El porvenir de América Latina, Manuel Ugarte.
Los Criollos.
Cuando se proclamó la revolución, se mantuvieron los privilegios de soberanía
sobre el territorio, la distribución de la propiedad se conservó. Los separatistas
eran dueños de la mayor parte de la propiedad, por eso se negaron a discutir un
sistema de distribución de la tierra. Con el crecimiento de las elites criollas y su
despliegue en una vasta cantidad de negocios, se dividió en un grupo que
ostentaba la suma del poder, y el otro la totalidad de la fortuna pública. El conflicto
fue inevitable. Es curioso que no todos los que eran funcionarios españoles
deseaban mantener el sistema, así como tampoco todos los elitistas criollos
querían separarse. Algunos de ellos se habían encontrado en una determinada
posición en la que un interés contrapuesto al de su grupo social, era el que más
les beneficiaba.
La burguesía significaba una riqueza considerable, un cierto poder. Burgueses
eran banqueros, contratistas, quienes representaban la actividad de los capitales,
en su momento prestaron importantes servicios a las civilizaciones, determinando
reformas que prepararon la reforma de la obediencia en libertad. Fue un eslabón
importante en las revoluciones del mundo. Sin embargo, acabó cediendo ante el
deseo de erigirse como el nuevo poder, creyéndose el eje de la historia y vistiendo
sus actos ilegítimos, de una legalidad con la que no contaban, criminalizó aquello
que amenazaba su posición y dio nacimiento a una nueva hegemonía.
La verdadera gran división de la época pasaba por quienes vivían con ideas
modernas y quienes lo hacían con viejos prejuicios, en las clases gobernantes
predominaba el autoritarismo, pero en las masas lo hacia la democracia. El
movimiento de protesta contra el virreinato fue tan potente porque la mayoría de
los criollos quería libertades económicas, políticas, religiosas y sociales, las cuales
el gobierno les negaba, no solo en las colonias, sino en la propia España.
Las ideas del jacobinismo y volterianismo que la revolución francesa
desparramaron por el mundo, fecundaron en los jóvenes criollos, en ellos
asomaban ideas libreprensantes, fieles a la idea republicana. No en todas las
regiones el movimiento separatista fue comandado por la juventud, en otros
lugares fue la iglesia quien comando el movimiento, incluso las propias oligarquías
lo comandaron en otros casos. Los movimientos separatistas no tuvieron una
dirección neta, políticamente hablando, España probablemente hubiera podido
hacer frente sino tuviese que destinar sus recursos a resistir el embate francés.
Las ciudades de las costas establecieron su dominación sobre los pueblos del
interior, la organización en este primer momento fue antidemocrática y acabaron
estallando múltiples conflictos en las provincias, muchas veces ineficaces y
borrosas contra el centralismo. Las elites sociales criollas que realizaron a la
independencia se sirvieron de núcleos marginales para sus causas. El criollo
arrastró esclavos a la guerra, embandero a los aborígenes y uso el descontento d
las masas que aborrecían la dominación, ignorando que ellos serían tan criollos
como él. Coexistirán varios tipos de criollos, descendientes directos de españoles
con sangre pura, mestizos y multaos, indios nacidos en la región, nacidos en el
país de extranjeros inmigrados, nacidos de alianzas.
Extranjeros inmigrados.
Una vez pudieron ofrecer estabilidad, muchos extranjeros viajaron a establecerse
a américa. Buscaban empleo y huir de la persecución y los salarios precoces.
Vinieron así un primer grupo de ingleses, alemanes, franceses, italianos, celtas,
rusos, españoles y hasta medio orientales, quienes traían la decisión y audacia
que distinguió a los antepasados de las migraciones confusas de otras épocas,
llegando a un mundo en el cual debían aumentar la felicidad común.
Estos inmigrantes creaban razas nuevas, ya que se subdividían en grupos entre
quienes estaban para fructificar sus capitales y ganarse el pan, quienes planeaban
volver a sus tierras en un futuro, quienes se instalaban definitivamente en el
territorio, algunos dejaban a su familia en Europa, etc. Se hablaba así de dos
grupos de inmigrantes, lo asimilables que echaban raíces y se quedaban, y los
transitorios, que una vez cumplido su objetivo retornaban a su patria.
Quienes mejor se adaptaron al Plata fueron los españoles, italianos y franceses,
quienes acentuaron el carácter latino del sur americano. Los españoles
encontraban un lugar ideal para sus aspiraciones, identidad de lengua, parentesco
de costumbres y simpatía de sangre, además de empleados y jornaleros. La
inmigración italiana aporto los músculos necesarios para abrir caminos, construir
ferrocarriles y edificar ciudades. Los ingleses y teutones aportaron elementos
moderadores y de organización, algo necesario de difundir en las tierras nuevas,
al igual que se les atribuye la intromisión de los deportes y la practicidad.
La intromisión y aceptación de los extranjeros fue muy grande, hubieran faltado
algunas facilidades burocráticas y administrativas para con ellos, reflexiona
Ugarte. Entre ellos destaca el participar de los actos electorales.
La Raza del porvenir.
Las patrias que surgieron en américa latina fueron el resultado de una primera
ebullición puesta al servicio de los caudillos locales, en una época de
comunicaciones rudimentarias. Cuando se expande el pensamiento, se unifica la
atmosfera y se difunde la ilustración, es que comienza a surgir un alma colectiva,
una conciencia continental, dando origen a los sentimientos nacionales que se
elevan por sobre el odio provincial y resulta de la identidad de historia, lengua y
origen de los estados. En las repúblicas de origen hispano el origen es casi
idéntico, misma base india, misma irrupción peninsular, contribución africana y
mismo resultante criollo con símiles cualidades y defectos. La singularización solo
puede explicarse por la intensidad y procedencia de la inmigración. La raza es el
resultante de una fusión latina.
El grueso poblacional está compuesto de raza blanca, de origen hispano. El
componente inmigrado y aglutinador de la raza permite fomentar e incrementar el
arraigo para con el continente, no somos un país de expatriados. Notables
diferencias existen entre este proceso y el estadounidense, en el cual los
inmigrantes jamás se plantearon el mezclarse con los indígenas, cosa que si nos
ocurrió. Esto marca una clara diferencia de conceptos. Ugarte ve esta alianza
como útil, porque vuelve a los criollos herederos de la tierra, además de agregarle
a la civilización la firmeza y carácter de importantes líderes indígenas. De allí
provienen varios matices que hoy nos distinguen. Pensemos también, que, en
Estados Unidos, la superioridad blanca se traduce en una tiranía.
Sostiene que no hay que tener ningún tipo de remordimiento para con España,
sino que hay que respetarla por haber sido cuna y brazo de la nacionalidad. No
obliga esto a repetir sus errores, sino que el cariño debe traducirse en franqueza y
lealtad, en renovación de espíritu.
Habla de una segunda conquista, lo que España supo hacer por medio de las
armas, Francia lo igualo por medio de las ideas y pensamiento. El criollo ha
tomado mucho de ambos, de España se impone la hostilidad al acercamiento a
razas enemigos, mientras que las ambiciones son un ideal plenamente francés. Es
erróneo suponer que una independencia política implica una independencia
absoluta, si bien hay gobiernos autónomos muchos pueblos no formados aun
dependen de quienes contribuyeron a elaborarlos. Los latinoamericanos necesitan
tiempo para sustituir la injerencia internacional. Lanza fuerte críticas a quienes
solicitan un desarrollo inmediato, reclama nuevamente la necesidad de tiempo y
prolijidad para realizar un proceso semejante.
Será muy crítico de la rivalidad entre el hombre de ciudad y del campo, lucha en la
que ambos intentan imponerse y dieron por origen los patriotismos provincianos,
aunque eso no impidió el surgimiento de un sentimiento nacional, junto a un
derecho de subsistir que volvió, el amor patrio, una realidad.
Defensa latinoamericana.
Ante la influencia invasora de la américa inglesa, Latinoamérica tiene posibilidades
de defenderse. Lógicamente los países más cercanos al norte serán más
susceptibles de una eventual caída, pero los países del sur mantienen chances
más concretas. Aunque, y Ugarte lo crítica duramente, los procesos de
crecimiento y desarrollo de los países latinoamericanos fue muy despareja, no se
hicieron en paralelo obras de ferrocarriles y telégrafos ni de líneas de navegación.
En cuanto a desarrollo, cada país siguió su propio camino, incluso las
comunidades siguieron este camino. Cada pueblo ha gesticulado y se ha
desenvuelto en las sombras, los países se comunican con el resto del mundo,
pero entre ellos reina la desconexión.
La revolución más que un nuevo paradigma significó un cambio de mando, del
virrey a la oligarquía local, por eso la lentitud de crecimiento de algunos sectores y
porque no la caída ante los intereses del norte. A pesar de esto resulta incorrecto
afirmar que existen odios y rivalidades entre las naciones, si hay diferencias, pero
su origen es plenamente convencional. Agrega que es necesario pensar en una
unidad de bloques poderosos y durables, bajo la presión de una necesidad
histórica, aunque esta impronta esta dificultada por el egoísmo que reina en las
clases gobernantes. Sostiene que, ante un peligro inminente, debe primar la
voluntad colectiva en los países del sur, que motivos hay sobrados para
amalgamar intereses e ímpetus, ya que se trata de un razonamiento político.
Entre las primeras condiciones que enumera respecto a un posible triunfo,
menciona el estar al tanto de lo que ocurre en las diferentes regiones de américa,
tarea que incumplen los diarios al informar con lujo de detalle lo que en Europa
ocurre, más no en Latinoamérica. Menciona también que desconfía enormemente
de que aquellas noticias y cables informativos que llegan a la región, pasaron
previamente por Washington y por España, lo cual pone en duda la veracidad e
intenciones verdaderas de sus comentarios, por eso también pondera la
necesidad de que las líneas de comunicaciones que se establezcan en
Latinoamérica, deben ser o de capitales propios, o de capitales extranjeros que se
neutralicen, para evitar la predominancia e imposición de un interés en particular.
Será importante combinar estos recursos, los intereses europeos pueden
presionar las ambiciones norteamericanas y terminar ambas neutralizándose. Si
para que este objetivo se logre es necesaria la propaganda, por medio de la
acción de los ilustrados, deberán proceder. Los países de Europa del oeste
colocaron mucho capital en el sur de américa y no querrán ver sus intereses
alterados por la doctrina Monroe.
De igual manera, hablamos de debilidades y consejos para una américa latina que
es vulnerable, pero no olvidemos que Estados Unidos también muestra puntos
flacos. Ellos también tienen las fortunas fuertemente concentradas, los monopolios
aumentan y esto desatará crisis internas a su tiempo, está dispuesto a luchar
contra otros pueblos en pos de sus intereses, lo cual desanimará y agotará a su
población, incluso en los países que recientemente han anexado quedan los
resabios de una revuelta en el corto tiempo.
Las acciones para pulir la unidad latinoamericana pueden traducirse en congresos,
enviados diplomáticos, tratados de comercio, acuerdos para establecer líneas de
comunicación, tribunales de arbitraje en conjunto entre varias iniciativas. Se tiene
que ir subiendo de a poco, de un escalón hacia el siguiente, siempre a medida que
el plan vaya penetrando en la sociedad como algo necesario. Así se multiplicarán
conferencias internacionales, se intercambiarán comisiones especializadas que
estudien la administración de cada estado, habrá un servicio internacional de
correos, se canjearían diarios entre las capitales y aparecerían leyes que reduzcan
la naturalización latinoamericana para con el ingreso y egreso de otras repúblicas.
Una patria única.
Hasta ahora nos perjudico la idea de que no tenemos nacionalidad, las fronteras
están lejos de lo que suponen aquellos que solo atienden a mantener dominios
efímeros sin comprender los intereses de la patria ni los de la confederación moral
que conforman los latinos en el continente. Para mantener el orden de la
independencia, Leroy Beaulieu planteaba tres condiciones innegociables, el orden
en el interior de los estados, la paz entre repúblicas hermanas y las relaciones
económicas con Europa. Aunque lo más urgente es alcanzar acuerdos entre los
partidos políticos dentro de las naciones para evitar favorecer el avance
estadounidense, debe haber un patriotismo final que sea el resultante de todas las
preocupaciones habidas y por haber.
Que las repúblicas se coordinen no es una utopía inalcanzable, Italia y Alemania
pudieron hacerlo. Aquí tendríamos que nombrar delegados de cada una de las
veinte republicas y que estos, sin rozar la administración interior de cada estado,
sean representantes de relaciones exteriores ante el mundo. Lógicamente a este
proyecto, aparecerán minorías oligárquicas que se opongan, aunque sería muy
sencillo callarlas dándoles pequeñas concesiones. Si podemos coordinar en un
bloque, voluntad y formula de la región, seremos imparables y podremos volver
realidad cualquier proyecto. Muchos son los puntos en común entre las naciones
suramericanas, su literatura, su espíritu, su forma y estilo republicano de gobierno,
similitud en cualidades y defectos, incluso tenemos héroes comunes.
No se trata de impedir la tiranía anglosajona para imponer la nuestra, sino de
mantener el libre juego de una nacionalidad alimentada internacionalmente para
abrirse al mundo, bajo el amparo de una civilización latina. Ugarte plantea la
necesidad de que los países del sur y México sean los eventuales líderes de esta
nueva coalición.
Democracia latinoamericana.
La organización interior es un tema importante a tratar. No debemos dejarnos
engañar por la sensación de cercanía que nos dan las tecnologías en
comunicación, la civilización consiste en tener una vida propia y en examinar que
fórmulas modernas se ajustan a nuestras necesidades. La cultura de américa
latina es incalculablemente más alta de lo que la opinión supone.
No estamos más capacitados para demasiadas actividades más extensas que la
agricultura, y allí tenemos facilidad en la aplicación, aunque eso implica estar muy
lejos de las grandes potencias. No implica esto una jerarquización, sino una
diferenciación, por eso hay que pedirles a las civilizaciones aquello que pueda
concordar con nuestras características geográficas, étnicas y sociales, es un gran
error imponer por imitación, aquello que deba nacer espontáneamente. El
continente se halla en una etapa de elaboración en la cual es imposible fijar los
relieves de una masa que aún no ha cuajado.
Costó imponer la práctica democrática en el continente, a pesar de que las
revoluciones sepultaron las monarquías, la practica autoritaria fue la elegida en el
primer momento para mantener el orden. Hizo falta mucha sangre para alcanzar la
libertad. Igualmente hay, aun hoy, una gran contradicción entre la amplitud de las
constituciones y la bajeza de la vida política, el derecho al voto es un fantasma, los
gobiernos se sustituyen a voluntad mediante fraude o revoluciones. Hace falta
mucha educación política. Toda forma de gobierno encierra múltiples peligros, el
evitarlos depende de las habilidades de los legisladores. La violencia, camino muy
elegido para tratar de alcanzar la democracia, solo resulta en nuestro siglo una
forma anticuada de energía y vitalidad social, por eso se ha dejado atrás el
caudillaje. Las masas y los inmigrantes han ido incorporándose poco a poco en la
política y les brindan mayor estabilidad a las instituciones, dificultando los vuelcos
del individualismo exasperado.
Costumbres políticas.
Las persistentes revoluciones difundieron la convicción de que las repúblicas
sudamericanas son entidades sujetas a caprichos de tiranos. Es una exageración
pero que no dista demasiado de la realidad. Aunque, nobleza obliga esto es en
gran medida responsabilidad del pueblo, que es de espíritu susceptible.
Muchos estados gozan de constituciones federales que le otorgan permisos y
libertades a las provincias, las cuales muchas veces acaban desencadenando
violencias por medio de evitables complots. El origen de estos problemas surge en
las alturas, si los partidos contrajeran el compromiso de empleas medios legales,
en aquellos pueblos sometidos a la tiranía la rebelión tendría legitimidad, la
mayoría de las legalidades actuales son hijas de luchas y levantamientos del
pasado. La futura paz del interior será resultado de que haya directores honrados,
y de que sus dirigidos tengan capacidades de exigir su soberanía. Para hacer
efectivos derechos teóricos constitucionales, los ciudadanos deben determinar
esos destinos por medio del voto, recién allí habrá verdadero interés en mantener
la paz. Como estamos en un punto de organización, hay que establecer un punto
de partida legal del que arranque la organización política definitiva. Hoy la política
es personalista, y eso es inadmisible, porque poco a poco va interesando al
público de las masas. Una aventura revolucionaria marca los últimos esfuerzos del
pasado por mantenerse en su campo, como las juventudes ya no ven el valor en
estas luchas, su vida se acerca a caducar.
La nueva raza acabara imponiendo una nueva y verdadera fisionomía, hombres
nuevos que unirán particularidades europeas al rudo carácter del medio en que se
desarrollan y con lo que crearán una mentalidad particular, un tanto autoritaria,
pero que resultara favorable al porvenir. Esta atmosfera luchara contra las fuerzas
que la opriman y acabara descubriendo el combate contra la organización social
tiránica.
El porvenir.
A pesar de muchos errores, Latinoamérica es una gran promesa de porvenir para
el mundo entero, que en un siglo ha alcanzado de vida libre ha alcanzado una
inmensa cantidad de prosperidad y logros para con sus habitantes. Su fertilidad y
recursos son un incentivo para la codicia de los imperios que se reparten los
beneficios del planeta. Para asegurar una victoria futura hay que contrarrestar las
invasiones imperialistas, hay que enemistarse con aquello que arrastra a
multitudes a exterminarse para extender sus injustas dominaciones.
El patriotismo que debemos perseguir tiene que ver con defendernos del embate
extranjero, con proteger la autonomía del estado y las provincias, con el derecho a
gobernarnos como mejor nos quede. Cada intrusión continental extranjera se hace
en detrimento de la autonomía nacional de un país, en perjuicio de la libertad
efectiva de los habitantes y en desdoro de la grandeza. No basta garantizar la
autonomía en todas partes, es necesario también que haya ímpetu de vivir la
democracia para tomar de ella todo elemento importante, y temeos que dejar de
lado el egoísmo para sacrificarnos por la colectividad.
Nuestros esfuerzos deben suscitar una nacionalidad completa, rehaciendo y
respetando las autonomías del imperio ibérico. El equilibrio es la mejor fuerza y las
preocupaciones contra un grupo duran solo hasta que este reúna los medios
necesarios para hacerse respetar, así se eliminaran las incertidumbres que existen
para con nuestra raza. Debemos también combatir la indisciplina de la distancia y
la inmovilidad que separan nuestros territorios, eliminando las grandes diferencias
estructurales entre las capitales y el interior, sin nivelar las costumbres de cada
lugar lógicamente.
Los pueblos son completamente independientes en la medida de lo posible recién
cuando pueden extraer de sí mismos los principales elementos que exigen para su
desarrollo, tanto el compromiso social como el valor agregado de transformar
aquello que producimos.
La Patria fuerte, Leopoldo Lugones.
Los objetivos del socialismo y comunismo internacional no es la paz, sino
persuadir a los gobiernos de un eventual desarme, y conducir con ello a guerras
civiles en contra de los gobiernos capitalistas. En contraposición de esto, aparecen
los pactos de seguridad que negocian Francia, Inglaterra y Bélgica, junto a Italia, y
que aparecen como actual eje de la paz en Europa. Para Lugones, la organización
de la paz tiene que ser obra de economistas y militares.
Los socialistas ven en la guerra, una obra benéfica, porque la entienden para
alcanzar la justicia social, las guerras asegurarán la paz con la victoria del
proletariado, mismo las naciones europeas que luchan para establecer la
civilización en lugares como Marruecos. La fórmula de la seguridad de cada
nación es oro y armas.
Los indefensos quedan a merced de una conquista, en especial si tienen riquezas
que interesen a los demás. La paz es un criterio de perfección metafísica. Existen
humanos nacidos para el deber, que tienen la facultad de darse su propia ley
según les agrade, ellos son quienes conducen por instinto, quienes mandan.
Jerarquía, disciplina y mando son condiciones fundamentales del orden social,
orden que no puede subsistir sin privilegios individuales como la propiedad, eje de
la patria, la cual debe ser conservada por la fuerza. En la vida no se triunfa por
razón ni por la verdad, sino por la fuerza, por eso la guerra es natural al hombre,
porque es un animal de combate. Cuando el socialismo planea expropiar sin
indemnizar, está robando.
La idea de potencia.
Una nación es un hecho, partiendo de la realidad geográfica de un territorio
poseído, por quienes lo habitan, y la posesión efectiva de dichos habitantes para
subsistir dentro del territorio, defenderlo y transformarlo, por medio de la
administración y representación jurídica y por un gobierno. Esta categoría es una
expresión de fuerza, y para alcanzarla cada colectividad ha tenido que imponerse
ante otras, expresando su voluntad se nación, a partir de victorias.
Cada nación aspira a bastarse a sí misma, a producir en su propio territorio todos
o la mayor parte de los elementos que necesite para subsistir, o en la medida que
pueda negociarlos para adquirir lo que le haga falta. Cuando una nación puede
bastarse para subsistir territorialmente, y además puede imponer su voluntad fuera
de su territorio, alcanza el grado de potencia. Sin embargo, si emplea esta fuerza
para conquistar o colonizar territorios, se trata de imperialismo. Este se genera por
la falta de elementos indispensables para su subsistencia de las naciones
poderosas, determinando con frecuencia tal actitud, bajo forma de ataques
directos, presiones económicas o políticas.
A este fenómeno corresponde un estado moral, dentro del cual no puede haber
posiciones personales superiores a la nacional, porque eso negaría la soberanía.
La nación ejerce imperio sobre sus individuos, sin más limitaciones que aquellas
que decidió imponer y sin comprometer en absoluto su voluntad. La moral de una
nación es una expresión de potencia. Si sus intereses se hallan en discrepancia
con intereses personales, tendrá la facultad de suprimirlos, de lo contrario, el
permitir estas subordinaciones inversas, dará lugar a una anarquía. La soberanía
es un hecho que condiciona todos los derechos practicables.
Cada vez que la patria impone a un rebelde la pena capital, reafirma su potestad
sobre cualquier convicción o principio que haya sido invocado para una rebelión.
Cada vez que un individuo se rebela contra la nación, es traición. Jamás puede
someterse la potestad nacional a un elemento como el raciocinio. La facultad de
potencia reside en la efectividad el poder exterior de dominar, e interior de
bastarse.
El principio de potencia.
Para bastarse como nación así misma, un territorio debe poseer una de las tres
ventajas siguientes: una producción con sobrante para negociar y enriquecerse,
medios de transporte que aseguren preponderancia en el tráfico internacional, o
abundancia de artículos de primera necesidad, cuya venta costee su provisión de
retornos.
El primer requisito es muy sólido, porque permite ofrecer una defensa prolongada,
y si además se cuenta con una fuerza armada correspondiente, constituirá el
estado de potencia más perfecto. La segunda depende mucho de los poderíos
navales, bastante insegura. Y la tercera tiene pocas garantías, dependiendo
mucho del consumo extranjero. De igual manera, a pesar de ser la primera la
mejor, hoy ninguna potencia puede dominar el mundo por si sola.
Una teoría, originada por Carl Ritter, establece que el desarrollo marítimo de un
pueblo estriba en la relación entre su área territorial y la longitud de sus costas. No
bastará con poseer mucha costa, sino que es necesario poblarla y civilizarla, para
transformarla en una ventaja estratégica y comercial.
El sobrante exportable de Argentina basta para enriquecerla y asegurar los
retornos necesarios, si esto implica ser el granero del mundo y renunciar al
progreso industrial, será insostenible ante una depreciación de los productos
agrícolas. Las granjas necesitan perros, seriamos, y somos una presa de países
con necesidades insatisfechas. Es necesario organizar una buena defensa,
armamento, alta industria y transporte, osea todo aquello imposible de introducir
del extranjero en caso de guerra. El vivir de exportar es una lotería, que depende
de la extensión de cultivos y del alza de la moneda de los países que nos
compran. Hay que mejorar y abaratar la maquinaria, envase, acopio y transporte,
factores industriales suministrados por el comercio exterior. No somos potencia.
Nuestra independencia económica está muy condicionada y no podemos
defendernos de nada. Para entablar una defensa necesitamos, por lo menos,
50000 soldados permanentes, a la par que se necesita el tener una flota de guerra
apta para combatir. En esta última materia no se puede improvisar.
El transformar industrialmente las riquezas de un país, para alcanzar seguridad,
poderío y prosperidad, requiere una inmigración que trabaje y una inversión de
capital enorme, que no tenemos. Toda ley que impida la llegada de inmigrantes y
que no proteja el bienestar nativo, conformará un atentado patriótico. El estado
debe ser oportunista, protector, pero no proteccionista, autoritario, pero no
doctrinario, aquí no importan principios, sino los fines de grandeza de la patria. El
país tiene que ser nacionalista y conservador, semejante a Estados Unidos. Se
pondera también la necesidad de crear una flota mercante propia, cosa que
ningún país tiene sin subvención oficial, dando abasto entiéndase. Las relaciones
comerciales para subvencionar una flota mercante a la par que se mantiene el
comercio, serían ideales de entablar con Inglaterra e Italia.
El estado de potencia es interior, antes que exterior. Para poseerse, el país tiene
que empezar con poseerse así mismo, expulsando aquello que se oponga a tales
políticas de defensa de la nación.
El deber de potencia.
Para alcanzar la categoría de potencia, las naciones contraen como obligación,
garantizar el bienestar máximo del pueblo, excluyendo cualquier interés parcial
que obre en contra de dicho principio.
El primer deber de una potencia es fomentar al máximo el bienestar general, por
medio de los recursos de la nación, aprovechándolos, pero cuidándolos a futuro,
esto implica no liquidarlos en un plazo corto, sino haciéndolo en forma sustentable.
Aunque como la patria es un ser de existencia continua, respecto de las personas,
se puede sacrificar lo necesario, en pos del éxito venidero. Los países de
producción integral, deben darles preferencia a sus símiles extranjeras, incluso si
esas son más baratas. Por medio del progreso industrial, se profundizará en un
abaratamiento de los costos.
Las potencias deben garantizar orden para las libertades de trabajo que disfruten
sus habitantes, para que cada uno cuente con los elementos necesarios para
obrar individualmente por su bienestar. Salvo las leyes protectoras de la salud y la
debilidad orgánica, y las relativas al trabajo de niños y mujeres, toda legislación de
clases implica un privilegio que violase las equidades republicanas. Las leyes
socialistas violan la igualdad y crean privilegios sociales en favor de quienes
protestan.
La idea de clase es ajena a países republicanos. En Argentina no hay clases,
todos somos pueblo. Solo hay aptitudes personales para prosperar, mediante la
apropiación y conservación del capital. De igual manera, el orden económico es
una forma de orden público, los estados deben intervenir para impedir abusos de
la economía privada para con los terceros. El no intervenir implicaría permitir que
se configure un tipo de privilegio en detrimento de la equidad.
El tercer deber de las potencias es el patriotismo, el afirmar la supremacía de los
ciudadanos locales por sobre los extranjeros. No solo en lo concerniente a
facultades políticas, sino en derechos civiles. Las naciones son dominios
exclusivos de los ciudadanos.
Otro deber de la potencia es adoptar gobiernos eficaces y baratos, es necesario
simplificar gobiernos a una unidad, por medio del mando, la disciplina y el
bienestar de los hechos. Ejército y armada tienen que colaborar con la formación
de los gobiernos, por medio de la disciplina, patriotismo y cientificidad, que les
otorgan cualidades idóneas para ocupar lugares centrales en la administración
estatal.
El poder de la nación.
La prosperidad del país está en el comercio exterior, en exportar nuestro sobrante
de producción. Esto nos asigna un importante puesto en los mercados del mundo,
ante nuestros clientes, primeras potencias globales, nos ven con privilegio y
valorizan como un gran país.
Esta posición nos pone en un doble juego necesario para con la producción
agrícola. Tipificar y fomentar la producción organizada, transportarla y acopiarla,
pero a la vez empleando la mercantilización y el crédito para abaratar el costo y
liberarla de la especulación, a la par que se fomenta la industria, para transformar
los recursos naturales, congregando una prospera emancipación. De esta manera,
el país se gobernará así mismo por medio de la producción, y no a partir de
clientes forzosos. Para que exportar hierro y combustible si podemos producirlos
nosotros mismos.
Todo este conjunto hay que acompañarlo con una buena moneda y un crédito
adecuado, artículos de primera necesidad frente a clientes poderosos que pueden
emplear la fuerza para someternos. Las naciones usan la fuerza para mantener el
orden interno, garantizando el trabajo y la prosperidad.
Las Tesis económicas del Desarrollismo, Julio Nosiglia.
La doctrina desarrollista se elabora apoyado en un análisis de la realidad nacional,
inmersa en una coyuntura mundial. El mundo está dividido en dos esferas nítidas,
una de ellas que alcanzo el desarrollo pleno de sus fuerzas productivas (un tercio
del total) y el resto que está sumergido en el subdesarrollo y apoyado en la miseria
(restantes dos tercios).
El otro análisis de la realidad mundial se apoya en la idea de una coexistencia
pacífica. Partiendo de una eventual negociación entre los bloques capitalistas y
comunistas en la guerra fría. Ante la imposibilidad de una guerra total, la
competencia entre bloques se dirimiría en un campo económico, es decir entre
ambos sistemas productivos, y aspirando a producir más cantidad de bienes, a
costos más bajos. Esta dicotomía, fue criticada por encuadrar a los países detrás
de un bloque, impidiéndoles el afirmar su condición nacional e interés propio.
Según la visión desarrollista, tanto los empresarios como trabajadores, deben
independizarse de sus reivindicaciones especificas-políticas, y compenetrarse
detrás de un interés común, que es el desarrollo de la economía del país y su
transformación.
El deterioro del intercambio.
La división internacional del trabajo estaba próxima a suprimirse. Este modelo que
imponía que un grupo de países se encargase de producir materias primas, y
otros de producir manufacturas, se encontraba acabándose, motivado por el
estancamiento comercial de las exportaciones primarias de los países
subdesarrollados. Las materias primas valían cada vez menos y las manufacturas
eran cada vez más costosas, por lo que a los países subdesarrollados les costaba
más el compensar las balanzas comerciales.
Esta tendencia se iba a consolidar por el hecho de que los países industriales, que
configuraban los mercados para las materias primas, habían desarrollado una
suerte de autoabastecimiento interno, producto de políticas estatales
proteccionistas.
La mirada desarrollista sobre la situación argentina.
Para el desarrollismo, Argentina era un país subdesarrollado. Si bien nuestro país
se había detenido en su crecimiento, bastante por debajo de las potencias
europeas y de Estados Unidos, poco tenía que ver con el verdadero mundo
subdesarrollado, aquel de economías primarias y bajísimos niveles de desarrollo
material y cultural. Argentina tenía un PBI elevado, producía alimentos y artículos
livianos, contaba con importantes índices de poder adquisitivo, analfabetismo bajo,
etc. Sin embargo, para el desarrollismo lo que define el atraso de las naciones es
la relación entre el desenvolvimiento de las economías primarias y las economías
industriales, proceso que lleva a pauperizar las primeras y a enriquecer las
segundas, pensado desde la ley de concentración de capital.
La relación entre países productores e industriales se mantiene, pero con cambios
originados a partir de adelantos científicos y tecnológicos en la forma de
producción, a partir de volcar los excedentes productivos en nuevos bienes de
capital. Esta acumulación se da a través de los monopolios que regulan el
mercado, permitiendo modernizar el aparato productivo a la par que reduce
costos. Determinando y controlando precios, así como también los sectores a los
que conviene expandir o reducir. Entiende así, a país subdesarrollado, aquel que,
a pesar de contar con buenos ingresos, no puede mantener una estructura
productiva primaria capaz de proveer a la comunidad de los recursos necesarios
para un crecimiento sostenido, en una época de concentración de capital y
tecnología en centros industriales.
Estos recursos, ya no alcanzan por varios motivos. Entre ellos encuentra la
triplicación de la economía, en detrimento de actividades ganaderas y
agropecuarias que no lo hicieron, exportando muchísimo menos que hace medio
siglo, la falta de capitales impidió una modernización del agro, impidiendo
modernizar exportaciones y aumentar el consumo interno. La elevación del nivel
de vida, diversificando una demandad de bienes volumen, dando lugar a una
industria liviana de alta calidad, pero también generando una necesidad de
materias primas industriales (combustible, energía, maquinaria) que eran muy
costosos y que se mantenían en aumento, frente a la baja de las materias primas.
Soluciones a problemas varios.
Capitales extranjeros.
Para el desarrollismo, el capital extranjero es un elemento dinamizador del
desarrollo. La ampliación de crédito extranjero para asegurar continuidad de
abastecimientos, el pago de deudas y el financiar grandes inversiones es suicida,
y acaba en un empobrecimiento de la nación, aunque hay veces en que los
ahorros nacionales no alcanzan para suplir esos gastos e inversiones que requiere
el funcionamiento económico, por eso pondera el aceptar y promover el aporte de
capital extranjero privado, para sectores básicos de la economía nacional, en
áreas que se interesa agilizar.
Frente a las críticas de afectación de la soberanía nacional, el desarrollismo
distingue de dos tipos de inversiones extranjeras. Una incorporada con el objetivo
de obtener el dominio de fuentes de materias primas, para abastecer centros
industriales en el exterior, que necesitan mantener costos productivos bajos y que
acaba rivalizando con el progreso económico y social. Mientras que la otra se
opone a este modelo, ya que se trata de capitales que se incorporan en función de
las necesidades del mercado interno, de modo que suplan la incapacidad
financiera de los países, permitiendo reemplazar con producción local, aquello
importado. Estos capitales, en palabras desarrollistas, integran y fortifican las
economías, independizándolas del intercambio exterior.
En Argentina se conoce el primer tipo de inversiones, que primero contribuyeron a
la producción y a desarrollar el transporte de materias primas hacia los mercados
exteriores. Se construyeron puertos, caminos y se extendieron las vías férreas,
permitiendo expandir la actividad económica, pero se formó una estructura que
obedecía intereses extranjeros, y que obstaculizarían el desarrollo argentino. El
desarrollismo critica este tipo de inversiones extranjeras, y pondera que el estado
le ponga un límite a la expansión.
Frigerio dirá que, para realizar un nacionalismo económico, hay que atraer
capitales extranjeros. En el subdesarrollo, no hay capital para instalar industrias
básicas mi para construir infraestructura, las inversiones indispensables para
superar los esquemas económicos coloniales son básicas para constituir un
nacionalismo económico. Por esto, hay que estimular la inversión que provenga
del ahorro nacional, y destinarla hacia actividades convenientes, a la vez que se la
complementa con un aporte financiero externo. Cuando los estados determinan la
estrategia y prioridades del desarrollo, y aplican allí los capitales, estamos en
presencia de un capital positivo. Lo que determina el signo positivo o negativo de
un capital no es su origen, sino su destino.
Esta postura frente al capital cuenta con muchas críticas concretas. La recepción
de las inversiones extranjeras en cada país, conforman una piedra fundamental de
la teoría desarrollista. La claridad política que exista en un país, para determinar
qué inversión conviene respaldad y cuáles no, determinara también que capital,
local o no, pueda atentar contra la soberanía nacional. Frigerio entabla que, si las
fuerzas nacionales y políticas están alineadas, el capital extranjero no es peligroso
para un país.
Otro punto de choque radica en que coincidan los intereses de los inversores
extranjeros con los intereses nacionales. Los capitales extranjeros no buscan
afrontar riesgos, solo quieren un mercado local, que tenga capacidad de consumo
y con seguridad legal y de estabilidad social. Esto no es sencillo de garantizar en
países subdesarrollados, por eso los inversionistas extranjeros buscan áreas en
función de un mercado real y positivo. Lo que hay que hacer es orientar el interés
inversionista en un sentido acorde con los intereses nacionales, a la siderurgia,
petroquímica, maquinarias y vehículos, minería, bosques, etc., a partir de crear
centros económicos que se distribuyan por el territorio nacional, estimulando
actividades por fuera de la capital y generando trabajo genuino.
Uno de los objetivos a destinar el capital es asegurar el autoabastecimiento
energético, a la par que se promueve la industria básica y siderúrgica. El primer
paso es establecer los rubros que interesan promocionar (petróleo, acero, carbón,
energía).
Frente a quienes sostiene que el imperialismo económico solo se dedica a
saquear los intereses latinoamericanos, Frigerio aporta que el imperialismo y el
monopolio son sistemas que crean competencia entre las empresas dominantes, y
que el movimiento nacional debe aprovechar la fuerza de estos adversarios en pos
del desarrollo nacional.
Las prioridades y el ritmo.
Sin prioridades no hay desarrollo, el orden de las mismas constituye un elemento
fundamental de una verdadera planificación.
El énfasis mayor tiene que estar en el sector productivo de los medios de
producción (energía, acero, quimia y maquinarias). Cuando se establezca la
prioridad de las industrias de industrias, se tiene que proceder con las ramas que
se beneficiarán en un primer momento, orientando la política a promocionar la
inversión.
El establecer prioridades es un cimiento para los modelos desarrollistas. El elegir
las ramas prioritarias constituye un problema a resolver en función de las
circunstancias y de las oportunidades con que se cuente. En Argentina serán el
petróleo, por la gran cantidad de reservas con que cuenta el país y lo costoso que
representaba importarlo, la siderurgia, la energía, que verá su consumo elevado
por la dinamización de la actividad en su conjunto, el acero, exigido como base del
desarrollo industrial y de las maquinarias, junto a su alto costo importador, química
pesada, la productividad agropecuaria y la modernización del transporte.
Otra prioridad será recuperar la posición exportadora del país. Para competir con
Norteamérica y Oceanía hay que modernizar la producción agropecuaria, por
medio de maquinarias modernas, empleando fertilizantes y plaguicidas, volcando
al agro insumos financieros y técnicos que se originan por el desarrollo integral de
la industria. Acompañado de una política exportadora que vaya desde subsidiar a
los productores, pasando por facilidades y estímulos impositivos para exportar en
condiciones competitivas, por medio de una sociedad cuya economía industrial
que emplee los excedentes económicos industriales para incrementar la
productividad.
El desarrollismo no quiere que Argentina renuncie a ser exportador de alimentos y
se limite a ser únicamente industrial, sino que sostiene que no puede haber
desarrollo y expansión del agro sin base industrial, sin tecnología. Modernizar el
agro y aumentar la productividad demanda capital, tecnología, máquinas y
química, así como también energía, combustible, transporte y comunicaciones. No
puede aumentarse la producción agropecuaria sin factores importados, así, el
desarrollo integral de la economía es el punto de partido para aumentar la
capacidad exportadora y no que esta es la base para edificar la industria. No
existen economías agrarias avanzadas en medio de sociedades no integradas o
industrialmente atrasadas.
Junto a estas prioridades, se habla de alcanzar un ritmo desarrollista. En nuestra
época, caracterizada por la renovación tecnológica marcada, que exige una
planificación en expansión económica, necesita que todo este acompañado por un
ritmo muy acelerado y vertiginoso.
Estatizar o privatizar.
Para el desarrollismo, no existe posibilidad de desarrollo sin participación del
estado en determinar e instrumentación de la política económica. Elaborar una
estrategia general, crear condiciones que promuevan una inversión local y
externa, canalizarla hacia lugares geográficos y ramas industriales, son
atribuciones del gobierno nacional. Es un error caer en la dicotomía entre quienes
afirman que el estado es un seguro contra la influencia del monopolio y quienes
afirman la ineficiencia de la gestión estatal, aunque es un error afirmar que las
empresas estatales son una garantía de independencia económica. El
desarrollismo prefiere la gestión privada a la pública.
Frigerio sostiene que se oponen a que el estado sustituya a las empresas
privadas, pero que el estado tiene que fijar prioridades a la par que emplea
instrumentos económicos para direccionar el proceso económico. Si el estado
asume funciones empresariales que no puede cumplir, no defiende la soberanía,
sino que debilita el aparato productivo. El estado no tiene que sustituir a la
industria privada, ni mucho menos ahogarla, pero no puede dejarla en manos del
libre mercado. Tiene que orientarla por medio de los instrumentos de estímulo-
inhibición con que cuenta.
El problema agropecuario.
Varias tesis de izquierda, han sugerido a lo largo de la historia que el problema
agropecuario es culpa de la tenencia de la tierra por parte de la oligarquía
terrateniente, que es necesario expropiar y dividir el latifundio, y que es necesario
favorecer explotaciones familiares. El desarrollismo discrepa totalmente con esta
postura, el problema agrario no puede separarse del problema del subdesarrollo.
En Argentina no existe la producción campesina de subsistencia pre capitalista, no
se dan las condiciones que impulsaron las reformas agrarias en otras naciones,
porque ellos eran países atrasados y campesinos en los que era necesario liberar
la economía rural de un sistema cuasideudal. En nuestro país, el sector agrario
está integrado por empresas capitalistas, es extensivo y tecnificado, y experimenta
con formas de producción que nada tienen que ver con el régimen de tenencia de
la tierra.
Nuestro problema es económico. El campo fue prospero, en el marco de la
división internacional del trabajo, en cuento se podían asegurar ingresos
suficientes para sostener el resto de la actividad económica. Hoy, la actividad
agropecuaria se congelo a niveles de hace cuatro décadas atrás. Ni la
productividad de la tierra, ni el ascenso social de la población rural, ni el éxodo
rural tiene que ver con el problema jurídico de la tenencia de la tierra, ni la
trasferencia de la propiedad, sino que se vincula con la promoción de invertir
capitales en el sector. La meta económica desarrollista es construir industrias
pesadas que se integren en un dinámico mercado interno.
Política monetaria.
La fórmula de desarrollo y estabilización requiere de dos planes para cumplirse.
En primer lugar, requiere un plan de desarrollo, tendiente a una movilización
económica integral de los sectores básicos (petróleo, carbón, siderurgia,
petroquímica, etc.), y en segundo lugar debe subordinar el hecho financiero, al
económico, por medio de un plan de estabilización, creando riquezas y
distribuyéndolas por medio del sentido social. Repartir, luego de haber establecido
las condiciones para que se expanda la economía.
Este plan contentaría a sectores agropecuarios, por medio de la estabilización, y a
los industriales por medio del desarrollo. Ambos planes están ligados al tema de la
política monetaria. Estas refieren al mecanismo de circulación de bienes, no al
productivo. Las monedas miden los valores de los productos, no los valorizan. El
aumento de circulación monetaria depende de que aumente la producción, que
exige muchos medios de pago; que escasee la producción y se eleven los precios,
y la velocidad de circulación. Los fenómenos monetarios son un fenómeno de los
fenómenos productivos.
Mediante medidas de expansión o contracción monetarias, los estados alientan o
desalientan inversiones en diversos rubros. El ordenamiento fiscal, reducir costos
burocráticos y el déficit estatal, es una medida indispensable para que ahorre el
estado y se reduzca la presión tributaria sobre la economía, permitiendo que se
canalicen inversiones con mayor facilidad. Nunca pueden someterse los
desarrollos productivos a este ordenamiento, no se puede equilibrar el
presupuesto por medio de la suba de impuestos o postergando gastos y obras. Si
la política monetaria se subordina al desarrollo, la estabilidad será resultado de un
proceso dinámico de la economía y la moneda se sostendrá en la expansión
productiva.
Una política estabilizadora desarrollista tiene varios pasos. Los estados y sus
empresas deben renunciar a cualquier agente superfluo, asegurando que este sea
reabsorbido por otra actividad. Debe anular el déficit presupuestario, transfiriendo
esos sectores a manos de privados, esto no se trata de desnacionalizar, sino de
intervenir en la prestación de servicios, siempre que sean indispensables para
defender intereses nacionales. Ordenar las inversiones en un plan de expansión.
Realizar reformas impositivas a partir de criterios económicos y no fiscales.
Paz social.
Para llevar adelante este programa, el desarrollismo requiere una sólida base,
constituida por la integración y la paz social. La integración se refiere a lo nacional,
una unidad de toda la Nación, para lo cual debe, entre otras cosas, repartir en el
interior centros de concentración, producción y consumo, así como también será
fundamental proteger la periferia y unificar el mercado interno.
El crecimiento requiere un clima básico de paz social, lograda por medio de
integrar todos los sectores del país. Dicha paz tiene que ser dinámica y eficiente,
sin estar sometida a ningún sector. Predica así el fortalecimiento del gremialismo y
de los empresarios, rechazando el crear organismos específicos para concretar
políticas, al margen del parlamento.
Apunte sobre la Constitución peronista de 1949.
La constitución de 1949 no fue acto de un poder constituyente originario, sino el
ejercicio del poder constituyente derivado por la constitución de 1853-60. A
grandes rasgos no modifico la estructura tradicional de 1853, ya que mantuvo la
parte dogmática (declaraciones, derechos, garantías) y su parte orgánica
(estructura poderes). Tampoco innovo en su carácter rígido ni modifico la forma
representativa, republicana y federal, sino que incorporo derecho y garantías
individuales (habeas corpus, beneficio de la duda, irretroactividad penal, etc.).
Podría decirse que perfeccionó a la de 1853 en algunos aspectos.
Conservó el preámbulo, aunque lo doto del tríptico ideológico de las banderas
peronistas.
La Constitución.
Por definición, la constitución de una comunidad política es aquella que explica
cómo están distribuidas las funciones de los poderes, cual sector es dominante
políticamente, cual es el fin de la comunidad. Aristóteles dirá que constitución y
sector social dominante son los mismos, porque ese grupo es quien conforma el
régimen político.
En Argentina la constitución llegó en 1853, impuesta por las provincias de la
Confederación Argentina, y adecuada 7 años más tarde a los intereses de Buenos
Aires como ciudad. La primera carta fundamental era de carácter burgués-liberal,
preservaba el equilibrio de poderes locales, organizando a partir de allí el estado
nacional. El principio de que el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus
representantes era llevado adelante en forma indirecta. Los habitantes no elegían
senadores (elegidos por legislaturas provinciales), ni poder judicial (elegido por
acuerdo de presidente y senado), ni presidente o vice (por junta de electores).
Solo elegían diputados, y a veces ni siquiera, recordemos los límites del acceso al
voto que se encontraban planteados, solo votaban los sectores dignos.
El modelo liberal de la constitución entro en crisis a partir del final de la primera
guerra mundial. Países que seguían lineamientos similares en materia de
libertades económicas y roles estatales, quedaban cada vez más socavados por
las principales experiencias europeas y norteamericanas.
En las facultades de derecho en argentina, el adjetivo nuevo comenzó a
emplearse para indicar un predominio de lo social sobre lo individual, del
intervencionismo por sobre el liberalismo. Alfredo Palacios fue quien comenzó a
enseñar sobre las necesidades de nacionalizar recursos para resguardarse del
imperialismo. Carlos Ibarguren anhelaba reformas que impliquen ejecutivos
fuertes, parlamentos débiles, y una representación de intereses sociales en el
estado.
Fue a partir de la década de 1930-40 cuando se formó un movimiento de opinión
nacional que tendía promover la independencia argentina de los capitales
extranjeros. En ese entonces, la vida política se desarrollaba detrás del fraude
electoral, las minorías continuaban gobernando. Luego del golpe de 1943 se hizo
presente un movimiento nacional de clases obreras cuyas manifestaciones
alcanzarían un punto de inflexión en 1945, proclamando a Perón como líder del
movimiento obrero-nacionalista en Argentina.
Cien años después, la constitución de Alberdi era definitivamente obsoleta. En sus
escritos, muy modernos en su tiempo, no contemplaban herramientas para
proteger al país del imperialismo, sino justamente para abrirlo a empresas
extranjeras. Un estado representativo de las masas ciudadanas no era conviviente
con uno oligárquico. Debía armarse una nueva constitución que significase una
economía planificada, que mantenga derechos individuales, que contemple una
posición diferente del comunismo y del liberalismo manchesteriano. En 1949
Argentina comenzó a suscribir al constitucionalismo social, orientado a buscar el
equilibrio entre derechos individuales y sociales.
El Estado.
El estado es una unidad de orden. Los liberales lo ven como una institución
diferente de la sociedad, que impedía a la sociedad acceder al manejo del estado.
Para la constitución de 1949 la sociedad se organiza políticamente en el estado,
que será entendido como gerente del bien común, ya que además de las
funciones que le serán propias, será encargado de ejecutar las llaves económicas
que se encontraban en manos del privado. El estado dejaría de estar neutralizado,
para pasar a un rol de intervencionismo. Así, la nueva constitución estatizo bancos
oficiales y la banca central, decretando que la organización y explotación de la
riqueza tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico,
conforme a los principios de la justicia social. Económicamente, el estado tenía la
facultad de intervenir la actividad y monopolizar o desmonopolizar determinadas
actividades, en salvataje de los intereses generales, confiriéndose así lo relativo a
importar-exportar, y administrar servicios públicos. Consagró que los recursos y
fuentes de energía son imprescriptibles e inalienables de la nación. Incluso fijo
condiciones de expropiación de sectores, a ser acordadas con ejecutivos
provinciales.
Democracia.
La democracia es una de las diversas formas de gobierno que se diferencia de las
demás, dependiendo de quién ostente el poder. La democracia es el gobierno de
la mayoría, atendiendo al interés general. Anteriormente, en nuestro país se
asociaba tal concepto al “gobierno de los democráticos”, justificando o legitimando
muchos años de aristocracia oligárquica. Esto se mantuvo hasta 1916, año en que
la ley Sáenz Peña consagró a Yrigoyen como presidente. Sin embargo, aún
quedaban elementos aristocráticos con un importante poder, aun se mantenían las
formas de elección detalladas anteriormente.
La constitución de 1949 dispuso que presidente y vicepresidente sean electos por
el pueblo, y en la pluralidad de los sufragios y que podían ser reelectos. Los
senadores serían elegidos por el pueblo, al que ahora también se añadió a las
mujeres.
La propiedad.
Las ideas constitucionales del 49, se basaban en las enseñanzas de Santo
Tomas, quien entendía que toda la tierra y sus pertenencias son de Dios, y los
hombres pueden poseerlas y servirse de ellas para rendir gloria a dios. La
posesión de la propiedad, no implica así un derecho absoluto, ya que uno tiene
que realizar una función orientada en el bien común
Con esta influencia, la propiedad privada tendrá una función social y estará
sometida a obligaciones establecidas por la ley. El campo tendrá una función
social, por medio de la cual el estado podrá fiscalizar su distribución y utilización,
para garantizar el desarrollo e incremento del rendimiento en interés de la
comunidad, procurando a las familias la posibilidad de poseer la tierra. El capital
tendrá la función social de estar al servicio de la economía nacional, tomando
como principal objeto el bienestar social. Las empresas tendrán la función social
de aspirar al bienestar del pueblo, dentro de un orden económico.
Estas reformas adoptaban la teoría del abuso del derecho, ya que aquel abuso
que perjudique a la comunidad o que lleve al hombre a cualquier forma de
explotación, configurara un delito penado por la ley. Por ultimo reviso la teoría de
la autonomía de la voluntad del contrato como una institución que se reducía a
ámbitos de convenciones particulares, otorgando a los sindicatos la calidad de
organismos de defensa de intereses del trabajador.
La soberanía.
En un afán modernizador, en 1853 se abrió el país a todo hombre del mundo que
quisiera habitar nuestro territorio, con todos los derechos del ciudadano nacional, y
se facilitó la llegada de capitales de origen foráneo. El sistema liberal posibilito la
acción de grandes intereses económicos extranjeros, influirían la actividad política
en sus intereses comerciales.
La nueva constitución prohibió tales aspiraciones, impidiendo que los funcionarios
de empresas internacionales desempeñen funciones públicas. Supedito para la
defensa y seguridad común del estado a la libre navegación de los ríos, impuso
nuevos criterios de nacionalización para la ciudadanía, impidió exenciones
impositivas lesivas para el interés nacional, y nacionalizo todas las riquezas
fundamentales del país (servicios públicos, sistema financiero y de intercambio
comercial). Se aspiraba a concretar una soberanía nacional, por medio de
reformas que llevasen al país a una administración sin tutorías extranjeras y sin
ponderar otro interés que el del pueblo argentino.
La Justicia.
Santo Tomás, dirá que la justicia distributiva es aquella que es debida por la
comunidad, a sus miembros, mientras que la justicia conmutativa es la que los
particulares se deben entre sí, y la justicia social el aquella que los miembros
deben a la comunidad. La justicia en la constitución de 1949 es justicialista, es una
idea medular.
El estado se inspiraría en un bien común, sustentado en un régimen que asegure
el control político de las masas, la propiedad basada en una función social,
incorporando como derechos esenciales, la protección del trabajo, entendiéndolo
como una forma de libertad y como condición de dignificación, promulgando su
tutela en todas las formas, ya que era un elemento para satisfacer necesidades
espirituales y materiales. Se dictaron normas que entendían a la familia como una
institución y núcleo primario de la sociedad, expulsando el individualismo, y
elevando como derechos, las cuestiones de la ancianidad y la asistencia, así como
también de la educación y la cultura como complementos de los derechos
especiales.
Entrevistas de Carlos Strasser. Rodolfo Ghioldi.
La izquierda y la derecha.
Es de izquierda aquello que se opone a lo que caduca en el plano político y social,
pugnando por hacer triunfar nuevas condiciones. Frente al capitalismo, la
izquierda es el socialismo, frente al imperialismo será el anticolonialismo. En las
condiciones del país, la izquierda es aquella que busca la destrucción del sistema
latifundista, la independencia económica frente al imperialismo, la democracia
verdadera y el bienestar popular.
La amplitud de demandas y reivindicaciones, permite que el movimiento sea
susceptible de abarcar fuerzas sociales muy desemejantes, siempre y cuando
estén interesadas en las reformas que vayan en medida con tales demandas.
Ghioldi ponderará la necesidad de agrupar las fuerzas políticas que compartan
tales reivindicaciones, dentro de un gran frente popular, para así crear un gobierno
apoyado en la clase obrero, el pueblo y las clases progresistas.
La izquierda en el proceso democrático.
El partido socialista cedió ante la corriente liberal-burguesa que se apodero de su
comando, desde allí se volvió un elemento de choque contra el radicalismo, casi
indiferenciable de los grupos conservadores. En cambio, la fundación del partido
comunista, vino a coronar el proceso de restablecimiento del marxismo en
Argentina, afirmando los objetivos de la internacional antiimperialista, defendiendo
a la clase obrera, y popularizando a la revolución de octubre. Sin embargo, este
joven partido cometió muchos errores, que se atribuyen a la difícil tarea de asimilar
el marxismo-leninismo y de implementarlo con los trabajadores.
Respecto de Yrigoyen, dirá que se equivocó en su heterogeneidad social y en
mantener vínculos con la oligarquía y el imperialismo. Se dedicó a vacilar entre
medidas populares y el capitular ante las fuerzas de choque del verdadero poder.
Peronismo.
Sin desplazamiento de clases en el poder y sin sustituir un sistema social por uno
más avanzado, no hay revolución. Si una conglomeración social llega al poder,
pero deja intactas las viejas estructuras o se propone restablecer una forma social
que se desalojó en el pasado, no hay revolución, a lo sumo puede ser
contrarrevolucionario. Aun si este movimiento cuenta con un vasto apoyo popular.
Por esto es un error evidente que lo de 1945 no fue una revolución.
Perón no toco el monopolio imperialista, la oligarquía conserva todos sus
privilegios. Algunos pueden sugerir que el poder peronista es revolucionario por su
coincidencia con la industrialización del país, pero es falso, el solo aspirar a eso no
es un acto revolucionario. Tampoco es revolucionario el masivo apoyo popular con
que contó el movimiento. El mayor o menor apoyo popular no incumbe ni en
superioridad de personajes sobre otros, ni en su carácter revolucionario.
Pensemos sino en los casos de Rosas, o del fascismo, el cual llegó al poder por
medio de un plan de gobierno que contenía varios elementos revolucionarios. Si
vamos a los votos que legitiman los gobiernos, recordemos que Hitler llegó al
poder por medio de la democracia.
El fascismo es el poder del capital financiero, que apareció como un tercer partido,
independiente de la clase obrera y de la clase capitalista, y que quiso ser
presentado como una expresión política moderna.
Frondizismo.
La extrema derecha apoyó a Frondizi, de acuerdo a los compromisos que este
asumió ante ella. La política económica-social del gobierno radical fue derechista.
El partido comunista intentó negociar con los partidos democráticos y populares
para conformar un frente común para solucionar problemas políticos, y esto resultó
del no deseo de los otros partidos de conformar tal frente, como de la respuesta
de la UCRI que ratificó sus compromisos. Nuestro partido decidió volcar su apoyo
a una solución que no defienda la continuidad del modelo militar. La UCRI
aglutinaba un importante sector antiimperialista, nos sorprendió su vuelco político.
Respecto del imperialismo, dirá que no existe ningún imperialismo bueno ni malo,
la política que llame a utilizar a unos contra otros está llamada a fracasar
ineludiblemente, y eso han hecho Perón y Frondizi. Aunque reconoce que si se
puede sacar provecho de las contradicciones y competencias entre imperialismos
de diferentes naciones. El imperialismo no puede ayudar a ningún desarrollo
industrial o económico en general, solo importan factores de degradación
económica.
La situación del país cuando asumió Frondizi eran graves, pero no catastróficas o
de crisis total como han intentado hacer creer los radicales. Pero será cada vez
peor si no se resuelven los problemas fundamentales que nos aquejan. Nuestro
país tiene incontables recursos que están dormidos y acaparados por el latifundio
y el monopolio extranjero. Las nacionalizaciones y ruptura del latifundio podrían
romper el modelo.
Una revolución democrática-burguesa interesa a los obreros, campesinos y a la
burguesía nacional, porque es, por definición, agraria y antiimperialista. Los
terratenientes ponen trabas al mercado interior y al colocar capitales en el campo,
las empresas extranjeras truncan el desarrollo de las empresas locales. Las
experiencias confirman que una revolución sin el respaldo de la clase obrera
quedará a medio completar. La conducción burguesa implica, por razones de
clase, vacilar ante el imperialismo y oponerse al desarrollo político proletario. En
Argentina, los intereses de la burguesía nacional se oponen al plan frondizista,
que es bien visto por terratenientes y oligárquicos.
El declive de los partidos de izquierda en Argentina.
El partido comunista no es tan minoritario como se lo presenta. La legislación
reaccionaria y discriminatoria de 1930 y subsiguiente nos limitó mucho. El poder
participar libremente de reuniones y contar con libertad de prensa, nuestras
perspectivas serían mayores.
Los movimientos estudiantiles han jugado un papel muy importante en el frente
cultural y político-social de argentina. Los problemas universitarios son
inseparables de los problemas de la sociedad en conjunto.
La izquierda internacional cuenta con aspectos muy llamativos. Los países que
adoptaron caminos no leninistas, como Yugoslavia, se han estancado a nivel
ciudad y a nivel campo; en contraste con el impetuoso desarrollo de los países
verdaderamente socialistas. El vigor de estos sistemas confirma que el capitalismo
ya no es el único sistema mundial, a la par que pondera que los países
latinoamericanos cuentan con grandes posibilidades de desarrollo a partir de
salidas socialistas.
Un camino nacional hacia el socialismo, fue usado como expresión para subrayar
que cada pueblo pone en la transformación socialista, el matiz de sus
peculiaridades históricas, incluyendo sus tradiciones políticas e institucionales. El
único defecto con que cuenta es que puede originar dudas sobre la validez
universal de las leyes de desarrollo para que triunfe una revolución socialista.
Jorge Abelardo Ramos.
La izquierda, la derecha y su evolución histórica en democracia.
La clasificación francesa de los partidos políticos modernos sirve para poco, si
tratamos de comprender problemas de países coloniales, semicoloniales o
subdesarrollados. Dentro del campo de la izquierda, hoy están los matices
reformistas y revolucionarios.
En Argentina, recibimos un esquema económico y político al que tuvimos que
acomodarnos. Llegaron manufacturas e inmigrantes a reemplazar la vieja
economía pre capitalista. El imperialismo creo una estructura política y jurídica que
dejó atrás el modelo del PAN, remodelando a su imagen y semejanza los partidos
clásicos, influyendo incluso en la creación de nuevos movimientos. La llegada de
mano de obra europea creo un proletariado muy original, los dueños eran
anglosajones pero los trabajadores meridionales, ambos grupos desvinculados
totalmente del pasado histórico del país. Eran fragmentos de la sociedad europea,
trasplantados en América.
El obrero inmigrante encontró un marco natural para sus luchas, dentro de, por
ejemplo, el partido socialista. Quienes eran de izquierda en Europa, también lo
serían aquí. La composición de la sociedad argentina, era idónea para la lucha de
clases que buscaban profesar. El socialismo que llegó a Argentina y que se
ponderó en el país desde el primer momento, fue muy moderado. El socialismo de
Justo, inculcó ideas de librecambio, de desconfianza hacia el interior y de
admiración por la colonial socialdemocracia europea. Justo era completamente
incompetente para elaborar políticas nacionales proletarias.
Esto generó que los obreros porteños se aíslen de las masas obreras del interior,
las cuales carecían de legislación protectora y de un partido que las aglutine. Mire
si no podrían haber encontrado una buena masa social allí, un partido socialista
genuino y rural. El socialismo europeo era porteño, antinacional y reformista.
Profesaba el internacionalismo, eran indiferentes a las luchas nacionales en
América, rechazaban el militarismo y su injerencia en asuntos públicos. No
intervenían en la historia. Jamás comprendieron el marxismo. Los partidos de
izquierda no tendrán lugar en Argentina si se dedican a continuar la tradición
marxista sin comprenderla en nuestro país. Es necesario proceder ante toda
cuestión, sea Yrigoyen, militares, Perón o Frondizi, como tales, como marxistas.
Nuestro partido socialista es revolucionario y latinoamericano del siglo xx, y
queremos triunfar como lo manda el socialismo, a partir de las condiciones que
heredamos del pasado. La correlación de tareas socialistas con la democracia, es
fijada por el desarrollo económico del país y la madurez política de las masas. Los
partidos de izquierda que supieron surgir, pretendían erróneamente retornar al
marxismo, pero sin pasar por la realidad latinoamericana. Estos partidos, surgían
con gran ímpetu, pero sin programa aparente, por lo que las tendencias
estalinistas los absorbieron y destruyeron desde adentro, arruinando a políticos
con gran proyección, como paso con Ghioldi.
Recién en 1943 los socialistas mostraron si verdadera fidelidad. Pasaron de ser
enemigos del yrigoyenismo, a solidarizarse con el golpe en 1930, y a ser en cierta
forma, colaboradores de la década infame y nuevamente rupturistas. Tristemente
el partido socialista no pudo captar el crecimiento de las clases obreras originados
a partir de la industrialización. Es más, en octubre del 45, los propios socialistas se
vieron superador e incrédulos ante la arremetida popular en defensa del
peronismo.
Su contraparte comunista, surge de un desprendimiento del partido socialista en
1918, como grupo propagandístico del comunismo estalinista que se desarrollaba
en Rusia, llegando a configurar un efectivo agente de propaganda para 1930.
Condenarán a Yrigoyen de fascista, pero serán el ala izquierdista de la década
infame, controlando la CGT con los socialistas amarillos (grupo de Justo y
criticado atrás, buscando formar un acuerdo con las oligarquías pro británicas,
siguiendo la idea estalinista de armar bloques “democráticos”.
Cuando Alemania invade Polonia con ayuda de la URSS, se ponderan
neutralistas, postura que se verá afectada cuando se de la Operación Barbirroja,
allí se intentaría de todas formas que Argentina declare la guerra al Eje. Tras
1943, el grupo comunista intentará dilapidar la ascensión peronista con cualquier
elemento que disponga, llegando incluso a participar en la Unión Democrática.
El Peronismo.
Para 1943, luego del último golpe, la política era un asunto casi exclusivo de los
militares, los oligarcas podían sobrevivir en el poder, con cierta complicidad con
este grupo y el radicalismo de Alvear. Los partidos obreros participaban de este
régimen mirando de costado. El golpe, le devolvió mucha libertad a las fuerzas
sociales que estaban reprimidas por el poder político-militar, y la situación era
crítica. La industria necesitaba de apoyo estatal para encarar una remodelación, y
la clase trabajadora no contaba ni con sindicatos ni con partidos representativos.
Ni la burguesía nacional ni el proletariado contaba con elementos políticos-
partidistas. La figura de Perón, emerge en este vacío de representación política, e
irá construyendo su poder a partir de dos factores, la traición de los partidos
obreros a sus principios y misión elemental, y en el apoyo del ejército, a partir de
militares nacionalistas que compartían los intereses industriales y de política
interior-exterior de Perón.
Las derrotas de Hitler y Mussolini, dejaron al nacionalismo sin una base mundial
de apoyo, con la necesidad de encontrar una base popular de apoyo a su política.
Este factor será capitalizado por Perón para tomar a los mejores elementos
neutralistas de las fuerzas armadas. A partir de una estimulación de iniciativa de
los trabajadores, la clase obrera criolla, sin tradición sindical ni política, se unió y
enfiló detrás de la figura de un Perón, que era ignorado por los altos mandos
militares, hasta un punto en que ya no podían detenerlo.
El frente con el que Perón llego al poder era una coalición nacional antiimperialista
que nucleaba ejército, iglesia, burguesía, burocracia y obreros. Su orientación
política fue un nacionalismo burgués con desarrollo del capitalismo nativo,
nacionalizaciones, modernización del país, proteccionismo agrario, creación de
una flota mercante, obras de interés general, a costa de los capitales oligárquicos
y de los terratenientes agrícolas. Su política económica se divide en dos etapas,
una primera orientada a los intereses de las industrias livianas, y la segunda
orientada al crecimiento pesado. Pero la sequía y el autoabastecimiento
energético petrolero, pusieron fin al plan peronista.
Pero no nos engañemos, el verdadero sostén del gobierno fue el ejército. La clase
obrera quiso intervenir como fuerza organizándose en un partido político
independiente y Perón lo impidió. El partido peronista fue una ficción burocrática
que se agotó cuando los militares retiraron su apoyo. El peronismo fue
bonapartista, un gobierno fundado en el poder militar, en la burocracia y la policía.
Pero entiéndase, que era una burocracia que expresaba, en parte, intereses
nacionales a partir de un capitalismo de estado, elemento central del peronismo,
junto al paulatino beneficio de los intereses nacionales de los obreros, que se
verán expresados en las constantes mejoras de condiciones laborales y derechos,
expresados en la constitución de 1949.
Perón existió, porque las fuerzas de izquierda eran inexistentes en 1945. Si
hubiera existido un partido obrero consolidado en ese entonces, Perón habría
tenido que concesionar a sus demandas, e incluir representantes de izquierda en
el gabinete. Como no fue una necesidad de su tiempo, no solo no lo hizo, sino que
implemento un estado policial para con todo aquel que lo criticase, incluido si
venía desde su propio movimiento. Esta intolerancia le costó el poder, ya que
cuando quiso democratizar el movimiento, no contaba con elementos para
negociar con los demás partidos opositores.
El peronismo dejó algunos saldos positivos, para la clase obrera dejo una
formidable red de sindicatos industriales y una conciencia política del interés
nacional. Incorporó al proletariado y a las masas desposeídas a la vida política,
incluyó a la mujer al debate político, y alzó el nivel de los problemas nacionales.
Antes del peronismo, la política se debatía entre militares y oligarcas, ahora
participa el pueblo.
Frondizismo.
El peronismo ya no es un frente de clases, solo queda la clase obrera como su
fuerza más importante, sin embargo, esta clase todavía no está en condiciones de
dictar la política del país, sino que lo pueden hacer a partir de sus intereses u
fuerzas particulares, las clases poderosas.
En base a esto, el frondizismo se configuró como un movimiento de clase media,
que cambio su rumbo una vez en el poder. El triunfo de Frondizi se debió a la
negociación con Aramburu, obligado a acordar por la presión militar y el
aislamiento de su gobierno militar. Antes de asumir, el radical ya contaba con
aliados en la burocracia, las fuerzas armadas y en la diplomacia. Por último, le
sumo un acuerdo con Perón, quien acudió a prestarle su fuerza de votos, a
cambio de volver a legalizar su movimiento, cosa que incumpliría.
Frigerio y compañía encararon una gran campaña para mostrar a Frondizi como
un nacionalista patriota, como un hombre importante y honesto en época de la
década infame, como responsable de reencausar el radicalismo alvearista.
Frigerio inventó un caudillo. El descalabro que sufrieron las fuerzas nacionalistas,
Frondizi llegó como un candidato bastante aceptable para el común de la
sociedad. Ex diputado de la Unión Democrática, pro estalinista y democrático,
inspiraba confianza en la oligarquía, sin ameritar una proscripción de parte de los
militares. Los viejos aliados de Perón, la burguesía nacional, el peronismo sin
Perón, y la vieja FORJA, vio una oportunidad de llevar a la presidencia a un
intransigente, en todo sentido de la palabra, y quitarles el poder a los militares más
gorilas.
La presencia del grupo burgués estalinista de Frigerio, llevó al fracaso este
experimento. Es un movimiento que carece de ideología y política, por todos los
sectores que amalgama, ninguno puede imponer ninguna directriz sin molestar a
otro. Frondizi es débil personalmente, su gobierno carece de ideología, la
sociedad está dispersa y el imperialismo presiona con fuerza. Poco podrá hacer.
Apunte, en torno a lo nacional: un dialogo entre Arregui y Agosti.
Luego del derrocamiento de Perón, las disputas intelectuales por interpretar el
fenómeno peronista fueron acompañados de un resurgimiento del revisionismo
histórico, a partir de tendencias de izquierda nacional y de nacionalismo popular.
Tanto Agosti como Arregui participaron de los debates intelectuales que se
produjeron en la década del 50.
Agosti fue afiliado al partido comunista y planteará sus análisis desde el marxismo
tradicional, mientras que Arregui comenzó como radical personalista y recién en
1947 se sumó al peronismo y planteará su análisis en el marxismo nacional.
Lo nacional como disputa ideológica.
Desde la revolución rusa, una parte del pensamiento marxista vinculo la cuestión
nacional con la formación de movimientos de liberación, que pusieran fin a la
opresión capitalista. El concepto de nación marcaba disputas en campos
historiográficos a la vez que tenía un fuerte sentido político. Los próceres, fueron
empleados para trazar orígenes y epopeyas nacionales, empleadas en la
actualidad por las diferentes corrientes políticas, a fin de definir aquello que los
volvía parte de la nación, produciendo un pasado que había sido ocultado. La
cuestión nacional, será vivida como una disputa cultural.
Para Arregui, la revolución de 1810 no era un punto de partida para la
estructuración de la nación, sino que este tenía que buscarse luego de 1930, años
en que el nacionalismo católico se volvía fuerte en Argentina, con una impronta
conservadora. Condenó los movimientos revolucionarios de principios del siglo
XIX por tratarse de maniobras de Inglaterra para convertir zonas de América en
productores para sus industrias. Esos movimientos separatistas, fueron
responsables de frustrar una eventual unión de países latinoamericanos. Su
período histórico, comprendía una segunda etapa emancipadora, esta vez
económica y cultural
En cambio, Agosti pone la revolución de mayo en el centro de la gesta
emancipadora, pero la entiende incompleta, debido a que el jacobinismo local no
se atrevió a llevarla hasta las últimas consecuencias, no obstante, este proceso
sirvió para sentar importantes bases independentistas, a pesar de sus límites en
las transformaciones de instituciones.
Sobre la separación española, ambos reconocen la importancia del proceso en la
fundación de la identidad nacional, aunque de maneras diferentes. Agosti era
marcadamente antiespañol, al punto que relacionaba el colonialismo con un orden
feudal y pre burgués. Muy diferente con Arregui que reconoce la herencia
española y la pondera como parte del destino americano que nos concierne. Lee
la herencia desde el idioma como elemento configurador de la cultura, y que es a
partir de ella que los pueblos hispanos comparten pensamientos y sentimientos.
Sirviendo dicha unidad para evitar intentos de penetración de culturas extranjeras.
Así, Arregui se contradice al entender la fuerza simbólica de la lengua y el pasado
hispánico no como elementos para unir al territorio sino para oponerse al
imperialismo cultural.
El corte en 1930 y la literatura nacional.
Ambos autores coinciden al mencionar 1930 como un año que fracturo la cultura
como tal.
Tanto Agosti como Arregui dirán que cuando un pueblo se plantea críticamente el
problema de su literatura nacional, puede asegurarse que ha tomado conciencia
de su destino histórico.
Para Arregui, esa fecha marca la interrupción de la línea de pensamiento de
personajes como Ingenieros y Lugones, autores del primer ensayo coherente de
una literatura, historia y filosofía con raíces nacionales y continentales, que fue
interrumpido por el golpe de Uriburu. Ya que fue en ese año cuando el
imperialismo penetro consolidadamente en la cultura nacional, debido a varios
intelectuales de época que fueron cómplices del proceso, por su admiración de lo
extranjero por sobre lo nacional. La más clara tendencia de este movimiento fue
Borges.
Agosti, si bien coincide con la crítica Borges, a quien considera una expresión del
cosmopolitismo disolvente, pone su análisis en enfatizar la perdida de las
sustancias reales que conforman el país, lo que denominará “telurización de la
historia”. Paralelamente, Arregui rescata la labor de varios intelectuales en resistir
el capitalismo, como Jauretche y Scalabrini Ortiz, a pesar de mantener diferencias
de pensamiento.
Agosti, ve en 1930 el origen de buena parte de los conflictos que azotaran al país
en la década del 50. Entiende que allí surge el nacionalismo extranjero, que verá
al movimiento obrero como uno de sus enemigos. Ambos coinciden en denominar
a este nacionalismo como oligárquico, antiliberal y aspirante a una jerarquización
social. El antiliberalismo de este movimiento, implica un desplazamiento del
mando, pero aún dentro de las clases oligárquicas, hecho que Agosti interpreta
como una paradoja para considerar al peronismo como resultado de una lucha
entre facciones de la burguesía.
Así, mientras Arregui ve al nacionalismo de 1930 atado a la cultura eclesiástica,
como diferente del movimiento peronista, dicha cuestión será subrayada y
acentuada por Agosti. Ese último, analizando los trabajos de Ingenieros y
aceptando el empleo de herramientas extranjeras para analizar los fenómenos
nacionales, dirá que el único argentinismo posible era aquel con unidad de
creencias hispánicas-católicas. Además de reivindicar el argentinismo de
Ingenieros, quien analizaba lo sustantivista local en la influencia extranjera, será
crítico del nacionalismo de Lugones, tildándolo de poco adecuado para nuestros
verdaderos problemas. Misma situación con Manuel Gálvez, revisionista rosista
que hizo apología de la aristocracia patriota, desde la fuerza y la violencia. En
cambio, Arregui ve en estos planteos una clara preocupación por lo nacional,
revestido telúricamente, no social, cosa que Agosti verá como una evocación de
espíritu completamente irracional.
Cambios a partir de 1943
Ambos autores hacen lecturas muy diferentes de lo que suceda desde 1943, año
que representa el inicio del gobierno que tendrá a Perón como figura que ir
creciendo hasta convertirse en presidente. Arregui verá ese año como la irrupción
del movimiento popular, que tomo conciencia histórica de su lugar, con disposición
de acompañar el proceso industrializador que recuperará la industria enajenada,
dando como resultado el elevar el nivel de vida de los enajenados. Dirá que en
1943 inicia la revolución democrática-burguesa.
Sobre este periodo, ambos autores serán críticos del liberalismo, que no solo se
apartó de la intelectualidad del pueblo, sino que defendió intereses que buscaban
colocarlos por encima de las masas. Los autores serán críticos de la defensa de
valores universales-eternos que no sean capaces de insertarse en una realidad
histórica.
Por otra parte, Agosti también contempla como surgen nuevos elementos
culturales, producto del ascenso y gravitación de las masas, pero está lejos de ver
al peronismo como revolucionario o como transformador de la estructura
económica del país, en gran medida por no haber modificado lo atrasado de
nuestra economía agraria, además de haber concedido mejoras, muy justas y
necesarias, para menguar protestas sociales de clases oprimidas, pero sin haber
perjudicado a la clase dominante. Agosti entiende que debe haber lucha de clases,
y será detractor de la colaboración entre estado, patrones y obreros para
contrarrestar a “los otros enemigos” de la nación.
Intelectuales y batalla cultural.
A pesar de los históricos esfuerzos de la elite intelectual de mantenerse fuera de la
política, el fenómeno peronista invadió todas las esferas de la vida cotidiana, y
ambos autores se posicionaron sobre este fenómeno en sus principales trabajos.
Arregui será muy crítico de los intelectuales, no niega que puedan participar
ideológicamente o combatir por ellas, pero advierte que, si una clase de
intelectuales se une para defender sus intereses generales, esto es por reflejo de
su propia situación de dependencia, acatando los derechos de las clases
superiores ante los de la clase inferior explotada. La pequeña burguesía era un
pecado en su pertenencia, y eso explicaba el odio para con el peronismo.
A la imposibilidad de convertirse en intelectuales orgánicos de clase, en palabras
de Gramsci, Agosti dirá que el intelectual, viendo los problemas del pueblo desde
dentro, y alejándose por el paternalismo exteriorista, tiene la obligación de ir hacia
el pueblo, en una actitud que le permita ser parte de la integridad de contenidos
nacionales y sociales que el pueblo representa, trabajando para construir una
nueva hegemonía que represente los problemas y valores de los trabajadores, y
esos valores representan los intereses de la nación. La cultura será nacional y
popular o no será trascendentalmente cultura. Sin embargo, esta cultura nacional
implica romper las barreras nacionalistas, que para el autor son opuestas a lo
nacional, en sentido de desprestigiar lo que provenga del exterior. Dando origen a
la gran divergencia entre los autores, la herencia cultural.
Para Agosti, la cultura es un fenómeno que se origina de la herencia cultural, la
cual integra un proceso nacional que, si no se comprende, puede acabarse
mutilándolo, ese sería el caso de quienes repudian la argentina por estar
adulterada por la presencia extranjera, en detrimento de la composición nacional.
Los componentes de lo nacional, no permanecen inalterados, sino que implican un
proceso tradicional de renovación, indispensable para la continuidad cultural del
pueblo, ya que si no quedaría por fuera de la historia. Esta complejidad estuvo
dada en nuestro país por la masiva llegada de inmigrantes, cuestión que Arregui
interpretará diferente, al ver la política inmigratoria oligárquica como un intento de
denegar lo nacional, excluyendo a la población autóctona.
Agosti entiende que Arregui se equivoca al adjudicar a los extranjeros parte de la
culpa de la deformación intelectual del puerto de la capital, siendo el porteño
cómplice de la oligarquía en el saqueo provincial. No es justo el querer borrar una
parte de la herencia cultural, en aras de un revisionismo crítico, el eliminar algo de
la cultura nacional, mutila la continuidad de la herencia cultural. Dicho planteo
contempla lo complejo de entender a la cultura como un proceso que no está
exento de contradicciones propias de una sociedad dividida en clases, incluyendo
no solo lo impuesto hegemónicamente, sino también lo popular e ignorado.
En cambio, Arregui vera el siglo XX como una crisis imperialista, que diluyó su
injerencia en países de burguesías nacionales agrarias, permitiendo el ascenso de
las masas sociales a la acción política, tal cual sucedió en Argentina. Plantea así
la necesidad de tener estados nacionales fuertes, que concentren el poder y
representen al progresismo nacional.
Agosti ve a la cultura como una sociedad dividida en clases, en la cual se
manifiestan versiones muy antagónicas de los mismos procesos, por lo cual es un
terreno de lucha en el cual se intentan imponer verdades y apaciguar
manifestaciones
De la guerrilla peronista al gobierno popular. Roberto Baschetti.
Reportaje a las FAR.
El grupo FAR nace contemporáneamente con el golpe de Onganía, movido por el
proyecto estratégico que encabezo Che Guevara. Reconocen que eran una
pequeña patrulla extraviada en un espacio de lucha de clases, compenetrados
detrás de una estrategia, una táctica, que no conocían en detalle, pero que
consideraban el ideal para luchar en el país. Luego Guevara murió en Bolivia, pero
en Argentina estallo el Cordobazo, lo cual fue leído como un ciclo de redefinición
que permitió replantear la estrategia y la táctica, para dar paso a una metodología
más organizada. El Che nunca supo insertarse en la experiencia política boliviana,
no era reconocido por las clases populares como respuesta a sus reivindicaciones.
Por eso es fundamental comprender los procesos nacionales. Su muerte obliga a
encontrar un reemplazo para con su figura, con hombres a la altura, con
direcciones austeras y colectivas, de varias organizaciones clandestinas, en
cuadros con capacidad de dar una lucha progresiva. La derrota del Che en Bolivia,
fue una derrota política-militar en lo inmediato, pero permitió comprender muchos
factores que serían fundamentales en la ideología de la FAR.
El detonante del accionar del grupo fue el Cordobazo y toda la coyuntura que le
siguió. Esa violencia masiva hizo que deban tomar cartas en el asunto, No
obstante, antes del hecho habían tomado pequeñas operaciones expropiatorias,
pero militarmente sin importancia, como por ejemplo los sabotajes a las cadenas
de supermercados de Rockefeller. En ese entonces, existía un pequeño grupo que
retomaba las banderas del Che, que fue asimilando poco a poco las condiciones
nacionales que eran necesarias de comprender, que se fue coordinando y
articulando poco a poco a partir de conclusiones sobre el problema nacional, y que
se nacionalizó con el Cordobazo. Las FAR no se apropiaron de los atentados a los
supermercados, ya que no estaban en condiciones de responder a la expectativa
de continuidad que esa operación hizo crecer en los sectores populares, no
podían mantener el nivel del combate, a pesar de que esa operación requería
audacia, disposición y una buena capacidad técnica para encontrar el punto débil
del enemigo, sin embargo, contaban con condiciones militares precarias.
Durante los diez meses siguientes se realizaron pequeños atentados para
construir la organización, invirtiendo recursos en equipos, técnica militar y
organizativa. Capacitar compañeros, diseñarse para la clandestinidad, etc.
Buscaron obtener una eficiencia política-militar. En esos meses, comprenden que
la violencia no es un placer ni la han elegido quienes combaten por el pueblo, pero
se deciden a practicarla hasta el final. No son los combatientes del pueblo quienes
eligieron la violencia, no es su culpa el tener que matar por la libertad, las fuerzas
opresoras protagonizaron varios hechos de violencia reaccionaria, a la par de la
violencia explotadora. Al momento del combate, entienden que hay que elegir
entre ellos o los demás, y como su causa es “superior”, prefieren matar a morir.
Combaten con una capacitación técnica similar, con iniciativa, pero sin ser
mercenarios pagos del poder.
No se reprochan las muertes ocurridas en combates, porque entienden que es
parte de la lógica de las guerras, sumado a que vengaran a los muertos torturados
y ajusticiados por la espalda que supieron sufrir. Repudian completamente el
empleo de instrumentos de tortura para obtener información y beneficios varios, ya
que respetan a todos los hombres por igual, en los casos en que no coinciden con
su línea de pensamiento, se limitan a sentir lastima. Las respuestas consientes
ante los torturadores de sus compañeros es la ejecución. Reflexionan sobre las
reacciones del pueblo ante tal violencia, sugiriendo que piden que los respeten
nomas, que con el paso del tiempo irán decidiendo detrás de que trinchera se
alistarán, y comprenderán así qué lugar ocupan en la lucha de clases sociales.
Durante 1970 se continuo con la línea consolidadora que haga alcanzar un alto
grado de técnica organizativa que sea capaz de soportar duros golpes. Aplicando
una táctica que detecte los puntos flacos del enemigo, y aplicando a la condición
fantasmal del guerrillero, todo es posible, si además se complementa con
disciplina revolucionaria y capacidad técnica.
La fórmula era la lucha armada, pero no una estrategia liberadora, sino determinar
primero cual es la fuerza nacional capaz de protagonizar un proceso
revolucionario, que libere a las demás fuerzas del país. Entender que fuerza se
ubica en una posición de radicalizar sus reivindicaciones económicas, a la par que
cuenta con la experiencia de haber establecido claramente que las
reivindicaciones no se piden o negocian, sino que se conquistan. El camino es
establecer que esa fuerza social haga suyo el método revolucionario y lo ejercite,
solo en este marco la violencia de estas organizaciones es revolucionaria, con
capacidad de revolucionar. Para la teoría tupamara, bastaba con armarse,
accionar y generar conciencia, y así comenzó al FAR, pero esas operaciones
tenían un carácter meramente económico, para obtener recursos que les
permitieran establecerse y producir su propio material de combate.
Asimismo, no es imprescindible esperar que estén dadas todas las condiciones
para hacer la revolución, sino que el revolucionario puede contribuir a crearlas
mediante acciones concretas. Jamás se darán todas las condiciones juntas. Por
acciones, las FAR entienden el obligar a los enemigos a dar los pasos necesarios
para que su situación no sufra retrocesos, así sea extraer sus recursos para
crecer, oponer la violencia popular a la violencia del régimen, etc.
El foquismo es una concepción global, de la teoría leninista, sobre el eslabón más
débil en las condiciones de existencia latinoamericanas. Se asume en una
situación internacional en que la fuerza revolucionaria no puede esperar que su
enemigo sea destruido por otra fuerza que no sea revolucionaria. En el
imperialismo de los 70, no es posible esperar que sean los imperialismos quienes
se destruyan entre sí, porque nunca ocurrirá. El foco debilita el ejército burgués y
genera condiciones para una guerra civil, el foco genera conciencia.
La FAR reconoce que, entre las organizaciones guerrilleras, comparten el enemigo
principal, el ejército y las clases que explotan para satisfacer sus necesidades.
Comparten el método de la lucha armada, expresado en combates concretos, y el
objetivo final, el construir una sociedad sin explotación y que construya hombres
nuevos. Este trienio de objetivos establece vínculos de fraternidad revolucionaria,
que se expresa en vínculos prácticos. No obstante, no llegaron a realizar
operaciones en conjunto, ya que tiene que haber una coincidencia en la valoración
política de la situación nacional, y de la experiencia propia del pueblo, cosa que no
ocurre. A medida que se avance en este campo, las diferentes fuerzas
revolucionarias se irán integrando.
Posiciones políticas y valorización.
Políticamente, la FAR se define como nacionalista y revolucionaria, lo cual
indicaba una valoración positiva de la experiencia peronista en argentina,
identificándose con esa experiencia, asumiendo sus logros, aciertos y limitaciones.
Las FAR fueron peronistas, debido a que se conformaba por combatientes
populares, que se unieron para hacer la política de la forma más eficaz en que
podía practicarse antaño, preparando la guerra revolucionaria. La lucha armara
fue entendida como una manera de hacer política, principalmente como respuesta
a hechos como elecciones fraudulentas, la destrucción del gobierno popular y a la
persecución y asesinatos. Si el pueblo nunca llega a elegir el camino de la
violencia, es porque no desea responder, no obstante, no propugnan la ineficacia
o ilegitimidad de las demás maneras de hacer política.
La política social de la FAR implica poner en marcha la guerra del pueblo, con un
ejército del pueblo que obtenga para sí mismo el poder, para asumir la
construcción de una sociedad justa, sin explotación, igualitaria y con derechos.
Una sociedad socialista, pero que no está construida por los aportes marxistas-
leninistas, sino con los propios, con la experiencia local y los aprendizajes
obtenidos de las experiencias vividas por los revolucionarios.
Por ideología entienden a la conciencia que los hombres van logrando de su
propia simulación, una conciencia que como tal puede ser lucida, clara,
distorsionada, parcial o incompleta. Es un campo de disputa constante, en el cual
las experiencias propias y la teoría marxista-leninista permite tener la conciencia
clara de lo que ocurre y de lo que se puede lograr por la lucha y la revolución. De
modo que el integrar la ideología peronista en el socialismo, es por medio de que
el pueblo se apropie de diversos instrumentos y herramientas para interpretar la
realidad, y que esta lectura ayude a orientar su camino liberador. En ese sentido,
los militantes revolucionarios buscan apropiarse de lo útil en las ciencias sociales,
para ponerlo al servicio de la liberación.
El marxismo no es una identidad política porque no es una bandera política
universal. Los revolucionarios tienen derecho a expropiar todas las formas de
conocimiento e instrumentos que pueden serles útiles para construir una nueva
sociedad, mientras que el marxismo-leninismo es una forma de interpretar la
sociedad, son elementos teóricos, concepciones del hombre, y como tal, puede no
coincidir con experiencias políticas locales en varios casos. Así, el marxismo es
una ciencia, y como tal, se puede seguir desarrollándola.
La doctrina justicialista es una expresión elaborada de las experiencias populares,
que se expresa y permite integrar intereses de diversos sectores y clases sociales.
El justicialismo deja de ser tal, para la FAR, cuando habla de conciliar capital y
trabajo, o de una existencia de capitalismo sin explotación, si esto ocurre, dejará
de interpretar las necesidades del pueblo. Tanto marxismo como justicialismo,
quitados de su contexto histórico, empleados como un dogma definitivo, no solo
no sirven a la causa popular, sino que es funcional a las clases superioras.
Cuando Perón creo la doctrina justicialista, la planteo en líneas coincidentes con
los países del tercer mundo que se encaminan al socialismo, porque contiene
elementos integradores para con los intereses de diversas clases sociales
nacionales, explicando como la libertad, la justicia y la soberanía solo son posibles
con el socialismo. Este camino implica una superación, incorporando elementos
que permiten leer el curso de la realidad y modificar la doctrina o diagnóstico de la
realidad cuando esta cambia, permitiendo anticiparse del curso de
acontecimientos. Las ideologías perduran todo el tiempo que sirven para
interpretar una realidad. Por ende, el marxismo leninismo es un marco teórico que
permite conocer la realidad de las clases sociales de una sociedad, es un
instrumento revolucionario.
El estar a la vanguardia, no sirve de nada si se está solo. Los pueblos son quienes
construyen su vanguardia desde sus experiencias y sapiencias propias. En este
proceso los combatientes asumen responsabilidades teórico-prácticas que
permiten acortar caminos. Quien se proclame a la vanguardia y no cumpla con
estas cuestiones estará equivocado, las organizaciones sociales tienen que
colaborar para construir la vanguardia social, siendo orientadas por la lucha del
pueblo. Esto lo hacen todas las organizaciones, no solo una. La vanguardia no se
construye en base a mínimos acuerdos de estos grupos, sino por medio de
acuerdos profundos.
Si un proceso revolucionario no sabe interpretar los intereses y necesidades del
pueblo, cae en el ideologismo, el no valorar el papel de una clase en el marco de
la formación de contradicciones sociales de tipo ideológico. En este sentido, el
peronismo es limitado, por ser poli clasista nacional-burgués. Si el análisis
ideológico, es decir cómo se piensan los protagonistas así mismos, deben
referirse a la totalidad social que abarca tal proceso, para que sea válidamente
legítimo. Errores en este campo han permitido que el movimiento haya sido tildado
de fascista durante mucho tiempo, producto de interpretaciones parciales y
segmentadas.
La lucha de las FAR comienza en 1945, cuando las masas irrumpen en el
escenario político, recuperando a su líder y programa. Desde allí, la clase obrera
argentina fue protagonista de los episodios del campo popular, y quien
protagonizara la liberación y construcción definitiva del socialismo. Los hechos
ocurridos en 1969, son parte de este proceso, las masas, con un nivel de
independencia tremendo, dicen no al capitalismo monopólico, obreros en la calle,
fabricas ocupadas, huelgas, todo sinónimo de la identificación con una experiencia
nacional y popular, en defensa de un sentimiento que les fue interrumpido en
1955, producto de las propias limitaciones que tenía el movimiento, limites que
han sido superados. Al contrario de lo que se cree, del 55 hacia acá el peronismo
no murió, la clase obrera no claudicó, sino que comprendió las claves de la
realidad social argentina, de su insatisfacción, de su miseria, reconociendo
quienes son sus verdaderos aliados y enemigos.
Hoy, las FAR no forman parte del peronismo, que no es un club ni un partido al
que uno se afilia, sino que es una experiencia del pueblo. La guerrilla va
descubriendo que siempre formo parte del peronismo, y que fue por medio de
malentendidos o equivocaciones que no se dio cuenta en un principio. Muchos de
sus militantes no nacieron de familias peronistas, sino de clase medieras que
fueron comprendiendo poco a poco el verdadero lugar que les correspondía, como
parte del pueblo. El peronismo es la expresión de una clase, no una camiseta o
una entidad partidaria, no alcanza con denominarse peronista para ser peronista,
el árbitro de quien represente sus intereses es el pueblo, por ende, ellos son
quienes reconocerán a los que comprendan sus cuestiones. Nada puede hacerse
hoy con el pueblo, si este no comprende lo que se trata de hacer. La FAR está
dentro del pueblo, y su fuerza es la del pueblo, toda acción que realice será
previamente comprendida a nivel popular, las limitaciones del pueblo también le
son propias, y las deben superar en conjunto, ya que resultan de no haber podido
construir formas organizativas y de expresión que garanticen la liberación
nacional. No es cuestión de llegar a un proceso con soluciones prefiguradas, no
hay que engañar al pueblo, sino mimetizarse con él.
Para interpretar las necesidades de las masas, hay que formar parte del pueblo
que esta enemistado con la hegemonía del capital, siendo víctima de sus
consecuencias. En segundo lugar, formar parte de una agrupación que aglutine
sectores de lucha como el movimiento obrero o el movimiento estudiantil. Partir de
una condición de agredido, permite legitimar la violencia que después practicaran
las organizaciones. Interpretan los intereses del pueblo participando no solo en su
condición de agredido, sino también que suman la alternativa de buscar una
solución integral, que les aporte la libertad que añoran, una libertad garantizada
por la experiencia de vida. El reclamo del socialismo, está en que el sistema de
construcción de esta realidad está captado por un sistema condicionante, que es
necesario destruir, no expropiarlo ni socializarlo.
Puede haber varios peronistas que sigan caminos diferentes para reconquistar el
poder y para desarrollar y construir una sociedad justa. Los nombres y palabras
tienen que ser leídas junto a las conductas y expresiones reales, de lo contrario
pueden malinterpretarse o minimizarse a una mera cuestión normativa.
El proceso de liberación nacional implica y compromete a varias clases, es un
proceso poli clasista, siempre y cuando no pretenda enlazar a las clases
dominantes y dominadas. La lucha peronismo-anti peronismo no está superada.
No en vano aún no hay elecciones libres, hay violencia organizada y legalizada
por parte del estado, el peronismo esta proscripto. Solo la victoria peronista podrá
permitir que se supere esta crisis.
El ciclo político iniciado en 1945 debe ser completado. Las experiencias populares,
de la clase obrera en la política, han sido excepcionales. Han tenido todas las
formas de manifestación, desde conflictos de clases hasta reivindicaciones
populares, comprendiendo que los logros pasan por acceder y ejercer el poder, en
este sentido, la experiencia peronista se puede definir como una experiencia que
impide que los trabajadores vean luchas de reivindicación por fuera de la política,
por lo que el proceso spot 55 es totalmente político.
Perón es un líder al que se le vedó la posibilidad de dirigir a su pueblo en el campo
de lucha. Con sus errores y aciertos, representando tanto el poder como los
límites del movimiento justicialista. Su lectura de la sociedad fue lo que permitió el
golpe de estado de Aramburu. Aprendió, y reoriento el movimiento
doctrinariamente, además de articular en conjunto la militancia con el movimiento
peronista.
La situación argentina.
Actualmente existe una gran contradicción que enfrenta los sectores económicos y
a las clases dominantes, con los sectores subalternos. En el Cordobazo, la clase
obrera supo convertirse en un polo de atracción de masas, quitándole a la clase
oligárquica a buena parte de la clase media, que ven en la clase obrera una mayor
consonancia con sus intereses de clase. Estas contradicciones se expresan en el
peronismo-anti peronismo, y esto se debe a que el peronismo le enseño a la clase
obrera a todo lo que puede tener derecho a aspirar, manifestando que el sistema
no puede satisfacer a la par los intereses de las clases marginadas y de los
grupos oligárquicos.
El poder de una fuerza social no se expresa en el alcance, masividad y
contundencia de los medios que posee, sino en tener hombres dispuestos a
asumir los intereses históricos que ellos no representan.
Respuesta del ERP a las FAR.
Las FAR emplean términos en una forma muy abstracta, impidiendo que se defina
en forma categórica, términos elementales para los problemas políticos centrales
de Argentina. Habla de nacionalismo revolucionario, definición abstracta y
mentirosa, al igual que habla de socialismo sin explicar qué clase de socialismo.
Algo grave siendo que el marxismo enseña a los comunistas a luchar por sus
palabras y significados, ya que el vocabulario preciso es uno de sus objetivos de
lucha, llevar rigor científico a las masas.
El plan de las FAR no puede llegar a concretarse, porque no puede construirse un
socialismo científico, aquel que destruya al estado burgués eliminando la
propiedad privada, haga desaparecer las clases sociales y establezca la dictadura
del proletariado, porque surge de las buenas intenciones de aquellos que se
rebelan contra las injusticias, pero no puede eliminar al estado burgués, por
carecer de un análisis científico de la economía capitalista y sus manifestaciones
en todos los campos posibles, quedando en los mejores casos, a mitad de camino.
Por más que haya ejemplos de reacciones burguesas o de conflictos entre las
propias izquierdas en los países, se sigue virando hacia el comunismo, debido a la
fuerza ideológica en que sustentan sus elecciones. Lenin ya lo dijo, sin teoría no
hay revolución, por lo que es correcto que cada pueblo le de su propia fisionomía
a construir el socialismo, porque el marxismo es una guía de acción, no un dogma,
pero que requiere de mantener fieles algunos principios elementales.
Entiende el ERP que hay dos ideologías, una burguesa o una socialista, no
existen terceras posiciones ni al margen ni por encima de las clases. Así, el
peronismo sería una variante ideológica burguesa. Por ejemplo, figuras como
Rucci muestran cómo se puede ser peronista y mantenerse en cualquier clase o
estrato social, sin ser inconsecuente, no así con el marxismo, que impide ser
capitalista. El afirmar que el marxismo no es una bandera política universal es
completamente falso, porque el imperialismo es la fase superior mundial y final del
capitalismo, que sometió a remotas regiones mundiales detrás del mismo poder,
dividiendo a las clases en propietarios/asalariados, siendo estos últimos los
capaces de transformar la sociedad, haciendo que adopte una ideología
independiente de la burguesa, y ella se manifestara internacionalmente, bajo los
mismos principios para todos los hombres explotados. El marxismo es posible de
ser internacional, porque los comunistas son muy fieles entre sí.
La teoría marxista es mucho más que un conjunto de aspectos metódicos e
instrumentales, que aplican mal las FAR, sino que es una forma de concebir el
mundo en el que lo natural-humano adquiere máxima relevancia. De este carácter
científico, del materialismo dialectico del que se desprende el análisis marxista,
carece la doctrina peronista, que cae en promocionarse como socialista, nacional
y católica, ante la necesidad de adaptarse a la época en que vivimos.
Solo el movimiento marxista podría dirigir a la clase obrera en una lucha por la
liberación, el poli clasismo peronista, en el cual están las clases burguesas, no
dejará que el peronismo constituya una ideología diferente para la clase obrera.
Así como tampoco existe la antinomia peronista-antiperonista, sino una lucha de
clases que cada vez es más intensa, y que supera el alcance peronista para
acaudillar a la clase proletaria.
El ERP ve como una clave de la dirección de los partidos el empleo del ejercito
como garante de las condiciones que permitirán mantener el carácter de clase, y
que permitirán realizar tareas revolucionarias, a partir de inculcarle al ejercito la
ideología de la clase obrera.
Se debe partir de un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la
lucha internacional revolucionaria, teniendo en cuenta que la revolución socialista
será internacional por su contenido, pero nacional en sus formas. Luego se
analizará la situación económica y revolucionaria en la región y en el mundo,
mirando de reojo el desarrollo de las fuerzas productivas para estimar las
posibilidades de que suceda una verdadera revolución, la existencia de las clases
revolucionarias, la relación de estructuras y superestructuras, etc. En segundo
lugar, se analizarán las correlaciones de fuerzas entre clases, viendo niveles de
organización y cohesión de clases opuestas, su complejidad a nivel estatal, su
desarrollo de técnica y ejército, contradicciones internas, grado de organización,
entre otras cosas. Este análisis es muy importante ya que dé el dependen las
tareas y políticas a concretar en cada etapa y con las que se establecerán las
características del plan a seguir en cada caso.
Para establecer las bases de una estrategia de poder hay que considerar las
condiciones que abarcan la situación económica, política y militar en conjunto, a
nivel mundial, continental, regional y nacional. A este conjunto se denomina
estrategia de poder político-militar, y es elemental porque el comprender el
conjunto, facilita el manejo de las partes integrantes del todo.
Respuesta de la FAR.
Desde que el movimiento obrero argentino participa en política nacional, el papel
que juegan los factores nacionales en determinar la estrategia y táctica del
movimiento obrero ha sido motivo de discusiones y peleas.
La postura pro ejercito del comunismo, implica una valoración muy negativa de la
experiencia de la clase obrera bajo el peronismo, inculcando la necesidad de
eliminar la ideología peronista.
El planteo de análisis del que parte el marxismo, que arranca a nivel mundial para
finalizar a nivel nacional, rechaza la experiencia peronista al ignorar y postergar la
historia nacional y la ideología de las masas. Las FAR debaten sobre el peronismo
partiendo de lo que hizo, mientras que el ERP solo critica lo que no hizo y lo
condena por ello. El peronismo puede apropiarse del marxismo como elemento de
análisis, pero el marxismo no puede apropiarse del desarrollo material de la
historia.
Los marxistas tienen una total falta de sentido para con la realidad. No saben ser
autocríticos con la repercusión de sus políticas en las masas populares.
La ideología debe reflejar necesariamente los intereses de una determinada clase,
intereses relacionados con su ubicación en el proceso de material de producción.
El ERP dice que el marxista no puede mantenerse en una clase que no sea la
obrera, esta confusión se origina al desconocer los fenómenos ideológicos del
capitalismo. El marxismo solo sabe virar entre el socialismo científico y la ideología
proletaria para su análisis. El movimiento obrero no produce una ideología
proletaria, sino que en su desarrollo se subordina a la ideología burguesa, tiende a
adoptar la ideología de la clase dominante, siendo que la ideología es el conjunto
de concepciones que los hombres forman sobre sí mismos y sus relaciones con
los demás. La vigencia de las ideas burguesas no se debe a fenómenos al azar,
se debe a que es la clase dominante, ya que la clase que ejerce el poder material
dominante es la que domina el poder espiritual, la clase que tiene los medios para
producir el espíritu, puede someter a ello a los sectores subalternos.
El desarrollo de la burguesía implica el desarrollo de la clase proletaria. La
aparición de una permitió la aparición de la otra clase. Incluido el crecimiento
burgués fue la que permitió que aparezcan intelectuales de izquierda, creando así
no solo el antagonismo capital-trabajo, sino la misma conciencia de ese
antagonismo. Los conceptos que esgrime el ERP no son de origen proletario como
clase, sino burgueses. El socialismo científico surge por fuera de la clase obrera.
Es necesario afirmar que las ideas que forma una clase son producto de su
desarrollo histórico, esa conciencia natural surge de la explotación y su
sometimiento a la arbitrariedad. La ideología proletaria se materializa cuando la
clase obrera se apropia de las conclusiones de la ciencia de la historia y las pone
en práctica a partir de un movimiento político organizado.
El socialismo científico está concebido desde el análisis de contradicciones y
tendencias de una sociedad existente, parte de un análisis realista y su teoría
surge de conclusiones empíricamente verificables. Marx nunca plantel la vigencia
de sus concepciones, de la explotación del hombre por otro hombre para producir,
como una bandera política universal, simplemente defendió la vigencia de su
descripción científica como una que mantenía una constante validez. La teoría
marxista es positivista-científica, no ideológica.
Materializada esta teoría, ayuda a la clase obrera por presentarle una realidad tal
cual es, mostrando el papel de cada clase desempeñando sus papeles históricos
con toda crudeza, a la par que describe el desarrollo de la sociedad de clases,
estableciendo cómo y en que condición puede existir cada una. El marxismo le
sirve a la clase obrera no como bandera universal, sino como instrumento de
análisis y comprensión de la realidad concreta en la que le toca actuar, para forjar
una política que pueda responder a las condiciones en que actua.