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Digesto Final

El libro I del Digesto aborda el origen y definición del Derecho, la estructura administrativa romana y la jurisprudencia, así como la extensión del Derecho y la calidad senatorial. Se divide en títulos que tratan sobre la justicia, el Derecho, y la condición legal de personas y cosas, con un enfoque práctico en la jurisprudencia clásica. Se discuten conceptos de justicia según Platón, Aristóteles y Cicerón, y se establecen distinciones entre Derecho natural, Derecho de gentes y Derecho civil.

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Digesto Final

El libro I del Digesto aborda el origen y definición del Derecho, la estructura administrativa romana y la jurisprudencia, así como la extensión del Derecho y la calidad senatorial. Se divide en títulos que tratan sobre la justicia, el Derecho, y la condición legal de personas y cosas, con un enfoque práctico en la jurisprudencia clásica. Se discuten conceptos de justicia según Platón, Aristóteles y Cicerón, y se establecen distinciones entre Derecho natural, Derecho de gentes y Derecho civil.

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III.

ESTRUCTURA Y CONTENIDO DEL LIBRO I DEL DIGESTO


En los primeros cuatro títulos del libro primero se explica el origen y la definición del Derecho,
se expone, también, el proceso de formación y la estructura del aparato administrativo
romano, así como los principales jurisprudentes y los diferentes tipos de preceptos en los que
está contenido el Derecho. Los siguientes cuatro títulos tratan sobre quiénes y sobre qué
cosas se extiende el Derecho. Finalmente, los catorce títulos restantes abordan aspectos de
la calidad senatorial y de algunas magistraturas.
Para el estudio de este libro me parece pertinente ofrecer la siguiente división:
٠Título I. Definiciones de justicia y Derecho
٠Título II. Historia del Derecho romano
٠Títulos III y IV. Definiciones de ley, senadoconsulto, costumbre y constituciones de los
príncipes
٠Títulos V-VII. Condición legal de las personas
٠Título VIII. Condición legal de las cosas
٠Títulos IX-XXII. Sobre los senadores y diversas magistraturas

A continuación, se presenta una síntesis sobre cada uno de los títulos correspondientes al
libro I, de modo que se pueda alcanzar una mejor comprensión del texto.

Título I. Definiciones de justicia y Derecho


Como expliqué en el primer apartado, el Digesto tenía como propósito principal compilar lo
mejor de la Jurisprudencia clásica1; de ahí que esté enfocado en los conceptos más
prácticos, apartándose de aquellos conceptos filosóficos que también forman parte de la
materia del Derecho, tales como la justicia.
Así pues, como veremos en los siguientes apartados, el primer título abarca de manera
bastante amplia el concepto de Derecho, mientras que al de justicia sólo le dedica dos
líneas13, por eso me parece pertinente hacer una pequeña mención sobre el tratamiento que
otros autores hacen de este último concepto. En el caso del Derecho, aunque cito a otros
autores, mi estudio es resultado mayormente de lo que el propio Digesto dice de este tema.

1. La justicia
Como señala Álvaro d’Ors2, la justicia es en realidad una preocupación filosófica; no
obstante, es uno de los conceptos fundamentales para el estudio del Derecho. Pues
debemos recordar que los romanos se sirvieron de la antigüedad griega para erigir su propia
cultura, adecuando el pensamiento griego al propio. Es así que en el Derecho se puede ver
una materialización del pensamiento romano. Por todo esto me parece conveniente
mencionar grosso modo las definiciones de justicia de Platón, Aristóteles y Cicerón.
Para Platón acceder a la justicia, o mejor dicho, llegar a ser un hombre justo, debe ser una
de las principales preocupaciones de todo hombre. Pues, según explica, existen tres tipos de
bienes, los que deseamos por sí mismos, aunque no nos aporten ningún beneficio; los que
amamos por sí mismos y por su utilidad, y los que a pesar de ser penosos, nos traen
beneficios. La justicia, dice Platón, se encuentra entre los más bellos de todos, en aquellos
que amamos por sí mismos y que además nos son de utilidad3. Ahora bien, ¿qué es la
justicia según Platón?
1 Vid. supra p. XVII. 13 D. 1, 1, 10,
pr.
2 Cfr. D’Ors, DPR. §12.
3 Cfr. Pl. Rep. 2, 357a - 358a.
1
Según Platón, la ciudad perfecta debe estar conformada por tres clases, la de los
deliberantes, gobernadores, que se encargan de cuidar a la ciudad; la de los auxiliares,
soldados o guerreros, a la que le corresponde proteger a la ciudad de los ataques de otras
ciudades, así como vigilar que el resto de los ciudadanos respeten las disposiciones de la
clase deliberante; y la de los traficantes, gobernados, compuesta por cada uno de los
ciudadanos que desempeña cada uno de los oficios necesarios para que la ciudad pueda
mantenerse en pie.
Y para que la ciudad funcione de manera armónica debe constar de las siguientes virtudes:
θρόνεζις (prudencia)4, ἀνδρεία (valor), ζωϕροζύνε (templanza) y δικαιοζύνε (justicia). Así
pues, la prudencia reside en la clase deliberante, el valor en la auxiliar y la templanza en las
tres clases; en cambio, la justicia consiste en que cada una de las tres virtudes anteriores
sea alcanzada por la clase que debe tenerla. Una ciudad sólo será justa si cada miembro de
la ciudad hace lo que le es propio, esto es, si la clase gobernante es prudente, la clase
auxiliar valiente y si tanto gobernantes y gobernados son temperantes. A esto, Platón agrega
que la justicia se puede observar también a nivel individual, para lo que se parte del alma del
hombre, la cual está constituida por tres principios que equivalen a las tres clases de la
ciudad: 1) el λόγος (razón), sería la clase gobernante; 2) la ἐπιϑσμεηικόν (concupiscencia), la
clase gobernada; y 3) el ϑσμός (coraje), la auxiliar; dichos principios guardan una relación
jerárquica entre sí. A la razón le corresponde conducir la cólera, y a ésta, obedecer a la
razón; luego que estos dos principios se han unido, la parte concupiscible se subordina a
ambos principios. En términos prácticos, Platón explica que el hombre por naturaleza busca
saciar todos sus deseos, sin importar qué consecuencias puedan tener para sí mismo o para
su comunidad, a esto se le conoce como el principio de la concupiscencia; éste necesita de
la razón, una inteligencia superior, para que lo ayude a mesurar sus deseos y no caiga en
una ambición desmedida; la razón se sirve, a su vez, del coraje para controlar a la
concupiscencia.
A partir de una perfecta armonía nacida de la relación entre la razón, el coraje y la
concupiscencia es que nace la justicia en el hombre. En otras palabras, para que un hombre
alcance la justicia deberá tener como gobierno de su alma a la razón, como auxiliar de ésta y
bajo su mando al coraje y, por último, la concupiscencia ha de subordinarse a los dos
principios anteriores5.
Si bien Aristóteles elabora un nuevo concepto de justicia, éste no se encuentra alejado del
de Platón, pues para él la justicia es el conjunto de todas las virtudes, es decir, la virtud
absoluta, la cual existe a través del ejercicio de la justicia sobre uno mismo y sobre los
demás; pero debe quedar claro que el ejercicio de la justicia no es equivalente a la justicia
absoluta, sino sólo cuando ésta se convierte en una forma de vida. Alcanzar la virtud
absoluta es hacer de la justicia un modus vivendi.
Por lo tanto, si la justicia es un modo de vida que implica ejercer esta virtud sobre todos los
hombres, se sigue que tiene como fin último preservar la felicidad de una comunidad. De tal
modo que lo justo queda empatado con lo legal, ya que la legislación ha de ser el conjunto de
disposiciones consideradas justas por un grupo.
En resumen, según Aristóteles, la justicia es la virtud absoluta y la adopción de ésta como
modo de vida de una comunidad deriva en lo justo, también llamado legal, pues la legislación
es la normalización de la justicia por la misma comunidad 6. Se puede decir que Aristóteles

4 Llamada también ζοθία (sabiduría). Cfr. Pl. Rep. 4, 329a.


5 Pl. Rep. 4, 439d ss.

6 Arist. EN 5, 1129b - 1130a.


2
además de introducir el concepto de virtud absoluta, lleva a un campo más pragmático este
mismo concepto, pues se acerca más a la materia propia del Derecho.
Por su parte Cicerón, influido tanto por el pensamiento griego como por el pensamiento
romano, dice de la justicia que junto con el valor, la prudencia y la temperancia, las mismas
virtudes de las que habla Platón, conforma la virtud absoluta, lo honestum. La justicia es,
según el orador, habitus animi communi utilitate conservata suam cuique tribuens dignitatem.
Eius initium est ab natura profectum; deinde quaedam in consuetudinem ex utilitatis ratione
venerunt: postea res et ab natura profectas et ab consuetudine probatas legum metus et
religio sanxituna (condición del ánimo para preservar la utilidad común dando a cada uno lo
que se merece; la cual se originó de la naturaleza; después, en razón de la utilidad se volvió
una costumbre. Más tarde el miedo a las leyes y la religión ratificaron tanto lo originado por
naturaleza como lo aprobado por la costumbre)7. En Cicerón, pues, se puede observar un
gran influjo del pensamiento griego que desemboca en la cosmovisión romana, de tal modo
que a partir del concepto filosófico de justicia arriba en los principios del Derecho romano.
En el Digesto, en cambio, se da por sentada esta discusión filosófica debido al objetivo
pragmático que persigue, es por eso que sólo dice a este respecto: Iustitia est constans et
perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi (la justicia es la voluntad constante y perpetua
de dar a cada uno su propio Derecho) 8. Esta nueva definición no se opone de ninguna
manera a las reflexiones anteriores, sino que se nutre de ellas.

2. El Derecho
Con respecto al Derecho, Aristóteles define ηὸ δὲ δίκαιον ηό ηε νόμιμον καὶ ηὸ ἴζον (lo justo
es tanto lo legal como lo equitativo)9. Sin duda esta sentencia coincide, en gran medida, con
la frase que Ulpiano cita de Celso: Ius est ars boni et aequi (el Derecho es el arte de lo
bueno y de lo equitativo)10. Desde mi punto de vista, para Aristóteles el concepto de lo justo
es equivalente al concepto de ius que maneja Celso. Para dilucidar ambos conceptos es
necesario profundizar en el término “equitativo”, el cual no ha de confundirse con el de
“igualdad absoluta”. Se trata más bien de una igualdad proporcional, que crea un equilibrio
dentro de una comunidad. Según Aristóteles, para mantener un equilibrio se necesitan, por
una parte, ciertos parámetros a través de los cuales se puedan comparar cosas
pertenecientes a distintas clases, v. gr. la moneda; y por otra, ha de haber quienes sean
capaces de restablecer dicha proporción en caso de que ésta peligre, es decir, jueces11.
En síntesis, el Derecho se encarga de administrar justicia, de mantener un equilibrio social;
no en el que todos reciban lo mismo, sino lo proporcional. Así pues el Derecho no sólo se
encarga de regular que el asalariado reciba una cantidad de dinero proporcional a su trabajo,
sino también que quien comete un delito, en aras de salvaguardar su integridad, no sea
juzgado como quien lo comete para beneficio propio.
Es claro que al abordar este concepto estamos entrando de lleno al ámbito del Derecho. Se
puede decir, pues, que el Derecho es la concreción de la idea de justicia hecha por los
miembros de una comunidad; en otras palabras, es el conjunto de convenciones establecidas
por acuerdo común para vivir conforme a la justicia. En este sentido, el Derecho es uno e

7 Cic. Inv. 1, 253.


8 D. 1, 1, 10 pr.
9 Arist. EN 5, 1130b.
10 D. 1, 1, 1 pr.
11 Cfr. Arist. EN 5, 1132a - 1133b.
3
indivisible; sin embargo, la tradición romana lo ha clasificado en dos grandes grupos para
facilitar su estudio12: el público y el privado. El primero se ocupa del bien común; mientras
que el Derecho privado se ocupa de los particulares y se divide, a su vez, en Derecho
natural, Derecho de gentes y Derecho civil.

2.1 Derecho natural


Al igual que el concepto de justicia, el de Derecho natural tiene también sus orígenes en la
filosofía, pero desemboca en el ámbito jurídico. Aristóteles dice sobre esto, que el Derecho
natural es inamovible en todas partes y que no está condicionado por el hombre 13; esto
coincide con el Digesto14 y con el pensamiento ciceroniano, que no sólo sostiene que el
hombre es libre por naturaleza, sino que sunt autem privata nulla natura (ninguna cosa es
privada por naturaleza)15.
En la filosofía estoica, el Derecho natural se encuentra estrechamente ligado al concepto de
ratio (razón), pues ésta mantiene un orden sobre todas las cosas del mundo; es una
inteligencia superior a la que todos los seres del mundo deben observar y respetar; y de la
cual se derivan leyes universales como las mencionadas en el párrafo anterior. No se debe
confundir este Derecho con el que existe entre los hombres, ya que, como es evidente, no
existe una relación de Derecho formal entre hombres y animales, debido a que estos últimos
no son susceptibles de cometer o padecer injusticias16.
También se entiende por Derecho natural aquel que se opone al Derecho civil, pues el
primero parte del sentido común de todo hombre, por decir de algún modo; mientras que el
segundo está basado en la convención de una comunidad y, por lo tanto, es artificial y, en
cierta medida, arbitrario. Así, por ejemplo, hay parentesco entre una madre y un hijo por
Derecho natural, pero no por Derecho civil; en cambio, en el caso de un padre y un hijo
adoptivo sucederá lo contrario, habrá parentesco por Derecho civil, pero no por Derecho
natural17.
Por último, hay quien asimila el Derecho natural al Derecho de gentes, puesto que ambos
son comunes a todos los hombres18.

2.2. Derecho de gentes


La diferencia más notable, aunque no fundamental, entre el Derecho natural y el de gentes
consiste en el alcance de uno y otro; el primero se extiende a todos los seres vivos, mientras
que el segundo se ciñe al género humano. Así pues, según el Derecho natural, todos los
hombres son iguales; pero, según el Derecho de gentes, existe una clasificación para las
personas: libres, esclavos y libertos19.
Se puede concebir el Derecho de gentes desde tres perspectivas diferentes: una,
mencionada en el apartado anterior, en la que es entendido como el Derecho común a todos

12 Cfr. D. 1, 1, 1, 2.
13 Cfr. Aris. EN 5, 1134b.
14 D. 1, 1, 1, 3; 1, 1, 1, 4; y 1, 1, 4.

15 Cic. Off. 1, 7. En este sentido, es importante resaltar que la idea de que todos los hombres eran iguales es muy antigua y
que tanto griegos como romanos ya la concebían, sólo que para ellos ésta no se oponía a la institución de la esclavitud,
porque mientras que la igualdad entre los hombres pertenece al ámbito del Derecho natural, la esclavitud pertenece al del
Derecho de gentes.
16 Cfr. D. 9, 1, 1, 3; Cic. Rep. 3, 11, 19; 3, 20, 67.
17 Cfr. Guzmán Brito, DPR. T. I. p. 89.
18 Cfr. D. 1, 1, 9.
19 Vid. supra nn. 27 y 28.
4
los hombres; otra se refiere a las instituciones comunes a todos los pueblos, tales como el
comercio, la compraventa, el arrendamiento, etc. 20; y por último, se concibe como Derecho de
gentes a aquel que rige a los ciudadanos romanos y a los extranjeros.
Es importante señalar que estas tres perspectivas sobre el Derecho de gentes no se
contradicen ni oponen entre ellas. Para profundizar más sobre estas distinciones del Derecho
de gentes, me parece fundamental retomar el fragmento de Gayo:
Nam quod quisque populus ipse sibi ius constituit, id ipsius proprium civitatis est vocaturque
ius civile, quasi ius proprium ipsius civitatis: quod vero naturalis ratio inter omnes homines
constituit, id apud omnes peraeque custoditur vocaturque ius gentium, quasi quo iure omnes
gentes utuntur
(Pues el Derecho que cada pueblo constituye para sí, éste es propio de la misma ciudad y se
llama Derecho civil, como Derecho propio de la misma ciudad. En cambio, el que la razón
natural constituye entre todos los hombres, éste es custodiado por igual entre todos los
pueblos y se le llama Derecho de gentes, como el Derecho que usan todos los pueblos)21.
A través de todo lo anterior se puede observar que el Derecho de gentes no sólo se asimila
al natural, sino que también puede ser entendido como Derecho civil; en palabras de Ulpiano:
“Y así cuando añadimos o quitamos algo al Derecho común, lo hacemos Derecho propio,
esto es, civil”22. Así, por ejemplo, el matrimonio, en tanto institución común a todos los
pueblos, es Derecho de gentes; pero es Derecho civil cuando se refiere a la serie de normas
que lo regulan en Roma23.

2.3. Derecho civil


Al igual que el Derecho natural y el de gentes, el Derecho civil se puede concebir de distintas
maneras: como el Derecho emanado de la ley de las Doce Tablas y de su interpretación 24.
Esto en un principio se oponía al Derecho del edictum praetoris urbani y aedilium, pues éste
último no era considerado Derecho como tal, sino un sistema que contenía todo aquello que
el Derecho civil no consideraba. Ya Cicerón habla de ius praetorium25. Por otra parte, puede
entenderse por Derecho civil el que reglamenta las acciones de todos los ciudadanos de
Roma26, abarcando entonces tanto el Derecho civil en su primera acepción como el Derecho
honorario. En este sentido se opone al Derecho de gentes; sin embargo, también se puede
extender al Derecho que regula en Roma las acciones de extranjeros y ciudadanos. Por
último, se le puede definir como el Derecho que se encuentra en oposición al natural, es
decir, como aquel que se origina a partir de las convenciones determinadas por un pueblo en
particular y que regula únicamente a dicha comunidad 39; cada pueblo, pues, tendrá su propio
Derecho civil, que actualmente se conoce como Derecho positivo.

3. Síntesis
La justicia es un término que se encuentra en el campo de lo abstracto. Según Ulpiano, es
voluntas ius suum cuique tribuendi (la voluntad de dar a cada uno su propio Derecho) 27, sin
duda este enunciado es una forma de llevar dicho concepto a un campo más pragmático. El
Derecho proviene de la justicia, es en cierta medida la realización de la justicia, de ahí que
20 Cfr. D. 1, 1, 5
21 Cfr. D. 1, 1, 9.
22 Cfr. D. 1, 1, 6 pr.
23 Vid. D. 1, 1, 1, 3 y n. 13 al texto español.
24 D. 1, 1, 5; 1, 2, 2, 6; 1, 2, 2, 12.
25 Cic. Ver. 2, 1, 114; 2, 2, 31. Cfr. Gai. 4, 34; D. 1, 1, 7, 1; 1, 2, 2, 10; 22, 5, 24; 50, 17, 27.
26 Así pues, además de la ley de las Doce Tablas y de la interpretación de los prudentes comprende también las leyes, los
plebiscitos, los senadoconsultos, las constituciones de los príncipes. Cfr. D. 1, 1, 7 pr. 39 D. 1, 1, 9.
27 D. 1, 1, 10 pr.
5
los preceptos del Derecho citados en el Digesto tengan una clara influencia filosófica 28.
Además, se ha de mencionar a la Jurisprudencia como la ciencia que se encarga de estudiar
los conceptos anteriores, con especial atención en el Derecho.
El Derecho tiene muchas acepciones, ciertamente la más general es la que refiere Celso 29. A
partir de este primer significado se le puede dividir en dos grandes rubros para su estudio: el
público y el privado. Este último se puede dividir en tres ámbitos diferentes: natural, de
gentes y civil. Sin embargo, debe quedar claro que la materia del Derecho como tal es una
sola y, por tanto, los límites entre un tipo de Derecho y otro no siempre son tan claros.
Asimismo, se puede encontrar el término Derecho en dos sentidos, objetivo y subjetivo; el
primero consiste en entenderlo como un ordenamiento legal; el segundo es lo que hoy se
conoce con el nombre de derecho subjetivo, es decir, los derechos individuales, tales como
el derecho de cognación o el derecho de afinidad 30. Además, también se habla de ius para
designar el lugar donde se administra justicia31.

Título II. Historia del Derecho romano

Este apartado incluye los siguientes temas:


El origen del Derecho (D. 1, 2, 2 pr.-12).
El origen de las magistraturas (D. 1, 2, 2, 13-34).
Cronología de los prudentes (D. 1, 2, 2, 35-53).
Al igual que en el título anterior, los compiladores tuvieron un gran cuidado en la disposición
de éste; pues el orden de los temas ayuda, en gran medida, a que el lector comprenda
claramente cada uno, ya sea que se estudien de manera individual, o bien, en su conjunto.
En relación con la estructura de este título, ha de destacarse que a diferencia de muchos
otros, los temas no se abordan directamente, sino que están precedidos por un prefacio
general y otros individuales.
El primer fragmento, pues, corresponde al prefacio general del tema, en el cual se justifica el
estudio de la historia del Derecho romano; es decir, el estudio de los tres tópicos
mencionados en este título: el origen del Derecho y de las magistraturas, así como la
cronología de los prudentes.

1. El origen del Derecho


Los primeros doce fragmentos del §2 versan sobre la conformación del Derecho en Roma,
esto es, de cómo se establecieron en el marco de lo pragmático los conceptos revisados en
el título anterior. Se dice en la obra que en los comienzos de Roma no existía ningún
Derecho como tal, sino que todo se dirigía según la voluntad de los reyes 45; probablemente
se refiere también a las ciudades que precedieron la fundación de Roma. Fue Rómulo
quien, además de fundar Roma, constituyó sus primeras leyes; éstas representan el primer
Derecho cierto en Roma. Dichas leyes y las de los sucesivos monarcas, conocidas como
leges regiae, fueron compiladas por el pontífice Papirio, razón por la cual se les conoce como
Derecho civil papiriano32.

28 Cfr. D. 1, 1, 10, 1; vid. supra p. XXIII.


29 Vid. supra p. XXV; D. 1, 1, 1 pr.
30 D. 1, 1, 11.
31 D. 1, 1, 11. Es pertinente mencionar que el término latino ius se puede traducir por tribunal en este contexto. Cfr. n. 14 al
texto en español. 45 D. 1, 2, 2, 1; 1, 2, 2, 14.
32 Cfr. D. 1, 2, 2, 2-3.
6
Tras la expulsión de los reyes, Roma tuvo un período de incertidumbre y reacomodo, que
ciertamente desembocó en la pérdida del Derecho adquirido. De ahí que, según la tradición,
se decidiera enviar una embajada a Grecia para que buscara un Derecho en el que pudieran
fundamentar el propio; cuando la delegación regresó a Roma fue que se estableció la ley de
las Doce Tablas33.
El contenido de las Doce Tablas no se conoce con certeza debido a que aproximadamente
en el año 390 a. C. hubo un gran incendio en Roma, en el cual se perdieron 48. En aquel
entonces no representó ningún problema para la ciudad, puesto que eran conocidas por
todos, de modo que a partir de ese momento se transmitieron de manera oral; lo que más
tarde se convertiría en un obstáculo para la correcta comprensión de la ley, ya que el latín,
como todas las lenguas, evolucionó, pero la ley de las Doce Tablas continuó transmitiéndose
en su forma original, es decir, en latín arcaico. Esta ambigüedad dio origen a la interpretación
de los prudentes.
Como mencioné en líneas anteriores, la ley de las Doce Tablas llevó a los juristas a discutir
sobre la misma, de modo que pudieran interpretarla de la manera más fiel; las resoluciones
tomadas por ellos fueron observadas también como Derecho, a pesar de no estar escritas, y
adquirieron el nombre de Derecho civil 34. Para normalizar este nuevo Derecho se hicieron las
acciones de la ley35, fórmulas gestuales y orales que debían ser pronunciadas frente a un
magistrado. Las acciones de la ley pueden ser de cinco tipos36:
Acción de la ley por sacramento (legis actio per sacramentum), puede ser de dos tipos: in
rem o in personam. La primera sirve para la vindicatio37 y la segunda, para demandar una
responsabilidad personal.
Acción de la ley por petición de juez o árbitro (legis actio per iudicis arbitrive postulationem),
era utilizada para exigir deudas originadas por una sponsio38, para distribuir herencias y, a
partir de la lex Licinia, para finiquitar la copropiedad. Esta acción se llevaba a cabo cuando el
demandado se negaba a devolver lo solicitado, lo cual daba pie a que se nombrara un juez o
árbitro.
Acción de la ley por emplazamiento (legis actio per condictionem), apareció en el
s. III gracias a la lex Silia. En aquel entonces servía para reclamar deudas de dinero (certa
pecunia), un siglo más tarde la lex Calpurnia hizo que se extendiera a cualquier tipo de
deuda (alia certa res).
Acción de la ley por aprehensión corporal (legis actio per manus iniectionem), es una forma
de ejecución personal sobre un deudor a causa de un asunto específico. Esta acción se

33 Cfr. D. 1, 2, 2, 3-4. 48 Vid. infra. n. 26 al texto en español. “Para formarnos una idea del Plan de las Doce Tablas, sólo
tenemos algunos puntos de apoyo. Las fuentes, al hablar de algunas leyes, nos dan a conocer a veces la Tabla donde se
hallaban inscritas. Y así sabemos que las disposiciones sobre la in ius vocatio eran el principio de la primera Tabla; los
motivos de excusa en caso de falta de una parte encontrábanse en la segunda; de la extinción de la patria potestas por la
triple venta del hijo de familia, se hablaba en la cuarta; de la tasa de los gastos de los funerales, en la décima. Los preceptos
sobre la interacción y sobre el conubium, estaban inscritos en una de las dos últimas Tablas, porque uno de los decenviros
303/451, parecería haberlo aplicado. También resulta atestiguado que la parte relativa a los testamentos precedía a la de la
herencia ab intestato. La distribución de los demás fragmentos, por cada una de las Tablas, ha sido hecha por los editores,
ya con el auxilio de los Comentarios de Gayo, ya arbitrariamente”. Krüger, HFLD. p. 14.
34 D. 1, 2, 2, 5.
35 Cfr. D. 1, 2, 2, 6.
36 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §86.
37 En un principio se llamaba vindicatio al acto de vengar alguna ofensa, la autodefensa contra un agresor. Más tarde, el
término se extendió a la defensa que se hacía para recuperar la propiedad por medio de un proceso. Cfr. Berger, EDRL. s. v.
vindicatio.
38 Se trata de las obligaciones que fueron establecidas de manera recíproca por medio del intercambio de preguntas y
respuestas.
7
aplicaba sobre el deudor que tras treinta días de la sentencia de un proceso, ya fuera por
legis actio per sacramentum, ya per conditionem, aún no la liquidaba. El demandante llevaba
al deudor ante el pretor, quien pronunciaba una fórmula solemne; si nadie se ofrecía como
garante (vindex) del deudor, éste era atribuido (addictus) a su acreedor39.
Acción de la ley por la toma de prenda (legis actio per pignoris capionem), se utilizaba para
hacer el cobro de créditos religiosos, fiscales y militares.
Estas acciones fueron reunidas por Apio Claudio el Ciego, no obstante se les conoce con el
nombre de Derecho civil flaviano debido a que Gneo Flavio fue quien lo difundió entre todo el
pueblo romano. Más tarde Sexto Elio Peto, cónsul en 198 a. C. y censor en 194, publicó una
obra llamada Tripertita porque contenía la ley de las XII Tablas, su interpretatio y un
repertorio de acciones procesales; esta obra también es conocida como Derecho eliano en
honor a su autor.
Tras la creación de los decenviros, la plebe padeció tres años de abusos e injusticias por
parte de sus gobernantes, lo cual originó la primera secesión que, a su vez, dio lugar al
nacimiento del plebiscito. Fue así que la plebe, ya separada de Roma, en el monte Aventino
convocó sus propias asambleas (concilia plebis), y las resoluciones que de allí salieron
fueron llamadas plebiscitos (plebiscita). Cuando la plebe regresó a Roma siguieron teniendo
vigencia dichas resoluciones, sólo que, en un principio, se constreñían únicamente a la
plebe; a partir del 286 a. C. se volvieron obligatorios para todos, gracias a la lex Hortensia40.
Después apareció el senadoconsulto que, según Gayo, Quod senatus iubet atque constituit
(es lo que ordena y constituye el Senado)41; y también el Derecho honorario42. Por último,
surgieron las constituciones de los príncipes43.
En resumen, las fuentes del Derecho son: la ley de las Doce Tablas, la
Jurisprudencia, las leyes rogadas, el plebiscito, el senadoconsulto y las constituciones de los
príncipes; todas estas anteriores conforman el ius civile, además se añade el Derecho
honorario o pretorio, integrado por el edictum praetoris y el edictum aedilium44.

El origen de las magistraturas


En la segunda parte45 de este título se mencionan las magistraturas que formaron parte de la
administración romana, a saber, tribunos de la caballería, cónsules, censores, dictadores,
jefes de la caballería, tribunos de la plebe, ediles, cuestores, decenviros, cuatorviros,
triunviros de la moneda, triunviros capitales, quinqueviros, pretores, prefectos de la urbe. El
texto señala los motivos que originaron el surgimiento de cada una de las magistraturas,
asimismo, en muchos de los casos, muestra la etimología de éstos, pues los nombres para
las magistraturas tienen una clara relación con las funciones que desempeñan. Para
completar el estudio sobre este tema se pueden consultar también los títulos IX-XXII del
libro primero, pues en ellos se encuentran algunas magistraturas de los tiempos de
Justiniano, que no se mencionan en este apartado.

Cronología de los prudentes contenida en el segundo título del libro primero

39 Berger, EDRL. s. v. Legis actio per manus iniectionem.


40 Cfr. D. 1, 2, 2, 8; 1, 2, 2, 20; 1, 2, 2, 24. Vid. n. 35 y 37 al texto en español; Índice onomástico, Apio Claudio 1 y Lucio
Virginio.
41 Cfr. D. 1, 2, 2, 9; Gai. 1, 4. Vid n. 12 al texto en español.
42 Cfr. D. 1, 2, 2, 10; Vid. supra p. XIX.
43 Cfr. D. 1, 2, 2, 11; 1, 3, 31; 1, 4, 1 pr.; 1, 4, 1, 1-4.
44 Cfr. D. 1, 2, 2, 12.
45 D. 1, 2, 2, 13-34.
8
Siglo V a. C.
Sexto Papirio (D. 1, 2, 2, 36)
Apio Claudio, decenviro (D. 1, 2, 2, 36)

Siglo IV a. C.
Apio Claudio el Ciego (D. 1, 2, 2, 36)
Apio Claudio (D. 1, 2, 2, 36)
Sempronio Sofós (D. 1, 2, 2, 37)

Siglo III a. C.
Cornelio Escipión Nasica (D. 1, 2, 2, 37)
Quinto Máximo Ruperto (D. 1, 2, 2, 37) Tiberio Coruncanio (D. 1,
2, 2, 38)

Siglo II a. C.
Sexto Elio, Publio Elio, y Publio Atilio (D. 1, 2, 2, 38)
Marco Porcio Catón, el Censor (D. 1, 2, 2, 38)
Marco Porcio Catón Liciniano (D. 1, 2, 2, 38)
Publio Mucio, Marco Junio Bruto y Manilio (D. 1, 2, 2, 39)

Siglo I. a. C.
Quinto Mucio (D. 1, 2, 2, 41)
Aquilo Galo, Balbo Lucilio, Sexto Papirio, Cayo Juvencio (D. 1, 2, 2, 42) Servio
Sulpicio (D. 1, 2, 2, 43)
Alfeno Varo Gayo, Aulo Ofilio, Tito Cesio, Aufidio Tuca, Aufidio Namusa,
Flavio
Prisco, Gayo Ateyo, Pacuvio Labeón Antistio, Cinna, y Publio Gelio (D. 1, 2, 2,
44)
Trebacio y Aulo Caselio (D. 1, 2, 2, 45) Tuberón (D. 1, 2, 2, 46)

Siglo I d. C.
Casianos Proculeyanos
Ateyo Capitón Antistio Labeón, hijo (D. 1, 2, 2, 47)
Masurio Sabino Nerva (D. 1, 2, 2, 48)
Gayo Casio Longino (D. 1, 2, 2, 51) Próculo (D. 1, 2, 2, 52)
Celio Sabino Pegaso (D. 1, 2, 2, 53) Prisco Javoleno Celso (D. 1, 2, 2, 53)

9
Siglo I d. C.
Casianos Proculeyanos
Aburnio Valente, Tusciano y Salvio Celso, hijo, y Prisco Neracio (D. 1, 2, 2,
53)
Juliano

Títulos III y IV. Definiciones de ley, senadoconsulto, costumbre y constituciones de los


príncipes
Tras la explicación de los conceptos fundamentales del Derecho romano y del repaso tanto
de su desarrollo como de sus representantes más importantes, el Digesto da paso a la
exposición de las fuentes que lo conformaron, a saber, la ley, el senadoconsulto, la
interpretación de los prudentes, la costumbre y las constituciones de los príncipes. En el título
III, se encuentra la exposición de los conceptos de ley, senadoconsulto, interpretación de los
prudentes y costumbre, mientras que el IV está dedicado únicamente a las constituciones
imperiales.

La ley
Así pues, en el principio del título III se define ley como la convención social que establece
los preceptos que se han de respetar para una mejor convivencia 46; sin embargo, no se debe
olvidar que la ley, como herramienta del Derecho, surge de un orden superior al humano. El
Digesto justifica el carácter universal de este concepto por medio de dos importantes
personajes griegos, Demóstenes y Crisipo, quienes plantean que la ley es un acuerdo entre
los hombres para su mejor convivencia, el cual tiene un origen divino 47. Finalmente, para
fines prácticos, la ley tiene la virtud de imperare vetare permittere punire (imperar, vetar,
permitir y castigar)48. Por tanto, es necesario que la ley sea establecida a partir de lo general
y no de lo particular49.
Para que se estableciera una ley, debía ser propuesta por alguno de los magistratus
maiores en los comicios centuriados, en donde se votaba, de modo que fuera aceptada o
rechazada de manera absoluta, es por eso que se les conoce como leges rogatae. Por
último, para consumar su establecimiento tenía que obtener la auctoritas patrum, es decir, la
autorización del Senado, la cual más tarde fue prescindible. Por último, cuando la ley contaba
con la entera aprobación, se le designaba con el nombre del magistrado que la había
propuesto.
Toda ley rogada está constituida por tres partes 50: la praescriptio, un encabezado que
contenía el nombre del magistrado que la propuso, la fecha y el lugar de los comicios, así
como el primer votante de la ley; la rogatio, lo propuesto por el magistrado, incluyendo las
sanciones por su violación; y la sanctio, conjunto de cláusulas en las que se aclaraban las
ambigüedades que pudieran surgir en relación con otras normas ya establecidas.

46 Cfr. D. 1, 3, 1.
47 Cfr. D. 1, 3, 2. Vid. supra p. XXVII.
48 Cfr. D. 1, 3, 7.
49 Cfr. D. 1, 3, 3; 1, 3, 4; 1, 3, 5; 1, 3, 6; 1, 3, 8; 1, 3, 12.
50 di Pietro, Alfredo y Ángel Enrique Lapieza Elli, MDR, p.76.
10
El Senadoconsulto
La segunda fuente del Derecho mencionada en el Digesto es el senadoconsulto51, el cual en
un principio no tenía un carácter obligatorio, sino que, como su nombre lo señala, era tan
sólo un consejo del senado para los magistrados; no obstante, con el tiempo adquirió el
mismo valor que la ley52; es por eso que al igual que la ley se constituye con base en los
casos más frecuentes53. Otra enorme semejanza con las leyes rogadas radica en que
ostentan el nombre del magistrado que convocó al senado54.

La interpretación de los prudentes


Tras el establecimiento de las leyes y los senadoconsultos, debe tomarse como otra fuente
del Derecho, no menos importante, la interpretación de los prudentes, también conocida
como ius non scriptum (derecho no escrito)55; pues ésta sirve para dilucidar el sentido de las
palabras de la ley56.
Debido a que la interpretación parte del juicio que los prudentes tienen sobre una ley, es
necesario tomar en cuenta las aclaraciones que hace el Digesto con respecto a esta fuente;
a saber, se debe tomar siempre aquella interpretación que no contenga contracciones y que
abarque la ley en su totalidad, y rechazar la que en su afán de apegarse a las palabras de la
ley se aleja del beneficio de los hombres57. Pues, como mencioné, el Derecho busca el
equilibrio dentro de una comunidad58.

La costumbre
La costumbre constituyó en Roma una importante fuente del Derecho, pues toda costumbre,
al igual que toda ley, es aceptada por medio del consenso de la población, es por eso que,
aun sin estar escrita, tiene un carácter obligatorio 59; de hecho, su constante uso y eficacia a lo
largo del tiempo explica el porqué de la falta de su asentamiento formal 60. Para corroborar la
validez de la costumbre debe indagarse si siempre fue del mismo modo 61. Cabe mencionar
que el Derecho consuetudinario fue ocupado durante los inicios de Roma; sin embargo, con
el paso del tiempo cayó en desuso62.

Las constituciones de los príncipes.


Asimismo, las constituciones imperiales conforman una fuente más del Derecho romano, que
por la lex de imperio se les confiere el mismo valor que a cualquier ley63. Se debe entender
por constituciones imperiales toda disposición dictada por el Emperador. Al principio del
Imperio, los príncipes no hacían estas constituciones de manera explícita, sino que por medio

51 Cfr. D. 1, 3, 9.
52 Vid. n. 12 al texto en español.
53 Cfr. D. 1, 3, 10; 1, 3, 12.
54 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §86, 4.
55 Cfr. D’Ors, DRP §§15, 53 n. 2 y § 55. Iglesias, DR. pp. 47 y 100; Kaser, DRP. p. 26.
56 Cfr. D. 1, 3, 11; 1, 3, 17; 1, 3, 18; 1, 3, 19. Vid. n. 15 al texto en español.
57 Cfr. D. 1, 3, 24-25.
58 Vid. supra p. XXV-XXVI.
59 D. 1, 3, 32; 1, 3, 33 y 1, 3, 35.
60 Cfr. D. 1, 3, 36.
61 Cfr. D. 1, 3, 34.
62 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §27, 1.
63 Cfr. D. 1, 4, 1 pr.
11
de una oratio la sugerían a los comicios o bien al Senado; fue con el tiempo que comenzaron
a legislar de manera directa64.
Las disposiciones imperiales podían ser: edicta, cuando estaban dirigidas al pueblo;
mandata, dirigidas a los magistrados; decreta, sentencias emitidas por el emperador tras
escuchar a su consilium; y rescripta, contestaciones del Emperador, las cuales se dividen a
su vez en epistula, si el príncipe contestaba por medio de una carta, y en subscriptio, en caso
de que anotara la respuesta en la misma misiva65.

Derecho singular
Para una mejor comprensión de este Derecho, se debe entender como general y regular al
resto del Derecho, pues es éste último el conjunto de acuerdos y principios establecidos por
la sociedad romana; en cambio, el Derecho singular se introduce, en contra de lo constituido,
debido a una necesidad, ya sea de un individuo o bien de un gremio, por ejemplo, los
testamentos de los militares. En otras palabras, el Derecho singular es un
Derecho especial, que se aleja de la normalidad siempre y cuando sea evidente su utilidad;
razón por la cual debe quedar restringida a quien o a quienes se le otorga y no extenderse a
las demás personas66.

El fraude
Desde un punto de vista hermenéutico, toda disposición oficial está conformada por tres
elementos fundamentales: a) Sententia o mens (sentido). b) Littera o scripta (tenor literal).
c) Ratio o voluntas (finalidad de la regulación legal). Muchas veces estos tres elementos no
tienen una correspondencia plena, de ahí que sea necesaria la interpretación de los juristas
para dilucidar cualquier ambigüedad67, pues cuando sólo se toma en cuenta la scriptura de la
ley pero no la sententia y la ratio, se comete fraude68.

8. Síntesis
En los títulos III y IV se explican las cuatro fuentes básicas del Derecho, que a su vez se
pueden dividir en disposiciones oficiales y no oficiales; entre las primeras, se encuentran las
leyes, los senadoconsultos y las constituciones imperiales, mientras que la costumbre y la
interpretación de los prudentes no cuentan con este carácter; no obstante, la costumbre tiene
la misma validez que cualquiera de las disposiciones mencionadas y, por su parte, la
interpretación es una herramienta indispensable para el uso óptimo del resto de las
disposiciones oficiales.
Estas fuentes del Derecho no permanecieron intactas a lo largo de la historia de Roma, sino
que debieron adecuarse a los cambios que en ella surgieron. Pues para que el Derecho
pueda ser útil a una sociedad determinada, debe responder a las necesidades de ésta y, por
tanto, renovarse tantas veces como sea necesario84.

Títulos V-VII. Condición legal de las personas


Puesto que totum autem ius constitit aut in adquirendo aut in conservando aut in minuendo:
aut enim hoc agitur, quemadmodum quid cuiusque fiat, aut quemadmodum quis rem vel ius
suum conservet, aut quomodo alienet aut admittat (todo el Derecho consiste en adquirir, en

64 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §27, 7; Kunkel, HDR. pp. 137-138.


65 D. 1, 1, 4, 1. Vid. nn. 116-119 al texto en español.
66 Cfr. D. 1, 3, 14; 1, 3, 15; 1, 3, 16. Guzmán Brito, DPR. T. I. pp. 96-98.
67 Vid. n. 15 al texto en español.
68 Cfr. D. 1, 3, 29 y 30. 84 D. 1, 3, 13.
12
conservar o en disminuir; pues éste se ocupa de cómo algo se hace de cada uno, de qué
modo alguien conserva una cosa o su derecho, o de qué manera se enajena o se pierde) 69,
es necesario explicar cuál es la calidad de cada una de las personas y de las cosas según el
propio Derecho.
El término persona es tomado del teatro, en ese ámbito hacía referencia a las máscaras que
utilizaban los actores, a partir de las cuales el público podía identificar cuál era el papel que
estaba interpretando debido a que contaba con características definidas que eran
identificadas automáticamente por la audiencia. Es así que el Derecho agrega este vocablo a
su jerga para aludir a todos los participantes y, del mismo modo que el teatro, clasifica a las
personas según sus características, pero jurídicas70.
La primera clasificación de las personas es entre libres y esclavos 71. Con respecto a la
esclavitud, es importante remarcar que para los romanos, según el Derecho natural, todos
los hombres eran iguales72; así pues, la calidad de esclavo corresponde al Derecho civil y al
de gentes. En otras palabras, el esclavo siempre fue reconocido como hombre (homo), de
ahí que se le agrupara dentro de las personas; sin embargo, en tanto que podía formar parte
del patrimonio, se le consideraba también una cosa (res)73. Las personas libres se clasifican,
a su vez, en ingenuos (nacidos libres) y libertos (los manumitidos)74.
La segunda división es entre personas sui iuris (dueño de su potestad) y alieni iuris
(sometido a la potestad de alguien más); dentro de las últimas se encuentran la mujer casada
cum manu, los hijos, los descendientes de éstos y los esclavos de un sui iuris75. Tanto
hombres como mujeres pueden ser sui iuris, el hombre es llamado pater familias y la mujer
mater familias 76.
La potestad sobre las personas no sólo se adquiere por nacimiento, sino también por
adopción; ésta se divide en dos tipos: se llama propiamente adoptio (adopción) cuando se
adquiere la potestad de un alieni iuris, este procedimiento debe hacerse por medio de un
magistrado; mientras que la adrogatio (arrogación) se refiere a la adquisición de los derechos
de un sui iuris y se realiza con la autoridad del príncipe.
Asimismo, los patres familias también renuncian a la potestad de sus hijos, haciendo de
ellos personas sui iuris. Este procedimiento lleva el nombre de emancipatio. Para otorgar
dicha independencia, el pater familias debía vender a su hijo tres veces, tras la tercera venta,
el hijo dejaba la patria potestas y quedaba bajo el mancipium del comprador. Así que para
alcanzar la completa independencia del padre, se hacía una remancipatio en favor del padre,
quien lo manumitía, de modo que el hijo por fin se convertía en sui iuris77.

Título VIII. Condición legal de las cosas


Como mencioné en la página XXV, Aristóteles propone para la impartición de justicia, el
establecimiento de parámetros a través de los cuales se puedan comparar objetos de distinta

69 D. 1, 3, 41.
70 Cfr. Guzmán Brito, DPR. T. I. p. 272; Padilla Sahagún, DR. §29.
71 Cfr. D. 1, 5, 3.
72 Cfr. D. 1, 1, 4. Vid. supra pp. XXVI-XXVII.
73 Cfr. Padilla Sahagún, DR. §32.
74 Cfr. D. 1, 5, 5, pr.; 1, 1, 4. Vid. n. 9 al texto en español.
75 Cfr. D. 1, 5, 1, pr.; 1, 5, 1, 1; 1, 5, 3.
76 D. 50, 16, 46, 1. Cfr. Guzmán Brito, DPR, T. I. p. 275.

94
77 XII Tablas 4, 2. Cfr. D. 1, 8,
1.
13
índole. De ahí que fuera tan importante la clasificación de las cosas dentro del Derecho
romano.
La primera división de las cosas se encuentra entre las divinas y las humanas; las primeras
comprenden lo sagrado, lo santo y lo religioso y, por ende, no pertenecen a nadie; mientras
que las segundas, por lo regular, están bajo el poder de alguien. Las cosas humanas se
clasifican, a su vez, en públicas, las que pertenecen a la colectividad, y en privadas, propias
de los particulares.
Una segunda clasificación consiste en distinguir las cosas corporales, todo lo tangible, de las
incorporales, lo que no puede ser percibido por los sentidos, como los
derechos94.

Títulos IX-XXII. Sobre los senadores y diversas magistraturas


Finalmente, los últimos catorce títulos del primer libro están dedicados a la calidad senatorial
y a diferentes magistraturas; en algunos casos se específica la jurisdicción que tienen o la
forma de adquirir esa dignidad. Las magistraturas que se abarcan son el consulado, la
prefectura del pretorio, la prefectura de la urbe, los pretores, la prefectura de los vigilantes, el
proconsulado y los legados, la prefectura augustal, el proconsulado y los legados del César,
los regentes de las provincias, la procuraduría del César, el ministerio jurídico y el ministerio
de asesores.
Para una mayor comprensión sobre las funciones de los magistrados que existieron en
Roma, no sólo en época de Justiniano sino incluso desde la monarquía, se ha de regresar al
Título Segundo78.

NOTA A LA TRADUCCIÓN
Para la presente traducción, que abarca los primeros cuatro títulos del libro primero del
Digesto, se utilizó la vigésima segunda edición de Mommsen-Krüger que data de 1973. Esta
versión trata de respetar de la manera más fiel el texto, de manera que intenta conservar el
orden del latín en la medida de lo posible y únicamente se ha cambiado cuando no ha sido
factible conservar el orden y el sentido en español, entonces, se ha optado por preservar el
sentido.
En aras de ofrecer una mayor claridad del texto, se ha preferido utilizar los términos jurídicos
correspondientes y no una traducción literal; tarea en la que me ha asesorado de cerca el
Mtro. Gumesindo Padilla Sahagún. Asimismo, la traducción cuenta con una serie de notas
aclaratorias sobre el texto, además de la mención de varios pasajes paralelos, éstos últimos
se encuentran en las notas del texto latino.

CONCLUSIÓN
El Digesto es una obra fundamental para entender la literatura latina, el Derecho romano y
los Derechos vigentes. Los títulos I-IV del libro primero, objeto de esta tesis, comprenden
bases teóricas como los conceptos de justicia y Derecho, una breve síntesis de la historia de
la conformación, así como las fuentes del sistema jurídico romano. Todos estos elementos
son esenciales para adentrarse en el estudio pragmático del Derecho romano y para
comprender cómo logró mantenerse vigente por tanto tiempo, e incluso ser modelo para
otros sistemas jurídicos.

78 Cfr. D. 1, 2, 2, 13-35.

14
En relación con la forma, es evidente que existe una diferencia entre los títulos I y II con
respecto de los III y IV, pues en los primeros, la estructura del texto es muy clara, no así en
los siguientes dos. En el primero la posición de cada uno de los doce fragmentos es un
apoyo para el desarrollo de los temas del Derecho público y del privado. Por su parte, el
segundo título, puede explicar su buena estructura porque se trata sólo de dos fragmentos; el
primero funge como prefacio y el segundo aborda, de manera bastante cuidada, el origen del
Derecho, de las magistraturas y, además, ofrece una cronología de los prudentes más
importantes.
El tercer título, en cambio, carece de organización, pues aunque existe relación entre
algunos fragmentos contiguos, de pronto salta de un tema a otro, sin razón aparente; por
ejemplo, el fragmento 28 versa sobre la vigencia de las leyes, los tres siguientes, sobre el
fraude, y el 32, sobre la ley Augusta.
Por último, el cuarto título, debido a la breve extensión de sus cuatro fragmentos, no parece
presentar el mismo desorden que el anterior, no obstante, tampoco posee una estructura tan
clara como la de los dos primeros títulos.
A través de los títulos traducidos se revela la existencia de un latín especializado para la
materia del Derecho, prueba de esto es: 1) la serie de conceptos que se explica a lo largo del
texto, tales como la clasificación y las fuentes del Derecho; 2) los nombres de las diferentes
magistraturas; 3) las etimologías que proporciona el texto, concentradas mayormente en el
segundo título.
Además, se puede hablar también de un estilo jurídico, que consiste en el uso de fórmulas y
en la presentación concisa de lo que se quiere decir. Sin embargo, cabe señalar que dentro
del texto existe cierta variación en el estilo, debido a los diferentes autores y a los diferentes
compiladores; esto se aprecia especialmente en los fragmentos de mayor extensión.

15
ETIMOLOGIA
La palabra DIGESTO deriva del latín «digestum», derivado a su vez de «digerere», que
significa 'distribuir', 'ordenar', 'distribución sistemática'.
CONCEPTO
El Digesto es la ordenación cronológica de las decisiones de los tribunales o jurisprudencia
(iuras) con comentarios de los principales jurisconsultos romanos.

Los comentarios eran de Mucio Scaevola, Arcadio Carisio y Hermogeniano y con predominio
de textos procedentes de Paulo y Ulpiano.

El «Digesto» era la parte más voluminosa de la recopilación Corpus Iuris civilis.

Actualmente, el término «Digesto», no solo se aplica a la codificación del Derecho romano,


sino también, y por extensión a la compilación ordenada de toda norma jurídica.

Triboniano. Bajorrelieve en la Cámara de Representantes de EE.UU. Photo © LEXUS™


ANTECEDENTES
Justiniano I el 15 de diciembre del año 530, por la constitución Deo Auctore, creó una
comisión presidida por el entonces quaestor sacri pqlatii, Triboniano, para realizar la tarea de
sistematizar y ordenar las opiniones de los jurisconsultos (iuras) que habían gozado del ius
respondendi y formar con ellas un cuerpo de doctrina legal.

El 16 de diciembre del 533 se concluyó la obra, quedando sancionada con el nombre de


Digesta—en tributo un anterior Digesta de Juliano—.

CONTENIDO
El «Digesto» contiene miles de extractos de las opiniones de los jurisconsultos romanos: los
iuras, del siglo I a.C. al siglo IV d.C., siendo el jurisconsulto más antiguo que se cita Q. Mucio
Scaevola y entre los más recientes figuran Arcadio Carisio y Hermogeniano.

Digesto está compuesto de 50 libros dividido en 7 partes. Cada libro subdividido en títulos
con sus respectivas rúbricas, indicadoras de las materias que trata el título.

PARTE PRIMERA. Libros I a IV contienen las nociones generales del derecho y lo relativo a
jurisdicción e introducción a la instancia.

1. De la justicia y del derecho de los tutores y de los curadores. Véase títulos I, II.

2. De la jurisdicción a de las transacciones. Véase títulos I, II.

3. Del abogar a de los calumniadores. Véase títulos I, II.


16
4. De las restituciones por entero a que los marineros, venteros y mesoneros restituyan las
cosas de que se hubieren encargado. Véase títulos I, II, III, IV.

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