Evaluación de la Empatía en Pacientes con Traumatismo
Craneoencefálico Mediante el Test TECA
Sección 1: La Empatía y su Alteración Tras un Traumatismo
Craneoencefálico
1.1 Definiendo la Empatía Cognitiva y Afectiva
La empatía es un constructo psicológico multidimensional fundamental
para el funcionamiento social y las relaciones interpersonales. Se
considera un componente esencial de la inteligencia emocional y se
relaciona con comportamientos prosociales, altruismo y razonamiento
moral. La investigación contemporánea distingue principalmente dos
componentes interrelacionados pero potencialmente disociables: la
empatía cognitiva y la empatía afectiva.
La empatía cognitiva se refiere a la capacidad intelectual o
imaginativa para comprender el estado mental de otra persona,
incluyendo sus pensamientos, intenciones, creencias y perspectivas.
Implica procesos como la adopción de perspectivas (ponerse
mentalmente en el lugar del otro) y la comprensión de las emociones
ajenas (reconocer e interpretar los estados emocionales de los demás).
Este componente requiere la capacidad de representar mentalmente los
procesos mentales de otros y manipular dicha información. Se solapa
conceptualmente con la Teoría de la Mente (Theory of Mind, ToM),
definida como la habilidad para atribuir estados mentales a otros,
aunque la empatía cognitiva se enfoca específicamente en la
comprensión de los estados emocionales, además de los cognitivos.
La empatía afectiva, por otro lado, alude a la capacidad de
experimentar o resonar con el estado emocional de otra persona,
generando una respuesta emocional congruente y apropiada en el
observador. Implica "sentir con" el otro, una sintonía emocional que
puede manifestarse como alegría compartida ante las buenas noticias
de alguien o como malestar al presenciar el sufrimiento ajeno. Es
importante distinguirla de constructos relacionados como la simpatía
(sentir por el otro) o el malestar personal (una reacción aversiva
centrada en uno mismo ante el sufrimiento ajeno), ya que la empatía
afectiva requiere una congruencia emocional con el estado del otro,
manteniendo la distinción entre el yo y el otro. Este componente está
vinculado a procesos como el contagio emocional y tiene correlatos
fisiológicos medibles.
La evidencia neurobiológica sugiere que, aunque interactúan
constantemente, los componentes cognitivo y afectivo de la empatía
dependen de redes neurales parcialmente distintas. Estudios
estructurales y funcionales han asociado la empatía cognitiva con
regiones neocorticales, incluyendo la corteza prefrontal ventromedial y
dorsolateral, la unión temporoparietal y el lóbulo temporal, mientras que
la empatía afectiva se ha relacionado más con estructuras límbicas y
paralímbicas como la amígdala, la ínsula anterior, el córtex cingulado
anterior y el giro frontal inferior. Esta disociación neuroanatómica
sustenta la posibilidad de que lesiones cerebrales afecten de manera
diferencial a uno u otro componente de la empatía.
1.2 Visión General de los Déficits de Empatía como Consecuencia
del Traumatismo Craneoencefálico (TCE)
El traumatismo craneoencefálico (TCE) representa un problema de salud
pública de primer orden, siendo una causa principal de muerte y
discapacidad a largo plazo, especialmente en niños y adultos jóvenes.
Las secuelas del TCE son heterogéneas, pero frecuentemente incluyen
alteraciones cognitivas (atención, memoria, funciones ejecutivas),
emocionales (depresión, ansiedad, irritabilidad) y conductuales.
Dentro de este espectro de secuelas, los déficits en la cognición social
(CS) son una consecuencia común y particularmente incapacitante del
TCE, especialmente en casos de moderados a graves. La cognición social
abarca un conjunto de habilidades necesarias para interactuar
eficazmente con los demás, incluyendo el procesamiento emocional, el
conocimiento social, la Teoría de la Mente (ToM) y la empatía. De hecho,
los déficits en CS, y específicamente en empatía, a menudo se perciben
como más perjudiciales para la calidad de vida que las limitaciones
físicas residuales, tanto para los pacientes como para sus cuidadores.
La literatura científica documenta consistentemente que tanto la
empatía cognitiva como la afectiva pueden verse comprometidas tras un
TCE. Estudios reportan que una proporción significativa de individuos
con TCE grave, estimada entre el 50% y el 70% en algunas muestras,
informan de bajos niveles de empatía en comparación con controles
sanos. Específicamente, se observan dificultades en la adopción de
perspectivas y la ToM (componentes cognitivos), así como en el
reconocimiento de afecto y la resonancia emocional (componentes
afectivos).
Estos déficits empáticos se han relacionado neuroanatómicamente con
las lesiones cerebrales características del TCE, que frecuentemente
afectan a los lóbulos frontales (áreas orbitofrontal, ventromedial y
dorsolateral) y temporales, así como a las vías de sustancia blanca que
conectan estas regiones, formando circuitos cruciales para la regulación
emocional y el comportamiento social.1 Las lesiones orbitofrontales, por
ejemplo, se asocian a desinhibición, impulsividad y agresividad,
mientras que el daño dorsolateral puede producir apatía y falta de
motivación. El circuito ventromedial, en particular, parece crítico para
integrar la información perceptual con las representaciones emocionales
y sociales, y su lesión puede conducir a una marcada falta de interés o
preocupación por los demás y déficits empáticos. 1 La propia naturaleza
del TCE, a menudo implicando daño axonal difuso además de lesiones
focales, puede perturbar las redes neurales distribuidas que sustentan la
empatía.
Las consecuencias funcionales de la alteración de la empatía post-TCE
son profundas. Estos déficits contribuyen significativamente a las
dificultades en las relaciones interpersonales, el aislamiento social, la
reducción de la participación en actividades significativas y una menor
calidad de vida general. Pueden manifestarse en comportamientos
socialmente inapropiados, dificultades para mantener amistades o
relaciones íntimas, y problemas laborales. Además, la falta de empatía
del paciente puede aumentar la carga y el estrés experimentados por los
cuidadores familiares. La presencia de déficits empáticos también se ha
asociado con un mayor riesgo de agresividad o conducta antisocial en
otras poblaciones. La elevada prevalencia y el impacto funcional de los
déficits de empatía tras un TCE subrayan la importancia clínica de su
evaluación sistemática. La comprensión del perfil empático específico de
un paciente es crucial para diseñar intervenciones de rehabilitación
neuropsicológica y social efectivas y para ofrecer apoyo adecuado tanto
al paciente como a su familia.
Sección 2: El Test de Empatía Cognitiva y Afectiva (TECA): Una
Visión General
2.1 Fundamento Teórico y Estructura
El Test de Empatía Cognitiva y Afectiva (TECA) es un instrumento de
evaluación psicológica desarrollado en España con el objetivo específico
de medir la capacidad empática. Sus autores son Belén López-Pérez,
Irene Fernández-Pinto y Francisco José Abad, y es publicado por TEA
Ediciones.
El fundamento teórico del TECA se alinea con las conceptualizaciones
contemporáneas de la empatía como un constructo multidimensional,
que integra tanto aspectos cognitivos como afectivos. Esta aproximación
dual es consistente con la distinción ampliamente aceptada en la
investigación actual sobre empatía. El test busca proporcionar una
apreciación global de la capacidad empática del individuo,
descomponiéndola en sus componentes clave.
Estructuralmente, el TECA es un cuestionario de autoinforme compuesto
por 33 ítems. Los ítems son afirmaciones sobre pensamientos,
sentimientos o comportamientos relacionados con situaciones sociales o
emocionales, ante las cuales el individuo debe indicar su grado de
acuerdo o la frecuencia con la que le ocurren, generalmente utilizando
una escala tipo Likert (aunque los detalles específicos de la escala de
respuesta no se detallan en los fragmentos proporcionados).
2.2 Descripción de las Escalas
El TECA proporciona una puntuación global de empatía, así como
puntuaciones en cuatro escalas específicas que evalúan distintos facetos
de los componentes cognitivo y afectivo:
1. Adopción de Perspectivas (AP): Esta escala evalúa la
dimensión cognitiva de la empatía. Mide la capacidad intelectual o
imaginativa del individuo para ponerse mentalmente en el lugar
de otra persona y comprender su punto de vista. Un ejemplo
ilustrativo de ítem podría ser similar a "Intento comprender mejor
a mis amigos mirando las situaciones desde su perspectiva".
Puntuaciones altas sugerirían una mayor facilidad para entender
las perspectivas ajenas.
2. Comprensión Emocional (CE): También perteneciente a la
dimensión cognitiva, esta escala evalúa la habilidad para
reconocer, identificar y comprender los estados emocionales, las
intenciones y las impresiones de los demás a partir de sus
expresiones o comportamiento. Un ítem representativo podría ser
del tipo "Me doy cuenta cuando alguien intenta esconder sus
verdaderos sentimientos". Puntuaciones elevadas indicarían una
mayor capacidad para "leer" las emociones de otros.
3. Estrés Empático (EE): Esta escala mide un aspecto de la
empatía afectiva, específicamente la capacidad de compartir o
resonar con las emociones negativas de otra persona. Se refiere a
la sintonía emocional con el malestar, tristeza o dolor ajeno. Un
ejemplo podría ser "No puedo evitar llorar con los testimonios de
personas desconocidas". Es importante notar que, si bien refleja
una conexión emocional, puntuaciones excesivamente altas en
esta escala podrían indicar una implicación excesiva en los
problemas ajenos, lo que podría ser contraproducente en ciertos
contextos profesionales (riesgo de burnout) o interferir con el
ajuste emocional personal.
4. Alegría Empática (AE): Complementaria a la anterior y también
dentro de la dimensión afectiva, esta escala evalúa la capacidad
de compartir o resonar con las emociones positivas de otra
persona. Mide la habilidad para sentir alegría o satisfacción ante
los éxitos o la felicidad de los demás. Un ítem ejemplo sería
"Cuando a alguien le sucede algo bueno siento alegría".
Puntuaciones altas reflejarían una mayor capacidad para conectar
con las experiencias positivas de otros.
Además de estas cuatro escalas, el TECA calcula una Puntuación
Global de Empatía, que ofrece una medida general del constructo
integrando la información de las distintas facetas. La estructura del
TECA, al distinguir entre empatía cognitiva (AP, CE) y afectiva (EE, AE), y
además diferenciar la respuesta afectiva a emociones positivas (AE) y
negativas (EE), permite un análisis potencialmente más matizado del
perfil empático de una persona. Esta diferenciación es relevante, ya que
la investigación sugiere que estos componentes pueden verse afectados
de forma distinta por condiciones neurológicas o psiquiátricas.
2.3 Uso Previsto y Propiedades Psicométricas Generales
El TECA está diseñado para ser aplicado en adolescentes a partir de los
16 años y en adultos. Se indica que es adecuado incluso para personas
con un nivel de formación escolar básico. Su administración puede ser
individual o colectiva y se caracteriza por su brevedad, requiriendo
aproximadamente entre 5 y 10 minutos para completarse. Existen
formatos de aplicación tanto en papel como online, con sistemas de
corrección también disponibles online.
En cuanto a sus propiedades psicométricas, los estudios de validación
realizados en poblaciones no clínicas (específicamente, sin TCE) sugieren
que el TECA posee características adecuadas. Se ha reportado una
buena fiabilidad, medida a través de la consistencia interna (coeficiente
Alfa de Cronbach). Por ejemplo, un estudio en población mexicana
general encontró un Alfa de 0.86 para la escala total, y la
documentación original menciona coeficientes de fiabilidad para las
subescalas que oscilan entre 0.70 y 0.86. Una adaptación al euskera
también mostró índices aceptables de consistencia interna. Un estudio
de caso menciona un índice de fiabilidad del 95%, aunque la fuente de
este dato no está clara en el material.1
Respecto a la validez, se han obtenido evidencias de validez de
constructo. Los análisis factoriales (exploratorios y confirmatorios)
generalmente han apoyado la estructura de cuatro factores propuesta
por los autores, aunque algún estudio sugiere la necesidad de revisar
algunos ítems. Por ejemplo, la estructura factorial original se consideró
replicable en población mexicana. También se ha encontrado evidencia
de validez convergente, mostrando correlaciones moderadas y
estadísticamente significativas entre las dimensiones del TECA y
medidas de inteligencia emocional.
El TECA ha sido objeto de adaptaciones y validaciones en diferentes
contextos culturales y lingüísticos, como la adaptación al euskera para
población infantil, adolescente y juvenil, la validación en población
adulta mexicana, y la validación en profesionales de la salud en
Colombia. Estos estudios, en general, concluyen que el TECA es una
herramienta válida y fiable para evaluar la empatía en esas poblaciones
específicas. Sin embargo, es crucial destacar que esta evidencia
psicométrica proviene de muestras sin daño cerebral adquirido, y su
generalización a la población con TCE no puede darse por sentada.
Sección 3: Aplicación del Test TECA en la Población con TCE
3.1 Evidencia del Uso del TECA en la Evaluación del TCE
A pesar de la relevancia clínica de los déficits de empatía en pacientes
con traumatismo craneoencefálico (TCE) y de la existencia del TECA
como instrumento diseñado para medir componentes cognitivos y
afectivos de la empatía, la evidencia documentada sobre el uso
específico de este test en dicha población clínica parece ser
extremadamente limitada, según el material de investigación analizado.
La búsqueda de estudios académicos, artículos de investigación o
publicaciones clínicas que hayan utilizado explícitamente el TECA en
pacientes diagnosticados con TCE arrojó resultados escasos. La principal
y única evidencia directa encontrada proviene de un estudio de caso
único detallado en el documento referenciado como. 1 Este estudio
describe la evaluación neuropsicológica de una paciente adulta mayor
con antecedentes de TCE grave ocurrido años atrás. La paciente
presentaba un funcionamiento cognitivo general dentro de la normalidad
en el momento de la evaluación, pero existían sospechas clínicas sobre
posibles dificultades en la comprensión y percepción de aspectos
emocionales y afectivos en los demás.1
La justificación explícita para emplear el TECA en este caso particular
fue precisamente su capacidad para evaluar la empatía desde las
perspectivas cognitiva y afectiva/emocional, permitiendo así explorar las
hipótesis clínicas sobre las dificultades socioemocionales de la paciente
a pesar de su buen rendimiento cognitivo general. 1
Es fundamental contrastar esta escasez de evidencia para el TECA con la
abundante literatura que documenta el uso de otras herramientas de
evaluación de la empatía y la cognición social en poblaciones con TCE o
daño cerebral adquirido (DCA) en general. Numerosos estudios han
empleado cuestionarios de autoinforme como el Interpersonal Reactivity
Index (IRI), el Empathy Quotient (EQ), el Questionnaire of Cognitive and
Affective Empathy (QCAE), o la Toronto Alexithymia Scale (TAS-20,
relacionada con la conciencia emocional). Asimismo, se utilizan
frecuentemente pruebas basadas en el rendimiento (performance-
based) que evalúan la Teoría de la Mente (ToM) o el reconocimiento de
afecto, y escalas de observación o informes de terceros. La prevalencia
de estas otras herramientas en la investigación sobre TCE/DCA resalta
aún más la aparente falta de estudios publicados que utilicen el TECA en
este contexto específico.
3.2 Análisis de los Perfiles de Empatía Observados Mediante
TECA en TCE 1
El estudio de caso 1 proporciona información valiosa, aunque limitada a
un solo individuo, sobre el perfil empático que puede detectarse
mediante el TECA en una persona con antecedentes de TCE grave. Los
resultados específicos obtenidos por la paciente en este test fueron los
siguientes:
Puntuación Global de Empatía: La paciente obtuvo una
puntuación total en el TECA que la situaba en un rango bajo,
indicando un nivel general de empatía disminuido en comparación
con la población normativa.1
Empatía Cognitiva (AP y CE): Las puntuaciones en las escalas
de Adopción de Perspectivas (AP) y Comprensión Emocional (CE)
fueron bajas. Esto sugiere dificultades significativas en los
aspectos cognitivos de la empatía: problemas para ponerse
intelectual o imaginativamente en el lugar de otra persona y para
reconocer y comprender adecuadamente los estados emocionales,
intenciones o impresiones de los demás. 1
Empatía Afectiva Negativa (EE): La puntuación en la escala de
Estrés Empático (EE) también fue baja. Este resultado indica una
dificultad para compartir o resonar emocionalmente con las
experiencias negativas (tristeza, malestar, dolor) de otras
personas.1
Empatía Afectiva Positiva (AE): En contraste con las otras
escalas, la puntuación en Alegría Empática (AE) se encontró dentro
del rango promedio. Esto sugiere que la paciente conservaba una
capacidad adecuada para compartir y comprender las emociones
positivas (alegría, éxito) de los demás.1
La interpretación de estos hallazgos, tal como se presenta en la
discusión del caso 1, vincula los déficits observados (baja empatía global,
cognitiva y afectiva negativa) con las secuelas del TCE grave sufrido por
la paciente, postulando una posible relación con alteraciones en la
cognición social secundarias a la disfunción del lóbulo frontal. Se destaca
la dificultad de la paciente para responder a los estados emocionales de
los demás y sentir empatía, especialmente en contextos negativos.
Un aspecto particularmente interesante de este perfil es la disociación
observada entre los diferentes componentes de la empatía: mientras
que la empatía cognitiva (AP, CE) y la respuesta afectiva a emociones
negativas (EE) estaban marcadamente disminuidas, la respuesta
afectiva a emociones positivas (AE) parecía preservada. Este patrón
sugiere que el TECA, en este caso, fue capaz de detectar un perfil de
alteración empática matizado y no uniforme. La capacidad del test para
diferenciar entre la resonancia con emociones positivas y negativas es
una característica estructural que permitió identificar esta disociación. Si
bien este hallazgo es intrigante y podría tener implicaciones teóricas
sobre cómo el TCE afecta diferencialmente a los sistemas neurales
subyacentes a distintos tipos de empatía, es crucial recordar que
proviene de un único caso. Se necesitaría una replicación en muestras
más amplias de pacientes con TCE para determinar si este patrón de
déficits selectivos (particularmente la preservación de la alegría
empática junto con déficits en otros componentes) es una característica
común o específica de ciertos tipos de lesiones o perfiles de pacientes.
No obstante, demuestra la potencialidad del TECA para ir más allá de
una medida global y explorar perfiles empáticos complejos en el
contexto del daño cerebral.
Sección 4: Evaluación de la Validez y Utilidad Clínica del TECA
para la Evaluación del TCE
4.1 Interpretación de los Hallazgos del TECA en el Contexto de la
Neuropatología del TCE
Los déficits empáticos detectados por el TECA en el estudio de caso 1 —
específicamente, las bajas puntuaciones en Adopción de Perspectivas
(AP), Comprensión Emocional (CE) y Estrés Empático (EE)— son
consistentes con las consecuencias neuropsicológicas conocidas del
traumatismo craneoencefálico (TCE), particularmente cuando este
implica daño en regiones cerebrales críticas para la cognición social. La
literatura asocia de forma recurrente las alteraciones en la empatía y
otras funciones socioemocionales con lesiones en los lóbulos frontales
(especialmente las áreas orbitofrontal y ventromedial) y temporales
(polo temporal, amígdala), regiones frecuentemente vulnerables en el
TCE debido a mecanismos de golpe-contragolpe, fuerzas rotacionales o
hipoxia.1
La discusión del caso 1 establece explícitamente esta conexión teórica,
sugiriendo que las dificultades en la empatía emocional (principalmente
reflejadas en la baja puntuación de EE, aunque también podrían influir
las dificultades cognitivas de CE) están relacionadas con la lesión frontal
grave sufrida por la paciente. Se invoca la importancia de los circuitos
fronto-subcorticales, destacando el papel del circuito ventromedial en la
conexión entre la percepción de estímulos sociales y la generación de
representaciones emocionales y sociales adecuadas. 1 Citando a Adolphs
(1999), se señala que las lesiones en esta área pueden provocar una
falta de interés o preocupación por el bienestar ajeno y una marcada
carencia de empatía.1 Por tanto, los resultados del TECA en este caso
parecen reflejar una disfunción neuropsicológica esperable dada la
historia clínica de TCE grave.
Si bien el caso 1 también menciona el proceso de envejecimiento como
un posible factor contribuyente, el vínculo principal se establece con el
TCE previo. La consideración del envejecimiento es relevante dado que
la paciente era una adulta mayor, pero la magnitud y el patrón de los
déficits empáticos observados (especialmente los cognitivos) se alinean
más claramente con las secuelas conocidas del daño cerebral adquirido.
El hallazgo de una puntuación promedio en Alegría Empática (AE),
indicando una capacidad preservada para compartir emociones
positivas, resulta particularmente interesante y plantea preguntas sobre
los mecanismos subyacentes. Esta disociación podría reflejar una
afectación diferencial de los sistemas neurales que procesan emociones
positivas versus negativas tras el TCE. Algunas investigaciones sugieren
correlatos neurales distintos para la empatía cognitiva (más neocortical)
y la afectiva (más subcortical/límbica), lo que podría permitir deterioros
selectivos. La preservación de la AE podría indicar que ciertos aspectos
de la resonancia afectiva, quizás los vinculados a sistemas de
recompensa o afiliación, permanecen funcionales a pesar del daño en
otras redes empáticas. El propio estudio de caso 1 contrasta este
hallazgo con la noción de vulnerabilidad emocional en supervivientes de
TCE grave mencionada por Zhang (2016), sugiriendo que el perfil de la
paciente no encajaba completamente con esa descripción en lo
referente a las emociones positivas. Esta preservación selectiva, si se
confirmara en estudios más amplios, podría tener implicaciones
importantes para la rehabilitación, enfocándose en potenciar las
capacidades empáticas residuales.
4.2 Discusión sobre la Utilidad Aparente y la Validez Potencial
Basada en Datos Limitados
Considerando la estructura teórica del TECA y los hallazgos del único
caso documentado, se puede discutir su potencial utilidad clínica en la
evaluación del TCE, aunque con importantes reservas sobre su validez
establecida.
La utilidad potencial del TECA radica en varios aspectos. Primero, su
diseño multidimensional, que evalúa separadamente componentes
cognitivos (AP, CE) y afectivos (EE, AE) de la empatía, se alinea bien con
la naturaleza compleja de los déficits empáticos observados tras un TCE,
donde diferentes componentes pueden verse afectados de manera
desigual. El estudio de caso 1 sugiere que el test es capaz, al menos en
principio, de capturar estas disociaciones (déficits en AP, CE, EE con
preservación de AE). Segundo, su brevedad (5-10 minutos) podría ser
una ventaja significativa en el contexto clínico del TCE, donde los
pacientes a menudo presentan fatigabilidad, problemas de atención
sostenida o limitaciones en la tolerancia a la evaluación. Un instrumento
corto puede ser más factible de administrar y mejor tolerado.
Sin embargo, la validez del TECA específicamente para la población con
TCE es, en gran medida, una cuestión abierta y no demostrada con la
evidencia disponible. La principal limitación es la ausencia casi total de
estudios de validación psicométrica dedicados a esta población. Si bien
el TECA ha mostrado propiedades psicométricas adecuadas en la
población general española, en adaptaciones culturales (vasca,
mexicana, colombiana), y en grupos específicos como profesionales de
la salud, estos hallazgos no pueden extrapolarse directamente a
individuos con TCE. La validez de un instrumento psicométrico es
dependiente de la población en la que se utiliza. El TCE introduce una
enorme heterogeneidad en términos de localización y extensión de la
lesión, gravedad, tiempo transcurrido desde la lesión, y presencia de
déficits cognitivos asociados (atencionales, ejecutivos, lingüísticos,
mnésicos) y alteraciones del estado de ánimo. Todos estos factores
pueden influir en cómo un paciente comprende los ítems del
cuestionario, reflexiona sobre sus propias experiencias y responde,
afectando potencialmente la fiabilidad y validez de las puntuaciones.
Además, un problema fundamental en la evaluación neuropsicológica del
TCE es la posible alteración de la autoconciencia (anosognosia), que
puede invalidar las respuestas a cuestionarios de autoinforme.
Por lo tanto, aunque los constructos que mide el TECA son
indudablemente relevantes para la evaluación del TCE y el caso único
sugiere que puede detectar déficits, su validez psicométrica y utilidad
clínica real en esta población específica permanecen en gran parte sin
confirmar por falta de investigación dedicada. Los principios generales
de la evaluación neuropsicológica dictan que cualquier herramienta
debe ser cuidadosamente seleccionada considerando su adecuación
para la población específica, y sus resultados deben interpretarse con
cautela, idealmente en el contexto de una evaluación más amplia. El uso
clínico del TECA en pacientes con TCE, en la actualidad, se realizaría sin
un respaldo empírico sólido que garantice su validez en este grupo. Los
hallazgos obtenidos deberían ser considerados provisionales y
necesitarían ser corroborados mediante otras fuentes de información
(informes de terceros, observación conductual, pruebas basadas en el
rendimiento).
Sección 5: Limitaciones y Consideraciones Críticas para el Uso
del TECA con Pacientes con TCE
5.1 La Escasez de Investigación Específica de Validación en
Poblaciones con TCE
La limitación más fundamental y crítica para el uso del TECA en la
evaluación de la empatía tras un traumatismo craneoencefálico (TCE) es
la marcada ausencia de estudios publicados que hayan validado sus
propiedades psicométricas específicamente dentro de esta población
clínica. Como se mencionó anteriormente, aunque existen validaciones
en población general y otros grupos específicos, la aplicabilidad de estos
hallazgos a pacientes con TCE es cuestionable.
La validación específica en TCE es crucial debido a la singularidad y
heterogeneidad de esta condición. Un proceso de validación riguroso
debería examinar:
Fiabilidad: ¿Son consistentes las puntuaciones del TECA a lo largo
del tiempo (test-retest) y entre sus ítems (consistencia interna)
cuando lo completan pacientes con TCE?
Validez de Constructo: ¿Mide el TECA realmente los constructos
de empatía cognitiva y afectiva en pacientes con TCE? ¿Se replica
la estructura factorial de cuatro componentes encontrada en otras
poblaciones, o el daño cerebral altera la forma en que los
pacientes interpretan y responden a los ítems, modificando la
estructura subyacente?
Validez Convergente y Divergente: ¿Correlacionan las
puntuaciones del TECA de manera esperada con otras medidas de
cognición social (positivamente) y con medidas de constructos
diferentes (negativamente o sin correlación) en pacientes con
TCE?
Validez de Criterio: ¿Predicen las puntuaciones del TECA
resultados funcionalmente relevantes en pacientes con TCE, como
la calidad de las relaciones interpersonales, la adaptación social o
la carga del cuidador?
Normas: ¿Existen baremos específicos para la población con TCE
que permitan interpretar adecuadamente las puntuaciones
individuales, considerando variables como la gravedad de la
lesión, el tiempo post-lesión o la localización?
La falta de estudios que aborden estas cuestiones implica que, al utilizar
el TECA en un paciente con TCE, el clínico opera en un vacío de
evidencia respecto a la solidez psicométrica del instrumento en ese
contexto particular. Las características inherentes al TCE, como la
variabilidad de las lesiones, los déficits cognitivos coexistentes
(problemas de atención, función ejecutiva, comprensión del lenguaje) y,
crucialmente, la posible alteración de la autoconciencia, pueden
distorsionar las respuestas y comprometer la validez de las
puntuaciones de manera impredecible si no se han estudiado
específicamente.
5.2 Desafíos Generales de las Medidas de Autoinforme en TCE
Más allá de la falta de validación específica del TECA, su naturaleza
como cuestionario de autoinforme plantea desafíos inherentes cuando
se aplica a la población con TCE.
Un problema central es la alteración de la autoconciencia o
anosognosia, una secuela frecuente del TCE, especialmente tras
lesiones frontales. Los pacientes con anosognosia pueden tener una
percepción limitada o errónea de sus propios déficits, incluyendo las
dificultades emocionales y sociales. Si un paciente no es consciente de
sus problemas de empatía, sus respuestas en un cuestionario como el
TECA reflejarán esta falta de insight, en lugar de su verdadera capacidad
empática. Esto puede llevar a puntuaciones falsamente normales o
incluso elevadas, enmascarando déficits reales. El estudio de caso 1
mencionaba que la paciente tenía un funcionamiento cognitivo "normal",
lo que podría haber mitigado este problema en ese caso particular, pero
la anosognosia sigue siendo una preocupación mayor en la evaluación
general de pacientes con TCE mediante autoinformes. De hecho, se ha
señalado explícitamente que la alteración de la conciencia sobre el
propio funcionamiento emocional probablemente impacta las
autovaloraciones de empatía.
Otro desafío es la carga cognitiva que implica completar un
cuestionario. Aunque el TECA es relativamente breve, requiere que el
paciente lea y comprenda cada ítem, reflexione sobre sus propias
experiencias y sentimientos en relación con la situación descrita, y
seleccione una respuesta adecuada. Los pacientes con TCE a menudo
presentan déficits en atención sostenida, memoria de trabajo, velocidad
de procesamiento, funciones ejecutivas (como la planificación y la
monitorización de la respuesta) y, en algunos casos, comprensión
lectora. Estas dificultades cognitivas pueden hacer que completar el
cuestionario sea una tarea ardua, propensa a errores, respuestas al azar
o abandono prematuro, comprometiendo la calidad y fiabilidad de los
datos obtenidos. La fatigabilidad también es común y puede afectar el
rendimiento en tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
Finalmente, la alta prevalencia de trastornos del estado de ánimo,
como la depresión y la ansiedad, después de un TCE puede confundir la
interpretación de las puntuaciones de empatía. El estado de ánimo de
una persona puede influir en cómo percibe e informa sobre sus propias
respuestas empáticas. Por ejemplo, la anhedonia o el aplanamiento
afectivo asociados a la depresión podrían llevar a puntuaciones bajas en
empatía afectiva (EE o AE), mientras que la irritabilidad o la ansiedad
podrían influir en las respuestas relacionadas con el estrés empático
(EE). Es difícil discernir si las puntuaciones reflejan un déficit empático
primario relacionado con la lesión cerebral o si están secundariamente
afectadas por un trastorno del ánimo comórbido. Estudios en otras
poblaciones han mostrado cambios en las puntuaciones de empatía
(medidas con el IRI) durante el tratamiento de la depresión.
5.3 Consideraciones Psicométricas Más Amplias Derivadas de las
Validaciones del TECA
Incluso en las validaciones realizadas en poblaciones sin TCE, han
surgido algunas consideraciones psicométricas que merecen atención. El
estudio de validación mexicano, por ejemplo, aunque replicó la
estructura factorial general, sugirió la necesidad de revisar algunos
ítems, lo que indica que la calidad de los ítems individuales podría no ser
uniformemente óptima. Además, la necesidad de realizar adaptaciones
culturales y lingüísticas subraya que el contenido de los ítems puede no
ser universalmente aplicable sin ajustes.
La interpretación de las puntuaciones de algunas escalas también
requiere cautela clínica. Como se señaló en la documentación del test,
puntuaciones muy altas en la escala de Estrés Empático (EE) no
necesariamente indican una empatía "mejor" o más adaptativa. Podrían
reflejar una tendencia a la sobreimplicación emocional, al contagio
afectivo excesivo o a un malestar personal que puede ser disfuncional,
aumentando el riesgo de ansiedad o burnout. Esta interpretación
matizada es crucial, especialmente al evaluar a pacientes con TCE que
pueden ser emocionalmente vulnerables o a sus cuidadores que pueden
estar experimentando altos niveles de estrés.
En resumen, la dependencia del TECA del autoinforme lo hace
susceptible a sesgos importantes en la población con TCE, derivados de
la posible falta de autoconciencia, las limitaciones cognitivas y la
presencia de comorbilidades afectivas. Estos factores complican
significativamente la interpretación de las puntuaciones, incluso si el
instrumento demostrara tener propiedades psicométricas aceptables en
este grupo. Por ello, el uso aislado del TECA (o de cualquier otro
autoinforme de empatía) para evaluar a pacientes con TCE es
desaconsejable. Es indispensable complementar la información del
autoinforme con datos obtenidos a través de otras metodologías.
Sección 6: Métodos Alternativos y Complementarios para la
Evaluación de la Empatía en TCE
Dada la limitada evidencia sobre el uso específico del TECA en la
población con TCE y los desafíos inherentes a las medidas de
autoinforme en este contexto, es fundamental conocer las alternativas y
los métodos complementarios disponibles para evaluar la empatía y la
cognición social. La investigación en TCE/DCA ha empleado una variedad
de herramientas, reflejando la complejidad del constructo y la necesidad
de enfoques multimodales.
6.1 Revisión de Cuestionarios de Autoinforme Comúnmente
Utilizados
A pesar de sus limitaciones en TCE, los cuestionarios de autoinforme
siguen siendo herramientas frecuentemente utilizadas por su facilidad
de administración y por proporcionar la perspectiva subjetiva del
paciente. Algunos de los más comunes, además del TECA, incluyen:
Interpersonal Reactivity Index (IRI): Es uno de los
instrumentos más utilizados internacionalmente para medir la
empatía multidimensional. Desarrollado por Davis (1980), consta
de 28 ítems que evalúan cuatro subescalas: Perspective Taking
(PT, Adopción de Perspectivas - cognitivo), Fantasy (FS, Fantasía -
cognitivo/imaginativo), Empathic Concern (EC, Preocupación
Empática - afectivo) y Personal Distress (PD, Malestar Personal -
afectivo/reactivo). Se ha empleado en estudios con pacientes con
demencia frontotemporal (FTLD), enfermedad de Alzheimer y otras
condiciones neurológicas, mostrando correlaciones entre las
puntuaciones (especialmente PT y EC) y el volumen de regiones
cerebrales frontotemporales. En el contexto del TCE, se ha
utilizado para examinar la relación entre la empatía del paciente y
la carga del cuidador, encontrándose que bajos niveles de empatía
(especialmente PT y EC) se asocian a mayor carga. Sin embargo,
los resultados no siempre son consistentes; por ejemplo, estudios
en individuos con alto riesgo de psicosis (que pueden tener déficits
sociales similares a los del TCE) mostraron preservación relativa de
PT y FS. Al igual que el TECA, el IRI está sujeto a los sesgos de
autoinforme, especialmente la falta de autoconciencia.
Empathy Quotient (EQ): Otro cuestionario de autoinforme
ampliamente utilizado, desarrollado por Baron-Cohen y
Wheelwright (2004). Evalúa tanto aspectos cognitivos como
afectivos de la empatía. Se ha empleado en diversas poblaciones,
incluyendo trastornos del espectro autista (TEA), donde las
puntuaciones suelen ser más bajas, y en estudios sobre accidentes
cerebrovasculares (ACV), donde también se han encontrado
puntuaciones reducidas en comparación con controles. Existen
versiones para adolescentes (EQ-C) que pueden ser completadas
por los padres. Comparte las mismas limitaciones de autoinforme
que otros cuestionarios.
Questionnaire of Cognitive and Affective Empathy (QCAE):
Desarrollado más recientemente por Reniers et al. (2011) para
medir específicamente la empatía cognitiva y afectiva, intentando
superar algunas limitaciones de instrumentos previos. Se
menciona como una de las medidas de empatía más comunes en
una revisión, aunque los fragmentos proporcionados no detallan
estudios específicos que lo utilicen en TCE.
Otras Medidas de Autoinforme: Existen otros instrumentos
relevantes. La Perth Empathy Scale (PES) evalúa empatía cognitiva
y afectiva para emociones positivas y negativas. El Empathy
Components Questionnaire (ECQ) distingue entre habilidad y
motivación (drive) en empatía cognitiva y afectiva. La Balanced
Emotional Empathy Scale (BEES) se ha usado en TCE, mostrando
bajos niveles de empatía emocional autoreportada en un alto
porcentaje de pacientes. La Toronto Alexithymia Scale (TAS-20),
aunque mide alexitimia (dificultad para identificar y describir
emociones), es relevante porque la alexitimia es común tras TCE y
se asocia con déficits en reconocimiento de afecto y empatía.
6.2 Visión General de Métodos Basados en el Rendimiento y
Observacionales
Para complementar o superar las limitaciones de los autoinformes, se
emplean métodos que evalúan directamente las habilidades de
cognición social o la conducta observable:
Tareas de Teoría de la Mente (ToM): Evalúan la capacidad de
inferir estados mentales (creencias, intenciones, emociones) de
otros, un componente clave de la empatía cognitiva. Son muy
variadas e incluyen:
o Historias o viñetas: Requieren comprender situaciones
sociales complejas, como detectar creencias falsas,
meteduras de pata (faux pas), ironía o engaño.
o Tareas basadas en estímulos visuales: Como el test de
"Lectura de la Mente en los Ojos" (Reading the Mind in the
Eyes Test), que pide inferir estados mentales complejos a
partir de fotografías de la región ocular; o tareas con tiras
cómicas o animaciones que representan interacciones
sociales.
o Tareas más ecológicas: Como el "Movie for the Assessment
of Social Cognition" (MASC), que utiliza videoclips de
interacciones sociales reales. Los déficits en tareas de ToM
son hallazgos consistentes en TCE, y estas pruebas ofrecen
una medida más objetiva que los autoinformes, aunque su
validez ecológica (transferencia al mundo real) puede ser
variable.
Tareas de Reconocimiento de Afecto/Emociones: Evalúan la
habilidad para identificar emociones a partir de expresiones
faciales (estáticas o dinámicas), prosodia vocal o contextos
situacionales. Los déficits en esta área son comunes en TCE y se
ha demostrado que el rendimiento en estas tareas se relaciona
con la capacidad empática.
Observación Conductual y Escalas de Valoración por
Terceros: Implican la observación directa del comportamiento del
paciente en interacciones sociales (naturales o estructuradas) o la
recopilación de información de personas cercanas (familiares,
cuidadores, personal clínico) que conocen bien al paciente.
o Análisis del discurso conversacional: Puede revelar déficits
pragmáticos y de cognición social.
o Observación sistemática durante actividades funcionales:
Evaluar cómo el paciente maneja situaciones sociales en la
vida diaria.
o Cuestionarios para informantes: Existen escalas diseñadas
para ser completadas por un observador externo, como el
Brain Injury Rehabilitation Trust Social Cognition
Questionnaire (BIRT-SCQ) o versiones adaptadas de escalas
de autoinforme para ser usadas por familiares o personal
clínico, como la Interpersonal Communication Competence
Scale (ICCS). Estas medidas pueden mitigar el sesgo de la
falta de autoconciencia del paciente, aunque dependen de la
fiabilidad y objetividad del informante. La Brock Adaptive
Functioning Questionnaire también se ha mencionado en
este contexto.
o Nuevas baterías integradas: Instrumentos como la
Bournemouth Assessment of Social Skills (BASS) intentan
combinar subtests basados en el rendimiento
(reconocimiento de emociones, ToM, razonamiento social)
con la evaluación de otros aspectos relevantes
(identificación facial, memoria de caras).
Medidas Fisiológicas: Aunque menos comunes en la práctica
clínica rutinaria, la investigación utiliza medidas como el
electroencefalograma (EEG) para estudiar la activación cerebral
([Link]., supresión del ritmo alfa como índice de arousal), la
conductancia de la piel (respuesta electrodérmica), o la resonancia
magnética funcional (fMRI) para explorar los correlatos neurales de
la empatía y el procesamiento emocional. Estas medidas pueden
ofrecer información objetiva sobre las respuestas fisiológicas
subyacentes, pero su interpretación y aplicabilidad clínica directa
aún están en desarrollo.
6.3 Tabla Comparativa de Herramientas de Evaluación de la
Empatía en TCE/DCA
La siguiente tabla resume y compara algunas de las herramientas
mencionadas, destacando sus características clave en el contexto de la
evaluación de pacientes con TCE o daño cerebral adquirido (DCA).
Compo
nente(s Uso
Fortalez Limitacio
Herra ) Reportad
as Clave nes Clave
mient Tipo Princip o en
en en
a al(es) TCE/DCA/
TCE/DCA TCE/DCA
Evalua Neuro
do(s)
Falta
Breve,
validación
Cognitiv Multidim
específica
o (AP, ensional
[Insight 4],
CE), (distingu
Autoin Muy Sesgo
TECA Afectivo e AE/EE),
forme Limitado 1
autoconcie
(EE, Teóricam
ncia, Carga
AE), ente
cognitiva,
Global fundame
Influencia
ntado
ánimo
Ampliam
Sesgo
ente
autoconcie
usado/inv
IRI ncia, Carga
Cognitiv estigado,
(Interp cognitiva,
o (PT, Multidim
ersonal Autoin Influencia
FS), Sí ensional,
Reactiv forme ánimo,
Afectivo Correlato
ity Resultados
(EC, PD) s
Index) a veces
neurales
inconsisten
estudiad
tes
os
EQ Autoin Cognitiv Sí Ampliam Sesgo
(Empat forme oy ente autoconcie
hy Afectivo usado, ncia, Carga
Quotie (Global/ Versiones cognitiva,
nt) Mixto) para Influencia
padres/ni ánimo
ños,
Correlato
s
neurales
estudiad
os
Menos
Diseño
QCAE evidencia
más
(Questi específica
reciente,
onnaire Cognitiv Sí en TCE (en
Autoin Distingue
Cog. & o, (menciona snippets),
forme claramen
Affect. Afectivo do) Sesgo
te
Empat autoconcie
Cognitivo
hy) ncia, Carga
/Afectivo
cognitiva
Más
objetivo Validez
Basad
Tareas que ecológica
o en
de autoinfor variable,
Rendi Cognitiv
ToM me, Puede
mient o (ToM,
(e.g., Evalúa requerir
o Inferenc Sí
Faux habilidad lenguaje/c
(Histor ia
Pas, directam ognición
ia, mental)
Eyes ente, intactos,
Image
Test) Variedad Sensibilida
n)
de d variable
estímulos
MASC Basad Cognitiv Sí Alta Administra
(Movie o en o (ToM), (menciona validez ción más
Assess Rendi Afectivo do) ecológica larga,
ment mient (Rec. , Evalúa Requiere
Social o Emoción múltiples atención/c
Cogniti (Vídeo ), aspectos omprensió
on) ) Conoci de CS, n
miento Estímulos audiovisua
Social dinámico l
s
Objetivo,
Basad Puede no
Evalúa
o en Afectivo reflejar
Tareas habilidad
Rendi (Recono empatía
Rec. básica,
mient cimient compleja,
Afecto Sí Vínculo
o o Sensibilida
(Facial, con
(Imag Emoción d a déficits
Vocal) empatía
en, ) perceptual
demostra
Audio) es
do
Depende
Cognitiv
de
BIRT- o (ToM), Evita
fiabilidad
SCQ Afectivo sesgo
del
(Brain Inform (Rec. autoconci
Sí informante
Injury e de Emoción encia,
(menciona , Posible
Rehab. Tercer ), Perspecti
do) sesgo del
Trust os Conoci va
informante
SC miento funcional/
(carga,
Quest.) Social, ecológica
estado
Empatía
ánimo)
Combina
Cognitiv
métodos, Relativame
o (ToM,
BASS Mixto Evalúa nte nuevo,
Raz.
(Bourn (Rendi amplio Requiere
Social),
emout mient Sí rango de validación
Afectivo
h o+ (desarrollo CS, adicional,
(Rec.
Assess Inform /validación Intento Puede ser
Emoción
ment e ) de largo si se
,
Social Tercer brevedad usan todos
Empatía
Skills) os) y los
), Ident.
facilidad subtests
Facial
admin.
Nota: AP=Adopción Perspectivas, CE=Comprensión Emocional,
EE=Estrés Empático, AE=Alegría Empática, PT=Perspective Taking,
FS=Fantasy, EC=Empathic Concern, PD=Personal Distress, ToM=Theory
of Mind, Rec.=Reconocimiento, Raz.=Razonamiento,
Ident.=Identificación, CS=Cognición Social.
La diversidad de herramientas disponibles y sus respectivas fortalezas y
debilidades refuerzan la idea de que una evaluación integral de la
empatía y la cognición social en pacientes con TCE rara vez puede
lograrse con un único instrumento. La combinación de diferentes
métodos —por ejemplo, un autoinforme para captar la perspectiva
subjetiva (interpretado con cautela), un informe de un familiar o
cuidador para obtener una visión del funcionamiento en la vida real, y
una o más pruebas basadas en el rendimiento para evaluar
objetivamente habilidades específicas como la ToM o el reconocimiento
de emociones— parece ser el enfoque más robusto. Esta triangulación
de la información permite obtener una imagen más completa y fiable del
perfil socio-cognitivo del paciente, superando las limitaciones inherentes
a cada método por separado y proporcionando una base más sólida para
la planificación de la intervención.
Sección 7: Conclusión y Recomendaciones para la Investigación
y la Práctica Clínica
7.1 Resumen de los Hallazgos sobre el Uso del TECA en TCE
El Test de Empatía Cognitiva y Afectiva (TECA) es un instrumento
psicométrico desarrollado en España, fundamentado en la concepción
multidimensional de la empatía, que distingue entre componentes
cognitivos (Adopción de Perspectivas, Comprensión Emocional) y
afectivos (Estrés Empático, Alegría Empática). Ha demostrado
propiedades psicométricas adecuadas en estudios de validación
realizados en la población general española y en adaptaciones para
otros grupos culturales y lingüísticos (población vasca, mexicana,
colombiana), pero siempre en muestras sin daño cerebral adquirido
conocido.
Sin embargo, la revisión de la literatura disponible revela una evidencia
extremadamente limitada sobre el uso y validación del TECA
específicamente en pacientes con traumatismo craneoencefálico (TCE).
La única documentación encontrada se refiere a un estudio de caso
único 1, donde el TECA se aplicó a una paciente adulta mayor con
antecedentes de TCE grave. En este caso, el test fue capaz de detectar
déficits significativos en la empatía global, en los componentes
cognitivos (AP, CE) y en la resonancia con emociones negativas (EE),
mientras que la capacidad para compartir emociones positivas (AE)
pareció preservada.1 Estos hallazgos se interpretaron como consistentes
con las secuelas esperables de una lesión frontal grave. 1
Por lo tanto, aunque el TECA podría ser capaz de capturar dimensiones
relevantes de la empatía que se ven afectadas por el TCE, y su
estructura permite identificar perfiles empáticos complejos (como la
disociación observada en el caso), su validez, fiabilidad y utilidad
clínica para la evaluación de pacientes con TCE permanecen, en
gran medida, sin establecer debido a la falta de investigación
específica.
7.2 Recomendaciones para los Clínicos que Consideren el Uso
del TECA
Ante la situación actual de la evidencia, los clínicos que consideren
utilizar el TECA para evaluar la empatía en pacientes con TCE deben
proceder con extrema cautela. Las siguientes recomendaciones son
pertinentes:
1. Reconocer la Falta de Evidencia: Ser consciente de que no
existen estudios de validación robustos ni baremos específicos
para la población con TCE. Las propiedades psicométricas del test
en este grupo son desconocidas.
2. Evitar el Uso Aislado: No utilizar el TECA como la única medida
de empatía o cognición social. Dada la alta probabilidad de sesgos
inherentes al autoinforme en TCE (falta de autoconciencia, déficits
cognitivos, comorbilidad afectiva), sus resultados deben
considerarse, como mucho, una pieza de información dentro de un
puzzle más amplio.
3. Complementar con Otros Métodos: Es indispensable triangular
la información obtenida con el TECA (o cualquier otro autoinforme)
mediante el uso de:
o Informes de terceros: Recoger la perspectiva de
familiares, cuidadores o personal clínico que conozcan bien
al paciente y su funcionamiento diario (e.g., usando escalas
como BIRT-SCQ o entrevistas estructuradas).
o Pruebas basadas en el rendimiento: Evaluar
objetivamente habilidades específicas de cognición social
como la Teoría de la Mente (ToM) y el reconocimiento de
afecto, utilizando tareas validadas (e.g., Eyes Test, tareas de
historias/viñetas, MASC).
o Observación conductual: Registrar el comportamiento del
paciente en situaciones sociales relevantes, si es posible.
4. Interpretación Cautelosa: Interpretar las puntuaciones del TECA
teniendo en cuenta el perfil cognitivo general del paciente
(atención, funciones ejecutivas, comprensión), su nivel de
autoconciencia estimado a través de otras fuentes, y su estado de
ánimo actual. Considerar las puntuaciones como hipótesis a
explorar más que como medidas definitivas de la capacidad
empática.
5. Priorizar Herramientas con Mayor Evidencia: Siempre que
sea posible, dar preferencia a instrumentos de evaluación de la
cognición social que cuenten con una base de evidencia más
sólida en poblaciones con TCE o daño cerebral adquirido (ver Tabla
Comparativa en Sección 6.3).
7.3 Direcciones para la Investigación Futura
La falta de evidencia actual señala claras direcciones para la
investigación futura, necesarias para determinar si el TECA puede ser
una herramienta útil y válida en el contexto del TCE:
1. Estudios de Validación Psicométrica en TCE: Es prioritario
realizar estudios rigurosos que evalúen las propiedades
psicométricas del TECA (fiabilidad test-retest, consistencia interna,
estructura factorial, validez convergente/divergente) en muestras
amplias y diversas de pacientes con TCE. Estas muestras deben
incluir variabilidad en cuanto a gravedad de la lesión (leve,
moderada, grave), tiempo post-lesión (agudo, subagudo, crónico)
y patrones de lesión (focal, difusa).
2. Desarrollo de Baremos Específicos: Si el test demuestra ser
válido, sería necesario desarrollar baremos normativos específicos
para la población con TCE, que permitan una interpretación
clínicamente significativa de las puntuaciones individuales.
3. Investigación de Correlatos Neuroanatómicos: Utilizar
técnicas de neuroimagen cuantitativa para investigar la relación
entre las puntuaciones en las diferentes escalas del TECA y la
localización/extensión del daño cerebral en pacientes con TCE.
Esto ayudaría a comprender mejor la base neural de los perfiles
empáticos detectados por el test.
4. Comparación con Otras Medidas: Realizar estudios que
comparen directamente el rendimiento en el TECA con otras
medidas de empatía (e.g., IRI, EQ) y con pruebas objetivas de
cognición social (ToM, reconocimiento de afecto) dentro de la
misma muestra de pacientes con TCE. Esto permitiría determinar
su validez concurrente y su valor añadido respecto a otras
herramientas.
5. Exploración de Versiones para Informantes: Investigar la
viabilidad y validez de desarrollar y utilizar una versión del TECA
adaptada para ser completada por informantes cercanos
(familiares, cuidadores), como forma de mitigar los problemas de
autoconciencia del paciente.
6. Estudio de la Disociación AE/EE: Investigar sistemáticamente si
la disociación observada en el estudio de caso 1 (déficits en Estrés
Empático con preservación de Alegría Empática) es un patrón
recurrente en pacientes con TCE, y si se asocia a características
específicas de la lesión o del perfil clínico.
En conclusión, si bien el TECA presenta una estructura teóricamente
interesante para evaluar la empatía, su aplicación en pacientes con TCE
está actualmente lastrada por una falta casi total de evidencia específica
que respalde su validez y fiabilidad en esta compleja población clínica.
Hasta que no se disponga de dicha evidencia, su uso debe ser
extremadamente prudente y siempre complementado por otras fuentes
de evaluación. La investigación futura es crucial para determinar el
lugar, si lo hubiera, del TECA en la batería de herramientas
neuropsicológicas para la valoración de las secuelas socioemocionales
del TCE.