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I.E.P. “PEDRO SÁNCHEZ GAVIDIA” – HUÁNUCO 3° AÑO LENGUA Y LITERATURA
LECTURA
SEMANA N° 09
El Ruiseñor y la Rosa
Cuentos Clásicos de Oscar Wilde
Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas —murmuró el Estudiante
—; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las
hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
—¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! —Repitió el Estudiante con sus ojos llenos de
lágrimas—. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he
estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin
embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
—Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico —se dijo el ruiseñor—. He estado
cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado
su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del
jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho
palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en
la frente.
—El Príncipe da el baile mañana por la noche —seguía quejándose el Estudiante—, y allí
estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo
una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro,
y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín,
tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se
me romperá el corazón.
—Este sí que es un auténtico enamorado verdadero —seguía pensando el Ruiseñor—. Yo
canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es
una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos
blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los
mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
—Los músicos estarán sentados en su estrado —decía el Estudiante—, y harán surgir la
música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará
tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes
fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará,
porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar
amargamente.
—¿Por qué está llorando? —preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la
cola al aire.
—¿Sí, por qué? —murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
—Está llorando por una rosa roja —explicó el Ruiseñor.
—¿Por una rosa roja? —exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor
comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina,
meditaba sobre el misterio del amor.
Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a
través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una
de sus ramas.
—Necesito una rosa roja —le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
—Mis rosas son blancas —le contestó—, como la espuma del mar y más blancas que la
nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol,
y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
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—Mis rosas son amarillas —contestó—, tan amarillas como el cabello de la sirena que se
sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado.
Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él
pueda darte la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del
Estudiante.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Rojas son, en efecto, mis rosas —contestó—; tan rojas como las patas de las palomas,
y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el
invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis
ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
—Una rosa roja es todo lo que necesito —exclamó el Ruiseñor—; ¡sólo una rosa roja! ¿No
hay manera alguna de que la pueda obtener?
—Hay una manera —contestó el rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a
decírtela.
—Dímela —repuso el Rui señor—. Yo no me asustaré.
—Si quieres una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que construirla con tu música, a la luz
de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado
sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu
corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía.
—La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja —murmuró el Ruiseñor—, y
la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol
viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma
del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los
brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por
último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre
enamorado?
Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como
una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se
secaban en sus anchos ojos.
—¡Alégrate! —le gritó el Ruiseñor—. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la
construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo
único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más
sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por
muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es
del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra
silvestre.
El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el
Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía
un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
—Cántame, por favor, una última canción —le susurró la encina—, porque voy a
sentirme muy sola cuando te hayas ido.
Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de
plata.
Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un
cuadernito y un lápiz.
—He de admitir que ese pájaro tiene estilo —se dijo a sí mismo caminando por la
alameda—, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe
ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por
alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo,
debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o
que no signifiquen nada importante para nadie!
Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en
su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho
sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la
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espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo
cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su
vida se derramaba en el rosal.
Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la
rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción
tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como
los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la
rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el
reflejo de una rosa en espejo de agua.
El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o el día llegará antes de haber
terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora
cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las
mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa
permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de
una rosa.
Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o llegará el día antes de haber
terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón.
Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se
hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que
no puede aprisionar la tumba.
Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de
pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó
sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la
garganta.
Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba
y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al
frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a
los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje
hasta el mar.
—¡Mira, mira —gritó el rosal—, la rosa ya está terminada!
Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su
corazón.
Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia
afuera.
—¡Caramba, qué maravillosa visión! —exclamó—. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto
una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo
en latín.
Se inclinó por el balcón y la cortó.
En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda
azul, con su perrito a los pies.
—Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja —exclamó el Estudiante—. Aquí
tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y
como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
Pero la jovencita frunció el ceño.
—Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo —repuso—, Y, además el
sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las
joyas son más caras que las flores.
—Eres una ingrata incorregible —dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al
arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
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—¿Ingrata? —dijo la muchacha—. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después
de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los
zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
Y muy altanera se metió en su casa.
—¡Qué cosa más estúpida es el Amor! —se dijo el Estudiante mientras caminaba—. No
es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre
de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad
no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la
Filosofía y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.
Oscar Wilde
ACTIVIDADES
I DATOS GENERALES
Autor:___________________________________________________________________
Nacionalidad: _____________________________________________________________
Género: _________________________________________________________________
Especie: _________________________________________________________________
Tema: __________________________________________________________________
II ANÁLISIS
A. RESPONDE
a) ¿Cuál es el tema del cuento?
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b) ¿Por qué el estudiante estaba triste?
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c) ¿Cómo reaccionó la muchacha cuando le entregaron la rosa?
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B INTERPRETACIÓN
a) ¿Por qué el ruiseñor ayudó al estudiante?
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b) Explica la siguiente cita textual: “El amor es maravilloso; ¿más precioso que la
esmeralda y más raro que el ópalo?
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C. CRÍTICA
a) Si tú fueras el estudiante ¿hubieras actuado de la misma manera?
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b) ¿El amor depende de las cosas materiales? Fundamenta tu respuesta.
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c) ¿Qué mensajes podemos extraer del cuento para nuestra vida personal?
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III VOCABULARIO
Encina: _________________________________________________________________
Palidecer: _______________________________________________________________
Filosofía: ________________________________________________________________
Metafísica: _______________________________________________________________
Amor: __________________________________________________________________
ACTIVIDAD DOMICILIARIA
1) Redacta e ilustra un cuento relacionado con el amor.
2) Escribe en tu cuaderno un lema sobre el amor.
3) Desarrollar todas las preguntas a su cuaderno
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RESPONSABLE: LIC. DILMER SANTOS ALCEDO