Filosofía
¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?
El siguiente texto es una adaptación de otro titulado Lo que tengo por filosofía de Fernando Savater (nac. en
España en 1943)1.
Intentar decir otra vez (¿de una vez por todas?) qué es filosofía resulta un empeño capaz de desalentar
de antemano al más animoso. No por imposible, sino por el cúmulo de posibilidades que se nos ofrecen y
pugnan unas con otras, a codazos. Si creemos, con Nietzsche, que aquello que tiene historia no puede tener
definición, optaremos por contestar repitiendo la trayectoria cronológica de esa peculiar tarea humana: su
origen griego, su continuación a lo largo del Imperio de Roma y de la Edad Media, su renacimiento cuando
el humanismo renació, su trayecto en compañía y frente a la ciencia moderna, su empeño de reforma social,
los grandes sistemas y la reacción voluntariosamente asistemática que suscitaron, el desgajamiento sucesivo
en saberes particulares de lo que en principio formó parte de un todo, el cuestionamiento social y psicológico
de la transparencia racional, la perplejidad contemporánea acompañada de fatuidad académica... hasta llegar
finalmente al postergamiento actual y a una quejumbrosa pero tenaz supervivencia que muchos, con no
menor tenacidad, califican ritualmente de muerte. Tal podría ser la primera respuesta a la cuestión de en qué
consiste la filosofía: recordar en qué ha consistido y dictaminar si aún es tenuemente viable o se trata ya de
un asunto archivado.
¿Y si intentamos la definición en lugar de la historia? La filosofía es un modo de conocimiento
caracterizado por la universalidad de su objeto: no versa sobre tal o cual aspecto de la realidad, sino sobre la
realidad en su conjunto. Se compone de cierto tipo de preguntas más que de un recetario de respuestas. Estas
preguntas se distinguen por su máxima generalidad, tal como ha sido indicado, y también por otros dos
rasgos imprescindibles: nunca son estrictamente prácticas y no pueden ser respondidas satisfactoriamente por
los especialistas de las diversas ciencias particulares. Las respuestas a tales preguntas carecen de valor
predictivo, en el sentido en que lo tienen las aseveraciones científicas contrastadas: es difícil señalar un solo
hecho o un conjunto de hechos que las confirmen irrefutablemente o que las invaliden por completo.
Pretenden ser esfuerzos racionales por ir más allá de lo que los razonamientos científicos particulares pueden
alcanzar. En cierto modo, son visiones de conjunto, pero que ni pueden ni quieren renunciar a responder
inteligiblemente a las objeciones particulares que se les plantean: en este sentido me parece que es válida la
definición de Julián Marías (nac. en 1914) de la filosofía como visión responsable. Por último, podría
completarse este intento descriptivo del empeño filosófico señalando que buena parte de sus preguntas y
respuestas tratan de cómo debe encararse la vida humana, tanto individual como socialmente. De aquí que
sea lícito hablar de una cierta filosofía práctica, no en cuanto brinda instrucciones concretas para conseguir
tal o cual objetivo particular o resolver este o aquel problema determinado de los que se plantean al vivir
humano, sino como reflexión sobre actitudes globales ante la gestión de la vida humana en cuanto tal.
Creo que es posible, también, intentar una consideración personal, juntamente histórica y conceptual,
de lo que yo tengo por filosofía.
Cuenta el viejo Heródoto que cuando el rey Creso recibió al viajero Solón en Sardes le dirigió la
siguiente bienvenida: “Huésped ateniense, llegaron muchos dichos a nosotros sobre ti, acerca de tu sabiduría
y de tu andar de acá para allá, y de que filosofando recorriste tantas tierras por ver cosas”. Reconozco que me
gusta esta imagen de la tarea filosófica como intrínsecamente ligada al vagabundeo y a la curiosidad
cosmopolita más que la clásica escena originaria pitagórica, según la cual el mundo es como un estadio al
que unos van a competir, otros a comerciar, otros a presenciar las pruebas y animar a los participantes,
mientras que unos pocos –los filósofos- asisten para contemplarlo todo y a todos los demás.
Muchos de los primeros filósofos fueron viajeros o exiliados, en suma desarraigados, lo cual es
importante para comprender en qué consiste la filosofía. El filósofo es el forastero por antonomasia, ese
“extranjero desconocido” llegado de tal o cual lugar que aparece en algunos diálogos platónicos y también en
varias tragedias. Como viene de fuera, no se siente obligado más que prudencialmente por las creencias
tradicionales y la autoridad establecida: tampoco pertenece a los clanes en litigio ni tiene negocios familiares
que atender. Mira las rutinas con ojos críticos, pues para él aún no lo son. Le interesa la política, pero
frecuentemente (¡Aristóteles!) ni siquiera tiene derecho de ciudadanía en la polis donde habita. Trae noticias
de fuera y compara las razones del lugar con otras que escuchó muy lejos. Se da cuenta de que los hombres y
las mujeres de todas partes se parecen básicamente más entre sí de lo que las peculiaridades locales traslucen
a primera vista: la naturaleza humana es común, leyes y costumbres varían. En fin, la filosofía es una
1 SAVATER, Fernando, Diccionario filosófico, Planeta, Barcelona, 1997, pág. 9-35.
1
actividad inventada por griegos planetarios (recordemos que “planeta” en griego significa “vagabundo”) y
por tanto, en cierto sentido, toda filosofía es griega y, en otro, nunca puede dejar de ser cosmopolita.
A partir de allí, se forma la tradición filosófica occidental, que es la querencia (el deseo, la búsqueda)
de un conocimiento global y laico2 acerca de lo real, no tanto para situar en su lugar debido a todos los
restantes saberes, sino para acomodar al sujeto que la practica a través de todos ellos y entre la vida y la
muerte.
Tres características básicas señalan a las convicciones filosóficas:
1. Provienen de intuiciones explicables a partir de razonamientos basados en la observación y la
experiencia intersubjetiva: hay una vinculación necesaria entre la actividad filosófica y la razón,
entendiendo por ésta la capacidad lógica de argumentar a partir de causas naturales, pasando por la vía
paulatina de prueba y error desde lo más conocido a lo más ignoto, partiendo del postulado básico de
que el universo todo es homogéneo y simétrico (es decir, las leyes que permiten explicar su
funcionamiento son válidas en todas sus partes), y de que no es admisible partir de datos revelados como
se hace en teología ni de una autoridad tradicional que no pueda ser discutida.
2. No se transmiten por simple impregnación cultural o por ritos colectivos sino más bien de persona a
persona: la filosofía consiste en una actitud intelectual más que en un conjunto bien establecido de
conocimientos; por eso creo que para iniciarse en filosofía el procedimiento más provechoso es también
el más clásico: el método de persona a persona, consistente en buscarse un filósofo auténtico y
observarle con la atención más próxima que resulte tolerable, hasta que nos despierte el hábito
razonante. Y luego sacudírselo de encima, desde luego con la mayor energía posible.
3. Tienden a orientar vitalmente al sujeto situado en el mundo: responde así a la vocación preventiva y
hasta terapéutica de lo más estimable del empeño filosófico. Desde su comienzo, la filosofía debe
abrirse pasa en un contexto en el que ya abundan las interpretaciones de la realidad. La filosofía busca
saber pero ante todo llama “saber” a la posibilidad racional de independizarse de los supuestos saberes
colectivos que se le pretenden imponer. Una cierta desconfianza ante lo establecido es el inicio de toda
filosofía, pero también es filosófica la confianza en que lo verdadero se mostrará por sí mismo, al
apartar lo falso.
Por otro lado, parece justo preguntarse: ¿existe hoy algún papel históricamente específico para quien
todavía se entretiene o se arriesga con el ejercicio filosófico? Creo que sí: es tarea actual y prioritaria del
filósofo tomar intelectualmente partido por la civilización humana única frente a lo que en cada una de las
diversas culturas se opone a ella. Las culturas son locales, realizan las posibilidades humanas de un modo
más o menos completo pero cerrado, distinguen entre un “ellos” y un “nosotros” colectivos. La civilización
no territorializan sino que desterritorializan, no codifica sino que descodifica. Su pretensión es universalizar,
dar relevancia intelectual a todo lo que los humanos tenemos en común, es decir, hacer primar aquellos en lo
que nos parecemos a pesar (y a través) de lo que nuestras culturas dejan traslucir. Sin duda, la civilización no
anula la pertenencia cultural de cada uno pero, a partir de ésta, propone otra más amplia.
En este momento histórico, con los viejos fantasmas (nacionalismo, racismo, intolerancia religiosa,
hambre y miseria, exterminios étnicos, terrorismo internacional, guerras “preventivas”...) no parece una
actitud irrelevante ni fácil, ni carente si es sincera de esforzados compromisos.
Actividades (son para orientar la lectura del texto, no deben
entregarlas):
1. Elabora un mapa conceptual del texto.
2. Según Savater, ¿por cuáles caminos puede ensayarse decir qué es
la filosofía?
3. ¿Qué sentido le encuentras a la afirmación de qué la filosofía
es una visión de conjunto responsable?
4. ¿A qué se debe que el autor dé tanta importancia al carácter de
viajeros y vagabundos de los primeros filósofos?
5. ¿Crees que afrontar racionalmente los problemas de la vida es
correcto? ¿Qué alternativas puedes mencionar?
2 Hay que recordar que la filosofía surgió frente a las creencias mítico-religiosas tradicionales de los griegos. Laico no
significa aquí antirreligioso, sino no religioso. Sin desmedro de ello, tendremos, en otro lugar, que reflexionar sobre la
relación entre filosofía y fe.
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6. ¿Estás de acuerdo con la misión que Savater le señala a la
filosofía en la actualidad? ¿Cómo podrías relacionarla con su
finalidad tradicional de buscar la verdad?