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Infecciones VAS

El documento aborda la semiología de las infecciones de las vías aéreas superiores, destacando la importancia de reconocer sus síntomas y signos, especialmente en poblaciones vulnerables. Se describen las infecciones respiratorias agudas, el resfrío común, sinusitis, influenza, otitis externa, otitis media aguda y faringitis aguda, enfatizando su alta frecuencia y el impacto en la salud pública. Aunque la mayoría son autolimitadas, algunas pueden complicarse y requieren atención médica adecuada.

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Infecciones VAS

El documento aborda la semiología de las infecciones de las vías aéreas superiores, destacando la importancia de reconocer sus síntomas y signos, especialmente en poblaciones vulnerables. Se describen las infecciones respiratorias agudas, el resfrío común, sinusitis, influenza, otitis externa, otitis media aguda y faringitis aguda, enfatizando su alta frecuencia y el impacto en la salud pública. Aunque la mayoría son autolimitadas, algunas pueden complicarse y requieren atención médica adecuada.

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INFECCIONES DE LA VIA AEREA SUPERIOR (IVAS)

El presente texto ofrece un resumen sobre la semiología de los cuadros clínicos más
comunes que afectan las vías aéreas superiores, enfocándose en los síntomas y signos
característicos de estas condiciones. Se omitirán aspectos relacionados con el diagnóstico
microbiológico y el tratamiento, que serán abordados en otras cátedras con especialistas en
el área.

Las enfermedades del sistema respiratorio constituyen una de las principales razones de
consulta médica a nivel mundial, tanto en el ámbito ambulatorio como en el hospitalario, y
se sitúan entre las primeras causas de mortalidad. Estas patologías impactan a toda la
población, siendo especialmente vulnerables los niños menores de 5 años y los adultos
mayores de 65 años.

Aunque la mayoría de estos cuadros clínicos presentan una gravedad moderada y tienden a
ser autolimitados, su alta frecuencia los convierte en la principal causa de ausentismo
escolar y laboral. Por lo tanto, es fundamental comprender sus manifestaciones para una
adecuada evaluación y manejo en la práctica clínica.

Las infecciones respiratorias agudas se definen como aquellas infecciones que afectan el
aparato respiratorio, causadas por virus o bacterias, con una duración menor a 15 días. Estas
condiciones se manifiestan con síntomas típicos del sistema respiratorio, tales como tos,
rinorrea, obstrucción nasal, odinofagia, disfonía y dificultad respiratoria, que pueden
presentarse con o sin fiebre. Entre los cuadros más comunes se encuentran la rinitis, la
faringitis y la otitis media aguda, siendo la mayoría de ellos de origen viral. Dada su
presentación aguda, muchas veces son atendidos en los servicios de urgencia o salas de
guardia.

Es importante destacar que, aunque la mayoría de estas infecciones son autolimitadas,


algunas pueden volverse persistentes y evolucionar hacia entidades crónicas, como la
sinusitis crónica. El equipo de salud debe prestar especial atención a los pacientes con
factores de riesgo asociados, ya que estos pueden experimentar una evolución desfavorable
de la enfermedad, incluyendo casos de muertes potencialmente evitables.

El aparato respiratorio está constantemente expuesto a una variedad de agentes infecciosos.


Cuando estos logran superar los mecanismos defensivos del organismo, pueden provocar
una amplia gama de afecciones. Es común que los alvéolos se vean comprometidos de
manera secuencial o simultánea con la vía aérea; sin embargo, generalmente predomina el
compromiso de uno de estos compartimentos, lo que influye en las características clínicas,
la evolución y el pronóstico de los pacientes.
Los principales mecanismos de contagio incluyen la inhalación de aerosoles o microgotas
que contienen gérmenes, así como la inoculación de secreciones infectadas en las mucosas
nasal, ocular o bucal, a través del contacto de manos contaminadas. Aunque estas
infecciones pueden surgir en cualquier época del año, su incidencia tiende a aumentar
durante los meses más fríos, especialmente a finales de otoño e invierno. Esto se debe a que
las condiciones climáticas favorecen la transmisión, ya que las personas pasan más tiempo
en espacios cerrados y las microgotas mantienen su humedad por más tiempo en ambientes
fríos. Asimismo, son más frecuentes en lugares donde las personas comparten largas horas
en un mismo entorno, como guarderías, geriátricos y penitenciarías.

Se estima que el 90% de los casos de IRAs son de origen viral, siendo los principales
causantes los virus respiratorios, tales como el rinovirus, los virus de la influenza A y B, el
virus parainfluenza, el virus sincicial respiratorio y el adenovirus. Entre los agentes
bacterianos más relevantes se encuentran Streptococcus pneumoniae, Haemophilus
influenzae, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae, Streptococcus spp. y
Moraxella.

RESFRÍO COMÚN

El resfrío común, también conocido como rinitis, coriza o catarro común, es una patología
altamente frecuente que afecta a personas de todas las edades. El contagio se produce por
vía aérea o a través del contacto directo con secreciones infectadas, generalmente mediante
las manos.

La incidencia del resfrío común alcanza su pico durante los meses fríos del invierno. Existen
factores genéticos que pueden influir en la susceptibilidad individual a esta enfermedad. En
la mayoría de los casos, la etiología es viral, siendo los rinovirus y los coronavirus los agentes
más comunes.

En los niños, se ha demostrado que la asistencia temprana a guarderías y la malnutrición son


factores de riesgo. En los lactantes, el resfrío común a menudo se presenta con fiebre
elevada, que se asocia con irritabilidad, la obstrucción nasal puede provocar trastornos en la
alimentación y en el sueño, y es común que se presenten síntomas digestivos como vómitos
o diarrea.

En niños mayores y adultos, tras un período de incubación de 24 a 48 horas, los síntomas


iniciales incluyen picazón y sequedad en la rinofaringe, estornudos, congestión nasal,
rinorrea serosa, obstrucción nasal y epífora. Por lo general, se observa un leve a moderado
compromiso del estado general, acompañado de una sensación de decaimiento. En algunos
casos, los pacientes pueden experimentar cefalea, así como pérdida del olfato y del gusto.
Aproximadamente la mitad de los afectados presenta fiebre o febrícula, junto con escalofríos
y mialgias.
El cuadro clínico puede incluir tos, que se desencadena como un reflejo por el escurrimiento
nasal posterior o debido a una hiperreactividad bronquial. Durante el examen físico, es
frecuente observar congestión nasal y enrojecimiento de las narinas.

El resfrío común es una enfermedad autolimitada, con una duración promedio de tres a
cuatro días. Sin embargo, puede complicarse con sinusitis, otitis media aguda, crisis
obstructivas en pacientes asmáticos y descompensaciones de enfermedades respiratorias
crónicas, como en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

SINUSITIS

La sinusitis es la inflamación de la mucosa que recubre los senos paranasales.


Generalmente, se presenta como una complicación de una infección de las vías aéreas
superiores de origen viral, que puede ser seguida por una sobreinfección bacteriana.

La obstrucción del orificio de drenaje (meato-cornete), la reducción del aclaramiento ciliar o


el aumento en la cantidad o viscosidad de las secreciones mucosas pueden provocar la
retención de estas secreciones en el interior de los senos, lo que favorece el desarrollo de la
infección.

El cuadro clínico más común de la sinusitis se caracteriza por la persistencia de tos o


rinorrea durante más de diez días, sin aparente mejoría, en el contexto de una infección de
las vías respiratorias superiores. La secreción nasal puede ser fluida o espesa, y su color
puede variar de clara a mucosa o purulenta.

La tos, que puede ser seca o húmeda, suele estar presente a lo largo del día, aunque tiende a
empeorar por la noche, atribuyéndose a la descarga nasal posterior. Otros síntomas que
pueden acompañar a la sinusitis incluyen halitosis y edema palpebral matutino transitorio.
Además, el paciente puede experimentar dolor facial o cefalea, y a menudo refiere una
sensación de congestión al inclinarse hacia adelante o hacia abajo. El estado del paciente
puede ser bueno, estar afebril o presentar febrícula. Hay casos de paciente que presentar
gran congestión nasal, rinorrea y fiebre.

Al examinar a un paciente con sinusitis, es posible encontrar secreción mucopurulenta en


las fosas nasales o en la faringe y mucosa nasal eritematosa. En algunos casos, la presión
sobre los puntos paranasales puede resultar dolorosa, o se puede apreciar un edema blando
e indoloro de los párpados superior e inferior.

Debido a su tendencia a prolongarse y a su potencial para contaminar el resto del aparato


respiratorio, el tratamiento de la sinusitis debe ser enérgico. Algunas complicaciones graves
pueden incluir celulitis orbitaria, abscesos locales y meningitis.
INFLUENZA O GRIPE

La influenza, comúnmente conocida como gripe, es una enfermedad viral altamente


contagiosa causada por los virus de la influenza A y B. Esta enfermedad se transmite de
persona a persona principalmente a través del contacto directo con secreciones
respiratorias generadas al toser o estornudar. También puede propagarse mediante el
contacto con manos o artículos que han estado en contacto reciente con las secreciones
contaminadas.

El período de incubación de la influenza es de unos 2 días, aunque puede variar entre 1 y 5


días. Durante este tiempo, el paciente puede ser contagioso, infectando a otros 24-48 horas
antes del inicio de los síntomas y hasta 4-5 días después de haber comenzado la
enfermedad.

Los síntomas clásicos de la gripe se presentan en la mitad de las personas infectadas. Estos
incluyen fiebre alta de inicio súbito, escalofríos, cefalea intensa, malestar general y mialgias,
que pueden ser bastante intensas. A medida que avanza la enfermedad, se desarrollan
síntomas respiratorios como odinofagia (dolor al tragar), congestión nasal y tos intensa. En
algunos casos, también pueden presentarse síntomas adicionales, como congestión
conjuntival, dolor abdominal, náuseas y vómitos.

Los síntomas sistémicos y la fiebre suelen durar entre 2 y 3 días, aunque rara vez se
extienden más allá de cinco días. Es importante destacar que, aunque la mayoría de las
personas se recupera sin complicaciones, la influenza puede dar lugar a complicaciones
graves. Las complicaciones más frecuentes asociadas con la gripe incluyen neumonía y el
agravamiento de enfermedades respiratorias crónicas preexistentes. Estas complicaciones
pueden ser especialmente peligrosas en poblaciones vulnerables, como niños pequeños,
ancianos y personas con condiciones de salud subyacentes.

OTITIS EXTERNA

La otitis externa es una inflamación que afecta la piel del conducto auditivo externo. Esta
condición presenta una alta incidencia, siendo más frecuente en niños de entre 5 y 12 años,
así como en nadadores.

La causa más común de la infección es el exceso de humedad que se acumula en el


conducto auditivo externo, originado por duchas, natación, baños en termas o condiciones
climáticas húmedas. Además, existen factores predisponentes que pueden contribuir a su
desarrollo, tales como la limpieza excesiva del conducto con elementos inapropiados, que
pueden causar traumatismos locales, así como los cambios en el pH de la piel debido a
lavados inadecuados.
Desde el punto de vista clínico, la otitis externa se manifiesta con un inicio rápido de otalgia
severa (dolor de oído), acompañada de una sensación de calor local y dolor al masticar. El
dolor experimentado por el paciente suele ser desproporcionado en relación con los
hallazgos del examen físico. Además, el paciente puede referir hipoacusia (pérdida de la
audición) o una sensación de oído tapado. En las etapas iniciales, también puede haber
prurito (picazón) en el oído. A diferencia de la otitis media aguda, el antecedente de fiebre es
mucho menos frecuente; cuando se presenta, sugiere un compromiso más allá del conducto
auditivo.

Durante el examen físico, se puede observar una sensibilidad notable al palpar y presionar el
trago, así como al traccionar el pabellón auricular. La otoscopia puede resultar difícil debido
al dolor que experimenta el paciente al contacto, así como a la estenosis (estrechamiento)
provocada por edema difuso del conducto auditivo externo. Aunque la otorrea (secreción del
oído) puede estar presente, no es un signo necesario para el diagnóstico.

Es común encontrar adenopatías sensibles en las áreas preauriculares o retroauriculares. En


estados avanzados de la enfermedad, la membrana timpánica puede aparecer eritematosa o
deslustrada, y puede acompañarse de eritema y edema del pabellón auricular y la piel
adyacente.

OTITIS MEDIA AGUDA

La otitis media aguda (OMA) es la inflamación del oído medio, que puede presentarse con o
sin perforación timpánica, afectando también a la caja timpánica, la trompa de Eustaquio y
la mastoides. Se considera "aguda" cuando el cuadro clínico persiste hasta tres semanas.

Este tipo de otitis es generalmente secundaria a una infección de las vías respiratorias
superiores, como el resfriado común o la faringitis aguda. Es más común en niños de entre 6
meses y 2 años. Las bacterias suelen colonizar primero la mucosa nasofaríngea y luego
llegan al oído medio a través de la trompa de Eustaquio. Esto puede ocurrir por aspiración o
inyección directa al sonarse, estornudar o bostezar. Los agentes etiológicos más frecuentes
incluyen Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, seguidos de Streptococcus
pyogenes, Staphylococcus aureus y Moraxella catarrhalis.

Desde el punto de vista clínico, la otitis media aguda se caracteriza por un inicio súbito de
otalgia, que es el síntoma principal. Este dolor es intenso, persistente y frecuentemente
empeora durante la noche. Puede intensificarse al tragar, masticar o sonarse la nariz, ya que
estos actos generan cambios en la presión interna del oído. Si el tímpano se perfora, es
común que el dolor disminuya y aparezca una otorrea purulenta.
Los pacientes también pueden referir una sensación persistente de tener el oído tapado, lo
que puede causar sordera en el oído afectado. En algunos casos, se puede observar
descarga a través del conducto auditivo. En los niños pequeños, la otitis media aguda a
menudo se acompaña de fiebre, náuseas, vómitos y diarrea.

La exploración del oído mediante un otoscopio permite examinar la membrana timpánica, la


cual suele estar abombada y puede mostrar un nivel líquido detrás de ella.

El cuadro clínico puede complicarse con mayor cefalea, vértigo, acúfenos, escalofríos y
fiebre alta. La mastoiditis aguda es una complicación y se caracteriza por la progresión de la
infección más allá de la mucosa respiratoria que recubre el oído medio, afectando primero al
hueso mastoideo y luego a las regiones adyacentes. En la mayoría de los casos, la infección
se exterioriza bajo el periostio retroauricular, lo que se traduce en fiebre y una tumefacción
retroauricular inflamatoria y dolorosa que desplaza el pabellón auricular, conocido como el
signo de Jacques.

FARINGITIS AGUDA

La faringitis aguda es un proceso inflamatorio que afecta la faringe, constituyendo una de las
enfermedades más comunes de las vías aéreas superiores y, en general, de las infecciones.
Este padecimiento afecta de forma predominante a niños entre 3 y 15 años.

La mayoría de los casos de faringitis aguda son causados por virus. Sin embargo, en
aproximadamente el 30% de los niños y el 5-10% de los adultos, la infección es provocada
por el estreptococo betahemolítico del grupo A (SBHA). Entre los agentes virales
responsables se encuentran: adenovirus, Influenza, Enterovirus, Virus Parainfluenza, Herpes
simplex, Epstein-Barr

Uno de los mayores retos en el manejo de la faringitis aguda es determinar si la causa es el


SBHA. En pacientes con síntomas de faringitis aguda, cuando la clínica y la epidemiología no
son suficientes para establecer una etiología viral, es esencial descartar la infección por
SBHA. La semiología característica de la faringitis por SBHA incluye:

• Edad más afectada: Entre 3 y 18 años


• Estacionalidad: Más frecuente en invierno y primavera.
• Contexto epidemiológico: Reconocimiento de casos previos en el entorno familiar o
escolar.
• Inicio agudo: Dolor súbito localizado en la faringe, acompañado de odinofagia (dolor
al tragar).
• Síndrome febril: Inicio súbito de fiebre, decaimiento, cefaleas y escalofríos.
• Síntomas gastrointestinales: Dolor abdominal e incluso vómitos.
• Erupción cutánea: Puede presentarse simultáneamente con una erupción similar a la
escarlatina.
• Signos clínicos: Eritema y exudado amarillento o blanco en la faringe y amígdalas
(placas), amígdalas inflamadas y petequias en el paladar blando.
• Confirmación del diagnóstico: La presencia de exudado o placas en las amígdalas no
confirma la infección por estreptococo; el diagnóstico definitivo se realiza mediante
un hisopado de fauces.
• Adenomegalia: Es común encontrar adenomegalia "satélite" dolorosa, con
agrandamiento de los ganglios submandibulares o cervicales.

FARINGITIS VIRAL

En el caso de la faringitis ocasionada por virus, el grupo más afectado suele ser el de los
menores de 3 años. La semiología en estos casos se caracteriza por:
• Inicio gradual: La aparición de los síntomas es menos abrupta.
• Febrícula: Es menos probable que se presente fiebre alta.
• Compromiso respiratorio: Mayor incidencia de rinitis, conjuntivitis, tos, disfonía,
úlceras o vesículas en la cavidad oral, exantema con características virales y diarrea.
• Adenomegalia: Pueden presentarse adenomegalias submandibulares múltiples.

Aunque la faringitis aguda suele ser un cuadro benigno, pueden surgir complicaciones
supurativas debido a la invasión de estructuras avecinas o complicaciones no supurativas,
como fiebre reumática, glomerulonefritis aguda o artritis reactiva.

LARINGITIS AGUDA

La laringitis aguda es la inflamación de la mucosa laríngea y de las cuerdas vocales. Esta


condición puede clasificarse según la ubicación de la afección en dos tipos principales:

Laringitis Subglótica

La laringitis subglótica es comúnmente causada por infecciones virales, aunque también es


importante considerar factores como el consumo de tabaco, el abuso de la voz y el reflujo
gastroesofágico. Se caracteriza por:
▪ Inicio progresivo: los síntomas suelen comenzar de manera gradual.
▪ Afonía y Disfonía: la voz puede volverse ronca o incluso desaparecer (afonía).
▪ Tos irritativa: se presenta una tos muy molesta que puede provocar dolor al toser.
▪ Estridor y dificultad respiratoria
▪ Síntomas previos: el paciente puede haber experimentado previamente congestión
en las vías aéreas superiores antes de desarrollar la laringitis.
Laringitis Supraglótica (Epiglotitis)

Aunque muchos casos de laringitis supraglótica son leves, esta patología puede ser
potencialmente grave, ya que puede causar obstrucción severa de la vía aérea. Es una de las
causas más importantes de obstrucción de la vía aérea superior en la infancia, lo cual la
convierte en una urgencia respiratoria. Se caracteriza por:
▪ Edema Inflamatorio: hay un aumento de volumen debido a la inflamación de la
epiglotis.
▪ Triada del Crup: de forma brusca y generalmente por la noche, aparecen tos perruna,
afonía o ronquera, estridor Inspiratorio
▪ Fiebre
▪ En casos graves retracciones Sub-Intercostales y aleteo nasal que son signos de
dificultad respiratoria.
▪ Angustia y ansiedad: tanto el niño como su familia.
▪ El niño tiende a preferir estar sentado, ya que la posición horizontal puede agravar los
síntomas.

En casos graves, la laringitis supraglótica puede resultar en disnea intensa, cianosis,


hipoxemia y distrés respiratorio.

BRONQUITIS AGUDA

La bronquitis aguda, también conocida como traqueobronquitis, es la inflamación de la


mucosa de los grandes bronquios. Este cuadro infeccioso es bastante frecuente y se asocia
a menudo con el desarrollo de resistencias bacterianas debido al uso injustificado de
antibióticos.

En aproximadamente un 30 a 50% de los casos se logra identificar un agente causal. De


estos, el 90% corresponde a virus, lo que demuestra que las infecciones virales son la
principal causa de la bronquitis aguda. Los agentes bacterianos son raramente responsables
como causantes primarios de esta condición, salvo en algunos casos específicos.

La latencia después del contagio suele ser menor de una semana, y la extensión e intensidad
de la inflamación varían según el germen causal y las condiciones individuales del paciente.
La bronquitis aguda afecta preferentemente al epitelio respiratorio, que se exfolia, dejando
extensas zonas de denudamiento que exponen los receptores tusígenos.

La tos es el síntoma constante y más notable. Inicialmente, puede ser irritativa, pero con el
tiempo se vuelve productiva, presentando secreciones mucosas o mucopurulentas. Esta tos
persistente puede causar intenso dolor en la región bronquial y llevar al paciente a
experimentar fatiga y malestar general.
El examen físico torácico puede ser normal; sin embargo, es común encontrar la presencia
de roncus diseminados o crepitantes que se modifican con la tos. En algunos casos, la
bronquitis puede provocar hiperreactividad bronquial, lo que puede dar lugar a sibilancias.
Esto plantea la necesidad de un diagnóstico diferencial con el asma, ya que ambos cuadros
pueden presentar síntomas similares.

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