Cuando Buenos Aires era una pequeña aldea
Ubicamos a Bs. As. En el mapa
Miramos imágenes de la ciudad antes y ahora. Comparamos.
¿Qué diferencias observaste? (dictado al docente)
Vista de Buenos Aires, Charles Pellegrini, 1834, acuarela.
M
useo Nacional de Bellas Artes.
CUANDO BUENOS AIRES ERA UNA PEQUEÑA ALDEA
Durante mucho tiempo, la ciudad de Buenos Aires era una ciudad muy chica. Los viajeros que la
visitaban a principios de 1800 decían que era una pequeña aldea. De una punta hasta la otra
tenía unas treinta cuadras. En sus alrededores se hallaban las quintas que ocupaban una
superficie mucho más extensa y abastecían de frutas y verduras a sus habitantes. En la ciudad
vivían unas 40.000 personas.
Estas personas recorrían la ciudad a pie o a caballo porque las distancias eran cortas: ir de un
lado a otro no tomaba mucho tiempo. Si llovía se complicaba, porque las calles eran de tierra y
el barro dificultaba los traslados. Para distancias más largas las familias ricas usaban carruajes
tirados por caballos, pero no había muchos en la ciudad. Para el transporte de mercaderías se
usaban carretas tiradas por bueyes.
Buenos Aires era una ciudad baja, la mayoría de las casas tenían una sola planta. Algunas tenían
dos pisos a los que se llamaba “altos” y los vecinos los identificaban por el apellido de sus
dueños, por ejemplo, “los altos de Elorriaga”. Muchas casas tenían azotea y miradores donde
las familias podían disfrutar de las vistas del río y ver la llegada de algún barco. Las únicas
construcciones que sobrepasaban esa altura eran las cúpulas y campanarios de las iglesias que,
por cierto, eran muchas en esta pequeña aldea.
¿Por qué les parece que los viajeros decían que Buenos Aires era una “pequeña aldea”?
LA CIUDAD Y EL RÍO
El río era muy importante para la población de la ciudad. Si miran en detalle las partes de la
pintura de Pellegrini que aparecen a continuación, van a saber por qué.
Vista de Buenos Aires, Ch. Pellegrini (parte)
Por el río llegaban los viajeros, las mercancías y la información que venían de Europa o de otras partes de
América. Como el río era muy poco profundo, los barcos grandes no podían llegar hasta la orilla. Por eso,
carretas de grandes ruedas se internaban en el río para acercarse a los barcos y transportar a los pasajeros y
las mercancías hasta la ciudad.
Vista de Buenos Aires, Ch. Pellegrini (parte)
Del río se obtenía el agua que las personas necesitaban para beber, cocinar, limpiar o asearse. El aguatero
entraba al río con su carreta tirada por bueyes, cargaba su tonel de agua y luego la repartía por las casas de
la ciudad.
Vista de Buenos Aires, Ch. Pellegrini (parte)
Las lavanderas, generalmente esclavas, lavaban la ropa de sus amos en el río. Como no podían volver con la ropa
mojada porque era muy pesada, la secaban en la orilla. Mientras esperaban que se secara, conversaban y tomaban
mate. Así se enteraban de las novedades de la ciudad.
Vista de Buenos Aires, Ch. Pellegrini (parte)
La Alameda, un paseo público rodeado de árboles en la ribera del río, era uno de los lugares preferidos de los
habitantes de Buenos Aires. Lo recorrían a pie o en carruaje al atardecer. En las noches de verano, se acercaban las
familias para tomar baños nocturnos.
Vista de Buenos Aires desde la playa, de Rodolfo Carlsen (1845)
Las mañanas de Buenos Aires según lo que cuenta un viajero francés
Cuando la ciudad despierta se ven en primer lugar las carretas de los pescadores que regresan de la playa, cargadas de pescados. Salen a pescar
todos los días antes del amanecer, arrojan una o varias veces la red arrastrada por caballos. Y la carreta se carga de hermosos peces para llevarlos
al mercado...
Las carretas que sirven para el desembarco de pasajeros y marineros marchan en grupo hacia el río. Tienen ruedas tan altas que impresionan y son
conducidas por un gaucho…
Vienen después los aguateros, trepados en el yugo que une a los bueyes de la yunta, mientras que una campanilla anuncia su paso.
Luego llegan toda clase de vendedores a caballo... los lecheros, los distribuidores de pan, sentados entre dos grandes canastas de cuero llenas de
panes. Los vendedores de aves y frutas recorren también las calles, así como los artesanos que se dirigen a sus talleres.
Las lavanderas negras o mulatas con la cabeza cargada con una gran batea en la cual llevan ropa y jabón, se dirigen al río fumando su pipa y
llevando la pava para calentar agua para su mate. Ellas no hacen nada antes de haber tomado su bebida favorita.
A las ocho comienza el día para los comerciantes: abren sus negocios, se ubican frente al mostrador o se dedican a desempaquetar mercaderías.
La ciudad presenta entonces el aspecto de todos los puertos: se ven las carretas cargadas de mercaderías, hombres de negocios de distintas
naciones, se oye hablar todas las lenguas.
Viaje a la América Meridional realizado de 1826 a 1833, por Alcides d’ Orbigny
LAZA Y EL MERCADO DE BUENOS AIRES
El mercado, de Emeric Essex Vidal, 1820
Para buscar en la pintura “El mercado”:
La Recova Vieja
Una torre de iglesia
Carretas de ruedas grandes
Una mujer que lleva una mulita agarrada de la cola y una canasta con panes.
¿Cómo lleva la canasta? ¿Adónde irá?
Un vendedor de aves vestido con un
poncho Vendedoras de pescado, aves y
huevos.
Un esclavo que lleva la mercadería (un gran pescado y dos gallinas) que
compró en el mercado para sus amos
Otras personas que están de paso por el mercado.
¿Qué otras cosas ven en la imagen de Essex Vidal?
Plaza de la Victoria (frente al sur), Charles Pellegrini, 1829. Acuarela. Museo Nacional de Bellas Artes.
Observen detenidamente la imagen para localizar y comentar en el aula:
▪ Los puestos del mercado.
▪ ¿Quiénes están comprando o recorriendo los puestos? Señalalos.
▪ ¿Quiénes están en la calle? ¿Qué te parece que están haciendo?
▪ Hay carretas de carga y carruajes para las personas. ¿Cuántas carretas y
cuántos carruajes encontraste? Fijate en qué se parecen y en qué se
diferencian.
▪ Miren las construcciones de la ciudad y busquen:
- La Recova Vieja.
- Una azotea (o terraza). Miren cómo es. ¿Se acuerdan qué hacían allí las
familias?
- Una persona en un balcón.
- La iglesia.
A diferencia de las plazas que conocemos hoy, las plazas de los 1800 eran lugares
abiertos. El piso era de tierra y no había otras construcciones. Allí funcionaban los
mercados y se estacionaban las carretas y carruajes de los vendedores y artesanos. La
gente las usaba como espacio de reunión, para celebrar fiestas o para acontecimientos
importantes.
La gente de Buenos Aires hacia 1800
LA SOCIEDAD DE BUENOS AIRES
En Buenos Aires había dos grupos sociales muy diferentes entre sí: un grupo
privilegiado, por un lado, y los sectores populares, por el otro.
Desde la época de la colonia, los miembros del grupo privilegiado eran españoles o
criollos (hijos de españoles nacidos en América). En aquellos tiempos el color de piel
determinaba la posición social de las personas. Todos los miembros de este grupo eran
blancos. Además, todos eran adinerados porque la riqueza era otro elemento
fundamental para pertenecer a este grupo. Estas personas se llamaban a sí mismas
“gente decente”.
Los sectores populares estaban formados por los indígenas, los esclavos africanos y sus
hijos nacidos en América y todos los “mezclados”, es decir, todos aquellos nacidos de
personas de distinto origen (por ejemplo, los mestizos, que eran hijos de una indígena
y un español). También había blancos en este grupo. Esto pasaba cuando los blancos
eran pobres o realizaban tareas consideradas inferiores o no tenían vivienda o
educación. En síntesis, los sectores populares estaban formados por todas las personas
que eran colocadas en una posición inferior en la sociedad, ya sea por el color de su
piel o por su ocupación. La “gente decente” los llamaba “el bajo pueblo” o “la plebe”.
Estos grupos tenían derechos muy diferentes y la “gente decente” concentraba todos
los privilegios. La sociedad de aquellos tiempos era totalmente desigual.
LA “GENTE DECENTE”
Observen las pinturas Tertulia porteña y Minuet, de Charles Pellegrini:
Tertulia porteña, Charles Pellegrini, 1831
Minuet, Charles Pellegrini, 1831
LA “GENTE DECENTE”
Las familias de la llamada “gente decente” en general tenían muchos hijos. Sus casas
eran muy grandes porque, además del matrimonio y los hijos, vivían bajo el mismo
techo otros parientes, huéspedes, empleados y esclavos. Estas familias tenían en sus
casas al menos de cinco esclavos: cochero, lacayo y encargados de la limpieza, la cocina
y el acarreo del agua. Así las cosas, en las casas de la “gente decente” podían llegar a
vivir hasta cincuenta personas.
Estas familias desarrollaban la mayor parte de sus actividades adentro de sus casas. Allí
trabajaban, aprendían, se reunían con otros familiares y conocidos, se divertían.
La principal diversión eran las tertulias, unas reuniones que las familias de este grupo
ofrecían por las noches. Los salones se llenaban de visitantes a los que invitaban con
mate y dulces. Las diversiones consistían en conversar; bailar las danzas de moda como
el minué, el vals o algún baile criollo como el cielito; tocar música (con piano, guitarra o
arpa) y cantar. Era costumbre saludar a la dueña de casa al llegar pero luego los
invitados podían retirarse sin despedirse. Era común asistir a varias tertulias en una
misma noche, según cuenta en sus memorias el viajero Samuel Haigh.
Para elaborar este texto consultamos el artículo “Una revolución en las costumbres: las nuevas formas
de sociabilidad de la elite porteña, 1800-1860.”, de Jorge Myers. En Devoto y Madero (1999): Historia de
la vida privada en la Argentina. Tomo 1. Buenos Aires: Taurus.
LOS TRABAJOS DE LOS ESCLAVOS
Observen las imágenes con atención y conversen sobre qué tipos de trabajos
muestran. Los títulos de las pinturas que aparecen debajo de cada imagen también
aportan información.
La lavandera, César H. Bacle El encendedor de faroles, César H. Bacle
El vendedor de escobas, César H. Bacle Pulpería en la ciudad en la ciudad de Buenos
Aires. Alberico Ísola (1844)
LOS TRABAJOS DE LOS ESCLAVOS
En Buenos Aires, los esclavos estaban destinados principalmente al trabajo doméstico. Los
amos les hacían desempeñar todas las tareas hogareñas posibles, por ejemplo: conducir los
carruajes, atender a los animales, limpiar la casa, hacer la comida y servirla, acarrear el agua,
lavar la ropa en el río, plancharla, hacer las compras, cuidar a los niños... Como era costumbre
en la época, las esclavas también amamantaban a los bebés de la familia.
Además, los esclavos trabajaban realizando una serie de oficios urbanos como el transporte de
agua, el alumbramiento de las calles, la exterminación de insectos o la venta ambulante.
Los esclavos realizaban también la mayor parte de las actividades artesanales de la ciudad:
producían pan, alimentos, muebles, sombreros, zapatos y ropa.
Algunos esclavos trabajaban en oficios vinculados con el entretenimiento: aprendían a tocar
instrumentos y se desempeñaban como músicos en las tertulias que se celebraban en la casa
de sus amos o en otras celebraciones.
EL CANDOMBE
Los esclavos que vivieron en Buenos Aires se reunían los domingos en sus viviendas o
en terrenos baldíos de la zona sur de la ciudad para celebrar festividades de su tierra,
tocar música y bailar al ritmo del tambor. Estas reuniones eran conocidas como
“tambor” o “candombe” y se hacían escuchar en toda la ciudad.
La pintura “Candombe federal”, de Martín Boneo, representa una de estas reuniones.
Observen con atención el siguiente fragmento de la pintura de Boneo para saber más sobre
los candombes.
El candombe federal, Martín Boneo, 1845. (Fragmento)
20 DE JUNIO
El docente tendrá a su cargo brindar información
sobre el contenido histórico de la fecha,
ubicando la creación de la Bandera dentro del
marco de los acontecimientos del momento: la
Colonia, la Revolución de Mayo, la guerra contra
España y la razón por la cual se crearon los
símbolos patrios. También, ofrecer datos sobre
Manuel Belgrano. Acompañar la información con
imágenes: cuadros de época, videos.
Proponemos una charla con los chicos a partir
de la pregunta: ¿Qué es un símbolo? Reunir las
opiniones más significativas para llegar a un
concepto global. Mostrar símbolos patrios
(banderas, escudos) de provincias y de otras
naciones. Promover que los alumnos recuerden
dónde han visto la Bandera nacional y sus
colores; hacer una lista de lugares y personas
que puedan portar nuestra insignia:
instituciones, aviones, barcos, canchas, remeras,
pintura en las caras, etc. Después, cada chico
elaborará una ilustración, donde aparezca la
Bandera nacional, ubicada en un lugar a su
elección.
Para charlar en clase
¿Cuándo y dónde recuerdan que se iza o se coloca la Bandera nacional? (Escuelas,
instituciones oficiales, actos públicos, frentes de viviendas, campeonatos deportivos, etc.). ¿En
qué oportunidades y por qué se emplean los colores nacionales, fuera de la Bandera?
(Camisetas, pintura en la cara, marca de algunos productos, entre otras posibilidades).
Sugerimos la elaboración en grupos de historietas que relaten distintos momentos de la
creación de la Bandera, por ejemplo, su primer izamiento en Rosario, juramento de la
Bandera en Jujuy y en el río Pasaje (Juramento). También podrán elegir momentos de la
vida de Belgrano. Cada alumno trabajará en el aspecto que prefiera: hacer el guion,
dibujar, colorear, buscar modelos de vestimenta, calles, casas y muebles, etc. Los
trabajos podrán intercambiarse en el aula y dentro de la escuela.
Exposición de fotos tomadas por los chicos, de diferentes sitios donde aparece la
Bandera nacional o donde se ubiquen sus colores, con los epígrafes correspondientes.