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Tema 16

El documento aborda las aportaciones sociales en el contexto de la Ley de Sociedades de Capital, destacando la importancia del capital social como garantía para los acreedores y su regulación en términos de aportaciones dinerarias y no dinerarias. Se establece que solo se pueden aportar bienes o derechos patrimoniales, excluyendo el trabajo o servicios, y se detallan los requisitos legales para la constitución y modificación del capital social. Además, se explican las responsabilidades del aportante y las reglas específicas para diferentes tipos de aportaciones.

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El documento aborda las aportaciones sociales en el contexto de la Ley de Sociedades de Capital, destacando la importancia del capital social como garantía para los acreedores y su regulación en términos de aportaciones dinerarias y no dinerarias. Se establece que solo se pueden aportar bienes o derechos patrimoniales, excluyendo el trabajo o servicios, y se detallan los requisitos legales para la constitución y modificación del capital social. Además, se explican las responsabilidades del aportante y las reglas específicas para diferentes tipos de aportaciones.

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Temario Dº Mercantil I – Universidad Villanueva – Curso 2022/23

TEMA 16. LAS APORTACIONES SOCIALES

I. INTRODUCCIÓN.

Esta cuestión viene regulada en el Título III de la Ley de Sociedades de Capital,


“Las aportaciones sociales”, y tras una serie de preceptos generales –aplicables tanto a la
Sociedad Anónima como a la Limitada- luego regula las cuestiones en las que se
mantienen algunas diferencias de régimen.

La previsión inicial no ofrece dudas, y es que en las sociedades de capital sólo


podrán ser objeto de aportación los bienes o derechos patrimoniales susceptibles de
valoración económica. En ningún caso podrán ser objeto de aportación el trabajo o los
servicios (art. 58 LSC). Veamos a continuación el desarrollo de esta cuestión.

II. EL CAPITAL SOCIAL.

El capital social, representado por acciones o participaciones sociales, es uno de


los elementos configuradores fundamentales de las sociedades de capital y juega un
importante papel de orden jurídico y organizativo (es constante su referencia en la LSC
para la legitimación en el ejercicio de derechos, quórum de asistencia, mayorías de voto,
etc.). No en vano el RD 1/2010 denomina a estos tipos societarios “sociedades de capital”.

El capital social es la cifra que, como tal, aparece expresada en euros en los
estatutos sociales y en el pasivo del balance de la sociedad y que, en principio, equivale
a las aportaciones realizadas (“desembolsadas”) o prometidas (“suscritas”) por los
accionistas al adquirir las correspondientes acciones o participaciones. El capital es un
núcleo de dinero, que los socios han aportado, pero del que no pueden disponer
libremente. En una sociedad colectiva el capital es irrelevante – los socios lo aportan y lo
retiran libremente, pues existe siempre una responsabilidad ilimitada. En la S.A. y en la
S.L., donde no existe responsabilidad de los socios, la existencia de un capital
Es el monto que
indisponible garantiza una mínima solvencia, en garantía de los terceros con los que la
los socios o
accionistas se sociedad contrata.
comprometen a
aportar (en dinero, En cualquier caso resulta necesario diferenciar:
bienes o derechos)
al constituir la (i) Patrimonio social: el conjunto de bienes y derechos de una sociedad una vez
sociedad o al deducidas las deudas.
realizar aumentos (ii) Capital social: es una mención de la escritura de constitución [art. 23 d) y art.
de capital.
56.1.f) LSC] y corresponde al valor total de las aportaciones realizadas o comprometidas
Es una cifra fija
establecida en lospor los accionistas.
estatutos sociales.
Garantiza a Así, en el momento fundacional se cumple básicamente la ecuación:
terceros la
existencia de Patrimonio social = capital social.
recursos mínimos
para cumplir las Pero, después, el patrimonio social aumenta como consecuencia de los beneficios,
obligaciones de la
o disminuye como consecuencia de las pérdidas:
sociedad.
Se divide en
participaciones (en
una S.R.L.) o
acciones (en una © Fernando Díez Estella 38
S.A.).
Temario Dº Mercantil I – Universidad Villanueva – Curso 2022/23

Capital social + reservas - resultados negativos = patrimonio social


(Neto patrimonial o recursos propios).

En general, la Ley establece como requisitos del capital social los siguientes:

(i) Determinado: La LSC exige que se cifre en una cantidad, que deberá ser
precisamente en euros. El capital social de la S.A., con carácter general (esto es, sin
perjuicio de que otra cosa se disponga en relación con algunos tipos de anónimas
específicas) no podrá ser inferior a 60.000 Euros [art. 4.2 LSC] y el de la S.L. no podrá
ser inferior a 3.000 Euros [art. 4.1 LSC].

Nótese que, en el caso de la S.A. lo que exige la ley es un capital mínimo de


60.000 Euros – no que la S.A. tenga un capital adecuado o suficiente a la vista de la
actividad desarrollada. En derecho español no existe obligación alguna de capitalizar
adecuadamente una sociedad. Cubierto el capital mínimo, no existe impedimento legal
que la sociedad vaya aumentando su cifra de balance hasta el infinito (siempre, por
supuesto, que encuentre acreedores dispuestos a financiarla). El capital mínimo solo
pretende ser un elemento que evite la utilización de esta forma societaria por empresas
de muy reducido tamaño.

(ii) Real: el capital social (y cada acción) tiene que estar íntegramente suscrito, es
decir, tiene que existir una aportación o promesa de aportación auténtica por los
accionistas, siendo nula la creación de acciones o participaciones que no respondan a una
efectiva aportación patrimonial (no necesariamente en dinero, pero sí en bienes o
derechos susceptibles de valoración económica) a la sociedad [arts. 58 y ss. LSC]. La
Ley, además, establece una serie de garantías de cumplimiento de este requisito [art. 62
LSC]. En consecuencia no cabe crear lo que se llaman “acciones en cartera”, que son
acciones que lucen en el pasivo del balance, pero que no están aún suscritas por algún
accionista.

Además de estar íntegramente suscrito, en las Sociedades Anónimas el art. 79 LSC


exige que el capital esté desembolsado (es decir pagado efectivamente entregando bienes
o derechos) en una cuarta parte (es decir, una cuarta parte del importe de cada acción).
De faltar este requisito, debe entenderse que la fundación es nula. La parte no
desembolsada constituye los denominados “dividendos pasivos” o desembolsos
pendientes –como los llama la nueva LSC, no se sabe muy bien por qué esta innecesaria
redenominación-, a cuyo pago los accionistas suscriptores están obligados. En las
Limitadas tiene que estar íntegramente desembolsado (art. 78 LSC).

Este importante requisito, característica esencial del modelo de las sociedades de


capital, y garantía de sus deudas frente a acreedores fue “fulminado” con la desafortunada
aprobación de la Ley 14/2013, de apoyo a los emprendedores, que entre otras aberraciones
jurídico-mercantiles establece la llamada “sociedad limitada de formación sucesiva”, que
básicamente consiste en que puede crearse una Sociedad sin tener el capital mínimo,
creando un nuevo precepto, el art. [Link] LSC [¡verlo!], acertadamente calificado por el
prof. ALFARO como una auténtica “perversidad”1 de norma, y que establece en su
párrafo 3º que “No será necesario acreditar la realidad de las aportaciones dinerarias

1
[Link]

© Fernando Díez Estella 39


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de los socios en la constitución de sociedades de responsabilidad limitada de formación


sucesiva”. ¡Olé!

(iii) Estable: el capital social es una cifra de difícil modificación, y que solo puede
ser modificada (y sobre todo reducida) si se cumplen una serie de requisitos exigidos por
la ley. Razón: sirve de garantía a los acreedores, pues saben que los socios han aportado
o deben aportar esa cantidad.

(iv) Incorporado a acciones: las acciones –sólo en la S.A., ¡¡ojo!!- representan las
partes alícuotas del capital social [art. 92 LSC – verlo], incorporadas a títulos valores (o
en anotaciones en cuenta), lo que facilita la transmisión de la cualidad de socio y, por
tanto, la entrada de nuevos socios, en general libremente, en la sociedad.

III. LAS APORTACIONES SOCIALES: CONCEPTO Y CLASES.

Es fundamental distinguir entre estos dos conceptos:


- suscripción: declaración de voluntad del socio por la que expresa su intención
de adquirir la propiedad de determinadas acciones, comprometiéndose a hacer la
aportación de capital necesaria;
- desembolso: pago mediante aportación de dinero o bienes del capital
comprometido.

La suscripción de acciones o participaciones de la sociedad, bien en el momento


de su constitución, bien posteriormente con ocasión del aumento de su capital social,
exige el desembolso simultáneo de, al menos, una cuarta parte del valor nominal de cada
una de ellas –si son acciones- y el total –si son participaciones-. El desembolso presupone
a su vez la aportación real y efectiva de dinero o bienes a la sociedad. Es fácil falsificar o
inflar el desembolso (p.e. declarando que el dinero se ingresa en la caja de la sociedad,
cuando no es cierto, o aportando un bien por un valor superior al de mercado). La finalidad
de las normas que regulan la aportación de capital es evitar este tipo de prácticas, que
perjudican a la solvencia de la sociedad.

El desembolso tiene que consistir en la aportación de dinero o de bienes o derechos


patrimoniales susceptibles de valoración económica, de forma que lo aportado entre a
formar parte del patrimonio social, distinto y separado del de los socios [art. 58.1 LSC].
Las aportaciones no dinerarias pueden ser de cualquier tipo: bienes muebles, inmuebles,
patentes, marcas, títulos valores, derechos de crédito, incluso un establecimiento
mercantil o una empresa en su conjunto. En cambio, en ningún caso podrán ser objeto de
aportación el trabajo o los servicios [art. 58.2 LSC].

En el caso de las Anónimas, las aportaciones no son reversibles; no pueden ser


reclamadas en un momento posterior por el socio aportante a la SA (no existe, en
consecuencia, un “derecho de separación” del accionista de la SA y de ahí la importancia
de que las acciones sean transmisibles, ya que es el único medio del que dispone el socio
para recuperar su inversión antes de la liquidación).

© Fernando Díez Estella 40


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Las aportaciones pueden ser de dos clases: dinerarias y no dinerarias.

1) Las aportaciones dinerarias: son aquellas aportaciones que consisten en dinero.


Deben estar cifradas necesariamente en euros. Si la cantidad se fijara en moneda
extranjera, habrá de calcularse el equivalente en euros [art. 61.2 LSC]. El desembolso
efectivo de las aportaciones dinerarias deberá acreditarse exhibiendo y entregando al
Notario que autorice la escritura pública, el resguardo o certificado de depósito de la
cantidad en cuestión en una cuenta de la sociedad expedido por una entidad de crédito
[art. 62.1 LSC].
Nótese que a estos efectos la fecha del depósito no podrá ser anterior en más de
dos meses a la de la escritura de constitución o a la del acuerdo de aumento de capital
(art. 132 RRM).

El procedimiento pretende atajar una práctica extendida en cuya virtud se hacía


constar la aportación en metálico a la sociedad, cuando en realidad no se ingresaba nada
en la caja social. (El sistema legal sigue permitiendo la picaresca: nada impide que al día
siguiente del depósito los socios se repartan la suma depositada).

2) Las aportaciones no dinerarias: son aquellas aportaciones que consisten en


bienes o derechos patrimoniales (distintos del dinero) susceptibles de valoración
económica. El socio normalmente aportará la propiedad de esos bienes a la sociedad (art.
60 LSC; mediante pacto expreso, se podría aportar únicamente el usufructo u otro derecho
real limitado).

Cuando el socio no aporta dinero o acciones cotizadas en bolsa, sino bienes o


derechos susceptibles de valoración económica, existe el riesgo de que ese valor se infle,
para crear la falsa apariencia de que el capital es superior al real. La LSC en esta materia
es muy estricta, ya que no se fía ni de la valoración de la propia sociedad, ni de los
administradores ni incluso de los auditores designados por ésta, y dedica todo el Capítulo
II (“La valoración de las aportaciones no dinerarias en la sociedad anónima”) de este
Título III a esta cuestión.

Por ello, como sistema de control de las aportaciones no dinerarias, la LSC prevé
(arts. 67 a 72) que el Registrador Mercantil designará, a solicitud de la sociedad, uno o
varios expertos independientes que habrán de emitir un informe pericial que (i) describirá
la aportación no dineraria a efectuar (cualquiera que sea su naturaleza), (ii) expresará los
criterios de valoración en que se funda y (iii) dictaminará si el valor de lo aportado se
corresponde con el capital que se quiere desembolsar. La descripción de lo aportado y el
valor que se le adjudica, así como el informe pericial se harán constar en la escritura de
constitución o ampliación [art. 133.2 RRM].

Si el informe de los expertos pusiera de manifiesto que el valor escriturado como


capital desembolsado con tal aportación no dineraria es superior al 120% del atribuido
por los expertos, el Registrador denegará la inscripción [art. 133.2 in fine, RRM].
Sorprendentemente la LSC no ha establecido los efectos que se siguen en tales casos. Lo
lógico sería que el socio aportante estuviera obligado a cubrir la diferencia en efectivo y
que la sociedad ostentara una acción para exigirle judicialmente el desembolso completo
del valor comprometido.

© Fernando Díez Estella 41


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Además del régimen y control de la valoración, se establecen también unas reglas


de responsabilidad derivadas de la aportación: el aportante responde de la entrega y del
saneamiento por evicción y por vicios conforme a lo previsto en el Código Civil para la
compraventa [arts. 1.461 y ss. C.c.; p.e. si la cosa aportada tiene un vicio oculto, el
aportante responde como un vendedor en una compraventa civil].

En cuanto a la transmisión del riesgo, esto es, la determinación del momento a


partir del cual la sociedad soporta el riesgo de que la cosa se dañe o desaparezca por caso
fortuito o fuerza mayor, se estará a lo previsto en el [Link]. para el contrato de
compraventa mercantil [arts. 331 y ss. [Link].].

Existen además reglas especiales para la aportación de:

- derechos de crédito: el aportante responde de la legitimidad del crédito (esto es,


de que existe y es exigible) y de la solvencia del deudor (esto es, de que va a ser pagado)
[art. 65 LSC]. Se altera la regla general de la cesión ordinaria de créditos en la que el
cedente no responde de la solvencia del deudor [arts. 347 y 348 [Link].], como modo de
garantía para la propia sociedad;
- aportación de bienes muebles o inmuebles [art. 64 LSC]: Si la aportación
consistiese en bienes muebles o inmuebles o derechos asimilados a ellos, el aportante
estará obligado a la entrega y saneamiento de la cosa objeto de la aportación en los
términos establecidos por el Código Civil para el contrato de compraventa, y se aplicarán
las reglas del Código de Comercio sobre el mismo contrato en materia de transmisión de
riesgos.
- empresa o establecimiento [art. 66 LSC]: el aportante deberá sanear los
elementos individuales de la empresa afectada que sean de importancia por su valor
patrimonial y se vean incursos en evicción o en vicios; además, queda obligado al
saneamiento del conjunto de la empresa o establecimiento, si el vicio o la evicción afectan
a la totalidad o a alguno de los elementos esenciales para su normal explotación.

Las adquisiciones onerosas en los dos primeros años: de nada valdrían las
garantías respecto del valor de las aportaciones no dinerarias si la sociedad pudiera recibir
aportaciones dinerarias e, inmediatamente a continuación, invertirlas en la adquisición
onerosa de bienes (p.e. a uno de los fundadores). Por ello, el art. 72 LSC establece unas
cautelas encaminadas a evitar aportaciones no dinerarias de manera encubierta: las
adquisiciones onerosas efectuadas por la sociedad durante los dos primeros años desde la
constitución han de ser previamente aprobadas por la Junta General, si su importe excede
del 10% del capital. Nótese que esta regla solo opera en la constitución, no en las
ampliaciones de capital.

Además, estas adquisiciones se someten a un régimen equivalente al de las


aportaciones no dinerarias: Los administradores deberán preparar un informe y recabar
otro aportado por uno o varios expertos designados por el Registro Mercantil conforme
al procedimiento ya visto. Ambos informes deben ponerse a disposición de los accionistas
con la convocatoria de la Junta. Así se pondría de manifiesto cualquier intento de los
socios de imponer a la sociedad una adquisición en términos económicos no ventajosos,
pagando más de lo que vale lo adquirido.

Las cautelas anteriores no son de aplicación, sin embargo, a:

© Fernando Díez Estella 42


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(i) adquisiciones propias de la actividad ordinaria de la Sociedad – excepción que,


aunque razonable, puede resultar amplísima y reducir prácticamente a la nada la eficacia
del sistema;
(ii) adquisiciones realizadas en Bolsa (excepción derivada de que el valor se
obtiene de un modo objetivo); o
(iii) adquisiciones realizadas en subastas públicas (se exceptúa por el mismo
motivo que las anteriores).

Las prestaciones accesorias: como ya se ha visto, el trabajo y los servicios no son


admitidos como capital, no pueden servir para desembolsar el capital. Pero en las
sociedades pequeñas es frecuente que los socios trabajen para la sociedad. Se permite [art.
86 LSC] que esta obligación (u otras obligaciones similares) se incorporen a los Estatutos.

Esta materia, que antes –con la LSA y LSL- estaba deficientemente regulada, ha
sido notablemente modificada por la LSC, que le dedica todo el Capítulo V (“Las
prestaciones accesorias”) de este título III.

Las prestaciones accesorias son pues obligaciones personalísimas de algunos o


todos los socios, pudiendo consistir tanto en obligaciones de dar (p.e. vender ciertos
productos a la SA), como en obligaciones de hacer (p.e. trabajar para la SA) o en
obligaciones de no hacer (p.e. tras el cese en la SA, no trabajar para un competidor). En
cualquier caso, los estatutos de la sociedad deberán detallar su régimen, con expresión de
su contenido, su carácter gratuito o retribuido, las acciones o participaciones que llevan
aparejada la obligación de realizarlas, así como las consecuencias de su incumplimiento
y las eventuales cláusulas penales aplicables en dicho caso. La modificación y extinción
anticipada de la obligación de realizar prestaciones accesorias requerirá igualmente el
consentimiento de los accionistas afectados [ver art. 89 LSC]. La transmisión de acciones
que llevan aparejada la prestación exige consentimiento de la sociedad [art. 88 LSC].

IV. LOS DESEMBOLSOS PENDIENTES EN LA S.A.

La LSC [arts. 81 y ss] exige que toda suscripción de acciones (ya sea en la
fundación o en un aumento de capital) vaya necesariamente acompañada del desembolso
de al menos el 25% de su valor nominal. Pero el resto puede quedar aplazado, quedando
el accionista obligado a aportarlo. Esta obligación se denomina “pago del dividendo
pasivo” y es la principal obligación del accionista. Así, en general, por “dividendos
pasivos” se entiende la parte del capital social que no es desembolsada por el accionista
en el momento de la suscripción de las acciones, y que el accionista queda obligado a
desembolsar, constituyendo pues un derecho de crédito de la sociedad.

Forma de pago: el desembolso de los dividendos pasivos debe realizarse en dinero


o en bienes o derechos patrimoniales susceptibles de valoración económica, según se haya
previsto en el acuerdo de la JGA o en los estatutos fundacionales y la inscripción de tales
desembolsos en el RM se llevará a cabo mediante escritura pública [art. 135 RRM].

Los dividendos pasivos deben ser aportados por el accionista en la forma y dentro
del plazo previstos por los estatutos o, en su defecto, por acuerdo o decisión de los
administradores [art. 81 LSC] (en este último caso, se anunciará en el BORME la forma
y el plazo acordados para realizar el pago; ver arts. 121, 134 y 135 RRM). Lo normal es

© Fernando Díez Estella 43


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que se delegue la facultad de fijar el plazo en los administradores a la vista de las


necesidades financieras de la SA.

En el caso de dividendos pasivos en relación con las aportaciones no dinerarias,


el plazo del desembolso no puede exceder de cinco años [art. 134 RRM; razón: posibles
cambios en el valor de los bienes]. El límite temporal no se aplica a las aportaciones
dinerarias, ya que la moneda no se deprecia.

La mora del accionista: la LSC se muestra muy preocupada ante el posible


incumplimiento por el accionista de su obligación de desembolsar, pues se socava
igualmente el principio de integridad del capital social. Por ello la ley da las siguientes
reglas para el caso de accionistas que se encuentren en mora (lo que se produce
automáticamente por el mero vencimiento del plazo fijado en los estatutos o por los
administradores para el pago, sin que éste se haya verificado) [art. 82 LSC]:

(i) Sanciones: [art. 83 LSC] (verlo): el accionista que no desembolsa cuando debe
los dividendos pasivos: a) pierde el derecho de voto en las Juntas de Accionistas y el
importe de sus acciones se deduce del capital social para el cálculo de los quórum; y b)
no tiene derecho a percibir dividendos ni a la suscripción preferente de nuevas acciones
y obligaciones convertibles mientras no realice la aportación debida.
Nótese que el art. 83 LSC señala sin embargo que el accionista moroso, una vez
abonados los dividendos pasivos junto a los intereses devengados, podrá reclamar el pago
de los dividendos no prescritos, aunque no la suscripción preferente si el plazo para su
ejercicio ya hubiere transcurrido.

Estos efectos deben predicarse sólo respecto de las acciones pendientes de


desembolsar, no de las restantes del accionista dado el carácter “intuitu pecuniae” y no
“personae” de la SA.

(ii) Formas de reintegración de la SA: para obtener el cobro de los dividendos


pasivos, la LSA prevé unos procedimientos extraordinariamente severos [art. 84 LSC
(verlo)] pudiendo la SA optar (según los casos y atendida la naturaleza de la aportación
no efectuada) por:
a) reclamar el cumplimiento de la obligación de desembolso, con abono del interés
legal y de los daños y perjuicios causados por la morosidad; o
b) incluso enajenar las acciones pendientes de desembolsar por cuenta y riesgo del
accionista moroso, sin necesidad de intervención o autorización por la autoridad judicial
(aplicando así el precio obtenido al pago pendiente).

Esta enajenación se instrumenta como una suerte de ejecución privada, que debe
llevarse a cabo a través de un miembro de la Bolsa (en el supuesto de acciones cotizadas)
o, en otro caso, por medio de Notario. Además, si procede (esto es, si el accionista se
niega, en su caso, a entregar sus títulos), se sustituirá el título originario por un duplicado.
Si la venta no puede efectuarse, la acción será amortizada con la consiguiente reducción
de capital, quedando por tanto excluido el accionista moroso y en beneficio de la sociedad
las cantidades ya percibidas por ésta a cuenta de la acción.

La responsabilidad solidaria de los transmitentes de acciones: [art. 85 LSC]


(verlo). Las acciones inscritas en el RM pero pendientes de desembolsar pueden
transmitirse de la misma manera que el resto de las acciones. No obstante, el transmitente

© Fernando Díez Estella 44


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y el adquirente (y los adquirentes sucesivos) serán solidariamente responsables frente a


la sociedad del desembolso de los dividendos pasivos, durante un plazo de tres años
contados desde la respectiva transmisión. Cualquier pacto en contra de dicha solidaridad
es nulo. Para que quede constancia de las sucesivas transmisiones, las acciones pendientes
de desembolso necesariamente serán nominativas.

V. LAS APORTACIONES EN LA S.L.

Sí hay una pequeña diferencia en comparación con la SA en cuanto a las


aportaciones no dinerarias: no es obligatorio el informe de un experto independiente
designado por el Registro Mercantil [vid. art. 67.1 LSC, que se refiere sólo a las
sociedades anónimas]. La garantía que la valoración por un tercero, el experto, supone en
la SA en cuanto a la realidad y valor de la aportación no dineraria se sustituye en la SL
por un régimen de responsabilidad contenido en la Sección 1ª (“Régimen de
responsabilidad en las sociedades de responsabilidad limitada”) de este Capítulo III, y
constituido por los arts. 73 a 76 LSC y que incluye a:

(1) todos los socios fundadores,


(2) todos los socios que voten el aumento de capital (salvo los que en caso de
aumento de capital hagan constar en acta su oposición),
(3) los aportantes de la aportación no dineraria,
(4) quienes adquieran alguna participación desembolsada mediante aportación no
dineraria, y
(5) en el caso de aumento de capital, incluso de los administradores (si bien los
administradores únicamente por la diferencia entre la valoración que hubieran
atribuido en su informe al bien aportado y el valor real de las aportaciones).

Todos ellos serán solidariamente responsables frente a la sociedad y frente a los


acreedores sociales de la realidad y de la valoración de tales aportaciones. El refuerzo de
la responsabilidad pretende garantizar la realidad y el valor de la aportación.

El que no sea obligatorio no quiere decir que no sea posible obtener el informe de
un experto. De hecho, la LSC lo prevé expresamente como voluntario, y le da eficacia
jurídica: si se dispone de informe de experto independiente quedarán exonerados de
responsabilidad los socios aportantes. Lo que no dice la ley es que, además, queden
liberados de responsabilidad los demás. La doctrina considera que sí deben considerarse
liberados por una razón de coherencia: no tiene sentido que el aportante lo esté, mientras
que los otros socios y los administradores sean responsables solidarios de la aportación
realizada por aquél.

© Fernando Díez Estella 45

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