Lec 08
Lec 08
Director de la Colección
López Menudo, Francisco. Universidad de Sevilla
Consejo de Redacción
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Escribano Collado, Pedro. Universidad de Sevilla
Galán Vioque, Roberto. Universidad de Sevilla
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Guichot Reina, Emilio. Universidad de Sevilla
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López Menudo, Francisco. Universidad de Sevilla
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Vandelli, Luciano. Universitá di Bologna
Vieira Andrade, José Carlos. Director del Instituto Jurídico de la Universidad de Coimbra
Manuel Rebollo Puig
RESPONSABLES DE
LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
Sevilla 2023
Colección Instituto Clavero Arévalo
Núm.: 10
Comité editorial de
la Editorial Universidad de Sevilla
Araceli López Serena
(Directora)
Elena Leal Abad
(Subdirectora)
Concepción Barrero Rodríguez
Rafael Fernández Chacón
María Gracia García Martín
María del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado
Manuel Padilla Cruz
Marta Palenque
María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda
Marina Ramos Serrano
José-Leonardo Ruiz Sánchez
Antonio Tejedor Cabrera
Abreviaturas...................................................................................................................... 15
Presentación...................................................................................................................... 17
Capítulo primero.
Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en
la determinación de los responsables de las infracciones............................... 21
I. EL PRINCIPIO DE LEGALIDAD EN LA DETERMINACIÓN DE LOS
RESPONSABLES....................................................................................................................... 21
II. EL PRINCIPIO DE PERSONALIDAD DE LAS SANCIONES............................................. 24
II.1. Significado y fundamento......................................................................................... 24
II.2. Consecuencias complementarias; en especial, la extinción de
la responsabilidad por muerte del infractor....................................................... 28
III. EL JUEGO POSTERIOR DEL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD........................................ 33
IV. CONTRA EL PELIGRO DE LAS MATIZACIONES A ESTOS PRINCIPIOS..................... 38
V. LAS RADICALES DIFERENCIAS CON LAS RESPONSABILIDADES
NO PUNITIVAS.......................................................................................................................... 47
VI. LO QUE ESTOS PRINCIPIOS NO IMPIDEN........................................................................ 50
VI.1. Enumeración de responsabilidades sancionadoras compatibles
con estos principios..................................................................................................... 50
VI.2. Compatibilidad con la acción de regreso del sancionado contra
otro sujeto....................................................................................................................... 51
VI.3. Sujetos no sancionados que sufren las consecuencias de una sanción... 55
Capítulo segundo
Responsabilidad por autoría y por participación
I. OBJETO DE ESTE CAPÍTULO................................................................................................ 61
II. RESPONSABILIDAD POR AUTORÍA DE LAS INFRACCIONES..................................... 61
II.1. Como regla general, son responsables los autores y solo ellos.
Concepto de autor....................................................................................................... 61
II.2. Autoría directa individual, autoría mediata y coautoría................................. 64
II.3. Autoría y tipificación de las infracciones.............................................................. 65
9
10 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
II.4. Sujetos que no son autores; en especial, sujetos con poder sobre
el autor.............................................................................................................................. 69
II.5. Autores y representantes........................................................................................... 75
III. RESPONSABILIDAD POR PARTICIPACIÓN....................................................................... 78
III.1. Leyes que prevén sanción para los partícipes.................................................... 78
III.2. Responsabilidad individual o responsabilidad solidaria de cómplices
y autor............................................................................................................................... 82
III.3. ¿Puede sancionarse al partícipe sin sancionar al autor?................................. 83
III.4. Infracciones autónomas de participación en infracción ajena.................... 83
III.5. En especial, los «facilitadores» de las infracciones contra
la competencia.............................................................................................................. 86
IV. PRECEPTOS LEGALES ESPECÍFICOS SOBRE RESPONSABLES DE
LAS INFRACCIONES................................................................................................................ 93
IV.1. Muestreo de estas previsiones legales.................................................................. 93
IV.2. La interpretación conforme a la Constitución de este género
de preceptos................................................................................................................... 96
IV.3. Irresponsabilidad de los prestadores de servicios de la sociedad de
la información................................................................................................................ 100
IV.4. Presunciones legales de autoría o participación............................................... 103
Capítulo tercero
Responsabilidad sancionadora de las personas jurídicas,
de sus administradores y de los entes sin personalidad
I. LA RESPONSABILIDAD SANCIONADORA DE LAS PERSONAS JURÍDICAS........... 105
I.1. Consagración legal y rasgos generales................................................................. 105
I.2. La responsabilidad de las personas jurídicas como supuesta excepción
a los principios de personalidad y de culpabilidad.......................................... 108
I.3. Rechazo de la anterior tesis....................................................................................... 109
I.4. Distinción entre responsabilidad por actuación de los administradores
y por actuación de los empleados u otros sujetos........................................... 112
I.5. La responsabilidad de las personas jurídicas como consecuencia de
la actuación de sus administradores es responsabilidad por acción y
culpa propias.................................................................................................................. 114
I.6. Derechos fundamentales de las personas jurídicas imputadas................... 120
II. MATIZACIONES A LA RESPONSABILIDAD DE LAS PERSONAS JURÍDICAS.......... 122
II.1. Acción de regreso y condonación.......................................................................... 122
II.2. Sanción solo a la persona jurídica, pero con responsabilidad de otra
persona respecto al pago de aquella sanción.................................................... 124
II.3. Sanción a personas físicas en vez de a la persona jurídica............................ 124
II.4. Sanción a la persona jurídica y, además, a algunas personas integradas
en ella................................................................................................................................ 126
II.5. Sanción administrativa a la persona jurídica y pena a alguna persona
física integrada en ella................................................................................................ 127
III. PERSONAS JURÍDICAS Y AUTOR MEDIATO. REFERENCIA A LAS ENTIDADES
MATRICES Y FILIALES............................................................................................................. 130
Índice 11
Capítulo cuarto
Responsabilidad sancionadora de empleadores y empleados
I. EL PROBLEMA Y EL PLANTEAMIENTO PARA ABORDARLO....................................... 205
II. LAS RESPUESTAS JUDICIALES............................................................................................. 205
II.1. Sentencias que confirmaron las sanciones al empleador por actos de
sus empleados............................................................................................................... 205
II.2. Sentencias que anulan las sanciones a trabajadores....................................... 222
II.3. Recapitulación y crítica............................................................................................... 222
III. EXPLICACIÓN DE LAS DIVERSAS SITUACIONES Y DE LAS SOLUCIONES
PERTINENTES............................................................................................................................ 223
III.1. Desvinculación de la cuestión analizada respecto a la de
la responsabilidad de las personas jurídicas....................................................... 223
III.2. Distinción entre infracciones de las empresas a consecuencia de
las acciones de sus empleados e infracciones de los empleados............... 225
III.3. Infracciones de la empresa a consecuencia de las acciones de
sus empleados............................................................................................................... 226
III.3.1. Responsabilidad exclusiva de la empresa como autora de
la infracción....................................................................................................... 226
III.3.2. Responsabilidad de la empresa como autora y responsabilidad
del empleado como partícipe en la infracción de aquella............... 230
III.4. Infracciones de los empleados................................................................................ 232
III.4.1. Responsabilidad exclusiva del empleado. Inconstitucionalidad
de trasladar la responsabilidad a su empresa....................................... 232
III.4.2. Responsabilidad del empleado pero con responsabilidad de
la empresa por una infracción consistente en no prevenir
las infracciones de sus empleados............................................................ 237
III.5. Necesidad de dolo o culpa de la empresa, diferente del dolo o
culpa del empleado, para declarar la responsabilidad sancionadora
de la empresa................................................................................................................. 238
III.6. Supuestos de responsabilidad solidaria y subsidiaria de empresas y
trabajadores.................................................................................................................... 243
Capítulo quinto.
Responsabilidad sancionadora de las Administraciones Públicas
I. ADMISIÓN DE SANCIONES ADMINISTRATIVAS A ADMINISTRACIONES.............. 249
I.1. Las respuestas legales específicas y la regla general....................................... 249
I.2. Los reparos a las sanciones interadministrativas y su rechazo por
los Tribunales.................................................................................................................. 254
I.3. La posible reconsideración de la solución actual.............................................. 258
II. RÉGIMEN DE LAS SANCIONES ADMINISTRATIVAS A ADMINISTRACIONES........ 261
II.1. Efectos adicionales de las sanciones a Administraciones.............................. 261
II.2. Aplicabilidad de los artículos 24 y 25 de la Constitución y de
las garantías de la LRJSP y la LPAC a las sanciones a Administraciones.... 266
Índice 13
Capítulo sexto
Responsables solidarios y subsidiarios de infracciones y sanciones
I. LA REGLA GENERAL DE LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL Y LOS DOS
GÉNEROS DE EXCEPCIONES................................................................................................ 299
II. RESPONSABLES SOLIDARIOS DE LAS INFRACCIONES............................................... 303
II.1. Supuestos en que está establecida esta responsabilidad y
significado común........................................................................................................ 303
II.2. Régimen........................................................................................................................... 307
II.3. Sobre su constitucionalidad..................................................................................... 311
II.4. La solidaridad de matriz y filial en las infracciones contra
la competencia.............................................................................................................. 314
III. ALUSIÓN A LOS RESPONSABLES SUBSIDIARIOS DE LAS INFRACCIONES........... 319
IV. RESPONSABLES SOLIDARIOS Y SUBSIDIARIOS DEL PAGO DE SANCIONES........ 321
IV.1. Significado....................................................................................................................... 321
IV.2. Los supuestos en que está establecida esta responsabilidad y
su heterogeneidad....................................................................................................... 324
IV.3. Régimen. En especial, las posibilidades de defensa del responsable
del pago........................................................................................................................... 330
14 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
AN Audiencia Nacional
ap. Apartado
Ar. Referencia de la jurisprudencia del Tribunal Supremo de Aranzadi
art. artículo
arts. artículos
as. asunto
ATC Auto del Tribunal Constitucional
CC Código Civil
CE Constitución Española
CEDH Convenio Europeo de Derechos Humanos
CNMC Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia
CP Código Penal
DA Documentación Administrativa (revista)
FJ Fundamento Jurídico
JA Justicia Administrativa (revista)
LCSP Ley de Contratos del Sector Público
LDC Ley de Defensa de la Competencia
LGS Ley General de Subvenciones
LGT Ley General Tributaria
LISOS Texto Refundido de la Ley de Infracciones y Sanciones del Orden
Social
LJCA Ley Reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa
LO Ley Orgánica
LOREG Ley Orgánica de Régimen Electoral General
LPAC Ley de Procedimiento Administrativo Común de las
Administraciones Públicas
LRBRL Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local
15
16 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
Desde que hace muchos años empecé a dedicarme al estudio de las sancio-
nes administrativas, comprendí que la determinación de los responsables de
las infracciones era asunto complicado que merecía una atención especial.
Un tema en el que confluyen todos los grandes principios del Derecho Admi-
nistrativo sancionador y en el que se les pone en tensión y, si así cabe decirlo,
en aprietos.
Desde entonces lo he abordado en muchos estudios sectoriales de Dere-
cho Administrativo sancionador. Así, lo hice al enfrentarme con las infracciones
en materia de sanidad, consumo, turismo, comercio, competencia, urbanismo
y seguridad ciudadana. Tras ello, fui intentando poco a poco hacer una cons-
trucción general. Sobre todo, lo hice con ocasión de mi contribución al libro
homenaje al profesor Cosculluela. Quise allí volcar todo lo esencial. Pero en-
tendí que, con los límites de espacio y de tiempo que me brindaba aquella
ocasión y pese a mi deseo de realizar una aportación a la altura del agrade-
cimiento a mi maestro, no era posible nada más que sentar los presupuestos
para una exposición más completa que necesitaba mucho más esfuerzo y re-
flexión. Intenté completar ese trabajo en otros libros homenajes a diversos
profesores (Loperena, De la Quadra, Soriano y Sainz Moreno). Pero todo seguía
siendo parcial, fragmentario e incompleto.
He seguido pensando y trabajando lentamente en las piezas que me falta-
ban y en lo que consideraba necesario para darles coherencia y sistematicidad.
Y cuando se me ofreció publicar un libro en la colección del Instituto Clavero
Arévalo (antes Instituto García Oviedo), oportunidad que agradezco al direc-
tor del Instituto y al de la colección, profesores Guichot Reina y López Menudo,
creí llegado el momento de terminar esa tarea.
Este último esfuerzo ha sido mucho mayor de lo que esperaba; he tenido
que añadir mucho, corregir algunas ideas y reordenarlo todo. Aun así, a veces
se conserva el sesgo del origen de los trabajos y ello comporta que no siem-
pre haya la uniformidad de estilo y método que me hubiera gustado. Así, por
ejemplo, en algunos capítulos la jurisprudencia es protagonista y lo demás se
construye sobre esa base (o, eventualmente, contra esa base); mientras que, en
17
18 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
valioso. Incluidas, por supuesto, aquellas de las que discrepo pero que refle-
jan el estado de la cuestión y constituyen referencias interesantes. Siempre
que es posible, se citan solo por su número oficial y fecha (por ejemplo, STS
1217/2023, de 2 de octubre). Pero, como sobre todo las sentencias del TS no
tenían numeración oficial hasta recientemente, en su defecto las cito por su fe-
cha y por el número del recurso (por ejemplo, STS de 28 de diciembre de 2015,
rec. 431/2012). Así, creo, las sentencias son fácilmente identificables y resulta-
rán accesibles a todos, sea cual sea la base de datos que utilicen. Solo cuando
no he encontrado ese dato acudo a la referencia de jurisprudencia Aranzadi.
Todo porque la mera indicación de una fecha hace con frecuencia muy difícil la
identificación de las sentencias. Acaso debería haber optado por el ECLI, pero,
además de que en sentencias antiguas tampoco lo he encontrado siempre,
dejo lo que por ahora me resulta poco familiar para futuras ocasiones.
El trabajo se ha realizado en el seno del Grupo de Investigación de la
Junta de Andalucía SEJ-196, o sea, el de los Profesores de Derecho Adminis-
trativo de la Universidad de Córdoba que son para mi fuente de inagotable
conocimiento y de estímulo para el trabajo en un ambiente simplemente es-
pléndido. Y ello en el marco de dos proyectos: el PID2022‑138118NB-100, «La
Administración sancionadora de la Unión Europea», del Ministerio de Ciencia
e Innovación; y el PROYEXCEL-00903, «La nueva seguridad pública, Derecho
Administrativo sancionador y Estado de Derecho en Europa», de la Junta de
Andalucía. Es obligación legal que así conste; y es obligación que cumplo agra-
decido gustosamente.
Capítulo primero
1
STS de 1 de diciembre de 2010 (rec. 270/2006), ante un supuesto en que la Administración
había extendido la responsabilidad a sujetos distintos del autor de la infracción, dijo: «…cuando
de extender las sanciones se trata lo trascendente es que ha de existir un precepto que expre-
samente establezca esa extensión. En este caso es patente que no existe tal precepto…». Véase
también STS de 19 de diciembre de 2000 (rec. 7388/1996). Al reglamento cabe conferir el papel
que, en general, se le reconoce en todo el Derecho Administrativo sancionador y que sintetiza
el artículo 27.3 LRJSP. Así que podría «contribuir a la más correcta identificación» de los sujetos
responsables que ya se deduzcan de la ley. En los ámbitos en los que se admite una cierta rela-
jación del principio de legalidad, también las posibilidades del reglamento en cuanto a la de-
terminación de los responsables aumentan. En concreto, cuando se trate de Ordenanzas cabe
21
22 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
Esa determinación legal podría estar formulada con carácter general para
todas las infracciones –al modo en que suelen hacerlo para los responsables
de los delitos los Códigos Penales, como el español– o venir establecida espe-
cíficamente para cada infracción o para cada grupo de infracciones. En España
no existe esa determinación general3. Lo que en su lugar ofrece el artículo 28
LRJSP es solo un marco muy genérico, limitado a señalar qué entes pueden ser
responsables y con qué géneros de responsabilidad, marco que no resuelve de
por sí quien puede ser sancionado por cada infracción y que deja amplia liber-
tad a las leyes sectoriales estatales y autonómicas para establecerlo. Son la in-
finidad de leyes sectoriales sancionadoras las que establecen reglas sobre los
responsables de las infracciones que tipifican, reglas muy diversas entre sí y en
las que es difícil encontrar, si la tienen, su recóndita armonía.
En muchas de las leyes sancionadoras, la respuesta está solo tácita en las
normas que tipifican las respectivas infracciones: si no tienen ningún precepto
específico sobre los responsables de las infracciones, deben ser entendidas
en el sentido de que solo lo son los que realicen la conducta tipificada4. En
otras, hay preceptos que ofrecen explícitamente la respuesta, o parte de la res-
puesta, a la cuestión. Así, puede que hagan precisiones sobre quiénes pueden
que señalen los responsables de las infracciones que tipifiquen dentro del ámbito de antijuri-
dicidad acotado previamente por una Ley. Con el mero hecho de tipificar infracciones, estarán
determinando sus posibles responsables. Pero no pueden establecer nuevos supuestos de res-
ponsabilidad solidaria o subsidiaria (SAN de 6 de julio de 2011, rec. 310/2010). Vid. M. REBOLLO
PUIG, M. IZQUIERDO CARRASCO y L. ALARCÓN SOTOMAYOR, «Tipificación de las infracciones y
sanciones por las entidades locales en determinadas materias», en M. REBOLLO PUIG (dir.) y M.
IZQUIERDO CARRASCO (coord.), Comentarios a la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2007, IV, p. 3741.
2
Aplican esta proscripción de la analogía en la determinación de los responsables las SSTS
de 13 de abril de 2002 (rec. 3372/2001) y 3 de diciembre de 2002 (rec. 7050/2001).
3
Con la excepción de la Ley vasca 1/2023 de la Potestad Sancionadora de las Administra-
ciones Públicas de esa Comunidad que dedica sus artículos 8 a 10 a los responsables de las in-
fracciones y que sí tiene unas pretensiones generales, al menos para las demás normas de la
misma Comunidad Autónoma. En la ley anterior de esa misma Comunidad Autónoma 2/1998 se
contenía una regulación similar también en sus artículos 8 a 10. Vid. los comentarios a esos ar-
tículos de I. LÓPEZ CÁRCAMO e I. LASAGABASTER HERRARTE, en la obra colectiva dirigida por
el mismo I. LASAGABASTER HERRARTE, Ley de la Potestad Sancionadora. Comentario sistemático,
IVAP, Bilbao, 2006, pp. 181 a 200.
4
Vid. R. PARADA, Derecho Administrativo, II, 23.ª ed., UNED/Ediciones académicas, Madrid,
2017, p. 386; M. IZQUIERDO CARRASCO, «La culpabilidad y los sujetos responsables», en la obra
del mismo IZQUIERDO con M. REBOLLO PUIG, L. ALARCÓN SOTOMAYOR y A. BUENO ARMIJO,
Derecho Administrativo sancionador, Lex Nova, Valladolid, 2010, p. 260; M. GÓMEZ TOMILLO e
I. SANZ RUBIALES, Derecho Administrativo sancionador. Parte general, Aranzadi, Cizur Menor, 5.ª
ed., 2023, p. 546; y R. PIZARRO NEVADO, «La responsabilidad personal por infracciones adminis-
trativas», en J. J. GONZÁLEZ RUS (coord.), Estudios penales y jurídicos. Homenaje al Prof. Dr. Enrique
Casas Barquero, Universidad de Córdoba, Córdoba, 1996, pp. 612‑613.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 23
5
Es ilustrativa la STC 186/2016, de 3 de noviembre, que resolvió el recurso de inconstitu-
cionalidad interpuesto por el Gobierno Vasco contra la Ley estatal 28/2015 para la defensa de la
calidad alimentaria. En concreto, contra su artículo 17 dedicado a establecer los sujetos respon-
sables de las infracciones según se trate de productos envasados o a granel. Ni siquiera era una
materia en la que el Estado tuviera competencia sobre las bases sino que su regulación se apo-
yaba en el artículo 149.1.13ª CE. Pero, incluso así, el TC afirmó que ello permitía al Estado regular
24 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
Pero las leyes no son completamente libres para elegir a los sujetos a los que
sancionar ante cada infracción, como tampoco lo es la Administración al apli-
car tales leyes. Por tanto, no se es ni se puede ser responsable de una infracción
por el mero hecho de que una ley lo decida6. Las leyes, y después las Adminis-
traciones, están condicionadas, ante todo, por el principio de personalidad de
las sanciones o de responsabilidad personal que está ínsito en el mismo ar
tículo 25.1 CE, como proclama el TC7.
En esencia, el principio significa que solo se puede imponer una sanción
(lo mismo que una pena) por actos propios8; más exactamente, por acciones
u omisiones propias tipificadas como infracción o tipificadas como forma de
participación punible. O sea, solo se puede sancionar a alguien por lo que él
ha hecho o por lo que él, debiendo hacerlo, no ha hecho9.
la calidad alimentaria con carácter básico, incluido en parte el régimen sancionador y que eso
«conlleva, ineludiblemente, la potestad para establecer quiénes han de responder por las in-
fracciones que deriven de dicho régimen [en ese sentido, STC 149/1991, de 4 de julio, FJ 6 b)].
Además, en cuanto el precepto regula los distintos sujetos responsables de las infracciones, su re-
gulación tiene cabida en el régimen sancionador básico de la Ley para la defensa de la calidad ali-
mentaria, en tanto que aplica a diferentes sujetos, operadores del sector alimentario, el principio
general de la responsabilidad que deriva de los artículos 130 de la Ley 30/1992, de 26 de noviem-
bre, de Régimen Jurídico de las Administraciones públicas y del Procedimiento Administrativo
Común, y 28 de la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público…».
6
La tesis contraria es defendida con especial contundencia y brillantez por A. NIETO, Dere-
cho Administrativo sancionador, Tecnos, Madrid, 5.ª ed., 2012, sobre todo pp. 425 a 427. De algu-
nos de sus aspectos más importantes y de nuestras discrepancias iremos dando cuenta en las
siguientes notas.
7
STC 146/1994, de 12 de mayo, FJ 4: «Entre los principios informadores del orden penal se
encuentra el principio de personalidad de la pena, protegido por el art. 25.1 de la Norma funda-
mental (STC 254/1988, FJ 5º), también formulado por este Tribunal como principio de persona-
lidad de la pena o sanción (STC 219/1988, FJ 3º), denominación suficientemente reveladora de
su aplicabilidad en el ámbito del Derecho Administrativo sancionador». Lo reiteran, entre otras,
las SSTC 181/2014, de 6 de noviembre (FJ 7), 14/2021, de 28 de enero [FJ 5.a)] y 179/2023, de 11
de diciembre [FJ 2.a)].
8
STC 125/2001, de 4 de junio: este principio «implica que solo se puede responder penal-
mente por los actos propios y no por los ajenos». Vid. J. C, LAGUNA DE PAZ, «El principio de res-
ponsabilidad personal en las sanciones administrativas», RAP, n.º 211 (2020), pp. 40‑41; y Tratado
de Derecho Administrativo general y económico, Civitas, Cizur Menor, 5.ª ed., 2023, pp. 1668‑1669,
de donde en adelante se citará.
9
Conviene notar que el principio impone a las leyes un límite negativo pero no un man-
dato positivo; es decir, no hay nada contrario a este principio en que las leyes decidan no san-
cionar a algunos de los sujetos que sí han realizado la acción típica y, más claramente aún, a
quienes han participado en ella incluso con una cooperación necesaria. Igual que la ley tiene un
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 25
amplio margen para decidir qué concretas conductas antijurídicas quiere tipificar como infrac-
ción y cuáles serán impunes, también tiene libertad para decidir quiénes, de entre los que han
realizado o contribuido a la infracción, pueden ser sancionados.
10
Cosa distinta es que la ley prevea para esa conducta de participación la misma sanción
que para la autoría. Eso no vulnera de ninguna forma el principio de personalidad. Si acaso, y
tampoco necesariamente, sería contrario al de proporcionalidad de las sanciones. Vid. M. IZ-
QUIERDO CARRASCO, «La determinación de la sanción administrativa», Justicia Administrativa,
número extraordinario de 2001, p. 230.
11
Es supuesto célebre e ilustrativo el del propietario del vehículo que no identifica al con-
ductor infractor. Su conducta es ilícita y típica, conforme al TR de la Ley de tráfico [arts. 11.1 y
77.j)]. Y hay preceptos similares en otros sectores; v. gr., art. 91.3 de la Ley 3/2001 de Pesca Ma-
rítima (aún vigente por disponerlo así la Ley 5/2023): «Los propietarios de buques o armadores,
en el caso de mediar una denuncia por supuesta infracción administrativa de pesca marítima,
debidamente requeridos para ello, tienen el deber de identificar al patrón responsable de la em-
barcación, y si incumplen esta obligación serán sancionados como autores de una infracción
grave de falta de colaboración o de obstrucción a las labores de inspección». Esa no identifica-
ción constituye una infracción autónoma de modo que el propietario será sancionado. Sancio-
nado, claro está, por su propia infracción. Lo que no cabe es sancionarle por la infracción del
conductor. De ninguna de las maneras (cosa distinta es que se pueda llegar a sancionar al pro-
pietario porque se considere, incluso solo por indicios, que era el conductor). Lo contrario, con
un esfuerzo admirable pero digno de mejor causa, ha sido defendido por M. CASINO RUBIO, La
increíble historia del deber de identificar al conductor, Civitas, 2010, sobre todo pp. 186 a 196. Lo
que nos importa no es el ejemplo sino enfatizar en general que ni siquiera la realización culpa-
ble de una conducta típica permite hacer responsable a un sujeto de la infracción de otro.
En la Ley General de Telecomunicaciones de 2014 había un precepto que abordaba la cues-
tión del operador que no colabora en la identificación de quien realiza emisiones no autoriza-
das: decía que se entenderá que «participa de manera esencial en la conducta infractora» [art.
74.b)]. Para las SSTS 529/2022, de 4 de marzo, y 1146/2023, de 18 de septiembre, ello supone
«hacerlo responsable por lo que, en términos penales, se considera un cooperador necesario, en
cuanto colabora con el autor material de la emisión de la actividad realizando una conducta sin
la cual no se habría cometido». Pero eso, que puede valer para explicar algunas infracciones de
26 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
c ometida una infracción, se sancione a alguien por ser el titular de la cosa con
la que o en la que otro cometa la infracción o por tener una relación con el in-
fractor12; aunque sea de la misma familia, de la misma empresa, de la misma
asociación…; incluso aunque tenga algún poder sobre el infractor y hasta un
deber de vigilarlo y de evitar que cometa infracciones y no se haya cumplido
bien con ese deber13; ni aunque se haya elegido al infractor para alguna activi-
dad, pese a que se le haya elegido mal y realice la infracción con ocasión de la
actividad que se le confió. Tampoco cabe sancionar, dicho sea de paso pero con
toda intención, al titular de una autorización o concesión administrativa por las
infracciones ajenas aunque se cometan con ocasión de la actividad autorizada
o concedida14. Todo eso es contrario al artículo 25.1 CE.
Sumando los dos principios hasta ahora expuestos, se puede afirmar que
solo cabe sancionar a aquél para el que la ley ha previsto sanción y solo si ha
realizado la conducta tipificada como infracción o como forma punible de
participación.
A veces se afirma que este principio de personalidad tiene su fundamento
en el de culpabilidad, que aquél es solo una concreción de este15. No creo que
la misma Ley, no parece exacto para lo previsto en ese artículo 74.b) en el que la conducta del
sujeto que no identifica a quien realiza la emisión no autorizada se parece más a la del encubri-
dor. La actual Ley General de Telecomunicaciones de 2022 (art. 104) establece que, si la persona
que «tenga la disponibilidad de los equipos» y requerida para ello no identifica a quien realiza la
actividad, «se considerará (…) responsable de las infracciones cometidas por quien realiza la ac-
tividad»: su violación del principio de personalidad me parece incuestionable.
12
Vid. A. DE PALMA DEL TESO, «La culpabilidad», Justicia Administrativa, número extraordi-
nario de 2001, p. 41; y de la misma profesora El principio de culpabilidad en el Derecho Administra-
tivo sancionador, Tecnos, Madrid, 1996, p. 76. También J. SUAY RINCÓN, «Derecho Administrativo
sancionador: perspectivas de reforma», RAP, n.º 109 (1986), p. 199.
13
Por eso, entre otras cosas, no cabe hacer responsables de las infracciones cometidas por
menores de edad a sus padres, tutores o guardadores. Lo aplicó impecablemente la STSJ de Cas-
tilla y León, Sala de Valladolid, 2247/2006, de 15 de diciembre (FJ 6º), que anuló el precepto de
una ordenanza que, para el supuesto en que fuesen autores de las infracciones sujetos inim-
putables, decía que «responderán por ellos los padres, tutores o quienes tengan la custodia le-
gal». Dijo el TSJ que así se viola el principio de personalidad «ínsito en el artículo 25 CE (…) y
ello supone su nulidad». Esta obviedad no parece constar a algunos legisladores que establecen
tranquilamente lo contrario. Dice, por ejemplo, el artículo 38.2 de la Ley extremeña 5/2018 que
«serán responsables principales de las infracciones cometidas por los menores de doce años,
los padres, tutores o guardadores». Su inconstitucionalidad es palmaria. Cosa distinta, anticipé-
moslo ya, es que se sancione a esos mismos sujetos por la vía de tipificar como infracción el in-
cumplimiento de su deber de evitar las infracciones de los menores. Es lo que permite el artículo
28.4, primer párrafo, LRJSP que, con acierto discutible, idea este artificio con el que conseguir un
resultado parecido, pero sin vulnerar el principio de personalidad.
14
Esto se desarrollará en el capítulo segundo, epígrafe II.4.
15
Vid. A. DE PALMA DEL TESO, El principio de culpabilidad…, cit., pp. 58‑59 y 65; M. IZ-
QUIERDO CARRASCO, «La culpabilidad y los sujetos responsables», cit., p. 250; J. C. LAGUNA DE
PAZ, Tratado…, cit., p. 1668. Alguna vez lo ha hecho el TC; por ejemplo, podría verse así en el
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 27
previsto por la ley para determinadas acciones se impone a quien las realice20.
Precisamente porque la sanción, como la pena, es un castigo y una retribución
por el acto ilícito, el principio de personalidad se conecta, a su vez, con el va-
lor mismo de la justicia (valor superior de nuestro ordenamiento, art. 1.1 CE) y
con la dignidad humana (fundamento del orden político, art. 10.1 CE). Quizá
esto parezca demasiado etéreo y altisonante, pero no es así. Sancionar a al-
guien por un hecho que no es suyo propio, aunque sirviera a la prevención,
sería sangrantemente injusto y convertiría a quien lo sufre en un objeto utili-
zado por su valor social ejemplarizante, en el «chivo expiatorio», en el «cabeza
de turco», como en los Derechos más burdos. Aunque esto pudiera ser alguna
vez útil –y, aunque, desde luego, es siempre cómodo–, es contrario a la justi-
cia y a la misma dignidad humana de quien se ve convertido en un mero ob-
jeto para escarnio general21.
Por otra parte, se señala siempre como consecuencia del principio de res-
ponsabilidad personal que la muerte de la persona física extingue la respon-
sabilidad sancionadora igual que extingue la penal (arts. 130.1.1º CP y 115
LECrim). Se transmitirá el patrimonio del fallecido, incluidas deudas y aun su
responsabilidad patrimonial todavía no declarada (contractual, extracontrac-
tual, cuasicontractual, la civil delictual…), así como las obligaciones de resta-
blecimiento de la legalidad26. Pero no la punitiva27. No hay un precepto de ley
estatal que lo consagre con carácter general. Sí lo hace la Ley vasca 1/2023 de
la potestad sancionadora de las Administraciones Públicas de esa Comunidad:
«La responsabilidad se extingue: a) por la muerte de la persona física sancio-
nada». Como reconoce expresamente la extinción por la muerte de la persona
física ya sancionada, con mayor razón hay que entender que también se pro-
duce por la muerte del infractor producida antes de ser sancionado. Además
de esta ley autonómica, sí que lo establece alguna ley estatal sectorial28. Y so-
bre todo lo proclama para su ámbito la LGT. Su artículo 39.1 comienza por decir
consecuencias de la sanción impuesta a otro (sobre las diferencias entre ser sancionado y sufrir
consecuencias de la sanción, véase el epígrafe VI de este capítulo). Pero es que en este caso la
sanción repercute directa y hasta exclusivamente sobre el tercero. Para respetar el principio de
personalidad de las sanciones parece obligado entender que la sanción de cierre de estableci-
miento solo supone la imposibilidad de usarlo para el infractor, pero no para otros. Algo simi-
lar me parece que sucedía en el asunto resuelto por STS de 15 de junio de 2015 (rec. 2801/2013)
en el que el propietario de un buque construido gracias a la baja de otro heredó, si así puede
decirse, la sanción (suspensión de todos los permisos e imposibilidad de obtener ayudas públi-
cas durante dos años) impuesta al propietario del buque dado de baja. El nuevo titular alegó
sin éxito violación del principio de personalidad de las sanciones. Parece que de nuevo estamos
ante una sanción ob rem que produce estas disfunciones. Distintos son los casos en que estas
medidas se acuerden, no como sanción, sino como medidas de restablecimiento de la legalidad:
en tal condición sí que puede afectar a sujetos ajenos a la infracción.
26
Una aplicación perfecta de ello hizo la STS de 4 de marzo de 1985 (Ar. 1448). Ante la
muerte del promotor de una construcción ilegal, mantuvo la invalidez de la sanción impuesta
que ya había apreciado la sentencia de instancia («…la desaparición por muerte del imputado
ha de determinar la extinción de la acción sancionadora…»), pero corrigió a esta en cuanto a la
demolición pues es «una carga real de la finca o propiedad y como obligación ob rem se trans-
mite con el fundo y su titular se subroga en la posición jurídica de su causante por lo que aquí no
son aplicables las reglas o principios penales…». Lo precisa con acierto, por ejemplo, el artículo
168.1 de la Ley andaluza 7/2021 del impulso para la sostenibilidad del territorio: «La muerte de
la persona física extingue su responsabilidad sancionadora sin perjuicio del restablecimiento de
la legalidad, de las obligaciones indemnizatorias y del decomiso de las ganancias provenientes
de la infracción».
27
Vid. B. LOZANO, La extinción de las sanciones administrativas y tributarias, Marcial Pons,
Madrid, 1990, p. 158, pp. 175 y ss.; R. CABALLERO SÁNCHEZ, «Las formas de extinción de la res-
ponsabilidad administrativa», Justicia Administrativa, número extraordinario de 2001, p. 118; y A.
DE PALMA DEL TESO, El principio de culpabilidad…, cit., pp. 79 a 84.
28
Por ejemplo, el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y
Usuarios: «La muerte del infractor extingue la responsabilidad» (art. 52.8).
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 31
29
Ya habló la STS de 16 de marzo de 1982 (Ar. 3060) de «un acuerdo a todas luces ilegal como
lo fue la condena a un heredero por supuestas faltas de su causante, contra el principio general
de que toda responsabilidad punitiva se extingue con el fallecimiento de la persona responsable».
30
Según I, LASAGABASTER HERRARTE, voz «Causas de extinción de la responsabilidad», en
B. LOZANO CUTANDA (dir), Diccionario de sanciones administrativas, Iustel, Madrid, 2010, p. 151,
será «un acto administrativo nulo de pleno derecho por afectar a un vicio sustancial del procedi-
miento». Si se sancionara a los herederos sería un acto nulo de pleno derecho por lesionar el de-
recho derivado del artículo 25 CE a no sufrir sanción por actos ajenos [art. 47.1.a) LPAC].
31
Podrá mantenerse, por tanto, que la resolución sancionadora dictada cuando vivía el in-
fractor es válida; acaso cabrá desestimar el recurso interpuesto contra esa resolución sin que la
muerte posterior del infractor la convierta en inválida. Así lo entendió, invocando el carácter re-
visor de la jurisdicción contenciosa-administrativa, la STS de 30 de marzo de 1989 (Ar. 2435).
Pero, incluso así, no cabrá ejecutar esa resolución sancionadora una vez fallecido el infractor.
32
Igualmente, STS de 23 de abril de 1997 (rec. 13472/1991): se había sancionado a un su-
jeto por no presentar en tiempo la declaración de la renta (por cierto, dicho sea de paso, sin culpa
y hasta sin acción, puesto que constaba que estaba en estado vegetativo) y, una vez fallecido, se
32 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
pretendió cobrar la multa a su cónyuge; la sentencia dice que «no puede exigírsele el pago de
una sanción impuesta a su difunto esposo». Completa esta jurisprudencia la STS 415/2017, de 9
de marzo, al declarar que también se extingue la obligación de pago de intereses por la solici-
tud de suspensión; ello porque «traen causa de la propia sanción impuesta, lo que impide la po-
sibilidad de transmisión al heredero…».
33
Vid. B. LOZANO, La extinción de las sanciones administrativas y tributarias, cit., Marcial
Pons, Madrid, 1990, p. 158; y A. DE PALMA DEL TESO, El principio de culpabilidad…, cit., p. 84.
34
Así se ha aceptado al menos en Chile, de lo que da cuenta V. S. BACA ONETO, «La extin-
ción y la transmisión de la responsabilidad…», cit., pp. 149‑150.
35
No obstante, late aquí la consideración de la multa ya impuesta como mera obligación
civil con independencia de su causa, concepción que me parece inadecuada o, por lo menos,
insuficiente para detectar su verdadera naturaleza y singularidad. Considerar aquí a las Admi-
nistraciones como unas acreedoras del dinero es absurdo y, en principio, ni siquiera cobrar ese
dinero es su interés sino causar un daño al infractor para que la multa cumpla su función retri-
butiva y preventiva.
36
Véase capítulo sexto, epígrafe II.2.
37
Sobre la accesoriedad limitada de cómplices, capítulo segundo, epígrafe III.3.
38
Si el infractor muere antes de que se le multe, no cabrá derivarles la responsabilidad de
una obligación que no se ha declarado ni podrá ya declararse. Y si el infractor muere después de
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 33
haber sido sancionado sin que se haya pagado la multa, en principio, igualmente, cabe sostener
que ya no será posible derivarles la responsabilidad por una obligación que hay que considerar
extinguida. Sin embargo, dispone el artículo 190.1 LGT: «las sanciones tributarias se extinguen
por (…) el fallecimiento de todos los obligados a satisfacerlas». Si se entiende que este precepto
se refiere solo a los diversos responsables de una misma infracción como coautores, nada hay
que añadir a lo dicho en el texto. Pero parece que se refiere también y sobre todo a los respon-
sables solidarios o subsidiarios respecto al pago de tal multa [por ejemplo, quien colaboró ac-
tivamente en la realización de la infracción; art. 42.1.a) LGT]. Si esa es la interpretación correcta,
habría un caso en el que la muerte no extingue por completo la responsabilidad sancionadora.
Creo que, como mínimo, hay que entender que solo cabe aplicar ese precepto cuando la deri-
vación de responsabilidad se haya acordado antes del fallecimiento del infractor sancionado. La
STS 658/2020, de 3 de junio, que se ocupó específicamente de ese artículo 190.1 LGT, no arroja
mucha luz. Dice que tal precepto «atiende a los supuestos en los que el acuerdo sancionador ya
ha sido dictado y notificado, de forma que su ámbito de aplicación se refiere a sanciones que ya
han sido impuestas y notificadas». Pero no apunta nada sobre los responsables solidarios o sub-
sidiarios del pago de sanciones. Simplemente insiste en que «producido el fallecimiento del su-
jeto infractor después del acuerdo de imposición de la sanción, pero antes de su firmeza, no es
posible cuestionar la legalidad del acto administrativo de imposición de la sanción, al haberse
producido la extinción de la sanción por ministerio de la ley».
39
Capítulo tercero, epígrafe IV.
40
Muy distinta era la situación antes de la Constitución en la que se admitía que la res-
ponsabilidad sancionadora era objetiva. Expresión doctrinal acabada de esa construcción fue
la de M. MONTORO PUERTO, La infracción administrativa: características, manifestaciones y san-
ción, Nauta, Barcelona, 1965, pp. 154 y ss., donde afirma que la culpabilidad no es necesa-
ria para la sanción administrativa y la infracción no requiere ni dolo ni culpa. Este género
de construcciones, que también eran dominantes en otros ordenamientos, y que igualmente
negaban que las infracciones administrativas exigieran genuina antijuridicidad, son ya in-
compatibles con la Constitución tal y como es interpretada por el TC. No deja de resultar sor-
prendente que haya quienes ahora traten de resucitar esa tesis, a veces sin ser conscientes de
que no tiene nada de novedosa.
41
Por lo pronto, el mismo Tribunal Constitucional; así, en sus sentencias 76/1990, 103/1995,
entre otras.
34 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
doctrina 42, con algunas excepciones 43. Además, ahora, encuentra reflejo ex-
plícito en el artículo 28.1 LRJSP: «Solo podrán ser sancionadas por hechos
constitutivos de infracción administrativa las personas (…) que resulten res-
ponsables de los mismos a título de dolo o culpa» 44.
El principio de culpabilidad, partiendo de la función retributiva de las san-
ciones, se fundamenta, al igual que el principio de personalidad de las sancio-
nes, en el valor de la justicia, en el significado mismo del Estado de Derecho y
hasta en la dignidad humana45. Algunas SSTS lo apuntan así. Por ejemplo, las
de 18 de septiembre de 2008 (casación para unificación de doctrina 317/2004)
y de 21 de enero de 2011 (casación 598/2008) dicen que «el principio de cul-
pabilidad puede inferirse de los principios de legalidad y prohibición de ex-
ceso (art. 25.1 CE) o de las exigencias inherentes al Estado de Derecho». Y la Sala
de lo Militar del TS ha hecho en ese sentido declaraciones luminosas. Se lee,
42
Vid. por todos L. COSCULLUELA MONTANER, Manual de Derecho Administrativo, Civitas,
Cizur Menor, 34.ª ed., 2023, tomo II, p. 142; y S. MUÑOZ MACHADO, Tratado de Derecho adminis-
trativo y Derecho público general, tomo XII, BOE, Madrid, 2.ª ed., 2017, pp. 325 y ss.
43
Las mayores y más interesantes reservas respecto a la efectiva exigencia del principio de
culpabilidad –aunque sin llegar a excluirlo por completo– son las formuladas por A. NIETO, De-
recho Administrativo sancionador, cit., pp. 319 a 428, que, por lo pronto, no lo considera cons-
titucionalizado y para el que en cualquier caso admite, por no decir que reclama, amplias
excepciones. Incluso considera que quienes sí proclaman el principio de culpabilidad lo rodean
de tantas matizaciones que, en el fondo, lo hacen irreconocible, es decir, que, en realidad, tam-
poco estos admiten el principio de culpabilidad. No puede dejar de reconocerse el acierto de
parte de sus críticas. Aquí son muy tenidas en cuenta, aunque sea, como se verá, no para aco-
ger su tesis negadora del principio y de su constitucionalización, sino para rechazar esas matiza-
ciones que, más que tales, son completas desvirtuaciones del principio. Pero, anticipo, parte de
esas matizaciones (que tampoco son realmente tales) sí son perfectamente compatibles con el
principio. Es más, hasta se derivan de su lógica y caben –o cabrían– en Derecho Penal.
44
Superó así la oscura redacción del artículo 130.1 de la Ley 30/1992 que, en vez de decir
«a título de dolo o culpa», decía «a título de simple inobservancia». Algunos autores intentaron
explicar que «a título de simple inobservancia» comportaba la exigencia de culpabilidad. Por
ejemplo, P. TESO GAMELLA, al comentar ese art. 130 en M. SÁNCHEZ MORÓN y N. MAURANDI
GUILLÉN (dirs.), Comentarios a la Ley 30/92, Lex Nova, Valladolid, 2013, p. 788. Y lo afirmó el TS
(por ejemplo, en su sentencia de 30 de octubre de 2009, rec. 334/2006). Siempre a base de de-
cir que «la mera inobservancia» significaba al menos culpa leve. Pero, aunque con buena inten-
ción, creo que eso era retorcer lo que el precepto decía. En el mejor de los casos cabría sostener
que esa «mera inobservancia» se refería a la antijuridicidad, no a la culpabilidad. En cualquier
caso, no tiene ya importancia porque el principio de culpabilidad, además de tener rango cons-
titucional y regir aunque no lo diga ninguna ley, encuentra ahora plasmación clara en el artículo
28.1 LRJSP.
45
Lo afirma A. DE PALMA DEL TESO, voz «Principio de culpabilidad: definición y aplicación a
las personas físicas», en B. LOZANO CUTANDA (dir.), Diccionario de sanciones administrativas, Ius-
tel, Madrid, 2010, p. 704: «…el derecho a la dignidad de la persona (…) se vería menoscabado si
se aplicara un régimen de responsabilidad objetiva que hiciera posible imponer una sanción ad-
ministrativa a una persona que se ha conducido con la diligencia debida…».
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 35
46
En iguales términos, sentencias de la misma Sala del TS de 25 de enero de 2011 (rec.
103/2009), de 6 de febrero de 2008 (rec. 55/2006), de 23 de febrero de 2005 (rec. 14/2003) y de
13 de junio de 2000 (rec. 144/1999).
Debe realzarse la coincidencia de esas afirmaciones del TS y de cuanto aquí se defiende con
lo mantenido por el Tribunal Constitucional alemán en sentencia de 25 de octubre de 1966, ci-
tada por A. HUERGO LORA, Las sanciones administrativas, Iustel, Madrid, 2007, pp. 378‑379, nota
569: «El principio según el cual toda sanción –no solo la sanción de los ilícitos penales, sino tam-
bién las sanciones análogas para los demás ilícitos– exige la culpa, tiene rango constitucional.
Se basa en el principio del Estado de Derecho. El principio del Estado de Derecho …no solo in-
cluye la seguridad jurídica, sino también la justicia material… La sanción, incluida la simple san-
ción de orden, se caracteriza, por oposición a las medidas puramente preventivas, por el hecho
de que tiene como finalidad –aunque no sea la única– el castigo y la retribución por una con-
ducta prohibida por el Derecho. Con la sanción, aunque sea una simple sanción de orden y no
una sanción penal, se le presenta al infractor una determinada conducta que ha realizado y se
le reprocha. Ese reproche sancionador exige que haya …culpabilidad en sentido penal. En caso
contrario, la sanción sería un castigo incompatible con el principio de Estado de Derecho… La
imposición de una sanción, penal o no, por un hecho en el que no haya culpa del inculpado es
contrario al principio del Estado de Derecho…».
47
Cosa distinta es que la edad como causa de inimputabilidad de gran importancia carezca
de una regulación mínimamente satisfactoria en Derecho Administrativo sancionador. Vid. M.
ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, «Los menores de edad en el Derecho Administrativo sancionador», en A.
HUERGO LORA (dir.), Problemas actuales del Derecho Administrativo sancionador, Iustel, Madrid,
pp. 257 a 306; y F. J. GALICIA MANGAS, «La minoría de edad en Derecho Administrativo sancio-
nador», REDA, n.º 217 (2022), pp. 135 a 173. Esto genera desconcierto y soluciones de lo más
variado y a veces extravagantes. El récord lo tiene la Dependencia Regional de Aduanas e Im-
puestos Especiales en Murcia que impuso sanción de 69.000 ptas. a un niño de cuatro años con
síndrome de Down y que anuló sin contemplaciones la STSJ de Murcia 648/2001, de 26 de sep-
tiembre. Pero no es fácil determinar qué edad marca el límite. La STSJ de Andalucía 697/2007,
de 30 de marzo, lo fija en 18 años. Pero en otros casos, incluso las mismas leyes sectoriales que
excepcionalmente se ocupan de ello optan por edades inferiores. El más relevante ejemplo es el
del artículo 30.2 de la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana que lo es-
tablece en catorce años. Vid. C. MARTÍN FERNÁNDEZ, El régimen sancionador de la seguridad ciu-
dadana, Aranzadi, Cizur Menor, 2023, pp. 181 a 183.
36 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
48
Sentencias que de una u otra forma aceptan estas causas de exoneración en M. IZ-
QUIERDO CARRASCO, «La culpabilidad y los sujetos responsables», cit., pp. 316 y ss.
49
Lo puse ya de relieve en Potestad sancionadora, alimentación y salud pública, Ministerio
para las Administraciones Públicas, Madrid, 1989, pp. 634 a 643.
50
Vid. L. ALARCÓN SOTOMAYOR, El procedimiento administrativo sancionador y los derechos
fundamentales, Civitas, Cizur Menor, 2007, pp. 394 a 403. Dice, por ejemplo, la STC 129/2003, de
30 de junio: «…habiendo existido actividad probatoria de cargo sobre los hechos que se le im-
putaban a la mercantil (…), era a ella a quien competía proporcionar a los órganos administra-
tivos (…) un principio de prueba, por mínimo que fuera, que permitiera hacerles pensar que la
infracción de la norma no le era reprochable» (FD 8). Y lo expresó muy claramente la STS de 30
de noviembre de 1981 (citada por STS de 31 de octubre de 2007, rec. 9858/2003): «…basta el
expuesto hecho del vertido desde una industria con titular responsable de su funcionamiento
(…) para acreditar la imputabilidad y presumir la culpabilidad (…) con el consiguiente despla-
zamiento de la carga probatoria (…) a la sociedad apelante con respecto a los hechos conclu-
yentes del alegado caso fortuito…». En el mismo proceso penal, tanto el TC como el TS también
aceptan que corresponde al acusado alegar y probar cualesquiera circunstancias eximentes. Vid.
A. CUERDA RIEZU, «La prueba de las eximentes en el proceso penal: ¿obligación de la defensa o
de la acusación?», InDret, 2/2014, pp. 6 a 9, aunque precisamente este autor formule objeciones.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 37
consecuencia, el artículo 25.1 CE. Y así sucede no solo cuando sin tapujos se
admite la responsabilidad objetiva, lo que no hacen ya los tribunales españo-
les51, sino también cuando se da por existente la culpa sin posibilidad de de-
mostración en contrario por el mero hecho de haberse producido la infracción,
cuando la culpa se convierte en una ficción sin sustancia alguna o se parte,
para determinados sujetos, de una presunción de culpa indestructible.
En especial, conviene prevenir ya –aunque en esta idea iremos insistiendo
después– contra el uso vacío de todo contenido real de los conceptos de culpa
in eligendo e in vigilando, como si fueran unas palabras mágicas cuya mera in-
vocación, aunque no se sepa cómo se pudo elegir mejor o vigilar más inten-
samente para evitar la infracción, permite sancionar. Demasiadas sentencias se
sitúan en esa línea52. Sobre todo se observa cuando el sujeto incurrió en infrac-
ción a consecuencia de comportamientos de sus empleados, como explicaré en
su momento53. También cuando lo hace por los incumplimientos de empresas y
profesionales especializados con quienes contrató la realización de actividades.
Cierto que en esos casos es con frecuencia él quien realiza la acción tipificada
como infracción. Pero cierto igualmente que puede haberlo hecho sin culpa
porque su deber de diligencia quedó satisfecho con la contratación de esos cola-
boradores externos especialistas. Y es eso lo que rara vez aceptan los tribunales.
Por ejemplo, no se exime de culpa a quien no revisa sus extintores de incendios,
aunque eso lo tuviera contratado con una empresa54; ni a quien realiza unos ver-
tidos por defectos del proyecto de una presa o de su ejecución y de su vigilan-
cia todo lo cual había contratado con empresas reputadas55; ni a quien incurre
en una infracción tributaria por culpa de su asesor fiscal56; ni al club de fútbol que
comete infracción por el mal funcionamiento de la empresa de seguridad a la
51
Sí lo hace, en cambio, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Por ejemplo, en su sen-
tencia de 6 de diciembre de 2012, C-562/11. No puedo entrar aquí en ello. Diré solo, para evitar
sacar consecuencias precipitadas como hacen algunos autores españoles, que esa aceptación
de la responsabilidad sancionadora objetiva del Derecho de la Unión es más aparente que real
y que en gran parte obedece al problema previo de no haber acotado bien el concepto de san-
ción en el que se incluyen medidas que no tienen realmente carácter punitivo. Vid. A. BUENO
ARMIJO, «La potestad sancionadora del Banco Central Europeo», en M. REBOLLO PUIG (dir.), La
regulación económica. En especial, la regulación bancaria. Actas del IX Congreso Hispano-Luso de
Derecho Administrativo, Iustel y Universidad de Córdoba, Madrid, 2012, pp. 537‑538.
52
Vid. M. IZQUIERDO CARRASCO, «La culpabilidad y los sujetos responsables», cit., pp. 274‑275.
53
Capítulo cuarto, III.5.
54
STS de 17 de febrero de 1998 (rec. 7682).
55
STS de 22 de noviembre de 2004 (rec. 174/2002): «no queda exonerada porque la rotura de
la balsa se produjera por los defectos en el diseño de la presa según unos proyectos que no fueron
elaborados por ella» porque «le es imputable la culpa en la elección de la empresa y la culpa por no
haberse implicado más directamente en la vigilancia de unos elementos de control…».
56
STSJ de Asturias 1363/2010, de 30 de noviembre: «estando la actora asesorada por persona
perita de su elección, no se aprecia causa alguna que justifique la exención de responsabilidad»
38 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
que contrató57; etc. Aun así, algunas veces se reconoce la inexistencia de culpa in
eligendo e in vigilando58, especialmente cuando el otro sujeto cometió delitos59.
En cualquier caso, el extenso deber de diligencia que se exige muchas veces y el
ocasional uso desorbitado de la culpa in eligendo e in vigilando no desmienten la
proclamación y vigencia del principio de culpabilidad.
En suma, de los tres principios se deriva que únicamente cabe sancionar al
sujeto señalado por la ley y únicamente en tanto haya realizado culpablemente
la acción tipificada como infracción o como forma punible de participación.
parecían evidentes: a) ese artículo 25.1 CE tiene una específica referencia a la infracción admi-
nistrativa, además de al delito, así como al «sancionado» además del condenado, con lo que in-
dudablemente está incluyendo y dando el mismo trato a la pena y a la sanción administrativa;
b) ese precepto de ninguna forma consagra nada similar al simple principio de legalidad admi-
nistrativa que tiene otras consagraciones constitucionales y que comporta consecuencias bas-
tante más modestas, que son las que tienen que cumplir las demás medidas administrativas no
sancionadoras.
Así las cosas, admitido que es el artículo 25.1 CE el que implícita pero inequívocamente con-
sagra los principios de personalidad y de culpabilidad del Derecho Penal, hay que admitir que
también están consagrados esos principios para las sanciones. Más aún, o se acepta que están
explícitos o implícitos en la Constitución los principios de legalidad, de personalidad y culpabili-
dad tanto para las penas como para las sanciones administrativas, como admiten generalmente
los tribunales y admitimos aquí, o se niega que tales principios estén constitucionalizados ni
para las penas ni para las sanciones y que lo único que exige la Constitución es que la potestad
punitiva esté atribuida por ley o, incluso, por cualquier otra norma. A esto último conducen, si se
es coherente, algunas exposiciones doctrinales. Y tal conclusión, con solo enunciarla, causa pa-
vor y merece el más rotundo rechazo.
61
En ese sentido, A. HUERGO LORA, Las sanciones administrativas, cit., pp. 378 a 379, ex-
plica convincentemente que el principio de culpabilidad (en el que él incluye el de personali-
dad) debe regir las sanciones administrativas incluso si no se acepta la importación de principios
penales. Asimismo, J. CID MOLINÉ, «Garantías y sanciones», RAP, n.º 140 (1996), p. 151: aunque
acoge lo que él llama «tesis diferenciadora» entre penas y sanciones, acepta que hay ciertas ga-
rantías comunes a todos los castigos y, entre ellas, la exigencia de culpabilidad. Prevengo así
contra la idea, muy extendida en la jurisprudencia y en la doctrina, que presenta la aplicación
de estos principios en el Derecho Administrativo sancionador como importaciones del Derecho
Penal; en concreto, como si se tratara de importaciones que aquí, una vez recibidas, se matizan y
relajan. No es eso: tales principios se proyectan directamente sobre el Derecho Penal y sobre el
Derecho Administrativo sancionador; aunque esas proyecciones no tienen que ser exactamente
iguales en los dos ámbitos.
62
T. CANO CAMPOS, Sanciones administrativas, cit., p. 67.
40 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
63
Es una forma habitual de presentar estas cuestiones en la jurisprudencia y en la doctrina:
primero se afirma que estos principios son propios del Derecho Penal; después se habla de su
traslación al Derecho Administrativo sancionador (lo que, como ya he dicho, no es exacto); y, fi-
nalmente, se dice que aquí rigen de forma distinta, tras matizaciones, modulaciones y adapta-
ciones. Así dicho, significa bien poca cosa y nada índica sobre al alcance de esas matizaciones.
Pero a la postre, sin una justificación razonable, son muchas veces tan intensas que más que ma-
tizaciones son excepciones frontales.
64
R. ALEXY, Teoría de los derechos fundamentales, traducción de E. GARZÓN VALDÉS, Centro
de Estudios Constitucionales, Madrid, 1993, pp. 86‑87. Cursiva en el original
65
J. A. LASCURAÍN «Penas y adminisanciones», en Estudios jurídico penales y criminológicos
en homenaje al Prof. D. Dr. H. C. Mult. Lorenzo Morillas Cueva, Dykinson, Madrid, 2018, pp. 361‑362.
66
D. RODRÍGUEZ CEMBELLÍN, Potestad sancionadora y grupos de empresas [tesis doctoral],
Universidad de Oviedo, 2023. La idea a la que ahora me refiero atraviesa todo su espléndido
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 41
trabajo; cabría decir, creo, que es la tesis de su tesis. Pero sobre todo la afronta en el Capítulo I,
epígrafe 4.2.b) bajo el expresivo título de «El principio (y no la regla) de responsabilidad perso-
nal y su relación con las empresas».
42 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
67
Vid. A. HUERGO LORA, Las sanciones administrativas, cit., p. 49. Naturalmente que puede
y debe aceptarse que las garantías deben ser mayores para los castigos más graves, como de-
fiende, entre otros, J. CID MOLINÉ, «Garantías y sanciones», cit., pp. 139, 144, 161‑162 y 170. En
realidad, esta misma idea no solo sirve para relajar el régimen de las sanciones administrativas
respecto al de las penas sino que tradicionalmente ha podido justificar diferencias dentro del
Derecho Penal y Procesal Penal de suerte que era notablemente diverso el régimen material y
procesal de los delitos graves y de las simples faltas penales, como ahora lo es el de los delitos
graves y el de los delitos leves. De otro lado, también dentro del Derecho Administrativo san-
cionador permite establecer algunas diferencias y, así, por ejemplo, se han reconocido mayo-
res derechos (como el de asistencia letrada) cuando se trata de sanciones en el ámbito militar
restrictivas de libertad o en el régimen sancionador de los presos o frente a las sanciones más
graves que pueden sufrir los extranjeros. Vid. L. ALARCÓN SOTOMAYOR, El procedimiento admi-
nistrativo sancionador…, cit., pp. 253 y ss. Por supuesto que esta forma de razonar es correcta
y justifica, entre otras cosas, que no se rodeen de iguales garantías las penas que las sanciones
administrativas. Pero, siendo también estas un castigo, sí que han de tener algunas condicio-
nes iguales a las penas más severas, entre ellas las que aportan los principios de personalidad y
de culpabilidad. Solo una aplicación desorientada y perversa del principio de proporcionalidad
puede sustentar otra cosa.
68
Esta moderada aplicación del principio de proporcionalidad para justificar menores ga-
rantías en la imposición de sanciones que en la de penas la explica con especial acierto L. ALAR-
CÓN SOTOMAYOR, El procedimiento administrativo sancionador…, cit., pp. 43 a 45.
69
Ello, entre otras razones, porque para nuestro Derecho tan sanción es la muy gravosa
como la muy liviana. Cierto es, no obstante, que eso no es exactamente así para TEDH según el
cual la aplicación de los preceptos del CEDH relativos a las penas depende en parte y junto con
otros criterios de la gravedad de la sanción, de suerte que una de contenido aflictivo mínimo
puede quedar al margen de su protección. Pero, además de que es un criterio muy relativo y de
que su utilización por el TEDH arroja resultados inseguros, en el ordenamiento español ese cri-
terio de la gravedad de la sanción es irrelevante para el concepto de sanción y para la aplicación
de los artículos 24 y 25 CE. Sobre esto, vid. M. REBOLLO PUIG, «Definición y delimitación de las
sanciones administrativas», cit., pp. 58 a 60.
70
No se sirve a ningún interés general en ningún caso sancionando a quien no es culpable.
Ni siquiera la finalidad preventiva de las sanciones se cumple prescindiendo del principio de cul-
pabilidad, como razona J. CID MOLINÉ, «Garantías y sanciones», cit., p. 147.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 43
71
J. CID MOLINÉ, «Garantías y sanciones», cit., pp. 148‑149, llega a afirmar que la menor gra-
vedad de las sanciones requiere compensarla con una reducción de las garantías y que «exista
mayor posibilidad de ser sancionado injustamente». Incluso aunque se compartiera este razo-
namiento, nunca podría llevarse hasta el extremo –ni creo que lo acepte este autor– de admitir
la posibilidad de sanciones por hecho ajeno o sin culpa.
72
Por ejemplo, el internamiento forzoso de un enfermo contagioso, pese a su gravedad,
no tiene de ninguna forma el régimen de las sanciones y penas, como tampoco lo tienen las
medidas de seguridad privativas de libertad previstas en el CP. El régimen singular de las san-
ciones administrativas y su relativa similitud con el de las penas no se basa en que sanciones y
penas tengan similar gravedad. Vid. J. CID MOLINÉ, «Garantías y sanciones», cit., pp. 132 a 135.
Se basa en que, como las penas, son castigos. Dicho esto y visto que el artículo 25.1 CE se re-
fiere a ambos géneros de castigos, pero solo a los castigos, se comprende el garrafal error de to-
das las construcciones que pretenden establecer la línea divisoria para aplicar o no las garantías
que se desprenden del artículo 25.1 CE en la mayor o menor gravedad del mal infligido. E igual-
mente erróneo es poner la línea divisoria en la posibilidad o no de imponer la privación de li-
bertad. Lo cierto es que todos los castigos tienen el régimen que se desprende del artículo 25.1
CE y que no lo tienen las medidas no punitivas, aunque materialmente sean más perjudiciales
que los castigos. Y no hay en ello ninguna «sorprendente paradoja» ni un «anacronismo (…) in-
cómodo» (así lo califica A. HUERGO LORA, Las sanciones administrativas, cit., pp. 238‑239, aun-
que él, según creo, ofrece argumentos para comprender lo contrario) sino algo perfectamente
lógico y acertado.
73
M. LÓPEZ BENÍTEZ, Naturaleza y presupuestos constitucionales de las relaciones especiales
de sujeción, Civitas y Universidad de Córdoba, Madrid, 1994, pp. 317 y ss.; I. LASAGABASTER HE-
RRARTE, Las relaciones de sujeción especial, Civitas e IVAP, Madrid, 1994, pp. 254 y ss.; y A. BUENO
44 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
non bis in idem74, de ninguna de las maneras justifica que se pueda castigar por
hechos ajenos75 o sin culpa76.
No se trata de cerrarse en banda y abrazar ciegamente dogmas. Tampoco
de una «hipersensibilidad garantista» y de cerrar los ojos ante las necesidades de
la Administración en la defensa de los intereses generales ni de dejar que «se
hunda el mundo» o de salvarlo gracias a «obras de filigrana técnica» que
comportan tantos «reajustes» de los principios que se elimina su significado
esencial y los hace irreconocibles77. En absoluto. Se trata de algo mucho más
ARMIJO, «El principio de legalidad sancionadora: la reserva de ley», en la obra con M. REBOLLO
PUIG, M. IZQUIERDO CARRASCO y L. ALARCÓN SOTOMAYOR, Derecho Administrativo sanciona-
dor, Lex Nova, Valladolid, 2010, pp. 150 y ss.
74
Vid. M. REBOLLO PUIG, «En especial, el principio non bis in ídem en sanciones disciplina-
rias», en la obra con M. IZQUIERDO CARRASCO, L. ALARCÓN SOTOMAYOR y A. BUENO ARMIJO,
Derecho Administrativo sancionador, Lex Nova, Valladolid, 2010, pp. 423 a 448.
75
Es ilustrativa la SAN de 21 de mayo de 2019 (rec. 73/2018). Un Inspector de Hacienda fue
disciplinariamente sancionado por «grave desconsideración con los superiores». Ello por las pa-
labras vertidas por su abogado en un recurso de alzada que firmó exclusivamente este. Sorpren-
dentemente la sanción fue confirmada por la sentencia de instancia. Pero la SAN la anuló «por
cuanto que el principio de personalidad de la pena (arts. 24.1 y 25 CE) resulta trasladable al ám-
bito administrativo sancionador de acuerdo con una consolidada doctrina constitucional», y
aunque el letrado haya sido libremente designado por el funcionario «ello no anuda un trasvase
de responsabilidad del primero sobre el segundo». Como se ve, ni remotamente se apunta que
el hecho de tratarse de sanción disciplinaria excluya o matice el principio de personalidad de las
sanciones. Y la jurisprudencia de la Sala de lo Militar del TS, pese a referirse al ámbito disciplina-
rio en el que podría pensarse que más justificada está una especial severidad, es modélica en su
proclamación y respeto del principio de culpabilidad, como reflejan las sentencias citadas en la
nota 46 y otras muchas.
76
En cuanto a esto, supuso un acertado y esclarecedor paso el artículo 25.3 LRJSP en
cuanto proclama que todo el capítulo de esa ley dedicado a la potestad sancionadora (arts. 25
a 31) donde se reflejan y concretan los principios derivados de la Constitución, es aplicable a «la
potestad disciplinaria respecto del personal (de la Administración) cualquiera que sea la natura-
leza jurídica de la relación de empleado». Por lo demás, el Texto Refundido del Estatuto Básico
del Empleado Público [art. 94.2.d)] proclama que la potestad disciplinaria se ejercerá de acuerdo
con el principio de culpabilidad. Vid. M. SÁNCHEZ MORÓN, Derecho de la función pública, Tec-
nos, Madrid, 13 ed., 2020, pp. 349‑350. Y aun sin esa consagración legal, ya se exigía antes cul-
pabilidad. Vid. B. MARINA JALVO, El régimen disciplinario de los funcionarios públicos, Lex Nova,
Valladolid, 3.ª ed., 2006, pp. 231 a 235, aunque admite que basta con «un grado de culpabilidad
mínimo» y que, por ello, la operatividad de las causas de exculpación es menor.
77
Sobre estas críticas a lo que aquí se defiende, ninguna como las de A. NIETO, Derecho Ad-
ministrativo sancionador, cit., sobre todo pp. 324 a 326 y 414 a 416. Con carácter más general, ya
sin referirse concretamente a las cuestiones que nos ocupan aquí sino a toda la construcción del
Derecho Administrativo sancionador por jueces y «profesores-abogados de clientes particula-
res», son particularmente sugerentes y brillantes sus críticas vertidas en pp. 562 a 567, donde se
habla de una «hipersensibilidad hacía la vertiente garantista de los derechos de los infractores»
paralela a «una deliberada insensibilidad hacia los intereses públicos», de sucesivas falsificacio-
nes de la Constitución, de «la ingenuidad del neófito», del «fanatismo del converso» y de otros
factores que convergen hacía una debilitación de los intereses generales. No pueden caer en
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 45
elemental. Pues no parece que sea mucho pedir que no se sancione a alguien
por la conducta de otro; que lo que no sea aceptarlo lisa y llanamente es tanto
como admitir que se castigue al inocente, que, por decirlo en expresión popu-
lar, paguen justos por pecadores, aunque se quiera disfrazar con lo que, ahora
sí, no son más que artificios jurídicos. Y tampoco parece que haya que ser un
dogmático recalcitrante y fanático para pedir que no se castigue a alguien por
lo que no pudo evitar ni siquiera empleando toda la diligencia exigible. Se le
podrá exigir severamente una diligencia amplísima pero, reconocido así, es
sencillamente injusto y absurdo sancionarle por lo que no pudo evitar ni cum-
pliendo perfecta y escrupulosamente con esa diligencia. Y tampoco esta acti-
tud entraña insensibilidad o desprecio por las exigencias del interés general,
al que bien puede protegerse sin sacrificar en su altar los derechos fundamen-
tales más básicos y hasta el más primario sentido de justicia. Lo mismo se ha
podido decir, siempre sin razón, ante cualquier conflicto entre los intereses ge-
nerales y los derechos fundamentales, frente a lo que hay que afirmar que los
derechos fundamentales consisten precisamente en eso, en reductos que re-
sisten incluso frente a los intereses generales. Por lo demás, si el Derecho Pe-
nal, que se ocupa de las lesiones más graves a los bienes jurídicos más valiosos,
ha sido sometido a tales principios, no se acierta a comprender qué tendrá la
potestad sancionadora de la Administración para que hayan de ceder ante ella
esos mismos principios elementales. Con todo, no está de más apuntar que
donde realmente se juega la protección de los intereses generales no es en la
imposición de sanciones administrativas sino, mucho más, en la de otras me-
didas preventivas o de restablecimiento de la legalidad para las que, con toda
lógica y evidencia, no juegan estos principios78.
saco roto estas críticas. Pero debo añadir que no creo incurrir en nada de eso cuando, partiendo
de la proclamación de los principios de personalidad y culpabilidad, combato supuestas relaja-
ciones que más bien son vulneraciones.
78
El que la Administración no pueda imponer la sanción nada más que al sujeto que ha
realizado culpablemente la acción típica no obsta a que sí que imponga a otros sujetos, aunque
no hayan participado de ninguna forma en la infracción, otro género de medidas no punitivas
que bien pueden ser mucho más gravosas que la misma sanción. Por ejemplo, se ordena lícita-
mente la demolición del edifico ilegal a quien es su propietario actual, aunque lo adquiriese sin
haber intervenido en su construcción y hasta sin saber ni poder saber que era ilegal (pero no
puede ser sancionado, STS de 8 de noviembre de 1990, rec. 402/1989); o se ordena la costosa re-
paración del daño ambiental a quien no cometió ninguna acción ni incurrió en ninguna negli-
gencia en su causación, incluso aunque sí que haya otro sujeto que incurrió en infracción y es
sancionado por ello; etc. Nos encontramos entonces con el problema central del concepto de
sanción administrativa, verdadera piedra angular de todo el sistema. No procede analizarlo aquí
pero sí tener muy en cuenta que lo que afirmamos solo rige para las sanciones y no para otra
gama variada de medidas administrativas aunque se impongan también como consecuencia
de una infracción administrativa; más todavía, aunque se impongan con el presupuesto de una
sanción administrativa. Lo que sí hay que evitar es que se dé naturaleza sancionadora a lo que
46 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
realmente no tiene el carácter de castigo porque eso sí que pone en peligro los intereses gene-
rales al extender un régimen especialmente garantista allá donde tal régimen no tiene justifi-
cación. Sin embargo, es a veces el propio legislador el que comerte ese error; Vid. M. REBOLLO
PUIG, «El contenido de las sanciones», cit., p. 162. Error del legislador difícil de enmendar por-
que su calificación como sanción de una concreta medida tiene, aunque no un valor absoluto, sí
el de un muy sólido indicio sobre la naturaleza de la medida, como he explicado en «Definición
y delimitación de las sanciones administrativas», Anuario de Derecho Administrativo sancionador
2021, Civitas, Cizur Menor, 2021, pp. 80‑81.
79
Aunque hay ejemplos en los sectores más diversos, acaso el récord lo tengan las sancio-
nes por violencia y racismo en el deporte donde se admite que recaigan sobre el club gestor del
estadio las que correspondan a las infracciones cometidas allí por cualquier espectador, incluso
los seguidores del equipo contrario; más todavía, que se les sancione por las infracciones come-
tidas por los propios aficionados en el estadio de otro club. Ello pese a que ese aficionado –que
puede no ser siquiera socio del club– no imputa su actividad al equipo de sus pasiones y aun-
que quede acreditado que no hubo la más mínima culpa y que de ninguna forma el club sancio-
nado pudo evitar la infracción. Además, es así por preverlo meros reglamentos sin fundamento
legal, porque la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el
deporte, aunque es muy severa, no contiene declaración alguna que permita sustentar ese ré-
gimen sancionador groseramente tosco que evoca al más arcaico de responsabilidad de la tribu
por los hechos de cualquiera de sus miembros. Dio cuenta de ello E. GAMERO CASADO, Las san-
ciones deportivas, Bosch, Barcelona, 2003, pp. 245 a 250 y 515 a 522, que con acierto propuso
cambios. Ninguno de los intentos de justificar este régimen, que recoge el propio GAMERO, son
de recibo, aunque sí que podrían justificar que los clubes sufran medidas no sancionadoras. Lo
cierto es que muchas de estas sanciones deportivas logran una especie de «tres en uno» por-
que al mismo tiempo vulneran los principios de legalidad, de personalidad y de culpabilidad.
80
Me parecen ejemplos palmarios de ello los AATC 193/2007, de 26 de marzo, y 237/2012,
de 11 de diciembre, que ya tendremos ocasión de criticar en el lugar correspondiente.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 47
81
Lo abordaré en el capítulo tercero, IV.
48 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
82
Lo detecta con acierto A. NIETO, Derecho Administrativo sancionador, cit., cuando afirma,
por ejemplo en p. 422, que sancionar a un empresario por lo que haga su empleado basándose
en la culpa en la que incurrió al contratar a un alcohólico como guarda nocturno, supone sancio-
narle por el hecho de otro y violación del principio de personalidad. En esta idea ha abundado
M. CASINO RUBIO, La increíble historia…, cit., p. 190: «…la culpa in vigilando sirve formalmente
para salvar el principio de la culpabilidad en sentido estricto, pero nada dice, en cambio, sobre
la personalidad de la sanción o la responsabilidad por hechos propios». Pero a ambos profeso-
res esa certera observación les lleva sin más a afirmar que cabe la responsabilidad sancionadora
por hecho de otro, lo que no me parece aceptable. Aquí nos lleva a negar que la culpa in eligendo
o in vigilando sean suficientes para sancionar, y que no permiten suplir el hecho propio. O sea,
sancionar a un sujeto por la infracción de aquél al que eligió o vigiló mal es sancionar por he-
cho ajeno, esto es, vulnerar el principio de personalidad. Cosa distinta, claro está, es que esté ti-
pificada como infracción o como forma de participación esa mala elección o vigilancia, o que la
conducta del mal elegido o vigilado lleve a incurrir en una infracción propia.
83
Naturalmente eso no tiene nada que ver con reconocer que la propiedad y más aún la
realización de ciertas actividades (sobre todo si entrañan especiales riesgos para los intereses
generales) comportan deberes específicos y un elevado nivel de diligencia. Ello puede hacer
que realicen más ampliamente conductas tipificadas como infracción y que incurran más fá-
cilmente en culpa. Además, no se liberan de esos deberes confiándolos a otros. Pero, admitido
todo esto, no se puede pasar de ahí y hacerles responsables de las infracciones ajenas cometi-
das en o con su propiedad o con ocasión de sus actividades.
84
Cabe aceptar la distinción entre hecho e infracción y entre autoría del hecho y auto-
ría de la infracción que propone A. NIETO, Derecho Administrativo sancionador, cit., pp. 425 a
426, en el sentido de que puede haber autores materiales de hechos determinantes o causan-
tes de la infracción de otro (así, por ejemplo, del empleado de una empresa). Pero para que
pueda ser sancionado este otro tiene que haber realizado la infracción con una acción u omi-
sión propia. Por tanto, la anterior distinción no puede servir para, a su vez, disociar libremente
a autor y responsable y, sobre esa base, hacer responsable de la infracción a quien no la ha co-
metido. Pero A. NIETO, Derecho Administrativo sancionador, cit., pp. 421 a 423, asume la disocia-
ción entre autor y responsable de la infracción, si no como en el Derecho Civil, sí con bastante
amplitud. La idea la acoge y aplica, con aportaciones muy sugerentes M. CASINO RUBIO, La in-
creíble historia…, cit., pp. 46‑47 y 186 a [Link] en contra de tal disociación A. DE
PALMA DEL TESO, «La culpabilidad», cit., p. 41; y El principio de culpabilidad…, cit., pp. 67 y 88.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 49
87
Se apunta esta idea en A. HUERGO LORA, Las sanciones administrativas, cit., p. 397. Por
lo expuesto no puede compartirse íntegramente la afirmación de A. NIETO, Derecho Administra-
tivo sancionador, cit., p. 426, según la cual «lo que al Estado fundamentalmente importa es en-
contrar un responsable, es decir, alguien que “responde” de las consecuencias del ilícito». Eso, si
acaso, vale para para el Derecho de daños y para otras responsabilidades no punitivas (aunque
tampoco creo que en esos ámbitos se pueda elegir con absoluta libertad al responsable, pero
no entraré en ello ahora). Pero de ninguna forma vale, como pretende NIETO, cuando se trata de
imponer castigos. Para ello en absoluto lo que le importa al Estado (por lo menos, lo que debe
importar al Estado de Derecho y al Derecho mismo) es encontrar a toda costa un responsable
cualquiera sino solo a aquél que merezca el castigo. Y hasta cabe recordar que prefiere que el
hecho quede sin castigo a que se castigue al inocente y, por tanto, a que se castigue a alguien
por la conducta de otro o que se le castigue sin culpa.
88
Por todos, R. PIZARRO NEVADO, «La responsabilidad personal por infracciones adminis-
trativas», cit., p. 612. Lo desarrollaré en el capítulo segundo, epígrafe III.
89
Trataré de demostrarlo en el capítulo tercero, epígrafe I.
90
Véase capítulo tercero, epígrafe VI.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 51
tales hipótesis, a fin de cuentas, se responderá por una infracción propia. Ello
a veces ocurre porque el otro es un mero instrumento del verdadero autor; o
porque, sin llegar a tanto, tiene el dominio del hecho un sujeto distinto del
que materialmente realizó elementos del tipo. También porque la conducta
del otro ha llevado a desatender un deber propio91.
Todas estas posibles responsabilidades no solo no son contrarias a los prin-
cipios de legalidad, personalidad y culpabilidad sino que constituyen en pu-
ridad perfectas aplicaciones de ellos. No son excepciones ni relajaciones de
estos principios ni entrañan una falsificación de su significado92. De hecho, con
pocas variantes se conocen fenómenos muy similares en el Derecho Penal. Su-
cede, sin embargo, que mal entendidos esos supuestos de responsabilidad y
peor explicados y acotados, se aplican a veces sin ton ni son, sin ninguna me-
sura, sin que se den las condiciones necesarias y, entonces sí, con admisiones
lamentables de responsabilidades objetivas y por hecho ajeno. Y sucede tam-
bién que una visión cargada de prejuicios antidogmáticos y de supuesto rea-
lismo jurídico, lleva precipitadamente a convertir los preceptos y las sentencias
erróneos, patológicos o abiertamente inconstitucionales en la clave del sis-
tema. En contra de todo esto, es necesario analizar detenidamente esos fenó-
menos y algunos otros, como los de responsabilidad de los administradores
o de los sujetos dominantes de personas jurídicas, responsabilidad sanciona-
dora de las Administraciones públicas, responsabilidades solidarias y subsidia-
rias… De estos y otros extremos nos ocuparemos en los siguientes capítulos.
91
En el caso de empleadores por hechos de los empleados, capítulo cuarto.
92
A. NIETO, Derecho Administrativo sancionador, cit., pp. 565‑566, habla de ciertas falsifi-
caciones de la Constitución para hacerle decir lo que no dice y de una «segunda falsificación»
para rebajar lo que antes se ha entronizado indebida y frívolamente para así conseguir que el
sistema pueda funcionar. Estas segundas falsificaciones se producen, en efecto, algunas veces, y
por la vía de las matizaciones, flexibilizaciones, modulaciones y demás subterfugios infundados
se llega a la más competa inseguridad y se cuelan soluciones que son la negación misma de los
principios que previamente se han proclamado. Nos importa aclarar, frente a ese peligro, que
nada de lo que ahora se está admitiendo forma parte de esas falsificaciones y que son aplicacio-
nes puras de los principios que sí que entronizamos pese a que en una visión simplista pueda
parecer otra cosa.
52 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
93
Así, M. GÓMEZ TOMILLO e I. SANZ RUBIALES, Derecho Administrativo sancionador…, cit.,
pp. 352‑353, entienden que la acción de regreso no permite exigir el importe de las multas por-
que eso vulneraría el principio de personalidad de las sanciones. Asimismo, L. GRACIA MARTÍN,
«Consideraciones críticas sobre las erróneamente supuestas capacidades de infracción y san-
ción de la persona jurídica en Derecho sancionador administrativo», Revista Aragonesa de Admi-
nistración Pública, n.º 55 (2020), p. 30, habla del «hecho, por definición absolutamente extraño
a toda sanción, de que una persona jurídica pueda “repetir” contra la física que cometió el he-
cho…». También I. PEMÁN GAVÍN, El sistema sancionador español. Hacía una teoría general de
las infracciones y sanciones administrativas, Cedecs, Barcelona, 2000, pp. 361‑362. Por el contra-
rio, me pronuncié ya decididamente a favor de admitir esta acción incluso sin norma que ex-
presamente la consagre y sin ver en ello nada que suponga que un sujeto fue sancionado por
una infracción ajena en Potestad sancionadora, alimentación y salud pública, cit., pp. 778‑779. Y
en similar dirección G. QUINTERO OLIVARES, «La autotutela. Los límites al poder sancionador de
la Administración pública y los principios inspiradores del Derecho Penal», RAP, n.º 126 (1991),
p. 280, dijo: «Que la sociedad pueda repetir contra uno de sus miembros, o sancionarlo, o des-
pedirlo, es cosa distinta y que no afecta a la relación administrativa que haya de servir de presu-
puesto para la sanción administrativa».
94
Acaso por ello la posibilidad de una tal acción de regreso se ha rechazado legalmente en
Austria y se cuestiona en Alemania. Lo explica D. RODRÍGUEZ CEMBELLÍN, Potestad sancionadora
y grupos de empresas, cit., pp. 57 y ss., donde también da cuenta de que, por el contrario, se ad-
mite en Holanda. También RODRÍGUEZ CEMBELLÍN ofrece sentencias españolas en que se han
estimado acciones de este género, sentencias a las que luego me referiré.
95
Alguna ley, al abordar el régimen sancionador, se refiere expresamente a estas accio-
nes. Por ejemplo, artículos 70.2 de la Ley 43/2003 de Montes; 21.5 de la Ley 28/2005 de medidas
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 53
contra el tabaquismo; 138.2 de la Ley 16/1987 de transportes terrestres; 19.2 de la Ley 3/1995 de
Vías Pecuarias; y, sobre todo, 41.6 LGT. Pero, aunque no esté expresamente prevista por las leyes
sancionadoras, esa acción existe en virtud de las normas de Derecho privado que en cada caso
regulen la relación.
96
Vid. capítulo sexto, epígrafe II.2.
97
Vid. capítulo sexto, epígrafe IV.1.
98
Vid. capítulo tercero, epígrafe II.1.
99
Vid. capítulo cuarto, epígrafe III.3. Cosa distinta, como aclaro a continuación (III.4), es que
si se sanciona al empleador por una infracción que realmente es del empleado, el hecho de que
se le reconozca a aquél una acción contra este no permite superar la violación del principio de
responsabilidad personal; solo se palian sus consecuencias económicas.
54 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
100
Como ejemplifica D. RODRÍGUEZ CEMBELLÍN, Potestad sancionadora y grupos de empre-
sas, cit., p. 108, «si la limpieza de un centro de trabajo es defectuosa, el responsable es (el) titular
del centro de trabajo y no la empresa de limpieza». Y con este ejemplo ya se vislumbra que el he-
cho de que el titular del centro de trabajo pueda conseguir de la empresa limpiadora indemni-
zación por su incumplimiento contractual, indemnización por los daños causados entre los que
podrá estar la multa sufrida, no significa que al sancionarla la Administración violase el principio
de responsabilidad personal. Cosa distinta es que, en algún caso, la sanción sí sea improcedente
si se prueba que el incumplimiento se produjo pese a haber desplegado el titular del centro de
trabajo toda la diligencia exigible y que, aun así, no pudo lograr que la empresa limpiadora cum-
pliera sus obligaciones para con él.
101
La Agencia Tributaria impuso varias multas a una sociedad limitada por facturas falsa
con las que disminuía su deuda por IVA e IS. Además, la declaró responsable solidaria de la multa
impuesta a otro sujeto. La sociedad reclamó de los administradores y esta SAP de Pontevedra
103/2018, en efecto, los condenó a pagar casi un millón de euros porque «concurren todos y
cada uno de los requisitos legalmente exigidos para la apreciación de la responsabilidad de los
administradores frente a la sociedad», a saber, «la acción dolosa, el daño consistente en las san-
ciones impuestas y una relación de causalidad entre aquellas y estas». El daño era, pues, exac-
tamente las sanciones impuestas, pero me parece evidente que ni la Agencia Tributaria violó el
principio de responsabilidad personal al sancionar a la sociedad ni es contrario a este principio
que finalmente la sociedad se resarciera de los daños causados por la desleal administración.
102
La SAP de Pontevedra 86/2019 condena a los administradores de una Comunidad de
Propietarios a indemnizar a esta por los daños causados por su negligente comportamiento. Lo
hace en aplicación del artículo 1101 CC (responsabilidad contractual) e incluye entre otras parti-
das la multa impuesta a la Comunidad por no subsanar las deficiencias del ascensor. Me parece
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 55
evidente que la infracción la cometió la Comunidad; pero es perfectamente razonable que la Co-
munidad pudiera reclamar a sus administradores negligentes indemnización por los daños que
le causó su nefasta gestión, daños entre los que estaba la multa.
103
En el caso, la CNMC sancionó a una compañía con sucesivas multas (importe total de
406.207 €) y finalmente la inhabilitó. Todo por no comprar energía suficiente para suministrar
la que debía dar a sus clientes y ello debido, al parecer, a la pésima gestión de su administra-
dor. La entidad reclamó a ese administrador no solo el importe de las multas sino además otros
445.890 € por el perjuicio (lucro cesante) que le originó la inhabilitación. Y esta SAP 1261/2020,
entendiendo que el administrador «incumplió los deberes inherentes a su cargo, referido, con-
cretamente, al empleo de la diligencia debida» y en aplicación de las normas sobre respon-
sabilidad de los administradores de la Ley de Sociedades de Capital, estimó íntegramente la
demanda y condenó al administrador a pagar 852.097 €; esto es, le condenó no solo a pagar to-
das las multas sino una indemnización por el perjuicio que causó su inhabilitación para el ejer-
cicio de la actividad. Me parece irrebatible que la sanción se debía imponer a la compañía como
autora de la infracción; que era imposible hasta la absurdidad que la CNMV hubiese sancionado
al administrador; y que es perfectamente razonable, legal y conciliable con el principio de per-
sonalidad de las sanciones que la compañía eléctrica reclamase con éxito a su administrador ne-
gligente todos los daños causados por las sanciones.
56 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
sanción. Sí que es cierto, como ya he dicho, que por mor del principio de per-
sonalidad de las sanciones, el mal que toda sanción entraña ha de recaer so-
bre el infractor, no sobre otros sujetos ajenos a la infracción. Cosa distinta es
que otros sujetos sí que puedan sufrir las consecuencias de la sanción. Aunque
a veces se confunden104, no es lo mismo ser sancionado que sufrir ciertos efec-
tos de la sanción. Es evidente que hasta la pena de prisión tiene consecuencias
perjudiciales para los familiares del condenado, como lo es que la sanción ad-
ministrativa a una empresa podrá perjudicar a sus empleados o la de estos o la
de sus directivos a aquella105; piénsese en la sanción de suspensión a un depor-
tista y el perjuicio que causa a todo su club el no poder disponer de él; o en el
perjuicio de los familiares de quien es sancionado con una multa cuantiosa…
Estas obviedades ponen sobre la pista de otras posibles consecuencias de la
sanción que sí que pueden padecer quienes no han realizado la acción típica,
aunque puede que ya no resulte tan obvio. El hecho de que se admita la res-
ponsabilidad sancionadora de las personas jurídicas abunda en esta posibili-
dad: así, si una sociedad anónima es sancionada, sufrirá las consecuencias de
la sanción hasta el último accionista aunque no interviniera de ninguna forma
en la infracción; y si se sanciona a un municipio todos los vecinos lo sufrirán de
alguna forma… Pero en todos estos casos los principios de personalidad y de
culpabilidad se respetan porque ni los accionistas ni los vecinos han sido san-
cionados106. No hay que perder nunca de vista esta distinción.
De entre las diversas consecuencias de esta distinción importa destacar
que se ha aceptado que para el cobro de multas se pueda ejecutar el cré-
dito sobre bienes gananciales 107 con lo que el cónyuge no infractor, aunque
104
Por ejemplo, se lee en la STS de 27 de marzo de 1998 (rec. 313/1996): «Un principio fun-
damental del Derecho sancionador lo constituye el de la personalidad de las sanciones, según
el cual estas no pueden producir efectos perjudiciales respecto a las personas que no han sido
sancionadas». Esto no es del todo exacto.
105
Así, la STS de 11 de octubre de 2006 (rec. 10103/2003) admitió la sanción impuesta al di-
rectivo de la empresa consistente en suspensión de funciones y amonestación con publicación
en el BOE pese a que la empresa alegó que, como era evidente, esto causaba un perjuicio a la
credibilidad e imagen de la misma empresa.
106
Es esta distinción la que debería haber bastado para desestimar las alegaciones a las
que se enfrentó la STC 86/2017, de 4 de julio, FJ 5.e). Frente a una Ley que preveía la sanción de
cese de las emisiones de un medio de comunicación, los recurrentes le achacaban vulneración
del «principio de personalidad de la pena» pues tal sanción «acababa afectando, no solo al su-
jeto que efectivamente cometió la infracción, sino también al titular del medio (…) y al público
en general –que se ve privado de su derecho a ser informado a través del medio de comunica-
ción de su elección–…». La STC rechazó el alegato, aunque con razones incongruentes relativas
a la responsabilidad sancionadora de las personas jurídicas. Lo obvio es que esos otros sujetos
no son sancionados, aunque sufran algunas consecuencias de la sanción impuesta u otro.
107
STC 36/2000, de 14 de febrero: «…una cosa es que, en virtud del principio de perso-
nalidad de la pena o sanción establecida en el art. 25 CE, no se pueda imponer una sanción
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 57
pecuniaria a quien no aparece como responsable de la misma, y otra muy distinta que (…)
no se pueda proceder al cobro de la misma con bienes del cónyuge del sujeto infractor si, de
conformidad con las normas reguladoras del régimen patrimonial del matrimonio, aquellos
aparecen como gananciales». Naturalmente una persona no puede ser sancionada por las in-
fracciones de su cónyuge, pero sus bienes gananciales sí pueden servir para cobrar la sanción
impuesta a aquél.
108
En contra, D. RODRÍGUEZ CEMBELLÍN, Potestad sancionadora y grupos de empresas, cit.,
p. 137: «…en el caso de los bienes gananciales, para mí sí se trata de un fenómeno “material-
mente sancionador” (aunque el TC lo haya negado) y no de una consecuencia no sancionadora.
Si se ejecuta una sanción contra un bien que es de un tercero, o en el que participa un tercero,
como puede ser una cuenta de titularidad de ambos cónyuges, es evidente que una persona
está respondiendo en parte por la sanción de otra. Esto es precisamente lo que proscribe el prin-
cipio de personalidad de las sanciones. Pero la licitud de estas prácticas no pasa por negar toda
condición material de sanción, sino por matizar la extensión del principio de personalidad de
las sanciones en determinados supuestos y en atención a un fin legítimo». Ya se ha visto que no
comparto este punto de vista. RODRÍGUEZ CEMBELLÍN escribe esto por su propósito de relativi-
zar el principio de personalidad lo que le lleva, según creo, entre otras cosas, a considerar san-
ción lo que no lo es. Por mi parte, no solo es que crea que hay que acoger un concepto mucho
más restrictivo de sanción, sino que mi propósito es justamente el contrario de no aceptar ex-
cepciones a la responsabilidad sancionadora personal.
109
Imagínese que a un sujeto le pidiese otro que lo transporte en coche y se comprome-
tiera a pagar las multas que se impongan al conductor. No me atrevo a afirmar que ese pacto sea
válido. Pero, aceptando que lo fuese, a la postre la multa perjudicaría, no al autor de la infracción,
sino a quien se comprometió a pagarla. Ahora bien, eso no sería contrario al principio de respon-
sabilidad personal pues no afectaría de ningún modo a la potestad sancionadora: se declararía
que la infracción la cometió el conductor, la sanción se le impondría a este y solo a él se le podría
exigir en vía ejecutiva si fuese necesario. El pacto de Derecho privado entre esos dos particu-
lares queda al margen de la relación jurídico-administrativa en donde se respeta escrupulosa-
mente la personalidad de la sanción. De este ejemplo menor puede pasarse al más enjundioso
de una sociedad anónima que se comprometa a pagar las multas que se impongan individual-
mente a sus administradores o de un partido político que asuma pagar las que se impongan a
sus miembros por los actos ilícitos que a ese partido agradan. I. COCA VILA, en su sugerente es-
tudio «La pena de multa en serio. Reflexiones sobre su dimensión y aseguramiento aflictivos a
través del delito de quebrantamiento de condena (art. 468 CP)», InDret, 3.2021, pp. 69 a 99, radi-
calmente en contra de la posibilidad de que las multas las sufrague un tercero, sostiene que tal
conducta sería constitutiva del delito de quebrantamiento de condena. Aunque esta tesis tan
ingeniosa parezca extravagante, no entraré en ello. Tampoco en que solo está pensada para pe-
nas, no para sanciones de multas. Solo insistiré en que el pago por terceros de la multa no altera
un ápice el que la sanción se ha impuesto al infractor y que, por tanto, el principio de personali-
dad de las sanciones queda incólume. Por lo demás, una sanción tiene carácter aflictivo cuando
58 RESPONSABLES DE LAS INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS
teóricamente lo tiene, aunque en el caso concreto no cause un daño real: tan sanción será la pri-
vación del permiso de conducir a un taxista que a quien ya estaba decidido a no conducir más;
y su imposición al taxista será una sanción aunque, al verse impedido de ejercer su profesión, se
dedique a otra (se hace cantante de copla española) con la que es mucho más feliz y gana más
dinero. Así que, si el infractor no sufre personalmente la multa que se le haya impuesto porque
alguien asume pagarla, no se afecta a nada esencial.
110
Se plantea sobre todo con las llamadas póliza de seguro Directors and Officers en cuya
virtud una compañía de seguros cubre los riesgos por sanción a los directivos societarios. Lo
han estudiado minuciosamente I. COCA VILA y M. PANTALEÓN DIAZ, «Lo intransferible y lo ase-
gurable en el sistema de responsabilidad de los administradores societarios. Un estudio sobre
los límites de orden público a los seguros D&O», Anuario de Derecho Civil, tomo LXXIV (2021),
fasc. I, pp. 163 a 176. Pero piénsese igualmente en aseguramientos similares de cualquier sujeto
ante sanciones de tráfico o de medio ambiente o de seguridad laboral…, no solo multas sino
perdida temporal del permiso de conducir, cierre de establecimientos, inhabilitación... COCA y
PANTALEÓN llegan a la conclusión –hoy mayoritaria pero no pacífica– de que tales pactos son
contrarios al orden público y, por ende, nulos. Lo hacen radicalmente para los que suponen el
compromiso de abonar multas y con más matices para aquellos que aseguran el lucro cesante
que causan otro género de sanciones. Aunque sintonizo con su tesis, que además coincide con
la de la Dirección General de Seguros expresada el 31 de marzo de 2008 en respuesta a la con-
sulta de una aseguradora, no osaré terciar en el debate. Solo digo que, aunque tales pactos se re-
puten nulos por contrarios al orden público al arruinar la finalidad retributiva y las funciones de
prevención especial y general de las sanciones, no alcanzan a vulnerar el principio de responsa-
bilidad personal pues la sanción será impuesta por la Administración al infractor y solo a él po-
drá exigirle el pago; las relaciones entre este y su aseguradora (a la que ni siquiera cabría conferir
el papel de interesada en el procedimiento sancionador) quedan por completo al margen de la
relación jurídico-administrativa. El hecho de que al final la sanción afecte a la aseguradora es
irrelevante desde este punto de vista.
111
Se analizará en el capítulo sexto, IV.
Capítulo primero. Los principios de legalidad, personalidad y culpabilidad en la determinación de los responsables de las infracciones 59
sanción y esta, a su vez, en una infracción. Hablamos solo, por tanto, de per-
sonas que sufren consecuencias de la sanción –igual que el cónyuge del in-
fractor en régimen de gananciales o el avalista de la sanción– pero que no
son sancionados. También estas distinciones podrían justificar ciertas mo-
dalidades de responsabilidad de terceros ante las deudas por sanciones im-
puestas a personas jurídicas extintas 112.
112
Véase capítulo tercero, IV.