Unidades I III V Vi Vii Viii Ix
Unidades I III V Vi Vii Viii Ix
Derecho Natural y
Positivo. La Ley Positiva. Derecho Fundamental y Constitucional. Justicia. Clasificación de la
Justicia. Equidad. Derecho y Moral. Derecho Positivo Interno. Clasificación y Ramas.
La cuestión del bien o la bondad plantea el tema del bien común en el contexto del orden.1 En la
fragilidad de nuestra existencia humana y de un medio ambiente cambiante podemos empero
observar racionalmente un orden intrínseco y extrínseco al nuestro. Si bien algunos pueden
considerarlo aburrido, este orden es cíclico y repetitivo: los planetas giran de cierto modo, existe
el día y la noche, el calendario y las estaciones, los puntos cardinales, comemos, dormimos, la
reproducción tiene su ciclo, el hombre tiene su ciclo, observamos su desarrollo integral, etc.
Existe un equilibrio o proporcionalidad en el orden que llamamos armonía. Sin la belleza de esta
diversión, ya predicable del hombre, no tenemos posibilidades de existir, de ser, ni de subsistir.
La ley de gravedad y todas las leyes de la física, biología y química nos permiten caminar sobre
la tierra y descubrir los instintos básicos sociales como varones y mujeres, y, de igual modo,
experimentar nuestras limitaciones y necesidades de espacio, tiempo y lugar en cuanto a nuestras
reacciones y ensamblaje, o de simple movilidad y mortalidad en el tiempo.
Desde este punto de vista, hablamos de un orden básico preexistente en nuestra naturaleza y el
universo circundante, sin desdeñar los accidentes diferenciantes de una existencia frágil pero
sumamente poderosa. Asimismo, los peligros o anomalías de este universo circundante no
trastocan intrínsecamente el orden observado en la totalidad del mismo. La arritmia esporádica
del orden no perturba fatalmente el corazón del universo, si bien es susceptible de causar
trastornos y la muerte del hombre.
Podemos decir que en función de la misma naturaleza humana existe un orden o disposición que
la razón puede descubrir y según la cual la voluntad debe actuar para ajustarse a los fines
necesarios del ser humano. La ley natural no es otra cosa que esto.2
La ley natural no es una ley escrita sino en el corazón del hombre, en tanto representa el conjunto
de cosas que se deben hacer o no hacer, que se siguen de un modo necesario por el simple hecho
de que el hombre es hombre, en ausencia de cualquier otra consideración. Su conocimiento ha
crecido en la historicidad del hombre, pero no se altera ni cambia, sino se reafirma en una
1
conciencia moral inmutable. 3 Esta conciencia puede estar adormecida, desviada, degradada,
mutilada y dominada por distintos males y vicios, pero no por ello muerta en tanto es inherente al
hombre en tanto tal.
El citado orden común es bueno, positivo, vital y el hombre lo recibe en el siglo XXI con el
mismo carácter bíblico desde el inicio: como su señor para que lo trabaje y lo cuide con la
semblanza vestida en él. La falta de armonía en la dinámica interna y externa al hombre, en sus
aspectos de relación intersubjetivos de persona a persona y en sus vínculos con el medio
ambiente es el desorden. El orden es algo bueno porque nos permite vivir: la vida es un don de
bondad con proyección de durabilidad espiritual y el desorden es algo que por antinomia puede
ser un trastorno leve o de gravedad letal.
Necesariamente quienes digan que la vida es un desorden intrínseco y extrínseco, y cualquier ley
existencial brindada en dicho sujeto y en su mundo no le son aplicables, puede considerar esta
anarquía de relatividad absoluta en el marco de los casos tan trágicos de degradación y
destrucción de la vida humana. El rebelde anárquico de comportamiento en el colegio puede
serlo en potencia de bondad, mientras que el pensante en la madurez solo puede ser un caso
patológico de eventual seriedad si tiene audiencia.
La experiencia indica que la relatividad individual extrema es antinatural porque hay un patrón
de bondad objetivo en el ser, conocer y obrar. Este patrón objetivo no está sujeto a discusión o
consenso como valor de verdad ya que nada lo puede modificar ni trastocar, por lo que es y
representa dentro y fuera del sujeto u objeto de la realidad. Su negación o destrucción en
consecuencia no puede estar amparada legalmente a título individual o institucional; por el
contrario, la motivación del hombre debe ser la preservación de este patrón inmutable desde lo
institucional.
Podríamos decir que históricamente los esfuerzos de maldad de hombre han estado centrados en
perturbar dicha motivación cuando no en destruir su marco de bondad. Y es en esta dinámica
social de la bondad del orden y la maldad del desorden en donde se centra el concepto de bien
común. En la práctica este concepto brinda mayores dificultades cuando supera la plataforma
básica humana, porque cuanto más desligado de su humanidad se encuentre más difícil será para
3Maritain, Jacques, Los Derechos del Hombre – Cristianismo y Democracia, Biblioteca Palabra,
Madrid, 2001, p. 56-57.
2
el hombre conceptualizarlo. De allí que se hable de un bien arduo: cuanto más cercano sea el
bien mayor relevancia y facilidad de aprehensión despliega.
En este contexto, cabe agregar que el hombre es un ser jurídico antes que político porque su
existencia le brinda la dignidad inalienable de persona. Desde aquí entendemos el concepto de
libertad no en deficiencia, como evitar elegir lo vislumbrado como inhumano, sino en su
dimensión positiva de reafirmar en libertad y con determinación por lo propiamente humano. La
afirmación libre del hombre queda y se expresa en él a través de su quehacer sin imponer corsés
o estructuras estilo espejo en sus semejantes. La voluntad positiva del hombre se expresa sin que
nadie le indique el camino como un animal que debe entrar al matadero. El hombre reflexiona y
decide por sí mismo hacia dónde va y por qué lo hace en su intimidad con Dios.
Finalmente, la ley natural se caracteriza por su origen (el Creador), destino (el hombre,
hallándose inscripta en su corazón), unidad, (veracidad), universalidad (se aplica a todos por
igual), inmutabilidad (no está sujeta a cambio), inderogabilidad o imborrabilidad (no puede ser
alterada ni extinguida) y moralidad (desconocerla es renegar de la dignidad del hombre).
El derecho natural conforma aquello que le es debido al hombre por ser tal. Sin determinados
derechos que emerjan de nuestra naturaleza el hombre no podría perseguir su plenitud desde el
ámbito social. El derecho natural emana de nuestra naturaleza racional, marcada por el libre
albedrío, y está estrictamente ligado a dicha dignidad del ser humano que obra conforme la ley
natural.
Así podemos decir que el derecho natural comporta el cúmulo de prerrogativas y deberes que
conlleva lo justo en sí de acuerdo a la dignidad de nuestra naturaleza racional, el cual se verifica
en la más amplia variedad de relaciones humanas con especificidad de tiempo, espacio y lugar
para sujetos determinados.
El hombre ciertamente puede desplegar un obrar indigno, como ya hemos visto en función de
ciertas teorías y comportamientos, pero la dignidad inherente al ser humano no se pierde nunca.
Las prerrogativas que surgen del derecho natural están efectivamente ligadas a nuestra naturaleza
y su dignidad. En este sentido, conforman la piedra de toque de la totalidad del ordenamiento
jurídico mundial.
“…el hombre sobrepasa la comunidad política según las cosas que, en él y de él, se refieren a
la ordenación de la personalidad como tal al absoluto y que dependen, en cuanto a su misma
3
esencia, de algo más alto que la comunidad política y conciernen a la realización
–supratemporal– de la persona en tanto que es persona.” 4
Del mismo modo que el hombre detenta derechos por su naturaleza, por ser hombre, asimismo
detenta obligaciones o restricciones a las cuales se encuentra sujeto. Siguiendo a Tomás de
Aquino, existen cinco disposiciones generales que responden a inclinaciones básicas de orden
natural, también conocidas como esquemas dinámicos fundamentales del orden o ley natural; a
saber:
La ley es una ordenación de la razón, dirigida al bien común, promulgada por quien tiene a su
cargo el cuidado de la comunidad. Tomás de Aquino, Suma Teológica, II, Parte I-II, c.90, a.4,
Madrid, BAC. De esta definición se infiere la diferencia entre ley y precepto, ya que aquella
adquiere valor general y no particular, aplicándose a todos los miembros de la comunidad y no a
un sujeto determinado o determinable. La ley es algo común porque es racional y se orienta el
bien de todos los sujetos en virtud de un poder legítimamente constituido, que por ello es en
consecuencia ejercido según sus causas como instrumento en la correcta finalidad del acto de
legislar.
Desde la perspectiva del sujeto, el derecho positivo es una prerrogativa personal, sea que el
mismo sujeto pueda efectivamente ejercitarla o no, en tanto atribución con fuerza legal.
Específicamente, el derecho positivo es una atribución reconocida y brindada por el estado al
4Maritain, Jacques, Los Derechos del Hombre y la Ley Natural. Democracia y Cristianismo,
Madrid, Ediciones Palabra, 2001, p. 24.
5 Maritain, Jacques, Filosofía de la Historia, Buenos Aires, Club de Lectores, 1986, p. 100.
4
hombre y entidades con personalidad jurídica, esto es como titulares de derechos y obligaciones,
reconociendo al derecho natural y dentro de su poder de jurisdicción y competencia.
En función de lo dicho, el derecho natural no puede ser contradecido por la ley positiva y su
ausencia de reconocimiento no le priva de dicho carácter. Así podemos sostener que el derecho
positivo es fundamental cuando reconoce con fuerza de ley positiva el derecho natural que le
brinda su legitimidad semántica, su finalidad y propósito, su razón o sentido de ser. El apelativo
de fundamental se adquiere por la valoración esencial del derecho desde la dignidad de la vida
humana: su protección, resguardo y desarrollo integral en el ciclo vital.
Tomás de Aquino se aboca a esta proyección jurídica en lo que denomina derecho de gentes,
como lo estrictamente natural aplicado al hombre y no a los animales, entendiendo asimismo que
la explicitación positiva del derecho natural es un bien fruto de su no observancia, lo cual
representa un mal desde la falibilidad del hombre, siendo derechos que no se pierden ni pueden
ser transgredidos por la falta de dicha confirmación. Cfr. Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-
II (a), c.57, a.3 y cc., Madrid, BAC.
El derecho natural a la privacidad no representa una ficción legal sino la protección espacial del
derecho a lo más excelso en el hombre: a amar el Creador, con todo su cuerpo, con toda su
fuerza, con toda su alma y con todo su espíritu. En el claroscuro de la humanidad, este sí
inherente al derecho elemental presupone la posibilidad privada e íntima del no: el hombre
individual puede renegar de sus talentos y de la unidad substancial de la humanidad, solventando
en el error las diferencias que pueden observarse en el primero.
Justicia
La justicia es una virtud cardinal, y como tal reside en la voluntad. Una virtud es un hábito
operativo bueno. Hay cuatro virtudes cardinales, la prudencia, la fortaleza, la templanza y la
justicia, siendo ésta la más importante. El hombre que actúa habitualmente en justicia se lo
considera justo. Por ejemplo, el hombre que se lava los dientes y se baña habitualmente se lo
considera afín a la higiene, y lo opuesto a la suciedad. El vicio es un hábito operativo malo. La
disposición al bien o el mal se asienta con la recurrencia y repetición de lo habitual, del hábito.
5
En general, la virtud demanda esfuerzo y sacrificio y el vicio la ausencia de los mismos. Dar al
otro lo que es debido entraña alteridad o igualdad, como asimismo proporcionalidad, de ahí el
énfasis en el concepto de igualdad desde la perpetua o constante voluntad de dar lo suyo a otro.
Clasificación de la justicia
Cabe agregar que la equidad es parte de la justicia pero diferenciada en tanto detenta belleza,
como lo menciona Aristóteles, al ver la justicia correctamente ejercitada con igualdad y
proporcionalidad, entrañando armonía, en un caso concreto. La equidad hace brillar la justicia
en una situación particular con efecto determinado para las partes. La equidad no es
estrictamente la burda apreciación de apartarse de un texto legal que resultaría injusto en función
de su observación, sino la aplicación del mismo como es debido para que sea justo. Son dos
cosas diferentes.
Derecho y moral
Por su parte, el derecho es eminentemente moral porque entraña una ponderación de lo bueno o
malo, de lo conveniente e inconveniente para el ser humano –de aquello que debe ser. El
positivismo extremo reniega de esta aseveración imposible de refutar. Pero lo moral muchas
veces excede lo legal. Por ejemplo, es inmoral asesinar a alguien, y es igualmente un ilícito
penado por la ley. Ahora bien, un mentiroso inmoral habitual no necesariamente comete
perjurio, siendo este último un delito en determinadas circunstancias –sancionado por la ley
penal como falso testimonio, por ejemplo. En la gran mayoría de las situaciones, la vara de la
moralidad excede la legalidad. De ahí que se diga que el hombre moral porta en sí mismo la ley,
porque no necesita comando externo alguno en razón de la moralidad-legalidad al unísono de su
mismo obrar.
A su vez, una acción puede ser legal pero no necesariamente moral. ¿Cómo puede suceder esto?
La acción moral requiere de la interioridad del ser humano, que su obrar exterior esté marcado
por y en sintonía con la rectitud de intención. Puede ocurrir que alguien mantenga un instinto
asesino y el deseo de perjudicar a un tercero exclusivamente en su interioridad, y se regocije con
el mal causado a otro por un tercero, pero que no se atreva a cometer un delito en su contra por la
eventual penalidad. Su obrar se mantiene dentro de la legalidad, pero es estrictamente inmoral.
Por el contrario, quien reprime esos instintos de maldad al considerarlos inapropiados del
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hombre bueno, y actúa convencido con un corazón contrito, sin dejar de ponderar la eventual
maldad o injusticia sufrida en sí mismo y la correcta reparación dentro del marco de la ley, actúa
no solo legalmente sino también en línea con la moral dada por su rectitud de intención. El
hombre justo no es simplemente quien cumple con la ley al dar lo debido o suyo a otro, sino
quien despliega la virtud cardinal de la justicia sincronizando su interioridad y exterioridad con
rectitud.
De ahí que Tomás de Aquino diga que la finalidad de la ley es hacer a los hombres buenos.
Derecho interno es el conjunto de reglas que rigen las relaciones de los individuos que habitan un
territorio determinado, ya se trate de relaciones entre sí o con el Estado; ejemplo, el derecho
positivo argentino.
1. Derecho público: Es aquél que organiza el poder del Estado y las relaciones de éste con
los particulares, adentrándose en el tratamiento de la cosa pública o todo lo referente al
Estado en tanto como persona pública.
2. Derecho privado: Es aquél que establece las normas de las personas, consideradas en sí
mismas o entre ellas, y de éstas con las cosas, adentrándose en lo inherente a los
particulares, incluyendo al Estado cuando se manifiesta como un particular (por ejemplo,
un mero locatario).
Derecho Constitucional: Da las normas para la organización del Estado, crea los poderes y fija
las relaciones entre el Estado y las personas.
Derecho Penal: Es el conjunto de normas jurídicas por cuyo medio el Estado establece cuáles son
las conductas ilícitas graves que merecen considerarse delitos reprimidos con penas.
Derecho Civil: Es el conjunto de normas que rigen las relaciones de los hombres entre sí, y de
éstos con el Estado, cuando actúa en carácter de ser simple persona jurídica, esto es el derecho
privado común, que define a la persona, las relaciones de familia, el derecho de propiedad, etc., y
crea normas para los actos, contratos y obligaciones, etc.
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Derecho Comercial: Engloba las relaciones que nacen del comercio y establece reglas especiales
para los actos de comercio entre comerciantes y entre un comerciante y un no comerciante.
Derecho del Trabajo: Rige las relaciones individuales y colectivas de trabajo y la seguridad
social.
Derecho internacional privado: Establece las reglas aplicables cuando una misma relación
jurídica se ha originado o desenvuelto bajo distintas soberanías.
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UNIDAD III – Nociones de Derecho Civil. Estructura del Código Civil y Comercial de la
Nación. Las fuentes del Derecho. La Ley y su Clasificación. Los Principios Generales del
Derecho. Principio de No Retroactividad de la Ley. Principio de Inexcusabilidad de la Ley.
Principio de Territorialidad de la Ley. Abuso del Derecho. Tipos de Costumbre. La
Jurisprudencia y el Precedente Judicial (el stare decisis y el common law). El poder Judicial. La
Doctrina. Interpretación de la Normas. Abrogación de las Normas.
Título Preliminar (Cap. 1 Derecho, Cap. 2 Ley, Cap. 3 Ejercicio de los Derechos, Cap. 4
Derechos y Bienes) (arts. 1 a 18).
Libro Primero, Parte General (Título I, Persona Humana, Título II, Persona Jurídica, Título III,
Bienes, Título IV, Hechos y Actos Jurídicos, Título V, Transmisión de Derechos) (art. 19 a 400).
Libro Segundo, Relaciones de Familia (Título I, Matrimonio, Título II, Régimen Patrimonial del
Matrimonio, Título III, Uniones Convivenciales, Título IV, Parentesco, Título V, Filiación,
Título VI, Adopción, Título VII, Responsabilidad Parental, Título VIII, Proceso de Familia)
(arts. 401 a 723).
Libro Tercero, Derechos Personales (Título I, Obligaciones en General, Título II, Contratos en
General, Título III, Contratos de Consumo, Título IV, Contratos en Particular, Título V, Otras
Fuentes de las Obligaciones) (arts. 724 a 1881).
Libro Cuarto, Derechos Reales (Título I, Disposiciones Generales, Título II, Posesión y
Tenencia, Título III, Dominio, Título IV, Condominio, Título V, Propiedad Horizontal, Título
VI, Conjuntos Inmobiliarios, Título VII, Superficie, Título VIII, Usufructo, Título IX, Uso,
Título X, Habitación, Título XI, Servidumbre, Título XII, Derechos Reales de Garantía, Título
XIII, Acciones Posesorias y Acciones Reales) (arts. 1882 a 2276).
Libro Quinto, Transmisión de Derechos por Causa de Muerte (Título I, Sucesiones, Título II,
Aceptación y Renuncia de la Herencia, Título III, Cesión de Herencia, Titulo IV, Petición de
Herencia, Título V, Responsabilidad de los Herederos y Legatarios. Liquidación del Pasivo,
Título VI, Estado de Indivisión, Título VII, Proceso Sucesorio, Título VIII, Partición, Título IX,
Sucesiones Intestadas, Título X, Porción Legítima, Título XI, Sucesiones Testamentarias) (art.
2277 a 2531).
Libro Sexto, Disposiciones Generales a los Derechos Personales y Reales (Título I, Prescripción
y Caducidad, Título II, Privilegios, Título III, Derecho de Retención, Título IV, Disposiciones de
Derecho Internacional Privado) (arts. 2532 a 2671).
Entendidas como los medios de expresión del derecho, de donde surgen los derechos y
obligaciones de las personas. Estrictamente las causas del derecho se retrotraen, como hemos
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visto, a la justicia fruto de conductas humanas conforme el derecho natural. 6 Ver definición de
ley supra según Tomás de Aquino.
Es usual estimar las fuentes del derecho en formales y materiales. Fuentes formales: la ley y la
costumbre. Fuentes materiales: la jurisprudencia y la doctrina.
5. Razonabilidad: la razón debe estar en el fundamento de la ley para reglar el actuar del
hombre a título personal y/o social, en el primer caso atendiendo el comportamiento
individual de los miembros de la sociedad y en el segundo el comportamiento del
gobernante o autoridad.
a. Leyes perfectas: son aquéllas en que la sanción es la nulidad del acto (son nulos
los actos de los absolutamente incapaces).
b. Leyes más que perfectas: son aquéllas que no solo establecen la nulidad sino
imponen una pena adicional (la nulidad de un acto jurídico celebrado con fraude
conlleva la sanción de daños y perjuicios).
c. Leyes menos perfectas: son aquéllas en que la sanción no es la nulidad del acto
sino una pena menor (la asunción de los daños sin nulificar el acto que los
produjo).
d. Leyes imperfectas: son aquéllas que carecen de sanción y su violación no produce
ninguna consecuencia legal (son leyes declarativas, e inusuales).
2. Por el contenido:
6Sobre las cuatro causas del derecho conforme Aristóteles, ver Vigo, Roberto L., Las Causas del
Derecho, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2010.
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transitar en determinado horario o por razones de seguridad un lugar público).
a. Imperativas: son aquéllas que prevalecen sobre cualquier acuerdo de las partes y
deben cumplirse aunque las mismas hubieren deseado otra normativa (ej. plazo
legal mínimo o máximo de ciertos contratos).
La publicidad es un requisito inherente a la obligatoriedad para que las leyes puedan ser
conocidas por los miembros de la comunidad, y éstas solo entran en vigencia luego de 8 días
desde su publicación oficial si la misma ley no determina la fecha de comienzo de su vigencia.
A partir de su entrada en vigencia, las leyes se aplicarán aun a las consecuencias de las relaciones
y situaciones jurídicas existentes. No tienen efecto retroactivo, sean o no de orden público, salvo
disposición en contrario. La retroactividad establecida por la ley en ningún caso podrá afectar
derechos amparados por garantías constitucionales. Las nuevas leyes supletorias no son
aplicables a los contratos en curso de ejecución, con excepción de las normas más favorables al
consumidor en las relaciones de consumo (art. 7, CCyCN).
El principio de inexcusabilidad de la ley indica que la ignorancia de las leyes no sirve de excusa
para su cumplimiento, si la excepción no está autorizada por el ordenamiento jurídico (art. 8,
CCyCN).
Por principio, la leyes se aplican y son obligatorias para todos los que habitan en el territorio de
la República Argentina.
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Solo excepcionalmente puede aplicarse ley extranjera por nuestros jueces, y en dicho caso debe
probarse.
Los derechos no pueden ser ejercidos abusivamente y ello ocurre cuando se lo ejerce
contrariando su espíritu y su finalidad o excediendo los límites impuestos por la moral o la buena
fe (art. 10 y cc, CCyCN). Este principio no puede violar la garantía constitucional en virtud de la
cual los derechos no pueden ser alterados en su ejercicio (art. 28, CN).
Por ejemplo, las sentencias judiciales han considerado un ejercicio abusivo cuando un inquilino
que dispone otra vivienda solicita una indemnización al propietario para desalojar la casa
alquilada; cuando se niega el servicio telefónico que se presta a otro usuario en igualdad de
condiciones; cuando los padres ejercen los derecho de la patria potestad en notorio perjuicio del
hijo; etc.
La costumbre
Una norma jurídica puede, naturalmente, originarse con las conductas asentadas de una
comunidad que la consagran como tal con el correr del tiempo.
La costumbre denota dos componentes, uno objetivo y otro subjetivo. El componente objetivo se
caracteriza por: a) uniformidad en la realización de los hechos; b) una repetición constante e
ininterrumpida del hecho que configura la costumbre; c) una práctica generalizada del hecho con
alcance a toda la comunidad; y d) una duración prolongada en el tiempo que permita advertir la
aquiescencia de los hechos repetitivos. El componente subjetivo se caracteriza por la
manifestación en la sociedad de una convicción acerca de la observancia en la práctica de un
determinado comportamiento a raíz de una necesidad jurídica.
2. La costumbre praeter legem: aquella norma consuetudinaria que rige una situación que
la ley no ha previsto.
3. La costumbre contra legem: aquella que contradice lo determinado por la ley o suple el
contenido de una ley en desuso. Este caso es desafortunado con motivo de una ley
injusta, o una ley justa faltante en parte.
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La costumbre se prueba mediante la invocación y actividad de parte (por ejemplo, las prácticas
habituales en las bolsas de comercio, asociaciones profesionales, etc.).
Si bien por jurisprudencia se entiende el conocimiento del derecho (de donde proviene el término
jurisconsulto), con mayor especificidad se refiere a las sentencias de los tribunales judiciales que
sirven como precedentes para fallos futuros.
El precedente judicial opera a nivel vertical y horizontal, y el sistema del common law encuentra
su origen en el mismo. El concepto de stare decisis, atenerse a lo decidido, es una locución
latina que proviene de la más extensa “stare decisis et no quieta movere”, que significa
“atenerse a lo decidido o mantener las cosas decididas”, y en inglés “to stand by a decisión”;
creando así en el derecho anglosajón precedente jurisprudencial con carácter de ley. El origen de
esta institución, más que expresión, se remonta al año 1066, luego de la invasión normanda a
Inglaterra, cuando las primeras cortes reales se desarrollaron a partir del Consejo del Rey.
Se sabe que el principio de stare decisis data como mínimo de 1170s cuando Richard Fitz-Nigel
escribió: “Existen casos donde el curso de los eventos, y las razones para su decisión son
obscuras; y en aquellos es suficiente citar precedentes.” El escaso número de jueces y abogados
en Westminster facilitó el registro de los precedentes, y la tarea de uniformar usos y costumbres
lo suficientemente relevantes. El argumento para explicar la supervivencia del common law
frente a la codificación es dual: la cercanía con el parlamento y no la realeza; y el sentimiento
que los jueces franceses antes de la revolución seguían un procedimiento clasista alineado con la
realeza y no los intereses del pueblo. 7
Quizás un foráneo tenga la percepción de que el stare decisis es algo respetado en su total
amplitud a nivel vertical y mantenido, salvo circunstancias excepcionales, a nivel horizontal. El
primer concepto en referencia a la estructura jerárquica del poder judicial con la Corte Suprema
de Justicia a la cabeza, y el segundo en referencia al poder auto-obligatorio de un precedente
sobre el tribunal que lo emitió, en este caso la misma Corte Suprema. Cualquier litigante con
experiencia en los Estados Unidos sabe que a nivel “local” no se menciona a la ligera casuística
constitucional federal porque no es bienvenida, y en distintas situaciones determinados estados
pueden tener políticas legislativas y judiciales aún más proteccionistas de un derecho
fundamental que la misma Corte Suprema de Justicia del país.
El problema solo surgiría con una restricción del criterio de esa Corte Suprema de Justicia o una
falta de armonización de derechos por exceso según la opinión del tribunal supremo, lo cual
termina ventilándose a nivel federal porque las posibilidades de obtener un fallo favorable a nivel
7Cfr. Fitz-Nigel, Richard, Dialogus of Scaccario (1177-1179), in Abraham, Henry J., The
Judicial Process, London, Oxford University Press, 1998; Dawson, John, The Oracles of the
Law, Ann Arbor, University of Michigan Law School Scholarship Repository, 1968; Burnham,
William, Introduction to the Law and Legal System of the United States, United States, West
Academic Publishing, 2011; Black, Henry Campbell, Black´s Law Dictionary, Saint Paul,
Minnesota, West Publishing Co., 1990.
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local serían más escasas y las de acceder al mismo, vía un certioriari, aún más restringidas. El
federalismo es más amplio en ese sentido que en la Argentina, si bien esta última ofrece una
jurisdicción constitucional respeto de la mecánica de acceso mayor al nivel de la Corte Suprema
de Justicia –es más fácil llegar.
En relación con el stare decisis vertical, si no fuera por la constante oleada de casos desde las
legislaturas locales el derecho al aborto del por nacer jamás se habría revertido. ¿Y por qué esa
oleada de casos tuvo lugar? Porque el stare decisis es al mismo tiempo el mensaje de la Corte
Suprema de Justicia a todas las legislaturas y tribunales en cuanto la afectación de un derecho
fundamental o la inconstitucionalidad de una ley. El precedente de esta Corte Suprema de
Justicia hace derecho para todos, incluyendo las otras dos ramas del poder gubernamental y los
estados de la unión.
La claridad del “holding” o regla de derecho que se extrae del fallo, la centralidad del mismo
que sirve para determinar con precisión, entonces, cuál es el problema constitucional y si una ley
podría superar a priori el pertinente test o grado de revisión. La Corte Suprema de Justicia no
dice cómo normar, sino qué de lo normado no está sujeto a derecho conforme la constitución.
En relación con la modificación del stare decisis a nivel horizontal de la misma Corte Suprema
de Justicia, sin duda la sociedad norteamericana se ha polarizado en un gran número de
cuestiones y para eso existe un proceso democrático que incide directamente en la elección de
los jueces. Por esta razón muchos ciudadanos votan al candidato a presidente en función de este
punto y no otro. Esta incidencia específica permite modificar un stare decisis considerado como
inaceptablemente injusto. Tal es el caso del decisorio en Dobbs v. Jackson Women's Health
Organization, No. 19-1392, 597 U.S.___ (2022), que revocó el derecho al aborto establecido en
Roe v. Wade, 410 U.S. 113 (1973), fruto de la citada oleada de legislación local.
Respecto de la aplicación técnica de un precedente dentro del esquema judicial, vale aclarar que
la aplicación del “holding” puede ser deductiva o analógica, dependiendo del contexto fáctico
del caso bajo análisis. De igual modo, el “holding” debe diferenciarse del “dictum” u “obiter
dictum”, las declaraciones argumentativas que no son estrictamente necesarias para arribar a la
decisión del caso pero que sirven para elucidar otros casos. Textualmente, “dictum” significa
declaración y “obiter dictum” declaración al paso. En varios aspectos, en el sistema republicano
con participación democrática para obtener justicia es necesario ganar elecciones. De lo contrario
los mejores jueces nunca llegan a serlo.
La doctrina
La opinión académica carece de fuerza legal. No obstante, los magistrados recogen con
frecuencia las opiniones de los científicos del derecho en sus fallos y a través de ellas interpreta
el derecho. Los magistrados pueden acudir voluntariamente a respetada doctrina para encontrar
y reforzar un sentido objetivo del derecho bajo análisis, pero sin estar sujeto obligatoriamente a
ella.
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La doctrina no es una fuente formal del derecho positivo en tanto nadie está obligado a aceptar
una determinada opinión doctrinaria. En este sentido, es una importante fuente mediata del
derecho.
No existe unanimidad sobre los principios generales del derecho, más allá de las instrucciones
elementales del derecho natural que no pueden ni deben ser desconocidas por el derecho
positivo.
No obstante, algunos axiomas adquieren el carácter de aplicabilidad, tal como lo reseñó la Corte
Internacional de Justicia al expresar: “La Corte deberá aplicar los principios generales de
derecho reconocidos por las naciones civilizadas.”
Por ejemplo el principio de legalidad de nuestro art. 19, CN, el cual reza de la siguiente manera:
“Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no mande la ley, ni privado de lo
que ella no prohíbe.”
De igual modo, el principio non bis in idem es un derecho fundamental del derecho penal, en
virtud del cual nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho.
Los medios más comunes para la interpretación de ley ordinaria (no constitucional, que demanda
una aproximación específica en función de su carácter supremo y constituyente, por encima de lo
expresado respecto de otras normas) son los siguientes:
Nos referimos a abrogación o derogación cuando una ley es reemplazada por otra que deja sin
efecto la anterior. La abrogación es expresa cuando la nueva ley menciona a la anterior que deja
sin vigencia, o tácita cuando la nueva ley es incompatible con la que deroga. Esta situación no es
tan usual y se da cuando una ley especial deroga a una ley general, entendiendo entonces que una
ley general no abroga una ley especial salvo que lo disponga expresamente.
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UNIDAD V. Derecho de Propiedad y Patrimonio. Caracteres y Composición. Garantía de los
Acreedores. Clases de Acreedores y Acciones. Bienes y Cosas. Clasificación. Bienes del Estado.
Bienes de la Iglesia. Bienes Particulares.
Derecho de propiedad
Según lo visto previamente, las personas pueden ser físicas o jurídicas (también llamadas de
existencia ideal). Las personas jurídicas pueden ser públicas (el estado nacional, los estados
provinciales, los estados municipales, las entidades autárquicas, y la iglesia católica), privadas
(las asociaciones de naturaleza civil y las fundaciones), y de existencia posible (los sociedades
civiles y las sociedades comerciales).
El derecho de propiedad se ejerce por parte del sujeto sobre todos los objetos susceptibles de
apropiación, lo cual está determinado por tres características principales:
• Que sean útiles, puesto que en caso contrario no tendría sentido su apropiación;
• Que sean limitados, puesto que de ser infinitos no sería necesario apropiárselos;
• Que puedan ser ocupados o poseídos, puesto que en caso contrario el poder del derecho de
propiedad no podría ser ejercido sobre ellos.
El derecho de propiedad pleno en general brinda al poseedor tres facultades sobre el objeto o
propiedad en cuestión, esto es el uso (ius utendi), goce (ius fruendi) y disfrute (ius abutendi).
Esta distinción se retrotrae al Derecho Romano:
• Ius utendi. El propietario tiene derecho a usar la cosa como le plazca, conforme a sus
intereses y a la función social que posea, siempre y cuando no viole la ley ni cause lesiones a
otros propietarios.
• Ius fruendi. El propietario tiene derecho a aprovecharse de la cosa, de los frutos que ésta
genere directa o indirectamente, o que permanezca luego de su uso.
• Ius abutendi. El propietario tiene derecho a disponer como desee de la cosa, ya sea para
destruirla, enajenarla, abandonarla, alquilarla, etc., siempre y cuando no vaya en contra de su
función social y no vulnere ningún derecho de terceros o ninguna ordenanza legal.
Patrimonio
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Características del patrimonio: universal, único, inalienable, necesario, e idéntico.
Todos los bienes de una persona están directamente o indirectamente afectados al cumplimiento
de sus obligaciones.
Excepciones al principio según el cual todos los bienes del deudor están sujetos a las acciones de
los acreedores: 1. Las cosas que están fuera del comercio. 2. Los créditos por alimentos. 3. El
usufructo de los padres sobre los bienes de los hijos, salvo en lo que no fuere necesario para el
sostenimiento y educación de los hijos. 4. El derecho de uso y habitación. 5. Los bienes del
dominio público y los bienes privados del estado afectados a un servicio público. 6. Las
jubilaciones y pensiones de los empleados. 7. Los subsidios familiares. 8. Las indemnizaciones
por despido y por accidentes de trabajo. 9. Los sepulcros, salvo por el saldo de precio de la
construcción. 10. El lecho del deudor y sus familiares, las ropas y demás muebles de uso
indispensable, incluyendo el bien de familia. 11. El salario mínimo en la proporción establecida
por la ley.
Acciones de los acreedores: Embargo (orden emanada de un juez que produce la inamovilidad de
un bien determinado dentro del patrimonio del deudor, y éste quedará imposibilitado de
enajenarlo); inhibición general de bienes (si se ignoran bienes del deudor, imposibilitando el
embargo, el juez podrá ordenar una inhibición general de bienes en el registro respectivo, lo cual
impedirá el deudor pueda enajenar bienes muebles o inmuebles registrables durante 5 años); la
anotación de litis (tiene por finalidad la publicidad de un proceso para las personas ajenas al
mismo; solo es posible para los bienes inmuebles con su anotación en el registro
correspondiente); prohibición de innovar (el juez la puede decretar; ej, no se puede destruir una
cosa); y la prohibición de contratar (el juez la puede ordenar; ej, locatario no puede subalquilar).
Acciones para mantener el principio de que el patrimonio es la garantía de del pago de las deudas
por parte del obligado: revocatoria (cuando un deudor vende para evitar la ejecución, acción
revocatoria); de simulación (revocar un acto aparente, simulado); subrogatoria (cuando el deudor
es acreedor de un tercero).
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Bienes
Cosa es todo ente o porción limitada del mundo externo al sujeto, al que el pensamiento social,
por sus condiciones de utilidad, accesibilidad, apropriabilidad y relativa escasez, ha reglado las
condiciones de aprovechamiento o enseñoramiento para evitar o solucionar los eventuales
conflictos de intereses entre sujetos. Según el Código Civil son cosas los objetos corporales
susceptibles de tener un valor (sean sólidos, líquidos o gaseosos). Objetos materiales e
inmateriales.
Los inmuebles se encuentran fijos en su lugar. Inmuebles por naturaleza (agua), por accesión
física (edificios, túneles en minas), por destino (las semillas para la siembra), por su carácter
representativo (instrumento público de propiedad).
Los muebles pueden trasladarse por sus propios medios –semovientes—o por una fuerza
exterior. Muebles por naturaleza (las que pueden moverse, transportarse de un lado a otro, como
el ganado, denominadas semovientes) y por su carácter representativo (instrumentos públicos o
privados donde conste el derecho de propiedad).
Clasificación:
Los bienes de los cónyuges pueden ser propios (ej., los bienes de los cuales los cónyuges tienen
la propiedad, otro derecho real o la posesión al tiempo de la iniciación de la comunidad)
o gananciales (ej., los creados, adquiridos por título oneroso o comenzados a poseer durante la
comunidad por uno u otro de los cónyuges, o por ambos en conjunto, siempre que no estén
incluidos como propios).
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Son bienes propios de cada uno de los cónyuges: a) los bienes de los cuales los cónyuges tienen
la propiedad, otro derecho real o la posesión al tiempo de la iniciación de la comunidad;
b) los adquiridos durante la comunidad por herencia, legado o donación, aunque sea
conjuntamente por ambos, y excepto la recompensa debida a la comunidad por los cargos
soportados por ésta. Los recibidos conjuntamente por herencia, legado o donación se reputan
propios por mitades, excepto que el testador o el donante hayan designado partes determinadas.
No son propios los bienes recibidos por donaciones remuneratorias, excepto que los servicios
que dieron lugar a ellas hubieran sido prestados antes de la iniciación de la comunidad. En caso
de que el valor de lo donado exceda de una equitativa remuneración de los servicios recibidos, la
comunidad debe recompensa al donatario por el exceso; c) los adquiridos por permuta con otro
bien propio, mediante la inversión de dinero propio, o la reinversión del producto de la venta de
bienes propios, sin perjuicio de la recompensa debida a la comunidad si hay un saldo soportado
por ésta. Sin embargo, si el saldo es superior al valor del aporte propio, el nuevo bien es
ganancial, sin perjuicio de la recompensa debida al cónyuge propietario; d) los créditos o
indemnizaciones que subrogan en el patrimonio de uno de los cónyuges a otro bien propio;
e) los productos de los bienes propios, con excepción de los de las canteras y minas;
f) las crías de los ganados propios que reemplazan en el plantel a los animales que faltan por
cualquier causa. Sin embargo, si se ha mejorado la calidad del ganado originario, las crías son
gananciales y la comunidad debe al cónyuge propietario recompensa por el valor del ganado
propio aportado; g) los adquiridos durante la comunidad, aunque sea a título oneroso, si el
derecho de incorporarlos al patrimonio ya existía al tiempo de su iniciación; h) los adquiridos en
virtud de un acto anterior a la comunidad viciado de nulidad relativa, confirmado durante ella;
i) los originariamente propios que vuelven al patrimonio del cónyuge por nulidad, resolución,
rescisión o revocación de un acto jurídico; j) los incorporados por accesión a las cosas propias,
sin perjuicio de la recompensa debida a la comunidad por el valor de las mejoras o adquisiciones
hechas con dinero de ella; k) las partes indivisas adquiridas por cualquier título por el cónyuge
que ya era propietario de una parte indivisa de un bien al comenzar la comunidad, o que la
adquirió durante ésta en calidad de propia, así como los valores nuevos y otros acrecimientos de
los valores mobiliarios propios, sin perjuicio de la recompensa debida a la comunidad en caso de
haberse invertido bienes de ésta para la adquisición; l) la plena propiedad de bienes cuya nuda
propiedad se adquirió antes del comienzo de la comunidad, si el usufructo se extingue durante
ella, así como la de los bienes gravados con otros derechos reales que se extinguen durante la
comunidad, sin perjuicio del derecho a recompensa si para extinguir el usufructo o los otros
derechos reales se emplean bienes gananciales; m) las ropas y los objetos de uso personal de uno
de los cónyuges, sin perjuicio de la recompensa debida a la comunidad si son de gran valor y se
adquirieron con bienes de ésta; y los necesarios para el ejercicio de su trabajo o profesión, sin
perjuicio de la recompensa debida a la comunidad si fueron adquiridos con bienes gananciales;
n) las indemnizaciones por consecuencias no patrimoniales y por daño físico causado a la
persona del cónyuge, excepto la del lucro cesante correspondiente a ingresos que habrían sido
gananciales; ñ) el derecho a jubilación o pensión, y el derecho a alimentos, sin perjuicio del
carácter ganancial de las cuotas devengadas durante la comunidad y, en general, todos los
derechos inherentes a la persona; o) la propiedad intelectual, artística o industrial, si la obra
intelectual ha sido publicada o interpretada por primera vez, la obra artística ha sido concluida, o
el invento, la marca o el diseño industrial han sido patentados o registrados antes del comienzo
de la comunidad. El derecho moral sobre la obra intelectual es siempre personal del autor.
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Son bienes gananciales: a) los creados, adquiridos por título oneroso o comenzados a poseer
durante la comunidad por uno u otro de los cónyuges, o por ambos en conjunto, siempre que no
estén incluidos como propios; b) los adquiridos durante la comunidad por hechos de azar, como
lotería, juego, apuestas, o hallazgo de tesoro; c) los frutos naturales, industriales o civiles de los
bienes propios y gananciales, devengados durante la comunidad; d) los frutos civiles de la
profesión, trabajo, comercio o industria de uno u otro cónyuge, devengados durante la
comunidad; e) lo devengado durante la comunidad como consecuencia del derecho de usufructo
de carácter propio; f) los bienes adquiridos después de la extinción de la comunidad por permuta
con otro bien ganancial, mediante la inversión de dinero ganancial, o la reinversión del producto
de la venta de bienes gananciales, sin perjuicio de la recompensa debida al cónyuge si hay un
saldo soportado por su patrimonio propio. Sin embargo, si el saldo es superior al valor del aporte
ganancial, el nuevo bien es propio, sin perjuicio de la recompensa debida a la comunidad;
g) los créditos o indemnizaciones que subrogan a otro bien ganancial; h) los productos de los
bienes gananciales, y los de las canteras y minas propias, extraídos durante la comunidad;
i) las crías de los ganados gananciales que reemplazan en el plantel a los animales que faltan por
cualquier causa y las crías de los ganados propios que excedan el plantel original; j) los
adquiridos después de la extinción de la comunidad, si el derecho de incorporarlos al patrimonio
había sido adquirido a título oneroso durante ella; k) los adquiridos por título oneroso durante la
comunidad en virtud de un acto viciado de nulidad relativa, confirmado después de la disolución
de aquélla; l) los originariamente gananciales que vuelven al patrimonio ganancial del cónyuge
por nulidad, resolución, rescisión o revocación de un acto jurídico; m) los incorporados por
accesión a las cosas gananciales, sin perjuicio de la recompensa debida al cónyuge por el valor
de las mejoras o adquisiciones hechas con sus bienes propios; n) las partes indivisas adquiridas
por cualquier título por el cónyuge que ya era propietario de una parte indivisa de carácter
ganancial de un bien al extinguirse la comunidad, sin perjuicio de la recompensa debida al
cónyuge en caso de haberse invertido bienes propios de éste para la adquisición; ñ) la plena
propiedad de bienes cuya nuda propiedad se adquirió a título oneroso durante la comunidad, si el
usufructo se consolida después de su extinción, así como la de los bienes gravados con derechos
reales que se extinguen después de aquélla, sin perjuicio del derecho a recompensa si para
extinguir el usufructo o los otros derechos reales se emplean bienes propios. No son gananciales
las indemnizaciones percibidas por la muerte del otro cónyuge, incluso las provenientes de un
contrato de seguro, sin perjuicio, en este caso, de la recompensa debida a la comunidad por las
primas pagadas con dinero de ésta.
Los bienes del estado son de dominio público o privado. El carácter público implica que están
destinados al uso y goce de todas las personas.
Bienes públicos: 1. Mares territoriales. 2. Mares interiores. 2. Los ríos y las riberas. 4. Las
playas y las riberas. 4. Los lagos navegables y sus lechos. 6. Las islas, etc. cuando no
pertenecen a particulares. 7. Las calles, plazas, caminos, etc. 8. Los documentos oficiales de los
poderes del Estado. 9. Las ruinas y yacimientos arqueológicos y paleontológicos.
El territorio argentino abarca: el suelo firme, el subsuelo, el espacio aéreo, el litoral marítimo, el
mar adyacente, la plataforma submarina.
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Bienes privados: 1. Las tierras que carecen de otro dueño. 2. Las minas. 3. Los bienes vacantes y
de los de aquellos que mueren sin herederos. 4. Los muros, plazas de guerra, ferrocarriles y toda
construcción hecha por el Estado.
Bienes de la Iglesia
Bienes particulares
Son bienes particulares todos aquellos que no sean del estado, los estados, las municipalidades y
la iglesia. Los puentes construidos en fincas privadas son privados por más que los usen otros.
***
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UNIDAD VI. Hechos Jurídicos. Conceptos. Clasificación. El Silencio. Los actos
Involuntarios. Los actos Ilícitos. Actos jurídicos. Concepto. Caracteres. Elementos.
Clasificación. Interpretación. Modalidades. Vicios. Nulidad. Extinción. Forma de los Actos
Jurídicos. La forma. Los Instrumentos Privados. La Prueba de los Instrumentos Privados. Los
Instrumentos Públicos. La Escritura Pública. Los Medios de Prueba de los Actos Jurídicos.
I. HECHOS JURÍDICOS
Concepto
Toda relación de naturaleza jurídica tiene su origen en algún hecho o evento que la precede. Si el
hecho procede del hombre se lo llama “hecho humano”, de lo contrario se lo denomina “hecho
de la naturaleza.” No todos los hechos son jurídicos sino solamente aquellos que comportan o
conllevan consecuencias jurídicas. El agente que actuó o produjo determinado hecho pudo
hacerlo de un modo voluntario o involuntario
2. HECHOS HUMANOS
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relaciones o situaciones jurídicas. Los actos lícitos adquieren el
carácter de actos jurídicos cuando y porque provocan efectos jurídicos.
Los actos pueden exteriorizarse oralmente, por escrito, por signos
inequívocos o por la ejecución de un hecho material. La declaración
de la voluntad puede ser formal o no formal, expresa o tácita o
inducida por una presunción de la ley.
b. Ilícitos: aquellos que son voluntarios y la ley reprueba porque producen algún
daño por dolo o culpa.
iii. Existen cuatro tipo de consecuencias del ilícito: 1) Inmediatas (las que
suceden en el curso ordinario y natural de las cosas) (ej. lesiones por
accidente de tránsito); 2) Mediatas (las que resultan de la conexión de
un hecho con un acontecimiento distinto) (ej. los gastos por atención
médica o lucro cesante) ; 3) Casuales (son las consecuencias mediatas
que no pueden preverse); 4) Remotas (son las que tienen un nexo
adecuado de causalidad con el hecho ilícito) (ej. un daño por
desprendimiento del techo mientras estaba siendo atendido en el
hospital luego del accidente). La relación de causalidad que finca en
una relación material, esto es la determinación si el daño es fruto de un
hecho concreto, no está estrictamente ligada a la imputabilidad, que es
un concepto jurídico a fin de determinar si alguien debe responder con
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la obligación de resarcir o reparar el daño.
Desde un punto de vista jurídico el silencio no consiente la frase que dice “el que calla otorga”,
sino que el silencio constituye una verdadera manifestación cuando la ley le otorga ese carácter.
1. Cuando existe obligación legal de expedirse, como ser el caso de que a una persona se le
impute la firma de un documento, su silencio importa el reconocimiento de la firma.
3. Cuando existe alguna relación entre el silencio actual y las relaciones anteriores, como en
el caso de la entrega de mercaderías a un precio, notificándole al comprador que el
mismo ha variado y las sigue recibiendo sin ningún tipo de contra orden.
4. Cuando los celebrantes de un acto jurídico hubieren convenido que el silencio de una de
ellas fuese tomado como declaración de voluntad en un sentido determinado; así, por
ejemplo, si dos personas suscriben un contrato de depósito por 3 años y acuerdan que el
término de prorrogará automáticamente por otros 3 años, si las partes no manifiestan su
voluntad en contrario antes del primer vencimiento.
24
II. ACTOS JURÍDICOS
Concepto y caracteres
Según lo expuesto, el acto jurídico es el acto voluntario lícito que tiene por fin inmediato la
adquisición, modificación o extinción de relaciones o situaciones jurídicas. Es el instrumento
con que cuentan las personas para establecer relaciones jurídicas; sea por ejemplo para crear una
fundación, otorgar un testamento, formalizar un contrato de fianza, crear una asociación, realizar
un pago, apoderar a una persona, cancelar una deuda, etc.
En definitiva, los actos jurídicos son actos voluntarios lícitos que tienen por fin inmediato
establecer entre las personas relaciones jurídicas, crear, modificar, transferir, conservar o
aniquilar derechos.
Elementos
Los actos jurídicos tienen 3 elementos: sujeto, objeto y forma. El sujeto es el autor, el objeto es
la materia, y la forma es la manera del acto jurídico.
El objeto es propiamente el contenido del acto, esto es cosas que estén en el comercio o que por
un motivo especial no se hubiese prohibido que sean objeto de algún acto jurídico, o hechos que
no sean imposibles, ilícitos, contrarios a las buenas costumbres o prohibidos por las leyes, o que
se opongan a la libertad de las acciones o de la conciencia, o que perjudiquen los derechos de un
tercero. Los actos jurídicos que no sean conformes a lo antedicho, son nulos como ni no
tuviesen objeto.
Clasificación
2. Unilaterales (solo se necesita la voluntad de una persona para crearlos; ej. testamento) y
bilaterales (necesita el consentimiento de dos o más persona; ej. la locación de un
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inmueble).
4. Entre vivos (la eficacia del acto no depende del fallecimiento de aquellos de cuya
voluntad emanan) y de última voluntad (solo producen efecto con el fallecimiento de
aquellos de cuya voluntad emanan; ej. testamentos).
5. Formales (requieren de las formalidades previstas por ley; ej. matrimonio) y no formales
(no necesitan de ninguna formalidad para su validez; ej. contrato de comodato).
6. Principales (no dependen para su existencia de ningún otro acto; ej. contrato de cesión de
derechos) y accesorios (su existencia depende de la existencia de otro u otros actos; ej.
contrato de prenda).
Interpretación
La interpretación de los actos jurídicos tiene por objeto determinar su verdadero contenido y
alcance (ver arts. 1061-1068, CCyCN).
Los contratos deben interpretarse conforme a la intención común de las partes y al principio de la
buena fe.
Las palabras empleadas en el contrato deben entenderse en el sentido que les da el uso general,
excepto que tengan un significado específico que surja de la ley, del acuerdo de las partes o de
los usos y prácticas del lugar de celebración conforme con los criterios dispuestos para la
integración del contrato.
Se aplican iguales reglas a las conductas, signos y expresiones no verbales con los que el
consentimiento se manifiesta.
Las cláusulas del contrato se interpretan las unas por medio de las otras, y atribuyéndoles el
sentido apropiado al conjunto del acto.
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Cuando el significado de las palabras interpretado contextualmente no es suficiente, se deben
tomar en consideración las siguientes fuentes de interpretación:
Si hay duda sobre la eficacia del contrato, o de alguna de sus cláusulas, debe interpretarse en el
sentido de darles efecto, de conservar dichas cláusulas. Si esto resulta de varias interpretaciones
posibles, corresponde entenderlos con el alcance más adecuado al objeto del contrato.
La interpretación debe proteger la confianza y la lealtad que las partes se deben recíprocamente,
siendo inadmisible la contradicción con una conducta jurídicamente relevante, previa y propia
del mismo sujeto.
En el caso de expresiones oscuras, si aun persisten las dudas y el contrato es a título gratuito se
debe interpretar en el sentido menos gravoso para el obligado y, si es a título oneroso, en el
sentido que produzca un ajuste equitativo de los intereses de las partes.
Son modalidades de los actos jurídicos las estipulaciones de carácter accesorio que limitan la
plenitud de la obligación principal. Sea que aquellas tornen insegura su existencia, obligando al
titular de un derecho a cumplir con una prestación accesoria o limitando su exigibilidad en el
tiempo.
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3. Causales: cuando las condiciones respecto del hecho previsto no dependen de la
autonomía de la voluntad de las partes (ej. la donación de toda la colección de libros
personal si éste gana la lotería).
4. Potestativas: cuando las condiciones refieren que el acontecimiento que se prevé depende
de la voluntad del interesado (ej. el compromiso de dar 10.000 el 31/1 si ese día estoy de
buen humor).
8. Lícitas: cuando las condiciones no resulten prohibidas por la ley, pudiendo ser actos
puros o condicionales.
9. Prohibidas: cuando las condiciones son imposibles, contrarias a las buenas costumbres o
ilícitas.
2. Plazo: es la modalidad por la cual se pospone el ejercicio de los derechos; es un lapso entre la
celebración del acto y el acaecimiento de un hecho futuro y real.
La obligación es a plazo cuando el ejercicio del derecho que a ella corresponde está subordinado
a un plazo suspensivo o resolutorio.
Los caracteres del plazo son tres: a) siempre está previsto para el futuro; b) el hecho previsto es
definitorio o fatal; c) el hecho previsto no es retroactivo.
El plazo se establece para ambas partes, salvo que por la naturaleza de la prestación u otras
circunstancias resulta que se ha puesto en favor de alguna de las partes. La obligación nunca
será exigible antes del vencimiento del plazo acordado; si el deudor pagase antes del mismo, no
podrá repetirlo aunque hubiese obrado con error. El plazo caduca cuando el deudor cae en
insolvencia o se ordena el remate de los bienes hipotecados, prendados, etc.
1) Suspensivo: cuando suspende en el tiempo los efectos del acto jurídico hasta el
cumplimiento del término acordado (ej. obligación de entregar una obra a cien días).
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2) Resolutorio: cuando se limitan los efectos del acto hasta cierto tiempo (ej. la muerte de la
persona sobre la que se ha constituido, extingue el derecho del acreedor a la renta de por
vida, para el futuro).
Por ejemplo, el plazo puede saberse con certeza: te daré 10 relojes de oro el primero de julio.
Puede saberse con certeza pero no cuando: te daré 10 relojes de oro cuando se muera fulano.
Puede no saberse con certeza si pasará, por si pasa, hay certeza: te daré 10 relojes de oro cuando
cumplas 50 años. Puede no saberse si alguna vez pasará ni cuando: te daré 10 relojes de oro
cuando nazca tu hermana.
3. Cargo: es una obligación accesoria que se impone generalmente a quien adquiere un derecho
por título gratuito y excepcionalmente a los adquiridos por título oneroso. Dos características: a)
es una obligación que grava a una parte; b) es de naturaleza accesoria a la adquisición de un
derecho.
Si el cargo no tiene plazo lo puede fijar el juez, y pasa a los herederos del que fuese gravado por
el mismo. Si el cargo impuesto fuese inmoral o ilícito, es nulo el acto que lo hubiere impuesto.
El incumplimiento del cargo faculta al acreedor a ejercer las medidas coercitivas necesarias para
su cumplimiento, sin que afecte la adquisición del derecho salvo en estos supuestos:
Vicios
Los vicios de los actos jurídicos son anormalidades que pueden provocar la invalidez de los
mismos. Los vicios pueden ser sustanciales (los autores del acto no lo hubieran celebrado con
intención y libertad) o formales (cuando los celebrantes del acto no hubieran respetado las
formalidades establecidas por la ley para el mismo).
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Los actos jurídicos podrán anularse cuando estuvieren viciados por: 1) error; 2) dolo; 3)
violencia; 4) fraude; 5) simulación; y/o 6) estado de necesidad.
a. Error en la naturaleza del acto: este error anula el contenido del acto, como cuando
alguien presta su casa a una persona y ésta piensa que le fue donada.
b. Error sobre la persona: es un error esencial que anula el acto jurídico, como cuando se
envía una encomienda a Josefa pero la persona creía que iba dirigida a Marcos.
c. Error en el objeto: es un error que anula el acto cuando versa sobre una cosa diferente
de la pretendida para la contratación, sea de diversa especie, cantidad, extensión,
suma, etc.
d. Error sobre la causa principal: el error sobre la causa principal de un acto o la calidad
de la cosa deseada vicia el acto, como cuando alguien cree adquirir una obra original
y le entregan una reproducción.
e. Error en la sustancia: en este caso de error la cosa es la misma por la cual se celebró
el acto jurídico pero existe una cualidad diferente de ella de la que esperaba
encontrar.
Algunos ejemplos de error: a) El que tiene relación con la valía de la cosa, como cuando alguien
alquila un local que considera accesible económicamente cuando en realidad resulta excesivo o
prohibitivo para sus medios. b) El que tiene relación sobre la persona, como cuando alguien
quiere comprar un auto para Juana pero por error lo compra para José. c) El que tiene relación
con un error de pluma, como por ejemplo cuando alguien compra una alhaja por 10.000 pero se
inscribe 1.000, en cuyo caso el acto es válido y se toma en cuenta la cifra convenida y no la
manuscrita. d) El que tiene relación con un error de cálculo, como cuando alguien vende 10
metros de cinta por 1 peso y debió haber recibido 10 pesos.
Se considera que el error de hecho no causa perjuicio cuando existió una razón para errar, pero
no puede ser alegado cuando la ignorancia de la situación proviene de una negligencia culpable.
Por ejemplo, es inexcusable el error sobre la ubicación del inmueble que su propietario prometió
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en venta o sobre el contenido del documento preparado por la contraparte que resulta ser
analfabeta.
La responsabilidad de una persona por las consecuencias de sus actos puede eliminarse si hubiere
obrado con error. El error producto de la ignorancia de la ley no es oponible.
2. Dolo: el dolo aquí es entendido como vicio de la voluntad, en tanto una aserción de lo que es
falso o disimulación de lo verdadero, cualquier artificio, astucia o maquinación que se emplee
con ese fin. El dolo puede ser probado mediante todos los medios legales disponibles.
Los caracteres del dolo son los siguientes: a) debe ser grave, b) debe ser determinante, y c) debe
provocar un daño.
Si el dolo reúne las tres características previas produce la nulidad del acto. En tal caso la sanción
no es solo la nulidad sino también la obligación de quien lo provocó de reparar los daños y
perjuicios.
Si el dolo no reúne la totalidad de los tres requisitos, no se produce la nulidad del acto, pero el
damnificado podrá ejercer la acción resarcitoria en función de las circunstancias del caso,
siempre y cuando él no hubiere actuado engañosamente.
Si el dolo fuese recíproco, ninguno de los celebrantes del acto podrá solicitar la nulidad, ni
ejercer la acción por daños y perjuicios. El dolo puede provenir tanto de una de las partes como
de un tercero.
b. Dolo incidental: es aquel por el cual se engaña a otro para que acepte condiciones más
onerosas que las comunes.
c. Dolo directo: es el cometido por alguna de las partes que celebran el acto.
e. Dolo positivo: son las acciones positivas del autor del engaño.
3. Violencia: habrá violencia cuando exista falta de libertad en los agentes, cuando se emplease
contra ellos fuerza irresistible. Se produce cuando el consentimiento ha sido logrado bajo la
presión de una fuerza irresistible, sea física o psicológica.
Los caracteres de la violencia son: a) debe ser una amenaza injusta, b) debe provocar un temor
racional de sufrir un mal, y c) debe ser grave.
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Por ejemplo, cuando se amenaza la destrucción de bienes de una persona o si se lesiona a una
persona para obligarlo a suscribir un contrato.
Verificados los requisitos, se anula el acto y el damnificado podrá reclamar los daños y
perjuicios. La prueba de la violencia incumbe a quien la ha sufrido, y todos los medios legales
son viables. La violencia puede provenir de las partes o un tercero.
4. Fraude: el fraude tiene lugar cuando la persona insolvente enajena sus bienes para
sustraerlos a la acción de los acreedores, quienes en este caso pueden recurrir a la “acción
revocatoria.”
La “acción de simulación” puede ser ejercida por las partes que celebraron el acto simulado o los
terceros interesados, sean los acreedores, fiadores, herederos perjudicados, etc.
Quien invoca este vicio de la voluntad podrá optar entre demandar la nulidad o reajustar
equitativamente el acuerdo.
Nulidad
La nulidad es una sanción de carácter legal que obsta a que se produzcan los efectos normales de
un acto jurídico, por alguna causa o impedimento al momento de la celebración.
Características de la nulidad: 1) es una sanción de la ley; 2) quita los efectos propios de los actos
jurídicos; y 3) actúa sobre la causa que dio origen al acto jurídico.
Debemos recalcar la distinción entre actos nulos y anulables. Los actos anulables se consideran
válidos mientras no sean anulados y solo se tendrán por nulos desde el día de la sentencia que los
anulase. Los actos nulos presentan un vicio patente y manifiesto a la celebración del acto, no así
los anulables, en cuyo caso la invalidez no aparece tan manifiesta. Esto es relevante en relación
con los efectos, puesto que si el acto es nulo lo es automáticamente sin necesidad de una
declaración judicial. Si el acto es anulable, tal declaración judicial es estrictamente necesaria.
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La nulidad puede ser absoluta o relativa. La primera afecta el orden social y cualquier persona
puede solicitarla; la segunda solo agravia el vicio del acto a las partes que han intervenido en el
mismo. La nulidad absoluta no es susceptible de confirmación, mientras que sí lo es la relativa.
Ejemplos de nulidades:
1. Son nulos los actos procesales realizados por un demente sin intervención de curador.
2. Es nula la compraventa de un inmueble si es falsa la firma de una de las partes asentada
en una escritura pública.
3. Es anulable el acto realizado por una persona con una capacidad accidental –en estado de
ebriedad- al momento de celebrar la compraventa.
4. Es anulable el acto cuando la causa de la invalidez no es manifiesta, por depender de una
investigación de hecho.
En relación con los efectos de la nulidad en relación con terceros, todos los derechos reales o
personales transmitidos a terceros sobre un inmueble por una persona que ha llegado a ser
propietario en virtud del acto anulado, quedan sin ningún valor y pueden ser reclamados
directamente del poseedor actual; salvo de los derechos de terceros adquirentes de buena fe a
título oneroso, sea el acto nulo o anulable.
No obstante lo dicho respecto de una declaración de nulidad, algunos actos jurídicos pueden
producir ciertos efectos. Por ejemplo, los instrumentos nulos por falta de formar o por
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incompetencia del oficial público, tendrán valor como instrumentos privados si se encuentran
firmados. Del mismo modo, el mandato posterior, aunque fuese nulo por un vicio de forma,
revoca el anterior otorgado.
La confirmación (convalidación) del acto viciado de nulidad, nunca aplicable en caso de nulidad
absoluta, puede ser expresa o tácita. En el caso de confirmación expresa, el instrumento debe
contar (bajo pena de nulidad) con la sustancia del acto que se quiere confirmar, el vicio que
adolecía, y la manifestación de la intención de repararlo. La confirmación tiene efectos
retroactivos al día en que tuvo lugar el acto y en los actos de última voluntad al día del
fallecimiento del disponente.
Extinción
Tanto como los hechos jurídicos pueden producir la extinción de derechos y obligaciones, lo
mismo sucede con los actos jurídicos (un tema también atinente a las “Obligaciones”).
1. Resolución. Se produce la resolución del acto jurídico cuando por una causa posterior a
la celebración se extinguen retroactivamente los efectos del mismo (ej. la cláusula de
arrepentimiento en el contrato de compraventa).
2. Revocación. Se produce la revocación del acto cuando el agente o una de las partes, por
su voluntad, deja sin efecto al mismo o cesa en la transmisión de algún derecho (ej.
cuando se deja sin efecto una propuesta de contrato de locación).
La forma
Como principio, cuando la ley no designe forma alguna para un acto jurídico, los interesados
pueden usar de las formas que juzgaren convenientes.
La forma es el conjunto de las prescripciones de la ley, respecto de las solemnidades que deben
observarse al tiempo de la formación del acto jurídico; esto es: la escritura del acto, la presencia
de testigos, que el acto sea hecho ante escribano público, o por un oficial público, o con un
concurso del juez del lugar.
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Los actos jurídicos en cuanto a su forma pueden ser formales o no formales. Son formales
aquellos donde su celebración debe hacerse de acuerdo a la ley, como por ejemplo la cesión de
créditos debe realizarse por escrito. Son no formales cuando en ellos prima la libertad de las
partes para su celebración, como el caso de comodato que aun puede ser verbal.
Los actos formales pueden ser solemnes o no solemnes. Los solemnes incluyen, por ejemplo, el
matrimonio. Y los no solemnes, por ejemplo, la transmisión de algún derecho personal.
Son instrumentos privados aquellos que las partes se otorgan sin intervención de un agente
público, sea un escribano o un funcionario público.
Para los actos bajo forma privada no hay forma alguna especial, incluyendo el idioma y la
solemnidades que estimen convenientes, con la siguiente excepción: a) la firma (tema de firma
digital o electrónica; nunca en carbónico); b) el doble ejemplar (ejemplares de idéntico tenor;
subsanación posterior por la falta de ejemplares).
El principio respecto de los instrumentos privados es que no gozan de autenticidad por sí, como
es el caso de los instrumentos públicos. Los instrumentos privados carecen de valor probatorio
en tanto no fueren reconocidos por quien los suscribió o declarada su autenticidad en el ámbito
judicial.
La ley permite la firma en blanco, esto es antes de que el documento sea escrito. Y ello se lo
entiende como un mandato tácito otorgado a la persona a quien se lo confía. La prueba de
testigos está prohibida para impugnar un documento firmado en blanco. Pueden suscribirse en
días hábiles o inhábiles sin restricción. Salvo que fueren voluntariamente reconocidas, la
fotocopias carecen de fuerza probatoria para la ley.
Todos los documentos otorgados con las formalidades que la ley determina y en presencia de un
oficial público, se denominan instrumentos públicos, y se encuentran sujetos a los siguientes
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requisitos: 1) el oficial público debe ser el autorizado por la ley; 2) debe ser competente en la
materia y en la jurisdicción; 3) el instrumento debe guardar las formalidades legales.
Se consideran instrumentos públicos: a) las escrituras públicas y sus copias o testimonios; b) los
instrumentos que extienden los escribanos o los funcionarios públicos con los requisitos que
establecen las leyes; y c) los títulos emitidos por el Estado nacional, provincial o la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, conforme a las leyes que autorizan su emisión.
La escritura pública
Son “escrituras públicas” aquellos instrumentos otorgados por escribanos públicos en su libro de
protocolo; excepcionalmente pueden otorgarlas otros funcionarios públicos. Por ley poseen
funciones notariales los ministros diplomáticos y cónsules del país acreditados en otros Estados.
Son requisitos en cuanto a la forma de las escritura pública los siguientes: a) deben insertarse en
el libro denominado de protocolo; b) deben ser hechas en idioma nacional.
El escribano debe dar fe de que conoce a los celebrantes, leer la escritura a las partes antes de
que la firmen y salvar, si así fuere necesario, de su puño y letra las enmiendas y raspaduras antes
de la firma. Si los otorgantes fuesen representados por mandatarios o representantes legales, el
notario expresará que se le han presentado los poderes y documentos habilitantes, los cuales
anexará al protocolo.
La prueba es la demostración de la existencia de un hecho físico o jurídico según las formas que
admite la ley.
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Medios de prueba selectos:
2. Presunciones legales: si bien no es una prueba directa de los hechos, se la considera como
las vinculaciones que un razonamiento crítico puede determinar entre los hechos.
Algunas surgen de la ley, como la que indica que el mandato se presume gratuito cuando
no se hubiere pactado una retribución por el trabajo.
3. Testigos: son los terceros ajenos que en juicio declaran en relación con los hechos
controvertidos por las partes. El testigo debe ser persona capaz, mayor de catorce años,
debiendo prestar juramento de decir verdad.
***
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UNIDAD VII. Obligaciones. Concepto. Elementos. Clasificación. Por su protección legal. Por
su objeto. Por el sujeto. Por su modalidad. Efectos. La ejecución directa e indirecta. Extinción
de las obligaciones.
Concepto
La obligación es un vínculo personal de derecho que nos sujeta respecto de otro a darle alguna
cosa o hacer o no hacer algo. La obligación admite un sujeto activo o titular de un crédito y un
sujeto pasivo o constreñido a un deber. En efecto, en la obligación se verifica un sujeto, una
relación jurídica y un objeto.
Los sujetos pueden ser singulares o plurales, pero siempre determinados. Lo importante es que
los sujetos puedan determinarse con motivo de la celebración de una transacción que genera en
efecto una obligación (ej., el ganador de un billete de lotería solo se conoce con motivo del
sorteo, ocasión en la cual se convierte en acreedor del premio).
Los sujetos serán necesariamente personas, sean físicas o jurídicas, y estas últimas públicas o
privadas.
2. El objeto: es la cosa o hecho sobre el cual recae la obligación (ej., la ejecución de un obra o la
entrega de una suma dinero, o la abstención o prohibición de ejecutar una obra). Así las
prestaciones podrán requerir de un hecho positivo o negativo.
El objeto debe ser patrimonial. El objeto de los actos jurídicos deben ser cosas que estén en el
comercio o que no estuviere prohibido como tal, o que sea imposible, ilícito, contrario a las
buenas costumbres o las leyes, o que se oponga a la libertad de las acciones o la conciencia, o
que perjudique a un tercero. Los actos en contra de lo dicho son nulos como si no tuvieran
objeto (ej., la “venta de influencias”).
El objeto debe reunir las siguientes características: a) debe ser determinado; b) debe ser posible.
c) debe ser transable; d) debe ser lícito; e) debe ser social.
3. La causa: la causa de la obligación tiene dos sentidos: a) como causa fuente, esto es el hecho
que origina la obligación; y b) como causa final, esto es la finalidad que las partes se propusieron
para la obligación.
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La causa como finalidad se presume que existe aunque no esté expresada en la obligación, salvo
que el deudor pruebe lo contrario. En todas las situación la causa de la obligación se reduce a la
intención de las partes al momento de la creación del acto jurídico. La causa es el móvil
invariable para la contratación, no la razón íntima que lleva a alguien a contratar (ej., en el
contrato de compraventa la causa-fin perseguida es la obligación de entregar el objeto vendido
para cobrar el precio pactado, no las razones subyacentes para que ello suceda entre las partes).
De ahí que la subjetividad que determinó a cada persona a celebrar un contrato no tiene
influencia alguna sobre su validez jurídica.
Los actos jurídicos que carecen de causa, no obstante su licitud, no merecen ser tutelados por el
derecho, como ser los meros acuerdos de cortesía o con motivo de una broma.
Cosas Ciertas
Mixtas
Las obligaciones son civiles cuando tienen efectos jurídicos y el acreedor puede perseguir el
cumplimiento de la obligación al deudor coercitivamente.
Son obligaciones naturales aquellas que si bien existen y alguien es acreedor y alguien es deudor,
el primero no puede perseguir al segundo para cumpla –hacer o no hacer– coercitivamente.
Las obligaciones naturales: están fundadas en la equidad; no otorgan ninguna acción para
reclamar el pago; si el deudor ha cumplido con su obligación que era natural, no podrá repetir de
su acreedor; una obligación civil que ha prescripto continúa siendo natural.
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La diferencia esencial entre las obligaciones naturales y las civiles es que en las primeras el
acreedor como titular del derecho carece de la posibilidad de accionar judicialmente en contra
del deudor como titular de la obligación.
Asimismo, no existe impedimento alguno para que las mismas partes de un acto jurídico
acuerden que una determinada obligación será de carácter natural desde el momento de su
celebración y a efectos de su cumplimiento, de modo tal que sea considerada como una
obligación en conciencia o un deber moral (ej., usualmente la decisión de una fundación de
brindar un préstamo para que el estudiante concluya sus estudios).
a) En las obligaciones de dar en general es indiferente la persona del deudor o quien hubiere
asumido el compromiso de cumplir, y es importante la persona del obligado en las obligaciones
de hacer.
b) Son diferentes los plazos de prescripción en las obligaciones de hacer y de dar (el derecho del
acreedor debe ser ejercido en un plazo determinado para exigir coercitivamente su cumplimiento
por parte del deudor).
c) En las obligaciones de dar el deudor remiso al cumplimiento puede ser forzado a hacerlo aun
en contra de su voluntad, su patrimonio es garantía común de los acreedores; mientras que en las
obligaciones de hacer lo debido es una actitud, una conducta o la realización de una obra, y no es
posible forzar su cumplimiento específico (independientemente del resarcimiento por daños y
perjuicios).
B. Según su objeto
Cuando la obligación es de objeto único, se debe una sola realidad (ej., se vende una
computadora determinada o se alquila un departamento determinado); y cuando la obligación es
de objeto plural, lo debido abarca más de una realidad (ej., se presta el auto y el departamento).
La obligación de dar una cosa es entregar un bien mueble o inmueble, con la finalidad de
transferir el dominio o solamente su uso o la tenencia o la restitución a quien fuere su dueño.
Si la cosa que debemos entregar está determinada, es una obligación de dar cosas ciertas (ej., te
daré un predio en la localidad de Tandil, Provincia de Buenos Aires, sito en la calle Avellaneda
543).
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Cuando la obligación fuere de entregar cosas fungibles, ésta puede cumplirse entregando alguna
cosa de igual naturaleza (ej., te vendo 100 toneladas de hierro, cumpliendo con la cantidad y
calidad aludida).
En este caso, la elección de la cosa a entregar es en favor del titular de la obligación, el deudor,
pero las partes pueden pactar que la elección esté a cargo de un tercero o del mismo titular del
derecho, el acreedor.
El compromiso de dar incluye los accesorios de la cosa (ej., si se vende la finca ello incluye los
alambrados, construcciones, etc.)
Cuando se trata de dar una suma de dinero las obligación es de dar cosas fungibles. Se le
asignan tres valores al dinero: 1) propio: es el que corresponde literalmente a algún metal de alta
calidad como el oro o el bronce para acuñar a la moneda; 2) nominal: es el que el estado le
otorga o le atribuye sin considerar el valor propio; 3) de curso legal: corresponden al valor que
posee una moneda en relación con otras monedas extranjeras.
Cuando la ejecución fuere por otro pueden presentarse distintos escenarios: 1) posible: no influye
quien ejecute la obra (ej., puede ser un obrero u otro); 2) imposible: la obra o servicio solo
pueden ser ejecutados por determinada persona (ej., un profesor del idioma húngaro clásico
especialista en literatura.
La falta de realización de la obra puede ser por culpa del deudor o no. En el primer caso,
nuevamente, deberá asumir los daños y perjuicios. En el segundo, la obligación quedará
extinguida pero el deudor deberá restituir lo que hubiere recibido del acreedor.
Las obligaciones de objeto plural pueden ser: 1) conjuntas: cuando el obligado debe todas las
cosas conjuntamente (ej., una persona alquila de un tercero una casa, un auto y una lancha, y
cumple cuando devuelve las tres cosas); 2) alternativas: cuando se cumple con la ejecución de
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cualquiera de las prestaciones que componen el objeto, pudiendo quedar la elección a cargo del
deudor o el acreedor (ej., una casa de venta de alfombras se compromete a entregar 12 alfombras
de lana, lana mixta, o sintéticas a elección del acreedor); o 3) facultativas: cuando no teniendo
por objeto sino una sola prestación el deudor detenta la facultad de sustituirla por otra (ej.,
alguien se compromete a entregar un caballo, pero entrega un perro en subsidio).
C. Según su sujeto
Cuando la obligación es de sujeto único, la relación está integrada por un solo acreedor y un solo
deudor; cuando la obligación es de sujeto plural, conviven en la relación más de un deudor y/o
más de un deudor.
Las obligaciones de sujeto plural son conjuntas cuando todos los deudores o acreedores lo son al
mismo tiempo, con una porción del crédito o la deuda.
Ejemplos
a) Un deudor y varios acreedores: 3 acreedores por $2.000 cada uno y un deudor por $6.000.
Cada acreedor solo puede reclamar su parte del crédito al deudor.
b) Un acreedor y varios deudores: 3 deudores por $1.000 cada uno y un acreedor por $3.000.
Cada deudor debe su parte y el acreedor no puede exigirle más de esa porción a cada uno de ello.
Las porciones no tienen que ser iguales, pueden ser diversas dependiendo del acuerdo.
c) Varios acreedores y varios deudores: 2 acreedores A por $1.200 y B por $2.400 cada uno, y 3
deudores: C, D y E deben cada uno $400 a A y, cada uno $800 cada uno a B. Cada acreedor solo
podrá exigir a cada deudor su porción, conforme b) supra.
Cada acreedor solo podrá exigir a cada deudor su porción. Por principio y regla todas las
obligaciones son divisibles y mancomunadas.
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A su vez, las obligaciones mancomunadas pueden ser solidarias cuando la totalidad del objeto de
la obligación puede ser demandado por cualquiera de los acreedores o a cualquiera de los
deudores. Estas obligaciones son una excepción y solo adquieren ese carácter por disposición
expresa de partes (ej., disposición contractual por la cual todos los deudores se obligan
solidariamente a pagar el total de la deuda de $10.000) o disposición de la ley (ej., las que nacen
de los hechos ilícitos)
Las obligaciones solidarias presentan los siguientes caracteres especiales: 1) sin interesar el
número de deudores o de acreedores, lo debido es siempre una cosa; 2) la vinculación entre
deudores y acreedores pueden tener distintas modalidades entre ellos, de modo que para uno
pueda ser condicional y para otro pura y simple; 3) son siempre excepcionales puesto que el
principio general es que las obligaciones son simplemente mancomunadas salvo determinación
expresa que son solidarias.
La solidaridad puede ser pasiva (todos los deudores están obligados a pagar el total de la deuda),
activa (cada uno de los acreedores puede reclamar al deudor la totalidad del crédito), o mixta (en
la misma obligación existen sujetos activos y pasivos plurales).
Las obligaciones no producen efectos sino entre el acreedor y deudor y sus sucesores salvo en las
siguientes situaciones: 1) Seguro de vida: cuando se designa beneficiario, la aseguradora deberá
pagar a éste la indemnización en caso de fallecimiento de quien hubiere tomado el seguro; 2)
Acreedores comunes: éstos se ven de alguna manera afectados por los actos de disposición que
efectúe su deudor.
En general, los efectos de las obligaciones son aquellas realidades de distinto tipo que pretenden
hacer desparecer la obligación del mundo jurídico o lograr su cumplimiento.
1) Preventivos: aquellos que tienen como fin persuadir al obligado a cumplir, ya que en caso de
no hacerlo su situación de deudor se agravaría.
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3) Anormales: aquellos que aparecen ante la falta del efecto normal. En consecuencia, si hay
cumplimiento existen medios legales y convencionales para provocar la desaparición de la
obligación en forma subsidiaria.
Excepción de incumplimiento
Indemnización
Ejecución forzosa
Los efectos pueden ser mediatos (cuando la obligación es pura y simple) o inmediatos (cuando la
obligación se encuentra sometida a alguna modalidad, sea una condición suspensiva o
resolutoria).
Los efectos en relación con el acreedor tienen que ver con las facultades que nacen de la
obligación de la cual es sujeto activo. La razón de ello es que el titular de un crédito sea
satisfecho íntegramente de lo que le es debido.
La normalidad tiene lugar cuando el deudor cumple en forma natural su obligación –esto es el
cumplimento normal.
En caso contrario, tiene lugar la anormalidad y el acreedor podrá recurrir a los medios legales
disponibles para procurarse el pago de lo que se debe –lo que se denomina ejecución forzada.
También podrá procurarse el cumplimiento por un tercero, lo que se denomina ejecución por
tercero, salvo que la persona del deudor hubiese sido contratada considerada para cumplir la
obligación. En el caso de efectos anormales, el acreedor podrá requerir del deudor la
indemnización correspondiente.
En el caso de los efectos anormales, el acreedor podrá ejercer todas las medidas precautorias
necesarias para garantizar su crédito, antes de demandar al obligado o durante el juicio (ej.,
embargo, acciones revocatoria, subrogatoria, de simulación, etc.).
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La ejecución directa e indirecta
Por otro lado, la ejecución es indirecta cuando al acreedor se le proporciona una prestación
diferente de la adeudada aunque su valor sea equivalente. La prestación originaria se transforma
en la de abonarle al acreedor la suma de dinero equivalente en valor a los daños y los perjuicios
que le incumplimiento le ocasionó. La ejecución indirecta está vinculada con los efectos
anormales de las obligaciones, siendo la idea central que el acreedor que no ha recibido la
prestación a la que tenía derecho quede en la misma situación patrimonial, como si ésta se
hubiese cumplido.
La ejecución indirecta necesita de las siguientes condiciones: 1) la mora del obligado; 2) que el
incumplimiento fuera imputable al deudor; 3) que el acreedor hubiese sufrido perjuicio; 4) que
exista causalidad entre el incumplimiento y el daño producido.
Del mismo modo que las obligaciones nacen y tienen efectos jurídicos, las mismas fenecen o se
extinguen.
a. El pago.
b. La novación.
c. La compensación.
d. La transacción.
e. La confusión.
f. La remisión de la deuda.
g. La imposibilidad de pago.
h. En el caso de obligaciones estrictamente personales (intuitae personae), con la muerte o
incapacidad del deudor.
i. La insolvencia concursal del deudor.
j. La prescripción liberatoria.
1. Pago
El carácter dado al pago por la ley es el de cumplimiento de la obligación tanto de dar como de
hacer, o como de no hacer. Es pago no solo se refiere a la obligación de dar, son quien entrega la
obra encomendada también paga. El pago es un acto jurídico: la ejecución concreta y efectiva de
la obligación asumida.
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El pago será válido si quien lo efectúa y quien lo recibe son capaces jurídicamente y si el mismo
no se efectúa en fraude a los demás acreedores.
Objeto del pago. El objeto del pago es exactamente lo que se hubiere pactado en la obligación,
no estando el acreedor obligado a aceptar pagos parciales, por lo cual para liberarse el deudor
debe abonar íntegramente su deuda.
El objeto del pago debe responder a los principios de identidad, entendiéndose por ello que el
pago representa la obligación a pagar algo de un modo íntegro, el total de lo que se debe..
El pago efectuado con posterioridad a la fecha en que debía cumplirse la obligación no puede
considerarse que tenga carácter cancelatorio, porque el pago requiere el cumplimiento exacto de
la obligación como requisito para obtener el efecto liberatorio porque no reúne el requisito de
integralidad, de modo tal que debe ser considerado como pago parcial.
Lugar del pago. El principio general es que las partes libremente podrán determinar cuál es el
lugar de pago de la obligación.
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Si no hubiera un lugar designado y el pago consistiese en pagar una suma de dinero, como precio
de alguna cosa enajenada por el acreedor, debe ser hecho en el lugar de entrega de la cosa, salvo
que el pago sea a plazos.
Oportunidad del pago. El pago debe hacerse el mismo día de su vencimiento. Si éste no fuera
consignado, será el día en que deba hacerse la entrega de dinero, el juez señalará el tiempo en
que el deudor deba hacerlo.
Prueba del pago. La prueba del pago le corresponde a quien lo invoca: el obligado. Usualmente
el “recibo” es el medio idóneo para probar que se ha pagado. Es una declaración del acreedor
por escrito y con su firma. También podrá probarse por cualquier otro medio de prueba, como
testigos. Para ser una contundente prueba del pago el recibo deberá contener: la fecha, el lugar,
el monto, quién paga, a quién se le paga, por qué concepto, y la firma del acreedor.
El deudor tiene derecho a exigir del acreedor el correspondiente recibo por el cumplimiento de la
obligación. El cumplimiento exacto de la obligación le confiere al deudor el derecho de obtener
la liberación correspondiente o el derecho de repeler las acciones del acreedor, si la obligación se
hallase extinguida o modificada por una causa legal.
Si en la factura no se consigna el plazo del pago, se presume que la venta fue al contado. Si las
facturas no fueran reclamadas por el comprador dentro de los 10 días desde la entrega y recibo,
se presumen cuentas liquidadas.
Imputación del pago. La imputación del pago es relevante en el caso que el acreedor y el deudor
tengan más de una obligación vigente entre sí. En este caso, el deudo está facultado para
establecer cuál de ellas paga; es un derecho del deudor de elegir que nace del principio “favor
debitoris.”
Si las partes no lo hubieran hecho, el pago deberá imputarse entre las obligaciones de plazo
vencido a la más onerosa, o porque llevare intereses, o porque hubiera una pena constituida por
falta de cumplimiento de la obligación, o por mediar prenda o hipoteca, o por razón semejante.
Si las deudas fuesen de igual naturaleza, el pago se imputará a todas prorrata.
El pago por consignación es el que se realiza mediante depósito judicial por la suma debida. Es
un procedimiento especial previsto por la ley para que el obligado pueda liberarse si el acreedor
no quiere o no puede recibir el pago.
La consignación pueden tener lugar 1) cuando el acreedor no quisiera recibir el pago ofrecido
por el deudor; 2) cuando el acreedor fuese incapaz de recibir el pago al tiempo que el deudor
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quisiere hacerlo; 3) cuando el acreedor estuviese ausente; 4) cuando fuese dudoso el derecho del
acreedor a recibir el pago y concurrieren otras personas a exigirlo del deudor, o cuando el
acreedor fuese desconocido; 5) cuando la deuda fuese embargada o retenida en poder del deudor
y éste quisiera exonerarse del depósito; 6) cuando se hubiese perdido el título de la deuda; 7)
cuando el deudor del precio de inmuebles por él adquiridos quisiera redimir las hipotecas que los
gravasen.
La consignación, en los citados supuestos, está sujeta a los siguientes requisitos: 1) depositar la
suma adecuada en el banco correspondiente para depósitos judiciales; 2) interponer demanda
judicial de consignación ante un juez competente; 3) notificar al acreedor de la demanda
interpuesta; 4) si existe impugnación del acreedor, el juez deberá sentenciar admitiendo o
rechazando la consignación y condenando en costas a la parte que resultare vencida.
El pago por consignación debidamente realizado produce todos los efectos cancelatorios de la
obligación en cuestión.
El pago con subrogación tiene lugar cuando lo hace un tercero, a quien se le transmiten todos los
derecho del acreedor. La subrogación es legal o convencional. La subrogación legal es aquella
que se origina por el imperio de la ley y la convencional depende de la voluntad de las partes. La
subrogación convencional puede ser consentida por el acreedor sin intervención del deudor, o
por el deudor sin el concurso de la voluntad del acreedor.
La subrogación tiene lugar sin dependencia expresa del acreedor a favor: 1) del que siendo
acreedor paga a otro acreedor que le es preferente; 2) del que paga una deuda al que estaba
obligado con otros o por otros; 3) del tercero no interesado que hace el pago, el cual es
consentido por el deudor de un modo expreso o tácito o ignorándolo; 4) del que adquirió un
inmueble y paga al acreedor que tuviese hipoteca sobre el mismo inmueble; 5) del heredero que
admitió la herencia con beneficio de inventario y paga con sus propios fondos la deuda de la
misma.
Cuando hay subrogación se trasmiten al nuevo acreedor todos los derechos, acciones y garantías
del antiguo acreedor contra el deudor, los codeudores y los fiadores si los hubiera.
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c. El pago con entrega de bienes
La dación en pago extingue la obligación y se produce cuando el acreedor acepta una prestación
diferente de la que el deudor se comprometió a cumplir, cancelándole la misma. Es una
novación por cambio del objeto de que se debía.
Los representantes o mandatarios del acreedor no pueden ejercer este derecho para aceptar pagos
por entrega de bienes.
Se requiere para esta forma de extinción: 1) que exista una obligación; 2) que se entregue una
cosa distinta de la que se había obligado al deudor; 3) el consentimiento del acreedor para
cambiarla; 4) que la cosa que se entrega no sea dinero.
Es una dispensa que la ley concede a ciertos deudores en virtud de una relación filial o por su
buena fe. El beneficio de competencia es definido como la concesión a ciertos deudores para no
obligarles a pagar más de lo que buenamente pueda, dejándoles en consecuencia lo indispensable
para una modesta subsistencia, según su clase y circunstancias, y con cargo de devolución
cuando mejoren su fortuna.
e. El pago indebido
El pago es indebido cuando el acreedor no se encuentra habilitado para recibirlo. Los supuesto
son los siguientes: 1) el pago realizado con error de una deuda que no es propia; 2) el pago
realizado con una cosa que el deudor cree deber, cuando en realidad debió entregar otra cosa; 3)
el pago sin causa o con una causa extinguida, ilícita o inmoral; 4) el pago obtenido por el
acreedor con fraude o con violencia, aunque existiese obligación de pagar (la ley penaliza el
modo de obtener el pago).
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f. Criterios jurisprudenciales
1) La liberación para el deudor que paga es un derecho adquirido cuya inviolabilidad está
garantizada por el art. 17 de la CN.
2) El pago hecho por el deudor al acreedor cancela la obligación aunque se hubiese
acordado que se le debía pagar a su apoderado.
3) El pago se considera completo y total cuando el acreedor recibe exactamente lo que se le
debe.
4) La posesión del recibo aunque esté en poder de un tercero prueba el pago.
5) La posesión del recibo por un tercero hace presumir que fue éste y no el deudor quien
pagó.
6) La negativa de la persona señalada por el acreedor para recibir el pago equivale a la del
acreedor.
7) Cuando la obligación es de dar cosas inciertas, la entrega debe efectuarse en el domicilio
del deudor.
8) El acreedor no está obligado a recibir un cheque en reemplazo de la suma de dinero que
se le debe.
9) Cuando contesta una demanda por consignación el acreedor debe manifestar si la acepta
o la rechaza.
10) Para que exista subrogación en favor de un tercero no interesado que abona, no es
necesario que lo haga en nombre del deudor o para beneficiarlo.
2. Novación
La obligación se extingue por novación cundo el acreedor y el deudor dan por cancelada la
obligación preexistente y acuerdan el nacimiento de una nueva. Para que exista novación deben
verificarse las siguientes condiciones: 1) una obligación anterior válida; 2) consentimiento del
acreedor y deudor para sustituirla; 3) consentimiento del acreedor y deudor para crea una nueva
obligación; y 4) capacidad para contratar de ambas partes.
La novación tiene por objeto extinguir la obligación anterior con todos sus accesorios, como ser
las garantías prendarias, cláusulas penales, cargos, privilegios, etc. En el caso de pluralidad de
sujetos, la novación entre el acreedor y uno de los deudores por obligaciones solidarias o
indivisibles extingue la obligaciones de los otros codeudores. A su vez, la novación entre el
acreedor y los fiadores extingue la obligación del deudor principal.
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La jurisprudencia ha sostenido que “la novación es la transformación de una obligación en otra,
con el propósito de extinguir la obligación anterior. No importa novación las modificaciones
accidentales que se refieren a tiempo, lugar o modo del cumplimiento. Así, cuando se conviene,
con posterioridad al libramiento de los títulos, su pago en cuotas, reteniendo el acreedor los
documentos hasta que se cancelen las referidas cuotas, no se está en presencia de una novación
de la deuda en los términos señalados.”
3. La compensación
La compensación de las obligaciones tiene lugar cuando dos personas por derecho propio reúnen
la calidad de acreedor y deudor recíprocamente, cualesquiera que sean las causas de una y otra
deuda. Ella extingue con fuerza de pago las dos deudas hasta donde alcance la menor, desde el
tiempo en que ambas comenzaron a coexistir.
Si la compensación es admitida, el deudor puede argumentar todas las defensas que tuviere.
Para que la compensación tenga lugar es necesario que ambas deudas sean de dar cantidades de
dinero o prestaciones de cosas fungibles entre sí, de la misma especie y calidad, o en cosas
inciertas no fungibles determinadas por su especie con tal que la elección pertenezca a los
deudores.
La compensación puede ser: 1) legal (definición previa en el primer párrafo); 2) voluntaria (las
partes la pactan jurídicamente); o 3) judicial (cuando resulta de una sentencia judicial).
La ley prohíbe que las deudas entre los particulares y el Estado puedan compensarse, salvo en los
siguientes casos: 1) Si las deudas de los particulares proviniesen de remates de cosas del Estado,
de rentas fiscales, contribuciones directas o indirectas, o de pagos debidos a las aduanas como
derechos de almacenaje, depósito, etc.; 2) Si las deudas uy los créditos no fuesen del mismo
departamento o ministerio; 3) En el caso que los créditos de los particulares se hallen
comprendidos en la consolidación de los créditos contra el Estado, que hubiese ordenado la ley.
Tampoco pueden compensarse las deuda por alimentos ni las obligaciones de ejecutar algún
hecho.
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4. La transacción
La transacción es un acto jurídico bilateral, por el cual las partes, haciéndose concesiones
recíprocas extinguen obligaciones litigiosas o dudosas.
Son requisitos para la transacción: 1) que las partes puedan hacer concesiones recíprocas; 2) que
esas concesiones signifiquen ceder en sus pretensiones; 3) que hubiere acuerdo de voluntades; 4)
que las prestaciones fueren litigiosas o dudosas, que permitan a las partes practicarse las
necesarias concesione; 5) que el acto jurídico fuere bilateral; 6) que declaren la voluntad de
transigir extinguiendo la anterior obligación, creando otra.
La transacción posee dos elementos fundamentales: a) las concesiones recíprocas que deben
hacerse las partes; y b) la finalidad de extinguir obligaciones litigiosas o dudosas. La doctrina
agrega que debe existir un acuerdo entre partes y que éstas tengan la capacidad jurídica necesaria
para concertar la transacción.
La ley prohíbe a determinadas personas transigir, como por ejemplo: 1) los agentes del
Ministerio Público y similares; 2) los colectores y empleados fiscales en todo lo relacionado a las
rentas públicas; 3) los representantes o agentes de personas jurídicas a cuantos los derechos y
obligaciones de estas últimas, si no estuvieran autorizados para la transacción; 4) los albaceas en
relación con los derechos de la testamentaria sin autorización previa del juez competente y
audiencia de partes; 5) los tutores con los pupilos que se emanciparen en relación con las cuentas
de la tutela, aunque mediase autorización judicial; 6) los tutores y curadores en relación con los
derecho de los menores incapaces, si no mediase autorización judicial previo audiencia con el
Ministerio de Menores.
En relación con el matrimonio, no se puede transigir sobre cuestiones de validez o nulidad del
matrimonio salvo que la transacción sea a favor del matrimonio. A su vez, las cosas que están
fuera del comercio y los derechos que no son susceptibles de convención no pueden ser objeto de
las transacciones.
En el caso de una acción civil y una acción penal, la acción civil sobre indemnización del daño
causado por un delito puede ser objeto de las transacciones, pero nunca la acción para acusar y
pedir el castigo de los delitos, sea por la parte ofendida o el Ministerio Público.
La transacción produce efectos extintivos para todos los derecho que las partes hayan decidido
transigir, asumiendo el carácter de cosa juzgada.
Las transacciones hechas por error, dolo, miedo, violencia o falsedad de documentos, son nulas,
o pueden ser anulada en los casos en que puedan serlos los contratos que tengan estos vicios.
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5. La confusión
La confusión tiene lugar cuando en una persona reúne el carácter de deudor y de acreedor, como
en el caso si el deudor o acreedor de una persona lo sucede por herencia. En esta situación la
confusión extingue la deuda con todos sus accesorios.
Por ejemplo, la confusión puede resulta en el caso que el acreedor hipotecario ejecutó
judicialmente al deudor y adquiere el mismo bien en la subasta judicial, no debiendo depositar
entonces el precio si es igual a su crédito.
Por otra parte, la confusión del derecho del acreedor con la obligación del deudor extingue la
obligación accesoria del fiador, pero la confusión del derecho del acreedor con la obligación del
fiador no extingue la obligación del deudor principal. A su vez, la confusión entre uno de los
acreedores solidarios y el deudor, o entre uno de los codeudores solidarios y el acreedor, solo
extingue la obligación correspondiente a ese deudor o acreedor, y no las partes que pertenecen a
los otros coacreedores o codeudores.
La renuncia es una liberalidad, no sujeta a formalidad alguna, salvo cuando la ley disponga lo
contrario (ej., deben ser hechos en escritura pública –salvo subasta pública– los contratos que
tuvieren por objeto la transmisión de bienes inmuebles, en propiedad o usufructo, o alguna
obligación o gravamen sobre los mismos, o traspaso de derechos reales sobre inmuebles de otro.
La renuncia de los derechos por el acreedor requiere la aceptación del deudor, pudiendo el
acreedor retractarse hasta ese momento.
En relación con la mora del deudor, la jurisprudencia ha dicho que “la renuncia del acreedor
consistente en su decisión de no hacer valer los derechos que le ha conferido la mora, extingue la
misma. Y dicha renuncia puede ser total o parcial según que comprenda todos los efectos de la
mora o solamente algunos efectos determinados. Puede hacerse en forma expresa o tácita, pues
aún cuando la renuncia no se presume, ello no impide que pueda ser inducida, con entera
certidumbre, de la conducta del acreedor.”
7. La remisión de deuda
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1. La remisión hecha al deudor principal libera a los fiadores, pero la que se ha hecho al fiador
no aprovecha al deudor. 2. La remisión hecha al deudor produce los mismos efectos jurídicos
que el pago respecto a sus herederos, y a los codeudores solidarios. 3. La remisión hecha a uno
de los fiadores no aprovecha a los demás fiadores, sino en la medida de la parte que correspondía
al fiador que hubiese obtenido la remisión.
8. La imposibilidad de pago
En el caso de que la obligación se hubiere tornado de cumplimiento imposible, sin culpa del
deudor, las misma necesariamente se extinguirá. La obligación se extingue cuando la prestación
que la conforma viene a ser física o legalmente imposible sin culpa del deudor. En los casos en
que el deudor ha tomado a su cargo el caso fortuito o la fuerza mayor, no podrá extinguir su
obligación por esta causal. Si el caso fortuito es temporal, asumido o no, el deudor deberá
cumplir con la obligación asumida o resarcir los daños y perjuicios por el incumplimiento.
En los caso en que la obligación se extingue por imposibilidad del pago, se extingue no solo para
el deudor sino también para el acreedor, a quien el deudor debe devolver todo lo que hubiese
recibido por motivo de la obligación extinguida.
9. La prescripción liberatoria
De ahí que la prescripción –el paso del tiempo– pueda ser adquisitiva o liberatoria, siendo esta
última un modo de extinguir las obligaciones.
La prescripción liberatoria es una excepción para repeler una acción por el solo hecho que el que
la entabla ha dejado un lapso de tiempo de intentarla o de ejercer el derecho al cual ella se
refiere. Por el mero silencio o inacción del acreedor, durante el tiempo designado por la ley,
queda el deudor libre de toda obligación, sin que esta prescripción requiera justo título ni buena
fe.
Los requisitos de la prescripción liberatoria son los siguientes: 1) una falta de acción o interés del
acreedor; y 2) el transcurso del tiempo establecido por la ley manteniendo el acreedor esta
actitud.
Los plazos de prescripción pueden acotarse por convenio entre deudor y acreedor; así como el
deudor puede renunciar a valerse del beneficio que le significó la prescripción ya cumplida, pero
en ningún caso podría renunciar a la prescripción futura. El plazo ordinario es de 10 años.
• Cinco años: a) el importe por alquileres de un inmueble urbano o rural; b) sumas que
deban pagarse periódicamente.
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• Dos años: a) el importe a los escribanos de los derechos de las escrituras o instrumentos
que ellos autoricen; b) toda acción de responsabilidad civil extracontractual.
• De un año: la acción revocatoria de los acreedores por actos fraudulentos del deudor.
• De seis meses: la acción del comprador para resolver el contrato.
• De tres meses: la acción para reajustar el precio por un vicio oculto de la cosa comprada.
La jurisprudencia ha dicho que “la prescripción liberatoria es el medio por el cual en ciertas
condiciones, el transcurso del tiempo opera la modificación sustancial de un derecho, en razón de
la inacción de su titular, quien pierde la facultad de exigir compulsivamente el cumplimiento de
la obligación, no operando la consumación de la relación obligacional sino transformando la
obligación, ya como caduca obligación civil pero subsistente como natural.”
***
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UNIDAD VIII. La Responsabilidad Civil. Concepto. La Mora. La Culpa. El Dolo. Los
Eximentes de Responsabilidad. El Caso Fortuito. La Fuerza Mayor. La Imprevisión. El Daño y
La Indemnización. La Valoración del Daño. La Clasificación de la Reparación del Daño. La
Cláusula Penal. Los Astreintes. Los Hechos Ilícitos. La Responsabilidad por el Hecho Propio.
La Responsabilidad por el Hecho Ajeno. La Responsabilidad Indirecta. La Responsabilidad por
Daños con Intervención de Cosas. Las Responsabilidades Especiales.
La responsabilidad puede ser contractual o extracontractual (esta última llamada torts bajo el
common law). Es del primer tipo cuando hay un deber preexistente determinado que se concreta
cuando alguien debe dar, hacer o no hacer (ej., cuando una persona vende a otra un tractor está
obligada a entregárselo y, si no lo hace, genera una responsabilidad nacida de ese contrato). Es
del segundo tipo cuando hay un deber preexistente general de no dañar a nadie y, a su vez,
indeterminado en relación con el sujeto pasivo (ej., el daño producido por un automotor en un
accidente de tránsito).
En los casos en que concurran las disposiciones del Código Civil y las de alguna ley especial
relativa a responsabilidad civil, son aplicables, en el siguiente orden de prelación: a) las normas
indisponibles del Código Civil y de la ley especial; b) la autonomía de la voluntad; c) las normas
supletorias de la ley especial; d) las normas supletorias del Código Civil.
La reparación del menoscabo a un bien o a una cosa puede ser reclamado por: a) el titular de un
derecho real sobre la cosa o bien; b) el tenedor y el poseedor de buena fe de la cosa o bien.
El legitimado para dicha acción tiene derecho a interponerla, conjunta o separadamente, contra el
responsable directo y el indirecto.
Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico,
que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva. La
indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante
en el beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la
pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos
personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones
espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida.
56
generador.
La reparación del daño debe ser plena. Consiste en la restitución de la situación del damnificado
al estado anterior al hecho dañoso, sea por el pago en dinero o en especie. La víctima puede optar
por el reintegro específico, excepto que sea parcial o totalmente imposible, excesivamente
oneroso o abusivo, en cuyo caso se debe fijar en dinero. En el caso de daños derivados de la
lesión del honor, la intimidad o la identidad personal, el juez puede, a pedido de parte, ordenar la
publicación de la sentencia, o de sus partes pertinentes, a costa del responsable.
El juez, al fijar la indemnización, puede atenuarla si es equitativo en función del patrimonio del
deudor, la situación personal de la víctima y las circunstancias del hecho. Esta facultad no es
aplicable en caso de dolo del responsable.
Son inválidas las cláusulas que eximen o limitan la obligación de indemnizar cuando afectan
derechos indisponibles, atentan contra la buena fe, las buenas costumbres o leyes imperativas, o
son abusivas. Son también inválidas si liberan anticipadamente, en forma total o parcial, del daño
sufrido por dolo del deudor o de las personas por las cuales debe responder.
En caso de muerte, la indemnización debe consistir en: a) los gastos necesarios para asistencia y
posterior funeral de la víctima. El derecho a repetirlos incumbe a quien los paga, aunque sea en
razón de una obligación legal; b) lo necesario para alimentos del cónyuge, del conviviente, de los
hijos menores de veintiún años de edad con derecho alimentario, de los hijos incapaces o con
capacidad restringida, aunque no hayan sido declarados tales judicialmente; esta indemnización
procede aun cuando otra persona deba prestar alimentos al damnificado indirecto; el juez, para
fijar la reparación, debe tener en cuenta el tiempo probable de vida de la víctima, sus condiciones
personales y las de los reclamantes; c) la pérdida de chance de ayuda futura como consecuencia
de la muerte de los hijos; este derecho también compete a quien tenga la guarda del menor
fallecido.
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El resarcimiento del daño moratorio es acumulable al del daño compensatorio o al valor de la
prestación y, en su caso, a la cláusula penal compensatoria, sin perjuicio de la facultad
morigeradora del juez cuando esa acumulación resulte abusiva. El curso de los intereses
comienza desde que se produce cada perjuicio.
La Mora
Concepto. Existe mora cuando al vencimiento de la obligación, sin causa, el deudor no cumple
con la misma. La acción por daños y perjuicios requiere que el deudor se encuentre en mora por
la falta de cumplimiento de la obligación en tiempo propio.
Mora al acreedor. El deudor también podrá constituir en mora a su acreedor, como en el caso
que éste se niegue a recibir el pago, rigiendo entonces el mismo proceso y requisitos que para la
mora del deudor.
1) Obligaciones con plazo cierto de vencimiento (cuando el plazo está determinado y la mora se
produce en forma automática al vencimiento de la obligación).
3) Obligaciones con plazo determinado tácitamente (si bien el plazo está determinado, para que
se defina, requiere la interpelación del acreedor).
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4) Obligaciones con plazo indeterminado (en el caso que no hubiese plazo, el juez deberá
determinarlo tramitando el juicio según las disposiciones del procedimiento sumario).
Efectos. Lo efectos inmediatos por la mora del deudor son los siguientes: 1) Si la obligación fue
de dar una suma de dinero, el deudor deberá también los intereses por la demora. 2) Son a cargo
del obligado las consecuencias del caso fortuito. 3) Son a cargo del obligado los daños y
perjuicios producidos al acreedor por su falta de cumplimiento. 4) No podrá invocar en su favor
la doctrina de la imprevisión.
En el caso de obligaciones recíprocas (ej., permuta), uno de los obligados no incurre en mora si
el otro no cumple o no se allana a cumplir la obligación que le es respectiva.
Extinción. La mora se extingue cuando el acreedor renuncia a ella o el deudor salda su deuda o
en su caso consigna judicialmente.
1.- No existe mora por el simple envío del saldo deudor de la cuenta corriente.
2.- No existe mora por la comunicación telegráfica que en caso de no pagar se deberán los
intereses.
5.- Es válida la interpelación por mora si el telegrama ha sido recepcionado por el encargado del
edificio donde habita el deudor.
6.- En las obligaciones de hacer es necesaria la interpelación del acreedor para constituir en
moral al obligado.
8.- Desde que el deudor se constituyó en mora sus efectos son indefinidos.
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La Culpa
En la imprudencia el sujeto obra sin observar totalmente las consecuencias, haciendo más de lo
necesario o propio (ej., exceso de velocidad en un accidente de tránsito).
En la negligencia el sujeto obra con algunas omisiones que, de observarlas, hubiera evitado el
hecho dañoso, haciendo menos de lo aconsejable (ej., falta de revisión periódica del auto, lo cual
produce un accidente).
En la impericia se verifica la culpa de un profesional que debió observar las reglas propias de su
profesión y no lo hizo, provocando un perjuicio (ej., accidente de tránsito por parte de un chofer
de colectivo que no observó el procedimiento establecido para conducir).
Nótese que el concepto de culpa difiere en el derecho civil y el derecho penal, incluyendo la
apreciación de la misma por parte de los jueces en los respectivos fueros.
A nivel del fuero penal, la culpa se considera como imprudencia, negligencia, impericia en el
arte o profesión de los profesionales o la falta de observación de los reglamentos o de los deberes
a cargo de alguien en particular. Lo mismo ocurre con los delitos de carácter civil y los de
carácter criminal.
A fin de admitir la culpa: (i) deben tenerse en cuenta las diligencias, los cuidados que exigiere la
naturaleza de la obligación; y (ii) estas diligencias, estos cuidados, deben estar en relación con
tres órdenes de circunstancias: las relativas a las personas, al tiempo y al lugar.
En el caso de culpa extracontractual, el acreedor deberá probar que la culpa es de quien él crea
responsable; en cambio, en la culpa contractual será el deudor quien deberá demostrar que
realizó todas las diligencias necesarias para cumplir debidamente con su obligación.
No obstante lo dicho, esta división no es estricta dado que en algunos casos la ley invierte la
carga de la prueba (ej., el daño provocado por las cosas se presume responsabilidad del
propietario o del guardián de la misma).
No existe impedimento para considerar que la culpa ha sido concurrente tanto del deudor como
del acreedor.
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A diferencia del caso del dolo o fraude, en las convenciones entre partes pueden dispensarse de
la culpa, estableciéndose por una cláusula eximir de responsabilidad por culpa total o
parcialmente. Excepcionalmente se encuentra prohibido dispensar la culpa (ej., en el caso de la
culpa del acreedor cuando no realiza las diligencias útiles y necesarias para recibir el pago; etc.).
La jurisprudencia ha dicho en relación con la culpa que: 1) Para determinar la conducta culposa
debe atenderse a si el contrato fue gratuito u oneroso, debiéndose ser más riguroso en este último
caso. 2) El farmacéutico será responsable si al vender un medicamento no observa la receta con
espíritu crítico respecto de si la dosis es excesiva. 3) El titular de un garaje será responsable por
los daños a los vehículos que le fueron confiados.
El Dolo
El deudor es responsable frente al acreedor por los daños e intereses que a éste resultaren por
dolo suyo en el cumplimiento de la obligación. Siempre la prueba del dolo corresponde al
acreedor, no pudiendo presumirse como el caso de la culpa. La conducta dolosa del deudor
podrá probarse por todos los medios de prueba establecidos por las leyes procesales. La
posibilidad de dispensar el dolo está prohibida.
Por su parte, el dolo eventual tiene lugar cuando el sujeto si bien no actúa con plena deliberación
de producir un daño, como mínimo representa que, con su actitud de indiferencia y menosprecio,
producirá invariablemente un perjuicio. Se encuentra a mitad de camino, en relación con el acto
volitivo, entre la culpa y el dolo determinado.
1.- “Arrojar una piedra contra un vehículo con pasajeros tiene como posible resultado lesionar a
alguno de ellos, siendo en consecuencia inadmisible la alegación de que tales lesiones fueron
imprevisibles y, por ende, ni siquiera imputables a título de culpa, ya que la intención del autor al
arrojar el proyectil para dañar al colectivo está teñida de dolo, que se traslada al segundo
resultado del hecho único.”
2.- “Los comerciantes y fabricantes, deben asumir un comportamiento leal para con el
consumidor y el competidor. En tal sentido, la ley expresa que toda maniobra que se manifieste
idónea para inducir a error, engaño o confusión, acerca de la calidad de los productos, de su
cantidad, de su origen, de sus virtudes, de su composición, elemento, mezcla, o pureza, de su
técnica de producción o comercialización, configura la infracción que, fuera de forma, no
requiere sino la simple posibilidad de obtener tales resultados; es decir, lo que se llama dolo
eventual.”
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3.- “Si el revolver empleado como elemento contundente se hallaba con el martillo percutor
montado por quien lo empuñaba, debe reputarse cometida con dolo eventual la herida ocasionada
al dispararse accidentalmente el arma en el momento de golpear a la víctima.”
Los eximentes de responsabilidad son aquellos que admiten que el deudor que no ha cumplido
quede fuera del alcance de los efectos anormales de las obligaciones. De ahí que en nuestra
legislación no hay culpa si existen eximentes de responsabilidad determinados por ley, pues será
entonces un incumplimiento inimputable. Dichos eximentes son: el caso fortuito, la fuerza
mayor, y la imprevisión.
Si bien el derecho romano se distinguía entre caso fortuito como hecho de la naturaleza y fuerza
mayor como hecho del hombre, modernamente los conceptos son idénticos en sus efectos
legales.
La legislación los utiliza indistintamente, y la jurisprudencia les ha otorgados los mismos efectos
jurídicos. Con la excepción de la normativa laboral, en la cual la fuerza mayor ha recibido el
carácter de un hecho externo al empleador o a la empresa.
El caso fortuito deber ser: 1) Imprevisible (cuando resulta imposible considerar o prever al
momento de suscribir la obligación); 2) Inevitable (cuando a pesar de todas las diligencias
puestas para que no suceda, igualmente acontece); 3) Extraño (debe ser absolutamente ajeno a la
voluntad del obligado); 4) General (no es suficiente que la obligación del deudor sea imposible
para él, debe serlo para todos los demás); 5) Definitivo (deberá significar no una dificultad u
obstáculo pasajero, sino una imposibilidad definitiva, como el caso del terremoto que destruye el
objeto depositado o impide su entrega).
El caso fortuito asume este carácter cuando la imposibilidad no cesa pasado cierto tiempo. Esta
imposibilidad de cumplir puede ser tanto material (ej., un granizo que destruye la cosecha) como
jurídica (ej., la decisión de la autoridad que quita carácter comercial al objeto que debo entregar).
Los jueces deberán valorar con un criterio restrictivo si existe o no caso fortuito, inclinándose en
principio por el cumplimiento de lo pactado.
De este modo, el caso fortuito libera al deudor de cumplir y de responder por los daños y
perjuicios, con ciertas excepciones: 1) cuando en un contrato el deudor asume que cargará con la
responsabilidad por caso fortuito; 2) cuando el mismo deudor fue culpable del incumplimiento;
3) cuando ya el deudor fue constituido en mora y sobreviene el caso fortuito; 4) cuando la misma
ley le quita al deudor el derecho de ampararse en el caso fortuito (ej., quien recibe una cosa
deteriorada o dañada por caso fortuito de mala fe en concepto de pago debe repararla, salvo que
el deterioro hubiese tenido lugar del mismo modo sin caso fortuito).
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El caso fortuito debe ser probado por quien lo invoca, el deudor, desde que el acreedor solo debe
probar que el deudor no cumplió. No obstante, no es necesaria la prueba si el acontecimiento es
público y notorio como los daños producidos por un volcán o la caída de una aeronave.
Son innumerables los acontecimientos que pueden considerarse como caso fortuito, sea que
resulten de la naturaleza, un terremoto, o hasta una resolución del Banco Central sobre
prohibición de venta de moneda extranjera.
1) Incendio. En principio, la fuerza mayor no puede invocarse en caso de incendio salvo que el
mismo hubiese sido de tal magnitud que signifique un hecho fuera de lo común y extraordinario.
2) Guerra. Para que la guerra sea considerada caso fortuito deberá ser posterior al momento de
contraer la obligación. Es irrelevante que la guerra se haya producido por declaración expresa o
de un modo sorpresivo o espontáneo.
3) Huelga. La jurisprudencia ha sostenido que la huelga puede invocarse como caso fortuito
únicamente cuando ha sido declarada ilegal, independientemente de que fuere general o parcial.
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La Imprevisión
Las obligaciones deben cumplirse según se hubieran pactado, pero puede ocurrir que las
circunstancias, al tiempo de la celebración, no sean las mismas que al tiempo del cumplimiento.
Pudo haber ocurrido algún hecho imprevisto que torna la obligación excesiva para el deudor.
La teoría de la imprevisión solo es aplicable a los contratos con contenido económico y cuya
ejecución se prolonga en el tiempo. También tienen protección legal os contratos aleatorios
cuando la excesiva onerosidad se produce por causas extrañas al riesgo propio del contrato. Está
permitido que el deudo, al momento de contraer la obligación, renuncie en forma expresa al
derecho de invocar la imprevisión. Tampoco podrá sostenerla si se encuentra ya constituido en
mora por el acreedor.
Por ello, se podrá oponer la imprevisión para eximirse del cumplimiento cuando se hubieren
reunido los siguientes requisitos: 1) El hecho que se invoca deberá ser actual, imprevisible y
sobreviniente al momento de contraída la prestación. 2) No exista mora ni culpa del deudor.
3) El hecho imprevisto y extraordinario le signifique al deudor una carga excesiva para cumplir
con la obligación.
El origen de la teoría de la imprevisión fue la cláusula del derecho romano denominada “rebus
sic stanti bus”, que entendía que todos los contratos debían concluirse mientras subsistieran las
condiciones dadas al momento de la celebración del acuerdo. Si las circunstancias se han
alterado las obligaciones del deudor ya no son las mismas y obligarlo a cumplirlas atentaría con
el principio de equidad.
La imprevisión implica una seria dificultad en cumplir el contrato, mientras que el caso fortuito
la imposibilidad de hacerlo. En el caso fortuito el deudor queda absolutamente liberado,
mientras que en la imprevisión podrá reajustar el contrato a condiciones similares a la que
existían al momento de celebración del mismo.
Esta teoría no es aplicable en aquellos contratos de ejecución instantánea o con un exiguo plazo
de cumplimiento. Por lo expuesto, esta teoría tendrá debido acogimiento cuando el hecho o acto
sobreviniente a la celebración del contrato fuere de una naturaleza extraordinaria, ajeno a las
partes celebrantes sin que medie culpa o mora del obligado, convirtiendo la ejecución del mismo
en una excesiva onerosidad y que se produzca un desequilibrio manifiesto en las prestaciones
asumidas por las partes.
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La Excepción de Incumplimiento
La excepción de incumplimiento es la regla por la cual si una parte no cumplió la otra tampoco
está obligada a cumplir con la suya.
Para la aplicación de esta regla es necesario: 1) Que el contrato sea bilateral; 2) Que la
demandada hubiere dejado de cumplir total o parcialmente; 3) Probar que cumplió con la
obligación a su cargo; 4) Que la obligación no fuere a término.
El Daño y la Indemnización
Se entiende por daño la pérdida que una persona hubiere sufrido en su patrimonio por la falta de
cumplimiento de una obligación. Tanto los daños como los perjuicios deben ser la consecuencia
inmediata y directa del no cumplimiento de la obligación (ej., quien vende ganado conociendo
que estaba enfermo, y luego contagia al ganado del comprador, el vendedor deberá indemnizar al
comprador por el precio de los animales enfermos (daño intrínseco) o muertos (daño
extrínseco)).
Se consideran daños e intereses al valor de la pérdida que haya sufrido, y el de la utilidad que
haya dejado de percibir, el acreedor de la obligación, por la inejecución de ésta a debido tiempo.
Debe existir una relación de causalidad entre la falta de cumplimiento y el perjuicio causado. En
el resarcimiento de los daños y perjuicios solo se comprenderán los que fueren consecuencia
inmediata y necesaria de la falta de cumplimiento de la obligación.
El daño puede ser intrínseco cuando lo es sobre la cosa objeto de la obligación, o extrínseco
cuando provoca perjuicios a otros bienes o cosas del acreedor.
1.- Inmediatas. Las consecuencias inmediatas de los hechos libres son imputables al autor de
ellos. Estas consecuencias resultan directamente del incumplimiento.
2.- Mediatas. Las consecuencias mediatas son también imputables al autor del hecho cuando las
hubiere previsto y cuando empleando las debida atención y conocimiento de la cosa haya podido
preverlas. Estas consecuencias resultas de la conexión de un hecho con un acontecimiento
distinto.
3.- Casuales. Las consecuencias puramente casuales no son imputables al autor del hecho sino
cuando debieron resultar según las miras que tuvo al ejecutar el hecho.
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4.- Remotas. En ningún caso son imputables las consecuencias remotas, que no tienen con el
hecho ilícito nexo adecuado de causalidad.
En general la valoración del daño se efectúa a través del dinero, el cual es considerado como una
medida común para todas las cosas. Dicha valoración puede darse de la siguiente manera: 1)
convencional; 2) legal; 3) judicial; 4) arbitral.
1.- Convencional. Son las mismas partes quienes determinan el monto indemnizatorio para el
caso de incumplimiento.
2.- Legal. Cuando la misma ley establece la tarifación de la indemnización; como en la ley de
contrato de trabajo para el caso de despido injustificado o la ley de infortunios laborales para el
caso de incapacidades o muerte.
3.- Judicial. Cuando los mismos jueces, a través de las sentencias, determinan el monto
indemnizatorio, una vez comprobado el daño.
4.- Arbitral. Cuando la cuestión hubiera sido sometida, por las partes, a la decisión de un árbitro.
1.- Daño emergente. Se considera tal al valor de la pérdida o menoscabo por motivo de la falta de
cumplimiento de la obligación.
2.- Lucro cesante. Se considera tal a la falta de percepción de utilidades por parte del acreedor
por causa del incumplimiento del deudor. Este rubro significa la pérdida de la ganancia líquida,
por lo cual del posible ingreso bruto deberán descontarse las erogaciones necesarias para lograrlo
(ej., el transportista escolar que presupone una ganancia para su titular que, obligado a no
disponer del vehículo por un daño, experimenta una disminución económica que afecta
negativamente su lucro).
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La jurisprudencia ha entendido que el lucro cesante no deberá indemnizarse si el damnificado
pudo evitar la frustración de la utilidad adoptando las diligencias oportunas. Pero sí deberá ser
indemnizado cuando el objeto de la obligación es dar una cosa inmueble para transferir el
dominio, en cuyo caso su incumplimiento se proyecta en la imposibilidad de explotar
económicamente el bien, y priva al acreedor de una probabilidad objetiva y seria de obtener
ganancias.
3.- Daño moral. Del incumplimiento de las obligaciones contractuales puede resultar que
también se produzca un daño de carácter moral. Tiene su fundamento por cuanto el daño no se
circunscribe al patrimonio, sino que en muchas ocasiones también a la persona le provoca
temores, desequilibrios emocionales, perturbaciones o afecciones psíquicas en general.
Es atendible que un evento dañoso no solo produzca lesiones al interés económico sino que
también avance hasta perturbar espiritualmente al damnificado.
Si hubiese agravio moral será también un rubro a reparar con una suma de dinero que el juez
apreciará convenientemente. En el caso de incumplimientos contractuales el juez posee la
discreción del caso par el otorgamiento del daño moral, no así el daño provocado por un hecho
ilícito donde siempre deberá ser impuesto en beneficio de la víctima.
La acción por indemnización del daño moral solo competerá al damnificado directo; si del hecho
hubiere resultado la muerte de la víctima, únicamente tendrán acción los herederos forzosos.
La Cláusula Penal
Se denomina cláusula penal a la penalidad que los celebrantes de un acto jurídico estipulan para
el caso de que la obligación no se cumpla o se cumpla de una forma que las partes no
convinieron. Es una pena acordada convencionalmente, a modo de tarifar previamente cuál será
la sanción si la obligación no se cumpliera. La intención de los contratantes es asegurar el
cumplimiento, pactando en general una suma de dinero o porcentaje sobre el monto de la
obligación principal. Representa una obligación accesoria.
Esta sanción no se encuentra sujeta a que el acreedor deba probar el perjuicio por la inejecución,
pudiendo los jueces adecuarla si la penalidad fuere desproporcionada a la obligación principal.
Para pedir la penalidad el acreedor no está obligado a probar que ha sufrido perjuicios, ni el
deudor puede eximirse probando que el acreedor no ha sufrido perjuicio alguno.
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1.- Accesoria. El objeto primordial del contrato es la obligación principal.
2.- Condicional. No se aplica en el caso de que el obligado cumpla con la obligación principal.
3.- Inmutable. Siempre lo es, sujeto a lo dicho sobre la posibilidad de que el juez la adecúe
proporcionalmente.
4.- Opcional. El acreedor podrá optar por exigir el cumplimiento de la obligación principal o el
pago de la pena, cuando ésta tiene el carácter de compensatoria, pero nunca podrá demandar
ambas.
La ley determina que, habiendo las partes acordado una cláusula penal, no le cabe al acreedor el
derecho a demandar otra indemnización salvo que la penalidad fuere insignificante o las partes
hubieren acordado que, además de la cláusula penal, el acreedor tendrá derecho a ser
indemnizado para el caso de incumplimiento o los perjuicios han sido diferentes de los
entendidos al fijar la penalidad. El deudor no puede eximirse de cumplir con su obligación
principal ofreciendo abonar la penalidad, salvo que se hubiere reservado el derecho de hacerlo.
En el caso de que el incumplimiento fuere recíproco, ninguna de las partes podrá solicitar la
percepción de la cláusula penal. En el caso de obligaciones indivisibles, cada obligado debe
proporcionalmente el monto de la cláusula penal.
Los Astreintes
Se denominan astreintes a las sanciones pecuniarias aplicadas por los jueces para conminar
(compeler) a quien es reticente a cumplir su obligación. Tienen la finalidad de inducir a quien
pudiendo cumplir con su obligación no lo hace. Tienen la característica de sanción para que el
deudor no continúe resistiéndose a cumplir en futuro.
Las condenas por astreintes se gradúan en proporción al caudal económico de quien deba
satisfacerlas y podrán ser dejadas sin efecto o reajustadas si el deudo desiste de su resistencia y
justifica total o parcialmente su proceder.
Las astreintes tienen las siguientes características: 1) arbitrarias: dependen de la facultad del juez
de imponerlas y de determinar su monto; 2) provisorias: pueden ser dejadas sin efecto, según las
condiciones de su establecimiento por ley; 3) graduales: en relación con la condición y conducta
demostrada por el condenado; 4) pecuniarias: el monto de las mismas es solo en dinero; 5)
reembolsables: el acreedor puede ejecutar las astreintes debidas.
Las astreintes cesan cuando el deudor dio cumplimiento a lo ordenado judicialmente y paga
aquellos devengados, salvo que el juez los hubiera dejado sin efecto.
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La responsabilidad extracontractual se genera por hechos jurídicos voluntarios ilícitos, los cuales
se clasifican en: 1) delitos: la conducta realizada con intención de violar la ley; 2) cuasidelitos:
la conducta realizada sin intención, pero con culpa.
El hecho ilícito tiene los siguientes elementos: 1) una violación de la ley; 2) que alguien fuere
imputado como autor; 3) una relación de causalidad entre el hecho y el daño.
La ley establece la solidaridad de todos los autores para reparar el daño. En los cuasidelitos
donde el daño se produce sin dolo del autor, se distinguen conforme la siguiente clasificación: 1)
la responsabilidad por el hecho propio; 2) la responsabilidad por el hecho ajeno; 3) la
responsabilidad por los daños producidos por las cosas; 4) las responsabilidades especiales.
Es responsable directo quien incumple una obligación u ocasiona un daño injustificado por
acción u omisión.
El autor de un daño causado por un acto involuntario responde por razones de equidad.
El acto realizado por quien sufre fuerza irresistible no genera responsabilidad para su autor, sin
perjuicio de la que corresponde a título personal a quien ejerce esa fuerza.
Si varias personas participan en la producción del daño que tiene una causa única, se aplican las
reglas de las obligaciones solidarias. Si la pluralidad deriva de causas distintas, se aplican las
reglas de las obligaciones concurrentes.
El principal responde objetivamente por los daños que causen los que están bajo su dependencia,
o las personas de las cuales se sirve para el cumplimiento de sus obligaciones, cuando el hecho
dañoso acaece en ejercicio o con ocasión de las funciones encomendadas.
Los padres son solidariamente responsables por los daños causados por los hijos que se
encuentran bajo su responsabilidad parental y que habitan con ellos, sin perjuicio de la
responsabilidad personal y concurrente que pueda caber a los hijos.
La responsabilidad de los padres es objetiva, y cesa si el hijo menor de edad es puesto bajo la
vigilancia de otra persona, transitoria o permanentemente. No cesa en el supuesto de que los
padres convengan que el ejercicio de la responsabilidad parental sea otorgado a un pariente.
Los padres no se liberan, aunque el hijo menor de edad no conviva con ellos, si esta
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circunstancia deriva de una causa que les es atribuible.
Los padres no responden por los daños causados por sus hijos en tareas inherentes al ejercicio de
su profesión o de funciones subordinadas encomendadas por terceros. Tampoco responden por el
incumplimiento de obligaciones contractuales válidamente contraídas por sus hijos.
Los delegados en el ejercicio de la responsabilidad parental, los tutores y los curadores son
responsables como los padres por el daño causado por quienes están a su cargo.
Sin embargo, se liberan si acreditan que les ha sido imposible evitar el daño; tal imposibilidad no
resulta de la mera circunstancia de haber sucedido el hecho fuera de su presencia.
La Responsabilidad Colectiva
Si de una parte de un edificio cae una cosa, o si ésta es arrojada, los dueños y ocupantes de dicha
parte responden solidariamente por el daño que cause. Sólo se libera quien demuestre que no
participó en su producción.
Si un grupo realiza una actividad peligrosa para terceros, todos sus integrantes responden
solidariamente por el daño causado por uno o más de sus miembros. Sólo se libera quien
demuestra que no integraba el grupo.
Toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de las
actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza (ej., la lesión producto del uso de
un arma), por los medios empleados o por las circunstancias de su realización (ej., cuando un
ascensor por su funcionamiento lesiona a una persona). Nos referimos a aquel daño que el
hombre produce al utilizar una cosa o por la cosa misma en su normal operatividad.
El dueño y el guardián son responsables concurrentes del daño causado por las cosas. Se
considera guardián a quien ejerce, por sí o por terceros, el uso, la dirección y el control de la
cosa, o a quien obtiene un provecho de ella. El dueño y el guardián no responden si prueban que
la cosa fue usada en contra de su voluntad expresa o presunta.
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En caso de actividad riesgosa o peligrosa responde quien la realiza, se sirve u obtiene provecho
de ella, por sí o por terceros, excepto lo dispuesto por la legislación especial.
En los daños con cosas se presume la culpa de su dueño; en los daños por las cosas, no se atiende
a la culpa, el solo perjuicio producido por ella, origina la responsabilidad de su dueño o de quien
la tuviere a su cuidado. En este último caso, el titular podrá eximirse de resarcir el daño si
prueba que la causa no le es propia; como sería si la culpa es de la víctima o de un tercero que
nada tiene que ver con él.
En los casos de que el daño se hubiere producido por el riesgo de una cosa, se aplica la teoría del
riesgo creado. Esta doctrina se perfila en relación a la responsabilidad objetiva. Se entiende por
responsable a quien utiliza o emplea una cosa, por caso un automóvil, o realiza una actividad que
potencialmente puede producir daños, por caso el propietario de un establecimiento industrial.
La equidad es la base de sustentación de esta teoría, que prioriza el axioma de que toda víctima
de un suceso dañoso debe ser indemnizada, independientemente de quien o quienes fueron los
responsables.
El daño causado por animales, cualquiera sea su especie, debe ser asumido por su propietario, y
la misma responsabilidad pesa sobre la persona a la cual se hubiere mandado el animal para
servirse de él, salvo su recurso contra el propietario.
La persona jurídica responde por los daños que causen quienes las dirigen o administran en
ejercicio o con ocasión de sus funciones.
La responsabilidad del Estado se rige por las normas y principios del derecho administrativo
nacional o local según corresponda.
Los hechos y las omisiones de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones por no
cumplir sino de una manera irregular las obligaciones legales que les están impuestas se rigen
por las normas y principios del derecho administrativo nacional o local, según corresponda.
El titular de un establecimiento educativo responde por el daño causado o sufrido por sus
alumnos menores de edad cuando se hallen o deban hallarse bajo el control de la autoridad
escolar. La responsabilidad es objetiva y se exime sólo con la prueba del caso fortuito.
La actividad del profesional liberal está sujeta a las reglas de las obligaciones de hacer. La
responsabilidad es subjetiva, excepto que se haya comprometido un resultado concreto. La
actividad del profesional liberal no está comprendida en la responsabilidad por actividades
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riesgosas previstas.
En los daños causados por una acusación calumniosa sólo se responde por dolo o culpa grave.
Acciones de Responsabilidad
La reparación del menoscabo a un bien o a una cosa puede ser reclamado por: a) el titular de un
derecho real sobre la cosa o bien; b) el tenedor y el poseedor de buena fe de la cosa o bien.
La acción civil y la acción penal resultantes del mismo hecho pueden ser ejercidas
independientemente. En los casos en que el hecho dañoso configure al mismo tiempo un delito
del derecho criminal, la acción civil puede interponerse ante los jueces penales, conforme a las
disposiciones de los códigos procesales o las leyes especiales.
La sentencia penal condenatoria produce efectos de cosa juzgada en el proceso civil respecto de
la existencia del hecho principal que constituye el delito y de la culpa del condenado.
Si la sentencia penal decide que el hecho no existió o que el sindicado como responsable no
participó, estas circunstancias no pueden ser discutidas en el proceso civil.
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Si la sentencia penal decide que un hecho no constituye delito penal o que no compromete la
responsabilidad penal del agente, en el proceso civil puede discutirse libremente ese mismo
hecho en cuanto generador de responsabilidad civil.
Las excusas absolutorias penales no afectan a la acción civil, excepto disposición legal expresa
en contrario.
Impiden la reparación del daño: a) la prueba de la verdad del hecho reputado calumnioso;
b) en los delitos contra la vida, haber sido coautor o cómplice, o no haber impedido el hecho
pudiendo hacerlo.
La sentencia penal posterior a la sentencia civil no produce ningún efecto sobre ella, excepto en
el caso de revisión. La revisión procede exclusivamente, y a petición de parte interesada, en los
siguientes supuestos: a) si la sentencia civil asigna alcances de cosa juzgada a cuestiones
resueltas por la sentencia penal y ésta es revisada respecto de esas cuestiones, excepto que derive
de un cambio en la legislación; b) si quien fue juzgado responsable en la acción civil es absuelto
en el juicio criminal por inexistencia del hecho que funda la condena civil, o por no ser su autor,
en el caso de una acción civil por reparación del daño fundada en un factor objetivo de
responsabilidad; c) otros casos previstos por la ley.
***
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UNIDAD IX. Derechos Reales. Concepto y Características. Diferencia con los Derechos
Personales. Enumeración y Clasificación. Prueba. Las Relaciones Reales. La Posesión y la
Tenencia. El Dominio. El Condominio. El Usufructo. El Uso y la Habitación. Las Servidumbres.
La Superficie. La Propiedad Horizontal. Los Conjuntos Inmobiliarios. El Tiempo Compartido. El
Cementerio Privado. El Dominio Fiduciario. La Expropiación. Los Derechos Reales de
Garantía. Concepto. La Hipoteca. La Prenda. La Anticresis. El Derecho de Retención.
DERECHOS REALES
Concepto y características
El derecho real es el que crea entre una persona y una cosa una relación directa e inmediata, de
modo tal que no se encuentra en ella sino dos elementos: la persona que es el sujeto activo del
derecho y la cosa que es el objeto. Son derechos de carácter patrimonial, poseyendo el titular del
derecho real una potestad sobre el bien. Todos estos derechos surgen de la ley.
Cualquier acuerdo de partes que pretenda crear un derecho real no previsto en la ley solo vale en
tanto derecho personal, si pudiese valer como tal. Ello así, ya que los actos prohibidos por la ley
son sin ningún valor, produciendo su nulidad.
1) Principio de creación: existe un número cerrado de derechos reales que solo la ley puede
determinar, no admitiendo su creación por voluntad de las partes. Es el sistema denominado
“numerus clausus” que limita la constitución de estos derechos a los tipos señalados por la ley.
El derecho real de dominio es el sometimiento de una cosa a la voluntad y acción de una
persona, y la ley lo determina cuantitativa y cualitativamente.
2) Principio “nemo plus iuris”: nadie puede transmitir un derecho mejor que el que tiene y
tampoco puede adquirir un derecho mejor que el que tenía aquel que lo transmitió.
5) Principio del orden público: así como el principio de la autonomía de la voluntad es propio de
los derechos personales, las normas de los derecho reales son de orden público. Su fundamento
radica en la importancia de estos últimos en la organización social, económica y política de una
sociedad.
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Diferencias con los derechos personales:
2) Los derechos personales están conformados por tres elementos: a) la prestación, b) el sujeto
activo o acreedor, y c) el sujeto pasivo o deudor; los derechos reales solo cuentan con dos
elementos a) el objeto (cosa o bien en sentido amplio), y b) el sujeto que es titular del derecho
real.
3) Los derechos personales son relativos; los derechos reales son absolutos.
4) Los derechos personales están dominados por la liberta de las partes para su creación; los
derechos reales no pueden ser creados por ellas.
5) Los derechos personales solo pueden ser reclamados al deudor; los derechos reales persiguen
al objeto, independientemente de quien lo tenga en su poder.
6) Los derechos personales no se adquieren por el devenir del tiempo; los derechos reales se
adquieren por la posesión durante un tiempo determinado que establece la ley.
7) Los derechos personales son siempre temporarios; los derechos reales pueden ser perpetuos.
8) Los derechos personales en el caso de muerte de su titular se dividen de pleno derecho entre
los herederos; los derechos reales se transmiten a los herederos de forma indivisa, con la
excepción de aquellos se extinguen con la muerte del titular.
9) Los derechos personales son regidos por la ley del lugar de celebración del acto; los derechos
reales por la ley del lugar de ubicación del bien.
1) El dominio
2) El condominio
3) El usufructo
4) El uso
5) La habitación
6) Las servidumbres
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7) La hipoteca
8) La prenda
9) La anticresis
10) La superficie
1. En relación al sujeto:
2. En relación al objeto:
3. En relación a la causa:
a. Perpetuos: el dominio.
b. Temporales: la hipoteca.
4. En relación al contenido:
a. Perfectos: el dominio.
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b. Imperfectos: el usufructo.
5. En relación a la función:
a. Principales: el condominio.
b. Accesorios: la prenda.
La prueba de los derechos reales es diversa, dependiendo del objeto: cosas muebles o inmuebles.
En el caso de las cosas muebles, la posesión de buna fe crea a favor del poseedor la presunción
de tener la propiedad de ella, y el poder de repeler cualquier acción de reivindicación si la cosa
no hubiese sido robada o perdida. De este modo, el depositario, el comodatario y otros tenedores
precarios no pueden valerse del principio de que en materia de bienes muebles la posesión vale
por el título. Igualmente, el tercero que lo hubiera recibido el bien mueble de aquellos tenedores
precarios lo hizo de mala fe, y está sometido a una acción personal sobre la restitución de ese
objeto.
En general, se presume que las cosas muebles que se encuentren en el domicilio de una persona
son propiedad de la misma. No obstante, el dominio puede ser acreditado por distintos medios de
prueba.
La relación real es aquella instantánea y estable, entre un sujeto y un objeto, instituida por la ley,
o que es totalmente indiferente a ella, o la establecida en forma abstracta y que se manifiesta en
8
La tradición es un modo de adquirir el dominio de las cosas y consiste en la entrega que el
dueño hace de ellas a otro, habiendo por una parte la facultad e intención de transferir el dominio
y por otra la capacidad e intención de adquirirlo.
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un conjunto de reglas exigidas por aquella, ya sea para conceder a las relaciones reales concretas
ciertos efectos o para identificarlas y clarificarlas.
1. Yuxtaposición: es un mero contacto físico con el bien, no interviniendo la voluntad del sujeto,
como el caso de una persona que tiene en sus manos una pelota.
2. Tenencia: cuando una persona detenta una cosa o ejerce un poder físico sobre ella, pero
reconociendo que la propiedad pertenece a otra persona. Se manifiesta a través de los siguientes
supuestos: a) la relación fundada en un vínculo de hospitalidad (ej., el visitante en relación con
las cosas que están en la casa visitada); b) la relación fundada en un vínculo de hospedaje (ej., el
pasajero de un hotel en relación con las cosas que se hallan donde se hospeda); c) la relación
fundada en un vínculo de dependencia, la cual se detenta en virtud de una relación de
subordinación (ej., el operario con los útiles o el uniforme mientras desarrolla su trabajo); d) la
tenencia desinteresada, por la que se detenta la cosa de otro sin usar de ella (ej., el caso de un
depositario ocasional de las maletas de otro); e) la tenencia interesada, por la que se detenta la
cosa de otro, pudiendo usar o gozar de la misma (ej., el inquilino).
3. Posesión: cuando una persona tiene la cosa bajo su poder con la intención de ejercer sobre
ella un derecho real. La relación es legítima cuando se ejerce un derecho real constituido
regularmente. La relación es ilegítima cuando no es un derecho real constituido de acuerdo a la
ley, sino en contra de ella (ej., el ladrón o usurpador).
La posesión y la tenencia
Hay posesión cuando una persona, por sí o por medio de otra, ejerce un poder de hecho sobre
una cosa, comportándose como titular de un derecho real, lo sea o no.
Hay tenencia cuando una persona, por sí o por medio de otra, ejerce un poder de hecho sobre una
cosa, y se comporta como representante del poseedor.
Se presume, a menos que exista prueba en contrario, que es poseedor quien ejerce un poder de
hecho sobre una cosa. Quien utiliza una cosa en virtud de una relación de dependencia, servicio,
hospedaje u hospitalidad, se llama servidor de la posesión.
No pueden concurrir sobre una cosa varias relaciones de poder de la misma especie que se
excluyan entre sí.
Si media título se presume que la relación de poder comienza desde la fecha del título y tiene la
extensión que en él se indica. Nadie puede cambiar la especie de su relación de poder, por su
mera voluntad, o por el solo transcurso del tiempo. Se pierde la posesión cuando el que tiene la
cosa a nombre del poseedor manifiesta por actos exteriores la intención de privar al poseedor de
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disponer de la cosa, y sus actos producen ese efecto.
Las relaciones de poder se presumen legítimas, a menos que exista prueba en contrario. Son
ilegítimas cuando no importan el ejercicio de un derecho real o personal constituido de
conformidad con las previsiones de la ley.
El sujeto de la relación de poder sobre una cosa no tiene obligación de producir su título a la
posesión o a la tenencia, sino en el caso que deba exhibirlo como obligación inherente a su
relación de poder.
La posesión de mala fe es viciosa cuando es de cosas muebles adquiridas por hurto, estafa, o
abuso de confianza; y cuando es de inmuebles, adquiridos por violencia, clandestinidad, o abuso
de confianza. Los vicios de la posesión son relativos respecto de aquel contra quien se ejercen.
En todos los casos, sea por el mismo que causa el vicio o por sus agentes, sea contra el poseedor
o sus representantes.
Para adquirir una relación de poder sobre una cosa, ésta debe establecerse voluntariamente:
a) por sujeto capaz, excepto las personas menores de edad, para quienes es suficiente que tengan
diez años; b) por medio de un contacto con la cosa, de la posibilidad física de establecerlo, o
cuando ella ingresa en el ámbito de custodia del adquirente.
Hay tradición cuando una parte entrega una cosa a otra que la recibe. Debe consistir en la
realización de actos materiales de, por lo menos, una de las partes, que otorguen un poder de
hecho sobre la cosa, los que no se suplen, con relación a terceros, por la mera declaración del que
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entrega de darla a quien la recibe, o de éste de recibirla.
Para adquirir por tradición la posesión o la tenencia, la cosa debe estar libre de toda relación
excluyente, y no debe mediar oposición alguna.
La relación de poder sobre una cosa compuesta de muchos cuerpos distintos y separados, pero
unidos bajo un mismo nombre, como un rebaño o una piara, abarca sólo las partes individuales
que comprende la cosa.
Constituyen actos posesorios sobre la cosa los siguientes: su cultura, percepción de frutos,
amojonamiento o impresión de signos materiales, mejora, exclusión de terceros y, en general, su
apoderamiento por cualquier modo que se obtenga.
La relación de poder se conserva hasta su extinción, aunque su ejercicio esté impedido por
alguna causa transitoria.
Se presume, a menos que exista prueba en contrario, que el sujeto actual de la posesión o de la
tenencia que prueba haberla ejercitado anteriormente, la mantuvo durante el tiempo intermedio.
El poseedor y el tenedor tienen derecho a ejercer las servidumbres reales que corresponden a la
cosa que constituye su objeto. También tienen derecho a exigir el respeto de los límites
impuestos por ley.
Deben respetar las cargas reales, las medidas judiciales inherentes a la cosa, y los límites
impuestos por ley.
Bajo la ley se entiende por: a) fruto percibido: el que separado de la cosa es objeto de una nueva
relación posesoria. Si es fruto civil, se considera percibido el devengado y cobrado; b) fruto
pendiente: el todavía no percibido. Fruto civil pendiente es el devengado y no cobrado; c)
mejora de mero mantenimiento: la reparación de deterioros menores originados por el uso
ordinario de la cosa; d) mejora necesaria: la reparación cuya realización es indispensable para la
conservación de la cosa; e) mejora útil: la beneficiosa para cualquier sujeto de la relación
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posesoria; f) mejora suntuaria: la de mero lujo o recreo o provecho exclusivo para quien la hizo.
Adquisición de frutos o productos según la buena o mala fe. La buena fe del poseedor debe
existir en cada hecho de percepción de frutos; y la buena o mala fe del que sucede en la posesión
de la cosa se juzga sólo con relación al sucesor y no por la buena o mala fe de su antecesor, sea
la sucesión universal o particular.
El poseedor de buena fe hace suyos los frutos percibidos y los naturales devengados no
percibidos. El de mala fe debe restituir los percibidos y los que por su culpa deja de percibir. Sea
de buena o mala fe, debe restituir los productos que haya obtenido de la cosa. Los frutos
pendientes corresponden a quien tiene derecho a la restitución de la cosa.
Ningún sujeto de relación de poder puede reclamar indemnización por las mejoras de mero
mantenimiento ni por las suntuarias. Estas últimas pueden ser retiradas si al hacerlo no se daña la
cosa. Todo sujeto de una relación de poder puede reclamar el costo de las mejoras necesarias,
excepto que se hayan originado por su culpa si es de mala fe. Puede asimismo reclamar el pago
de las mejoras útiles pero sólo hasta el mayor valor adquirido por la cosa. Los acrecentamientos
originados por hechos de la naturaleza en ningún caso son indemnizables.
A menos que exista disposición legal en contrario, el poseedor debe satisfacer el pago total de los
impuestos, tasas y contribuciones que graven la cosa y cumplir la obligación de cerramiento.
El tenedor debe: a) conservar la cosa, pero puede reclamar al poseedor el reintegro de los gastos;
b) individualizar y comunicar al poseedor de quien es representante si se lo perturba en razón de
la cosa, y de no hacerlo, responde por los daños ocasionados al poseedor y pierde la garantía por
evicción, si ésta corresponde; c) restituir la cosa a quien tenga derecho a reclamarla, previa
citación fehaciente de los otros que la pretenden.
El dominio
Si bien los términos propiedad y dominio son utilizados en la ley como sinónimos, el primero
puede ser considerado como el género y el segundo como la especie. La jurisprudencia de la
Corte Suprema de Justicia ha definido al término propiedad, en el contexto de los arts. 14 y 17 de
la CN, en el sentido de comprender todos los intereses apreciables que un hombre puede poseer
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fuera de sí mismo, fuera de su vida y de su libertad. Bajo la constitución dicho término ampara
todo el patrimonio, incluyendo derechos reales y personales, bienes materiales y, en general
todos los intereses generales que un hombre pueda poseer, fuera de sí mismo y de su vida y
libertad.
1. Dominio perfecto: El dominio perfecto es el derecho real que otorga todas las facultades de
usar, gozar y disponer material y jurídicamente de una cosa, dentro de los límites previstos por la
ley. El dominio se presume perfecto hasta que se pruebe lo contrario.
El dominio es exclusivo y no puede tener más de un titular. Quien adquiere la cosa por un título,
no puede en adelante adquirirla por otro, si no es por lo que falta al título.
El dominio es excluyente pues el dueño puede excluir a extraños del uso, goce o disposición de
la cosa, remover por propia autoridad los objetos puestos en ella, y encerrar sus inmuebles con
muros, cercos o fosos, sujetándose a las normas locales.
El dominio de una cosa comprende los objetos que forman un todo con ella o son sus accesorios.
El dominio de una cosa inmueble se extiende al subsuelo y al espacio aéreo, en la medida en que
su aprovechamiento sea posible, excepto lo dispuesto por normas especiales.
Se presume que las construcciones, siembras o plantaciones las hizo el dueño del inmueble, si no
se prueba lo contrario.
Dominio imperfecto: El dominio imperfecto se caracteriza por estar sometido a condición o plazo
resolutorios, o si la cosa está gravada con cargas reales.
2. Modos especiales de adquisición del dominio. Apropiación: El dominio de las cosas muebles
no registrables sin dueño, se adquiere por apropiación. a) son susceptibles de apropiación: i) las
cosas abandonadas; ii) los animales que son el objeto de la caza y de la pesca; iii) el agua pluvial
que caiga en lugares públicos o corra por ellos. b) no son susceptibles de apropiación: i) las cosas
perdidas. Si la cosa es de algún valor, se presume que es perdida, excepto prueba en contrario; ii)
los animales domésticos, aunque escapen e ingresen en inmueble ajeno; iii) los animales
domesticados, mientras el dueño no desista de perseguirlos. Si emigran y se habitúan a vivir en
otro inmueble, pertenecen al dueño de éste, si no empleó artificios para atraerlos; iv) los tesoros.
El animal salvaje o el domesticado que recupera su libertad natural, pertenece al cazador cuando
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lo toma o cae en su trampa. Mientras el cazador no desista de perseguir al animal que hirió tiene
derecho a la presa, aunque otro la tome o caiga en su trampa. Pertenece al dueño del inmueble el
animal cazado en él sin su autorización expresa o tácita.
Quien pesca en aguas de uso público, o está autorizado para pescar en otras aguas, adquiere el
dominio de la especie acuática que captura o extrae de su medio natural.
El dueño de un enjambre puede seguirlo a través de inmuebles ajenos, pero debe indemnizar el
daño que cause. Si no lo persigue o cesa en su intento, el enjambre pertenece a quien lo tome.
Cuando se incorpora a otro enjambre, es del dueño de éste.
Modos especiales de adquisición del dominio. Adquisición de un tesoro: Es tesoro toda cosa
mueble de valor, sin dueño conocido, oculta en otra cosa mueble o inmueble. No lo es la cosa de
dominio público, ni la que se encuentra en una sepultura de restos humanos mientras subsiste esa
afectación.
Es descubridor del tesoro el primero que lo hace visible, aunque no sepa que es un tesoro. El
hallazgo debe ser casual. Sólo tienen derecho a buscar tesoro en objeto ajeno los titulares de
derechos reales que se ejercen por la posesión, con excepción de la prenda.
Si el tesoro es descubierto casualmente en una cosa ajena, pertenece por mitades al descubridor y
al dueño de la cosa donde se halló.
Los derechos del descubridor no pueden invocarse por la persona a la cual el dueño de la cosa le
encarga buscar un tesoro determinado, ni por quien busca sin su autorización. Pueden ser
invocados si al hallador simplemente se le advierte sobre la mera posibilidad de encontrar un
tesoro.
Cuando alguien pretende que tiene un tesoro que dice haber guardado en predio ajeno y quiere
buscarlo, puede hacerlo sin consentimiento del dueño del predio; debe designar el lugar en que se
encuentra, y garantizar la indemnización de todo daño al propietario. Si prueba su propiedad, le
pertenece. Si no se acredita, el tesoro pertenece íntegramente al dueño del inmueble.
Modos especiales de adquisición del dominio. Régimen de cosas perdidas: El que encuentra una
cosa perdida no está obligado a tomarla, pero si lo hace asume las obligaciones del depositario a
título oneroso. Debe restituirla inmediatamente a quien tenga derecho a reclamarla, y si no lo
individualiza, debe entregarla a la policía del lugar del hallazgo, quien debe dar intervención al
juez.
La restitución de la cosa a quien tiene derecho a reclamarla debe hacerse previo pago de los
gastos y de la recompensa. Si se ofrece recompensa, el hallador puede aceptar la ofrecida o
reclamar su fijación por el juez. Sin perjuicio de la recompensa, el dueño de la cosa puede
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liberarse de todo otro reclamo del hallador transmitiéndole su dominio.
Transcurridos seis meses sin que se presente quien tiene derecho a reclamarla, la cosa debe
venderse en subasta pública. La venta puede anticiparse si la cosa es perecedera o de
conservación costosa. Deducidos los gastos y el importe de la recompensa, el remanente
pertenece a la ciudad o municipio del lugar en que se halló.
Modos especiales de adquisición del dominio. Transformación y accesión de cosas muebles: Hay
adquisición del dominio por transformación si alguien de buena fe con una cosa ajena, mediante
su sola actividad o la incorporación de otra cosa, hace una nueva con intención de adquirirla, sin
que sea posible volverla al estado anterior. En tal caso, sólo debe el valor de la primera.
Si la transformación se hace de mala fe, el dueño de la materia tiene derecho a ser indemnizado
de todo daño, si no prefiere tener la cosa en su nueva forma; en este caso debe pagar al
transformador su trabajo o el mayor valor que haya adquirido la cosa, a su elección.
Si cosas muebles de distintos dueños acceden entre sí sin que medie hecho del hombre y no es
posible separarlas sin deteriorarlas o sin gastos excesivos, la cosa nueva pertenece al dueño de la
que tenía mayor valor económico al tiempo de la accesión. Si es imposible determinar qué cosa
tenía mayor valor, los propietarios adquieren la nueva por partes iguales.
No constituye aluvión lo depositado por las aguas que se encuentran comprendidas en los límites
del cauce del río determinado por la línea de ribera que fija el promedio de las máximas crecidas
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ordinarias.
El acrecentamiento del inmueble por la fuerza súbita de las aguas que produce una adherencia
natural pertenece al dueño del inmueble. También le pertenece si ese acrecentamiento se origina
en otra fuerza natural.
Si el dueño de un inmueble construye, siembra o planta con materiales ajenos, los adquiere, pero
debe su valor. Si es de mala fe también debe los daños.
Quien construye en su inmueble, pero de buena fe invade el inmueble colindante, puede obligar a
su dueño a respetar lo construido, si éste no se opuso inmediatamente de conocida la invasión.
El dueño del inmueble colindante puede exigir la indemnización del valor de la parte invadida
del inmueble. Puede reclamar su adquisición total si se menoscaba significativamente el
aprovechamiento normal del inmueble y, en su caso, la disminución del valor de la parte no
invadida. Si el invasor no indemniza, puede ser obligado a demoler lo construido.
Las condiciones resolutorias impuestas al dominio se deben entender limitadas al término de diez
años, aunque no pueda realizarse el hecho previsto dentro de aquel plazo o éste sea mayor o
incierto. Si los diez años transcurren sin haberse producido la resolución, el dominio debe quedar
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definitivamente establecido. El plazo se computa desde la fecha del título constitutivo del
dominio imperfecto.
El titular del dominio revocable tiene las mismas facultades que el dueño perfecto, pero los actos
jurídicos que realiza están sujetos a las consecuencias de la extinción de su derecho.
La revocación del dominio de cosa registrable tiene efecto retroactivo, excepto que lo contrario
surja del título de adquisición o de la ley.
Cuando se trata de cosas no registrables, la revocación no tiene efecto respecto de terceros sino
en cuanto ellos, por razón de su mala fe, tengan una obligación personal de restituir la cosa.
Si la revocación es retroactiva el dueño perfecto readquiere el dominio libre de todos los actos
jurídicos realizados por el titular del dominio resuelto; si no es retroactiva, los actos son
oponibles al dueño.
4. Límites al dominio: Las limitaciones impuestas al dominio privado en el interés público están
regidas por el derecho administrativo. El aprovechamiento y uso del dominio sobre inmuebles
debe ejercerse de conformidad con las normas administrativas aplicables en cada jurisdicción.
Los límites impuestos al dominio en materia de relaciones de vecindad, rigen en subsidio de las
normas administrativas aplicables en cada jurisdicción.
Los deberes impuestos por los límites al dominio no generan indemnización de daños, a menos
que por la actividad del hombre se agrave el perjuicio.
En los actos a título oneroso es nula la cláusula de no transmitir a persona alguna el dominio de
una cosa determinada o de no constituir sobre ella otros derechos reales. Estas cláusulas son
válidas si se refieren a persona o personas determinadas.
En los actos a título gratuito todas las cláusulas señaladas en el primer párrafo son válidas si su
plazo no excede de diez años.
Si la convención no fija plazo, o establece un plazo incierto o superior a diez años, se considera
celebrada por ese tiempo. Es renovable de manera expresa por un lapso que no exceda de diez
años contados desde que se estableció.
En los actos por causa de muerte son nulas las cláusulas que afectan las porciones legítimas, o
implican una sustitución fideicomisaria.
Las molestias que ocasionan el humo, calor, olores, luminosidad, ruidos, vibraciones o
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inmisiones similares por el ejercicio de actividades en inmuebles vecinos, no deben exceder la
normal tolerancia teniendo en cuenta las condiciones del lugar y aunque medie autorización
administrativa para aquéllas.
Según las circunstancias del caso, los jueces pueden disponer la remoción de la causa de la
molestia o su cesación y la indemnización de los daños. Para disponer el cese de la inmisión, el
juez debe ponderar especialmente el respeto debido al uso regular de la propiedad, la prioridad
en el uso, el interés general y las exigencias de la producción.
El dueño de un inmueble colindante con cualquiera de las orillas de los cauces o sus riberas,
aptos para el transporte por agua, debe dejar libre una franja de terreno de quince metros de
ancho en toda la extensión del curso, en la que no puede hacer ningún acto que menoscabe
aquella actividad.
Todo perjudicado puede pedir que se remuevan los efectos de los actos violatorios de este
artículo.
Los dueños de inmuebles linderos a un cauce no pueden realizar ninguna obra que altere el curso
natural de las aguas, o modifique su dirección o velocidad, a menos que sea meramente
defensiva. Si alguno de ellos resulta perjudicado por trabajos del ribereño o de un tercero, puede
remover el obstáculo, construir obras defensivas o reparar las destruidas, con el fin de restablecer
las aguas a su estado anterior, y reclamar del autor el valor de los gastos necesarios y la
indemnización de los demás daños.
Si el obstáculo se origina en un caso fortuito, el Estado sólo debe restablecer las aguas a su
estado anterior o pagar el valor de los gastos necesarios para hacerlo.
Debe recibirse el agua, la arena o las piedras que se desplazan desde otro fundo si no han sido
degradadas ni hubo interferencia del hombre en su desplazamiento. Sin embargo, puede
derivarse el agua extraída artificialmente, la arena o las piedras que arrastra el agua, si se prueba
que no causan perjuicio a los inmuebles que las reciben.
Excepto que una ley local disponga otras dimensiones, en los muros linderos no pueden tenerse
vistas que permitan la visión frontal a menor distancia que la de tres metros; ni vistas laterales a
menor distancia que la de sesenta centímetros, medida perpendicularmente. En ambos casos la
distancia se mide desde el límite exterior de la zona de visión más cercana al inmueble
colindante.
Excepto que una ley local disponga otras dimensiones, en el muro lindero no pueden tenerse
luces a menor altura que la de un metro ochenta centímetros, medida desde la superficie más
elevada del suelo frente a la abertura.
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Quien tiene luces o vistas permitidas en un muro privativo no puede impedir que el colindante
ejerza regularmente su derecho de elevar otro muro, aunque lo prive de la luz o de la vista.
El dueño de un inmueble no puede tener árboles, arbustos u otras plantas que causan molestias
que exceden de la normal tolerancia. En tal caso, el dueño afectado puede exigir que sean
retirados, a menos que el corte de ramas sea suficiente para evitar las molestias. Si las raíces
penetran en su inmueble, el propietario puede cortarlas por sí mismo.
El condominio
Condominio es el derecho real de propiedad sobre una cosa que pertenece en común a varias
personas y que corresponde a cada una por una parte indivisa. Las partes de los condóminos se
presumen iguales, excepto que la ley o el título dispongan otra proporción.
El destino de la cosa común se determina por la convención, por la naturaleza de la cosa o por el
uso al cual estaba afectada de hecho.
Cada condómino, conjunta o individualmente, puede usar y gozar de la cosa común sin alterar su
destino. No puede deteriorarla en su propio interés u obstaculizar el ejercicio de iguales
facultades por los restantes condóminos.
Los condóminos pueden convenir el uso y goce alternado de la cosa común o que se ejercite de
manera exclusiva y excluyente sobre determinadas partes materiales.
El uso y goce excluyente sobre toda la cosa, en medida mayor o calidad distinta a la convenida,
no da derecho a indemnización a los restantes condóminos, sino a partir de la oposición
fehaciente y sólo en beneficio del oponente.
Cada condómino puede enajenar y gravar la cosa en la medida de su parte indivisa sin el
asentimiento de los restantes condóminos. Los acreedores pueden embargarla y ejecutarla sin
esperar el resultado de la partición, que les es inoponible. La renuncia del condómino a su parte
acrece a los otros condóminos.
La disposición jurídica o material de la cosa, o de alguna parte determinada de ella, sólo puede
hacerse con la conformidad de todos los condóminos. No se requiere acuerdo para realizar
mejoras necesarias. Dentro de los límites de uso y goce de la cosa común, cada condómino puede
también, a su costa, hacer en la cosa mejoras útiles que sirvan a su mejor aprovechamiento.
Cada condómino debe pagar los gastos de conservación y reparación de la cosa y las mejoras
necesarias y reembolsar a los otros lo que hayan pagado en exceso con relación a sus partes
indivisas. No puede liberarse de estas obligaciones por la renuncia a su derecho. El condómino
que abona tales gastos puede reclamar intereses desde la fecha del pago.
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tercero acreedor, pero tiene acción contra los otros para el reembolso de lo pagado. Si todos se
obligaron sin expresión de cuotas y sin estipular solidaridad, deben satisfacer la deuda por partes
iguales. Quien ha pagado de más con respecto a la parte indivisa que le corresponde, tiene
derecho contra los otros, para que le restituyan lo pagado en esa proporción.
Si no es posible el uso y goce en común por razones atinentes a la propia cosa o por la oposición
de alguno de los condóminos, éstos reunidos en asamblea deben decidir sobre su administración.
Todos los condóminos deben ser informados de la finalidad de la convocatoria y citados a la
asamblea en forma fehaciente y con anticipación razonable.
La resolución de la mayoría absoluta de los condóminos computada según el valor de las partes
indivisas aunque corresponda a uno solo, obliga a todos. En caso de empate, debe decidir la
suerte.
El usufructo
Usufructo es el derecho real de usar, gozar y disponer jurídicamente de un bien ajeno, sin alterar
su sustancia.
Hay alteración de la sustancia, si es una cosa, cuando se modifica su materia, forma o destino, y
si se trata de un derecho, cuando se lo menoscaba.
El usufructo puede ejercerse sobre la totalidad, sobre una parte material o por una parte indivisa
de los siguientes objetos: a) una cosa no fungible; b) un derecho, sólo en los casos en que la ley
lo prevé; c) una cosa fungible cuando recae sobre un conjunto de animales; d) el todo o una parte
indivisa de una herencia cuando el usufructo es de origen testamentario.
Sólo están legitimados para constituir usufructo el dueño, el titular de un derecho de propiedad
horizontal, el superficiario y los comuneros del objeto sobre el que puede recaer.
El usufructo puede constituirse: a) por la transmisión del uso y goce con reserva de la nuda
propiedad; b) por la transmisión de la nuda propiedad con reserva del uso y goce; c) por
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transmisión de la nuda propiedad a una persona y el uso y goce a otra. En caso de duda, la
constitución del usufructo se presume onerosa.
El usufructo puede ser establecido pura y simplemente, sujeto a condición o plazo resolutorios, o
con cargo. No puede sujetarse a condición o plazo suspensivos y si así se constituye, el usufructo
mismo se tiene por no establecido. Cuando el testamento subordina el usufructo a una condición
o a plazo suspensivos, la constitución sólo es válida si se cumplen antes del fallecimiento del
testador.
Cualquiera de las partes contratantes tiene derecho a inventariar y determinar el estado del objeto
del usufructo, antes de entrar en su uso y goce. Cuando las partes son mayores de edad y
capaces, el inventario y determinación del estado del objeto del usufructo son facultativos y
pueden hacerse por instrumento privado. En caso contrario, son obligatorios y deben ser hechos
por escritura pública.
Si el usufructo se constituye por testamento, quien ha sido designado usufructuario está obligado
a inventariar y determinar el estado del objeto, en escritura pública. Esta obligación tampoco es
dispensable.
La falta de inventario y de determinación del estado de los bienes hace presumir que se
corresponden con la cantidad indicada en el título y que se encuentran en buen estado de
conservación, excepto que se haya previsto lo contrario.
El usufructo es intransmisible por causa de muerte, sin perjuicio de lo dispuesto para el usufructo
a favor de varias personas con derecho de acrecer.
El uso y goce del usufructuario se extiende a los acrecentamientos originados por hechos de la
naturaleza, sin contraprestación alguna.
El usufructuario puede transmitir su derecho, pero es su propia vida y no la del adquirente la que
determina el límite máximo de duración del usufructo. Con carácter previo a la transmisión, el
adquirente debe dar al nudo propietario garantía suficiente de la conservación y restitución del
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bien.
El usufructuario puede efectuar otras mejoras, además de las que está obligado a hacer, si no
alteran la sustancia de la cosa. No tiene derecho a reclamar su pago, pero puede retirarlas si la
separación no ocasiona daño a los bienes.
Si el acreedor del usufructuario ejecuta el derecho de usufructo, el adquirente del usufructo debe
dar garantía suficiente al nudo propietario de la conservación y restitución de los bienes.
El uso y goce por el usufructuario debe ajustarse al destino de los bienes del usufructo, el que se
determina por la convención, por la naturaleza de la cosa o por el uso al cual estaba afectada de
hecho.
El usufructuario debe realizar a su costa las mejoras de mero mantenimiento, las necesarias y las
demás que se originen por su culpa. No están a su cargo las mejoras originadas por vetustez o
caso fortuito. El nudo propietario puede exigir al usufructuario que realice las mejoras a las que
está obligado aun antes de la extinción del usufructo.
El usufructuario no está obligado a hacer ninguna mejora por causas originadas antes del acto de
constitución de su derecho. Sin embargo, el usufructuario que no recibe los bienes por su
negativa a inventariarlos o a determinar su estado, debe pagar esas mejoras realizadas por el
nudo propietario.
El usufructuario debe pagar los impuestos, tasas, contribuciones y expensas comunes que afectan
directamente a los bienes objeto del usufructo.
Son medios especiales de extinción del usufructo: a) la muerte del usufructuario, aunque no se
haya cumplido el plazo o condición pactados. Si no se pactó la duración del usufructo, se
entiende que es vitalicio; b) la extinción de la persona jurídica usufructuaria. Si no se pactó la
duración, se extingue a los cincuenta años desde la constitución del usufructo; c) el no uso por
persona alguna durante diez años, por cualquier razón. El desuso involuntario no impide la
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extinción, ni autoriza a extender la duración del usufructo; d) el uso abusivo y la alteración de la
sustancia comprobada judicialmente.
El uso y la habitación
El uso es el derecho real que consiste en usar y gozar de una cosa ajena, su parte material o
indivisa, en la extensión y con los límites establecidos en el título, sin alterar su sustancia. Si el
título no establece la extensión del uso y goce se entiende que se constituye un usufructo. El
derecho real de uso sólo puede constituirse a favor de persona humana.
Se aplican al uso los criterios legales aplicables al usufructo, a excepción de las disposiciones
particulares aquí mencionadas.
Los frutos no pueden ser embargados por los acreedores cuando el uso de éstos se limita a las
necesidades del usuario y su familia.
La habitación no es transmisible por acto entre vivos ni por causa de muerte, y el habitador no
puede constituir derechos reales o personales sobre la cosa. No es ejecutable por los acreedores.
Cuando el habitador reside sólo en una parte de la casa que se le señala para vivienda, debe
contribuir al pago de las cargas, contribuciones y reparaciones a prorrata de la parte de la casa
que ocupa.
Las servidumbres
La servidumbre es el derecho real que se establece entre dos inmuebles y que concede al titular
del inmueble dominante determinada utilidad sobre el inmueble sirviente ajeno. La utilidad
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puede ser de mero recreo.
La servidumbre puede tener por objeto la totalidad o una parte material del inmueble ajeno.
Nadie puede imponer la constitución de una servidumbre, excepto que la ley prevea
expresamente la necesidad jurídica de hacerlo, caso en el cual se denomina forzosa.
Si el titular del fundo sirviente no conviene la indemnización con el del fundo dominante, o con
la autoridad local si está involucrada la población, se la debe fijar judicialmente.
La servidumbre personal puede establecerse a favor de varias personas. Si se extingue para una
subsiste para las restantes, pero sin derecho de acrecer, excepto que el título prevea lo contrario.
No puede establecerse la servidumbre personal a favor de varias personas que se suceden entre
sí, a menos que el indicado en un orden precedente no quiera o no pueda aceptar la servidumbre.
Están legitimados para constituir una servidumbre los titulares de derechos reales que recaen
sobre inmuebles y se ejercen por la posesión. Si existe comunidad debe ser constituida por el
conjunto de los titulares.
En ningún caso el juez puede constituir una servidumbre o imponer su constitución. En caso de
duda, la constitución de la servidumbre se presume onerosa. La servidumbre puede sujetarse a
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cualquier modalidad.
El titular de una servidumbre puede constituir sobre ella derechos personales con relación a la
utilidad que le es conferida, sin eximirse de su responsabilidad frente al propietario. No puede
constituir derechos reales.
El titular dominante puede realizar en el inmueble sirviente las mejoras necesarias para el
ejercicio y conservación de la servidumbre. Están a su cargo, a menos que el gasto se origine en
hechos por los cuales debe responder el titular del inmueble sirviente o un tercero.
El titular dominante debe comunicar al titular sirviente las perturbaciones de hecho o de derecho
sufridas en razón del ejercicio de la servidumbre. Si no lo hace, responde de todos los daños
sufridos por el titular sirviente.
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Son medios especiales de extinción de las servidumbres: a) la desaparición de toda utilidad para
el inmueble dominante; b) el no uso por persona alguna durante diez años, por cualquier razón;
c) en las servidumbres personales, si el titular es persona humana, su muerte, aunque no estén
cumplidos el plazo o condición pactados; si el titular es una persona jurídica, su extinción, y si
no se pactó una duración menor, se acaba a los cincuenta años desde la constitución.
Extinguida la servidumbre, se extinguen todos los derechos constituidos por el titular dominante.
La propiedad horizontal
La propiedad horizontal es el derecho real que se ejerce sobre un inmueble propio que otorga a
su titular facultades de uso, goce y disposición material y jurídica que se ejercen sobre partes
privativas y sobre partes comunes de un edificio, de conformidad la ley y el respectivo
reglamento de propiedad horizontal. Las diversas partes del inmueble así como las facultades que
sobre ellas se tienen son interdependientes y conforman un todo no escindible.
A los fines de la división jurídica del edificio, el titular de dominio o los condóminos deben
redactar, por escritura pública, el reglamento de propiedad horizontal, que debe inscribirse en el
registro inmobiliario.
La propiedad de la unidad funcional comprende la parte indivisa del terreno, de las cosas y partes
de uso común del inmueble o indispensables para mantener su seguridad, y puede abarcar una o
más unidades complementarias destinadas a servirla.
Son comunes a todas o a algunas de las unidades funcionales las cosas y partes de uso común de
ellas o indispensables para mantener su seguridad y las que se determinan en el reglamento de
propiedad horizontal. Las cosas y partes cuyo uso no está determinado, se consideran comunes.
Sobre estas cosas y partes ningún propietario puede alegar derecho exclusivo, sin perjuicio de su
afectación exclusiva a una o varias unidades funcionales.
Cada propietario puede usar las cosas y partes comunes conforme a su destino, sin perjudicar o
restringir los derechos de los otros propietarios.
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conducen fluidos o energía en toda su extensión, y los cableados, hasta su ingreso en la unidad
funcional; g) la vivienda para alojamiento del encargado; h) los ascensores, montacargas y
escaleras mecánicas; i) los muros exteriores y los divisorios de unidades entre sí y con cosas y
partes comunes; j) las instalaciones necesarias para el acceso y circulación de personas con
discapacidad, fijas o móviles, externas a la unidad funcional, y las vías de evacuación
alternativas para casos de siniestros; k) todos los artefactos o instalaciones existentes para
servicios de beneficio común; l) los locales destinados a sanitarios o vestuario del personal que
trabaja para el consorcio. Esta enumeración tiene carácter enunciativo.
Son necesariamente propias con respecto a la unidad funcional las cosas y partes comprendidas
en el volumen limitado por sus estructuras divisorias, los tabiques internos no portantes, las
puertas, ventanas, artefactos y los revestimientos, incluso de los balcones.
También son propias las cosas y partes que, susceptibles de un derecho exclusivo, son previstas
como tales en el reglamento de propiedad horizontal, sin perjuicio de las restricciones que
impone la convivencia ordenada.
La personalidad del consorcio se extingue por la desafectación del inmueble del régimen de
propiedad horizontal, sea por acuerdo unánime de los propietarios instrumentado en escritura
pública o por resolución judicial, inscripta en el registro inmobiliario.
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Conjuntos inmobiliarios
Son conjuntos inmobiliarios los clubes de campo, barrios cerrados o privados, parques
industriales, empresariales o náuticos, o cualquier otro emprendimiento urbanístico
independientemente del destino de vivienda permanente o temporaria, laboral, comercial o
empresarial que tenga, comprendidos asimismo aquellos que contemplan usos mixtos, con
arreglo a lo dispuesto en las normas administrativas locales.
Todos los aspectos relativos a las zonas autorizadas, dimensiones, usos, cargas y demás
elementos urbanísticos correspondientes a los conjuntos inmobiliarios, se rigen por las normas
administrativas aplicables en cada jurisdicción. Todos los conjuntos inmobiliarios deben
someterse a la normativa del derecho real de propiedad horizontal con las modificaciones que
establece la ley, a los fines de conformar un derecho real de propiedad horizontal especial. Los
conjuntos inmobiliarios preexistentes que se hubiesen establecido como derechos personales o
donde coexistan derechos reales y derechos personales se deben adecuar a las previsiones
normativas que regulan este derecho real.
Son necesariamente comunes o de uso común las partes y lugares del terreno destinadas a vías de
circulación, acceso y comunicación, áreas específicas destinadas al desarrollo de actividades
deportivas, recreativas y sociales, instalaciones y servicios comunes, y todo otro bien afectado al
uso comunitario, calificado como tal por el respectivo reglamento de propiedad horizontal que
regula el emprendimiento. Las cosas y partes cuyo carácter de comunes o propias no esté
determinado se consideran comunes.
La unidad funcional que constituye parte privativa puede hallarse construida o en proceso de
construcción, y debe reunir los requisitos de independencia funcional según su destino y salida a
la vía pública por vía directa o indirecta.
Cada propietario debe ejercer su derecho dentro del marco establecido en la presente normativa,
con los límites y restricciones que surgen del respectivo reglamento de propiedad horizontal del
conjunto inmobiliario, y teniendo en miras el mantenimiento de una buena y normal convivencia
y la protección de valores paisajísticos, arquitectónicos y ecológicos.
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reglamentaciones locales, provinciales o municipales establecen, en función de aspectos
urbanísticos y de seguridad.
Los propietarios están obligados a pagar las expensas, gastos y erogaciones comunes para el
correcto mantenimiento y funcionamiento del conjunto inmobiliario en la proporción que a tal
efecto establece el reglamento de propiedad horizontal. Dicho reglamento puede determinar otras
contribuciones distintas a las expensas legalmente previstas, en caso de utilización de ventajas,
servicios e instalaciones comunes por familiares e invitados de los titulares.
El reglamento del conjunto inmobiliario puede establecer condiciones y pautas para el ejercicio
del derecho de uso y goce de los espacios e instalaciones comunes por parte de terceros en los
casos en que los titulares del dominio de las unidades particulares ceden temporariamente, en
forma total o parcial, por cualquier título o derecho, real o personal, el uso y goce de su unidad
funcional.
El reglamento puede establecer la extensión del uso y goce de los espacios e instalaciones
comunes a aquellas personas que integran el grupo familiar del propietario de la unidad funcional
y prever un régimen de invitados y admisión de usuarios no propietarios de dichos bienes, con
las características y bajo las condiciones que, a tal efecto, dicte el consorcio de propietarios.
El uso de los bienes comunes del complejo por terceras personas puede ser pleno, parcial o
limitado, temporario o permanente, es siempre personal y no susceptible de cesión ni transmisión
total o parcial, permanente o transitoria, por actos entre vivos ni mortis causa. Los no
propietarios quedan obligados al pago de las contribuciones y aranceles que a tal efecto
determine la normativa interna del conjunto inmobiliario.
Con arreglo a lo que dispongan las normas administrativas aplicables, pueden establecerse
servidumbres u otros derechos reales de los conjuntos inmobiliarios entre sí o con terceros
conjuntos, a fin de permitir un mejor aprovechamiento de los espacios e instalaciones comunes.
Estas decisiones conforman modificación del reglamento y deben decidirse con la mayoría
propia de tal reforma, según la prevea el reglamento.
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Ante conductas graves o reiteradas de los titulares de las unidades funcionales violatorias del
reglamento de propiedad horizontal, el consorcio de propietarios puede aplicar las sanciones
previstas en ese instrumento.
Tiempo compartido
Se considera que existe tiempo compartido si uno o más bienes están afectados a su uso
periódico y por turnos, para alojamiento, hospedaje, comercio, turismo, industria u otros fines y
para brindar las prestaciones compatibles con su destino.
El instrumento de afectación de un tiempo compartido debe ser otorgado por el titular del
dominio. En el supuesto en que dicho titular no coincida con la persona del emprendedor, éste
debe comparecer a prestar su consentimiento a la afectación instrumentada.
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los usuarios, en la oportunidad y condiciones comprometidas; d) abonar las cuotas por gastos del
sistema de las unidades no enajenadas.
Deberes de los usuarios del tiempo compartido. Son deberes de los usuarios del tiempo
compartido: a) ejercer su derecho conforme a su naturaleza y destino, sin alterarlos ni sustituirlos
y sin impedir a otros usuarios disfrutar de los turnos que les corresponden; b) responder por los
daños a la unidad, al establecimiento, o a sus áreas comunes, ocasionados por ellos, sus
acompañantes o las personas que ellos autorizan, si tales daños no son ocasionados por su uso
normal y regular o por el mero transcurso del tiempo; c) comunicar a la administración toda
cesión temporal o definitiva de sus derechos, conforme a los procedimientos establecidos en el
reglamento de uso; d) abonar en tiempo y forma las cuotas por gastos del sistema y del fondo de
reserva, así como todo gasto que pueda serle imputado particularmente.
La administración puede ser ejercida por el propio emprendedor, o por un tercero designado por
él. En tal caso, ambos tienen responsabilidad solidaria frente a los usuarios del tiempo
compartido, por la debida gestión y coordinación en el mantenimiento y uso de los bienes.
El administrador tiene los siguientes deberes, sin perjuicio de los establecidos en los regímenes
legales específicos: a) conservar los establecimientos, sus unidades y los espacios y cosas de uso
común, en condiciones adecuadas para facilitar a los usuarios el ejercicio de sus derechos;
b) preservar la igualdad de derechos de los usuarios y respetar las prioridades temporales de las
reservaciones; c) verificar las infracciones al reglamento de uso y aplicar las sanciones previstas;
d) interponer los recursos administrativos y acciones judiciales que corresponden; e) llevar los
libros de contabilidad conforme a derecho; f) confeccionar y ejecutar el presupuesto de recursos
y gastos; g) cobrar a los usuarios las cuotas por gastos, fondos de reserva y todo otro cargo que
corresponde; h) rendir cuentas al emprendedor y a los usuarios, conforme a liquidaciones de
ingresos y gastos certificadas por contador público, excepto en el caso que se optara por aplicar
el sistema de ajuste alzado relativo; i) entregar toda la documentación y los fondos existentes, al
emprendedor o a quien éste indique, al cesar su función; j) comportarse tal como lo haría un buen
administrador de acuerdo con los usos y prácticas del sector.
El certificado emanado del administrador en el que conste la deuda por gastos del sistema, los
rubros que la componen y el plazo para abonarla, constituye título para accionar contra el usuario
moroso por la vía ejecutiva, previa intimación fehaciente por el plazo que se estipula en el
reglamento de administración.
La extinción del tiempo compartido se produce: a) por vencimiento del plazo previsto en el
instrumento de afectación; b) en cualquier momento, cuando no se han producido enajenaciones,
o se han rescindido la totalidad de los contratos, circunstancia de la que se debe dejar constancia
registral; c) por destrucción o vetustez.
Al derecho del adquirente de tiempo compartido se le aplican las normas sobre derechos reales.
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El propietario, emprendedor, comercializador, administrador y usuario del tiempo compartido
deben cumplir con las leyes, reglamentos y demás normativas de índole nacional, provincial y
municipal relativas al funcionamiento del sistema.
Cementerios privados
El titular de dominio debe otorgar una escritura de afectación del inmueble a efectos de
destinarlo a la finalidad de cementerio privado, que se inscribe en el Registro de la Propiedad
Inmueble juntamente con el reglamento de administración y uso del cementerio. A partir de su
habilitación por parte de la municipalidad local el cementerio no puede alterar su destino ni ser
gravado con derechos reales de garantía.
El titular del derecho de sepultura puede: a) inhumar en la parcela los restos humanos de quienes
disponga, hasta la dimensión establecida en el reglamento, y efectuar las exhumaciones,
reducciones y traslados, dando estricto cumplimiento a la normativa dictada al respecto;
b) construir sepulcros en sus respectivas parcelas, de conformidad a las normas de construcción
dictadas al efecto; c) acceder al cementerio y a su parcela en los horarios indicados; d) utilizar
los oratorios, servicios, parque e instalaciones y lugares comunes según las condiciones
establecidas.
El titular del derecho de sepultura debe: a) mantener el decoro, la sobriedad y el respeto que
exigen el lugar y el derecho de otros; b) contribuir periódicamente con la cuota de servicio para
el mantenimiento y funcionamiento del cementerio; c) abonar los impuestos, tasas y
contribuciones que a tales efectos se fijen sobre su parcela; d) respetar las disposiciones y
reglamentos nacionales, provinciales y municipales de higiene, salud pública y policía mortuoria.
La dirección y administración del cementerio está a cargo del administrador, quien debe asegurar
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el correcto funcionamiento de las instalaciones y servicios comunes que permita el ejercicio de
los derechos de sepultura, de acuerdo a las condiciones pactadas y reglamentadas.
Las parcelas exclusivas destinadas a sepultura son inembargables, excepto por: a) los créditos
provenientes del saldo de precio de compra y de construcción de sepulcros; b) las expensas,
tasas, impuestos y contribuciones correspondientes a aquéllas.
La relación entre el propietario y el administrador del cementerio privado con los titulares de las
parcelas se rige por las normas que regulan la relación de consumo previstas la ley. Al derecho
de sepultura sobre la parcela se le aplican las normas sobre derechos reales.
El administrador, los titulares de sepulturas y los visitantes deben cumplir con las leyes,
reglamentos y demás normativas de índole nacional, provincial y municipal relativas a la policía
mortuoria.
Superficie
El derecho de superficie puede constituirse sobre todo el inmueble o sobre una parte
determinada, con proyección en el espacio aéreo o en el subsuelo, o sobre construcciones ya
existentes aun dentro del régimen de propiedad horizontal. La extensión del inmueble afectado
puede ser mayor que la necesaria para la plantación, forestación o construcción, pero debe ser
útil para su aprovechamiento.
El plazo convenido en el título de adquisición no puede exceder de setenta años cuando se trata
de construcciones y de cincuenta años para las forestaciones y plantaciones, ambos contados
desde la adquisición del derecho de superficie. El plazo convenido puede ser prorrogado siempre
que no exceda de los plazos máximos.
Están facultados para constituir el derecho de superficie los titulares de los derechos reales de
dominio, condominio y propiedad horizontal.
El derecho de superficie se constituye por contrato oneroso o gratuito y puede ser transmitido por
actos entre vivos o por causa de muerte. No puede adquirirse por usucapión. La prescripción
breve es admisible a los efectos del saneamiento del justo título.
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El titular del derecho de superficie está facultado para constituir derechos reales de garantía
sobre el derecho de construir, plantar o forestar o sobre la propiedad superficiaria, limitados, en
ambos casos, al plazo de duración del derecho de superficie.
La transmisión del derecho comprende las obligaciones del superficiario. La renuncia del
derecho por el superficiario, su desuso o abandono, no lo liberan de sus obligaciones legales o
contractuales.
El derecho de construir, plantar o forestar se extingue por renuncia expresa, vencimiento del
plazo, cumplimiento de una condición resolutoria, por consolidación y por el no uso durante diez
años, para el derecho a construir, y de cinco, para el derecho a plantar o forestar.
Producida la extinción del derecho de superficie, el titular del derecho real sobre el suelo debe
indemnizar al superficiario, excepto pacto en contrario. El monto de la indemnización es fijado
por las partes en el acto constitutivo del derecho real de superficie, o en acuerdos posteriores. En
subsidio, a los efectos de establecer el monto de la indemnización, se toman en cuenta los valores
subsistentes incorporados por el superficiario durante los dos últimos años, descontada la
amortización.
Son de aplicación supletoria las normas relativas a las limitaciones del uso y goce en el derecho
de usufructo, sin perjuicio de lo que las partes hayan pactado al respecto en el acto constitutivo.
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queda sujeta a las normas del dominio revocable sobre cosas inmuebles en tanto sean
compatibles y no estén modificadas por las previstas en la ley.
El dominio fiduciario
Existe dominio fiduciario cuando una persona llamada “fiduciante” transmite la propiedad
fiduciaria de bienes determinados a otra persona llamada “fiduciaria”, quien se obliga a ejercerla
en beneficio de quien se designe en beneficio del contrato, llamado “beneficiario”, y a
transmitirlo al cumplimiento de un plazo o condición al “fiduciante”, al “beneficiario” o al
“fideicomisario”.
Es un contrato que tiene como elementos determinantes la confianza y el encargo de hacer algo
para otro u otros.
El contrato deberá contener según la ley citada: 1) la individualización de los bienes objeto del
contrato; 2) la determinación del modo en que otros bienes podrán ser incorporados al
fideicomiso; 3) el plazo o condición a que se sujeta el dominio fiduciario, el que nunca podrá
durar mas de 30 años desde su constitución, salvo que el beneficiario fuere un incapaz, en cuyo
caso podrá durar hasta su muerte o el cese de su incapacidad; 4) el destino de los bienes al
término del fideicomiso; 5) los derechos y obligaciones del fiduciario y el modo de sustituirlo si
cesare.
El fideicomiso puede ser instituido por testamento y también puede ser financiero, cuando el
fiduciario es una entidad de crédito o una sociedad autorizada por la Comisión Nacional de
Valores. Dichas entidades pueden emitir certificados o títulos para ser ofrecidos al público en
general, con la garantía de los bienes fideicomitidos.
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La expropiación
La expropiación de los bienes de particulares por parte del estado está prevista en el artículo 17,
CN: “La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente
indemnizada.”
Tanto el Estado Nacional, Provincial o Municipal pueden declarar un bien particular de utilidad
pública, sea inmueble o mueble, sometiéndolo al dominio público, sujeto a indemnización previa
a su titular. Lo expuesto representa una limitación de orden público. El objetivo de la
expropiación es el bien común de la sociedad. Y la calificación de utilidad pública debe ser
hecha por ley.
El procedimiento expropiatorio exige el ofrecimiento del expropiante del valor determinado por
el Tribunal de Tasaciones de la Nación al propietario; en el caso de aceptación deberá entregar el
bien y recibir la indemnización compensatoria.
La indemnización solo comprenderá el valor objetivo del bien y los daños que sean consecuencia
directa e inmediata de la expropiación. No se tomarán en cuenta circunstancias de carácter
personal, valores afectivos, ganancias hipotéticas, ni el mayor valor que pueda conferir al bien la
obra a ejecutarse. No se pagará el lucro cesante. Integrarán la indemnización el importe que
correspondiere por depreciación de la moneda y el de los respectivos intereses.
Se denomina expropiación inversa cuando, ante la intención del Estado para procurarse el bien
que ya ha sido declarado de utilidad pública, el propietario que ha sido expropiado inicia el juicio
de expropiación.
Si la propiedad ha sido utilizada por el Estado con una finalidad distinta a la determinada por la
ley que la declaró de utilidad pública, su antiguo propietario podrá accionar judicialmente para
recobrar el dominio. Esta acción se denomina de “retrocesión” y puede intentarse si el destino
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fue distinto del que la ley de expropiación le otorgó o no se le dio ninguno. Los montos
indemnizatorios serán idénticos a la expropiación directa. Y en el caso de recobrar la propiedad
el expropiado deberá devolver al expropiante la indemnización recibida.
Concepto
Mediante las garantías reales se afecta un bien que es propiedad del deudor para asegurar el
cumplimiento de una o más obligaciones propias o ajenas.
La hipoteca
La hipoteca es el derecho real constituido en seguridad de un crédito en dinero sobre los bienes
inmuebles que continúan en poder del deudor.
La hipoteca tiene las siguientes características: 1) es un derecho real; 2) es sobre cosa ajena; 3) es
accesorio en función de la garantía; 4) solo puede constituirse convencionalmente; 5) solo recae
sobre bienes inmuebles determinados, de acuerdo con el principio de la especialidad en el objeto;
6) es un derecho real registrable, de acuerdo con el principio de publicidad y a los efectos de su
oponibilidad hacia terceros; 7) es indivisible, en el sentido de permitir al acreedor no levantarla
ni aun parcialmente si el deudor no paga o cancela la totalidad de su obligación.
Quienes tienen capacidad para vender también tienen capacidad para hipotecar o para obligarse
por este derecho real, siendo necesario la titularidad del dominio. El incapaz que constituye una
hipoteca puede confirmarla retroactivamente cuando cese su incapacidad.
La hipoteca solo puede ser constituida por escritura pública, debiendo constar en ella bajo pena
de nulidad lo siguiente: 1) el nombre, apellido y domicilio del deudor y del acreedor, y los de las
personas jurídicas por su denominación legal y el lugar de su establecimiento; 2) la fecha y la
naturaleza del contrato a que accede el archivo en que se encuentra; 3) la situación de la
propiedad y sus linderos, y si fuere rural el distrito a que pertenece; y si fuere urbana la ciudad o
villa y la calle en que se encuentre; 4) la cantidad cierta de la deuda.
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inmueble en comodato, locación o lo transfiera; 5) el derecho del acreedor de designar martillero
para la subasta; 6) determinación de la base para la venta judicial.
La hipoteca no solo puede constituirla quien contrae la obligación sino también puede ser dada
por un tercero que no se ha obligado personalmente. También es posible la constitución de una
hipoteca en el exterior sobre un bien ubicado en Argentina, la cual debe ser constituida por
documento público, legalizado en el ámbito nacional y previa vista judicial y cancelación de los
impuestos aplicables, para que sea protocolizada por la autoridad del lugar. En todos los casos la
hipoteca debe ser inscripta en el Registro de la Propiedad Inmueble dentro de los 45 días de su
otorgamiento.
La inscripción puede ser solicitada: 1) por el que transmite el derecho; 2) por el que lo adquiere;
3) por el que tenga representación legítima de cualquiera de ellos; 4) por el que tenga interés en
asegurar el derecho hipotecario.
En relación con sus efectos respectos de terceros, la hipoteca será oponible desde el día del
otorgamiento de la obligación hipotecaria si el ingreso para su registro se hubieses producido
dentro de los 45 días. La inscripción se extiende por 35 años si antes no se renueva.
La hipoteca se extingue: 1) por la extinción de la obligación principal; 2) por el pago del deudor;
3) por renuncia del acreedor en escritura pública; 4) por falta de cumplimiento de la condición
necesaria del titular del derecho de propiedad para adquirirla; 5) por confusión, reuniéndose la
calidad de acreedor y propietario del inmueble en la misma persona; 6) por adquisición en
remate judicial.
La cancelación de la hipoteca es el acto jurídico por el que se deja sin efecto la inscripción de la
misma en el Registro de la Propiedad Inmueble. Se diferencia de la extinción desde que éste
concierne al derecho mismo y la cancelación es respecto de la inscripción. De ahí que sea usual
que el escribano interviniente en la cancelación agregue, en el título de propiedad
correspondiente, una nota marginal señalando que la hipoteca ha sido cancelada.
El juicio hipotecario tiene lugar por parte del acreedor ante el incumplimiento del deudor
hipotecario.
El deudor solo podrá oponer como excepciones especiales, además de las de procedimiento, las
de prescripción, pago total o parcial, quita, espera o remisión. Si estas no prosperasen el juez
deberá dictar la sentencia de remate del inmueble hipotecado a efectos de satisfacer el capital, los
intereses, y los gastos causídicos o costas.
La ley 24.441 establece un régimen específico para la ejecución de las hipotecas, el cual solo es
aplicable si fue establecido en el documento de constitución de la hipoteca. La relevancia de este
proceso es su carácter extrajudicial. El acreedor podrá designar al escribano y al martillero para
realizar el trámite de venta.
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Si el deudor hubiese transferido el inmueble mientras estaba hipotecado, en la sentencia de
remate el juez deberá intimar al tercer poseedor para que dentro del término de 5 días manifieste
si pagará la deuda o abandonará el inmueble.
Existe sanción de carácter penal con el acreedor malicioso si el trámite de ejecución hipotecaria
extrajudicial se realiza en contra del deudor, a sabiendas de que no se encuentra en mora o
maliciosamente omitiera cumplimentar los recaudos establecidos para la subasta mediante tal
procedimiento especial.
La prenda
La prenda se constituye cuando el deudor, a raíz de una obligación cierta o condicional, presente
o futura, entrega al acreedor una cosa mueble o un crédito en seguridad de la deuda. La prenda
es un derecho real constituido para asegurar un crédito y como una convención que origina un
derecho sobre una cosa. Es un derecho accesorio, al igual que una hipoteca, constituido sobre
una cosa ajena.
Los caracteres de la prenda son los siguientes: 1) convencionalidad, pues solo reconoce como
fuete la voluntad de las partes; 2) indivisibilidad, dado que si bien la deuda puede dividirse la
prenda es indivisible; 3) especialidad, en tanto el documento donde consta la prenda debe indicar
específicamente la naturaleza del objeto entregado en prenda, expresando la calidad, sus
dimensiones, medidas, peso, características, etc.
Sobre el objeto, las cosas muebles y las deudas activas pueden ser dadas en prenda. En suma, la
prenda recae sobre una cosa o un crédito. En cuanto a los frutos el acreedor puede percibirlos o
imputarlos a cuenta de los intereses o directamente al capital.
Puede constituirse prenda con registro para asegurar el pago de una suma de dinero, o el
cumplimiento de cualquier clase de obligaciones a las que los contrayentes le atribuyen, a los
efectos de la garantía prendaria, un valor consistente en una suma de dinero, sobre bienes que
deben quedar en poder del deudor o del tercero que los haya prendado en seguridad de una deuda
ajena.
Los derechos provenientes de la prenda sólo subsisten mientras el bien afectado se encuentra en
poder del acreedor o del tercero designado. Se reputa que el acreedor o el tercero continúan en
posesión de la prenda cuando media pérdida o sustracción de ella o hubiera sido entregada a otro
con obligación de devolverla.
Si el acreedor pierde la posesión de la cosa, puede recuperarla de quien la tiene en su poder, sin
exceptuar al propio constituyente de la prenda.
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Puede constituirse una nueva prenda sobre el bien empeñado, a favor de otro acreedor, si el
acreedor en cuyo poder se encuentra consiente en poseerlo para ambos o si es entregada en
custodia a un tercero en interés común. La prioridad entre los acreedores queda establecida por la
fecha de su constitución. No obstante, las partes pueden, mediante declaración de su voluntad
formulada con precisión y claridad, sustraerse a los efectos de esta regla y establecer otro orden
de prelación para sus derechos, a fin de compartir la prioridad o autorizar que ésta sea
compartida.
El acreedor no puede usar la cosa prendada sin consentimiento del deudor, a menos que el uso de
la cosa sea necesario para su conservación; en ningún caso puede abusar en la utilización de la
cosa ni perjudicarla de otro modo. El incumplimiento de lo anterior, da derecho al deudor a:
a) dar por extinguida la garantía y que la cosa le sea restituida; b) pedir que la cosa se ponga en
depósito a costa del acreedor; c) reclamar daños y perjuicios.
La prenda de créditos es la que se constituye sobre cualquier crédito instrumentado que puede ser
cedido. La prenda se constituye aunque el derecho no se encuentre incorporado a dicho
instrumento y aunque éste no sea necesario para el ejercicio de los derechos vinculados con el
crédito prendado.
La anticresis
La anticresis es el derecho real concedido al acreedor por el deudor, o un tercero por él,
poniéndolo en posesión de un inmueble, y autorizándolo a percibir los frutos para imputarlos
anualmente sobre los intereses del crédito, si son debidos; y en caso de exceder, sobre el capital,
o sobre el capital solamente si no se deben intereses.
Sus caracteres son: 1) debe recaer sobre un inmueble; 2) debe ser instrumentado en escritura
pública; 3) debe ser inscripto en el Registro de la Propiedad Inmueble; 4) debe entregarse el
inmueble al acreedor.
La anticresis solo puede ser constituido por el propietario con capacidad para disponer del
inmueble o por el usufructuario.
Sus obligaciones son la de conservación y administración del inmueble, pagar las contribuciones
y cargas, las cuales son deducidas de los frutos, como así también la restitución del bien una vez
cancelado el crédito.
El derecho de retención
Todo acreedor de una obligación cierta y exigible puede conservar en su poder la cosa que debe
restituir al deudor, hasta el pago de lo que éste le adeude en razón de la cosa.
Tiene esa facultad sólo quien obtiene la detentación de la cosa por medios que no sean ilícitos.
Carece de ella quien la recibe en virtud de una relación contractual a título gratuito, excepto que
sea en el interés del otro contratante.
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Toda cosa que esté en el comercio puede ser retenida, siempre que deba restituirse y sea
embargable según la legislación pertinente. El ejercicio de la retención no requiere autorización
judicial ni manifestación previa del retenedor. El juez puede autorizar que se sustituya el derecho
de retención por una garantía suficiente.
El retenedor tiene derecho a lo siguiente: a) ejercer todas las acciones de que dispone para la
conservación y percepción de su crédito, y las que protegen su posesión o tenencia con la cosa
retenida; b) percibir un canon por el depósito, desde que intima al deudor a pagar y a recibir la
cosa, con resultado negativo; c) percibir los frutos naturales de la cosa retenida, pero no está
obligado a hacerlo. Si opta por percibirlos, debe dar aviso al deudor. En este caso, puede
disponer de ellos, debiendo imputar su producido en primer término a los intereses del crédito y
el excedente al capital.
El retenedor está obligado a lo siguiente: a) no usar la cosa retenida, excepto pacto en contrario,
en el que se puede determinar los alcances de dicho uso, inclusive en lo relativo a los frutos;
b) conservar la cosa y efectuar las mejoras necesarias a costa del deudor; c) restituir la cosa al
concluir la retención y rendir cuentas al deudor de cuanto hubiera percibido en concepto de
frutos.
La facultad de retención tiene los siguientes efectos: a) se ejerce sobre toda la cosa cualquiera
sea la proporción del crédito adeudada al retenedor; b) se transmite con el crédito al cual accede;
c) no impide al deudor el ejercicio de las facultades de administración o disposición de la cosa
que le corresponden, pero el retenedor no está obligado a entregarla hasta ser satisfecho su
crédito; d) no impide el embargo y subasta judicial de la cosa retenida, por otros acreedores o por
el propio retenedor. En estos casos, el derecho del retenedor se traslada al precio obtenido en la
subasta, con el privilegio correspondiente; e) mientras subsiste, interrumpe el curso de la
prescripción extintiva del crédito al que accede; f) en caso de concurso o quiebra del acreedor de
la restitución, la retención queda sujeta a la legislación pertinente.
La retención concluye por: a) extinción del crédito garantizado; b) pérdida total de la cosa
retenida; c) renuncia; d) entrega o abandono voluntario de la cosa. No renace aunque la cosa
vuelva a su poder; e) confusión de las calidades de retenedor y propietario de la cosa, excepto
disposición legal en contrario; f) falta de cumplimiento de las obligaciones del retenedor o si
incurre en abuso de su derecho.
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