1- Apertura del acto:
Educador, gobernante, escritor y un viajero incansable, me refiero a Don Domingo
Faustino sarmiento, por quien estamos reunidos aquí y con esa emoción que a
todos nos embarga. Recordamos en este día un nuevo aniversario de la muerte de
este gran maestro argentino, cuya misión era “enseñar” a todos lo mismo para
que todos seamos iguales.
2- Presentación de las banderas de Ceremonias:
¡Salud! Bandera argentina, que el viento agita y levanta como queriendo volverte
al cielo del que bajarás.
Recibimos con un aplauso, a las banderas de ceremonias, portada por los
abanderado/a …………………..………………………..………….y sus escoltas …………
3- Himno Nacional Argentino:
Los versos escritos por López y Planes, hace tanto tiempo, siguen siendo hoy
cantados como la primera vez, con emoción, respeto y esperanza. En posición de
firme, entonemos el Himno Nacional Argentino.
Marcha himno a Formosa:
Palabras y sonidos, versos y acordes se levantan del alma de los habitantes
formoseños para cantarle a su pueblo. Seguidamente entonaremos las estrofas de
la Marcha Himno a Formosa.
4- Palabras alusivas:
Para recordar este nuevo Aniversario de Don Domingo Faustino sarmiento, hará
uso de la palabra el profesor/a . ………………………………………………
5- Minuto de silencio:
Ahora honremos en este día a este gran maestro argentino, haciendo un minuto
de silencio.
6- Himno a Sarmiento:
Todos los argentinos, no dejamos nunca de cantarlo con gran emoción y respeto.
Entonemos ahora el Himno a Sarmiento.
7- Despedida de la Bandera de Ceremonias:
Como una reina fundida entre sus pliegues se retira nuestra bandera, confiada de
que sus hijos representados por esta niñez, y por esta juventud sabrán defenderla.
8- Números artísticos:
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09- Desconcentración:
Así damos por concluido este sencillo acto.
Discurso 11 de septiembre de 2022
Sra. Directora, Docentes, Padres y Alumnos:
Hoy rendimos homenaje a Domingo Faustino Sarmiento y a los maestros.
Recordamos que nació en los albores de la Independencia, allá, en san Juan, en la
casa de la higuera simbólica, en 1811.
Fue maestro, estadista, escritor y por sobre todo propulsor de la educación
pública. Su espíritu docente fue continuo e infatigable: no fue místico, fue un
hombre y por ello se equivocó muchas veces y otras tantas se rectificaba.
Con la vida de Sarmiento nos queda el recuerdo de un maestro en el más alto y
amplio sentido de la palabra: fue un defensor de la escuela pública dentro de un
país industrializado y desarrollado.
Decía en aquel entonces…la institución pública es una institución puramente
moderna, nacida de las discusiones del cristianismo y convertida en derecho por el
espíritu democrático de la sociedad actual. Hasta hace dos siglos había educación
para las clases gobernantes, para el sacerdote, para la aristocracia, pero el pueblo,
“la plebe” no formaba, propiamente hablando, parte activa de las naciones”.
La palabra democracia era una burla, donde el gobierno pospone o descuida
formar al ciudadano moral e inteligente.
Muy ciertas sus palabras y hoy siguen teniendo vigencia, pero además para que
esto se cumpla es importante también la labor de los educadores. Por eso, ahora,
un nuevo 11 de septiembre nos obliga poner la atención en los maestros
argentinos. ¿Cómo podríamos definirlos? Basta con mirar a nuestro alrededor para
encontrarlos luchando empedernidos de la educación para todos, defensores
acérrimos de la igualdad, promotores de grandes cambios sociales y padres
intelectuales de tantas mentes críticas y curiosas de nuestra sociedad.
¿Quién no tiene un maestro para recordar? Ellos permanecen en el inconsciente
colectivo, ya sea por sus enseñanzas, por su voluntad de trabajo o por educar
desde la coherencia en os de una sociedad justa e igualitaria.
En épocas de globalización de la economía y mundialización del mercado, ellos
revalorizan su rol, aquí u ahora, como “auténticos educadores” profesionales de la
labor docente, discernidores precisos de lo que sirve, estrategas diarios con sus
métodos y también con sus sueldos, creativos permanentes para sus alumnos y
para sus hogares, sobrellevando muchas veces la presión social, pero sin
traicionar sus ideales.
Es el día del Maestro, como siempre, hay motivos para celebrar pues la batalla
contra la negatividad, el miedo, el prejuicio y la ignorancia se pelea y se gana cada
día en el aula, desde los rincones del país, sólo con dos grandes aliados: un
maestro y el amor por os chicos. Nada más.