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Los Espacios Publicos en Iberoamerica A

El documento explora la evolución del concepto de 'espacio público' en la historiografía iberoamericana, destacando su relevancia en la política y la cultura desde el siglo XVIII hasta el XIX. Se discuten las limitaciones del enfoque habermasiano y se propone una visión plural de los espacios públicos, enfatizando la importancia de entender el contexto histórico y lingüístico de la época. El texto también subraya la necesidad de un análisis comparativo y de una reevaluación de las transformaciones sociales y políticas en el mundo ibérico durante la modernidad.

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Los Espacios Publicos en Iberoamerica A

El documento explora la evolución del concepto de 'espacio público' en la historiografía iberoamericana, destacando su relevancia en la política y la cultura desde el siglo XVIII hasta el XIX. Se discuten las limitaciones del enfoque habermasiano y se propone una visión plural de los espacios públicos, enfatizando la importancia de entender el contexto histórico y lingüístico de la época. El texto también subraya la necesidad de un análisis comparativo y de una reevaluación de las transformaciones sociales y políticas en el mundo ibérico durante la modernidad.

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objetos centrales de la reflexión contemporánea, y de los

Ambigüedades y problemas Los Espacios


historiadores también.
Siglos XVIII-XIX Públicos en
Los campos de investigación de esta historia política reno- Iberoamérica
Introducción vada se han ido multiplicando: estudios sobre los actores
políticos reales -grupos y redes-, sobre las ideas, los imagi-
narios y valores, sobre las prácticas políticas y culturales,
Hasta hace algunos años la problemática del "espacio sobre figuras como la nación o el Estado. Los resultados de
público" era una tierra ignota en la historiografia ibero- estas investigaciones, aunque considerables, distan mucho François-Xavier
americana. No sólo en sí misma, sino porque muchos de los todavía de cubrir todo el campo histórico. En algunos sec- Guerra
fenómenos que este término engloba -la opinión pública tores, y en algunos países, se ha avanzado mucho. Los
moderna, las elecciones, la representación- lo eran tam- estudios sobre la nación, las elecciones y la representación Annick Lempérière
bién. Las causas de este olvido eran múltiples y son ya numerosos; las investigaciones sobre las formas de
respondían, como muy frecuentemente ocurre en la histo- sociabilidad son más escasas, pero algunas son de gran
ria, al air du temps, al ambiente de una época, combinación calidad. En lo que se refiere ala imprenta, a los periódicos,
impalpable de premisas, metodologías y de los problemas a las prácticas de lectura, estamos aún, salvo algunas
que se consideran prioritarios en un momento dado. Los excepciones, en una fase previa, casi de recopilación de
historiadores posteriores a la segunda Guerra Mundial datos elementales.
abandonaron masivamente la historia política e institucional
ligada a la edificación de la nación, para centrarse en los A pesar de los resultados desiguales de todos estos estu-
problemas sociales y económicos. Así, los enfoques socio- dios, ya pueden sacarse algunas conclusiones provisio-
económicos de la "nueva historia" casaban bien con la pre- nales. En primer lugar, la imbricación continua que se ha
ocupación por el desarrollo económico y la transformación dado a temas que habitualmente se estudiaban de manera
social. separada. La aparición de elecciones modernas, por ejem-
plo, está íntimamente ligada con el nacimiento de la opinión
En este entorno, las cuestiones de carácter esencialmente pública y ambas, a su vez, con el surgimiento de nuevas
cultural y político que ahora nos ocupan quedaban fuera de formas de sociabilidad, de producción del escrito y de lec-
las perspectivas de investigación. O se ignoraba su existen- tura y, más globalmente, con maneras diferentes de conce-
cia o se negaba dé hecho su autonomía, considerándolas bir el cuerpo social, la soberanía o la representación. En
meramente formales. Hubo que esperar a los setenta y segundo lugar, la importancia que para todos estos fenó-
ochenta para que estas premisas fuesen a su vez cuestio- menos tiene el periodo que va de finales del siglo XVIII a
nadas. La transformación intelectual que, en la Europa de mediados del siglo XIX. Es entonces cuando se produce la
esos años, trastocó las perspectivas de investigación coin- mayor de esas transformaciones -en muchos casos, ver-
cidió, en el mundo ibérico invadido por las dictaduras, con daderas rupturas- que sintéticamente designamos con el
una creciente valoración de los aspectos "formales" de los término modernidad. Por último, la necesidad de un
regímenes políticos modernos. Los problemas centrales del enfoque comparativo. En efecto, todos los estudios par-
siglo XIX -la construcción de la nación, la constitución, la ciales; muestran que estas transformaciones, aunque con
representación política, la ciudadanía, las elecciones, las modalidades y ritmos propios para cada país, son comunes
libertades individuales, la opinión pública- volvieron a ser a todo el mundo occidental y dentro de éste, en lo que a
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nosotros atañe, a un área cultural que, esquemáticamente, nos) o la del constitucionalismo liberal (los poderes: públi-
podemos llamar "latina". cos legitimados por la soberanía del pueblo). Los Espacios
Públicos en
De estas comprobaciones nació en 1995 el proyecto de Esta intención de clarificación terminológica no es una Iberoamérica
este libro: como una tentativa de explorar desde diversos mera curiosidad: erudita que consistiría en saber como los
ángulos y en países diferentes esas transformaciones o hombres del pasado designaban algo que nosotros nom-
mutaciones de la modernidad. Dada la amplitud geográfica bramos: ahora de otra manera: el Estado; la soberanía, la
y temporal con la que queríamos abordar el tema, este libro sociedad, la opinión... ¿Hasta qué punto podemos utilizar
no podía ser más que colectivo. Los diferentes autores ya estos términos de aparición reciente, cuya antigüedad no François-Xavier
habíamos trabajado mucho sobre diferentes aspectos del se remonta más allá del siglo XVIII, para designar reali- Guerra
tránsito a la modernidad en el mundo ibérico. Escogimos dades anteriores a ellos? ¿Podemos utilizarlos, para un
como problemática co mún lá noción habermasiana de mundo que los desconocía, de la misma manera que deci- Annick Lempérière
espacio público no porque la consideráramos enteramente mos que los hombres del pasado respiraban -sin saberlo-
convincente -después haremos algunas observaciones una mezcla de oxígeno y nitrógeno? El problema no es
sobre sus límites-, sino porque proponía una hipótesis glob- puramente terminológico, sino que remite a algo mucho
al que comprendía tanto la articulación dé variables diver- más fundamental: a la manera en que los hombres de una
sas como una perspectiva comparativa. época dada tenían de concebirse a sí mismos y por lo tanto
de actuar. El lenguaje no es una realidad. separable de las
Un hilo conductor corre por los diferentes capítulos dé esté realidades sociales, un elenco de instrumentos: neutros y
libro: la atención prestada al léxico, empezando por la atemporales del que se puede disponer a voluntad, sino
misma palabra público. En efecto, su uso es tan común y una parte esencial de la realidad humana y, cómo ella,
tan central en los análisis de la vida política y cultural en la cambiante. Los imaginarios y las representaciones colecti-
época de transición hacia la. modernidad que se olvida vas a os que el lenguaje remite son parte tan esencial de la
demasiado! á menudo su polisemia y su historicidad: realidad como las formas de propiedad o los flujos comer-
Público, equivalente culto de pueblo, la palabra evoca la ciales; o mejor dicho, éstos son inseparables de aquéllos:
cosa pública de los romanos, la república; pero también la de las maneras de concebir el hombre y la colectividad, de
publicación y la publicidad; como adjetivo sirve tanto para las nociones comunes sobre lo que es legítimo o no, de los
calificar, la opinión como para hablar de los poderes públi- bienes que se estiman superiores...
cos. Público nos remite siempre a la política, a concep-
ciones de la comunidad como asociación natural o volun- La atención prestada a las palabras y a los valores propios
taria, al gobierno, a la legitimidad de las autoridades. Lejos de los actores concretos de la historia es una condición
de ser sólo el: calificativo neutro y 'cómodo de un "espacio" necesaria para la inteligibilidad. Hay que aprehenderlos en
o de una "esfera" que se opone siempre, implícita o explíci- el contexto en el que se utilizaron, sin pasar por alto las
tamente, al campo de lo "privado", a la esfera de los indivi- ambigüedades que llevaba consigo el hecho de que las pa-
duos y de las familias; de las conciencias y de las labras antiguas eran las únicas disponibles, en la época:
propiedades, el público es al mismo tiempo el sujeto y el revolucionaria, para describir y entender situaciones políti-
objeto de la política: sea la del Antiguo Régimen (el bien cas y culturales radicalmente nuevas. ¿Qué quiere decir
común, los cargos públicos, la felicidad pública de los soberanía primero en la monarquía y después de la revolu-
ilustrados) o la revolucionaria (el salut public de los jacobi- ción? ¿Quién es el sujeto legítimo dé la opinión? ¿A qué
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público se refieren los gobernantes de antes y después del más nuevas de comunicación de las élites y deja de lado
proceso revolucionario? Tales son, a grandes rasgos, nues- otros modos de circulación de la información y de reacción Los Espacios
tras preguntas, sin que .pretendamos ofrecer aquí una más antiguas, como el pasquín y el libelo, o más populares, Públicos en
respuesta completa o definitiva. como el rumor. En tercer lugar, su obra valora escasamente Iberoamérica
los elementos propiamente políticos, como, por ejemplo, las
prácticas representativas 1. Cuarto problema, el concepto de
El Modelo Habermasiano y sus Limites "sociedad burguesa" es, la mayoría de las veces, inade-
cuado, incluso cuando el historiador se limita a un enfoque
estrictamente sociológico de las formas de la publicidad. La François-Xavier
Habermas aparece en muchos de los capítulos como una inadecuación se vuelve todavía más aguda al tratarse del Guerra
referencia ineludible. Es inútil insistir, en efecto, sobre la mundo hispanoamericano, ya que éste ignoró, por lo menos
vitalidad y la riqueza que su obra ha conferido, en un par de hasta finales del siglo XIX, el uso de la palabra burguesía en Annick Lempérière
décadas a los análisis llevados a cabo por los historiadores su léxico político e ideológico. Se puede inferir de esto que
sobre la transición hacia las formas modernas de comuni- las formas supuestamente "burguesas" de sociabilidad tam-
cación. Sin embargo, en nuestra perspectiva no es menos poco cuajan bien con la realidad iberoamericana. Y con eso
innegable que su enfoque puede ser discutido y rebasado aparece lo que para nosotros sería el punto más problemá-
no tanto en su descripción, todavía valiosa, de las múltiples tico: su encuesta se limita, esencialmente, a Francia,
formas de la publicidad moderna, sino en la arqueología que Inglaterra y Alemania; esta selección -que puede justificarse
de ellas propone. para el siglo XIX- deja fuera del análisis tina vasta y esen-
cial área cultural del Antiguo Régimen: Italia y el mundo
El análisis de Habermas, resumido a grandes rasgos, sigue ibérico.
las pautas de una interpretación de la historia concebida
como un desarrollo lineal y progresivo. Se subraya, por un Más allá de estas críticas, las ciencias sociales (a las cuales
lado, el fortalecimiento del Estado administrativo y militar y, pertenece la historia cuando reivindica el modelo haber-
por otro, la estructuración -partiendo primero de la esfera masiano) se encuentran, a finales de nuestro siglo, sumergi-
privada de la sociedad burguesa (familias y negocios) y das en una reflexión dubitativa y desencantada sobre la
luego mediante la publicidad de las informaciones, de las validez de sus instrumentos conceptuales: se cuestiona en
opiniones, de los debates de corte racional- de una esfera efecto su adecuación para entender sociedades y periodos
pública que permite a la sociedad civil afirmar su existencia que los ignoraban por completo, que conferían a palabras
política autónoma frente al poder del Estado. idénticas significados muy distintos. 2 Este problema,

Las críticas que pueden hacerse a esta arqueología son de


diferentes tipos. En primer lugar, por el mismo corte liberal 1 La existencia en la Inglaterra del siglo XVIII de una representación
y progresivo de su visión histórica, Haber mas padece de política renovada por la segunda revolución inglesa explica mejor la
una perspectiva teleológica que consiste en buscar en el aparición de un espacio público político que los factores mais sociales
alegados por él.
pasado premoderno todo lo que pudieran ser gérmenes,
fuentes y orígenes de nuestra modernidad cultural y políti- 2 Cf., por ejemplo, Bartolomé Clavero, Antidora. Antropología católica de
ca. Por lo tanto, y éste sería el segundo punto dé nuestra la economía política, Madrid, 1991, y la introducción de Jacques Le Goff
crítica, su análisis se restringe esencialmente a las formas a la traducción francesa (1997).
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omnipresente en la reflexión sobre el estudio de las La segunda parte está dedicada a la época revolucionaria y
sociedades no europeas, es también inevitable y central en abarca, lógicamente, el mayor número de capítulos. En Los Espacios
el análisis del Antiguo Régimen europeo. Y al igual que para efecto, contrariamente a lo que ocurrió en muchos países Públicos en
aquéllas, la única manera de solucionar la heterogeneidad europeos (incluida España), donde la Ilustración había Iberoamérica
del lenguaje es sin duda explicitar las diferencias, lo que aportado ya cambios profundos al lenguaje y a los imagina-
Charles Taylor ha llamado la "clarificación de los con- rios, en América las transformaciones más radicales se pro-
trastes". 3 ducen al ritmo mismo de la revolución: es en ese momento
que los valores y los conceptos antiguos dejan de ser claros
Por eso hemos preferido, frente al monismo de la "esfera y objeto de un consenso general. François-Xavier
pública", la pluralidad de los "espacios públicos". La esfera Guerra
pública se entiende como un espacio abstracto e inmate- Una tercera parte, en fin, muestra, en una serie de casos,
rial, aun cuando una historia cultural de nuevo cuño, cuyos cómo se intenta reconstruir con nuevos valores el consen- Annick Lempérière
ecos encontraremos en varios de los capítulos, ha abor- so perdido, y cuáles son los medios que se emplearon para
dado ya sus aspectos más palpables: los impresos, su socializarlos en una sociedad que dista mucho del nuevo
difusión y su recepción, las prácticas de lectura, etc. La modelo de una ciudadanía fundada en la igualdad de los
mayor parte de los espacios públicos que encontramos aquí socios que la componen.
son muy concretos: la calle y la plaza, el Congreso y el
palacio, el café y la imprenta. Y sobre todo la ciudad, lugar
por excelencia de la política. El público es aquí, ante todo, Repensar el Antiguo Régimen
el pueblo concreto con toda su diversidad. Los encuentros
y las modalidades más intelectuales y etéreas de la comu-
nicación y del intercambio de opiniones se producen en el Para entender la modernidad es necesario partir del Antiguo
espacio compartido de las relaciones personales, del vecin- Régimen. Esta afirmación no es una perogrullada qué
dario, del parentesco y de la pertenencia a las mismas insti- expresaría sólo que para entender una época hay que
tuciones. El abstracto espació público moderno es todavía conocer la precedente. La expresión misma, Antiguo
uno-más dé los espacios -muy reducido en muchos casos- Régimen, designa algo que era claro para los hombres del
en los que sé congregan, comunican y actúan los hombres. periodo revolucionario: una heterogeneidad entre dos
épocas de la historia humana. Para ellos -y esta misma
Para intentar poner de manifiesto; la naturaleza de estos conciencia es una de las principales novedades de la
espacios y los cambios que experimentan "el público" y "lo época- el tiempo que están viviendo es un periodo de rup-
público", hemos centrado nuestra investigación en un lapso tura, de novedad, de invención que deja atrás imaginarios,
relativamente amplio: desde la "república" del Antiguo valores y prácticas de una época pretérita dela humanidad-
Régimen -Ilustración incluida- hasta la instauración de los Como lo recuerda Schaub, el Antiguo Régimen no es, ante
poderes públicos del siglo XIX. En la primera parte hemos
querido examinar el Antiguo Régimen en sí mismo y no como
un mero preludio a la modernidad; es decir, estudiarlo como
un todo coherente del que forman parte inseparable: sus 3 "Compréhension et ethnocentrisme", en La liberté des modernes, PUF,
características políticas, jurídicas, culturales y religiosas. París, 1997.

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todo, el precursor de la modernidad, sino el mundo contra También la distinción, tan arraigada en las concepciones de
el cual ésta se alza y se construye, aunque evidentemente la sociedad moderna, entre lo público y lo privado carece de Los Espacios
de él surgen los elementos que la harán posible. Entendido validez para el Antiguo Régimen cuando se analizan las Públicos en
así, el Antiguo Régimen. es un largo periodo histórico que grandes categorías del derecho común (véase infra el cap. Iberoamérica
hunde sus raíces en la, Edad Media y la feudalidad y se de Schaub), o la propiedad y el concepto de vida domésti-
prolonga en muchos campos y en muchos ambientes hasta ca (véase infra el cap. de Lempérière) o la preeminencia del
la Ilustración. grupo de pertenencia frente al individuo (véase infra el cap.
de Guerra). De ésta falta de distinción entre público y priva-
Este Antiguo Régimen es un mundo peculiar, que en gran do se desprende una moral pública completamente empa- François-Xavier
medida nos es profundamente ajeno. Entre sus caracterís- pada de valores religiosos que no deja lugar a conductas Guerra
ticas más destacadas se pueden señalar aquí algunas. Es contrarias, aunque aparezcan sólo en el ámbito doméstico,
un mundo en el que faltan distinciones esenciales en nues- como lo enseña Leal cuando habla de los "escándalos" en Annick Lempérière
tra manera de pensar y de expresarnos, como la que opone la sociedad aristocrática de Caracas.
Estado y sociedad civil; el término Estado brilla por su
ausencia y, en cambio, la preocupación por el "gobierno" es Incluso en el caso de las prácticas de lectura estudiadas
central y omnipresente. Pero el "gobierno" no es monopolio. por Silva; ya en plena época de las Luces, vemos que las
de las autoridades regias, sino que está ampliamente dis- lecturas individuales en el sosiego de un retiro campestre
tribuido y compartido entre los diferentes cuerpos que com- están involucradas en una red de sociabilidades muy conc-
ponen la "república" (véase infra el cap. de Lempérière). La retas y, por lo demás, tradicionales, que no son específica-
ausencia del Estado y la extrema descentralización de las mente "privadas": la vecindad, el parentesco, los cargos
funciones de gobierno tienen varias consecuencias. Por un, públicos determinan la elección de los interlocutores. En
lado, las ceremonias públicas del mundo hispánico ya no, este caso, como consta en la correspondencia entre los lec-
pueden considerarse como el espectáculo de un poder que tores, el intercambio de ideas no se puede separar del inter-
se "representa" ante un pueblo espectador pasivo, sino cambio de señales de amistad y de mutua confianza.
como la escenificación jerárquica de todas las autoridades
y,cuerpos que lo componen, incluidos evidentemente el rey Otra de las características del mundo antiguo es la primacía
y sus representantes. Por otro lado, la vida política del de una cultura a la vez jurídica y católica. La cultura jurídi-
Antiguo Régimen se desarrolla en lugares -la Corte, la ciu- ca es un rasgo esencial de este universo, que incluye no
dad- y según modalidades muy concretas -parcialidades y sólo la formación de los letrados sino también un fondo
bandos, competencia entre los cuerpos y entre las redes de común y compartido por el público en su conjunto: cualquier
patronazgo, etc- (véase infra el cap. de Guerra). El público, corporación, incluidas, como bien sabemos, las comu-
el pueblo, tiene un carácter no sólo muy concreto -la nidades indígenas, puede aprovecharse de las leyes me-
población de un reino, de una provincia de una ciudad, de diante abogados y apoderados letrados para representar
un poblado-, sino también corporativo -un conjunto de esta- sus demandas y proteger sus derechos. Se trata de
mentos v corporaciones-. La permanencia hasta nuestros conocimientos accesibles a todos los que pertenecen a gru-
días de la polisemia de la palabra pueblo en español -a la pos instituidos por las leyes o por la costumbre.
vez abstracta y concreta- es uno de los signos más evi-
dentes de la especificidad de los países hispánicos.

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La difusión de la gran idea del siglo XVIII europeo, la de las vierte en un arma mucho más radical de lo que fue jamás la
"Luces" asociadas a nuevas formas de comunicación (los soberanía real: lleva consigo, en efecto, el nacimiento de Los Espacios
impresos, los periódicos) y de sociabilidad (sociedades de "poderes públicos", fuente de toda autoridad y de todo dere- Públicos en
lectura, academias, etc.), aparece muy tardíamente en cho; y germen del Estado (véase infra el cap. de Guerra). Iberoamérica
Iberoamérica, como lo muestran aquí los ejemplos de Paralelamente aparece una constelación de términos
Nueva Granada, Venezuela y Chile. Por lo tanto, las nuevas abstractos: muy diferentes del muy concreto: público: del
pautas culturales no bastaron para modificar profunda- Antiguo Régimen.
mente las características del espacio público del Antiguo
Régimen. La noción misma de absolutismo debe ser reexa- Lógicamente, la adopción del nuevo lenguaje no se impone François-Xavier
minada analizando no sólo la distancia que media entre las de golpe. Hocquellet muestra la obligación en que se ve la Guerra
prácticas políticas y el discurso de los gobernantes, sino Junta Central española de conservar el ceremonial de la
incluso releyendo el discurso absolutista sin atribuir a sus realeza para convencer a los vasallos de la legitimidad de Annick Lempérière
autores propósitos y significaciones anacrónicas. Por lo su poder. Las múltiples "imperfecciones" de la Junta
tanto, es una cultura pública muy antigua la que afronta los provienen de su constante oscilación entre la legitimidad de
procesos revolucionarios desde 1808. Inversamente, la rev- la autoridad real y la que nace de la insurrección popular,
olución propicia de manera decisiva el auge de las formas que desemboca en la idea de soberanía del pueblo. La
modernas de sociabilidad y dé formación de la opinión. Sin prensa propiciada por la Junta padece de las mismas
embargo, muchas de las ambigüedades que podemos ambigüedades, porque no puede escoger entre las
percibir en el uso que hacen las elites, durante el periodo cómodas restricciones de la regalía de publicación y la li-
revolucionario, de conceptos como la "libertad de imprenta", bertad que debe tener ahora él pueblo (de hecho, las élites)
el "pueblo", la "opinión pública", o bien en la organización de opinar sobre las decisiones políticas.
de ceremonias cívicas, proceden del arraigo todavía vig-
oroso de los antiguos modos de concebir los variados vín- La misma heterogeneidad aparece en el campo de las
culos entre los miembros de la comunidad política. sociabilidades. Caracas, estudiada por Leal, es el esce-
nario de una renovación sólo aparente de la vida corporati-
va, tradicional, pues las asociaciones creadas a finales del
La Época Revolucionaria: Las Ambigüedades De La siglo XVIII siguen apegadas al respeto riguroso de las je-
Movilización Del Público rarquías en su orden interno. Después de empezar la rev-
olución, los clubes políticos, aunque fundados en los princi-
pios de la igualdad y de la discusión, no prescinden de la
Es durante la época de la revolución y de la independencia herencia de la escenificación alegórica en las calles. Sin
cuando aparece el "espacio público moderno, sin que haya embargo, su radicalidad es lo bastante obvia como para
sido precedido -sobre todo en América- por la constitución que las élites moderadas los consideren cuerpos inde-
de una "esfera pública literaria". El origen exógeno de la cri- seables, contrarios al orden público: sus normas de com-
sis de la monarquía hispánica explica esta anomalía. La portamiento, interno y externo, ya no se conforman a las
necesidad de suplir al rey ausente hace de la soberanía el reglas de la civilidad corporativa y caen en la categoría del
problema candente de ese momento y provoca un intenso escándalo. Se les aplica sistemáticamente la etiqueta de
debate político que va a llevar a la aparición de la opinión jacobinismo, en la medida en que pretenden ser el pueblo
pública. La soberanía conoce una metamorfosis que la con- sin pasar por la mediación representativa.
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La naturaleza misma de la representación; la cual se ha procedimientos empleados para despertar la opinión perua-
vuelto ineludible después de la desaparición del monarca, na no son nuevos, sino que se valen de las artimañas bien Los Espacios
no logra ser el objeto de una definición ni de prácticas, conocidas de los autores de [Link] surgen tam- Públicos en
claramente asumidas. El primer Congreso de Venezuela bién elementos novedosos, en particular él personaje del Iberoamérica
estudiado por Hébrard demuestra la voluntad de canalizar y "publicista", supuesto portavoz de una opinión que él mismo
reglamentar constantemente, según las antiguas formali- se empeña en crear y movilizar mediante el recurso de
dades de las autoridades corporativas, la exposición públi- géneros literarios híbridos, en los cuales los argumentos
ca de las opiniones. Por lo demás, el Congreso se concibe racionales de la filosofía política coexisten con la sátira, la
a sí mismo como un cuerpo y una autoridad colegial y oscila burla y la caricatura, arbitrios propios de los pasquines y François-Xavier
entre considerarse el representante de una nación -incierta- libelos. Otro rumbo de la prensa del siglo XIX anunciado por Guerra
o el representante de los muy concretos pueblos. Factor de los periódicos de Aldana y sus comparsas es la publicidad
confusión adicional, los. representantes del pueblo se ven dada a unos negocios de índole personal que hasta la fecha Annick Lempérière
obligados, como consecuencia lógica de la condena del se tramitaban mediante el recurso al favor y a las mercedes
"despotismo", a tomar en cuenta a 'la opinión pública. Pero del rey, y que ahora trataban de apelar a la opinión para
esto desemboca en una serie de disyuntivas entre la conseguir sus fines.
opinión legítima de los "sabios" y la vulgar de la plebe igno-
rante y versátil, o entre la ciudad capital, supuestamente Del conjunto de estos capítulos se desprende una serie de
ilustrada, y los pueblos incultos. Desde el principio se impo- características propias del espacio público moderno
nen, por lo tanto, límites bastante estrechos a la libertad de naciente. En primer lugar, la concepción de la opinión:
expresión, derecho político que al fin y al cabo queda deter- incluso liberada del "despotismo", no se libra de la búsque-
minado por el ideal del unanimismo de viejo o nuevo cuño. da de la unanimidad y, por parte de los gobernantes, del
miedo constante a la expresión de ideas contrarias. Esto
El nuevo lenguaje de la opinión es un arma más en el tiene que ver, en segundo lugar, con el ideal todavía vivaz
enfrentamiento de las facciones que dividen a la ciudad: tal de la "tranquilidad pública", ideal en parte contradictorio con
es la lección del "escándalo de la risa" presentado por la necesaria movilización del pueblo para activar la dinámi-
Verdo. En el ambiente político inestable del Río de la Plata, ca revolucionaria y legitimar a las autoridades mediante la
las opiniones no valen tanto por su propio contenido como expresión de la voluntad general. En fin, lejos de unificar al
por la pertenencia de los contrincantes a tal o tal bando público en torno de los nuevos valores, el surgimiento de la
político. El casó sugiere también qué las élítes no tienen opinión y de las sociabilidades modernas reconstituye una
derecho a la expresión indecorosa de sus opiniones, nueva jerarquía. Ésta no descansa ya en el nacimiento o la
porque deben al publico una representación ejemplar de los pertenencia a cuerpos o estamentos privilegiados sino en el
valores colectivos. capital cultural. El acceso a los impresos, a la lectura indi-
vidual, a la opinión de los "sabios" y a la información políti-
En cuanto a la formación misma de la opinión pública, ca produce una profunda división entre el público, del cual
Chassin nos presenta sus aspectos más concretos al reve- se excluye, de ahora en adelante, a la mayoría considerada
lar los métodos de la publicidad ilícita en el ambiente políti- como "ignorante". Estas distinciones de corte "capacitaire"
co particularmente. hostil del Perú realista: redacción y no son menos conscientes y reivindicadas por las élites que
reproducción manuscrita, distribución clandestina mediante las existentes en la cultura de los privilegios, fueros y ran-
una red de amigos fiables... Podemos pensar que estos gos del Antiguo Régimen. El liberalismo iberoamericano,
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cuyos primeros brotes apenas sé distinguen del espíritu de esta última para emprender la educación del pueblo en
dieciochesco, es, en este sentido, elitista, pero paradójica- los valores de la ciudadanía. Mientras tanto se va confor- Los Espacios
mente promueve al mismo tiempo el concepto del ciu- mando una "privacidad" en el verdadero sentido de la pa- Públicos en
dadano- elector y lo pone en práctica mediante un sufragio labra, frágil aún, pero que puede surgir gracias al Iberoamérica
en muchos casos muy amplio. reconocimiento jurídico de los derechos individuales. Así lo
argumentan con toda claridad los autores de una corres-
pondencia de contenido político, de la cual suponen que, al
Re-formar Al Público Por La Prensa, La Escuela y Las no buscar la publicidad, no infiere consecuencias negativas
Ceremonias para el orden público. Contrariamente a lo que sucedía en François-Xavier
él Antiguo Régimen, la opinión privada puede llegar a Guerra
deslindarse por completo del espíritu público.
De ese momento en adelante, se va a llamar "ignorancia" a Annick Lempérière
la fidelidad del pueblo, a sus modalidades tradicionales, El caso de Ia transición brasileña hacia la modernidad
orales, de comunicación por una parte y, por otra, a lo que política, aparentemente peculiar por su apego al principio
se califica, despreciativamente, como sus "costumbres": dinástico, sigue, sin embargo, las pautas observadas en los
unas costumbres heredadas de la cultura pública del demás países. El vínculo establecido por Morel, cuantitati-
Antiguo Régimen, que en realidad remiten a los derechos y va y cualitativamente, entre el auge de las publicaciones
a los ceremoniales propios de la organización corporativa, impresas y el derrumbe del "absolutismo" sugiere que con
y que el concepto moderno y abstracto de ley -expresión de esta palabra se designa simplemente la legitimidad
la voluntad general- no puede reconocer como legítimos. monárquica; que' se opone a las nuevas fuentes de legitim-
Por eso las élites gobernantes del periodo posrevolu- idad política, entre ellas la opinión pública. Ésta se vuelve
cionario se empeñan tanto en reformas y transformaciones un actor político de primer plano no sin quedar restringida,
que a fin de cuentas se proponen, sobre todo, reformar al una vez más, al ámbito estrecho: de los "sabios" y de las
pueblo mismo para conformarlo al marco jurídico y político elites. La hábil asimilación que propone Morel entre ciu-
nacido de la revolución. dadano activo y lector activo ejemplifica los temores de la
elite frente a la posibilidad de compartir con la "plebe igno-
De estas costumbres y de su permanencia más allá del rante" los beneficios de la libertad política y de imprenta.
episodio revolucionario, Desramé nos ofrece una pintura Incluso en las concepciones más democráticas que definen
muy viva. Propone una rehabilitación del rumor, que, en una a la opinión pública como la dela mayoría los publicistas
sociedad casi por completo privada, hasta 1808, de los brasileños convierten a la prensa en un medió educativo,
recursos de la noticia impresa, constituye la manera más cuyo fin no es otro que conservar y promover las normas
acorde con el tipo de vida que se desarrolla en los espacios del orden social establecido.
públicos de la calle y de la plaza de dar a conocer el acae-
cer político. Se trata de prácticas colectivas y públicas tan Sin duda el mayor reto para los gobernantes que actúan en
difundidas que la lectura personal y silenciosa aparece las décadas que siguen a la revolución política es encontrar
como el lujo de unos cuantos. Pero la oposición explícita la manera de acabar con las movilizaciones populares
entre la opinión fundada en la razón, fomentada por los "jacobinas " y, al mismo tiempo, construir un pueblo
impresos, y la lectura, y la comunicación comunitaria obliga homogéneo, apta para asumir las responsabilidades políti-
a las élites republicanas chilenas a recurrir a los métodos cas que le corresponden como titular legítimo de la sober-
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anía. Se hace necesario inventar una pedagogía inédita, minación de los valores- colectivos. Los "poderes públicos"
pues las costumbres y la cultura jurídico-religiosa que se -que afirman su centralidad en Chile antes que en otros Los Espacios
trasmitían mediante las agrupaciones corporativas se vuel- países, aunque el proceso es idéntico: en todas partes- Públicos en
ven indeseables en una sociedad de individuos autónomos. sustituyen al gobierno del público, por sí mismo caracterís- Iberoamérica
tico del Antiguo Régimen. Es precisamente entonces cuan-
Los medios son muy diversos y movilizan todos los recur- do se puede empezar a hablar de la "sociedad civil"; la cual
sos de la comunicación. Lomné nos muestra cómo se utiliza divide su quehacer frente al Estado entre la búsqueda del
para este fin las antiguas cere monias públicas y el con- bienestar privado y lá expresión pública de opiniones de
traste que existe entre la "opinión publica" de las élites y el toda índole. François-Xavier
sentir popular en Bogotá. La presencia creciente del ejérci- Guerra
to en las ceremonias públicas y la correlativa y progresiva A mediados del siglo XIX, con ritmos y modalidades propios
desaparición de las corporaciones en ellas refleja y provo- en cada país, existen. ya en América Latina los principales Annick Lempérière
ca la disolución de una visión corporativa de la ciudad, tal elementos del espacio' público moderno. Pero, cierta es
como se ma nifestaba antes físicamente por la reunión de también la persistencia tenaz de las nociones antiguas del
todos sus miem bros en el espacio ceremonial antiguo. Aquí "público" y de lo "público" y de los imaginarios y prácticas
también se produce una segregación física entre los espa- políticos que esto conlleva. En la segunda mitad del siglo,
cios -públicos de las elites y los del pueblo. la ofensiva contra ellos: adquiere una nueva intensidad,
pero sin que eso suponga su desaparición total, incluso en
Otro medio omnipresente en la creación del pueblo moder- nuestros días. Llama la atención, por ejemplo, el hecho de
no es la educación, como lo muestran los proyectos educa- que, una vez desaparecidas las corporaciones heredadas
tivos del Chile portaliano estudiado por Serrano. A la del Antiguo Régimen, se constituyan asociaciones mutualis-
escuela primaria, la del "pueblo" en la acepción sociológica tas, y más tarde sindicales, que, a pesar de su carácter
de la palabra, se reserva el papel de inculcar tanto la moral novedoso, tienen pocos fines en común con las formas de
de la obediencia y del trabajo como la modificación de sus sociabilidad de la modernidad ilustrada y decimonónica.
usos y modales. Podemos observar que la coacción repub- Más aún, mientras que la opinión pública moderna, resul-
licana ejercida :sobre los cuerpos y las inteligencias para tante del juicio de individuos autónomos, se supone siem-
formar al pueblo de ciudadanos no es menos pesada de pre libre en relación con los gobiernos y el Estado, vuelve a
loque había sido el control de la comunidad corporativa ser captada y utilizada por todo tipo de vínculos, al mismo
antigua sobre sus miembros. En cuanto a la escuela secun- tiempo voluntarios y "comunitarios", como lo son las adhe-
daria, accesible sólo a las élites, a ella se reserva la edu- siones partidistas. Quizá en estas sociedades ibéricas -y
cación culta y el conocimiento de sus derechos mediante el probablemente en muchas otras también haya que concebir
estudio de la historia patria. al espacio público moderno como uno más de los múltiples
espacios en que se congregan, comunican y actúan los
Si bien la educación chilena decimonónica conserva rasgos hombres. Su articulación con otros, venidos de un pasado
de la organización anterior, con la integración, durante más lejano, está aún, en gran medida, por estudiarse.
varias décadas, de las escuelas particulares al marco jurídi-
co de la escuela "pública", la cuestión dela secularización
hace surgir una definición más radical de lo público, puesto
que menoscaba la intervención de la sociedad en la deter-
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