Unidad 4 2025
Unidad 4 2025
Textos literarios:
Textos críticos:
1
Bartolomé de las Casas
2
Bartolomé de las Casas
Brevísima relación
de la destrucción de las Indias
Edición y notas
José Miguel Martínez Torrejón
Prólogo y cronología
Gustavo Adolfo Zuluaga Hoyos
Biblioteca Clásica para Jóvenes Lectores
3
Editorial Universidad de Antioquia®
Biblioteca Clásica para Jóvenes Lectores
Editora: Doris Elena Aguirre Grisales
© 2006 Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
y Universidad de Alicante. www.cervantesvirtual.com. Edición
digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes de Brevísima
relación de la destruición de las Indias / Bartolomé de las Casas
(1484-1566); edición de José Miguel Martínez Torrejón
© Del prólogo y la cronología, Editorial Universidad
de Antioquia®
ISBN: 978-958-714-466-6
Primera edición en la Editorial Universidad
de Antioquia: mayo de 2011
Prólogo, cronología y bibliografía: Gustavo Adolfo Zuluaga Hoyos
Diseño y diagramación: Carolina Velásquez Valencia,
Imprenta Universidad de Antioquia
Corrección de prueba: Stella Caicedo Villa, Imprenta
Universidad de Antioquia
Impreso y hecho en Colombia / Printed and made in Colombia
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio
o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de los
propietarios de los derechos
Las imágenes incluidas en esta obra se reproducen con fines
educativos y académicos, de conformidad con lo dispuesto en
los artículos 31-43 del Capítulo III de la Ley 23 de 1982 sobre
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Capítulo primero
En que cuenta cuándo partió la armada, y los oficiales y
gente que en ella iba
A 17 días del mes de junio de 1527 partió del puerto de San Lúcar
de Barrameda el gobernador Pánfilo de Narváez, con poder y mandado
de Vuestra Majestad para conquistar y gobernar las provincias que
están desde el río de las Palmas hasta el cabo de la Florida, las cuales
son en Tierra Firme; y la armada que llevaba eran cinco navíos, en los
cuales, poco más o menos, irían seiscientos hombres. Los oficiales que
llevaba (porque de ellos se ha de hacer mención) eran éstos que aquí se
nombran: Cabeza de Vaca, por tesorero y por alguacil mayor; Alonso
Enríquez, contador; Alonso de Solís, por factor de Vuestra Majestad y
por veedor; iba un fraile de la Orden de San Francisco por comisario,
que se llamaba fray Juan Suárez, con otros cuatro frailes de la misma
Orden. Llegamos a la isla de Santo Domingo, donde estuvimos casi
cuarenta y cinco días, proveyéndonos de algunas cosas necesarias,
señaladamente de caballos. Aquí nos faltaron de nuestra armada más
de ciento y cuarenta hombres, que se quisieron quedar allí, por los
partidos y promesas que los de la tierra les hicieron. De allí partimos y
llegamos a Santiago (que es puerto en la isla de Cuba), donde en algu-
nos días que estuvimos, el gobernador se rehízo de gente, de armas y
de caballos. Sucedió allí que un gentilhombre que se llamaba Vasco
Porcalle, vecino de la villa de la Trinidad, que es en la misma isla,
ofreció de dar al gobernador ciertos bastimentos que tenía en la Trini-
dad, que es cien leguas del dicho puerto de Santiago. El gobernador,
con toda la armada, partió para allá; mas llegados a un puerto que se
dice Cabo de Santa Cruz, que es mitad del camino, parecióle que era
bien esperar allí y enviar un navío que trajese aquellos bastimentos; y
para esto mandó a un capitán Pantoja que fuese allá con su navío, y que
yo, para más seguridad, fuese con él, y él quedó con cuatro navíos,
porque en la isla de Santo Domingo había comprado un otro navío.
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ra. La gente que en ellos traía, y la que allí halló, estaban tan atemori-
zados de lo pasado, que temían mucho tornarse a embarcar en invierno,
y rogaron al gobernador que lo pasase allí, y él, vista su voluntad y la
de los vecinos, intervino allí. Dióme a mí cargo de los navíos y de la
gente para que me fuese con ellos a invernar al puerto de Xagua, que es
doce leguas de allí, donde estuve hasta 20 días del mes de febrero.
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Capítulo II
Cómo el gobernador vino al puerto de Xagua y trajo con-
sigo a un piloto
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Capítulo III
Cómo llegamos a la Florida
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Capítulo IV
Cómo entramos por la tierra
que tan sin aparejo se entraban por la tierra adentro. Y que yo quería
más aventurarme al peligro que él y los otros se aventuraban, y pasar
por lo que él y ellos pasasen, que no encargarme de los navíos, y dar
ocasión a que se dijese que, como había contradicho la entrada, me
quedaba por temor, y mi honra anduviese en disputa; y que yo quería
más aventurar la vida que poner mi honra en esta condición. Él, viendo
que conmigo no aprovechaba, rogó a otros muchos que me hablasen en
ello y me lo rogasen, a los cuales respondí lo mismo que a él; y así,
proveyó por su teniente, para que quedase en los navíos, a un alcalde
que traía que se llamaba Caravallo.
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Capítulo V
Cómo dejó los navíos el gobernador
las armas a cuestas, sin otras cosas que se ofrecían. Mas con vernos
llegados donde deseábamos, y donde tanto mantenimiento y oro nos
habían dicho que había, pareciónos que se nos había quitado gran parte
del trabajo y cansancio.
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Capítulo VI
Cómo llegamos a Apalache
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Capítulo VII
De la manera que es la tierra
les pudimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día siguiente,
otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte vinieron a noso-
tros y acometiéronnos de la misma arte que los primeros y de la misma
manera se escaparon, y también murió uno de ellos. Estuvimos en este
pueblo veinte y cinco días, en que hicimos tres entradas por la tierra y
hallámosla muy pobre de gente y muy mala de andar, por los malos
pasos y montes y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les
habíamos detenido, y a los otros indios que traíamos con nosotros, que
eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de la
tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las otras
cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor pueblo
de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante había menos
gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era mal poblada y los
moradores de ella muy repartidos; y que yendo adelante, había grandes
lagunas y espesura de montes y grandes desiertos y despoblados. Pre-
gutámosles luego por la tierra que estaba hacia el sur, qué pueblos y
mantenimientos tenía. Dijeron que por aquella vía, yendo a la mar
nueve jornadas, había un pueblo que llamaban Aute, y los indios de él
tenían mucho maíz, y que tenían frísoles y calabazas, y que por estar
tan cerca de la mar alcanzaban pescados, y que éstos eran amigos su-
yos. Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de la
población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos hacían
continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los lugares don-
de íbamos a tomar agua, y esto desde las lagunas, y tan a salvo, que no
los podíamos ofender, porque metidos en ellas nos flechaban, y mata-
ron un señor de Tezcuco que se llamaba don Pedro, que el comisario
llevaba consigo, acordamos de partir de allí, e ir a buscar la mar y
aquel pueblo de Aute que nos habían dicho; y así nos partimos al cabo
de veinte y cinco días que allí habíamos llegado. El primero día pasa-
mos aquellas lagunas y pasos sin ver indio ninguno, mas al segundo día
llegamos a una laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los
pechos y había en ella muchos árboles caídos. Ya que estábamos en
medio de ella nos acometieron muchos indios que estaban escondidos
detrás de los árboles porque no les viésemos; otros estaban sobre los
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legua adelante, que es lugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo
nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos, dieron
en la retaguardia, y a los gritos que dio un muchacho de un hidalgo de
los que allí iban, que se llamaba Avellaneda, el Avellaneda volvió, y
fue a socorrerlos, y los indios le acertaron con una flecha por el canto
de las corazas, y fue tal la herida, que pasó casi toda la flecha por el
pescuezo, y luego allí murió y lo llevamos hasta Aute. En nueve días
de camino, desde Apalache hasta allí, llegamos. Y cuando fuimos
llegados, hallamos toda la gente de él, ida, y las casas quemadas, y
mucho maíz y calabazas y frísoles, que ya todo estaba para empezarse
a coger. Descansamos allí dos días, y estos pasados, el gobernador me
rogó que fuese a descubrir la mar, pues los indios decían que estaba tan
cerca de allí; ya en este camino la habíamos descubierto por un río muy
grande que en él hallamos, a quien habíamos puesto por nombre el río
de la Magdalena. Visto esto, otro día siguiente yo me partí a descu-
brirla, juntamente con el comisario y el capitán Castillo y Andrés Do-
rantes y otros siete de caballo y cincuenta peones, y caminamos hasta
hora de vísperas, que llegamos a un ancón o entrada de la mar, donde
hallamos muchos ostiones, con que la gente holgó; y dimos muchas
gracias a Dios por habernos traído allí. Otro día de mañana envié
veinte hombres a que conociesen la costa y mirasen la disposición de
ella, los cuales volvieron al otro día en la noche, diciendo que aquellos
ancones y bahías eran muy grandes y entraban tanto por la tierra aden-
tro, que estorbaban mucho para descubrir lo que queríamos, y que la
costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas nuevas y vista la mala
disposición y aparejo que para descubrir la costa por allí había, yo me
volví al gobernador, y cuando llegamos, hallámosle enfermo con otros
muchos, y la noche pasada los indios habían dado en ellos y puéstolos
en grandísimo trabajo, por la razón de la enfermedad que les había
sobrevenido; también les habían muerto un caballo. Yo di cuenta de lo
que había hecho y de la mala disposición de la tierra. Aquel día nos
detuvimos allí.
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Capítulo VIII
Cómo partimos de Aute
tal parte se nos hacía más grave; y vistos estos y otros muchos incon-
venientes, y tentados muchos remedios, acordamos en uno harto difícil
de poner en obra, que era hacer navíos en que nos fuésemos. A todos
parecía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer, ni había
herramienta, ni hierro, ni fragua, ni estopa, ni pez, ni jarcias, final-
mente, ni cosa ninguna de tantas como son menester, ni quien supiese
nada para dar industria en ello, y sobre todo, no haber qué comer en-
tretanto que se hiciesen, y los que habían de trabajar del arte que ha-
bíamos dicho. Y considerando todo esto, acordamos de pensar en ello
más de espacio, y cesó la plática aquel día, y cada uno se fue enco-
mendándolo a Dios nuestro Señor, que lo encaminase por donde Él
fuese más servido. Otro día quiso Dios que uno de la compañía vino
diciendo que él haría unos cañones de palo, y con unos cueros de ve-
nado se harían unos fuelles, y como estábamos en tiempo que cualquie-
ra cosa que tuviese alguna sobrehaz de remedio, nos parecía bien,
dijimos que se pusiese por obra; y acordamos de hacer de los estribos y
espuelas y ballestas, y de las otras cosas de hierro que había, los clavos
y sierras y hachas, y otras herramientas, de que tanta necesidad había
para ello; y dimos por remedio que para haber algún mantenimiento en
el tiempo que esto se hiciese se hiciesen cuatro entradas en Aute con
todos los caballos y gente que pudiesen ir, y que a tercero día se matase
un caballo, el cual se repartiese entre los que trabajaban en la obra de
las barcas y los que estaban enfermos; las entradas se hicieron con la
gente y caballos que fue posible, y en ellas se trajeron hasta cuatro-
cientas hanegas de maíz, aunque no sin contienda y pendencias con los
indios. Hicimos coger muchos palmitos para aprovecharnos de la lana
y cobertura de ellos, torciéndola y aderezándola para usar en lugar de
estopa para las barcas; las cuales se comenzaron a hacer con un solo
carpintero que en la compañía había, y tanta diligencia pusimos, que,
comenzándolas a cuatro días de agosto, a veinte días del mes de sep-
tiembre eran acabadas cinco barcas, de a veinte y dos codos cada una,
calafateadas con las estopas de los palmitos, y breámoslas con cierta
pez de alquitrán que hizo un griego llamado don Teodoro, de unos
pinos; y de la misma ropa de los palmitos, y de las colas y crines de los
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Capítulo IX
Cómo partimos de bahía de Caballos
bajo fue en balde, porque no la había. Estando allí surtos, nos tomó una
tormenta muy grande, porque nos detuvimos seis días sin que osáse-
mos salir a la mar; y como había cinco días que no bebíamos, la sed
fue tanta, que nos puso en necesidad de beber agua salada, y algunos se
desatentaron tanto en ello, que súbitamente se nos murieron cinco
hombres. Cuento esto así brevemente, porque no creo que haya necesi-
dad de particularmente contar las miserias y trabajos en que nos vimos;
pues considerando el lugar donde estábamos y la poca esperanza de
remedio que teníamos, cada uno puede pensar mucho de lo que allí
pasaría. Y como vimos que la sed crecía y el agua nos mataba, aunque
la tormenta no era cesada, acordamos de encomendarnos a Dios nues-
tro Señor, y aventuramos antes al peligro de la mar que esperar la cer-
tinidad de la muerte que la sed nos daba. Así, salimos la vía donde
habíamos visto la canoa la noche que por allí veníamos; y en este día
nos vimos muchas veces anegados, y tan perdidos, que ninguno hubo
que no tuviese por cierta la muerte. Plugo a nuestro Señor, que en las
mayores necesidades suele mostrar su favor, que a puesta del Sol vol-
vimos una punta que la tierra hace, adonde hallamos mucha bonanza y
abrigo. Salieron a nosotros muchas canoas, y los indios que en ellas
venían nos hablaron, y sin querernos aguardar, se volvieron. Era gente
grande y bien dispuesta, y no traían flechas ni arcos. Nosotros les fui-
mos siguiendo hasta sus casas, que estaban cerca de allí a la lengua del
agua, y saltamos en tierra, y delante de las casas hallamos muchos
cántaros de agua y mucha cantidad de pescado guisado, y el señor de
aquellas tierras ofreció todo aquello al gobernador, y tomándolo consi-
go, lo llevó a su casa. Las casas de éstos eran de esteras, que a lo que
pareció eran estantes; y después que entramos en casa del cacique, nos
dio mucho pescado, y nosotros le dimos del maíz que traíamos, y lo
comieron en nuestra presencia, y nos pidieron más, y se lo dimos, y el
gobernador le dio muchos rescates; el cual, estando con el cacique en
su casa, a media hora de la noche, súbitamente los indios dieron en
nosotros y en los que estaban muy malos echados en la costa, y aco-
metieron también la casa del cacique, donde el gobernador estaba, y lo
hirieron de una piedra en el rostro. Los que allí se hallaron prendieron
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al cacique; mas como los suyos estaban tan cerca, soltóseles y dejóles
en las manos una manta de martas cebelinas, que son las mejores que
creo yo que en el mundo se podrían hallar, y tienen un olor que no
parece sino de ámbar y almizcle, y alcanza tan lejos, que de mucha
cantidad se siente; otras vimos allí mas ningunas eran tales como éstas.
Los que allí se hallaron, viendo al gobernador herido, lo metimos en la
barca, e hicimos que con él se recogiese toda la más gente a sus barcas,
y quedamos hasta cincuenta en tierra para contra los indios, que nos
acometieron tres veces aquella noche, y con tanto ímpetu, que cada vez
nos hacían retraer más de un tiro de piedra. Ninguno hubo de nosotros
que no quedase herido, y yo lo fui en la cara; y si como se hallaron
pocas flechas, estuvieran más proveídos de ellas, sin duda nos hicieran
mucho daño. La última vez se pusieron en celada los capitanes Doran-
tes y Peñalosa y Téllez con quince hombres, y dieron en ellos por las
espaldas, y de tal manera les hicieron huir, que nos dejaron. Otro día de
mañana yo les rompí más de treinta canoas, que nos aprovecharon para
un norte que hacía, que por todo el día hubimos de estar allí con mucho
frío, sin osar entrar en la mar, por la mucha tormenta que en ella había.
Esto pasado, nos tornamos a embarcar, y navegamos tres días; y como
habíamos tomado poca agua, y los vasos que teníamos para llevar
asimismo eran muy pocos, tornamos a caer en la primera necesidad; y
siguiendo nuestra vía, entramos por un estero, y estando en él vimos
venir una canoa de indios. Como los llamamos, vinieron a nosotros, y
el gobernador, a cuya barca habían llegado, pidióles agua, y ellos la
ofrecieron con que les diesen en qué la trajesen, y un cristiano griego,
llamado Doroteo Teodoro (de quien arriba se hizo mención), dijo que
quería ir con ellos; el gobernador y otros se lo procuraron estorbar
mucho, y nunca lo pudieron, sino que en todo caso quería ir con ellos;
así se fue y llevó consigo un negro, y los indios dejaron en rehenes dos
de su compañía; y a la noche volvieron los indios y trajéronnos muchos
vasos sin agua, y no trajeron los cristianos que habían llevado; y los
que habían dejado por rehenes, como los otros los hablaron, quisiéron-
se echar al agua. Mas los que en la barca estaban los detuvieron; y así,
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Capítulo X
De la refriega que nos dieron los indios
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Capítulo XI
De lo que acaeció a Lope de Oviedo con unos indios
Capítulo XII
Cómo los indios nos trajeron de comer
Otro día, saliendo el sol, que era la hora que los indios nos habían
dicho, vinieron a nosotros, como lo habían prometido, y nos trajeron
mucho pescado y de unas raíces que ellos comen, y son como nueces,
algunas mayores o menores; la mayor parte de ellas se sacan de bajo
del agua y con mucho trabajo. A la tarde volvieron y nos trajeron más
pescado y de las mismas raíces, e hicieron venir sus mujeres e hijos
para que nos viesen, y así, se volvieron ricos de cascabeles y cuentas
que les dimos, y otros días nos tornaron a visitar con lo mismo que
otras veces. Como nosotros veíamos que estábamos proveídos de pes-
cados y de raíces y de agua y de las otras cosas que pedimos, acorda-
mos de tornarnos a embarcar y seguir nuestro camino, y desenterramos
la barca de la arena en que estaba metida, y fue menester que nos des-
nudásemos todos y pasásemos gran trabajo para echarla al agua, por-
que nosotros estábamos tales, que otras cosas muy más livianas
bastaban para ponernos en él. Y así embarcados, a dos tiros de ballesta
dentro en la mar, nos dio tal golpe de agua que nos mojó a todos; y
como íbamos desnudos y el frío que hacía era muy grande, soltamos
los remos de las manos, y a otro golpe que la mar nos dio, trastornó la
barca; el veedor y otros dos se asieron de ella para escaparse; mas
sucedió muy al revés, que la barca los tomó debajo y se ahogaron.
Como la costa es muy brava, el mar de un tumbo echó a todos los
otros, envueltos en las olas y medio ahogados, en la costa de la misma
isla, sin que faltasen más de los tres que la barca había tomado debajo.
Los que quedamos escapados, desnudos como nacimos y perdido todo
lo que traíamos, y aunque todo valía poco, para entonces valía mucho.
Y como entonces era por noviembre, y el frío muy grande, y nosotros
tales que con poca dificultad nos podían contar los huesos, estábamos
hechos propia figura de la muerte. De mí sé decir que desde el mes de
mayo pasado yo no había comido otra cosa sino maíz tostado, y algu-
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sus casas, y ellos mostraron que habían gran placer de ello, y que espe-
rásemos un poco, que ellos harían lo que queríamos, y luego treinta de
ellos se cargaron de leña, y se fueron a sus casas, que estaban lejos de
allí, y quedamos con los otros hasta cerca de la noche, que nos toma-
ron, y llevándonos asidos y con mucha prisa, fuimos a sus casas; y por
el gran frío que hacía, y temiendo que en el camino alguno no muriese
o desmayase, proveyeron que hubiese cuatro o cinco fuegos muy gran-
des puestos a trechos, y en cada uno de ellos nos calentaban y, desde
que veían que habíamos tomado alguna fuerza y calor, nos llevaban
hasta el otro tan aprisa, que casi con los pies no nos dejaban poner en
el suelo; y de esta manera fuimos hasta sus casas, donde hallamos que
tenían hecha una casa para nosotros, y muchos fuegos en ella, y desde
a una hora que habíamos llegado, comenzaron a bailar y hacer grande
fiesta, que duró toda la noche, aunque para nosotros no había placer,
fiesta ni sueño, esperando cuándo nos habían de sacrificar; y a la ma-
ñana nos tornaron a dar pescado y raíces, y hacer tan buen tratamiento,
que nos aseguramos algo y perdimos algo el miedo del sacrificio.
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Capítulo XIII
Cómo supimos de otros cristianos
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Capítulo XIV
Cómo se partieron los cuatro cristianos
porque tienen por cosa mala verse ni hablarse. Las mujeres tienen
libertad para comunicar y conversar con los suegros y parientes, y esta
costumbre se tiene desde la isla hasta más de cincuenta leguas por la
tierra adentro.
Otra costumbre hay, y es que cuando algún hijo o hermano muere,
en la casa donde muriese, tres meses no buscan de comer, antes se
dejan morir de hambre, y los parientes y los vecinos les proveen de lo
que han de comer. Y como en el tiempo que aquí estuvimos murió
tanta gente de ellos, en las más casas había muy gran hambre, por
guardar también su costumbre y ceremonia; y los que lo buscaban, por
mucho que trabajaban, por ser el tiempo tan recio, no podían haber
sino muy poco; y por esta causa los indios que a mí me tenían se salie-
ron de la isla, y en unas canoas se pasaron a Tierra Firme, a unas ba-
hías adonde tenían muchos ostiones, y tres meses del año no comen
otra cosa, y beben muy mala agua. Tienen gran falta de leña, y de mos-
quitos muy grande abundancia. Sus casas son edificadas de esteras
sobre muchas cáscaras de ostiones, y sobre ellos duermen en cueros, y
no los tienen sino es acaso. Y así estuvimos hasta el fin de abril, que
fuimos a la costa del mar, a donde comimos moras de zarzas todo el
mes, en el cual no cesan de hacer sus areitos y fiestas.
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Capítulo XV
De lo que nos acaeció en la isla de Mal Hado
que muchas veces estuve tres días sin comer ninguna cosa, y ellos
también lo estaban y parecíame ser cosa imposible durar la vida, aun-
que en otras mayores hambres y necesidades me vi después, como
adelante diré. Los indios que tenían a Alonso del Castillo y Andrés
Dorantes, y a los demás que habían quedado vivos, como eran de otra
lengua y de otra parentela, se pasaron a otra parte de la Tierra Firme a
comer ostiones, y allí estuvieron hasta el primero día del mes de abril,
y luego volvieron a la isla, que estaba de allí hasta dos leguas por lo
más ancho del agua, y la isla tiene media legua de través y cinco en
largo.
Toda la gente de esta tierra anda desnuda; solas las mujeres traen
de sus cuerpos algo cubierto con una lana que en los árboles se cría.
Las mozas se cubren con unos cueros de venados. Es gente muy parti-
da de lo que tienen unos con otros. No hay entre ellos señor. Todos los
que son de un linaje andan juntos. Habitan en ellas dos maneras de
lenguas: a los unos llaman Capoques, y a los otros de Han; tienen por
costumbre cuando se conocen y de tiempo a tiempo se ven, primero
que se hablen, estar media hora llorando, y acabado esto, aquel que es
visitado se levanta primero y da al otro cuanto posee, y el otro lo reci-
be, y de ahí a un poco se va con ello, y aun algunas veces, después de
recibido, se van sin que hablen palabra. Otras extrañas costumbres
tienen; mas yo he contado las más principales y más señaladas por
pasar adelante y contar lo que más nos sucedió.
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Capítulo XVI
Cómo se partieron los cristianos de la isla de Mal Hado
quedé solo con aquellos indios, los cuales se llamaban Quevenes, y los
otros con quien él se fue se llaman Deaguanes.
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Capítulo XVII
Cómo vinieron los indios y trajeron a Andrés Dorantes y
a Castillo y a Estebanico
Desde a dos días que Lope de Oviedo se había ido, los indios que
tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes vinieron al mismo
lugar que nos habían dicho, a comer de aquellas nueces de que se
mantienen, moliendo unos granillos con ellas, dos meses del año, sin
comer otra cosa, y aun esto no lo tienen todos los años, porque acuden
uno, y otro no; son del tamaño de las de Galicia, y los árboles son muy
grandes, y hay un gran número de ellos. Un indio me avisó cómo los
cristianos eran llegados, y que si yo quería verlos me hurtase y huyese
a un canto de un monte que él me señaló; porque él y otros parientes
suyos habían de venir a ver a aquellos indios, y que me llevarían con-
sigo adonde los cristianos estaban. Yo me confié de ellos, y determiné
de hacerlo, porque tenían otra lengua distinta de la de mis indios. Y
puesto por obra, otro día fueron y me hallaron en el lugar que estaba
señalado; y así me llevaron consigo. Ya que llegué cerca de donde
tenían su aposento. Andrés Dorantes salió a ver quién era, porque los
indios le habían también dicho cómo venía un cristiano; y cuando me
vio fue muy espantado, porque había muchos días que me tenían por
muerto, y los indios así lo habían dicho. Dimos muchas gracias a Dios
de vernos juntos, y este día fue uno de los de mayor placer que en
nuestros días hemos tenido; y llegado donde Castillo estaba, me pre-
guntaron que dónde iba. Yo le dije que mi propósito era de pasar a
tierra de cristianos, y que en este rastro y busca iba. Andrés Dorantes
respondió que muchos días había que él rogaba a Castillo y a Estebani-
co que se fuesen adelante, y que no lo osaban hacer porque no sabían
nadar, y que temían mucho de los ríos y los ancones por donde habían
de pasar, que en aquella tierra hay muchos. Y pues Dios nuestro Señor
había sido servido de guardarme entre tantos trabajos y enfermedades,
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más recio tiempo del mundo, y que a él y a Méndez habían tomado los
indios, y que estando con ellos, Méndez había huido yendo la vía lo
mejor que pudo de Pánuco, y que los indios habían ido tras él y que lo
habían muerto; y que estando él con estos indios supo de ellos cómo
con los mariames estaba un cristiano que había pasado de la otra parte,
y lo había hallado con los que llamaban quevenes, y que este cristiano
era Hernando de Esquivel, natural de Badajoz, el cual venía en compa-
ñía del comisario, y que él supo de Esquivel el fin en que habían para-
do el gobernador y el contador y los demás, y le dijo que el contador y
los frailes habían echado al través su barca entre los ríos, y viniéndose
por luengo de la costa, llegó la barca del gobernador con su gente en
tierra, y él se fue con su barca hasta que llegaron a aquel ancón grande,
y que allí tornó a tomar la gente y la pasó del otro cabo, y volvió por el
contador y los frailes y todos los otros. Y contó cómo estando desem-
barcados, el gobernador había revocado el poder que el contador tenía
de lugarteniente suyo y dio el cargo a un capitán que traía consigo, que
se decía Pantoja, y que el gobernador se quedó en su barca, y no quiso
aquella noche salir a tierra, y quedaron con él un maestre y un paje que
estaba malo, y en la barca no tenían agua ni cosa ninguna que comer; y
que a media noche el norte vino tan recio, que sacó la barca a la mar,
sin que ninguno la viese, porque no tenía por resón sino una piedra, y
que nunca más supieron de él. Y que visto esto, la gente que en tierra
quedaron se fueron por luengo de costa, y que como hallaron tanto
estorbo de agua, hicieron balsas con mucho trabajo, en que pasaron la
otra parte; y que yendo adelante, llegaron a una punta de un monte
orilla del agua, y que hallaron indios, que como los vieron venir metie-
ron sus casas en sus canoas y se pasaron de la otra parte a la costa; y
los cristianos, viendo el tiempo que era, porque era por el mes de no-
viembre, pararon en este monte, porque hallaron agua y leña y algunos
cangrejos y mariscos, donde de frío y de hambre se comenzaron poco a
poco a morir. Allende de esto, Pantoja, que por teniente había quedado,
les hacía mal tratamiento, y no lo pudiendo sufrir Sotomayor, hermano
de Vasco Porcallo, el de la isla de Cuba, que en la armada había venido
por maestre de campo, se revolvió con él y le dio un palo, de que Pan-
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toja quedó muerto, y así se fueron acabando; y los que morían, los
otros los hacían tasajos; y el último que murió fue Sotomayor, y Esqui-
vel lo hizo tasajos, y comiendo de él se mantuvo hasta primero de
marzo, que un indio de los que allí habían huido vino a ver si eran
muertos, y llevó a Esquivel consigo; y estando en poder de este indio,
el Figueroa lo habló y supo de él todo lo que hemos contado, y le rogó
que se viniese con él, para irse ambos la vía de Pánuco; lo cual Esqui-
vel no quiso hacer, diciendo que él había sabido de los frailes que Pá-
nuco había quedado atrás; y así se quedó allí, y Figueroa se fue a la
costa adonde solía estar.
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Capítulo XVIII
De la relación que dio Esquivel
Esta cuenta toda dio Figueroa por la relación que de Esquivel ha-
bía sabido; y así, de mano en mano llegó a mí, por donde se puede ver
y saber el fin que toda aquella armada hubo y los particulares casos que
a cada uno de los demás acontecieron. Y dijo más: que si los cristianos
algún tiempo andaban por allí, podría ser que viesen a Esquivel, porque
sabía que se había huido de aquel indio con quien estaba, a otros, que
se decían los mareames, que eran allí vecinos. Y como acabo de decir,
él y el asturiano se quisieran ir a otros indios que adelante estaban; mas
como los indios que lo tenían lo sintieron, salieron a ellos, y diéronles
muchos palos, y desnudaron al asturiano, y pasáronle un brazo con una
flecha; y en fin, se escaparon huyendo, y los cristianos se quedaron con
aquellos indios, y acabaron con ellos que los tomasen por esclavos,
aunque estando sirviéndoles fueron tan maltratados de ellos, como
nunca esclavos ni hombres de ninguna suerte lo fueron, porque de seis
que eran, no contentos con darles muchas bofetadas y apalearlos y
pelarles las barbas por su pasatiempo, por sólo pasar de una casa a otra
mataron tres, que son los que arriba dije, Diego Dorantes y Valdivieso
y Diego de Huelva, y los otros tres que quedaban esperaban parar en
esto mismo; y por no sufrir en esta vida, Andrés Dorantes se huyó y se
pasó a los mareames, que eran aquéllos adonde Esquivel había parado,
y ellos le contaron cómo habían tenido allí a Esquivel, y cómo estando
allí se quiso huir porque una mujer había soñado que le había de matar
un hijo, y los indios fueron tras él y lo mataron, y mostraron a Andrés
Dorantes su espada y sus cuentas y libro y otras cosas que tenía. Esto
hacen éstos por una costumbre que tienen, y es que matan sus mismos
hijos por sueños, y a las hijas en naciendo las dejan comer a perros, y
las echan por ahí. La razón por que ellos lo hacen es, según ellos dicen,
porque todos los de la tierra son sus enemigos y con ellos tienen conti-
nua guerra; y que si acaso casasen sus hijas, multiplicarían tanto sus
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enemigos, que los sujetarían y tomarían por esclavos; y por esta causa
querían más matarlas que no que de ellas mismas naciese quien fuese
su enemigo. Nosotros les dijimos que por qué no las casaban con ellos
mismos. Y también entre ellos dijeron que era fea cosa casarlas a sus
parientes ni a sus enemigos; y esta costumbre usan estos y otros sus
vecinos, que se llaman los iguaces, solamente, sin que ningunos otros
de la tierra la guarden. Y cuando éstos se han de casar, compran las
mujeres a sus enemigos, y el precio que cada uno da por la suya es un
arco, el mejor que puede haber, con dos flechas; y si acaso no tiene
arco, una red hasta una braza en ancho y otra en largo. Matan sus hijos,
y mercan los ajenos; no dura el casamiento más de cuanto están con-
tentos, y con una higa deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con
éstos, y desde a pocos días se huyó. Castillo y Estebanico se vinieron
dentro de la Tierra Firme a los iguaces. Toda esta gente son flecheros y
bien dispuestos, aunque no tan grandes como los que atrás dejamos, y
traen la teta y el labio horadados.
Su mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres maneras,
y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, e hinchan los hombres
que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas de ellas son muy
amargas, y con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la ham-
bre que aquellas gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, y
andan dos o tres leguas buscándolas. Algunas veces matan algunos
venados, y a tiempos toman algún pescado; mas esto es tan poco, y su
hambre tan grande, que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos
y lagartijas y salamanquesas y culebras y víboras, que matan los hom-
bres que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden ha-
ber, y estiércol de venados, y otras cosa que dejo de contar; y creo
averiguadamente que si en aquella tierra hubiese piedras las comerían.
Guardan las espinas del pescado que comen, y de las culebras y otras
cosas, para molerlo después todo y comer el polvo de ello. Entre éstos
no se cargan los hombres ni llevan cosa de peso; mas llévanlo las mu-
jeres y los viejos, que es la gente que ellos en menos tienen. No tienen
tanto amor a sus hijos como los que arriba dijimos. Hay algunos entre
ellos que usan pecado contra natura. Las mujeres son muy trabajadas y
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para mucho, porque de veinticuatro horas que hay entre día y noche, no
tienen sino seis horas de descanso, y todo lo más de la noche pasan en
atizar sus hornos para secar aquellas raíces que comen. Y desde que
amanece comienzan a cavar y a traer leña y agua a sus casas y dar
orden en las otras cosas de que tienen necesidad. Los más de éstos son
grandes ladrones, porque aunque entre sí son bien partidos, en volvien-
do uno la cabeza, su hijo mismo o su padre le toma lo que puede.
Mienten muy mucho, y son grandes borrachos, y para esto beben ellos
una cierta cosa. Están tan usados a correr, que sin descansar ni cansar
corren desde la mañana hasta la noche, y siguen un venado; y de esta
manera matan muchos de ellos, porque los siguen hasta que los cansan,
y algunas veces los toman vivos. Las casas de ellos son de esteras
puestas sobre cuatro arcos; llévanlas a cuestas, y múdanse cada dos o
tres días para buscar de comer. Ninguna cosa siembran que se pueda
aprovechar; es gente muy alegre; por mucha hambre que tengan, por
eso no dejan de bailar ni de hacer sus fiestas y areitos. Para ellos el
mejor tiempo que éstos tienen es cuando comen las tunas, porque en-
tonces no tienen hambre, y todo el tiempo se les pasa en bailar, y co-
men de ellas de noche y de día. Todo el tiempo que les duran
exprímenlas y ábrenlas y pónenlas a secar, y después de secas pónenlas
en unas seras, como higos, y guárdanlas para comer por el camino
cuando se vuelven, y las cáscaras de ellas muélenlas y hácenlas polvo.
Muchas veces estando con éstos, nos aconteció tres o cuatro días estar
sin comer porque no lo había; ellos, por alegrarnos, nos decían que no
estuviésemos tristes; que presto habría tunas y comeríamos muchas y
beberíamos del zumo de ellas, y tendríamos las barrigas muy grandes y
estaríamos muy contentos y alegres y sin hambre alguna; y desde el
tiempo que esto nos decían hasta que las tunas se hubiesen de comer
había cinco o seis meses, y, en fin, hubimos de esperar aquestos seis
meses, y cuando fue tiempo fuimos a comer las tunas; hallamos por la
tierra muy gran cantidad de mosquitos de tres maneras, que son muy
malos y enojosos, y todo lo más del verano nos daban mucha fatiga; y
para defendernos de ellos hacíamos al derredor de la gente muchos
fuegos de leña podrida y mojada, para que no ardiesen e hiciesen hu-
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mo; y esta defensión nos daba otro trabajo, porque en toda la noche no
hacíamos sino llorar, del humo que en los ojos nos daba, y sobre eso,
gran calor que nos causaban los muchos fuegos, y salíamos a dormir a
la costa. Y si alguna vez podíamos dormir, recordábannos a palos, para
que tornásemos a encender los fuegos. Los de la tierra adentro para
esto usan otro remedio tan incomportable y más que éste que he dicho,
y es andar con tizones en las manos quemando los campos y montes
que topan, para que los mosquitos huyan, y también para sacar debajo
de tierra lagartijas y otras semejantes cosas para comerlas. Y también
suelen matar venados cercándolos con muchos fuegos; y usan también
esto por quitar a los animales el pasto, que la necesidad les haga ir a
buscarlo adonde ellos quieren, porque nunca hacen asiento con sus
casas sino donde hay agua y leña, y alguna vez se cargan todos de esta
provisión y van a buscar los venados, que muy ordinariamente están
donde no hay agua ni leña; y el día que llegan matan venados y algunas
otras cosas que pueden, y gastan todo el agua y leña en guisar de comer
y en los fuegos que hacen para defenderse de los mosquitos, y esperan
otro día para tomar algo que lleven para el camino; y cuando parten,
tales van de los mosquitos, que parece que tienen la enfermedad de San
Lázaro. Y de esta manera satisfacen su hambre dos o tres veces en el
año, a tan grande costa como he dicho; y por haber pasado por ello
puedo afirmar que ningún trabajo que se sufra en el mundo se iguala
con éste. Por la tierra hay muchos venados y otras aves y animales de
los que atrás he contado. Alcanzan aquí vacas, y yo las he visto tres
veces y comido de ellas, y paréceme que serán del tamaño de las de
España. Tienen los cuernos pequeños, como moriscas, y el pelo muy
largo, merino, como una bernia; unas son pardillas, y otras negras, y a
mi parecer tienen mejor y más gruesa carne que las de acá. De las que
no son grandes hacen los indios mantas para cubrirse, y de las mayores
hacen zapatos y rodelas; éstas vienen de hacia el Norte por tierra ade-
lante hasta la costa de la Florida, y tiéndense por toda la tierra más de
cuatrocientas leguas, y en todo este camino, por los valles por donde
ellas vienen, bajan las gentes que por allí habitan y se mantienen de
ellas, y meten en la tierra grande cantidad de cueros.
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Capítulo XIX
De cómo nos apartaron los indios
Cuando fueron cumplidos los seis meses que yo estuve con los
cristianos esperando a poner en efecto el concierto que teníamos hecho,
los indios se fueron a las tunas, que había de allí donde las habían de
coger hasta treinta leguas; y ya que estábamos para huirnos, los indios
con quien estábamos, unos con otros riñeron sobre una mujer, y se
apuñearon y apalearon y descalabraron unos a otros; y con el grande
enojo que hubieron, cada uno tomó su casa y se fue a su parte; de don-
de fue necesario que todos los cristianos que allí éramos también nos
apartásemos, y en ninguna manera nos pudimos juntar hasta otro año.
Y en este tiempo yo pasé muy mala vida, así por la mucha hambre
como por el mal tratamiento que de los indios recibía, que fue tal, que
yo me hube de huir tres veces de los amos que tenía, y todos me andu-
vieron a buscar y poniendo diligencia para matarme, y Dios nuestro
Señor por su misericordia me quiso guardar y amparar de ellos; y
cuando el tiempo de las tunas tornó, en aquel mismo lugar nos torna-
mos a juntar. Ya que teníamos concertado de huirnos y señalado el día,
aquel mismo día los indios nos apartaron, y fuimos cada uno por su
parte; y yo dije a los otros compañeros que yo los esperaría en las tunas
hasta que la Luna fuese llena, y este día era primero de septiembre y
primero día de luna; y avisélos que si en este tiempo no viniesen al
concierto, yo me iría solo y los dejaría. Y así, nos apartamos y cada
uno se fue con sus indios, y yo estuve con los míos hasta trece de luna,
y yo tenía acordado de me huir a otros indios en siendo en Luna llena.
Y a trece días del mes llegaron adonde yo estaba Andrés Dorantes y
Estebanico, y dijéronme cómo dejaban a Castillo con otros indios que
se llaman anagados, y que estaban cerca de allí, y que habían pasado
mucho trabajo, y que habían andado perdidos. Y que otro día adelante
nuestros indios se mudaron hacia donde Castillo estaba, e iban a jun-
tarse con los que lo tenían, y hacerse amigos unos de otros, porque
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Capítulo XX
De cómo nos huimos
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Capítulo XXI
De cómo curamos aquí unos dolientes
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CAPITULO PRIMERO
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CAPITULO DOS
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y assi las echaran y fueron causa que no nos per-
diessemos; que es cierto si el grillo no cantara nos
ahogáramos quatrocientos hombres y treynta ca
uallos. Y entre todos se tuuo por milagro que Dios
hizo por nosotros. Y de ay en adelante, yendo na-
uegando por mas de cien leguas por luengo de
costa, siempre todas las noches el grillo nos daua
su musica, y assi con ella llegó el armada a vn
puerto que se llamaua la Cananea, que está passa
do el Cabo Frió, que estará en veynte c quatro gra
dos de altura. Es buen puerto; tiene vnas yslas á
la boca del; es limpio y tiene onze braças de hon
do. Aqui tomó el gouernador la possession dél por
Su Magestad. Y después de tomada partió de alli
y passo por el rio y baya que dizen de Sant Fran
cisco, el qual está veynte y cinco leguas de la Ca
nanea, y de alli fue el armada a desembarcar en la
ysla de Sancta Catalina, que está veynte y cinco
leguas del rio de San Francisco, y llego a la yslá
de Sancta Catalina con hartos trabajos y fortunas
Que por el camino passo. Y llego alli a veynte y
nueue dias del mes de Março de mil y quinientos
y quarenta y vno. Está la ysla de Sancta Catalina
en veynte y ocho grados de altura escasos.
CAPITULO TRES
QUE trata de como el gouernador llegó con su
armada a la ysla de sancta catalina, que es en
EL BRASIL, Y DESEMBARCÓ ALLI CON SU ARMADA
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CAPITULO QUATRO
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CAPITULO CINCO
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DOSSIER[91-102]
ISSN 1851-6866 (impresa) / ISSN 2422-6017 (en línea)
Zama /5 (2013) 91
La Brevísima relación de la
destruición de Indias de fray
Bartolomé de Las Casas en
el eje de las controversias
Resumen
La disputatio que tuvo lugar en Valladolid (1550-1551) entre fray Bartolomé de Palabras clave
Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda fue uno de los momentos más significativos Brevísima relación
del debate del Nuevo Mundo. En esa oportunidad, ambos contendientes obede- Disputatio
cieron a las convenciones de la disputatio, práctica de confrontación medieval Indagación
Polémica
basaba primordialmente en la cita de autoridad. Poco después, Las Casas publicó
su Brevísima relación de la destruición de las Indias, en la que prevalece una nueva
autoridad basada en el método de la indagación, que tiene en cuenta los testi-
monios de vista, escritos y orales, para reconstruir la verdad de los sucesos. Las
Casas implementa una retórica de la confrontación basada en el mundus inversus,
la retorsión, la resemantización, la demonización y el anonimato del adversario
para hacer visibles a sus lectores los hechos narrados. Este trabajo analiza este
tránsito (de la disputatio a la indagación), en la autorización de los argumentos así
como los tropos del discurso polémico que organizan este texto. La Brevísima es
un intento extremo de restauración de la verdad haciendo palpable la distorsión
discursiva llevada a cabo por la Conquista.
Abstract
The disputatio held in Valladolid (1550-1551) between Fray Bartolomé de Las Key words
Casas and Juan Ginés de Sepúlveda is one of the most significant moments of Brevísima relación
the debate in the New World. At that time, both contestants obeyed disputatio’s Disputatio
conventions, the medieval confrontation practice based primarily on the citation Inquiry
Controversy
of authority. Shortly after, Las Casas published Brevísima relación de la destruición
de las Indias, where prevails a new authority based on the method of inquiry, which
takes into account the written and oral testimonies to reconstruct the truth of the
past events. Las Casas implements a rhetoric of confrontation based on mundus
inversus, retaliation, resemantization, demonization and anonymity of the adver-
sary to make visible to his readers the narrated facts. This paper analyzes this
transition –from disputatio to inquiry – in the authorization of the arguments as
well as the contentious discoursive tropes that organize this text. The Brevísima
is a extreme attempt of restoration of truth to make palpable the discursive dis-
tortion carried out by the Conquest.
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ISSN 1851-6866 (impresa) / ISSN 2422-6017 (en línea)
92 Zama /5 (2013) [91-102] Beatriz Colombi
Resumo
Palavras chave A disputatio realizada em Valladolid (1550-1551) entre fray Bartolomé de Las Casas e
Brevísima relación
Juan Ginés de Sepúlveda foi um dos momentos mais significativos do debate no Novo
Disputatio Mundo. Naquela época, ambos os candidatos obedeceu às convenções da disputatio,
Indagação a prática medieval de confronto baseada principalmente na citação de autoridade.
Controvérsia
Logo em seguida, Las Casas publicou seu Brevísima relación de la destruición de las Indias,
onde uma nova autoridade baseada no método de indagação, que leva em conta os
testemunhos de vista, escrita e oral, para reconstruir a verdade factual, prevalece. Las
Casas implantou uma retórica de confronto baseada em: mundus inversus, retaliação,
ressemantização, demonização e anonimato do adversário, para tornar visível a seus
leitores os fatos narrados. Este artigo analisa essa transição (disputatio/indagação).
A Brevísima é uma tentativa extrema para restaurar a verdade contra a distorção
discursiva levada adiante pela Conquista.
Pocas voces fueron tan contestatarias en el siglo XVI como la del dominico fray Bar-
tolomé de Las Casas. La más renombrada de sus manifestaciones públicas fue su
participación en la disputatio de Valladolid de 1550-1551 con Juan Ginés de Sepúlveda,
centrada en cuestiones fundamentales para la consecución de la conquista: la llama-
1. Vanina Teglia (2012) hace una da guerra justa y la esclavitud natural de los indios.1 La figura del antagonista, como
notable puesta al día de estas
discusiones en su tesis doctoral.
claramente lo fue Sepúlveda para el dominico, siempre tuvo un lugar de privilegio
en su obra y la Brevísima relación de la destruición de las Indias, publicada poco después,
puede verse como la pieza clave de este ímpetu controversial que caracterizó la gran
2. La primera versión de este texto mayoría de sus escritos.2 Si en otras ocasiones, Las Casas realiza propuestas paliati-
fue leída ante la Congregación
de teólogos, letrados, juristas y el
vas para la reforma del sistema colonial (ver Las Casas, 1552: 158) –fundado en ins-
Consejo Real de las Indias, convo- tituciones que merecieron toda su condena, como la encomienda y la esclavitud–, en
cado por el Emperador Carlos V en la Brevísima relación, su pluma solo buscará hacer pública la metodología de la devas-
1542 en la villa de Valladolid para
determinar “si contra las gentes tación y a sus responsables. Por eso, este texto revoluciona las formas del alegato y
de aquellos Reynos: se podían de la prueba mostrando la distorsión discursiva que daba sustento a la pretendida
lícitamente y salva justicia, sin ver
cometido nuevas culpas mas de las legalidad de la conquista.
en su infidelidad cometidas: mover
guerras que llaman conquistas”.
Seguimos la edición de Martínez
Torrejón (2006) indicando la Disputa, indagación, libelo
página citada entre paréntesis.
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inadecuación del sistema para tratar los temas presentes, de inobjetable urgencia,
a la luz de las palabras antiguas, sobre todo cuando estas eran desviadas y desvir-
tuadas por Sepúlveda. Como es sabido, la paridad intelectual de los dos partici-
pantes en la disputatio se reflejó en la falta de un veredicto por parte de los jueces
y letrados convocados para la ocasión, quienes nunca se expidieron a pesar del
tácito triunfo del dominico.
Haber visto, haber leído los textos, saber lo que efectivamente se dijo, conocer lo que
se dijo tanto como la naturaleza de aquello respecto de lo cual algo se dijo, verificar
lo que dijeron los autores por medio de la comprobación de la naturaleza, utilizar
a los autores ya no como autoridad sino como testimonio, todo esto constituirá una de las
grandes revoluciones en la forma de transmisión del saber. La desaparición de la
alquimia y la disputatio, o mejor, el hecho de que esta última fuese relegada a formas
universitarias completamente esclerosadas y que perdiera a partir del siglo XVI toda
autoridad y eficacia como forma de autentificación real del saber, son algunas de las
numerosas señales que nos marcan el conflicto entre la indagación y la prueba, y el
triunfo de la primera sobre la segunda, a finales de la Edad Media (Foucault, 1996:
87, destacado mío).
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“vimos y palpamos con nuestros ojos e manos” (123), imagen con la que alude a un
modo del saber que supone no solo presencia y observación, sino también proxi-
4. Sobre la valoración de la midad vivencial con los acontecimientos narrados.4 La vista, tenida como órgano
experiencia en el siglo XVI como
nuevo fundamento de veracidad
por excelencia del conocimiento en la época, es reforzada en la imagen lascasiana
de los relato, ver Jay (2009). por la dimensión de lo táctil, como enseña el emblema XVI del Emblematum liber
de Andrea Alciato, publicado en 1531 y ampliamente difundido entre los círculos
5. En este emblema, la pictura del humanismo y el público lector que comienza a consolidarse en el siglo XVI.5 El
representa a una mano con un ojo emblema traduce el quiebre de certidumbres respecto del acceso al saber y la nece-
en la palma, y el mote o lema dice:
“Sobre vivendum, et non temere sidad de confrontar la experiencia sensorial de diversos modos para no ser víctimas
credendum”. Ver Lopez (1615). de un nuevo engaño –tanto o más perjudicial que la ciega obediencia a las autori-
dades–, el de los sentidos.
De este modo, la Brevísima pone en escena el saber fundado tanto en el alegato del
propio autor –conocedor directo de los sucesos acaecidos en las Indias– como en los
dichos de otros actores en ese mismo escenario. En este último caso, uno de los frag-
mentos más extensos reproducidos es la declaración de fray Marcos de Niza, de quien
Las Casas dice tener “un treslado con su propia firma” (209), rubricado, además, por el
obispo de México, aclaración de fidelidad que nos retrotrae a las palabras de Foucault
antes reproducidas. La firma, como el juramento, convalida la veracidad del testimonio.
Aunque estas narraciones también pueden ser anónimas, como “la carta y relación que
escribió cierto hombre” incluida al final de la Brevísima, que si bien “va sin principio ni
cabo”, “parecióme no deberse dejar de imprimir”, según aclara Las Casas volviéndose
él mismo en el último garante de su autenticidad. Con el acopio de relatos de distinta
procedencia, en los que intervienen otras voces además de la propia, voces acreditadas
por el nombre de su emisor, o voces ignotas y anónimas, Las Casas se propone “ofrecer
a la mirada”, “como si lo estuviésemos presenciando”, un compendio de los hechos más
relevantes y también más atroces de cinco décadas de conquista, que se ven potenciados
y actualizados como “delitos flagrantes” ante los ojos del lector.
6. Entre otros, Ramón
Menéndez Pidal.
Tal indagación está apuntalada por usos léxicos y una retórica del enfrentamiento, que
7. Las Casas llama “libelo” al
Democrates alter de Sepúlveda,
amenaza con romper cualquier interlocución con los contendientes ausentes (Kerbrat-
pero asume también el lugar del Orecchioni et al., 1982). Por la radicalidad de su discurso, cierta crítica atribuyó a Las
libelista contra los conquistadores. Casas el título y cargo de panfletario ya que, como sabemos, la Brevísima dio origen a
8. Diccionario de Autoridades la llamada leyenda negra.6 Según Marc Angenot (1995), el panfletista se caracteriza por
(1723): “Libelo 1. Lo mismo que
Petición o Memorial. Es voz latina denunciar una impostura con una dialéctica extremadamente tensa –en la que abundan
usada en lo forense. Lat. Libellus. las figuras de la inversión, la paradoja y el oxímoron– y por una visión crepuscular y
Navarr. Man. Cap. 25, número 13
“Y también el que no guarda la
catastrófica, un mundus inversus, expresado en una lengua apasionada y profética; carac-
orden del derecho, procediendo terísticas todas que podemos encontrar en la Brevísima relación. El narrador se presen-
sin libelo, o sin contestación de
pleito”. Papel o escrito satírico,
ta como el portador de una verdad irrebatible que ha sido falseada por otras versiones,
denigrativo o perjudicial, que lo cual justifica la inusitada contundencia de palabras e imágenes, que abandonan
mancha y deslustra la fama u cualquier tributo al decoro, según prescribía la retórica.
honra de alguna persona. Llámase
comúnmente libelo infamatorio”.
9. “Libelo, en nuestro vulgar Si “panfletista” es el galicismo de “libelista”, deberíamos ahondar en este último
Romance vale escritos infamato- término, usado, por otra parte, por el mismo Bartolomé de Las Casas para referirse
rios, que sin autor se publican, o
fijándolos en columnas y esquinas a Sepúlveda.7 Según el Diccionario de Autoridades (1723), el libelo tiene, en primer
de lugares públicos. Este crimen lugar, una connotación judiciaria, ámbito en el que equivale a petición o memorial,
es muy grave, y assi se castiga con
mucha severidad. Y porque libellus
género al que se ajusta la Brevísima en cierto sentido. Pero también designa al escri-
es nombre general, y significa to que mancha o deslustra la fama u honra de alguna persona.8 Si pensamos que el
memorial o libro pequeño, se le
añade la palabra famoso que vale
blanco hacia el que apuntan las encendidas acusaciones de Las Casas son los hechos
tanto como infamatorio, y des- aberrantes de los conquistadores y, más específicamente, aquellos que inhabilitan
honrador. Es diminutivo de libro” cualquier reclamo o merecimiento de honra y fama, su objetivo explícito es despo-
(Tesoro de la lengua castellana
o española, versión digitalizada seerlos de tales presuntas virtudes. Según Sebastián de Covarrubias, los libelos son
por la Universidad de Sevilla, escritos “infamatorios” y anónimos, punibles con un severo castigo.9 Este carácter
http://fondosdigitales.us.es/
fondos/libros/765/16/tesoro-de-la-
punitorio probablemente explique el anonimato de los personajes a los que refiere
lengua-castellana-o-espanola/). Las Casas, tema del que me ocupo más adelante.
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tables”, y alcanza hasta a los propios conquistadores que se vuelven víctimas de los
mismos mecanismos de intimidación que implementan para someter a los Otros:
Fueron por allí después por aquellos caminos otros tiranos que sucedieron de
la mesma Venezuela y otros de la provincia de Santa Marta con la mesma santa
intención de descubrir aquella casa santa del oro del Perú, y hallaron toda la tierra,
más de docientas leguas, tan quemada y despoblada y desierta, siendo pobladísima y
felicísima como es dicho, que ellos mesmos, aunque tiranos y crueles, se admiraron y
espantaron de ver el rastro por donde aquél había ido, de tan lamentable perdición
(“Reino de Venezuela”, 195).
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Jean Delumeau sostiene que una “ciudad del terror” dominó el horizonte del hombre
europeo durante los siglos XV y XVI (1989). En el contexto histórico de la Reforma y
Contrarreforma, la difundida creencia en la proximidad del fin de los tiempos y en el
milenarismo atizó los temores hacia un Dios severo y justiciero agigantando la figura
amenazante de Satán. En el arte plástico de estos siglos se manifiesta un gusto acen-
tuado por las imágenes violentas, los martirios y el castigo divino que espera al hombre
12. Delumeau sostiene que, hacia en el Juicio Final.12 Las Casas evoca continuamente este imaginario y produce analogías
el siglo XVI, Occidente “disfru-
tó una extraña delectación en
visibles entre los caciques torturados por los españoles y las representaciones agónicas
representar la agonía victoriosa y martirológicas de Cristo, san Juan Bautista, san Esteban, san Sebastián o san Lorenzo,
de los torturados” (1989: 38). sometidos a tormentos por crucifixión, flagelación, lapidación, flechas o fuego, imáge-
Ver también Weisbach (1948).
nes que De Bry ilustra con maestría y notable literalidad en la edición de Frankfurt
arriba citada. Estas representaciones, por otra parte, serán luego recurrentes en las
crónicas de la evangelización de las Indias de los siglos XVII y XVIII. A través del uso
de este repertorio, Las Casas transmite un mensaje inequívoco: el frágil paraíso ameri-
cano está en manos de fuerzas infernales y los mártires son los aborígenes.
Una de las misiones de los hombres de la Iglesia durante la Contrarreforma fue des-
enmascarar a Satán e identificar a sus agentes (que eran, invariablemente, turcos, judíos,
13. “Desenmascarar a Satán fue herejes, mujeres e indios).13 Por eso, los cronistas de Indias relacionaron frecuente-
una de las grandes empresas
de la cultura docta europea en
mente el ejercicio de la idolatría con el culto al demonio (Bernand y Gruzinski, 1992;
el inicio de los tiempos moder- Bartra, 1997). Desde comienzos del siglo XVI con la conquista de Nueva España –en
nos” (Delumeau, 1989: 377). las narraciones de Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés o Francisco López de Góma-
ra– hasta fines de ese siglo con la Historia natural y moral de las Indias (1590) de Joseph
de Acosta, los cronistas establecieron permanentes analogías entre la idolatría ameri-
cana y el culto al demonio. Contrariando esta corriente dominante entre los diferentes
escritores de Indias, Las Casas asigna los atributos demoníacos a los españoles; dice
que estos en su accionar tienden continuas trampas a la codicia de los soldados tentán-
dolos (una de las acciones básicas del Diablo) a pasar todo límite de crueldad en pos
de la obtención de botines, riquezas y todo tipo de prebendas.
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en El salvaje artificial y Carlo Ginzburg en Mitos, emblemas, indicios. Es probable que este
interés se deba al hecho de que la razón moderna comenzaba a imponer sus principios
y a echar nueva luz sobre el mundo en una atmósfera preñada de miedos escatológicos
y procesos inquisitoriales. Esta constatación invita a revisar la hipótesis muchas veces
trabajada por la crítica al analizar la disputa Las Casas-Sepúlveda, que ve este choque
discursivo como una confrontación entre el arcaísmo medieval del dominico y el huma-
nismo renacentista de su contendiente. Si este fuese el caso, aunque no creemos que lo
sea, las armas pretendidamente arcaicas de Las Casas le permitieron la elaboración de
un pensamiento nuevo frente a la otredad americana, que letrados de clara filiación
humanista, como Gonzalo Fernández de Oviedo desde las Indias o Ginés de Sepúlveda
desde España, no llegaron siquiera a esbozar.
En la Apologética historia sumaria, Las Casas describe los poderes de los demonios
para causar catástrofes naturales (tormentas, granizo, incendios), destruir mieses y
heredades o diezmar bestias y hombres. Idéntico sentido asume la destruición mentada
en el título de la Brevísima, en la que los conquistadores aparecen arrasando grandes
extensiones de tierra y provocando el despoblamiento y la muerte como solo los
agentes del Maligno podrían hacerlo. Veamos un pasaje, correspondiente al Reino
de Guatemala y referido a Pedro de Alvarado:
Mató infinitas gentes con hacer navíos: llevaba de la mar del Norte a la del Sur
ciento y treinta leguas los indios cargados con anclas de tres y cuatro quintales, que
se les metían las uñas dellas por las espaldas y lomos. Y llevó desta manera mucha
artillería en los hombros de los tristes desnudos, y yo vide muchos cargados de
artillería por los caminos angustiados. Descasaba y orbaba los casados, tomándoles
las mujeres y las hijas, y dábalas a los marineros y soldados por tenellos contentos
para llevallos en sus armadas: henchía los navíos de indios, donde todos perecían
de sed y hambre. Y es verdad que si hobiese de decir en particular sus crueldades
hiciese un gran libro que al mundo espantase. Dos armadas hizo de muchos navíos
cada una, con las cuales abrasó como si fuera fuego del cielo todas aquellas tierras
¡Oh cuántos huérfanos hizo, cuántos orbó de sus hijos, cuántos privó de sus mujeres,
cuántas mujeres dejó sin maridos, de cuántos adulterios y estupros y violencias fue
causa, cuántos privó de su libertad, cuántas angustias y calamidades padecieron
muchas gentes por él, cuántas lágrimas hizo derramar, cuántos sospiros, cuántos
gemidos, cuántas soledades en esta vida, y de cuántos damnación eterna en la otra
causó: no solo de indios, que fueron infinitos, pero de los infelices cristianos de cuyo
consorcio se favoreció, en tan grandes insultos, gravísimos pecados y abominaciones
tan execrables. Y plega a Dios que dél haya habido misericordia y se contente con
tan mala fin como al cabo le dio (159).
Dentro de esta mecánica infernal, los españoles irrumpen como lobos entre cor-
deros traicionando el mandato de Cristo a sus apóstoles: “Id como corderos entre
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lobos” (Mateo 10,16). Como ya ha sido advertido, se trata de una de las metáforas
más frecuentes en los textos de Las Casas, mediante la cual expresa claramente la
disparidad de las fuerzas enfrentadas. Pero esta metáfora alcanza otra connotación
si la consideramos en el contexto demonológico, en el que se le atribuye al lobo una
estirpe diabólica, según aparece en numerosos dichos y refranes populares, creencia
que conjuga el temor por la licantropía en el siglo XVI con los caracteres sanguinarios
de este animal (Delumeau, 1989: 101). Un momento clave para descifrar su sentido es
el Capítulo CXVI de la Historia de Indias, en el que Las Casas acusa a Hernán Cortés de
usurpar tanto la hacienda del rey como el imperio de Moctezuma. Las Casas narra una
escena de encuentro en la Corte con el conquistador de México. En ella, Cortés admite
ante el fraile, entre risas y burlas descaradas, la escasa legalidad de sus actos y, para
hacerlo, invoca el tópico de lobos y corderos. Examinemos un fragmento de este pasaje:
Todo esto me dijo el mismo Cortés, con otras cosas cerca dello, después de marqués, en
la villa de Monzón, estando allí celebrando Cortes el emperador, año de 1542, riendo
y mofando y con estas formales palabras: “A la mi fe, anduve por allí como un gentil
corsario”. Dije yo, también riendo, pero entre mi: “Oigan vuestros oídos lo que dice
vuestra boca”. Puesto que otras veces hablando con él en México en conversación,
diciéndole yo con qué justicia y conciencia había preso aquel tan gran rey Moctezuma
y usurpado sus reinos, me concedió al cabo todo, y dijo: “Qui non intrat per ostium fur
est et latro”. Entonces le dije a la clara, con palabras formales: “Oigan vuestros oídos
lo que dice vuestra boca” y después todo se pasó en risa, aunque yo lo lloraba dentro
de mí, viendo su insensibilidad, teniéndole por malaventurado (Historia, 422-423).
Tiranos innominados
Pero si Las Casas se vale de un léxico demonológico para articular un mundo mani-
queo en el que puedan dilucidarse y separarse claramente el bien del mal, también
acude a categorías que proceden del universo secular y de las leyes del Estado. Así,
los conquistadores son caracterizados también como tiranos. En la Historia de Indias,
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Ser tirano y con mala conciencia desear y poner por obra lo dicho, parece
manifiestamente, porque todo tirano, como carezca de razón, de derecho y de justicia,
según el Filósofo en el libro V de la Política, cap. 11, huélga(n)se de las discordias, si
las tienen, los que quiere(n) tiranizar, y si no las tienen procura(n) que las tengan,
porque estén divididos y así más fácilmente sojuzguen los unos y los otros, sabe(n)
que si todos fuesen juntos y conformes, con más dificultad, y a las veces nunca,
podrían sujetar ni tiranizar a ningunos, y si por algún tiempo pudiese(n) prevalecer,
no duraría tanto su tiránico señorío (Historia, 446).
Suponemos que también está presente en Las Casas la acepción de tiranía de las Siete
Partidas (Partida Segunda, Título Primero, Ley X):
Tirano quiere decir como señor cruel que se ha apoderado de algún reino o tierra
por fuerza o por traición, y estos tales son de tal naturaleza, que después que se han
bien apoderado de la tierra, aman más hacer su provecho, aunque sea en daño de la
tierra, que el provecho comunal de todos (Alfonso el Sabio, 1992: 137).
cohesivo de apelativos que implementa Las Casas, que establece una analogía entre
conquistadores, demonios y tiranos.
En la lógica del discurso polémico, la elipsis del nombre propio tiene el valor de una
afrenta ya que, si mediante los datos implícitos puede reconstruirse la identidad de
la persona aludida, ignorarla es un modo más ofensivo de señalarla. La ausencia del
nombre le rinde a Las Casas un rédito adicional: un despliegue copioso de sustitu-
ciones semánticas tales como las ya marcadas: demonio, tirano, ladrón o salteador
(“tristes españoles salteadores”). El anonimato funciona a veces como advertencia y
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hasta como amenaza ya que Las Casas deja explícito que podría dar señas completas
de los responsables de estas atrocidades, aunque elige callar estos detalles:
Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas
de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso,
para que poco a poco, dando alaridos, en aquellos tormentos desesperados se les
salían las ánimas. Una vez vide que teniendo en las parrillas quemándose cuatro o
cinco principales señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde
quemaban otros) y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le
impidían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo,
que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla) no quiso
ahogallos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen, y
atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería (“De la Isla Española”,
115, destacado mío).
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## Bibliografía
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Margo Glantz
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fUIOl di". NOlt' alleslo eli Daniela Carpani Mil¡'II1, Cisalpino-Goliarca, 1984; Piel' 2. Irán desnudos mis renglones de abundancia...
Liu¡:i Crovello t'l al (Raúl CriS<lfio. Ernesto Franco) "El naufragio en el Nuevo
Mundo: dt, la eSCl'ilura fOl'lnuli7"da a la prefiguración de lo novelesco" en Actes
La mayor parte de las expediciones a la Florida terminaron en
du Premier Collotlue Imernational de C.R.E.C.LF (Centre de Recherches el
el fracaso, desde que Juan Ponce de León, su descubridor,
d'Eluc!t-s mmparalistes Ibéro-FlOIncophones. Sorbonne Nouvelle, Paris 111, Pali-
lIure, Número Spt'rial 1986-1986: Silvia Molloy, "Alteridad y reconocimiento recibiera en 1512 el flamante título real de Adelantado para
en los NaufragWs de Alvar Nú~ez Cabeza de Vaca", en Nueva Revista de Filolo- conquistarla. Varios cronistas se ocupan de la desastrosa expe-
gía Hispánica XXXV, núm. 2, México, 1987. En otro contexlo y po~ lo que se dición de Pánfilo de Narváez, entre ellos Gonzalo Fernández
relit'l't· :1 mi propio ensayo he ulilizado a Silvia 8enso, La conquista di un testo: de Oviedo, quien en el proemio a su Historia General y Natural
1I Requerimiento, Bulzoni editores, Roma, 1989; ya Giulia Lanciani, Os relatos de
de las Indias afirma:
lIaufrágios lIa litera/ura portuguesa dos séc. XVI e XVII. Lisboa, Instituto de Cultu-
ra Portu¡:ues;l. 1979. Desde el pumo de vista de la narratología están los textos
de Vito (;:I!eota. "Apunti per una analisis leueraria di Naufragios di A. Núñez Quiero certificar a Vuestra Cesárea Majestad que irán des-
ülOt-za ele Vaca". estrauo dagli Annali dell'lstituto Universitario Orientale, nudos mis renglones de abundancia de palabras artificiales
Sezione Romanza. XXV. 2 Napoli, 1983 y "Alcuni osservazioni sul rapporto para convidar a los lectores; pero serán muy copiosos de ver-
S!oria / lelleralura in Naufragios di Alvar Núñez Cabeza de Vaca, estratto da
dad, y conforme a ésta diré lo que no tendrá contradicción
Meelioe\'o Sa¡:¡:i e Rassegne. 8. s.f. (1 984? o 5?). Una visión etnológica es la de
(cuanto a ella) para que vuestra soberana clemencia allá lo
Massimo Squillaccioui, "Introduzione a 1492-1992", L'altra storia: la conquista 5
del/',1merica. Sa¡:gi sulle culture ed i movimenti i,\digeni latinoamericani, a cura mande polir e limar".
de". en Quaelerno di Latinoamerica, Suplemento a anno XI. n., 39, Roma, lu-
¡:Iio. 1990. LLegó a mis manos, ya escrito este artículo. el texto de Rolena Este fragmento es muy significativo: Oviedo pretende desnu-
Adorno. "The ne¡:otiation of Fear in Cabe7.a de Vaca's Naufragios, " Representa- dar su textualidad -sus renglones- de artificios retóricos; sin
/iolls ~~. Ihe Regents of the University of California, winter 1991. Consigno
embargo consignará el mayor número de datos -serán muy
'ademús. el ens;IYo ele Enrique Pupo Walker, "Pesquisas para una nueva lectura
de los Naufragios ele Alvar Nú,iez Cabeza de Vaca", Revista Iberoanericana 140
copiosos de verdad - para examinar la asombrosa realidad de los
Julio, Septiembre, 1987, pp. 517-39; Y del mismo autor, "Los NaufragWs de nuevos territorios agregados a la Corona de Carlos V. La
Al.l'ar Níuiez Cabeza de Vaca; notas sobre la relevancia antropológica del abundancia de datos es indispensable para conformar el mate-
texto"Revista de Indias, 47. no. I 181. 1987; pp. 755-76. rial narrativo de una obra que pretende ser exhaustiva y que,
, Cfl. Ces;lre Acutis. op cit, "Rimpatriato, Alvar Núñez dell'Instituzione; ves- para coronarse, termina en el libro Quincuagésimo, intitulado
lito, racmnta la storia di Alvar Núñez nudo" (salvo indicación en contrario,
todos los subrayados son míos). p. 82. La utili7.ación de la relación como servivio '. Gonzalo 'Fernández de Oviedo. Historia General y Nat~ral de las Indias,
ha sido analizada por muchos autores. la mayor parte de ellos mencionados Maelriel. Biblioteca ele Autores Españoles. (Estudio preliminar y notas de Juan
en las notas anteriores. en especial Barrera, Crovetlo. Pranzeui, Molloy.. Phez ele Tudela), 1959. Tomo I. Proemio p. 94.
• ce 206
33 ....
«
particularmente contar las miserias 'J trabajos en q!1e nos vi- 8 Sor Juana Inés de la Cruz. OC. 4 vol, México, FCE, Biblioteca Americana
.... 34
207
o ••
··0
La precariedad llega a extremos asombrosos. Se tienen tunas a echar sobre un cuero y las cáscaras. Y el que lo ha molidO'
o higos, a veces pescado y rara vez carne de venado o de bú- las coge y las torna a echar en aquella espuerta ... y las
falo, muy a menudo sabandijas, aun estiércol de venado y, "si pepitas y cáscaras tornan a poner en el cuero, y desta ma-
en aquella tierra hubiese piedras las comerían", concluye. Las nera hacen tres o cuatro veces cada moledura, p. 137.
carencias obligan a los indígenas a aprovechar al máximo cada
recurso y a adaptarlo a las condiciones de vagabundeo que los No existe una mayor desnudez de la materia que la de la pul-
gobiernan. Se ha producido lo que algunos críticos llaman el verización: entre sus ventajas está su ligereza y su portabilidad:
"silencio historiográfico", el que coloca al náufrago "fuera de es la única alimentación accesible durante las largas caminatas.
los ámbitos de comunicación e información europeos"lO. Los alimentos molidos -mezclados en grandes hoyos con agua
En el texto esa situación coincide con el proceso de pulveri- y tierra- dan cuenta de ciertas ceremonias tribales: sinte-
zación de los alimentos, con la operación que los despoja de su tizadas así, forman parte de un discurso etnológico, pero
forma y los reduce a su mínima expresión: asimiladas durante la peregrinación, articulan esa vagabun-
da economía que se translada a la escritura, transformada,
Guardan las espinas de pescado que comen y de las cu- amasada, rescatada como economía textual. La comida pulve-
lebras y otras cosas, para molerlo después todo e comer el rizada permite advertir el grado de disolución al que los
polvo de ello. p. 116 ...[y, más adelante, refiriéndose a un náufragos han llegado. Pero hay más, igualándose consigo
fruto que él llama algarrobas] ...y las pepitas de ellas tornan mismo, mimetizado a su nombre, Cabeza de Vaca nos explica
una de sus actividades favoritas, la que lo clasifica dentro de
(edirión de AlfilllS(l Méndez Plancarte, tomos 1, 11, Y111; Respuesta a Sor Filotea.
los rumiantes, es decir lo animaliza y lo equipara a esos seres
Tomo l\'. edición de Alberto G. Salceda), 1955. T. IV, Comedias, Sainetes y
.I'rosa. primera reimpresión, 1976. p. mansos, domésticos, útiles, pero también patéticos; se ha al-
" Ch. Crol'ello. 1985-86 "La experiencia entre los bárbaros se refleja en la canzado el máximo nivel de disolución humana, según los
misma textura escritural y satura los Naufragios en sus estructuras profundas. criterios de lo civilizado:
Las indirariones topológicas se difuminan y se hacen indeterminadas. Las refe-
renrias a los puntos cardinales pierden toda consistencia. Más sintomática
Otras veces me mandaban roer cueros y ablandarlos. Y la
todavía es la indistinción de las referencias a indicadores cronológicos. La calen-
dariedad del texto burocrático es sustituida .por alusiones al paso de las esta-
mayor prosperidad en que yo me ví allí era el día en que
riones del ¡nio, por los ritmos y las pautas de una rudimentaia economía de me daban a raer alguno, porque yo lo raía muy mucho y
recolección y de caza", p. 38. comía de aquellas raeduras y aquello me bastaba para dos o
10 Cf. Crovetto, Pranzetti, Molloy, op. cit.
tres días. p, 129.
...• 208
35 n ••
·
En las primeras etapas del naufragio -la primera mitad del significa. según el mismo autor, redimir: la palabra latina redi-
texto- la escritura misma se pulveriza, se rae, se rumia y mere significa eso en español y, por antonomasia, "Cristo
configura a una modalidad especial de producción textual, Nuestro Señor es verdadero y solo Redentor, que nos redimió
compuesta por innumerables superposiciones de historicidad: y compró con su preciosísima sangre". El rescate es una ope-
la del palimpsesto. Se inscriben primero en el cuerpo del náu- ración que en su forma más simple incluye un trueque y en
frclgO, allí se archivan -como tatuajes- capas sobrepuestas de estadios avanzados se convierte en una transacción comercial
memoria y se consigna una experiencia aprehensible con difi- de compra y venta. El rescate ofrece un amplio margen de
cultad por la escritura. La acción de roer se visualiza como un polari7.ación: puede manejarse en el ámbito de lo cotidiano -lo
proceso en el que el narrador prepara, como por obra de profano o secular- y en el de lo religioso -lo ritual y lo sa-
magia -la chamanización-, y, por gracia de Dios -el providen- grado- y. en términos más prácticos pero extraterrenales, la
cialismo-, una nueva etapa de su vida, el principio de su salvación del alma -lo escatológico.
redención. En la primera parte de los Naufragios se consigna la paula-
tina desaparición de los códigos y objetos que conectan a los
... porque aunque la esperanza de salir de entre ellos tu- sobrevivientes con el mundo "civilizado". Gracias a una
ve siempre fue muy poca, el cuidado y diligencia siempre especie de strip tease narrativo advertimos que cuando los ex-
fue muy grande de tener particular memoria de todo, para pedicionarios llegan a la Florida, todo tiene un signo negativo:
que si en algún tiempo Dios Nuestro Señor quisiese traer- 1) Carecen de autoridad porque su capitán es un inepto, un
me adonde agora estoy, pudiese dar testigo de mi voluntad y asno como lo llama despectivo Oviedo; 2) no tienen piloto; 3)
servir a Vuestra Majestad, p. 62. no conocen la tierra a la que llegan; 4) los caballos trastruecan
su función: sirven de alimento y, más tarde, se convierten en
Las actividades ejercidas mientras se está entre ellos, es decir, recipientes para guardar, imperfectamente. el agua dulce; 5)
la continua acción de roe, raer, rumiar, se asocian a la memo- no disponen de bastimentos aunque han pasado en Cuba más
ria, una de las formas de reintegrarse a la historia, a lo civili- de siete meses para conseguirlo y, por fin, 6) no tienen
7.ado -adonde agora estoy-, a la relación que escribirá como lengua. Pero cosa sorprendente, aún ti nen rescale : En el ca-
servicio. Raer un cuero significa literalmente, en ese momento pítulo XI, ya derrotados y desvalido, e nfrentan a un grupo
de su vida, alimentarse; también, y por extensión metafóriéa, de indígenas:
el proceso mental que permite procesar el cuero y transfor-
marlo en pergamino. Sin memoria y sin papel es imposible Entre nosotros excusado era pensar que habría quien se
pasar a la escritura. Contaminado por otra referencialidad -el defendiese porque dificil mente se hallaron ei que del
naufragio, la desnudez, la esclavitud-, la convivencia forzada suelo se pudiesen levantar. El veedor y yo salimo a ellos y
con culturas "bárbaras" que al principio lo degrada le sirve lIamámosles, y ellos se llegaron a no Olros y lo mejor que
después para recuperar su dignidad humana cuando es inves- pudimos procuramos de asegurarlo y a egurarno , y dímo-
tido de una alta jerarquía entre ellos, la de chamán, y puede les cuentas y cascabeles, y cada uno dello me dio una flecha,
preparar internamente (en el acto de rumiar-recordar) su que es señal de amistad, y por ena nos dUeron que a la
reincorporación a lo civilizado -la escritura-, a pesar de las mañana volverían y nos traerían d omer, porque enton-
profundas transformaciones a las que lo ha expuesto la ces no lo tenían p. 97.
• • 11
experienCIa.
Es evidente que una de las condiciones de la sobrevivencia se
4. NOI redimió Y COfIIpró con $U ~cioMf114 sangre... vincula con esta ínfima prenda -cascabeles, espejos, cuentas-
conocid~ como rescate lZ • Sin ella es segura la muerte: Alvar
Uno de los procedimientos esenciales para descubrir, coloni- Núñez emerge de la condición de esclavo en que se le ha
7.ar y poblar (léase conquistar) fue inaugurado por Colón en el mantenido durante casi seis anos para volverse vendedor
Caribe. Se trata del rescate, es decir, el intercambio de barati- ambulante y confeccionar él mismo sus rescates, aunque en in-
jas por objetos preciosos mediante el cual se adquiere el oro, tercambio ya no reciba objetos preciosos sino alimentos. En
las materias primas y la fuerza de trabajo indígena. Cobarru- Alvar Núnez se sigue manejando esa relación de intercambio
bias lo definía así en 1611: "Rescate, redemptio, is. O se pudo pero sin su 'ominosa alevosía y ventaja, tan característica en
decir de rescatar o regatear, porque se regatea el precio"... Colón y otros conquistadores; gracias a ello se altera conside-
"Regatear", continúa, "es procurar abajar el precio de la cosa rablemente su concepto del "otro" y su relación con él mismo.
que compra..." Pero, es bueno subrayarlo, rescate también Ya no es sólo el portador de los rescates, es el que los fabrica;
I~ Cfl. Silvia Benso: "11 primo ilpproccio Ira spagnoli e indiani si basa dunque
11 Cft. Crol'euo. 1985-86: .. La misma escritura se hace espacio en que la me- su una relazione commerciale. si fonda sul'atlO del barallare. dello scambiare
mor~' estrllcturildo. pllgll<l con lo inefable por inédito y lo configura. Los lI<1endo I'antaggio. Tale opel<lzione si indiGlva con il lermine de rescate "."
o!>-sceno y lo ilb-uorme se convierten en maravilloso y raro. Se producen en p. I H. subrilY,ldo en e1lexto. Ver la definición que da implicitamente Francisco
esos 5eKllIenlOS fisurils textU<lles iI traves de las cuales el discurso de una posible 1.6pez de G6mara en Historia General de las Indias cuando dice, hablando de
Rmllla (el discurso CUYiI verdad reside en la averiguación que el mismo yo-autor .Ju,m de Grijalba:" ". rescoltó por cosas de poco valor mucho 01'0"," y reitera
de liI obril confiere) se insinúa en las mallas raídas del texto historiográfico y ",,,cambi6 Sil merceríil por piel,as de oro. mantas de algodón}' plumajes..,"
los nllxlifiGI sin posiblilidades de retorno" p. 38. subrayado por los autores. Barcelona. Ediciones Orbis. 1985. T. 11. p. 17
. .
209
36
..
I
J
lI
tiene un doble oficio, el de artesano y el de comerciante, y ... bien pensé que mis obras y servicios fueran tan claros y
empieza a suplir carencias específicas de los "bárbaros", me- manifiestos como fueron los de mis antepasados, y que no
diante esa actividad que también salva a Robinson Crusoe: tuviera yo necesidad de hablar para ser contado... Mas como
la industria. Adquiere asimismo otra dimensión humana dis- ni mi consejo, ni mi diligencia aprovecharon para que
tinta de la que tienen los habitantes del espacio histórico aquellos a que éramos idos fuese gana(IO conforme al servi-
(Espaila) donde habita(n-mos) nosotros, los cristianos, represen- cio de Vuestra Majestad... no me quedó más lugar para
tada por el donde agora estoy; la de los otros, ellos, esos indios, hacer más servicio deste, que es traer a Vuestra Majestad
y la de aquel que habita en medio, entre ellos, el europeo trans- relación de lo que en diez años que por muchas y extrañas
formado, trastornado por América. tierras que anduve perdido y en cueros, pudiese saber y
ver... que dello en alguna manera Vuestra Majestad será
Esta es la vida que allí tuvimos, y aquel poco susten- servido... p. 62.
tamiento lo ganábamos con los rescates que por nuestras
I5
manos hicimos (p. 117).... Contrataba con esos indios ha- La escritura, condición absoluta -para los españoles - de lo
ciéndoles peines, y con arcos e con flechas e con redes... civilizado, se prefigura, como ya lo sugería atrás, en la me-
Hacíamos esteras, que son cosas de que elIos tienen mucha moria, construida durante el reiterativo proceso de rumiar o
necesidad e, aunque lo saben hacer, no quieren ocuparse en cavilar; se materializa mediante un proceso de alimentación
nada, por buscar entretanto que comer... p. 129. que simbólicanlente podría corresponder a la maceración del
cuero, operación necesaria y previa a la facturación del pa-
En el proemio d~ su obra, Alvar Núñez defiende su relación pellIamado pergamino, en el que podrían inscribirse todos los
y la jerarquiza dentro de la categoría de servicio. Ser solda- relatos, aquellos recibidos "de mano en mano" (p. 114), Yque
do y extender los dominios de la Cristiandad es una de las a manera de núcleos centrales de su relación le permitirán
principales formas de adquirir honra. El destino, sus pecados
y la ineficacia de su jefe hacen imposible esa carrera. Alvar
I~ en. Crovelto. 1984 ... op. cit.: uf¡ colui che 'salió desnudo' da cosi dure
Núñez se rescata, ofreciendo a cambio del fracaso su relato,
proveo soltanto rivestito dal testo dell,a sua esperienza (dal libro. concretamente)
efectuando de esta manera un trueque, a través del lento pro-
releb"•. per questo l1ledesil1lo tramite, se stesso quale proiezione del sovrano,
ceso de rumiar en la memoria una escritura y hacerla antes rircetacolo e lI<lsl1lissore della sua sacralitá e della missione che ad essa íns-
pasar por el cuerpo que está desvestido, o mejor, en cueros: crisre". p. 20.
o ••
210
37 . ...
reconstruir -escribir- su historia, su palimpsesto. Para ello ha como si fuese árida. inhóspita. el reverso de la medalla, una
sido necesario contar con una serie progresiva de rescates, tierra de la que se ha desterrado toda posibilidad de placer. y
desde los más simples, hasta los mas , so fi'
Istlcados 14 ; empIeza
•
sin embargo, allá en el fondo, silenciados aunque encubiertos
con las cuentas y cascabeles traídos desde Europa para tro- por ciertas acciones narrativas, se encuentran una referenciali-
carlos por oro y luego por alimentos; sigue, transformación dad casi irreconocible, la de mítica fuente, el sagrado río y de
definitiva, con los objetos artesanales que él mismo fabrica y, trasmano el erotismo soslayado pero del cual quizá la hipér-
por fin, ofrece luego su propio cuerpo, convertido en palimp- bole sea una manifestación, como la que se puede advertir
sesto, a manera de servicio y sacrificio. Ya en España, Alvar en este fragmento de su relación, antes de que se produzca el
Núiiez escribe su relación: él hubiese preferido callar, quedar naufragio definitivo:
en el silencio, actuar para que los hechos hablasen por él; la
estructurd tradicional de servicio lo determinaba así. Las cir· ...por toda ella hay muy grandes árboles y montes claros,
cunstancias lo obligan a escribir, a rescatar su fama gracias a donde hay nogales y laureles y otros que se llaman li-
\;\ escritura e integrarse así en un código distinto del de sus quidámbares, cedros, sabinos y encinas y pinos y robles,
antepasados, Adelantados de la Reconquista. Alvar Núñez palmitos bajos de la manera de los de Castilla... Por toda
aumenta la enorme lista de conquistadores que utilizan la ella hay muchas lagunas grandes y pequeñas. algunas muy
crónica para afirmar sus derechos. Hay que reiterarlo, la es- trabajosas de pasar, parte por la mucha hondura, parte por
critura es otrd forma de rescate: la mejor prueba es que Alvar tantos árboles como por ellas están caídos... Los animales
Nluiez obtuvo -rescató- gracias a su relación el cargo de Ade- que en ellas vimos son venados de tres maneras, conejos y
lantado del Río de la Plata. liebres, osos y leones y otras salvajinas... Por allí la tierra
es muy fría; tiene muy buenos pastos para ganados; hay
aves de muchas maneras; ánsares en gran cantidad, pa-
tos, ánades, patos reales, dorales y garzotas y garzas, perdi-
Bartolomé de las Casas avisa, lapidario, que el Adelantado ces; vimos muchos halcones, neblís, gavilanes, esmerejones
Juan Ponce de León "perdió el cuerpo" cuando fracasó su y otras muchas aves. p. 81.
expedición a las islas de Florida y de Bímini: es evidente que
la muerte es una de las formas de perder el cuerpo; con todo El ciclo de mitos se desarrolla en dos registros paralelos: tanto
resulta paradójico que este fuera el final que le estuviera reser- la desnudez -"tan diferente hábito del acostumbrado"- que
vado a quien, para apoyar su aventura, difundió la idea de que contrasta trágicamente con el texto recién citado. así como la
en esa zona se encontraría, además de oro, la Fuente de la re,dención, se inician con el agua. n tumbo de mar tira a los
Eterna Juventud. Sus aguas milagrosas devolverían la lozanía y hombres de su barca y ahoga a varios:
el vigor a quienes se bañaran en ellas; su corriente conduciría
-míticamente- al Jardín del Edén, y también al Río Jordán, Los que quedamos escapado, desnudos como nacimos y per-
donde Cristo recibió el bautismo, justo a la edad más perfecta dido todo lo que traíamos, y aunque todo valla poco para
del hombre, la de su Pasión, y también a la edad que tenían los entonces, mucho... p. 98.
indios descritos por Colón cuando pisó por primera vez tierra
americana: "todos los que yo ví eran mancebos, que niryguno La relatividad explica muchas cosas. El cuerpo salvado del
vide de edad de más de treinta años,,15. naufragio parte hacia dos direcciones complementarias: hacia
Ponce de León bautizó las nuevas tierras de acuerdo con la la infancia -desnudos como nacimos- y hacia lo incivilizado.
fecha de su descubrimiento, la Pascua Florida; también, por "Toda la gente de esta tierra anda desnuda" (p. 106). El naci-
su lujuriante verdor. La Florida que Cabeza de Vaca describe miento está ligado con el agua, las aguas placentarias, y en
es "maravillosa de ver" (p. 79) y su vegetación y su fauna tan cierta medida con las aguas primordiales. Nacer es iniciar
abundante y parecida a la europea que aparece más como el camino hacia lo civilizado, mediante la educación de la que
16
descripción fantástica que real . El naufragio contradice en Calderón dirá más tarde que es una "segunda naturaleza".
apariencia ese mensaje: la tierra se comporta con los españoles Aquí, es la naturaleza misma la que se encarga de despojar a
los hombres, de desvestirlos y convertirlos por eso en salvajes
1< En este selllido es bien significativo un pasaje de Francisco López de primitivos, sin vestidos o vestidos como nuestros primeros pa-
17
(;{IIII<II<'(Conquist¡1 de México. Madrid. 1946. p 45 l.): "Hanles enseñado latín dres. Se camina hacia atrás, al revés , se ha perdido toda
y ('iencias. que \'ale más que cuanta plata y oro les tomaron; porque con letras forma de locomoción -caballos, barcas- que no sean los pro-
son \'erdaderamente hombres y de la plata no se aprovechaban mucho ni todos..
pios pies o el cuerpo cuando se tienen que cruzar los múltiples
No lení¡1I\ peso. que yo sepa. los mexicanos: falta grandísima para la contrata-
fiím.:· (Citado en Pier Luigi Crovelto. La visión del indio de los viajero italianos
flor la .~",iri(a dtl Sur. Sevilla. 1990. p. 17). por la múltiple \'ariedad de especies animales. Si era tan rica la tierra no se
IS Cft. Juan Gil. Sintómaticamente, otro náufrago. Hentando de Escalante explil'a que p<lsaran tanta hólmbre. Por ello nos inclinamos a pensar que se trala
FOlllaneda. GllIlivo elllre los indios de esa región de 1551 a 1574 recuerda en de una descripción literaria, p. 81; cfl. además el texto de Juan de Castellanos,
sus meIllOl;as. "con la aUloridad de la leyenda", haberse bañado en varios ríos contemporáneo de Ponce de León, citado por Juan Gil, p. 267: "Decían admira·
aunque nunca en el mílico Jordál] , descubierto en repetidas ocasiones en Améri· bies influencias / De sus gloridos campos y florestas / No se vían aún las apa·
C¡I por los explorddores españoles., [bid. p. 280. riencias / de las cosas que suelen ser placeres, grandes fiestas / Al fin nos las
11; t:., una nota del prólogo de la edición que estoy utilizando. Trinidad Ba· pimaban de manera / Que cobrdban allí la edad primera".
rrera obsna: "La descripción de la zona semeja más bien a un parabo terrenal 1; Cft. Sih'ia Molloy.
211
38 o ••
....
de desmitificación provocado por los sucesivos fracasos y esta
I expedición en concreto prueba que en lugar de estar en el
I Paraíso los náufragos viven en el Infierno (concreto) y en
¡ el límite de la sobrevivencia. Hay indicios, sin embargo, de
~
superstición religiosa. Estebanico el negro, uno de los co~pa
lleras sobrevivientes de la aventura de Cabeza de Vaca, muere
en una expedición posterior, la de los franciscanos fray Juan
212
39 ••••
oc
remedio, PO! andar desnudo como naCÍ y en la tierra ha- la conciencia de su santidad, el arribo de la sacralización 19.
cía un hoyo y en él echaba mucha leña y en derredor de La predestinación lo hace elegible para la santificación y le
aquel hoyo hacía cuatro fuegos en cruz, y yo tenía cargo y otorga poderes sobrenaturales: como Cristo tiene su Lázaro y
cui~ado de rehacer el fuego de rato en rato... y de esta ~'esucita a un muerto. Los milagros acrecientan su fama y lo
manera me amparaba del frío de las noches; y una de ellas \Ilsertan en la tradición parabólica, evangélica. Posee al mis-
el fuego cayó en la paja con que yo me estaba cubierto, y mo tiempo una gran habilidad -concreta, verificable- como
estando yo durmiendo en el hoyo, comenzó a arder muy cirujano: utiliza un cuchillo y logra extraer una flecha del
recio, y por mucha prisa que yo me dí en salir, toda- euerpo de un moribundo, y salvarlo. Los extremos se tocan:
VÚJ saqué señal en los cabellos del peligro en que había el exacerbado realismo y la predestinación y el milagro. Las
estado. curaciones tienden a ser, como las que efectúan los chamanes,
milagrosas, y denotan una mixtura curiosa de costumbres indí-
Alvar Núñez se "sabe" ungido -ha sacado señal-, está listo genas y de prácticas religiosas cristianas: utiliza las calabazas
para recibir las otras señales que la Providencia le depara y horadadas de los indígenas "que tienen virtud y vienen del
asemejarse a Cristo cuyo cuerpo fue marcado por la Pasión; cielo" para anunciarse como los chamanes auténticos, cura
cabe reiterar aqui el hecho de que las marcas que señalarán su con el aliento -¿un soplo divino?- pero también sana invo-
cuerpo -que imitarán el cuetp9 del redentor- le llegarán de cando al Señor y santiguando a los enfermos.
fuera, desde arriba, del exterior, como las Voces a los Profe- Un intrincado proceso interior producto de la experiencia
tas. Se diferencia así radicalmente de los santos mártires del ha conducido a Alvar Núñez a este lugar sobresaliente. Ha
siglo XVII cuya imitación de Cristo es voluntaria, autoinfli- recorrido un largo camino iniciático que transforma su po-
gida. El cuerpo de Alvar Núñez se ve expuesto además y por sición, lo reclasifica -lo jerarquiza- y lo reviste de poder. De
razones naturales a los tormentos de una laceración perpetua: esta forma ha cancelado su condición de e clavo sometido
las picaduras de los mosquitos marcan su cuerpo como la le- de la primera parte de la narración.
pra; muda de piel como las serpientes; está en los huesos;
la piel le sangra: " ...tenía los dedos tan gastados que una paja 7. Las particulares relaciones...
que me tocase, me hacía sangrar de ellos" (p. 107), las llagas
son cotidianas y forman con las otras marcas corporales el pa- El recorrido triunfante de Alvar Núñez hacia el Sur -su reen-
limpsesto literal donde se van inscribiendo la redención -lo cuentro con lo civilizado, con la historia, con la e critura- ad-
milagroso- y el proceso mental de almacenar los recuerdos quiere proprociones heroicas: va perseguido por una multitud
que lo conducirán a la "verdadera" escritura, la de la historia. oleaginosa -¿una Cruzada?-. Avanza sin obstáculos: la narración
se inscribe en un contexto borroso, medieval, de milenarismos y
milagros: la nueva Edad de Oro, la parábola evangélica, la edad
Ya he dicho cómo por toda esa tierra anduvimos desnudos,
de la inocencia y, además la presencia del "salvaje".
y como no estábamos acostumbrados a ello, a manera de
Más que nunca el texto asume la forma del palimpsesto:
serpientes mudábamos los cueros dos veces en el año, y con
encubiertos a medias, o superpuestos, e I en lo diversos dis-
el sol y el aire hacíasenos en los pechos y en las espaldas
cursos que, aunque silenciados, pueden descifrarse por su
unos empeines muy grandes, de que recibíamos muy gran
referencialidad: el discurso mítico pero a la vez erótico: la
pena... y la tierra es tan áspera y tan cerrada, que muchas
Fuente de la Eterna Juventud y, por consiguiente, el rescate
veces hacíamos leña en montes, que, cuando la acábamos
del cuerpo: la pureza o renacimiento por inmersión -el bau-
de sacar, nos corría por muchas parte sangre, e las espinas y
tismo de Cristo en el Jordán-; la pristina inocencia o desnudez
matas con que topábamos... A las veces me aconteció hacer
paradisíaca (que converge con la de la Edad de Oro). La
leña donde después de haberme costado mucha sangre no
Providencia, el presagio, lo crístico aparecen también resumi-
la podia sacar ni a cuestas, ni arrastrado. No tenía, cuan-
dos en expresiones lexicalizadas; como narraciones paraboli-
.do estos trabajos me vía, otro remedio ni consuelo sino
. 7.adaS a la vez que concretas; o mediante figuras retóricas que
pensar en la pasión de nuestro redentor Jesucristo y en la san-
a la vez que concentran y silencian, hiperbolizan y reiteran. Lo
gre que por mí derramó, e considerar cuánto más seria el
etnólogico -el discurso "real" o realista- coexiste con los
tormento de que de las espinas padeció, que no aquel que
discursos míticos o con el discurso de la curación milagrosa del
yo entonces sufría.
chamán, obviamente, uno de los discursos del poder.
En este punto de la relación se produce un lapsus textual
El texto proporciona abundantes datos para verificar las com- significativo. Alvar Núñez se ha esforzado por insertar en su
paraciones esbozadas: las espinas, las cruces, las llagas, los escritura relatos paralelos que den cuenta del destino final
malos tratos, la sangre, el sufrimiento corporal y su para- de todos los miembros de la expedición de Narváez. Estas na-
.Ielismo con los sufrimientos del Redentor: la pasión como rraciones intercaladas le han sido transmitidas oralmente por
camino de la redención -la imitación de Cristo-, las marcas algunos de los españoles sobrevivientes y por los diversos indi-
corporales como signos de una hagiografia. Ya está listo para
ser chamán, la purificación ha terminado. Alterna la mención 19 Este tema lo esbozan R.E. Lewis, "Los Naufragios de Alvar Núftez: histo-
de datos concretos -realismo que puede leerse como un dis- ria r ficción. en Rroista IbtToomtricana, XLVIII 1982, Corovetto. 1984. ySilvia
curso etnológico- y la excesiva frecuentación de los milagros, Mollor. ent re otros.
---.;:..,--------- 40
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· .
su experiencia: ..."pertenece a la etnología, explica de inserta en distintas jerarquías: es un físico. un chamán y pata
Certeau, apoyar esas leyes en una escritura y organizar en un dirigirse a los indios esgrime un calabazón "de los que nosO-
cuadro de la oralidad ese espacio del otro" 25. Resulta sin em- tros traíamos en las manos.. , principal insignia y muestra de
bargo que "ese espacio del otro" suele ser también el propio gran estado..." (p. 164), por lo que recibe en trueque -como
,spacio. ¿Cómo, entonces, dar cuenta de él, legitimarlo? rescate- los tributos correspondientes a su rango de chamán:
Una vez recogidas de mano en mano y puestas las relaciones "quince hombres nos trujeron cuentas y turquesas y plumas"
partitulare~ en su lugar cOnveniente, es decir, una vez escritura- (p. 164)". Pero es totalmente un funcionario de la Corona,
das legiil~let~te -ante escribano- todas las peripecias de la cuando después de haber recibido los rescates y a pesar de
expedición, o para decirlo mejor puestas en una escritura ca- ellos. se sirve de una lengua indígena y les hace leer a los
nónica y por tanto oficial, provista de todas las licencias nativos el Requerimiento, la fórmula jurídica, previa a la evan-
correspondientes para editar su relación, Alvar Núñez retoma gelización, que, en caso de que los indígenas no aceptaran de
otros incidentes de su propia vida y los coloca "en boca" de los inmediato convertirse en súbditos de los españoles, sanciona-
indígenas. Usar la tercera persona lo libera de cualquier he- ría cualquier guerra "justa". El requerimiento leído por
terodoxia: atribuirle a los otros, a los indígenas, una visión Núilez al finalizar la Relación es idéntico al que, después de
distinta de la realidad, legitima la expresión de su propia "poblar" y tomar posesión de los nuevos reinos en nombre
opinión sobre las conductas que ahora sí, él visualiza como de su Cesárea Majestad, habría pronunciado Pánfilo de Nar-
heterodoxas, las de los otros españoles, los que pertenecen al váez al desembarcar en Florida:
bando del tirano Nuño de Guzmán, señor de las tierras de
cristianos que colindan con los territorios recorridos por los y el Melchor Día dijo a la lengua que de nuestra parte les
supérstites. hablase a aquellos indios y les dijese cómo veníamos de
parte de Dios que está en el cielo y que habíamos andado
A los cristianos les pesaba de esto y hadan que su lengua les por el mundo muchos años diciendo a toda la gente que
dijes, que nosotros éramos dellos mismos y nos habíamos habíamos hallado que creyesen en Dios y que lo sirviesen
perdido mucho tiempo había, y que éramos gente de poca porque era señor de cuantas cosas había en el mundo.... y
suerte y valor, y que ellos eran los señores de las tierras, que allende desto si ellos quisiesen ser cristianos y servir
a quien habían de obedecer y servir. Mas todo esto los in- a Dios de la manera que les mandásemos, que los cristianos
dios tenlán en muy poco o no nada de lo que les declán, antes los tendrían por hermanos y los tratarían muy bien y noso-
unos con otros entre sí platicaban diciendo que los cristia- tros les mandaríamos que no les hiciesen ningún enojo,
nos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía el ni los sacasen de sus tierras, sino que fuesen grandes ami-
sol y ellos donde se pone, y que nosotros sanábamos los enfer- gos suyos; más que si esto no quisiesen hacer, los cristianos
mos y ellos mataban los que estaban sanos, y que nosotros los tratarían muy mal y se los lIevarlan por esclavos a otras
venlámos desnudos y descalzos y ellos vestidos y en caballos y tierras. (pp. 164-5)!5.
con lanzas, y que nosotros no tenlámos codicia de ninguna
cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar Alvar Núñez ha vuelto al punto de panida, sí, pero sólo
y con nada nos quedábamos, y los otros no tenía otro fin imperfectamente porque su cuerpo "ha sacado señal": las
sino robar todo cuanto hallaban y nunca daban a nadit:, y marcas son indelebles, han sido trabajadas por otras lenguas
desta man,ra relataban todas nuestras cosas y las encareclán; y otras escrituras, las de la horadación. el embijado. el tatuaje,
por el contrario de los otros. (p. 161). la intemperie y el hambre, inscripciones que, al organizar
el palimpsesto -la superposición de discursos- lo hacen indes-
No se trata simplemente de efectuar un deslinde y colocar en tructible.
dos lugares perfectamente separados a los "bárbaros" y a los
cristianos; se trata de reubicar a los supervivientes en ese lugar y llegados en Compostela, el gobernador [Nuño de Guz-
intermedio, transcultural, que gracias a su odisea han adqui- mán] nos recibió muy bien y de lo que tenía nos dio de
rido!4. Alvar cumple simultáneamente varias funciones y se vestir. lo cual yo por muchos dlás no pude traer. ni dormir sino
en el suelo... (p. 167). \)
:ti Cene;m. p. 225. Vaca también alGllml un punto neutro. no porque fuera indiferente a las dos
14 En su último libro, Nosotros, los otros, México, Siglo XXI, 1991 (publicado cllhlll'IS. sino porque las había vivido desde el interior; de repente a su alrede-
nri¡tinarimnellle en fr.lIlcés en París. Editions du Seuil. 1989. con el título de dor ya no había miÍs que "ellos"; sin volverse indio. Cabe7.a de Vaca ya no era
'NIIUS" lu IJtIlT,s. la RJJlnioft frlJfl{(JUt sur la divlrJiti Anaifll) Tzvetan Tod~ IOlalmente esp;lIiol" (Todorov, La Conquista.... p. 259). El hombre neutro sería
rov retoma algunos de los temas que habla trabajando en su libro anterior, ÚJ entonces el tercer excluido, aquel que se ha quedado en medio. entre ellos, sin
Conquista dt .~JlliTÍl"a, la cuestión dtl otro. México, Siglo XXI. 1987 (publicado lIel\olr a recupelOlr Sil antiguo status. el que estaba -según él que relata. es decir.
nriKinmiamellle en francés, París. Ed. su Seuil, 1982, con el título de La Con- Alvar Nútlez- entr, IIOsotrOS, por lo que se deduce que los verdaderos otros
qWtt dt "A.hiqw, la qwstion dt "IJIUr,). A la calificación binaria que implica el (p;UOI el hombre americano y hasta para Cabe7.a de Vaca) son los europeos. es
títuln. );, dicotomÍ¡, Nosotros y los otros. o Yo y el Otro en La Conquista.... decir. los esp;nioles.
se incorpora al tercer excluido colocado en una categorla 1llUtr1J. dándole a ese ~'. Cft. Jllan Lópe7. de Palacios Rubios. De las islas dt¡ Mar Ociano. y Matías de
ténnino el significado que le dan Blanchot y Banhes "el plano de la acción.
de la asimilación del otro o de la identificaci6n con él. (por lo que...) Cabeza de
Pa7.. Ot¡ dominio dt los Rtyts dt España sobrt los indios, Edición de Silvio Zavala
y AKlIstín Millares C.<trlo. México. Fondo de Cultura Económica. 1954.
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