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Tips para escribir un cuento eficaz

El documento ofrece una guía con consejos para escribir un cuento, enfatizando la importancia de dejar madurar la historia antes de escribirla y de tener claro el final. Se destaca la necesidad de construir personajes memorables y de crear una atmósfera que despierte emociones en el lector, así como la relevancia de mantener la tensión y un ritmo adecuado en la narración. Además, se sugiere establecer un ambiente propicio para la escritura, incluyendo la lectura previa como parte del proceso creativo.
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Tips para escribir un cuento eficaz

El documento ofrece una guía con consejos para escribir un cuento, enfatizando la importancia de dejar madurar la historia antes de escribirla y de tener claro el final. Se destaca la necesidad de construir personajes memorables y de crear una atmósfera que despierte emociones en el lector, así como la relevancia de mantener la tensión y un ritmo adecuado en la narración. Además, se sugiere establecer un ambiente propicio para la escritura, incluyendo la lectura previa como parte del proceso creativo.
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Algunos tips para la escritura de un cuento

Eduardo Antonio Parra

Aunque estuve tentado a escribir una suerte de ensayo, o artículo, donde se


expusieran mis ideas sobre la escritura de un cuento, al final, mientras repasaba
algunos de los aspectos que considero esenciales para plasmar una historia, consideré
que era mejor enumerarlos, a manera de una breve guía, con el fin de que quien lea
estas palabras pueda distinguirlos mejor. Van pues, algunos tips, algunas notas que,
estoy seguro, serán de utilidad para quien esté interesado en iniciarse en el oficio de
cuentista.

 Para escribir un cuento, a menos de que sea evidente (es decir, que alguien nos
la haya contado), por lo regular uno no tiene idea de por qué se le ocurrió una
historia, de dónde surgió, pero está ahí, paseándose en nuestro cerebro, dando
vueltas para que reparemos en ella y la llevemos a la escritura. No importa si se
nos ocurrió al recordar un sueño, al ver en la calle una escena o una imagen
que nos interesó, si se generó en nosotros debido a que escuchamos una frase
que nos gustó o porque de algún modo la visualizamos completa de una sola
vez, como si fuera un “regalo de las musas”, la historia comienza a adquirir
forma en nuestro imaginario como si pidiera “a gritos” que la contemos.

 Sin embargo, no hay que ponerse a escribirla de inmediato. Es preciso que la


dejemos madurar, acabar de configurarse en nuestra mente hasta que esté más
o menos acabada. Debemos pensarla, meditarla, construirla de principio a fin
con la imaginación, hasta que podamos “verla” a manera de una película
mental, si no con todos sus detalles, al menos sí con la mayoría de sus escenas.

 ¿Por qué no escribir la historia desde que aparece en nuestra imaginación desde
la primera vez? Porque si no la tenemos más o menos completa, al momento de
ponernos a escribir vamos a empezar a titubear (“¿Qué sigue?”, “¿Por dónde le
doy?”, “¿Qué hago con este personaje?”), y esos titubeos resultan visibles en el
texto para el lector. Si no sabemos a dónde se dirigen las acciones de nuestra
historia, el lenguaje pierde firmeza y precisión, habrá escenas que no aporten
nada al argumento principal y fallaremos en uno de los aspectos esenciales de
un cuento: el de la economía de recursos y de lenguaje. Por ello, uno de los
elementos que debemos visualizar antes de ponernos a escribir es el final de la
historia, que nos servirá de orientación, de faro, para llevar nuestras palabras
hasta él.

 Ya que tenemos ubicado el final de nuestro cuento —que debe ser fuerte,
contundente—, podemos decir que en nuestra mente la historia está completa.
Entonces debemos elegir el inicio entre todas las escenas que la conforman.
Todas las historias tienen un principio y un fin naturales (“empiezan por el
principio y acaban en el final”, sí) pero, en el momento de la escritura lo más
seguro es que nos demos cuenta de que, con el fin de conseguir esa economía
del lenguaje y de recursos antes mencionada, tal vez debamos dislocar el
tiempo de la narración e iniciar en medio, casi al final, o en cualquier otro sitio
de ella. Esto para conseguir un arranque atractivo, que atrape al lector desde el
primer párrafo. Ya después veremos cómo acomodamos las acciones en el
“tiempo narrativo” como mejor le convenga al cuento.

 La economía de lenguaje en un cuento significa que todas las escenas incluidas


en él, todas las frases y oraciones, todas las palabras, todos los recursos están
encaminados a producir un “efecto final” en el lector. Es decir, cuando
sabemos a qué final nos encaminamos, escribimos en función de ese final y, si
lo hacemos bien, nuestro cuento será eficaz y tal vez inolvidable para quien lo
lea. Esto hay que tomarlo en cuenta al construir la atmósfera donde se
desenvuelven nuestros personajes, que también debe concebirse de acuerdo
con las emociones que queremos despertar en el lector, sobre todo en el final.
 La atmósfera es el ambiente físico y emocional que rodea a los personajes
durante las acciones. Puede ser ligera (apenas apuntada en algunos rasgos) o
densa (construida con detalle), pero al momento de estar construyéndola,
escribiéndola, no debemos olvidar que debe apoyarse en los cinco sentidos de
los personajes. Así, debemos acudir a sensaciones táctiles, aromas, sonidos (no
sólo los de las palabras de los personajes), imágenes visuales, sabores. Las
sensaciones internas de los personajes (dolores, placeres, molestias) también
son importantes para construir una atmósfera eficaz, que ayude a que el lector
conozca de mejor manera a los personajes y establezca empatía con ellos.

 No hay que olvidar que lo más importante en una historia narrativa son los
personajes. Ellos son el elemento que resulta más memorable para cualquier
lector. Por lo mismo, debemos construirlos al mismo tiempo que construimos
la historia, en nuestra mente. Y aunque la historia que escribimos tan sólo
ocupa un fragmento en la vida de ellos, tenemos que conocerlos bien. No
importa que eso no vaya en el cuento, hay que imaginar cómo fueron su
infancia, su adolescencia, si han sufrido o han sido felices, cómo fue su vida
hasta el momento en que aparecen en nuestra historia. Sólo así los dotaremos
de coherencia, de densidad psicológica, de verdadera humanidad.

 Ya que sabemos cómo son nuestros personajes, sobre todo el protagonista, hay
que presentarlo al lector en plena acción, es decir, sin “presentárselo” al
principio, sino poniéndolo en movimiento para que el lector lo vaya
conociendo conforme lee. Para esto es necesario, durante las acciones que
realiza, expresar qué es lo que siente, qué es lo que piensa, qué es lo que desea,
qué es lo que teme, qué sensaciones percibe de su entorno (olores, sabores,
temperaturas, texturas, ruidos y sonidos, imágenes), qué recuerda en ese
momento, qué le duele, qué disfruta, qué reflexiones se suscitan en su mente,
qué hace en el momento de la narración. Más que una descripción física y una
biografía, son estos los detalles que le van diciendo al lector cómo es el
personaje, con lo que siente empatía hacia él.
 Existen otros elementos a los que debemos poner atención cuando escribimos
un cuento. Por ejemplo, la tensión. Es preciso anudarla desde el principio, pues
un cuento sin tensión es como un alimento insípido que aburre a las primeras
de cambio. La tensión se anuda con una suerte de promesa implícita, donde el
lector queda convencido de que algo grave, algo fuerte, va a ocurrir párrafos o
páginas después, lo que estimula su curiosidad por la historia. Otro elemento
sería el ritmo del lenguaje. No hay que olvidar que, si usamos puras frases
cortas, el ritmo será algo telegráfico, monótono, y a la larga cansa o aburre al
lector. Que, si usamos puras frases largas, el ritmo será también un tanto soso y
tedioso a la larga. Por lo tanto, habría que establecer una combinación entre
frases cortas, largas y medianas, buscando cierta musicalidad en nuestro
discurso. Esa es una de las razones por las que deberíamos leer poesía siempre:
los poetas son los amos del ritmo en el discurso literario y deberíamos de
aprender de ellos todo lo que podamos.

 También debemos procurarnos un buen ambiente para la escritura. Esto es, un


sitio cómodo donde podamos concentrarnos a la perfección, donde podamos
estar sin que nos interrumpan por periodos prolongados de tiempo, con todas
las cosas que necesitemos para ello (café, por ejemplo, música, una silla
cómoda, libros que nos estimulen, tal vez silencio). No resulta nada
desdeñable, además, leer un rato, acaso una hora, antes de emprender la
escritura. Leer, además de darnos ideas sobre procedimientos del lenguaje, de
escritura, es una buena manera de meternos en esa atmósfera mental propicia
para la creación que tanto se parece al estado hipnótico. Al leer nos salimos de
nuestro mundo cotidiano y la mente se instala en ese universo de ficción en el
que se desenvolverá la escritura de nuestra historia. Un largo rato de lectura,
pues, suele prepararnos para enfrentar las historias que se generan en nuestro
cerebro, en nuestra imaginación, y que pretendemos convertir, a través de las
palabras, en un cuento eficaz.

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