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Menemismo

El documento analiza la necesidad de mejorar la economía argentina en la década de 1989, enfocándose en el Plan de Convertibilidad implementado por Domingo Cavallo durante el gobierno de Carlos Menem. Se discuten los antecedentes y principios teóricos del plan, así como sus consecuencias, que incluyeron una reducción inicial de la inflación pero también un deterioro de la industria local y una crisis económica posterior. La conclusión sugiere que la privatización de empresas y el uso del dólar no resultaron en un futuro próspero para Argentina, contradiciendo las promesas del gobierno.

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Menemismo

El documento analiza la necesidad de mejorar la economía argentina en la década de 1989, enfocándose en el Plan de Convertibilidad implementado por Domingo Cavallo durante el gobierno de Carlos Menem. Se discuten los antecedentes y principios teóricos del plan, así como sus consecuencias, que incluyeron una reducción inicial de la inflación pero también un deterioro de la industria local y una crisis económica posterior. La conclusión sugiere que la privatización de empresas y el uso del dólar no resultaron en un futuro próspero para Argentina, contradiciendo las promesas del gobierno.

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ERA NECESARIO MEJORAR LA ECONOMÍA ARGENTINAS DEL ‘89

AUTORES:
ABEL AGUSTIN ARRIETA
ROCIO AYLEN MONTEROS

PROFESORA:
NOELIA GONZÁLEZ

INSTITUCIÓN:
INSTITUTO JUAN MANTOVANI

CURSO:
6°D
1

Introducción: 1
Desarrollo: 2
Capítulo I: Plan económico de la Argentina (1991-1999) 2
Principios teóricos y antecedentes del Plan de Convertibilidad 3
La convertibilidad 5
Las consecuencias de la convertibilidad 6
Capítulo II: Inicio de la privatización en la década de Menem 6
Empresas privatizadas o concesionadas 7
La importancia estratégica del programa privatizador 9
Conclusión: 12
Bibliografía: 12

Introducción:

Nuestro propósito sobre este trabajo, es lograr poder dar a la información si es que
realmente fue necesario el hecho de tener que privatizar las empresas argentinas, en esa época la
cual se tenía muy mal por la economía, en la que la inflación fue una de las más grandes que
tuvimos en el país y, que se le fue heredada a menem luego de ser presidente.

Es importante lograr conocer si es que fue una decisión acertada por parte de Domingo
Cavalo la de privatizar las empresas, y ver si fue como ministro de economía efectivo,con sus
decisiones, las cuales fueron medidas económicas polemicas, viéndolo en el dia de hoy con el 1 a
1 y las ventas de empresas Argentinas.

Nos pareció interesante el tema, porque trata sobre una década en la que muchos de
nuestros familiares, conocidos, pasaron esa época, y nos contaron de cómo pasaron situaciones
en las que, este sistema económico, afectó de manera deficiente y no prospera como el presidente
había dicho, para ese entonces prometiendo mucho de lo que no se logró.

Nuestra hipótesis es que creemos, que no fue efectivo ese estilo de manejo en el cual,
Domingo Cavalo vendió las empresas y creyó que el uso del dólar en argentina sería efectivo para

1
2

un futuro mejor, creyendo que seriamos el siguiente país en tener dólares estables cuando en
realidad solo decaía el peso haciendo el 1 a 1 y vendiendo nuestras empresas de maneras
descabelladas.

Desarrollo:

Capítulo I: Plan económico de la Argentina


(1991-1999)

Los primeros años de los gobiernos de Menem A fines de la década de los 80, el proceso
de acumulación basado en la valorización financiera comenzó a dar muestras inequívocas de
agotamiento. Este régimen de acumulación se había consolidado a partir de la reforma financiera
de 1977 y de la apertura comercial y financiera de 1979, y se había caracterizado por la violenta
redistribución del ingreso en contra de los asalariados durante la dictadura militar y con el rol del
Estado como canalizador de recursos a los sectores más concentrados del capital nacional y
extranjero, a través de subsidios como la promoción industrial, las transferencias al sistema
financiero y el pago de intereses a los titulares de la deuda externa

. Entre 1989 y 1990 se asistió a la quiebra definitiva del Estado, hecho reconocido de
inmediato por Menem. A través de un conjunto de políticas económicas que desembocaron en el
Plan de Convertibilidad, el gobierno justicialista intentó encontrar una salida a esta situación de
bancarrota, con la economía sumida en una brutal crisis hiperinflacionaria y recesiva, adaptando
sus políticas económicas a los intereses de los acreedores externos y de los grandes
conglomerados locales y extranjeros. La traumática experiencia de hiperinflación y recesión, junto
al deterioro de las cuentas fiscales, el elevado endeudamiento, el retroceso de las reservas y la
huida de capitales persuadieron a Menem a abandonar sus promesas electorales de “salariazo” y
“revolución productiva” y a buscar el apoyo de los principales agentes económicos, tanto internos
como externos. De esta manera, priorizando el retorno a la estabilidad, se produjo un viraje
violento hacia un programa económico neoliberal, que reflejaba los intereses del establishment, es
decir, las grandes empresas nacionales y extranjeras radicadas en el país, la gran banca nacional
y los representantes de los acreedores externos.

La búsqueda de credibilidad incidió en la selección de su primer ministro de economía. El


nombramiento de Miguel Roig y, ante el deceso de éste, de Néstor Rapanelli, ambos directivos de
la empresa Bunge y Born, implicaba un reconocimiento temprano por parte de Menem de los
cambios estructurales que había sufrido la Argentina a partir de la dictadura militar y los
condicionamientos externos e internos heredados. También nombró, como parte de esta búsqueda
del aval del poder económico, a Alvaro Alsogaray como asesor presidencial para el tema de la
deuda externa. Se acercaron entonces al gobierno un conjunto de organizaciones empresarias
representativas de la gran burguesía nacional: el Consejo Empresario Argentino, la Sociedad

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3

Rural, la Cámara Argentina de Comercio, la Unión Industrial Argentina. En cambio, el movimiento


sindical, mayoritariamente peronista, ingresó en una etapa de crisis y la CGT se dividió, apoyando
una de las fracciones al gobierno mientras la otra mantenía distancia.

El eje de este viraje fue el proceso de privatización de las empresas públicas, por la que
los acreedores externos recuperaron en forma de activos parte de la deuda. Los grandes grupos
económicos de capital nacional y las grandes empresas transnacionales participaron en esta
liquidación de activos públicos adquiriendo parte de ellos y asegurándose el control de un conjunto
de mercados oligopólicos. Esta conjunción de intereses (no exento de pujas por el acceso
privilegiado a determinadas posiciones) fue la que marcó las profundas transformaciones en la
economía producidas en los casi diez años de gobierno. Sin embargo, el fracaso de los primeros
planes económicos, con los ministros Rapanelli y Erman Gónzalez, que no pudieron detener el
proceso inflacionario ni revertir la recesión económica, llevó al nombramiento, a principios de 1991,
como ministro de Economía, de Domingo Cavallo.

Principios teóricos y antecedentes del Plan de Convertibilidad

El Plan de Convertibilidad ya reconocía antecedentes históricos importantes en la


Argentina, como el sistema de Caja de Conversión que funcionó entre 1899- 1913 y 1927-1929;
aunque en aquellas épocas el sistema monetario estaba caracterizado por la vigencia del patrón
oro y el patrón cambio oro, respectivamente, de modo que los principios de la convertibilidad eran
aceptados por una gran cantidad de países. En cambio, cuando se introdujo el nuevo plan no
existía un sistema semejante en el mundo y la aplicación de mecanismos rígidos de conversión
sólo se hallaba vigente en un reducido grupo de Estados, de poca importancia a nivel mundial

Por otra parte, mientras que en las épocas mencionadas, la finalidad principal de la Caja de
Conversión consistía en tratar de estimular las exportaciones evitando la valorización del peso en
momentos de auge económico y, por lo tanto, favorecer al sector agroexportador; ahora la razón
principal estriba en lograr la estabilidad de precios en una coyuntura inicialmente recesiva. La
expansión posterior produciría, por el contrario, en este último caso, una revalorización del peso,
afectando negativamente a los exportadores, pero favoreciendo a otros sectores. El conjunto
principal de intereses que apoyó la convertibilidad estaba Por otra parte, mientras que en las
épocas mencionadas, la finalidad principal de la Caja de Conversión consistía en tratar de
estimular las exportaciones evitando la valorización del peso en momentos de auge económico y,
por lo tanto, favorecer al sector agroexportador; ahora la razón principal estriba en lograr la
estabilidad de precios en una coyuntura inicialmente recesiva. La expansión posterior produciría,
por el contrario, en este último caso, una revalorización del peso, afectando negativamente a los
exportadores, pero favoreciendo a otros sectores. El conjunto principal de intereses que apoyó la
convertibilidad estaba

Asimismo, la experiencia argentina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX muestra
que la convertibilidad funcionó de manera aceptable en los períodos de auge, pero condujo a
situaciones de ahogo cuando la coyuntura mundial ingresaba en una etapa descendente del ciclo

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económico.3 El esquema de convertibilidad dependía de un persistente ingreso de oro o divisas


del exterior, ya sea a través del superávit de la balanza comercial o de flujos positivos de capitales.
En las depresiones, la caída de las importaciones y la inflexibilidad de las importaciones
argentinas provocaron déficits comerciales, mientras que los capitales tendían a fugarse. Bajo
esas condiciones, la convertibilidad se tornaba insostenible y debía ser abandonada, agravando
aún más las dificultades de la economía argentina.

Desde el punto de vista teórico, la convertibilidad se enmarca en la “supply side


economics”, o teoría de la oferta, nacida en los EEUU a principios de la década del ‘70 y que
también había inspirado el plan de Martínez de Hoz. Dicha teoría postula como idea central la
inutilidad de las devaluaciones de la moneda, ya que toda devaluación es seguida de un inmediato
brote inflacionario que anula sus efectos, lo cual significa plantear que la causa directa de la
inflación es la devaluación. A esa tesis se le agregan otras cinco hipótesis auxiliares, a saber: −
Los déficits fiscales financiados con endeudamiento no son perjudiciales, ya que la colocación de
títulos públicos indica un mayor ahorro de quienes los compran, compensando el exceso de gasto
público. − Los déficits del comercio exterior no implica problema alguno porque, si existen, significa
que alguien está dispuesto a financiarlos: el déficit no es causado, entonces, por una
sobrevaluación de la moneda si no que representa la contracara del ingreso de capitales, lo que,
en definitiva, sería algo positivo.

− Dado que la economía funciona con costos decrecientes, la disminución en los precios
incrementa la cantidad ofrecida, incluso en el corto plazo. − Se rechaza todo intento de control de
la cantidad de moneda, ya que se postula que los bancos centrales no pueden controlar ni siquiera
la oferta monetaria. Esta última hipótesis se complementa con el enfoque monetario del balance
de pagos analizado en el capítulo anterior, que vincula la oferta monetaria al saldo neto de los
flujos de capitales. A diferencia del monetarismo, se supone que un aumento de la oferta
monetaria (provocado por un ingreso de capitales) no crea tensiones inflacionarias, ya que revela
una mayor preferencia por liquidez y, además, no afecta en última instancia la causa de la
inflación, que es la devaluación− Por último, se reafirma la vigencia de la ley de Say, según la cuál
la oferta crea su propia demanda, por lo que no se podría producir una crisis de sobreproducción,
aún con reducciones de los salarios. Este enfoque es una versión extremadamente fuerte y rígida
del neoliberalismo, cuyos elementos constitutivos se pueden reducir a tres principios
fundamentales. El primero es asegurar el libre juego del mercado y la competencia.

El neoliberalismo se diferencia aquí del liberalismo más tradicional, debido a que el Estado
tiene un rol importante en la construcción y preservación de un marco competitivo. El segundo
principio es el abandono de pautas en el terreno de la oferta monetaria. El objetivo de la política
monetaria es el mantenimiento de la estabilidad de precios, lo cuál se logra vinculando la
expansión monetaria a la existencia de reservas del Banco Central. Por último, los bienes públicos
no ofrecidos por el mercado deben ser provistos por el Estado. Por bienes públicos se entienden,
sobre todo, la defensa interna y exterior, la infraestructura, la seguridad social y la educación y
capacitación laboral. Sin embargo, este principio no implica que el Estado deba encargarse
directamente de la provisión de esos bienes, ya que puede darlos en concesión a empresas
privadas

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Como vemos, el neoliberalismo y la teoría de la oferta se apartan en aspectos significativos


de los preceptos del liberalismo tradicional. Las causas de la inflación, por ejemplo, se desvinculan
en el primero de la expansión monetaria y la política de estabilización, por lo tanto, no consiste en
una política monetaria restrictiva sino en la aplicación de un tipo de cambio fijo. El liberalismo
tradicional, en cambio, postula una correlación extremadamente fuerte entre la cantidad de dinero
y el nivel de precios y considera a aquélla como la principal causa de inflación. Ciertos
desequilibrios, como el del comercio exterior, no implican para el neoliberalismo y el ofertismo la
existencia de un desequilibrio global, ya que son compensados por desequilibrios inversos en
otros sectores, como los flujos de capital.

El papel del Estado también debe ser, para el neoliberalismo, más activo que lo
especificado por el liberalismo, aunque no por ello menos conservador. Se supone además que los
agentes tienen “expectativas racionales”, es decir, que están en condiciones de conocer de
antemano las decisiones y los cursos de acción del Estado y otros agentes y operan en
consecuencia. Las corrientes liberales más tradicionales, en cambio, postulan la existencia de
“expectativas adaptativas”, es decir, que los agentes actúan en función de su experiencia pasada y
no en función de lo que ocurrirá en el futuro. El liberalismo tradicional tampoco abona la idea de
una oferta flexible en el corto plazo, como sí lo hace el ofertismo.

La convertibilidad

Durante el menemismo, el Plan de Convertibilidad fue llevado adelante por el ministro de


Economía de aquel entonces, Domingo Cavallo, y duró 11 años hasta el 6 de enero de 2002.
Luego de las duras consecuencias que sufrió la economía, el sistema fue derogado por el
presidente interino Eduardo Duhalde tras el estallido social de 2001.

El Plan de Convertibilidad del Austral fue un sistema monetario creado principalmente para
ponerle un freno a la hiperinflación, que se produjo en el gobierno del expresidente radical Raúl
Alfonsín. Carlos Menem asumió la presidencia de forma anticipada en julio de 1989 y en abril de
1991, Cavallo presentó el Plan de Convertibilidad, decretado el 27 de marzo de ese año.

Esta modalidad establecía una relación cambiaria fija entre la moneda nacional y la
estadounidense, a razón de 1 dólar estadounidense por cada 10.000 australes o posteriormente
un peso convertible. La idea inicial era frenar la inflación al "fijar" la moneda local con una "más
estable" como la divisa norteamericana.

Asimismo, esta paridad exigía el respaldo en reservas de la moneda circulante, por lo que
se restringió la emisión monetaria al aumento del Tesoro Nacional. El período en que duró la Ley
de Convertibilidad se llamó popularmente "el uno a uno", en alusión a la igualdad de valores entre
el peso y el dólar.

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6

En un principio, los resultados fueron exitosos para el Gobierno: la inflación se redujo en un


año del 1344% al 25%, logró la estabilidad en los precios y aumentó la cantidad de capitales
extranjeros no productivos. Además, la apertura de importaciones permitió que la población se
hiciera de productos internacionales a muy bajo precio. Sin embargo, en la sombra se gestaba la
peor crisis de la historia.

Las consecuencias de la convertibilidad

Uno de los sectores que más se favoreció con la convertibilidad fue la clase media, que,
con la posibilidad de ahorrar en dólares y la llegada de productos baratos provenientes de otros
países, vio ampliada su capacidad de consumo, además de la posibilidad de viajar al exterior con
un tipo de cambio favorecedor.

No obstante, durante el segundo mandato de Menem una parte de la clase media, junto con
los sectores populares, fueron los primeros en sentir las consecuencias negativas del plan: la
apertura de importaciones provocó el deterioro de la industria nacional ,ya que en precio los
productos argentinos no podían competir con los extranjeros, lo que hizo que las fábricas se
cerraron y, por lo tanto, que aumentara el desempleo y así la pobreza.

Según datos del Indec, la tasa de desempleo en mayo de 1991 era del 6,9%, mientras que
en 1994 subió al 10,7% y para el año 2000 había ascendido al 15,4%. Lo mismo sucedió con la tasa
de pobreza, que aumentó del 19% en 1990 a más del 35% en 1995.1

Capítulo II: Inicio de la privatización en la década de Menem


Sin lugar a dudas, una de las políticas que marcó la presidencia de Carlos Menem, junto a
la paridad del peso y el dólar conocida como el "uno a uno", fue la privatización de empresas

1
eldestape. (27 de marzo, 2021). La convertibilidad: cuál fue el plan de Menem y qué daño generó
en la economía. Disponible en
[Link]
a-el-plan-de-menem-20213277022?utm_medium=paid&utm_source=Google&utm_campaign=S_Dolar_V2&
gad_source=1&gclid=CjwKCAiA3Na5BhAZEiwAzrfagPNjOOntGg6KEhrLbasPabo-hY1B5wdDGt2UIKA3NFv
MrSQVWgN0dBoCnekQAvD_BwE
6
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estatales, que trajo recursos inmediatos para una economía en una seria crisis, pero que tuvo
graves consecuencias a futuro.

La ley 23.696, conocida comúnmente como Ley de Reforma del Estado, fue una ley
sancionada el 17 de agosto de 1989, durante los primeros meses de gobierno de Menem. Permitió
la privatización de un gran número de empresas estatales y la fusión y disolución de diversos
entes públicos, como YPF, ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas y las empresas de agua, luz y gas.

La privatización de Entel fue una de las primeras y más importantes del gobierno
menemista. Se destacó por el incremento del valor de las tarifas telefónicas de manera abrupta. El
7 de febrero de 1990 el aumento fue del 112%, elevándose a más del 300% a fines del mismo
mes.​El valor de ENTel fue fijado en u$s1.672 millones, cuando según estimaciones, su valor real
de los activos duplicar esa suma.​

A Entel le siguió la privatización de Aerolíneas Argentinas, la red vial, los canales


televisivos (con la excepción de ATC, hoy la Televisión Pública), gran parte de las redes
ferroviarias, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Gas del Estado,
Subterráneos de Buenos Aires, el CEAMSE, y la Casa de la Moneda, entre otras,​que condujeron
a numerosas críticas y denuncias de irregularidades.

Las privatizaciones, entre denuncias de irregularidades y corrupción, son uno de los


aspectos que más se le criticó a la gestión de Carlos Menem. Y de hecho muchas de esas
empresas, como YPF y Aerolíneas Argentinas como emblemas, fueron recuperadas varios años
después por el Estado.

2
Empresas privatizadas o concesionadas

​ Administración General de Puertos AGP: privatizada.


​ Aerolíneas Argentinas SE: privatizada.
​ Aeropuertos: concesionados.
​ Agua y Energía Eléctrica SE, Sector Eléctrico: privatizada.
​ Área Material Córdoba Aviones: privatizada.
​ Argentina Televisora Color LS 82 TV Canal 7 (ATC): disuelta.
​ Astillero Ministro Manuel Domecq García - DOMECQ: disuelta.
​ Astilleros y Fábricas Navales del Estado - AFNE SA: provincializado.
​ Banco Hipotecario Nacional: privatizado.

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ámbito. (14 de febrero de 2021). Las privatizaciones en la era Menem Disponible en
[Link]
7
8

​ Banco Nacional de Desarrollo (BANADE): disuelto.


​ Caja Nacional de Ahorro y Seguro: privatizada.
​ Canal 11, Dicon Difusión SALS 84 TV: privatizada.
​ Canal 13, Río de la Plata SALS 85 TV: privatizada.
​ Carboquímica Argentina Sociedad Anónima Mixta: privatizada.
​ Minera Carolina SA: disuelta.
​ Compañía Azucarera las Palmas SAI.C.A.P.U.: disuelta.
​ Conarsud SA Asesoría y Consultoría: disuelta.
​ Consultara SA Consultora de la Armada: disuelta.
​ Corporación Argentina de Productores (CAP): disuelta.
​ Empresa Desarrollos Especiales (SAEDESA): disuelta.
​ Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA): disuelta
​ Empresa Nacional de Correos y Telégrafos (ENCOTEL): disuelta.
​ Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL): privatizada.
​ Empresa Nuclear Argentina de Centrales Eléctricas (SAENACE): disuelta.
​ Establecimientos Altos Hornos Zapla: privatizada.
​ Fábrica Militar de Ácido Sulfúrico: privatizada.
​ Fábrica Militar de Tolueno Sintético: privatizada.
​ Fábrica Militar de Vainas y Conductores Eléctricos ECA: privatizada.
​ Fábrica Militar General San Martín: privatizada.
​ Fábrica Militar Pilar: privatizada.
​ Fábrica Militar San Francisco: privatizada.
​ Ferrocarril Belgrano SA: concesionado.
​ Ferrocarriles Argentinos SA: concesionado.
​ Ferrocarriles Metropolitanos SA: concesionado.
​ Fondo Nacional de la Marina Mercante: disuelto.
​ Forja Argentina SA: disuelta.
​ Gas del Estado SE: privatizada.
​ Hidroeléctrica Norpatagónica SA Sector Eléctrico (HIDRONOR): privatizada.
​ Hierro Patagónico de Sierra Grande SA Minera (HIPASAM): provincializada.
​ Hipódromo Argentino: concesionado.
​ Induclor Sociedad Anónima Mixta: privatizada.
​ Indupa SA: privatizada.
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​ Instituto Nacional de Reaseguros (INDER): disuelto.


​ Interbaires SA: privatizada.
​ Intercargo SA: privatizada.
​ Junta Nacional de Carnes: disuelta.
​ Junta Nacional de Granos: disuelta.
​ LR3 Radio Belgrano: concesionada.
​ LR5 Radio Excelsior: concesionada.
​ LV3 Radio Córdoba: concesionada.
​ Llao Llao Holding: privatizado.
​ Monómeros Vinílicos: privatizado.
​ Obras Sanitarias de la Nación (OSN): concesionada.
​ Obra Sociales públicas (11) Bajo de denominación: Instituto de Servicios Sociales ...
​ Petropol: privatizada.
​ Petroquímica Bahía Blanca S.A: privatizada.
​ Petroquímica General Mosconi SAI.y C.: privatizada.
​ Petroquímica Río Tercero: privatizada.
​ Polisur Sociedad Mixta: privatizada.
​ Redes de Acceso a grandes ciudades: concesionadas.
​ Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires Sector Eléctrico (SEGBA): privatizada.
​ Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA): privatizada.
​ Talleres Navales Dársena Norte SAC.I.y N.(TANDANOR): privatizados.
​ Tanque Argentino Mediano SE (TAMSE): disuelto.
​ Tecnología Aeroespacial SATEA: disuelta.
​ Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF): concesionada.
​ Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF): privatizada.

La importancia estratégica del programa privatizador

En el caso de los acreedores externos, las privatizaciones permitirían restablecer el pago


de los servicios de la deuda externa –además de permitir el pago del capital, y de los intereses
“caídos” en el período 1988-1990–, mediante la instrumentación del mecanismo de capitalización
de los títulos de la deuda en la transferencia de los activos estatales. En el caso de los grupos

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económicos locales y de los conglomerados extranjeros radicados en el país, suponía, si llegaban


a participar en los consorcios adjudicatarios de las empresas públicas, la apertura de nuevos
mercados y áreas de actividad con un reducido –o, como se pudo comprobar luego, inexistente–
riesgo empresarial, en la medida en que se trataba de la transferencia o la concesión de activos a
ser explotados en el marco de reservas legales de mercado en sectores monopólicos u
oligopólicos, con ganancias extraordinarias garantizadas por los propios marcos regulatorios.

De esta manera, en la medida en que, mediante la privatización de empresas estatales, se


pudiera hacer converger los intereses de los acreedores externos y del capital concentrado
radicado en el país, el círculo vicioso –y explosivo (para la mayoría de la sociedad argentina)– al
que había conducido la pugna por el excedente entre los distintos componentes del “gran capital”
durante los ochenta, podría devenir en un círculo “virtuoso” de asociación y convergencia, al
margen –como era previsible, y luego se constataba– de las necesidades de los sectores
populares.

En realidad, el programa de privatizaciones constituye una prenda de paz por “partida


doble”. Por un lado, permitiría saldar de forma “superadora” el conflicto existente entre las
fracciones predominantes del capital (interno y externo). Por otro, como consecuencia de lo
anterior, permitiría al gobierno del Dr. Menem contar con un sólido apoyo político, sobre el cual
sustentaría su consolidación en el poder . En otras palabras, las privatizaciones darían lugar a una
conciliación tanto entre actores internos y externos como entre éstos (tomados conjuntamente) y la
nueva administración gubernamental. Esta convergencia de intereses constituiría el trasfondo
socio-político –o, en otros términos, la condición de posibilidad desde un punto de vista
“extra-económico”– del vasto programa de reformas estructurales instrumentado por la
Administración Menem, así como de la estabilización general de precios y el crecimiento
económico posteriores a la implementación del Plan de Convertibilidad.

Los primeros intentos de privatización en la Argentina que, en realidad, no superaron el


plano discursivo, se remontan a los planes económicos de la última dictadura militar: durante la
gestión de Martínez de Hoz se planteó la necesidad de privatizar algunas empresas públicas. Sin
embargo, en ese período no sólo no se privatizó ninguna compañía estatal sino que, por el
contrario, al concluir el proceso militar, el Estado había tenido que absorber (a través del Banco

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Central) un número importante de firmas privadas que habían quebrado con la profunda crisis
iniciada en 1981.

En realidad, fue durante el gobierno radical –más precisamente, cuando Rodolfo Terragno
toma a su cargo el Ministerio de Obras Públicas– cuando se manifestaron los primeros ensayos de
privatizar algunas de las principales empresas públicas (en particular, Aerolíneas Argentinas y
ENTel). Tales proyectos fueron bloqueados por la actitud parlamentaria de los legisladores del
justicialismo que cuestionaron las privatizaciones propuestas, contando con un fuerte apoyo de los
sindicatos y de los proveedores del Estado (la llamada “patria contratista”, que, posteriormente,
pasarían a integrar los consorcios adjudicatarios de los distintos procesos de privatización).

Sin embargo, a poco de asumir la administración menemista, a mediados de 1989 (en


plena crisis hiperinflacionaria), ese mismo partido elevó al Congreso y logró la aprobación
legislativa –prácticamente, sin oposición alguna (dado el “pacto de transición” establecido entre
Menem y el renunciante Alfonsín)– de un muy ambicioso programa de privatizaciones, mucho más
radical, difundido y acelerado que el que había cuestionado poco tiempo antes. A partir de allí, con
la sanción de la ley de Reforma del Estado en agosto de 1989, a partir de la cual quedaron sujetas
a privatización las principales empresas de propiedad estatal, se inicia una nueva fase en cuanto
al papel del sector público en la Argentina, con la emergencia de nuevos mercados para la
actividad privada y de nuevas áreas privilegiadas con rentas extraordinarias y reservas de
mercado promovidas y protegidas por el accionar –y/o la inacción– del Estado.

Esto quiere decir que, replicando lo sucedido durante los años ochenta con la
estatización de la deuda externa privada, las compras de bienes y servicios por parte del Estado, y
la promoción industrial, nuevamente las políticas públicas generaron mecanismos de
transferencias de recursos desde el conjunto de la sociedad (en especial, desde los sectores de
menores ingresos y las fracciones menos concentradas del empresariado) hacia la élite económica
doméstica, y de consolidación de áreas beneficiadas con ganancias extraordinarias. De allí que,
en última instancia, la ley de Reforma del Estado y, fundamentalmente, el proceso de
privatizaciones deban entenderse como la generación de un nuevo mercado para el sector privado
(en rigor, para el capital concentrado interno), privilegiado respecto a las restantes áreas de la
economía, o, en otras palabras, como una “vuelta de tuerca” más (sin duda, la más profunda, dado

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su significado económico, político y social que trasciende la Administración Menem) en el proceso


de desguace del Estado y la sociedad que la clase dominante ha venido aplicando en la Argentina
durante las últimas décadas.

Conclusión:
En conclusión podemos dar que, la idea de privatización era una opción que para la economía, no
era lo suficiente viable, ya que logró traer problemas a futuro no con pocas si no con muchas
empresas, además de que el 1 a 1, hizo destrozos en la economía finalizando sus tiempos de
mandato, ya que al inicio si demostró ser buena opción pero, no era mejorar, era creerse estados
unidos y a pesar de que era una estrategia viable, no logro ser lo que aparato, empeorando asi
nuestra economía para la década siguiente.

Bibliografía:

Aspiazu Daniel Privatizaciones Argentinas 90 CLACSO cap 2

[Link]

El Plan de Convertibilidad y la economía argentina (1991-1999) cap 1

[Link]

12

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