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Juan Rulf1

Juan Rulfo, nacido en 1917, es considerado uno de los grandes escritores en lengua hispana del siglo XX, reconocido por sus obras El llano en llamas y Pedro Páramo, que han dejado una huella significativa en la literatura mexicana. Su estilo poético y el uso del lenguaje popular han resonado en diversas capas sociales, convirtiendo sus obras en lecturas universales que abordan temas humanos atemporales. A pesar de su limitada producción literaria, Rulfo ha sido influyente y admirado por numerosos escritores y continúa siendo un autor esencial en la identidad mexicana.

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Juan Rulfo, nacido en 1917, es considerado uno de los grandes escritores en lengua hispana del siglo XX, reconocido por sus obras El llano en llamas y Pedro Páramo, que han dejado una huella significativa en la literatura mexicana. Su estilo poético y el uso del lenguaje popular han resonado en diversas capas sociales, convirtiendo sus obras en lecturas universales que abordan temas humanos atemporales. A pesar de su limitada producción literaria, Rulfo ha sido influyente y admirado por numerosos escritores y continúa siendo un autor esencial en la identidad mexicana.

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Juan Rulfo, el prodigio literario

que se consagró con sólo dos


obras
Con El llano en llamas y Pedro Páramo se convirtió en
uno de los grandes escritores en lengua hispana del
siglo XX

Secretaría de Cultura | 06 de enero de 2015

Su obra está en el terreno de los prodigios y de la pericia literaria: Hugo Gutiérrez Vega
Con sólo dos obras, el libro de cuentos El llano en llamas y la novela Pedro
Páramo, Juan Rulfo se convirtió en uno de los grandes escritores en lengua
hispana del siglo XX, que marcó un hito en la literatura mexicana, por lo que es
uno de los autores nacionales más leídos en el país y el extranjero.

Nacido el 16 de mayo de 1917 en Apulco, Jalisco, Juan Nepomuceno Carlos Pérez


Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo fue, según el poeta Hugo
Gutiérrez Vega, un prodigio literario, creador de una prosa poética perfecta en la
que utiliza el lenguaje del pueblo.
A 29 años de su fallecimiento, ocurrido el 7 de enero de 1986, el también escritor
jalisciense destacó que “la obra de Juan Rulfo está por encima de la importancia,
está en el terreno de los prodigios y de la pericia literaria, está hecha de murmullos,
de silencios y de palabras, de los muertos que se quedaron pegados en los muros
ruinosos”.

El llano en llamas y Pedro Páramo, advirtió el escritor Evodio Escalante, son


simplemente “obras extraordinarias que marcan un hito en la literatura mexicana”,
por lo que siguen siendo libros sumamente leídos.
“Los pueden leer los campesinos y los habitantes de la ciudad, yo creo que es uno
de los autores nacionales con mayor penetración en todas las capas sociales,
incluso en el campo, a mí me ha tocado ver a campesinos que tienen El llano en
llamas, porque se identifican con el mundo que construye Rulfo, pues es el mundo
de los campesinos, de la época de la Revolución y también de nuestra época,
porque las cosas no han cambiado mucho”.
Mientras que en Pedro Páramo, apuntó Gutiérrez Vega, “sólo Preciado está vivo,
todos los demás están muertos y cuenta la historia de un cacique, como tantos otros
caciques rurales de México, el señor de la media luna, Pedro Páramo. Los
personajes son tomados de la realidad popular, el lenguaje es el lenguaje del
pueblo, pero al mismo tiempo es una prosa poética perfecta, un estilo
intransferible, no es un amanuense de la voz del pueblo, sino que habla con la voz
del pueblo, pero con su inconfundible voz personal, yo creo que en eso consiste su
genialidad y su aportación principal a la literatura de México y del mundo, de
todos los tiempos”.
Justamente, el mismo Rulfo señalaba en una entrevista realizada en 1973 que la
escritura de Pedro Páramo fue una búsqueda de estilo. “Tenía yo los personajes y
el ambiente. Estaba familiarizado con esa región del país, donde había pasado la
infancia, y tenía muy ahondadas esas situaciones. Pero no encontraba un modo de
expresarlas. Entonces simplemente lo intenté hacer con el lenguaje que yo había
oído de mi gente, de la gente de mi pueblo (…) Entonces el sistema aplicado
finalmente, primero en los cuentos, después en la novela, fue utilizar el lenguaje
del pueblo, el lenguaje hablado que yo había oído de mis mayores, y que sigue
vivo hasta hoy”.

El autor reconocía que se trata de una novela oscura donde el personaje central no
es Pedro Páramo, sino el pueblo que es “un pueblo muerto donde no viven más que
ánimas, donde todos los personajes están muertos, y aun quien narra está muerto.
Entonces no hay un límite entre el espacio y el tiempo. Los muertos no tienen
tiempo ni espacio. No se mueven en el tiempo ni en el espacio. Entonces así como
aparecen, se desvanecen. Y dentro de este confuso mundo, se supone que los
únicos que regresan a la tierra (es una creencia muy popular) son las ánimas, las
ánimas de aquellos muertos que murieron en pecado. Y como era un pueblo en que
casi todos morían en pecado, pues regresaban en su mayor parte. Habitaban
nuevamente el pueblo, pero eran ánimas, no eran seres vivos”.

Y como la gente se muere donde quiera, Juan Rulfo reconocía que Pedro
Páramo pasó de una novela mexicana, a ser universal, pues “los problemas
humanos son iguales en todas partes. No son temas nuevos el amor, la muerte, la
injusticia, el sufrimiento, que están sugeridos en Pedro Páramo. Me han dicho que
es ‘una novela de amor a los desamparados’. Yo no sé. Yo narro la búsqueda de un
padre, como una esperanza. Como quien busca su infancia y trata de recuperar sus
mejores días, y en esa búsqueda no encuentra sino decepción y desengaño. Y al
final se derrumba su esperanza ‘como un montón de piedras’”.
Hugo Gutiérrez Vega advirtió que la de Rulfo es una obra tan universal que incluso
Elías Canetti, Premio Nobel de Literatura, contaba entre sus cinco cuentos
predilectos, donde había de Maupassant, de Chéjov, de Gógol, de Paul Auster “y
en un lugar muy especial Que no me maten, el cuento de Juan Rulfo, que es un
modelo de pericia formal, de inteligencia y de sinceridad y espontaneidad,
entonces lograr la pericia formal con la espontaneidad es algo muy difícil y sólo lo
logra un genio, como fue Juan Rulfo”.
El legado de Rulfo consiste básicamente en El llano en llamas y Pedro Páramo.
Pero hay un tercer libro El gallo de oro que, señaló Evodio Escalante, “siempre se
nos olvida”. Se trata de una novela breve escrita en 1958, pero que fue publicada
hasta 1980.
Sin embargo, precisó Hugo Gutiérrez Vega, esto “es más que suficiente para tener
una obra enorme. Yo creo que Juan se quedó callado porque ya había dicho lo que
tenía que decir, después de escribir Pedro Páramo, quién va a atreverse a escribir
otra cosa, tuvo razón en quedarse callado y en dejarnos esas dos perlas raras de la
literatura universal”.
Por ello, Evodio Escalante aseguró que Rulfo es “un extraordinario escritor, que
tiene cuando menos dos obras maestras, no publicó mucho, pero esos libros que
publicó, los lee uno, los vuelve a leer y son inagotables. Yo he leído muchas
veces Pedro Páramo y me sigue pareciendo una extraordinaria novela”.
Y es que su autor, dijo, “es un gran maestro del lenguaje y de las estructuras
narrativas, es un escritor totalmente moderno, adapta las técnicas de la vanguardia
literaria, conoce muy bien no sólo diversas literaturas extranjeras, sino conoce muy
bien la propia literatura mexicana. Sin duda leyó Los de debajo de Mariano Azuela
y sin duda leyó El luto humano de José Revueltas, particularmente su última
novela es un antecedente muy visible de Pedro Páramo: la atmósfera fantasmal de
estos muertos en vida, está ya presente en la novela de Revueltas y claro, las
descripciones del mundo rural y sobre todo el culto a la muerte que hay en el
mexicano”.

A 29 años de su fallecimiento, Evodio Escalante consideró necesario regresar a la


lectura de Juan Rulfo. “Yo creo que es básico en la conformación de la identidad
del mexicano leer a Rulfo, sigue siendo un autor central para todos nosotros”.

También el poeta Hugo Gutiérrez Vega, Premio Nacional de Ciencias y Artes en el


área de Literatura, recomendó la lectura de Rulfo, pero una lectura que sea
espontánea, no obligada, ya que por ejemplo Pedro Páramo, dijo, requiere
disciplina para poder captar las claves que da Rulfo de que todos, menos Preciado,
están muertos, “entonces ya viene el pleno goce del texto y sobre todo de la prosa,
esa prosa que es un poema, producto de una condensación cuidadosísima”.

Son libros que siguen vigentes porque son, dijo el poeta jalisciense, intemporales,
ubicadas en un contexto, entre la Revolución y la Cristiada, con personajes
originales, tomados de la realidad, que se veían en las calles empolvadas de los
pueblos de Jalisco pero que trascienden para convertirse en arquetipo, por lo que
“los personajes rulfianos son ya arquetipos de la realidad jalisciense y de la
realidad en nuestro país”.

El también diplomático y académico señaló que quienes dicen que Juan Rulfo era
“un producto de la naturaleza como las flores, la papaya, el coco o el mango, tienen
razón en parte, pero es producto también de una disciplina férrea, de corrección y
más corrección, Pedro Páramo tuvo siete versiones, hasta que por fin salió la
definitiva. Le trabajó bárbaramente, tenía todo el caudal, toda la imaginación, todo
el conocimiento de su pueblo y de su tierra, pero trabajó para que fuera realmente
lo que es, un enorme poema en prosa”.

Juan Rulfo fue el tercero de cinco hermanos de una familia acomodada. Ingresó en
la escuela primaria en 1924, el mismo año en que su padre falleció y seis años
después lo haría su madre, por lo que quedó bajo la custodia de su abuela,
posteriormente entró a un internado en Guadalajara.

Una huelga de la Universidad de Guadalajara le impidió inscribirse en ella y en


1934 se mudó a la Ciudad de México. A finales de esa década se inició como
escritor y fotógrafo, y a partir de 1945 comenzó a publicar sus cuentos en dos
revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara, mientras que sus imágenes
aparecieron por primera vez, también en América, en 1949.
Fue en 1946 cuando comenzó a trabajar para una empresa de neumáticos como
agente viajero y dos años después, contrajo matrimonio con Clara Aparicio con
quien tuvo cuatro hijos.

En 1952 y 1953 obtuvo dos becas del Centro Mexicano de Escritores, lo que le
permitió publicar en 1953 El llano en llamas, donde reúne siete cuentos ya
publicados en América e incorpora otros ocho nuevos y, en 1955 Pedro Páramo,
novela de la que publicó tres adelantos en 1954, en las revistas Las letras
patrias, Universidad de México y Dintel.
En 1958 terminó de escribir su segunda novela, El gallo de oro, que no se publicó
hasta 1980. En 2010 apareció la edición definitiva de esta obra, después de una
revisión cuidadosa del original que permitió eliminar errores e inconsistencias de la
versión previamente conocida.

A partir de la publicación de los dos primeros títulos el prestigio literario de Rulfo


se incrementó de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más
reconocido en México y el extranjero. Entre sus admiradores se encuentran
escritores como Mario Benedetti, José María Arguedas, Carlos Fuentes, Jorge Luis
Borges, Gabriel García Márquez, Günter Grass, Susan Sontag, Elias Canetti, Tahar
Ben Jelloun, Urs Widmer, Gao Xingjian y Kenzaburo Oe, entre muchos otros.

Se hizo acreedor a diversos reconocimientos como son el Premio Xavier


Villaurrutia en 1956 por Pedro Páramo, mientras que en 1970 ganó el Premio
Nacional de Literatura. Posteriormente, en 1976 fue elegido miembro de la
Academia Mexicana de la Lengua, pero tomó posesión en 1980 y ganó el Premio
Príncipe de Asturias de España, en 1983.
Además se dedicó a escribir guiones para cine. En 1960 se realizó la película El
despojo, basada en una idea de Rulfo, mientras que en 1964 se llevó a la pantalla
grande El gallo de oro, dirigida por Roberto Gavaldón, con adaptación de Carlos
Fuentes y Gabriel García Márquez. La cinta El rincón de las vírgenes, dirigida por
Alberto Isaac en 1972, es una adaptación de dos cuentos incluidos en El llano en
llamas.

Se dice que Juan Rulfo es el escritor mexicano más leído y estudiado en el país y
en el extranjero y es que consideraba que “los problemas sociales se pueden
plantear de una manera artística. Es difícil evadir de una obra el problema social,
porque surgen estados conflictivos, que obligan al escritor a desarrollarlo”.

Las dos últimas décadas de su vida, Rulfo las dedicó a su trabajo en el Instituto
Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las
colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México.

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