Digesto Final
Digesto Final
A continuación, se presenta una síntesis sobre cada uno de los títulos correspondientes al
libro I, de modo que se pueda alcanzar una mejor comprensión del texto.
1. La justicia
Como señala Álvaro d’Ors2, la justicia es en realidad una preocupación filosófica; no
obstante, es uno de los conceptos fundamentales para el estudio del Derecho. Pues
debemos recordar que los romanos se sirvieron de la antigüedad griega para erigir su propia
cultura, adecuando el pensamiento griego al propio. Es así que en el Derecho se puede ver
una materialización del pensamiento romano. Por todo esto me parece conveniente
mencionar grosso modo las definiciones de justicia de Platón, Aristóteles y Cicerón.
Para Platón acceder a la justicia, o mejor dicho, llegar a ser un hombre justo, debe ser una
de las principales preocupaciones de todo hombre. Pues, según explica, existen tres tipos de
bienes, los que deseamos por sí mismos, aunque no nos aporten ningún beneficio; los que
amamos por sí mismos y por su utilidad, y los que a pesar de ser penosos, nos traen
beneficios. La justicia, dice Platón, se encuentra entre los más bellos de todos, en aquellos
que amamos por sí mismos y que además nos son de utilidad3. Ahora bien, ¿qué es la
justicia según Platón?
1 Vid. supra p. XVII. 13 D. 1, 1, 10,
pr.
2 Cfr. D’Ors, DPR. §12.
3 Cfr. Pl. Rep. 2, 357a - 358a.
1
Según Platón, la ciudad perfecta debe estar conformada por tres clases, la de los
deliberantes, gobernadores, que se encargan de cuidar a la ciudad; la de los auxiliares,
soldados o guerreros, a la que le corresponde proteger a la ciudad de los ataques de otras
ciudades, así como vigilar que el resto de los ciudadanos respeten las disposiciones de la
clase deliberante; y la de los traficantes, gobernados, compuesta por cada uno de los
ciudadanos que desempeña cada uno de los oficios necesarios para que la ciudad pueda
mantenerse en pie.
Y para que la ciudad funcione de manera armónica debe constar de las siguientes virtudes:
θρόνεζις (prudencia)4, ἀνδρεία (valor), ζωϕροζύνε (templanza) y δικαιοζύνε (justicia). Así
pues, la prudencia reside en la clase deliberante, el valor en la auxiliar y la templanza en las
tres clases; en cambio, la justicia consiste en que cada una de las tres virtudes anteriores
sea alcanzada por la clase que debe tenerla. Una ciudad sólo será justa si cada miembro de
la ciudad hace lo que le es propio, esto es, si la clase gobernante es prudente, la clase
auxiliar valiente y si tanto gobernantes y gobernados son temperantes. A esto, Platón agrega
que la justicia se puede observar también a nivel individual, para lo que se parte del alma del
hombre, la cual está constituida por tres principios que equivalen a las tres clases de la
ciudad: 1) el λόγος (razón), sería la clase gobernante; 2) la ἐπιϑσμεηικόν (concupiscencia), la
clase gobernada; y 3) el ϑσμός (coraje), la auxiliar; dichos principios guardan una relación
jerárquica entre sí. A la razón le corresponde conducir la cólera, y a ésta, obedecer a la
razón; luego que estos dos principios se han unido, la parte concupiscible se subordina a
ambos principios. En términos prácticos, Platón explica que el hombre por naturaleza busca
saciar todos sus deseos, sin importar qué consecuencias puedan tener para sí mismo o para
su comunidad, a esto se le conoce como el principio de la concupiscencia; éste necesita de
la razón, una inteligencia superior, para que lo ayude a mesurar sus deseos y no caiga en
una ambición desmedida; la razón se sirve, a su vez, del coraje para controlar a la
concupiscencia.
A partir de una perfecta armonía nacida de la relación entre la razón, el coraje y la
concupiscencia es que nace la justicia en el hombre. En otras palabras, para que un hombre
alcance la justicia deberá tener como gobierno de su alma a la razón, como auxiliar de ésta y
bajo su mando al coraje y, por último, la concupiscencia ha de subordinarse a los dos
principios anteriores5.
Si bien Aristóteles elabora un nuevo concepto de justicia, éste no se encuentra alejado del
de Platón, pues para él la justicia es el conjunto de todas las virtudes, es decir, la virtud
absoluta, la cual existe a través del ejercicio de la justicia sobre uno mismo y sobre los
demás; pero debe quedar claro que el ejercicio de la justicia no es equivalente a la justicia
absoluta, sino sólo cuando ésta se convierte en una forma de vida. Alcanzar la virtud
absoluta es hacer de la justicia un modus vivendi.
Por lo tanto, si la justicia es un modo de vida que implica ejercer esta virtud sobre todos los
hombres, se sigue que tiene como fin último preservar la felicidad de una comunidad. De tal
modo que lo justo queda empatado con lo legal, ya que la legislación ha de ser el conjunto de
disposiciones consideradas justas por un grupo.
En resumen, según Aristóteles, la justicia es la virtud absoluta y la adopción de ésta como
modo de vida de una comunidad deriva en lo justo, también llamado legal, pues la legislación
es la normalización de la justicia por la misma comunidad 6. Se puede decir que Aristóteles
2. El Derecho
Con respecto al Derecho, Aristóteles define ηὸ δὲ δίκαιον ηό ηε νόμιμον καὶ ηὸ ἴζον (lo justo
es tanto lo legal como lo equitativo)9. Sin duda esta sentencia coincide, en gran medida, con
la frase que Ulpiano cita de Celso: Ius est ars boni et aequi (el Derecho es el arte de lo
bueno y de lo equitativo)10. Desde mi punto de vista, para Aristóteles el concepto de lo justo
es equivalente al concepto de ius que maneja Celso. Para dilucidar ambos conceptos es
necesario profundizar en el término “equitativo”, el cual no ha de confundirse con el de
“igualdad absoluta”. Se trata más bien de una igualdad proporcional, que crea un equilibrio
dentro de una comunidad. Según Aristóteles, para mantener un equilibrio se necesitan, por
una parte, ciertos parámetros a través de los cuales se puedan comparar cosas
pertenecientes a distintas clases, v. gr. la moneda; y por otra, ha de haber quienes sean
capaces de restablecer dicha proporción en caso de que ésta peligre, es decir, jueces11.
En síntesis, el Derecho se encarga de administrar justicia, de mantener un equilibrio social;
no en el que todos reciban lo mismo, sino lo proporcional. Así pues el Derecho no sólo se
encarga de regular que el asalariado reciba una cantidad de dinero proporcional a su trabajo,
sino también que quien comete un delito, en aras de salvaguardar su integridad, no sea
juzgado como quien lo comete para beneficio propio.
Es claro que al abordar este concepto estamos entrando de lleno al ámbito del Derecho. Se
puede decir, pues, que el Derecho es la concreción de la idea de justicia hecha por los
miembros de una comunidad; en otras palabras, es el conjunto de convenciones establecidas
por acuerdo común para vivir conforme a la justicia. En este sentido, el Derecho es uno e
12 Cfr. D. 1, 1, 1, 2.
13 Cfr. Aris. EN 5, 1134b.
14 D. 1, 1, 1, 3; 1, 1, 1, 4; y 1, 1, 4.
15 Cic. Off. 1, 7. En este sentido, es importante resaltar que la idea de que todos los hombres eran iguales es muy antigua y
que tanto griegos como romanos ya la concebían, sólo que para ellos ésta no se oponía a la institución de la esclavitud,
porque mientras que la igualdad entre los hombres pertenece al ámbito del Derecho natural, la esclavitud pertenece al del
Derecho de gentes.
16 Cfr. D. 9, 1, 1, 3; Cic. Rep. 3, 11, 19; 3, 20, 67.
17 Cfr. Guzmán Brito, DPR. T. I. p. 89.
18 Cfr. D. 1, 1, 9.
19 Vid. supra nn. 27 y 28.
4
los hombres; otra se refiere a las instituciones comunes a todos los pueblos, tales como el
comercio, la compraventa, el arrendamiento, etc. 20; y por último, se concibe como Derecho de
gentes a aquel que rige a los ciudadanos romanos y a los extranjeros.
Es importante señalar que estas tres perspectivas sobre el Derecho de gentes no se
contradicen ni oponen entre ellas. Para profundizar más sobre estas distinciones del Derecho
de gentes, me parece fundamental retomar el fragmento de Gayo:
Nam quod quisque populus ipse sibi ius constituit, id ipsius proprium civitatis est vocaturque
ius civile, quasi ius proprium ipsius civitatis: quod vero naturalis ratio inter omnes homines
constituit, id apud omnes peraeque custoditur vocaturque ius gentium, quasi quo iure omnes
gentes utuntur
(Pues el Derecho que cada pueblo constituye para sí, éste es propio de la misma ciudad y se
llama Derecho civil, como Derecho propio de la misma ciudad. En cambio, el que la razón
natural constituye entre todos los hombres, éste es custodiado por igual entre todos los
pueblos y se le llama Derecho de gentes, como el Derecho que usan todos los pueblos)21.
A través de todo lo anterior se puede observar que el Derecho de gentes no sólo se asimila
al natural, sino que también puede ser entendido como Derecho civil; en palabras de Ulpiano:
“Y así cuando añadimos o quitamos algo al Derecho común, lo hacemos Derecho propio,
esto es, civil”22. Así, por ejemplo, el matrimonio, en tanto institución común a todos los
pueblos, es Derecho de gentes; pero es Derecho civil cuando se refiere a la serie de normas
que lo regulan en Roma23.
3. Síntesis
La justicia es un término que se encuentra en el campo de lo abstracto. Según Ulpiano, es
voluntas ius suum cuique tribuendi (la voluntad de dar a cada uno su propio Derecho) 27, sin
duda este enunciado es una forma de llevar dicho concepto a un campo más pragmático. El
Derecho proviene de la justicia, es en cierta medida la realización de la justicia, de ahí que
20 Cfr. D. 1, 1, 5
21 Cfr. D. 1, 1, 9.
22 Cfr. D. 1, 1, 6 pr.
23 Vid. D. 1, 1, 1, 3 y n. 13 al texto español.
24 D. 1, 1, 5; 1, 2, 2, 6; 1, 2, 2, 12.
25 Cic. Ver. 2, 1, 114; 2, 2, 31. Cfr. Gai. 4, 34; D. 1, 1, 7, 1; 1, 2, 2, 10; 22, 5, 24; 50, 17, 27.
26 Así pues, además de la ley de las Doce Tablas y de la interpretación de los prudentes comprende también las leyes, los
plebiscitos, los senadoconsultos, las constituciones de los príncipes. Cfr. D. 1, 1, 7 pr. 39 D. 1, 1, 9.
27 D. 1, 1, 10 pr.
5
los preceptos del Derecho citados en el Digesto tengan una clara influencia filosófica 28.
Además, se ha de mencionar a la Jurisprudencia como la ciencia que se encarga de estudiar
los conceptos anteriores, con especial atención en el Derecho.
El Derecho tiene muchas acepciones, ciertamente la más general es la que refiere Celso 29. A
partir de este primer significado se le puede dividir en dos grandes rubros para su estudio: el
público y el privado. Este último se puede dividir en tres ámbitos diferentes: natural, de
gentes y civil. Sin embargo, debe quedar claro que la materia del Derecho como tal es una
sola y, por tanto, los límites entre un tipo de Derecho y otro no siempre son tan claros.
Asimismo, se puede encontrar el término Derecho en dos sentidos, objetivo y subjetivo; el
primero consiste en entenderlo como un ordenamiento legal; el segundo es lo que hoy se
conoce con el nombre de derecho subjetivo, es decir, los derechos individuales, tales como
el derecho de cognación o el derecho de afinidad 30. Además, también se habla de ius para
designar el lugar donde se administra justicia31.
33 Cfr. D. 1, 2, 2, 3-4. 48 Vid. infra. n. 26 al texto en español. “Para formarnos una idea del Plan de las Doce Tablas, sólo
tenemos algunos puntos de apoyo. Las fuentes, al hablar de algunas leyes, nos dan a conocer a veces la Tabla donde se
hallaban inscritas. Y así sabemos que las disposiciones sobre la in ius vocatio eran el principio de la primera Tabla; los
motivos de excusa en caso de falta de una parte encontrábanse en la segunda; de la extinción de la patria potestas por la
triple venta del hijo de familia, se hablaba en la cuarta; de la tasa de los gastos de los funerales, en la décima. Los preceptos
sobre la interacción y sobre el conubium, estaban inscritos en una de las dos últimas Tablas, porque uno de los decenviros
303/451, parecería haberlo aplicado. También resulta atestiguado que la parte relativa a los testamentos precedía a la de la
herencia ab intestato. La distribución de los demás fragmentos, por cada una de las Tablas, ha sido hecha por los editores,
ya con el auxilio de los Comentarios de Gayo, ya arbitrariamente”. Krüger, HFLD. p. 14.
34 D. 1, 2, 2, 5.
35 Cfr. D. 1, 2, 2, 6.
36 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §86.
37 En un principio se llamaba vindicatio al acto de vengar alguna ofensa, la autodefensa contra un agresor. Más tarde, el
término se extendió a la defensa que se hacía para recuperar la propiedad por medio de un proceso. Cfr. Berger, EDRL. s. v.
vindicatio.
38 Se trata de las obligaciones que fueron establecidas de manera recíproca por medio del intercambio de preguntas y
respuestas.
7
aplicaba sobre el deudor que tras treinta días de la sentencia de un proceso, ya fuera por
legis actio per sacramentum, ya per conditionem, aún no la liquidaba. El demandante llevaba
al deudor ante el pretor, quien pronunciaba una fórmula solemne; si nadie se ofrecía como
garante (vindex) del deudor, éste era atribuido (addictus) a su acreedor39.
Acción de la ley por la toma de prenda (legis actio per pignoris capionem), se utilizaba para
hacer el cobro de créditos religiosos, fiscales y militares.
Estas acciones fueron reunidas por Apio Claudio el Ciego, no obstante se les conoce con el
nombre de Derecho civil flaviano debido a que Gneo Flavio fue quien lo difundió entre todo el
pueblo romano. Más tarde Sexto Elio Peto, cónsul en 198 a. C. y censor en 194, publicó una
obra llamada Tripertita porque contenía la ley de las XII Tablas, su interpretatio y un
repertorio de acciones procesales; esta obra también es conocida como Derecho eliano en
honor a su autor.
Tras la creación de los decenviros, la plebe padeció tres años de abusos e injusticias por
parte de sus gobernantes, lo cual originó la primera secesión que, a su vez, dio lugar al
nacimiento del plebiscito. Fue así que la plebe, ya separada de Roma, en el monte Aventino
convocó sus propias asambleas (concilia plebis), y las resoluciones que de allí salieron
fueron llamadas plebiscitos (plebiscita). Cuando la plebe regresó a Roma siguieron teniendo
vigencia dichas resoluciones, sólo que, en un principio, se constreñían únicamente a la
plebe; a partir del 286 a. C. se volvieron obligatorios para todos, gracias a la lex Hortensia40.
Después apareció el senadoconsulto que, según Gayo, Quod senatus iubet atque constituit
(es lo que ordena y constituye el Senado)41; y también el Derecho honorario42. Por último,
surgieron las constituciones de los príncipes43.
En resumen, las fuentes del Derecho son: la ley de las Doce Tablas, la
Jurisprudencia, las leyes rogadas, el plebiscito, el senadoconsulto y las constituciones de los
príncipes; todas estas anteriores conforman el ius civile, además se añade el Derecho
honorario o pretorio, integrado por el edictum praetoris y el edictum aedilium44.
Siglo IV a. C.
Apio Claudio el Ciego (D. 1, 2, 2, 36)
Apio Claudio (D. 1, 2, 2, 36)
Sempronio Sofós (D. 1, 2, 2, 37)
Siglo III a. C.
Cornelio Escipión Nasica (D. 1, 2, 2, 37)
Quinto Máximo Ruperto (D. 1, 2, 2, 37) Tiberio Coruncanio (D. 1,
2, 2, 38)
Siglo II a. C.
Sexto Elio, Publio Elio, y Publio Atilio (D. 1, 2, 2, 38)
Marco Porcio Catón, el Censor (D. 1, 2, 2, 38)
Marco Porcio Catón Liciniano (D. 1, 2, 2, 38)
Publio Mucio, Marco Junio Bruto y Manilio (D. 1, 2, 2, 39)
Siglo I. a. C.
Quinto Mucio (D. 1, 2, 2, 41)
Aquilo Galo, Balbo Lucilio, Sexto Papirio, Cayo Juvencio (D. 1, 2, 2, 42) Servio
Sulpicio (D. 1, 2, 2, 43)
Alfeno Varo Gayo, Aulo Ofilio, Tito Cesio, Aufidio Tuca, Aufidio Namusa,
Flavio
Prisco, Gayo Ateyo, Pacuvio Labeón Antistio, Cinna, y Publio Gelio (D. 1, 2, 2,
44)
Trebacio y Aulo Caselio (D. 1, 2, 2, 45) Tuberón (D. 1, 2, 2, 46)
Siglo I d. C.
Casianos Proculeyanos
Ateyo Capitón Antistio Labeón, hijo (D. 1, 2, 2, 47)
Masurio Sabino Nerva (D. 1, 2, 2, 48)
Gayo Casio Longino (D. 1, 2, 2, 51) Próculo (D. 1, 2, 2, 52)
Celio Sabino Pegaso (D. 1, 2, 2, 53) Prisco Javoleno Celso (D. 1, 2, 2, 53)
9
Siglo I d. C.
Casianos Proculeyanos
Aburnio Valente, Tusciano y Salvio Celso, hijo, y Prisco Neracio (D. 1, 2, 2,
53)
Juliano
La ley
Así pues, en el principio del título III se define ley como la convención social que establece
los preceptos que se han de respetar para una mejor convivencia 46; sin embargo, no se debe
olvidar que la ley, como herramienta del Derecho, surge de un orden superior al humano. El
Digesto justifica el carácter universal de este concepto por medio de dos importantes
personajes griegos, Demóstenes y Crisipo, quienes plantean que la ley es un acuerdo entre
los hombres para su mejor convivencia, el cual tiene un origen divino 47. Finalmente, para
fines prácticos, la ley tiene la virtud de imperare vetare permittere punire (imperar, vetar,
permitir y castigar)48. Por tanto, es necesario que la ley sea establecida a partir de lo general
y no de lo particular49.
Para que se estableciera una ley, debía ser propuesta por alguno de los magistratus
maiores en los comicios centuriados, en donde se votaba, de modo que fuera aceptada o
rechazada de manera absoluta, es por eso que se les conoce como leges rogatae. Por
último, para consumar su establecimiento tenía que obtener la auctoritas patrum, es decir, la
autorización del Senado, la cual más tarde fue prescindible. Por último, cuando la ley contaba
con la entera aprobación, se le designaba con el nombre del magistrado que la había
propuesto.
Toda ley rogada está constituida por tres partes 50: la praescriptio, un encabezado que
contenía el nombre del magistrado que la propuso, la fecha y el lugar de los comicios, así
como el primer votante de la ley; la rogatio, lo propuesto por el magistrado, incluyendo las
sanciones por su violación; y la sanctio, conjunto de cláusulas en las que se aclaraban las
ambigüedades que pudieran surgir en relación con otras normas ya establecidas.
46 Cfr. D. 1, 3, 1.
47 Cfr. D. 1, 3, 2. Vid. supra p. XXVII.
48 Cfr. D. 1, 3, 7.
49 Cfr. D. 1, 3, 3; 1, 3, 4; 1, 3, 5; 1, 3, 6; 1, 3, 8; 1, 3, 12.
50 di Pietro, Alfredo y Ángel Enrique Lapieza Elli, MDR, p.76.
10
El Senadoconsulto
La segunda fuente del Derecho mencionada en el Digesto es el senadoconsulto51, el cual en
un principio no tenía un carácter obligatorio, sino que, como su nombre lo señala, era tan
sólo un consejo del senado para los magistrados; no obstante, con el tiempo adquirió el
mismo valor que la ley52; es por eso que al igual que la ley se constituye con base en los
casos más frecuentes53. Otra enorme semejanza con las leyes rogadas radica en que
ostentan el nombre del magistrado que convocó al senado54.
La costumbre
La costumbre constituyó en Roma una importante fuente del Derecho, pues toda costumbre,
al igual que toda ley, es aceptada por medio del consenso de la población, es por eso que,
aun sin estar escrita, tiene un carácter obligatorio 59; de hecho, su constante uso y eficacia a lo
largo del tiempo explica el porqué de la falta de su asentamiento formal 60. Para corroborar la
validez de la costumbre debe indagarse si siempre fue del mismo modo 61. Cabe mencionar
que el Derecho consuetudinario fue ocupado durante los inicios de Roma; sin embargo, con
el paso del tiempo cayó en desuso62.
51 Cfr. D. 1, 3, 9.
52 Vid. n. 12 al texto en español.
53 Cfr. D. 1, 3, 10; 1, 3, 12.
54 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §86, 4.
55 Cfr. D’Ors, DRP §§15, 53 n. 2 y § 55. Iglesias, DR. pp. 47 y 100; Kaser, DRP. p. 26.
56 Cfr. D. 1, 3, 11; 1, 3, 17; 1, 3, 18; 1, 3, 19. Vid. n. 15 al texto en español.
57 Cfr. D. 1, 3, 24-25.
58 Vid. supra p. XXV-XXVI.
59 D. 1, 3, 32; 1, 3, 33 y 1, 3, 35.
60 Cfr. D. 1, 3, 36.
61 Cfr. D. 1, 3, 34.
62 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §27, 1.
63 Cfr. D. 1, 4, 1 pr.
11
de una oratio la sugerían a los comicios o bien al Senado; fue con el tiempo que comenzaron
a legislar de manera directa64.
Las disposiciones imperiales podían ser: edicta, cuando estaban dirigidas al pueblo;
mandata, dirigidas a los magistrados; decreta, sentencias emitidas por el emperador tras
escuchar a su consilium; y rescripta, contestaciones del Emperador, las cuales se dividen a
su vez en epistula, si el príncipe contestaba por medio de una carta, y en subscriptio, en caso
de que anotara la respuesta en la misma misiva65.
Derecho singular
Para una mejor comprensión de este Derecho, se debe entender como general y regular al
resto del Derecho, pues es éste último el conjunto de acuerdos y principios establecidos por
la sociedad romana; en cambio, el Derecho singular se introduce, en contra de lo constituido,
debido a una necesidad, ya sea de un individuo o bien de un gremio, por ejemplo, los
testamentos de los militares. En otras palabras, el Derecho singular es un
Derecho especial, que se aleja de la normalidad siempre y cuando sea evidente su utilidad;
razón por la cual debe quedar restringida a quien o a quienes se le otorga y no extenderse a
las demás personas66.
El fraude
Desde un punto de vista hermenéutico, toda disposición oficial está conformada por tres
elementos fundamentales: a) Sententia o mens (sentido). b) Littera o scripta (tenor literal).
c) Ratio o voluntas (finalidad de la regulación legal). Muchas veces estos tres elementos no
tienen una correspondencia plena, de ahí que sea necesaria la interpretación de los juristas
para dilucidar cualquier ambigüedad67, pues cuando sólo se toma en cuenta la scriptura de la
ley pero no la sententia y la ratio, se comete fraude68.
8. Síntesis
En los títulos III y IV se explican las cuatro fuentes básicas del Derecho, que a su vez se
pueden dividir en disposiciones oficiales y no oficiales; entre las primeras, se encuentran las
leyes, los senadoconsultos y las constituciones imperiales, mientras que la costumbre y la
interpretación de los prudentes no cuentan con este carácter; no obstante, la costumbre tiene
la misma validez que cualquiera de las disposiciones mencionadas y, por su parte, la
interpretación es una herramienta indispensable para el uso óptimo del resto de las
disposiciones oficiales.
Estas fuentes del Derecho no permanecieron intactas a lo largo de la historia de Roma, sino
que debieron adecuarse a los cambios que en ella surgieron. Pues para que el Derecho
pueda ser útil a una sociedad determinada, debe responder a las necesidades de ésta y, por
tanto, renovarse tantas veces como sea necesario84.
69 D. 1, 3, 41.
70 Cfr. Guzmán Brito, DPR. T. I. p. 272; Padilla Sahagún, DR. §29.
71 Cfr. D. 1, 5, 3.
72 Cfr. D. 1, 1, 4. Vid. supra pp. XXVI-XXVII.
73 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §32.
74 Cfr. D. 1, 5, 5, pr.; 1, 1, 4. Vid. n. 9 al texto en español.
75 Cfr. D. 1, 5, 1, pr.; 1, 5, 1, 1; 1, 5, 3.
76 D. 50, 16, 46, 1. Cfr. Guzmán Brito, DPR, T. I. p. 275.
94
77 XII Tablas 4, 2. Cfr. D. 1, 8,
1.
13
índole. De ahí que fuera tan importante la clasificación de las cosas dentro del Derecho
romano.
La primera división de las cosas se encuentra entre las divinas y las humanas; las primeras
comprenden lo sagrado, lo santo y lo religioso y, por ende, no pertenecen a nadie; mientras
que las segundas, por lo regular, están bajo el poder de alguien. Las cosas humanas se
clasifican, a su vez, en públicas, las que pertenecen a la colectividad, y en privadas, propias
de los particulares.
Una segunda clasificación consiste en distinguir las cosas corporales, todo lo tangible, de las
incorporales, lo que no puede ser percibido por los sentidos, como los
derechos94.
NOTA A LA TRADUCCIÓN
Para la presente traducción, que abarca los primeros cuatro títulos del libro primero del
Digesto, se utilizó la vigésima segunda edición de Mommsen-Krüger que data de 1973. Esta
versión trata de respetar de la manera más fiel el texto, de manera que intenta conservar el
orden del latín en la medida de lo posible y únicamente se ha cambiado cuando no ha sido
factible conservar el orden y el sentido en español, entonces, se ha optado por preservar el
sentido.
En aras de ofrecer una mayor claridad del texto, se ha preferido utilizar los términos jurídicos
correspondientes y no una traducción literal; tarea en la que me ha asesorado de cerca el
Mtro. Gumesindo Padilla Sahagún. Asimismo, la traducción cuenta con una serie de notas
aclaratorias sobre el texto, además de la mención de varios pasajes paralelos, éstos últimos
se encuentran en las notas del texto latino.
CONCLUSIÓN
El Digesto es una obra fundamental para entender la literatura latina, el Derecho romano y
los Derechos vigentes. Los títulos I-IV del libro primero, objeto de esta tesis, comprenden
bases teóricas como los conceptos de justicia y Derecho, una breve síntesis de la historia de
la conformación, así como las fuentes del sistema jurídico romano. Todos estos elementos
son esenciales para adentrarse en el estudio pragmático del Derecho romano y para
comprender cómo logró mantenerse vigente por tanto tiempo, e incluso ser modelo para
otros sistemas jurídicos.
78 Cfr. D. 1, 2, 2, 13-35.
14
En relación con la forma, es evidente que existe una diferencia entre los títulos I y II con
respecto de los III y IV, pues en los primeros, la estructura del texto es muy clara, no así en
los siguientes dos. En el primero la posición de cada uno de los doce fragmentos es un
apoyo para el desarrollo de los temas del Derecho público y del privado. Por su parte, el
segundo título, puede explicar su buena estructura porque se trata sólo de dos fragmentos; el
primero funge como prefacio y el segundo aborda, de manera bastante cuidada, el origen del
Derecho, de las magistraturas y, además, ofrece una cronología de los prudentes más
importantes.
El tercer título, en cambio, carece de organización, pues aunque existe relación entre
algunos fragmentos contiguos, de pronto salta de un tema a otro, sin razón aparente; por
ejemplo, el fragmento 28 versa sobre la vigencia de las leyes, los tres siguientes, sobre el
fraude, y el 32, sobre la ley Augusta.
Por último, el cuarto título, debido a la breve extensión de sus cuatro fragmentos, no parece
presentar el mismo desorden que el anterior, no obstante, tampoco posee una estructura tan
clara como la de los dos primeros títulos.
A través de los títulos traducidos se revela la existencia de un latín especializado para la
materia del Derecho, prueba de esto es: 1) la serie de conceptos que se explica a lo largo del
texto, tales como la clasificación y las fuentes del Derecho; 2) los nombres de las diferentes
magistraturas; 3) las etimologías que proporciona el texto, concentradas mayormente en el
segundo título.
Además, se puede hablar también de un estilo jurídico, que consiste en el uso de fórmulas y
en la presentación concisa de lo que se quiere decir. Sin embargo, cabe señalar que dentro
del texto existe cierta variación en el estilo, debido a los diferentes autores y a los diferentes
compiladores; esto se aprecia especialmente en los fragmentos de mayor extensión.
15
ETIMOLOGIA
La palabra DIGESTO deriva del latín «digestum», derivado a su vez de «digerere», que
significa 'distribuir', 'ordenar', 'distribución sistemática'.
CONCEPTO
El Digesto es la ordenación cronológica de las decisiones de los tribunales o jurisprudencia
(iuras) con comentarios de los principales jurisconsultos romanos.
Los comentarios eran de Mucio Scaevola, Arcadio Carisio y Hermogeniano y con predominio
de textos procedentes de Paulo y Ulpiano.
CONTENIDO
El «Digesto» contiene miles de extractos de las opiniones de los jurisconsultos romanos: los
iuras, del siglo I a.C. al siglo IV d.C., siendo el jurisconsulto más antiguo que se cita Q. Mucio
Scaevola y entre los más recientes figuran Arcadio Carisio y Hermogeniano.
Digesto está compuesto de 50 libros dividido en 7 partes. Cada libro subdividido en títulos
con sus respectivas rúbricas, indicadoras de las materias que trata el título.
PARTE PRIMERA. Libros I a IV contienen las nociones generales del derecho y lo relativo a
jurisdicción e introducción a la instancia.
1. De la justicia y del derecho de los tutores y de los curadores. Véase títulos I, II.
17