0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas13 páginas

Cronos

Cargado por

VicenteSP8
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas13 páginas

Cronos

Cargado por

VicenteSP8
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Cronos:

~ Una historia a contrarreloj ~


Miré con sincero disgusto el instituto desde fuera, con la nariz pegada al helado cristal de
entrada.

Un escalofrío me recorrió por enésima vez, y escondí la cara en la bufanda. Con un suspiro,
entré, y me dirigí directamente a la secretaría.

Una mujer de mirada severa me miró de arriba abajo.

- Veo que eres nuevo. Pasa a dirección, no sé si tendrás algo de papeleo por hacer.

Asentí y la seguí. Un hombre de ojos claros y mirada cálida me sonrió desde detrás de sus
gafas.

- Buenas, ¿Eres Jace verdad? - Dijo poniendo delante suya un expediente con mi foto y mi
nombre de pila.

Asentí de nuevo. Él abrió el expediente y de pronto, su rostro cambió de golpe. Su mirada se


había vuelto tan fría como los copos de nieve que caían fuera.

- Así que presenciaste un asesinato hace dos años. ¿Recuerdas al agresor, Jace?

Su mirada y aspecto tenso no me daban buena espina. Dudé antes de contestar. Tenía el
presentimiento de que mentir sería mucho peor.

- Solo recuerdo unos ojos azules, lo demás lo olvidé a causa del shock emocional.

Él asintió y esbozó una sonrisa diabólica que me hizo abrir los ojos de puro terror.

- Me alegro de tenerte aquí. Toma tu horario, y dirígete a tu primera clase.

- E-es un placer - Murmuré atropelladamente.

En cuanto me encontré en el pasillo eché a correr, aunque choqué ruidosamente con alguien.
Ambos caímos de culo al suelo y oí como la otra persona se quejaba. Abrí los ojos, aún
asustado, y ella me miró con curiosidad.

- ¡Anda! ¡Tu debes de ser el nuevo! - Una sonrisa iluminó su rostro, curiosa.

Se levantó de un ágil salto y me tendió la mano para ayudarme.

- Soy Agathe, ¿Como te llamas?


Yo la miré, aún ligeramente confuso.

- Ja-jace, encantado.

Ella rió.

- ¡No muerdo!

Yo sonreí y cogí la mano que me tendía para levantarme. Era una chica alta, de cuerpo
atlético, pelo castaño y ojos verdes oscuros. Era delgada, por lo que me extraño que tuviese la
cara redonda y aniñada.

Me acompañó hasta mi nueva clase, donde tenía matemáticas, y me presentó a toda la clase,
lo que provocó una oleada de preguntas y saludos.

- ¿Te importa que me siente contigo? - Le pregunté un poco cortado, al darme cuenta de que
era el único sitio libre.

Ella quitó la mochila de encima de la mesa, invitándome a sentarme. El timbre sonó y el


director entró por la puerta para sentarse en la mesa de profesores. Me giré hacia mi nueva
compañera.

- ¿El director da matemáticas? - Pregunté, asustado.

- Si, no te preocupes, explica bien. - Me miró extrañada. - ¿Estás bien? Pareces… asustado.

Yo controlé mi respiración.

- Es que soy asmático - Cosa que no era del todo mentira - Y creo que esto de la novedad no
me está sentando bien.

Ella asintió preocupada.

- ¿Tienes el aerosol a mano? A lo mejor te viene bien usarlo.

Yo lo saqué de mi mochila, pero mis manos temblorosas lo hicieron caer.

Noté que cada vez me costaba más respirar, al final iba a tener un ataque de asma de verdad.
Agathe levantó la mano rápidamente y explico mi situación al director, quien me miró
entornando los ojos.
Cogió el aerosol del suelo y me lo tendió con fingida calma, poniéndome a prueba. Tenía la
sensación de que si no me controlaba me dejaría morir allí mismo.

- Acompáñelo afuera, señorita Mitre. - Dijo a Agathe sin apartar la mirada de mi.

Ella se levantó de un salto, me acompañó al patio, me sentó en un banco y me obligó a tomar


el aerosol. Poco a poco mi respiración se fue calmando.

- ¿Estás mejor? - Me preguntó con gran preocupación.

Asentí ligeramente, agotado. Se estremeció.

- No quiero preocuparte, pero nunca había visto al director así. Da miedo.

- No me había dado cuenta. - Contesté sarcásticamente, con la respiración aún entrecortada.

Ella me sonrió.

- Vamos, deberíamos entrar - Le dije decidido.

Había algo en ese hombre que daba mucho miedo, pero no pensaba ceder.

Antes de irse de la clase, el profesor me dio un gran tocho de hojas de matemáticas, con
complicadas ecuaciones y operaciones que no había dado en mi vida.

- Las quiero para mañana - Me dijo con una sonrisa nada alegre. - Oh y no olvides venir al
instituto de las seis a las siete y media. Es obligatorio estar en algún equipo deportivo del
centro y te haremos unas pruebas físicas.

Puse cara de preocupación hasta que salió por la puerta, cuando sonreí sin disimulo. Debería
de haberse leído mi expediente entero, digamos que se me daban bien las mates. Por la tarde
hice con rapidez la tarea y exhausto, fui al campo de atletismo del instituto.

Miré los copos de nieve caer y no pude evitar recordar aquel asesinato.

Hace dos años caminaba bajo una pequeña tormenta de nieve y no había nadie en la calle
excepto yo, que volvía de casa de un amigo. De pronto, oí un grito ahogado y me asomé a un
oscuro callejón, donde vi a un hombre en el suelo, con una gran herida en el pecho. Después
de eso solo recuerdo pequeños fragmentos entrecortados. Unos fríos ojos azules. Una voz
grave, que sé que ya no sería capaz de reconocer. Una palabra. Y de pronto la camilla de un
hospital. Los médicos dijeron que sufrí un shock emocional muy fuerte, y eso fue lo que
provocó la amnesia, sin embargo

aquel hombre me dijo que olvidase. Y olvidé lo más importante, su rostro.

Demasiadas casualidades juntas para mi entender. Después del incidente me obligaron a


cambiar de instituto e incluso a mudarme, “por mi seguridad”.

Al fin, llegué a la pista de atletismo y me encontré frente a frente con el director, que me puso
diferentes pruebas como saltos, fondo, velocidad, etc, etc.

Cuando terminé, me llevó al vestuario, me dio una botella de agua y bebí un largo trago. Me
miró con una sonrisa diabólica mientras se colocaba a la luz del día. Se inclinó hasta estar a
pocos centímetros de mí.

- Recuerda.

Esa única palabra cayó sobre mí como un jarro de agua fría.

El asesino sacó la navaja del pecho de su víctima con fuerza, me miró con sus ojos azules,
me atrapó y pronunció de nuevo la dichosa palabra: Olvida.

Volví al presente y me levanté del banco con tal fuerza que este cayó al suelo.

- ¡Tú! ¡Tú-tú eres el asesino que vi aquel día!

Se mantuvo unos segundos en silencio, mirándome seriamente, antes de sonreír de nuevo y


aplaudir lentamente.

- ¡Chico listo! -

Caí al suelo, mientras se me nublaba la vista. Me estaba quedando inconsciente.

- No aceptes nada de desconocidos - Canturreo el asesino. - Ni siquiera agua.

Me desperté atado al banco un buen rato después, con la cabeza embotada. Me moví con
desesperación, intentando escabullirme por todos los medios, pero estaba bien atado.

- ¡Socorro! - Grité, completamente aterrorizado.


Había sido testigo de un crimen, y sabía perfectamente quién era el asesino. Estaba encerrado
en una pista de atletismo con ese mismo psicópata. Tenía que escapar como fuese.

- ¿Sabes? Después de todo no me caes tan mal… - La voz hizo que un escalofrío me
recorriera de arriba abajo - Te daré una oportunidad. - Alguien me había desatado.

Me levanté con rapidez y me dí la vuelta, pero ya no había nadie.

- Acabo de llamar a la policía y estará aquí en unos veinte minutos. Además tu amiga, la
señorita Mitre, está encerrada en algún sitio.

Giré sobre mí mismo intentando encontrarle, pero era imposible. De alguna manera no estaba
allí, aunque su voz retumbara en el vestuario.

- Dentro de diez minutos la mataré y te culparé a ti. Obviamente, tú serás el siguiente.

Un reloj cayó cerca mía, y el cronómetro se disparó.

- Tic tac - Dijo tras soltar un risa enfermiza.

Cogí mi mochila, usé mi aerosol y me coloqué el reloj en la muñeca.

- Voy a por ti, Agathe - Murmuré por lo bajo.

Un minuto. Usaré la jabalina del cuarto de material como arma. Cojo otra para Agathe.

Dos minutos. Abro de una patada la puerta del vestuario femenino. Tampoco está allí.

Tres minutos. Corro por el pasillo.

Cuatro minutos. Grito su nombre por todo el recinto, pero no recibo respuesta.

Cinco minutos. Oigo un silbido. Me lanzo rápidamente al suelo. En la pared a mis espaldas
hay una flecha de tiro con arco clavada en la pared. Me muevo lentamente por el suelo,
tratando de descubrir que accionó la trampa, y donde está el arco.

Seis minutos. Otra flecha sale disparada justo cuando el cronometro marca el minuto seis.

- ¡Eso es!
Corro sin preocupación alguna a lo largo del resto del pasillo, tal y como esperaba, una
ballesta esta al final de este mismo, medio oculto, con un temporizador enganchado a ella.
Miro el temporizador, y abro mucho los ojos.

Siete minutos. Me abalanzó a un lado y esquivo la nueva flecha. Corro de nuevo por los
pasillos. La trampa me ha hecho perder demasiado tiempo. Me tiró del pelo desesperado.
Tengo que encontrarla, tengo que encontrarla o la matará.

Ocho minutos. Esto me recuerda a las doce pruebas de Hércules. Solo que yo no soy un
semidiós.

- ¡¡Esto es imposible!! - Chillo al pasillo vació con todas mis fuerzas.

Nueve minutos. Oigo un gran estruendo. Podría ser cualquier cosa pero… Corro con todas
mis fuerzas hacia el cuarto en el que se guarda el podium.

Nueve minutos y medio. Abro la puerta con fuerza a la vez que oigo un grito.

- ¡No! - Grito al ver la sangre.

- Esta vez lo has conseguido, aunque no tendrás tanta suerte la próxima vez. Un minuto, y la
caza proseguirá - Un minuto - Recordó por última vez la sombra antes de desvanecerse.

- ¿Lo-lo he conseguido? -

De pronto oí un sollozo aterrorizado. Me giré y con gran alegría descubrí que Agathe seguía
viva. Tenía una puñalada en el brazo, pero estaba viva. Me deje caer a su lado y ambos nos
abrazamos llorando, temblorosos y aterrorizados, pero a salvo. De momento.

Miré el cronómetro.

- Tenemos que ponernos en marcha ya, o nos encontrará. -

Ella asintió a pesar del miedo y cogió una de las dos jabalinas que tengo con un gesto de
dolor. Ese brazo herido podría ser un grave problema. Me arranqué un trozo de mi camiseta y
se lo coloqué alrededor del brazo haciendo presión para que dejase de sangrar. Ella gritó de
dolor y apretó los dientes. Por el momento bastaría.

Una voz retumbó por todo el recinto.


- Quien no se haya escondido, tiempo ha tenidoooo - Su voz cantarina, consiguió que un
nuevo escalofrío me recorriera la espalda.

Agathe abrió mucho los ojos, aterrorizada. La cogí de la mano y echamos a correr. Llegamos
a los pasillos del centro deportivo y miramos a nuestro alrededor, con el corazón desbocado y
las manos sudorosas. Agathe me tocó el hombro y señaló el cuarto de material. Nos
escondimos allí. Oímos un ruido fuera, y ella se aferró a mi. Apunté con mi jabalina hacía la
puerta y me imitó.

Los ruidos de pasos frenaron de golpe, y temblando, apretamos con fuerza la jabalina.

La puerta se abrió y clavé la jabalina con todas mis fuerzas. Le había dado en la pierna y cayó
al suelo. Ambos corrimos de nuevo por los pasillos, mirando continuamente a nuestras
espaldas. Llegamos de nuevo a la pista de atletismo y corremos hasta la verja cerrada.

- Agathe, no se por qué ese psicópata te implicó en esto, pero tu no mereces morir. - Hice una
pausa para recuperar el aire, jadeante. - Desde el momento en el que presencié aquel asesinato
supe que esto pasaría tarde o temprano, pero nunca pude imaginar siquiera que...

Levante la cabeza y la miré a los ojos, esos ojos verdes tan bonitos que tiene. Me quedé
callado, embargado por la emoción, y mis ojos se empañaron. Aparté la mirada al oír un grito
de dolor, seguido de una alocada risa.

- Ya hablaremos de ésto más tarde, súbete a mis hombros. Esta verja se abre desde fuera. -
Dije apartando la mirada de sus ojos, a los que sabía que no podría mentir.

Ella hizo lo que le dije y una vez fuera, intentó abrir la puerta. Al ver que le había mentido
abrió los ojos como platos. Me coloqué de espaldas a ella, y cogí la jabalina que Agathe había
dejado en el suelo. Miré el cronómetro. Cinco minutos y llegaría la policía.

- Busca ayuda. - Dije girándome hacia ella por última vez.

- ¡No pienso moverme de aquí ! ¡Tiene que haber alguna manera de abrir esta maldita puerta!
- Gritó con desesperación, mientras seguía intentándolo.

Cogí su mano a través de la verja y ella se detuvo de golpe, para mirarme a los ojos.

- Vive por mi - Le dije con una sonrisa triste antes de echar a correr, sabiendo que sería la
última vez que la vería.
Oí cómo me llamaba gritando, con la voz rota. Pero yo seguí corriendo. Si encontrase otro
sitio para esconderme hasta que… El cuarto de material apareció delante mía. ¡Eso es! Corrí
con todas mis fuerzas y me escondí en el, con la puerta tal y como la encontré. Me alejé lo
más que pude de la puerta, sin hacer ruido, y me coloqué de cara a ella en posición defensiva,
con la jabalina preparada. Miré el reloj de mi muñeca. Cuatro minutos, cuatro minutos y la
policía aparecería. Aunque puede que Agathe la encontrase antes, claro. Aproximadamente
solo tengo que aguantar lo mismo que tardo en correr mil quinientos metros en atletismo.
Cada minuto parecía una hora. Cuando solo quedaban tres, oí unos pasos delante de la puerta.
Cerré los ojos y recé en silencio para que no fuese nada. De pronto los pasos dejaron de oírse.
Salí con cuidado del cuarto de material y una voz sonó a mis espaldas:

- ¿Dónde está tu amiguita? ¿Acaso ha dejado el juego? ¡Qué aburrida!

Me dí la vuelta para defenderme, aunque temblaba de pies a cabeza.

- ¡Oh que monoooo! si trata de defenderse y todo...- Dijo, como si yo solo fuese un animalito
acorralado y él un cazador nato.

No andaba tan desencaminado. Él era un cazador nato y yo estaba acorralado.

Con un grito, él se abalanzó sobre mí, le esquivé agachándome, e intenté clavarle la

jabalina en el brazo, pero ésta se escurrió de mis manos temblorosas y cayó al suelo. Me
deslicé a través del suelo, alargando mucho los brazos, luchando por conseguir la jabalina,
mientras, mi atacante sacó una navaja de su bolsillo y se acercó lentamente a mi. Respiré
agitadamente, asustado. Finalmente, conseguí coger la jabalina y con un rápido movimiento
la clavé en la mano en la que sujetaba el arma. Gritó de dolor y yo conseguí separarme y
ponerme en pie. Estaba listo para luchar una y otra vez. Tenía que darle tiempo a la policía
para llegar, o él escaparía y habría otro psicópata suelto por la ciudad. Sin embargo, matarlo
no era mi intención. Se levantó de nuevo. Su muñeca herida sangraba mucho. Sin previo
aviso, se abalanzó sobre mi y me hizo caer de nuevo. La jabalina se soltó de mi mano y
repiqueteó, fuera de mi alcance. Me aplastó contra el suelo, con la navaja que acababa de
recuperar muy cerca de mi cuello. Oí las sirenas de la policía y pasos rápidos repiqueteando
en el suelo. Sonreí. Estaba salvado. Él gritó al ver que la policía se acercaba peligrosamente y
en un arrebato de locura, clavó su navaja en mi corazón. Abrí mucho los ojos.
La vista se me nubló a la vez que Agathe apareció en mi campo de visión gritando algo.
Cerré los ojos y noté como mi consciencia se iba apagando, a la vez que deseaba poder estar
ahí solo un poco más. Solo un poco más…

➳➴➵➶➳➴➵➶ ➳➴➵➶➳➴➵➶

Aunque la policía consiguió arrestar a aquél psicópata despiadado, nada pudieron hacer para
salvar la vida de Jace, puesto que cuando llegamos ya tenía una navaja clavada en el pecho.
Aún recuerdo verle con los ojos muy abiertos, parpadeando débilmente, como un niño
luchando por mantenerse despierto. Yo le grité que ya habíamos llegado, que se quedara
conmigo. Pero dudo que fuese capaz de oírme.

Después del incidente, yo, Agathe, la única testigo de todo lo que pasó, he recibido miles de
preguntas sin sentido e interrogatorios con menos sentido aún, que lo único que han hecho es
recordarme más y más su muerte… su muerte. Noté como los ojos se me llenaban de
lágrimas por enésima vez y me los sequé con rabia con la mano izquierda, ya que el brazo
derecho estaba vendado. Cuando llegué a casa me dejé caer sobre la cama y sin poder
evitarlo, lloré, lloré la muerte de Jace como no había podido hacer hasta ahora.

De pronto unos delgados brazos me rodearon.

- No llores, estoy aquí.

Abrí los ojos como platos.

- ¡Pero te ví morir!

Jace rió, con una risa cristalina y preciosa que juraría que antes no tenía.

- Y lo hice.

Él extendió sus hermosas alas blancas cubiertas de plumas.

- ¿Entonces como has…?

- Parece que de alguna forma he recibido una recompensa por todo el sufrimiento que he
vivido, y se ha cumplido mi deseo.

- ¿Qué -qué deseo? - Pregunté, confusa.


- Quedarme tan solo un poco más - Contestó con una sincera sonrisa.

- Entonces se han cumplido dos deseos – Contesté yo, sonriendo también.

Jace me miró, de pronto serio.

- ¿Consiguieron atraparle?

Asentí.

- No te preocupes, está en la cárcel.

Soltó el aire que parecía haber estado aguantando largo rato sin darse cuenta.

- Y bueno… ¿Por qué no me enseñas cómo está la ciudad sin mí?

- Pero… ¿Y si alguien te reconoce? Supuestamente estás muerto.

- Nadie podrá verme ni tocarme. Solo tu puedes.

Me sentí realmente afortunada.

Caminamos largo rato por la ciudad, paseando cerca de parques y jardines. De pronto, Jace se
detuvo frente a una casa de color rojizo, con un bonito jardín delante de la puerta de entrada.
Tocó una de las hojas que colgaba de la verja con nostalgia.

- ¿Era tu casa verdad? - Pregunté en tono suave.

- Así es.

Nos sentamos en un banco frente a la casa, y tras un largo rato, salió una mujer de la casa
cargada de bolsas. Una mujer con el pelo largo, liso y del mismo castaño claro que Jace que
iba completamente vestida de negro.

- Adiós mamá – Susurró a mi lado Jace cuando la mujer hubo desaparecido.

Se levantó del banco y me tendió la mano, ayudándome a levantarme.

- Vamos.

Mi gesto se ensombreció al recordar algo.


- Jace…

- ¿Sí?

- Dijiste que te habían concedido tu deseo, que podrías quedarte solo un poco más y yo…

Jace abrió la boca para decir algo, pero yo se lo impedí con un gesto de mi mano, y el la
volvió a cerrar con una expresión… ¿Divertida?

- Solo quiero decirte que sea a donde sea que vayas ahora que eres un ángel, espero que sea
un lugar donde puedas ser muy feliz, un lugar donde no vayas a sufrir nunca más. Y también
quiero… quiero darte las gracias por salvarme la vida. - Cuando terminé de hablar levanté la
cabeza, esperando ver su reacción. Esta vez no había duda, tenía una expresión divertida.

- Iba a decirte – Comentó sin dejar de sonreír, abriendo los brazos. - Que no voy a tener que
irme, al menos no hasta que tu mueras.

- ¿Qué? - conseguí preguntar yo.

- ¿Aún no te has dado cuenta? -

Negué con la cabeza.

- Soy tú ángel guardián y te protegeré el resto de tu vida - Dijo con una sonrisa de oreja a
oreja.

Yo también sonreí, y mientras le abrazaba, sentí como si la cuenta atrás de aquel terrorífico
cronómetro, acabase de terminar.

FIN

También podría gustarte