Textos narrativos
Un texto narrativo es cualquier texto, relato o narración que cuente una anécdota
determinada, o sea, una sucesión de acciones en un período de tiempo limitado. Puede
tener fines literarios o meramente comunicativos. Además, los textos narrativos pueden
tener muchas formas y pueden estar en diferentes soportes, tanto orales como escritos.
Las narraciones forman parte importante de la vida cotidiana y han acompañado al ser
humano desde la Antigüedad más remota. Los mitos antiguos, los relatos históricos y
las anécdotas religiosas son ejemplos de textos narrativos ancestrales.
Asimismo, en la actualidad, los textos narrativos continúan siendo importantes y
jugando un rol comunicativo esencial. Desde novelas y reportajes hasta chistes,
anécdotas e incluso relatos escritos en redes sociales son ejemplos de narraciones
contemporáneas.
Todo texto narrativo se compone de tres fases claramente diferenciadas, de acuerdo
con lo propuesto antiguamente por el filósofo griego Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.).
Estas etapas son:
Planteamiento o inicio. Es la parte inicial donde se presentan al lector la
situación, los personajes y se le cuenta todo lo que necesita saber para
empezar el relato sin extravíos.
Complicación o nudo. Es la parte donde las acciones comienzan a
desarrollar algún tipo de problema que aqueja a los personajes e impide la
realización de sus deseos. Este problema genera, además, tensión o
inquietud en el lector.
Desenlace. Es el instante final del relato, en el que las complicaciones se
resuelven de un modo u otro y se establece un nuevo estado de cosas. El
desenlace puede ser feliz, triste o agridulce.
Características de los textos narrativos
Los textos narrativos suelen caracterizarse por:
Contar una anécdota, o sea, un conjunto de acciones y situaciones repartidas en
un período de tiempo y en un lugar determinados, y que puede ser real o ficticia.
Tener diferentes personajes (protagonistas, antagonistas, primarios o
secundarios) que interactúan entre sí mediante diálogos y acciones.
Tener un narrador, que es la voz que cuenta la anécdota desde un punto de vista
específico y empleando un lenguaje particular. No debe confundirse con el autor.
Relatar eventos reales, fantásticos o una combinación de ambas posibilidades.
Generar en el lector tensión, interés o alguna otra sensación que motive a seguir
la trama hasta el final.
Tipos de textos narrativos
Los textos narrativos pueden ser de diferentes tipos, dependiendo de si poseen una
intención literaria o no. Así, podemos distinguir entre narraciones literarias y no
literarias.
Narraciones literarias
Las narraciones literarias son aquellas que persiguen un fin estético o artístico, es decir,
que buscan conmover al lector a través de lo que cuentan o de la manera de contar.
Con este objetivo, utilizan distintos recursos poéticos para embellecer el relato.
Dependiendo de sus reglas de composición, estas narraciones pueden pertenecer a
diferentes géneros, como son:
Novelas. Son extensos relatos de ficción provistos de muchos personajes y
muchas veces divididos en capítulos, que requieren de una lectura más o
menos larga y continua. Por ejemplo: Don Quijote de la Mancha (1605) de
Miguel de Cervantes.
Cuentos. Son relatos breves e intensos de ficción que se leen en una
sentada y que involucran menos personajes y eventos que una novela. Por
ejemplo: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1940) de Jorge Luis Borges.
Crónicas literarias. Son narraciones más apegadas a la realidad que los
cuentos y que tienen como cometido mostrar algún evento real usando
técnicas literarias. Se caracterizan por incorporar la mirada subjetiva del
narrador. Por ejemplo: Nuestra América (1891) de José Martí.
Microrrelatos. Son relatos brevísimos de ficción, escritos en muy pocas
palabras y que dejan mucho a la imaginación del lector. Por ejemplo: “El
dinosaurio” (1959) de Augusto Monterroso.
Fábulas. Son relatos ficticios o fantásticos que cuentan una serie de eventos
sencillos, a menudo protagonizados por animales, y que conducen a una
enseñanza o moraleja. Por ejemplo: la fábula de la hormiga y la cigarra de
Esopo.
Mitos. Son relatos fundacionales, normalmente de la Antigüedad, en los que
se ofrece una explicación fantástica o religiosa respecto a los orígenes de las
cosas o el mundo. Por ejemplo: el Popol Vuh de los mayas.
Leyendas. Son relatos fantásticos de creación popular, que cuentan un
hecho imaginario dentro de un contexto histórico real. Por ejemplo: la leyenda
galesa del rey Arturo.
Diarios. Son relatos compuestos por viñetas y fragmentos tomados de la vida
real y contados en orden cronológico, para recrear la vida del autor. Por
ejemplo: El diario de Ana Frank (1947).
Narraciones no literarias
Las narraciones no literarias son aquellas que no persiguen fines estéticos, sino
prácticos o de otra naturaleza, como informar o educar al lector. Dentro de este grupo,
podemos hallar diferentes géneros de textos narrativos, como son:
Reportajes. Son piezas periodísticas en las que se relatan eventos reales de
la manera más minuciosa y objetiva posible, con el fin de exponer un tema a
la luz pública.
Biografías. Son relatos de vida de una personalidad histórica o un individuo
famoso, que se construyen a partir de una investigación exhaustiva y que
tienen como fin conocer la historia del biografiado.
Noticias. Son piezas periodísticas de alto impacto que cuentan un evento
reciente, real y de interés inmediato para el público lector, pero que pierden
su relevancia una vez pasado el tiempo.
Crónicas periodísticas. Son narraciones de eventos reales relatados en
orden cronológico. Pueden usar algunas técnicas literarias, pero siempre
tienden a la objetividad, como en el caso de las crónicas informativas o las
policiales.
Chistes. Son relatos muy breves y jocosos, de autoría anónima y propósito
humorístico, que se cuentan en situaciones de confianza para causar gracia o
risa en el oyente.
Elementos de un texto narrativo
Los textos narrativos pueden ser muy diversos entre sí, pero cuentan en general con los
siguientes elementos fundamentales:
Narrador. El narrador es la voz que cuenta la historia y que se encarga de
ponerle el tono en lo referente al lenguaje. Puede o no ser, a su vez, un
personaje, pero en ningún momento debe confundirse con el autor del texto.
Existen narradores en primera (yo), segunda (tú) y tercera persona (él, ella,
ellos), dependiendo del punto de vista gramatical que usen al contar el relato.
Personajes. Los personajes son seres humanos, animales, criaturas
fantásticas o cualquier otro tipo de entidades imaginarias que aparecen en la
historia. Pueden ser de dos tipos: principales, cuando son a quienes les
ocurren los eventos (como los protagonistas y sus rivales o antagonistas), y
secundarios, cuando intervienen en la historia para cumplir un papel menor.
Trama. La trama de una historia es la secuencia de acciones y eventos
relatados por el narrador, a lo largo de tres etapas esenciales: el inicio o la
presentación, el conflicto o complicación y el final o desenlace.
Escenario. El escenario es cualquiera de los lugares en los que ocurren las
acciones de la trama dentro del relato. Pueden ser lugares reales o del todo
imaginarios.
Tiempo narrativo. El tiempo narrativo es la cantidad de tiempo que abarcan
todos los hechos de la trama, desde que el relato comienza hasta que
termina. Su duración puede ir desde unos pocos segundos hasta siglos
enteros, según convenga a la historia contada.
Ejemplos de textos narrativos
Los siguientes son algunos ejemplos de textos narrativos:
1. Fragmento del cuento corto “El camaleón” (1884), de Antón Chéjov:
El inspector de policía Ochumélov, con su capote nuevo y un hatillo en la mano, cruza
la plaza del mercado. Tras él camina un municipal pelirrojo con un cedazo lleno de
grosellas decomisadas. En torno reina el silencio… En la plaza no hay ni un alma… Las
puertas abiertas de las tiendas y tabernas miran el mundo melancólicamente, como
fauces hambrientas; en sus inmediaciones no hay ni siquiera mendigos.
—¿A quién muerdes, maldito? —oye de pronto Ochumélov—. ¡No lo dejen salir,
muchachos! ¡Ahora no está permitido morder! ¡Sujétalo! ¡Ah… ah!
Se oye el chillido de un perro. Ochumélov vuelve la vista y ve que del almacén de leña
de Pichuguin, saltando sobre tres patas y mirando a un lado y a otro, sale corriendo un
perro. Lo persigue un hombre con camisa de percal almidonada y el chaleco
desabrochado. Corre tras el perro con todo el cuerpo inclinado hacia delante, cae y
agarra al animal por las patas traseras. Se oye un nuevo chillido y otro grito: “¡No lo
dejes escapar!”. Caras soñolientas aparecen en las puertas de las tiendas y pronto,
junto al almacén de leña, como si hubiera brotado del suelo, se apiña la gente.
2. Fragmento de la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha (1605) de Miguel de Cervantes:
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo
que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo
corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y
quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los
domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de
velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de
entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que
pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo
y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro
hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de
rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de
«Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste
caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba
«Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no
se salga un punto de la verdad.
3. Fragmento de Diario de a bordo (1492) de Cristóbal Colón en su viaje a
América:
Miércoles, 19 de Setiembre
Este día, a las diez oras, vino a la nao un alcatraz y a la tarde vieron otro, que no suelen
apartarse 20 leguas de tierra. Aquí descubrieron sus puntos los pilotos: el de la Niña se
hallaba de las Canarias 440 leguas, el de la Pinta 420, el de la donde iva el Almirante
400 justas.
Sábado, 22 de Setiembre
Navegó al Güesnorueste más o menos, andarían 30 leguas acostándose a una y otra
parte. Dize aquí el Almirante: “mucho me fue neçessario este viento contrario, porque
mi gente pensavan que no ventavan en estos mares vientos para bolver a España”.
4. Fragmento de la crónica “Génova” (1900) de Rubén Darío:
Paseo por la rada. El agua está serena y el horizonte está histórico como diría Roberto
Montesquieu. Amarrados a los muelles, los barcos descansan, esperando sus cargas.
Un acorazado italiano, el Garibaldi, está de estación. Al lado, están remendando la
cáscara de hierro de un buque de guerra turco. Advierto que en una de las planchas de
popa, un salaz obrero sin duda, ha pintado, con tiza, con visible irrespeto por la media
luna, una figura obscena que cualquiera puede notar de lejos.
El bote que me conduce se dirige al lado opuesto, hacia la barrera de piedra que se ha
alzado a la rabia del mar, y que éste en ocasiones ha mordido y despedazado por
algunos puntos.