Una vez, al filo de una lúgubre medianoche,
Mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
Inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada doctrina,
Cabeceando, casi dormido,
Oyóse de súbito un leve golpe,
Como si suavemente tocaran, tocaran en la puerta de mi cuarto.
“Es —me dije musitando— un visitante golpeando quedo en la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! Distintamente lo recuerdo: era en el crudo invierno,
Y cada brasa moribunda dejaba en el suelo un reflejo.
Ansiaba el nuevo día; en vano procuraba
Sacar de mis libros un descanso a la tristeza,
Tristeza por la pérdida de Leonora,
La única, virgen radiante Leonora,
Por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre… nunca más.
Y el crujir triste, vago, incierto de las rojas cortinas,
Llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos.
Y por calmar el pavor que en mí tenía, repetía:
“Es un visitante a deshora que a mi cuarto quiere entrar;
Un visitante a deshora que a mi cuarto quiere entrar;
Eso es todo, y nada más.”
Mas, mi alma cobró bríos, y sin titubear ya:
“Caballero —dije— o dama, en verdad vuestro perdón imploro;
Mas el caso es que dormía, cuando tocasteis quedo,
Tan quedo llamasteis, llamasteis a la puerta de mi cuarto,
Que dudé si os había oído.”
Dije, y fuerte abrí la puerta:
Sombras sólo, y nada más.
Fijamente en aquella sombra hondo miré, temeroso,
Soñando sueños que ninguno osó jamás soñar.
Mas el silencio inmutable y la calma no turbada
Dieron sólo por respuesta la palabra “Leonora”
Que yo mismo susurrara,
Y “Leonora” repitió el eco apenas murmurando.
Eso fue todo, y nada más.
A mi cuarto retornando con mi alma enardecida,
Poco después otro golpe resonó con más ruido.
“Sin duda —dije— sin duda alguna cosa hay en la reja de mi ventana.
Vamos, pues, a ver qué es ello,
Y el misterio a descubrir;
¡Mi corazón calme un instante, y el misterio a descubrir!
Es el viento, y nada más.”
Abro al punto la ventana,
Y con ágiles revuelos
Entra un cuervo majestuoso de los santos tiempos idos.
Sin asomos de respeto,
Ni un instante queda inmóvil,
Y con aires de gran señor o de gran dama,
Va y se posa en un busto de Palas,
Que hay encima de la puerta de mi cuarto.
Va y se posa, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano,
Induciendo a mi triste imaginación a sonreír,
Por la grave y severa fisonomía de su rostro,
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
No eres un cobarde, hórrido cuervo,
Viejo y torvo cuervo vagando lejos de la orilla nocturna.
Dime cuál es tu nombre en la región plutónica.”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto asombro me causara
Oír hablar tan claro a un ave,
Aunque poco significado y razón tenía lo dicho,
Pues jamás hubo ser humano que viera antes
Ave alguna sobre la puerta de su cuarto,
Ave o bestia sobre un busto esculpido en la puerta de su cuarto,
Con tal nombre: “Nunca más.”
Mas el cuervo fijo, inmóvil, en el busto todavía,
Sólo profiere esa frase,
Como si en ella su alma exhalara.
No profiere más palabra,
No mueve un solo ápice,
Hasta que casi murmurando,
Yo musito: “Otros amigos han volado antes;
Mañana él también me dejará, como mis esperanzas han volado.”
Y el ave dijo: “Nunca más.”
Al oír respuesta tan precisa,
Dije entonces: “Eso que dice es lo único que sabe,
Lo aprendió de algún amo infortunado
A quien desastre impío persiguiera sin cesar,
Hasta que su canto sólo tuvo un estribillo,
Hasta que el clamor de su esperanza sólo llevó ese estribillo
De ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el cuervo arrancó aún más mi alma a la tristeza,
Sonreí, acerqué un mullido asiento
Frente al ave, el busto y la puerta,
Y sobre el terciopelo hundiéndome,
Enlazando un pensamiento con otro,
Pensé qué quería este ominoso pájaro
De los tiempos tenebrosos,
Con su ronco “Nunca más.”
Esto cavilaba, sentado sin pronunciar palabra,
Sin que mi alma aventurara su pregunta
A aquel ser de ojos de fuego que me quemaba el pecho.
Esto y más cavilaba,
Con la cabeza reclinada sobre el terciopelo azul,
En cuya luz meciéndose,
Ella no oprimirá, ¡ay, nunca más!
Pareció entonces el aire tornarse más denso,
Aroma de incienso exhalado por serafines cuyas pisadas
Tintineaban en el suelo alfombrado.
“¡Miserable! —exclamé—, tu Dios te ha dado por ángeles enviados
Calma, calma y nepente en el recuerdo de Leonora!
¡Bebe, oh, bebe este dulce nepente,
Y olvida a tu extinta Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“Profeta —exclamé—,
¡Ser de mal agüero, profeta sí, seas ave o demonio!
Por ese cielo sobre nuestras cabezas,
Por el Dios que ambos adoramos,
Dile a esta alma entristecida
Si en el Edén lejano
Podrá abrazar a una santa doncella
Llamada Leonora.”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esta palabra nuestra señal de partida,
Pájaro o espíritu maligno!” —grité con gran furia—.
“¡Vuelve a la tempestad,
A la ribera plutónica de la noche!
¡No dejes pluma negra alguna
En recuerdo de tu vil mentira!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho,
Y tu figura de mi puerta!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el cuervo, inmutable,
Aún está, aún está posado
Sobre el busto pálido de Palas
Que hay encima de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
De los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara,
Que sobre él se derrama,
Proyecta en el suelo su sombra.
Y mi alma, fuera de esa sombra
Que flota sobre el suelo,
No podrá liberarse…
¡Nunca más!
Resumen y explicación de El Cuervo
"El Cuervo" de Edgar Allan Poe es un poema narrativo de tono oscuro y melancólico que
explora el dolor, la pérdida y la desesperación.
📖 Resumen:
La historia comienza con un hombre solitario, deprimido por la muerte de su amada
Leonora, que una noche de diciembre se encuentra leyendo en su habitación para tratar de
olvidar su tristeza. Mientras está sumido en sus pensamientos, oye un misterioso golpe en la
puerta. Al abrir, no ve nada más que la oscuridad.
Poco después, el sonido vuelve, esta vez en la ventana. Al abrirla, un cuervo negro entra
volando y se posa sobre un busto de la diosa Palas Atenea, que representa la sabiduría. El
hombre, sorprendido por la presencia del ave, le hace preguntas, pero el cuervo solo
responde con la palabra "Nunca más" (Nevermore).
El protagonista, atormentado por la pérdida de Leonora, empieza a interpretar la respuesta
del cuervo como un destino inevitable. Primero, se convence de que el ave solo repite lo
que ha aprendido. Pero a medida que sigue preguntando, cada respuesta de "Nunca más" lo
hunde en mayor desesperación. Le pregunta si hay esperanza en el cielo o si podrá
reencontrarse con su amada, pero el cuervo sigue repitiendo la misma frase, lo que lleva al
hombre a la locura.
En un arranque de furia, le ordena al cuervo que se vaya, pero este permanece inmóvil
sobre el busto. Al final, el protagonista acepta su destino: su alma estará atrapada para
siempre en la sombra del cuervo, condenada a la tristeza y la desesperanza.
🔍 Temas principales:
✔ La muerte y el duelo: El poema refleja el dolor insoportable por la pérdida de un ser
querido y la imposibilidad de superarlo.
✔ La locura: A medida que avanza la historia, el protagonista pierde la razón, atrapado en
su obsesión con el cuervo y su significado.
✔ El destino y la fatalidad: La repetición de "Nunca más" simboliza la inevitabilidad de
la muerte y la desesperanza.
✔ Lo sobrenatural: Aunque el cuervo podría ser un simple animal, en la mente del
protagonista adquiere un carácter casi demoníaco.
🤔 ¿Qué representa el cuervo?
El cuervo es un símbolo con múltiples interpretaciones:
🖤 La muerte: Su color negro y su llegada en la noche refuerzan la idea de que trae un
mensaje funesto.
📖 El conocimiento prohibido: Se posa sobre la diosa Atenea, lo que sugiere que revela
una verdad dolorosa.
🌀 La locura: El protagonista lo ve como una manifestación de su propio tormento mental.
En definitiva, El Cuervo es un poema que muestra el poder del duelo y la imposibilidad de
escapar del sufrimiento cuando la mente se obsesiona con el pasado. Es una obra maestra
del terror psicológico y la poesía gótica.