LOS TRIBUTOS
I. EL TRIBUTO: CONCEPTO Y CLASES
1. Concepto
El tributo aparece definido en el artículo 2.1 de la LGT que establece:
Los tributos son los ingresos públicos que consisten en prestaciones pecuniarias exigidas por una
Administración pública como consecuencia de la realización del supuesto de hecho al que la ley vincula el
deber de contribuir, con el fin primordial de obtener los ingresos necesarios para el sostenimiento de los
gastos públicos.
Los tributos, además de ser medios para obtener los recursos necesarios para el sostenimiento de los gastos
públicos, podrán servir como instrumentos de la política económica general y atender a la realización de
los principios y fines contenidos en la Constitución.
Los tributos son prestaciones pecuniarias que el Estado u otro ente público exige en uso del poder que le
atribuyen la CE y las leyes. Prestaciones que no constituyen la sanción de un acto ilícito, que deben ser
establecidas por ley y que se hacen efectivas mediante el desarrollo de la actividad financiera de la
Administración.
En primer lugar, los tributos se exigen por el Estado u otro ente público. A partir de este presupuesto, estos
ingresos públicos son ingresos de carácter pecuniario, es decir, cuantificables en dinero. Por tanto, están
destinados a la cobertura de los gastos públicos a que se refiere el artículo 31.1 de la CE. Fin que, sin embargo,
no excluye la posibilidad de atender a otras necesidades de los entes públicos.
En segundo lugar, son ingresos públicos de Derecho público. Ingresos que exigen el Estado, la Comunidad
Autónoma o las Corporaciones locales en el ejercicio de su poder financiero, a través de la emanación de
normas jurídicas y de la actuación administrativa. En este sentido, es importante diferenciarlos de otros
ingresos públicos de Derecho privado que no se exigen a partir de dichas potestades administrativas. Es el
caso de los ingresos que se enmarcan en el Derecho Financiero Patrimonial como se analizó en la lección
correspondiente a dicha rama del Derecho Financiero.
En tercer lugar, los tributos deben ser establecidos por ley. En virtud de este principio, deben ser el Estado o
las Comunidades Autónomas quienes a través de la ley, tipifiquen dichos gravámenes de acuerdo con el
principio de legalidad establecido en el artículo 31.3 de la CE. A su vez, a partir de la realización del hecho
imponible surge la obligación de pagar dichos tributos.
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En cuarto lugar, aunque el fin principal del tributo es el fiscal o recaudatorio para la obtención de ingresos,
también los tributos pueden ser instrumentos de política económica. Por citar un ejemplo, de esta última
finalidad se puede señalar el caso de los incentivos fiscales del REF.
A su vez, los tributos pueden atender a otros fines extrafiscales. Es el caso de los impuestos que gravan el
consumo del tabaco o alcohol, encaminados a proteger la salud de los ciudadanos, o los tributos
medioambientales.
2. Clases
La clasificación de los tributos que presenta mayor relevancia es la establecida en el apartado 2 del artículo 2
de la LGT, y en la que se distinguen impuestos, contribuciones especiales y tasas.
También se pueden clasificar en tributos fijos o variables como se estudiará en el tema relativo a la
cuantificación de la obligación tributaria. En los tributos fijos, la cantidad a pagar viene determinada por la
ley y en los variables se aplica el tipo de gravamen a la base.
II. EL IMPUESTO: CONCEPTO Y CLASES
1. Concepto
La LGT define los impuestos en la letra c) del apartado 2 de su artículo 2 que establece:
Impuestos son los tributos exigidos sin contraprestación cuyo hecho imponible está constituido por
negocios, actos o hechos que ponen de manifiesto la capacidad económica del contribuyente.
En primer lugar, se desprende de la definición que los impuestos son tributos. La doctrina ha criticado de
forma unánime esta definición cuando señala que los impuestos se diferencian de las tasas y de las
contribuciones especiales en que se exigen “sin contraprestación”. No se considera adecuado el término
contraprestación puesto que se trata de un término propio del ámbito jurídico privado (del derecho civil para
referirse al negocio de compraventa) a diferencia del derecho público en que se enmarca el tributario.
Como explica Cortés Domínguez, en ningún caso es aplicable la idea de contraprestación al ámbito de las
relaciones jurídico-tributarias ya que en ellas no se da algo a cambio, es decir, una contraprestación. El pago
de los tributos conlleva el sostenimiento de los gastos públicos y la financiación de una serie de servicios
públicos.
La diferencia entre el impuesto, la tasa y la contribución especial radica en que en los primeros su contribución
no determina de forma directa que se conozca el destino de dichos ingresos sino que los ciudadanos
contribuyen a los gastos públicos de acuerdo con la capacidad económica con carácter general. En cambio, el
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propio hecho imponible de la tasa y la contribución especial si determinan su finalidad. Por ejemplo, en el
caso del IRPF, que es un impuesto cedido parcialmente a las Comunidades Autónomas, los contribuyentes no
sabemos cuál es el fin de los ingresos recaudados. En particular, estos ingresos públicos pueden destinarse a
obras públicas, gastos de educación, sanidad, etc.
A partir de estos presupuestos, la definición propuesta por la mayoría de la doctrina tributaria ahonda en que
los impuestos son tributos en los que no existe una actividad administrativa de forma directa a favor de los
contribuyentes. Y cuyo hecho imponible, de acuerdo con las exigencias constitucionales del principio de
capacidad económica del artículo 31.1 de la CE, está constituido por negocios, actos o hechos que ponen de
manifiesto dicha capacidad.
2. Clases
a) Impuestos directos e indirectos
La clasificación más extendida, en la doctrina y en los diferentes sistemas tributarios, es la que distingue entre
impuestos directos e indirectos.
La conexión entre la clasificación de los impuestos en directos e indirectos puede ser explicada en función de
cómo se grava la capacidad económica. Es decir, la capacidad económica de un individuo depende de su
riqueza, y ésta se hace patente directa e inmediatamente en la posesión de un patrimonio o en la obtención de
una renta.
Los impuestos que recaen sobre la renta y el patrimonio son impuestos directos, ya que gravan la riqueza en
sí misma directa e inmediatamente considerada. Es el caso del IRPF o del Impuesto sobre Sociedades.
Pero la riqueza de un individuo puede manifestarse también indirectamente a través de su utilización o gasto.
Los impuestos indirectos gravan y tienen por objeto manifestaciones indirectas de la capacidad económica,
circulación o consumo de la riqueza. Como ejemplos, se pueden citar el IVA o en el caso de Canarias el IGIC.
b) Impuestos objetivos y subjetivos
Los impuestos objetivos gravan una determinada riqueza sin tener en cuenta la situación personal del sujeto
pasivo. Es el caso de los impuestos especiales ya que en su régimen jurídico no existen deducciones que
contemplen la situación del contribuyente.
Y, al contrario, los impuestos subjetivos son aquellos que sí tienen en cuenta las circunstancias personales al
determinar la existencia y cuantía de la obligación. Un ejemplo de estos últimos es el IRPF que tiene en cuenta
dichas circunstancias en el régimen de deducciones.
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c) Impuestos personales y reales
Son impuestos personales aquellos cuyo hecho imponible no puede ser pensado sino en relación a
determinadas personas. Es un ejemplo clásico de impuesto personal el IRPF, que grava el conjunto de rentas
o ingresos, que obtiene el contribuyente en un período de terminado.
Al contrario, los impuestos reales son aquellos que gravan una determinada manifestación de riqueza que
puede ser pensada sin ponerla en relación con una determinada persona, caso del Impuesto local sobre la
circulación de vehículos.
Es preciso diferenciar esta clasificación de la de impuestos objetivos y subjetivos porque no todos los
impuestos personales son subjetivos ni todos los reales son objetivos.
Es en el hecho imponible donde vamos a delimitar si un impuesto es real o personal en función de que haga
referencia al sujeto o lo omita. En cambio, la clasificación que diferencia los impuestos subjetivos de los
objetivos atiende a los elementos del impuesto que regulan la cuantificación de la deuda impositiva. Esto hace
a su vez posible que las dos clasificaciones aludidas puedan compatibilizarse, existiendo así impuestos
personales que pueden ser subjetivos u objetivos, e igualmente impuestos reales que pueden ser subjetivos u
objetivos.
d) Impuestos instantáneos y periódicos
Son impuestos instantáneos aquellos cuyo hecho imponible se agota por su propia naturaleza en un cierto
período de tiempo y es tenido en cuenta por la ley sólo en cuanto se ha realizado completamente. Así, por
ejemplo, una compraventa es el presupuesto de hecho de un impuesto instantáneo: el Impuesto sobre
Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados en su modalidad de Transmisiones
Patrimoniales.
Son impuestos periódicos aquellos cuyo presupuesto de hecho es una situación o un estado que se prolonga
indefinidamente en el tiempo. Así, por ejemplo, ser propietario de un inmueble determina la realización del
hecho imponible de un impuesto periódico, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles.
En estos impuestos, la técnica que se utiliza es la de fraccionar el hecho imponible en diferentes períodos, a
los que corresponde el devengo del impuesto y la obligación de tributar. Es el caso del IRPF cuya renta se
refiere a la obtenida en el período de un año natural (período impositivo), entendiéndose obtenida esa renta
acumulada en ese tiempo el último día del período, momento que se conoce técnicamente como el devengo
del impuesto.
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III. LA TASA: CONCEPTO Y CLASES. DIFERENCIA CON LOS PRECIOS PÚBLICOS
a) Concepto
La tasa se define en el artículo 2.2 de la LGT cuando establece:
Tasas son los tributos cuyo hecho imponible consiste en la utilización privativa o el aprovechamiento
especial del dominio público, la prestación de servicios o la realización de actividades en régimen de
derecho público que se refieran, afecten o beneficien de modo particular al obligado tributario, cuando los
servicios o actividades no sean de solicitud o recepción voluntaria para los obligados tributarios o no se
presten o realicen por el sector privado.
Se entenderá que los servicios se prestan o las actividades se realizan en régimen de derecho público
cuando se lleven a cabo mediante cualquiera de las formas previstas en la legislación administrativa para
la gestión del servicio público y su titularidad corresponda a un ente público.
De acuerdo con esta definición, el hecho imponible de la tasa incluye como elemento central una actividad de
la Administración que, a diferencia de los impuestos y las contribuciones especiales, afecta o beneficia
expresamente a determinados sujetos.
A partir de estos presupuestos, aparecen dos clases diversas de tasas: las exigidas por el uso especial del
dominio público y las derivadas de la prestación de servicios o la realización de una actividad que beneficie
singularmente al usuario del servicio o al destinatario de la actividad.
Como ejemplo de las primeras, se puede señalar que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, como
corporación local, establece la tasa por ocupación del dominio público local con puestos, barracas, casetas de
venta, espectáculos, atracciones e industrias callejeras y ambulantes. En cuanto a las segundas, tenemos como
ejemplo las tasas universitarias establecidas por la Comunidad Autónoma ya que la educación es competencia
transferida. Otro ejemplo, respecto a las locales, consiste en que los ayuntamientos canarios establecen la tasa
por expedición de documentos que expida o que extienda la administración o autoridades municipales, a
instancia del propio administrado.
Las diferencias fundamentales entre tasas y precios públicos serían dos:
a) La tasa es de solicitud o recepción obligatoria a diferencia del precio público que puede ser de solicitud
o recepción voluntaria para los obligados tributarios. Hay que matizar que entran en la categoría de la
tasa, no solamente los supuestos de servicios formalmente obligatorios, sino también aquellos que, sin
serlo formalmente, lo son de hecho por su carácter esencial e imprescindible para la vida en sociedad.
Esto sucede por ejemplo con la tasa por la obtención del DNI, que se solicita expresamente.
b) Los servicios o actividades propias de las tasas han de prestarse en régimen de Derecho Público, a
diferencia de los precios públicos que pueden prestarse por el sector privado.
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De esta forma, nos encontramos con que la tasa es un tributo sujeto al principio de legalidad que establece la
CE en el artículo 31.3 y al de reserva de ley del artículo 8 de la LGT, a diferencia del precio público que al no
ser un tributo no está sujeto a dichas garantías propias del principio de seguridad jurídica.
La aparición de los precios públicos se sitúa en la Ley 39/1988, de 28 de diciembre, reguladora de las
Haciendas Locales (LRHL) y con posterioridad en la Ley 8/1989 de Tasas y Precios públicos. Su aplicación
se extiende no sólo a los servicios públicos estatales, sino también a los que prestan las Comunidades
Autónomas, Corporaciones locales e incluso Universidades.
Como explica Martínez Jiménez, la creación del precio público ha supuesto un nuevo recurso de la Hacienda
Pública que resulta especialmente controvertido, porque la delimitación entre esta categoría y la de tasa no
siempre resulta nítida como es el caso de los precios públicos a satisfacer por la prestación de servicios
académicos de carácter universitario. Por ejemplo, en el caso de la Comunidad Autónoma Canaria se
establecen tanto tasas como precios públicos a satisfacer por la prestación de servicios académicos de carácter
universitario por las universidades públicas de esta Comunidad Autónoma. El problema radica en que dicha
categoría no se diferencia con claridad de las tasas académicas.
IV. LA CONTRIBUCIÓN ESPECIAL: CONCEPTO Y CLASES
Se define en el artículo 2.2. b) de la LGT cuando establece:
Contribuciones especiales son los tributos cuyo hecho imponible consiste en la obtención por el obligado
tributario de un beneficio o de un aumento de valor de sus bienes como consecuencia de la realización de
obras públicas o del establecimiento o ampliación de servicios públicos.
De la definición legal de contribución especial se distinguen las siguientes características:
a) La contribución especial es un tributo que supone la obtención para el obligado tributario de un aumento
de valor de sus bienes de acuerdo con la actividad administrativa que afecte a éstos de acuerdo con lo
establecido en la LGT. Es el caso de la contribución especial por la apertura de calles y plazas, primera
pavimentación de las calzadas y primer establecimiento de aceras; o de la contribución por la primera
instalación de redes de distribución de agua y redes de alcantarillado.
b) La contribución especial, a diferencia del impuesto de carácter general y la tasa más particular, afecta
simultáneamente a un conjunto de sujetos, el círculo de beneficiarios de la obra que integran el hecho
imponible. Por ejemplo, los vecinos de la calle en el caso de la contribución especial por pavimentación
de las calzadas.
c) La contribución especial tiene un carácter finalista o afectado ya que el producto de su recaudación se
destinará, íntegramente, a sufragar los gastos de la obra o del establecimiento o ampliación del servicio
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por cuya razón se establece o exige (art. 29.3 de la LRHL). Es decir, si se establece una contribución
especial por el establecimiento y sustitución del alumbrado público lo recaudado irá destinado en su
totalidad a financiar dicha obra.
Finalmente, también se puede añadir respecto a esta figura tributaria que la base imponible de las
contribuciones especiales estará constituida como máximo por el 90 por ciento del coste que la Entidad local
soporte por la realización de las obras o por el establecimiento o ampliación de los servicios (art. 31 de la
LRHL). Por citar, un ejemplo si un ayuntamiento cobra una contribución especial por la construcción o
ampliación de un jardín o parque que sea de interés para un determinado barrio o zona, las cantidades
recaudadas no podrán exceder del 90% del coste que dicho ayuntamiento soporte por la realización de estas
obras.