INSTITUTO SUPERIOR DE ESTUDIOS TEOLOGICOS
JUAN XXIII
Nombre: Renán Robles Paravecino
Curso: Derecho Canónico I
1. La Sede Vacante
Dos son las circunstancias que pueden dar lugar al final de un Pontificado, iniciándose con
ello el periodo de “Sede Vacante” y la necesidad de convocar el cónclave: el fallecimiento
del Papa o su abdicación (renuncia).
Durante la Sede Vacante, los Cardenales desarrollan sus funciones mediante dos tipos de
comisiones, llamadas “Congregaciones”: la Particular y la General.
1.1. Congregación Particular
Integran la Congregación Particular el Cardenal Camarlengo y otros tres cardenales
elegidos por sorteo entre los electores (es decir, los que no han cumplido los 80 años). Cada
tres días se procede a un nuevo sorteo para renovar a los cardenales asistentes. La
Congregación Particular se ocupa de los asuntos ordinarios de menor entidad que se vayan
presentando durante la Sede Vacante. La Congregación Particular cesa en sus funciones en
el mismo momento en que se elige un nuevo Papa.
1.2. La Congregación General
La Congregación General está compuesta por la totalidad del Colegio Cardenalicio y está
en funciones hasta el momento de iniciarse el Cónclave. Los Cardenales Electores tienen
obligación de incorporarse a la Congregación General tan pronto como haya sede vacante.
En cambio, a los no electores se les permite abstenerse de participar si así lo desean. Sus
encuentros se celebran a diario y los preside el Cardenal Decano.
1.3. inicio del cónclave
El día señalado por la Congregación General de tiene lugar por la mañana una solemne
misa votiva “Pro eligendo pontificem” (para la elección del Pontífice), presidida por el
Cardenal Decano, en la que se pide a Dios que ilumine las mentes de los electores.
. Ya por la tarde, los cardenales, reunidos en la Capilla Paulina, se encaminan en procesión
solemne a la Capilla Sixtina cantando las letanías de los Santos de Oriente y Occidente.
Una vez llegados a la Capilla Sixtina, los electores entonan a coro el “Veni Creator,
oración con la que se invoca al Espíritu Santo, y proceden a prestar juramento solemne de
guardar las normas que rigen el Cónclave, cumplir fielmente el ministerio petrino en caso
de ser elegidos, y mantener el secreto de todo cuanto se refiera a la elección del nuevo
Pontífice.
Una vez prestado el juramento, leído conjuntamente y ratificado de forma individual ante
los Evangelios, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias da la solemne orden
de “Extra omnes” (¡Fuera todos!), indicando que todos aquellos ajenos al Cónclave deben
salir del recinto. Sólo permanecen él mismo y el eclesiástico encargado de predicar a los
Cardenales la segunda de las meditaciones sobre los problemas de la Iglesia
contemporánea. Terminada ésta, tanto el predicador como el Maestro de las Celebraciones
deben salir también. Las puertas quedarán cerradas y con Guardias Suizos protegiéndolas.
A partir de ese momento se puede proceder a la primera votación (única del día) o
aplazarla hasta el día siguiente.
1.4. votaciones
El proceso de votación en el cónclave se divide en tres partes: pre-escrutinio, escrutinio
propiamente dicho y post-escrutinio. Comienza la fase de pre-escrutinio cuando, antes de
cada sesión de votaciones (diariamente hay dos sesiones, una por la mañana y otra por la
tarde, con dos votaciones en cada una, salvo resultado positivo en la primera), el último
Cardenal Diácono extrae por sorteo público los nombres de tres Escrutadores, tres
Enfermeros y tres Revisores. Se distribuyen entonces a los Electores dos papeletas de forma
rectangular, que llevan impresa la frase: “Eligo in Summum Pontificem” (“Elijo como
Sumo Pontífice”), y debajo un espacio en blanco para el nombre del elegido. Los
Cardenales deben escribirlo con letra clara, pero lo más anónima posible. Si se escribe más
de un nombre el voto es declarado nulo.
La fase de escrutinio se inicia cuando cada Cardenal, por orden de precedencia, habiendo
doblado dos veces su papeleta de voto, la lleva en alto hasta el altar, delante del cual están
los Escrutadores y sobre el que se ha colocado una urna cubierta con un plato para recoger
los votos. Una vez allí, el Cardenal votante pronuncia en voz alta el juramento: “Pongo por
testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, que doy mi voto a quien, en presencia de Dios,
creo que debe ser elegido”. Deposita entonces la papeleta en el plato y con éste la introduce
en la urna. Se inclina luego ante el altar y regresa a su sitio.
Si un Cardenal –enfermo o anciano– no puede acercarse hasta el altar, un Escrutador se
acerca a él, recoge su juramento y su voto y se encarga de depositar la papeleta en la urna.
Si su enfermedad le obliga a permanecer en la Casa de Santa Marta, son entonces los
Enfermeros los que acuden a recoger su voto siguiendo un procedimiento similar al
descrito.
El post-escrutinio lo llevan a cabo los tres Cardenales Escrutadores, elegidos al azar,
contabilizando delante de todos los Electores los votos recogidos.
Los nombres de los votantes se van anotando en una relación, mientras que los votos
contabilizados se van cosiendo con aguja e hilo para mantenerlos unidos. A continuación,
los tres Revisores revisan los votos, para asegurarse de que aquéllos han cumplido
correctamente su cometido.
Si ninguno de los candidatos obtiene la mayoría de dos tercios, concluida cada sesión (dos
votaciones) se queman en una estufa las papeletas de los votos junto con las notas de los
Escrutadores. Se agregan sustancias químicas al fuego para que el humo sea negro e
indique una elección sin éxito.
El cónclave dura todo el tiempo que sea necesario. Sin embargo, hay establecidos periodos
de descanso y coloquio si no se alcanza acuerdo (día 5º, tarde del 7º, tarde del 9º), con una
exhortación del Cardenal Decano. En ningún caso se contempla la abstención de los
electores.
Elección y aceptación conseguida la mayoría necesaria en cualquier votación, el candidato
elegido debe expresar de inmediato su aceptación o no del ministerio. El último de los
Cardenales Diáconos convoca a la Capilla Sixtina al Secretario del Colegio de Cardenales y
al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. Presentes éstos, el Cardenal Decano
pide el consentimiento al elegido con la siguiente pregunta: “Acceptasne electionem de te
canonice factam in Summum Pontificem?” (“¿Aceptas tu elección canónica como Sumo
Pontífice?”). Si el candidato electo da el consentimiento, se le pregunta entonces: “Quo
nomine vis vocari?” (“¿Con qué nombre deseas ser conocido?”) El ya Papa indica el
nombre que ha escogido con estas palabras: “Vocabor N.” (“Me llamaré N.”). Entonces el
Maestro de las Celebraciones, en funciones de notario, levanta acta de la aceptación del
nuevo Pontífice y de su nombre.
En el caso de que el elegido no sea uno de los Cardenales presentes, se avisa al Sustituto de
la Secretaría de Estado, quien se encargará de que el escogido como nuevo Papa llegue al
Vaticano lo antes posible, evitando absolutamente que se enteren los medios de
comunicación. Una vez llegado al cónclave, el Cardenal Decano convocará al resto de los
electores a la Capilla Sixtina para proceder al mismo ritual de aceptación. Si el elegido
acepta y no es obispo, el Cardenal Decano le ordenará de inmediato como tal. A partir del
momento de la aceptación –y ordenación en su caso– el elegido pasa a ser Obispo de Roma,
Papa y Cabeza del Colegio Episcopal. En ese mismo momento adquiere la plena y suprema
potestad sobre la Iglesia universal. Una vez aceptada la responsabilidad, los papeles se
queman usando paja seca, lo que da lugar a un humo de color blanco. Es la señal que
anuncia al mundo la elección de un nuevo Papa y se la denomina “fumata blanca”.
1.5. Vestimenta
El nuevo Papa es conducido a la sacristía de la Capilla Sixtina, llamada comúnmente “Sala
de las lágrimas”, ya que parece que todos los elegidos, sin excepción, lloran allí ante la
magnitud de la responsabilidad que acaban de asumir. En la sala se encuentran tres
maniquíes con sotanas blancas de diversos tamaños: grande, mediana y pequeña. De ser
necesario, un equipo de religiosas hacen los arreglos pertinentes. También hay a mano un
barbero por si el Papa necesita un afeitado antes de presentarse ante el pueblo.
1.6. La primera bendición
Inmediatamente, el Cardenal Protodiácono se dirige al balcón principal de la Basílica de
San Pedro y allí hará público el anuncio de la elección con la expresión “habemus papam”.
Pocos instantes después el nuevo Papa, precedido por la cruz procesional y por los primeros
de los Cardenales entre los órdenes de los Obispos, Presbíteros y Diáconos, sale al balcón y
desde allí saluda al pueblo con las primeras palabras de su pontificado. A continuación
imparte la bendición apostólica “Urbi et Orbi” (“para la ciudad y para el mundo”), que en
adelante sólo dará de ordinario en Navidad y Pascua.
1.7. La Misa de Inauguración del Pontificado y el escudo de armas
El Pontificado se inaugura de modo oficial con una misa solemne que se celebra a los pocos
días de concluido el cónclave, normalmente en la explanada de la Basílica de San Pedro. En
esa celebración, el nuevo Papa es investido de sus nuevos símbolos: su Palio, y su anillo del
Pescador. Es tradición que cada Papa tenga su escudo de armas que es personal y lo diseña
cada Pontífice a su gusto. Sin embargo, siempre aparecen las Llaves del Cielo entregadas a
San Pedro y la Tiara Papal.
¿Qué funciones tiene el Camarlengo?
El Camarlengo de la Santa Iglesia Romana es el administrador de la propiedad y las rentas
de la Santa Sede.
Camarlengo, del latín camerarius, es el título de uno de los funcionarios al servicio del
Papa. En el lenguaje latino, el término camera (compartimento) significa el tesoro del
príncipe, del monasterio, etc; también en general el tesoro (fiscus) real, la administración
temporal de un monasterio.
El término camerarius, era por lo tanto, con mucha frecuencia el tesorero real, y en el caso
del monasterio, significó el monje encargado de la administración de la propiedad monacal.
Este es también el sentido italiano del término camarlengo, todavía existente en Roma por
tres clases de eclesiásticos:
1. El Camarlengo de la Santa Iglesia Romana
2. El Camarlengo del Sagrado Colegio (de Cardenales)
3. El Camarlengo del Clero Romano
1. El Camarlengo de la Santa Iglesia Romana
El Camarlengo de la Santa Iglesia Romana es el administrador de la propiedad y las rentas
de la Santa Sede, y es sucesor de la Archidiócesis de Roma y del Vicedominus, el primero
de los cuales administraba la propiedad de la totalidad de la Iglesia Romana, mientras el
segundo se encargaba especialmente de la administración de la mensa del Papa y el
personal al completo del patriarcado Lateranense (San Juan Lateran).
1.1. En la actualidad
Entre la muerte del papa y la elección de su sucesor (sede vacante) el cardenal- Camarlengo
es el jefe del Sagrado Colegio. Es su deber verificar la muerte del Papa para dirigir los
preparativos del conclave, y llevar a cabo el mismo.
2. Funciones del Camarlengo tras la muerte del Santo Padre
La constitución apostólica de Juan Pablo II "Universi Dominici gregis" (1996), sobre la
vacante de la sede apostólica y la elección del Romano Pontífice, dice lo siguiente en el
artículo número 17:
"Apenas recibida la noticia de la muerte del Sumo Pontífice, el Camarlengo de la Santa
Iglesia Romana debe comprobar oficialmente la muerte del Pontífice en presencia del
Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, de los Prelados Clérigos y del
Secretario y Canciller de la Cámara Apostólica, el cual deberá extender el documento o
acta auténtica de muerte. El Camarlengo debe además sellar el estudio y la habitación del
mismo Pontífice, disponiendo que el personal que vive habitualmente en el apartamento
privado pueda seguir en él hasta después de la sepultura del Papa, momento en que todo el
apartamento pontificio será sellado; comunicar la muerte al Cardenal Vicario para la Urbe,
el cual dará noticia al pueblo romano con una notificación especial; igualmente al Cardenal
Arcipreste de la Basílica Vaticana; tomar posesión del Palacio Apostólico Vaticano y,
personalmente o por medio de un delegado suyo, de los Palacios de Letrán y de Castel
Gandolfo, ejerciendo su custodia y gobierno; establecer, oídos los Cardenales primeros de
los tres órdenes, todo lo que concierne a la sepultura del Pontífice, a menos que éste,
cuando vivía, no hubiera manifestado su voluntad al respecto; cuidar, en nombre y con el
consentimiento del Colegio de los Cardenales, todo lo que las circunstancias aconsejen para
la defensa de los derechos de la Sede Apostólica y para una recta administración de la
misma. De hecho, es competencia del Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, durante la
Sede vacante, cuidar y administrar los bienes y los derechos temporales de la Santa Sede,
con la ayuda de los tres Cardenales Asistentes, previo el voto del Colegio de los
Cardenales, una vez para las cuestiones menos importantes, y cada vez para aquéllas más
graves".
3. El Camarlengo del Sagrado Colegio
El Camarlengo del Sagrado Colegio (de Cardenales) administra todos los honorarios y
rentas que pertenecen al Colegio de Cardenales, preside en las misas de réquiem para un
cardenal difunto y se encarga del registro del "Acta Consistoralia".
4. El Camarlengo del Clero Romano
El Camarlengo del Clero Romano es elegido por los Canónigos y sacerdotes de la parroquia
de Roma; tiene un puesto honorario en las grandes procesiones, preside las conferencias
eclesiásticas del clero parroquial, actúa como árbitro en todas las cuestiones de precedencia,
y administra el "juramento del estado libre", obligatorio en las personas que desearan
casarse.