El objeto de estudio de la sociología
A esta altura puede parecer obvio que, al preguntarnos por el objeto de estudio de
la sociología, respondamos “la sociedad”. Pues entonces, debemos mejorar la
pregunta. Si el objeto de estudio de la sociología es la sociedad (esa que es moderna,
capitalista, consumista, patriarcal… es decir la sociedad que se empezó a desarrollar
hace unos 200 años hasta la actualidad y en la que vivimos), debemos preguntarnos
¿qué es la sociedad?
“Tal vez sea más fácil empezar por lo que no es. Una sociedad no es,
simplemente, la sumatoria de un conjunto de personas. Ni siquiera si esa sumatoria
reúne a gente con algunas características comunes muy visibles o destacadas. No.
Una sociedad es mucho más que una suma. Es, antes que nada, ese conjunto de
personas unidas por relaciones. Por r elaciones sociales. De modo que el mismo
número de personas, incluso, las mismas exactas personas, unidas por relaciones
diferentes, da por resultado sociedades diferentes. Esto no significa que toda la
realidad de una sociedad sean las relaciones y no las personas. Eso sería absurdo
porque arrojaría como conclusión que una sociedad humana no se basa en seres
humanos. No. Una sociedad es un conjunto de seres humanos organizados según
una serie de relaciones: relaciones sociales. No hay, en sentido estricto, sociedades
de una persona. Los seres humanos no pueden sobrevivir solos; son seres
necesariamente sociales.”
Adaptación de “La cajita infeliz” de Eduardo Sartelli.
Por estos motivos, en sociología, hablamos de SUJETOS y no de individuos
cuando hacemos referencia a las personas que forman parte de una sociedad. Esto es
así porque vivimos permanentemente relacionándonos -directa o indirectamente- con
otras personas.
Vemos entonces que esas relaciones sociales producen sujetos: individuos
“sujetados” a ciertas estructuras sociales, es decir, a cierta cultura, a cierto sistema de
ideas y creencias, a cierto sistema económico, a cierto sistema político, etc. Porque
todas las personas, por más conscientes, libres, autónomas y originales que seamos,
estamos fuertemente condicionadas por la realidad socio-histórica a la que
pertenecemos. De manera tal que, en gran medida, estamos “sujetadas” a ciertos
rasgos culturales, morales, políticos e ideológicos. Por supuesto que esto no significa
que seamos todos y todas iguales. Lo que significa es que somos individuos
“sujetados” a ciertas estructuras e instituciones sociales que nos preceden, que
existen porque las personas las llevamos a la práctica -bajo la forma de ciertas
relaciones sociales- y que, aunque no determinan nuestra forma de ser y pensar, sí
nos condicionan fuertemente.
Como toda ciencia, la sociología también necesita datos para sus investigaciones.
Así definida la sociedad, como entramado de personas vinculadas entre sí por
determinadas relaciones sociales, serán éstas el elemento observable que tomará la
sociología para sus estudios. Cómo surgen, cómo se modifican, en qué contextos y
todos los aspectos sociales que las influyen, serán parte constitutiva fundamental para
abordar científicamente las relaciones sociales.
Pensar sociológicamente o la imaginación sociológica: el sujeto y su contexto
social
Cada uno de nosotros y nosotras tiene conciencia de su identidad: “soy fulano/a
de tal, tengo tantos años, nací en..., soy hijo o hija de..., mi entretenimiento favorito
es..., mi sexo es...”. Lo que habitualmente no percibimos es que, al mismo tiempo,
pertenecemos a distintas categorías sociales: grupo de edad, de género, de clase
social, grupo étnico, etc. Sobre estos grupos existen determinadas expectativas
sociales que se nos imponen como sujetos. Por ejemplo: de las y los adolescentes se
esperan determinados comportamientos diferentes a los de personas ancianas. Y en
general, nos comportamos de acuerdo a esas expectativas. No es lo mismo ser de una
familia tradicional y de elevados recursos que pertenecer a una familia de escasos
medios económicos. En cada uno de estos casos la sociedad espera de las personas
comportamientos distintos, lo que podemos hacer y dejar de hacer es diferente,
nuestras posibilidades en la vida varían.
Ahora bien, la sociología nos permite ver lo general en lo particular. Lo general: el
conjunto social y su historia; lo particular: las biografías de los sujetos que componen
dicha sociedad. Pero el análisis de la relación entre la sociedad y los sujetos no es
algo exclusivo de la sociología, también es importante para la historia, para la
psicología, la antropología u otras ciencias sociales. ¿Cúal es entonces la
especificidad de la sociología? ¿Qué tiene de particular su lógica interna para
analizar la sociedad? El autor Wright Mills desarrolla el concepto de “imaginación
sociológica” como una disposición para comprender la relación entre la historia y las
biografías, como una se manifiesta en la otra. Tenemos aquí una primera
aproximación a la lógica que aplica la sociología para comprender la sociedad. Otros
autores, refiriéndose a esta misma disposición analítica, indican que allí se encuentra
el corazón del pensamiento sociológico. Pero ¿Qué es pensar sociológicamente?
“Cuando una sociedad se industrializa, el campesino se transforma en trabajador
industrial, y el señor feudal se arruina o se hace empresario. Cuando una clase emerge o
sucumbe, un hombre gana un puesto de trabajo o pierde el que tenía (…) Cuando estalla
una guerra, un vendedor de seguros se convierte en lanzador de misiles; una mujer se
queda sola; un niño crece sin padre. Ni la vida de un individuo ni la historia de una
sociedad pueden entenderse la una sin la otra.
Sin embargo, los hombres no suelen entender o definir los problemas que están
atravesando en términos de cambios históricos. No suelen relacionar su situación, los
cambios que se suceden en sus vidas, con los cambios que se están produciendo en la
sociedad en la que viven. Apenas conscientes de las relaciones complejas que anudan
sus propias vidas al curso de la historia mundial, la inmensa mayoría de los hombres
desconocen lo que implica esta relación para el tipo de hombre que es y que se está
haciendo, y para el tipo de procesos históricos en los que está participando. No tienen
esa disposición mental para captar la interrelación entre el hombre y la sociedad, entre su
biografía y su historia, entre su personalidad y el mundo.
Lo que necesitan es cierta disposición que les ayude a ver qué es lo que está
sucediendo en el mundo y qué es lo que les está sucediendo a ellos mismo. A esta
disposición la podemos llamar imaginación sociológica.”
Fragmentos de “La imaginación sociológica” de Wright Mills.
Prof. Facundo Narvaez.