Art 4
Art 4
Colección Teorema
CATEDRA
TEOREMA
índice
CAPÍTULO 1
El órden de los diálogos , . 15
CAPÍTULO II
Los comienzos. de la teoría 26
CAPÍTULO III
El Fedón , . 39
CAPÍTULO VI
7
CAPÍTULO IX
170
Las «doctrinas no escritas» de Platón .
CAPÍTULO X
CAPÍTULO XI
196 ABREVIATURAS USADAS PARA
La población del mundo de las Ideas .
LOS LIBROS MODERNOS
CAPÍTULO XII
Los números ideales 209
Cherniss, H., Aristotle Critieism of Plato and the Aeadémy:
CAPÍTULO XIII A. C. P. A. (1944).
24) Cherniss, H., The Riddle of the Early Aeademy: R. E. A.
Las «cosas después de los números» .
(1945).
CAPÍTULO XIV Cornford, F. M., Plato's Theory of Knowledge: P. T. K.
251 (1935).
Las Ideas y el alma .
Cornford, F. M., Plato and Parmenides: P. P. (1939).
CAPiTULO XV Diels, H., Fragmente der Vorsokratiker5: F. V. (1934,1935,
255 1937).
Las Ideas y los números ideales . Field, G. e, Plato and his Contemporaries: P. C. (1930).
CAPÍTULO XVI
Hackforth, R., The Authorship of the Platonie Epistles:
A. P. E. (1913).
261
Las Ideas y las cosas sensibles . Ritter, e, Platon, sein Leben, seine Sehriften, seine Lehre:
P.1. S. 1. (1910, 1923).
CAPÍTULO XVII
Robin, L., La Théorie platonieienne des ldées et des Nom-
266
Retros pección . bres: T. P. 1. N. (1908).
Taylor, A. E., Plato, the Man and his Work: P. M. W.
(1926).
Taylor, A. E., Philosophieal Studies: P. S. (1934).
Van der Wielen, W., De ldeegetallen van Plato: L P.
(1941).
Wilpert, P., Zwei aristotelisehe Früh:;ehriften über die
ldeenlehre: Z. A. F. l. (1949).
8 9
7) Banquete, Fedón y Fedro
Trad. Luis Gil, Ed. Guadarrama, Madrid, 1974 (2.a ed.).
Aristóte1es:
1) Metafísica (2 T.)
Trad. Valentín García Yebra, Ed. Gredos, Madrid, 1970.
2) Etica a N icómaco
Trad. María Araujo y Julián Marías, Ed. e E. c., Ma-
drid, 1970.
Versiones castellanas de .Platón y Aristóteles que se em-
plean en esta traducción:
Platón
1) «Diálogos» (T. 1.: Apología, Critón, Eutifrón, Ión, Li-
sis) Cármides, Ripias Menor, Ripias Mayor, Laques,
Protágoras;
T. n.: Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo).
Trad.: Emilio Lledó et alii.
Editorial Gredas, Madrid, 1982-83.
2) República (3 T.)
Trad. José M. Pabón y M. Fernández Galiana.
Ed. Centro de Estudias Constitucionales, Madrid, 1969.
3) Leyes (2 T.)
Trad. José M. Pabón y M. Fernández Galiano.
Ed. C. E. e, Madrid, 1960.
4) Sofista
Trad. A. Tovar, Ed. e E. e, Madrid, 1970.
5) Político
Trad. A. González Laso, Ed. e E. e, Madrid, 1981
(2.a ed.).
6) Cartas
Trad. Margarita Toranza, Ed. e E. e, Madrid, 1970.
10 11
Prefacio
W.D.R.
13
1. El orden de los diálogos
1 III, 37 (25)
15
toma el estilo y el vocabulario de las Leyes como patrones, Dos cosas sobresalen del examen de estas listas: prime-
y se va examinando la afinidad de los otros diálogos con ra, el gran desacuerdo respecto a los primeros diálogos y,
ellos, respecto a un extenso número de asuntos indepen- segunda, el casi total acuerdo respecto a los diálogos desde
dientes (el uso de determinadas partículas o combinacio- la República en adelante. Estas dos características resaltan
nes de partículas, la preferencia de un sinónimo sobre otro, igualmente en el orden adoptado por otros estudiosos ac-
la elusión de hiatos, etc.) Siguiendo este procedimiento, di- tuales. Esto se debe a que los criterios sobre el orden de
ferentes estudiosos han llegado a resultados en parte con- los primeros diálogos están basados, en gran parte, en teo-
cordantes y en parte discordantes sobre el orden de los diá- rías subjetivas acerca del probable desarrollo del pensa-
logos. La tabla que figura a continuación resume la opinión miento platónico, mientras que los concernientes a los diá-
de cinco importantes especialistas en el tema. Cada lista logos tardíos se apoyan en la más firme base de las prue-
omite, por razones que ahora no nos conciernen, alguno bas estilométricas, que inició Lewis Campbell. Cabe añadir
de los diálogos incluido en la lista de Raeder. Respecto a que la datación tardía de los diálogos desde el Parmenides
Ritter, doy la lista que se encuentra en su última obra, y el Teeteto en adelante, adscrita por primera vez median-
Kerngedanken der platonischen Philosophie, traducida al te las pruebas estilométricas, ofrece en realidad un orden
inglés con el título The Essence of Plato's Philosophy. mucho más verosímil del pensamiento de Platón que el cri-
terio que los consideraba pertenecientes a su' juventud.
Arnim Pror.
Eutif.
Fil.
Crát.
Fedón
Eutid.
Eutid.
Cárm.
Fil.
Fil.
. Teet.
Parm.
Teet.
Po!.
Parm.
Prot.
Ion
Prot.
Prot.
Critón
Wilamowitz
Critias
Crát.
Fi!.
Crát.
Critias
Lisis
Eutif.
Menéx.
Eiltid.'
Fedón
Fedón
Eutif.
Tim.
Fedro
Po!.
PoI.
Parm.
Fedro
Teet.
Fedro
Lisis
Critón
Cárm.
Crirón
Cárm.
Ritter
Lutoslawski
Eutid.
Tim.
Menón
Menón
Menón
PoI.
Sof.
Sof.
Sof.
Raeder
Banq.
Leyes
Gorg.
Apo!.
Banq.
Leyes
Rep.
Rep.
Leyes
Rep.
Gorg.
Gorg.
Laq.
Laq.
Banq.
[Link]-X
Gor·g.
Hip.
Laq.
Apo!.
ApoI. I
Me.
Ma. Menéx.
Ion Me.
Hip.
Hip. Me.
[Link].
Estas listas merecen algunos comentarios 2:
1. Concuerdan en omitir gran número de diálogos que
figuraban en las tetralogías de Trasilo o en su apéndice,
pero que ahora se consideran, generalmente, espurios. Por
tales se tenían también las Cartas hasta hace poco, pero re-
cientemente ha surgido una tendencia a considerar algunas
de ellas como auténticas. De algunas, sin embargo, es im-
posible asegurar su autenticidad. Respecto a la séptima, la
única filosóficamente importante, lo más probable es que
sea, efectivamente, auténtica y que su fecha 'oscile alrede-
dor del 353 Ó 352 a. C.
2. La autenticidad del Hipias Mayor ha sido rechazada!
por muchos estudiosos. En el canon platónico sólo otro par'
de diálogos tienen el mismo nombre, Alcibíades I y Alci-
bíades Il, ambos generalmente rechazados. Esto origina una
leve, aunque sólo leve, resistencia a creer que Platón escri-
bió dos diálogos llamados Hipias. Por su parte Aristóteles
habla, en Met. 1025 a 6, de «lo que se dice en el Hipias»,
con lo que hace referencia a un argumento que se encuen-
tra en Hipias Menor3• Algunos especialistas han objetado
17
que, de haber escrito Platón el otro diálogo también, Aris- después de ella, habría hecho imposible una actividad lite-
tóteles no hubiera empleado la expresión «el Hipias» para raria por parte de Platón, antes del 399. Pero no parece im-
referirse precisamente al diálogo menor. Frente a esto cabe posible que, para entonces (contaba ya treinta y ocho o
suponer que, aunque Platón hubiera escrito dos Hipias, treinta y nueve años) hubiera escrito Platón algunos diá-
Aristóteles sabía a cuál de los dos designaba con la expre- logos. Tampoco convence mucho el argumento de Burnet
[sión (el Hipias», así como lo sabían sus oyentes. Tampoco y Taylor, según el cual es psicológicamente insostenible que
.Isonmuy sólidos los argumentos estilísticos y gramaticales 4 Platón hubiera escrito diálogos sobre Sócrates mientras vi-
t aducidos contra la autenticidad del diálogo. vía éste.
Por otra parte, el primer ejemplo de definición que pone Suponer que algunos diálogos fueron escritos antes de la
Aristóteles en Top. 146 a 21-3 parece una clara alusión a Apología, no conlleva fechados antes del 399 (no nos cons-
Hipias Mayor 297 e 3-303 a 11, donde se discute esta de- ta que la Apología fuera escrita inmediatamente después
finición de belleza: «aquello que nos produce placer a tra- del proceso). Para nosotros esta es una posibilidad suscep-
vés del oído o la vista». Parece una alusión tan clara como tible de discusión.
lo es el segundo ejemplo a Sof. 247 d 3-e44. Asimismo la 4. La fecha del Crátilo ofrece serias dudas. Muchos es-
sugerente definición de belleza como «lo conveniente», en pecialistas lo sitúan poco después del 390 y lo colocan en
Top. 102 a 6-y 135 a 13, probablemente sea una reminis- las listas en una posición similar a la que tiene en las que
¡,cencia de Hipias Mayor 293 d 6-294 e 10. Además, el diá- hemos citado anteriormente. Pero ]aeger7 ha reparado en
~logo ostenta una evolución de la teoría de las Ideas difícil la parcial correspondencia de nombres para cualidades del
/de atribuir a otro que no sea Platón. En él (y sólo en él) espíritu en Crátilo 411 d 4-412 b 8 --<Ppóvllcrl\;,yvrollll,
señala Sócrates la diferencia entre la mayor parte de las VÓllcrL\;crO)(Ppocrúvll,bncr't"1Íllll,crÚW;crl\;,
cro<pío:-con las del
/Ideas, que son verdaderas tanto si se dicen del conjunto reciente diálogo el Filebo, 19 d 4-5 -VOU\;, bnm1Íllll,
~ como de cada uno de sus miembros, y las Ideas de conjunto crÚVEcrL\;,
't"É[Link] M. Warburg8 el diálogo tiene más bien
" que sólo son verdaderas si se dicen de un grupo, pero no afinidades con el Teeteto, y sitúa su redacción entre el 380
de sus miembros particulares 5. Basándome en esta madu- y 370. Pareceres semejantes tienen E. Haag9 y E. Werts 10.
rez relativa de 1<r doctrina y en que Von Arnim, sobre ba- Por otra parte, los aspectos estilísticos sugieren una fecha
ses puramente estiHsticas, situó el -diálogo en una época más temprana. El problema queda sin resolver.
aún más reciente que el Banquete, creo que su lugar está 5. Para Taylor todos los diálogos hasta la República se
después del Eutifrón. escribieron antes de la fundación de la Academia (388-7).
_ 3. Teniendo el1 cuenta que la Apología6 presupone el Funda su opinión en aquella página de la Carta Séptima 11 .
proceso de Sócrates, en el 399 a. e, Lutoslawski y Raeder en la que Platón da cuenta de su estado de ánimo cuando
establecieron un orden en el que se sobrentiende que Pla- emprendió su primera visita a Sicilia. Dice allí que se vio
tón no escribió diálogos antes de esa fecha. Grote abogó en forzado a decir, en elogio de la auténtica filosofía, que la
favor de esta tesis, aduciendo que el servicio militar en la humanidad nunca escaparía a sus sufrimientos hasta que
guerra del Peloponeso y la situación turbulenta de Atenas verdaderos filósofos ocuparan cargos políticos, o que go-
4 Para estos véase la edición de Tarrant, LXXV-LXXX. Estas y otras
objeciones al diálogo han sido acertadamente refutadas por G. M. Grube 7 En Sitzb. Preuss. Akad. XXV (1928),402, n. 2
en Clan. Quart. XX (1926), 134-48 y en Clas. Philol. XXIV (1929), 8 Zwei Fragen zur «Kratylos>" 31-61
369-75.
9 Platons Kratylos, 8(í-90.
5 JQQ. d j,J.Q¡ 1? 13. 10 En Philol. Supplementband, XXIII (1932), 1-84
6 Como el Eutifrón y el Critón 11 326 a 5-b 4
18 19
bernantes políticos, por alguna providencia feliz, se incli- del Parménides sí desempeña un papel importante, aun-
naran hacia la filosofía. Esto parece, en efecto, una alusión que el principal es de Parménides; y en la «segunda par-
a Rep. 473 c ll-e 2 donde se dice lo mismo, con casi idén- te», Sócrates no es más que un oyente silencioso. En el So-
ticas palabras y que es una parte del elogio de la auténtica lista y Político sólo aparece al comienzo. Ambos diálogos
filosofía. Teniendo en cuenta que Platón había nacido en vienen a ser, en realidad, monólogos de un «Extranjero
torno al 428, que diga 12 ahora que tenía aproximadamente eleático», ya que sus interlocutores, Teeteto en el Solista y
cuarenta años en el momento de su viaje, parece indicar «el joven Sócrates» en el Político, apenas dicen algo más
que la República había sido escrita antes del 388. que «sí» o «no» a las preguntas del Extranjero. En el Ti-
Sin embargo, Platón no dice expresamente que hubiera meo y en el Critias, Sócrates no aparece tampoco más que
empleado estas palabras antes de ir a Sicilia, y menos aún al comienzo. Ambas obras son prácticamente monólogos
que las hubiera escrito en un diálogo. Lo único que dice es respectivos de Timeo y de Critias. En las Leyes, Sócrates
que ya tenía estos pensamientos cuando fue a Sicilia 13. Pen- no aparece en absoluto, y el diálogo es conducido por un
samientos que tiempo después expresaría en la República. «Extranjero ateniense». De entre los últimos diálogos, el
Respecto a este punto hemos de tener en cuenta algu- Filebo es el único en el que Sócrates figura como el prin-
nos aspectos generales. Según el punto de vista de Taylor, cipal interlocutor. Esto se debe sin duda a que el Filebo es
Platón habría escrito antes de los cuarenta años, o sea, en el único de los últimos diálogos cuyo tema dominante es
un lapso de tiempo de veinte años como mucho, todos los el tan socrático tema de la ética. Por tanto, las últimas obras
diálogos hasta la República inclusive, lo que vienen a ser se caracterizan, en general, por la ausencia de diálogo ani-
1.200 páginas 14. En los restantes cuarenta años sólo habría mado y porque Sócrates no es ya el principal interlocutor.
escrito 1.050 páginas. Esto no es imposible, pero tampoco b) Al comienzo del Teeteto (143 b 5-c 5) el narrador se
es verosímiL Además, con ello se ignora la referencia que propone omitir las tediosas frases «y yo dije», «él asintió»,
se hace en el Banquete 14bis (que se tiene por anterior a la y ofrecer simplemente las palabras textuales del interlocu-
República) a un suceso del año 385 ó 384, aparte de otros tor. Teichmüller dedujo de esto que un diálogo en el que
datos que inducen a fechar ese diálogo después de esos años. aparecieran tales frases sería anterior al Teeteto, y en el
Abunda en lo mismo Ritter 15 al sugerir que la descripción que no aparecieran sería posterior. Esto no es más que una
del tirano que se hace en el libro noveno de la República exageración. Muchos diálogos que, por todas las demás ra-
debe mucho a la experiencia de Platón en la corte de Dio- zones, deben considerarse tempranos, siguen, de hecho, la
nisio, lo que supone, cuando menos, la primera visita prescripción del Teeteto, ya que el drama griego había sen-
(389-8). tado precedente en este punto. Pero sí llamaría la atención
6. El Parménides, Teeteto, Solista y Político constitu- que un diálogo escrito inmediatamente después del Teete-
yen, desde ciertos puntos de vista, un grupo unitario. Exa- to empleara las fórmulas de presentación a las que había
minaremos algunos aspectos con el fin de determinar sus renunciado en este diálogo. Las emplea efectivamente en
relaciones mutuas. la primera parte del Parménides 16, aunque no en la se-
a) Tanto en el Teeteto como en los primeros diálogos, gunda.
Sócrates es el principal interlocutor. En la «primera parte» c) El Parménides pretende dar cuenta de una conversa-
ción entre Parménides, Zenón de Elea y Sócrates. Tal con-
12 324 a 6 versación habría ocurrido cuando Parménides contaba cer-
1) 326 b 5
14 En la edición de Burnet
141>i, 193 A 1-3. 16 El mejor estudio de las variaciones formales del diálogo es el de Rae·
15 P. L. S, L. 1, 203 der (Platons Phil. Entw. 44-61)
20 21
ca de sesenta y cinco años (127 b 3), Zenón cerca de cua- que ha de luchar a brazo partido no sólo con los heracli-
renta (ibíd. 4) Y Sócrates era aún muy joven (127 e 4). Si, teanos, sino también con los «partidarios de la totalidad in-
como se hace ver en el diálogo, Sócrates había llegado ya móvil», entre los cuales nombra a Melisa y a Parménides.
a la teoría de las Ideas e incluso había reflexionado mucho En 183 e 5-184 a 1, califica a Parménides de «venerable e
sobre ella, parece que la edad atribuida no podría ser de me- imponente figura» y de poseedor de «una especie de pro-
nos de veinte años. Ahora bien, teniendo en cuenta que Só- fundidad enteramente noble». En el Parménides desempe-
crates había nacido en el 469, se seguiría del texto de Pla- ña, como hemos visto, el papel principal. En el Sofista y
tón que el nacimiento de Parménides no habría sido ante- el Político (que presenta como continuaciones del diálogo
rior a c. 515, ni el de Zenón anterior a c. 490. Sin embar- iniciado en el Teeteto) 17 será un miembro de la escuela
go, las fechas de nacimiento tradicionalmente asignadas a eleática quien interprete el principal papel.
Parménides y Zenón son 544-540 Y 504-500, respectiva- Así pues, estos cuatro diálogos están vinculados entre sí
mente. por varias contrarreferencias y, también, por un mero in-
En el caso de que Parménides y Sócrates se hubieran en- terés acerca de la filosofía eleática. Parecería lógico, a pri-
contrado en alguna ocasión, no creemos que hubieran te- mera vista, considerados como un grupo unitario y pensár,
nido una conversación como la del diálogo. No nos consta al propio tiempo, que el interés de Platón por el Eleatismo
en absoluto que Parménides fuera capaz de una discusión había sido estimulado por el encuentro con miembros de
dialéctica como la de la última parte del diálogo, y es to- la escuela, en la Magna Grecia, en su viaje a Sicilia del 367
talmente improbable que a los veinte años Sócrates estu- a. c., aproximadamente. Sin embargo, desde el punto de
viera en posesión de la teoría de las Ideas, tal como se le vista lingüístico, los cuatro diálogos forman dos grupos muy
representa en la «primera parte». Y si es imaginario el diferenciados. El Parménides yel Teeteto están próximos
transcurso del diálogo, no hay razón para considerar histó- a los más recientes libros de la República y al Fedro, mien-
rica la escena. Es verdad que Burnet y Taylor impugnan la tras que el Sofista y el Político se aproximan más al Timeo
datación tradicional de Parménides y Zenón, por estar apo- y al Filebo. La mejor explicación de esto sería suponer lo
yadas en supuestos arbitrarios. Lo han hecho así, porque siguiente: entre los dos primeros y los dos últimos diálo-
han dado crédito a la «biografía» socrática por parte de Pla- gos medió el periodo de tiempo en el que Platón realizó
tón. Para nosotros tal criterio es inadmisible y el encuen- la segunda visita a la corte de Dionisio de Siracusa, en el
tro ficticio. Si bien, tanto en el Teeteto (183 e 7) como en 367-6, con la consiguiente desviación de intereses.
el Sofista (217 c 4'-7) Sócrates dice de sí mismo que, siendo Al mismo tiempo, el cambio que hay entre la firme ex-
joven, conoció a Parménides. Sobre la base de que la con- posición de la teoría de las Ideas en la República y su pre-
versación del Parménides es ficticia, pensamos que esas alu- sentación problemática en el Parménides, parece implicar
siones no son de un encuentro real, sino del encuentro fic- un lapso de tiempo entre la terminación de aquella y la re-
ticio descrito en este diálogo. 'j dacción de éste. Finalmente, los aspectos mencionados en
d) Las únicas alusiones claras, aunque insignificantes, a b) se explican con cualquiera de estos dos supuestos: o que
los eleáticos en los diálogos anteriores a estos cuatro, se en- la primera parte del Parménides se escribió antes que el
cuentran en el Banquete 178 b 9 y en el Fedro 261 d 6. Por Teeteto, y la segunda después, o que el Teeteto simplemen-
el contrario, hay tres alusiones en el Teeteto. En 152 e 2, te enuncia un principio que Platón ya había aplicado en la
se menciona significativamente a Parménides como el úni- segunda parte del Parménides.
ea de «los sabios» que no suscribe la teoría de que <<nada
es nunca, sino que todas las cosas están siempre devinien-
17 Teeteto 210 d 3, So! 216 a 1, Po!. 257 a 1
do». En 180 d 7-181 b 5, expresa Platón su convicción de
22 23
7. Acerca del problema de las fechas relativas del Timeo bién alguno de los diálogos más cortos. Segundo, se sabe
y del Filebo, la opinión de los estudiosos está dividida bas- que Platón era un asiduo corrector de sus obras 22. Sus re-
tante equitativamente. Nada han hecho las pruebas lingüís- toques, que sugieren una fecha reciente, bien pudo hacer-
ticas para resolver el problema, y el conjunto de los demás los mucho después de la sustancia principal del diálogo en
argumentos propuestos por cada punto de vista no tiene que se realizaron.
mucha fuerza. Sin embargo hay un razonamiento que apun- Ante estas dificultades, el orden de los diálogos que pue-
ta clara, aunque no decisivamente, en una dirección. La de- de proponerse, por fuerza, ha de ser muy provisional. He-
rivación de los números ideales del Uno y de lo «grande y chas estas salvedades, doy, en calidad de probable, la si-
pequeño», de la que tanto nos informa Aristóteles y que, guiente ordenación 4e los diálogos más tempranas que con-
sin duda, corresponde al último periodo de Platón, se ajus- ciernen a la teoría de las Ideas, y también de las obras más
ta mucho más al «límite» y lo «ilimitado» (o lo «mayor y recientes.
menor») del Filebo que a cualquier cosa del Timeo. Me pa-
Nacimiento de Platón, 429-427
rece que esto nos decide a considerar el Filebo posterior al Cármides
otro 18.
Los datos precisos acerca del momento de redacción de Laques
Butilrón
cada diálogo en particular son muy escasos. El Menéxeno,
una oración fúnebre sobre los muertos en la batalla, no Hipias Mayor
Menón
pudo escribirse antes del 390, y lo más verosímil es que se
haya escrito después de la paz de Antálcidas, en el 386. El Primera visita a Sicilia, 389-388
Banquete hace referencia a un suceso del año 385 Ó 38419; Crátilo (?)
el Teeteto20 a uno del año 369; las Leyes21 a uno del año Banquete, 385 ó más tarde
356, aproximadamente. La habilidad e ingenio de los estu- Fedón
diosos han descubierto muchas pruebas que sugieren lími- República
tes de datación para éste o aquél diálogo, pero ninguna de Fedro
esas conjeturas se aproxima a la certeza. iarménides
Hay dos requisitos~generales que ha de tener presentes" Teeteto, 369 ó más tarde"
cualquiera que trate de determinar el orden de los diálo-
gos. Primero, la composición de cada una de las obras lar- Segunda visita a Sicilia, 367-366
gas, la República y las Leyes, debió ocupar un periodo de Solista
Político
algunos años, durante los cuales pudo haber escrito tam-
Tercera visita a Sicilia, 361-360
Timeo
]3 El Filebo es colocado después del Timeo también por Baeumker.
Prob!o d. Materie in d. gr. Philos. 114, 197; por Bury en su edición del Critias
Filebo, LXXX; por 1. A. Post en Trans. o/ the American Philological Filebo
Asm. LX (1929), 12; por C. Ritter en su 'último libro The Esence o/ Pla- Carta VII, 353-352
to's Philosophy, 27; por Robin, La Place de la Physique dans la Philos.
de Platon, 10 n. 2,; por Taylor, A Comm. on Plato's Timaeus, 9 n.; y por Leyes
Wilamowitz, Platon, T,628. Muerte de Platón, 348-347.
]9 193 a 3
20 142 a 6
2l 638 b 1 22 Dion. Halic. Comp. págs. 208-9
24 25
del nombre2• Pero en el Laques, y hasta mucho después de
la redacción del Laques, el objetivo de Platón no es el es-
tatuto metafísico de aquel1a entidad. Su objetivo es el que
caracterizó al propio ?ócrates: la respuesta a la pregunta
concreta e inmediata: ¿qué es el valor? Si bien ese interés
por el valor, tanto en Sócrates como en Platón, es doble.
Quizá principalmente haya un interés práctico. Tanto SÓ-
crates como Platón quieren saber qué es el valor, porque
están interesados en hacer valientes a sus conciudadanos.
Pero es asimismo característico de ambos que, a diferencia
II. Los comienzos de la teoría de los moralistas meramente prácticos, estén convencidos
de que sólo mediante el conocimiento de 16que es esta vir-
.tud, pueden los hombres llegar a ser auténticamente vir-
~ntre los. diál?gos tem.,:,r~~os, hay cuatro cuyo principal tuosos 3. AsÍ, a la finalidad práctica, se añadió una curiosi-
objeto es dlscut1r las defm1C1onesde determinadas cosas dad intelectual, suscitada por dos factores: que numerosas
El Cármides pregunta: ¿Qué es la templanza?; el Laques: cosas muy diferentes son ejemplos de valor4 y que otras
¿qué es el valor?; el Eutifrón, ¿qué es la piedad?; el Hipias muchas cosas que tienen mucho en común con aquellas no
Mayor, ¿qué es la belleza? En esa misma pregunta ya está son, a pesar de todo, ejemplos de valor 5. Fue esta combi-
latente el germen de la teoría de las Ideas, ya que pregun- nación de objetivos la que condujo a la doctrina metafísica
tar eso es sobrentender que hay una cosa representada por de las Ideas. Cabe añadir que, aunque en el Laques y en
una palabra como «templanza», y que es diferente de cual- otros diálogos tempranas, el asunto principal sean los tér-
quiera de las muchas personas o acciones que puedan l1a- minos éticos, ya advierte Platón, al hablar de la naturaleza
marse correctamente templadas. común de la rapidez, que la relación entre lo universal y
En el Cármides Platón no se interesa tanto como en los 10 particular no se limita a los términos éticos.
otros tres diálogos, por el aspecto más tran;cendental de Platón no discute las implicaciones que alberga una cues-
la .determinación de una virtud concreta. Esto es una ra- tión como «¿qué es el valot?», pero no es difícil ver cuáles
zón, aunque no decisiva por sí misma para considerar ese son 6. En primer lugar, implica que no sólo se da la palabra
diálogo el más temprano de los cuatr~. «valor», ni simplemente la palabra y el pensamiento del va-
Los gérmenes de la tern:Ía de las Ideas resultan más cla- lor, sino que también existe una cosa real cuyo nombre es
ros en el Laques. En este diálogo 1,después de enumerar di- «valor». [Link] lugar, implica que es una cosa y no
versas circunstancias en las que puede manifestarse el va- varias. Platón era consciente de que la significación de un
lor, Sócrates pregunta: «¿qué es 10 que está en todas estas nombre podía ser ambigua, aunque tal caso fuese más bien
cosas y es 10 mismo?», dando a entender, por tanto, que
hay algo que es lo mismq. Sigue idéntico procedimiento en
192 a l-b 3 con respecto a la rapidez. Aquí está en germen 2 Rep. 596 a 6
la t~oría, d~ que a todo nombre común le corresponde una 3 Laq. 190 b 3-c 2
4190e7-191e8
entIdad umca, a la que se hace referencia en todos los usos 5 192 b 9-193 d 10
26
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infrecuente. No advertía los diversos matices de significa- para el que designaban un modelo o figura geométrica. La
do que pue~e c~ntener hasta la palabra más simple. En ter- serie de citas que aduce Taylor fue supervisada por C. M.
cer lugar, lmphca que el valor es una cosa compleja sus- Gillespie, quien llegó a una conclusión diferente. Esta es la
ceptible de ser analizada en elementos. De no ser así la conclusión de Gillespie 9:
cuestión «¿qué es el valor?» sería estúpida, ya que la ú~ica «En tiempos de Sócrates, las palabras ... tienen dos acep-
respuesta [Link] sería que el valor es el valor. Las ~espues- ciones en el vocabulario científico. La primera es princi-
tas que contInuamente da a cuestiones de este estilo reve- palmente física, pero sin asociaciones matemáticas. Incluye
lan que, en principio, Platón concebía -tal como hizo ex- muchos niveles de significación, que van desde el popular
plícitamente Aristóteles-, que la definición era un análi- al técnico: la forma de un objeto corpóreo (en ocasiones de-
sis per genus et differentiam. Pero no hablará expresamen- signa al objeto corpóreo mismo, como nuestras palabras
te de esto hasta el Sofista. «forma» y «figura», pero siempre se distingue de a&¡.tcx).
Probablemente el Butifrón sea el primer diálogo en el" A veces, la forma exterior visible o figura. A menudo, la
que aparecen las palabras lOÉcxy ¿lOO~,con el sentido es- forma interior, la estructura, naturaleza, <púc:n~, un concep-
peci~l plat~nic? 7. Los pasajes son estos: ? d 1-5 «¿Es que to específicamente físico. Con frecuencia, el uso del térmi-
lo plO en SI mIsmo no es una sola cosa en sí en toda ac- v no se extendió a la naturaleza de los objetos incorpóreos.
ción, y por su parte lo impío no es todo lo contrario de lo Por ejemplo, en un tratado de retórica, en el que casi, si
pío, pero igual a sí mismo, y tiene un solo carácter (loÉcx) no totalmente, se llega a la noción metafísica de esencia,
conforme a la impiedad, todo lo que vaya a ser impío?» mediante una ligera tras posición. La segunda es semilógi-
6d 9-e6: «¿Te acuerdas de que yo no te incitaba a exponer- ca, clasificatoria. Se usa especialmente en contextos como
me uno o dos de los muchos actos píos, sino el carácter «hay cuatro formas o clases» de algo, sea una sustancia
( doo~) pr~pio. por el que todas las cosas pías son pías? como lo «húmedo», o una enfermedad o cualquier otra
En efecto, tu afirmabas que por un solo carácter (loÉcx) las cosa ... En esta dirección evolutiva, la significación más re-
cosas impías son impías, y las cosas pías son pías ... Expón- ciente de species no será más que una mera [Link] consecu-
me, pues, cuál es realmente ese carácter (loÉcx), :3 fin de tiva. Taylor ha demostrado que doo~ tenía e1sentido de «fi-
que, dirigiendo la vista a él y sirviéndome de él como me- gura» o «modelo» geométrico. Pero no hay ninguna prue-
aida~ pueda yo decir que es pío un acto de esta clase que ba de que este sentido fuera un factor determinante de las
realices ,tú u otra persona, y si no es de esta clase, digá que demás evoluciones. Más bien, parece que se trata de un de-
no es PIO». sarrollo colateral.
,~anto d?o.t; como lOÉcxderivan de lOci'v,«ver», y el sig- Los dos usos que especifica Gillespie son desarrollos bas-
mÍ1cado ongmal de ambas palabras es «forma visible». En tante lógicos del significado original. Teniendo en cuenta
Varia Socratica8 hizo Taylor un extenso estudio sobre esas que la vista es nuestro sentido más informativo, no es ex-
palabras ~~ la literatura griega anterior a Platón. Llegó a traño que palabras cuyo significado original fuera forma vi-
la concluslOn de que el uso que de esos términos hace Pla- sible llegaran a significar naturaleza visible y, posterior-
tón, y algún otro autor, tiene su origen en el pitagorismo, mente, naturaleza en general, para terminar designando
«una clase distinta por naturaleza de las demás».
H. C. Baldry ha sugerido 10 que el uso platónico de los.
7 Ross traduce casi siempre doo¡; e iQ¿C( por «Form», Forma. En las
términos doo~ lOÉcx,es decir «el principio fundamental de
traducciones castellanas, esos términos se traducen de modo diverso' idea
fi~ura, clase.;. Para mayor claridad y cohesión, se pondrán esos tér~ino~
gnegos de tras de cada palabra castellana que los traduce. 9 Class. Quart. VI (1912), 179-203
8 178-267 10 Class. Quart. XXXI (1937), 141-5
28 29
la metafísica de Flatón», fue el resultado de la fusión de la Para que podamos juzgar el valor de las distinciones que
enseñanza de Sócrates sobre los valores morales con la doc- hace entre los sentidos 2., 3., 4. y 6., examinaremos algu-
trina pitagórica acerca de los números-modelos. Si bien, no nos ejemplos típicos. Ritter considera que en algunos pa-
sabemos mucho sobre la historia del pitagorismo, ni sobre sajes no es fácil determinar en cuál de esos sentidos se usa.
la datación de las sucesivas etapas de su desarrollo. Igno- Por eso, escojo algunos pasajes a los que les aplica, sin va-
ramos si en tiempos de la juventud de Platón los pitagó- cilación, un significado u otro.
ricos llamaban a los números-modelos Eioll o iMea. Asimis- Sentido 2., Menón 72 d 7: «¿Te parece que una es la sa-
mo ignoramos si Platón había visitado Italia antes del 389 lud del hombre y otra la de la mujer? ¿O es en todos los
ó 388 a. c., pero sí estamos bastante seguros de que los pri- casos de la misma forma (cíbO<;),siempre que sea salud, ya
meros diálogos en los que aparece la teoría ideal fueron es- esté en el hombre, ya en cualquier ser?».
critos antes de esa fecha. Aunque Aristóteles diga que Pla- Sentido 3., Menón 72 c 6 «Pues así ocurre también con
tón asignó a las Ideas el mismo tipo de función que los pi- las virtudes: aunque, también son muchas y de diversas cla-
tagóricos asignaron a los números 11 y que, posteriormen- ses, en todo caso una única y misma forma (d80<;) tienen
te, identificó las Ideas con los números 12, no insinúa, sin todas, gracias a la cual son virtudes, y que es lo que está
embargo, que los números-modelos tuvieran alguna in- bien que tenga en cuenta, al contestar a quien se lo haya
fluencia en el inicio de la teoría ideal. Ciertamente, nada pedido, quien explica lo que es la virtud». .
hay en los diálogos tempranas que sugiera esto. Más bien Sentido 4., Fedón 104 e 1: «Luego nunca llegará al tres
parece que fueron las investigaciones socráticas sobre «qué la idea (iMa) de par».
es la virtud~), «qué es el valoD>,etc., las que influyeron para Sentido 6., Fedón 102 a 11: «Según creo, una, vez que se
que Platón admitiera la existencia de universales quecons- pusieron de acuerdo con él en esto, y se convino e? .que
tituÍan una clase especial de entidades, a las que denominó cada una de las ideas (Eioll) era algo y que, por partIC1par
c{óo<;o {bta. Respecto a estos términos, la originalidad en estas, las demás cosas reciben de ellas su nombre».
de Platón no está en que los use -ya se usaban en el grie- Si examinamos no sólo estos pasajes, sino también su
go ordinario con el sentido de «cualidad» o «característi- contexto, nos convenceremos de que, en todos los casos,
ca»-, sino en el status que atribuyó a las cosas que desig- Platón designa una y la misma cosa. En ninguno habla de
M~ . .. conceptos o del «contenido de los conceptos», sino de algo
Para el uso platónico de esas palabras, tenemos un estu- que considera perfectamente objetivo, que existe por dere-
dio exhaustivo en Neue Untersuchungen13 de Ritter. Este cho propio y no porque pensemos en él. El intento de Rit-
autor distingue 14 seis sentidos: ter, al distinguir cuatro sentidos, es producto del concep-
1. La apariencia externa tualismo del siglo XIX que distaba mucho del realismo in-
2. La constitución o condición genuo de Platón.
3. «La característica que determina el concepto» Respecto al uso que hace Platón de ambas palabras,doo<;
4. El concepto mismo e iOÉa,podemos decir: primero, tienen no pocas veces el sig-
5. El genus o species nificado original de «forma visible»; segundo, las usa en
6. La realidad objetiva que subyace a nuestro concepto. los diversos sentidos no técnicos que también encontramos
en escritores anteriores; tercero, tienen el sentido técnico
lJ Met. 987 b 9-13 de «Idea» y «clase».
12 1078 b 9-12 cfoo<;tiene frecuentemente el significado de «clase» en el
13 228-:'26 Fedón y en los diálogos posteriores, con excepción del Par-
14 ¡bid. 322
ménides. Raras veces usa la palabra i8Éa -la más gráfica
30 31
de las dos- en ese sentido y la prefjere para los pasajes condiciones, sino d~ qué naturaleza es la característica que
más coloristas e imaginativos.' Además de esas palabras, significa la palabra «belleza».
Platón empleará tambiénouO"íCly<pócrt~para referirse a una El pasaje citado de Hipias Mayor proporciona uno de los
Idea, así como y¿vo~ (en el Solista) y f:vci~y I·LOV&~ (en el primeros ejemplos de la expresión c(t'Yr() 1Ó, que llegó
Filebo). a ser uno de los estereotipos para mencionar una Idea. La
En el Hipias Mayor 286 c 5 se nos da una interesante expresión se repite en otras páginas del diálogo 17. Asimis-
indicación de lo que influyó en Platón para que se intere- mo aparece d80~en 289 d 4 y en 298 b 4.
sara por las definiciones: «Recientemente, Hipias, alguien En este periodo la relación entre la Idea ylo particular
me llevó a una situación apurada en una conversación, al es considerada simplemente como la que se da entre lo uni-
censurar yo unas cosas por feas y alabar ~tras por b~llas, versal y lo particular. No se tiene en cuenta todavía que lo
haciéndome esta pregunta de un modo msolente: ¿De particular es un malogrado ejemplo de la Idea. La Idea de
dónde sabes tú, Sócrates, qué cosas son bellas y qué otras belleza es, «lo idéntico que hace ser bellos los placeres de
son feas? Vamos, ¿podrías tú decir qué es lo bello?"» la vista y el oído, algo común que se encuentra en uno y
Lo que llevó a Platón a interesarse por la definición fu~, otro conjuntamente y en cada uno de los dos separadamen-
a tenor de esa indicación, el convencimiento de que nadIe te» 18. Con esto se da a entender que las cosas individuales
puede aplicar correctamente una palabra, a menos que dis- no son siempre, ni en todas las relaciones, ejemplos de los
ponga de una noción general sobre su significado. Con ello, mismos universales así en algunas relaciones el oro no apa-
no señala sólo, como dice a menudo, los casos de respuesta recerá más bello que la madera de higuera 19. Pero nada se
inválida al problema de la definición, ya que no podemos dice aquí de que ningún particular sea nunca un auténtico
estar seguros de discernir los casos válidos si ~ntes no co- ejemplo de una Idea, ni que la Idea sea un modelo o límite
nocemos la definición. Lo que señala, en reahdad, es que más bien que un universal, ni que la relación de lo indivi-
el conocimiento de la connotación debe preceder al cono- dual con ella sea de imitación y no de participación.
cimiento de la de notación. «Explícame, adecuadamente, Hay un pasaje de Hipias Mayor2o que parece evidenciar
-le dice Sócrates a Hipias-, qué es lo bello en sí mismo una fase de desarrollo de la teoría de las Ideas superior a
(cdyró fa KClAÓV)>> 15. La pn~gunt~ encierra ~H:_a.
~iert.a am- la [Link] o Eutif[ó[Link].búsqueda de _una respuesta
bigüedad, de la que Platón, quizá, no fue consClente. Puede a la pregunta de «¿qué es lo bello?», Sócrates sugiere que
significar: «¿Cuál es la característica que designa la palabra es lo agradable captado por el oído o la vista, y agrega que
"bello"?»; también: «¿cuál es la característica o conjunto la palabra «bello» es aplicable tanto a ambas formas de lo
de características que, además de la belleza, ha de tener una agradable, como a cada una por separado.Sócrates le re-
cosa para ser bella?» Si bien la expresión lo «bello en sí» plica que hay muchas excepciones, por ejemplo, el término
apunta a la primera i~terpret~ció?-. La cual viene ap,oyada, «uno» sólo es aplicable a una cosa cada vez y no a dos a la
también, por un pasaje del Carmtdes16, en el que Socrates vez, mientras que «dos» es aplicable a ambas cosas a la vez
hace una cuestión equivalente sobre /c;kautocontrol o sen- y no a cada una. Además cada cosa es impar y no par, mien-
sate2: «hemos sido derrotados en toda la línea y no pode- tras que ambas a la vez son pares y no impares. El pasaje
mos encontrar sobre qué cosa se apoyó el legislador que es- es interesante en dos sentidos: primero prefigura el pro-
tableció nombre de sensatez». Lo que desea saber Sócrates
no es, entonces, la relación que hay entre la belleza y sus 17 288 a 9, 289 e :>, 292 e 9; Prot. 360 e 8 quizá sea anterior.
18 300 a 9-b 1
lj 286 d 8 19 291 e7
16 175 b :> 20 300 d 5-302 b 3
32 33
blema suscitado en el Parménides acerca de si es la totali- ción, sino que son en sí y con relación a su propio ser con-
dad de cada Idea o sólo una parte la poseída por sus res- forme a su naturaleza» [Link] a pesar de que aquí figure
la palabra oucrílX y de que en otra página del diálogo se
pectivos individuos. Segundo, revela un prístino interés por
las Idt:as de número, que absorbieron el último periodo de diga que la Idea es el ser (oucríIX)de sus particulares, erra-
la v'ida de PlatÓn. ríamos, quizá, si pensamos que se hacen referencias distin-
En el Menón hay muchas referencias a las Ideas median- tas a la teoría de las Ideas. Por oocrílXde una cosa parece
te las denominaciones de oucríow doo<;. En este diálogo to- que Platón entiende aquí su naturaleza real e íntegra, en
davía se insiste en la inmanencia de las Ideas en los par- cuanto opuesta a la naturaleza que le puede adscribir la opi-
ticulares: «Todas las virtudes tienen una única y misma for- nión humana. Pero Platón nunca pensó que ninguna Idea
fuera la naturaleza integra de ninguno de ,sus ejemplos. Una
ma (t:l80~»>[Link] una frase en esta obra que pudo ser el
acción particular justa, por ejemplo, posee algo que la dis-
origen del término aristotélico KIXOóAoD y de nuestro tér-
mino «universal». La frase es: «diciéndome, en general tingue de otras acciones justas, y ese algo tiene que ser dis-
tinto de la Idea de justicia. Hay otras referencias a las
(KIX1 & ÓAOl)),qué es la virtud» [Link] ausente del Menón sor-
Ideas 25,pero nada nuevo aportan, si no es para marcar una
prende más que lo presente, por ejemplo, que no se haga
neta oposición a la doctrina de Heráclito sobre el flujo uni-
ninguna conexión entre ~as Ideas y la do:tri~a d~ ~a anám~
nesis. No sólo no hay nmguna referenCla, lmphClta o ex- versal. Como dice Aristóteles 26, Platón acepta la doctrina
plícita, a las Ideas cuando trata de la anámnesis 23,sino que d~ Heráclito en relación con las cosas sensibles, pero ad-
además el método por el que el joven esclavo descubre que VIerte que hay cosas no sujetas al flujo.
un cuadrado tiene doble superficie que otro, es un método Hay una página del Crátilo 27que nos puede parecer un
avance en cuanto a la trascendencia de las Ideas. Dice SÓ-
puramente empírico. Admitirá que un cuadrado hecho so-
bre la diagonal de otro tiene ,un área dos veces mayor que crates: «¿En qué se fija el carpintero para fabricar la lan-
este, no porque haya captado ~?a r:lación entre u~üversa- zadera? ¿No. será en lo que es tal como para tejer por na-
turaleza? ... SI se le rompe la lanzadera mientras la fabrica,
les, sino por mera comprobaClon Visual. Cas? eqU1va~ente
es el de ciertos triángulos cuyas áreas respectIvas son Igua- ¿volverá a fabricar otra fijándose en la que está rota o en
les á la mitad de un cuadrado dado y que forman entre sí aquella forma conforme a la cual ya fabricaba la que rom-
pió?». y continúa describiendo qué es exactamente una lan-
la figura de un cuadrado, que no lo admite porque así deba
ser, sino por mero testimonio de la vista. Tendr:~os que zadera o la Forma de la lanzadera. Podría parecer que se
esperar al Fedón para que se establezca la relacl0n entre alude a una Forma de lanzadera que se puede contemplar
las Ideas y la anámnesis. En el Menón la teoría de las Ideas [Link] existe [Link] de su incorporación en una lanzadera par-
tIcular. EfectIvamente, no podría haber invención de lalan-
no da un paso más que en los diálogos anteriores.
El Crátilo desempeña un importante papel en el desa- zadera si lo que mirara el fabricante al hacerla fuera nece-
rrollo de la metafísica platónica. En este diálogo es donde sariamente un universal abstraído de las lanzaderas parti-
más explícitamente se opone al subjetivismo completo. In- culares. Aunque parece que Platón está pensando en una
siste en que «las cosas poseen un ser propio cons~stente. Forma de lanzadera que existe por derecho propio, antes
No tienen relación ni dependencia con nosotros m se de- de su incorporación en materiales particulares, no le ads-
jan arrastrar arriba y abajo por obra de nuestra imagina-
24 386 d 8-e 4
25 389 d 6-7, e 3,439 ( 8
21 72 ( 7; cfr. 74 a 9
26 Met. 987 a 32-b 1
22 77 a 6
27 389 a 6-( 1
23 81 a 5-86 b 5
34 35
cribe, sin embargo, una existencia transcendente. De he- manera ... Pero es razonable sostener que ni siquiera existe
cho, continúa hablando de lo que hace un carpintero ex- el conocimiento, Crátilo, si todas las cosas cambian y nada
permanece. Pues si esto mismo, el conocimiento, no deja-
perto para incorporar la Forma en materiales particula-
ra de ser conocimiento, permanecería siempre y sería co-
res 28. Su concepción de que una Idea nunca está perfecta-
nocimiento. Pero si, incluso, la forma misma de conoci-
mente ejemplificada sino tan sólo imitada, pertenece a una miento cambia, simultáneamente cambiaría a otra forma
fase ulterior de su pensamiento. La interpretación de que de conocimiento y ya no sería conocimiento. Si siempre
la Forma existe con anterioridad a su incorporación, quizá está cambiando, no podría haber siempre conocimiento y,
no sea la única posible. Decir que el carpintero contempla conforme a este razonamiento, no habría ni sujeto, ni hay
la Forma no significa necesariamente que la Forma sea objeto de conocimiento; si existe lo bello, lo bueno y cada
preexistente, como al decir que aspiramos a un fin no pen- uno de los seres, es evidente, para mí, que lo que ahora de-
samos que ese fin eXIsta ya. ci.m<;>s
nosotros no se parece en absoluto al flujo ni al mo-
V1m1ento.
El pasaje del Crátilo que más atañe a nuestro propósito
se encuentra al final del diálog029• Según Aristóteles, con
Es esta la primera vez que aparece, de modo claro, el ar-
el que primero se relacionó filosóficamente Platón fue co.n
el heracliteo Crátilo. De esa relación conservó la creenCIa gumento que parte de la existencia del conocimiento para
llegar a la existencia de objetos no sensibles e inmutables.
de que todas las cosas sensibles están en constante flujo.
Por influencia de Sócrates llegaría a pensar que, siendo mu- A este lo llama Aristóteles 31 el argumento «desde las cien-
dables, las cosas sensibles no debían ser el objeto del co- cias», así como al que aparece en diálogos anteriores lo de-
nomina el argumento del «uno sobre muchos».
nocimiento, sino algo distinto de ellas. Y es esto lo que en-
contramos en el Crátilo 30: Donde primero aparece una declaración nítida de la tras-
cendencia es en un pasaje del Banquete32•
No es a partir de los nombres, sino que hay que.cónocer
y buscar los seres en sí mismos más que a part1r de los El que hasta aquí ha sido educado en las cuestiones amo-
nombres ... ¿diremos que hay algo bello y bueno en sí, y lo rosas ... adquirirá de repente la visión de algo que por na-
mismo con cada 'uno de los seres, o no? .. Consideremos, turaleza es admirablemente bello, aquello precisamente~ ..
entonces,la cosa en sí. No si hay un rostro hermoso o algo que en primer lugar existe siempre, no nace ni muere, no
por el estilo ..., sino si vamos a sostener que lo bello en sí crece ni decrece; que en segundo lugar no es bello por un
es siempre tal cual es... ¿Cómo, entonces, podr~a tener al- lado y feo por el otro, ni tampoco unas veces bello y otras
guna existencia aquello que nunca se mant1ene 19ual? Pues no, ni bello en un respecto y feo en el otro, ni aquí bello
si un momento se mantiene igual, es evidente que, duran- y altC'feo, de modo que sea para unos bello y para otros
te ese tiempo, no cambia en absoluto. y si siempre se man- feo. Tampoco se mostrará a él la belleza, pongo el caso,
tiene igual y es 10 mismo, ¿cómo podría ello cambiar o mo- como un rostro, unas manos, ni ninguna otra cosa de las
verse, si no abandona su propia forma? .. Pero es ~ás, t~m- que participa el cuerpo, ni como un razonamiento, ni como
poco podría ser conocido por nadie. Pues en el m1smo lfiS- U? conocimiento, no como algo que exista en otro ser, por
tante en que se acercara quien va a conocerlo, se conver- ejemplo, en un viviente, en la tierra, en el cielo o en otro
tiría en otra cosa distinta, de forma que no podría cono- cualquiera, sino la propia belleza en sí que siempre es con-
cerse qué cosa es o cómo es. Ninguna clase de conocimien- sigo misma específicamente única CXl)'t"O KCXe'cxt)'t"() j.!E8'o:lrr:oG
j.!OVOClO¿<; &d óv), en tanto que todas las cosas participan de
to, en verdad, conoce cuando su objeto no es de ninguna
ella en modo tal, que aunque nazcan y mueran las demas,
28 )89 e 3-6; cfr. 390 b 1-2
29 439 b 4-440 e 1 31 lbíd. 990 b 11-14
30 Met. 987 a 32-b 7 32 210 e 2-211 b 5
36 37
no aumenta ella en nada, ni disminuye, ni padece nada en
absoluto.
1 65 d 4-66 a 8
2 74 a2
3 73 e9
4 73 d 5-10
5 74 a 5-7
39
38