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Cuentos cortos para adolescentes y valores

El documento presenta varias historias cortas que abordan temas como la imaginación, el autoconocimiento, el esfuerzo y el control del carácter. A través de personajes como Sebastián, una niña con una gemela invisible, y Uga la tortuga, se transmiten lecciones sobre la perseverancia y las consecuencias de nuestras acciones. Cada relato culmina en una reflexión sobre la importancia de aprender y crecer a partir de nuestras experiencias.
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Cuentos cortos para adolescentes y valores

El documento presenta varias historias cortas que abordan temas como la imaginación, el autoconocimiento, el esfuerzo y el control del carácter. A través de personajes como Sebastián, una niña con una gemela invisible, y Uga la tortuga, se transmiten lecciones sobre la perseverancia y las consecuencias de nuestras acciones. Cada relato culmina en una reflexión sobre la importancia de aprender y crecer a partir de nuestras experiencias.
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Había un niño llamado Sebastián.

Era un niño común a quien l gustaba


jugar futbol por las tardes. Cierto día estaba leyendo una historieta, pero
decidió tomar un descanso, fue por algo de beber. Como las tragedias
están a la orden del día, resbaló en el piso mojado, chocó contra la mesa y
uno de sus ojos salió volando por la ventana. Sebastián, desesperado,
abrió su refrigerador y tomó lo primero que encontró. Un limón, parecía
un limón normal pero él no sabía que era un limón mágico. Se lo puso en
la cavidad vacía. Sus padres estaban asustados, querían arreglar el
problema con ese ojo pero Sebastián quería conservar el limón. Tuvieron
una plática y al cabo de unos minutos convenció a sus padres; le dijeron
que si se llegaba a sentir mal les dijese para ir con el médico. Con el paso
del tiempo su organismo se había adaptado perfectamente al extraño
fruto. Él había crecido mucho en poco tiempo, tanto que en sólo unos días
fue tan fuerte que tenía la habilidad de poder cargar cosas pesadas,
además también podía predecir el futuro. Con su verde ojo podía hacer
cosas increíbles, como mirar fijamente al gato y hacer que se le erizaran
los pelos. Pero un día despertó… Sebastián estaba confundido. Gracias a
Dios todo había sido un sueño. ¿Limonada? “No gracias”, solía contestar
desde entonces.

986649803 sr luis Fernando boadilla


Una mañana, mientras me encontraba desayunando, escuché un ruido
extraño que provenía de mi cuarto. Me levanté y fui a asomarme. Ahí,
justo al otro lado de la puerta, estaba yo. ¿Cómo podría ser eso posible?
Sólo me quedé viéndome y asustada salí inmediatamente hacia la
habitación de mis padres. Les conté lo sucedido, pero ellos no me
creyeron. Me fui al colegio como de costumbre, todo parecía estar bien
hasta que... ¡Me topé con ella! Nuevamente se me quedó viendo, yo cerré
y abrí mis ojos pero ella aún seguía ahí. Entonces, me armé de valor y le
pregunté, ¿quién eres?, ¿y por qué me sigues? Ella me contestó con
delicadeza: “Soy tu gemela, se cómo te sientes, nuestra abuela que ahora
está en el cielo, de donde yo vengo, me mandó; mi deber es acompañarte
por determinado tiempo”. Quedé impactada, pero aun así, me di la media
vuelta y con lágrimas en los ojos me retiré. No pasaron más de cinco
minutos cuando estaba al lado de mí. Le pregunté a una de mis
compañeras si veía a alguien, pero no, ella no la veía. En ese instante me di
cuenta de que era mi gemela invisible. Así transcurrieron los días, era
como mi sombra. Esta mañana me levanté, escuché ruidos, los vi a todos
desayunando con ella, pero nadie me pudo ver. Mi gemela me ignoró
cuando quise hablarle, la miro callada desde esta pared en que me
encuentro. Me mira y sale corriendo del cuarto, la sigo hasta su colegio,
intento hablar con ella, se detiene y replica: “¿Quién eres? ¿Por qué me
sigues? Yo no tengo la culpa de que seas invisible”.
¡Caramba, todo me sale mal! se lamenta constantemente Uga, la tortuga.
Y es que no es para menos: siempre llega tarde, es la última en acabar sus
tareas, casi nunca consigue premios a la rapidez y, para colmo es una
dormilona. ¡Esto tiene que cambiar! se propuso un buen día, harta de que
sus compañeros del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo al
realizar sus tareas. Y es que había optado por no intentar siquiera realizar
actividades tan sencillas como amontonar hojitas secas caídas de los
árboles en otoño, o quitar piedrecitas de camino hacia la charca donde
chapoteaban los calurosos días de verano. -¿Para qué preocuparme en
hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis compañeros? Mejor es
dedicarme a jugar y a descansar. - No es una gran idea, dijo una
hormiguita. Lo que verdaderamente cuenta no es hacer el trabajo en un
tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo mejor que sabes,
pues siempre te quedará la recompensa de haberlo conseguido. No todos
los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay labores que requieren
tiempo y esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de
hacer, y siempre te quedarás con la duda de si lo hubieras logrados alguna
vez. Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con
la duda. La constancia y la perseverancia son buenas aliadas para
conseguir lo que nos proponemos; por ello yo te aconsejo que lo intentes.
Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz. - ¡Caramba, hormiguita,
me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien que me
ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.
Pasaron unos días y Uga, la tortuga, se esforzaba en sus quehaceres. Se
sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se
proponía porque era consciente de que había hecho todo lo posible por
lograrlo. - He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse
grandes e imposibles metas, sino acabar todas las pequeñas tareas que
contribuyen a lograr grandes fines.
En un frondoso bosque, de un panal se derramó una rica y deliciosa miel, y
las moscas acudieron rápidamente y ansiosas a devorarla. Y la miel era tan
dulce y exquisita que las moscas no podían dejar de comerlas. Lo que no
se dieron cuenta las moscas es que sus patas se fueron prendiendo en la
miel y que ya no podían alzar el vuelo de nuevo. A punto de ahogarse en
su exquisito tesoro, las moscas exclamaron: - ¡Nos morimos, desgraciadas
nosotras, por quererlo tomar todo en un instante de placer!
Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre
le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma,
que él clavase un clavo en la cerca de detrás de la casa. El primer día, el
niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así con los días
posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su
genio y su mal carácter, que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó
el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo dijo a su
padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había conseguido,
por fin, controlar su mal temperamento. Su padre, muy contento y
satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada día que controlase su
carácter, que sacase un clavo de la cerca. Los días se pasaron y el niño
pudo finalmente decir a su padre que ya había sacado todos los clavos de
la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la mano, hasta la cerca de
detrás de la casa y le dijo: - Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar
los clavos de esta cerca, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en
la cerca. Jamás será la misma. Lo que quiero decir es que cuando dices o
haces cosas con mal genio, enfado y mal carácter, dejas una cicatriz, como
estos agujeros en la cerca. Ya no importa tanto que pidas perdón. La
herida estará siempre allí. Y una herida física es igual que una herida
verbal. Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas
joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te
escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón
abierto para recibirte. Las palabras de su padre, así como la experiencia
vivida con los clavos, hicieron con que el niño reflexionase sobre las
consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este cuento se ha
acabado.
BUC3czfbHO
[email protected]
INSTITUTO DE FORMACION Y CAPACITACION EIRL – IFOCAP

03/08/2021

inei

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