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Sistema Osteoarticular

El sistema esquelético humano está compuesto por huesos y tejidos conectivos que cumplen funciones de soporte, protección, almacenamiento de minerales, movimiento, formación de células sanguíneas y funciones sensitivas. Está formado por tejido óseo, cartilaginoso y médula ósea, y se divide en esqueleto axial y apendicular, con aproximadamente 206 huesos. Los huesos se clasifican según su forma en largos, cortos, planos, irregulares y sesamoides.
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Sistema Osteoarticular

El sistema esquelético humano está compuesto por huesos y tejidos conectivos que cumplen funciones de soporte, protección, almacenamiento de minerales, movimiento, formación de células sanguíneas y funciones sensitivas. Está formado por tejido óseo, cartilaginoso y médula ósea, y se divide en esqueleto axial y apendicular, con aproximadamente 206 huesos. Los huesos se clasifican según su forma en largos, cortos, planos, irregulares y sesamoides.
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1

GENERALIDADES EN ESTRUCTURA Y FUNCIÓN DEL SISTEMA


OSTEOARTICULAR
Adaptado de Tortora, G y Derrickson, B. Principios de Anatomía y Fisiología. 11ª Ed.
Compilado por Alejandro Hincapié Mejía.

1. GENERALIDADES Y FUNCIÓN DEL SISTEMA ESQUELÉTICO HUMANO.


El sistema esquelético humano (SE) (Figura 1), se puede definir como un
conjunto de estructuras macroscópicas, rígidas o semirrígidas denominadas
huesos, que se unen entre sí para cumplir distintas funciones. Un hueso es el
resultado del trabajo conjunto de diferentes tejidos: hueso (o tejido óseo),
cartílago, tejido conectivo denso, epitelio, tejido adiposo y tejido nervioso. Por
tal motivo, se considera que cada hueso es un órgano. El tejido óseo es un
tejido vivo complejo y dinámico que experimenta un proceso continuo llamado
remodelación (formación de tejido óseo nuevo y destrucción simultánea del
hueso precedente). Todo el armazón de huesos con sus cartílagos, así como
con los ligamentos y los tendones, constituye el sistema esquelético.

Entre las funciones globales del esqueleto se pueden mencionar las siguientes:

- Funciones de soporte o armazón. Con mucho, este sistema es la principal


estructura que le da soporte físico al cuerpo, permitiendo que las distintas
partes del organismo tengan un sustento o andamio sobre el cual pueden
asentarse y desarrollarse. El esqueleto es la estructura del organismo que
da sostén a los tejidos blandos y brinda los puntos de inserción para los
tendones de la mayoría de los músculos esqueléticos (figura 2).
2

Figura 1. Esqueleto humano: Vistas anterior y posterior.


3

Figura 2. Aunque es posible


que no se note en un principio,
absolutamente todas las
estructuras anatómicas están
sostenidas por el esqueleto,
tanto las vísceras como los
músculos así como el resto de
tejidos y sistemas dependen
del soporte de carga que les
brinda el sistema esquelético.

- Protección de vísceras y estructuras. Muchos huesos del esqueleto


forman o circunscriben cavidades que están diseñadas para albergar y
proteger distintos órganos cuya preservación es vital para la supervivencia
del individuo. Estas cavidades corresponden a dos posteriores llamadas
craneal y raquídea o medular, y dos anteriores llamadas torácica y
abdominal. Todas ellas permiten que los órganos allí ubicados (cerebro,
cerebelo, tallos médula espinal, corazón, pulmones, intestinos, hígado,
bazo, etc) se encuentren a salvo de traumatismos o agresiones físicas de
distinta índole (figura 3).
4

Figura 3. En el dibujo se precian las cinco cavidades corporales que se hallan


delimitadas por estructuras óseas (aunque en su límite participen también
cartílagos y músculos, como se verá más adelante),

- Almacenamiento de minerales. Entre los componentes más abundantes


que tiene el esqueleto humano, resaltan particularmente dos elementos
que se hallan en grandes cantidades: El calcio y el fósforo. En general se
encuentran normalmente formando parte de la estructura ósea pero,
cuando es necesario, el organismo tiene la capacidad de “sacar” estos
minerales del hueso para ser usados en otros sitios y en otras cosas
5

-Movimiento, postura y locomoción. Gracias al esqueleto y a la forma en


que sus segmentos se unen, el cuerpo humano puede tener partes
móviles, adquirir y mantener diversas posturas y desplazarse en el
espacio (caminar, correr, etc.).

- Formación de células sanguíneas. Los elementos formes de la sangre o


células (glóbulos rojos, blancos y plaquetas), son fabricados a partir de
células que se dividen, diferencian y maduran en el interior de algunos
huesos. Esto ocurre en el tejido conectivo especializado conocido como
médula ósea.

-Ayudar en funciones sensitivas. Al ser una estructura mayormente


compacta, la superficie y estructura de los huesos es un excelente
conductor de vibraciones sonoras, lo que mejora la percepción sensorial
de sentidos como el tacto y la audición.

2. CONFORMACIÓN HISTOLÓGICA DEL ESQUELETO.


En los segmentos rígidos del esqueleto se reconocen varios tipos de tejidos,
principalmente tejidos conectivos especializados. Entre dichos tejidos se
pueden mencionar:

2.1. Tejido óseo.


Es un tejido conectivo especializado que se encarga de formar la llamada
porción “dura” del esqueleto o hueso propiamente dicho. Este tejido
corresponde al 18% del peso corporal y está compuesto por una serie de
6

células que contienen entre ellas abundante matriz extracelular llamada matriz
osteoide. Estas células son las siguientes (para todas, ver figura 4).

• Células osteogénicas: Son células madre (stem cells) no especializadas que


derivan del mesénquima, el tejido del que provienen todos los tejidos
conectivos. Son las únicas células óseas que experimentan división celular;
las células hijas se transforman en osteoblastos. Las células osteogénicas se
encuentran a lo largo del endostio, en la porción interna del periostio y en los
conductos intraóseos que contienen vasos sanguíneos.

• Osteoblastos: Son células formadoras de hueso que sintetizan y secretan


fibras colágenas y otros componentes orgánicos necesarios para construir la
matriz osteoide; además, inician la calcificación (osificación o solidificación
del hueso). A medida que los osteoblastos producen y se rodean a sí mismos
de matriz osteoide, van quedando atrapados en sus secreciones y se
convierten en osteocitos. (Nota: los blastos del hueso o de cualquier otro
tejido conectivo siempre secretan matriz extracelular).

• Osteocitos: Estas células óseas maduras son las células principales del
hueso y mantienen su metabolismo regular a través del intercambio de
nutrientes y productos metabólicos con la sangre. Al igual que los
osteoblastos, los osteocitos no experimentan división celular. (Nota: los citos
del hueso o de cualquier otro tejido se encargan de su mantenimiento).

• Osteoclastos: Son células gigantes derivadas de la fusión de por lo menos 50


monocitos (una clase de glóbulo blanco) y se agrupan en el endostio. En su
cara proxima a la superficie ósea, la membrana plasmática del osteoclasto se
pliega profundamente y forma un borde indentado. En este lugar, la célula
7

libera poderosas enzimas y ácidos que digieren y destruyen los componentes


minerales y proteicos de la matriz osteoide subyacente. Esta descomposición
de la matriz osteoide, denominada resorción, es parte de la formación, el
mantenimiento y la reparación normales del hueso. (Nota: -clasto significa
que la célula degrada matriz osteoide).

Figura 4. Representación en dibujo y microfotografía de los diferentes tipos de


células del tejido óseo.
8

Característicamente estas células están rodeadas de una matriz extracelular


que teniendo todos los componentes normales de una matriz (con excepción de
la elastina o fibras elásticas), sustancia fundamental que atrae y fija átomos de
calcio y fósforo. Estos elementos se hallan dentro del tejido óseo formando una
serie de cristales minerales de fosfato de calcio, conocidos químicamente con el
nombre de cristales de hidroxi apatita. Estos cristales minerales de la matriz
osteoide son quienes en última instancia mineralizan y cristalizan el hueso para
que se convierta en una estructura rígida (ver figura 5).

Figura 5. La microfotografía
muestra una porción
microscópica de hueso, en
dónde es posible ver
algunas de las células y
sobre todo la matriz osteoide
cristalizada con minerales
que tiñe aquí de rosado.

El hueso no es completamente sólido porque contiene pequeños espacios entre


las células y los componentes de la matriz osteoide. Algunos espacios
constituyen conductos para los vasos sanguíneos que brindan nutrientes a las
células óseas. Otros espacios sirven como sitios de almacenamiento de la
médula ósea roja. Según el tamaño y la distribución de los espacios, las
regiones de un hueso pueden clasificarse como esponjosas o compactas
Aproximadamente 80% del esqueleto está formado por hueso compacto y 20%
9

por hueso esponjoso. El hueso compacto o cortical le confiere resistencia y


fortaleza mecánica al hueso mientras que el hueso esponjoso, deja como se
dijo, espacios que albergan principalmente médula ósea (ver figuras 6, 7 y 8).

Figura 6. Detalle de la organización del tejido óseo en un corte de hueso largo.


Sobre un mismo hueso el tejido óseo se organiza formando dos patrones
distintos: el hueso compacto o cortical y el hueso esponjoso trabecular.

2.2. Tejido cartilaginoso.


Este es también un tejido conectivo especializado que se encarga de formar la
llamada porción “blanda” del esqueleto (normalmente estructuras semirrígidas)
o cartílago. Sus componentes celulares reciben el nombre de Condroblastos y
Condrocitos, siendo las primeras las células que se encargan de formar
cartílago y las segundas, las células maduras de sostén metabólico y
estructural. En el tejido cartilaginoso la matriz extracelular contiene una
sustancia fundamental rica en glucosa amino glucanos y glucoproteínas,
10

además de colágeno y elastina, que le confieren al cartílago la propiedad de


atraer y mantener grandes cantidades de agua que, aunado a la resistencia
mecánica propia de las fibras, hace que el cartílago se comporte en el cuerpo
en general como un cojín o amortiguador de impactos (ver figura 9).

Figura 7. La imagen muestra la estructura y disposición del tejido óseo en el


hueso. Se aprecia el hueso compacto con sus componentes y el hueso
trabecular cuyo detalle ampliado es posible apreciar en la imagen de la figura 8.
11

Figura 8. Detalle del aspecto y componentes del tejido óseo esponjoso o


trabecular. Esta imagen es una ampliación de la zona izquierda de la imagen de
la figura 7.

Normalmente en el cuerpo el cartílago se halla asociado a las articulaciones en


donde forma superficies de deslizamiento; a las costillas, en donde le confiere
propiedades de flexibilidad a la caja torácica; a la parte estructural de los
huesos en donde forma los núcleos de crecimiento a partir de los cuáles la
matriz extracelular se mineraliza y el hueso crece; y a estructuras semirrígidas
que forman parte de la nariz, los pabellones auriculares y la laringe. (Figura 6).
12

Figura 9. En la imagen de arriba se ven algunas de los cartílagos asociados al


los huesos del esqueleto. Abajo a la izquierda, aspecto del cartílago al
microscopio. Abajo a la derecha, imagen de aumento para ver las células del
cartílago.
13

2.3. Médula ósea.


Es un tipo especial de tejido conectivo que se halla en el interior del hueso
esponjoso (particularmente en los huesos planos) y en el interior de los huesos
largos. Se acepta que existen dos clases de médula ósea denominadas de
manera general médula roja (la que se halla en el hueso esponjoso), que es la
que se asocia a la formación de las células sanguíneas (Glóbulos rojos, glóbulos
blancos y plaquetas); y médula amarilla, que se halla abundantemente en el
canal medular de los huesos largos del esqueleto, y que está compuesta
predominante por un tejido graso (ver figura 10).

F i g u r a 1 0 . Ta n t o l a
médula ósea roja como la
amarilla se encuentran al
interior de los huesos,
aunque la proporción de
cada una varía en función
del tipo de hueso.
14

2.4. Periostio y endostio.


Estos tejidos conectivos forman estructuras de recubrimiento en el hueso. El
periostio, en general es una tejido conectivo denso que se halla tapizando todas
las superficies externas del hueso excepto en las zonas en donde el hueso se
halla recubierto de cartílago (como en los extremos de los huesos largos, cerca
a las articulaciones). Lo particular del periostio es su rica inervación, lo que lo
hace exageradamente sensible a los estímulos dolorosos (esto es
particularmente fehaciente en la estimulación traumática o también en las
compresiones del hueso). El endostio o periostio interno, por el contrario, es un
tejido conectivo que se halla tapizando las cavidades y conductos que se hallan
al interior de los huesos (ver figuras 7 y 11).

Figura 11. Los huesos se encuentran tapizados


por membranas de tejido conectivo altamente
sensibles. En esta foto se aprecia el periostio, o
cobertura externa del hueso.
15

3. GENERALIDADES ANATÓMICAS DEL ESQUELETO HUMANO.

3.1. Divisiones anatómicas del esqueleto.


El esqueleto humano está formado por aproximadamente 206 huesos (contando
los huesecillos del oído). Estos huesos están distribuidos anatómicamente en
dos zonas (divisiones anatómicas del esqueleto) llamadas Esqueleto Axial y
Apendicular (ver figura 12).

Figura 12. Las dos divisiones anatómicas del esqueleto humano: a la izquierda,
los huesos del esqueleto apendicular; a la derecha, los huesos del esqueleto
axial.
16

La división axial del esqueleto incluye todos los huesos que se hallan hacia el
plano o línea media del cuerpo, abarcado las regiones de la cabeza y el tronco.
La división apendicular por el contrario, incluye todos los huesos que se hallan
formando las extremidades o apéndices del esqueleto (ver figura 12).

3.2. Clasificación de los huesos según su forma.


Según la forma y el aspecto de los huesos, estos pueden clasificarse en grupos
como se menciona a continuación (ver figura 13).

Figura 13. Clases o tipos de huesos con ejemplos, según la forma.


17

• Huesos largos. Son aquellos en los cuáles el largo predomina sobre el ancho
o cualquier otra dimensión. Normalmente predominan en la división
apendicular del esqueleto (clavícula, húmero, fémur, etc.). Poseen varias
zonas o segmentos de los cuales vale la pena mencionar las epífisis (cada
hueso largo tienen dos), que corresponden a los extremos ensanchados; y la
diáfisis, que corresponde a la parte central del hueso contenida entre las dos
epífisis. Normalmente los huesos largos presentan un aspecto cilíndrico
notado particularmente en la diáfisis, al interior de la cual se encuentra una
cavidad longitudinal, también cilíndrica, conocida como canal medular. Esta
cavidad no sólo alberga médula (principalmente amarilla), sino que también
reduce el peso efectivo del hueso y del esqueleto en general (ver figura 14).

• Huesos cortos. Son aquellos huesos en los cuales no predomina ninguna


medida sino que son aproximadamente igual en todos sus diámetros. Son
comunes en las zonas del esqueleto conocidas como carpo (en la mano) y
tarso en el pie.

• Huesos planos. Característicamente son aplanados y tienden a ser curvos.


Ejemplos de estos huesos son el esternón y las costillas, así como también
algunos de la bóveda craneal (frontal, parietales, temporales, etc.), y la
escápula.

• Huesos irregulares. Son aquellos que no tienen ninguna forma definida.


Ejemplos de estos son las vértebras o el hueso coxal.
18

Figura 14. Estructura básica anatómica de un hueso largo (el húmero, en este
caso). Véanse sus diferentes partes además de las cobertura perióstica ya
mencionada.
19

• Huesos sesamoideos. Son aquellos que tienen forma redondeada o de


semilla. Usualmente se encuentran cerca a alguna articulación (dedos hallux y
pollicis), modificando el ángulo de tracción de los tendones sobre dichas
articulaciones. El ejemplo más típico de estos huesos es la rótula o patella,
que es con mucho el sesamoideo más grande que tiene el cuerpo humano.

3.3. Accidentes óseos o reparos de la superficie ósea.


En la superficie de todos los huesos es normal encontrar una serie de
irregularidades y relieves que incluyen crestas, espinas o engrosamientos de la
misma superficie. Todas estas irregularidades reciben el nombre general de
accidentes óseos, accidentes topográficos de los huesos o reparos de la
superficie ósea. Normalmente tienen la función de servir de sitios de adherencia
para tendones musculares, cápsulas y ligamentos articulares, permitir el paso
de estructuras como vasos o nervios o servir de superficies para articular o unir
los huesos (ver figura 15). La mayoría de estos accidentes óseos no están
presentes en el momento del nacimiento, pero aparecen en respuesta a ciertas
fuerzas, y son más prominentes en el esqueleto adulto. En respuesta a la
tensión tendinosa, ligamentaria, aponeurótica y fascial que soporta una
superficie ósea, se deposita hueso nuevo y, en consecuencia, aparecen áreas
elevadas o irregulares. Por el contrario, la compresión sobre una superficie ósea
produce depresión.

Existen dos tipos principales de reparos de superficie: 1) depresiones y orificios,


que permiten el paso de tejidos blandos (como vasos sanguíneos, nervios,
ligamentos y tendones) o forman articulaciones, y 2) apófisis, proyecciones o
excrecencias que, o bien participan en la formación de articulaciones, o bien
sirven como puntos de inserción para tejidos conectivos (como ligamentos y
tendones) (ver cuadro de la figura 16).
20

Figura 15. A modo de ejemplo se ilustra aquí al hueso iliaco o coxal derecho en
visión posterior (desde atrás), para apreciar sus múltiples accidentes
topográficos, que corresponden a todos aquellos relieves, crestas e
irregularidades que están señaladas con nombre en la imagen. En los siguientes
temas de osteología se estudiarán los accidentes de todos los huesos del
cuerpo.
21

Figura 16. Se listan aquí los principales tipos de accidentes óseos que se
mencionarán en los distintos temas por venir. Al frente de cada tipo de
accidente óseo este se define brevemente, y se da un ejemplo característico del
mismo.
22

4. GENERALIDADES Y CLASIFICACIÓN DE LAS ARTICULACIONES.


Una articulación es la unión que existe entre dos huesos adyacentes. Estas
cumplen la función de unir los huesos para darle funcionalidad al esqueleto, y
en muchos casos permitir distintos tipos de movimientos en los diferentes
segmentos o partes del mismo. Estas uniones entre huesos siempre están
reforzadas a través de cuerdas muy fuertes de tejido conectivo denso que
reciben el nombre de ligamentos articulares. Estos Estabilizan las articulaciones
evitando que se disloquen o luxen y además limitan el movimiento de las
mismas (ver figura 17).

Figura 17. En la imagen se ven distintas articulaciones (pies, codo y cadera),


para ilustrar las cuerdas ligamentosas que las refuerzan a modo de amarres de
alta resistencia.
23

Las articulaciones humanas pueden clasificarse en tres tipos de uniones


diferentes según la forma en que están construidas y el grado de movilidad que
poseen. Es importante decir que esta clasificación básica es la que se
mencionará a continuación, pero que existe, y es igualmente importante una
sub clasificación funcional más específica que no se discutirá aquí. La
clasificación básica de las articulaciones humanas es como sigue:

4.1. Articulaciones tipo sinartrosis o articulaciones fibrosas.


Son articulaciones hechas con cantidades abundantes de tejido conectivo
denso, por lo cual se denominan fibrosas. Son uniones fuertes que en general
no están hechas y no permiten prácticamente ningún tipo de movilidad.
Ejemplos de estas articulaciones son las suturas craneales y las gonfosis
dentarias (ver figura 18).

Figura 18. En la imagen se ilustran dos tipos de sinartrosis: a la izquierda, las


suturas del cráneo (en este caso las flechas señalan la sutura escamosa que
une los huesos temporal y parietal). A la derecha se ve el detalle de las gonfosis
que unen las diferentes raíces dentales con los ambos huesos maxilares.
24

4.2. Articulaciones tipo anfiartrosis o articulaciones fibrocartilaginosas.


Son articulaciones que tiene porciones variables de tejido conectivo denso y
tejido cartilaginoso, por lo cual presentan una unión fuerte pero con la
capacidad de generar movimientos aunque de manera limitada. El ejemplo
típico de esta articulación son los discos intervertebrales o la sínfisis del pubis
(ver figura 19).

Figura 19. Detalle de dos articulaciones tipo anfiartrosis o fibrocartilaginosas: a


la izquierda, los discos vertebrales que se ubican entre los distintos cuerpos de
las vértebras de la columna; a la derecha, la sínfisis del pubis de que une
anteriormente las dos ramas púbicas del hueso coxal.
25

4.3. Articulaciones tipo diartrosis o articulaciones sinoviales.


Son las articulaciones más móviles que tiene el cuerpo humano. Están
diseñadas para servir de goznes y como es lógico pensar, se encuentran de
manera más abundante en las extremidades. Normalmente son las que tienen la
construcción más compleja, pues deben mantener la unión y aún así permitir
amplios arcos de movimiento (ver figura 20).

Figura 20. Articulación sinovial o diatrosis de la cadera como ejemplo de una


articulación sinovial, la cuál está especializada en unir huesos y además permitir
el movimiento de manera fluida.
26

En su construcción siempre van incluidas superficies de cartílago articular que


recubren los extremos de los huesos para dar áreas de deslizamiento fácil.
Incluyen también una envoltura de tejido conectivo denso que abarca a los
huesos que se unen y que se conoce con el nombre cápsula articular y una
serie de “amarres” o cuerdas hechas de tejido conectivo denso denominadas
ligamentos (estos no son exclusivos de las articulaciones sinoviales, pues se
pueden encontrar también en otras uniones). Y finalmente incluyen también una
lubricación generosa hecha por un líquido viscoso llamado líquido sinovial, el
cual es producido por un tejido altamente vascularizado que se encuentra al
interior de la cápsula, denominada membrana sinovial. Ejemplos típicos de
estas articulaciones son la del hombro, el codo, la cadera o la rodillo entre otras
(ver figura 21).

Figura 21. En la imagen se ve la compleja


construcción de una articulación sinovial
(diatrosis), en esta caso una articulación
interfalángica (entre los huesos de los dedos).
Nótense las superficies de cartílago que
recubre los extremos de los huesos, la cápsula
que envuelve dichos extremos, los ligamentos
de refuerzo, y el espacio dentro de la
articulación, que está lleno de un líquidos
viscoso y lubricante (líquido sinovial),
producido por la membrana sinovial.

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