliano en Querétaro y del
regreso de los poderes de nuestro estado, que habían sido trasladados a
Uruapan nuevamente reinstalados en Morelia en 1867, con Justo Men-
doza como gobernador. Esta información llegaba por medio de los co-
mentarios, periódicos y pasquines que traían consigo los arrieros de la
comarca al trasladar sus mercancías junto con noticias que hacían cir-
cular a su paso; por este medio se supo que el grupo republicano había
llegado al poder para establecer una paz, situación que duraría cuatro
décadas, hasta el llamado porfirismo.

3.- El impacto de la llegada del porfirismo en el municipio

Con la instauración de un nuevo modelo de gobierno tras el triunfo li-


beral, a partir de la década de los años setenta de ese siglo XIX, llegaría
también un cambio de mentalidad en las costumbres y formas de existir,
situación que trastocó tanto la vida de los pobladores, como del entorno
natural y construido. Hubo mutaciones también en el paisaje con la ex-
plotación de recursos agropecuarios, la movilización de gente, la aper-

117
villaseñor / martínez

tura de tiendas comerciales, y los cambios territoriales geográfico-admi-


nistrativos que anexaban pueblos a nuevos municipios separándolos de
sus anteriores adscripciones. Con la llegada de la inversión extranjera y
la aplicación de la Ley Lerdo, ocurrió el despojo de las tierras comunales
que pertenecían a los indígenas y que el gobierno vendió a inversionistas
extranjeros. Estas transformaciones expresaban la llegada de la moderni-
dad del porfirismo, tangible también en otras obras como la transforma-
ción urbana del poblado. 286
Una vez establecida la paz, buscando estar en sintonía con el pen-
samiento positivista, los gobernantes en Michoacán procuraron transfor-
mar la sociedad y encaminarla hacia el progreso y expresar un mundo
de orden y seguridad, no medieval sino “científico e ilustrado”. Para lo-
grarlo, consideraron necesario introducir nuevos hábitos en la vida sus
gobernados. Se importaron de Europa ideas mecanicistas e higienistas de
sanidad; por lo que para los pueblos, villas y ciudades, se replantearon
modelos económicos y sociales, con ideas distintas a lo tradicional; crear
lugares productivos en donde reinara la paz social; se introdujo así una
febril actividad para urbanizar los espacios, abrir nuevas arterias que co-
municaran al centro del asentamiento con el exterior, mejorar caminos,
transformar los viejos mesones en lugares amplios; permitiéndoles crecer
al incorporar los suburbios. Con las mejoras materiales se implementaron
nuevas reglas de higiene propias de la modernidad; para resolver proble-
mas como la insalubridad, la insuficiencia de los antiguos panteones que
todavía existían en los atrios de los templos, tenían que colocarse en sitios
más adecuados, con ventilación, en las afueras del área urbana.287
La captación de ingresos siempre ha sido importante para el buen
funcionamiento de los municipios. En Acuitzio, a partir el 18 de marzo
de 1863, de acuerdo con la Ley de Hacienda promulgada por el gobier-
no del Estado, se creó la ya mencionada Receptoría de Rentas, a la cual
pertenecían con sus rancherías, los poblados de Tiripetío, Huiramba, Etú-
cuaro, Curucupaseo, Santiago Undameo, Atécuaro, Capula, San Nicolás
Tacícuaro, Cuto, Santa María, Jesús y San Miguel del Monte. Dentro de
los límites geográficos del municipio de Acuitzio, el casco del pueblo se-

118
acuitzio / monografías municipales

Yunta de bueyes, Avenida principal, años 30 (Foto: Archivo Noel Tellez)

gún “El pingo” Torres, se definía como un espacio ubicado en una loma
elíptica, en donde los habitantes del centro del poblado se abastecían del
agua que venía del manantial del “barrio alto” llamado Querérimo, al
oeste del centro y de los ojos de agua, ubicados en la parte baja, al este de
dicho centro urbano. En ese tiempo el municipio pertenecía al Distrito de
Morelia; limitaba al este con su similar de Indaparapeo, al Norte con el
municipio y cabecera distrital de Morelia, al Oeste con Pátzcuaro y al Sur
con las municipalidades de Tacámbaro y Carácuaro. 288
Con Porfirio Díaz en la presidencia; en el marco del discurso de
modernidad, mediante el lema de “orden, paz, progreso”, inició la re-
construcción nacional en sus diferentes aspectos. Desde su elevación
y a lo largo del periodo porfiriano, el gobierno del estado buscó dotar
al municipio de Acuitzio de una extensión territorial considerable; si-
tuación que favoreció su crecimiento urbano, geográfico, económico,
e influyó en la vida de sus habitantes por el aumento de territorio y
población.

119
villaseñor / martínez

Hubo muchas concesiones para la venta de terrenos y propieda-


des para nuevos hacendados mexicanos, y a inversionistas extranjeros.
De esta manera, tanto el clero como los indígenas, campesinos y mesti-
zos, se quedaron sin las tierras que antiguamente les pertenecieron a sus
ancestros; viviendo como peones o jornaleros. Servían en las labores del
“Real de minas” en San Diego Curucupatzeo, o en las haciendas como La
Concepción, en Etúcuaro, la de Santa Rosalía en Santiago Undameo, la de
Tziparapio, las de Coapa de Tiripetío y San Andrés, por mencionar algu-
nas. Por ejemplo, en la hacienda la Concepción de Etúcuaro, los campesi-
nos tenían que pedir permiso y “dar una cuota” a los nuevos dueños de
las tierras por cortar leña para hacer carbón, o elaborar fajillas utilizadas
en los tejados de las casas. Estos lugareños eran gente sencilla que usaba
sombreo de paja, vestía calzón y camisa de manta, calzaban huaraches
de correas, usaban calzón de manta, y gabán de lana tejido en los telares
del mismo poblado; su alimentación cotidiana consistía en tortillas, frijol,
chile, huevo, atole de maíz, café negro; apegados a sus tradiciones y cele-
braciones religiosas.
Debido a la incorporación de poblados y rancherías al municipio,
en Acuitzio creció la cantidad de recurso, frutícolas, mineros agropecua-
rios y con ello las actividades pueblerinas propias del municipio; de esta
manera hubo un gran aumento en la producción de recursos: florecieron
el comercio, la agricultura, la producción frutícola, ganadera, maderera, la
alfarería, los oficios de panadería, zapaterías, horticultura y la arriería;289
tendencia que se consolidó y prosperó en la era porfiriana. Esto ocurrió
también porque en la presidencia municipal de Acuitzio, en sus oficinas
de rentas; en ese entonces se captaban en mayor volumen los impuestos
de los incorporados pueblos de Capula, Tacícuaro, Jesús del Monte y San-
ta María que también formaron parte de Acuitzio.
El impacto de esta ideología, trajo consigo la transformación del pai-
saje con la implementación de las ideas de modernidad, salud e higiene;
mismas que también se reflejaron en el embellecimiento de los diferentes
espacios públicos: en la remodelación de calles, construcción de nuevos
edificios, plazas públicas, el nuevo panteón municipal, la llegada del ferro-

120
acuitzio / monografías municipales

Arreglando la Calle del Santuario 1909 (Foto: Miguel Barajas Barajas, Archivo Histórico, Fotográfico
y Documental, Noel Téllez)

carril. Las mejoras materiales fueron posibles debido a una recaudación de


rentas de esos años, de igual manera el comercio pujante, que circulaba por
la buena restauración de los caminos que los transformó en lugares muy
seguros para el paso de la arriería de Tierra Caliente hacia la capital del
estado que convirtieron ese espacio en una importante ruta hacia el sur que
llegaba a Acapulco, Tacámbaro, Huetámo y en su retorno hasta de la capital
del país; como centro distribuidor en un circuito de ida y vuelta, trayecto
que para el paso de los arrieros era un punto necesario.
En ese contexto, el ocho de abril de 1886, el gobernador de Michoa-
cán Mariano Jiménez inauguró uno de los símbolos más representativos
de la instauración del modelo positivista: el ferrocarril. En este caso de
Morelia en su tramo ubicado en la estación de Tiripetío, y que después
llegaría a Uruapan; dando así un mayor auge al comercio y haciendo flo-
recer los mesones en Acuitzio, cuyo paso era un punto obligado, de tal
suerte que el poblado alcanzó un desarrollo importante con la apertura de

121
villaseñor / martínez

comercios. El restaurado “camino de herradura” comunicaba al poblado


con la ciudad de Morelia, en una distancia de 41 kilómetros; era ese el
antiguo camino real que, en el porfiriato, siguió su paso tradicional por el
eje principal de la calle real del poblado, que rumbo al sur también lo unía
con Tacámbaro y la tierra caliente, dando con este hecho mayor auge al
comercio de la tierra caliente y vida a los mesones de Acuitzio.
Con la cercanía del paso del ferrocarril en el municipio, aumentó la
presencia de los arrieros y la apertura de locales comerciales establecidos
principalmente en la cabecera del poblado, surgieron nuevas tiendas y
mesones; también los vendedores de mercancías traídas de otras ciudades
y de la región de Tierra Caliente, y la venta de diversos artículos proce-
dentes de otros puntos del país. Así, el poblado se convirtió en un espacio
de compra-venta e intercambio de mercancías de un comercio cuyo eje
vertebrador era la avenida principal o calle real, cuyo nombre fue cam-
biado por calle nacional, en la actualidad llamada Avenida Riva Palacio,
eje rector principal, en donde se establecieron numerosos comercios. Es
notable hoy en día la numerosa cantidad de puertas situadas en la calle
principal, adaptadas para comercio. Tan notorio fue ese crecimiento geo-
gráfico y económico que, el gobernador de Michoacán Mariano Jiménez,
el 10 de octubre de 1888, mediante un decreto de legislatura, promovió y
aprobó la erección a la categoría de villa del poblado de Acuitzio.290 Esto
hecho fue celebrado con grandes festejos y como actos cívicos, desfiles,
inauguración de obras y música.
Si bien, es cierto que el ferrocarril permitió un mayor flujo de gente
y mercancías, más rápido y económico; con ello el comercio interregional
fluyó entre haciendas, pueblos y ciudades; de manera negativa; el paisaje
se transformó por la tala inmoderada de los bosques del municipio, para
fabricar casas, vigas, fajillas, tejamanil, tablas para tapancos, además de
los “durmientes” de madera para construir las vías férreas; se instalaron
en los montes fábricas de aguarrás por parte de la compañía “Audifred
Hermanos.” Otra novedad fue la llegada del telégrafo, que facilitó la co-
municación en negocios, e información de diversa índole, así como la
creación de la Planta eléctrica de “San Pedro”, en el bosque del municipio

122
acuitzio / monografías municipales

Tipología de Acuitzio, tomada desde la torre de la Presidencia (Foto: Colección Familia Villaseñor
Arreola, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

de Acuitzio, ubicado en la localidad rural de San Pedro Piedras Gordas,


que hizo posible la iluminación de la ciudad de Morelia.
El modelo positivista implementado en México, fue introducido por
Gabino Barreda y Justo Sierra, éste último había estudiado en Europa y
planteaba la transformación de país, para lograrlo afirmaba Sierra era ne-
cesario el conocimiento científico aplicado para así lograr el progreso y
bienestar económico y social de los mexicanos, este discurso explicaba el
paso de la humanidad a través de la historia por tres etapas: la metafísica
de barbarie, la teológica o intermedia y la positiva o científica propia del
siglo XIX, representada por la era industrial, de progreso el orden y la
paz, en el caso de México con Don Porfirio Díaz al mando. Este discurso,
se implementó a lo largo del país: en el campo, el comercio, la industria,
las modas, la tecnología y, desde luego en la educación básica y profesio-
nal impulsada, en este caso por el médico, filósofo y político mexicano
Gabino Barreda,291 quien fue el fundador de la Escuela Nacional Prepara-
toria. Incluso con este modelo de urbanismo llegaron modas y costum-

123
villaseñor / martínez

bres aceptadas por la sociedad porfiriana “más distinguida,” quienes las


adoptaron con gusto al saber, era “lo actual” en Francia e Inglaterra.292
A finales del siglo XIX, con la consolidación de la inversión extran-
jera se vivió una etapa de auge, dentro del imaginario de la modernidad
y paz social que alimentaba los discursos de los gobernantes, quienes ala-
baban a don Porfirio Díaz y proclamaban la importancia de prolongar
su permanencia en el poder, amparados en los planteamientos de Justo
Sierra, Gabino Barreda y Joaquín Branda, principales figuras en México
del positivismo.293En las grandes ciudades del país, algunos grupos socia-
les considerados parte de la élite privilegiada no solamente imitaron las
modas, vestidos, alimentación extranjera, principalmente francesa; inclu-
yeron también en sus hábitos y manera de vestir y ver la vida, los paseos
a la campiña, las fiestas y los bailes.
Mientras tanto, la mayor parte de la población seguía viviendo de
manera austera, alimentada con sus tradicionales celebraciones y fiestas,
que ahora incluía las cívicas como los desfiles para masas populares. Tam-
bién es notorio en Acuitzio, el desarrollo de actividades laborales ya no
solamente del campo, sino de los oficios artesanales; así resurgieron con
mayor auge los oficios y artesanías como la sastrería, zapatería, los pana-
deros, carpinteros, alfareros, pintores, herreros y músicos entre otros; ubi-
cados en los barrios y, unos cuantos, en el centro del poblado, que se insta-
laban también en los días de tianguis, junto a los comerciantes en la plaza
principal o en plena calle Nacional. Al salir del casco del poblado, rumbo
al sur, el camino real todavía llamado así en ese entonces fue restaurado,
bien vigilado y con un mantenimiento constante, lo que favorecía el flujo
de arrieros, con mercancías y ganado que también traería el surgimiento
de nuevos mesones.
Abundando sobre los efectos del paso del ferrocarril cercano a
Acuitzio, cabe señalar que para su construcción se realizó la explotación
de la madera de los bosques del municipio de Acuitzio, en donde fueron
talados inmisericordemente una gran cantidad de árboles de los bosques
y montes de este municipio para el tendido de las vías férreas y en la cons-
trucción de viviendas y para la industrialización de las resinas y aguarrás,

124
acuitzio / monografías municipales

principalmente en sitios como Tziparapio, el Tzintzun, Cutzaro, la ha-


cienda de San Andrés Coapa, y los montes de Cruz de Caminos, Tererio,
Etúcuaro y Acatén.

4.- Mejoras urbanas: un reflejo de la modernidad

En las décadas posteriores al Canje, la fisonomía del poblado comenzó


a cambiar de aspecto: con la política de modernidad pregonada desde el
discurso a nivel nacional, e implementado en los municipios de Michoa-
cán, respaldado con la ya eficiente aplicación de la recaudación de im-
puestos, los ayuntamientos municipales lograron captar mayores recur-
sos, con ello iniciaron los programas de saneamiento y embellecimiento
de edificios y de espacios públicos abiertos: en 1881 se concluyó la reedifi-
cación de las antiguas casas consistoriales, transformadas bajo el nombre
de presidencia municipal; en los años siguientes se empedraron las calles
que hasta entonces eran de tierra y se pintaron las fachadas de las casas
ubicadas en la calle nacional del poblado; cuya población ascendía, en
1883 según el informe presentado por el gobernador en las llamadas Me-
morias de Gobierno, a 17,095 habitantes diseminados en rancherías, pobla-
dos tenencias y en la cabecera municipal de Acuitzio. 294
La tradición europea introducida al país, intentó aplicarse también
en el diseño y desarrollo urbano y arquitectónico295 de los poblados mexi-
canos; de esta forma, en el porfirismo, bajo el discurso del liberalismo eco-
nómico.296 Inició una etapa de prosperidad en la producción y desarrollo
económico, gracias al capital de origen extranjero invertido en nuestro
país; las mejoras urbanas aparecieron. Esta corriente decimonónica se ca-
racterizó por su individualismo expresado en la emergencia de burgue-
sías nacionales y de origen extranjero llena de ideas progresistas; fue la
época de la consolidación del México moderno en donde la arquitectura
se utilizó como un medio de expresión de este pensamiento.297
En la última década del siglo XIX, la inversión extranjera vivió una
etapa de auge significativo; reflejo de la modernidad y progreso, pregona-
do por el sistema de gobierno; las mejoras urbanas no se hicieron esperar,

125
villaseñor / martínez

en Acuitzio se empedraron las polvorientas calles de la avenida “Porfirio


Díaz”, con un costo de $58.98, y se construyeron e instalaron baldosas re-
galadas por los vecinos con un costo de $35.00; la calle primera del Canje,
tercera de Colón y cuarta Nacional fueron igualmente arregladas. Se pin-
taron las fachadas de las casas de la calle del camino rumbo a Tacámbaro
con un costo de $177.38 más la compra de 40 gualdras (vigas) de roble
donados por los vecinos, cuyo costo fue de $200.00. Las faenas para el
acarreo de piedra y arena las hicieron los vecinos del pueblo; 30 cargas de
cal fueron donadas por don Pablo Montaño y las acarreó gratis el señor
Domingo Ponce de León.298
Las Memorias de Gobierno presentadas en este periodo, a mane-
ra de informe, señalan como en la última década del siglo XIX se acon-
dicionó el rastro municipal de los acuitzenses y compradores de carnes
foráneos; para ello don Luis Arciga regalo 800 adobes y el señor Ursino
Alipio donó 750 tejas. Se pavimentó también el interior de la cárcel para
hombres, fueron compradas 18 sillas de bejuco para el ayuntamiento, y
más de 36 sillas de tule cuyo costo fue de $30.75; se compraron para el
portal de la casa municipal 4 bancas de madera con un costo de por ban-
ca, $12.00 se apoyó a la tenencia de Tiripetío para bardas; en Atécuaro se
asignó para la escuela un recurso de $72.00, en Etúcuaro se construyó una
escuela con un valor de $200.00 y, en la tenencia de Cruz de Caminos hoy
Villa Madero, se construyó una barda en el panteón.299
El gasto total de ese año en mejoras de equipamiento fue de $1,416.01;
suma importante en comparación con las realizadas en otros pueblos cercanos;
Chucándiro, por ejemplo, solo tuvo un presupuesto de $456.03300; las activida-
des ya no eran solo el campo, cuyos dueños eran hacendados extranjeros de
origen francés, español y norteamericano; junto con el comercio florecieron los
oficios de los artesanos tales como carpinteros, sastres, zapateros, panaderos,
fabricantes de gabanes, alfareros expertos en ollas de barro, tejeros, adoberos,
tabiqueros, horticultores, curtidores de pieles de res, y músicos.301
Una imagen del poblado de esa época nos la muestra el periódico
La Libertad: “El caserío pintoresco y encantador sorprende al caminante
que apenas ha tenido el tiempo de conocer la impresión poéticamente,

126
acuitzio / monografías municipales

grata del camino recorrido. Del caserío del pueblo que se oculta en un
recodo al pie del monte; a lo lejos se extiende un ancho campo verde
esmeralda, velado por la bruma. Pueblo risueño que asomas, con sus
humildes cabañas; envuelto en suaves aromas, como nido de palomas,
oculto entre las montañas”.302
Para dar continuidad a las mejoras materiales, se empedraron y em-
baldosaron las calles que desembocaban a la plaza principal, eliminando
el polvo y lodo, evitando con ello infecciones estomacales; se construyó
un drenaje o alcantarillado, cubierto con piedras lajas eliminando la con-
taminación y malos olores por las aguas negras del drenaje abierto; la calle
nacional también se empedró y sus banquetas fueron cubiertas con bal-
dosas de barro recocido. Asimismo, se ordenó, mediante bando solemne
de cabildo que los vecinos colocaran la basura en las esquinas hasta que
pasara el carro recolector, tirado por bestias de carga. De igual manera se
introdujo el sistema de agua potable a la población, conducida por medio
de tubos de barro recocido de 35 centímetros de largo, que embonaban
entre sí, fabricados en las “tabiqueras” locales, también colocados de for-
ma subterránea; con surtidores de agua para todo el público colocados
en algunas esquinas de manera estratégica.303 Este sistema de agua traída
desde la alameda de Tamanguio abastecía las fuentes del jardín principal,
antes de la colocación del kiosco en ese sitio.
Entre los años de 1890 a 1910, es una época de crecimiento material
en donde, la arquitectura vernácula alcanzó una relevante importancia,
reflejo del discurso positivista que hablaba de la ciencia como la crea-
dora del progreso; existió un embellecimiento de la imagen urbana del
poblado con las acciones que acabamos de describir, en donde resaltan la
remodelación de la plaza principal con la construcción del kiosco, junto
con estas las obras ya mencionadas y otras obras de menor calado pero de
igual importancia. Las calles y avenidas antes lodosas fueron recubiertas
con piedra y lozas de cantera, se crean lugares de paseo y recreación. Este
espacio de acuerdo con la Declaratoria de Zona de Monumentos emitido para
Acuitzio, es el área ubicada en la actualidad en el centro del poblado; for-
mada por manzanas en las cuales “se encuentran 37 edificios construidos

127
villaseñor / martínez

entre los siglos XVI y XIX, en ellos predomina la arquitectura tradicional a


base de piedra, barro y madera; algunos inmuebles como el templo de San
Nicolás de Tolentino y el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús destina-
dos al culto religioso católico. En tanto otros lo fueron al servicio público,
como la presidencia municipal y a particulares como los mesones.”304
La mencionada declaratoria detalla la importancia del lugar que
aún cuenta con los edificios restantes que “son inmuebles de carácter
civil, cuya partida arquitectónica, elementos formales y fisonomía ur-
bana datan del siglo XIX, todos ellos en conjunto adquieren relevancia
para la armonía de esta zona.”305 Destaca además en la declaratoria
tanto la orientación como la alineación y tipo de materiales utilizados
para su construcción de tal suerte que “los inmuebles se encuentran
alineados a la calle con un patio central o lateral; su sistema constructi-
vo es a base de muros de adobe, techumbre de madera, con cubierta in-
clinada y terminada en teja, con tapanco intermedio, presentan vanos
en proporción vertical, en mercados por jambas y dinteles de madera
para reforzar la estructura.”306
Como en algunos asentamientos urbanos de esta región, en su cons-
trucción se siguió un patrón tipológico de pocas variantes, en donde, la
característica más sobresaliente se localiza en los inmuebles que rodean
los espacios abiertos de la plaza principal y la llamada Plazuela Rayón;
ambos inmuebles limitan a la calle con portales. La zona presenta una
traza de forma ortogonal, con “un espacio abierto formado por dos plazas
en esquina, que le dan jerarquía al tejido urbano; alrededor de estas se
hallan los inmuebles de menor relevancia en escala, proporción y fábrica
constructiva.”307Al centro, en el corazón del poblado se encuentra su tem-
plo parroquial de fachada neoclásica, cuya remodelación fue celebrada
el día 15 de septiembre de 1900, se trata de la parroquia de San Nicolás
de Tolentino, en ese mismo mes y año se inauguró el panteón municipal,
clausurándose el antiguo camposanto de ese atrio parroquial.
Asimismo, a finales del siglo XIX, se inició la publicación de algu-
nos periódicos elaborados en el propio municipio, tales fueron “El Canje”
y “El Bielgo”; cuyo contenido era sobre los distintos aspectos: política na-

128
acuitzio / monografías municipales

cional, y del estado, la riqueza de los recursos del municipio y la región,


anuncios sobre los comercios del municipio, y se publicaban semanal-
mente. Al iniciar el siglo XX, continuaron las mejoras materiales: prosi-
guió la construcción del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, iniciada
en 1897; se inauguró el nuevo panteón municipal, clausurándose el que
existía en el atrio del templo parroquial, se empedraron más calles, se en-
tubo el agua que venía de la alameda de Tamanguio y desembocaba en el
centro del remodelado jardín de la Plaza Principal.308
La zona de monumentos es uno de los espacios que en la actualidad
deben ser valoradas y protegidas por las autoridades de los tres niveles
de gobierno y, por los habitantes de Acuitzio de acuerdo con las leyes que
las instituciones especializadas en el tema indiquen, actualmente ha sido
transformados algunos inmuebles sin el conocimiento y autorización que
se requiere, por esa situación puede perderse el nombramiento de zona
de monumentos, tan valioso puesto que dentro de su marco de referencia
histórico el sitio “se distingue por su arquitectura civil de uno y dos nive-
les”; estas construcciones de acuerdo a la declaratoria de zona de monu-
mentos, publicada en el año 2001, “forman una unidad que determina el
volumen, color, textura y patrón parcelario, la homogeneidad se acentúa
en la parte central; en tanto que en la periferia el tejido urbano era más
disperso por la abundancia de las huertas.”309
Al iniciar el siglo XX las oficinas municipales se beneficiaron con
un mejor espacio para el Juzgado Civil que fue remodelado; además de
aumentarse el sueldo del juez con un salario de $278.00 anuales; más
$24.00 para el guarda panteón y, $18.00 para “gastos de escritorio.” Para
el “alumbrado público” se implementaron lámparas y bombillas de com-
bustible, que siguieron siendo usadas con un presupuesto de $25.00 anua-
les; para la oficina de rentas se destinó el 5% de lo recaudado como ho-
norarios al receptor y 60 centavos diarios al inspector de abastos. Dentro
del pueblo la vigilancia la ejercía un cabo, cuyo sueldo era de 50 centavos
diarios apoyado en 7 gendarmes que cobraban 40 centavos diarios cada
uno; había también guardias blancas y acordadas, sostenidas con recursos
tanto del gobierno como de los dueños de las haciendas de Tiripetío, San

129
villaseñor / martínez

Andrés Coapa, La Concepción de Etúcuaro, la de Tziparapio el Alto y la


del Real de Minas de San Diego Cururcupatzeo. Dentro de los bandos y
decretos de higiene salud y vigilancia, se prohibió también la entrada a
los billares y cantinas a los menores de edad.310
Es importante destacar que el 16 de diciembre de 1901, el goberna-
dor de Michoacán Aristeo Mercado, con el fin de distinguir a Acuitzio por
el cambio de prisioneros hecho en 1865 en este pueblo, y ante el auge de
la villa dispuso que en lo sucesivo, en esa sub-prefectura, los presidentes
municipales y demás autoridades, cuando enviasen información y alguna
correspondencia oficial a la cabecera municipal, escribieran en el sobre y
en la consigna respectiva Acuitzio, agregando el adjetivo “del Canje”; este
mandato se signó en Morelia, el 16 de diciembre de 1901. 311 También se
construyó una torre en el edificio de la presidencia municipal inaugurán-
dose en octubre de 1904; siendo el propio gobernador Aristeo Mercado
quien donó para tal construcción presidencial un reloj de fabricación in-
glesa, con péndulos y balanzas que en la actualidad sigue marcando con
sus campanadas las horas a los lugareños. De igual forma, un telégrafo
fue instalado en el poblado. 312
Al finalizar el siglo XIX la imagen urbana y fisonomía del poblado
se había ya transformado, este cambio continuaría al iniciar el nuevo si-
glo. Hubo mejoras en el alumbrado público que se volvió muy eficiente;
además de lo anterior se instalaron un telégrafo y una línea telefónica de
Morelia al poblado. Para 1907, el arzobispo de la Diócesis, Atenógenes
Silva asistió al municipio a inaugurar con una misa solemne, el templo
conocido a partir de entonces como Santuario del Sagrado corazón de
Jesús, al sur de la población;313 reafirmando con estos hechos las ideas
de modernidad y progreso que eran la base del discurso porfiriano.314
En la primera década del siglo XX, la antigua escuela primaria pú-
blica, denominada ya en el siglo XX Escuela Primaria “Vicente Riva Pala-
cio”; fue dotada con $250.00 anuales para gastos de escritorio; el director
de ésta cobraba 90 centavos diarios. En el año de 1907, el 27 de noviembre,
el arzobispo de la diócesis de Michoacán, Don Atenógenes Silva, inaugu-
ró el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús315, concluyendo el evento

130
acuitzio / monografías municipales

con una abundante comida. En ese mismo año, el gobernador michoa-


cano Aristeo Mercado, aprobó un contrato celebrado entre su gobierno y
la Moreliana Naval Story Company, en dicho documento prorrogaba un
año más el plazo concedido a esta compañía para explotar una fábrica de
aguarrás en los montes de Acuitzio.316
Para culminar esta etapa de esplendor se inauguró el kiosco de la
villa de Acuitzio precisamente el 15 de septiembre de 1910, durante la
celebración del centenario del inicio de la Guerra de Independencia, una
de las más grandes fiestas realizadas con gran efusividad y celebraciones
en un municipio que, para esa época llegó a registrar 20,000 habitantes, a
lo largo de su extensión territorial; cantidad considerable para ese tiempo.
Este auge de las obras públicas culminó en Acuitzio durante la era porfi-
riana, con la construcción del kiosco elaborado en los talleres de la escuela
“Industrial Militar Porfirio Díaz”; habiendo colaborado en su construc-
ción mano de obra acuitzense; este proyecto inicio con la colocación de la
primera piedra el 8 de 1910, de julio se montó aparte de manera especial,
la parte superior, concluyendo en su totalidad la obra el 7 de septiembre
de ese mismo año y se inauguró en la celebración del centenario del inicio
de la Guerra de Independencia, el 16 de septiembre de 1810, a instancias
del ciudadano subprefecto de Acuitzio, Ramón Paramo.317

5.- Fiestas y celebraciones porfirianas

En calle nacional se realizaron con mayor esplendor, lujo y número de


participantes los desfiles cívicos, que incluían además de los alumnos de
las escuelas, a las agrupaciones de campesinos, artesanos, obreros, co-
merciantes, músicos, a los guardias rurales, soldados y charros. Con estas
fiestas, encabezadas por el sub-prefecto local, la relevancia de la avenida
principal alcanzó gran auge, hasta convertirse en la avenida más impor-
tante ya no solamente en las celebraciones, sino en su diario vivir, esa vía
fue un centro de comercios y tiendas, con “tianguis” ambulante los jueves
y domingos y de los tendejones menores establecidos de fijo. De esta for-
ma se convirtió Acuitzio en uno de los pasos obligados de las mercancías

131
villaseñor / martínez

importantes de la región de tal forma que, el eje rector norte–sur de esta


avenida se volvió el lugar de los festejos, el comercio y la vida cotidiana
de sus moradores y transeúntes que circulaban por la región.
Las fiestas a finales del siglo XIX se celebraban en Acuitzio con gran
pompa; por citar un ejemplo la novena de San Nicolás de Tolentino, que
culminaba el 10 de septiembre atraía a un gran número de visitantes de
los poblados y rancherías de la región; quienes iban con gran fervor en
peregrinación “a pagar sus mandas” ante San Nicolás por algún milagro
o favor obtenido merced a la intercesión del santo; había, además de las
procesiones diarias, los rosarios y misas que se realizaban del 1º al 10 de
ese mes. La gente aprovechaba para socializar, hacer compras. El día de
la culminación de la festividad el número de fieles era muy amplio. Cul-
minaba esta celebración en las afueras del camposanto ubicado en el atrio
del templo parroquial,318 en donde, abundaban los puestos de comida, las
músicas de bandas de viento, las de cuerdas y por la noche el lanzamien-
to de globos de Cantoya, una kermés, quema de fuegos pirotécnicos que
incluían toritos y el castillo, ambos hechos de pólvora.
De igual manera, las fiestas de aniversario de independencia en 1898
fueron, a decir de los periódicos de esa época, “bastamente animadas”, el
día 15 de septiembre, las celebraciones eran para conmemorar también
el natalicio del presidente de la Republica Don Porfirio Díaz; para lo cual
en Acuitzio se organizó una cabalgata con 300 soldados de las acordadas
de ese extenso municipio; la población contribuyó a imprimir atractivo y
variedad a las fiestas; la acordada marcho por la calle Nacional, seguida
de los niños de las escuelas, portando vistosos pabellones tricolores que
daban un aspecto marcial a la comitiva; la fiesta atrajo mucha gente de
la comarca de forma que “las principales familias de la villa y haciendas
cercanas concurrieron al festejo; por la tarde y en los días siguientes, se
verificaron lucidos jaripeos, en donde los charros hicieron alarde de su
destreza; las fiestas terminaron con un animado baile por la noche, el or-
den reinó; no hubo incidentes”.319
Una costumbre muy a la usanza de esa época, como ya ocurría en la
ciudad de Morelia, fue la realización de los paseos campestres a las orillas

132
acuitzio / monografías municipales

del poblado, a lugares cercanos al mismo, a sitios como la alameda de Ta-


manguio, a los veneros llamados ojos de agua cercanos al poblado, a los
huertos de durazno, membrillo y manzanos de Huajumbo, a disfrutar del
paisaje en la comunidad de La Palma y también ir a contemplar el paisaje
desde lo alto la región desde el “cerro viejo”. En ese sentido, resulta muy
interesante, a manera de ejemplo, la descripción de Yolanda Sereno Ayala,
cuya familia oriunda del lugar era dueña de una casa muy antigua, adap-
tada a la época porfiriana, vivienda ubicada en el centro del poblado, pre-
cisamente junto a la plaza principal, en el actual portal Morelos, en donde
la mancha urbana del caserío “muestra desde lo lejos los rojos tejados a
dos aguas que juegan con la geometría, ya en el pueblo se aprecian mejor
las angostas calles que suben y bajan, y casas de adobe con varias puertas
en las fachadas en otro tiempo empedradas y a ambos lados la construc-
ción de las casas de adobe, con techos volados y paredes enjarradas”.320
También señala la distribución espacial de la casa, siempre con las
puertas abiertas durante el día, que dejaba ver los corredores “sostenidos
por pilastras de pino, con el patio y los pretiles lucen orgullosas macetas,
[…] en el segundo patio, que en otro tiempo era dedicado a las bestias de
transporte hay huertos con árboles frutales, rosas de castilla, violetas y
plantas medicinales.”321La casa descrita por Yolanda Sereno se encuentra
situada al oriente de la plaza principal; casona que en la actualidad está
totalmente transformada: ya no existe lo que antes fuera una rústica cons-
trucción de adobe de dos pisos, con techos de dos aguas con tejas de color
charanda; de fachada sencilla, que tenía en la planta baja una ventana que
daba a la calle, enseguida estaba la puerta principal y dos más, que daban
acceso a la tienda de Don Antonio Sereno, quien era un próspero comer-
ciante. Ese centro comercial era el lugar favorito de los parroquianos para
cultivar relaciones públicas, mientras tomaban una copa de “amargo”.
La entrada a la casa, afirma Yolanda, se realizaba “por un corredor
empedrado, que daba acceso al patio en el que había una yuca y dos limas
reales; en los pretiles de los pasillos había macetas con begonias y geranios
y jaulas con pájaros jilgueros y Centzontles”.322Al fondo estaba el comedor,
en el que destacaban vajillas y platos de porcelana decorados con paisajes

133
villaseñor / martínez

campestres austriacos. En la cocina contigua al comedor, en los muros un


gran cuadro con la virgen de Guadalupe rodeada por ollitas de barro y
aventadores de laja de trigo; completaban ese lugar una gran chimenea de
barro, ladrillo y azulejo con cuatro hornillas de carbón donde se cocinaban
pipianes, moles, caldos y dulces de fruta; en otra chimenea había casos de
cobre y grandes ollas de barro para el agua fresca, se podían encontrar tam-
bién en la cocina además de quesos, cazuelas con frijoles y otros guisos,
ajos, cebollas, chiles , secos, metates y molcajetes.323
La gente de Acuitzio que tenía cierta preparación escolar celebra-
ba las fiestas y tertulias a su manera, eran un tanto diferentes a la mayo-

Casa de Don Alfonso Sereno, torre presidencial al fondo (Foto: Yolan-


da Sereno, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

134
acuitzio / monografías municipales

ría de los pobladores; por ejemplo, en la casa de los Sereno, se reunían


los familiares con sus amistades en el balcón principal de su casa, desde
donde se contemplaba la plaza, la cúpula de la parroquia y el campa-
nario; era este hogar un espacio agradable, en el centro había un piano
negro de cola cubierto con un mantón de Manila, espejos con tibores
adornados con flores enceradas que parecían naturales, muebles victo-
rianos de cedro rojo que incluían cojines bordados en punto de cruz; allí
Yolanda Sereno relata el festejo:

Las tías, quienes formaron una pequeña orquesta de cuerdas, los días de
fiesta realizaban verdaderas veladas literario-musicales, en las que Saturni-
no Huerta, al piano tocaba “La Serenata”, de Schubert, la tía Valeria con su
hermosa voz de contralto cantaba alguna romanza en boga, otros invitados
cantaban después, “Dios nunca muere”, y se interpretaba el vals de Juventi-
no Rosas “Sobre las Olas”, se declamaban versos de Gutiérrez Nájera, Juan
de Dios Peza, Manuel Acuña, Amado Nervo y Lord Byron. Se planeaban
los paseos al cerro viejo, a “las peñas” o a la huerta del molino, la puesta en
escena de coloquios y comedias. Se leían los periódicos “El País”, con temas
de política, “El Mundo Ilustrado”, con la sección de modas y gastronomía,
“La Lira Michoacana” y, desde luego “El Canje” y “El “Bielgo”, que eran
periódicos locales. Abundaba la comida y bebida en tanto se contemplaba
el paso del desfile cívico o las procesiones de acuerdo al tipo de evento ya
fuese cívico o religioso.324

En el ocaso del periodo porfiriano se realizó en Acuitzio, como mu-


chos pueblos y ciudades del país, lo que sería el último acto cívico y desfile
alusivo a las fiestas del centenario de la Guerra de Independencia con Don
Porfirio como presidente de México. A la plaza principal acudió una nume-
rosa concentración de habitantes. Ese evento fue memorable por sus días
de fiesta iniciados desde el 1º de septiembre, en comunión con las fiestas
religiosas, en donde, todo era jolgorio también para las clases populares; en
la avenida nacional y el centro del pueblo se vendía una gran variedad de
comida mexicana: corundas, pozole, tamales, barbacoa de res y de borrego,
carnitas, moles, atoles, frutas cocidas al horno, “charamuscas” o caramelos.
Los alfareros locales exhibían su loza de barro, el ambulantaje incluía la
venta de rebozos, sombreros, gabanes y cobijas traídas de otros lugares.
La fiesta congregaba además de los lugareños del pueblo y sus rancherías

135
villaseñor / martínez

cercanas, a gente “fuereña”, quienes se quedaba en el pueblo hasta “bien


entrada la noche con el fin de contemplar la fantasía de los fuegos pirotéc-
nicos, de los que destacaban los toritos con sus buscapiés, el castillo y, los
cohetes que hacían su aparición rasgando el cielo, junto al repique de cam-
panas que marcaban el fin de la fiesta.”325
Pocos se imaginaban que con este festejo se cerraría un capítulo de la
historia de México y con él, la partida posterior de Don Porfirio Díaz a Fran-
cia; exiliado en donde moriría añorando su país y los días de gloria. Con la
revolución llegarían nuevos vientos de cambio y renovación social.
El movimiento revolucionario en Acuitzio trajo consigo un perio-
do de depresión, debido a la carencia de fuerza de trabajo que produjera
recursos materiales y tecnológicos, por ello la economía sufrió una crisis
tan severa, que coaguló el desarrollo que venía mostrando el poblado.
Algunos de los personajes originarios de Acuitzio que participaron acti-
vamente en la Revolución Mexicana, fueron el general Melquiades Fraga,
los hermanos Jesús y Luis González, Enrique Pérez, Salvador Bravo, Flo-
rentino e Ignacio Alejandre y el pintoresco general Irineo Rauda. De las
avanzadas villistas que incursionaron a Michoacán en 1915 llegó al este
poblado el coronel López, quien hizo alto en la plaza principal, amenazó
a los pacíficos vecinos con fusilarlos argumentando que habían apoyado
al general Gertrudis G. Sánchez, hasta que el problema fue contenido por
el párroco del pueblo.326
Con la presencia de los bandoleros el caos llegó al municipio, ade-
más de algunas gavillas dispersas hicieron su irrupción los hombres de
Jesús Cíntora e Inés Chávez, quienes aterrorizaron la región saqueando
tiendas, robando ganado, caballos, granos y semillas. Ante esta situación,
muchos habitantes de la comarca emigraron, los campos quedaron aban-
donados y algunas casas deshabitadas por la partida de algunas familias
hacia ciudades como México, en un viaje del que ya no regresaron. A esta
etapa de crisis en el municipio a lo largo de la primera mitad siglo XX, se
sumó la reducción de su extensión territorial geográfica. De esta manera
Acuitzio perdió un poco después las tenencias de Tiripetío y Santiago Un-
dameo, que fueron reincorporadas al municipio de Morelia, así mismo, en

136
acuitzio / monografías municipales

1914 fue creado el municipio de Madero, hecho con el cual disminuyó el


territorio; finalmente el que fuera un extenso municipio porfiriano, se vio
reducido a mediados de ése siglo a un lugar pequeño ante la creación de
los nuevos municipios de Lagunillas y Huiramba, de manera tal que, el
otrora extenso municipio de Acuitzio dejó de captar abundantes ingresos
hasta convertirse territorialmente en el pequeño municipio que existe en
la actualidad.

6.- A manera de reflexión

Desde una perspectiva histórico-social, en Acuitzio a largo del tiem-


po, aún con las modificaciones propias de cada momento, actualmente
existen continuidades en el uso tradicional de espacios para las cele-
braciones cívicas y religiosas, así como en la vida cotidiana de sus habi-
tantes. Las transformaciones más significativas del siglo XIX, en cuan-
to a expresiones públicas, ocurrieron con la instauración del triunfante
estado laico, quien, al crear instituciones civiles, impulsar la educa-
ción, los desfiles y fiestas no religiosas trató de emular los eventos re-
ligiosos para inculcar en el pueblo una nueva visión del mundo, crear
en los lugareños el concepto de ciudadano sujeto a leyes, derechos y
obligaciones. De la misma manera buscó formar al individuo con un
espíritu cívico- patriótico y fomentar así una identidad laica, con valo-
res enfocados hacia un nacionalismo secular, mediante el fomento de
los personajes dignos de rendir culto, los mártires y vencedores de la
guerra de Independencia, situación que en pleno porfirismo alcanzó
un nivel importante al incluir también a los “héroes triunfantes” de las
de Reforma e Intervención francesa.
Es este el Acuitzio de la época porfiriana, que a lo largo de los años
ha adquirido una importancia por lo que representan sus espacios, con su
arquitectura vernácula y los usos que ha tenido a lo largo del tiempo. Al
ser declarado zona de monumentos hace un par de décadas, es obligación
de la ciudadanía y de las autoridades municipales, estatales y federales,
apegarse a la normatividad y leyes creadas para su conservación y difu-

137
villaseñor / martínez

sión. La representación de las ideas de progreso y orden homogéneo, lle-


nas de condicionamientos de control, estandarización de líneas verticales
y horizontales; han adquirido con el tiempo un carácter singular, digno de
conservarse. A manera de ejemplo podemos hablar de las continuidades ac-
tuales en la realización desfiles cívicos, de las procesiones, peregrinaciones,
mandas, danzas, ceremoniales religiosos y de los rituales hacia los difuntos,
los eventos civiles y hasta de la propia gastronomía, que sigue, basada en
el maíz, frijol, chile, tomate y calabaza, aunada a los productos ganaderos;
esto a pesar de la invasión de productos chatarra importados.
En algunos aspectos de la vida de sus habitantes hay continuida-
des que dan al acuitzense una identidad propia; cuestiones como las
tradiciones festivas, gastronomía y costumbres, parten de una cosmovi-
sión, de una cultura prehispánica, virreinal y de los siglos XIX y XX que,
en la actualidad no han logrado ser arrancados del imaginario de los
lugareños. Así en la memoria de los habitantes de Acuitzio, quienes han
concebido por siglos los espacios exteriores de acuerdo a su imaginario
y significados, con su cosmovisión de raíces mesoamericanas y el sincre-
tismo de la carga religiosa, siguen latentes las tradiciones y el apego al
entorno más allá del fenómeno migratorio actual; allí la calle, el jardín,
las plazas y los llamados espacios públicos, a lo largo de este tiempo han
sido y siguen siendo, con las adecuaciones propias de la dinámica social,
una extensión de la vida y actividades festivas, laborales y religioso-so-
ciales de la comunidad.

138
acuitzio / monografías municipales

capítulo v
El crecimiento y consolidación de una municipalidad
Acuitzio del Porfiriato a la Revolución Mexicana, 1876-1920

Por: Dr. Ramón Alonso Pérez Escutia


Facultad de Historia-umsnh

1.- Tres décadas de sostenido ir hacia adelante

En la etapa final de la lucha por el poder entre porfiristas, lerdistas e igle-


sistas, en el marco de la rebelión amparada en las tesis del Plan de Tuxtepec,
el presidente de la República Sebastián Lerdo de Tejada transitó por Mi-
choacán, como parte de su material huida rumbo a Acapulco para abando-
nar el país ante el inminente derrocamiento de su administración. El 27 de
noviembre de 1876 llegó a Morelia ante la manifiesta ingratitud e indife-
rencia de sus otrora numerosos y eufóricos partidarios en la ciudad. Al día
siguiente con la corta escolta militar que lo acompañaba siguió su azaroso
itinerario y pernoctó sin mayores contratiempos la noche del 28-29 de ese
mes en el pueblo de Acuitzio, en el domicilio situado en el portal Hidalgo
número 4, inmueble que apenas un lustro atrás había sido uno de los esce-
narios en los que se libró la reñida batalla del 6 de diciembre de 1871.327
No debe desestimarse que tanto la hospitalidad brindada al malo-
grado Lerdo de Tejada como el evento militar en mención, ocurrido dentro
de la primera intentona golpista del general Porfirio Díaz, hayan sido dos

139
villaseñor / martínez

cartas de presentación negativas para el vecindario de Acuitzio cuando se


instauró el porfiriato en Michoacán. Al respecto cabe enfatizarse que la si-
tuación política dio un vuelco tras las sucesivas administraciones militares
provisionales de los generales Felipe N. Chacón y Manuel González y se
agudizó cuando el abogado Bruno Patiño asumió funciones de ejecutivo
constitucional. Este personaje tuvo intereses familiares y materiales en el
pueblo de Santiago Undameo y sus alrededores lo que trajo a colación entre
los acuitzenses que aún recordaban el fantasma del coronel Francisco Ca-
marillo y sus maniobras para desaparecer el Ayuntamiento constitucional
medio siglo atrás. Los temores en torno a la incidencia de esos tres facto-
res debieron tener algún fundamento, pues los poderes del estado el 7 de
diciembre de 1877 promulgaron una serie de reformas a la ley de división
territorial de la entidad del mes de mayo de 1874. Para el caso de la munici-
palidad de Acuitzio únicamente se le reconoció jurisdicción sobre las tenen-
cias de Etúcuaro, Jesús Huiramba y Tiripetío, al tiempo que se integraba al
distrito rentístico y judicial con cabecera en Pátzcuaro.328
Es muy probable que la decisión en nada haya gustado a los acuit-
zenses que nunca habían tenido una relación de carácter territorial-admi-
nistrativo con Pátzcuaro, por lo que a través de sus autoridades y repre-
sentantes habrían gestionado su reincorporación al distrito de Morelia. En
torno de ello andando el tiempo se encontraron con el protagonismo y la
disponibilidad del gobernador-empresario Octaviano Fernández Gómez,
quien recogió un amplio espectro de inconformidades y demandas por el
contenido de la ley de 1° de mayo de 1874 y las modificaciones de diciem-
bre de 1877, por lo que el 11 de septiembre de 1879 emitió el decreto que
entre otros puntos ordenó el retorno de la municipalidad de Acuitzio a
jurisdicción del distrito rentístico y judicial de Morelia, con la mayor parte
de las tenencias que se le asignaron en la ley de 1874, pues en el caso de Je-
sús Huiramba esta quedó adscrita a la demarcación distrital de Pátzcuaro
hasta su posterior reincorporación a Acuitzio en octubre de 1914, por las
circunstancias que se explicaran más adelante.329
Una rápida mirada a la situación de la parroquia de San Nicolás
Tolentino de Acuitzio nos permite sustentar que la mayoría de los pres-

140
acuitzio / monografías municipales

bíteros responsables de su manejo no hicieron huesos viejos y se registró


hasta los albores del siglo XX, una constante rotación y prácticamente
todos se ostentaron como “encargado” o “interino”. El padre Saucedo
se fue a principios de 1857 y en su relevó llegó su colega José María
Iriarte, con el que colaboró el teniente de cura Rafael Murguía. En enero
de 1860 tomó posesión de ese beneficio eclesiástico el clérigo Francisco
Nepomuceno Medina, el que en julio de 1864 le entregó el curato a José
María Saucedo, quien retornó así a petición expresa de la feligresía para
una segunda gestión. Le correspondió a este párroco atestiguar con el
grueso del vecindario el histórico evento del canje de prisioneros del 5
de diciembre de 1865. En esa ocasión celebró en el templo parroquial el
solitario bautismo del pequeño José Nicolás, hijo de José María Villegas
y Casilda Montoya.330
En los días posteriores el padre Saucedo fue llamado a Morelia por
las autoridades diocesanas para informar sobre las incidencias del canje y
el protagonismo tenido en torno de ello. Fue sustituido en sus funciones
por el teniente de cura José María Arroyo. El párroco Saucedo regresó
por espacio de cinco meses y en mayo de 1866 el gobierno eclesiástico
mandó en su lugar al sacerdote Juan Bautista Menéndez. El ciclo de éste
concluyó a su vez en octubre de 1869, cuando por instrucciones del recién
instalado arzobispo José Ignacio Árciga, entregó el curato al padre Diego
Navarro, cuya estancia fue apenas de poco más dos años, pues en marzo
de 1872 fue relevado por Ramón Moreno, invariablemente con el carácter
de “cura encargado”.331
Tras desempeñarse por espacio de 15 meses entre una feligresía en
constante recomposición, el padre Moreno hizo entrega del beneficio a su
homólogo Antonio Albarrán, el 3 de julio de 1873 el que se ostentó como
“cura encargado y juez eclesiástico”. El controvertido y beligerante presbí-
tero Felipe Castañón tuvo un paso efímero por la parroquia de San Nicolás
Tolentino de Acuitzio entre octubre de 1877 y febrero del año siguiente. El
padre Ramón E. Lemus llegó a ocupar su lugar siendo relevado en julio de
1881 para su segunda estancia por el padre José María Arroyo, quien fue
sustituido por enfermedad por breves periodos por clérigos como Atilano

141
villaseñor / martínez

Jacobo Guillén. En noviembre de 1883 vino para una estancia de un año


y medio el sacerdote ariense Jesús Infante, quien entregó la parroquia en
mayo de 1885 a su colega José María Arroyo que emprendía así su tercera
estancia entre los acuitzenses. Para entonces la feligresía local se había mul-
tiplicado y dispersado por su versátil y abrupta geografía. En los registros
parroquiales se consigna la existencia de nuevas localidades como Agua
Puerca, El Comal, El Melón, La Vinata, El Molino, Los Pozos, El Moral, La
Campana, Las Canoas, Las Peñas, Los Cajones y Sabinal.332
La prodigiosa multiplicación de las almas y de los ranchos en que
radicaron éstas en la municipalidad de Acuitzio, tuvo como explicación
general el crecimiento económico que auspicio la instauración y consoli-
dación del Porfiriato. Se identifican al menos cuatro factores específicos
que contribuyeron con diverso impacto al redimensionamiento geoeco-
nómico y demográfico de esta jurisdicción. Sin seguir un orden estricta-
mente jerárquico, cabe citar en primer término la materialización del tra-
mo ferroviario Morelia-Pátzcuaro, prolongación de la ruta México-Toluca
Morelia. La obra de alrededor de 60 kilómetros que entre otros puntos
discurriría por el feraz valle de Tiripetío se llevó a cabo en el lapso 1883-
1886, empleándose en su ejecución en gran parte la abundante madera
de los bosques de la demarcación de Acuitzio para elaborar los millares
de durmientes requeridos. Además de la venta de este producto por afa-
nosos rancheros y latifundistas, muchos de los habitantes se emplearon
como jornaleros en el tendido de las vías y/o en la provisión de servicios
como los de arriería, alimentación, hospedaje y esparcimiento.333
La vía Morelia-Pátzcuaro fue inaugurada de manera oficial por el go-
bernador Mariano Jiménez el jueves 8 de abril de 1886, aunque ya desde más
de un año atrás los convoyes mixtos de pasajeros y carga circulaban desde
la capital del estado hasta las inmediaciones de la hacienda de Lagunillas.334
Los acuitzenses encontraron así una ventaja logística inmejorable toda vez
que los traslados a Morelia y Pátzcuaro desde el valle de Tiripetío en uno u
otro sentido se agilizaron en cuanto a costos y tiempo. Los vecinos podrían
en lo sucesivo dispersarse a discreción por la vasta geografía nacional y, en la
coyuntura generada por la Revolución, hasta los Estados Unidos.

142
acuitzio / monografías municipales

En segunda instancia fue determinante la sólida reactivación de la


agroindustria cañera en los distritos de la Tierra Caliente, principalmente
en el de Tacámbaro en donde los dueños y administradores de las hacien-
das de Pedernales, Puruarán, Chupio, San Rafael y Cahulote, entre otras,
modernizaron los trapiches e ingenios que databan del periodo colonial
incrementado de manera sustancial la producción de azucares y alcoho-
les.335 En tercer lugar se considera el crecimiento de la minería en lugares
como San Diego Curucupaseo e Inguarán, bajo la activa promoción de ne-
gociaciones nacionales y extranjeras. En el primero de esos lugares se for-
malizó en 1892 la empresa The Progreso Motive Cooper Minning Company,
de capital preponderantemente británico, para la explotación del cobre
que generó excelentes dividendos en los años subsecuentes.336 En los dos
casos y de manera inercial el pueblo-villa de Acuitzio y sus localidades
rurales por su envidiable ubicación geográfica fueron beneficiarias direc-
tas del intenso trajín de personas, insumos y productos terminados, los
que desde esos lares se trasladaron hacia los mercados de concentración
y consumo en Morelia, Pátzcuaro, el Bajío, los minerales de Guanajuato,
Zacatecas y San Luis Potosí, así como el valle de México.337

Mesón de los Molina en Avenida Principal, principios del siglo xx (Foto: Raymond Wiest, Archivo
Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

143
villaseñor / martínez

Un cuarto factor que coadyuvó a ese redimensionamiento fue el cre-


cimiento que experimentaron las ciudades de Morelia y Pátzcuaro, con las
que los vecinos de Acuitzio mantenían una relación económica y social
que se remontaba hasta los orígenes coloniales de ambas. Como ya se ha
indicado, la logística de traslado para personal y productos entre esos
puntos la facilitó de manera extraordinaria la vía férrea Morelia-Pátzcua-
ro, que discurría a escasos ocho kilómetros del pueblo-villa de Acuitzio.
Los vecinos pudieron acudir a ambos puntos y muchos paulatinamente
se aventuraron más allá para desahogar labores económicas y sociales.
En Morelia actividades habituales como la comercialización de maderas,
carbón vegetal y alimentos se agilizaron; muchos acuitzenses ejercieron
diversos oficios en esta capital, realizaron estudios, otros fueron trabaja-
dores domésticos, además de acudir cotidianamente a la gestión y arreglo
de asuntos legales, consultas médicas, eventos políticos e incluso a diver-
siones y esparcimientos.338
La confluencia de todos esos factores propició de manera natural el
sostenido incremento del valor de la propiedad raíz e incentivo un inédito
mercado de tierras en la municipalidad de Acuitzio. Las operaciones de
compra-venta de bienes inmuebles se multiplicaron conforme avanzó el
Porfiriato. Para ilustrar, en menos de tres lustros fincas como la hacienda
de Milpillas o Miraflores cambiaron de propietario. En 1884 Adrián Daste
la vendió a Laura Glennie de Trigueros. Dos años después la entonces po-
sesionaria María Carlota Glennie la enajenó a favor de Constancia Glennie
de Trigueros. Posteriormente, en 1896, Emilio Trigueros cedió la mayor
parte de la finca a favor del comerciante Rafael Díaz Barriga en ocho mil
pesos. En tanto que el predio denominado El Molino fue vendido en 1887
por Antonio Calix Hilario al comerciante patzcuarense Luis Árciga. En lo
que respecta al colindante y rico latifundio de Coapa en 1894 fue vendido
en 84 mil pesos por la señora Carmen Plancarte al empresario Luis Mac
Gregor, quien lo traspasó de inmediato a la señora María Vidales Osegue-
ra la que emprendió la modernización a fondo de la finca.339
Para finales de la década de los años ochenta era muy evidente el
desarrollo alcanzado por la municipalidad de Acuitzio en el escenario es-

144
acuitzio / monografías municipales

tatal y ello no pasó inadvertido para los poderes del estado. La intelectua-
lidad congregada alrededor del sensible y receptivo gobernador Mariano
Jiménez, dentro de ella Ignacio Ojeda Verduzco, Juan de la Torre y Rafael
Reyes Espíndola, construía el imaginario y el discurso cívico en torno a
la Guerra de Intervención Francesa de la que devenía la legitimidad de la
clase política porfiriana. Por lo tanto, el episodio del canje de prisioneros
del 5 de diciembre de 1865 se constituyó rápidamente en icónico tanto
en el plano estatal como nacional. Así se fraguó y consensuó con la XXII
legislatura del Congreso local premiar al laborioso vecindario de Acuit-
zio con la elevación de su cabecera municipal del rango de pueblo al de
villa, con la justificación histórica de haber sido el lugar preciso en el que
se concretó esa novedosa y singular acción de la cultura de la guerra.340
El decreto correspondiente fue promulgado el 10 de octubre de 1888, con
efecto inmediato para los usos legales a que hubiera lugar.341
Los sucesivos ayuntamientos de Acuitzio se integraron habitual-
mente conforme a la ley en la materia con los vecinos más caracterizados
en lo social y lo económico. En la década de los años sesenta del siglo XIX
se integró y actuó la generación de relevo de los “padres fundadores”, en
la que figuraron como regidores y alcaldes primeros municipales en ese
cuerpo colegiado individuos como José María Gordillo, Francisco Barriga
de la Fuente, Martín Vélez, Francisco Gómez García, Zacarías Mendoza,
Antonio Cruz, Ramón Huacuz, Pablo Zarco, Gregorio Carmona y José
María Merino. De la década posterior no se cuenta con información por
la carencia de documentación oficial. Durante algunos años de los ochen-
ta participaron en la integración y desempeño del cabildo local vecinos
como Manuel Ponce de León y José Bravo.342
Por otra parte, fue el padre José María Arroyo el que encabezó la
comitiva de feligreses de San Nicolás Acuitzio que acudió a atestiguar el
formal inicio de las corridas del tren Morelia-Pátzcuaro y puntos interme-
dios en la estación de la hacienda de Coapa. Este clérigo concluyó su ciclo
en septiembre de 1886, cuando fue relevado por su compañero José Refu-
gio García. La sostenida multiplicación de las almas conforme al mandato
bíblico justificó ante el gobierno diocesano la asignación de jóvenes y me-

145
villaseñor / martínez

dios vicarios como lo fueron Tiburcio González, Agapito Torres, Anselmo


Martínez y Epitacio García. Le correspondió a este último consignar de
primera vez en los registros parroquiales la novedosa toponimia de “villa
de Acuitzio” el 22 de octubre de 1888, apenas doce días después de emiti-
do el decreto gubernamental.343
Por instrucciones del arzobispo José Ignacio Árciga, el padre Refu-
gio García procedió a fundar el 2 de enero de 1890 la escuela parroquial de
primeras letras para niños con la denominación de “Sagrado Corazón de
Jesús”.344 El prelado tuvo especial predilección con la feligresía de la pa-
rroquia de San Nicolás Tolentino de Acuitzio a la que visitó con frecuen-
cia en el transcurso de las últimas dos décadas de su muy larga gestión
pastoral, sobre todo durante sus idas y venidas entre Morelia y su natal
Pátzcuaro. En ese marco fraguó alrededor de 1895 la idea de construir un
templo dedicado a la devoción, precisamente, del Sagrado Corazón de
Jesús, en el que se registró la colaboración de los vecinos acaudalados. Sin
embargo, la vida no le alcanzaría al arzobispo Árciga para ver concluida
la obra, la cual se prolongó en su edificación todavía seis años después de
su muy sentido deceso en los albores del siglo XX.345
El inusual pero muy prolífico ciclo de alrededor de un lustro del
padre José Refugio García al frente de la parroquia de San Nicolás To-
lentino de Acuitzio concluyó en junio de 1891. En el transcurso de los
dos años siguientes se sucedieron sin pena ni gloria los sacerdotes Fran-
cisco Murillo, José María Mesa y Antonio Hernández. En julio de 1893
asumió funciones de cura encargado el padre Marcos Sánchez al que
correspondió emprender las obras del templo del Sagrado Corazón de
Jesús, y quien tuvo varios vicarios colaboradores como Jesús Herrera,
Fermín Martínez, Miguel Toro y Erasto Portillo. Este último nunca ima-
ginó entonces que el destino le preparaba para, andado el tiempo, una
larga relación con la feligresía acuitzense en los momentos más difíciles
de su historia. En el muy lluvioso agosto de 1898, tras cumplir un lustro
de estancia el padre Marcos Sánchez entregó el Curato a su homólogo
Juan Bautista Herrejón el que fue relevado en febrero del año siguiente
por el presbítero Marcial Amaro.346

146
acuitzio / monografías municipales

Mientras que en el ámbito civil durante la década de los años no-


venta del siglo XIX se configuró una camarilla local, fiel reflejo de lo que
ocurría en los planos nacional y estatal, que controló la composición y
funcionamiento del ayuntamiento de Acuitzio. En ella figuraron en cali-
dad de regidores que se rotaron en el desempeño de la presidencia de ese
cuerpo colegiado, personajes como Primitivo Arreola, Benito Mendoza,
Domingo y Antonio Ponce de León, Pedro Sotelo, Vicente Guerrero, Sa-
cramento Gómez, Antonio Pardo y Wenceslao Vélez. Entre sus atribucio-
nes complementarias figuró la de actuar como jueces del registro civil.347

2.- En la alborada del siglo XX y rumbo a la crisis político-social

Al despuntar el siglo XX la municipalidad de Acuitzio había consolidado


su prestigio y fama como una de las más pujantes del estado de Michoacán
de Ocampo. Sobre su espacio geográfico desde los tres lustros precedentes
se habían configurado nuevos centros de población en calidad de ranchos y
rancherías, como Agua Bendita, El Aserradero, La Mancera, La Almendra,
La Piñícua, Loma de Pastores, Mata de Cancino, Puente Pacheco y Puente
de Tablas, por enunciar algunos. Una vez más este fenómeno no pasó des-
apercibido para los poderes del estado y sobre todo para la administración
del gobernador Aristeo Mercado Salto, uno de los prestigiados protago-
nistas y sobrevivientes de la Guerra de Intervención en Michoacán. El 16
de diciembre de 1901, a escasos diez días de pasada la conmemoración del
XXXV aniversario del canje de prisioneros, el funcionario emitió la circular
número 23 a través de la cual argumentó que “hace tiempo que se dio el
nombre de Villa del Canje a la población que se conoce como Acuitzio”,
recordando las razones históricas para ello.348 Y acto seguido instruyó para
que con base en ese presunto antecedente en lo sucesivo la cabecera de la
municipalidad de Acuitzio, ostentara la denominación oficial de “Acuitzio
del Canje” e invocó entre otras razones prácticas “para que no se confunda
con Cuitzeo por la semejanza del nombre”.349
Dos semanas después de la circular en mención, el 31 de diciem-
bre, la administración mercadista y la vigésima novena legislatura local

147
villaseñor / martínez

emitieron la primera Ley Orgánica de División Territorial de Michoacán


de Ocampo del siglo XX. Para nuestro propósito, en ella se ratificó la
permanencia de la municipalidad de Acuitzio dentro del distrito rentís-
tico y judicial de Morelia; e integrada con las tenencias de Tiripetío, Etú-
cuaro, Cruz de Caminos y San Diego Curucupaseo, con sus respectivos
espacios comarcanos ocupados por decenas de ranchos y rancherías. En
este ordenamiento se consignó a detalle esta compleja geografía territo-
rial-administrativa. De tal suerte que la cabecera de Acuitzio del Canje
tenía directa jurisdicción sobre 37 localidades rurales. De la tenencia de
Tiripetío dependían 16 centros de población entre ellos las haciendas de
La Estancia, San Andrés y Coapa. En tanto que la jefatura de tenencia
del pueblo de Etúcuaro ejercía gobierno sobre medio centenar de locali-
dades, entre ellas la hacienda de la Concepción y el mineral de Sinda. De
la tenencia de Cruz de Caminos dependían 60 centros de población. Y
desde la de San Diego Curucupaseo, que ostentaba además la categoría
de mineral, se administraban 43 localidades. Por lo tanto. la municipali-
dad de Acuitzio se componía de 206 centros de población que iban des-
de la villa de ese nombre hasta modestos ranchos habitados por escasas
dos o tres familias.350
El recién instalado tercer arzobispo de Michoacán, Atenógenes Silva
y Álvarez Tostado, envío en agosto de 1900 a la parroquia de San Nicolás
Tolentino de Acuitzio al sacerdote Francisco de P. Martínez, con la consigna
de fortalecer la materialización de las tesis del catolicismo social conteni-
das en la encíclica del Papa León XIII Rerum Novarum, emitida en 1891 en
Roma.351 Con el entusiasta apoyo y colaboración del grueso de la feligresía,
entre otras cosas, el clérigo remozó la escuela parroquial de primeras letras
para niños; y el 2 de abril de 1902 formalizó el plantel para niñas con la
denominación de “La Purísima”. Además, puso orden y concierto entre las
asociaciones religiosas concurridas por laicos como fueron los casos de las
filiales de las Hijas de María y la Vela Perpetua, al tiempo que sistematizó
la impartición de la doctrina cristiana entre la niñez.352 Con el amplio bene-
plácito del vecindario el padre Martínez se mantuvo al frente del curato de
Acuitzio hasta junio de 1906, aunque su partida fue muy sentida.

148
acuitzio / monografías municipales

Los siguientes dos años le sucedió al frente del curato el clérigo José
María Villalobos, quien tuvo como vicarios colaboradores a Jesús Herrera
y Gonzalo Garambullo. El miércoles 27 de noviembre de 1907, el arzobis-
po Atenógenes Silva con el acompañamiento de buena parte del cabildo
diocesano se apersonó en la villa de Acuitzio del Canje para proceder a la
suntuosa inauguración del templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús,
cuya devoción promovió ampliamente el prelado de origen tapatío. Du-
rante la magna ceremonia, que persistió durante décadas en la memoria
colectiva de los acuitzenses, se rindió solemne y muy merecido homenaje
al finado arzobispo José Ignacio Árciga por la amplia promoción que hizo
de la obra a la que incluso canalizó en su momento recursos de su propio
peculio para agilizar en lo posible su materialización.353
Es muy probable que los vecinos caracterizados hayan interpuesto
por ese entonces sus buenos oficios ante el arzobispo Atenógenes Silva y
la curia diocesana, pues el 29 de febrero de 1908 se concretó la expecta-
tiva del retorno del padre Francisco de P. Martínez para desarrollar una
segunda gestión al frente de la parroquia de San Nicolás Tolentino de
Acuitzio, en la que tuvo como diligente Cireneo, en calidad de vicario
fijo, al padre Domingo Marín, quien lo supliría con suma eficacia en sus
cada vez más prolongadas ausencias para atender achaques de salud en
Morelia. En sintonía a escala local con la visión pastoral del arzobispo
Silva el padre Martínez impulsó entre sus feligreses la devoción al Sa-
grado Corazón de Jesús y desde entonces comenzó a poblar de manera
masiva la onomástica personal de los acuitzenses, a grado tal que fueron
escasos los bautizados entre los inicios del siglo XX y hasta la víspera
de la guerra cristera que no ostentaran esa denominación como com-
plemento de su primer nombre. Fue tal el furor que incluso para usos
estrictamente eclesiásticos se introdujo y uso el topónimo “Acuitzio del
Sagrado Corazón de Jesús”.354
Por los días en los que se llevaron a cabo las festividades del cente-
nario del inicio de la Guerra de Independencia, en el verano de 1910, la
villa de Acuitzio del Canje tenía oficialmente 3,191 habitantes viviendo
en el casco del poblado, integrados en familias que iban desde las que

149
villaseñor / martínez

descendían de la primitiva población indígena hasta las que se incorpo-


raron al vecindario provenientes de otros puntos de la entidad y estados
circunvecinos, que se asentaron en la localidad y sus inmediaciones apro-
vechando la bonanza económica que trajo el Porfiriato.355 El polígrafo Ma-
riano de Jesús Torres visitó en algunas ocasiones esa población y consignó
en su Diccionario valiosas observaciones sobre la situación imperante. De
entrada, aseguró que la bulliciosa villa delimitaba por los cuatro puntos
cardinales con “terrenos de la propiedad particular de varios parcioneros,
muchos de ellos indígenas que formaban la antigua comunidad”.356
El inventario de recursos hidráulicos en torno de la villa de Acuitzio
de Canje se integraba en primera instancia con el río Chico, cuyas aguas
eran aprovechadas por los agricultores para irrigar sus tierras de cultivo,
así como para dar tracción a los molinos de Guadalupe y San Nicolás. El
suministro de agua potable para el vecindario lo garantizaban los ojos de
Agua Grande y Querérimo. El clima lo describió como frío y sano. Sobre
la traza urbana el propio “Pingo” Torres apuntó que el principal punto de
referencia era la plaza principal –“Centenario”- en forma de cuadrilátero,

cuyos lados mayores van al este y oeste y los menores al norte y sur, tenien-
do en el centro una fuente de agua potable de la que se surte el vecindario y
procede del ojo de agua de Querérimo; alrededor de la plaza hay lunetas de
fierro; en el exterior en el contorno hay fresnos y en el interior truenos; está
empedrada, allí se hace los domingos el comercio que es muy concurrido.
Al norte y al extremo de la población se encuentra el templo parroquial del
que es patrono San Nicolás Tolentino, cuya fiesta titular es el 10 de sep-
tiembre, junto al templo está situada la casa cural. Al este de la plaza hay
un portal denominado de Morelos; al oeste otro llamado Hidalgo; y al sur
uno junto al local donde están los juzgados y oficinas del Ayuntamiento.357

En la descripción realizada por el abogado Torres figuró la nomen-


clatura de las calles que integraban la villa de Acuitzio del Canje, que
comprendía tanto los resabios de la acuñada en tiempos coloniales y las
décadas iniciales siglo XIX como la que comenzaba a reflejar la cultura
cívico-histórica nacional. De la primera subsistían nombres como los de
las calles Malpaso y Tenerías, así como los callejones de la Cantera y del
Ratón. Dentro de la segunda predominaban de manera abrumadora las

150
acuitzio / monografías municipales

de Cuauhtémoc, Nacional, Independencia, Abasolo, Juárez, Comonfort,


Ocampo, Cinco de Mayo, Porfirio Díaz, Dos de Abril y, desde luego, del
Canje. Hubo una más denominaba Ponce de León de la que queda pen-
diente de explicar el porqué de ello.358
El “Pingo” Torres insistió en su descripción en la abundancia de
agua y que en mucho influía ello en la actividad productiva basada en la
agricultura y la ganadería, sobre todo la crianza y venta de ganado va-
cuno, porcino, ovino y equino. Los molinos de Guadalupe y San Nicolás
procesaban buena parte de la producción triguera local. Llama la atención
que no aludiera a la intensa explotación forestal existente y que era una
de las principales animadoras de la economía local. Además, “cuenta el
comercio con regulares tiendas mixtas de ropa, abarrotes, etc. y muchas
de comistraje”. Era tal la pujanza económica que en la villa de Acuitzio
prestaban de manera permanente sus servicios en ese entonces el médico
Carlos González Correa y el abogado Guadalupe González. Dos boticas
atendían los requerimientos de medicinas, sustancias y otros elementos
necesarios para el cuidado de la salud. Se encontraban en funcionamiento
cuatro planteles escolares de educación básica para niños de ambos sexos,
dos dependientes de la autoridad civil y las otras dos de la parroquia. La
correspondencia se distribuía en la oficina local de correos. Aludió, desde
luego, a la novedosa presencia en el paisaje urbano de la villa del magnífi-
co templo del Sagrado Corazón, con el que se coadyuvaba a la prestación
de los servicios espirituales requeridos por la feligresía. Se redondeaba
la descripción con la alusión a la idiosincrasia local, pues “el vecindario
cuenta con regulares familias; la gente es laboriosa y pacífica”.359
La víspera de los eventos que desembocaron en la primera etapa
de la Revolución Mexicana, que se conoce como maderismo, los vicios y
virtudes del vetusto régimen porfirista se reflejaban fehacientemente en
el plano local. Ilustrativo de ello fue la polarización económico-social y
la persistencia de la camarilla de vecinos que controló de manera férrea
la integración y funcionamiento del ayuntamiento. Durante la década de
1901-1910, buena parte de sus miembros devenían desde los años noven-
ta, como fueron los casos de Domingo y Antonio Ponce de León, Antonio

151
villaseñor / martínez

Pardo, Vicente Guerrero y Wenceslao Vélez. En el transcurso de ese perio-


do se incorporaron personajes como Andrés Rodríguez, Ramón Monroy,
J. Jesús Zavala y en el ocaso del Porfiriato el joven empresario Melquia-
des Fraga. En 1907 a raíz de la creación de la figura administrativa de la
subprefectura que tuvo como sede la municipalidad de Acuitzio, ésta fue
ocupada sucesivamente por Luis G. Villaseñor y Ramón Páramo, los que
además hicieron las veces de presidentes del ayuntamiento.360
El año de 1910 no solo tuvo trascendencia por el avistamiento del
cometa Halley, así como los eventos del Centenario sino por el proceso
electoral para renovar los poderes en todos los ámbitos de la adminis-
tración pública del país. Los acuitzenses acostumbrados desde mucho
tiempo atrás a estar bien informados y llevar un pulso más o menos pre-
ciso del acontecer político, supieron de los periplos en torno a la sucesión

Torre Presidencia Municipal, siglo xx (Foto: Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

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acuitzio / monografías municipales

presidencial, la manera en que se concretó y las consecuencias que de-


vinieron de la enésima reelección del general Porfirio Díaz. La convoca-
toria emitida por el candidato perdedor Francisco I. Madero a través de
los postulados del Plan de San Luis, no tuvo impacto inmediato en algún
lugar de Michoacán. Nada pareció romper la cotidianidad de la vida en
el plano local. El año cerró con la venida al mundo de 557 niños y de 482
vecinos que partieron al más allá en la jurisdicción de la municipalidad
de Acuitzio, para un saldo demográfico a favor de 75 individuos, según
lo consignado por la oficina del registro civil.361
El párroco Francisco de P. Martínez tuvo otros datos de mortalidad
para ese año de 1910, en función del perímetro de su demarcación, consig-
nó el deceso de 284 feligreses. En virtud de que cada vez se acostumbraba
menos apuntar las defunciones en los libros de registro parroquial, a final
de cuentas, no hubo cifras precisas en la materia. Los achaques más fre-
cuentes por los que la parca se llevó acuitzenses al otro mundo fueron la
bilis, la pulmonía, las diarreas y deposiciones, así como los padecimien-
tos renales. Fueron cuatro las muertes que se consignaron por accidentes
-aplastamiento, ahogados y caída- y parecieron ser una premonición de
los tiempos violentos por venir.362

3.- La Revolución y la fragmentación del municipio

Por el tiempo en que se inició la Cuaresma del año de 1911 comenzaron


a circular entre el vecindario de Acuitzio los primeros rumores en tor-
no de la presunta organización de grupos rebeldes, en puntos cercanos
como Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre y Tacámbaro, que se aprestaban a
secundar los postulados del Plan de San Luis. Las versiones fueron corro-
boradas después de la Semana Santa y el panorama en torno a la movi-
lización maderista en la entidad quedó configurado hacia mediados del
mes de mayo. Los eventos se precipitaron durante la segunda quincena
de éste: el general Porfirio Díaz renunció a la presidencia de la República
y el gobernador Aristeo Mercado solicitó licencia al cargo. Pronto tras-
cendió que la cabeza visible de la sublevación era un viejo conocido de

153
villaseñor / martínez

muchos acuitzenses, el subprefecto de Santa Clara del Cobre, Salvador


Escalante.363 En el desahogo de sus quehaceres cotidianos o por simple y
curiosidad muchos vecinos se aproximaron a la llanura de Coapa o fue-
ron hasta la propia Morelia, para atestiguar el paso o la entrada triunfal
de la improvisada columna revolucionaria y la designación del médico
Miguel Silva González, hijo del ilustre creador del municipio de Acuitzio,
como gobernador interino.
Las secuelas en el plano local no se hicieron esperar pues la cama-
rilla que controlaba desde dos décadas atrás el ayuntamiento de Acuitzio
se diluyó en su parte medular y al relevo llegaron algunas “caras nuevas”,
que habían mostrado simpatía por el maderismo y que guardaban cierto
ascendiente social o que supieron adaptarse a los tiempos vigentes. Du-
rante el mes de octubre de 1911 se efectuaron las elecciones que llevaron
al poder al empresario Francisco I Madero.364 Por ese entonces las auto-
ridades diocesanas consideraron pertinente poner fin al ciclo del padre
Francisco de P. Martínez al frente del curato de San Nicolás Tolentino. El
clérigo Erasto Portillo tuvo una fugaz segunda venida y se alternó en el
manejo de la parroquia con el vicario Domingo Marín y el padre Germán
F. Luna. El 20 de noviembre de 1911, a un año de iniciada la Revolución,
emprendió su actuación como párroco de Acuitzio el sacerdote Francisco
de P. González, quien habría de conducir a su heterogéneo rebaño por los
calamitosos tiempos de la movilización constitucionalista y los inicios de
la lucha entre las facciones revolucionarias.365
El año de 1912 llegó cargado de incertidumbre y creciente desaso-
siego, pues desde finales del precedente trascendió el pronunciamien-
to de Emiliano Zapata en el estado de Morelos amparado en las tesis
agraristas del Plan de Ayala; y por los días de Semana Santa desde la
lejana Chihuahua se conoció una rebelión más amparada en el Plan de la
Empacadora, bajo el liderazgo de Pascual Orozco y ambos movimientos
en contra de la administración maderista. Bajo ese ambiente los vecinos
de Acuitzio tuvieron activa participación en el proceso electoral en el
que se renovaron los poderes del estado y los ayuntamientos. No existe
información específica, pero cabe presumir que buena parte de ellos se

154
acuitzio / monografías municipales

identificaron con la candidatura del doctor Miguel Silva González a la


gubernatura constitucional de Michoacán. Este personaje gano a final
de cuentas unos muy accidentados comicios e inicio su administración
el 15 de septiembre de ese año. A nivel local bajo circunstancias que no
conocemos el agricultor y comerciante Melquiades Fraga se desempeñó
buena parte del año como presidente del ayuntamiento, aunque luego
lo sucedieron tras la instalación del gobierno silvista José Alvarado y
Julián Guerrero, en el marco del proceso de irrupción de los nuevos ac-
tores políticos vinculados a la Revolución.366
Bajo ese escenario el creciente desasosiego de los acuitzenses tuvo
como punto de referencia muy preciso, el frecuente patrullaje de tropas
federales y destacamentos de rurales sobre la vía férrea Morelia-Pátz-
cuaro, para inhibir las cada vez más amplias y evidentes expresiones
de malestar y descontento con el comportamiento y rumbo que seguía
el gobierno maderista. El violento motín ocurrido en la no muy distan-
te ciudad de Puruándiro el 7-8 de junio de 1912, en presunto apoyo al
movimiento orozquista y con el concurso desinhibido del grueso del
pueblo bajo que perpetró a discreción saqueos a comercios, oficinas pú-
blicas y las casas de los ricos, incrementó la percepción, la incertidumbre
y los temores de los acuitzenses de una eventual explosión social gene-
ral en Michoacán.367
A pesar de ello la vida cotidiana pareció discurrir sin trastornos y el
balance demográfico que nos permiten elaborar los datos del registro civil
y el parroquial indican en el primero de los casos que en la municipalidad
de Acuitzio en el año de 1912 vinieron al mundo 558 infantes. Mientras
que en el perímetro específico de la parroquia se documentaron 298 de
ese total. Los decesos que consignó en sus libros el padre Francisco de P.
González fueron alrededor de 80. De ese universo de ánimas recogidas
por el Señor, la bilis, la pulmonía y los padecimientos gastrointestinales
aportaron en conjunto casi un tercio del total. Padecimientos como el tifo
y la tuberculosis tenían aún escasa incidencia. De entre lo singular ocu-
rrido en materia de mortalidad destacó el hecho de que, en el rancho de
la Angostura, Apolinar Cortés fue declarado fallecido por “vejez” y muy

155
villaseñor / martínez

justificadamente, pues alcanzó a rebasar por algunas semanas el siglo de


edad y partió al encuentro del Padre el 22 de octubre.368
Los eventos en el escenario nacional se precipitaron desde las pri-
meras semanas de 1913. La endeble administración del presidente Fran-
cisco I. Madero fue derrocada inmisericorde y cruentamente por los gru-
pos de poder e interés que devenían del Porfiriato. Las calles de la ciudad
de México fueron el dantesco escenario de la Decena Trágica, cuando se
batieron fuerzas golpistas contra soldados leales y que tuvo como dramá-
tico epílogo el cobarde asesinato del mandatario y el vicepresidente José
María Pino Suárez, el 22 de febrero, para instalar de inmediato el gobier-
no espurio que encabezó el general Victoriano Huerta, quien tuvo como
lugarteniente en calidad de secretario de Guerra al moreliano Aureliano
Blanquet. Poco más de un mes después, el 26 de marzo, en el estado de
Coahuila el gobernador Venustiano Carranza Garza proclamó el Plan de
Guadalupe, a través del cual se convocó a la sociedad mexicana a combatir
por las armas la usurpación huertista.369
Bajo este efervescente escenario los acuitzenses que iban y venían
de manera cotidiana a Morelia, se percataron del endeble posiciona-
miento en el que quedó el gobierno del médico Miguel Silva González,
quien se mostró timorato frente a las exigencias de reconocimiento y co-
laboración incondicional que le planteó el presidente Victoriano Huerta.
De tal suerte que, apenas concretó este personaje la inauguración del
hermoso monumento al Generalísimo Morelos y solicitó licencia para
separarse del cargo. Con el camino despejado la administración huer-
tista pudo imponer con toda discreción y sucesivamente a los generales
Alberto Yarza, Alberto Dorantes y Jesús Garza González como gober-
nadores militares provisionales de Michoacán. El propósito fue el de
combatir a las cuadrillas revolucionarias que desde finales del mes de
marzo de 1913 habían irrumpido en la entidad por el rumbo de Hueta-
mo, provenientes de los estados de México y Guerrero y que cobraron
fuerza en unas cuantas semanas.370
Autoridades y vecinos de Acuitzio se mantuvieron muy atentos al
rumbo de los acontecimientos, pues por los días de la Semana Santa de

156
acuitzio / monografías municipales

ese año se esparcieron rumores muy fundados en el sentido de que los re-
beldes rondaban ya en territorio del distrito de Tacámbaro. Esas versiones
las corroboró el visible incrementó de tropas federales y cuerpos de rura-
les que desde Morelia se trasladaron por tren a Pátzcuaro para su desplie-
gue en la Tierra Caliente. Todo ello fue confirmado con la batalla librada
el 17 de abril de 1913 en la ciudad de Tacámbaro de Codallos, en donde las
cuadrillas rebeldes al mando del general Gertrudis G. Sánchez derrotaron
al 7o cuerpo de rurales de la federación, comandado por el sahuayense
Francisco Cárdenas Saucillo, el asesino material del presidente Madero.
El apresurado repliegue de las fuerzas gubernamentales permitió que las
cuadrillas al mando del general José Rentería Luviano se apoderaran mo-
mentáneamente de la ciudad de Pátzcuaro.371
La proximidad de los rebeldes, que también avanzaron hacia el es-
pacio comarcano de la tenencia de Cruz de Caminos, ocasionó que mu-
chas familias acuitzenses buscaran refugio en Morelia, plaza que resentía
el amago de un eventual ataque rebelde. En contraste individuos jóvenes
oriundos de la municipalidad percibieron en esta etapa de la Revolución
la posibilidad de eventualmente superar sus condiciones de precariedad
económica y marginación social. Un caso concreto fue el del jornalero Is-
mael Herrera, quien a sus 20 años no lo pensó dos veces y se incorporó
en el mes de abril de 1913 como soldado raso a la cuadrilla del general
Cecilio García y el que andando el tiempo alcanzaría el grado de mayor.372
Mientras que el empresario Melquiades Fraga puso al servicio de la causa
sus recursos económicos y su persona, lo que le permitió ganarse la con-
fianza de los mandos constitucionalistas. De tal suerte que en el mes de
julio sería designado por el general Martín Castrejón como subprefecto de
Acuitzio y conforme se desarrollaron los eventos tendría amplio protago-
nismo político-militar.373
La columna revolucionaria al mando de los generales Sánchez y
Rentería Luviano negoció con el comandante y gobernador militar Al-
berto Dorantes la eventual entrega de la plaza de Morelia lo que no se
concretó. Ante el arribo de refuerzos federales los rebeldes se replegaron
hacia la Tierra Caliente En el transcurso de los meses de mayo y junio se

157
villaseñor / martínez

registró un sustancial incremento de la actividad revolucionaria en la en-


tidad, fortalecida con cuadrillas que arribaron provenientes del estado de
Guerrero entre ellas las lideradas por Rómulo Figueroa, Alfredo Elizon-
do, Guillermo García Aragón y Salatiel Alarcón. El 23 de junio de 1913 el
general Gertrudis G. Sánchez estableció su cuartel general en Tacámbaro
y desde allí operó el núcleo más importante de la sublevación constitucio-
nalista en Michoacán.374
Al percatarse de que las tropas federales y sus cuerpos auxiliares no
se atrevían a maniobrar más allá de Pátzcuaro, las fuerzas revolucionarias
establecieron pronto avanzadas en la jurisdicción de la tenencia de Cruz
de Caminos, municipalidad de Acuitzio. Los rebeldes, empezando por
el general coahuilense y exestudiante normalista Gertrudis G. Sánchez,
entablaron una sincera y sólida relación de empatía con aquel vecinda-
rio, que se adhirió leal y espontáneamente a la causa bajo la expectativa
común de superar sus ancestrales condiciones de precariedad económica
y marginación social. Fue así qué compartieron con los sublevados sus
exiguos recursos materiales y prestaron muy valiosos servicios a la causa
como los de exploración, espionaje, arriería y soldados en activo, entre
otros.375Las cuadrillas al mando de los generales Figueroa y García Ara-
gón recibieron instrucciones para avanzar desde Tacámbaro y Cruz de
Caminos hasta las inmediaciones de la villa de Acuitzio del Canje, para
eventualmente sabotear desde allí las comunicaciones ferroviarias en el
valle de Tiripetío.376
Las autoridades militares huertistas se percataron de esa maniobra
y hacia mediados de julio de 1913, con nuevos contingentes de tropas fe-
derales que arribaron desde el valle de México, el coronel Rodrigo Paliza
integró en Morelia y encabezó una columna gubernamental que obligó a
replegarse a los rebeldes al mando de Rómulo Figueroa hacia las monta-
ñas de Cruz de Caminos para reconcentrarse después en Tacámbaro con
el grueso de las fuerzas revolucionarias. Se establecieron entonces modes-
tos destacamentos de tropas federales en la villa de Acuitzio del Canje, el
casco de la hacienda de Coapa y los pueblos de Huiramba y Tiripetío para
resguardar la vía férrea Morelia-Pátzcuaro.377

158
acuitzio / monografías municipales

Ante la incorporación de otras cuadrillas que fortalecieron su com-


posición, elementos de guerra y capacidad operativa, los altos mandos de
la columna constitucionalista en Michoacán consensuaron y se decidieron
a emprender una nueva ofensiva, que eventualmente los colocara en po-
sición de atacar Morelia que era su objetivo principal. El testimonio del
general Millán Nava refiere que,

conforme se iban incorporando nuevos contingentes el general Sánchez


los destinaba de acuerdo con su plan de campaña. Los generales Rentería
Luviano y Rómulo Figueroa marcharon a Acuitzio, cuya plaza trataba de
conservar el general Sánchez a toda costa debido a su estratégica impor-
tancia. Estando Acuitzio tan inmediato a Morelia, era de esperarse que de
un momento a otro intentaría el gobierno recuperarlo y aun enviar por allí
fuerzas para atacar Tacámbaro o recuperar Pátzcuaro. Así lo comprendie-
ron Figueroa y Rentería Luviano y en tal virtud una vez posesionados de la
plaza salieron con una fracción de fuerza de caballería a practicar un reco-
nocimiento del terreno con objeto de escoger posiciones y fijara su plan de
defensa en caso de ataque.378

La toma de la plaza de Acuitzio se concretó la mañana del 31 de


julio de 1913. De inmediato los oficiales de la fuerza constitucionalista
emprendieron la exploración de los alrededores de la villa para ubicar
puntos en los cuales establecer parapetos y fortines para prevenir un in-
tento de recuperación por parte de las tropas gubernamentales. Sin em-
bargo, narra el propio Millán Nava que, por una combinación de errores
y circunstancias

… los revolucionarios se dieron cuenta con sorpresa de que una columna de


caballería al mando del coronel federal Rodrigo Paliza avanzaba amenazan-
te por el camino de Morelia en dispositivo de combate. No queda ya tiempo
para utilizar las posiciones escogidas ni aun para tomar otras. El enemigo
rompió el fuego y la guarnición, careciendo de jefes que organizaran la de-
fensa, se batió en retirada. El capitán 2° J. Matilde Aguilar, encargado del
teléfono, comunicó al cuartel general la novedad cuando ya la plaza estaba
siendo atacada y recibió órdenes de recoger y salvar el aparato, lo cual logró
con dificultad debido a la torpeza inherente a toda precipitación”. Reunidos
Rentería Luviano y Figueroa con sus fuerzas y después de haber sostenido
el fuego por espacio de una hora, se replegaron al cerro del Aserradero ha-
cia donde trataron inútilmente de atraer al enemigo para decidir la acción.
Los grupos de revolucionarios que se acercaban a provocarlos eran hostili-
zados por los federales, pero éstos no se decidían a seguirlos cuando retro-

159
villaseñor / martínez

cedían. Parece que estaban dispuestos a obtener el mayor éxito con el menor
esfuerzo. Al día siguiente regresó esta columna a Tacámbaro encontrando
en el camino un refuerzo que iba en su auxilio.379

Una semana más tarde, el 9 de agosto, con la llegada de nuevas


cuadrillas de refuerzo el general Gertrudis G. Sánchez ordenó una ofen-
siva con ataques simultáneos en Pátzcuaro, Huiramba y Acuitzio, con el
propósito de abrir el tan anhelado corredor que lo ubicara en posibilidad
de atacar y tomar Morelia. Personalmente, el coahuilense encabezó a las
cuadrillas que tratarían de recuperar la villa de Acuitzio del Canje. Sin
embargo, las tropas federales tuvieron la suficiente capacidad para con-
tener los embates de sus enemigos al igual que los efectuados el día 15
sobre la tenencia de Santa María de Guido y el 21 de nueva cuenta sobre
Pátzcuaro.380 La situación se tornó crecientemente compleja cuando el 2
de septiembre las fuerzas al mando del coronel Paliza desalojaron a los re-
volucionarios de su cuartel general de Tacámbaro. Muchos de ellos se dis-
persaron entonces en las montañas de esa municipalidad y las de Acuitzio
y Pátzcuaro en espera de mejores condiciones y nuevas oportunidades de
pasar a la ofensiva.381
Tras la retirada del grueso de la columna constitucionalista hacia la
cuenca del río Balsas, encabezadas por el general Gertrudis G. Sánchez,
permanecieron en los distritos de Morelia, Pátzcuaro y Tacámbaro, las
cuadrillas al mando del general Anastasio Pantoja, de quien fue uno de
sus principales subalternos el acuitzense Melquiades Fraga. A través de la
guerra de guerrillas y con sus precarios recursos esos contingentes acosa-
ron e hicieron frente a las tropas federales destinadas a su persecución. En
ese contexto, el 17 de diciembre de 1913 la cuadrilla al mando de Fraga,
integrada por varios de sus coterráneos, concretó la toma de la villa de
Quiroga tras un reñido combate con la guarnición de la plaza.382
Bajo este escenario al frente del ayuntamiento se turnaron en ca-
lidad de presidentes, además del subprefecto Melquiades Fraga, Julián
Guerrero y Jesús Gómez, entre otros. La memoria colectiva recogió la per-
cepción de una temporada de lluvias sumamente copiosa durante 1913
que ocasionó cuantiosas pérdidas en los cultivos. El balance demográfico

160
acuitzio / monografías municipales

al final de este año fue revelador de la inédita movilidad de población que


ocasionó la guerra. Se documentó por parte de la parroquia el nacimiento
de 321 niños; en tanto que la mortandad reportada ante en el registro civil
fue de 342 personas con información hasta el mes de julio, pues la ofici-
na dejó de funcionar por órdenes de las autoridades militares. Mientras
que el padre González consignó en su jurisdicción únicamente 65 decesos,
causados en gran parte por la bilis, la diarrea y la viruela. A pesar de que
fue un momento marcado por la violencia revolucionaria únicamente se
anotó el deceso el 2 de agosto en esa circunstancia de Herculano Alejandre
de 40 años, vecino de la villa de Acuitzio del Canje, quien todavía alcanzó
confesión tras recibir un balazo en condiciones que no se precisan.383
El año de 1914 llegó en un ambiente de incertidumbre y desasosiego
generalizados toda vez que la sublevación constitucionalista entró en una
muy prolongada pausa. Una vez más fue por los días de la Semana Santa
que se precipitaron los acontecimientos que definirían el rumbo del país,
de la entidad y de la municipalidad de Acuitzio. Las cuadrillas constitu-
cionalistas al mando de Melquiades Fraga se reactivaron por ese entonces
atendiendo instrucciones del cuartel general de Gertrudis G. Sánchez, y
el 14 de marzo atacaron y tomaron el pueblo de Cruz de Caminos mante-
niendo su control desde ese entonces. De inmediato los rebeldes se dieron
a la tarea de preparar el regreso del grueso de la columna rebelde al man-
do del militar coahuilense.384
Poco después, el 21 de abril fuerzas de la marina de guerra de
los Estados Unidos irrumpieron en el puerto de Veracruz, ocasionando
una espontánea oleada de patriotismo que se desparramó por todo el
territorio nacional, al tiempo que la administración huertista se debilitó
perfilando así su inminente final. Bajo este efervescente escenario las
cuadrillas revolucionarias efectuaron un recorrido muy similar al del
año anterior. Es decir, de nueva cuenta irrumpieron desde la cuenca del
Balsas y el 14 de junio emprendieron el ataque sobre Huetamo, plaza
que tomaron sin mayores contratiempos. En los días posteriores avan-
zaron a paso firme y para el 15 de julio ya se encontraban en jurisdic-
ción de la municipalidad de Acuitzio y de manera más específica en la

161
villaseñor / martínez

comarca de la tenencia de Cruz de Caminos, en donde fueron recibidas


por los leales soldados comandados por Melquiades Fraga quien fue
ascendido al grado de general de brigada.385
Apenas se supo de la aproximación de las huestes constituciona-
listas provenientes de la Tierra Caliente, un nutrido grupo de jóvenes
acuitzenses se presentaron en el cuartel del general Gertrudis G. Sánchez
para darse de alta en las filas de la Revolución. Entre otros figuraron los
hermanos Jesús y Luis González, Ignacio y Florencio Alejandre, así como
Enrique Pérez y Salvador Bravo.386 Otra incorporación relevante fue la del
fornido Isidro Huacuz quién andando el tempo, al igual que los ya incor-
porados Ismael Herrera y Maximiliano Sotelo, darían mucho que decir
entre sus coterráneos y se ganaría a pulso una sólida fama pública.387
En la agonía del régimen huertista la comandancia de Michoacán
a cargo del general Jesús Garza González hizo un último esfuerzo para
intentar contener el avance de la columna constitucionalista liderada por
Gertrudis G. Sánchez y el 21 de julio tropas federales y cuerpos de rurales
trabaron combate con los rebeldes primero en las inmediaciones de Cruz
de Caminos y luego en terrenos de la hacienda de Coapa. Los revolu-
cionarios evitaron el paso por la villa de Acuitzio del Canje, que fue res-
guarda por las cuadrillas de Melquiades Fraga, para aproximarse lo más
pronto posible a Morelia.388 La toma de la capital del estado era inminente
en directa relación con la caída del gobierno de Victoriano Huerta. Bajo
ese escenario el 27 de julio se realizó en el pueblo de Cruz de Caminos
una reunión encabezada por el general Héctor F. López y con la participa-
ción de los vecinos caracterizados que simpatizaban con la Revolución. El
punto medular fue la formalización por escrito del compromiso de que,
una vez concretado el triunfo de la causa, el gobierno emanado de la mis-
ma erigiría una nueva municipalidad con cabecera en esa localidad, como
retribución a los servicios prestados por su vecindario y para colmar sus
expectativas de autonomía territorial-administrativa.389
La toma de Morelia se materializó el 1° de agosto de 1914 y de in-
mediato conforme a las tesis del Plan de Guadalupe, el general Gertrudis
G. Sánchez asumió funciones de gobernador militar provisional. Acto

162
acuitzio / monografías municipales

seguido comenzó a dictar diversas medidas de carácter económico y


social para favorecer a los sectores sociales pobres y marginados. Fiel a
su palabra con fecha 12 de octubre el mandatario rubricó en su despacho
del palacio de gobierno, el decreto a través del cual reformó la ley de
división territorial vigente en la entidad desde julio de 1909, para erigir
la municipalidad que tendría como cabecera el pueblo de Cruz de Cami-
nos con el espacio comarcano que había tenido en su calidad de tenen-
cia, agregándosele las tenencias de Etúcuaro y San Diego Curucupaseo,
así como otras dependencias menores como Acatén que fue jurisdicción
de Tacámbaro. En el artículo sexto se estipuló que “el pueblo de Cruz de
Caminos, cabecera de la municipalidad que se erige por virtud de este
decreto, dejará de llevar este nombre y en lo sucesivo se denominará
Villa Madero. Artículo séptimo. Se agrega a la municipalidad de Acuit-
zio la tenencia de Huiramba que ha pertenecido a la municipalidad de
Pátzcuaro, de la que queda segregada”.390
Los términos en los que se instituyó la municipalidad de Villa Ma-
dero permiten advertir la equidad con la que obró la administración del
general Sánchez, pues por una parte colmó las expectativas de ese vecin-
dario al tiempo que compensó a la municipalidad de Acuitzio, en donde
también tuvo en su momento una sólida y leal base social de apoyo, con
la asignación de la tenencia de Huiramba que había formado parte de ella
hasta los albores del Porfirato. Cabe presumir en torno de esto la interpo-
sición de los buenos oficios de Melquiades Fraga. Por el tiempo en el que
se concretó la fundación de la municipalidad de Villa Madero se perfiló la
crisis entre las facciones armadas que concurrieron con sus representantes
en la Soberana Convención de Aguascalientes. El gobernador Gertrudis
G. Sánchez no definió su postura entonces y quedó a merced del proceder
tanto de los carrancistas-constitucionalistas como de los villistas, zapatis-
tas y convencionistas.391
Por si esto fuera poco hacia mediados del otoño de 1914 se perfiló
la brutal crisis de subsistencia que traería escasez de alimentos, hambre,
epidemias, bandolerismo, destrucción y muerte. A las abundantes lluvias
que hubo en 1913 siguieron irregularidades en las precipitaciones durante

163
villaseñor / martínez

1914. Para el mes de octubre ya se veía venir la catástrofe por lo que el


gobierno del general Sánchez emitió un decreto para prohibir el acapara-
miento y venta de granos fuera del perímetro de cada uno de los distritos
de la entidad.392 Acto seguido lo que sería la sangrienta confrontación en-
tre las facciones revolucionarias comenzó a configurarse en Michoacán.
Entre el 16 y el 18 de diciembre los acuitzenses fueron testigos del tránsito
por el valle de Tiripetío de la columna carrancista de alrededor de diez
mil hombres comandada por el general Francisco Murguía, que se dirigía
hacia Jalisco para reunirse con las tropas de Manuel M. Diéguez, para evi-
tar ser copadas por villistas y zapatistas. Esas tropas serían emboscadas
en el cerro de las Vueltas, al sur de Uruapan, lo que marcaría la suerte del
general Sánchez.393
Las fuerzas convencionistas, villistas y zapatistas controlaron el
centro del país desde diciembre de 1914, de lo que fue expresión icóni-
ca la toma de la Ciudad de México y la pose para la fotografía en la si-
lla presidencial del general Francisco Villa acompañado de su homólogo
Emiliano Zapata. En aquel ajetreado año se sucedieron en la presidencia
del ayuntamiento de la municipalidad de Acuitzio con el consenso del
subprefecto Melquiades Fraga, vecinos como Antonio Ponce de León, Il-
defonso González, Gregorio Ayala, Manuel Ruano y J. Apolinar Sereno. El
registro civil tuvo un funcionamiento irregular por lo que no existen cifras
sobre natalidad y mortalidad. En las de la parroquia el padre González
consignó 330 infantes venidos al mundo en este aciago escenario. Fueron
pocas las partidas de defunción que se realizaron y de entre ellas se sabe
que la pulmonía, la bilis, las enfermedades gastrointestinales y la “vejez”,
fueron las que más decesos ocasionaron. Por increíble que parezca no se
documentó una sola muerte violenta.394

4.- Los jinetes apocalípticos: hambre, bandolerismo, destrucción y muerte

El año de 1915 marcó el inicio del lustro en el que los jinetes apocalípticos
del hambre, el bandolerismo, la destrucción, las epidemias y la muerte
flagelarían juntas y como nunca a la sociedad mexicana. Desde su refu-

164
acuitzio / monografías municipales

gio en el puerto de Veracruz, el primer jefe del ejército constitucionalista,


Venustiano Carranza, promulgó la Ley Agraria del 6 de enero que ins-
tituía la restitución y/o el reparto de tierras y que andando el tiempo
configuraría el movimiento campesino agrarista que impacto de manera
importante en el espacio comarcano de la municipalidad de Acuitzio y
sus alrededores. Hacia finales del invierno la poderosa y afamada Divi-
sión del Norte del general Francisco Villa irrumpió vigorosa en el Bajío.
Ante su inminente arribo a Michoacán con propósitos visiblemente re-
vanchistas, el general Gertrudis G. Sánchez abandonó Morelia y declaró
a Tacámbaro como capital provisional de la entidad. Los días 22-24 de fe-
brero el gobernador Sánchez permaneció en la villa de Acuitzio del Can-
je, para conocer los movimientos que efectuaban las tropas villistas que
se aproximaban a Morelia. Posteriormente, prosiguió su marcha hacia el
rumbo de Tacámbaro dejando en Acuitzio una corta guarnición al mando
de Anastasio Pantoja y Melquiades Fraga para hacer frente a una eventual
arremetida del enemigo.395
Las avanzadas de la División del Norte advirtieron los movimientos
de fuga de las fuerzas al mando del gobernador Gertrudis G. Sánchez y
aceleraron el paso en su persecución. De tal suerte que el 24 de febrero de
1915, las cuadrillas villistas al mando del coronel Pablo López, irrumpie-
ron de manera sorpresiva en Acuitzio del Canje tomando desprevenida a
la guarnición al mando de Anastasio Pantoja y Melquiades Fraga. Sobre el
enfrentamiento que protagonizaron ambas fuerzas Isidro Tapia recogió la
versión de que los villistas, por su superioridad numérica, propiciaron un
intento de apresurada retirada de sus adversarios. De tal suerte que, “a la
salida de la población se escuchaba el tableteo de ametralladoras, pues al-
gunas fuerzas o más bien algunos soldados de la sorprendida guarnición
se posesionaron en el cercado encinal de la Laja y desde allí estuvieron
haciendo resistencia. En este tiroteo cayó herido de muerte el general Mel-
quiades Fraga de filiación sanchista y fue a morir a Etúcuaro”.396
El 1° de marzo de 1915, sin encontrar mayor resistencia, las cua-
drillas villistas al mando del general José Isabel Prieto se apoderaron
de Morelia donde hizo funciones de gobernador y comandante militar

165
villaseñor / martínez

durante seis semanas. Este personaje, atendiendo instrucciones precisas


del general Francisco Villa, quien consideraba a Gertrudis G. Sánchez
como desleal y traidor, ordenó una feroz persecución con la intención
de darle muerte.397 De nueva cuenta fue el coronel Pablo López el encar-
gado de reunir información sobre el paradero del coahuilense al tiempo
que procedería a reprimir a los sectores sociales que lo apoyaban en su
fuga. Ese fue el pretexto para hacer acto de presencia de nueva cuenta
en la villa de Acuitzio del Canje los días 16 y 17 de marzo. El coronel
López generó interlocución con los vecinos caracterizados a los que, tras
concentrarlos en una de las casas de los portales de la plaza, de manera
brusca y altanera manifestó traer instrucciones de fusilarlos a todos con
el consecuente pánico y psicosis colectiva, pues de inmediato pasó por
las armas a dos de ellos. Sobre este violento episodio de la historia acuit-
zense abunda Isidro Tapia que,

ante esos hechos la consternación popular llegó al colmo. Las mujeres en


llanto unánime pedían misericordia. Todo era inútil, los fusilamientos ha-
brían seguido adelante si en esos momentos no se hubiera presentado el se-
ñor cura del lugar, que lo era entonces el presbítero don Francisco González,
quien con un valor heroico se abrió paso hasta enfrentarse con el coronel
y arrodillándose le dijo: ´toda esta gente es inocente, no cometa usted la
injusticia de fusilarlos, si desea usted derramar más sangre aquí está la mía
fusíleme usted; pero ordene que pongan en libertad a todos estos vecinos
que son honorables y nada deben´. La hecatombe se suspendió; los fusila-
dos fueron don Andrés Rodríguez y don Jesús Gutiérrez Villalón”.398

Entre los meses de abril-junio de 1915 se libraron las sangrientas


batallas del Bajío que decidieron la suerte de la Revolución. Los orgullo-
sos Dorados del general Villa mordieron el polvo frente a los afanosos
batallones rojos que organizaron a toda prisa Carranza y Obregón con
los miembros de la Casa del Obrero Mundial. Antes de concluir abril los
carrancistas-constitucionalistas ya habían recuperado Morelia y desde su
palacio de gobierno comenzó a despachar como gobernador y comandan-
te militar el también coahuilense Alfredo Elizondo. Este personaje de in-
mediato emprendió la labor reformista de esta facción revolucionaria que
incluyó el encarcelamiento, el destierro y/o penalizaciones económicas

166
acuitzio / monografías municipales

para los “enemigos de la Revolución”. Cuando irrumpieron furibundos


los vientos anticlericales carrancistas se decretó la clausura de las escuelas
de filiación católica como el Seminario Diocesano de Michoacán, el Cole-
gio Teresiano de Guadalupe y el Instituto Científico del Sagrado Corazón;
al tiempo que se fundaron las escuelas normales laicas para profesores
y profesoras, así como la Casa del Estudiante. Se estableció además una
filial de la Casa del Obrero Mundial y en el mes de junio se creó la Comi-
sión Local Agraria (CLA).399
Tras la brutal irrupción de las huestes villistas a la villa de Acuitzio
del Canje se suscitó una diáspora espontánea de buena parte de sus habi-
tantes muchos de los cuales fueron a parar a Morelia y Pátzcuaro.400 Du-
rante el segundo semestre de 1915 tras la derrota de la División del Norte
en las batallas del Bajío los carrancistas se apresuraron a fortalecer el con-
trol del territorio del estado de Michoacán enviando destacamentos mili-
tares a las principales poblaciones. Sin embargo, grupos rebeldes residuos
tanto del villismo, convencionismo e incluso los zapatistas que aún se
mantenían cohesionados alrededor de los hermanos Zapata, comenzaron
a movilizarse por su cuenta y riesgo y confrontando a la administración
del gobernador Alfredo Elizondo. Conforme transcurrió el tiempo mu-
chos de esos actores sociales degenerarían hacia un abierto bandolerismo
al no concretar un entendimiento político con la facción revolucionaria
triunfante congregada en torno del primer jefe Venustiano Carranza, en-
cargado del poder Ejecutivo federal.401
En ese contexto las cuadrillas al mando de Jesús Cintora muy de-
bilitadas tras confrontar a las fuerzas carrancistas al mando del general
Joaquín Amaro en los distritos de Jiquilpan, Zamora y La Piedad, se re-
plegaron hacia sus principales reductos en los distritos de Tacámbaro,
Pátzcuaro y Morelia con propósitos de reorganización. La noche del 24-25
de septiembre de 1915 pernoctaron en la villa de Acuitzio de Canje, para
salir de inmediato, al no encontrar condiciones para concretar sus expec-
tativas, hacia jurisdicción del distrito de Los Reyes ante la eventualidad
de que las tropas al mando del gobernador Alfredo Elizondo las atacaran
provenientes de la capital del estado.402

167
villaseñor / martínez

Para entonces ya era del dominio público la existencia de bien or-


ganizadas partidas armadas que presidieron personajes como José Inés
Chávez García, Jesús Cíntora y José Altamirano Dávalos, cuyo espacio
geográfico de actuación incluyó en algún o varios momentos a la munici-
palidad de Acuitzio. En tanto se perfilaban la violencia y el bandolerismo
que protagonizarían estos individuos y sus centenares de seguidores, las
primeras acciones reformistas del carrancismo comenzaron a gestionarse.
En ese contexto durante el segundo semestre de 1915 acudieron a las ofici-
nas de la CLA en Morelia los representantes y apoderados de los pueblos
de Huiramba, Atécuaro, Santiago Undameo y Tiripetío, para al amparo
de la Ley Agraria del 6 de enero de ese año solicitar la restitución de las
tierras que presuntamente les fueron usurpadas en diferentes momentos
de su secular historia por las fincas de campo colindantes.403
Los representantes de los pueblos del valle de Tiripetío generaron
en ese marco la interlocución con los operadores políticos de la filial de la
Casa del Obrero Mundial en Morelia, que los sonsacaron para inducirlos
a un proceso de ideologización-politización en las tesis anarco-sindicalis-
tas, con el beneplácito de la administración del general Alfredo Elizondo,
cuyos frutos se verían en los años subsecuentes entre otras manifestacio-
nes a través de un beligerante agrarismo anticlerical. Caso concreto fue el
de los incipientes agraristas del pueblo de Jesús Huiramba, municipio de
Acuitzio, los que, desde finales de 1915, alojaron e interactuaron por lar-
gas temporadas con los activistas de la Casa del Obrero Mundial en torno
a las referidas labores de adoctrinamiento.404
La abultada sucesión de eventos del año de 1915, entre otras cosas,
colapso la vida parroquial en el arzobispado de Michoacán y sus efectos
fueron particularmente graves en demarcaciones como las de Cruz de Ca-
minos, Etúcuaro, Tiripetío y Santiago Undameo, que eran circunvecinas
de la parroquia de San Nicolás Tolentino de Acuitzio. De tal suerte que,
a las muchas tribulaciones que ya tenía el “Salvador” del pueblo, como
muchos dieron en llamar al padre Francisco González tras confrontar a
las huestes villistas, se sumaron las propias de la atención de las ovejas de
esos rebaños desbalagados por la violencia revolucionaria. Por lo tanto,

168
acuitzio / monografías municipales

fue habitual desde mediados de 1915 que el clérigo bautizara, casara o


impartiera los últimos auxilios espirituales a decenas de individuos de
ambos sexos, todas las condiciones económico-sociales y edades, que vi-
nieron a fuerza de las circunstancias desde esos lugares en busca de cum-
plir con los sagrados sacramentos y demás mandatos de la Iglesia.405
El balance de registro parroquial de aquel azaroso 1915 indica que
en la demarcación de San Nicolás Tolentino de Acuitzio se efectuaron 333
bautismos de los cuales cuando menos un 20% fue de infantes provenien-
tes de localidades de los curatos de Santiago Undameo, Tiripetío, Cruz
de Caminos, Etúcuaro y hasta de Huetamo, Tiquicheo y Purungueo hubo
concurrentes. Las defunciones anotadas fueron alrededor de 130, siendo
las causas más frecuentes la bilis, las enfermedades gastrointestinales y la
pulmonía. Muestra de los tiempos de violencia en desarrollo fue el regis-
tro de la muerte de Martín Montoya, quien no se sobrevivió a una “herida
violenta” y falleció el 31 de julio. Por “golpe de bestia”, seguramente en la
manipulación de algún equino, falleció Francisco Pérez oriundo de la Cruz
Gorda. La futilidad de la vida fue ironizada por María Ascensión Barrera,
del rancho de Huajumbo, quien a sus 99 años murió de “agotamiento”.406
Durante la primavera de 1916 trascendió la noticia sobre el pronun-
ciamiento armado del general Félix, Díaz, el sobrino de don Porfirio, el
que se sustentó en las tesis del Plan de Tierras Coloradas del 23 de febre-
ro de ese año. El levantamiento fue secundado en Michoacán por José
Inés Chávez García, Jesús Cintora y José Altamirano Dávalos, entre otros
personajes, los que fueron investidos, además de generales, como jefes
de cuerpo del Ejército del Norte del Ejército Reorganizador Nacional. El
movimiento habría de ser conocido para efectos prácticos como felicis-
mo y sus promoventes en la entidad degenerarían, andando el tiempo,
en grupos de bandoleros.407 Esto fue la causa de que los permanentes y
aparatosos patrullajes de tropas carrancistas sobre la vía Morelia-Pátz-
cuaro se incrementaran. A pesar de lo cual el 20 de junio las cuadrillas al
mando del general Altamirano se aproximaron a Villa Madero, en donde
destruyeron las líneas telefónica y telegráfica y amagaron con irrumpir en
la villa de Acuitzio del Canje con la intención de preparar en esta plaza la

169
villaseñor / martínez

eventual toma de Tacámbaro. Sin embargo, esta expectativa fue inhibida


por la rápida movilización de las fuerzas carrancistas al mando del gene-
ral Melitón Albánez y el gobernador Elizondo.408
Fue dentro de estas circunstancias y para desencanto y desasosie-
go del vecindario del curato de San Nicolás Tolentino de Acuitzio, que
el 27 de junio se hizo efectiva la decisión de las autoridades diocesana
de remover al padre Francisco González de su amada parroquia, luego
de que no pudiera sobreponerse a las secuelas de la fuerte impresión
que le ocasionó la espontánea confrontación discursiva con el coronel
villista Pablo López, así como de la excesiva carga de trabajo que le
implicó el ser el único párroco en activo en muchos kilómetros a la re-
donda.409 A su relevo llegó otro pastor de hierro, maduro, adusto pero
dotado de un sólido aplomo, elementos tan necesarios para soportar
con los acuitzenses los retos por venir: se llamaba Erasto Portillo Re-
yes, quien ya había tenido dos fugaces estancias como vicario en este
curato en años precedentes.410
Hacia finales del verano de 1916, cuando todavía se comentaba la
novedad de la repentina muerte que tuvo por “rayo” el vaquero Nativi-
dad Tapia, de escasos 18 años, ocurrida el 26 de agosto y quien dejó viuda
a Juana Carranza, llegaron las noticias de que los ciudadanos acuitzenses
participarían en el proceso para elegir diputados al Congreso Constitu-
yente General, que tendría la responsabilidad de dar al país una nueva
carta magna y propiciar las condiciones para la restauración de la lega-
lidad rota tras el golpe militar del general Victoriano Huerta.411 Pocos le
dieron importancia a esa convocatoria pues había preocupaciones más
inmediatas que atender, como la mala cosecha de maíz que se registró en
el otoño secuela de las muchas irregularidades hidrometereológicas que
ya se venían registrando desde 1913. Los precios de los granos básicos se
incrementaron al tiempo que se conocieron las versiones del incremento
de los grupos armados sustraídos al gobierno que comenzaron a prolife-
rar desafiando incluso los patrullajes de las tropas carrancistas.412 Todo
esto fue acompañado de brotes de viruela, fiebre tifoidea, pulmonía, bilis
y padecimientos gastrointestinales que fueron la causa de al menos un

170
acuitzio / monografías municipales

tercio de las defunciones registradas ese año en el perímetro del curato de


San Nicolás Tolentino de Acuitzio.413
Con la anuencia del gobernador Alfredo Elizondo se sucedieron a lo
largo del año de 1916 en el manejo del ayuntamiento de la municipalidad
de Acuitzio, los ciudadanos José Cortés Farfán, José Olivo, J. Apolinar Se-
reno y Antonio Ponce de León.414 Entre otras actividades se les encomen-
dó colaborar estrechamente con la guarnición militar carrancista que fue
establecida en la villa de Acuitzio del Canje, en un inmueble propiedad de
la parroquia, y cuyo manejo sería encomendado en un momento no preci-
sado a Ismael Herrera aquel joven bragado que en 1913 había salido para
incorporarse a las cuadrillas constitucionalistas del general Gertrudis G.
Sánchez y quien ya se ostentaba como mayor.415
El cinco de febrero de 1917, en el teatro de la República de la ciu-
dad de Querétaro, fue promulgada la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, en un evento encabezado por Venustiano Carranza,
quien el 1o°de mayo asumió funciones como presidente de la República.
La restauración de la vida institucional no fue sinónimo de paz, tranquili-
dad y reactivación económica. La escasez de granos ocasionó la prolifera-
ción de ilícitos como los robos de todo tipo y el abigeato. El fantasma del
hambre generalizada se perfiló en el horizonte, aunque no inhibió que las
pasiones políticas y la codicia por ostentar y ejercer el poder afloraran. En
el estado de Michoacán se efectuarían en el verano los comicios para la
elección de integrantes de los poderes legislativo y ejecutivo locales. Los
principales aspirantes a la gubernatura fueron el ingeniero Pascual Ortiz
Rubio apoyado por los grupos de filiación liberal y el general Francisco J.
Múgica postulado a través del Partido Socialista Michoacano.416
Tras una campaña proselitista que ocasionó una grave polarización
social los comicios fueron ganados oficialmente por el ingeniero Ortiz
Rubio, quien asumió el gobierno del estado el 6 de agosto de 1917. De
inmediato emprendió un ambicioso programa de reforma social no obs-
tante lo exiguo de los recursos económicos disponibles. En ese contexto,
promovió la fundación de la Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, formalmente instituida el 15 de octubre de ese año. Por su parte,

171
villaseñor / martínez

la XXXVI legislatura asumió funciones de Congreso Constituyente y el 5


de febrero de 1918 aprobó y promulgó la tercera constitución particular
de Michoacán.417 En forma simultánea a esos eventos se recrudecieron la
hambruna y las condiciones de pobreza y marginación social a la par que
se incrementaron la violencia, el vandalismo y la destrucción sobre todo
de infraestructura productiva del sector agropecuario. Chavistas, cinto-
ristas, altamiranistas y otros grupos residuales atacaron, sabotearon y/o
destruyeron como nunca cascos de haciendas, ranchos, trojes, molinos,
trapiches, tiendas de raya, presas, sistemas de riego, ventas, postas, po-
sadas, mesones, puentes, líneas telefónicas, y telegráficas, así como vías
férreas, al tiempo que quemaron sembradíos y robaron y sacrificaron todo
tipo de ganado. De igual forma perpetraron atentados de toda índole en
contra de la inerme población civil.418
El espacio geográfico de la municipalidad de Acuitzio no fue ajeno
a esta situación pues el 4 de octubre de 1917, una fracción de las huestes
comandadas por Inés Chávez García hizo intempestivo acto de presencia
en la villa de Acuitzio del Canje. Al frente de la guarnición local se en-
contraba el mayor Ismael Herrera, pero la tropa a su mando brilló por su
ausencia, pues el grueso de ella fue enviada, fuera de la plaza a cumplir
otras tareas. De tal suerte que, tras ser sorprendido “noviando”, este ofi-
cial se movilizó rápido y en sigilo para ir en busca de apoyo hasta el casco
de la hacienda de Coapa, en donde había otra guarnición de alrededor de
25 soldados federales. En su momento aseguró que, acompañado de tan
solo nueve elementos retornó a la villa para temerariamente hacer frente
al presunto centenar de chavistas que saqueaban la plaza, protagonizan-
do varias refriegas en la proximidad del templo de Sagrado Corazón de
Jesús y otros puntos. En ese marco, afirma Herrera que, buscó al jefe de
la partida agresora, Tomás Anguiano, y logró abatirlo para generar así
confusión y caos y la consecuente retirada de los rebeldes-bandoleros. Y
concluye su epopéyico relato en qué al huir los atacantes, “los seguimos
por el camino de Tamangio, arrebatándoles en su huida 100 caballos, al-
gunas armas, y muchas mercancías robadas; devolví al señor cura un ca-
ballo y una mula de su propiedad y a los administradores de Pedernales

172
acuitzio / monografías municipales

y Chupio, veinte caballos de los que habían sido despojados esa noche
que habían pernoctado en Acuitzio de paso a Morelia. Las mercancías se
pusieron a disposición de sus dueños en la presidencia municipal.”419
La enjundia demostrada por el mayor Herrera y su tropa les valió
el reconocimiento de la superioridad, la que proporcionó más soldados
y elementos de guerra para reforzar la guarnición estacionada en la villa
de Acuitzio del Canje. Desde este lugar este personaje hizo las pesquisas
necesarias para ubicar a una parte de los integrantes de la partida cha-
vista que irrumpió aquel cuatro de octubre de 1917 en esa población. De
tal forma que, a principios del mes de febrero del año siguiente logró la
aprehensión en las alturas del cerro del Metate de José Mandujano, alias
“El Hueso”, quien sucedió en el mando a Tomás Anguiano, al que fusiló
en el poblado de Fontezuelas.420
Bajo ese negro panorama se inició el año de 1918, el más fatídico
de la década de la Revolución. Los chavistas se tomaron muy en serio la
humillación y agravio que recibieron en la villa de Acuitzio de Canje en
octubre de 1917, a lo que se sumó la muerte de José Mandujano, por lo
que la incluyeron en la lista de localidades a las que hostigaron de manera
sistemática en aquel entonces. Fue así que hicieron acto de presencia en
tres ocasiones: el 24 de febrero, el cinco de agosto y el 21 de octubre.421
Con respecto al primer incidente, el presidente del ayuntamiento, Román
Sánchez, y sus colaboradores informaron más tarde a la recién instalada
administración estatal del general José Rentería Luviano sobre la irrup-
ción de alrededor de mil seguidores de Chávez García, a los que no pudo
hacer frente efectivo la corta guarnición de 12 soldados entonces existen-
te. Al respecto abundaron los funcionarios que en la acción se registraron
cinco muertos entre ellos el subteniente Manuel Ponce y un elemento de
tropa. Y que,

durante la estancia de dichas fuerzas en esta población, los locales de las


oficinas públicas fueron abiertos, notándose la falta de lo que en el acta
adjunta se menciona. Se tienen noticias de que ayer salieron con rumbo a
Villa Madero, donde pernoctaron y salieron hoy rumbo a Tacámbaro, de-
jando una fracción de sus fuerzas que merodeaban a inmediaciones de esa
población y la planta de San Pedro. Se carece en lo absoluto de garantías y

173
villaseñor / martínez

la población se encuentra en constante alarma y por tal motivo los suscritos,


autoridades y varios miembros del ayuntamiento y empleados de las ofi-
cinas, se han visto en la necesidad de ocultarse encontrándose las oficinas
acéfalas.422

No existe información a detalle sobre las dos posteriores incursio-


nes chavistas a la villa de Acuitzio del Canje pero, al parecer, fueron bre-
ves aunque con los habituales actos de extorsión, depredación, saqueo,
vandalismo y muerte que soportó estoico el vecindario. Como secuela
de ello la diáspora que databa de tres años atrás se agravó. Al respecto
Isidro Tapia recogió la versión de que, “por esa época la situación caótica
había llegado a su apogeo. El pueblo estaba poco menos que abandonado.
Las autoridades habían huido o se escondieron por la falta absoluta de
garantías. Hasta un solo bandolero armado despojaba a los rancheros de
sus frazadas en plena calle. Los principales vecinos casi todos habían ido
a refugiarse en la capital o a poblaciones más densas. Todos esos males
parecían irremediables.”423
Y en efecto así fue. Pues como seguramente lo diría desde el púl-
pito a sus atribulados feligreses en tono moralizante y de resignación el
párroco Erasto Portillo: “de que Dios da, da a manos llenas”, cual jinete
apocalíptico en espera de turno, ya que apenas habían transcurrido dos
semanas desde la última incursión chavista, cuando el flagelo de la epi-
demia de influenza o gripa española se cebó inmisericorde sobre el vecin-
dario acuitzense. Cual ángel exterminador entre los meses de noviembre
y diciembre de 1918 cegó la vida de un número nunca determinado de
individuos de todas las edades y condiciones sociales. El padre Portillo
consignó en sus registros de ese periodo y, extemporáneamente, hasta
principios de 1920, alrededor de 120 partidas de defunción por esa causa,
aunque, conservadoramente, es probable que por lo menos otros dos tan-
tos de ese número decesos no hayan sido reportados por diversas causas,
entre ellas la inseguridad, la pobreza generalizada y la hambruna que
también se manifestaron con toda su dureza en aquellos días amargos.424
Si de algo sirvió de consuelo al vecindario acuitzense fueron las no-
ticias de que el “Gengis Khan de Michoacán”, como llamó la prensa sen-

174
acuitzio / monografías municipales

sacionalista a José Inés Chávez García, y José Altamirano Dávalos, fueron


dos de las víctimas de la mortífera epidemia de influenza, por lo que lo
que no hicieron millares de balas del supremo gobierno lo hizo la Divina
Providencia. El territorio de la municipalidad de Acuitzio registró a lo
largo de 1918 una intensa movilidad de población que transitaba de un
lugar a otro huyendo de la violencia en busca de comida, alojamiento y
algo de seguridad. Bajo ese dantesco escenario, el 18 de marzo el padre
Portillo impartió la bendición post mortem a la niña María del Carmen
Maldonado, originaria de Tingambato, la que murió de hambre. Como
víctimas de la violencia irracional y generalizada se fueron de este mun-
do Julián Jiménez, Tomás Salto, María Juana Arreola y J. Alejo Delfino de
Jesús, todos asesinados en diferentes lugares y circunstancias con arma de
fuego. Para presenciar lo que para muchos fue la antesala del Juicio Final,
le alcanzó la vida a María Guadalupe Aguirre, del Rincón de Tamangio,
la que falleció con los auxilios espirituales del padre Portillo a la extraor-
dinaria edad de 105 años.425
Las cuadrillas que en su momento habían comandado Chávez Gar-
cía y Altamirano Dávalos, así como las que todavía seguían a Jesús Cínto-
ra, se fragmentaron y dispersaron a principios de 1919 sobre el inmenso
territorio de la entidad, con lo que se dificultó la labor pacificadora enco-
mendada de manera sucesiva por el presidente Carraza a los generales
Manuel M. Diéguez y Enrique Estrada, los que tuvieron muchas dificul-
tades para coordinar de manera efectiva su actuación con el gobernador
Pascual Ortiz Rubio. Una de aquellas partidas armadas que ya había de-
jado atrás los enunciados y banderas del felicismo y del Ejército Reorgani-
zador Nacional para devenir en franco bandolerismo, fue la que encabezó
Florentino Chávez con espacio de actuación entre las municipalidades de
Acuitzio y Villa Madero. Con objeto de destruir a este grupo de facinero-
sos la comandancia militar en Michoacán habilitó al mayor Maximiliano
Sotelo, oriundo de Acuitzio, para reorganizar la fuerza de defensa que
existía en esa jurisdicción que había dirigido su colega y paisano Ismael
Herrera. De la labor llevada a cabo por este enjundioso militar da cuanta
Isidro Tapia en el sentido de que,

175
villaseñor / martínez

desde luego y con una energía poco común, obligó a los pocos desmora-
lizados vecinos que quedaban a empuñar las carabinas y a comprarlas si
era necesario y sin apelación alguna. Pronto organizó una defensa regular.
Levantó fortines de adobes en la torre del Santuario y en las demás calles
que creyó conveniente para defenderse; y se aprestó a la lucha, pues ya he-
mos dicho que merodeaban varias; y el segundo Chávez (Florentino), con la
suya tenía su cuartel en un cerrito de Huajumbo a escasos cuatro kilómetros
de esta población. El orden comenzó a reestablecerse rápidamente ante la
energía de este hombre”.426

La diligente labor de la fuerza comandada por el mayor Sotelo,


quien además actúo como presidente del ayuntamiento a lo largo de 1919,
seguramente ocasionó irritación y encono entre la gavilla liderada por Flo-
rentino Chávez. Bajo ese contexto la madrugada del 5 de marzo, miércoles
de ceniza de 1919, los facinerosos irrumpieron de manera intempestiva y
violenta en el rancho de La Palma para masacrar alevosa y cobardemente
a alrededor de 13 de sus habitantes, entre ellos los miembros de una pe-
queña fuerza de defensa que se estaba organizando. El suceso ocasionó
honda consternación e indignación entre el vecindario acuitzense a pesar
de llevar prácticamente una década de vivir la cotidianidad de la violen-
cia. Entre los occisos figuraron Rafael Villaseñor, de 70 años; José Juan
Gallegos, de 30; José Julián Miranda, de 25; José Pérez, de 35; J. Trinidad
Gallegos, de 21; José Ignacio Villaseñor, de 20; y José Ildefonso Villaseñor,
de 18 años. Ellos fueron los únicos de los que los familiares solicitaron al
padre Erasto Portillo durante los funerales asentar las respectivas parti-
das de defunción.427
Cuando Isidro Tapia publicó por primera ocasión sus Apuntes, en
1945, aun se encontraba fresco en la memoria colectiva el recuerdo de lo
que fue la tragedia de mayor magnitud e impacto en la municipalidad de
Acuitzio en tiempos de la Revolución, por lo que estuvo en condiciones
de plasmar con objetividad la percepción social generada en torno a los
hechos. Por lo que, “grande fue la consternación por esa triste hecatombe,
pues todos los muertos eran honrados trabajadores y había entre ellos
un venerable anciano que en nada se había mezclado. Casi a todos ellos
Chávez los había mandado pasar a cuchillo dizque para economizar el

176
acuitzio / monografías municipales

parque; los muertos fueron 13 y otros que escaparon heridos milagrosa-


mente”. Sobre estos último abundó en que fue la llegada de la partida
de defensa encabezada por el mayor Maximiliano Sotelo lo que acotó la
magnitud de la masacre.428
Bajo ese escenario la comandancia militar de Michoacán asignó per-
sonal y recursos al mayor Sotelo para efectuar una batida en forma y aca-
bar de una vez por todas con las sangrientas correrías de la gavilla de Flo-
rentino Chávez. Fue así que semanas después de la masacre en el rancho
de La Palma, las fuerzas al mando de Sotelo se aproximaron al rancho de
Huajumbo, “y allí en nutrido tiroteo que duró alrededor de dos horas los
desalojó y persiguió hasta alejarlos del lugar haciéndoles algunas bajas y
varios heridos y volvió victorioso a Acuitzio con sus muchachos”. El pro-
pio Isidro Tapia refiere que en el combate Florentino Chávez fue abatido
por uno de los miembros de la fuerza gubernamental ocasionando con
ello la completa desarticulación de la gavilla.429
La derrota de la banda de facinerosos liderada por Florentino
Chávez no implicó el final de la violencia en la municipalidad de
Acuitzio. Durante el resto de 1919 se registraron otros eventos de lo
que son indicios las cinco partidas de defunción que por asesinato con
arma de fuego o blanca consignó el padre Erasto Portillo. Estas fueron
la de un tal José Pérez de 28 años, del rancho El Chirimo; J Trinidad
Zambrano, de 23 años, de la villa de Acuitzio del Canje; J. Basilio Pine-
da, de 60 años, del rancho La Campana; J. Andrés Avalos, de 60 años,
del rancho La Yerbabuena; y en calidad de fusilado figuró José Arreola,
de 35 años, vecino del rancho San Miguel, sin que hayan trascendido
las causas de ese proceder.430
La tropa al mando del mayor Maximilano Sotelo permaneció apos-
tada en el interior del templo de Sagrado Corazón de Jesús por lo menos
hasta finales de 1919, cuando se diluyó la parte medular de la amenaza
de las gavillas de facinerosos. En ese tenor, con respecto a la información
requerida por el gobierno diocesano sobre la situación imperante en la
parroquia del curato de San Nicolás Tolentino de Acuitzio, el padre Erasto
Portillo reportó en el mes de agosto como única presunta irregularidad

177
villaseñor / martínez

“que se me ha informado haber visto en dos o tres veces salir del coro
donde duermen los soldados con tres mujeres”.431
El fantasma de la violencia se asomó entre la propia elite revolu-
cionaria al inicio y desarrollo del año de 1920, invariablemente asociada
a la codicia por el acaparamiento y ejercicio del poder. El Grupo Sonora
liderada por los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles se opu-
sieron a la postura civilista del presidente Venustiano Carranza y procla-
maron el Plan de Agua Prieta, cuyo movimiento militar derrocó y acabó
con la vida del controvertido Varón de Cuatro Ciénegas. Como reflejo
del acontecer nacional en Michoacán la sublevación fue secundada por
el propio gobernador Pascual Ortiz Rubio, quien pernoctó en la villa de
Acuitzio del Canje la noche del 15-16 de abril cuando iba con destino al
casco de la hacienda de San Antonio de las Huerta en donde establecería
su cuartel general, e hizo un tímido exhorto al vecindario para adherirse
al proyecto. Sin embargo, no encontró respuesta ante el evidente hartazgo
general ocasionado por una década de violencia en la que los acuitzenses
solo habían sido retribuidos con muerte, dolor, lágrimas, diásporas, pér-
dida de patrimonios y fragmentación territorial-administrativa.432
Cuando Ortiz Rubio pasó por la villa de Acuitzio del Canje en el
ámbito local las defensas armadas a cargo de los mayores: Ismael Herrera
y Maximiliano Sotelo, se mantenían activas en torno a las tareas de lim-
piar los últimos vestigios de bandolerismo. De que la violencia y la muer-
te aún se encontraban presentes dan testimonio los tres asesinatos que
anotó en sus libros de registro el padre Erasto Portillo. La primera de ellas
fue la de Donaciano Pérez Avila, de 38 años, oriundo de Zinapécuaro, y
acribillado en la villa de Acuitzio del Canje; Vicente García, de esta pobla-
ción, victimado en el mes de noviembre; y por “golpes” bajó al sepulcro
Víctor Simón, de 25 años, habitante del fatídico rancho de La Palma.433
La magna ceremonia con la que se formalizó la creación de la nueva
diócesis con cabecera en la ciudad de Tacámbaro, llevada a cabo el 20 de
junio de 1920, lo que se había pospuesto desde siete años atrás por las
circunstancias imperantes, se constituyó en el punto de referencia para el
cierre de la convulsa segunda década del siglo XX y el inicio de la tercera

178
acuitzio / monografías municipales

que no sería menos azaroso que aquella. El padre Erasto Portillo atendió
la comedida invitación que por su conducto hizo a la feligresía acuitzense
el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, quien al frente de una nutrida comi-
tiva hizo acto de presencia en la catedral de San Jerónimo para atestiguar
la creación del obispado en cuestión, con lo que de manera automática la
parroquia de San Nicolás Tolentino de Acuitzio se constituyó en frontera
entre este y el arzobispado de Michoacán. Tres meses después el padre
Erasto Portillo, como si fuera un indicio más del final de una época y el
principio de otra, entregó la parroquia a su colega José Antonio Ochoa
Ponce de León.434

Reflexiones finales

La inmejorable situación geográfica en la que se ubica la municipalidad


de Acuitzio, entre el valle de Tiripetío y los balcones de la entrada de la
Tierra Caliente, propició las condiciones para que resultara ampliamente
beneficiada con el desarrollo económico y social que se suscitó durante el
Porfiriato. Entre otros factores concurrentes para ello figuraron la cons-
trucción de la vía férrea Morelia-Pátzcuaro, la sólida reactivación de los
sectores agropecuario y agroindustrial en la comarca calentana, así como
de la minería en San Diego Curucupaseo e Inguarán. El pueblo-villa de
Acuitzio se constituyó en un bullicioso punto de tránsito y/o estancia
temporal de los intercambios de todo tipo que se concretaron en aquel
entonces y lo cual entre otras secuelas propició el sostenido crecimiento
demográfico en esta demarcación, así como la asignación de la categoría
de villa para la cabecera municipal.
Al igual que otros lugares del país y la entidad en la jurisdicción
de Acuitzio se gestaron, en su respectiva proporción las condiciones eco-
nómicas, sociales y políticas que ocasionaron el estallido y desarrollo de
las diferentes etapas de la Revolución Mexicana. Desde la fase maderista
y hasta la cruenta lucha de las facciones por el poder y la hegemonía,
integrantes de los diferentes estratos sociales de esta municipalidad se
involucraron tanto en las actividades militares como las políticas de los

179
villaseñor / martínez

bandos en conflicto. De entre ellos cabe referir al general Melquiades Fra-


ga y los mayores: Ismael Herrera y Maximiliano Sotelo, los que en dife-
rentes momentos ejercieron funciones de intermediación y liderazgo con
la representación del vecindario para resguardar vidas y patrimonios.
El lustro transcurrido entre 1915-1919 se caracterizó por la concu-
rrencia de fenómenos como la hambruna, violencia generalizada, el ban-
dolerismo y la epidemia de influenza o gripa española, todo lo cual fla-
geló severamente al vecindario acuitzense y lo que entre otras secuelas
ocasionó la diáspora temporal y/o definitiva de muchos de sus habitantes
además de un fuerte deterioro material. Los párrocos Francisco González
y Erasto Portillo, además de los mayores Herrera y Sotelo, se constituye-
ron en portavoces y gestores ante instancia de gobierno civil y eclesiástico
para en lo posible atender esta problemática, la cual solo fue diluida de
manera sustancial al concluir la segunda década del siglo XX.

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acuitzio / monografías municipales

capítulo vi
Educación escolar y tierras ejidales del Municipio de Acuitzio en el
imaginario nacional de la post-revolución Mexicana

Por: José Arturo Villaseñor Gómez


Presidente de la Asociación de Cronistas por Michoacán A. C.

En este capítulo hablaremos de la situación que los pobladores del muni-


cipio de Acuitzio vivieron durante la posrevolución mexicana y el perio-
do cardenista, con un enfoque en la transformación de las formas de vida
de esa sociedad y las políticas implementadas por los gobiernos y federal
estatal, quienes en su intento por establecer los llamados postulados de la
revolución, dictaminaron algunas líneas de acción educativas y agrarias
de tintes populares en busca de una mejor sociedad, diferente a la época
porfiriana. En este discurso emanado del enfoque revolucionario y en el
marco de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del 5
de febrero de 1917, cobraron importancia los artículos 3º de la educación,
y el 27º, que buscó resolver la añeja problemática de la propiedad agraria
de los campesinos.
A pesar de los esfuerzos realizados, la aplicación de la Carta Magna
no fue una tarea sencilla; los intentos por su aplicación estuvieron permea-
dos por los efectos de la crisis que, a nivel local, se reflejaron en la vida
cotidiana de sus habitantes. Con el tiempo sus frutos traerían cambios, en
lo cultural, social, económico y geográfico-territoriales. En lo cotidiano se

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villaseñor / martínez

buscó implementar leyes relativas a lo agrario y educativo. Esta etapa trajo


al municipio de Acuitzio cambios significativos que impactaron la vida de
los pobladores del municipio; con la llegada y fin de “la Bola”, desapareció
el floreciente auge comercial y agropecuario, con sus consecuencias inme-
diatas por la carencia de recursos; aunado a la paralización de las activida-
des agrícolas, comerciales y de oficios artesanales locales.
Con el movimiento armado, el municipio fue reducido territorial-
mente en su extensión, debido a la segregación de las tenencias de Etú-
cuaro, San Diego Curucupatzeo y Cruz de Caminos, naciendo así el muni-
cipio de Madero, hecho decretado el 27 de julio de 1914 por el gobernador
de Michoacán General Gertrudis G. Sánchez. Décadas después, a media-
dos del siglo XX, con el surgimiento de los municipios de Huiramba y
Lagunillas Acuitzio perdió aún más su extensión territorial.

1.- Antecedentes y problemática agrario-social

Desde 1915 en Acuitzio iniciaron los primeros intentos por la obtención


de la tierra en su en modalidad del ejido bajo de liderazgo de algunos
lugareños. De esta manera surgirían en diferentes momentos los ejidos:
Acuitzio, “El Tzintzún”, así como el “Ziparapio” y “San Andrés”, este
último ubicado en la antigua Hacienda de San Andrés Coapa. En cuanto
a la educación es también importante señalar la presencia de la escuela
pública no religiosa, porque marca el inicio del periodo en el cual los “hi-
jos de la revolución”, buscaron una modelo agrario y educativo laico; de
tendencia social, con su consabida problemática y complejidad.
En el palpitar diario del municipio de Acuitzio, como hemos visto a lo
largo de este libro, diversas situaciones han influido en la vida económica,
social y cotidiana de sus pobladores; de ellas destacan la tenencia y uso de la
tierra, la educación escolar y las actividades socio-económicas que de ellas se
desprenden.435 El objetivo de este apartado es conocer la relación que existió
en la segunda década del siglo XX y, hasta los años cincuenta de la misma
entre los lugareños en su lucha por la posesión y uso de la tierra, junto con
algunos aspectos, en donde, las políticas implementadas por las autoridades

182
acuitzio / monografías municipales

nacionales, del estado y locales han impactado la vida de la comunidad. Es


la etapa de la creación de los ejidos e instauración de un modelo educativo
laico, ambos con tintes de socialización y aplicación del estado secular conte-
nido en la Constitución Política de 1917 de los Estados Unidos Mexicanos.436
Para una mejor comprensión del desarrollo evolutivo de la vida de
los pobladores y su espacio, es importante hacer un breve recuento sobre
la manera en que se han realizado las actividades agrícolas, comerciales,
educativas y las políticas dictaminadas por los distintos gobiernos para
organizar ese núcleo social; haciendo énfasis en el periodo denominado
cardenismo cuyos programas influyeron en la forma de organización y
tenencia de la tierra de un importante sector del municipio de Acuitzio.
De la misma manera se hace una reflexión en torno a la educación escolar,
que fue el complemento y base ideológica sobre la cual giró el ideario del
General Lázaro Cárdenas del Río por tratar de aplicar una política de de-
mocratización y transformación del país.

2.- Los resabios de la época porfiriana

A su llegada al poder, buscando reactivar la economía nacional, el go-


bierno porfirista realizó alianzas con los hacendados e inversionistas ex-
tranjeros, brindándoles garantías de seguridad y protección; a costa de
los campesinos que siguieron viviendo como jornaleros o peones “acasi-
llados” en las haciendas. La oligarquía compuesta por extranjeros y ha-
cendados mexicanos dueños del capital, desde el poder y para sofocar
posibles descontentos, implementaron un sistema de seguridad integrado
las “guardias blancas”, “acordadas”, gendarmes, policías y el ejército fe-
deral. En Acuitzio los bosques, montes, agostaderos y las fértiles tierras
de riego, bañadas por ríos y arroyos fueron aprovechadas por los hacen-
dados; cuyo poder económico e intereses les permitió participar en la vida
política, los negocios y el gobierno; los puestos públicos municipales eran
ocupados por autoridades locales, cercanas al grupo dominante.
Algunos investigadores analistas del periodo revolucionario, coinci-
den en cuanto la sorpresa que causó el estallido armado en un país que dos

183
villaseñor / martínez

meses anteriores a ese 20 de noviembre de 1910, había celebrado con gran


esplendor las fiestas del centenario del inicio de la Independencia nacional.
Tan repentino fue que en Michoacán apenas si llegaron algunos ecos del
levantamiento maderista publicados en algún periódico y por los rumores
de los viajeros y transeúntes que pasaban por Acuitzio, población que aún
recordaba con cierta alegría sus festejos que a nivel local hubo en esa magna
fecha; las calles recién empedradas; las actividades festivas que culmina-
ron con jaripeos, fuegos artificiales con sus castillos, las animadas serenatas
musicales, carreras de caballos, peleas de gallos, desfiles y banquetes, en
donde convivieron con las autoridades los hacendados y sus familias; el
torbellino armado llegaría a Michoacán tiempo después.437
En cuanto a la vida de la gente común, antes del inicio de la revolu-
ción, sus momentos de esparcimiento y diversión eran sencillos: en mu-

Fiestas Patrias 1924 (Foto: Propiedad de Deyanira Montoya, Archivo Histórico, Fotográfico y
Documental, Noel Téllez)

184
acuitzio / monografías municipales

chas ocasiones los lugareños del medio rural acudían al poblado a recibir
los servicios y rituales religiosos sacramentales: bautizos, matrimonios,
defunciones, y se volcaban en asistir en sus fiestas religiosas colectivas
“grandes” como la Semana Santa o las procesiones de San Nicolás, el San-
to Patrono, o las de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, en tanto
que las civiles eran las fiestas patrias de septiembre y la que conmemora-
ba el canje de prisioneros realizado en ese poblado, que se llenaba gente,
música, bailes, desfiles y jaripeos y las celebraciones ya descritas antes
en este trabajo, actividades representativas de la comunidad, que traían
momentos de identidad local, encuentro y convivencia.438
Los campesinos y jornaleros de Acuitzio en el periodo porfiriano ha-
cían todo tipo de faenas: barbechar, sembrar, deshierbar, levantar alambra-
dos, colocar postes, amansar potros, cuidar el ganado. Almacenar granos y
semillas, además de todo lo relacionado con el campo; trabajaban “de sol a
sol”; solo los hombres tenían derecho al pago en las tiendas de raya, a veces
en especie, las mujeres y los niños trabajaban recibiendo como pago solo la
comida; solamente las fiestas, fandangos, bailes, desfiles, procesiones y jari-
peos impregnados de vino y algarabía mitigaban su vida de miseria, rutina y
explotación; situación que soportaban también “por temor a Dios, con la con
la esperanza alcanzar el cielo por lo aquí sufrido,” según les predicaban algu-
nos sacerdotes desde el púlpito a una población analfabeta y desnutrida.439
En este contexto inicio el estallido revolucionario; aunque en Michoa-
cán “La Bola” llegó unos meses más tarde, precisamente en mayo de 1911,
con la manifestación del sub-prefecto de Santa Clara del Cobre iniciada por
Salvador Escalante; quien se levantó en armas contra el gobierno porfirista
encabezado en el Estado por Aristeo Mercado. Madero fue elegido presi-
dente de México; y, en febrero de 1913 asesinado durante “La Decena Trá-
gica” y, Victoriano Huerta asumió la presidencia del país; la Revolución se
dio ahora con mayor ímpetu, convocada por Venustiano Carranza con el
Plan de Guadalupe. Pero el “Plan de Ayala”, emitido por Emiliano Zapata
bajo el lema de “Tierra y Libertad” no se cumplió conforme a sus deman-
das. Zapata también fue emboscado y muerto a traición sin que su progra-
ma agrario de restitución de tierras volviera a sus dueños legítimos.

185
villaseñor / martínez

La Revolución en Acuitzio y en general en toda la región causó es-


tupor, inquietud, pero principalmente mucho temor a las autoridades
locales, comerciante y pobladores. Con el movimiento armado, el comer-
cio, la agricultura, producción ganadera, frutícola, silvícola y todas las
actividades económicas se redujeron al mínimo. La arriería, la minería de
San Diego Curucupaseo y la producción de las haciendas del municipio
también disminuyó, por lo que se aminoraron los ingresos que captaba
el ayuntamiento. En 1914 le fue segregada una parte muy importante de
su extensión territorial con la creación del municipio de Madero, dictami-
nado el 27 de julio de ese año por el gobernador Gertrudis G. Sánchez.440
Hubo Acuitzences que participaron en la Revolución, como el general
Melquiades Fraga.441
Durante la Revolución, muchos campesinos fueron enrolados me-
diante “la leva” en los distintos grupos, tanto revolucionarios como del
gobierno. Hubo hambre, crisis y escasez de alimentos; el pueblo estaba
inerme a merced de alzados, pronunciados, gavilleros y salteadores in-
cluyendo a Inés Chávez García.442 A esto se sumó la peste o “influenza
española”; que diezmó la población. Los pobladores se refugiaron en
la piedad cristiana, mediante el rezo del rosario y dieron por ocultar su
dinero, objetos y resguardar a sus hijos de los actos vandálicos de los
revolucionarios y del ejército. Las décadas posteriores a la revolución,
sin bien fueron difíciles, marcaron el nacimiento del México contempo-
ráneo; para el caso de Acuitzio, podemos decir que el municipio se vio
afectado de manera directa por migraciones y la reducción de su exten-
sión geográfica al segregársele pueblos, tenencias y localidades para la
creación de nuevos municipios.443

3.- El problema de la tenencia de la tierra: surgen los Ejidos en Acuitzio

Las secuelas del movimiento armado fueron considerables en el munici-


pio en sus diferentes aspectos; a pesar de ello, los pueblos como Acuitzio
comenzaron una etapa de reconstrucción que sería muy difícil: el campo
estaba abandonado y sin sembrar, el comercio paralizado, la producción

186
acuitzio / monografías municipales

minera suspendida y desde luego la arriería casi nula. En vísperas del


triunfo constitucionalista se promulgó la ley del 6 de enero de 1915; cuyo
contenido especificó que:

Los pueblos que necesitándolos carezcan de ejidos o que no pudieran lograr


su restitución por falta de títulos, por imposibilidad de identificarlos o por-
que legalmente hubieran sido enajenados, podrán obtener que se les dote
del terreno suficiente para reconstruirlos conforme a las necesidades de su
población, expropiándose por cuenta del gobierno nacional el terreno indis-
pensable para ese efecto, del que se encuentre inmediatamente colindante
con los pueblos interesados.444

Dicha ley señalaba también la creación de los órganos legales que


se encargarían de hacerla efectiva; de esta forma surgió la Comisión Na-
cional Agraria, dependiente del Ejecutivo Estatal; en cada pueblo inte-
resado en lograr la restitución o dotación de tierras se formaron comités
y particulares administrativos. En Michoacán el 16 de junio de 1915 el
gobernador General Alfredo Elizondo, expidió un decreto que instauró
la Comisión Local Agraria, que empezó a recibir y analizar las demandas
formuladas por los campesinos michoacanos que pretendían obtener la
restitución o dotación de tierras.445
En Acuitzio las tierras en conflicto fueron principalmente las exten-
siones de las Haciendas de Coapa, San Andrés, San Antonio, El Mesón,
Tziparapio, El Tzintzún y el valle de Acuitzio que en otros tiempos era una
gran laguna. Muchos de los dueños de esta región en el periodo porfirista
eran extranjeros: franceses, alemanes, españoles, italianos y norteamerica-
nos. Como antecedente, la hacienda y rancho de San Andrés Coapa, desde
el siglo XVI, era propiedad de españoles, con tierras de temporal y riego,
cuyos límites eran: “al noreste con tierras del pueblo de Santiago Undameo
y las haciendas de Tirio, al poniente con las del pueblo de Tiripetío Coapa,
Santa Catarina Lagunillas, Huiramba hasta la barranca honda, Pátzcuaro,
Cuanajo, el camino Real que iba a Pátzcuaro, Tacícuaro y Cointzio y por el
sur con las tierras de Tacámbaro y los pueblos de Acuitzio y Etúcuaro”.446
El 5 de febrero de 1917 concluyeron las sesiones del Congreso,
cuya finalidad era reformar y adaptar la Constitución de 1857 a las nece-

187
villaseñor / martínez

sidades del México del siglo XX. Mientras esto ocurría en las asambleas
nacionales y estatales; en Acuitzio ya desde 1915, el señor José Guada-
lupe A. León, en representación de un grupo de campesinos sin tierra,
presentó un escrito ante la Comisión Local Agraria, cuyo contenido era
una petición de restitución de tierras a los campesinos e indígenas del
municipio. En tal documento Don José Guadalupe argumentaba el des-
pojo de tierras hecho contra los acuitzences desde la época virreinal. El
señor José Guadalupe A. León, en su calidad de apoderado jurídico de
los indígenas de Acuitzio, también se acercó al gobernador de Michoa-
cán, el General Alfredo Elizondo, para pedir su intervención y se restitu-
yeran a la Villa de Acuitzio, los terrenos que los hacendados del poblado
durante el porfiriato, habían quitado a los indígenas ya que pertenecían
a estos últimos desde antes la época virreinal; adjuntaban a la solicitud
los documentos de pertenencia de tierras desde la época virreinal, dic-
tados por el conde de Monterey desde 1602, en los que constaba que los
indígenas habían sido los dueños.447
El documento llegó hasta la Comisión Nacional Agraria, misma que
notificó a los hacendados la situación de las propiedades; los terratenien-
tes argumentaron en su favor que nunca hubo despojo de tierras a los in-
dígenas; porque de acuerdo a las Leyes de esa época, el sistema porfiriano
les había permitido obtener tales tierras, y mostraron las escrituras con
sus títulos de propiedad. Don José Guadalupe León enfermó y murió,
por lo que tocó gestionar la obtención de las tierras al grupo encabezado
por don Isidoro Huacuz ya en 1921.
La repartición de tierras en favor de los acuitzences no fue fácil;
hubo intentos de los hacendados de amenazas, sobornos y agresiones ha-
cia don Isidoro Huacuz y su gente, quienes no cedieron ante esos ataques.
El asunto pasó a la Comisión Local Agraria para su revisión, entablán-
dose con esto un pleito legal por las tierras; los propietarios porfirianos
de nueva cuenta declararon que no existía ningún despojo, puesto que
habían adquirido las tierras de forma legal; por lo que pedían la acción
reivindicatoria, de acuerdo a lo manifestado años antes, en el documento
entregado también a la Comisión Agraria el 24 de octubre de 1916.448

188
acuitzio / monografías municipales

El juicio vio pasar casi una dé-


cada en alegatos y revisiones; hasta
que el apoderado de indígenas ar-
gumentó que las pruebas de los ha-
cendados carecían de validez; e hizo
alusión al informe del reglamento
de la Comisión Local Agraria, en
su artículo 2o de 10 de diciembre de
1922, en donde, por disposición del
gobernador Sidronio Sánchez Pine-
da, constaba que en Acuitzio la co-
munidad campesina había solicitado
las tierras de forma legal desde 1915,
cuando aún estaba vigente la Ley de
Isidoro Huacuz, Fundador del Ejido Acuitzio
Ejidos, que fue modificada el de 28
(Retrato en el Archivo del Ejido de Acuitzio, de diciembre de 1920.449 El goberna-
1942: Foto: José Arturo Villaseñor Gómez)
dor también dictaminó que a los ha-
cendados afectados se les había remitido en tiempo y forma un ejemplar
de esa Ley; también les concedido el plazo prudente para que realizaran
las observaciones que juzgarán pertinentes en defensa de sus derechos.
El señor Alfredo Reynau, representante de Audifred hermanos y
compañía junto con el resto de los hacendados, argumentaban en su de-
fensa que la hacienda de Coapa de la compañía Audifred debía excluirse
de la dotación, porque dicha compañía había realizado importantes obras
de captación y reconstrucción para el regadío de las tierras; sitios que eran
antes una ciénaga insalubre que fue saneada por ellos, así como los ríos de
San Juan Acuitzio.450 Reynaud y la Compañía Audifred Hermanos en su
alegato también mencionaban que habían hecho también obras similares
de limpieza en el casco de la hacienda de lagunillas, sitio que recogía las
aguas de los cerros circunvecinos y llega a Santiago Undameo; además
que ellos habían construido presas y realizado obras de riego. Finalmente
decían que Acuitzio era “un gran centro comercial y agrícola de regular
importancia, un lugar de intercambio de productos, que contaba con 8

189
villaseñor / martínez

mesones y numerosas rancherías productoras de frutos, hortalizas e in-


gresos de la ganadería.”451
Como pruebas testimoniales, los hacendados presentaron, a manera
de complemento, un certificado avalado por un notario público, que con-
tenía información tomada de la receptoría de rentas de Acuitzio, docu-
mento que exhibía a muchos propietarios de pequeños terrenos en dicho
municipio. A su vez, el señor León Babier, representante de la Audifred
hermanos, anexó otros documentos notariados, buscando demostrar que
los campesinos de Acuitzio no deseaban ni necesitaban la donación de
tierras. El señor Jesús Solórzano Pliego, propietario de la hacienda de San
Andrés, que incluía los terrenos de la propia hacienda, además de la pro-
piedad llamada “La Loma”, “Las Peñas” y Aróstaro estaban otorgadas a
favor de Matilde Patiño Fraga desde el 11 de noviembre de 1922, por lo
que se reservaba sus derechos para hacer las observaciones al respecto.
El señor José María Machorro, dueño del rancho “El Tzintzún” se-
ñaló, por escrito, que sus terrenos eran pequeña propiedad y en desahogo
de pruebas, exhibió un recibo de pago a la oficina de Rentas de Acuitzio
como prueba de su dicho. El gobernador Enrique Ramírez manifestó que
antes de dar resolución, analizaría también el informe el 31 de mayo de,
1924 de la Comisión Agraria. Una vez analizado el expediente, el titular
del Ejecutivo del Estado dictaminó que las dotaciones aceptables para la
villa de Acuitzio, de acuerdo con las leyes, eran las haciendas San Andrés,
la Florida, Coapa y San Antonio Coapa. Que Acuitzio por tener categoría
de villa no estaba comprendida en la sección del artículo VII del docu-
mento agrario.452
Un argumento más que utilizó el gobernador en favor de los campe-
sinos fue la actuación del Delegado de la Comisión Agraria, quien pudo
demostrar que los jornaleros si eran candidatos a dotación; que además
habían sido perseguidos por las autoridades municipales y los propieta-
rios de estas, puesto que hasta los ingenieros fueron hostilizados y porque
de acuerdo a los últimos censos la población disminuyó. Para demostrar
que en todo el proceso se había actuado conforme a la Ley Agraria, el
delegado en su informe anexó un memorándum, en el que declaraba im-

190
acuitzio / monografías municipales

procedentes los argumentos que la señorita Matilde Patiño Fraga había


manifestado en el año de 1925, que aludían los requisitos de la afectación
señalados en la fracción VII del artículo 1° del Reglamento Agrario; ma-
nifiesto firmado también por Jesús Solórzano Pliego y los propietarios de
las demás haciendas.453
La Comisión Agraria demostró que Acuitzio, entre los años 1910 y
1921 había disminuido en cantidad, ya que para el 9 de octubre de 1922
habitaban en el pueblo solo 383 jefes de familia.454 Otro argumento de
peso contra los hacendados, fue que el presidente municipal de Acuitzio
expidió un certificado falso de 10 de noviembre de 1922; en donde afirma-
ba y sin base alguna, que Acuitzio estaba creciendo en población; con ello
demostró estar a favor de los hacendados porque era obvio que no existía
en esa década industria, ni comercio y los mesones del poblado estaban
casi abandonados y en ruinas; un elemento más que influyó en favor de
los nuevos ejidatarios, fue demostrar las amenazas y persecución de que
fueron víctimas los solicitantes, por parte de algunos propietarios y au-
toridades municipales; el acoso incluía al Oficial Mayor de gobierno del
Estado, quien también fue sobornado en apoyo a los hacendados.
Una razón más que influyó en el ánimo del gobernador y de la Co-
misión Agraria, fue el éxodo que venía ocurriendo en Acuitzio, debido al
desempleo, “porque solo existía una escuela en el poblado y ninguna en
las zonas rurales; porque no había ni la industria ni la riqueza de otros
tiempos.”455 Ante tales circunstancias se decretó que la Villa de Acuitzio
sí entraba en la fracción VII del artículo primero del Reglamento Agra-
rio; por tanto, tenían derecho a que se les dotase de tierra para satisfacer
sus necesidades; eran aptos para la dotación 220 individuos mayores
de 18 años y jefes de familia; otorgándoles 5 hectáreas por solicitante.456
Se volvió a hacer énfasis con los campesinos en cuanto a la acción de
preservar, asegurar y mejorar los bosques y zonas arboladas existentes
de acuerdo con la Ley Forestal.457 En esos términos quedó modificada la
resolución anterior dictada por el gobernador Enrique Ramírez de 18 de
octubre de 1924; quien había afirmado en un principio que era improce-
dente la dotación. 458

191
villaseñor / martínez

Una vez otorgada la documentación a los ejidatarios, inició el proceso


de apropiación de las tierras; acción que tardó seis años en realizarse, puesto
que fue hasta el 5 de junio de 1932, cuando se efectuó el recorrido para ubica-
ción, demarcación y amojonamiento de las tierras. Para ello ya se tenía el le-
vantamiento de planos elaborado recientemente. De esta forma, mediante un
acta de deslinde escrita por el ingeniero comisionado, se efectuó el recorrido,
en donde la Comisión Nacional Agraria, y la mesa directiva acompañada de
sesenta y cinco ejidatarios locales, se trasladaron a fijar las mojoneras para el
recorrido y deslinde del ejido, mismo que inició en el camino viejo de Acuit-
zio que va a Morelia con dirección noreste.459 También se recorrió el lugar
denominado Arostaro, cuya afectación incluía a la Hacienda de La Florida;
la comitiva avanzó siguiendo los bordes del río San Juan y ahí deslindaron
20 hectáreas de riego de acuerdo al fallo presidencial, tal afectación fue para
las haciendas La Florida, Coapa y la Presa de San Juan, que incluía las tierras
del potrero de Santo Tomás de 209 hectáreas de riego.460 Ese deslinde abarcó
1205 hectáreas, levantando posteriormente un acta el 5 de junio de 1932.461
Con este acto se cumplió la resolución de dotación que había quedado par-
cialmente entregada en el decreto de 1926.
En el caso del ejido de Ziparapio (ya sin “Tz”), el asunto fue resuelto
también por el Departamento Agrario puesto que este espacio de tierra era
parte del ejido del poblado de Canoas, también municipio de Acuitzio. La
resolución definitiva llegó hasta el 13 de mayo de 1943, a instancias de las
gestiones realizadas por los ejidatarios de Las Canoas, quienes cambiaron
de domicilio de dicho pueblo a la localidad de Ziparapio el Alto, que era
el sitio donde se encontraban los terrenos; motivo por el cual solicitaron
la división de su propiedad que era dotación y ampliación, para así crear
y consolidar el nuevo ejido; argumentando que desde su nuevo espacio o
domicilio ubicado en Ziparapio el Alto, consideraban muy difícil que el
comisionado ejidal desde Las Canoas, donde residía, pudiera administrar
y visitar con frecuencia a los ejidatarios radicados en Ziparapio, debido a
la distancia que tenía que recorrerse.462
Presentada esta solicitud se integró el expediente sobre división de
tierras y aguas, dirigida al Departamento Agrario; cuyo resultado fue la

192
acuitzio / monografías municipales

resolución presidencial del 12 de noviembre de 1935 que concedió la do-


tación al poblado de Canoas y a su anexo Ziparapio el Alto.463 En otras
localidades del municipio también hubo dotación de tierras ejidales a los
campesinos y jornaleros que, de acuerdo a la ley, eran candidatos a ob-
tenerlas; tal es el caso de los pueblos de Huiramba y Lagunillas que en
esa época pertenecían al municipio de Acuitzio y más tarde, en los años
cincuenta, ambos fueron elevados a la categoría de municipio.
Igual que en los casos anteriores, las solicitudes de los grupos de
campesinos del mismo municipio; en este caso los Fontezuelas, llegaron
a la Comisión del Departamento Agrario; aquí también el proceso fue
lento, con retrocesos y lleno de obstáculos; en este caso pasaron 3 años.
El 6 de agosto de 1933 el gobernador del Estado de Michoacán, Benig-
no Serrato, en su primer dictamen negó la dotación de tierras, porque
desde la integración del expediente entregado al representante del Eje-
cutivo de Michoacán, se argumentó que no existían fincas afectables de
acuerdo a la Ley.464
A pesar de la negativa, los campesinos de Fontezuelas, que aún per-
tenecían al municipio de Acuitzio continuaron con sus gestiones; para ello
enlistaron a 400 habitantes de los cuales 150 resultaron considerados con
derecho al Ejido; en este caso también intervino el Departamento Agrario,
quien determinó, tras un estudio más profundo, que sí había tierras afecta-
bles de las fincas de la Hacienda del Correo, cuya propiedad pertenecía a la
señora Clotilde Ponce de León con una extensión total de 678 hectáreas, de
ellas 536 de temporal, con un 20% de agostadero para cría de ganado. Tam-
bién se dictaminó que la Hacienda de Corrales, propiedad de la Sra. Dolo-
res Díaz Barriga, era sujeta a reparto y dotación a los campesinos, la exten-
sión de esta fue de 1690 hectáreas, de ellas 752 de temporal, 912 de monte
y el resto zona de protección y temporal, dejando solo a la Sra. Dolores los
corrales llamados El Molino de San José y El Potrero de Los Álvarez. 465
Aunque los afectados comparecieron alegando sus derechos, el de-
partamento agrario vigente en 1936 dictaminó que en Fontezuelas había
149 personas con derecho a dotación, quienes se dedicaban exclusiva-
mente a la agricultura y carecían de tierra indispensable para satisfacer

193
villaseñor / martínez

sus necesidades, razón por la que “con fundamento a los artículos 47 y 49


del Código Agrario en vigor, procede la repartición, revocando la negati-
va anterior dictada por el gobernador del Estado de Michoacán, por tanto
se conceden al poblado de Fontezuelas 2, 206 hectáreas”.466
De esta manera quedó Fontezuelas con su ejido en poder de los an-
tiguos jornaleros; haciéndolos responsables de su custodia, accesorios,
costumbres, usos y servidumbres, de acuerdo a los planos aprobados por
el departamento agrario. Más tarde fueron fijadas las colindancias, zo-
nas de protección, edificios y obras hidráulicas, de acuerdo al artículo 54
del código agrario. Es importante resaltar que la resolución se consideró
como título comunal con el objetivo de amparar la extensión total en fa-
vor de los beneficiados a quienes se les volvió a recordar legalmente, que
para la explotación forestal de los terrenos que acababan de obtener, de-
berían sujetarse a las disposiciones legales emitidas por el departamento
forestal; también se les recalcó la obligación que adquirían los vecinos
de Fontezuelas para dar mantenimiento y conservar el buen estado de
los caminos comunales, así como la sujeción que sobre la administración
ejidal, economía y prácticas agrícolas, les ordenara el gobierno federal.467
El panorama de Acuitzio al iniciar la década de 1940 no era del todo
halagador, no obstante la política del cardenismo empezó a surtir efectos
y cierta mejoría: se habilitó parcialmente el camino que conectaba al pue-
blo con la estación del tren en Tiripetío, que en tiempo de lluvias era in-
transitable, el servicio de automóvil cobraba $0.75 por persona del pueblo
a la estación, en tiempo de secas, en “las aguas” se hacía a lomo de caballo
y era un poco más caro, el trayecto duraba una hora.468 La agricultura era
la actividad principal de la población activa, enseguida la ganadería, con
buenas tierras de labor, bañadas por manantiales cercanos a las sierras,
de donde se obtenían buenas cosechas, se cultivaba el maíz, trigo, lina-
za y frijol principalmente, siguiendo el camino rumbo a Villa Madero se
observaban los cultivos de maíz de gruesas cañas hasta con cuatro ma-
zorcas cada una, regadas con la abundante agua de la región. Igualmente
el cultivo del trigo era importante por lo apropiado de clima, así como el
frijol y calabaza; se menciona que ya se usaban abonos químicos en estos

194
acuitzio / monografías municipales

cultivos. La producción frutícola consistía en membrillo, tejocote, capulín,


ciruelo, uva para elaborar vinos de mesa higo, aguacate y zarzamora.469
No existía en esas décadas una industria de importancia, salvo unos
cuantos talleres de fabricar calzado de los Gómez, Zavala, pequeñas fá-
bricas de hielo, molinos de nixtamal, fábricas de aguas gaseosas, de velas,
panaderías caseras de los Zavala, Flores, Gómez, Parra, Ramírez; igual-
mente un molino de harina. También existía el corte de madera para ela-
borar carbón, muebles, tablas para el “tapanco” de las casas y para las
“fajillas” que sostenían el tejado, cocer en hornos tejas, tabiques de la alfa-
rería que elaboraba también ollas, cazuelas y cacharros para recolectar la
resina del pino. El comercio era de regular importancia local y para quie-
nes iban rumbo a Villa Madero y la tierra caliente. El ferrocarril entre 1937
y 1974 en su paso por la estación de un Tiripetío en ruinas, transportaba
pasajeros y la carga abastecida por Acuitzio, Lagunillas y Fontezuelas que
todavía pertenecían al mismo municipio.470
Los caminos que iban de Acuitzio a Villa Madero, la región de Ta-
cámbaro, Huetamo y el sur eran continuamente transitados por arrieros,
quienes en bestias de carga trasladaban diferentes tipos de mercancías.
Como reminiscencia de épocas anteriores sobrevivieron los mesones que
funcionaron hasta los años setenta del siglo XX; de ellos podemos mencio-
nar ocho: iniciaba “El primero y el último”, se encontraba al sur del pobla-
do, casi en la curva viniendo de Villa Madero, llamado así por ser el primer
espacio para descansar si venías de esa zona, y el último si se entraba por
el camino de Morelia. Enseguida estaba a escasos metros del anterior el
“Mesón de San Carlos”, atendido por los hermanos Juan y Loreta López.471
Hacia el centro del poblado, precisamente junto al Santuario del Sa-
grado Corazón de Jesús, estaba “El Mesón de los Pardo”, cuyos dueños
eran la familia de ese apellido; destacan de ellos don Fausto y el licencia-
do Anacleto; tiempo después el inmueble pasó a ser propiedad de los Pa-
salagua y finalmente de Los Santoyo; la casa actualmente está fraccionada
en nuevas viviendas. Una cuadra hacia el norte, en la misma avenida, se
ubicaba el Mesón de los “Saavedra, frente al billar y casa de don Alberto
Arreola; unos metros más adelante en el mismo eje rector hacia el norte

195
villaseñor / martínez

existió el “Mesón de los Salgado”, propiedad de la Familia Alejandre, in-


mueble que, al igual que los anteriores tenía dos entradas: la de la calle
principal y la de Venustiano Carranza. En esa misma manzana se ubicaba
el “Mesón de los Molina”, que hasta el año 2010 conservaba su diseño,
tipología y fachada del siglo XIX.
Al llegar a la plaza principal, en el corazón del poblado, una cuadra
hacia el poniente existió el “Mesón del Águila”, uno de los más afamados
de la región; atendido en ese entonces por “don Panchito”; sitio que en
el periodo porfiriano llegó a albergar hasta cincuenta arrieros que iban
y venían de tierra caliente a la estación del tren; trasladaban mercancías,
o bien arriando piaras de cerdos, ganado caprino, lanar, y vacuno: A su
paso por Acuitzio los arrieros además de descansar, comían, bebían, ju-
gaban cartas, algunos reñían entre sí, hacían amistades en el poblado y
continuaban su ruta comercial. En ocasiones causaban gran algarabía y
escándalos molestos para los vecinos de este mesón, quienes en vano se
quejaban ante las autoridades locales.
Otro mesón de cierta importancia por su ubicación y cantidad de
gente que a él llegaba, estuvo funcionando hasta 1970 en la Calle del Can-
je, a un costado del templo de San Nicolás fue el “Mesón del Canje”; a
cargo de la señora Monroy, lugar que en el esplendor porfiriano era el
“Palenque de Gallos”. Además del hospedaje en 1940 ofrecía diversos
alimentos a sus usuarios: guisados con carne de res, de cerdo, mole de
guajolote con arroz, frijoles, caldos de pollo de res o de pescado, menudo,
corundas, uchepos, tamales, atoles, hongos amarillos guisados, una gran
variedad de pan que les surtían los panaderos locales, birria, barbacoa
de borrego, pozole, bistec, aporreadillo, entre otros platillos, todos con
tortillas “hechas a mano”; aunque muchos comensales acudían también a
“los agachados”, que eran también puestos de comida ubicados junto al
kiosco, en la plaza principal.472
Existía en el pueblo un hotel llamado “La Casa del Viajero”, pro-
piedad de don Fortino Páramo, así como una casa de huéspedes, ambos
sitios cobraban $3.00 diario por habitación. Había además una Botica
con un médico, a la que acudían los pacientes en su mayoría con males-

196
acuitzio / monografías municipales

tares ocasionados por las condiciones de insalubridad, debido a la poca


higiene que presentaban las calles, con un deficiente drenaje. El alum-
brado eléctrico era escaso y de mala calidad, con “apagones” constantes;
a pesar de lo anterior se contaba con un telégrafo, servicio postal de
correos, una caseta pública de teléfono e iniciaba un incipiente servicio
de transporte público de los Martínez y don Odilón Méndez, eran las
llamadas “guajoloteras”.473

4.- La educación escolar en la primera mitad del siglo XX en Acuitzio

Otro grave problema que enfrentaron los gobiernos postrevolucionarios, en


sus intentos por hacer cumplir los postulados de la Revolución enmarcados
en La Constitución de 1917 fue el tema educativo. Solamente el 42% de los
niños entre 6 y 10 años iban a la escuela; de los adultos más del 60% eran
analfabetas. Si bien es cierto que se abrió la posibilidad para la adquisición
de tierras a muchos jornaleros, a nivel nacional; se buscó también aplicar
el artículo 3o que decretó la laicización de la enseñanza. En ese tenor, la
reconstrucción del país tocó a los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco
Elías Calles; con este último se implantó el discurso nacionalista afianzado
por la campaña de alfabetización laica promovida por José Vasconcelos.474
En el municipio de Acuitzio entre 1926 y 1930 no existían escuelas funcio-
nando de forma adecuada; la en otros tiempos prestigiada Escuela primaria
Vicente Riva Palacio padecía la carencia de maestros y alumnos. Aunado al
problema agrario, hubo un descenso de habitantes entre fallecidos y emi-
grados, a pesar de que los libros del registro civil muestran un promedio
anual de 500 nacimientos y 150 defunciones en esos años.475
Entre los años de 1927 y 1928 los cristeros incursionaron en Acuit-
zio para completar el cuadro desolador y de pobreza; las torres de los
templos se convirtieron en puntos de vigilancia y alerta para dar el
“¿quién vive?” a los transeúntes y los toques de queda se volvieron fre-
cuentes. Se suspendieron parcialmente las celebraciones cívicas como
desfiles, jaripeos, bailes, serenatas y otros servicios abiertos al público;
igual ocurrió con las fiestas tradicionales; que se realizaron en un am-

197
villaseñor / martínez

biente de austeridad, sin el esplendor de antaño; irónicamente el alco-


holismo se agudizó y hubo un encarecimiento de los productos básicos
como el frijol, maíz y azúcar. Solo funcionaba en apoyo a la iglesia la
Agrupación Obrera encargada de ayudar al párroco en las fiestas del
Sagrado Corazón realizada en el Santuario, la de San Nicolás, y la de La
Virgen de Guadalupe.476
En 1928, en sus funciones como gobernador Constitucional Lázaro
Cárdenas del Río buscó el progreso agrario del país, basado en la libera-
ción de los campesinos mediante el ejido; de igual manera, buscó orga-
nizar a los obreros en un sindicato, en tanto en el tema escolar pensó en
implementar la educación socialista.477 Uno de sus grandes méritos fue
buscar la aplicación de los postulados de la Constitución de 1917; para
el caso de los campesinos se basó en el cumplimiento de la Ley Agraria,
que no se había podido aplicar en su total cumplimiento. Conocedor del
asunto, en su proyecto de administración desarticuló la estructura de las
haciendas; con la intención de entregar más tierras a los jornaleros y a los
peones de las haciendas.478
El objetivo era democratizar el acceso a la educación; en su ideario
político estructuró un programa agrario con el objetivo de organizar a
los campesinos en Michoacán en comunidades; desde un esquema mix-
to; una parte individual y otra colectiva. Desde su perspectiva de go-
bierno era fundamental la unión de los segmentos sociales campesino,
obrero mediante la educación; por ello, en su periodo como gobernador
se abrieron 150 nuevas escuelas en la Entidad. Las escuelas normales ru-
rales se transformaron en Escuelas Regionales Campesinas formadoras
de maestros rurales.
Con la finalidad de motivar a los maestros planteó llevar la educa-
ción al campo, impulsó las ideas de izquierda conocida como educación
socialista; repartió un total de 408,807 hectáreas en favor de 24,000 fami-
lias de ejidatarios; y en cada ejido se creó una parcela escolar. Asimismo,
dio indicaciones para la construcción de canales para el desagüe en tierras
pantanosas de la región, se modificó el trayecto del antiguo camino real
que iba a Tacámbaro y Huetamo mediante la apertura de nuevos caminos,

198
acuitzio / monografías municipales

y ordenó entregar créditos a los campesinos para tecnificar el campo y


fomentar la producción.
Como presidente de la República, años más tarde logró reproducir
en mayor escala sus ideas de gobierno para todo el país. Reguló la explo-
tación racional de los recursos naturales del suelo como tema prioritario;
para alcanzar este propósito recurrió a la organización y estructuras que
ya había creado: las agrarias, las cooperativas y al apoyo de los maestros,
al del Sindicato de los Trabajadores; todos integrados con miras a lograr el
desarrollo nacional bajo la dirección del estado socialista. Uno de los pila-
res para su proyecto fue la idea de implementar una educación vinculada
“desde dónde la escuela buscaría la unificación de nuestra nacionalidad
por tratarse de un servicio nacional supremo porque al Estado correspon-
de controlar y encauzar la educación de la colectividad mexicana”.479
Un aspecto importante como el educativo fue uno de los ejes prin-
cipales de su administración; mediante un modelo implantado que con-
cebía “la libertad de enseñanza entendida como la facultad concedida a
toda persona para impartir educación, siempre que reúnan los requisitos
que la ley señala”.480 En su lucha para que la educación fuese laica, se
enfocó en buscar que las escuelas primarias excluyeran la enseñanza re-
ligiosa; que en las aulas se dieran respuestas verdaderas para así imbuir
en los alumnos contenidos científicos, racionales y precisos del mundo y
la sociedad. De esta forma, según el planteamiento cardenista, la escuela
cumpliría su misión social; por tanto, la educación debería ser controlada
por el Estado, y estar basada en la doctrina socialista enmarcada en la
constitución de 1917.481
En todo el país las palabras “revolución” y “socialismo” causaron re-
vuelo y levantaron diversas expectativas en la sociedad más tradicional; en
todos los círculos políticos incluyendo a las élites financieras y a un clero es-
candalizado que, desde el púlpito lanzó intensos y apocalípticos sermones
para que los padres de familia no mandaran a sus hijos a las escuelas “comu-
nistas y sin temor de Dios”. No faltaron en Acuitzio quienes preferían enviar
a sus hijos al “Colegio Juana de Arco”, o a las casas de las piadosas señoritas
instructoras empíricas como Refugio Villicaña o Isabel Pérez, quienes desde

199
villaseñor / martínez

sus hogares particulares, enseñaban las primeras letras y rudimentos para


escribir, leer y contar, además de inculcar el catecismo del padre Ripalda, las
vidas ejemplares de los santos y el respeto a los mayores.482
En la escuela primaria Vicente Riva Palacio se redujo en número de
alumnos entre 1930 y 1950; aunque cabe destacar que en las localidades
rurales del Tzintzún, San Andrés, Ziparapio, Huajumbo, Cutzaro y Ta-
manguio, empezaron a solicitar un maestro rural que atendiera en cada
localidad del municipio a un pequeño grupo de alumnos; puesto que, con
el ejido y el apoyo a los campesinos, se instauraba la educación socialista
buscando incidir en las conciencias de la niñez y la juventud, puesto que
“los jóvenes pertenecían a la revolución y a la colectividad”. El estado
laico aspiraba a “no permitir que intervenga en la iglesia en la educación
popular, la cual es facultad exclusiva del Estado, porque la revolución no
puede tolerar que el clero siga aprovechando a la juventud para retardar
el progreso del país.”483
Dentro del marco jurídico, la educación socialista aprobada en el
período presidencial de Lázaro Cárdenas, tuvo el cuidado de redactarse
con un lenguaje no agresivo en su contenido, al tiempo que daba lugar a
un margen de interpretación que cada institución manejó de acuerdo con
el artículo 3o. Solamente remarcaba de manera precisa el carácter “cien-
tífico y racional de la educación y la separación de la Iglesia y el Estado
en materia educativa”. Situación que nunca se cumplió en su cabalidad
en Acuitzio, puesto que en el colegio particular Juana de Arco, continuó
impartiéndose la instrucción religiosa. En tanto en las zonas rurales del
municipio había muchas limitaciones económicas y académicas; en el en-
tendido que, a falta de profesores egresados de las normales, fueron ha-
bilitados como maestros, personas entusiastas que sabían leer y escribir y
tenían la vocación de convertirse en maestros rurales.
A pesar de esas carencias, la presencia del maestro rural en el muni-
cipio, entre los añoscuarentas y sesentas, si tuvo un impacto considerable:
ese personaje se convirtió en guía, compañero y líder del campesino en
sus distintos aspectos de expresión social, cultural, educativa, de salud
y económica; en efecto, el maestro rural además de brindar instrucción

200
acuitzio / monografías municipales

primaria a los niños, se integró por completo en la vida de la comuni-


dad; les apoyó en la siembra de hortalizas y huertos familiares, fomentó
la creación de las granjas para aves de corral y ganado menor, el cultivo
de plantas frutícolas. En ese ambiente de comunidad e integración rural,
el maestro organizó algunos equipos para la práctica del futbol y voleibol;
les enseñaba también a procesar frutas, a grado de que los días jueves y
domingo algunos campesinos y ejidatarios en general, bajaban al pueblo
de Acuitzio a vender sus productos lácteos y los elaborados en la comuni-
dad. Visitaba el profesor rural las familias de la comunidad, puesto que
en ella vivía casi todo el año, podía asistir a sus eventos y celebraciones
“caseras”, también les instruyó sobre algunas medidas de higiene y bajo
su dirección “hasta llegaron a representar bailables folclóricos, canciones
de la revolución y algunas obras de teatro”.484
De esta forma el maestro rural enseñó a la comunidad, pero tam-
bién aprendió de ella sus valores, costumbres y sabiduría ancestral. Hubo
una importante integración entre el profesor rural y los campesinos, quie-
nes si creyeron en el posible progreso visto en el ejemplo de su mentor.
En cuanto a conservación de los bosques, cabe destacar que, de la mano
del docente, desde la presidencia de la República, Lázaro Cárdenas, dio
la indicación al Departamento Agrario y en particular al Departamento
Forestal, de que con el objetivo de “la conservación y propagación de los
bosques y arbolados de todo el territorio nacional se comunique a la co-
munidad beneficiada que quedó obligada a conservar y propagar las zo-
nas arboladas que contenga la superficie de la dotación”.485
Una vez otorgados en su mayoría los ejidos, Lázaro Cárdenas, como
presidente del país en el año de 1938, visualizó la importancia de que los
campesinos no solamente tuvieran una dotación de tierras, sino que de-
bían estar vinculados con la educación, además consideró que era nece-
sario capacitarlos, brindarles tecnología y programas crediticios, pero lo
más importante, fue sin duda la idea de unificarlos a nivel nacional; para
ello creó la Confederación Nacional Campesina, conocida como CNC;
fundada el 28 de agosto de 1938, compuesta por ejidatarios, comuneros,
solicitantes de tierras, asalariados, productores agrícolas, la totalidad de

201
villaseñor / martínez

las ligas de las comunidades agrarias, los sindicatos de campesinos. Cabe


decir que este periodo se caracterizó por un nacionalismo que fomentó el
trabajo en comunidad.486
De todos los rincones del país llegaron delegados campesinos para
participar en la fundación cenecista; evento que se realizó en el teatro Hi-
dalgo de la Ciudad de México, con la presencia del general Lázaro Cárdenas
del Río, en su calidad de presidente del país, acompañado de su similar del
Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Mexicana487 Luis I.
Rodríguez, tomaron protesta al primer secretario general de la CNC, pro-
fesor Graciano Sánchez, quien argumentó en su mensaje que sus primeros
objetivos serían continuar con el reparto agrario a los campesinos, solucio-
nar sus problemas, dar seguimiento a sus demandas en las dependencias
oficiales y vigilar que los funcionarios locales no obstaculizaran el proceso
de distribución de tierras.488 Argumentó el profesor Graciano Sánchez en la
convención que los campesinos eran quienes hacían producir la tierra, de
ahí la importancia de estar organizados y luchar para que en la legislación
agraria desapareciera la categoría de “peones acasillados” y se les dotara de
tierra a quienes todavía faltaran y tuvieran derecho a ella.489
Declaró además que el ejido era, según el ideal de Cárdenas, la base
de la política agrícola para la irrigación, desecación y florecimiento de
pantanos, transformados en campos productivos; para ello deberían am-
pliarse los créditos agrícolas y considerar a la enseñanza rural como la
base de este proyecto de desarrollo.490 Resulta emblemático el Himno al
Agrarista, que data de esa época cuyas estrofas afirman:

Marchemos agraristas a los campos, a sembrar la semilla del progreso, mar-


chemos siempre unidos sin tropiezo, laborando por la paz de la nación…”
y culmina con el significativo mensaje “…no queremos ya más luchas entre
hermanos, olvidemos los rencores compañeros, que se llenen de trigo los
graneros, y que surja la ansiada redención.491 (Fragmento)

5.- Algunas reflexiones

En el periodo postrevolucionario, dentro del ideario cardenista, la educa-


ción socialista con el papel del maestro rural, la integración de los sindica-

202
acuitzio / monografías municipales

tos de los obreros y consolidación de CNC, fueron el resultado de este pro-


ceso de organización que a finales de 1938 había aglutinado ya a 14 estados
del país e incorporado a la liga 700,000 campesinos; de igual forma, con la
creación a nivel nacional la Liga de Comunidades Agrarias, el presidente
de la República afirmó: “solo la unificación de los campesinos acabará con
los problemas”.492 En ese mensaje, el presidente aconsejó a los campesinos
dejar del lado las divisiones locales y les ofreció para sus convenciones, pro-
porcionar transporte y gastos a las delegaciones. De esta manera, el ejido
durante el periodo cardenista se convirtió en la forma básica de organizar
al campesino, de tal suerte que, al finalizar el sexenio cardenista, el ejido
representaba la mitad de la superficie cultivada en México.493
Al término de su gobierno presidencial, Lázaro Cárdenas fue nom-
brado ministro de la Defensa, más tarde continuó una vida activa a lo
largo del país, sin olvidar Michoacán, en donde fomentó la reforestación,
fue miembro de la comisión del Tepalcatepec del Balsas y el proyecto “Las

Acuitzio desde el sur 1966 (Foto: Raymond Wiest, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

203
villaseñor / martínez

Truchas”, fue visto por las autoridades y funcionarios del país y del Esta-
do como un representante de la justicia social, con una fuerte ascendencia
moral en el pueblo. Por diversas circunstancias, al iniciar el periodo pre-
sidencial de Manuel Ávila Camacho la política hacia el campo mexicano
no fue la misma; se buscó en ese nuevo periodo apoyar la industria, en
un viraje político que, entre otros aspectos enmendó el artículo 3º de La
Constitución, al eliminar el término “educación socialista”.
Para finalizar el tema entorno al cardenismo en Acuitzio, cabe señalar
que la figura a nivel nacional del general Lázaro Cárdenas, permeó con sus
políticas la vida de los mexicanos, así, desde las decisiones que impactaron
a nivel nacional como la expropiación petrolera, la educación socialista,
el impulso a los campesino entre otros aspectos, apoyó obras locales para
Acuitzio como la introducción de la carretera pavimentada a la región, me-
diante la intervención de un hombre cercano a don Lázaro como lo fue el
ingeniero Elías Pérez Avalos, nacido en Villa Madero, quien fuera ex-alum-
no de la Escuela Riva Palacio de Acuitzio y colaborador del general. Obra
que Cárdenas no logró ver concluida en el tramo carretero Morelia – Acuit-
zio – Villa Madero, la muerte sorprendió al “tata” el 19 de octubre de 1970
en la ciudad de México. Sus restos descansan en el monumento a la revolu-
ción, como un homenaje al hombre y visionario que fue, siempre en busca
de la transformación y el progreso del país. En tanto la tumba del ingeniero
Elías se encuentra en el panteón municipal de Acuitzio.

204
acuitzio / monografías municipales

capítulo vii
Un breve recorrido por la historia urbano arquitectónica de
Acuitzio del Canje

Por: Dr. José Manuel Martínez Aguilar


Facultad de Arquitectura-umsnh

El 12 de marzo de 2001 el Gobierno Federal publicó en el Diario Ofi-


cial de la Federación el decreto de zona de monumentos históricos
de Acuitzio, municipio del mismo nombre, cuyo objetivo manifiesto
era el de coadyuvar a “preservar y difundir la riqueza cultural de la
Nación como elemento de identidad y unidad del pueblo mexicano”.
La declaratoria establece como zona de monumentos un área de 0.27
kilómetros cuadrados, formada por 24 manzanas, destacando 37 edi-
ficios construidos entre los siglos XVI y XIX, como son: el templo de
San Nicolás Tolentino, el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, la
presidencia municipal y edificaciones de carácter civil, cuyos parti-
dos arquitectónicos, elementos formales y fisionomía urbana, como se
asienta, le confieren armonía al lugar.494
En las consideraciones de la declaratoria se señalan brevemente al-
gunos hechos históricos del municipio, se describen de manera somera
las características de las edificaciones y la traza urbana, se señalan los lin-
deros y enlistan las obras civiles relevantes que integran la referida zona.
Además, se especifica que cualquier obra que se realice dentro de los lí-

205
villaseñor / martínez

mites de la zona declarada está sujeta a la Ley Federal sobre Monumentos


y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas y su reglamento, que le
compete al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) vigilar
su complimiento.
A más de dos décadas de la declaratoria, proponemos hacer un
recuento de los hechos más relevantes en el desarrollo urbano arquitec-
tónico de Acuitzio del Canje, y planteamos algunas reflexiones sobre la
conservación y trasformaciones que ha experimentado el poblado en las
últimas décadas. Para aproximarnos a nuestro objetivo, además de con-
sultar las fuentes bibliográficas y de archivo disponibles, nos apoyamos
en la revisión de fotografías de casi todo el siglo XX y en la observación
directa del objeto de interés.

1.- Formación y desarrollo en la época colonial

Los asentamientos humanos en la jurisdicción de Acuitzio son previos a la


época en que los tarascos tuvieron el control militar, político y económico
de gran parte del actual estado de Michoacán y fracciones limítrofes. Al pa-
recer, los habitantes de este lugar eran hablantes del náhuatl, provenientes
del altiplano central mesoamericano, que se establecieron en un lomerío
situado al noroeste de la actual villa, en lo que actualmente es una localidad
rural llamada La Palma, donde aún quedan vestigios de arqueológicos.495
Tras la conquista española, el poblado, que probablemente estaba
compuesto por un caserío disperso, como era común en esa región, quedó
sujeto a Tiripetío y bajo la encomienda de Juan de Alvarado, quien solicitó
la llegada de frailes agustinos para el adoctrinamiento y administración
religiosa de los naturales. Como respuesta a su petición, arribaron a tierras
novohispanas con destino a Michoacán, fray Alonso de la Veracruz y fray
Diego de Chávez y Alvarado, quienes desde 1537 levantaron un convento
en Tiripetío, que incluía la instalación del primer colegio de Estudios Ma-
yores de América.496 A partir de entonces, y por los siguientes tres siglos,
los agustinos se encargaron de la doctrina de los habitantes de Acuitzio y
pusieron al pueblo bajo la protección de San Nicolás de Tolentino.

206
acuitzio / monografías municipales

De inmediato a su llegada, los frailes agustinos, con el respaldo de


Juan de Alvarado, ordenaron a los indios a su cargo construir hospitales
y capillas de visita en los principales poblados de la encomienda. Fue así
que entre 1540 y 1550 se levantó el hospital de Tiripetío497 y, probablemente
poco después, se construyeron el de Acuitzio y el de Huiramba. Se tiene
certeza que al menos desde 1632 el hospital de Acuitzio ya existía, pues
en un documento se refiere a que éste tenía una milpa de trigo donde se
recogían unas 200 fanegas.498 En otro documento de 1637 que trata sobre el
testamento de Ana Ramírez, una indígena noble, que donó unas tierras a
esta institución, se dice que el hospital contaba con vacas y que en la capilla
se había mandado hacer un colateral dedicado a la Virgen María, así como
un retablo en el altar mayor.499 Más tarde, en 1681, el mismo hospital seguía
teniendo en posesión vacas y un molino de trigo, que había sido construido
desde 1666.500 En otro documento de 1658 se asienta que los acuitzenses
tenían “una iglesia con retablos, altares y ermitas donde se celebraba la fies-
ta titular de San Nicolás y otras conmemoraciones religiosas”.501 Como es
sabido, el hospital era una institución de suma importancia, no solo para el
cuidado de los enfermos, el socorro de los desprotegidos, la cohesión social
y conservación de la religión católica, entre otros fines. En 1832 el hospital
seguía en función502 y, aunque debió suprimirse a mediados del siglo XIX,
algunos de los cargos que asumían los vecinos siguieron vigentes, y se eran
notorios sobre todo durante el periodo en que se preparaban y realizaban
las fiestas patronales. Lo que desapareció fue el edificio utilizado como hos-
pital y la capilla. Esta última debió ser demolida para construir una primera
versión del templo de San Nicolás.
Sobre la formación colonial del asentamiento, se sabe que desde los
primeros años de la conquista española las autoridades religiosas y civiles
se dieron cuenta de la dificultad de controlar a una población dispersa
entre las laderas de los cerros, en medio de bosques y desiertos, por lo que
iniciaron las gestiones necesarias para congregar en sitios propicios a las
principales poblaciones y los asentamientos menores, sobre todo aquellos
que habían quedado diezmados por las epidemias. Con esta organización
espacial esperaban ponerlos en “policía”.503

207
villaseñor / martínez

En el caso que nos compete, nos dice Felipe Castro que, a finales
del siglo XVI, varios sujetos iban a ser congregados en Huiramba, pero
finalmente, entre 1602 y 1605 Acuitzio fue elegido como un lugar más
propicio, por lo que recibió en sí a Tamangueo, Petatzécuaro, Guajumbo,
Omécuaro, Atiquiucario, Haratzeo y Tarameo. Esta congregación le per-
mitió acrecentar sus tierras y su población, llegando a contar en el año de
1619 con 150 familias, cuando Tiripetío tenía apenas unas 50.504
La congregación de Acuitzio debió ser parecida a la de otros casos,
como el de Acámbaro, llevada a cabo varias décadas atrás, donde se erigió:

…una gran cruz de madera en el lugar elegido para la congregación, cum-


pliendo con las solemnidades correspondientes, esparciendo un puñado de
tierra por el lugar, en señal de posesión. Posteriormente se desmontaba el
sitio y se trazaban las calles y plazas del pueblo. Junto a la cruz cercana a la
capilla de visita se colgaban una o dos campanas, y se repicaban para con-
gregar a la población y celebrar de manera solemne una misa. Enseguida se
iniciaba el proceso de reparto de terrenos para la construcción de casas, des-
tinándose también ciertos espacios para la plantación de jardines y huertas,
que servían posteriormente para el sostenimiento del convento. Después se
efectuaba una especie de desfile con los indios congregados y se procedía a
nombrar a las autoridades del pueblo: gobernador, alcaldes y regidores.505

Cuando los pueblos ya estaban trazados, los nuevos pobladores tras-


ladados eran acomodados juntos en una de las orillas del pueblo y se les
permitía tener su propia capilla, aunque fuera modesta. Para evitar que
éstos regresaran a sus lugares de origen, los templos, ermitas y conventos
de los pueblos abandonados eran demolidos y sus casas quemadas.506 No
sabemos si fue el caso de Acuitzio, pero deducimos que debió ser algo si-
milar, probablemente ya apoyados en las ordenanzas emitidas por Felipe II
en 1573 para la fundación de villas y ciudades en América. Lo que sí se sabe
es que a partir de la capilla de visita se realizó la traza ortogonal de norte a
sur y de este a oeste, quedando el asentamiento comprendido por 600 va-
ras por cada viento, y como límites del sitio el pueblo de Tiripetio al norte,
tierras de Tacámbaro al sur, tierras de la hacienda de Checácuaro al oriente
y tierras montuosas al poniente.507 En el corazón de la traza quedaron esta-
blecidos los poderes civil y eclesiástico, en torno a una plaza pública.

208
acuitzio / monografías municipales

Como se puede ver en la actualidad, la traza original en el centro del


asentamiento es más regular que la del resto del poblado, quizás porque con
el tiempo no hubo una planeación y un control de desarrollo, permitiendo
que las nuevas construcciones se adaptaran a la topografía del terreno, a los
elementos naturales y a caminos prexistentes. El resultado fue una traza de
tipo mixta, es decir, una combinación entre traza regular y orgánica.
El tipo de construcciones que se levantaron en el siglo XVI debieron
ser muy diferentes a lo que vemos en la actualidad. Creemos que dentro
de los solares (ekuaros) se levantaban pequeñas edificaciones destinadas a
un núcleo familiar, fabricadas de madera, con techos a dos o cuatro aguas
y cubiertos con paja, algo más parecido a los trojes de la sierra purépecha
o las ilustraciones que aparecen en la Relación de Michoacán.508 No se des-
carta que también hubiese edificios de piedra, adobe y madera, utilizando
los materiales que tenían disponibles en el lugar. Con el tiempo debieron
ir adoptando y agregando a sus conocimientos y modos de construir, los
de los europeos.509 En los solares se sembraba maíz, trigo y hortalizas,
se tenían árboles frutales, animales domésticos y se llevaba a cabo todo
tipo de actividades productivas, de acuerdo a los oficios que cada quien
dominaba; también era un lugar propicio para la realización de fiestas y
comidas especiales. Además de las unidades familiares, el sitio contaba
con espacios comunes, principalmente el conjunto hospitalario y las tie-
rras agrícolas y ganaderas de éste.
En 1658 los oficiales de república de Acuitzio se quejaban de que
las autoridades de Tiripetío los agraviaban y obligaban a prestar servicios
personales. Solicitaban licencia al virrey para elegir por sí mismos gober-
nador y oficiales de república. Argumentaban que habían sido cabecera
principal y sitio de congregación, que tenían 80 tributarios, con muchos
sembradíos, casas e iglesia con ornamentos. Se quejaban también de la
falta de atención religiosa de los agustinos y el maltrato de éstos, por lo
que pedían un clérigo y una parroquia aparte. Sus solicitudes fueron aten-
didas en parte, ya que entre 1660 y 1688 los indios de Acuitzio pudieron
elegir sus gobernadores y oficiales de república, pero su petición de inde-
pendizarse de los agustinos no tuvo éxito.510

209
villaseñor / martínez

De acuerdo a un informe de 1681, “tienen trato (comercio) los na-


turales de este pueblo de maíz y trigo que siembran y mucha tablazón y
madera que venden, por estar a la ladera de un monte” (…) el pueblo es
muy ameno y de mucha fruta que venden los naturales, con que lo pasan
los naturales con descanso y son las más abastecidas de la doctrina agus-
tiniana de Tiripetío”.511 El número de habitantes de este año era de 403
vecinos indios.512 De poco a poco la producción agrícola y ganadera, así
como el comercio de queso y gallinas de Acuitzio fue cobrando importan-
cia en la región, sobre todo por la cercanía que tenía con Valladolid, per-
mitiéndole a los acuitzenses cierta prosperidad, que debió relejarse en el
mejoramiento de su calidad de vida y en lo material de la localidad, como
casas, hospital y templo, incluyendo sus ornamentos.
A mediados del siglo XVIII, Acuitzio tenía 136 familias de indíge-
nas, españoles, negros y mulatos;513 “a más (sic) que en las haciendas de
su comprensión había para su cultivo 8 familias de españoles, 60 mulatos
y 102 indios”.514 Para entonces, muchos rancheros, arrendatarios de las ha-
ciendas o empleados de gobierno, se habían casado con indias de Acuitzio
y habitaban en el centro del poblado, principalmente en el camino real.
La convivencia entre grupos de nativos, europeos y africanos llegaba a
causar conflictos, por ejemplo, los vecinos “de razón” se quejaban de que
los indios no les dejaban enterrar a sus muertos en el cementerio y que la
iglesia la tenían tan descuidada que los puercos se metían al camposanto
y desenterraban los cadáveres; además, el teniente de alcalde español se
había ido de Acuitzio porque las casas reales estaban muy descuidadas.515
No obstante de los problemas entre los distintos grupos raciales, su inte-
racción también permitió un sincretismo cultural de gran riqueza, cuyos
vestigios han llegado hasta la actualidad. Ejemplos de ello se puede ver
en la arquitectura, pero también en algunos rituales relacionados a las
fiestas patronales, en la gastronomía y las artesanías.
Antes de 1812 Acuitzio aún era considerada República de Indios,
debido a la composición étnica de la mayoría de sus habitantes, aunque
desde 1786 se habían confiscado los bienes de dicha república y era
administrada por un intendente, seguramente peninsular o criollo. Un

210
acuitzio / monografías municipales

gobernador de indios se encargaba de la administración de la comunidad,


sobre todo en materia hacendaria.516
Ya que Acuitzio se encontraba en un camino muy transitado que
unía Valladolid y La Tierra Caliente, entre el siglo XVIII y mediados del
XIX se establecieron en las calles principales dos mesones para alojar a
los arrieros y viajeros. Durante la guerra de Independencia, por ejem-
plo, pasaron por este lugar distintos grupos de insurgentes y realistas,
algunos llegaron a hospedarse en los mesones y alimentarse antes de
continuar su travesía. Incluso, se sabe que la localidad era paso obliga-
do y lugar de descanso para los insurgentes del ejército que comandaba
José María Morelos.517
El 18 de mayo y el 7 de septiembre de 1811 parte del caserío y el
templo parroquial fueron incendiados como parte de los enfrentamien-
tos entre realistas e insurgentes.518 Las casas debieron ser reconstruidas,
mientras que el templo, si bien fue rehabilitado, perdió sus retablos origi-
nales y un sinnúmero de arte sacro.

2.- De la Independencia a mediados del siglo XX

En el año de 1822 Acuitzio contaba con 2085 habitantes, lo que fue su-
ficiente para que se estableciera un Ayuntamiento Constitucional en su
comarca.519 La mayoría de sus habitantes eran agricultores que sembraban
trigo y maíz,520 otros trabajaban en las haciendas de la región, propiedad
de los agustinos de Tiripetío, como las de Acuitzio, Coapa, Cuincho, La
Huerta, Nuestra Señora de la Concepción de Etúcutaro, San Andrés, San
Antonio, San Joseph, San José de la Lagunilla, Oporo, San Juan, Santa Ca-
tharina de la Lagunilla, Tacambarillo y Undameo.
En 1854, el obispo don Clemente de Jesús Munguía erigió el curato
de Acuitzio, dejando de ser vicaría de Tiripetío y quedando en manos de
curas seculares.521 En el ámbito civil, por decreto del 26 de abril de 1856,
el gobernador del estado don Miguel Silva Macías decretó trasladar la
cabecera municipal de Tiripetío a Acuitzio. Estas disposiciones le dieron
jerarquía al lugar y le permitieron tener mayores ingresos económicos en

211
villaseñor / martínez

beneficio de la iglesia y le permitieron administrar recursos para la aplica-


ción en lo que se considerara prioridad. En su comprensión quedaron Ti-
ripetío, Huiramba, Etúcuaro, Curucupatzeo, Santiago Undameo, Atécua-
ro y Cruz del Camino.522 Para 1860 se dice que “el poblado había crecido
con rapidez en comercio, población y caserío”, tenía “regular plaza, dos
mesones, una escuela para niños y ayuntamiento constitucional”. Además
del templo de San Nicolás Obispo contaba con dos capillas pobres y un
cementerio capaz y aseado.523
El 5 de diciembre de 1865,524 en plena Guerra de Intervención
Francesa, se llevó a cabo el histórico canje de prisioneros belgas y mexi-
canos; un evento diplomático humano que salvó la vida de 452 prisio-
neros, gracias a las gestiones del general del ejército republicano Vicente
Riva Palacio y del jefe de las fuerzas expedicionarias del ejército francés
Aquiles Bazaine. La importancia de este intercambio fue un aliciente
para que el 16 de diciembre de 1901, por acuerdo del Congreso del Esta-
do, se le otorgara a la cabecera municipal la denominación de “Acuitzio
del Canje”. Este evento es recordado cada año en la villa con un acto
solemne y una fiesta pública.
Después de la segunda intervención francesa, Acuitzio, como la ma-
yoría de pueblos del país, se encontraba sumido en la pobreza, por lo que
las calles, edificios públicos y casas estaban muy descuidados. Además,
la inseguridad y el miedo reinaban en la región, debido a las gavillas que
entre 1869 y principios de 1872 azotaban las rancherías y la cabecera mu-
nicipal. Ya fueran bandas armadas que hacían frente al poder político o
bandidos que saqueaban los poblados y hacían todo tipo de fechorías, el
Estado los consideraba enemigos y si se les detenía, se les imponían fuer-
tes penas. En junio de 1870 las autoridades habían logrado aprehender
a José María Rivera, Antonio Villa y Antonio García,525 pero seis meses
después, el 15 de diciembre, la “gavilla” de Víctor González, Francisco
Álvarez y otros hombres de apellido Rangel y Juárez, respectivamente,
atacaron la plaza de Acuitzio, que estaba defendida por 14 hombres de
infantería al mando de Francisco García. En el enfrentamiento casi todos
los hombres de García murieron y los contrarios perdieron al menos cua-

212
acuitzio / monografías municipales

tro hombres.526 Poco después, el 6 de diciembre de 1871, la “gavilla” de


los hermanos Víctor, José y Gerardo González, al mando de 150 hombres,
atacaron nuevamente Acuitzio, que estaba resguardado por 20 hombres
al mando del teniente Sabino Ramos. Los asaltantes incendiaron el cuar-
tel ocupado por los soldados de Ramos y las casas contiguas.527 Éste y
los suyos salieron a combatir cuerpo a cuerpo, logrando dispersar a los
atacantes, aunque otra versión dice que se retiraron por la superioridad
numérica de sus adversarios.528
Durante el periodo conocido como porfiriato o porfirismo, Acuit-
zio tuvo un despegue económico y aumentó su categoría, al ser elevado
a villa el 10 de octubre de 1888, por decreto emitido por el gobernador
Mariano Jiménez. La introducción del ferrocarril Morelia-Pátzcuaro,
en 1886, favoreció el comercio de madera y de productos agrícolas de
las haciendas y ranchos del municipio que llegaban a la estación de
Tiripetío y salían de ese mismo lugar. Varios de los asentamientos de
los alrededores fueron nombradas tenencias de la villa, lo que gene-
ró recursos económicos a la cabecera municipal, reflejándose en obras
de infraestructura y embellecimiento de la villa. En este periodo se
remodeló la casa municipal (1882 y 1891), se construyó una calzada
(1897);529 se llevó a cabo la introducción de la electricidad, puentes en
el camino a Tacámbaro (1895), línea de telégrafo y teléfono (Éste últi-
mo en 1896);530 se levantó la torre con reloj en la casa municipal (1904),
se construyó un puente y se entubó el agua potable (1909),531 se co-
locaron fuentes públicas, se realizó el empedrado de calles (1900),532
mejoramiento del camino a Morelia (1895 y 1908),533 remodelación de
la plaza principal, incluyendo su quiosco (entre el 8 de julio y el 7 de
septiembre de 1910, inaugurando el 16 de septiembre de 1910) y la
construcción del nuevo panteón municipal (1900). También se abrieron
nuevos mesones y una oficina postal.
Llama la atención que las autoridades municipales pedían a los ve-
cinos que “asearan” las fachadas de sus casas, lo que hacía que el “dila-
tado panorama de Acuitzio, reclinado sobre la elevada montaña de su
nombre y visto desde el norte, aparezca su pintoresco caserío como nu-

213
villaseñor / martínez

merosa parvada de blancas palomas durmiendo arrulladas por las auras


matutinas de sus bosques”.534
Es por este tiempo que muchas de las casas ubicadas en el primer
cuadro de la localidad fueron remodeladas, ampliadas y embellecidas
en sus fachadas. Aún se puede ver en la actualidad casonas en el pri-
mer cuadro fincadas en amplios solares, cuya altura es superior al de la
mayoría, compuestas por gruesos muros de adobe, viguería de madera,
grandes portones para la entrada de las diligencias o animales, con pa-
tios interiores y corredores. En las recámaras se colocaban cielos rasos
pintados con motivos florales y se colocaban pisos de duela o baldosa
de barro, que sustituían a los pisos de piedra, tablas o tierra. Algunas
de estas fincas tenían una tienda al frente, por lo que los propietarios
construyeron portales que protegían a los clientes de la lluvia. El estilo
de estos portales no es homogéneo, pues, según el gusto y posibilidades
de los dueños, los mandaban construir con columnas de madera que
sostenían gruesas gualdras de madera o con columnas de cantería que
recibían arcos del mismo material.
Siguiendo con el porfirismo, se sabe que en lo eclesiástico de Michoa-
cán, elevó el lugar a rango de curato independiente en 1888.535 Poco des-
pués se reconstruyó el templo parroquial (de 1899 a 1908 por iniciativa del
cura Marcial Amaro) y se construyó el Santuario del Sagrado Corazón de
Jesús (iniciado el 16 de julio de 1898 e inaugurado el 17 de noviembre de
1908 por iniciativa del arzobispo Atenógenes Silva).536 El municipio perte-
necía entonces al Distrito de Morelia y contaba con 2,106 habitantes en el
casco del poblado en 1897.537 Hacia 1910 contaba con 15,000 habitantes, de
los cuales 4,000 vivían en la cabecera. Además de la gente que se dedicaba
al campo y a la ganadería (algunos como peones de las haciendas cercanas)
los habitantes de Acuitzio eran arrieros, carpinteros, taladores, carboneros,
carniceros, curtidores, zapateros, gabaneros, alfareros, tejedores, adoberos,
tabiqueros, horticultores, músicos, cantineros, mesoneros, mineros, comer-
ciantes de diversos productos, entre otros oficios.
Si bien eran notables los avances materiales en la localidad, los
bosques cercanos fueron explotados inmoderadamente y una compañía

214
acuitzio / monografías municipales

obtuvo permiso del gobernador del estado para industrializar resinas y


aguarrás del municipio de Acuitzio.538 Por otra parte, la desigualdad so-
cioeconómica que privilegiaba a un pequeño sector de la población in-
volucró a un puñado de vecinos a unirse a los movimientos armados de
segunda década del siglo XX, aunque la mayoría prefirió no involucrarse
en la revuelta.539 En 1911, un grupo de “rebeldes reyistas” fueron apre-
hendidos en el municipio. Dos años después, otro grupo de sediciosos,
dirigidos por José Rentería Luviano, tomó la plaza de Acuitzio y Coapa,
amagando entrar a Morelia, sin embargo, no pasó así y cuatro meses des-
pués el coronel Rodrigo Paliza había tomado el control de la zona.540
Al igual que lo sucedió debido a la inestabilidad social de gran par-
te del siglo XIX, la Revolución Mexicana ocasionó problemas económicos
y terminó con la paz porfiriana. A principios de abril de 1913, la gente de
Gertrudis Sánchez estuvo en Acuitzio y fue bien recibida por el nutrido
número de vecinos, quienes hicieron un donativo al jefe revolucionario,
manifestaron su repudio por el asesinato de Francisco Madero y ofrecie-
ron ir con él a tomar Morelia.541 Otro de los hechos que se recuerdan de la
Revolución es el que sucedió el 12 de marzo de 1915, cuando las fuerzas
villistas atacaron a las de los constitucionalistas que estaban a cargo de
Anastacio Pantoja. Se dice que una banda de música tocaba en el quiosco
de la plaza de Acuitzio, cuando el general villista Pablo López atacó a los
“carrancistas” haciéndolos salir del poblado.542 Luego, en febrero, agosto
y octubre de 1918, José Inés Chávez atacó la villa, cometiendo toda clase
de desmanes, incluyendo el incendio de casas. Debido a la inseguridad
que sentían los acuitzenses, muchos se habían refugiado en Morelia, de-
jando el lugar casi desierto y su gente sumida en una crisis económica.
Por si no fuera suficiente, la pandemia de la “gripe española”, hizo sus
estragos en la población, acabando con la vida de cientos de personas.
Para 1922, el pueblo contaba con 383 jefes de familia,543 probablemente
unas 2000 personas, casi la misma población de cien años atrás.
Después de la Revolución, se suscitaron en la región algunos con-
flictos sociales relacionados a la rebelión Delahuertista, la Reforma Agra-
ria y la Guerra cristera, pero de menores consecuencias que en años an-

215
villaseñor / martínez

teriores. También se hicieron dotaciones de tierras, para crear los ejidos


de Acuitzio, el Tzintzun, Ziparapio el Alto y San Andrés Coapa.544 Con la
creación de los municipios de Villa Madero (1914), Lagunillas y Huiram-
ba, Acuitzio quedó despojado de estos poblados, experimentando un pe-
riodo de poco crecimiento.545 Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el
municipio volvió a la tranquilidad; contaba con una escuela en la cabecera
y otras seis en sus tenencias y rancherías, oficina de correos y una Cámara
Nacional de Comercio fundada para promover y defender a las empresas
del municipio. No obstante, los ingresos municipales eran pocos, por lo
que se tenían demasiadas carencias de infraestructura.
En 1939 se segregaron los poblados Umécuaro y Nieves de la Tenen-
cia de Undameo del municipio de Morelia, para anexarse a la cabecera del
Municipio de Acuitzio, pero al siguiente año Undameo volvió a ser tenen-
cia de Morelia. Lo mismo sucedió con la tenencia de San Diego Curucupa-
seo, que en mayo de 1943 se segregó del municipio de Villa Madero y se
anexó al de Acuitzio del Canje, pero poco después regresó a Villa Madero.
Es posible que estas asignaciones hayan beneficiado de alguna manera a
la cabecera municipal, pero hasta ahora esto no se ha documentado.

3.- Las últimas décadas

En la década de 1960 se construyó el tramo de carretera que pasaba por


Cointzio, entraba a Acuitzio y de ahí continuaba hacia Villa Madero,
para bifurcarse con rumbo a Tacámbaro.546 Luego, a principios de los
años 70, se construyó la carretera pavimentada Morelia-Acuitzio-Villa
Madero, lo que permitió una mayor comunicación entre estas localida-
des y con ello mejoró el intercambio comercial de la región. También en
esta década se instaló la Productora Forestal de Acuitzio y Villa Madero,
una fábrica de muebles que dio empleo a más de 200 obreros, pero tam-
bién ocasionó problemas de deforestación y contaminación. La explota-
ción inmoderada significó la escasez de leña para cocinar y para usarse
en los hornos de pan, los de teja y piezas de alfarería. Por otro lado, en
1976 se creó la Escuela Secundaria Técnica Agropecuaria y en 1984 el

216
acuitzio / monografías municipales

Colegio de Bachilleres, lo que permitió a los habitantes acceder a una


mejor preparación académica.547
Se conocen pocas fotografías que permiten ver cómo el aspecto de
Acuitzio en la primera década del siglo XX, pero hay una colección rica
de fotos de la segunda mitad del mismo siglo. En 1966, el californiano
Raymond E. Wiest comenzó una investigación en Acuitzio sobre los mi-
grantes a los Estados Unidos, el impacto de las remesas en las familias de
los migrantes y en desarrollo rural de la comunidad. Como producto de
su trabajo presentó en 1970 una tesis en la Universidad Oregon, Estados
Unidos, con la que se tituló. Posteriormente, complementó su investiga-
ción y publicó los resultados en varias revistas. Una de las observaciones
que hace Wiest es que las familias de los migrantes estaban haciéndose
dependientes de las remesas obtenidas, lo que les permitían resolver sus
necesidades básicas, pero que la población comenzaba a reproducir las

Avenida principal, Kiosko al fondo y transporte, 1966 (Foto: Raymond Wiest, Archivo
Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

217
villaseñor / martínez

formas de vida capitalista.548 No se aborda mucho el tema de la arquitec-


tura y, a juzgar por las fotografías, no se aprecian en las décadas de 1960
y 1970 casas que imiten las del país vecino, aunque es una percepción que
carece de más elementos para asegurarlo.
Las fotografías que Wiest tomó entre 1965 y 2006, como parte de su
trabajo, revelan una parte de la forma de vida de los acuitzenses en ese
periodo de tiempo. Éstas tienen como temas predominantes las activida-
des productivas y cotidianas de la gente, las fiestas patronales, la arquitec-
tura del lugar y los paisajes naturales. Las fotografías de las actividades
productivas fueron tomadas en espacios interiores y exteriores, lo que da
un panorama más amplio de las dinámicas socioculturales y económicas
del pueblo. En espacios interiores le interesaba retratar a las personas en
sus actividades productivas, como las del panadero, la tortillera, el alfa-
rero, el tejedor, el carpintero, el tendero y el que fabricaba adobes, entre
otras. En espacios abiertos capturó a los campesinos arando la tierra, al
albañil, al paletero, a la señora vendiendo comida, objetos de madera o
fruta, así como al niño que vendía revistas, al señor que ofrecía pastura o
al que comerciaba leña.
Más allá de las actividades productivas, la vida cotidiana queda evi-
denciada en las fotos tomadas un domingo o un día cualquiera, donde los
niños salen de la escuela, un grupo de personas caminan por las calles y
en por la plaza principal, se sientan en las bancas a platicar y comer, lavan
su ropa, se bañan en el ojo de agua o esperan el camión para dirigirse a
Morelia o Pátzcuaro. También captura las fiestas celebradas en las calles,
en la plaza principal, los atrios de los templos y al interior de las casas. La
mayoría de tomas son cercanas y panorámicas, a ras del suelo, pero tam-
bién hay otras hechas desde lo alto de la torre del templo de San Nicolás
y desde el campanario de la capilla del Sagrado Corazón.
Respecto a la arquitectura, en las fotografías de Wiest se puede ver
que el caserío de Acuitzio era más o menos homogéneo, en su forma, al-
tura y materiales. Algunas de las construcciones más céntricas muestran
ligeramente una mayor jerarquía que el resto, al ser más altas o de dos
niveles, tener marcos de cantería alrededor de vanos, y poseer balcones.

218
acuitzio / monografías municipales

Las que rodean la plaza principal tienen portales al frente, para proteger
de la lluvia y el sol a quienes acudían a los comercios que se ubicaban en
la planta baja de las casas. Sobresalen de manera más clara los edificios
religiosos y el reloj de la presidencia municipal.
Como se observa en las fotos, las casas estaban construidas con muros
de adobe, cimientos y sobrecimientos de piedra, cubiertas con viguería de
madera y techos inclinados a dos aguas, formados con estructuras de ma-
dera y tejas de barro recocido. En su mayoría son de un solo nivel, aunque
también las hay de dos, siendo de unos cuatro metros de altura los edificios
más cercanos a la plaza principal y más bajos las de la periferia. Casi todas
las construcciones tienen en la fachada varias puertas, pero pocas ventanas
o ninguna, posiblemente porque era común que los espacios que daban
hacia la calle fueran utilizados como locales comerciales y no requerían de
ventanas como sí lo hacían los espacios destinados a recámaras o salas.549
En la composición de las fachadas predomina el macizo sobre los vanos rec-
tangulares, verticales, con ventanas de madera. Los colores predominantes
son el rojo óxido de los techos y rodapiés, así como el blanco en los muros,
pero también se aprecia una gama reducida de colores en tonos pastel: color
paja, café claro, verde, azul cielo y salmón. En las fotografías tomadas desde
lo alto de uno de los templos, se aprecia que muchas de las casas tienen pa-
tios interiores y huertos arbolados. Algunas de las casas que aparecen en las
fotografías se emplazan en ambientes rurales, en torno a calles enlodadas.
Son casas bajas de adobe, sin aplanados, o de madera, tipo trojes, con pocos
vanos, cubiertas con tejados a dos aguas.
En varias de las tomas se puede ver el trazo de las calles, algunas
rectas, otras irregulares, ya sea empedradas o de tierra. También apare-
cen varios espacios abiertos, de los cuales destaca la plaza principal, con
su quiosco central de hierro. Este espacio siempre ha sido el corazón del
poblado, un punto de encuentro, un referente, donde la gente acude para
participar de las fiestas cívicas y religiosas o simplemente se reúne, para
convivir o pasar un momento de ocio.
En las tomas del investigador Raymond también aparecen los pai-
sajes naturales, ya sea en un segundo plano o como objetivo principal. Los

219
villaseñor / martínez

campos agrícolas se extienden hasta el horizonte y solo son cortados por


altos cerros. Sin saber que pensaba el fotógrafo o quería demostrar, pode-
mos tener algunas ideas, como la del campesino en proceso de extinción,
sustituido por los que se dedican a actividades secundarias y terciarias o
porque dejaron el campo para migrar a los Estados Unidos en busca de
mejores ingresos económicos.
En sus fotografías Wiest no muestra solamente una localidad rural
típica de Michoacán, sino que nos presenta un pueblo vivo, inmerso en
sus actividades habituales: productivas, de descanso, fiestas y conmemo-
raciones. Un pueblo que mantiene sus tradiciones pero que no rechaza las
novedades de una vida urbana. A diferencia de aquellos fotógrafos que
retratan la arquitectura y dejan fuera a la gente, o los que incorporan a
indígenas y modelos que deben posar para la foto con el fin de lograr una
composición estética y romántica, Wiest captura escenas cotidianas, de-
jando en el cuadro a hombres, mujeres y niños en sus actividades norma-
les, que no se percatan de la presencia del fotógrafo. Las tomas tampoco
evitan los anuncios publicitarios, los automóviles, los perros callejeros o
todo aquello que es parte de la realidad.
Cuando se hace un recorrido por Acuitzio y se compara con las fo-
tografías del mismo lugar, tomadas hace unas cuantas décadas por Wiest
y por otros fotógrafos, se pueden identificar cambios significativos en
varios aspectos. Hablando específicamente de la arquitectura, se puede
notar una clara destrucción de la arquitectura tradicional, que se ha esta-
do sustituyendo por edificaciones contemporáneas, fabricadas principal-
mente con tabique y concreto, de dos o hasta tres niveles, rompiendo así
la fisonomía del poblado. Muchas de las casas habitación son de uso mix-
to, pero otras se han adaptado como tiendas de diferentes giros o como
bodegas. En varios casos, las construcciones son similares formalmente a
las que fueron demolidas; pero en otros, las nuevas edificaciones ignoran
totalmente la arquitectura prexistente. Las calles que rodean la plaza prin-
cipal y la avenida Vicente Riva Palacio son las más comerciales, por ser las
arterias principales y alrededor de estas arterías es quizás donde se han
hecho más cambios en las edificaciones.

220
acuitzio / monografías municipales

Al transformarse la arquitectura, la imagen urbana del poblado se


altera significativamente y pierde parte de su atractivo para el visitante
que espera ver un poblado “típico” de Michoacán. Si a esto se le agrega
que en las últimas décadas han aumentado los puestos comerciales que
invaden las circulaciones y espacios públicos, la imagen se ve seriamente
afectada. El caso más evidente es el de puestos semifijos de alimentos,
cubiertos con lonas, que bloquen la vista de uno los portales, donde se
presume está una de las casas más antiguas de la localidad, pero también
destacan los toldos de muchos de los locales comerciales y los colores “lla-
mativos” utilizados en algunas las edificaciones, sin ninguna restricción,
que le dan a la zona de monumentos un aspecto al menos uniforme.
El fenómeno de transformación de la vivienda tradicional como el
que se da en Acuitzio se ha estado dando en todo el país, de manera más
acelerada en las últimas tres décadas. Aunque cada lugar puede tener
sus causas particulares, entre los principales factores que lo provocan
se encuentran la urbanización de zonas rurales, la interrupción en la
transmisión del conocimiento popular, el encarecimiento y escasez de
materiales vernáculos de construcción (como la madera y el adobe), así
como las políticas públicas que promueven los materiales industrializa-
dos. También está presente la idea de progreso relacionada a la arquitec-
tura moderna y la de edificios de mayor duración, al utilizar materiales
como el concreto, el acero y el tabique. Todo ello conduce a la pérdida
del patrimonio arquitectónico, pero también de algunos valores históri-
cos relacionados a lo material.550
De fondo, la transformación de la arquitectura es un tema comple-
jo y multifactorial, donde intervienen procesos ideológicos, culturales,
económicos, políticos, administrativos, tecnológicos, entre otros. Sabe-
mos que la morfología urbana y la arquitectura no es ni puede ser está-
tica, sino cambiante, producto de la adaptación a las necesidades físicas
e ideológicas de sus habitantes; su historia es de larga duración, como
dice Lynch, son producto de una sucesión ininterrumpida de fases.551 La
cuestión es si esta transformación puede y debe ser evitada o no. Aquí
es donde se confrontan, por un lado, los ideales de “progreso”, las cues-

221
villaseñor / martínez

tiones pragmáticas y beneficios económicos que implica adecuar una


vivienda como comercio o como casa habitación moderna; por otra, la
conservación del patrimonio, la preservación de la tradición, la imagen
idílica del lugar, incluso cuestiones de orgullo, sentido de memoria his-
tórica y otros temas simbólicos.
El 2 de diciembre de 2022, el Instituto Nacional de Antropología e
Historia y las autoridades municipales de Acuitzio firmaron un convenio
de colaboración para la preservación de la zona arqueológica y de monu-
mentos de esa localidad, con la finalidad de evitar actos que destruyan la
arquitectura tradicional. En el marco de ese convenio, el presidente mu-
nicipal Miguel Ángel Villaseñor se comprometió a iniciar un diálogo con
la población para que se realicen mejoras dentro de los lineamientos que
marca el INAH, mientras que el delegado de ese Instituto, Marco Antonio
Rodríguez, reconoció que Acuitzio tiene una riqueza arqueológica, histó-

Carro alegórico de fiestas patrias ,1967. Primer Cuartel Avenida Principal (Foto: Raymont
Wiest. Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

222
acuitzio / monografías municipales

rica y cultural, por lo que se comprometió a coordinar la protección del


municipio e impulsar un museo comunitario.552
Pero Acuitzio no es solo la zona de monumentos sino todo el pobla-
do, incluyendo los asentamientos periféricos. El crecimiento de la mancha
urbana de la cabecera municipal, ha sido lento, pero de manera desorde-
nada, a falta de una planeación efectiva.553 Por esta razón, a iniciativa de
los representantes del ayuntamiento actual, encabezados por el ciudada-
no Miguel Ángel Villaseñor Arreola, se firmó un convenio con la Facultad
de Arquitectura de la Universidad Michoacana para trabajar en conjunto
en un Plan de Desarrollo Urbano Municipal.554 En la actualidad ya se está
realizando el proyecto por parte de estudiantes y la asesoría de profesores
de la misma institución educativa.

4.- A manera de reflexiones

La zona de monumentos de Acuitzio del Canje sin duda posee virtudes


urbano- arquitectónicas, artísticas, simbólicas y pragmáticas, que le con-
fieren un valor patrimonial. El gobierno federal reconoció estos valores a
través de la declaratoria del año 2001, para lo cual enlistó aquellos edificios
que conservaban sus características tradicionales, como estar alineadas a
la calle, tener una patio central o lateral, un sistema constructivo a base de
muros de adobe, techumbres de madera y terminadas en teja, vanos en pro-
porción vertical enmarcados por jambas y dinteles de madera, entre otras
características, que en conjunto daban a dicha zona un aspecto homogéneo.
En la declaratoria también se consideró que la traza urbana y la arquitectu-
ra son producto de un largo proceso y por lo tanto son testimonio de hechos
históricos que dan identidad a la sociedad que lo habita.
Como ya se ha señalado, ninguno de los edificios se congeló en el
tiempo y ha llegado hasta nuestros días sin alteración alguna, sino pro-
ducto de múltiples historias, reflejo de las personas que los han creado,
los han habitado y los han modificado, de acuerdo a sus necesidades, gus-
tos y recursos. En este proceso de siglos, muchos edificios se han trans-
formado y otros han desaparecido irremediablemente. Lo que preocupa

223
villaseñor / martínez

es que este proceso de transformación y pérdida de la arquitectura que se


había experimentado de manera lenta a lo largo de los siglos, se ha acele-
rado exponencialmente en las últimas décadas, alterando ya no solo unos
cuantos edificios, sino toda la imagen urbana.
Parece evidente que la declaratoria de 2001, cuyo principal fin era
la de proteger la zona de monumentos de este lugar, bajo las leyes fe-
derales correspondientes, no ha estado cumpliendo con su propósito.
Por fortuna, recientemente las autoridades han hecho conciencia de esta
situación y se encuentran en la mejor disposición para dialogar con los
vecinos para conciliar sus necesidades con las leyes y reglamentos que
buscan la protección de la arquitectura para uso y disfrute de los vecinos
de Acuitzio y de los visitantes.

224
acuitzio / monografías municipales

capítulo viii
Migrantes somos y a otros lares vamos

Por: Álvaro Ochoa Serrano


El Colegio de Michoacán

1.- Acuitzio un punto de partida

Localidad en el centro geográfico michoacano que tiene mucho camino


rodado en el tema, sobre un espacio de tránsito a Tierra Caliente al sur y
al Bajío hacia el norte. Merecedora de referir una historia social. Cuéntase
que desde tiempo inmemorial su gente frecuentó a los chichimecas nor-
teños y movedizos. De la misma manera, bajo el mando de un principal
puesto por el señor de Mechoacán o irecha, en su antigüedad hizo ronda
con los de Tiripetío que sacaban oro.555
Tras la conquista española, ya en el naciente orden colonial novohis-
pano, Tiripetío fue encomendado a Juan de Alvarado hasta su muerte en
1551, y sería el primer convento que fundaron los agustinos en la provin-
cia michoacana de San Nicolás Tolentino. Tuvo afamada escuela de altos
estudios y centro de capacitación para el trabajo en la comarca. Asimismo,
monasterio insigne y grande edificio de iglesia. Porque la iglesia en coro
fue escenario que concertó diversas culturas.
En el concierto de 150 vecinos, algunos solteros y viudos, al rayar
el XVII, las artes jugaron un papel importante. La filarmonía, agrega-

225
villaseñor / martínez

da a más oficios, propició que Tiripetío y sus pueblos sujetos (Acutzeo,


Uquajunbo, Ychaqueo, Oporo, Chiquaquaro, Santa Catalina, Quiringua-
ro, Tupataro y Cuntenbaro) fueran abastecedores de oficiales; pero les lle-
gó gran parte de su ruina, “por la salida que hacían a otros pueblos, y no
volvían”. A más de la mortandad de pobladores originarios.556
A los remanentes tributarios de la corona española le buscan reaco-
modo. Mediante el mandamiento virreinal de 1602, se procedió en 1633 a
congregar Ychaqueo, Petatzequaro, Guajumbo, Omequaro, Chiquaquaro,
Haratzeo, y Tararameo en Acuitzio que, previo a la concentración, con-
taba 20 vecinos, jefes de familia. En 1639 el obispo electo Fray Marcos
Ramírez de Prado daba cabal cuenta de que Acuitzeo y Jesús Guiramba
eran pueblos dependientes de la doctrina de Tiripetío. Si bien el primero
entabló pleito por tierras con el convento y otros estancieros.557
Resistían la residencia de forasteros en el pueblo, aun la del re-
caudador de diezmos y arrendatario de la comunidad. Para una mejor
vida, el mercedario Álvaro de Soria, visitador del obispo Marcos Ramírez
de Prado recomienda al prior de Acuitzio en noviembre de 1664 buscar
personas con quien casar a las jóvenes, viudas, viudos y demás solteros,
“descargando en esto la real conciencia de su majestad que tanto encarga
el que se cuiden los pecados públicos tan en ofensa de Dios nuestro se-
ñor como asimismo la conciencia de su alma.” Que una vieja y un viejo
enseñaran la doctrina cristiana; y, encarga ponga orden en los libros de
bautismos, entierros y casamientos.
Mandó al mayordomo, al prioste, actuantes y a los venideros no
descuidaran las siembras y sementeras para el hospital ni disiparan sus
bienes y ganado. Declararon tener 120 reses hembra y macho añejo y chi-
co y 26 yeguas.558 Años adelante, para 1681, sobresalía la iglesia. Incluía
102 tributarios casados, 14 viudas y viudos; 185 púberes, de los cuales 30
comulgaban. Aparte del paisaje humano, resalta el hospital con su capilla
y órgano. Para su apoyo, poseía una hacienda; de la misma manera,
movían un molino de pan.

Tienen trato los naturales de este pueblo de maíz y trigo que siembran, mu-
cha tablazón y maderas que venden por estar a la ladera de un monte. El

226
acuitzio / monografías municipales

pueblo es muy ameno; de mucha fruta de que venden también los natu-
rales, mucha con que lo pasan los naturales con descanso. Y son los más
abastecidos de la doctrina.559

Transacciones que amplían las relaciones exteriores y establecen


otros asentamientos humanos en su interior. Había en los alrededores
catorce ranchos y estancias en que habitaban seis españoles casados, sie-
te del muchacherío; once mestizos matrimoniados, 41 en la mocedad;
seis mulatos en pareja, 13 jóvenes; siete indios casados, nueve mucha-
chos y muchachas; un par de españoles en viudez con una niña de co-
munión; tres mestizos solitarios con siete menores; una viuda india con
tres muchachos.560
A la vuelta de siglo, el geógrafo José Antonio Villaseñor y Sánchez
describía en 1742 que Acuitzio:

es república y gobierno de indios, habitado de ciento treinta y seis familias


de la misma calidad, y de once de españoles y mestizos. Seis cuantiosas ha-
ciendas de labor hay en el recinto de este partido, que llevan en abundancia
maíz, trigo y otras semillas; y para su cultivo viven en ellas ocho familias de
españoles, sesenta de mulatos, y ciento dos de indios; y a más de la labran-
za, tienen muchas crías de ganado mayor y menor.561

El pueblo creció “así en indios como en gente de razón”. El minis-


tro certificaba el padrón pascual en junio de 1782 con la nota de que, “a
excepción de algunos, que por trabajar en Tierra Caliente, hasta los meses
de julio y agosto, no cumplen con los preceptos de confesión y comu-
nión…” Igualmente, en la matrícula de tributarios de 1794 ya se hablaba
de reservados ausentes.562 Es de advertir que, a estas alturas, mantiene su
república de indios y sobreviven los originarios apelativos Copándaro,
Tiztziqui, Xarácuaro y Huacuz.
Por su lado, el régimen borbónico patrocina las ferias para alentar
el comercio, ordena no prohibir tianguis y mercados en los pueblos; fo-
menta los oficios. A la par, implanta el régimen de intendencias en vías de
una mejor administración, y las milicias provinciales para la seguridad
del reino. Transitarían arrieros, comerciantes ambulantes, personajes de
huacal, y milicianos. En el padrón de 1782, vemos anotados a Martín He-

227
villaseñor / martínez

rrero, Nicolás Juan Pintor, Juan Obrajero, Francisco Curtidor, Feliciano


Zapatero y Serapio Soldado.563
La corona española misma enfrentaba guerras en Europa y, para sos-
tenerlas, demandó la ayuda económica de sus reinos. Al cerrar la centuria,
cuerpos y personas particulares de la Nueva España realizaron aportacio-
nes “por vía de préstamo y donativo para las atenciones del Real Erario”.
Las repúblicas de naturales, tomando de los fondos comunes, pusieron
su contribución. Acuitzio aportó diez mil 477 pesos; Etúcuaro, 696; Un-
dameo 397; Tiripitío, 150, Atécuaro, 150; y Guiramba, ciento cuarenta.564
Reflejaba una fortaleza económica frente a sus pares que, en 1801,
San Nicolás Acuitzio aprovecha para insistir en una añeja queja y pedir
al intendente vallisoletano la independencia respecto a la subdelegación
de Tiripetío y que no se les obligara a llevar mano de obra y maderas a la
cabecera.565

2.- La guerra independentista, pendencias y la alteración del orden

Acuitzio y su entorno, paso natural de la tierra caliente a Valladolid, sirvió


de teatro a varios actos violentos, pasarela de algunos actores, incluyendo
extras locales. El 18 de mayo de 1811, Antonio Linares atacó a los insurrec-
tos de José Antonio Torres en La Tinaja, muy cerca de la población. A casi
de caer rendido, Torres recibió refuerzos de Ignacio López Rayón y puso
en fuga a los realistas que “perdieron hasta los equipajes que tenían en el
punto de Jesús Huiramba”.566
Acción no registrada en la realista Gazeta del Gobierno de México que
sí la derrota del tacambarense Manuel Muñiz en la loma de San Juan el 7
de septiembre. Detallaría la persecución y ataque a éste, a Torres y a Lu-
ciano Navarrete en la Alberca de Sipimeo por Joaquín del Castillo y Bus-
tamante. Además, consignó “el castigo que debía hacerse en el expresado
Acuitzio,” prenderle fuego al poblado.567 Y, consiguiente a la chamuscada,
se dispara una migración forzada.
Desde Llano Grande, jurisdicción de Tacámbaro, el 20 de diciem-
bre de 1813, en la víspera del malogrado ataque a Valladolid, José María

228
acuitzio / monografías municipales

Morelos ordenó moler carbón. En su escrito se percibe y deja entrever la


reducción de bosques en la zona. Le indicaba a Mariano Matamoros:

Mandará V.E. recoger el carbón de pino que se haga esta noche con las lum-
bres, para que llevándolos en costales se pueda moler en Acuitzio mañana,
para la tiznada que tenemos dicho; regulando un costal por cada Reximien-
to; en arrollo ondo puede V. E. coger el carbón, pues adelante no hay monte;
y si se proporcionare alguna leña no la deseche, pues adelante no hay y [la]
necesitamos para asar la Carne.568

Aunque desaparecido Morelos de la escena bélica en 1815, “las


gavillas de Acuitzio al mando del cabecilla Saavedra” mantenían la
lucha en la región echando mano de “fusiles de cobre” y conviviendo
con “gente de color de Tierra Caliente” todavía en 1818, se decía. Mien-
tras que los insurgentes Anaya, Huerta, Lobato y Martínez sonaban
por el rumbo en 1819.569
Dependiente de Tiripetío, el pueblo y vicaría fija de Acuitzio en-
tró a la vida nacional con dos millares y 85 almas. Juan José Martínez
de Lejarza, en su Análisis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822,
escribe: “Es frío, y sus habitantes labradores se ejercitan únicamente en
las siembras de trigo y maíz”. En ese terreno, el ayuntamiento presionaba
para que los ranchos no arrendados se facilitaran a arrendatarios un año
de balde, gratis, “bajo la condición de que han de cultivar las tierras”.570
Sobra decir que mucho ganado se perdió en la guerra, arrastrando secue-
las pecuniarias.
Tocante a celebraciones y diversiones en el ambiente, repitiendo
viejos tiempos, en septiembre de 1822, el diputado Francisco Camarillo
señalaba que en la función de San Nicolás “hay muchos desórdenes”;
trastornos que podrían evitarse “yendo una partida de Milicianos Nacio-
nales de Tiripetío”.571 Sin duda, la fiesta lucía como un lugar de encuentro
social y destinos personales. Eran días contados para mudarse de pie al
pueblo; había comidas abundantes y charape.
Pero hubo desencuentros en las altas esferas. Inquietudes extrañas.
Un José Cristóbal Jiménez de Mejía llegó a Huetamo en 1826. Persuadió
de sus conocimientos en minas al Lic. Juan Pastor Morales quien lo instaló

229
villaseñor / martínez

a dirigir el mineral del Espíritu Santo. Antecedido de asesinatos, Jiménez


Mejía reunió varios sujetos a su favor y asaltó el comercio del español
Francisco Iturbe en Pátzcuaro el 18 de junio de 1827. Por noticias ciertas
de Tiripetío y otros puntos, se supo que intentaba una segunda acometida
para “robar y acaso asesinar a los españoles”. A la vez, el caporal y va-
queros de la hacienda de Coapa lograron su captura, y el administrador
Ponce de León lo puso a disposición del gobierno en La Laja.572
En aras nacionalistas y para fortalecer la independencia, el presiden-
te Guadalupe Victoria decretó la expulsión de españoles en diciembre de
1827. El gobernador J. Trinidad Salgado le asegunda en Michoacán.573 La
cizaña antiespañola afectó el gran comercio; y, la minería de Tierra Caliente.
Tocó a Valladolid, centro de atracción más inmediato para vecinos de Acuit-
zio, que le cambiaran el nombre. Morelia tardaría en ser familiar.
En los asientos parroquiales de esos años se nombra al descendiente
de los primeros pobladores originarios, al ciudadano mexicano; y no falta
español como sinónimo de criollo, indio e indio laborío. Ejemplo de lo
anterior y de traslación es el de José Esteban Zúñiga, indio laborío de 46
años, originario de Salvatierra y vecino del Rancho de Páramo “ha cuatro
años”; en julio de 1828 quiere contraer matrimonio con María Guadalupe
Huerta de 35 años, originaria de Salvatierra y “vecina del Rancho de Pára-
mo ha catorce años, viuda de José Trinidad Carrillo sepultado en la Iglesia
de dicho Salvatierra”.574
Pretensiones de casorio y movimientos de un rancho a otro, al
pueblo y vecindades eran habituales. Más allá de los linderos parro-
quiales, entre 1828 y 1832, venían de las jurisdicciones de Tancítaro,
Tacámbaro, Tzintzunzan, Pátzcuaro, Erongarícuaro, Cocupao, Valla-
dolid, Cuitzeo, Indaparapeo, Maravatío, Acámbaro, Uriangato juris-
dicción de Yuriria Apúndaro. Quienes salían a ganarse el pan para
mantener a la futura esposa, en general, no tenían “vecindad ni resi-
dencia considerable” fuera de Acuitzio.
Sea como fuere, los pleitos de federalistas y centralistas en las cerca-
nías, incluido el iracundo cólera de 1833, no desviaron la tarea de labrado-
res en los ranchos ni distrajeron mucho las saludables intenciones de pre-

230
acuitzio / monografías municipales

tendientes y pretensas de ir al altar. Los libros de la ayuda de parroquia


del pueblo de San Juan Bautista Tiripetío de 1832 a 1838 guardan en sus
fojas trámites de parroquianos con vida en Ario, Copándaro, Huaniqueo,
más varios sitios de los mencionados antes.
La diligencia más lejana y andada sería la de Lorenzo Araiza, ciuda-
dano, soltero de 50 años, originario de la Hacienda de la Sauceda jurisdic-
ción de San Luis Potosí y vecino de Acuitzio. El 18 de octubre de 1834 juró
querer contraer matrimonio con Ma. Agustina Cortez, ciudadana, soltera
de 43 años, originaria de Huaniqueo y vecina de la ya Morelia treinta
años. Atestiguaron Pedro Durán, casado, 48 años, originario de Acámbaro
y vecino del pueblo; y el lugareño Pablo Gamiño, viudo, de 54 años.575
Otro caso para documentar la migración –y el cólera chico– en la
región es el de Francisco Alva, muerto en Taretan hacia 1850. Viene a
cuento porque su viuda, originaria de Acuitzio, es pretendida en 1856.
En este año 56, dos testigos aseguraron haber visto al difunto envuel-
to en su mortaja: Pedro Murguía de 47 años, bien casado, oriundo de
Tangancícuaro y avecindado en Taretan hacía 23 años; Santos González,
matrimoniado, 40 años vividos, originario de Puruándiro y vecino de
Taretan por 14 años.576
Resta agregar que el cólera chico pegó fuerte en 1850. Inició en
abril y terminó en agosto. Tan solo en lo más intenso de mayo y junio
cargó con 102 en el pueblo, 83 adultos y 19 párvulos; y, 67 en los ranchos,
54 grandes y 13 pequeños. La colérica parca agarró parejo a hombres y
mujeres. La mayoría de “petateados” en el pueblo, indígenas; y murie-
ron más niñas que niños.577
Mas se repone la desaparición de pobladores originarios y estos re-
sisten de momento el reparto de tierras comunales por parte del gobierno
en 1851. En cuanto al ámbito civil, en abril de 1856, el gobernador Miguel
Silva Macías elevó Acuitzio a cabecera de municipalidad con su cabil-
do.578 Alrededor de esos años, José Guadalupe Romero le anota que “tiene
regular plaza, dos mesones, una escuela para niños, ayuntamiento cons-
titucional”. Sus habitantes “se mantienen principalmente del comercio, la
agricultura y la arriería”.579

231
villaseñor / martínez

Trashumantes y recuas sortean la lucha de liberales y conservadores


entre 1858-1860, y después. Ambiente perturbado, propicio para rapto de
sabinas y relaciones ilícitas en primer grado. En 1860, Santiago Caliz, Pa-
tricio Pintor, Agustín Cruz y Jesús Bravo sustrajeron a sus novias del ho-
gar materno-paterno con objeto de contraer matrimonio. Previa licencia
de sus mayores, y a pesar de la separación iglesia-estado, el juez solicita
al señor cura procediera a sancionar la unión de esos seres. Al delincuente
anónimo se le impuso una conveniente penitencia espiritual y quedó, por
vergüenza, oculto.580
En cambio, Albino Fragoso (propio de San Miguel, vecino de la
parroquia, residente en Taretan dos años y vuelto a su origen seis me-
ses) y Herculano Palmeño (originario de Cuitzeo de la Laguna y vecino
desde niño en Acuitzio) pidieron permiso. Igual hizo en 1861 Francisco
Huacuz. Declaró ser oriundo del pueblo, asentado en Ario cuatro años,
vuelto a su origen y vecindad un mes, soltero, 20 años. Muy en forma,
en febrero de 1863, el enamorado Juan Crisóstomo Zinzun, de Cuanajo
y avecindado en el pueblo, busca casarse con una originaria de Irapuato
que vive en Acuitzio. Otros confines nombrados en la variedad de ex-
pedientes matrimoniales son Carácuaro, Quiroga, Irimbo, San Martín
comprensión de Puruándiro.581
Sin embargo, se juntarían la pena y el dolor al saltar plagas que
arroja la guerra de intervención francesa. Guerrillas republicanas forma-
das “en su mayor parte de gente que, aunque animada de patriotismo no
dejaban de hacer sentir en los pueblos y ranchos su falta de educación
civil y militar.” Como la que el 5 de agosto de 1864 cayera sobre el pue-
blo saqueando completamente las casas.582 Al contrario, tras el respiro del
canje de prisioneros, el monárquico Ramón Méndez apostaba su tropa en
Acuitzio para cortar los movimientos de Régules en la región.583
En plena tempestad republicana, el 27 de agosto de 1865, el jornalero
José Guadalupe Aguilar, aunque “sumamente pobre y para mantener a sus
insolventes padres tiene necesidad de trabajar gastando diariamente lo que
adquiere” quiere casarse con Paula Bernal procedente de San José Casas
Viejas del Obispado de León; ella de 17 años, y tres de residencia en esta

232
acuitzio / monografías municipales

feligresía; “se vino con sus hermanos [por] la carestía de maíz”. Misma ruta,
el 6 de junio de 1867, Catarino Rodríguez originario del rancho de Navi,
jurisdicción de San José Casas Viejas, vecino de Acuitzio, pretende a Petra
Romero del mismo origen y vecindad, viuda hacía 12 años.584
Previo al término de la intromisión francesa, y en circunstancias al-
teradas, sucedieron raptos de novias nuevamente en la localidad; fecha-
dos el 13 de mayo, 22 de julio, 6 de octubre y 10 de noviembre de 1866 y el
6 de marzo, 25 de mayo y dos de julio de 1867. En otro campo, el gobierno
triunfante continúa el reparto de tierras comunales en 1869 y acaba con
las de Acuitzio al final de siglo.585 Como sea, en la región corrían derrota-
dos resentidos, agitando el bandolerismo, “azote de los vecinos pacíficos
y trabajadores de las rancherías de la municipalidad de Acuitzio.”586
En dichas correrías, dejó recuerdos la entrada del sublevado Ma-
nuel Fuentes el 2 de enero de 1870, que impuso y recogió un présta-
mo, llevándose algunos caballos. Más quedó en la memoria el ataque
de Víctor González, Rangel, Álvarez, Domingo Juárez y un francés el
15 de octubre. Destrozaron varias casas. El cura Diego Navarro impidió
que los atacantes mataran a los vencidos y salvó la vida al empleado de
rentas que iba a ser fusilado.587 Cuestión que no interrumpió el correr de
trámites matrimoniales en los que se agrega Valle de Santiago, ni mentar
para bien a otro sacerdote.
Voceado por otros, La Bandera de Ocampo, periódico liberal, nada
menos, externaba elogios en sus páginas acerca del virtuoso sacerdote
Antonio Albarrán Monterde, cura párroco. Quien estableció una cáte-
dra de español que sirve él mismo personalmente y de manera gratuita
“sin más fin que el adelanto de la juventud.” Concurren doce alumnos.
También, estableció una escuela gratuita para niñas y otra nocturna
para adultos.588
Por eso, Mariano de Jesús Torres afirmaba: “Hay en lo que cabe,
cierta ilustración en Acuitzio, y así no es remoto ver un indígena bas-
tante práctico en la política y el foro.” A esa atmósfera, agréguese la
armonía lugareña de autoridades civiles y religiosas, manifiesta en la
festividad de San Nicolás.

233
villaseñor / martínez

Los indígenas cargueros preparan grandes comelitones para la comunidad


y demás convidados. Enormes ollas de corundas, tamales, etc. se preparan
en las casas de aquéllos. Se matan las reses suficientes; y, [se apura] el aguar-
diente, el pulque y el charape. Se brinda por los comprometidos.
Al primero que se obsequia es al señor cura y a las autoridades, siguien-
do después todos los indígenas.589

De ahí que Acuitzio no participara en el violento movimiento re-


ligionero contra el presidente Sebastián Lerdo de Tejada en 1874-1876,
quien por cierto pernoctó en el pueblo rumbo al exilio. Acaso saltó un
aislado caso cristero. Mediante facultades extraordinarias, el goberna-
dor de Michoacán autorizó al veterano Manuel González Guerrero or-
ganizar, en mayo de 1875, una guerrilla en la municipalidad. Fuerza
rural que en abril de 1876 sorprendió al religionero Nicolás Mauleón en
las afueras del poblado. Mauleón quedó muerto en el acto y sus pocos
secuaces huyeron. San se acabó.590

Panorámica de Acuitzio 1966 (Foto: Raymond Wiest, Archivo Histórico, Fotográfico y


Documental, Noel Téllez)

234
acuitzio / monografías municipales

Antes de ese fugaz acontecimiento, el Pingo Torres esbozó un cua-


dro numérico pero humano. Hacia 1875, la municipalidad de Acuitzio
constaba con el suyo, de ocho pueblos, una hacienda, 50 ranchos; y com-
prendía 21 mil 610 habitantes. Seis mil 874 solteros, 3537 casados y 415
viudos; diez mil 826 hombres, de ellos cuatro mil 76 pobladores origina-
rios y seis mil 750 que no lo eran. 753 sabían leer y 589 escribir. En el muje-
río, había seis mil 337 solteras, 3 mil 617 casadas y el doble de viudas, 830.
Un total de diez mil 784, de las cuales cuatro mil eran indígenas y seis mil
736 no consideradas como tales. Sabían leer 239 y escribir, 123.
Acuitzio ostentaba una bonita plaza donde se hace el tianguis los
domingos, con portales en las aceras norte y sur, tiendas de abarrotes y
ropa con regular surtido de Morelia, una botica, dos fondas. Las calles son
anchas, rectas y de buen piso, sus casas pintadas las más.
Sus vecinos se dedicaban a cultivar la tierra; y, más al corte de ma-
deras para la construcción, debido a los montes abundantes de pino. Ma-
terial del cual llevaban numerosas carretas a Morelia y al estado de Gua-
najuato. Los que conducían madera a Morelia se situaban muy temprano
los jueves en la plazuela de la Soterraña, donde era el mercado de aquella.
Torres juzgó que, al estar suficientemente repartida la propiedad,
la agricultura en buenas manos y el corte de maderas explotadas por los
naturales, no extrañaba que Acuitzio brindara suficientes recursos “al
hombre laborioso, y que se encuentren indígenas y otros particulares per-
fectamente acomodados.”591
Situación favorable que se proyectaba en la feria. Bien vale reprodu-
cir esa imagen en movimiento.

El santo patrono de Acuitzio es San Nicolás de Tolentino; en consecuencia,


la función titular se verifica el 10 de septiembre; sin embargo, cuando cae en
día de trabajo, se trasfiere la función para el inmediato domingo.
El día de la función, Acuitzio presenta un aspecto muy animado. Concu-
rren de todas las rancherías y poblaciones inmediatas, y aun cuando los ca-
minos están intransitables, por ser la temporada de las aguas, la concurren-
cia nunca disminuye ni escasea. Así pues, el día de la fiesta van de Morelia
vinateros, fonderas, etc. A poner cantinas y vendimias; comerciantes en pe-
queño de ropa, mercería y otras mercancías: “carcamaneros”, jugadores de
chuza y lotería y, en fin, una muchedumbre de gente alegre. Vienen de tierra

235
villaseñor / martínez

caliente los pintos o surianos con su camisa de fuera y su respectivo machete


a bailar y emborracharse, los rancheros de las haciendas y lugares vecinos
a pasear a sus mujeres, siendo muchas de éstas de una prodigiosa hermo-
sura; y por último, varias personas de la capital atraídas por el placer de la
fiesta o por la expectativa de algunas ganancias [...] En la plaza se levantan
tejados para las cantinas, puestos de fiambre, loterías, etc. Los portales están
obstruidos por los mercaderes foráneos y las calles todas inundadas de con-
currencia [...] Las danzas recorren todo el día las calles del pueblo; bailan en
el Curato, el juzgado y las casas principales, y las músicas no cesan.592

3.- El porfiado porfiriato y la revolufia

En el primer ascenso de Porfirio Díaz al poder, éste baja a la municipali-


dad de Acuitzio del distrito administrativo de Pátzcuaro en 1879 y la pone
en el de Morelia. La municipalidad abarcaba a las tenencias de Tiripetío,
Etúcuaro, Santiago Undameo, Átecuaro, Cruz de Caminos y Curucupa-
seo; Huiramba se queda en Pátzcuaro. Además, en octubre de 1888 elevan
la cabecera municipal a Villa de Acuitzio del Canje. Muy cerca, y como fi-
gura del nuevo orden y progreso, el ferrocarril Morelia-Pátzcuaro aparece
el 8 de abril de 1886 en la estación de Tiripetío pita y pita y caminando.
El tren lleva y trae gente. Entre otra, a Severiana Aguilar, pensionada de
Acuitzio para estudiar en la Academia de Niñas en 1892.593
Los montes resienten la explotación de madera para el tendido de dur-
mientes; y, la sustracción de resina en el permiso a industriales del aguarrás.
A la arriería se la llevó el tren en el Bajío y en caminos de la vida por donde
pasa. No obstante, el arreo de trotamundos se intensificó hacia Tierra Calien-
te. Se les veía cargando mulas en la reanimación de minas de Sinda, Etúcuaro
y Curucupaseo; y subiendo botes de trementina en el bosque.594
A la región arribaron agentes mineros. Uno de ellos, Cenobio Sán-
chez, quiso sentar cabeza de hogar. En enero de 1899, declaró ser ori-
ginario de San Bartolo (Álvaro Obregón), vecino de Acuitzio, y haber
vivido en México, Temascaltepec, Angangueo, Chapatuato y en Curu-
cupaseo. Viudo de primeras nupcias, pretendió en amores a Anastasia
Rocha, oriunda de Palo Blanco, quien vivió cinco años en los mismos lu-
gares de su pretendiente, viuda hacía ocho años, y enterrado su difunto
marido en Indaparapeo.595

236
acuitzio / monografías municipales

También, otros andariegos. Francisco Fraga, de 37 años, viudo des-


de 1888. El 19 de septiembre del 99 se presentó ante el cura para matrimo-
niarse con la célibe Sabina Reyes, originaria y vecina de Morelia. Manifes-
tó ser del Molino de San Rafael, jurisdicción de Tzintzuntzan, que vivió
en México, Tehuacán, San Andrés Chalchicomula, Veracruz, Celaya, en
Morelia 6 años, y residente al momento en la Villa de Acuitzio. Igual Ro-
berto Saldaña, soltero, 29 años en julio de 1900, oriundo de la Hacienda de
Santa Ana de los Lobos, comprensión de San Luis de la Paz, vecino desde
la infancia en San Miguel Allende, y con estancias en México y Celaya. La
pretensa Delfina García, de Salamanca, vecina de Yuriria, Santa Cruz, Ce-
laya, Santa Clara, San Miguel Allende; residente reciente en esta Villa.596
A la lista de nombres geográficos en los expedientes matrimonia-
les se agregan San Francisco Angamacutiro, Cuitzeo de Abasolo, Huango
(Villa Morelos) y Ucareo. Según el censo de Michoacán de 1900 habitaba
en Acuitzio gente de Aguascalientes, Guanajuato, Estado de México, San
Luis Potosí y Zacatecas. La estadística hablaba de tres millares 191 mora-
dores (1499 hombres y 1692 mujeres) en la cabecera y 21 mil 718 habitan-
tes (11050 hombres y 10668 mujeres) en el resto de la municipalidad.597
Las localidades más pobladas eran Atécuaro, 1546; Cruz de Cami-
nos, 1120; Tiripetío, 1012; Etúcuaro, 815; Santiago Undameo, 767; Arroyo
Hondo, 609; Hacienda de San Andrés, 593 y Marita 529. Con más de dos-
cientos en su haber: Tererio, Simpanio, Palma, Palos Altos, Yerba Buena,
Laguna Seca, Acaten, Tamanguio, Angostura, San Diego Curucupaseo,
Balcones, Paso del Muerto, Pastores, Hacienda de Coapa, Tumacuaro,
Huajumbo, Tirindiris y Parangare.
La mayoría de los seres se ocupaba en quehaceres domésticos (seis
mil 679), seis mil 263 jornaleros y peones en el campo, una treintena de
agricultores y 16 propietarios. 130 criados o sirvientes. En las minas suda-
ban la gota gorda 37 barreteros y pepenadores, 19 obreros en las hacien-
das de beneficio; y, un fundidor. Había 21 obreros de establecimientos
industriales. Uno de ellos, la cigarrera de Carlos Ma. Téllez, La Mensajera.
Numerosos los comerciantes, 240 en la municipalidad, quienes segura-
mente habían sorteado la carestía de maíz en 1892.598

237
villaseñor / martínez

Tres sacerdotes, un oficial del ejército, dos policías, un médico, cua-


tro parteras, un farmacéutico, dos agentes de negocios, un mecánico y
un cantante constituían la minoría especializada en la villa. En cuanto
a otros oficios, de más a menos, 82 obrajeros y tejedores de algodón, 59
carpinteros, 49 zapateros, 45 albañiles, 42 panaderos, 38 carboneros, 23
herreros, 21 alfareros, 18 curtidores,17 costureras, 15 sastres, 14 emplea-
dos particulares, 14 filarmónicos, 13 empleados públicos, once profesores
de instrucción y diez carretoneros. Menos de diez por gremio reboceros,
talabarteros, sombrereros, dulceros, peluqueros, jaboneros, leñadores,
matanceros y tablajeros.
En el nuevo siglo, abundan los guías y atajadores de recuas, cerca
del centenar en la municipalidad, los entes más movedizos de Acuitzio.
Haciendo un alto en el trajinar, el 1º de agosto de 1908 compareció Vi-
cente García, testigo en una declaratoria matrimonial. Dijo ser originario
y vecino del pueblo, casado, arriero, de 46 años andados. Porque en eso

Carro alegórico festejando un desfile (Foto: Raymond Wiest, Archivo Histórico, Fotográfico y Docu-
mental, Noel Téllez)

238
acuitzio / monografías municipales

de recorrer caminos y veredas, los vendedores ambulantes –los huacale-


ros– no se quedaban atrás.599
Nocupétaro, La Huacana, eran parajes conocidos, que no Yucatán.
Éste muy distante de Acuitzio; y es referencia en enero de 1908 en la pre-
sentación del pudiente don Librado Girón, criollito del lugar, soltero de 47
años; quien vivió 25 años en Mérida. La pretensa era doña Clara (Cortes)
Celio, originaria y vecina de la Villa. Vivió en Mérida cuatro años, cuatro
meses, soltera de 30 años. Atestiguó su paisano don Antonio Romero, 31
años, casado, carpintero.600
Asimismo, la salida de gente, y la escasa reposición, contribuían a
la notoria merma. Antes de estallar la gran rebelión, la Villa de Acuitzio
registraba dos mil 782 habitadores en 1910, menos en relación con el dece-
nio anterior.601 Y la revolufia, como remolino, sacudió rancherías, pueblos,
y levantó a soldados y soldaderas. Expedientes del archivo parroquial
guardan las declaraciones matrimoniales de civiles con vivencias en Nue-
vo Urecho, Paracho, Penjamillo y Panindícuaro e infantes armados en el
año maderista de 1912.
Al frente, Francisco Romero, de Queréndaro, soltero, de 26 años, y
vecino de Acuitzio hacía ocho meses. Vivió tiempo considerable varias
épocas en Morelia, y como destacamento en Zamora y Zinapécuaro. Pre-
tende a Josefina Ramos, originaria de Celaya y vecina de Acuitzio, céli-
be, de 24 años. Frecuentó los mismos lugares que su pretendiente tiempo
considerable. Uno de los testigos fue Antonio Urtiz, moreliano, vecino
transitoriamente de Acuitzio, casado, 51 años, militar.
El segundo, Juan Miranda, casadero, de 40 años. Había vivido en
varias partes de la República sin tener residencia fija ni por un mes en
donde ha estado desde la edad de 20 años. Su pretensa, María Dolores
González, célibe, 32 años, originaria de Chamacuero de donde se separó
a tierna edad a Irapuato donde vivió tres años, y 15 años en varias partes
de la República sin domicilio ni de 15 días.602
Tras el desmaderamiento sucedió la dictadura del pretoriano Huer-
ta. Serían tiempos difíciles. A la bola le entraron Melquiades Fraga, Jesús
y Luis González, Enrique Pérez, Salvador Bravo, Ignacio y Florentino Ale-

239
villaseñor / martínez

jandre. Acuitzio y Cruz de Caminos se convirtieron en paso y estancia de


los grupos rebeldes y federales. En Cruz de Caminos, los vecinos atienden
al jefe Gertrudis G. Sánchez de sus heridas, y éste les recompensa con la
creación de la municipalidad que apartó de Acuitzio en 1914 y le cambia
nombre, en honor al apóstol, Villa Madero. Por otro lado, en palabras del
cronista Don Isidro [Link]

Este tráfico de soldados y tropas que siempre traen entre ellas gente des-
ordenada, y poco escrupulosa, comenzó a sembrar entre sus pacíficos ha-
bitantes, el malestar y la alarma, ocasionando el consiguiente desmembra-
miento de su sociedad.603

La violencia del chavista Tomás Anguiano, del propio García


Chávez y de Florentino Chávez con su gavilla obliga a que afligidas y
angustiados de las rancherías, haciendas y de la Villa busquen refugio
en otros sitios.
A la violenta chaviada, hizo segunda la terrible influenza o gripa
llamada española, un estornudo grave de la Primera Guerra Mundial.
Agredió más a los del rancho. En el libro de defunciones del registro civil
están anotados 39 fallecidos en Acuitzio y 57 en los ranchos en noviembre
de 1918; en diciembre, 3 en la villa y 52 afuera. El primer caso pueblerino
fue el niño J. Jesús Salcedo el 30 de octubre; y J. Lorenzo Santoyo, de dos
años, en San Miguel el 9 de noviembre. La última noticia de un influencia-
do, y en un rancho, está fechada en abril de 1919.604

4.- En camino a la frontera norte

Antes de emprender la marcha, veamos las condiciones remanentes. El


gobierno mexicano pregonó un millón de difuntos al final de la gesta
revolucionaria, resultado de una simple resta. Contó 15 millones y pico
de habitantes en 1910, a quedar catorce y fracción en el censo oficial
de 1921. Pero únicamente la rebaja de 273,318 seres –el 27% perdido–
se notó en Guanajuato, 221,287 y Michoacán, 52 mil 31, principales
remitentes de brazos a Estados Unidos. En contraste, los padrones del

240
acuitzio / monografías municipales

vecino país arrojaron altas de 221,915 mexicanos en 1910, importando


486 418 más en 1920.605
A la sazón, Acuitzio del Canje mantenía 2662 gentes (1290 hombres
y 1492 féminas) en 1921. Todavía menos que en 1910. La población muni-
cipal tuvo acomodos y reacomodos. El territorio cedió pedazos a Cruz de
Caminos. Disminuyeron pobladores en varias rancherías y desaparecie-
ron ranchos. Solo los números aumentaron en Los Aguacates, Huajum-
bo, Palomas, Potrerillos, Rosa de Castilla, San José Coapa y Ziparapio. La
Laja siguió igual.606 Incluso, de Huajumbo salían parroquianos a trabajar
a Tierra Caliente por temporadas cortas.
Entre tanto, dábase la emigración más allá del Bajío. Por una infor-
mación supimos la travesía a Estados Unidos de uno de tantos viandan-
tes de Acuitzio. El 22 de julio de 1925, Octaviano Avilés, nativo de San
Bartolo (hoy Álvaro Obregón), soltero, de 44 años, prometió casorio a Luz

Transporte colectivo Acuitzio 1966 (Foto: Raymond Wiest, Archivo Histórico, Fotográfico y
Documental, Noel Téllez)

241
villaseñor / martínez

González, originaria de la Villa, quien vivió en Morelia 14 años y un año


en Indaparapeo. Su primer esposo, Benito Bucio, murió en la guerra en
1917, “ignorándose donde haya sido sepultado”. Interrogada Cuca Ortiz,
la mamá del difunto, respondió ser patzcuarense y vecina de esta Villa
desde su niñez, de más de sesenta años de edad, viuda de Rafael Bucio.
Expuso que

le escribió su hijo Benito Bucio desde Yucatán y no ha vuelto a tener noti-


cias de él. Entonces le decía que se iba a E. U. A. en busca de trabajo y que
viniendo de allá vendría a verla.607

Ese otro aspecto sobre la migración a Estados Unidos trató Mer-


cedes Carreras de Velasco, tocando las presiones del tío Sam en alistar
braceros mexicanos para el ejército. Éste enrolado desde abril de 1917 en
Europa. Por ejemplo, un joven de Tangancícuaro, Benjamín Blanco, gra-
cias a la diplomacia mexicana, libró el rigor de la guerra al obtener la baja
del ejército que no, al parecer, Benito Bucio.608
En 1921 –cuando 83% de la población mexicana era muy rural–, Mi-
choacán contó para sí 939,849 habitantes; incrementados a un millón, 48
mil, 381 en 1930, con deportados que volvían por la crisis norteamericana.
A regañadientes, el gobierno había advertido desde 1926 que no los repa-
triaría “a pesar de estar sin trabajo y en una situación difícil en los Esta-
dos Unidos, debido a que muchos de ellos habían regresado luego al país
vecino sin mostrar el mínimo arrepentimiento.” Para atenuar los males, el
ejecutivo federal destinó más presupuesto al rubro de bienestar social.609
Quepa señalar que, en 1921, Acuitzio sobresalía entre las trece munici-
palidades de Michoacán con varones mayores de 21 años que sabían leer y
escribir. Varios de ellos con experiencia de mundo exterior. Papeleos matri-
moniales de Acuitzio, 1925-1930, agregan en el repertorio a Pénjamo, Zán-
gano parroquia de Marfil, Charo, Toluca, Coyuca (Guerrero) y Santa Rita
Tlahuapan (Puebla). Algo en corto, Eliseo Rojas, ranchero de Huajumbo, ba-
jaba a trabajar a Tierra Caliente, pero nunca por más de tres meses.610
Clareaba 1940, cuando la cabecera alcanzó los dos mil 661 habitan-
tes, casi como en 1921. Prendía y escuchaba 56 aparatos de radio. Sonaba

242
acuitzio / monografías municipales

la segunda guerra mundial (1939-1945). En octubre de 1941, José Morales,


originario y parroquiano del pueblo, soltero, 44 años, corteja a su paisana
Carmen Rojas, célibe de 22 años. Atestigua Felipa Huerta porque el pre-
tendiente es su hijo. Que éste le estuvo escribiendo cada mes o al menos
cada dos; y por todo esto le parece que no ha sido casado, ni es pariente
de la novia. La segunda declarante expone:

que por vecindad conoce a ambos pretendientes desde la infancia, que no


son casados. Lo que le consta porque se ha dado cuenta de él durante el
tiempo que estuvo en Estados Unidos por las cartas que estuvo mandando
con frecuencia, que no se sabe sean parientes.611

Al despuntar el conflicto mundial, México estuvo alerta. Luego de


ser agredido, el gobierno declaró la guerra a los integrantes del eje Ber-
lín-Roma-Tokio en 1942. Además, ese año inició un convenio laboral Es-
tados Unidos-México que propició la fuga de brazos hacia Norteaméri-
ca. Dicho pacto de trabajo acabó en 1964. Ya Griselda Rangel Rodríguez
abordó en su tesis casos de Acuitzio en el Programa Bracero.612 Y hasta
aquí dejamos de consultar expedientes matrimoniales en la parroquia.
Que no otras fuentes.
Al margen del programa bracero, tres solicitantes de pasaporte
nos muestran destinos de acuitzienses en Estados Unidos. Justamen-
te, Pánfila Godínez García viuda de Camarillo tramita su documento
en la ciudad de México el 19 de enero de 1944. Nació en Acuitzio en
junio de 1863. Domiciliada en Zamora, Michoacán, en donde casó con
Manuel Camarillo en 1882. Dedicada al hogar. Va a Chicago, Illinois, a
reunirse con familiares.613
Dos en la capital del estado. J. Trinidad Villalobos Ayala gestiona
su pasaporte en la secretaría de gobierno el 3 marzo de 1955. También,
nació en Acuitzio en 1932. Soltero, comerciante en semillas. Vive en
Morelos Norte 309 en Morelia. Estudió en la Academia Militarizada
¨México¨. Parte a San Francisco, California. En junio del 55, Arturo Ale-
jandre Herrera. Vio la luz en Acuitzio en 1933. Soltero, agente comer-
cial. Con domicilio en Eduardo Ruiz 436. Trabaja en Bonos del Ahorro

243
villaseñor / martínez

Nacional y anteriormente en Banco Mercantil de Michoacán. Cursó la


secundaria en el Instituto Valladolid 1947-1950. Señala a donde llegar
en Chicago, 146 So. Haslted.614
En fin, están ustedes para saberlo. Un estudiante de oriundez ca-
liforniana realizó una investigación acerca de la mano de obra migrante
de esta comunidad mexicana: El trabajo asalariado y el sustento familiar en
un pueblo del centro de México. Presentada como disertación doctoral en la
Universidad de Oregon, frontera con Canadá.615 El estudio empieza con
un repaso a partir del reparto agrario.
Para concluir, baste decir que este trabajo de historia sobre migran-
tes de Acuitzio, basado principalmente en la información matrimonial
de pretendientes y pretensas, debió escribirse hace cuarenta años. Cubro
hoy, aunque tarde, el pendiente con el Dr. Raymond E. Wiest a quien debo
mi gran interés en el tema.616

244
acuitzio / monografías municipales

capítulo ix
Raymond Wiest: una historia de vida al sur de la frontera conectada con
el pueblo de Acuitzio

Por: Noel Téllez

Fueron los años sesenta los del fracaso estadounidense en Vietnam, de la


consolidación de la clase media, la contracultura y los movimientos estu-
diantiles, la lucha por los derechos civiles de Martin Luther King, quien se
enmarcó en un contexto apasionante. Todo “estaba en vilo” y cuestiona-
do. De “Albergo un sueño” a “Sous les pavés, la plage”. El hombre pisó la
luna, eran tiempos de soñar. El dólar dominó el mundo, la Segunda Gue-
rra Mundial había dejado una Europa devastada y los países del Este y
Japón todavía intentaban reconstruirse. El capitalismo y su libre mercado
se consolidaron en América del Norte pero al mismo tiempo, comenzaron
a definirse movimientos que exigían otra forma de vida, una nueva escala
de valores. El hippismo, el feminismo, los ecologistas, la burguesía uni-
versitaria... Todos tenían algo que decir.
En el recuerdo, el Verano del Amor de 1967 - con su mantra de la
no violencia, se sumó a la lucha contra la segregación liderada por King
y a las protestas contra la intervención estadounidense en Vietnam o su
injerencia política en los “países del sur”. Comenzaron a tomar conciencia
de la pobreza. En los campus universitarios, los movimientos juveniles

245
villaseñor / martínez

defendieron una coexistencia pacifista y anti-consumista; juntos dejaron


decenas de símbolos. Como Woodstock, que en 1969 reunió a casi medio
millón de personas en una granja del estado de Nueva York en un concier-
to previsto para 40.000 personas. Todo se desbordó bajo la música de Janis
Joplin, Jimi Hendrix o Joan Baez.
Movimientos como la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur,
formada por sacerdotes afroamericanos, o el Comité Coordinador Estu-
diantil de No Violencia lideraron la lucha por la igualdad de forma pací-
fica. Enfrente, extremistas como los que asesinaron a Malcolm X en 1965
y a King en el 68. En el terreno político, otro asesinato, el del presidente
Kennedy en noviembre de 1963, marcó una de las claves. Había sido ele-
gido presidente en 1960 y se vendía a sí mismo como símbolo de esperan-
za. Después el vicepresidente Lyndon B. Johnson fue elegido para la Casa
Blanca y Richard Nixon lo reemplazó en 1969. A todos les pesaba Vietnam.
La intervención estadounidense estalló en 1964 con 4.000 soldados; en 1967
eran casi 500.000 y un año después ya estaba claro que no iban a salir bien
de allí. Los bombardeos masivos, el uso de armas químicas y la violencia
contra la población civil fueron vistos por primera vez en los medios de
comunicación, que retransmitieron la guerra. Y al final, la derrota, en 1975,
con 58.000 estadounidenses muertos y 300.000 heridos frente a casi un mi-
llón y medio de soldados vietnamitas y dos millones de civiles asesinados.
Eran años en los que la tensa calma de la Guerra Fría flotaba so-
bre nuestras cabezas, con Estados Unidos liderando la lucha contra un
bloque soviético que comenzaba a mostrar fisuras. La tensión alcanzó
un techo en crisis como la de los misiles cubanos en octubre de 1962,
cuando la URSS quiso instalar sus armas en la isla. Un año antes, en
abril de 1961, la CIA había fracasado en un intento de invadir Cuba en
Bahía de Cochinos. El temor a una crisis nuclear se apoderó del medio
ambiente. La persecución de los comunistas ya se había materializa-
do en los años cincuenta en Estados Unidos en otro símbolo, la caza
de brujas a la que sometió el senador McCarthy a los intelectuales de
izquierda del Comité de Actividades Antiamericanas. Y mientras, la
clase media se iba consolidando y la explosión demográfica era impa-

246
acuitzio / monografías municipales

rable. Y Sartre y Marcuse construyeron teorías. Y sonaron Los Beatles...


El mundo, crecía y también las conciencias.
Mientras tanto, en el Valle Central de California también hubo dis-
turbios. En 1962, César Chávez fundó la Asociación Nacional de Trabaja-
dores Agrícolas, cuyo objetivo es mejorar la situación de los trabajadores.
Esta organización, que más tarde se convirtió en el Sindicato Unido de
Trabajadores Agrícolas, realizó grandes cambios en las condiciones de
vida de los trabajadores agrícolas. Siempre utilizando vías pacíficas como
huelgas de hambre, boicots, manifestaciones, junto con su organización,
Chávez logró conseguir derechos básicos para trabajadores que nunca
antes los habían atendido. Salarios justos, mejores condiciones laborales,
beneficios médicos y planes de pensiones es una breve lista de cambios
impulsados por Chávez a los que hay que sumar el respeto personal ha-
cia los trabajadores. Chávez se negó a aceptar la falta de derechos de los
trabajadores y, gracias a sus esfuerzos, logró cambios significativos. En
1975, la creación de la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de Califor-
nia representó un cambio importante. Esta ley continúa hasta el día de
hoy como la única que existe que protege el derecho de los trabajadores
agrícolas a afiliarse. Durante la década de 1980, la organización repre-
sentaba a casi 45.000 trabajadores agrícolas. Es en esta época y en este
valle de California, es donde nace esta historia; la historia de un hombre
que creció entre grandes campos de naranjas en una finca familiar, entre
jornaleros de diferentes países, entre ellos México y concretamente de
Acuitzio del Canje.
Raymond Elwood Wiest, nació el Reedley, California, el 10 de junio
de 1940. Creció en una granja en Dinuba, cerca de Smith Mountain, que
fue el hogar de los pueblos indígenas los cuales dejaron vestigios de sus
asentamientos, petro-grabados, formas y estructuras con piedras acomo-
dadas dan prueba de ello, además de cuevas en donde se practicaba la
minería y el comercio.
En su niñez Raymond fue testigo del final de la Segunda Guerra
Mundial, veía como circulaban vehículos militares festejando el final de
la guerra, recuerda que había un regimiento que continuamente tocaba

247
villaseñor / martínez

la banda de guerra en la cima de la montaña Smith. Estudió en la escue-


la primaria Smith Mountain, donde destacó académicamente, tocaba la
trompeta, y fue atléticamente activo y conocido por su velocidad corre-
riendo distancias cortas. Así hasta la escuela secundaria Immanuel Aca-
demy en Reedley, una escuela menonita, en donde rápidamente tuvo un
empleo conduciendo los autobuses de la escuela a una edad temprana, ya
que creció conduciendo tractores y camiones en la granja familiar. A los
16 años conducía una vieja camioneta Chevrolet repleta de cajas de fruta
hasta el mercado de Los Ángeles, un viaje de ida y vuelta que le tomaba
diez horas.
Raymond creció influenciado por la disciplina y el trabajo que
realizaba con su padre en las huertas de la familia, a donde cada año
viajaban jornaleros de varias partes del mundo en la temporada de la
cosecha. Venían de varios países, de Latinoamérica y Asia, aún recuerda
los cantos de los jornaleros de Filipinas en Ifugao, su idioma original
mientras trabajaban en los campos cortando naranjas. Con el tiempo la
fuerza laboral del rancho provenía casi exclusivamente de México, el he-
cho que la gente migrara de sus países de origen le generaba curiosidad,
y asi año con año Raymnod volvía al rancho mientras continuaba con su
educación en la Universidad de Oregón, en donde aplicó para el ingre-
so a estudios de posgrado en Antropología. En 1964 realizó su primera
investigación en un campamento de trabajadores cerca de Dinuba, un
campo formado por trabajadores de todo México, que incluía a varios
trabajadores de Michoacán, muchos de ellos eran de Acuitzio del Canje
y Tiripetío. Entre ellos se encontraban tres hermanos: Melchor, Melquía-
des y Pelagio Martínez, estos hermanos, y otros de la misma región,
fueron reclutados por Don Lorenzo Villaseñor, un agricultor y contratis-
ta de Acuitzio que también trabajaba en California. Los tres hermanos
Martínez participaron en la investigación y mostraron mucho interés
en lo que Raymond realizaba, ellos le hablaron positivamente sobre su
comunidad, sus fiestas y tradiciones.
Después de este primer estudio, vendría la investigación de su doc-
torado. Aplicó y calificó para una beca Fulbright-Hays de la NDEA, para

248
acuitzio / monografías municipales

realizar una amplia investigacion sobre la migración laboral en una comuni-


dad de su elección. Influenciado por esos años de cambios, por la vida en el
campo, por César Chávez y por la migración mexicana decide hacer su tesis
doctoral sobre migración laboral en un lugar lejano, pero que ya le resultaba
familiar. Lo había escuchado muchas veces; - Acuitzio - una palabra en otro
idioma, un lugar al sur de la frontera, que no aparecía en el mapa, eso no
fue impedimento para un hombre que se había formado en el campo, y que
tenía un sueño.
Así, a principios de agosto de 1966, comenzó el viaje a Michoacán, al
lado de su esposa Shirley, a quien conoció en la época de la secundaria y fue
el amor de toda la vida; partiendo desde Reedley, California, donde vivían
los padres de Raymond, conduciendo un Datsun Station Wagon, recién sali-
do de la agencia el cual jalaba un remolque Sears con redilas de madera cons-
truido por el padre
de Shirley, un carpin-
tero de toda la vida.
De camino a Los
Ángeles, quisieron
comprobar el peso
del remolque en una
estación de pesaje
de California la que
Raymond conocía ya
que siendo adoles-
cente transportaba
la fruta del rancho a
Los Ángeles. La peor
parte del viaje fue
Arizona debido a las
altas temperaturas y
la humedad. La en-
trada a México fue Recorte del periódico The Fresno Bee, donde mencionan a Raymond
E. Wiest, como ganador de una beca para su tesis doctoral, en México
por Nogales, e inclu- (Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

249
villaseñor / martínez

yó una inspección al remolque, y una propina a los inspectores. Una vez en


Hermosillo la primera noche, comenta Raymond, tuvimos una conversación
con varios hombres sobre los tarahumaras, esto fue entretenido para un jo-
ven “antropólogo” familiarizado con los pueblos indígenas.
Este viaje también incluía en el asiento trasero a los dos hijos de la
familia Wiest, John, de 4 años, y Charlene, de 2 años, los cuales eran via-
jeros tolerantes, pero este no era un viaje fácil para ellos, ni para ninguno
en la familia, de hecho.
Raymond ya tenía experiencia en viajes largos, tres años antes había
hecho un viaje a Costa Rica en una camioneta Jeep con un profesor de
Geografía y tres compañeros de posgrado, por lo que estaba familiarizado
con el paisaje, las distancias y las condiciones de manejo.
A lo largo del viaje mantuvo registros de los gastos de gasoli-
na, comida y alojamiento. En la bitácora del viaje Raymond escribió:
“El Datsun y el remolque forman un gran equipo, conduciendo a 50
mph (millas por hora), obtenemos 27 mpg. (millas por galón), ape-
nas sabemos que el tráiler está ahí atrás”. Para la segunda noche del
viaje llegaron a Culiacán. Continuaron por Tepic rumbo a Guadala-

Imágenes del viaje a México, la Datsun Station Wagon y John y Charlene viajando en el asiento trasero
(Fotos: Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

250
acuitzio / monografías municipales

jara, una vez ahí se hospedaron en un motel donde había un amplio


estacionamiento para el remolque, se hospedaron dos noches ya que
el lugar tenía una hermosa piscina y porque Shirley no se sentía bien
y los niños necesitaban descanso, además era una buena oportunidad
disfrutar de la piscina. La primera noche conocieron a una pareja de
Chicago, Raymond les pregunto dónde estudiaban y contestaron que
eran graduados de Wheaton College, a lo que Raymond respondió que
tenía primos que se habían graduado en Wheaton, resulto que eran
amigos cercanos Carl Buxman un primo de Raymond, qué casualidad,
encontrar conocidos en medio de este viaje. Esos días en Guadalajara
llovía intensamente, era el momento de probar la lona que cubría el
remolque, y resultó de buena calidad.
Los días siguientes el viaje a Morelia fue más lento debido a las
fuertes lluvias y algunos cortes en la carretera, todos resistieron, la nove-
dad y la belleza de los alrededores los conmovía. Después de varios días
en carreteras sinuosas y con deficiente señalización finalmente llegaron
a Morelia, encontraron un hotel en donde dejaron el remolque mientras
viajaban a México D.F. para solicitar una carta de presentación a funcio-
narios del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
De regreso a Morelia y con la carta de presentación, comenzaron a
buscar a Acuitzio del Canje, después de muchas consultas, al preguntar
los enviaron a Cointzio, frente al balneario del mismo nombre estaba un
policía, Raymond le dijo; estábamos buscando Acuitzio del Canje, des-
pués de pensarlo un poco el policía exclamó: “Ah!, Acuitzio del Canje;
¡por aquí señor!” con un gesto amable señalo hacia el camino de tierra
al lado de las vías del tren, pasando por el puente al lado de la Presa de
Cointzio, se enfilaron a su destino, deteniéndose varias veces para pre-
guntar a las personas que encontraban en el campo; si iban en la dirección
correcta, y todos indicaban con la mano la dirección en la que se dirigían.
Después de llegar a la desviación de Tiripetío había un pequeño cartel
hacia Acuitzio del Canje, ese camino se convirtió en un sendero fangoso y
rocoso, continuaron hasta una subida repentina apenas navegable debido
a las rocas y al lodo, pero el Datsun Bluebird sorteaba cada prueba. Final-

251
villaseñor / martínez

mente llegaron a Acuitzio y cuando pasaron frente a la plaza, Raymond


vio a Pelagio Martínez sentado en una banca, se saludaron con emoción,
Pelagio los llevó a la Presidencia municipal, y después de algunos vanos
intentos de explicar el motivo de la llegada a Acuitzio del Canje, manda-
ron llamar a un médico local para que viniera y ayudara con la comuni-
cación, al poco tiempo les mostraron una casa que se estaba disponible
para alquilar, y así fue como Raymond y su familia se instalaron en Riva
Palacio #36, esta fue su residencia por 15 meses en lo que fue la primera
estadía de Raymond en Acuitzio.
En este tiempo desarrolló estudios antropológicos, apoyándose de
entrevistas, reuniones y estudios de seguimiento; además cámara en mano,
documentó la vida cotidiana, los oficios artesanales como la fabricación
de calzado, la alfarería, el tejido y otros oficios más allá de la agricultura.
El uso de esta herramienta fue muy útil para los estudios en la comu-
nidad, mucha gente le pedía fotografiar eventos familiares, festividades
comunitarias, oficios, artesanías, actividades agrícolas, etc. Las imágenes
capturadas con esa cámara réflex Pentax Spotmatic en rollo Ilford 135mm
blanco y negro, después en rollo kodacrome en diapositivas a color, son
uno de sus más grandes logros y legados, suman más de 5000 imágenes
recabadas en sus 12 esta-
días en Acuitzio, de estas
1500 no han sido publica-
das y están en resguardo,
estudio, digitalización y
catalogación.
Indudablemente,
el espíritu de los sesen-
ta influyó y resultó muy
seductor para Raymond,
cumplió su objetivo, su
inagotable curiosidad so- Raymond en su estudio en Acuitzio, se aprecia su gato, docu-
mentos, máquina de escribir y al fondo el mapa que realizó de
bre los migrantes y la vida la población (Archivo Histórico, Fotográfico y Documental,
Noel Téllez)
que dejaban detrás al via-

252
acuitzio / monografías municipales

jar a Estados Unidos, lo logró acompañado de sus cámaras. La fotografía


marcaba la senda de la propia sociedad: cansada de la barbarie aconte-
cida durante la Segunda Guerra mundial y deseosa de recuperar a las
personas en su cotidianeidad, se había decantado por el lado humanista.
Este movimiento se concentraba en “los seres humanos sin uniforme”, en
palabras del fotógrafo suizo Werner Bischof: la fotografía comienza a dis-
frutar en esa década de una mayor divulgación e inicia su desarrollo en el
Tercer Mundo. En los paises occidentales experimenta un proceso de co-
mercialización, impulsado también por la llegada del color. Como una
casualidad del destino también en el año 66 llegó a México, Henri Car-
tier-Bresson para muchos el mejor fotógrafo del mundo, concretamente a
fotografiar Pátzcuaro y las poblaciones rivereñas, al igual que Raymond
usó la cámara como una herramienta para comunicar e inmortalizar una
época, entonces la fotografía es un documento que plasma un momento,
una acción, son imágenes que nos aportan información sobre un hecho
concreto del pasado y debe conservarse tanto para el recuerdo como para
su estudio.
Raymond quería conocer la comunidad y buscaba un mapa, pero
no existía ningún mapa utilizable. Recurrió a la Comisión Forestal de Mo-
relia la cual le proporcionó una fotografía aérea de Acuitzio del Canje, a
partir de la cual calle por calle y con la tecnología que había disponible en
la época elaboró un mapa del poblado, hacer este mapa llevó a Raymond
a conocer personas, realizar entrevistas esta interacción diaria le ayudó a
aprender el idioma español. Este mapa finalmente fue reconocido por el
Estado de Michoacán como el mapa formal de Acuitzio del Canje.
La obra de Raymond Wiest se caracteriza por su enfoque atrevido y
su capacidad para capturar la esencia y la crudeza de la vida cotidiana de
Acuitzio. En su obra, abordó temas como la cotidianidad, la fiesta y los ofi-
cios, lo que lo convirtió en un precursor del enfoque documental subjetivo.
Su trabajo retrató una población diversa y compleja. Sus imágenes
en blanco y negro capturaban momentos fugaces mezclados con escenas
de la vida diaria, creando una narrativa visual que reflejaba tanto la belle-
za como la angustia de la experiencia humana.

253
villaseñor / martínez

Mapa de Acuitzio realizado por Raymond Wiest en el año 1966


(Foto: Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)

Cartel publicitario diseñado por Noel Téllez para la gira


"40 años contados en imágenes” presentado en Casa Mi-
choacán, en Chicago, Illinois y otras ciudades de E.U.
(Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Té-
llez)

254
acuitzio / monografías municipales

Raymond con tus fotografías nos has conocido,


a través del tiempo nos has visto crecer, festejar y sufrir,
en este pueblo mío, has sido más que un testigo,
y por mucho ya eres uno más de los nuestros.

Hoy, al volver la mirada atrás,


me vienen recuerdos de mi infancia;
recuerdo montar en ancas con mi Abuelo,
el olor de la tierra mojada, la faena en el surco abierto,
las manos de mi padre moldeadas por el sol y la lluvia.

Los bueyes uncidos jalando el arado, el “guangoche” terciado,


recuerdo la siempre sonrisa de mi Madre,
el testal en el metate, las tortillas de comal,
la salsa martajada y el queso fresco,
las habas y calabacitas milperas bañadas del rocío de la mañana.

Recuerdo la cosecha, el combate, los tacos en las brazas.


Recuerdo poner un peal a una vaca en el potrero,
rajar leña cada mañana y montar a pelo.

Recuerdo esos días jugando al trompo y al fútbol llanero,


irme de pinta y después al cine Olimpia,
ese primer beso, a aire puro, sonrisas, en un cielo limpio y estrellado.

Recuerdo el olor de la brillantina,


y los zapatos boleados para el desfile del 5.
Recuerdo marchar derechito en calles empedradas,
al compás de la banda de guerra,
en una fresca mañana,
oliendo la pólvora después del estallido del Niño (el cañón),
recuerdo a los Franceses y Belgas en un suelo extranjero.

Raymond, tus fotos son como esperar una carta en el correo,


o un telegrama del viajero, son la ausencia de lo que fuimos,
un apretón de manos, una voz a gritos;
desvanecida por el imparable paso del tiempo.

Tus fotos me saben a nieve de pasta, a caña a mordidas,


a piñata y posadas, a buñuelos con atole,
a pan de nata, a dulce de leche,
a ate de membrillo, a duraznos a en almíbar,
a dulzura...
A la inocencia de los años.

255
villaseñor / martínez

Raymond, tus fotos me saben a una cerveza en “La Favorita”,


a un domingo en la plaza,
a carreras de 100 varas, a carnaval,
a mezcal aperlado,
a pulque recién destilado.
A palo encebado, a cuetes, torito y el castillo encendido,
al sonido de la Banda Campesina,
a las mañanitas a la Virgen,
a bailar con los “Negritos y el Niño Carguero”,
a enamorarte al acorde de la Banda Viajera,
a gozo, quebranto, fiesta y tradiciones.

Raymond, mi pueblo es casi nada,


pero mi pueblo es todo,
se agranda en la memoria de tiempos lejanos,
cuando yo era del pueblo y ese pueblo era mío.
Cuando todo era grande en mis ojos de niño,
mi familia, mi perro, los juegos, los amigos,
los primeros deseos y el pecado escondido.

Solamente recuerdos, nostálgicas historias,


que vuelco en versos,
creyéndome poesía, me volví salmo.

Raymond, gracias por querernos por tanto tiempo,


y por hacerme recordar, con orgullo lo que fuimos, con zozobra lo que somos.
Después de este recuento, y al final,
Sé… Que a través de los años han cambiado mis ramas pero no mis raíces.

Noel Téllez © Escrito por Noel Téllez © y leído por primera vez el 6 de Octubre del 2018, en
La Casa Michoacán, en Chicago Illinois, durante la gira de la exposición 40 años contados en
imagenes en compañia de Raymond Wiest.

La tesis de Raymond había concluido y la tituló: Wage labor mi-


gration and household maintenance in a central mexican town, (Migración
laboral asalariada y mantenimiento del hogar en un pueblo del centro
de México). Acuitzio se convirtió en algo permanente en su vida, con-
tinuó viniendo ahora como maestro de Antropología de la Universidad
de Winnipeg en Canadá, donde se mudó después de su primera visita
a Acuitzio y fundo la carrera de Antropología, hasta convertirse en Pro-
fesor Emérito de esta universidad. Regreso a Acuitzio por temporadas

256
acuitzio / monografías municipales

en los años: 1966, 1967, 1971, 1972, 1974, 1975, 1983, 1987, 1991, 2004,
2005 y 2006. En estos años viajaban con los estudiantes de la carrera que
el enseñaba, los cuales también realizaron trabajos de documentales y
tesis doctorales financiadas con becas de investigación R.E. Wiest, que a
continuación se enlistan:
J. Randolph Ames 1973. Una plaza mexicana: Articulación social y
su relación con los patrones de venta.
Robert Staley 1974. Un enfoque ecológico para el desarrollo de un
sistema político estratificado en Michoacán.
Ronald J. Harder 1984. Los efectos del desarrollo regional en una
economía local en Michoacán, México.
Sara Komarnisky 2006. Comer transnacionalmente: Trabajadores
migrantes mexicanos en Alaska.
Erin Jonasson 2008. Visiones de comunidad: Identidad comunitaria
mexicana en un contexto transnacional.
Sin ser fotógrafo desarrolló una técnica fotográfica. Sus imágenes a
menudo presentaban composiciones descentradas y ángulos inusuales,
lo que agregaba una sensación de dinamismo y autenticidad a su trabajo.
Además, su uso del enfoque selectivo resaltaba detalles específicos dentro
de la escena, lo que permite al espectador sumergirse en las emociones y
los matices de la imagen.
Ray (con mucho cariño) fotografiaba como se sentía. El autor no se
quedaba al margen de lo que veía, sino que imprimía sus sentimientos
en la imagen. Acuitzio es la obra cumbre del trabajo de Raymond Wiest,
su legado documental, fotográfico, impreso y en video forman parte de
uno de los archivos más importantes que existen en Acuitzio y para los
Acuitzenses. Gracias a la beca Fulbright-Hays de la NDEA, Ray pudo tra-
bajar y recorrer Acuitzio durante 15 meses en el 1966 y 1967. Con su tra-
bajo antropológico nos mostró como vivía una sociedad fracturada por la
migración laboral. La sociedad que encontró y mostró era una sociedad
dividida por un muro, pero feliz, organizada, simple e inocente, a veces
inculta, desigual y solitaria. Ray se movió por ese Acuitzio profundo y
real de la época, llena de contradicciones y belleza. En sus imágenes pre-

257
villaseñor / martínez

valece la expresión, el sentimiento por encima de cualquier otra cosa. Por


encima del instante decisivo, la nitidez o la composición.
A través de los años Ray nos invitó a explorar la diversidad y la
contradicción de nuestra sociedad, al mismo tiempo que nos recuerda la
universalidad de las emociones y las relaciones humanas. Su influencia
continúa resonando en propios y extraños, inspirando a un pueblo a mi-
rar más allá de la superficie y sentir orgullo de haber nacido en esta tierra.
Desde entonces, desde siempre, Acuitzio vive en él y Raymond
en nosotros.

258
acuitzio / monografías municipales

efemérides de acuitzio

Por: Mtro. José Arturo Villaseñor Gómez

marzo

- El día 20 de marzo del año 2001, mediante un Decreto, el Presidente de


México Vicente Fox Quezada declaró zona de Monumentos las vivien-
das y edificios del centro Histórico de Acuitzio del Canje, que incluyen El
templo Parroquial de San Nicolás de Tolentino, El Santuario del Sagrado
Corazón de Jesús, el kiosco de la plaza principal, la Torre de la presidencia
Municipal y 37 edificios construidos entre los siglos XVI y XIX que son de
carácter civil; cuya fisonomía urbana adquiere relevancia por la armonía
de esta zona.

Fuente: Diario Oficial de la Federación (20 de Marzo de 2001), pp. 115-118.

abril

- El día tres de abril del año de 1865, hacen su arribo al poblado de Acuit-
zio, 400 soldados belgas comandados por el mayor Tydgat y junto con
ellos un escuadrón de dragones mexicanos; venían a combatir al ejército del

259
villaseñor / martínez

general republicano Nicolás de Regules; pernoctaron en el panteón que


estaba en el atrio de la parroquia de San Nicolás de Tolentino y tres días
más tarde partieron a Tacámbaro, en donde el día 11 de ese mismo mes
perdieron la batalla; fueron hechos prisioneros y trasladados a Huetamo;
meses después serían canjeados en Acuitzio.
Fuente: Ruiz, Eduardo, (1986). Historia de la guerra de Intervención en Michoacán. Morelia:
Basal Editores. (pp. 356 y 559-582).

- Un 8 de abril de 1861; en cumplimiento a las Leyes de Reforma, se inau-


guró en Acuitzio el Registro Civil, en las instalaciones de la Presidencia
Municipal, establecida en las antiguas Casas Consistoriales. Ahí se expi-
dió la primer Acta de Nacimiento; siendo la primer registrada una niña
con el nombre de María Teodora Rita Celestina, hija de Juan Villa y de
Dolores Aburto, presentada por ambos ante el primer juez del municipio,
que era el señor José María de J. Gordillo.
Fuente: Material proporcionado por la juez municipal de Acuitzio, Lic. Asminda Guada-
lupe Gómez Avalos, en Oficinas del Registro Civil de Acuitzio.

- El 8 de abril de 1886 el gobernador de Michoacán Mariano Jiménez, in-


auguró el tramo de ferrocarril Morelia-Tiripetío Pátzcuaro, cuya conse-
cuencia sería el auge del comercio y la arriería de la tierra caliente a las
ciudades; y el surgimiento de los mesones y el comercio en el municipio
de Acuitzio; así como el inicio de la explotación desmedida de los bosques
de la región.

Fuente: Villaseñor Gómez, José Arturo, (1998). Acuitzio del Canje, Historia, fiestas y vida
cotidiana. Morelia: PACMYC/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (p. 25).

- En el año de 1856, la mañana del 26 de este mes, el gobernador de Mi-


choacán Lic. Miguel Silva Macías, elevó la población de Acuitzio a la ca-
tegoría de cabecera de municipalidad, dotándolo de un Ayuntamiento
local. De esta forma Tiripetío pasó a ser ahora tenencia de Acuitzio, este
nievo municipio creció con rapidez en comercio, población y caserío: dos

260
acuitzio / monografías municipales

mesones ocupados por los arrieros, una escuela para niños, dos capillas y
un cementerio en el atrio parroquial.

Fuente: Coromina, Amador, (1886). Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares


expedidas en el Estado de Michoacán, Formada y anotada por…, Tomo XIII. Morelia: Imprenta
de los hijos de Arango. (pp. 53-54). En Archivo Histórico del Congreso del Estado de
Michoacán.

mayo

- El día 1º de mayo de 1690 aparecen registradas las primeras familias


de mulatos trabajando en las labores del campo en lugares como Hua-
jumbo, la Hacienda de San Andrés Coapa y Lagunillas, en apoyo a los
asentamientos de las familias españolas que habitaban en la calle real del
poblado de Acuitzio, de apellidos Mora, Rentería, Villaseñor, entre otros.
Fuente: Libro de Bautismos. (1º de mayo de 1690). #1, f. 31, v. En Archivo
Parroquial de la notaría de Acuitzio.

- Mayo 13 de 1943, el Departamento Agrario emitió la resolución definiti-


va en cuanto a la dotación de tierras otorgada a los campesinos de Zipa-
rapio el Alto, del municipio de Acuitzio.
Fuente: Archivo Ejidal de la Comunidad de Ziparapio el Alto, consultado el día 23 de
julio de 2020.

- El 18 de mayo de 1811, durante la guerra de Independencia, la población


de Acuitzio es atacada e incendiada por el realista Linares, quien peleó
contra el insurgente José Antonio Torres en las lomas de La Tinaja, al no-
roeste del poblado, Torres fue reforzado por López Rayón y vencieron a
los realistas quienes, tras la derrota y una vez que los insurgentes abando-
naron el pueblo, Linares en venganza atacó a los indefensos moradores y
saqueó algunas casa y comercios.

Fuentes: Barbosa, M. (1892). Apuntes para la historia de Michoacán. Morelia: Talleres de la


Escuela Industrial Militar. Confrontar con Tapia L., I. (1965). Acuitzio, sus tradiciones y
ligeros apuntes para la historia moderna. Acuitzio: Documentos maquino-escritos, 1965 en el

261
villaseñor / martínez

Centenario del canje de prisioneros. (pp. 18-20). Romero Flores, Jesús, (1946). Historia de
Michoacán. Tomo I. México: Imprenta claridad. (pp. 779-783).

julio

- Julio 27 de 1914, por decreto del gobernador de Michoacán, General


Gertrudiz García Sánchez, le es segregada a Acuitzio la Tenencia de Cruz
de Caminos, para convertir ésta en el nuevo municipio de Madero cuya
cabecera se denominará Villa Madero; al que se le agregarán las también
Tenencias de Etúcuaro, San Diego Curucupastseo, Acatén y el Ahijadero
además de muchas rancherías.

Fuentes: Acta de elevación del municipio de Madero, documento al interior de las


oficinas del Ayuntamiento de Madero.
Coromina, Amador, (1886). Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas
en el Estado de Michoacán, Formada y anotada por…, Tomo XLIII. Morelia: Imprenta de los
hijos de Arango. (pp. 53-54), en Archivo Histórico del Congreso del Estado de Michoacán.

- En el año de 1928 el decreto del 27 de julio segregó la tenencia de Tiripe-


tío del municipio de Acuitzio y pasó a pertenecer a Morelia.
Fuente: Archivo de la Tenencia de Tiripetío, municipio de Morelia, sin clasificar.

agosto

- El día 5 de agosto de 1602 se confirmó oficialmente la congregación de


los naturales indígenas de San Nicolás Acuitzio, que habían habitado an-
tes de la llegada de los europeos en sus localidades de Tamanguio, Hua-
jumbo, el Tzintzun, Tziparpio, Cutzaro, Petatzecuaro, entre otros; este
mandato fue dado por el Virrey conde de Monterrey. Marcándose per-
fectamente en los títulos de propiedad la Real provisión librada en favor
de los naturales. Entregado por el escribano real y público don Manuel
Fernández de la Taza, sobre tierras que les pertenecen desde 1540.

Fuente: Archivo General de Notarías de Morelia, Ramo de tierras y aguas, Pátzcuaro,


año de 1714, Legajo 1o, número 57.

262
acuitzio / monografías municipales

septiembre

- Se inaugura el 5 de septiembre de 1900 la reestructuración y remodela-


ción de Parroquia de San Nicolás de Tolentino en su interior y fachada
de estilo neoclásico, en el marco de las mejoras materiales debido al auge
económico cimentado en el régimen porfiriano.

Fuente: Inscripción en el nicho izquierdo, junto a la pilastra en la entrada principal de


templo parroquial.

- El 7 de setiembre de 1811, el insurgente Manuel Muñiz establecido en


Acuitzio en la actual casa del portal Hidalgo # 4 es atacado y derrotado
por el realista Joaquín del Castillo, quien de nueva cuenta aterrorizó a los
pobladores e incendió la parroquia de San Nicolás de Tolentino y algunas
casas del poblado. Del Castillo hizo prisioneros a 800 insurgentes y se
apoderó de 13 cañones.
Fuente: Tapia L. Isidro, (1965). Acuitzio, sus tradiciones y ligeros apuntes para la historia mo-
derna. Acuitzio: Documentos maquino-escritos, 1965 en el Centenario del canje de prisio-
neros. (pp. 18-21).
Romero Flores, Jesús, (1946). Historia de Michoacán. Tomo I. México: Imprenta claridad.
(pp. 779-784).

- Se inaugura en Acuitzio el nuevo Panteón municipal el día 16 de sep-


tiembre de 1900, clausurándose para siempre el del atrio parroquial, en el
marco de la modernidad y el crecimiento de la población que hacía insu-
ficiente el lugar; aunado a las ideas de higiene y sanidad en boga durante
esa época; quedando los cuerpos de los ahí enterrados sin exhumar.

Fuente: Inscripción en la parte superior frontal del actual panteón de Acuitzio.

- Es inaugurado el kiosco de la plaza principal de Acuitzio el día 15 de


septiembre de 1910, en la celebración del Centenario del inicio del mo-
vimiento de Independencia de México; siendo sub-prefecto de esta villa

263
villaseñor / martínez

Ramón Páramo, monumento construido en los talleres de la “Escuela In-


dustrial Militar Porfirio Díaz”, habiendo contribuido en su instalación los
vecinos del municipio.
Fuente: Inscripción al interior del kiosco.

- El 29 de septiembre de 1687 aparece en la parroquia de San Nicolás


Acuitzio, registrada la primera familia de afroides, con la niña Lorenza
“Coyota”, hija de maría de los Reyes y de Joseph Tovar; ambos vecinos
del poblado.
Fuente: Libro de Bautismos. # 1. s/f. En Archivo Parroquial de Acuitzio.

octubre

- La noche del 4 de octubre de 1917 atacaron la población de Acuitzio


un grupo de hombres encabezados por Tomás Anguiano quienes al grito
de ¡viva Inés Chávez! Y 200 hombres saquearon los comercios; avisado
de este hecho, el capitán 1º Ismael Herrera Chávez, originario del mismo
municipio se trasladó, de la estación del ferrocarril que custodiaba en Ti-
ripetío, derrotó a los asaltantes y recuperó el botín.
Fuente: Tapia L., Isidro, (1965). Acuitzio, sus tradiciones y ligeros apuntes para la historia
moderna. Acuitzio: Documentos maquino-escritos, 1965 en el Centenario del canje de
prisioneros. (pp. 14-20).

- La mañana del 4 de Octubre de 1976, se inauguró la Escuela Secundaria


Técnica agropecuaria en Acuitzio ETA 711; en las instalaciones de la Es-
cuela primaria Guadalupe Victoria, propiciando con este hecho la genera-
ción de profesionistas en beneficio del municipio.
Fuente: Archivo de la actual Secundaria Técnica # 53 de Acuitzio del Canje.

- El día 10 de octubre de 1888, dada la importancia que el municipio ad-


quirió en comercio, número de habitantes y extensión territorial, Mariano
Jiménez, gobernador del Estado de Michoacán, mediante decreto elevó al

264
acuitzio / monografías municipales

pueblo de Acuitzio a la categoría de Villa, el documento agrego “para así


perpetuar el recuerdo del canje de prisioneros ahí verificado”.
Fuentes: Archivo Histórico del Congreso del Estado de Michoacán, División territorial
del Estado, caja 5, expediente 18, Folio 86, Decretos.
Ver también Coromina, Amador, (1886). Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circu-
lares expedidas en el Estado de Michoacán, Formada y anotada por…, Tomo XXVIII. Morelia:
Imprenta de los hijos de Arango. (p. 96), en Archivo Histórico del Congreso del Estado
de Michoacán.

- El 21 de octubre de 1810, cruzó de forma fugaz por el poblado de Acuit-


zio don José María Morelos y Pavón, venía de regreso al sur, tras recibir
instrucciones de Don Miguel Hidalgo de insurreccionar el sur de la Nue-
va España.
Fuente: Villaseñor Gómez, José Arturo, (1998). Acuitzio del Canje, Historia, fiestas y vida
cotidiana. Morelia: PACMYC/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (pp. 70-71).

noviembre

- El día 27 de noviembre de 1908 fue inaugurado el templo denominado


“El Santuario del Sagrado Corazón de Jesús”; habiendo asistido a dicho
evento el Arzobispo Atenógenes Silva, acompañado de las autoridades
civiles y eclesiásticas del municipio y la comunidad católica de la región.
Fuente: Archivo de SEDESOL, Morelia, expediente 42237223/292. Templo Parroquial de
San Nicolás y casa cural, anexo (ubicados en Acuitzio, adjuntos documentos del Sagrado
Corazón de Jesús de la misma población).

diciembre

- El 5 de diciembre de 1865 ocurrió el canje de prisioneros belgas y solda-


dos del ejército conservador por soldados mexicanos republicanos que
habían sido cautivos durante los combates ocurridos en distintos puntos
del Estado y el país; el canje pudo efectuarse gracias a las gestiones di-

265
villaseñor / martínez

plomáticas entre el general Vicente Riva Palacio, por los republicanos y


Aquiles Bazaine por el ejército invasor.
Fuente: Ruiz, Eduardo, (1986). Historia de la guerra de Intervención en Michoacán. Morelia:
Basal Editores. (pp. 559-582).

- El 10 de diciembre de 1922, Sidronio Sánchez Pineda, gobernador de


Michoacán, expide un documento en el que hace constar que la comuni-
dad campesina de Acuitzio si solicitó tierras ejidales en tiempo y forma,
conforme al reglamento de la Comisión Local de la Ley Agraria de 1915;
fortaleciendo así las gestiones de don Isidoro Huacuz para la dotación de
tierras ejidales en el municipio.
Fuente: Diario Oficial, Órgano Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
(15 de marzo de 1927). (p. 2).

- El día 16 de diciembre de 1901, siendo gobernador de Michoacán Aristeo


Mercado; con la finalidad de rendir homenaje al canje realizado en Acuit-
zio y para que en lo sucesivo no sea confundido con Cuitzeo, Tzitzio,
Cointzio y otros lugares con vocablos similares; decretó a partir de esa
fecha denominarle oficialmente Acuitzio Del Canje.
Fuente: Coromina, Amador, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas
en el Estado de Michoacán, Formada y anotada por…, Tomo XXXVI. Morelia: Imprenta de los
hijos de Arango. (p. 293) Tal nombre quedó consignado en la fracción II, del artículo 3° de
la Ley de diciembre de 1901. En Archivo Histórico del Congreso del Estado de Michoacán

266
acuitzio / monografías municipales

Personajes del municipio de Acuitzio

Por: José Arturo Villaseñor Gómez y Yolanda Sereno Ayala

Alfonso Sereno Sereno. La vida fecunda de un artista617

Este artista y maestro nicolaíta nació el 12 de noviembre de 1880 en


Acuitzio del Canje, lugar del histórico canje de prisioneros imperialistas
y belgas por republicanos, hecho del que fue testigo ocular don Antonio
Sereno, padre de nuestro biografiado. La casa de don Alfonso se ubicaba
a un costado al oriente de la plaza principal, era una construcción de dos
pisos, hecha con material de adobe y madera, con techos de tejas rojiza
a dos aguas; en su planta baja existía una tienda bien surtida en donde
se vendían diferentes artículos. La tienda era el lugar preferido de los
parroquianos para cultivar amistades mientras tomaban una copita de
“amargo,” o del mezcal producido en Etúcuaro y era la delicia de los
clientes de don Antonio.

267
villaseñor / martínez

Durante el periodo porfi-


riano Acuitzio vivió una etapa
de crecimiento y desarrollo, lo
que permitió que algunas fami-
lias realizaran veladas y tertulias
en casas como la de don Antonio
Sereno, en donde se formó una
orquesta de cuerdas y violines,
que en los días de asueto realiza-
ba veladas literarias, ejecutando
a Schubert, romanzas, o música
mexicana como el vals “Sobre las
olas;” eventos a los que asistían
los lugareños de cierta forma-
ción escolar y buen gusto por el
arte, personas de prestigio local
como la Pepa Huacuz, María
Profesor Alfonso Sereno Sereno en su etapa como
maestro universitario (Foto: Archivo particular de
Avilés, Victorino Barajas, José
Yolanda Sereno Ayala) Manjarréz y José Villaseñor; to-
dos atendido por Alfonso Sereno. Además, se leían y comentaban las
noticias de los periódicos “El País,” “El Mundo Ilustrado,” “La Lira
Michoacana,” incluyendo los de circulación local “El Bielgo” y “El
Canje. Con la revolución mexicana y el bandolerismo la familia Sereno
partió de Acuitzio a radicar en Morelia.
Al iniciar la tercera década del siglo XX don Alfonso ya domina-
ba la técnica del modelado en yeso, caolín y arcilla, conocimientos que
aprendió como ayudante de Giombini, del que fue ayudante en las obras
que este artista realizó en los templos de Morelia, como el de la Iglesia
de María Auxiliadora o el repujado en piel de los interiores de la catedral
moreliana. Y otras obras Art-Nouveau y más tarde también en el llamado
Art-decó, en casonas del centro histórico de la misma ciudad. Por esa épo-
ca, el profesor Sereno, como empezaron a llamarle a don Alfonso seguía
gustando de la buena música, la literatura y el teatro; solo que ahora en la

268
acuitzio / monografías municipales

ciudad que lo acogió. Llegó a escribir obras de teatro y la novela “El Poder
de las Musas.” Convivía frecuentemente con el poeta Cayetano Andrade,
el profesor Jesús Romero Flores, Juan Díaz Vásquez y Juan Martínez, con
quienes paseaba por la plaza de armas.
Don Alfonso realizó su más fecunda obra en pintura de caballete,
con creaciones de retratos, paisajes con la técnica de pintura al óleo, acua-
relas de fachada arquitectónicas neoclásicas en claro oscuro, enseñanzas
que transmitió a sus alumnos de la Escuela Nocturna para Obreros. En
1935, fue contratado para diseñar dibujos a los artesanos de Uruapan para
las famosas bateas de madera en “maque,” a la vez que enseñaba a los
alfareros de Tzintzuntzan a trazar nuevas grecas en barro bruñido; creó
además una colección de “trajes regionales tarascos” que regaló al rector
de la Universidad Michoacana Enrique Arreguín. En esa misma época
realizó dos pinturas murales al fresco, una en “las canteras,” del barrio de
Santiaguito, la otra en el edificio del actual museo de arte colonial, ambas
desaparecidas ante el empuje transformador y la inconciencia de los res-
ponsables de dichos lugares.
En 1940, durante la celebración del cuarto centenario de la Funda-
ción del Colegio de San Nicolás, en el marco delos trabajos de la “Univer-
sidad de Primavera,” con la presencia de intelectuales e investigadores
nacionales y extranjeros, se otorgaron reconocimientos a profesores emé-
ritos de la Universidad Michoacana; en el acto central el presidente de la
República mexicana, Lázaro Cárdenas el Río entregó varias medallas a
algunos maestros merecedores a tal distinción; entre ellos estuvo el profe-
sor Alfonso Sereno Sereno, quien con inusitada sencillez recibió la presea
con la efigie de Don Vasco de Quiroga, junto con Rafael C. Haro, Enrique
Arreguín, Jesús Romero Flores y otros distinguidos nicolaítas. Un año
más tarde el profesor “Serenito,” como se le decía en ese tiempo, donó
cuatro óleos de su autoría a la Universidad Michoacana, una con la ima-
gen de Hidalgo, otra de Morelos, una más de Melchor Ocampo y la última
con el rostro de Donato Arenas.
En plena madurez humana y artística don Alfonso se ocupó de pin-
tar todas las decoraciones para el teatro Ocampo, diseñaba portadas para

269
villaseñor / martínez

revistas y anuncios comerciales; destaca como detalle de su personalidad


el cariño y nostalgia que siempre conservó por su “patria chica”, Acuitzio,
en una de las ocasiones que regresó a su tierra natal donó a la parroquia
de San Nicolás de Tolentino cuatro pinturas, cada una representaba a los
evangelistas, con ella se decoraron las “pechinas” de la cúpula interior
del templo. Además de en Morelia formar una colección de postales de
las principales cabeceras municipales de nuestra entidad. En palabras de
su hija Yolanda Sereno Ayala, quien amablemente nos proporcionó esta
información, documentos, imágenes, dibujos, fotografías y sus vivencias,
afirma: “Serenito fue un hombre honesto a carta cabal, un padre amoro-
so, que ayudaba económicamente a sus alumnos más pobres.” Su muerte
ocurrió el día 5 de agosto de 1956 dejando una profunda huella en la gente
que le conoció por su trabajo y ejemplo.

Jesús Flores Maldonado, un ejemplo de superación

Era el año de 1921 en la población de Acuitzio, aún se resentían los efec-


tos de la Revolución Mexicana y el paso de los bandoleros por la región;
la vida era difícil para los campesinos, jornaleros y trabajadores que se
vieron de pronto sin empleo y sin manera de conseguir una nueva forma
de subsistir. Mientras los campesinos clamaban por obtener un pedazo
de tierra para sobrevivir; el día 8 de mayo, en el humilde barrio de “Que-
rérimo” llegaba al mundo un niño que fue bautizado y registrado con el
nombre de Jesús. Quien tuvo que trabajar desde temprana edad al quedar
huérfano y por ende no tener quiénes le apoyaran en lo más mínimo, si-
tuación que no le impidió estudiar, dedicándose a vender dulces, aguas y
gelatinas a los transeúntes pobladores, arrieros y amas de casa que transi-
taban por las polvorientas calles del pueblo. Esta actividad lejos de doble-
garlo fomentó en él un carácter vigoroso y un espíritu de superación que
le acompañaría a lo largo de su vida.
Don Jesús Flores hizo sus estudios primarios en la escuela Vicente
Riva Palacio de su municipio, siendo su maestro de cuarto y quinto grado
el profesor Domingo Rubio, un hombre sencillo y sabio a quien don Je-

270
acuitzio / monografías municipales

sús llegó a apreciar con respeto y cariño.


Al término de la primaria se vio solo en
el pueblo, sin familiares y sin recursos
para continuar sus estudios fuera del
pueblo y, a pesar de que obtuvo una
beca para cursar la secundaria en More-
lia no logró realizar ese sueño porque la
beca era muy limitada e insuficiente y él
no podía solventar el resto de los gastos
que implican estudiar fuera del pueblo.
Fue un hombre siempre activo,
inquieto y tenaz, ante las pocas posi-
bilidades de salir del pueblo, inició en
una panadería su primer empleo for-
Don Jesús Flores Maldonado a sus 80 años mal a los 13 años como ayudante de
(Foto: por cortesía de su familia)
don Francisco Zambrano a mediados
de 1934, como revolvedor y repartidor de pan en los comercios loca-
les y tres años más tarde, debido a su constancia honradez y discipli-
na ya era socio del dueño, puesto que don Francisco decidió apoyar al
joven, quien dos años después, precisamente en 1939 ya era dueño de
su primer “amasijo;” un pequeño negocio de elaboración y distribución
de pan a nivel local y en algunas comunidades rurales; hasta llegar a
convertir su negocio en la mejor panadería de la región, famosa por la
calidad, precios y atención. Aunado al amor que siempre tuvo a su es-
posa Cuquita, dos fueron las pasiones de don Jesús: el futbol y el deseo
de ver progresar a su querido Acuitzio; la primera devoción la vivió
activamente como portero del Deportivo “Dragones de Acuitzio”, club
que en 1938 competía a nivel regional con los equipos de los vecinos
municipios de Tacámbaro, Indaparapeo, Villa Madero, Pátzcuaro, Eron-
garícuaro entre otros que don Jesús mencionaba. En los años cuarenta
estableció otra panadería en el histórico y antigua pueblo de Tiripetío,
para abastecer a los estudiantes de la Normal Rural “Vasco de Quiroga,”
ubicada en dicho lugar.

271
villaseñor / martínez

De su segunda pasión, es decir, del deseo de ver el progreso de su


municipio se tienen numerosas evidencias de sus actividades: en com-
pañía de otros distinguidos personajes, en 1974 encabezó las gestiones
para la creación de la primer escuela secundaria llamada “Profesor Do-
mingo Rubio,” en honor a su mentor en sus años de la infancia; centro
educativo que se transformó en el año de 1976 en La Escuela Secundaria
Técnica Agropecuaria # 711, en la cual don Jesús Flores fungió como
Presidente del Comité pro- construcción, en cuanto a espacios, equipa-
miento infraestructura y donación de los terrenos en donde actualmente
se encuentra.
Colaboraron con don Jesús en estas gestiones los expresidentes mu-
nicipales el Dr. Sergio Castrejón Ponce de León, Ismael Vargas Téllez y
algunos padres de familia entre los que destacan el señor Filiberto Bara-
jas, Joaquín López Coronel, Benjamín Arroyo y Xavier Hernández Espino
entre otros; este entusiasta grupo, igual que lo hicieran para mejoras ma-
teriales del pueblo años atrás, organizó rifas, kermeses, jaripeos y bailes
de gala durante las fiestas patrias para obtener recursos y así contribuir en
la instalación espacios dignos de los estudiantes. De las aulas de esta insti-
tución han salido profesionistas, líderes magisteriales, médicos, abogados
y hasta presidentes municipales, que mucho deben reconocer la labor que
este grupo de personajes realizaron en beneficio de su sociedad.
Siempre acostumbrado al trabajo y a la disciplina, don Jesús se levan-
taba antes de las cinco de la mañana a supervisar la labor de sus empleados,
para que así el pan “saliera calientito” desde las seis en punto a.m. y para
ese mismo día, a sus 79 años viajar a la ciudad de Morelia, en donde tenía
otro local de elaboración y venta de pan y, en una bicicleta habilitada como
carrito distribuidor, el mismo recorría algunas colonias del rumbo del pan-
teón municipal a entregar su mercancía en algunas tiendas y domicilios.
Sin preocuparle mucho su edad, el cansancio natural y los achaques que
empezaron a acecharle; siempre optimista, regalando una sonrisa, una lim-
pia y agradable mirada, poseedor del don de la charla de la que era experto
en futbol, historias de lugares y pueblos, música, fiestas, anécdotas y vida
de héroes nacionales a los que veneraba con una actitud mística.

272
acuitzio / monografías municipales

Los lugareños de Acuitzio se acostumbraron a la figura amable de


ese hombre de tez morena, que en las celebraciones nacionales adornaba
la fachada de su casa con emblemas de los símbolos patrios, se vestía con
sus mejores trajes, encaminaba sus pasos para participar el acto cívico,
luego retornaba el balcón de su casa a presenciar el desfile y lanzar con-
feti, serpentinas, aplausos a las comitivas y vivas a los héroes nacionales,
después marchaba a los campos deportivos a dirigir su equipo de futbol
y por la noche asistía al jardín a presenciar la quema de fuegos pirotécni-
cos, oír la banda de viento en el kisoco y cerrar la noche con el tradicional
baile de gala, para una vez más, de nueva cuenta al día siguiente retomar
sus labores cotidianas, siempre incansable, luchando a cada instante por
llevar a los hogares “el pan nuestro de cada día…”, con su partida de este
mundo a principios del año dos mil dejó un gran vacío, partían con él
ocho décadas de historia y sacrificio por un pueblo mejor.

Una vida honrada y sencilla: J. Trinidad Villaseñor Arreola

Finalizaba el año de 1930, el poblado de Acuitzio vivía un momen-


to de respiro tras el término de la Guerra Cristera. En un humilde
hogar, el día 26 de diciembre, en una fría mañana se escuchó por vez
primera el sonoro llanto de un recién nacido, quien fue bautizado y
registrado con el nombre de J. Trinidad; quien sería el cuarto de los
seis hijos que procrearía el piadoso matrimonio constituido por don
Cecilio Villaseñor Barajas y María Arreola Santoyo; ambos oriundos
de ese municipio. Este niño se distinguió por su clara inteligencia e
inquietud por el trabajo, creatividad y apoyo a los demás. Ingresó al
Colegio Particular “Juana de Arco,” de la misma cabecera municipal;
debido a su bien timbrada voz fue incorporado de inmediato al coro
“El Orfeón,” que dirigía el virtuoso profesor Saturnino Huerta. De
esta forma el inquieto “Trino” aprendió canto sacro al lado de otros
niños de esa época, incluyendo a sus propios hermanos: Jesús, el sa-
cerdote y Juan quien, fuera el organista de la basílica de Pátzcuaro
por muchos años; fueron sus compañeros Rafael Rosales, Francisco

273
villaseñor / martínez

y Salvador Gómez, Daniel


Arreola y Salvador Zavala
entre otros.
Desde los 12 años co-
menzó a trabajar en la tienda
abarrotera de su tío don Ti-
burcio Arreola, pero al ver que
no progresaría mucho, a los
16 años se marchó a vivir a la
capital del país. Así la ciudad
Don Trino Villaseñor Arreola junto a su esposa Isabel
Gómez Rodríguez, durante el año 2010 (Foto: familia de México recibió a un ado-
Villaseñor) lescente de cabello rizado y
castaño claro, ojos azules, nariz aguileña y un carácter alegre, pícaro y
bullanguero. Inició sus labores en la estación climatológica de Tacuba-
ya, después aprendió el oficio de plomero y más tarde laboró en una de
las muchas peluquerías que por ese entonces abundaban en el Distrito
Federal, en donde llegó a tener como clientes, a algunos artistas de la
época “de oro del cine mexicano.” Tras diez años de vivir en la capital,
regresó al pueblo ante la grave enfermedad de su padre; en ese tiempo
contrajo matrimonio con la joven Isabel Gómez Rodríguez; con quien
procrearían trece hijos.
Tras un breve tiempo, con su esposa en la capital del país, deci-
dieron regresar de manera definitiva a Acuitzio, para establecerse de
manera definitiva en su pueblo natal. Así a partir de 1960, “Don Tri-
no,” como le llamaban los vecinos del pueblo se acostumbró a servir a
los acuitzenses, trabajando al lado del bondadoso y sabio escritor don
Isidro Tapia, en la estación climatológica del lugar. Más tarde ingresó
a laborar en la oficina de rentas de su municipio, al tiempo que ejer-
cía la plomería, peluquería y trabajos de instalaciones eléctricas, junto
con reparación de aparatos del hogar. En esos años fue otra vez cantor
del coro de la parroquia del pueblo y, en unión con don Isidro Tapia
constituyó el Patronato de Agua Potable, para la introducción del vital
líquido a todas las viviendas del poblado.

274
acuitzio / monografías municipales

Su último empleo como trabajador formal lo realizó hasta el año


2013 en el OOAPAS de Acuitzio; dando mantenimiento al sistema hidráu-
lico y la distribución del agua a las viviendas de los lugareños. La jubila-
ción fue un factor que le hizo decaer su ánimo, poco a poco con la vida
sedentaria llegaron los padecimientos propios de la edad hasta que per-
dió la vista. Dueño de una honradez intachable, una sólida e incorruptible
moral, buscó siempre hacer el bien y servir a sus semejantes e inculcar a
sus hijos estos principios; fue un católico de elevada moral, alegre, dulce,
sencillo, un hombre que en sus últimos años alegraba la vida de sus nu-
merosos nietos, a quienes entretenía con sus bromas y chistes sencillos.
A principios del año 2014 se le diagnosticó un cáncer pulmonar en etapa
terminal, situación que soportó con serenidad y continuó con su habitual
carácter, hasta que la muerte lo sorprendió el 7 de enero del año 2015; a su
ceremonia luctuosa acudió una gran cantidad de pobladores, a despedir
y dar gracias al hombre sencillo y servicial, quien, utilizando una máxima
católica, agregaba con emoción: “dad, de beber al sediento…”

La labor del Profesor Trinidad Tarelo Madrigal,


un apóstol de la educación

Originario de Chilchota, mientras hacía erupción el volcán Paricutín,


vio por primera vez la luz solar un 22 de febrero de 1943, hijo del señor
Ignacio Tarelo y Esperanza Madrigal. Hizo sus estudios primarios en
la escuela Francisco I. Madero en ese mismo poblado, en donde creció
ayudando a su padre en las labores propias del campo: uncir la yunta,
sembrar, cuidar los animales y obedecer a sus padres. Siendo todavía un
niño se trasladó a la ciudad de Zamora a estudiar el primer año de la
secundaria, luego residió en Morelia y en la Normal Urbana culminó el
resto de su formación básica y la carrera docente; en ese lapso vivió en
la casa del profesor y poeta Tomás Rico Cano. Inició su labor docente a
los 17 años, en la localidad rural “El Rosal,” municipio de Tacámbaro;
ahí atendió durante un breve tiempo a 15 alumnos, enseguida pasó a la
comunidad de “Laguna Seca,” del municipio de Madero, sitio en el que

275
villaseñor / martínez

permaneció tres años. Ya con plaza


estatal permanente fue cambiado
a Etúcuaro, lugar en donde vivió
en la propia escuela, conviviendo
cinco años en la vida cotidiana con
los habitantes de la comunidad;
organizándolos y orientando a los
campesinos, participando también
en el futbol y las fiestas del peque-
ño poblado.
Tras un paso fugaz de tres
meses en la comunidad rural de
San Andrés Coapa del municipio
de Acuitzio, fue cambiado el 18 de
Profesor Trinidad Tarelo Madrigal (Foto: fami- julio de 1968 a la cabecera munici-
lia Tarelo Saucedo)
pal de dicha municipalidad; preci-
samente a la Escuela Primaria Vicente Riva Palacio con el nombramien-
to de director de ese centro escolar, en donde permaneció el resto de
su vida profesional. Ahí echó hondas y profundas raíces, puesto que
el año siguiente contrajo matrimonio con la señorita Josefina Saucedo,
originaria de San Diego Curucupaseo del vecino municipio de Madero;
una mujer valiente y disciplinada que de inmediato se integró en la vida
de su esposo. En ese entonces la escuela Vicente Riva Palacio vivía una
etapa crítica, hacían falta materiales de todo tipo: muebles, libros, piza-
rrones, personal docente y el edificio, que era adobe, de una sola planta
se encontraba en malas condiciones.
De inmediato se integró un comité pro -construcción de la escuela,
quien se dedicó a visitar acuitzences radicados en las ciudades de México,
Guadalajara y Estados Unidos a solicitarles donativos para dicha obra. En
esta labor fue invaluable la participación de otro ilustre paisano, exalum-
no de esta escuela: el Ingeniero Elías Pérez Avalos, quien fungía como
Director de Obras Públicas en el Gobierno de Michoacán y apoyó con pro-
gramas estatales en la construcción del excelente inmueble de dos plan-

276
acuitzio / monografías municipales

tas y muchas aulas. Los de la mesa directiva organizaron jaripeos, bailes,


kermeses, funciones le lucha libre, bajo la coordinación de los señores José
Calderón y Gustavo Javier y con lo recabado se compró la vivienda anexa
a la escuela y, en el inicio del ciclo escolar en año de 1975 se cortó el listón
que declaraba la inauguración de la remodelación del inmueble.
Al relatar el profesor estas actividades, lleno de emoción comenta
con orgullo la clave del éxito en su labor: vocación y entrega a su labor de
educar a la niñez, comunicación franca con los padres de familia, respeto a
los docentes, cumplir con los programas de clases respetando al magisterio
sindical, trabajo en equipo, unión, honradez, trabajo colectivo, en esos años
los mismos padres de familia hacían faenas de limpieza y trabajo, disciplina
y predicar con el ejemplo; bajo la dirección del maestro Trino se inculcó a
los alumnos el gusto por el deporte y la práctica del voli-bol; también cabe
mencionar que la escuela contó con una de las mejores bandas de guerra
de la región y obtuvo en constantes ocasiones primeros lugares en la olim-
piada del conocimiento. Al iniciar el año de 1990 la escuela abrió el turno
vespertino para albergar más estudiantes del municipio.
De los alumnos de la escuela Riva Palacio, que recuerda el profesor
Tarelo que han destacado en diferentes ámbitos están: el ingeniero Elías
Pérez Avalos, el doctor en físico- matemáticas Miguel Santoyo Mondra-
gón, el piloto aviador de las fuerzas norteamericanas Antonio Calvillo
López, el doctor Jaime Gómez González y sus propios hijos los doctores
Alejandro, cirujano oftalmólogo, posgraduado en Barcelona, Juan Ma-
nuel, cirujano cardiotorácico y Arturo cirujano dentista; además de los
muchos profesionistas que pasaron por las aulas de esta institución. En
su vida personal el maestro Trino, como se le nombra con respeto y cari-
ño, ha consolidado un matrimonio ejemplar. En alguna ocasión que se le
ofreció asumir la presidencia no aceptó por considerar que su ámbito y
vocación era la docencia, en la que permaneció cuatro décadas en Acuit-
zio, de donde se retiró al entender que la visión y el entusiasmo de antes
era distinta en su manera de trabajar.
Desde su percepción la tecnología y el cambio generacional pue-
den trastocar los valores, si el padre de familia y el docente pierden la

277
villaseñor / martínez

comunicación con el niño y descuidan los valores, como la identidad y


el respeto. En la actualidad los acuitzenses aún podemos ver la figura
amable y respetable del maestro Trino, caminando tranquilamente por
las calles de Acuitzio, descansando en el jardín del salón terrazas, de su
propiedad, que tiene una vista panorámica excelente hacia el manantial
llamado el “ojo de agua;” asistiendo a los eventos cívicos y religiosos
propios del palpitar de la vida de su pueblo, el sitio que lo acogió y
sintió los efectos positivos de la labor importante de este apóstol de la
educación mexicana.

el maestro Juan Bedolla Zarco:


entre la docencia y los ideales

Era el año de 1957 y precisamente el día 20 de septiembre en el “mes


de la patria”, nacería en Acuitzio del Canje, un niño a quienes sus
padres pusieron por nombre Juan. En ese entonces en el poblado mu-
nicipal de Acuitzio los ser-
vicios de educación, salud,
seguridad y otros rubros es-
taban muy limitados: las vías
de comunicación eran aún
muy deficientes para llegar a
la ciudad de Morelia existía
un camino de herradura de
tiempos de la colonia, muy
lodoso en tiempo de lluvias e
intransitable para los escasos
vehículos automotores; por
lo que resultaba difícil para
el común de los habitantes de
Acuitzio acceder a otros ser-
vicios como los médicos de Profesor Juan Bedolla Zarco, participando en un desfi-
las ciudades Morelia. le de fiestas cívicas en la ciudad de Pátzcuaro. Fotogra-
fía de Juan Andrés González Bedolla.

278
acuitzio / monografías municipales

Igual ocurría con las escuelas solamente había en la población de


nivel básico es decir, la primaria. Fue precisamente en la “Escuela Vi-
cente Riva Palacio” en donde el niño Juan, futuro docente cursó con
gran eficiencia su educación básica. Sus padres Pastor Bedolla Lara, y
Carolina Zarco Romero, conociendo la dedicación y aptitudes de su hijo
primogénito decidieron apoyarle en sus estudios secundarios y le envia-
ron a estudiar la secundaria a la ciudad de México, ahí curso el primer
año, para enseguida ser internado y concluir ese nivel de estudios en un
Colegio religioso en la ciudad de Celaya, en Guanajuato.
Posteriormente ingresó a la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiro-
ga” ubicado en el poblado de Tiripetío Michoacán. En la normal rural, Juan
reafirmó sus sueños e ideales en favor de las clases desprotegidas y la idea
de que la educación era una de las principales herramientas para alejar la
ignorancia y pobreza de los campesinos y obreros de Michoacán. Recién
concluidos sus estudios de “Maestro Rural” contrajo matrimonio con la se-
ñorita Carolina Villaseñor Gómez, también originaria de Acuitzio. Tras el
matrimonio de inmediato inició su carrera docente, eran los años setenta,
precisamente 1977, y fue la comunidad rural llamada “El Calabozo”, en el
municipio de Ario de Rosales su primer centro escolar laboral, ahí comenzó
el desarrollo de su potencial docente y su labor: a la usanza del verdadero
mentor, fue un apóstol de la educación: siendo profesor realizaba funciones
de “médico”, guía, orientador, consejero, amigo y confidente de los luga-
reños; ahí implementó acciones con los habitantes por la nutrición, salud,
higiene y buscaba el trabajo en equipo para unir a los campesinos en una
lucha contra la pereza e injusticias de toda índole.
En esa época vivía en la propia escuela, ubicada dentro de la pequeña
aldea de la localidad, en donde como parte de la comunidad, asistía a las
bodas, defunciones, bautizos y toda clase de eventos locales. En días labo-
rables por las tardes la escuela era un centro deportivo y de esparcimiento
social; ahí los lugareños solían jugar volibol, preparar ate de membrillo,
elaborar jugos de frutas y, al calor de una fogata, contar leyendas, histo-
rias, relatos y anécdotas de la localidad y región. Tras algunos años en ese
hermoso sitio, se le asignó a la comunidad de San José de Las Cañas, luego

279
villaseñor / martínez

“Paso del Real” y ¡Por fin! A la cabecera municipal: Ario de Rosales, en la


Escuela primaria, “Justo Sierra”, siempre frente a grupo. Tras algunos años
en Ario, fue profesor en dos comunidades rurales en Pátzcuaro, más tarde
en la Inspección, ya en la cabecera de esa ciudad.
Luego fue comisionado a la ciudad de Morelia, a laborar en las ofi-
cinas del Sindicato Magisterial, de los maestros democráticos; como encar-
gado de Relaciones Exteriores y Prensa; luchando por los derechos de los
compañeros y su dignificación laboral. Mostrando siempre una dedicación
ejemplar y una conducta intachable, a prueba de cualquier tipo de corrup-
ción, sin dejar jamás el sentido crítico ante el sistema de gobierno y la polí-
tica magisterial, de la cual repudiaba el divisionismo, la traición, el abuso y
la falta de convicción o de principios de algunos compañeros.
Era la fisonomía del maestro Juan Bedolla Zarco, la de un hombre
de mirada lánguida y tranquila, de hablar sereno y prudente. Solía en
ocasiones decir algunas máximas o frases cortas, convenientes para cada
ocasión y persona. “nunca sigas ideales que no te convenzan o que no sean
tuyos”, o bien “a tus hijos edúcalos con un poco de hambre y, otro poco
de frío”. Gran lector de diversos materiales que versaban sobre política
mundial nacional y local, literatura y arte; era un amante de sus raíces mi-
choacanas, sabía también trabajar en el campo como cualquier campesi-
no. Desde su visión, creía que mediante la educación el país lograría erra-
dicar la pobreza, corrupción y salir del subdesarrollo. Este auténtico líder
magisterial, era amante de la música mexicana y gran bohemio, deseaba
arrancar a este cruel mundo un fragmento de democracia y equidad para
los más desposeídos. Murió con la ilusión de que poco a poco y mediante
la educación este mundo sería algún día mejor.
Inolvidable la figura sencilla, sabia, servicial y afectuosa del pro-
fesor, el amigo, consejero prudente: Juan Bedolla Zarco, dejó un indele-
ble legado de ideales y lucha por el bienestar. Influyó sin lugar a dudas
en muchas generaciones de sus alumnos, a quienes, de manera directa
o indirecta dejó alguna enseñanza indeleble. Réquiem, loor y gloria a su
quehacer por la educación para el pueblo y por el bien de nuestro país. Su
última visita al lugar que le vio nacer fue él el día 23 de diciembre, en una

280
acuitzio / monografías municipales

fiesta en Acuitzio se despidió de sus familiares de manera serena, muy


tranquilo, presintiendo su partida hacia el infinito.
A la mañana siguiente llegó la noticia de su partida y con ella el
traslado de sus restos mortales, en una nochebuena por demás triste
para sus familiares y amigos. La muy navideña mañana del 25 de di-
ciembre del año 2009, acompañado de un gran número de personas que
le conocieron en vida y convivieron con él; es decir, el magisterio de-
mocrático de Michoacán, su esposa, amigos y familiares fue depositado
en la fértil tierra del panteón de Acuitzio este hombre, quien vivió para
su familia y por la educación. Pero no se ha ido: ¡Sus ideales y palabras
viven en quienes le conocieron y convivieron con él!

Don Xavier Hernández Espino:


un hombre multifacético y un ejemplo a seguir

Corría el año de 1932 y en una casa solariega de la capital del país, en


el lluvioso mes de agosto, precisamente el día 6, vio por primera vez la
luz de los rayos solares un niño
a quien sus padres pondrían por
nombre Xavier. Educado por
sus padres vivió una infancia
tranquila, bajo la férrea disci-
plina que su padre don Pedro le
impuso, quien junto con su ma-
dre doña Cuquita Espino habían
sido enrolados en la Revolución
Mexicana. Desde sus primeros
años, Xavier adquirió respon-
sabilidades trabajando con sus
padres, en la vecindad de la
que eran dueños, apoyando a
sus inquilinos y en la venta de
madera, al mismo tiempo que Don Xavier Hernández Espino (Foto: familia Her-
nández Mireles)

281
villaseñor / martínez

estudiaba la primaria, así lo sorprendió la adolescencia, entre el trabajo


y las diversiones sanas como lo eran los paseos al Cerro de la Estrella, las
excursiones a Chalma, Xochimilco o la práctica del futbol y el boxeo ama-
teur; las películas de la época de oro del cine mexicano, la fiesta brava, la
música de Javier Solís, las rumberas famosas. El teatro de revista, la carpa,
los bailes norteamericanos, afroantillanos, los ritmos del Caribe y latinos
fueron conocidos y disfrutados por el joven Xavier; quien por ese enton-
ces aprendió a bailar esos ritmos, como el mambo, el cha cha cha, cumbias
y otros ritmos, mismos que ejecutaba con gran energía, ritmo, vitalidad
y una gran alegría que daba gusto verlo deslizarse por la pista de baile.
Podemos definirlo como un autodidacta, gran conversador y amante de
la moda, la buena lectura, las modas y el buen vestir, puesto que aprendió
a hacer trajes.
Por circunstancia ajenas a su voluntad, a instancias de su madre
tuvo que partir de la capital “por un breve periodo” al pueblo de Acuit-
zio del Canje, del Estado de Michoacán; sitio al que llegó en 1962 a admi-
nistrar un pequeño negocio de venta de ropa; acompañado de su esposa,
doña Gudelia Mireles y de sus pequeñas hijas “Cuquita y Conchita”.
Acuitzio en esa época era un pueblo mal comunicado con la capital de
estado y otras ciudades, con caminos lodosos en épocas de lluvias y
difíciles de transitar. En casco del pueblo tenía calles de tierra, algunas
empedradas, con muchas viviendas en ruinas, un deficiente alumbrado
público y muchos de sus pobladores emigrando a otras ciudades o la
los Estados Unidos. No obstante lo anterior, con un pequeño capital,
inyectó mucho entusiasmo y vigor al local hasta convertirlo en una de
las mejores tiendas de la región.
El “breve tiempo” por el cual pensaba permanecer en Acuitzio se
transformó en una estancia definitiva, de tal suerte que poco a poco don
Xavier se fue involucrando en la vida social del municipio, a relacionar-
se con la gente. Apoyó y formó parte de “La Banda Viajera”, uno de los
mejores grupos no sólo del pueblo sino de la región, de la cual era el
vocalista y animador, impulsó la integración de comités de fiestas patrias,
recolectando fondos para la creación de la escuela Secundaria Técnica

282
acuitzio / monografías municipales

Agropecuaria #711, en compañía de gente como don Jesús Flores, Joaquín


López Coronel, Filiberto Barajas e Ismael Vargas Téllez entre otros entu-
siastas benefactores del poblado.
Impregnado de una fuerte personalidad nunca abandonó su carác-
ter alegre y juvenil, animador y organizador de fiestas, posadas y fogatas
de manera que los acuitzenses se acostumbraron a convivir con ese hom-
bre de movimientos ágiles y felinos que no permitía injusticias, bromas
pesadas o burlas, siempre intolerante con las acciones mediocres y con la
gente corrupta. Sus ojos verde aceituna y su fuerte temperamento pare-
cían comunicar de inmediato su aprobación o rechazo ante alguna situa-
ción, ante la cual bromeaba o manifestaba su rechazo.
Con el paso de los años don Xavier fue víctima de una fuerte embo-
lia en cuatro ocasiones y las mismas veces, dueño de una voluntad férrea
se sobrepuso a ellas; más con el paso del tiempo poco a poco se fue debi-
litando físicamente, en sus últimos años pasaba largas horas reposando
en la tranquilidad y el calor de su hogar que físicamente construyó él con
sus propias y hábiles manos el cual decoró con buen gusto; solía conver-
sar largamente comentando y haciendo crítica de las noticias, leyendo un
buen libro, analizando la política nacional y del estado, recordando su
México, la ciudad de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, la capital
que lo vio crecer, en donde tanta veces disfruto del placer y la satisfacción
que te da una buena vida honrada y llena de diversiones sanas, acompa-
ñado de su familia, jugaba con sus nietos, satisfecho de sí mismo, acep-
tando el reto que la vida la marco y que en sus propias palabras era: “vive
plenamente con dignidad y optimismo, respetándote a ti mismo y a los
demás”. Falleció una lluviosa mañana del 24 de julio de 2008, su tumba se
encuentra en el panteón municipal del pueblo de Acuitzio.

283
villaseñor / martínez

María Zenaida Sánchez, una vida de servicio


y amor por su tierra natal

Por José Arturo Villaseñor Gómez

Hay personas a quienes da gusto conocer, saludar y escuchar con


respeto, cariño y admiración porque han llevado una vida dedica-
da al servicio se su comunidad; tal es el caso de Zenaida Sánchez,
quien nacería en 1938 en la localidad rural denominada La Angostu-
ra, a escasos 5 kilómetros de la cabecera municipal del municipio de
Acuitzio. Acudimos a saludarla a su hogar un domingo del mes de
febrero del año 2024 tras varios años sin convivir con ella; la mañana
era hermosa, como los son en las comunidades rurales en donde aún
se puede percibir, la fresca campiña y el olor a tierra, ganado, a sur-
co y trabajo sano. Al llegar a su casa tras cruzar la cerca de piedra y
entrar al patio nos recibieron sus perros y tras ellos emergió la figura
de Zenaida, con su rostro afable, su sonrisa apacible invitándonos a
pasar del corredor al interior de su casa. Ahí iniciamos la conversa-
ción cargada de imágenes, de recuerdos y memorias… Nos habló de
las viejas ruinas prehispánicas cercanas a su casa, puesto que el lugar
fue un antiguo centro ceremonial llamado Chicácuaro, junto a la gran
laguna de Coapa, al este del Acuitzio, cercano también a Tiripetío, en
esas ruinas, agrega, “jugábamos desde niños actividades de nuestra
época: a las escondidas, matatena, sus abuelos, los niños al trompo,
yoyo, resorteras, canicas, valeros, entre otros juegos; contábamos re-
latos de aparecidos que escuchábamos narrar a nuestros mayores”.
Era otra época, distinta mentalidad- argumenta; “desde niños solía-
mos colaborar en las actividades propias del campo: el cuidado de
las aves en el patio de la casa, preparar la comida, llevarla al lugar
de la labor cuando era el momento de sembrar maíz, frijol, calabaza,
trigo, avena, cebada”, puesto que los terrenos no son ejidales sino
pequeña propiedad; por lo que también colaboraba en ayudar en la
preparación de la comida: moler en el metate, hacer tortillas, prepa-

284
acuitzio / monografías municipales

Fotografía del albúm familiar. Propiedad de Zenaida Sánchez

rar atole blanco, los guisos, recoger la casa, regar la plantas, ayudar
en el cuidado de aves cerdos y alguna vez ganado. “Ya por la tarde
sentarnos en los pasillos a escuchar las pláticas de nuestros padres y
abuelos, cargadas de relatos e historias de otros tiempos y lugares, re-
zar el rosario y tras una cena austera ir a dormir, para al día siguiente
levantarnos con el canto de los gallos a las labores cotidianas, en tem-
porada de frutos silvestres cortábamos capulines y zarza y, duraznos,
membrillos, tejocotes, manzanos; hasta que, años más tarde llegó la
escuela de gobierno de educación básica, en donde Zenaida cursó
la primaria. “A mí me ha gustado siempre colaborar para que exista

285
villaseñor / martínez

una buena armonía y colaboración en beneficio de toda nuestra co-


munidad”, -agrega Zenaida- quien, con una sonrisa que muestra una
gran satisfacción agrega: “desde organizarnos para arreglar el cami-
no, ayudar a quien lo necesite, trabajar por la escuela, apoyar en la
capilla coordinando a las catequistas, preparar las posadas, las fiestas
de la localidad de La Angostura, procurar que no falte el agua en las
casas y que no haya problemas de ningún tipo en la comunidad”.
Recuerda con agrado su adolescencia y juventud, cuando los
fines de semana desde el sábado por la tarde se preparaba toda la
familia para el domingo asistir a la misa y compras al poblado de
Acuitzio del Canje, la cabecera municipal, “salíamos muy temprano
caminando y charlando alegremente, a esperar la misa mayor al me-
diodía, luego a hacer las compras de lo que no teníamos en el rancho,
jabón, azúcar, algunas pastas, velas, aparatos de lámina para alum-
brarnos por la noche, cerillos, alcohol para remedios y curaciones
y otros productos, luego nos íbamos a comprar a la tienda de don
Diego Farías, una moneda de 20 centavos alcanzaba para dulces, pan
y una nieve en la plaza principal”. También acudíamos a todas las
fiestas civiles importantes del poblado, a los desfiles, algún jaripeo, a
las fiestas religiosa de la Semana Santa, del San Nicolás de Tolentino
hasta presenciar la quema del castillo y fuegos pirotécnicos, así como
a la celebración de la Virgen de Guadalupe había kermes, música de
banda de viento, procesiones y actos religiosos. Por esa razón busca-
mos también en nuestra comunidad construir una capilla en honor al
Niño Salvador, una imagen muy venerada por los vecinos de la co-
munidad cuya fiesta se celebra el 6 de agosto que inició en el año de
1902, allí Zenaida se convierte en parte importante de los rituales, tri-
duos, mañanitas, procesiones, misas, kermeses, cohetes, contratar la
música, adornar el interior y exterior de la capilla; ha cobrado tanto
auge la fiesta que en el año 2002 el propio arzobispo Alberto Suárez
Inda fue a celebrar la misa mayor a la capilla el niño Salvador. Hasta
hace algunos años los nacidos en la comunidad de la Angostura y
lugares cercanos que han emigrado a otros lugares como la ciudad

286
acuitzio / monografías municipales

de México y los Estados Unidos de Norteamérica venían a integrarse


y participar de la fiesta. Igualmente ocurría con otras celebraciones
como las de diciembre, época de pastorelas, posadas año nuevo y
reyes. De esta forma, entre recuerdos, bromas y una charla amena
nos despedimos el maestro Edgardo Calvillo y yo de Zenaida, con el
compromiso de continuar la plática, puesto que ella tiene aún mucho
ánimo de seguir contribuyendo en la armonía y organización de su
comunidad. Admirada, respetada y querida por mucha gente Zenai-
da es un ejemplo de servicio y amor por el lugar que le viera nacer…

Imagen del Niño Salvador tomada de la capilla


de la localidad La Angostura (Foto: Edgardo
Calvillo López)

287
villaseñor / martínez

datos estadísticos y planos

Población de las localidades de Acuitzio 2024


en- nombre de la entidad mu- nombre clave nombre de localidad pobla-
ti- nici- del mu- de ción
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16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0000 Total del Municipio 11301
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0001 Acuitzio del Canje 7439
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0002 Los Aguacates 108
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0003 La Angostura 239
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0004 Aróstaro 1
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0005 Arroyo Hondo 68
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0006 El Auxilio (Los Tanques) 18
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0007 La Campana 109
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0008 Las Canoas 61
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0009 El Ciprés 32
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0010 Cruz Gorda 14
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0011 Cutzaro 526
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0013 Huajumbo 236
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0014 La Laja 64
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0015 La Palma 356
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0016 Páramo 117
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0017 El Paredón 23
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0018 Paso del Muerto 45
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0020 San Andrés Coapa 630
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0021 Tamanguío 157
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0023 Tirípano 101
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0024 El Tzintzún 95
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0025 El Varal 26
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0026 La Vinata 28
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0027 Ziparapio el Alto 194
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0032 Agua Grande 7
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0033 Agua Puerca 52
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0034 Corralo (Tirindiriz) 66
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0036 La Peñita 68

288
acuitzio / monografías municipales

16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0038 Rosa de Castilla 48


16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0039 El Terrero 4
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0040 La Tinaja 42
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0041 Las Trojes (Las Trojas) 15
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0042 La Huizata 33
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0044 La Paloma (Ziparapio el Bajo) 114
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0046 Las Juntas 78
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0047 El Melón 17
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0048 El Moral 10
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0050 Loma del Pastor 32
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0053 Francisco Villa [Colonia] 25
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 0054 Tepatzicuaro 3
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 9998 Localidades de una vivienda 8
16 Michoacán de Ocampo 001 Acuitzio 9999 Localidades de dos viviendas 17
Fuente: eleboración propia con datos del inegi 2024

289
villaseñor / martínez

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LOCALIDAD URBANA Y/O RURAL.............. CEMENTERIO........................................... +
LOCALIDAD Acuitzio del Canje (0001) POLÍGONO ENVOLVENTE........................... VÍAS DE COMUNICACIÓN PLAZA O JARDÍN...................................... ?
AGEB URBANO............................................. VÍA FÉRREA.................................. METRO O TREN LIGERO......................... /
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Plano de localidad
urbana, Acuitzio (inegi,
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ADVERTENCIA
ÍNDICE DE ARMADO: LAS REPRESENTACIONES ESTATALES, MUNICIPALES Y DE LAS DEMARCACIONES TERRITORIALES DE LA CIUDAD DE MÉXICO
1 de 1 FUERON COMPILADAS DEL MARCO GEOESTADÍSTICO, EL CUAL ES UN SISTEMA ÚNICO Y DE CARÁCTER NACIONAL DISEÑADO E
IMPLEMENTADO POR EL INEGI PARA REFERENCIAR LA INFORMACIÓN ESTADÍSTICA DE LOS CENSOS Y ENCUESTAS CON LOS
LUGARES GEOGRÁFICOS CORRESPONDIENTES; DIVIDE AL TERRITORIO NACIONAL EN ÁREAS DENOMINADAS ÁREAS
GEOESTADÍSTICAS, CON TRES NIVELES DE DESAGREGACIÓN: AGEE (ÁREAS GEOESTADÍSTICAS ESTATALES), AGEM (ÁREAS
GEOESTADÍSTICAS MUNICIPALES) Y AGEB (ÁREAS GEOESTADÍSTICAS BÁSICAS), LAS CUALES CUENTAN CON UNA CLAVE ÚNICA.
ESCALA: 1: 8,900 PARA LA DELIMITACIÓN SE UTILIZAN RASGOS FÍSICOS IDENTIFICABLES Y PERDURABLES, CONSIDERANDO EN LA MEDIDA DE LO
0 90 180 360 540 POSIBLE LOS LÍMITES POLÍTICO-ADMINISTRATIVOS CUANDO ESTOS CUENTAN CON EL SUSTENTO LEGAL APROBADO POR LA
m AUTORIDAD COMPETENTE Y SE DESCRIBEN EN FORMA CLARA Y PRECISA.
FECHA DE ACTUALIZACIÓN: JULIO DEL 2023
Acuitzio a finales del siglo xx (Foto: Anónimo, Archivo Histórico, Fotográfico y Documental, Noel Téllez)
villaseñor / martínez

notas
1
ruiz guadalajara, “Representaciones colectivas, mentalidades e historia cultural: A pro-
pósito de Chartier y el mundo como representación”, p. 46.
2
La idea de representación, según Roger Chartier, está en las diferentes maneras a través
de las cuales las comunidades, de acuerdo con sus diferencias sociales y culturales perci-
ben y comprenden su sociedad y su propia historia.
3
ríos saloma, “De la historia de las mentalidades a la historia cultural: notas sobre el de-
sarrollo de la historiografía en la segunda mitad del siglo XX”, p. 136.
4
Se puede concebir el concepto de imaginario como la “dimensión constructiva del ser, son
imágenes y símbolos que pueden ser estudiados para entender significados dinámicos que
dan lugar a nuevas interpretaciones y tienen desde luego un lenguaje simbólico”. Ver sola-
res, “Aproximación a la Noción de Imaginario”, p. 129. El imaginario se aleja de la mitología
que es una narración sagrada alusiva a personajes divinos que se traducen de manera sim-
bólica y de la ficción que es la invención a la cual no corresponde ninguna realidad.
5
Roger Chartier enunció que la historia cultural se apartaba de la dependencia demasiado
estricta, en relación con la historia social dedicada al estudio de las grandes coyunturas
políticas y económicas, no obstante, volvía a lo social “al fijar su atención en estrategias
simbólicas que determinan posiciones y construyen para cada grupo o medio un ser cons-
titutivo de su edad”. En chartier, El mundo como representación, p. 57.
6
La colectividad designa su propia identidad y la de los demás elaborando representa-
ciones que marcan la diferenciación de roles fijando modelos formadores: el jefe, el buen
súbdito, el valiente guerrero y el ciudadano, entre otros.
7
moradiellos, El Oficio de Historiador, pp. 21-22.
8
bonfil batalla, “Historias que no son todavía historias”, pp. 237-240.
9
mc enulty, La Traza en los Asentamientos Novo-hispanos, el caso de la cuenca lacustre de Pátz-
cuaro, pp. 2-5. Esta autora afirma que “Los usos rituales tienen una forma particular de
adaptarse a los espacios, el uso ritual en la ciudad es efímero, pero arraigado en la memo-
ria colectiva de sus calles”. En esos espacios se manifiestan sus tradiciones, celebraciones,
actividades, modos de vida, valores ya sean espacios o no monumentales. Ver también:
chanfón olmos, Fundamentos Teóricos de la Restauración, p. 45.
10
rodríguez bravo y rivera sánchez, “Los tipos mexicanos de aguadores y aguadoras en la
fotografía del siglo XIX: Representaciones y estereotipos de género”, pp. 74-82.
11
mc enulty, La Traza en los Asentamientos Novo-hispanos, el caso de la cuenca lacustre de Pátz-
cuaro, pp. 165-176. En ese espacio se interrelacionan historias de corta y larga duración con
cambios y continuidades de las acciones humanas. Se concibe este espacio como patrimo-
nio, considerado de forma homogénea, que integra no solamente las obras representati-
vas consideradas de un valor importante, sino también los elementos más modestos que
con el tiempo han adquirido un valor cultural o natural; ícomos, Carta sobre Conservación de
Centros Históricos y Áreas Urbanas, p. 2. Este documento señala las cualidades por conser-
varse con carácter histórico de un poblado o área urbana y todos los elementos materiales
y espirituales que expresen ese carácter: los patrones urbanos definidos por lotes y ca-
lles, las relaciones entre edificios y espacios de áreas verdes abiertos, la apariencia formal
exterior e interior de los edificios definida por la escala, el tamaño, estilo, construcción
material, color y ornamentación; la relación entre el poblado, el área urbana y su entorno,

294
acuitzio / monografías municipales

las variadas funciones del poblado que han adquirido con el paso del tiempo. Esta Carta
también explica que tanto la traza urbana como los espacios abiertos, escala, lotificación y
espacialidad definen el carácter americano a diferencia de lo europeo, siendo también ele-
mentos ligados a la identidad, elementos que evidencian los hilos históricos entrelazados.
12
La traza urbana considera la morfología, vías, redes de circulación, su ordenamiento y
trazado de calles. Su configuración depende también de las condiciones del suelo y clima,
a través de la traza urbana es posible conocer el desarrollo histórico y evolución de un
centro urbano y sus características únicas.
13
mc enulty, La Traza en los Asentamientos Novo-hispanos, el caso de la cuenca lacustre de
Pátzcuaro, pp. 10-12.
14
Kubler, Arquitectura mexicana del siglo XVI, p. 100. El diseño de las vías de comunicación,
las soluciones urbanas según las condicionantes físicas y culturales del sitio, “que mani-
fiesta cierta repetición de sistemas usados antes de la conquista en ambos continentes;
cuya resultante fue un poblado mixto”.
15
lynch, La imagen de la ciudad, pp. 12-13.
16
braudel, La historia y las ciencias sociales, p. 15.
17
instituto nacional de geografía y estadística (en adelante inegi), Síntesis Geográfica de
Michoacán, pp. 5-16.
18
solís chávez, Transformación en la tenencia de la tierra y cambios territoriales, integración y
conflicto en el Valle de Tiripetío, Michoacán, pp. 1-3.
19
acuña, “Relación de Tiripetío”, p. 346.
20
Los agustinos instalados en Tiripetío, iniciaron el proceso de evangelización, fenómeno
que se extendió hasta la tierra caliente michoacana. Ver de alcalá, Relación de Ceremonias y
Ritos y Celebraciones de Michoacán, pp. 346-348. Este documento elaborado en 1540, describe
las costumbres de los habitantes de Michoacán antes de la conquista española.
21
Ver cedeño peguero, El General Epitacio Huerta y su Hacienda de Chucándiro (1860-1892),
pp. 20-25.
22
cerda farías, Tiripetío en el siglo XVI, pp. 15-17.
23
Ver fernández villanueva-medina, “El desarrollo urbano de Tzintzuntzan, época prehis-
pánica y periodo colonial temprano”, pp. 147-162.
24
La toponimia es una importante denotación y reflejo de las características geográficas
de un lugar determinado, representa también algún hecho ocurrido, es parte del simbolis-
mo; por ejemplo el cerro del Tzintzún es el lugar del colibrí, Huizata significa en el zacatal,
Huajumbo es el valle de la uaxunda o yerba. Destacan el colibrí y la serpiente animales
sagrados para los purépechas, (Acuitzeo significa lugar de culebras, es la región que co-
munica al inframundo), Tziprapio el lugar en donde se hizo la guerra por la mañana,
Cutzaro es la ladera arenosa y de descanso, ladera, Tamanguio se traduce como hombre de
cara manchada y también como tronco de donde brota el agua, Tirípano lugar a donde se
lleva el oro. Ver león, Anales del Museo Michoacano, pp. 30-65; ver también corona núñez,
Diccionario Geográfico Tarasco-Náhuatl.
25
solórzano gil, La transformación del territorio en torno a la hacienda de Coapa en Michoacán.
Metodología del Análisis del espacio y propuesta de conservación, aspecto 4.7.2, Diagnóstico de
crecimiento del asentamiento.
26
basalenque, Los Agustinos, aquellos misioneros hacendados. Introducción selección y
notas de Heriberto Moreno, p. 67. Una legua equivale a 5000 varas, que son 4190 me-

295
villaseñor / martínez

tros; ver también bazant, Cinco haciendas mexicanas. (Tres siglos de vida rural en San Luis
Potosí 1600-1910).
27
solís chávez, Transformación en la tenencia de la tierra y cambios territoriales, integración y
conflicto en el Valle de Tiripetío Michoacán, p. 32.
28
solís chávez, Transformación en la tenencia de la tierra y cambios territoriales, integración y
conflicto en el Valle de Tiripetío Michoacán, p. 42.
29
Este tipo de congregación se inspiró en las utopías de Tomás Moro, aunque cabe resaltar
que la visión indígena también quedó integrada puesto que las tierra del pago de tributo
a los españoles de los indígenas no se dieron en propiedad privada, como tampoco las
actividades agrícolas fueron de forma individua, sino que se otorgaron en comunidad, de
manera colectiva, tal y como se venían trabajando en tiempos prehispánicos. Ver muriel,
Hospitales de La Nueva España, pp. 69-70.
30
Las disposiciones de las ordenanzas corresponden, a un asentamiento de traza ortogo-
nal solamente en las manzanas del eje rector o Calle Real.” archivo general de indias (en
adelante agi), Justicia, legajo 130, fs. 277-277v y 286.
31
solano, “Nuevas Ordenanzas del Descubrimiento, Poblado y Pacificación de las Indias,
13 de julio de 1573”, pp. 211-212.
32
tovar de teresa, “La utopía del Virrey de Mendoza”, p.29; ver también chanfón olmos,
Arquitectura del siglo XVI, Temas escogidos, p. 6.
33
solano, Instrucción al Comendador Nicolás de Ovando, Gobernador de las islas y tierra firme,
sobre el modo y manera de concentrar en los pueblos a la población indígena dispersa, p. 24.
34
archivo general de notarías de morelia (En adelante agnm), Ramo de tierras y aguas,
1714, legajo 1º, Número 57. Este documento habla del interminable trámite y pleitos con
los agustinos y otros españoles e indígenas por regularizar las tierras que les fueron otor-
gadas a los congregados.
35
agnm, Ramo tierras y aguas, Pátzcuaro, 1714, legajo 1º, Número 57. Refrendado de Juan
Benitez, signado por Pedro del Valle, escribano Real, dado en una Real Provisión en favor
de los naturales de Acuitzio, en pleito que siguieron con el convento y religiosos del Señor
San Agustín del pueblo de Tiripetío
36
agnm, Ramo tierras y aguas, Pátzcuaro, 1714, legajo 1º, Número 57.
37
paredes martínez, Y por mi visto… Mandamientos, ordenanzas, licencias y otras disposiciones
virreinales sobre Michoacán en el siglo XVI, p. 116; ver también nettel ross, Colonización y pobla-
miento del Obispado de Michoacán, Morelia, Instituto Michoacano de Cultura, 1990, pp. 282-286.
38
archivo parroquial de acuitzio (En adelante apa), Libro de Bautismos #1, de 4 de marzo/
1684, f. 8, sus padrinos Joseph Tovar e Isabel Nicolasa indios del pueblo.
39
apa, Libro de Bautismos, #1, f. 20, 23/agosto/1687, y f. 20v., 29/septiembre/1687.
40
villaseñor gómez, Efemérides de los municipios de Michoacán, Morelia, Gutemberg, 2021, p. 62.
41
archivo histórico casa de morelos (En adelante ahcm) Parroquial/Disciplinar, Pa-
drones/Asientos, c. 1281, el 29 de abril/1709, Padrón de San Juan Bautista Tiripetío.
42
archivo histórico municipal de morelia (En adelante ahmm), Justicia, c. 164, exp. 6,
1716, Contra Joseph Antonio, morisco esclavo y Juana Baraxas, mulata libre ambos de la
Hacienda de Coapa por robo a la iglesia de San Diego Tzintzuntzan.
43
villaseñor y sánchez, Theatro Americano. Descripción general de los reinos y provincias de la
Nueva España y sus jurisdicciones, pp. 309-310.
44
ahcm, Justicia, c. 184, exp.15, 14 agosto/1776, Acuitzio, “Contra José Morales lobo”.

296
acuitzio / monografías municipales

45
ahmm, f. 16v., 29/agosto/1776, El Alcalde y Común de naturales de San Nicolás Acuit-
zio al Oidor Antonio de Villa Urrutia.
46
ahcm, Registro de Emolumentos que los curas deben cobrar, Curato de Acuitzio, Nú-
mero 16, 1775. La decadencia de Tiripetío, contrastaba con Acuitzio, sitio que concentró
más población y con ella el desarrollo de otras actividades relativas al comercio, agricultu-
ra y curtiduría de pieles de ganado.
47
AHCM, Parroquial/Disciplinar, Padrones/Asientos, caja 1281, 29 de abril/1709, Padrón
de San Juan Bautista Tiripetío. El documento refiere como el cura ya vivía en 1775 en
Acuitzio, pueblo “crecido en Yndios y gente de razón, dentro y fuera rodeado por ranche-
rías, en cambio Tiripetío es de tazación y toda que no pagan los indios [ilegible…] En esta
etapa la Hacienda de Coapa tenía cuatro estancias de ganado mayor y menor, además de
cuatro labores de maíz y trigo.
48
AHMM, Gobierno, caja 13, exp. 21, ff.5 y 22 del 18 /abril/1804, Acuitzio, Valentín Her-
nández subdelegado del Partido de Tiripetío al intendente. El documento aquí citado tam-
bién menciona como a pesar de esta notoria mezcla étnica, los delitos menores por em-
briaguez, robos y adulterios siguen tratándose como incidencias de indios y a resolverse
“en lo verbal” por el subdelegado, puesto que sus gobernados se asumían ellos mismos
como indígenas.
49
bonfil batalla, “Nuestro patrimonio cultural, un laberinto de significados”, pp. 43-46.
50
basalenque, Historia de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, pp. 27-30.
51
morín, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento desigual en una econo-
mía colonial, pp. 26-27. El “Habeas Corpus” significaba en lo religioso la celebración de la
“misa de cuerpo presente” del fallecido, era una celebración de desagravio y petición de
perdón por los pecados que en vida cometió el difunto, que hacía su presentación ante
el juicio de Dios. Entrevista realizada al Fray Sergio Rodríguez Vega, de la orden de San
Francisco del Arzobispado de Michoacán realizada por José Arturo Villaseñor Gómez el
día 30 de marzo de 2023 en el Santuario de Tlalpujahua, Michoacán.
52
morín, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento desigual en una eco-
nomía colonial, p. 80.
53
La labor de los frailes fue ardua, incluyó además de la refundación, introducir ganado,
aves, cerdos y cultivos que eran traídos de Europa, así como instruir a los naturales en las
artesanías, mediante los oficios de carpintería, sastrería, herrería, elaborar zapatos, entre
otros talleres. Ver basalenque, Los Agustinos, aquellos misioneros hacendados, pp. 58-60.
54
archivo parroquial de tiripetío (en adelante apt), Libro de Bautizos (1596-1681), año 1664.
55
apt, Libro de Bautizos (1596-1681), año 1664.
56
apt, Libro de Bautizos (1596-1681), año 1664.
57
ahmm, Caja, 26, Expediente: 5-B, año 1672.
58
agnm, Ramo tierras y aguas, Pátzcuaro, legajo 1º, año 1714, fojas 20-B. No obstante el
conflicto no se resolvió con el dictamen.
59
Archivo Histórico del Ayuntamiento de Morelia (En adelante aham), Ramo Gobierno,
exp. 15, 13 fs., año 1763.
60
AHAM, Ramo Gobierno, caja 20, exp. 5, 19 fs., año 1777.
61
AHCM, Registro de emolumentos que los curas deben cobrar, año 1775, número 16, Fol-
der curatos. Una razón más del cambio de residencia de fray Joachín fue el flore-
cimiento de “las muchas rancherías” (de Acuitzio), como Tziparapio, Huajumbo y

297
villaseñor / martínez

Cutzaro, según lo manifestó el Theniente Don Juan Antonio de Tapia al virrey Don
Antonio María de Bucareli.
62
AHAM, Ramo Gobierno, caja 13, exp. 19, 20 fs., Valladolid, 30 de abril de 1778.
63
AHAM, caja 13, exp. 31, 1781, 4 fs. Las autoridades ordenaron al Teniente abstenerse de
cometer los abusos denunciados.
64
AHAM, Ramo gobierno, caja 13, exp. 21, 1778, 44 fs.
65
AHAM, caja 13, exp. 21, 1778, 44 fs.
66
AHAM, Ramo gobierno, caja 13, exp. 21, 1778, 44 fs.
67
AHAM, Ramo gobierno, caja 13, exp. 21, 1778, 44 fs.
68
AHAM, Ramo gobierno, caja 13, exp. 21, 1778, 44 fs.
69
aham, Ramo Gobierno, caja 51, exp. 31, 1761, 14 fs.
70
aham, Ramo Gobierno, caja 13, exp. 2, 1764, 9 fs.
71
AHCM, Registro de emolumentos que los curas deben cobrar, Curato de Acuitzio núm. 16, año 1775.
72
ahcm, Registro de emolumentos que los curas deben cobrar, Curato de Acuitzio núm. 16, año 1775.
73
aham. Ramo Hacienda, caja 6, exp. 2, 1794, 32 fs.
74
AHAM, Ramo hacienda, caja 7, exp. 17, 1800, 18 fs.
75
villaseñor y sánchez, Theatro Americano. Descripción general de los reinos y provincias de la
Nueva España y sus jurisdicciones.
76
de bustamante, Cuadro histórico de la Revolución Mexicana. Tomo I, pp. 73-75.
77
archivo histórico municipal de morelia (en lo sucesivo se refiere como ahmm), Fondo
Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763, I/3.9.3, Juicio ordi-
nario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales que les demandan
los del pueblo de Tiripetío.
78
Warren, La conquista de Michoacán, 1521-1530, p. 241; peter Gerhard, Geografía histórica de
la Nueva España, 1519-1821, p. 355.
79
AHMM, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.
80
peter, Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821, pp. 356-357.
81
lemoine, Valladolid-Morelia 450 años. Documentos para su historia, pp. 70, 118; peter, Geo-
grafía histórica de la Nueva España, 1519-1821, pp. 361-362. Este último autor refiere que
Tiripetío y Acuitzio habrían sido de manera simultánea cabeceras de congregación de la
población indígena de la comarca geográfica circundante.
82
lópez lara, El obispado de Michoacán en el siglo XVII. Informe inédito de beneficios, pueblos y
lenguas, pp. 206-207.
83
ahmm, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.
84
cortés máximo, De República de indios a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y
cabeceras de Michoacán, 1740-1831, pp.112-113.
85
castro gutiérrez y terrazas (Coordinadores y editores), Disidencia y disidentes en la his-
toria de México, pp. 101-116.
86
ahmm, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.

298
acuitzio / monografías municipales

87
ahmm, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.
88
La reiterada aseveración de contar con parroquia evidentemente es errónea toda vez que
Acuitzio fue vicaria fija de Tiripetío hasta 1854, cuando se creó su propio curato. Segura-
mente la mayor parte del tiempo pretendían manifestar el hecho de contar con templo y
otros espacios decorosos para el culto religioso en ese lugar.
89
ahmm, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.
90
cortés máximo, De República de indios a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y
cabeceras de Michoacán, 1740-1831, p. 113.
91
ahmm, Fondo Colonial, Gobierno, obrajes y servicios personales, caja 48, E-15, año 1763,
I/3.9.3, Juicio ordinario: Los naturales del pueblo de Acuitzio sobre servicios personales
que les demandan los del pueblo de Tiripetío.
92
castro gutiérrez, Movimientos populares en Nueva España. Michoacán, 1766-1767, pp. 94-139.
93
franco cáceres, La Intendencia de Valladolid de Michoacán: 1786-1809. Reforma administra-
tiva y exacción fiscal en una región de la Nueva España, pp. 61-64.
94
franco cáceres, La Intendencia de Valladolid de Michoacán: 1786-1809. Reforma administra-
tiva y exacción fiscal en una región de la Nueva España, p. 107.
95
franco cáceres, La Intendencia de Valladolid de Michoacán: 1786-1809. Reforma administra-
tiva y exacción fiscal en una región de la Nueva España, p. 357; peter, Geografía histórica de la
Nueva España, 1519-1821, p. 357.
96
morin, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento y desigualdad en una eco-
nomía colonial, pp. 56, 67, 88.
97
morin, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento y desigualdad en una eco-
nomía colonial, pp. 175-176.
98
franco cáceres, La Intendencia de Valladolid de Michoacán: 1786-1809. Reforma administra-
tiva y exacción fiscal en una región de la Nueva España, p. 357; peter, Geografía histórica de la
Nueva España, 1519-1821, p. 174; morin, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Creci-
miento y desigualdad en una economía colonial, p. 211.
99
morin, Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento y desigualdad en una eco-
nomía colonial, p. 285.
100
franco cáceres, La Intendencia de Valladolid de Michoacán: 1786-1809. Reforma administra-
tiva y exacción fiscal en una región de la Nueva España, p. 357; peter, Geografía histórica de la
Nueva España, 1519-1821, p. 249.
101
castro gutiérrez, “Los ‘indios cavilosos’ de Acuitzio. Del conflicto a la disidencia en
Michoacán colonial”, pp. 101-116.
102
guzmán pérez, Miguel Hidalgo y el gobierno insurgente en Valladolid, pp. 144-147.
103
Ver juárez nieto, Guerra, política y administración en Valladolid de Michoacán. La formación
profesional y la gestión del intendente Manuel Merino, 1776-1821.
104
de bustamante, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, pp. 303-305. Este episodio
bélico asociado a la historia de Acuitzio lo confundió el cronista Isidro Tapia, con el ocu-
rrido en mayo de 1838 en el paraje Puerta del Atole entre fuerzas gubernamentales y los
rebeldes federalistas. Cf. tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, pp. 3-4.

299
villaseñor / martínez

105
herrejón peredo, Morelos, pp. 452, 460-461.
106
herrejón peredo, Morelos, pp. 467-468, 472; juárez nieto, Guerra, política y administración
en Valladolid de Michoacán. La formación profesional y la gestión del intendente Manuel Merino
1776-1821, pp. 263-264.
107
archivo general de la nación (en lo sucesivo se refiere como agn), Operaciones de Gue-
rra, volúmenes 583 y 990, varias partes de guerra sobre acciones militares en la intendencia
de Valladolid del periodo 1813-1814.
108
juárez nieto, Guerra, política y administración en Valladolid de Michoacán. La formación
profesional y la gestión del intendente Manuel Merino, 1776-1821, p. 471.
109
estrada velázquez, Defensa, sitio y capitulación en la Guerra de Independencia. El fuerte de
Cóporo (1814-1822), pp. 36-44.
110
juárez nieto, Guerra, política y administración en Valladolid de Michoacán. La formación
profesional y la gestión del intendente Manuel Merino, 1776-1821, p. 489.
111
agn, Operaciones de Guerra, vol. 48, parte del comandante Matías Martín de Aguirre al
virrey Apodaca, Valladolid, 11 de noviembre de 1818.
112
tena ramírez, Leyes fundamentales de México, 1808-2005, pp. 95-96.
113
tena ramírez, Leyes fundamentales de México, 1808-2005, p. 95.
114
hernández díaz, “Los ayuntamientos de Michoacán en los inicios de la vida indepen-
diente. Realidad y crisis”, p. 265.
115
cortés máximo, De República de indios a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y
cabeceras de Michoacán, 1740-1831, p. 210.
116
guzmán pérez, El momento Iturbide. Una historia militar de la Trigarancia, pp. 43-52.
117
juárez nieto, El proceso de la Independencia en Valladolid de Michoacán, 1808-1821, pp.
226-233; guzmán pérez, El momento Iturbide. Una historia militar de la Trigarancia, pp. 53-58.
118
juárez nieto, El proceso de la Independencia en Valladolid de Michoacán, 1808-1821, pp. 226-233.
119
martínez de lejarza, Análisis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822, pp. 83-86;
cortés máximo, De República de indios a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y cabe-
ceras de Michoacán, 1740-1831, p. 233.
120
martínez de lejarza, Análisis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822, p. 85.
121
correa pérez, Atlas Geográfico del Estado de Michoacán, p. 17; martínez de lejarza, Análi-
sis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822, pp. 83-87.
122
Actas y Decretos de la Diputación Provincial, 1822-1823, Morelia, H. Congreso del Estado,
1989, passim; hernández díaz, “Los ayuntamientos de Michoacán en los inicios de la vida
independiente. Realidad y crisis”, pp. 248-249.
123
Actas y Decretos de la Diputación Provincial, 1822-1823, p. 23.
124
Actas y Decretos de la Diputación Provincial, 1822-1823, p. 32.
125
Actas y Decretos de la Diputación Provincial, 1822-1823, p. 71.
126
Actas y Decretos de la Diputación Provincial, 1822-1823, p. 72.
127
juárez nieto, La Diputación Provincial de Valladolid de Michoacán, 1821-1824, pp. 322-323.
128
Actas y Decretos del Congreso Constituyente del Estado de Michoacán, 1824-1825, Compila-
ción, prólogo y notas de Xavier Tavera Alfaro, p. 443.
129
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por…, pp. 62-73.
130
Actas y Decretos del Congreso, T. II, p. 68.

300
acuitzio / monografías municipales

131
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por…, pp. 75-81; cortés máximo, De República de indios
a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y cabeceras de Michoacán, 1740-1831, p. 248.
132
cortés máximo, De República de indios a Ayuntamiento constitucional: Pueblos, sujetos y
cabeceras de Michoacán, 1740-1831, p. 283.
133
pérez escutia, Origen y desarrollo de las fuerzas armadas nacionales en Michoacán, 1820-1836, pp.
97-99; juárez nieto, La Diputación Provincial de Valladolid de Michoacán 1821-1824, pp. 322-323.
134
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo V, pp. 8-13.
135
tena ramírez, Leyes fundamentales de México, 1808-2005, p. 243, 406.
136
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo VIII, p. 11.
137
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo VIII, p. 35.
138
guzmán pérez, pérez escutia y sánchez díaz, Correspondencia de la comandancia militar en
Michoacán, 1836-1847, p. 88.
139
barbosa, Apuntes para la historia de Michoacán, pp. 37-41; El Filógrafo, núm. 40, Morelia, 4
de octubre de 1838, p. 4.
140
barbosa, Apuntes para la historia de Michoacán, pp. 41-42.
141
guzmán pérez, pérez escutia y sánchez díaz, Correspondencia de la comandancia militar en
Michoacán, 1836-1847, pp. 213, 219, 227, 231, 236.
142
guzmán pérez, pérez escutia y sánchez díaz, Correspondencia de la comandancia militar en
Michoacán, 1836-1847, p. 268.
143
lira y staples, “Del desastre a la reconstrucción republicana, 1848-1876”, pp. 443-448.
144 sánchez díaz, Los cultivos tropicales en Michoacán. Época colonial y siglo XIX, pp. 122-123,
154-157, 186-187, 252-253, 290-291.
145
Sobre la proliferación y práctica del contrabando en este periodo véase solares robles,
Bandidos somos y en el camino andamos. Bandidaje, caminos y administración de justicia en el
siglo XIX. 1821-1855. El caso de Michoacán, pp. 395-399.
146
de la torre villar, “La revolución de Ayutla”, pp. 2005-2007.
147
barbosa, Apuntes para la historia de Michoacán, pp. 90-115.
148
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 59.
149
archivo de la parroquia de san nicolás tolentino de acuitzio michoacán (en lo suce-
sivo se refiere con las siglas apsntam), Libros de Bautismos, vol. 9, años 1852-1864 y vol.
10 años 1864-1868.
150
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XIII, pp. 30-33.
151
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XIII, pp. 47-48. Fue esta la primera ocasión
que en una ley de esta naturaleza en Michoacán se utilizó el concepto territorial-adminis-
trativo de municipalidad.
152
aguilar ferreira, Los gobernadores de Michoacán. Noticias cronológicas de los hombres que han
gobernado a Michoacán desde que la antigua provincia fue erigida en estado de la Federación, p. 61.

301
villaseñor / martínez

153
Un factor que muy seguramente aceleró la decadencia del pueblo de Tiripetío en cuan-
to al trasiego de personas y productos fue la rectificación que se hizo del camino More-
lia-Pátzcuaro, entre 1849-1850, una vez que el gobierno diocesano, propietario entonces de
la hacienda de Coapa, atendió de manera positiva la solicitud de la administración estatal
a cargo del abogado Juan Bautista Ceballos, para ceder parte de los terrenos necesarios a
ese propósito. Cf. solares robles, Bandidos somos y en el camino andamos. Bandidaje, caminos
y administración de justicia en el siglo XIX. 1821-1855. El caso de Michoacán, pp. 291-292.
154
AHMM, Fondo Independiente I, caja 76, exp. 22, año 1856. Documento: Los vecinos de
Acuitzio ante el gobernador solicitan que su pueblo sea cabecera o se le separe de Tiripe-
tío”, sin lugar ni fecha.
155
AHMM, Fondo Independiente I, caja 76, exp. 22, año 1856. Documento: Los vecinos de
Acuitzio ante el gobernador solicitan que su pueblo sea cabecera o se le separe de Tiripe-
tío”, sin lugar ni fecha.
156
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XIII, p. 53. Fueron en total cuatro las mo-
dificaciones que se hicieron con este decreto a la ley de diciembre de 1855, siendo la otra
más importante la decisión de erigir una nueva municipalidad con cabecera en el pueblo
de Senguio, dentro del partido de Maravatío, cuyos vecinos esgrimieron razonamientos y
justificaciones muy similares a las de los vecinos de Acuitzio, aunque en su caso respecto
de su cabecera de Irimbo.
157
Un indicio en este sentido fue el hecho de que, como lo reportó hacia finales de marzo
de 1856 el presidente del ayuntamiento de Tiripetío a la prefectura del norte, “en Acuitzio
tuvo lugar un tumulto en uno de los días de Pascua en el que los involucrados son milita-
res y a los cuales pude prender con el auxilio de las acordadas”. En ese tenor, el 25 de abril,
la víspera de la emisión del decreto que ordenó el traslado de la cabecera de Tiripetío a
Acuitzio, el prefecto del norte informó sobre la destitución que hizo del comandante del
destacamento militar ubicado en el pueblo de Acuitzio, quizá como parte de las diligen-
cias legales alrededor del referido tumulto. Cf. ahmm, Fondo Independiente I, Comunica-
ciones caja, 76, exp. 22 año1856, varias comunicaciones entre el secretario de gobierno y el
prefecto del Norte, Morelia, marzo-abril de 1856.
158
ahmm, Fondo Independiente I, Comunicaciones, caja, 76, exp. 22, año 1856, varias comuni-
caciones entre el secretario de gobierno y el prefecto del norte con relación a la integración
y funcionamiento del ayuntamiento de Acuitzio. En virtud de que se trató de la reubica-
ción de la cabecera municipal de Tiripetío a Acuitzio las diligencias de instalación de ese
cuerpo colegiado, incluyeron el traslado de los archivos y la documentación administrati-
va oficial vigente del primero al segundo de esos pueblos.
159
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 59.
160
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XVI, pp. 90-93.
161
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XX, pp. 55-56.
162
torres, Diccionario histórico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, Morelia, edición del autor, 1915, t. I, p. 65.

302
acuitzio / monografías municipales

163
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXII, p. 58.
164
sánchez díaz, El Suroeste de Michoacán: Economía y sociedad, 1852-1910, Morelia, Instituto
de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1988,
pp. 335-341; ver también El Progresista, Morelia, años 1874-1876.
165
Ejército Republicano del Centro (ERC en lo sucesivo).
166
rubio, Apuntes para la historia de Michoacán. Periodo de la Campaña de Intervención. Cange
de prisioneros en Acuitzio el 5 de diciembre de 1865, Zamora, Imprenta Moderna, 1895, p.1.
167
garcía alcaraz, “Estudio Preliminar”, en romero, José Guadalupe, Michoacán y Guana-
juato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del obispado de Michoacán, Edición
facsimilar Colección estudios michoacanos, Editado por Fimax, Morelia, 1972, p.75.
168
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, presentadas a la sociedad mexicana de geografía y estadística en 1860, p. 59.
169
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y minera-
lógico de Michoacán, Tomo I, Tipografía particular del autor, Morelia, 1915, p. 63.
170
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y minera-
lógico de Michoacán, Tomo I, Tipografía particular del autor, Morelia, 1915, p. 63.
171
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y minera-
lógico de Michoacán, Tomo I, Tipografía particular del autor, Morelia, 1915, p. 64.
172
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 78.
173
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y minera-
lógico de Michoacán, Tomo I, Tipografía particular del autor, Morelia, 1915, p. 63.
174
solís, Transformaciones en la tenencia de la tierra y cambios territoriales, integración y conflicto
en el valle de Tiripetío Michoacán, Tesis de maestría en desarrollo regional, Universidad Au-
tónoma de Chapingo, 1996, pp. 89-90.
175
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, México, Talleres gráficos de la
Nación, Segunda Edición, 1940, pp. 310, 346, 524, 537 y 694.
176
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, México, Talleres gráficos de la
Nación, Segunda Edición, 1940, pp.158 y 255.
177
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, México, Talleres gráficos de la
Nación, Segunda Edición, 1940, pp. 422, 497 y 707.
178
Disponible en [Link]
cruz-roja/cruz-roja-pdfs/Resumen-de-los-Convenios-de-Ginebra-de-1949-y-sus-Protoco-
[Link].
179
código lieber, artículos 56, 68, 74, 105, 106 y 110, disponible en [Link]
180
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 344.
181
gonzález lezama, “Revista Relatos e Historias en México”, p. 51.
182
de la torre villar, “La república liberal y el Gobierno de Juárez (1861-1867)”, pp. 2047.
183
caesar conti, Maximiliano y Carlota, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 76.
184
scholes, Política mexicana durante el Régimen de Juárez, p. 122.
185
vigil, “La intervención y el Imperio”, p. 37.
186
galeana, “La intervención francesa. Trascendencia nacional e internacional”, pp. 12-13.
187
nava bonilla, “Relatos de un monarquista mexicano desde el castillo de Maximiliano”.
188
de la torre villar, “La intervención francesa”, p. 2080.

303
villaseñor / martínez

189
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 1ª partie, p. 138.
190
duchense, “Il y a un siécle. Quand les volontaires belges se preparé a gagner México –
1864”, p.92.
191
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 2º partie, pp. 685-762.
192
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 1ª partie, p.190.
193
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 1ª partie, p.133.
194
g uyot, Campagne du régiment l’imperatrice-Charlotte dans le Michoacan. Combat de
Tacambaro, p. 3.
195
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 356.
196
de la torre, “La intervención francesa”, p. 2060.
197
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 68 y 318.
198
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 2º partie, p. 363.
199
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 406-407.
200
arteaga, “Carta dirigida a Vicente Riva Palacio” en Archivo de Vicente Riva Palacio en
Archivo particular del Dr. Gerardo Sánchez, 10 de agosto de 1865, Primer Tomo, carta 200.
201
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 2º partie, p. 365.
202
Ver loomans, Huit mois de captivité chez les indiens au Mexique. 1865 (Après Tacambaro), p. 21.
203
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 363, 364, 370 y 374.
204
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp.375-376.
205
ramos chávez, Los martires de Uruapan. Defensores de la patria, pp. 145-146.
206
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, México, p. 552.
207
loomans, Huit mois de captivité, pp. 80, 81 y 85.
208
Walton, Souvenirs d’un officier belge au Mexique, 1864-1866, p. 68.
209
Walton, Souvenirs d’un officier belge au Mexique, 1864-1866, p. 80.
210
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 2º partie, p. 441- 443.
211
loomans, Huit mois de captivité, p. 154.
212
duchense, L’expedition des volontaires belges au Mexique, 1864-1867, 2º partie, pp. 373 y 731.
213
duchesne, Petite enquête des cantinières du corps des volontaires belges au Mexique (1864-
1867), pp.148-149.
214
Walton, Souvenirs d’un officier belge, pp. 80-81.
215
garcía, La intervención francesa en México según el Archivo del Mariscal Bazaine, p.747.
216
garcía, La intervención francesa en México según el Archivo del Mariscal Bazaine, p.748.
217
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 393.
218
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 433.
219
duchesne, L’expedition des volontaires belges, 2ª partie, p. 443.
220
loiseau, Le Mexique et la Légion Belge 1864-1867, p. 193.
221
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 444-446.
222
Carta de Henri Kok a su padre el 7 de octubre de 1865 citado en Duschense, L’expedition
des volontaires belges, 2º partie p. 446.
223
bautista espinosa, Porfirio Díaz. De guerrillero a caudillo. Los pueblos mixtecos y la resistencia
contra la intervención francesa, p. 229.
224
duchesne, L’expedition des volontaires belges, 2ª partie, p. 443
225
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 497 y 498.
226
Ver [Link]
227
diario del gobierno de la república mexicana, pág. 3, Tomo 1, núm. 90, 7 de mayo de 1863.

304
acuitzio / monografías municipales

228
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 525-527.
229
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 364, 421 y 520.
230
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 547.
231
Ruiz nos indica que eran 456 prisioneros: 158 republicanos y 298 imperialistas en ruiz,
Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 577-578. Rubio nos informa que
fueron 362 cautivos: 158 republicanos y 204 imperialistas en rubio, Cange de prisioneros en
Acuitzio, pp. 15-17. Por su parte, Loomans, sólo nos informa de 187 imperialistas prisione-
ros, de los cuales 3 fallecieron en tierra caliente en loomans, Huit mois de captivité, p. 167.
Por su parte, su compañero de armas, Emile Walton, nos informa que eran 195 prisioneros
republicanos y 190 imperialistas, pero al igual que Loomans no menciona a los prisioneros
imperialistas procedentes de las batallas de Uruapan y Morelia en Walton, Souvenirs d’un
oifficier belge, pp. 68 y 110.
232
tamayo, Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia, p. 141.
233
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 56.
234
duchesne, L’expedition des volontaires belges, 2ª partie, p. 446.
235
duchesne, L’expedition des volontaires belges, 2ª partie, pp. 444, 455 y 456.
236
duchesne, L’expedition des volontaires belges, 2ª partie, p.444. Chazal permitió que esa
carta se leyera en la cámara de representantes de Bélgica, en la sesión del 11 de febrero de
1868. En sus letras señalaba que tenía un gran deber con los 200 prisioneros y sus familias
y, por ello le pidió el Canje a Bazaine.
237
Rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, pp. 6 y 8.
238
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 545.
239
Posterior a la guerra Vicente Villada fue senador y diputado varias veces en Sergio Ra-
mos, Mártires de Uruapan, p.165.
240
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 550.
241
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, p. 19.
242
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 563 y 568.
243
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, pp.5-8.
244
Walton, Souvenirs d’un officier, p.103.
245
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, pp. 8-9.
246
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, p. 11.
247
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, pp. 12 y 13.
248
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, pp. 13 y 14.
249
loomans, Huit mois de captivité, p. 165.
250
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 576 y 579.
251
barbosa, Apuntes para la historia de Michoacán, pp. 228 Y 229.
252
duchense, L’expedition des volontaires belges, 2º partie, pp. 456-457.
253
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 578-579.
254
Walton, Souvenirs d’un officier, p. 111.
255
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, p. 14.
256
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 279.
257
Walton, Souvenirs d’un officier, pp.110-111.
258
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, pp. 579-581.
259
loomans, Huit mois de captivité, p.167.
260
Walton, Souvenirs d’un officier, p. 112.

305
villaseñor / martínez

261
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 579 y 580.
262
Walton, Souvenirs d’un officier, p.112
263
Walton, Souvenirs d’un officier, p.113.
264
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 581.
265
duchense, Les volontaires belges, partie 2, p.458.
266
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 582.
267
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p. 562.
268
rubio, Cange de prisioneros en Acuitzio, p.10.
269
ruiz, Historia de la Guerra de la Intervención en Michoacán, p.76.
270
torres, Mariano de Jesús, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, estadístico, zoológico,
botánico y mineralógico de Michoacán, p. 64.
271
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXIX, p. 97.
272
villaseñor gómez, La formación de la conciencia nacional Mexicana. De la independencia al
Segundo Imperio, pp. 64-65.
273
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, pp. 63-65
274
villaseñor gómez, Historia de la enseñanza profesional del derecho en el Colegio de San Ni-
colás; 1847-1900, pp. 45-51. El racionalismo científico ingreso al pensamiento académico y
fortaleció el liberalismo en Michoacán. En tanto, la filosofía Aristotélico-tomista muestra
el planteamiento de Santo Tomás de Aquino y el mundo medieval, adecuado al anterior
modelo educativo, en donde, se vive a través de la fe y la búsqueda de Dios en los espacios
construidos, mediante la disciplina, hábitos e ideas buscaban adoración al creador, con
textos propios de este modelo de pensamiento.
275
Descartes es uno de los representantes de racionalismo científico, es decir de la explica-
ción del mundo a través de la ciencia y la razón, mediante la experimentación, la observa-
ción con el resurgimiento de las matemáticas aplicadas, física química y la medicina. Y con
ello un cambio paulatino, pero continuo de paradigma o mentalidad.
276
Melchor Ocampo igual que muchos otros alumnos del Seminario de Morelia, igual que
los de San Nicolás se educaron en este modelo y formaron parte del Cambio y elaboración
de la Constitución de 1858. En tanto el modelo educativo Escolástico Aristotélico –tomista
regresaría al Colegio Seminario de Morelia en 1884. En villaseñor gómez, Historia de la
enseñanza profesional del derecho en el Colegio de San Nicolás; 1847-1900, pp. 53-58.
277
garcía canclini, Imaginarios urbanos, p. 84
278
Fue precisamente el obispo Clemente de Jesús Munguía quien determinó con la crea-
ción del curato de Acuitzio y, asignar un párroco a cargo de la administración de los servi-
cios religiosos que incluía a los pueblos que antes estaban sujetos a Tiripetío.
279
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 59.
280
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… Tomo XIII, pp. 53-54; romero, Michoacán y Guanajuato
en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del Obispado de Michoacán, pp.59-60.
281
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… pp. 53-54. La rivalidad entre los habitantes de am-
bos poblados por figurar en importancia, surgió desde el siglo XVII. En tanto, la política

306
acuitzio / monografías municipales

de crear municipios respondió a la idea de los gobernantes liberales, quienes buscaron


controlar la mayor parte de los poblados, arrebatarle el control y poder al clero y a la vez
obtener recursos mediante la recaudación de impuestos.
282 romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, pp. 59-60. Por el doctor Canónigo de aquella santa iglesia Catedral
en 1860. Los dos mesones mencionados aumentarían a ocho en el periodo porfiriano. Ver
villaseñor gómez, “Acuitzio: De la postrevolución a la década de los setenta del siglo XX
(1930-1970)”, pp. 54-56.
283
Tales Leyes se referían a la libertad de expresión oral y escrita, es decir la prensa (Ley La-
fragua); a la desamortización de propiedades de tierras y bienes inmuebles (Ley Lerdo); a la
del pago voluntario del diezmo y obvenciones, regidos por el estado en los servicios parro-
quiales (Ley Iglesias); a creación del Registro Civil en manos del gobierno es decir el registro
de nacimientos, bodas y defunciones por el estado, es decir los derechos ciudadanos (Ley
Ocampo) y a la de igualdades en materia judicial de todos los mexicanos (Ley Juárez).
284
archivo del registro civil del municipio de acuitzio, (en adelante ARCMA), “Primera acta
de nacimiento levantada en el Registro Civil del municipio de Acuitzio”, Acuitzio, Michoacán,
en el año de 1861, Acta Número uno; 144 fojas menos media foja, no se cobraron derechos.
285
Estos eran los resultados de la lucha por el poder y la búsqueda de cada grupo por
imponer su visión de gobierno, de esta manera, desde el año de 1862 hasta 1867, llegó
la llamada Guerra de Intervención Francesa, hubo en este conflicto dos gobernantes al
mismo tiempo: uno de los conservadores, con la llegada a México de Maximiliano como
emperador; el otro de los liberales, encabezados por Benito Juárez.
286
Es importante analizar el uso y significado que los pobladores imprimen y las formas de
socializar en las calles y sus espacios abiertos en relación con la traza urbana, esto nos per-
mite conocer cómo se configuran las vías de acceso, sus calles y manzanas, dicha traza es
además la columna vertebral para entender la morfología de las ciudades tradicionales al
analizar sus trazos irregulares. Con la llegada del discurso del positivismo, bajo el lema de
orden, paz y progreso hubo un impacto en la vida en sus diferentes aspectos. Cabe señalar
que, a pesar de esos cambios, subsistieron también algunas continuidades en las fiestas,
alimentación, formas de socializar y demás expresiones culturales de los pobladores.
287
Las transformaciones hechas por el ser humano sirven para interpretar los diferentes
momentos en que suceden esos cambios, hablan también de cómo se da esa ocupación
en cuanto a su apropiación, forma d habitarlo y con ello sus ideas. Ver: garcía orozco,
Alma Leticia, “Ideología Reformista en los espacios urbanos de la ciudad de Valladolid de
Michoacán a finales del siglo XVIII”, pp. 179-185.
288
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, pp. 63-65. En esos mismos términos siguió captándose este recurso en la misma
Ley de Hacienda con fecha 7 de febrero de 1875 y durante todo el periodo porfiriano.
289
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, pp. 59-60.
290
archivo histórico del congreso del estado de michoacán (en adelante ahcem), “Di-
visión territorial del Estado de Michoacán”, caja 5, expediente 18, decretos, número 29,
Legislatura XXXV que elevó el poblado de Acuitzio a la categoría de villa; coromina, Reco-
pilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de Michoacán, forma-
da y anotada por… Tomo XXVIII, p. 96.

307
villaseñor / martínez

291
Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda Flores (1818- 1881), fue un promotor de la
enseñanza elemental para todas las clases sociales; quien introdujo el positivismo en Mé-
xico; creó un plan de estudios a nivel preparatoria, así buscaba sustituir las viejas creencias
de la metafísica religiosa por el conocimiento científico; con ello la idea de un progreso
humano y social imposible de detener.
292
En palabras del licenciado José Trinidad Guido, maestro del colegio de San Nicolás,
respecto al momento histórico del periodo decía: “En este último tercio del siglo XIX, 800
años nos separan de Tomás de Aquino y a 300 de su antagonista Descartes, el existencia-
lismo avanza y aturde a las generaciones presentes, las ciencias metafísicas han quedado
rezagadas. Descomponer y recomponer la materia, utilizar las fuerzas secretas de la na-
turaleza: he aquí la ocupación del presente siglo”. ortíz rodríguez, “Guido Filósofo, abo-
gado y gobernante, maestro del Primitivo Colegio de San Nicolás de Hidalgo”, pp.23-24.
293
El término fue acuñado por Saint Simón, para determinar el método exacto de la
ciencia y su extensión de la filosofía caracterizada en esa época por romantizar el cono-
cimiento científico como la única guía de la vida particular y asociada del hombre como
única fuente del conocimiento, de la moral y de la religión posible. La industria, el nue-
vo orden como planteamientos de Saint Simón, Augusto Comte y Stuart, de la exigencia
de hacer de la ciencia el fundamento de un nuevo orden social, religioso y unitario. El
evolucionista Spencer hablaba de todo el universo en una ruta hacia el progreso, válido
para todas las ramas del saber: la ciencia y su método es el único método válido, tal
método es descriptivo, porque muestra las relaciones constantes entre los hechos, que
se expresan mediante leyes y permiten la previsión de tales hechos, muestran su evo-
lución partiendo de lo complejo a lo simple; este método científico se extiende a todos
los campos de la indagación de la actividad y la vida humana. abbagnano, Diccionario
de Filosofía, pp. 787-788.
294
archivo general histórico del poder ejecutivo de michoacán (En adelante aghpem)
Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho, en representación
del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883; Morelia, Imprenta del Gobierno
en Palacio, 1883, pp. 58 y 84.
295
Nos referimos a la tendencia a construir imitando modelos europeos de esa época, a la
apertura de calles, al embellecimiento de la imagen urbana, la introducción del neoclásico
y la búsqueda del bienestar material.
296
El liberalismo económico buscó dejar fluir el capital y la inversión extranjera con el
objetivo de producir riquezas y acumular capital económico.
297
vargas chávez, El ingeniero Guillermo W. De Sorine, su vida y su producción urbanística y
en la Morelia de la segunda mitad del siglo XIX, p. 12.
298
aghpem, Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho,
en representación del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883, año 1894-1896
Anexos, p. 169.
299
aghpem, Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho,
en representación del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883, año 1894-1896,
Anexos, p. 169
300
AGHPEM, Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho,
en representación del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883, años 1894-1896,
Anexos, pp. 169-170

308
acuitzio / monografías municipales

301
AGHPEM Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho,
en representación del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883, año 1894-1896,
pp. 169-170.
302
La Libertad, Tomo I, no.45, Morelia, Mich., noviembre de 1893. Este periódico dice tex-
tualmente: “Los pasajeros que por desgracia llegan al Mesón del Águila, reniegan de su
malhadada suerte, por la bulla que meten los arrieros que se amontonan en el patio del
estacionamiento”, Año 6, tomo 6, Morelia, núm. 14, abril 5 de 1892, p. 1.
303
AGHPEM, Memoria presentada a la Legislatura del Gobierno por, el Secretario de Despacho,
en representación del Ejecutivo del Estado en la sesión del 31 de marzo de 1883, 1894 1896, p. 170.
304 fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la ciu-
dad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, p. 115-117.
305
fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la ciu-
dad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, pp. 116-117.
306
fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la
ciudad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, p. 117.
307
fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la ciu-
dad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, pp. 118-119.
308
La Libertad, año 6, tomo 6, núm. 2 y 3; y núm. 24, p. 6.
309
fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la
ciudad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, p.117.
310
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXVII, p. 64 y tomo XXXIX, p. 97.
311
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… pp. 97-98
312
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXVI p.293, tal nombre quedó consignado en
la fracción segunda del artículo tercero de la ley de diciembre de 1901.
313
archivo de sedesol, Morelia, expediente 4323/223/292
314
AGHPEM, Memoria presentada a la legislatura de Gobierno, por el Secretario de Despacho en
representación del Ejecutivo del Estado en la sesión de 1894-1896, anexos, pp.169 -170; La Liber-
tad, año 6, tomo 6, números 2, 3, 24, 27 y 40.
315
archivo de sedesol, Morelia, exp. 4323/223/292. Templo parroquial de San Nicolás y
Casa Cural. Anexo, ubicados en Acuitzio; adjuntos documentos del Santuario del Sagrado
Corazón de Jesús de la misma población.
316
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXIX, p. 193.
317
Inscripción y texto al interior del kiosco, en la columna principal; Apud. sereno aya-
la, Una vida silenciosa y fecunda, p. 8. Actualmente la plaza principal está prácticamente
rodeada de puestos gastronómicos, que ofertan principalmente “tacos” con guisos de
origen animal y otros productos derivados del maíz. El kiosco se encuentra en el corazón
del poblado, es en palabras de Yolanda Sereno “un lugar de socialización, un sitio de
reunión familiar, de recreo y conquistas amorosas, de mítines políticos, que se alegra y
viste de colores los días de fiesta, mientras se saborea una nieve de frutas y un sabroso
pan de rancho”.

309
villaseñor / martínez

318
El 16 de septiembre de 1900 fue clausurado definitivamente el cementerio del atrio pa-
rroquial de Acuitzio, e inaugurado el nuevo panteón municipal, al poniente del poblado.
(Tomado de la inscripción de la fachada del nuevo panteón).
319
La Libertad, Año 6, Tomo 6, Núm. 40 y 27, septiembre de 1898, p. 1.
320
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, p. 7. Entrevista realizada por Arturo Vi-
llaseñor Gómez a Yolanda Sereno Ayala en Morelia Michoacán el 21 de marzo de 2020;
Yolanda es nacida en Acuitzio, hija del profesor Alfonso Sereno antiguo propietario de la
mencionada finca.
321
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, pp. 7-8.
322
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, p. 9.
323
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, pp. 11-12. La tienda de don Antonio Sereno
Vergara se llamaba “El Jonuco”, en ella, según afirma Yolanda Sereno, se podían encontrar
toda clase de artículos: desde libros como La Divina Comedia, el Calendario Galván, el Sila-
bario de San Miguel y novenas de San Antonio o de San Nicolás de Tolentino; hasta sombreros
de palma, velas, aparatos de lámina para alumbrar por la noche, botes lecheros, zapatos
de distintos usos y modelos para hombre y para mujer, piezas de manta, ropa, mercería,
papel de china para confeccionar los adornos en las fiestas, arreos para ganado, aperos
de labranza, pan casero, conservas de dulce, fruta de horno y panadería fina, sardinas,
aceite de oliva, aceitunas, productos españoles, manteca de cerdo, semillas, frijol, maíz,
sal de Colima, piloncillo de Pedernales, carne seca traída de Huetamo, quesos añejos de
Tacámbaro y Cotija.
324
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, pp. 12-13.
325
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, p. 15.
326
sereno ayala, Una vida silenciosa y fecunda, p. 19. En el apartado siguiente Ramón Alon-
so narra a detalle este hecho.
327
arreola cortés, Morelia, p. 245; tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 11.
328
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXIV, pp. 132-134. Con este proceder se le
ocasionaba a la municipalidad de Acuitzio una severa mutilación al quitarle las tenencias
de Curucupaseo, Cruz de Caminos, Santiago Undameo y Atécuaro. Estas dos últimas se
incorporaban a la de Morelia; mientras que Curucupaseo pasaba a formar parte de Cará-
cuaro; y Cruz de Caminos se integraba a la municipalidad de Tacámbaro.
329
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Esta-
do de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXIV, pp. 248-249. Esta geografía terri-
torial-administrativa ya no registraría cambios sustanciales sino hasta 1914, cuando se
concretó la erección de la municipalidad con cabecera en el pueblo de Cruz de Caminos
re-denominado como Villa Madero. Cf. villaseñor gómez y león yvarra, Villa Madero:
Historia de un pueblo de la sierra michoacana, pp. 80-84.
330
La descripción se realiza con base en la información contenida en el Archivo de la Pa-
rroquia de San Nicolás Tolentino de Acuitzio, Michoacán (en lo sucesivo se cita como
APSNTAM), Libro de Bautismos, vol. 9, años 1854-1864 y vol. 10 años 1864-1868.
331
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 10, años 1864-1868; vol. 11, años 1868-1871; y vol.
12, años 1871-1875.
332
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 12, años 1871-1875; vol. 13, años 1875-1879; y vol.
14, años 1879-1883.

310
acuitzio / monografías municipales

333
guzmán ávila, Michoacán y la inversión extranjera, 1880-1911, p. 58.
334
g. macías, Pátzcuaro, p. 207.
335
villanueva hernández, “Caña, azúcar y mercado en Michoacán, 1800-1900”, pp. 1-2.
336
uribe salas, Historia de la minería en Michoacán, pp.187-200.
337
Este desarrollo económico y demográfico permeó también en el espacio comarcano de
la tenencia de Cruz de Caminos cuyos vecinos solicitaron en 1893 al gobernador Aristeo
Mercado Salto su elevación al rango de municipalidad, lo cual les fue denegado entonces.
Cf. villaseñor gómez y león yvarra, Villa Madero: Historia de un pueblo de la sierra michoa-
cana, pp. 64-67.
338
uribe salas, Morelia, los pasos a la modernidad, pp. 36-48.
339
archivo histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AHPEEM), Libro de
Traslaciones y Modificaciones de la Propiedad Raíz, del periodo 1884-1896.
340
En ninguna parte de ese documento se estipuló que tanto la municipalidad y/o la ca-
becera ostentaran en el complemento a su toponimia las palabras “del canje”, como se ha
sostenido de manera errónea.
341
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidas por el estado de
Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXIX, p. 96. Se trató de una argumentación
estrictamente histórica pues el propósito fue “perpetuar el recuerdo de que en el mes
de noviembre de 1866 (sic) se verificó en aquella población el cange de los prisioneros
mexicanos que combatieron por la Independencia nacional, con los de la legión belga, que
formó parte de la invasión extranjera”. Es por demás evidente la imprecisión en la fecha
de ese evento atribuible al hecho de que los asesores del gobernador Jiménez no tenían
aún un conocimiento preciso de su desarrollo y contexto específico. Pero la intención, a
final de cuentas, fue lo más importante.
342
Archivo de Registro Civil del Municipio de Acuitzio, Michoacán (en lo sucesivo se refie-
re con las siglas ARCMAM), libros de registro de nacimientos, matrimonios y defunciones
del periodo 1861-1882. Se encuentran extraviados muchos libros tanto de la década de los
años sesenta como de las dos siguientes del siglo XIX, lo que inhibió la integración una
nómina más amplia de miembros de los sucesivos ayuntamientos.
343
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 15, años 1883-1887; vol. 16, años 1887-1891. Con esto
se corrobora que nadie pensó entonces en el complemento toponímico “del Canje”.
344
pimentel espinoza, La acción pastoral social de Atenógenes Silva en el Arzobispado de Michoa-
cán, 1900-1911, pp. 135, 138.
345
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 11.
346
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 16, años 1887-1891; vol. 17, años 1891-1895; y vol.
18, años 1896-1901.
347
ARCMAM, Libros de registro de nacimientos, matrimonios y defunciones del periodo 1891-1900.
348
Es necesario precisar que la ley número 20 del 10 de octubre de 1888, como ya se refirió,
fue muy ambigua por la confusión de la fecha histórica, pero en ella nunca se alude al
topónimo de “villa del Canje” que refirió en su momento el gobernador Mercado como
presunta denominación en uso. Todavía más, fue hasta enero de 1902 cuando en la do-
cumentación oficial se introdujo el uso del topónimo “Acuitzio del Canje” y en los sellos
oficiales, entre estos el del registro civil, figuró la leyenda “Acuitzio villa del Cange”, lo
que pone de manifiesto la inicial confusión y discrepancia en este ámbito. Cf. ARCMAM,
Libro de nacimientos, año 1902.

311
villaseñor / martínez

349
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXVI, p. 293.
350
coromina, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos Y Circulares Expedidas por el Estado
de Michoacán, formada y anotada por… Tomo XXXVI, pp. 300-301.
351
Este personaje nació en 1863 en jurisdicción de la parroquia de Puruándiro, se formó en
el Seminario Diocesano de Michoacán y recibió la ordenación sacerdotal en 1887, de ma-
nos del arzobispo José Ignacio Árciga. Es probable que durante el tiempo que estuvo au-
sente de Acuitzio haya estado en retiro por enfermedad pues no figura en los directorios
eclesiásticos de ese entonces. Cf. aguilar lópez, Reformar para reconstruir. Los ordenandos del
Seminario de Morelia, 1869-1900, pp. 140.
352
pimentel espinoza, La acción pastoral social de Atenógenes Silva en el Arzobispado de Michoa-
cán, 1900-1911, pp. 138, 189.
353
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 11.
354
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 19, años 1901-1905; vol. 20, años 1906-1909; y vol.
21, años 1909-1913.
355
Isidro Tapia refiere que en 1910 el casco de la villa tenía 4,000 habitantes y en todo el
perímetro de la municipalidad de Acuitzio radicaban unas 15,000 personas. Estas cifras
que hay tomarlas con reserva pues el censo general de ese año para el caso del estado de
Michoacán no contiene números a detalle por municipalidad sino solo por distritos rentís-
ticos. Cf. tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 11.
356
torres, Diccionario histórico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, p. 63.
357
torres, Diccionario histórico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, p. 64.
358
torres, Diccionario histórico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, p. 65.
359
torres, Diccionario histórico, geográfico, estadístico, zoológico, botánico y mineralógico de
Michoacán, pp. 63-64. La palabra comistraje alude a la venta de alimentos listos para su
consumo. El cronista Isidro Tapia asegura que ante este bullicio económico el doctor Mi-
guel Silva González, futuro gobernador de Michoacán, en algún momento consideró la
posibilidad de instalar en la villa de Acuitzio del Canje un sanatorio particular. Cf. tapia,
Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 11.
360
ARCMAM, Libros de nacimientos del periodo 1901-1910.
361
ARCMAM, Libro de Nacimientos del año 1910; Libro de Defunciones del año 1910.
362
APSNTAM, Libro de Defunciones, vol. 1, años 1854-1910.
363
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 55-60.
364
cumberland, Madero y la Revolución Mexicana, pp. 195-198.
365
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 21, años 1909-1913. Este clérigo nació en 1867 de-
marcación de Huanímaro, Guanajuato y realizó los estudios sacerdotales en el Seminario
Diocesano de Michoacán, en Morelia, siendo ordenado como presbítero en 1896 por el
arzobispo José Ignacio Árciga. Fue capellán en la hacienda de Zurumuato, de la parro-
quia de Puruándiro, durante casi una década. En 1910 fue nombrado párroco Tiripetío de
donde pasaría a Acuitzio. Cf. aguilar lópez, Reformar para reconstruir. Los ordenandos del
Seminario de Morelia, 1869-1900, p. 157.

312
acuitzio / monografías municipales

366
arcmam, Libros de nacimientos de los años 1911-1912.
367
ortiz ybarra y gonzález méndez, Puruándiro, pp. 222-224.
368
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944; ARCMAM, Libro de Defunciones, año 1912.
369
cumberland, Madero y la Revolución Mexicana, pp. 263-279.
370
mijangos díaz, La Revolución y el poder político en Michoacán, 1910-1920, pp. 83-88.
371
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 135-138.
372
morales garcía, “Santo de palo”… ¡Pero milagroso!, p. 347.
373
Melquiades Fraga nació en la villa de Acuitzio alrededor de 1880 y fue hijo del agri-
cultor Lino Fraga, quien llegó desde la hacienda de Uruétaro, municipio de Morelia, en
donde fue arrendatario de tierras para establecerse de manera definitiva en estos lares. Cf.
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, p. 160.
374
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 151-152.
375
villaseñor gómez y león yvarra, Villa Madero: Historia de un pueblo de la sierra michoa-
cana, pp.74-77.
376
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 152-153.
377
figueroa alcocer, Crónica de la Revolución en Guerrero, 1910-1924, pp. 74-75; sánchez
lamego, Historia Militar de la Revolución Constitucionalista, pp. 356-357.
378
nava millán, La Revolución Maderista en el Estado de Guerrero y la Revolución Constitucio-
nalista en Michoacán, pp. 154-155.
379
nava millán, La Revolución Maderista en el Estado de Guerrero y la Revolución Constitucio-
nalista en Michoacán, pp. 155-156.
380
sánchez lamego, Historia Militar de la Revolución Constitucionalista, pp. 358-359, 361-362;
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares (1914-
1917), p. 154.
381
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 157-158.
382
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, p. 160.
383
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 21, años 1909-1913; vol. 22, años 1913-1917; y Libro
de Defunciones, años 1911-1944.
384
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, p. 160.
385
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, pp. 165-166; tapia, Acuitzio del Canje.
Apuntes para su historia, p. 12; villaseñor gómez y león yvarra, Villa Madero: Historia de un
pueblo de la sierra michoacana, p. 77.
386
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 12.
387
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, p.193.
388
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), p. 166.
389
El documento completo consta en villaseñor gómez y león yvarra, Villa Madero: Histo-
ria de un pueblo de la sierra michoacana, pp. 80-82.
390
soravilla, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos y Circulares Expedidas en el Estado de
Michoacán, formada y anotada por…, antiguo empleado del Gobierno, Morelia, Tipografía de la
Escuela de Artes y Oficios, 1923, Tomo XLIII, pp. 39-40. Con este novedoso antropónimo,

313
villaseñor / martínez

habilitado para usos de toponimia, se honraba la memoria del malogrado “apóstol de la


democracia” una vez concretado el triunfo de los postulados del Plan de Guadalupe.
391
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 264-269.
392
soravilla, Recopilación de Leyes, Decretos, Reglamentos y Circulares Expedidas en el Estado
de Michoacán, formada y anotada por…, antiguo empleado del Gobierno, Morelia, Tipografía de
la Escuela de Artes y Oficios, 1923, Tomo XLIII, pp. 40-41.
393
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 270-274.
394
ARCMAM, Libro de Nacimientos, año 1914; APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 22, años
1913-1917 y Libro de defunciones, años 1911-1944.
395
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), p. 279.
396
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 12. El deceso de Melquiades Fraga
ocurrió el 23 de marzo de 1915 al no lograr sobreponerse a sus múltiples heridas. Cf.
ochoa serrano, Repertorio michoacano, 1889-1926, p. 160. Los restos mortales de este perso-
naje fueron trasladados con posterioridad al interior del santuario del Sagrado Corazón de
Jesús de la parroquia de San Nicolás Tolentino de Acuitzio. Cf. villaseñor gómez y león
yvarra, Villa Madero: Historia de un pueblo de la sierra michoacana, p. 88.
397
El general Sánchez en la vorágine del revanchismo de las facciones revolucionarias
fue al encuentro de su destino y el 26 de abril de 1915, tras ser aprehendido en el tiempo
previo, fue fusilado en Huetámo por órdenes del general Alejo Mastache. Cf. oiKión so-
lano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares (1914-1917), pp.
275-277 y 283-289.
398
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 13. Con fecha 17 de marzo de 1915
el padre Francisco González consignó la partida de defunción del comerciante Jesús Gu-
tiérrez, originario de Cuto de la Esperanza, jurisdicción de la parroquia de Capula, de 27
años, el que fue hijo adoptivo de Ramón Gutiérrez y María Rosa Chávez. Cf. APSNTAM,
Libro de Defunciones, años 19111, 19944, partida núm. 194.
399
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 293-302 y 320.
400
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 15.
401
mijangos díaz, La Revolución y el poder político en Michoacán, 1910-1920, pp.197-198; oi-
Kión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares (1914-
1917), pp. 308-312.
402
ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, p. 45.
403
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), p. 322.
404
archivo histórico de la catedral de morelia (en lo sucesivo se le cita como ahcm),
Fondo indiferente, carpetas de particulares núm. 2, años 1915-1917, Carta del presbítero Fran-
cisco Ríos Hernández al arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, Huiramba, 8 de diciembre de
1919; oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares
(1914-1917), pp. 385-387.
405
apsntam, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
406
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.

314
acuitzio / monografías municipales

407
mijangos díaz, La Revolución y el poder político en Michoacán, 1910-1920, pp. 202-203.
408
ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, p. 49; villaseñor gómez y león yvarra,
Villa Madero: Historia de un pueblo de la sierra michoacana, p. 95.
409
APSNTAM, Libro de Bautismos, vol. 22, años 1913-1917. En las partidas de nacimientos o
defunciones que escribió el padre González sobre la atención de feligreses que prevalecían
de otras parroquias consignó como justificantes de su proceder la ausencia, enfermedad,
desconocimiento del paradero o muerte del respectivo cura responsable.
410
Este clérigo fue hijo del matrimonio formado por Eugenio Portillo y María Reyes Alma-
zán, habiendo nacido en la villa de Huetámo de Núñez en 1873. Se formó en el Seminario
Diocesano de Michoacán y fue ordenado como sacerdote el 19 de diciembre de 1896 por el
arzobispo José Ignacio Árciga. Fue un auténtico andarín pues además de sus dos estancias
previas en la parroquia de Acuitzio como vicario colaborador, fue docente en el Colegio
de Infantes de Morelia; teniente de cura en San Lucas de la parroquia de Huetámo; vicario
en Tacámbaro; párroco de Tiquicheo; vicario en Huetamo; y teniente de cura de Araró
ante de ser enviado como párroco a Acuitzio. En este lugar permanecería hasta el 30 de
septiembre de 1920 cuando hizo entrega del curato a su homólogo José Antonio Ponce de
León. Cf. aguilar lópez, Reformar para reconstruir. Los ordenandos del Seminario de Morelia,
1869-1900, p. 156.
411
Los hermanos Pascual y Francisco Ortiz Rubio, con los que muchos acuitzenses habían
hecho migas desde varios años atrás, resultaron electos diputados constituyentes. el primero
por el distrito de Tacámbaro y el segundo por el de Morelia, pero por diversas causas a final
de cuentas no asistirían a los trabajos de ese cuerpo legislativo. Cf. Pascual Ortiz Rubio, Me-
morias, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1981, p. 54.
412
ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, p. 52.
413
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
414
ARCMAM, Libro de Nacimientos, año 1916.
415
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 13; morales garcía, “Santo de palo”…
¡Pero milagroso!, pp. 343-344.
416
mijangos díaz, La Revolución y el poder político en Michoacán, 1910-1920, pp. 115-125;
oiKión solano, El constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares (1914-
1917), pp. 484-506.
417
mijangos díaz, Pascual Ortíz Rubio, fundador de la Universidad Michoacana de San Nicolás
de Hidalgo, pp. 75-111.
418
ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, pp. 52-53.
419
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p.13-15; morales garcía, “Santo de
palo”… ¡Pero milagroso!, pp. 345-347. La versión evidentemente está magnificada por lo
que hay que tomarla con sus reservas.
420
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 15.
421
Sobre la primera fecha Isidro Tapia señala que fue el 13 de febrero, pero el acta circuns-
tanciada que levantaron los miembros del ayuntamiento y que publicó Ochoa Serrano
estable que la irrupción chavista fue el día 24 de ese mes. Cf. tapia, Acuitzio del Canje.
Apuntes para su historia, p. 15; ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, pp. 149-150.
422
ochoa serrano, Chávez García, vivo o muerto…, pp. 149-150.
423
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 15.
424
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.

315
villaseñor / martínez

425
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
426
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, pp. 15-16.
427
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
428
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 16.
429
Ver tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia.
430
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
431
AHCM, fondo indiferente, carpetas de particulares núm. 2, años 1915-1917, carta del pa-
dre Erasto Portillo al secretario de la mitra diocesana, José Aldayturriaga, Acuitzio, 26 de
agosto de 1919.
432
mijangos díaz, Pascual Ortiz, pp. 128-130. Ante una eventual confrontación armada por
el control de Morelia, algunas de las fuerzas que secundaban el Plan de Agua Prieta al
mando del general Anacleto López se apostaron en el casco de la hacienda de Coapa para
proteger además los movimientos del gobernador Ortiz Rubio, aunque a final de cuentas
no fue requerida su actuación.
433
APSNTAM, Libro de Defunciones, años 1911-1944.
434
Ver barajas soria y pedraza pedraza, Diócesis de Tacámbaro. La evangelización en la Tierra
Caliente de Michoacán, 1920-2020.
435
Acuitzio en el periodo porfiriano vivió una aparente época de bonanza; en realidad
la riqueza estuvo mal distribuida socialmente, concentrada en unos cuantos hacendados
extranjeros. Entre 1911 y 1920 esta región estuvo abandonada en el cultivo de sus campos
y ganado a raíz de la lucha armada. La gente del campo vivió la década de la Revolución
con miedo ante el paso de los grupos revolucionarios o de las tropas federales. Ante el
abandono de las actividades agrícolas, la gente apenas trabajaba para llevar lo indispen-
sable para sobrevivir.
436
Las raíces mexicanas del estado laico o secular vienen del siglo XIX, de la reforma li-
beral, en donde, el estado tomó el control administrativo-ideológico de las instituciones
escolares. Secular significa “en el siglo”, vivir en lo terrenal, es aplicable a la gente que no
pertenece a ninguna orden religiosa, sino que vive en el mundo civil.
437
villaseñor gómez, Acuitzio del canje, historia, fiestas y vida cotidiana, pp. 85-87. Las au-
toridades municipales convivían en paz con los sacerdotes y dueños de las fincas, estos
últimos solo en ocasiones visitaban sus propiedades puesto que vivían en la capital del
estado, la ciudad de México o en el extranjero.
438
villaseñor gómez, Acuitzio del canje, historia, fiestas y vida cotidiana, pp. 92-94. Fiestas
religiosas toleradas por los subprefectos en turno del municipio, en las que incluso parti-
cipaban las familias de dichos funcionarios,
439
Entrevista hecha por José Arturo Villaseñor Gómez al señor Ángel Salto, originario y
habitante del poblado Acuitzio, campesino, agricultor, ganadero, de 92 años de edad rea-
lizada en febrero 20 de 2019 en el domicilio del señor Ángel.
440
archivo histórico del municipio de madero, sin clasificar
441
Entrevista realizada por José Arturo Villaseñor Gómez al señor J. Trinidad Villa-
señor Arreola el 5 de diciembre del 2014 en Acuitzio, en el domicilio particular del
señor Trinidad, quien fuera trabajador en las oficinas de recaudación de rentas en
Acuitzio y Tiripetío, plomero, peluquero, electricista, cantor del templo; nacido en
1930 y fallecido en 2015.

316
acuitzio / monografías municipales

442
villaseñor gómez, Acuitzio del canje, historia, fiestas y vida cotidiana, pp. 54-56.
443
En el año de 1928 el decreto del 27 de julio segrega la tenencia de Tiripetío del mu-
nicipio de Acuitzio y pasa a pertenecer a Morelia. archivo municipal de la tenencia de
tiripetío sin clasificar.
444
La ley Agraria del 6 de enero de 1915. México, CEHAM, 1983, p. 21.
445
sánchez díaz y pérez escutia, Carácuaro de Morelos, Historia de un Pueblo de la Tierra Ca-
liente Michoacana, p. 146.
446
archivo general de notarías de morelia (AGNM), Vol. 208, anterior, 213 actual, 24 de
noviembre de 1800, Valladolid, foja 897, escribano José Antonio Aguilar.
447
archivo general de notarías de morelia (en adelante AGNM), Ramo tierras y aguas,
Pátzcuaro, año 1714, legajo 1, número 57, “autos fechos, a pedimento del alcalde común
y naturales del pueblo de San Nicolás Acuitzio, de esta juridizión sobre su composición
de las tierras que les pertenecen, ofrecen servir a su majestad con 25.00 pesos, juez comi-
sario el señor Don Marco Antonio Pérez y escribano Don Manuel Fernández de la taza.”
Los documentos de los campesinos de Acuitzio estuvieron hasta 1970 en el Archivo de la
Presidencia municipal de Acuitzio, bajo el periodo presidencial de sr. Isidro Cáliz, perte-
neciente a la comunidad de Ejidatarios Acuitzio; de ahí fueron vendidos como papeles
viejos a la Cartonera de Morelia. Sin embargo, el AGNM aún tiene un resguardo de ellos,
de ahí proceden estos datos.
448
archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AGHPEM),
Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, tomo
y número ilegibles, miércoles 15 de marzo de 1927, p. 1.
449
archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AGHPEM),
Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, tomo
y número ilegibles, miércoles 15 de marzo de 1927, p. 2.
450
archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AGHPEM),
Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, tomo
y número ilegibles, miércoles 15 de marzo de 1927. Por su parte, el señor Enrique Carriles,
como arrendatario de la hacienda de San Antonio Coapa, en su escrito de noviembre de
1922, adjuntó algunas actas notariales con nombres de testigos y vecinos de Acuitzio que
declaraban estar en contra de la dotación.
451
archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AGHPEM),
Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, tomo
y número ilegibles, miércoles 15 de marzo de 1927.
452
archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoacán (AGHPEM),
Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, tomo
y número ilegibles, miércoles 15 de marzo de 1927, p. 3. En este primer dictamen, se otorgó
a los vecinos de Acuitzio solo de una superficie de 1652 hectáreas y 70 áreas; que se dijo, to-
marían de las Haciendas de San Andrés Coapa, San Antonio Coapa y la Florida, de acuerdo
al plano levantado por el ingeniero Vallejo y aprobado por la Comisión Local Agraria.
453
Decían los hacendados, que no había derecho a expropiación porque para tener tal
atribución se requerían, de acuerdo con la Ley de enero de 1915, demostrar tres elemen-
tos: uno, Que se compruebe la propiedad del terreno reclamado; dos, Que el despojo se
hubiese cometido después del 25 de junio de 1856 y tres, que los terrenos hubiesen sido
objeto petición o demanda.

317
villaseñor / martínez

454
También la Comisión hizo alusión al Diccionario de Legislación y Jurisprudencia de
Joaquín E., con [especifica certificaría), incisos IV al IX, artículo 254 del Código Federal de
procedimientos civiles de 1915.
455
archivo histórico casa ejidal acuitzio, en adelante AHCEA. Agradezco las facilidades
otorgadas para permitirnos el acceso a los documentos consultados el día 20 de julio del
año 2020; al señor Antonio Rangel Jiménez, presidente; señorita Irma Gómez Olivos, Teso-
rera y señora Carolina Zarco Romero, secretaria; los tres integrantes de la mesa directiva
del “Ejido Acuitzio.”
456
Para completar las hectáreas, el gobierno nacional deberá expropiar las restantes; en tanto
los alegatos de los hacendados quedan desechados de acuerdo con el Reglamento Agrario.
457
Está determinación se tomó con fundamento en los artículos 1, 3 y 9 de la ley de febrero de
1915; el 27 de la Constitución Federal, fragmentos primero, segundo, décimo y onceavo del
reglamento agrario del 1 de abril de 1922 y de acuerdo con la Comisión Nacional Agraria.
458
Esta resolución fue considerada de manera oficial como título comunal y fue firmada
el 4 de noviembre de 1926 en el palacio del poder ejecutivo de la Ciudad de México por el
presidente de la República, Plutarco Elías Calles. archivo general e histórico del poder
ejecutivo del estado de michoacán, Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de
los Estados Unidos Mexicanos, miércoles 15 de marzo de 1927, p. 5.
459
Enseguida se hizo el recorrido hasta el cerro de la tinaja al suroeste, hasta llegar a la
Hacienda de San Andrés que también fue deslindada debido a que limitaba con San Rafael
Coapa y la Hacienda de La Florida, hasta llegar al casco o finca de la Hacienda San Andrés.
460
La comitiva siguió su travesía por el camino carretero que atravesaba el ejido y el Río
San Juan, verificando también que el ejido incluyera el agua para las tierras de acuerdo a
las leyes sobre aguas federales vigentes en esa época; enseguida recorrieron a pie hasta los
límites del poblado de Tiripetío, el potrero de San José, San Antonio Coapa para regresar
a La Florida y Arostaro.
461
Tal documento lo firmaron el ingeniero de la Comisión Nacional Agraria Apolinar Lla-
mas, el presidente del comité Isidoro Huacuz, el secretario del comité Arnulfo Montoya,
el tesorero Anacleto Hernández y los suplentes José Calvillo, Ventura Gómez, José López,
Juan Acosta, Jesús Gallegos, Pedro Montoya, Salvador Olivos y Guillermo Estrada.
462
archivo histórico de la comunidad ejidal de ziparapio el alto, consultado el día 23 de
julio 2020; agradezco a la señora Rufina Calix Olivos las facilidades brindadas para esta
consulta; de igual forma la señora Rufina nos proporcionó el “Himno al Agrarista”.
463
Se ejecutó hasta octubre de 1936 y se dictó resolución presidencial hasta el 21 de abril
de 1937 concediendo la ampliación al poblado de Canoas y su anexo Ziparapio el alto,
siendo para este último una dotación de 843 hectáreas; de ellas 272 de temporal y 751 de
monte tomadas de varios predios beneficiando a 34 personas. El 18 de agosto de 1938 se
les otorgó posesión definitiva a los jornaleros de Ziparapio, y el 14 de Julio de 1943, se les
dio posesión y documentos de la superficie total.
464
AGHPEM, sábado 22 de agosto de 1936, p. 7. Agradezco al cronista del municipio de
Pátzcuaro, de raíces acuitzences, licenciado en historia Fernando Mendoza Molina, el ha-
berme proporcionado esta información.
465
El Departamento Agrario observó en su investigación que la venta hecha por la señora
Ponce de León, realizada del 17 al 19 de octubre de 1934 a sus familiares Rafael Ponce
de León Chávez, Antonio, Fernando, René, Esteban, Arturo Ponce de León, al menor de

318
acuitzio / monografías municipales

edad Gabriel Ponce de León y Francisca Guadalupe, del mismo apellido, no tenían valor
alguno las operaciones pues dichas ventas se habían realizado después de la solicitud de
ejidos del poblado. archivo general e histórico del poder ejecutivo del estado de michoa-
cán, Diario Oficial, Órgano de Gobierno Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos,
sábado 22 de agosto de 1936, p. 8. Se dictaminó de igual forma para el llano de Huiramba,
propiedad de Francisco Ponce de León, que perteneció en otro tiempo a los indígenas de
ese pueblo, dicho predio si podía tomarse en su totalidad.
466
aghpem, sábado 22 de agosto de 1936, p. 9. Agregó el dictamen del departamento
agrario, que con la dotación se formarían 150 parcelas de 8 hectáreas cada una, puesto que
se incluyó la llamada “parcela escolar”; dejando las de agostadero y monte alto para los
usos colectivos de la comunidad beneficiada. Casi dos décadas más tarde el Decreto 175
del primero de agosto de 1950, creó el municipio de Huiramba elevado al mismo tiempo
a Villa y 10 días después, es decir, el 11 de agosto de ese mismo año, el decreto 176 creó al
municipio y villa de Lagunillas, que también pertenecía a Acuitzio.
467
aghpem, sábado 22 de agosto de 1936, p. 10. Dado en Palacio del Poder Ejecutivo de
la Unión el 1 de julio de 1936 con la rúbrica del presidente Lázaro Cárdenas.
468
villaseñor gómez, “Acuitzio: de la postrevolución a la década de los sesenta del siglo
XX (1930-1960)”, pp. 49-50.
469
villaseñor gómez, “Acuitzio: de la postrevolución a la década de los sesenta del siglo
XX (1930-1960)”, p. 53.
470
villaseñor gómez, “Acuitzio: de la postrevolución a la década de los sesenta del siglo
XX (1930-1960)”, p. 54. En el año de 1937 se registraron transportados en el ferrocarril,
estación Tiripetío 557 carros cargados de madera y carbón, todos de la región de Acuitzio
y 689 del año siguiente.
471
villaseñor gómez, “Acuitzio: de la postrevolución a la década de los sesenta del siglo
XX (1930-1960)”, pp. 54-55.
472
Entrevista realizada por José Arturo Villaseñor Gómez el 12 de diciembre de 20214, en
Acuitzio del Canje a los señores Ángel Salto Cortés, Salvador Zavala Gómez y Miguel
Barajas Barajas.
473
Entrevista realizada por José Arturo Villaseñor Gómez el 12 de diciembre de 20214, en
Acuitzio del Canje a los señores Ángel Salto Cortés, Salvador Zavala Gómez y Miguel
Barajas Barajas. Las “Guajoloteras” eran camiones de pasajeros con capacidad de 36 per-
sonas, los Méndez, Martínez y los Sánchez fueron los primeros dueños de los “Autotrans-
portes Unidos del Canje”.
474
gonzalbo escalante, et. al., Historia de la vida cotidiana en México, pp. 178-180.
475
archivo histórico del registro civil de acuitzio, año 1920-1930. Es notable el detalle en
cuanto a la categoría del recién nacido de ya no registrar ni asentar en las castas por etnia;
es decir, nadie tiene ya registrada en su acta de nacimiento, la categoría de indígena, ni de
español. Por otro lado, el índice de mortalidad en la población infantil es superior al 30%.
476
Entrevista realizada por José Arturo Villaseñor Gómez el 10 de septiembre de 2019 al
Señor Salvador Zavala Gómez, personaje nacido en 1926, originario de Acuitzio, de oficio
zapatero, creador de bandas de música, equipos de futbol y fabricante de globos de Can-
toya, fallecido en el año 2021.
477
Lázaro Cárdenas en 1920 ya había sido gobernador de Michoacán de forma interina.
Véase aguilar ferreira, Los gobernadores de Michoacán. 1824-1974, pp. 93-94.

319
villaseñor / martínez

478
La petición de permiso para dejar el cargo temporalmente la primera ocasión fue del 7
de noviembre de 1930 al 12 de mayo de 1931; la segunda del 10 de agosto al 12 de diciem-
bre de ese mismo año. aguilar ferreira, Los gobernadores de Michoacán. 1824-1974, p. 93. En
ese lapso quedó al frente del Ejecutivo el licenciado Gabino Vázquez.
479
mares, Los grandes mexicanos. Lázaro Cárdenas, pp. 58-59.
480
mares, Los grandes mexicanos. Lázaro Cárdenas, p. 61.
481
En octubre de 1934, la cámara de senadores aprobó la reforma al artículo 3 constitu-
cional donde quedó asentado “el articulo 3 debe combatir el fanatismo y los prejuicios;
organizar la enseñanza y las actividades, de tal forma que la juventud alcance un concepto
racional y exacto del universo y de la vida social”. Véase martínez assad, Los lunes rojos.
La educación nacionalista en México, pp. 9-25.
482
Entrevista realizada por José Arturo Villaseñor Gómez el 20 de febrero de 2019 al señor
Ángel Salto, personaje oriundo de Acuitzio, nacido en 1925, agricultor, miembro de la
Asociación de Charros del lugar; fallecido en el año 2020
483
mares, Los grandes mexicanos. Lázaro Cárdenas, p. 64. También a las escuelas rurales en
donde había ejido se les dotó de una parcela escolar; en donde los alumnos y maestros
trabajaban la tierra y obtenían ganancias económicas, mismas que eran aplicadas en me-
joramiento de la escuela.
484
Entrevista al profesor Juan Bedolla Zarco, realizada por Arturo Villaseñor Gómez, en
mayo de 2008 en Acuitzio; el profesor Juan Bedolla fue egresado de la Normal Rural Vasco
de Quiroga de Tiripetío de Michoacán, maestro rural originario de Acuitzio, fallecido en
diciembre del mismo año, vivió esa etapa en varias comunidades rurales del estado de
Michoacán.
485
AGHPEM, sábado 22 de agosto de 1936, p. 9. Lo expuesto en el documento se basó en
los artículos 21 inciso b del 42 interpretado “a contrariu sensu”, pp. 47-49 y demás relati-
vos al Código Agrario del presidente de la República.
486
meyer, “El primer tramo del camino”, pp. 181-182.
487
Reorganizado por Lázaro Cárdenas el 30 de marzo de 1938, con un sentido cooperativis-
ta y con este nombre sustituyó al fuerte antes Partido Nacional Revolucionario.
488
sefchovich, La Suerte de la Consorte, p. 267.
489
sefchovich, La Suerte de la Consorte, p. 268.
490
Tres años antes Lázaro Cárdenas, como presidente del país había expedido ya el decreto
del 9 de julio mediante el cual designó al PNR organizar la liga de las comunidades agra-
rias en cada Estado.
491
Agradezco a la señora Rufina Calix Olivos el haberme proporcionado el “Himno al
Agrarista;” que en la actualidad todavía entonan los Ejidatarios en sus actos cívicos y
ceremonias.
492
sefchovich, La Suerte de la Consorte, p. 268.
493
aguilar camín y meyer, Historia Gráfica de México, p. 105.
494
fox quezada, “Decreto por el que se declara una zona de monumentos históricos en la
ciudad de Acuitzio del Canje, municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán”, Diario
Oficial de la Federación, 12 de marzo de 2001, 3 p. 32.
495
villaseñor gómez, “Acuitzio del Canje: de la Postevolución a la década de los setenta
del siglo XX (1930-1970)”, pp. 49-50.
496
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 1.

320
acuitzio / monografías municipales

497
cerda farías, En el pueblo de Tiripetío, en la Provincia de Michoacán. La edad dorada… El
siglo XVI, p. 78.
498
lópez lara (editor), El obispado de Michoacán en el siglo XVII, p. 207.
499
monzón y rosKamp, “El testamento de doña Ana Ramírez de Acuitzio, Michoacán,
1637”, pp. 186-207.
500
carrillo cázarez, Michoacán en el otoño del siglo XVII, p. 138.
501
castro gutiérrez, “Los ‘indios cavilosos’ de Acuitzio. Del conflicto a la disidencia en
Michoacán colonial”, p. 103.
502
torres, Diccionario Histórico, Biográfico, Geográfico, Estadístico, Zoológico, Botánico y Mine-
ralógico de Michoacán, p. 63.
503
Era un término utilizado para referirse a los pueblos indígenas que están bajo un buen
gobierno y justicia. martínez, “Reacomodos de población en Tzintzuntzan durante el siglo
XVI”, pp. 8-10.
504
castro gutiérrez, “Los ‘indios cavilosos’ de Acuitzio. Del conflicto a la disidencia en
Michoacán colonial”, p. 102. Según José Arturo Villaseñor, los pueblos congregados fueron
Huajumbo, Tamanguio, La Huizata y Umécuaro, entre otros. villaseñor gómez, “La confi-
guración urbana de Acuitzio en la época virreinal”, p. 142.
505
beaumont, Crónica de Michoacán, p. 250.
506
castro gutiérrez, Los Tarascos y el imperio español 1600-1740, p. 86.
507
villaseñor gómez, “La configuración urbana de Acuitzio en la época virreinal”, p. 142.
508
Ver de alcalá, La Relación de Michoacán.
509
Es posible que los trojes de madera que hasta hace unas décadas eran comunes en el po-
blado y los alrededores, fueran resultado de un sincretismo constructivo americano-europeo.
510
castro gutiérrez, Los Tarascos y el imperio español 1600-1740, pp. 102-104.
511
carrillo cázarez, Michoacán en el otoño del siglo XVII p. 138.
512
carrillo cázarez, Partidos y Padrones del obispado de Michoacán, 1680-1681, p. 40.
513
Ver villaseñor y sánchez, Teatro Americano. Descripción general de los reynos de la Nueva
España y sus jurisdicciones.
514
torres, Diccionario Histórico, biográfico, geográfico, zoológico, botánico y mineralógico de Mi-
choacán, p. 63.
515
castro gutiérrez, “Los ‘indios cavilosos’ de Acuitzio. Del conflicto a la disidencia en
Michoacán colonial”, p. 109.
516
rangel vargas, La vigencia y aplicación de la Constitución de Cádiz en el partido de Tiripetío,
1800-1825, p. 93.
517
También es conocido que, en diciembre de 1813, en un molino de Acuitzio, José María
Morelos mandó pulverizar carbón para tiznar a sus soldados antes de un combate. de za-
macois, Historia de Méjico, desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, p. 328.
518
villaseñor gómez, Historia, fiestas y vida cotidiana, p. 16.
519
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 59.
520
martínez de lejarza, Análisis estadístico de la Provincia de Michoacán en 1822, p. 85.
521
romero flores, Diccionario michoacano de historia y geografía, p. 16.
522
La población del municipio era de 14,300 habitantes. romero, Michoacán y Guanajuato en
1860. Noticias para formar la historia y la estadística del Obispado de Michoacán, p. 8.

321
villaseñor / martínez

523
romero, Michoacán y Guanajuato en 1860. Noticias para formar la historia y la estadística del
Obispado de Michoacán, p. 59.
524
Acuitzio contaba con 2437 habitantes.
525
La Voz de México, 3 de julio de 1870, p. 3.
526
La Voz de México, 25 de diciembre de 1870, p. 3.
527
La Voz de México, 14 de diciembre de 1871, p. 4. El 18 de junio, los mismos hombres, que
trataban de impedir la instalación del nuevo ayuntamiento, ya habían entrado al poblado
y asesinado a cuatro personas. El Siglo Diez y Nueve, 25 de junio de 1871, p. 3.
528
Como dato curioso, cinco años después, en el mismo edificio (ubicado en el portal Hi-
dalgo, número 4) pernoctó el presidente de la República Sebastián Lerdo de Tejada.
529
La Patria, 1 de octubre de 1897, p. 3.
530
Se inauguró el primero de diciembre de 1896. “Teléfono en Acuitzio”, La Patria, 17 de
diciembre de 1896, p. 3.
531
Los trabajos fueron dirigidos por el ingeniero Felipe C. Snodgrass. Fueron 1800 metros
de tubería de acero proveniente de los manantiales de la Alameda, a dos kilómetros de
Acuitzio. El Tiempo, 14 de enero de 1909, p. 2.
532
El Tiempo, 30 de diciembre de 1900, p. 1.
533
“Mejoras en un camino”, La Libertad, 26 de marzo de 1895, p. 3.
534
“Acuitzio”, La Libertad, 4 de febrero de 1896, p. 2.
535
tapia, Acuitzio del Canje. Apuntes para su historia, p. 5.
536
Para este acontecimiento se adornaron las casas, se levantó un arco de triunfo y hubo
una gran verbena. Ofició la misa el abad de Pátzcuaro Rafael Nambo. La primera piedra
había sido colocada por el obispo José Ignacio Árciga, a iniciativa de Domingo Ponce de
León y Pedro Barriga. Los donativos para su conclusión fueron de Luis Árciga y Francisco
Mendoza. La Voz de México, 25 de noviembre de 1908, p. 2.
537
“Centro en el Distrito de Morelia”, La Patria, 5 de febrero de 1897, p. 3.
538
coromina, Recopilación de leyes, decretos, reglamentos y circulares expedidos en el estado de
Michoacán…, p. 193.
539
villaseñor gómez, “Educación y ejidos en el municipio de Acuitzio desde el imaginario
de Lázaro Cárdenas”, p. 159.
540
El Diario, 25 ago. 1913, p. 4.
541
franco, Carta de David Franco a Félix Díaz, informando que en Acuitzio estuvieron los hom-
bres de Gertrudis Sánchez… Fondo: Manuscritos del General Manuel Willars González, Mo-
relia, 19 de abril de 1913, núm. LXVIII-1, clas. LXVIII-[Link], leg. 206, doc. 1, fojas 2.
542
romero flores, Diccionario michoacano de historia y geografía, p. 17
543
villaseñor gómez, “Educación y ejidos en el municipio de Acuitzio desde el imaginario
de Lázaro Cárdenas”, p. 163.
544
villaseñor gómez, “Acuitzio: de la postrevolución a la década de los sesenta del siglo
XX (1930-1960)” p. 6.
545
Tiripetío pasó a ser tenencia de Pátzcuaro y luego de Morelia. villaseñor gómez, “La
configuración urbana de Acuitzio en la época virreinal”, p. 144.
546
villaseñor gómez, Acuitzio del Canje, Historia, fiestas y vida cotidiana, p. 51.
547
villaseñor gómez, Acuitzio del Canje, Historia, fiestas y vida cotidiana, p. 37.
548
tapia, Las migraciones michoacanas a Estados Unidos. Historiografía de la formación de un
campo de estudio (1960-1910), pp. 159-161.

322
acuitzio / monografías municipales

549
Los comercios solían tener un letrero en la pared.
550
martínez aguilar y bedolla arroyo, “Transformación de la vivienda tradicional de
Michoacán. Problemáticas y acciones de conservación” pp. 4-13.
551
linch, La imagen de la ciudad, p. 10.
552
El acto solemne se llevó a cabo en las instalaciones del Museo Regional Michoacano,
en el marco del Aniversario del 157 aniversario del canje de prisioneros belgas y franceses
por mexicanos.
553
El último censo de población de 2020 arrojó que la localidad de Acuitzio contaba con
7439 habitantes, lo que representa un aumento del 1% con respecto a 2010, en tanto que
el municipio fue de 11,301 habitantes, con un crecimiento del 2.86% respecto al censo de
2010. inegi, Censo de Población y Vivienda 2020, Ciudad de México, 2020.
554
h. ayuntamiento constitucional de acuitzio, michoacán, Plan de Desarrollo Municipal
2021-2024, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Michoacán de Ocampo, Tomo CLXXIX,
núm. 53, lunes 24 de enero de 2022, p. 13.
555
Newberry Library. Ayer MS 1106 C3/C5, f. 24v.; ochoa serrano (ed.) El Gran Michoacán, p. 100.
556
“Relación del obispado de Michoacán por el obispo fray Baltasar de Covarrubias, O. S.
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ejemplo, en 1801 se decía que los Etúcuaro, para sostenerse, queman un poco de cal, y es
preciso la leña, y el único montecillo que tenían propio ya se ha destruido. Archivo Gene-
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569
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590
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591
La Aurora Literaria, Morelia, 1875, pp. 140-141.
592
La Aurora Literaria, Morelia, 1875, pp. En 1868 Mariano de Jesús Torres destacaba que,
por su situación topográfica, por la feracidad de su terreno y por la benignidad de su clima,
Acuitzio está llamado a ser con el tiempo una población interesante en el Estado. El Monitor
Republicano, México, 11 de diciembre de 1868, Año XVIII, Núm. 5130, primera plana.
593
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612
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613
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en Zamora.
614
AHPEM, Morelia, Gobernación, Pasaportes y visas, 1955, Caja 1.
615
elWood Wiest, 1940-Wage-labor migration and household maintenance in a central mexican town.
616
Al último, pero, primeramente, debo agradecer las atenciones recibidas de Ale Jiménez
en la notaría parroquial de Acuitzio; y, la gran ayuda de Héctor Gerardo Castro García en
la Biblioteca Luis González de El Colegio de Michoacán.
617
Agradezco a Yolanda Sereno Ayala la información y material proporcionado en la
realización de esta biografía.

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capítulo ix

Entrevistas a Raymond Wiest, Profesor Emérito, Universidad de Manito-


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Archivo histórico, fotográfico y documental de Noel Téllez.

348
Acuitzio
Monografías municipales

Morelia, Mich., México


mmxxiv

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