LA DEMOCRACIA: UN ROMANTICISMO PRAGMÁTICO
Juan Pablo Rojas Martínez 11 - A
En la escala global es sinónimo de alarde, el hecho de que ciertas naciones celebren con
euforia y exaltación el día de la democracia. Independientemente de cada estado, el día
marca la elección popular, día en que todos los ciudadanos se reúnen felizmente a escoger
al candidato predilecto de su preferencia y que lógicamente se encuentre más compatible
con su ideología gubernamental. La realidad actual, contrastada con el pasado, le ha hecho
ver al hombre contemporáneo, las ventajas que atrajo consigo el modelo republicano en la
vanguardia de la política global moderna,
La historia sostiene la idea de que, en los tiempos de las monarquías europeas y anteriores a
ellas, la urbe nunca tuvo incidencia en las decisiones de estado que influían abiertamente en
la vida de los conciudadanos de la polis. El poder residía únicamente en manos de las casas
reales, y sus ambiciones expansionistas que colocaban al pueblo como bala de cañón para
ampliar sus avaros deseos, con altísimos tributos, ejemplares castigos, fanatismos religiosos
y demás aspectos de la cotidianidad conservadora medieval, que, hoy en día, han servido
como herramienta a la democracia para enaltecer sus virtudes mediante el contraste del
modelo monárquico y cívico. Es natural que el hombre del siglo XXI adopte a la democracia
como el sistema político más afín a los intereses de lo que antiguamente se denominaba
como “el estado llano”, sin embargo ante ello, pocos se preguntan ¿Es realmente tan eficaz
la democracia cómo se dice? pues bien, lo que denominamos como libertad política, no es
más que la transición periódica de un tirano a otro en un lapso de cuatro a cinco años, no es
más que una dictadura que irrazonablemente elige el pueblo, cuyo idealismo se encuentra en
alardear del disfraz de una administración pública destinada a favorecer aparentemente los
intereses de la ciudadanía, mientras que con esa premisa el bipartidismo hace énfasis
ampliamente tan solo en alentar una disputa política por el trono, por el palacio real, por el
cetro, olvidándose así del fin mismo en que se construyeron los partidos representativos y en
si toda clase de autoridad de llevar una comunidad al máximo esplendor por las barreras
ideológicas que impiden el avance y la construcción de estado fuerte que guie el camino a la
magnificencia de una nación.
Para empezar, es bueno partir desde la idea de ver a la democracia como una contienda
electoral que busca a toda costa llegar al poder como único y último fin, pero escasamente
como medio para ejecutar el plan de gobierno por el cual ha sido elegido, ayudar a la
población o mantener el orden y libertad de la república, se trata de una lucha sin escrúpulos
de destruir de cualquier modo al rival, olvidándose de las reglas de juego, no ser nada más
que un servidor público, pero lo que acontece en estos días no es más que acumular
influencias, poder y alianzas entre unos con otros por un objetivo irregular a los intereses de
la urbe, como lo expreso el gran emperador Romano Julio Cesar “Es el ejemplo más
apropiado de la decadencia de la república: hostil a cualquier cambio, tenazmente
aferrado a la tradición acérrimo defensor de un senado que ya no está en condiciones
de ejercitar el poder desde hace tiempo. Los senadores son ahora del todo incapaces
de conciliar a las facciones. Es más, solo saben exacerbar los conflictos. Nadie está
en condiciones de construir nada. Pero si no se reconstruye el estado estará
destinado a ir a la ruina” (Tomado de: “La sombra de Julio Cesar” Andrea Friedani 2022),
en este orden de ideas desde la antigua Roma se veía a la democracia y sus ramas del
poder público, como una traba para las proyecciones de las grandes naciones, como lo fue
Roma en su momento, cuyo esplendor no cayó objetivamente en declive por los pueblos
barbaros como se cuenta, sino por sus disputas políticas internas entre alianzas legislativas
por precisamente alcanzar influencias en todos los ámbitos, y es que, este modelo que le
resta energía a los servidores públicos por llevar sus territorios a la magnificencia es algo que
se ha visto cada vez que se plantea el modelo democrático, luchas entre liberales y
conservadores, derechistas e izquierdistas, demócratas y republicanos, sin retomar en la
conciencia ciudadana el objeto de su elección.
A partir del anterior argumento se enraíza el siguiente problema conceptualizado en las
restricciones que impone la democracia al desarrollo de un estado fuerte, cerrado y con
proyecciones expansionistas, pues al verse obstaculizado un gobierno por los sectores de
oposición quienes legislan leyes y proyectos desde la rama legislativa que solo son piedras
en el zapato para llevar una nación al esplendor desde la conciencia política, como ejemplo
se visualiza la magnificencia que llegaron a abordar las monarquías europeas a sus estados,
Napoleón Bonaparte no llevo a Francia tras la revolución francesa a un modelo parlamentario
para expresar la grandiosidad del imperio Napoleónico, tan solo se apoyó en su premisa “El
fin justifica los medios” resultado de una lectura meticulosa del “Príncipe” de Maquiavelo
para expandir los dominios estatales y conseguir nuevamente el objetivo de un estado-nación
en relación a llegar a su máximo esplendor, y así darle a sus habitantes el orgullo
nacionalista y patriótico que es tan necesario para afianzar su sentido de pertenencia
cultural, y precisamente para llevar una nación a su máximo esplendor es absurdo pensar
que puede lograrse un plan de gobierno en un lapso de cuatro años, para que después de un
mandato presidencial llegue otro candidato de oposición a llevar al piso todo el trabajo e
inversión de cuatro años en proyectos para el bienestar de la urbe que por caprichos,
negligencia o por ideologías no logren adaptarse a los criterios de las bases del nuevo
estado, llegando de este modo a caer la nación en un círculo vicioso, del que difícilmente
podrá lograr escapar por las ambiciones de los lideres políticos y sobre todo por la división
ideológicamente que somete la democracia a la población, sin llegar a un fin último, por lo
que en otros términos la democracia podría definirse como una disputa ideológica y no una
lucha por el progreso nacional.
A modo de conclusión podría entenderse a la democracia como un sistema vacío cuya
eficiente progresión se encuentra truncada por diversos motivos que se le atribuyen a este
modelo, en la actualidad las democracias que aparentan ser las más fuertes en sus modelos
electorales alardean de su virtuosa libertad electiva, pero no se dan cuenta de que el declive
de sus estados en el siglo XXI se da en buena razón a los conflictos internos que se dan
desde el congreso, desde el capitolio de los estados unidos de Norteamérica, con una
disputa centrada en una lucha republicana y demócrata que no llega a extenderse al
progreso social y económico del país, mientras que naciones como China y Rusia que han
sido satanizadas por Occidente llegan a un apogeo a razón de sus líderes enfocados en el
progreso y no en la ideología, de fortalecer grandemente sus economías, y establecer un
estricto orden en la población que lleve a la grandeza a sus conciudadanos, solo resta decir
que el modelo democrático es sinónimo de obstaculización, restricción, ideología y fracaso
en la escala de un mundo globalizado.