Universidad Tecnológica del Perú
FACULTAD DE DERECHO
CLÍNICA JURÍDICA
PRÁCTICA CALIFICADA 2
TÍTULO DE LA PROBLEMÁTICA DE INTERÉS PÚBLICO:
“Reducción de la Sobrepoblación Carcelaria: Un Análisis de
Reformas Normativas y Operativas Efectivas”
Docente:
· Ángulo Huaylupo Juan Carlos
Integrantes:
· Condori De la cruz Obed
· Quezada Flores Angela Abigail
· Vasquez Ceferino Alexandra Shantal
· Hermenegildo Lugo Ángel Alfredo
· Luperde Cervantes Clinger
· Haro Muñoz Willian Fidel
Lima, 2024
ÍNDICE
CAPÍTULO I .......................................................................................................................... 3
1.1. INCIDENCIA PÚBLICA.......................................................................................... 3
1.2. Nivel internacional: ................................................................................................ 3
1.3. Nivel nacional: ....................................................................................................... 4
1.4. Interés Público: ...................................................................................................... 4
1.5. Estándares Jurídicos: ............................................................................................ 5
Estrategias para la resolución de la sobrepoblación carcelaria: ......................................... 6
CAPÍTULO II ....................................................................................................................... 10
2.1. DESCRIPCIÓN DE LA REALIDAD PROBLEMÁTICA .............................................. 10
2.3. ESTÁNDARES JURÍDICOS ................................................................................ 10
2.4. REALIDAD CARCELARIA EN EL PERÚ ............................................................. 10
2.5. Ámbito Internacional ............................................................................................ 11
2.6. ESTÁNDARES JURÍDICOS ................................................................................ 13
CAPÍTULO III ...................................................................................................................... 16
3. Estrategia jurídica aplicada al problema ...................................................................... 16
3.1. Reforma de las penas y sanciones alternativas ....................................................... 16
3.2. Sanciones alternativas: una solución viable ......................................................... 16
3.3. La necesidad de un cambio normativo y cultural ................................................. 16
CAPÍTULO IV ..................................................................................................................... 17
4. Programas de reinserción y reducción de reincidencia ............................................ 17
4.1. El Modelo de Prisiones Humanitarias .................................................................. 17
4.2. Programas de Empleo y Formación para Reclusos ............................................. 17
4.3. Programas de Rehabilitación de Drogas.............................................................. 17
4.4. Enfoque en la Libertad Condicional ..................................................................... 18
CAPÍTULO V ...................................................................................................................... 18
5. REVISIÓN DE POLÍTICAS DE PRISIÓN PREVENTIVA ......................................... 18
5.1. Optimización de la Aplicación de la Prisión Preventiva ........................................ 18
5.2. Evaluación Rigurosa para un Uso Proporcional de la Prisión Preventiva ............. 19
CAPÍTULO VI ..................................................................................................................... 20
6. Estrategia seguida por el grupo para el cumplimiento de los estándares (plan de
incidencia) ....................................................................................................................... 20
6.1. Análisis del contexto (problema) .......................................................................... 21
CAPÍTULO I
1.1. INCIDENCIA PÚBLICA
Gonzales (2020) define la incidencia pública como un proceso de intervención en la
esfera pública que busca influir en la lucha contra la corrupción y el lavado de activos,
mediante el empoderamiento de la sociedad civil a través del periodismo y el derecho.
Este enfoque se basa en la articulación entre clínicas jurídicas y el periodismo, con el
objetivo de mejorar la calidad de las políticas públicas y la fiscalización a nivel regional
en Perú.
Faúndez y Delamaza (2022) conceptualizan la incidencia pública como la
institucionalización de la participación ciudadana en organismos públicos, mediante
la creación de un modelo basado en el liderazgo, la normativa, y la gestión pública.
Este modelo busca asegurar que los ciudadanos influyan de manera efectiva en las
políticas públicas mediante procesos participativos bien estructurados.
Díaz (2017) considera la incidencia pública como un componente clave de las
políticas públicas que implica la participación activa de los ciudadanos en la gestión y
formulación de políticas. Esta participación, aunque con resultados mixtos, es crucial
para generar políticas más justas, legítimas y eficaces, donde los ciudadanos juegan
un rol determinante en la toma de decisiones.
Concepto propio:
La incidencia pública consiste en acciones organizadas por actores para influir en
políticas públicas, modificando o consolidando decisiones mediante movilización,
diálogo y presión política. Su eficacia depende de la articulación de demandas y la
apertura del sistema político.
1.2. Nivel internacional:
Estados Unidos (Década de 1980): La presión de grupos empresariales y políticos
conservadores promovió la privatización de cárceles, resultando en la proliferación de
prisiones privadas gestionadas por compañías como CoreCivic y GEO Group. Los
resultados han sido controversiales, con críticas por abusos y falta de rehabilitación
efectiva.
Reino Unido (1992): El gobierno de John Major implementó la privatización parcial del
sistema penitenciario con la construcción de prisiones privadas como HMP Wolds.
Aunque se argumentó que reduciría costos, los resultados han mostrado problemas
en la calidad del servicio y condiciones laborales precarias.
1.3. Nivel nacional:
Perú (2010): El gobierno de Alan García inició el proceso de concesión de centros
penitenciarios, buscando la construcción de nuevas cárceles mediante inversión
privada, con empresas encargadas de la gestión de infraestructura y ciertos servicios.
Los resultados incluyen mejoras en infraestructura, pero se han criticado las
condiciones de los internos y la falta de supervisión estatal sobre las empresas
concesionarias.
Perú (2020): Durante el gobierno de Martín Vizcarra, se continuó promoviendo la
participación del sector privado en la construcción y operación de centros
penitenciarios bajo el esquema de asociaciones público-privadas (APP). Aunque ha
habido avances en la modernización de infraestructuras carcelarias, persisten
problemas en la sobrepoblación y condiciones internas que no han sido
completamente resueltas.
1.4. Interés Público:
De acuerdo con Fontecilla (2007), señala que el interés público deviene en el mismo
interés colectivo, el cual se encuentra administrado por el Estado para el bien común,
comprometiéndose bajo un régimen de derecho público, exorbitante y derogatorio del
derecho común.
Asimismo, Oneto, (2012), menciona que el interés público, como concepto
indeterminado, se construye sobre la base de la motivación de las decisiones, como
requisito sine qua non de la potestad discrecional de la Administración del Estado,
debiendo quedar excluida toda posibilidad de arbitrariedades que no beneficia al
conjunto social.
Según Romero, (2019) menciona que es aquello que la población o colectividad social
tiene la expectativa de lograr para el alcance del bienestar social y que, en su mayoría,
debe ser motivo de intervención por parte de las autoridades públicas.
Concepto propio:
El interés público se refiere al bienestar común de la sociedad, priorizando las
necesidades y beneficios de la colectividad por encima de los intereses individuales.
Es un concepto fundamental en la ética, la política y el derecho, que define las
acciones y decisiones que benefician a la mayoría de la población.
Ejemplos:
1. En lo que respecta a la salud pública y la los relaves mineros, uno de los
departamentos más afectados vine a ser Madre de Dios, por lo que, de acuerdo con
los autores citados, el Estado debería priorizar, el mejoramiento al acceso de la
atención médica y a ejercer el control de los puntos críticos en los relaves.
2. A nivel regional, pues se tiene que en la mayoría de las veinticinco regiones la
corrupción es considerada como un problema principal por la mayoría de la población,
casos como el de "Odebrecht" y "Los Cuellos Blancos del Puerto" han tenido un gran
impacto en Perú, son temas de interés público.
3. La Protección de los Recursos Hídricos, ya que el agua es un recurso vital para la
vida y el desarrollo del país; el interés público se refleja en la gestión sostenible de
los recursos hídricos, la lucha contra la contaminación y el acceso al agua potable
para todos los ciudadanos.
1.5. Estándares Jurídicos:
Según Molina (2018) el estándar jurídico internacional es “un término de naturaleza
valorativa, caracterizado por la indeterminación, por lo que su significado no es
determinable salvo recurriendo a criterios, parámetros de juicio, internos y/o externos
al derecho”.
Según la ISO: “Los estándares son acuerdos (normas) documentados que contienen
especificaciones técnicas u otros criterios precisos para ser usados consistentemente
como reglas, guías, o definiciones de características para asegurar que los materiales
productos, procesos y servicios se ajusten a su propósito”
Por lo que señala la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH),
la cual define como estándares jurídicos “al conjunto de decisiones judiciales,
informes temáticos y de país, y otras recomendaciones adoptadas por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos. El término “estándares jurídicos” asimismo se
refiere a los tratados regionales de derechos humanos que gobiernan el sistema
interamericano, como la Convención Americana y la Convención de Belém do Pará.
El concepto igualmente se refiere a las sentencias y opiniones consultivas emitidas
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos” (2014).
Ejemplos:
1. Estándares de prueba en un juicio penal: Estos estándares, como la prueba más
allá de toda duda razonable, establecen el nivel de evidencia necesario para condenar
a un acusado.
2. Estándares para la protección de la propiedad intelectual: Estos estándares, como
los derechos de autor, establecen las reglas para la protección de obras creativas,
asegurando la originalidad y la propiedad de la obra.
3. Estándares para la protección del medio ambiente: Estos estándares, como los
protocolos de emisiones, establecen las normas para la gestión de los recursos
naturales y la reducción de la contaminación, promoviendo la sostenibilidad
ambiental.
Estrategias para la resolución de la sobrepoblación carcelaria:
La privatización de los centros penitenciarios es un proceso jurídico-administrativo de
alta complejidad que requiere una planificación detallada y rigurosa para asegurar la
protección de los derechos fundamentales de los internos y mantener las condiciones
adecuadas en el sistema carcelario. Para llevar a cabo una implementación eficaz y
equitativa de este modelo, resulta indispensable adoptar una serie de estrategias
técnicas y estructuradas de la siguiente manera:
Diseño de un marco normativo integral
El primer paso es la formulación de un régimen normativo integral que regule con
precisión la concesión penitenciaria. Dicho régimen debe establecer con claridad las
obligaciones y prerrogativas tanto del Estado como de los operadores privados
encargados de la administración de los centros penitenciarios. Este cuerpo normativo
debe garantizar la inclusión de salvaguardias jurídicas que aseguren el cumplimiento
de los estándares internacionales en materia de derechos humanos, previniendo
cualquier violación o trato inhumano. Además, debe regular aspectos esenciales
como el acceso a servicios de salud, la provisión de alimentación adecuada y el
desarrollo de programas de rehabilitación y reintegración social. Asimismo, es
imprescindible que el marco normativo contemple mecanismos de revisión judicial y
administrativa que permitan la evaluación continua de las acciones de los
concesionarios privados, garantizando el principio de legalidad y la transparencia en
el proceso.
Implementación de contratos de gestión eficiente
La contratación con entidades privadas para la administración penitenciaria debe
basarse en un modelo de gestión eficiente que supere la mera transferencia de
competencias. Los contratos de concesión deben incluir indicadores de desempeño
claros y objetivos, tales como la tasa de reincidencia de los reclusos, los logros en
términos de rehabilitación y las condiciones generales de vida dentro de las
instalaciones carcelarias. Es crucial que estos contratos contemplen cláusulas de
cumplimiento obligatorio, así como sanciones aplicables en caso de incumplimiento
de los estándares normativos. Un componente esencial de estos acuerdos son las
auditorías periódicas, tanto internas como externas, que permitan evaluar de forma
objetiva si los concesionarios están cumpliendo con sus obligaciones y estándares de
calidad establecidos.
Supervisión y fiscalización Estatal
A pesar de que la administración penitenciaria esté bajo gestión privada, el Estado
debe preservar su rol regulador y de control. Para ello, es necesario crear una
autoridad reguladora autónoma con facultades amplias para llevar a cabo
inspecciones exhaustivas y sorpresivas. Esta entidad supervisora debe centrarse en
verificar el cumplimiento de los derechos humanos, la adecuación de las instalaciones
y la correcta implementación de las normativas aplicables. Adicionalmente, debe
garantizarse la transparencia en la gestión financiera de los recursos públicos
destinados a las cárceles privatizadas, exigiendo informes detallados sobre su uso y
permitiendo la intervención estatal ante cualquier anomalía o irregularidad detectada
en la administración de dichos recursos.
Mecanismos de Participación Pública y Transparencia
El acceso de la sociedad civil y la implementación de mecanismos de transparencia
son elementos fundamentales para prevenir abusos y asegurar una administración
penitenciaria responsable. Es necesario permitir la intervención de organizaciones de
derechos humanos y de entidades independientes que realicen monitoreos
constantes de las condiciones de los centros penitenciarios y denuncien cualquier
vulneración de derechos. Además, es importante establecer espacios de rendición de
cuentas, donde la ciudadanía pueda estar informada sobre la gestión de los
operadores privados y expresar sus inquietudes o propuestas. La transparencia en la
asignación y uso de los recursos públicos es vital para evitar la corrupción y garantizar
que los fondos se utilicen de manera eficaz y en beneficio de los internos y la sociedad
en su conjunto.
Estas medidas están diseñadas para asegurar que la privatización del sistema
penitenciario se realice bajo parámetros de ética, legalidad y eficiencia, protegiendo
los derechos fundamentales de los internos y promoviendo una gestión adecuada y
responsable de los centros penitenciarios.
Estrategia Propuesta y su proceso de aplicación:
1. Diseño de un marco normativo integral
La creación de un marco normativo es crucial para asegurar que la privatización del
sistema penitenciario esté alineada con los estándares de derechos humanos y las
obligaciones estatales. A continuación, se presentan tres acciones clave que se
seguirán para la implementación de esta estrategia:
a. Revisión y adaptación de estándares internacionales:
Una primera acción es realizar una exhaustiva revisión de los tratados y acuerdos
internacionales en materia de derechos humanos, especialmente aquellos vinculados
a las condiciones de reclusión, como las Reglas Mandela. El marco normativo debe
integrar estos estándares en el régimen jurídico nacional para garantizar que las
concesiones penitenciarias se desarrollen respetando los derechos fundamentales de
los internos. Esta revisión permitirá adaptar la normativa local a las exigencias
globales y mejorar las condiciones de reclusión.
b. Desarrollo de una Ley de Concesión Penitenciaria:
El siguiente paso es la elaboración de una ley específica que regule las concesiones
penitenciarias. Esta ley establecerá los derechos y obligaciones tanto del Estado
como de las entidades privadas que gestionan las cárceles. El marco normativo
incluirá cláusulas relacionadas con el respeto a los derechos humanos, las
responsabilidades operativas de los concesionarios, los mecanismos de control, y las
sanciones en caso de incumplimiento. Se debe garantizar que las empresas privadas
no prioricen la rentabilidad económica sobre el bienestar de los internos.
c. Creación de un ente regulador independiente:
Para asegurar el cumplimiento de la normativa, se debe crear un organismo regulador
independiente encargado de supervisar y auditar de forma continua el funcionamiento
de las prisiones privatizadas. Este ente revisará las condiciones de las instalaciones,
la calidad de los servicios de rehabilitación, y las condiciones de vida de los internos.
Asimismo, estará facultado para imponer sanciones en caso de que las empresas
concesionarias incumplan con sus obligaciones legales o no mantengan los
estándares adecuados.
Estas acciones garantizarían que la privatización del sistema penitenciario se realice
bajo un marco normativo sólido y enfocado en la protección de los derechos humanos
y la seguridad pública.
CAPÍTULO II
2.1. DESCRIPCIÓN DE LA REALIDAD PROBLEMÁTICA
La sobrepoblación carcelaria en el Perú ha alcanzado niveles críticos, afectando la
capacidad del sistema penitenciario para garantizar condiciones dignas a los reclusos.
Según Villavicencio (2017), el país enfrenta un déficit estructural en sus cárceles,
donde la cantidad de internos excede en más del doble la capacidad instalada. Este
hacinamiento se debe en gran parte a la alta tasa de detenciones preventivas y a la
falta de programas de reintegración, lo que perpetúa un ciclo de reincidencia y
precariedad. Las condiciones insalubres y la violencia interna son problemas
recurrentes en este contexto.
2.3. ESTÁNDARES JURÍDICOS
La jurisprudencia en Perú ha señalado que la sobrepoblación en las prisiones afecta
derechos fundamentales, tal como lo ha manifestado el Tribunal Constitucional en
varias sentencias. En el caso Exp. N.° 01048-2002-HC/TC, el Tribunal afirmó que el
hacinamiento en los centros penitenciarios infringe el derecho a la dignidad humana
y demanda que el Estado tome medidas inmediatas para mejorar las condiciones de
encarcelamiento. Además, se enfatizó que la adherencia a los estándares
internacionales en derechos humanos debe ser una prioridad en la política
penitenciaria del Perú, lo que incluye la implementación de penas alternativas al
encarcelamiento.
2.4. REALIDAD CARCELARIA EN EL PERÚ
Por lo que refiere Small (2021) el sistema penitenciario de Perú ha afrontado retos
considerables durante más de diez años. Previo a la pandemia del COVID-19, el total
de reclusos en prisión era de 97,493 individuos, lo que indicaba un preocupante índice
de sobrepoblación del 243%. Las regulaciones de población señalan que el total de
capacidad de las 68 unidades operativas es de únicamente 40,137, lo que provoca
una sobrepoblación de 57,356 para marzo del 2020. Es relevante destacar que de los
68 centros penitenciarios, 45 muestran condiciones de hacinamiento, situando a Perú
en la posición 18 a nivel global, encabezado por Estados Unidos. En América Latina,
en términos de porcentaje en relación a 100,000 habitantes, Perú se sitúa en la tercera
posición tras Brasil y Uruguay, con 290 reclusos (hasta el 2019).
En ese contexto, Loayza (2020) explica que el hacinamiento constituye un indicador
ampliamente utilizado para medir la gravedad de la situación en los centros
penitenciarios, dado que refleja la diferencia entre la capacidad oficial de los
establecimientos y la cantidad real de internos que albergan dichos recintos. Este
fenómeno es producto de una confluencia de factores, entre los que destacan las
elevadas tasas de criminalidad y la implementación de políticas públicas que, lejos de
prevenir el delito, lo exacerban, contribuyendo a que los sectores más vulnerables de
la población sean los más afectados. En el contexto peruano, esta crisis de
sobrepoblación carcelaria motivó la declaración de emergencia del Sistema Nacional
Penitenciario en 2017, durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, bajo el amparo
del Decreto Legislativo N° 1325, cuyo propósito central fue corregir las graves
deficiencias en materia de infraestructura, salud, corrupción y administración
penitenciaria. No obstante, las carencias estructurales que persisten dentro del
sistema continúan contraviniendo las finalidades esenciales de las penas privativas
de libertad, entre las que se incluye, de manera primordial, la resocialización de los
reclusos, así como los objetivos complementarios de prevención del delito y
protección de la sociedad, establecidos en el Código Penal.
2.5. Ámbito Internacional
En ese contexto, esta problemática se encuentra presente no solo en el Perú, sino
que otros países como Ecuador tienen el mismo problema, respecto a ello Alvarado
(et al, 2022) refiere que esta consiste en sobrepasar el límite de número de la
capacidad de internos en el centro penitenciario, al alojar un mayor número de
internos. En concordancia, Rodriguez (2015, citado en Alvarado, 2022) precisa que
uno de los factores que ocasiona dicha problemática es la ineficiencia del proceso de
justicia penal. En ese sentido, es menester resaltar que el mencionado problema es
recurrente en el país de Ecuador, como lo es en el Perú. Por lo tanto, sobrepoblar los
centros penitenciarios son una directa afectación a la dignidad humana de los
internos, de lo cual Alvarado (2022) señala que en la Constitución Política de Ecuador
del 2008 enfatiza en los rayados internacionales respecto de los derechos humanos,
que si comparamos con el sistema peruano, dicho énfasis, se encuentra regulado
también en nuestra carta magna del 1993.
Por lo tanto, la existencia de sobrepoblación en los centros penitenciarios provoca
que los recursos sean insuficientes para brindarles una atención básica; por ello, de
acuerdo con Cornelio (2021) señala que esto ha generado controversias sobre las
condiciones básicas para la vida, de las cuales se encuentran involucrados el espacio
en las asignaciones penitenciarias, pues estas cuando concurren en una
sobrepoblación carcelaria, los espacios se ve reducidos dificultando en fin mismo de
la resocialización de los presos; asimismo, en la alimentación, esto significa que el
gasto público resulta ser problemático cuando se trata de la asignación de recursos,
pues por un lado los presos no pueden quedarse sin comer y por otro, destina
recursos importantes para otras objetivos públicos, como lo vendría a ser en la
seguridad y los servicios.
En ese mismo orden, en Argentina, Buenos Aires los hallazgos de la investigación
indican que los altos niveles de hacinamiento en los centros penitenciarios dificultan
el mantenimiento del orden, la disciplina y la convivencia, además de agravar los
problemas de acceso y permanencia de los internos en los programas educativos
ofrecidos en dichos establecimientos. Tal como afirma Perez (2021), en diversas
ocasiones, los alfabetizadores de la UP47 manifestaron en sus conversaciones
habituales que el penal se encontraba "colapsado", en referencia al elevado índice de
hacinamiento, lo que generaba un alto nivel de conflictividad entre los internos.
Durante el año 2017, este problema de sobrepoblación afectó a todos los
establecimientos penitenciarios del Conurbano Bonaerense, alcanzando una cifra
histórica del 91 % de hacinamiento, lo que provocó que casi la mitad de los reclusos
no tuviera un lugar adecuado para dormir.
Esta situación refleja una grave vulneración de los derechos fundamentales de los
internos, ya que la falta de espacio y las condiciones inhumanas agravan los
problemas de convivencia y generan un ambiente propicio para la violencia y el
deterioro del proceso de reinserción social. El Estado tiene la obligación de garantizar
condiciones dignas, lo que incluye proporcionar instalaciones adecuadas para el
alojamiento de los reclusos.
2.6. ESTÁNDARES JURÍDICOS
Según la sentencia EXP. N.° 05436-2014-PHC/TC TACNA C.C.B. emitida por el TC
que declara fundada la demanda de hábeas corpus interpuesta por el interno C.C.B
el cual refiere que en el establecimiento penitenciario de Tacna (Pocollay) se han
vulnerado sus derechos de razonabilidad y proporcionalidad respecto de la forma y
condiciones que cumple la pena y a su integridad personal, el demandante en este
caso señala que duerme en el suelo porque en su celda no hay espacio, ya que existe
sobrepoblación en el centro penitenciario en donde está recluido. Asimismo, el TC
resuelve y señala que existe un estado de cosas inconstitucional respecto del
permanente y crítico hacinamiento de los establecimientos penitenciarios y las
severas deficiencias en la capacidad de albergue, calidad de su infraestructura e
instalaciones sanitarias, de salud, de seguridad, entre otros servicios básicos, a nivel
nacional.
Según el artículo 1 del Código de Ejecución Penal (DS. Nº 003-2021-JUS), “el interno
goza de los mismos derechos que el ciudadano en libertad sin más limitaciones que
las impuestas por la ley y la sentencia respectiva”. En este contexto, Iván Meini (2020)
sostiene que el derecho fundamental a la salud no se ve suspendido ni limitado por el
hecho de una condena penal, en tanto que la privación de la libertad no puede implicar
un deterioro en la salud del condenado, dado que tal afectación vulneraría los
principios constitucionales de legalidad y proporcionalidad. El principio de legalidad
establece que la única pena que puede ser impuesta es aquella expresamente
prevista en la ley, sin incluir agravantes que no estén contemplados, como el
menoscabo de la salud física o mental. Asimismo, el principio de proporcionalidad
impone que la sanción debe guardar una relación adecuada con el grado de
culpabilidad del infractor, limitándose a la retribución justa por el delito cometido y
evitando cualquier exceso. En este sentido, Meini subraya que, en situaciones
excepcionales donde prevalezcan necesidades sociales más apremiantes, como el
indulto humanitario o la colaboración eficaz, la pena puede ser reducida o incluso
suspendida, de manera que el interés social y la justicia permitan ajustar la ejecución
de la pena sin vulnerar la dignidad humana, que constituye el pilar esencial del Estado
de derecho, tal como lo consagra la Constitución en su artículo 11.
A pesar de la clara obligación del Estado de salvaguardar la salud y el bienestar de
los reclusos, es fundamental reconocer que, por su propia naturaleza, el encierro
carcelario repercute negativamente en la salud de los individuos, una realidad tan
evidente como el hecho de que nadie se encuentra en prisión por su propia voluntad.
En virtud de lo anterior, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su
sentencia del Caso Vera Vera y otra vs. Ecuador2, establece que el Estado, como
responsable de los establecimientos de detención, se encuentra en una posición
singularmente privilegiada en calidad de garante de los derechos de todas las
personas bajo su custodia. Esta condición conlleva la ineludible obligación del Estado
de salvaguardar tanto la salud como el bienestar de los reclusos, así como de
asegurar que las condiciones y métodos de privación de libertad no superen el nivel
inevitable de sufrimiento que es inherente a la detención. Tal interpretación resulta
especialmente pertinente para las personas privadas de libertad, quienes, conforme
a los artículos 5.1 y 5.2 de la Convención, poseen el derecho indiscutible a ser
tratados en condiciones que respeten su dignidad humana, garantizando así que
dicha privación de libertad no constituya, bajo ningún concepto, una vulneración de
sus derechos fundamentales.
En este sentido, resulta imperativo reconocer que el encarcelamiento conlleva riesgos
que, tanto social como normativamente, son tolerados. Esta realidad pone de
manifiesto la necesidad de delinear claramente los casos en los que el deterioro de la
salud de las personas privadas de libertad es jurídicamente justificado como parte de
la pena estatal, en contraposición a aquellos en los que tal deterioro es inadmisible.
Con la llegada del COVID-19, la crisis de sobrepoblación carcelaria en Perú se
agudizó, evidenciando las serias deficiencias en el sistema penitenciario. La
imposibilidad de mantener el distanciamiento social y las condiciones insalubres en
los establecimientos penitenciarios se convirtieron en un caldo de cultivo para la
propagación del virus, poniendo en riesgo la salud de los internos y del personal de
1
Constitución Política del Perú. Derechos Fundamentales de la Persona, Capítulo I, Artículo 1.-
Defensa de la persona humana La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el
fin supremo de la sociedad y del Estado.
2
Corte IDH, Caso Vera Vera y otra vs. Ecuador. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas.
Sentencia de 19 de mayo de 2011. Serie C N 226, Consideraciones de la Corte B.1. Fundamento 42.
seguridad. En respuesta a esta alarmante situación, el Estado se vio obligado a
implementar medidas extraordinarias, como lo establece el Decreto Legislativo 1513,
que busca deshacinar los centros penitenciarios. Este marco normativo no sólo
persigue la reducción de la población carcelaria, sino que también aspira a garantizar
que aquellos que permanezcan detenidos lo hagan en condiciones que respeten su
dignidad humana, en consonancia con la Constitución y los tratados internacionales.
Sin embargo, la aplicación de estas medidas ha suscitado un intenso debate sobre el
delicado equilibrio entre la seguridad pública y los derechos humanos de los internos,
destacando la importancia de un enfoque que no se limite a una excarcelación
masiva, sino que contemple las particularidades de cada caso y las circunstancias de
la condena.
Además, según el Caso Pacheco Teruel y otros vs Hondura se evidencia que la
sobrepoblación de las cárceles representa un muy alto grado de peligro de suceder
incidentes dentro del penitenciario, lo que se explica detalladamente en el párrafo 25
que precisa que esta problemática provocó “hacinamientos, insalubridad” y
enfrentamientos. Es así, que en dicha pronunciación de la Corte IDH, se identifica que
la vulneración de los derechos instaurados en los artículos 4,5,7,9,8 y 25 de la
Convención Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) al referirse a la
sobrepoblación de los penitenciarios. En ese sentido, esta problemática ha producido
la afectación al señor Pacheco Teruel y otros internos de un penitenciario de
Honduras, sin embargo, los derechos vulnerados se encuentran en el Reglamento de
la CIDH a la que está suscrito el Perú y se encuentra asimilado en el artículo 3 de la
constitución Política del Perú de 1993.
Ahora bien, de acuerdo con la normativa internacionalmente aceptada y los
estándares mínimos establecidos en la legislación mexicana, es pertinente señalar lo
que dice el artículo 18 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
dispone, pues este señala que el sistema penitenciario se organizará sobre la base
del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la
educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del
sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, al respecto, Cornelio
(2021) señala que hablar de reinserción social de las personas condenadas o
sentenciadas, resulta que es hablar de “un fin que la sociedad anhela y necesita” pero
que a su vez no logra entender y aplicar.”, de lo mencionado por el autor, es
importante destacar que se comprenda por toda la sociedad que la reinserción de un
reo va más allá del momento en que una persona privada de la libertad es retornada
a la sociedad, pues la reinserción comienza desde que el procesado se encuentra en
el centro penitenciario, por lo que resulta pertinente el ambiente adecuado.
CAPÍTULO III
3. Estrategia jurídica aplicada al problema
3.1. Reforma de las penas y sanciones alternativas
La sobrepoblación en los sistemas penitenciarios es un problema global. El uso
excesivo de penas privativas de libertad, sin discriminar la gravedad de los
delitos, ha llevado a la saturación de las cárceles. Este panorama dificulta tanto
la rehabilitación como la reinserción social de los internos, evidenciando la
necesidad de repensar las políticas penales actuales y explorar alternativas
más eficaces y humanas (Larrauri, E. 2017).
3.2. Sanciones alternativas: una solución viable
Medidas como el trabajo comunitario y el arresto domiciliario han demostrado
ser opciones viables para aliviar el hacinamiento en las cárceles, sin
comprometer la seguridad pública. En el caso de delitos menores, estas
sanciones no solo descongestionan los centros penitenciarios, sino que
también ofrecen mayores oportunidades para la rehabilitación y la
reintegración social de los infractores. Un enfoque punitivo desproporcionado,
además, tiende a afectar a las clases más vulnerables, empeorando el
problema de la sobrepoblación.
3.3. La necesidad de un cambio normativo y cultural
Para avanzar hacia una adopción más amplia de estas reformas, es necesario
un cambio tanto en el ámbito legal como en el cultural. La sociedad y el sistema
judicial deben comprender que las penas alternativas no son una señal de
indulgencia, sino una respuesta justa y efectiva para ciertos delitos. La
implementación de estas políticas no solo contribuirá a aliviar el hacinamiento
carcelario, sino que también promoverá una justicia más equitativa y centrada
en la rehabilitación.
CAPÍTULO IV
4. Programas de reinserción y reducción de reincidencia
Para abordar la implementación de programas de reinserción y reducción de
reincidencia en el contexto de la reducción de la sobrepoblación carcelaria, es
esencial estructurar un enfoque que integre tanto reformas normativas como
operativas. A continuación se presentan argumentos y un esquema de cómo podrían
implementarse dichos programas:
4.1. El Modelo de Prisiones Humanitarias
Se enfocan en la rehabilitación más que en el castigo. Los internos reciben
educación, formación técnica y actividades recreativas. Además, las celdas
son más parecidas a habitaciones de un hogar y los reclusos tienen acceso a
cocinas, actividades laborales y de recreación. La inversión en infraestructuras
penitenciarias y en la rehabilitación de los reclusos ayuda a reducir la
reincidencia y a descongestionar el sistema penitenciario a largo plazo. Este
modelo humanitario reduce la estigmatización, lo que facilita la reintegración a
la sociedad.
4.2. Programas de Empleo y Formación para Reclusos
Se desarrollan programas de formación laboral dentro de las prisiones, como
los talleres productivos. Además, el sistema penitenciario español cuenta con
el programa “Reincorpora”, una iniciativa que vincula a los reclusos con el
mundo laboral a través de formación profesional y prácticas laborales en
empresas. De esa manera, integrar a los reclusos en el mercado laboral antes
de finalizar su condena, con formación y empleo en empresas reales, facilita la
reintegración y reduce el riesgo de que cometan nuevos delitos.
4.3. Programas de Rehabilitación de Drogas
Este programa de rehabilitación está dirigido específicamente a reclusos con
problemas de abuso de sustancias. Estos programas incluyen terapia
psicológica y tratamiento médico, y se complementan con apoyo
postpenitenciario para asegurar la transición a la vida fuera de prisión. Cabe
mencionar que, los reclusos que participan en programas de tratamiento de
drogas tienen una menor tasa de reincidencia en comparación con aquellos
que no reciben tratamiento. El apoyo continuo después de la liberación, como
grupos de apoyo y seguimiento médico, ha demostrado ser crucial para
prevenir la recaída y la reincidencia. La atención a problemas específicos,
como el abuso de drogas, puede ser un componente crítico en la reducción de
la reincidencia.
4.4. Enfoque en la Libertad Condicional
Es un modelo en el que los reclusos cumplen la mayor parte de su condena
bajo libertad condicional, supervisados por oficiales y programas de
rehabilitación obligatoria que incluyen trabajo y educación. La libertad
condicional bien supervisada, junto con programas de rehabilitación fuera de
la prisión, permite reducir la población penitenciaria sin comprometer la
seguridad pública.
CAPÍTULO V
5. REVISIÓN DE POLÍTICAS DE PRISIÓN PREVENTIVA
5.1. Optimización de la Aplicación de la Prisión Preventiva
La optimización de la aplicación de la prisión preventiva, como medida cautelar de
excepcionalidad, exige una rigurosa adherencia a los criterios jurídicos establecidos
por la legislación vigente y la jurisprudencia nacional, dado que su imposición implica
la restricción de la libertad personal del imputado, lo que justifica la necesidad de una
evaluación minuciosa y fundamentada por parte del juez. La Casación N.º 626-2013,
Moquegua establece que el estándar necesario para la aplicación de la prisión
preventiva es el de "sospecha suficiente", lo que implica la existencia de indicios
razonables que vinculen al imputado con el hecho punible, sin embargo, esta
perspectiva fue modificada por la Sentencia Plenaria N.º 01-2019, la cual exige un
mayor rigor al establecer que el estándar aplicable es el de "sospecha grave", es decir,
un alto grado de probabilidad que justifique la conclusión de que el imputado ha
cometido el delito, así como la concurrencia de todos los presupuestos de punibilidad
y perseguibilidad.
En este contexto, los criterios para la imposición de la prisión preventiva se articulan
en torno a varios presupuestos esenciales que deben ser evaluados de manera
exhaustiva: en primer lugar, debe existir la presencia de "fundados y graves
elementos de convicción" que permitan estimar razonablemente la comisión de un
delito que vincule al imputado como autor o partícipe del mismo, lo que requiere un
análisis detallado de los hechos y pruebas presentadas en la audiencia; en segundo
lugar, es imperativo que la sanción a imponerse sea superior a cuatro años de pena
privativa de libertad, lo que justifica la severidad de la medida cautelar adoptada, ya
que las medidas menos gravosas, como la comparecencia con restricciones, deberían
ser priorizadas en aquellos casos donde la pena prevista no alcance este umbral; y,
en tercer lugar, se debe establecer la existencia de "peligro procesal", que puede
manifestarse de diversas formas, como el riesgo de fuga del imputado o la posibilidad
de que este obstaculice la averiguación de la verdad, lo que requiere del juez una
evaluación precisa y objetiva de las circunstancias del caso concreto.
Asimismo, es crucial que el juez efectúe un test de proporcionalidad, lo que implica
un examen profundo que valore la relación entre la gravedad del delito imputado y la
necesidad de la prisión preventiva como medida de cautela, considerando no solo la
naturaleza del hecho delictivo, sino también las particularidades del imputado y su
contexto, así como las alternativas a la prisión preventiva que pudieran resultar
adecuadas. En este sentido, la jurisprudencia ha sido clara al señalar que cualquier
decisión que derive en la privación de libertad debe ser debidamente motivada, ya
que la ausencia de una fundamentación sólida puede llevar a la nulidad de la
resolución y a la vulneración del derecho a la libertad personal consagrado en la
Constitución.
5.2. Evaluación Rigurosa para un Uso Proporcional de la Prisión
Preventiva
La evaluación rigurosa para un uso proporcional de la prisión preventiva es
fundamental para garantizar que esta medida cautelar se aplique de manera
adecuada y conforme a derecho, evitando así la arbitrariedad en su imposición y el
posible abuso del poder punitivo del Estado. En este contexto, el Tribunal
Constitucional ha subrayado la importancia de que la imposición de la prisión
preventiva se someta a un juicio de proporcionalidad en sentido estricto, lo que
conlleva la necesidad de analizar no solo la gravedad del hecho delictivo, sino también
las circunstancias concretas que rodean el caso, permitiendo así una apreciación
adecuada de la verdadera necesidad de cautela en cada situación particular.
A fin de que la decisión de imponer la prisión preventiva sea legítima y justificada, el
juez debe basarse en la "sospecha grave", que exige un alto grado de probabilidad
de que el imputado haya cometido el hecho punible, así como la existencia de todos
los presupuestos de punibilidad y perseguibilidad. Esto implica que la falta de una
evaluación rigurosa de estos criterios podría resultar en la aplicación indebida de la
prisión preventiva, contribuyendo así a la problemática de la sobrepoblación
carcelaria, un fenómeno crítico que afecta al sistema penitenciario y que requiere de
soluciones efectivas y inmediatas. La jurisprudencia, como se indica en la Casación
N.º 01-2017, reitera que la decisión de privar de libertad debe estar respaldada por
una motivación sólida y coherente que contemple las circunstancias específicas del
caso, garantizando así un control judicial efectivo sobre la medida adoptada.
Es relevante destacar que el cumplimiento adecuado de los criterios mencionados no
solo protege los derechos fundamentales de los imputados, sino que también permite
abordar de manera eficiente la crisis de sobrepoblación en las cárceles, al evitar el
encarcelamiento innecesario de personas que no representan un peligro real para la
sociedad ni para el proceso penal. La correcta evaluación de los elementos de
convicción, la revisión del peligro procesal y la justificación de la medida a través de
un análisis de proporcionalidad contribuirán a un uso más racional de la prisión
preventiva, favoreciendo así un sistema de justicia más equitativo y eficiente.
CAPÍTULO VI
6. Estrategia seguida por el grupo para el cumplimiento de los estándares
(plan de incidencia)
6.1. Análisis del contexto (problema)
Causas y Consecuencias de la Sobrepoblación Penitenciaria
Es así, que esta problemática se origina a causa de diversas circunstancias dentro
del propio proceso judicial, la gestión pública, entre otros. Por lo cual amerita
pronunciarse respecto de las más relevantes y las consecuencias que traen las
mismas:
Aplicación recurrente de la Prisión Preventiva:
En primer lugar, una medida de coerción personal, o medida cautelar para proteger
el debido proceso y la ejecución de la sentencia, es la Prisión Preventiva, la cual
restringe un derecho fundamental que es la libertad, positivizado en el artículo 2 inciso
11 de la Constitución Política del Perú, que refiere la pertenencia del derecho a
transitar libremente (2019, p.7), además, que en el artículo 3 de la Carta Magna hace
referencia a los demás derechos no expresados literalmente, pero que se fundan en
la dignidad de la persona(2019, p.9), respaldado por el artículo 55 de la Constitución
de 1993, que establece que:
“Los tratados celebrados por el Estado y en vigor forman parte del derecho Nacional”
(2019, p.17)
En ese sentido, según la Declaración Universal de los Derechos humanos (DUDH),
en su refieren que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad
de su persona” (1948, artículo 3)
Es todo lo mencionado, relevante para la comprensión de esta causal, ya que en cada
resolución que resuelve aplicar la prisión preventiva a un investigado, aún inocente y
presunto culpable, se menciona que la libertad es la regla pero que excepcionalmente
se aplicará la medida por la configuración de los presupuestos establecidos por el art.
268 del Código Procesal Penal. Entonces, a pesar de que dicho artículo menciona la
posibilidad de aplicación y se establecieron presupuestos que deberían configurarse
conjuntamente para privar de la libertad a una persona, en la práctica no es así, ya
que existen otras medidas coercitivas como los grilletes electrónicos, y más, que
resultan idóneos para los casos simples, pero lamentablemente en el proceso penal,
muchos jueces aplican esta medida de manera desproporcionada, errada y
continuamente, en algunas ocasiones por su trayectoria previa en el Ministerio
Público, existiendo aún un concepto inquisitivo que busca reprimir las presuntas
amenazas de los investigados que en relevantes ocasiones resultan ser inocentes.
En ese sentido, la aplicación recurrente de la prisión preventiva es una razón
primordial que mantiene perpetua la sobrepoblación de los centros penitenciarios, que
albergan inocentes y reos con penas desproporcionadas.
Dilación del Proceso Penal:
Así mismo, la dilación del proceso penal provoca la sobrepoblación penitenciaria
porque muchas personas permanecen en prisión preventiva durante años, esperando
una sentencia definitiva. Esto sucede por la lentitud en los juicios debido a problemas
como la acumulación de casos, falta de recursos y tácticas dilatorias. Al no resolverse
los procesos a tiempo, las cárceles albergan tanto a procesados como a
sentenciados, superando su capacidad. Esta situación afecta las condiciones de vida
en los centros y complica la garantía de derechos básicos, además de agravar el
colapso del sistema de justicia, generando un ciclo de saturación y retrasos.
Escasez de establecimientos penitenciarios:
En tercer lugar, otro factor que provoca la sobrepoblación de las cárceles peruanas
es la escasez de centros penales, toda vez que actualmente, Perú tiene 68
establecimientos penitenciarios, según el Instituto Nacional Penitenciario (INPE). Sin
embargo, muchos de ellos operan con una capacidad muy por encima de lo que
pueden albergar, generando una crisis de sobrepoblación crítica. Un ejemplo notable
es el Penal de Lurigancho, diseñado para 2,500 internos pero que actualmente tiene
más de 9,300 reclusos. Esta situación refleja una falta de infraestructura adecuada y
un enfoque en políticas punitivas sin suficientes alternativas al encarcelamiento.
Normalización del exceso de Foro:
La normalización del exceso de aforo en las cárceles contribuye significativamente a
la sobrepoblación penitenciaria porque se genera un contexto en el que el
hacinamiento se vuelve una situación aceptada y recurrente. Las prisiones operan
muy por encima de su capacidad, con internos viviendo en espacios reducidos, lo que
deteriora sus condiciones de vida y dificulta la separación adecuada según los perfiles
de los reclusos (como prisión preventiva, condenados, o según el tipo de delito). Esta
situación perpetúa problemas como la violencia, la propagación de enfermedades y
el debilitamiento de programas de rehabilitación y reinserción social, al no existir el
entorno necesario para su desarrollo.
Además, la normalización del hacinamiento lleva a que las autoridades no prioricen
la creación de nuevas infraestructuras o la implementación de políticas alternativas,
como penas no privativas de libertad, perpetuando un ciclo en el que el sistema
penitenciario y judicial se ven sobrecargados sin soluciones efectivas.
Además, la reducción de la sobrepoblación carcelaria requiere un enfoque integral
que combine reformas normativas, operativas y de prevención del delito. Las
alternativas a la prisión, la mejora de las condiciones de vida en las cárceles y la
promoción de la reinserción social son elementos clave para lograr este objetivo.
Asimismo, es importante destacar que la reducción de la sobrepoblación carcelaria
no es solo un problema de seguridad pública, sino también un asunto de derechos
humanos. La falta de acceso a la justicia, la discriminación y la falta de oportunidades
son factores que contribuyen a la sobrepoblación carcelaria y a la perpetuación del
ciclo de la violencia. De igual modo, la implementación de las reformas propuestas
requiere un compromiso político a largo plazo, un esfuerzo conjunto de todos los
actores involucrados en el sistema de justicia penal y una inversión significativa en
recursos humanos y financieros.
En ese sentido, las acciones que pueden tomarse para reducir la sobrepoblación
carcelaria, enfocándose en reformas normativas y operativas.
Reformas Normativas:
· Ampliar el uso de medidas alternativas a la prisión:
· La libertad condicional con seguimiento estricto, el servicio comunitario, la
justicia terapéutica y el monitoreo electrónico pueden ser alternativas efectivas a
la prisión para ciertos delitos, especialmente aquellos no violentos.
· Implementar programas de justicia restaurativa para delitos menores, donde
se busca la reparación del daño causado a la víctima y la reinserción del infractor
en la sociedad.
Reformar las leyes penales:
· Revisar las penas mínimas y máximas para ciertos delitos, buscando
alternativas más justas y efectivas.
· Enfocarse en políticas de salud pública para la prevención y tratamiento de la
adicción.
· Mejorar el sistema de justicia penal:
· Implementar mecanismos de control y vigilancia para evitar la corrupción y la
impunidad en el sistema penitenciario.
· Fortalecer la independencia judicial y garantizar el debido proceso para todos
los acusados.
· Promover la mediación y la conciliación como mecanismos de resolución de
conflictos.
Reformas Operativas:
· Construcción de nuevas cárceles:
· Aumentar la capacidad carcelaria para reducir el hacinamiento, pero solo como
una medida complementaria a las reformas normativas y operativas.
· Priorizar la construcción de cárceles con mejores condiciones de seguridad,
higiene y acceso a la salud.
· Mejorar las condiciones de vida en las cárceles:
· Implementar programas de educación, capacitación laboral y rehabilitación
para los reclusos.
· Garantizar el acceso a la salud física y mental, incluyendo atención médica
especializada.
· Promover la participación de las familias en el proceso de reinserción social
de los reclusos.
· Fortalecer la gestión del sistema penitenciario:
· Implementar sistemas de información para el seguimiento y control de la
población carcelaria.
· Capacitar al personal penitenciario en temas de derechos humanos, gestión
de conflictos y reinserción social.
· Promover la transparencia y la rendición de cuentas en el sistema penitenciario.
Alternativas de Solución:
· Promover la prevención del delito:
· Implementar programas de educación, empleo y desarrollo social en las
comunidades más vulnerables.
· Fortalecer las políticas de seguridad ciudadana y la cooperación entre las
fuerzas del orden y la comunidad.
· Combatir las causas estructurales de la delincuencia, como la pobreza, la
desigualdad y la falta de oportunidades.
Fomentar la reinserción social:
· Implementar programas de apoyo a los exreclusos para facilitar su reinserción
en la sociedad.
· Facilitar el acceso al empleo, la vivienda y la educación para los ex reclusos.
· Promover la inclusión social de los exreclusos y combatir la estigmatización.
● Evaluación y Monitoreo
De acuerdo con Martín (2006) citado por Torres (2011), señala que la evaluación y
monitoreo se refiere a: “un seguimiento sistemático y periódico de la ejecución de una
actividad, que busca determinar el grado en que su desenlace coincida con lo
programado, con el fin de detectar oportunamente deficiencias, obstáculos y/o
necesidades de ajuste de la ejecución”. Se realizará un seguimiento al proceso
mediante el cual se recolectan y analizan datos para proporcionar información durante
un plazo no mayor de 12 meses, por ello a través de indicadores evaluará si los
objetivos planteados cumplen en disminuir el número de personas en prisión. Para
medir estos indicadores se creará una comisión o equipo para seguir la
implementación de las propuestas y generar informes periódicos sobre los avances,
de acuerdo con el calendario de acciones.
Calendario de acciones
Acción Fecha de Inicio Fecha de Término Responsables
Investigación sobre Mes 1 Mes 12 Recolección de
población datos, fuentes y
penitenciaria estudios realizados
Identificación de Mes 2 Mes 4 Unidad de
necesidades Comunicación
Elaboración de Mes 3 Mes 6 Equipo Legal
propuestas legales
Determinación de Mes 7 Mes 8 Equipo legal
las reformas a
aplicar para el
problema
Resultados de Mes 9 Mes 12 Comisión de
Indicadores seguimiento
estadísticos
CONCLUSIÓN
El hacinamiento tiene un impacto directo en la salud y la seguridad de los reclusos,
ya que limita el acceso a servicios básicos como atención médica, higiene y espacios
adecuados para vivir. Además, dificulta la rehabilitación y reintegración social de los
presos, perpetuando el ciclo de delincuencia.
Por lo tanto, la sobrepoblación en los centros penitenciarios, lejos de ser un
instrumento de rehabilitación y reinserción social, se convierte en un deterioro y la
muestra del abandono en las personas condenadas, siendo el principal problema,la
falta de espacio, recursos dificultando la posibilidad de cambio y la resocialización.
A pesar de las obligaciones del Estado de salvaguardar la salud y los derechos de las
personas privadas de libertad, la realidad del encarcelamiento genera un deterioro en
su bienestar físico y mental, vulnerando derechos fundamentales garantizados por el
Código de Ejecución Penal y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. El
Decreto Legislativo 1513 representa un esfuerzo para abordar la crisis de
sobrepoblación carcelaria mediante medidas de deshacinamiento; sin embargo, estas
deben enfocarse en la evaluación individual de cada caso, equilibrando la seguridad
pública con los derechos humanos.
La sobrepoblación carcelaria en el Perú compromete gravemente la dignidad y los
derechos de los reclusos, exacerbando problemas de violencia e insalubridad. La falta
de programas de reintegración y un déficit estructural en las cárceles agravan esta
crisis. Es fundamental que el Estado implemente medidas efectivas y considere
alternativas al encarcelamiento para cumplir con los estándares internacionales de
derechos humanos.
La problemática de la sobrepoblación carcelaria trasciende fronteras y no es un hecho
singular del Perú, sino que existe en otros países como los mencionados, que
requieren la atención pronta para evitar incidentes como los casos señalados que
afectaron descomunalmente a internos que cumplían condena incluso durante la
investigación del presunto delito cometido.
En conclusión, la sobrepoblación carcelaria constituye un problema global que no solo
afecta al Perú, sino que se extiende a otras naciones, lo que evidencia la necesidad
urgente de implementar políticas efectivas que promuevan mejoras en las condiciones
penitenciarias. La falta de acción en este ámbito puede derivar en violaciones de
derechos humanos, al poner en riesgo tanto la integridad física como psicológica de
los reclusos, quienes merecen cumplir sus condenas en condiciones dignas,
independientemente de la naturaleza del delito investigado.
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